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de Lector vidas

miercolees

El relato de los Grimm

Los tres enanitos del bosque

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No. 3

Septiembre 2015

Santiago de Querétaro, Querétaro leer más allá escritores queretanos

Los traumas con los Grimm

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Alejandra Camposeco 10

Hermanos Grimm L de Lector presenta en este tercer volumen a los hermanos Grimm. Jacob y Wilhem, filólogos y folcloristas alemanes que reunieron más de doscientos cuentos de la tradición oral medieval alemana y que llegaron hasta nosotros en diversos medios. Jacob muere el 20 de septiembre de 1863. En el MiercoLees seleccionamos Los tres enananitos del bosque, que a quien sigue las historias fantásticas de los hermanos, encontrará una mezcla de varios personajes e historias macabras que los caracteriza. La mentira es castigada con la muerte, y a través del engaño el mismísimo rey hace que la víctima dicte su propia sentencia. Entre tanto, Leer más allá nos dibuja el trauma que su autor siente al ver que Disney y sus películas han mutado por completo los cuentos, reescribiéndoles un final feliz, que a toda costa dista mucho de la realidad. En Escritores Queretanos, Alejandra Camposeco, autora del libro El bilé & otras ensoñaciones, nos regala el cuento titulado El beso, contenido en el ebook editado por Par Tres Editores en 2013. En Recomendaciones la librería Nuevos Horizontes ofrece un descuento en el libro Emociones Tóxicas. Disfruta de este número, y nos leemos en Octubre. PRT


Septiembre 2015 Santiago de Querétaro, Querétaro Dirección editorial Patricio Rebollar

Vidas El relato de los Grimm Mariana Zertuche

MiercoLees LOS TRES ENANITOS DEL BOSQUE Los Hermanos Grimm

Leer más allá Los traumas con los grimm Luis Erick Anaya Suirob

Asistencia editorial Mariana Zertuche

Circulación y promoción Librerías Nuevos Horizontes

Relaciones Públicas Diana Pesquera

Escritores Queretanos EL BESO Alejandra Camposeco

Colaboradores Patricio Rebollar, Mariana Zertuche, Israel Flores Bravo, Diana Pesquera, Aline Trejo García, Marcela Shelley, Librería Nuevos Horizontes, Luis Erick Anaya Suirob.

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blogpartres@gmail.com

Septiembre 2015, año I. L de Lector es una publicación mensual editada por Par Tres Editores, S.A. de C.V. en asociación con Librerías Nuevos Horizontes. Editor Responsable: Patricio Rebollar. Impreso por Excellens en Santiago de Querétaro, Querétaro. Se permite la reproducción parcial de esta obra en lo concerniente al texto del Autor del Mes en virtud de encontrarse libre de Derechos de Autor, en cuanto a las demás secciones de la publicación, se prohíbe su reproducción parcial o total, por cualquier medio, sin la anuencia por escrito de los titulares de los derechos correspondientes.


vidas El relato de los Grimm Jacob y Wilhelm Grimm, filólogos y folcloristas alemanes, nacieron en Hanau en 1785 y 1786 respectivamente. Su padre era abogado y pastor de la Iglesia Calvinista. Son autores de los más reconocidos cuentos populares titulados Cuentos infantiles y del hogar (1812 - 1822). Se han hecho reediciones de estas obras con títulos como Los cuentos de hadas de los hermanos Grimm o Cuentos de los hermanos Grimm. Los títulos hacen pensar que estos relatos fueron creados por los hermanos, cuando en realidad transcriben y compilan la tradición cuentística oral, pero respetando el contexto de los cuentos tradicionales sin dejar de lado su contribución como autores, y evitando cambiar la esencia del cuento. Jacob y Wilhelm, hermanos mayores de un total de seis hijos, decidieron tomar el mismo rumbo que su padre y estudiar derecho en la Universidad de Marburg (1802-1806), donde conocen al poeta Clemens Brentano, quien los introduce a la poesía popular. Además, durante su tiempo en la universidad, conocen al historiador del derecho Friedrich Karl Von Savigny, quien les enseña el método de investigación de textos; la base de sus trabajos. Su obra es influenciada por distintas tradiciones populares, sin embargo el estilo de los Hermanos Grimm es mantener la viveza, frescura y ese toque único evitando reescribir los cuentos. Después de 1818, los hermanos deciden tomar rumbos diferentes. Wilhelm estudió la tradición medieval, mientras que Jacob se enfocó hacia la filología.

3 Por Mariana Zertuche

En 1840, por invitación del rey Federico Guillermo IV de Prusia, los hermanos se trasladan a la universidad de Berlín, siendo miembros de la Real Academia de las Ciencias, donde comienzan su trabajo más ambicioso, el Diccionario alemán, del cual sólo editaron su primer volumen. Los relatos más reconocidos de los hermanos Grimm han vuelto populares, hablamos de Blancanieves, la Cenicienta, Barba Azul, Hänsel y Gretel, La Bella Durmiente, Elsa la lista, La fuente de las hadas, Juan sin miedo, entre otros. Muchos de estos cuentos han generado tal éxito, que en muchos lugares la versión escrita ha eliminado casi por completo la versión tradicional oral. Sus cuentos son característicos por tener un lenguaje crudo, es por esto que varias ediciones fueron censuradas. Sin embargo, los hermanos argumentan que sus cuentos no son aptos ni escritos para niños. Pero, para satisfacer al público burgués, los hermanos cambian varios detalles de los cuentos originales, tales como en el cuento de Hansel y Gretel, tuvieron que cambiar al personaje de la madre por una madrastra, ya que el abandonar a los niños en el bosque, no coincidía con la imagen tradicional de la madre de la época. Así mismo, varios detalles fueron cambiados, incluso omitidos por contener un contexto sexual explícito. Tras casi medio siglo de trabajar en conjunto, Wilhelm muere en 1859 y cuatro años después, en 1863, muere Jacob, dejando un gran legado e historia para el pueblo alemán.


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Los tres enanitos del bosque

Por Los Hermanos Grimm

Érase una vez un hombre que había perdido a su mujer, y una mujer a quien se le había muerto el marido. El hombre tenía una hija, y la mujer, otra. Las muchachas se conocían y salían de paseo juntas; de vuelta solían pasar un rato en casa de la mujer. Un día, ésta dijo a la hija del viudo: –Di a tu padre que me gustaría casarme con él. Entonces, tú te lavarías todas las mañanas con leche y beberías vino; en cambio, mi hija se lavaría con agua, y agua solamente bebería. De vuelta a su casa, la niña repitió a su padre lo que le había dicho la mujer. –¿Qué debo hacer? El matrimonio es un gozo, pero también un tormento –dijo el hombre. Al fin, no sabiendo qué partido tomar, quitose un zapato y dijo: –Coge este zapato, que tiene un agujero en la suela. Llévalo al desván, cuélgalo del clavo grande y échale agua dentro. Si retiene el agua, me casaré con la mujer; pero si el agua se sale, no me casaré. Cumplió la muchacha lo que le había mandado su padre; pero el agua hinchó el cuero y cerró el agujero, y la bota quedó llena hasta el borde. La niña fue a contar a su padre lo ocurrido. Subió éste al desván, y viendo que su hija había dicho la verdad, se dirigió a casa de la viuda para pedirla en matrimonio. Y se celebró la boda. A la mañana siguiente, al levantarse las dos muchachas, la hija del hombre encontró preparada leche para lavarse y vino para beber, mientras que la otra no tenía sino agua para lavarse y para beber. Al día siguiente encontraron agua para lavarse y agua para beber, tanto la hija de la mujer como la del hombre. Y a la tercera mañana, la hija del hombre en-

contró agua para lavarse y para beber, y la hija de la mujer, leche para lavarse y vino para beber; y así continuaron las cosas en adelante. La mujer odiaba a su hijastra mortalmente e ideaba todas las tretas para tratarla peor cada día. Además, sentía envidia de ella porque era hermosa y amable, mientras que su hija era fea y repugnante. Un día de invierno, en que estaban nevados el monte y el valle, la mujer confeccionó un vestido de papel y, llamando a su hijastra, le dijo: –Toma, ponte este vestido y vete al bosque a llenarme este cesto de fresas, que hoy me apetece comerlas. –¡Santo Dios! –exclamó la muchacha–. Pero si en invierno no hay fresas; la tierra está helada y la nieve lo cubre todo. ¿Y por qué debo ir vestida de papel? Afuera hace un frío que hiela el aliento; el viento se entrará por el papel, y los espinos me lo desgarrarán. –¡Qué descaro! –exclamó la madrastra–. ¡Sal enseguida y no vuelvas si no traes el cesto lleno de fresas! Y le dio un mendrugo de pan seco, diciéndole: –Es tu comida de todo el día. Pensaba la mala bruja: ‹‹Se va a morir de frío y hambre, y jamás volveré a verla.›› La niña, que era obediente, se puso el vestido de papel y salió al campo con la cestita. Hasta donde alcanzaba la vista todo era nieve; no asomaba ni una brizna de hierba. Al llegar al bosque descubrió una casita con tres enanitos que miraban por la ventana. Les dio los buenos días y llamó discretamente a la puerta. Ellos la invitaron a entrar, y la muchacha se sentó en el banco, al lado del fuego, para calentarse y comer su desayuno.


–¡Danos un poco! –suplicaron los hombrecillos. –Con mucho gusto –respondió ella– y, partiendo su mendrugo de pan, les ofreció la mitad. –¿Qué buscas en el bosque, con tanto frío y con este vestido tan delgado? –preguntaron entonces los enanitos. –¡Ay! –respondió ella–, tengo que llenar este cesto de fresas, y no puedo volver a casa hasta que lo haya conseguido. Terminado su pedazo de pan, los enanitos le dieron una escoba, y le dijeron: –Ve a barrer la nieve de la puerta trasera. Al quedarse solos, los hombrecillos celebraron consejo: –¿Qué podríamos regalarle, puesto que es tan buena y juiciosa y ha repartido su pan con nosotros? –Pues yo le concedo que sea más bella cada día –dijo el primero. –Pues yo, que le caiga una moneda de oro de la boca por cada palabra que pronuncie –dijo el segundo. –Yo haré que venga un rey y la tome por esposa –dijo el tercero. Mientras tanto, la muchacha, cumpliendo el encargo de los enanitos, barría la nieve acumulada detrás de la casa. Y, ¿qué creen que encontró? Pues unas magníficas fresas maduras, rojas, que asomaban por entre la nieve. Muy contenta, llenó la cestita y, después de dar las gracias a los enanitos y estrecharles la mano, se dirigió a su casa, para llevar a su madrastra lo que le había encargado. Al entrar y decir ‹‹buenas noches››, le cayeron de la boca dos monedas de oro. Se puso entonces a contar lo que le había sucedido en el bosque, y he aquí que a cada palabra le iban cayendo monedas de la boca, de manera que al poco rato todo el suelo estaba lleno de ellas. –¡Qué petulancia! –exclamó la hermanastra–. ¡Tirar así el dinero! Mas por dentro sentía una gran envidia, y quiso también salir al bosque a buscar fre-

sas. Su madre se oponía: –No, hijita, hace muy mal tiempo y podrías enfriarte. Mas como ella insistiera y no la dejara en paz, cedió al fin, le cosió un espléndido abrigo de pieles y, después de proveerla de bollos con mantequilla y pasteles, la dejó marchar. La muchacha se fue al bosque, encaminándose directamente a la casita. Vio a los tres enanitos asomados a la ventana, pero ella no los saludó y, sin preocuparse de ellos ni dirigirles la palabra siquiera, penetró en la habitación, se acomodó junto a la lumbre y empezó a comerse sus bollos y pasteles. –Danos un poco –le pidieron los enanitos–; pero ella respondió: –No tengo bastante para mí, ¿cómo voy a repartirlo con ustedes? Terminado que hubo de comer, le dijéron los enanitos: –Ahí tienes una escoba, ve a barrer afuera, frente a la puerta de atrás. –Barran ustedes –replicó ella–, que yo no soy su criada. Viendo que no hacían ademán de regalarle nada, salió afuera, y entonces los enanitos celebraron un nuevo consejo: –¿Qué le daremos, ya que es tan grosera y tiene un corazón tan codicioso que no quiere desprenderse de nada? –Yo haré que cada día se vuelva más fea –dijo el primero. –Pues yo, que a cada palabra que pronuncie le salte un sapo de la boca –dijo el segundo. –Yo la condeno a morir de mala muerte –dijo el tercero. La muchacha estuvo buscando fresas afuera, pero no halló ninguna y regresó malhumorada a su casa. Al abrir la boca para contar a su madre lo que le había ocurrido en el bosque, he aquí que a cada palabra le saltaba un sapo, por lo que todos se apartaron de ella asqueados. Ello no hizo más que aumentar el odio de la madrastra, quien sólo pensaba en los medios para atormentar a la hija de su marido, cuya belleza era mayor cada día. Finalmente, cogió un caldero y lo puso


al fuego, para cocer lino. Una vez cocido, lo colgó del hombro de su hijastra, dio a ésta un hacha y le mandó que fuese al río helado, abriera un agujero en el hielo y aclarase el lino. La muchacha, obediente, se dirigió al río y se puso a golpear el hielo para agujerearlo. En eso estaba cuando pasó por allí una espléndida carroza en la que viajaba el Rey. Éste mandó detener el coche y preguntó: –Hija mía, ¿quién eres y qué haces? –Soy una pobre muchacha y estoy aclarando este lino. El Rey, compadecido y viéndola tan hermosa, le dijo: –¿Quieres venirte conmigo? –¡Oh sí, con toda mi alma! –respondió ella, contenta de librarse de su madrastra y su hermanastra. Montó, pues, en la carroza, al lado del Rey, y, una vez en la Corte, se celebró la boda con gran pompa y esplendor, tal como los enanitos del bosque habían dispuesto para la muchacha. Al año, la joven reina dio a luz un hijo, y la madrastra, a cuyos oídos habían llegado las noticias de la suerte de la niña, se encaminó al palacio acompañada de su hija, con el pretexto de hacerle una visita. Como fuera que el Rey había salido y nadie se hallaba presente, la malvada mujer agarró a la Reina por la cabeza mientras su hija la cogía por los pies, y, sacándola de la cama, la arrojaron por la ventana a un río que pasaba por debajo. Luego, la vieja metió a su horrible hija en la cama y la cubrió hasta la cabeza con las sábanas. Al regresar el Rey e intentar hablar con su esposa, detúvole la vieja: –¡Silencio, silencio! Ahora no; está con un gran sudor, déjela tranquila por hoy. El Rey, no recelando nada malo, se retiró. Volvió al día siguiente y se puso a hablar a su esposa. Al responderle la otra, a cada palabra le saltaba un sapo, cuando antes lo que caían siempre eran monedas de oro. Al preguntar el Rey qué significaba aquello, la

madrastra dijo que era debido a lo mucho que había sudado, y que pronto le pasaría. Aquella noche, empero, el pinche de cocina vio un pato que entraba nadando por el sumidero y que decía: –Rey, ¿qué estás haciendo?, ¿Velas o estás durmiendo? Y, no recibiendo respuesta alguna, prosiguió: –¿Y qué hace mi gente? –Duerme profundamente –respondió el pinche de cocina. –¿Y qué hace mi hijito? –Siguió el otro preguntando. –Está en su cuna dormidito– contestó el cocinero. Tomando entonces la figura de la Reina, subió a su habitación y le dio de mamar; luego le mulló la camita y, recobrando su anterior forma de pato, se marchó nuevamente nadando por el sumidero. Las dos noches siguientes volvió a presentarse el pato, y a la tercera dijo al pinche de cocina: –Ve a decir al Rey que coja la espada, salga al umbral y la blanda por tres veces encima de mi cabeza. Así lo hizo el criado, y el Rey, saliendo armado con su espada, la blandió por tres veces sobre aquel espíritu, y he aquí que a la tercera se levantó ante él su esposa, bella, viva y sana como antes. El Rey sintió en su corazón una gran alegría; pero guardó a la Reina oculta en un aposento hasta el domingo, día señalado para el bautizo de su hijo. Ya celebrada la ceremonia, preguntó: –¿Qué se merece una persona que saca a otra de la cama y la arroja al agua? –Pues, cuando menos –respondió la vieja–, que la metan en un tonel erizado de clavos puntiagudos y, desde la cima del monte, lo echen a rodar hasta el río. A lo que replicó el Rey: –Has pronunciado tu propia sentencia –y, mandando traer un tonel como ella había dicho, hizo meter en él a la vieja y a su hija, y, después de clavar el fondo, lo hizo soltar por la ladera, por la que bajó rodando y dando tumbos hasta el río.


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más de Los Grimm

Por la editorial

“los llevaremos a lo más espeso del bosque, prenderemos una hoguera, les daremos un poco de pan y les encargaremos que aguarden. Volveremos a casa sin recogerlos y no podrán encontrar el camino de regreso” Hansel y Gretel, uno de los cuentos más conocidos de los hermanos Grimm, en su versión original, se encuentra en la Literataza número 3 de ésta colección. Podrás disfrutar de las hazañas de estos hermanos en contra de brujas hambrientas y una madrastra maldita. Asimismo, podrás leer el cuento original de Blancanieves, con un final completamente macabro, un castigo digno para una reina tan malvada que quería asesinar a una pequeña y hermosa princesa. Esta edición de Par Tres Editores, muy cuidada y bonita, viene acompañada de una taza de cerámica con una frase proveniente del cuento de Blancanieves impresa: “¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?”

Datos Curiosos I La literatura del filósofo Johann Gottfried Herder, influyó a los hermanos Grimm en sus ideas sobre poesía y narrativa popular.

II Jacob Grimm escribe La gramática alemana (1819-1837), obra conocida por influenciar los estudios modernos sobre la lingüística histórica y comparada.

IIIEdiciones siguientes de Diccionario ale-

mán requirieron grandes esfuerzos de varias generaciones posteriores de académicos, y fue completada hasta el comienzo de la década de los sesentas.

IV Con tan sólo 20 años de edad, Wilhelm era

secretario de la biblioteca, mientras que Jacob era el bibliotecario. Antes de los 30 años, sus obras eran reconocidas, haciendo de los hermanos Grimm una figura importante en la literatura.

V Jacob fue miembro del parlamento de Frankfurt, tras las revoluciones de 1848


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CARTELERA CULTURAL

Género: Poesía, ensayo, novela, relato y teatro Premio: $300.000 00 (trescientos mil pesos 00/100 M.N.) y edición Abierto a: sin restricciones Entidad convocante: Gobierno del Estado de México País de la entidad convocante: México Fecha de cierre: 30:09:2015

http://ceape.edomex.gob.mx/sites/ceape.edomex.gob.mx/files/images/2015/20603/Convocaoficio.jpg

¿Ya lo leíste? Dinos de que obra literaria se trata y llévate un libro.

Las aventuras de un hombre de mediana estatura que hace el gigante entre los pigmeos y el enano entre los gigantes, siempre de un modo inoportuno y ridículo. Las primeras dos personas que respondan correctamente * a partir del 15 de Septiembre, ganarán un libro.**

Envía tu respuesta a blogpartres@gmail.com

Felicitamos a Cecilia Mercado y a Alfredo Quintanar, por contestar correctamente al ¿Ya lo leíste? de la edición 2; agradecemos a los demás lectores por su decidida participación. La obra del número anterior se trata de La Divina Comedia, de Dante Alighieri, compuesta de tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso. Data de alrededor de 1304-1321. *Para obtener el premio y no ser descalificado, el concursante deberá enviar en el correo nombre completo, edad y su email. Limitado a un premio por participante cada número. ** El nombre de los ganadores y la respuesta se publicarán en el próximo número de L de Lector. El plazo para enviar sus respuestas es el 30 de Septiembre. El plazo para recoger los premios vence el viernes 31 de Octubre de 2015.


leer más allá

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Los traumas con los Grimm

Por Luis Erick Anaya Suirob

No se ustedes pero, a su servidor, le trauma como confunden las obras clásicas y, de arranque, que todo cuento clásico presuntamente lo escriben ellos. Otro trauma: las adaptaciones, esa manía de cambiar una obra de forma o longitud. Destrozos es lo que hacen. Digo, quien no ha visto las delirantemente dulces adaptaciones de Disney, siempre con un final feliz, cosa que lamento mucho mi estimado lector, pero estos hermanos no son muy dados a esos finales, es más, sus obras suelen dejar ver su conocimiento en la tradición medieval y en el cuidado de la filología de la lengua alemana. Es natural entonces que en sus relatos, aunque en su origen sean infantiles, les imprimiesen una formación de acuerdo a una realidad distante a nosotros en tiempo. Tomemos un ejemplo; Hänsel y Gretel la cual es una historia qué comienza denostándonos la terrible miseria que el medievo significó para todo aquel que no proviniera de una casta mayor enclavada en el feudo o, ya de menos, a su servidumbre. En este cuento, los abnegados padres de estos niños, tras la extrema penuria, toman la decisión de abandonarles en el bosque. “–Un momento –dirán–, que decisión tan cruel”, pero nada tendría de raro en esos tiempos donde la filiación era básicamente un acto de fe, ya que la documentación de nacimiento sólo era para los nobles. Ellos no tenían esos conceptos donde la sociedad les vería a mal por ese tipo de acciones, no existía una ley que lo penara o documento con que los hijos hicieran reclamo a los padres. ¿Quieren

más?, pues observen que en la historia se les adentra al bosque y ya dentro los astutos niños (o eso pensamos) van dejando un rastro tras de sí (en las versiones originales de este cuento dejaban piedras de guijarro). También podemos aprovechar para hacer un extrañamiento a las versiones más modernas y descuidadas donde los niños marcan el camino con migas de pan o hilaza de lana, a ver, recordemos que los padres los abandonan por no tener que comer, entonces ¿pan? ¿En serio?, ¿debo decir más para entender por qué no es muy plausible?, en segundo caso la hilaza, si en nuestros tiempos sería poco creíble que si no tenían para comer ¿cómo diantres comprarían hilo?, en los tiempos aquellos, la hilaza era un producto artesanal obtenido de la lana que era controlada por la corona (ha de haber sido un producto muy barato), para no extendernos hacia la parte fantástica de las brujas, notamos en el final del cuento, que la corona al ver cometido un cruento homicidio de la dueña de las tierras, lo único a lo que se da el lujo de proceder es a una expropiación (si ya sé que dirán que los gobiernos democráticos no difieren mucho de eso). En remate y para no quitar más su tiempo les recomiendo busquen estos cuentos en su formato original, formen un círculo de lectores o léanlos en voz alta en familia, discútanlos e investiguen, en verdad son un gran cuento y un excelente punto de partida para un viaje. Les deseo felices letras y grandes lecturas.


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escritores Queretanos El beso

PorAlejandra Camposeco

Alejandra Camposeco (México, D.F. 6 de abril) Estudió un Diplomado en Creación Literaria en la SOGEM además de muchos cursos y talleres. Durante algunos años ejerció el oficio periodístico en la Ciudad de México. Ha ganado varios premios nacionales de cuento, poesía y crónica periodística. Es autora de los libros: El bilé y otras ensoñaciones, Fondo Editorial Tierra Adentro; Hoya de Serpientes, Editorial Tintanueva; Mientras Esperas, Editorial Fuera de Comercio; Reconstrucción de los Pecados, Gobierno del Estado de Querétaro y Del alcoholismo y sus emociones, Editorial Vergara. Estoy sumergido en un mundo plano que no me pertenece. Paso los días sentado frente al escritorio, observando los números correr alocadamente sobre la superficie blanca de las páginas. La oficina oscura y estrecha es mi refugio en la soledad. Aquí soy inmune a la ira, al vértigo, al desamor. En la pared de enfrente los amantes se miran acariciándose en silencio. La mujer envuelta en una cobija dorada, contiene todo el conocimiento del amor, mientras acerca sus labios semidormidos al beso que comienza a derramarse sobre ella como una ola. Paso los días con la mira baja, fija en la superficie metálica del escritorio, evadiéndolos. Soy un náufrago en esta isla a la que llamo vida, un solitario. No tengo mucho. Después del trabajo, cruzo la calle y como en la fonda del toldo verde. Ni siquiera sé su nombre. Siempre pido lo mismo. Camino a casa compro el periódico. Cómodamente instalado en mi cama comienzo a recortar los artículos. Tiro a la basura lo que sobra, después, con un pegamento blanco y lechoso como la sangre de los criminales, procedo a pegar las noticias policíacas sobre el televisor, las nacionales en la ventana y las sociales arriba de la cama. Porque todos aquellos a los que recorto son criminales, sólo que de diferente especie.

Hay días en que no encuentro nada que recortar, entonces me quedo como perdido. Sueño con la mujer. Deseo ser yo el que la bañe con ese beso salado, y acabo sintiéndome sospechosamente triste. A veces busco su rostro con desesperación en las fotografías borrosas del periódico. Su inexistencia es un alivio a estos arranques de locura. Pasó dos o tres días sin comprar el periódico, como si no valiera la pena buscarla más, pero entonces escucho un disparo, o encuentro a alguien atropellado, y todo se me viene encima. La cólera me invade. No debo perder los nombres, los rostros, los lugares. La acumulación de información es poder. En esos días recorto hasta que me duelen los dedos y las tijeras me dejan marcas rojizas sobre la piel. He pasado mucho tiempo mirándome en el espejo. Poco a poco he descubierto una nueva dimensión de mi cuerpo, por eso estoy elaborando el plan perfecto. Marco los nombres con tinta roja. Ellos serán los primeros, después vendrán los otros. El amante será el último. Cuidadosamente dibujo números brillantes sobre los nombres y rostros que harán la ecuación sostenerse. Una vez que termine, la cobija dorada nos envolverá a ambos, entonces seré yo el que se recline en ese espacio prolongado que me pertenece.


No fui a la fonda verde, el olor a humo en mi ropa podría denunciarme. Lo del incendio fue fácil, ver cómo me miraban el par de ojos asombrados mientras las llamas devoraban sus cuerpos criminales. Me reí mientras me separaba del lugar y continué riendo hasta que llegué a casa. Después despegué de la pared a los primeros. Ahora los guardo en el cajón derecho del archivero, muy cerca de sus pies. Casi la pude sentir cuando di vuelta a la llave y dejé descender una caricia disimulada sobre ella. Él no se dio cuenta, sigue extraviado en el beso que está por caer. Pasé el resto del día cuadrando los balances atrasados. La línea que nos separa es cada vez más frágil. Los números se suceden. Es imposible detenerme. Lo he hecho de muchas maneras. Evito la sangre blanca y lechosa, pues corro peligro de quedarme pegado o contagiarme de los impulsos que motivan a todas esas personas a cometer los actos más atroces. Mi cuerpo cambia con los días. Me he vuelto más liviano, como si en cada desaparición dejara algo de mí mismo. Ya no recorto, sólo miro los diarios buscando el rostro del amante. Ella comienza a cobrar vida, es como si despertara del desmayo de ese beso incompleto y tomara conciencia de mi sacrificio. Lentamente ha comenzado a voltear su rostro hacia mí. Lo sé, aunque sigo evitando mirarlos. He tenido algunos problemas en la oficina. Estoy tan ocupado que he descuidado las cuentas. Debo trabajar rápido, cualquier error puede echar a perder el plan. La superficie metálica de escritorio refleja el halo dorado de su cuerpo golpeando mi respiración. Sé que me desea, que espera ese beso de mis labios, ese beso de agua profunda, de lluvia desnuda, abismal como mi amor. He trabajado mucho. Las paredes de mi habitación son libres de nuevo. Sólo quedan las marcas del pegamento lechoso adheridas a los espacios huecos. La nume-

ración de lo que somos ha llegado a su fin. Mi cuerpo es ahora casi transparente, etéreo como el cielo de esos ojos que me miran fijamente desde la pared de mi oficina. Él también se ha comenzado a borrar, es como si su figura hubiera comenzado a despintarse. Lo he visto un par de veces comiendo en la fonda verde. El encuentro fue el hallazgo que será la culminación del plan. El sonido de la calculadora extravía los números y los deja caer sobre los estados de resultados a gran velocidad. Trabajo con desenfreno, mis manos revolotean sobre los papeles, una nueva claridad de pensamiento me acerca a ella. Sus labios demoran el beso. Sé que me espera. El grito desgarrado del amante aún resuena en mis oídos cuando llego corriendo a la oficina, mojado de lluvia, salvaje, desesperado, inflamado de amor. La luz está apagada. Me recuesto en la silla y cierro los ojos. El corazón me late apresurado. La conciencia del universo se expande, paraliza el sueño. La veo llegar flotando, envuelta en la cobija dorada que me pertenece de tanto desearla. Mis labios palpitan a una velocidad vertiginosa. El beso se derrama, me acaricia, vuela. Su cercanía es deseo, pasión, misticismo. Siento mi cuerpo casi estallar cuando escucho una voz. –¿Qué es eso?, ¿Klimt?, ¿y quién es ese?, mejor arranquen esa porquería de póster de la pared y píntenla toda de blanco. Vamos a usar esta oficina para la nueva empleada. En el fondo del bote de basura la imagen de los amantes es sombra de un amor indomable que envuelve todo el conocimiento de la vida en un beso. Biblioteca Digital de Escritores Queretanos Más textos de Alejandra Casi imagen Frente a mí Si acaso Romance Las muertes de Ramón Las hadas del mar


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Recomendaciones

El antagonismo a las premisas desemboca en colores que no se ven, pero se erigen sobre la piel de los sentidos, como proa de equívocas travesías o vaivén citado en las bitácoras para la fe, para el amor que se corrompe o se salva. Cuando el color verde se abre a la abstracción del miedo, los fuegos de selva, los peces verdigrisáceos, los cabellos rubio-verde, los sonidos verdes del mar, arden ante cualquier historia de llamada, de rito, de vestigio o ante la cotidianeidad de una invitación al cine.

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L de lector No. 3 (Septiembre 2015)  

Autor del mes: Los Hermanos Grimm

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