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de Lector vidas

miercolees

leer más allá

La aventura inagotable de Melville

El violinista

Llamémosle Ismael

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No. 15 Septiembre 2016 Año II

Santiago de Querétaro, Querétaro OTRAS ARTES escritores queretanos Moby Dick: terror en 7

mares, inspiración en 7 artes

Roberto Delgado

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Herman Melville

Estimado Lector del L, este mes presentamos a Herman Melville, estadounidense nacido en Nueva York. Además de novela, escribió diversos cuentos, ensayo y poesía. A los diecinueve años, se embarcó en una fragata de carga y pasaje que hacía la ruta Nueva York-Liverpool. Buscando más trabajo, se alistó al ballenero Acushnet que partió en la navidad de 1841, desde New Bedford, desertando al año en la isla Nuku Hiva, de las Islas Marquesas, presenciando el canibalismo de los mares del sur, con los typee. Fue vendido por lo nativos al ballenero Lucy Ann, después se alistó a la marina de Estados Unidos, y tras muchas travesías marítimas y su fama de aclamado escritor por su novela Moby Dick, considerada uno de los libros fundamentales de la literatura universal. Muere el 28 de septiembre de 1891, permaneciendo sus restos en el cementerio de Woodlawn. En el MiercoLees comprenderás que las apariencias engañan, El violinista es un fabuloso cuento con un gran final. En Leer más allá, Luis Erick invita a la lectura de Moby Dick con datos duros sobre los barcos balleneros. En Otras Artes Addy Melba hace una ruta sobre la obra maestra de Mellville, en el sentido de que la ballena fue el terror en siete mares y una inspiración en las siete artes, gracias a esta increíble historia. En Escritores Queretanos, presentamos a Roberto Delgado, prolífero escritor, quien nos regala un excelente cuento con moraleja sobre el Mundo Cervantino. La librería Sancho Panza recomienda el libro de Carlos Ruiz Zafón titulado A la sombra del viento. Feliz mes Patrio. PRT


Septiembre 2016 Santiago de Querétaro, Querétaro Dirección editorial Patricio Rebollar

Vidas

LA AVENTURA INAGOTABLE DE MELVILLE Héctor Alejo Rodríguez

MiercoLees

el violinista Herman Melville

Leer más allá

LLAMÉMOSLE ISMAEL Luis Erick Anaya Suirob

Otras artes

Moby Dick: Terror en 7 mares, inspiración en 7 artes Addy Melba Espinosa

Asistencia editorial Valeria García Origel Relaciones Públicas Diana Pesquera Circulación y promoción Librerías Nuevos Horizontes, Librería Sancho Panza, Amadeus, Punta del Cielo, La Charamusca, elaboratorio, Dipac, Mosher.

Colaboradores Patricio Rebollar, Héctor Alejo Rodríguez, Diana Pesquera, Ricardo Rabell, Librería Escritores Queretanos Sancho Panza, Luis Erick Anaya Suirob, Mundo Cervantino Addy Melba Espinosa, Roberto Delgado Roberto Delgado Ríos Ríos. suscríbete para obtener la versión digital

blogpartres@gmail.com

L de Lector. Septiembre 2016, año II, No. 15. Publicación mensual editada por Par Tres Editores, S.A. de C.V., Fray José de la Coruña 243, colonia Quintas del Marqués, 76047, Santiago de Querétaro, Querétaro. Sitio web: www. par-tres.com, blogpartres@gmail.com. Editor Responsable: Patricio Rebollar. ISSN: 2448-5586 tramitado por el Instituto Nacional de Derechos de Autor. Impreso por Hear Industria Gráfica, ubicado en Calle 1, No. 101, Zona Industrial Benito Juárez, 76120, Santiago de Querétaro, Querétaro, este número se terminó de imprimir el 30 de septiembre de 2016 con un tiraje de 1000 ejemplares.

Se permite la reproducción parcial de esta obra en lo concerniente al texto del Autor del Mes en virtud de encontrarse libre de Derechos de Autor, en cuanto a las demás secciones de la publicación, se prohíbe su reproducción parcial o total, por cualquier medio, sin la anuencia por escrito de los titulares de los derechos correspondientes.


vidas La aventura inagotable de Melville Tercer hijo de Allan Melvill (apellido paterno original) y Maria Gansevoort, Herman Melville nació el 1 de agosto de 1819 en la ciudad de New York donde vivió confortablemente durante sus primeros años y asistió a la New York Male School. Su padre, de emocionalidad inestable, intentó recapitalizarse en el comercio de pieles moviendo a la familia a Albany en 1830. La Albany Academy fue el instituto que recibió a Herman para proseguir su formación. Debido a un colapso mental originado por el fracaso en sus negocios, Allan Melvill muere en 1832, y la pobreza circunda a su viuda y sus ocho hijos. Herman, obligado por las circunstancias, abandona la escuela a los doce años y se emplea en un banco. Poco después se traslada a Pittsfield, Massachusetts, para trabajar en la granja de su tío Thomas Melvill y asiste irregularmente a la escuela del distrito. Ante la recesión de los productos ganaderos, Herman regresa a New York en el otoño de 1840, y en diciembre, se embarca como marino en el Acushnet, un nuevo ballenero. En octubre de 1844 aparece como parte de la tripulación naval de la fragata United States, que desembarca en el Boston Navy Yard. Libre del servicio activo en el ejército de marina, Herman descubre una amplia audiencia que se interesa en sus experiencias y viajes, y decide escribirlas durante el invierno siguiente. Publica en 1846 Typee: A Peep at Polynesian Life, novela de aventuras donde expone el canibalismo de las tribus oriundas y que le da la bienvenida a la sociedad literaria de New York, dándose a conocer ya como Melville. Lee minuciosamente a Darwin, Dante, Montaigne y Shakespeare. Entusiasmado por la aceptación de los lectores, Melville prosigue en su línea de acción y publica en 1847 Omoo: A Narrative of Adventures in the South Seas, relato de activa prosa que el Brooklyn Daily Eagle calificó de “rico estilo natural en la narrativa de aventuras que funge como gran entretenimiento”. Reconocido popularmente, escribe Mardi en 1849,

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Por Héctor Alejo Rodríguez

en la cual critica el afán de civilización de la época y el romance interracial alcanza tonos significativos, argumentos ausentes de toda la intensidad que lo había caracterizado previamente y que convierten a la publicación en un fracaso. Consciente de este bajo rendimiento, Melville retoma su estilo original y publica dos libros, Redburn, his first voyage (1849) y White-Jacket (1850) que le reditúan ingresos moderados. En 1851 aparece Moby Dick, la obra más representativa de la originalidad de Melville, considerada ahora una obra maestra de la literatura universal y, que en ese entonces, fue un auténtico fracaso comercial que constituyó una debacle en las emociones del autor. Pierre (1852) es otro desastre crítico y financiero. Consigue credibilidad con su siguiente novela, Israel Potter (1855) y mantiene su reputación con The confidence-man (1857). Es creador de The Piazza Tales (1856), que incluye los relatos cortos: The Piazza, Bartleby the scrivener, Benito Cereno, Enchanted Isles y The Lightning-Rod Man. Incursionó también en poesía, publicando Battle-Pieces and aspects of the war (1866), Clarel: a poem and pilgrimage in the holy land (1876), John Marr, and other sailors; with some sea-pieces (1888), Timoleon (1891). Aislado y quebrantada su salud, fallece a los 72 años de edad, el 28 de septiembre de 1891, sin estar en la mente de sus contemporáneos.


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El violinista ¡De modo que mi poema es un fracaso y la fama inmortal no se ha hecho para mí! Estoy condenado a ser un don nadie por toda la eternidad. ¡Suerte intolerable! Tomando mi sombrero, arrojé contra el suelo la crítica leída y me precipité en Broadway, donde una masa de gente entusiasmada se apiñaba camino de un circo, situado en una calle lateral cercana, circo que muy poco antes había iniciado sus funciones y el cual gozaba de fama gracias a un payaso excepcional. Poco después mi viejo amigo Standard me abordó de una manera bastante ruidosa. –¡Lindo encuentro, Helmstone, mi viejo! –¡Eh! Pero, ¿qué pasa? ¿Cometiste un asesinato? –¿Estás huyendo de la justicia? ¡Se te ve descompuesto! –Entonces, ¿no lo has visto? –pregunté, refiriéndome, claro está, al comentario crítico. –Oh, claro que sí. Estuve en la función de la mañana. Un gran payaso, te lo aseguro. Pero mira, ahí viene Hautboy. Hautboy... Helmstone. Sin que se me diera oportunidad -o sin que sintiera la inclinación- de protestar ante un error tan mortificante, de inmediato me sentí calmado al contemplar el rostro de aquel recién llegado, a quien tan poco ceremoniosamente me habían presentado. Era corto y macizo de cuerpo, aunque de aire juvenil y animoso. Su tez, quemada de estar a la intemperie; sus ojos, sinceros, alegres y grises. Sólo su cabello indicaba que no se estaba ante un muchacho desproporcionadamente crecido, y con base en el cabello le atribuí unos cuarenta años o algo más. –Oye, Standard –exclamó con gozo dirigiéndose a mi amigo–, ¿no vas al circo? Me dicen que el payaso no tiene igual. Venga usted también, señor Helmstone; vengan

Por Herman Melville

los dos. Y cuando termine la función, cenaremos un delicioso cocido y un ponche donde Taylor. Aquel contento genuino, aquel buen humor y aquella extraordinaria expresión saludable y sincera de mi singularísima nueva amistad actuaron sobre mí como magia. Me pareció cuestión de simple lealtad humana aceptar aquella invitación venida de un corazón inconfundiblemente cordial y honrado. Durante la función más puse atención en Hautboy que en el celebrado payaso, pues el primero constituía el verdadero espectáculo para mí. Su disfrute auténtico me llegaba al alma por ser expresión real de eso que llamamos felicidad. Parecía saborear con la lengua los chistes del payaso, como si fueran el vino más delicioso. Y expresaba su agradecimiento aplaudiendo ahora con las manos y golpeando el piso luego con los pies. Si una de las humoradas le parecía más que buena, se volvía hacia Standard y hacia mí, por ver si compartíamos su extraordinario placer. En aquel hombre de cuarenta años tenía a un muchacho de doce, sin que ello hiciera disminuir en lo más mínimo mi respeto por él, pues todos sus actos eran tan honestos y naturales, sus expresiones y actitudes tan gráciles de bonhomía natural, que la juventud maravillosa de Hautboy adquiría una especie de aire divino e inmortal, como el de algún dios de Grecia eternamente joven. Pero por mucho que observara a Hautboy y por mucho que admirara su talante, el humor desesperado con que había partido de casa no me había abandonado al grado de no molestarme con reapariciones momentáneas. Pero salía de aquellas recaídas y miraba apresurado a mi alrededor, a todo aquel amplio anfiteatro lleno de rostros humanos ávidamente interesados y aplaudidores.


¡Escuchen! Palmadas, golpes, hurras ensordecedoras. Todos los allí reunidos parecían enloquecidos en sus aclamaciones. ¿Y qué, me pregunté, ha causado todo esto? Pues hombre, que el payaso acababa de gesticular cómicamente con una de sus mejores muecas. Me repetí entonces aquel sublime pasaje de mi poema en que Cletemes el argivo vindica la justicia de la guerra. Ay, me dije, si en este momento saltara al escenario y repitiera dicho pasaje; o mejor aún, recitara ante el público todo mi poema trágico ¿aplaudirían al poeta como están aplaudiendo al payaso? ¡No! Me abuchearían, acusándome de ido o de loco. Entonces, ¿qué prueba todo esto? ¿Mi engaño o su insensibilidad? Acaso ambos, pero sin duda alguna lo primero. Mas, ¿por qué lamentarse? ¿Estás buscando la admiración de quienes admiran a un bufón? Mejor trae a mientes la anécdota del ateniense que, cuando la gente lo aplaudía rabiosamente en el foro, preguntaba a su amigo en un susurro: ¿Qué tontería he dicho? Una vez más mis ojos recorrieron aquel circo, cayendo finalmente sobre el radiante rostro de Hautboy. Su alegría clara y honesta respondía con el desdén a mi desdén y mi orgullo intolerante sufrió un golpe, aunque Hautboy ignorara qué reproche mágico significaba su rostro reidor para un alma como la mía. En el momento mismo de estar sintiendo yo el dardo de la censura, sus ojos brillaron, su mano hizo un gesto y su voz se elevó en jubiloso deleite cuando el inagotable payaso concluía otra más de sus gracias. Terminado el circo, fuimos a Taylor. En medio de una multitud nos sentamos a una de las mesas de mármol, para saborear nuestro cocido y nuestros ponches. Hautboy se había acomodado frente a mí. Aunque su anterior hilaridad se encontraba muy atenuada ya, su rostro seguía brillando de gozo, si bien ahora se presentaba en él un rasgo hasta hace poco no muy sobresaliente: una cierta expresión serena de bienestar profundo y calmado. En este hombre se daban la mano el sentido co-

mún y el buen humor. Según proseguía la conversación entre el enérgico Standard y Hautboy -pues yo apenas dije nada-, me sentí cada vez más sorprendido por el buen juicio que el segundo mostraba. En casi todos sus comentarios a los distintos temas abordados parecía encontrar instintivamente la línea exacta entre entusiasmo y apatía. Se veía obviamente que si bien Hautboy captaba el mundo tal y como era, en teoría no le daba apoyo ni al lado brillante ni al lado oscuro. Rechazaba todas las soluciones y sólo aceptaba los hechos. No negaba superficialmente lo que en el mundo había de triste, no menospreciaba cínicamente lo que de alegre había en él y con agradecimiento aceptaba de corazón todo lo que personalmente le parecía placentero. Por ello me parecía obvio -al menos en aquel momento- que su alegría extraordinaria no tenía como causa una deficiencia de sentimientos o discapacidad mental. Recordando de súbito un compromiso, Hautboy tomó su sombrero, se despidió agradablemente y se fue. –Bien, Helmstone –preguntó Standard, que tamborileaba levemente con los dedos sobre la mesa–, ¿y qué piensas de tu nuevo conocido? Las dos últimas palabras adquirieron un significado peculiar y distinto. –Nuevo en verdad –repetí–. Standard, mil gracias te doy por haberme presentado a uno de los seres más singulares que haya conocido. Me era necesario ver a un hombre tal para poder creer en la posibilidad de su existencia. –Pareces gustar de él –contestó Standard con sequedad irónica. –Lo amo y admiro enormemente, Standard. Me gustaría ser él. –¿Ah, sí? Lástima, pues en el mundo sólo hay un Hautboy. Este comentario me ensombreció de nuevo y en cierta medida reavivó mi anterior disposición de ánimo. –Supongo –dije mofándome con rencor–, que su admirable alegría se origina por igual en una fortuna y un tempera-


mento felices. Es obvio su gran sentido común, pero puede darse éste sin ningún otro don sublime. Antes bien, creo que en ciertos casos tener sentido común significa simplemente carecer de las otras virtudes. Con mayor razón tener alegría. Por estar desposeído de genio, Hautboy es una persona eternamente bienaventurada. –Ah, con que no lo crees un genio extraordinario. –¿Genio? ¿Ese hombre corto de estatura y gordo un genio? Los genios son delgados, como Casio. –¿Ah, sí? ¿No podrías imaginar que Hautboy tuvo genio, pero que, afortunadamente, pudo deshacerse de él y engordar? –A un genio le es tan imposible deshacerse de su genio como curarse a un hombre enfermo de tisis galopante. –¿Ah, sí? Hablas con mucha seguridad. –Así es, Standard –exclamé, sintiendo crecer mi reconcomio–. Después de todo, ninguna lección puede darnos, ni a ti ni a mí, tu alegre Hautboy. Con sus capacidades normales; sus opiniones claras, por limitadas; sus pasiones dóciles a fuerza de débiles; su temperamento alegre porque con él nació, ¿cómo puede ser ejemplo adecuado para un tipo temerario como tú o para un soñador ambicioso como yo? Fuera de los límites comunes, nada lo tienta; no tiene en sí nada que necesite refrenar. Por naturaleza está libre de todo daño moral. Tu Hautboy sería un hombre por completo diferente si lo infectara la ambición, si escuchara por una vez el aplauso de la gente o tuviera que sufrir desprecios. Conformista y calmo desde la cuna hasta la sepultura, es obvio que se va deslizando sin tropiezos por entre la multitud. –¿Ah, sí? –¿Por qué me respondes Ah, sí de un modo tan extraño cada vez que te contesto? –¿Has oído hablar del maestro Betty? –¿Aquel joven prodigio inglés que hace mucho tiempo desalojó a los Siddon y a los Kemble de Drury Lane e hizo que toda la ciudad lo aclamara rabiosamente? –El mismo –dijo Standard, una vez más

tamborileando suavemente sobre la mesa. Lo miré perplejo. Parecía guardar con reserva misteriosa la clave de nuestra conversación; parecía estar lanzándome su maestro Betty para intrigarme aún más. –¿Y qué carambas tiene que ver el maestro Betty, el insuperable genio y prodigio inglés de doce años, con Hautboy, este pobre norteamericano de cuarenta años, tan común y corriente, tan empeñoso? –Oh, nada, nada en absoluto. No creo que jamás se hayan visto. Además, el maestro Betty debe estar muerto y enterrado desde hace mucho tiempo. –Y entonces, ¿para qué cruzar el océano, para qué perturbar su tumba y para qué introducir sus restos en esta conversación de vivos? –Distracción, supongo. Te pido perdón humildemente. Sigue con tus comentarios sobre Hautboy. Así pues, piensas que nunca poseyó genio por ser un hombre demasiado satisfecho, feliz y gordo para ello, ¿no es eso? No lo consideras un ejemplo para los hombres en general. No concedes valor al mérito pasado por alto, al genio ignorado o a la presunción impotente, eh. Los tres significan lo mismo. Y admiras su buen humor mientras que a la vez desprecias su alma vulgar. ¡Pobre Hautboy, cuan triste que tu alegría sea causa accidental del desprecio que se te muestra! –No he dicho que lo desprecie. Eres injusto. Simplemente afirmé que Hautboy no me sirve de norma. Un ruido súbito ocurrido a mi lado atrajo mi atención. Volviéndome, me encontré con Hautboy, quien alegremente volvía a sentarse en la silla que había abandonado tiempo atrás. –Llegué tarde a mi cita –dijo–, así que volví corriendo a reunirme con ustedes. Pero creo que ya han estado tiempo suficiente en este sitio. Vayamos a mis habitaciones. Sólo hay que caminar cinco minutos. –Si prometes tocar el violín para nosotros, te acompañaremos –contestó Standard. ¡Un violinista!, pensé. ¿Se trata entonces


de un violinista de feria? ¿Cómo extrañarse, pues, de que el genio haya declinado para adaptarse al ritmo de un arco de violín? Mi depresión era en verdad profunda en aquel momento. –Gustosamente tocaré hasta que se harten –respondió Hautboy a Standard–. ¡Vamos! A los pocos minutos nos encontramos en el quinto piso de una especie de almacén, en una calle lateral a Broadway. Estaba curiosamente amueblada con todo tipo de enseres estrafalarios, se diría que comprados, de uno en uno, en subastas de moblaje de casas antiguas. Pero todo estaba limpio y era placenteramente acogedor. Apremiado por Standard, Hautboy sacó del estuche su maltratado violín y, sentándose en un banco alto y destartalado, comenzó a tocar alegremente “Yankee Doodle” y otros aires ligeros, brillantes y desdeñosamente despreocupados. Pero pese a lo común de las tonadas, quedé anonadado por algo que de milagroso había en el estilo. Allí sentado, en aquel viejo banco, el rojo sombrero ladeado sobre la cabeza y balanceando un pie, Hautboy tocaba con el arco de un encantador. Huyó de mí todo descontento, todo vestigio de mal humor. Mi espíritu esplénico en pleno capituló ante aquel violín mágico. –Algo de Orfeo tenemos aquí, ¿verdad? –comentó Standard, dándome pícaramente un ligero codazo en el lado izquierdo. –Y yo soy el oso encantado –murmuré. Cesó la música. Una vez más, con redoblada curiosidad, contemplé al indiferente y calmado Hautboy. Pero el hombre frustraba por completo cualquier intento de penetración. Cuando, tras dejarlo, Standard y yo nos encontramos una vez más en la calle, encarecidamente le rogué que me dijera, sin cortapisas, quién era aquel maravilloso Hautboy. –¡Pero, cómo! ¿No lo has visto tú mismo? ¿No dejaste al descubierto su anatomía en la plancha de mármol de Taylor? ¿Qué más podrías descubrir? No me cabe

duda de que tu pasmosa perspicacia te ha puesto ya al tanto de todo. –Te burlas de mí, Standard. Existe en todo esto algún misterio. ¡Por favor, te lo ruego, dime quién es Hautboy! –Un genio extraordinario, Helmstone –dijo Standard con súbito ardor–, que en su adolescencia bebió hasta agotarlo el licor de la gloria, cuya gira de ciudad en ciudad era ir de un triunfo a otro. Una persona que hizo maravillarse a los sabios, que obtuvo las caricias de las mujeres más hermosas, que recibió el homenaje abierto de miles y miles de personas del pueblo. Y, míralo, hoy camina por Broadway sin que nadie lo reconozca. Tú, yo, el empleado que lleva prisa y la gente del ómnibus lo apartamos a codazos. Él, que en cientos de ocasiones fue coronado de laureles, viste hoy, como habrás podido ver, una chistera deslustrada. Él, en cuyos bolsillos la fortuna hizo llover oro y hojas de laurel sobre sus sienes, va hoy de casa en casa, enseñando a tocar el violín para ganarse la vida. Atosigado alguna vez por la fama, hoy vive jubilosamente sin ella. Con su genio y sin la fama, vive más feliz que un rey. Y es hoy un prodigio más grande que nunca. –¿Y su nombre verdadero? –Te lo murmuraré al oído. –¿Cómo? Pero, Standard, yo mismo de niño grité su nombre en el teatro hasta quedarme ronco. –Supe que no recibieron muy bien tu poema –me dijo Standard, cambiando de súbito el tema. –¡Ni una palabra acerca de eso, por amor de Dios! –grité. Si Cicerón, al viajar por el Este, encontró alivio compasivo para su dolor al contemplar las áridas ruinas de una ciudad alguna vez suntuosa, ¿no quedarán mis nimios problemas en nada cuando en Hautboy contemplo cómo las vides y las rosas trepan por las derruidas columnas de su destrozado templo de la Fama? Al día siguiente rompí todos mis manuscritos, compré un violín y comencé a tomar regularmente lecciones con Hautboy.


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más de Melville Por la editorial

Datos Curiosos I

La deserción que efectuara Melville del Acushnet en las Islas Marquesas, y su forzada estadía y huida de las tribus locales, dio origen a su primera novela.

Fue encarcelado en Tahití por amotinamiento en el ballenero Lucy Ann. II Al ser liberado y valiéndose de sí mismo, invirtió varias semanas para explorar las Islas de la Sociedad. Estuvo tres años y nueve meses entre

IIIembarcaciones, mares continentales e islas remotas.

Se aisló por completo en una granja para escribir Moby Dick, propiedad IV cercana a la del escritor Nathaniel Hawthorne, con quien cultivó una estrecha amistad. Billy Budd, novela suspendida a causa

V de su muerte en 1891, fue publicada en 1924.


leer más allá

Llamémosle Ismael Llamémosle Ismael, nuestro autor tiene a una de las ballenas más famosas de la literatura, tanto por su personaje principal como por el grueso del tomo que generalmente comprende (para todos aquellos que compraron la edición resumida escolar, no cuentan, [les diría tramposos pero confieso que tampoco yo he leído el libro completo] [jeje, si lo notaron si hice paréntesis en un paréntesis, interesante herramienta literaria, sirve mucho cuando es un comentario ajeno al hilo de nuestro texto]) para todos aquellos que han leído los textos biográficos y bibliográficos de seguro preceden al presente se habrán dado cuenta, si me refiero a Moby Dick, digo tiene muchas otras obras el autor y son recomendables, pero todos conocemos el multi-cliché creado por el capitán obseso compulsivo que persigue a la gran ballena blanca. ¡Okk!, ¿por dónde comienzo? ¿Ustedes dimensionan lo que es una ballena blanca? Una coso-cochina-dota que llega a medir 27 metros de largo pesa entre 12 y 26 toneladas, en palabras mortales con cuatro logran el largo de una cancha de pan bol (futbol soccer). Ahora si ya la imaginaron pónganle cola, que generalmente es de un pez (si ya sé que no es un pez del todo, pero igual se rige por algunas de las reglas de ellos) las colas tienen la proporción de entre una cuarta parte y una décima parte del largo total esto con el fin de dar propulsión a su cuerpo, con el peso y el tamaño imaginen la fuerza de empuje que tiene zendo animal, según los cálculos es de entre 450 y 1200 kw, ahora imaginen al capitán de un barco pesquero, que la verdad por el tamaño no son muy lejanos aunque la verdad mi investigación no me dejó verlo en el contexto correcto del todo, ya que los actuales miden entre 18 a 51 metros de largo (cabe decir que el meterme en esos

9 Por Luis Erick Anaya Suirob

términos náuticos con los que referencian todo ha sido un viacrucis pero con un buen diccionario taxonómico náutico medio la libré). El arrastre que tienen los motores modernos es de 700 a 1900 kw, nótese modernos que hasta donde me permitió el internet llegar son más o menos doce veces más potentes que los barcos que se construían antes de la llegada de la combustión interna, época precisa del relato. Resumiendo un poco lo dicho en es increíble pensar ¿que una persona en su sano juicio buscara, por las razones que sean, dar presa de un animal que sería dos veces más grande que su embarcación y que tiene tres o cuatro veces más fuerza? (que pregunta más larga, me pregunto si me la validarán o comenzaran llover críticas). Al finalizar esto, les dejaré la reflexión de si lo que buscan es una lección de vida dentro de ese relato encontrarán grandes ejemplos de situaciones límite, de estrés y de mal sana perseverancia, pero al final del día un planteamiento muy válido que nos permite como siempre en la lectura experimentar jaqueca en testa ajena. Lo cierto es que también la forma de narrar tan refinada contrasta en mucho con lo tosco de sus relatos y aun más con su quehacer poético. Quizá y esto solo lo asumo esto pueda provenir de los lejanos emparentamientos con la nobleza británica que tienen sus ascendentes, y como todos bien sabemos las madres orgullosas no nos dejarán olvidar. Les invito a que se den un buen chapuzón del contexto de esta época del post colonialismo en Estados Unidos y en relatos como este descubran las crasas diferencias con nuestra cómoda época actual. Yo los dejo mis estimados lectores como siempre deseándoles felices lecturas.


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GANADOR

LA BREVEDAD

¡Participa con tu mini ficción! 1.- Escribe tu mini ficción, tema libre, con una extensión que deberá ser entre las 70 y 100 palabras máximo. Formato de tu cuento: en Word, Arial 12, interlineado 1.5 pt 2.- Envíanos tu cuento antes del 20 de Agosto a blogpartres@gmail.com Necesitamos tus datos: Nombre, teléfono y edad. 3.- Un Premio mensual: Un paquete de libros y la publicación en L de Lector.

MENCIÓN

Entre risas, miradas y cafés Yudaniely Maluenga Díaz

Ella leía, él la observaba desde otra mesa mientras bebía su café, ella sonrió y él pensó que podía iluminar hasta el rincón más oscuro solo con su sonrisa. Sostuvieron sus miradas por varios minutos, terminaron sus cafés casi al mismo tiempo y al salir se pararon frente a frente; él se presentó en un idioma diferente y ella le contestó diciéndole su nombre. Inmediatamente ambos supieron que en esta vida hay cosas demasiado profundas para poder explicarlas en cualquier idioma, por eso en ese momento les bastó comunicarse a través de pequeños gestos: entre risas, miradas y cafés.

Libertad

Rebecca Reyes Retana La lluvia cae y estoy lista para correr. Correr de una manera como nunca he hecho en mi vida. Dejo una carta a mis padres, diciéndoles que voy a perseguir mis sueños y que no se preocupen de mi paradero, firmando mi nombre al final con tinta roja. Decido tomar el tren que me llevará a

la ciudad que ansío conocer. Es un lugar en el que nunca se les ocurriría buscarme. Por una extraña razón las cosas que me gustan las he mantenido en secreto. Encuentro un compartimento vacío. Poco después, entra alguien de ojos cafés que me resultan familiares.


OTRAS ARTES

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Moby Dick: terror en 7 mares, inspiración en 7 artes Moby Dick es uno de esos nombres en la historia de la literatura que no pasan desapercibidos. Sin importar que tan aficionado seas a la lectura es probable que conozcas el nombre de la temible ballena blanca y que lo hayas visto en alguna adaptación. Elegir una sola para esta sección fue imposible. Moby Dick es un personaje que ha inspirado desde grandes obras de arte hasta cuestiones meramente comerciales. Prueba de ello es el libro “Moby Dick. La atracción del abismo” de editorial Ilarion y dividido en tres secciones: Sobre el autor, la obra y su tiempo; Tras la estela de Moby Dick, Arte, ilustración, comics, cine…; esta última sección consta de más de 100 páginas en las que mencionan diferentes aportaciones artísticas de las que la ballena ha sido musa, principalmente en las artes visuales. El libro contiene diversas imágenes e ilustraciones convirtiéndose en una excelente referencia para conocer un poco más del impacto de Melville en las artes gráficas. En cuanto a música la variedad abarca diversos géneros y ha sido usado ya sea como nombre de banda o como inspiración para una obra, álbum o canción en particular. En este ramo destaca la ópera de Jake Heggie con libreto en inglés de Gene Scheer, que se estrenó con buena recepción en Dallas en 2010. Previo a esta versión existen dos musicales más, uno de 1955 y otro de 1990. Y por supuesto en música también resalta la canción de Led Zeppelin, lanzada en 1969 por Atlantic Records y en la que destaca el solo de batería. En el cine, la primera adaptación fue “La Bestia del Mar” en 1926. La obra de

Por Addy Melba Espinosa

Melville ha sido adaptada en 6 ocasiones a la gran pantalla, siendo la más reciente la estadounidense “Moby Dick” estrenada en 2010 y en la cuál la historia es llevada a una época más moderna (empezando en 1969 y con los hechos principales situados en la misma época en la que se estrenó el filme). En la pantalla chica ha tenido al menos tres adaptaciones como película y un sinfín de referencias y capítulos especiales en todo tipo de programas. En cuanto a otros libros, podemos destacar En el corazón del mar de Nathaniel Philbrick. Esta obra, ganadora del Premio Nacional en la categoría No Ficción, no está propiamente basada en el libro de Melville, sino en la historia del ballenero Essex; misma historia que Melville usó de base para Moby Dick y sin duda, la popularidad del clásico inspiró a Philbrick y ayudó al éxito comercial de su libro. Este fue llevado al cine en 2015 en una adaptación con el mismo nombre protagonizada por Chris Hemsworth y en la que el propio Melville es retratado en su búsqueda de información para poder escribir lo que se convertiría en su obra maestra. Sin duda un artículo no alcanza para hablar del gran impacto que ha tenido Melville y en particular, la terrible ballena blanca en nuestra cultura. Pero si ha tenido ese impacto, es porque logró a través de la historia del Capitán Ahab y su lucha contra Moby Dick, transmitirnos la fascinación que como humanos tenemos por la naturaleza y la lucha constante que libramos tratando de dominarla a ella y a nosotros mismos.


Una colección de la A a la Z con las obras más reconocidas de la literatura clásica. 27 autores consagrados y cuidadosamente seleccionados para que vivas en cada letra una aventura. Te invitamos a que seas parte de esta colección y te sumerjas en el abecédario más exclusivo uniendo tus letras favoritas y fomentando la lectura y cultura de nuestro país.

Se supone que Alicia está leyendo un libro, sentada a la orila de un río junto a su hermana, cuando de pronto ve a un conejo blanco vestido con chaleco corriendo con prisa; inteligentemente decide seguirlo por su madriguera y de pronto cae en un abismo interminable. Tras un rato, cae al suelo y bebe de una botella y comienza a encogerse muchísimo, después ve un pastel y al comerlo la hace crecer, y así varias veces. Una vez entra a un jardín que había por allí, se encuentra con un mundo bizarro en el que los animales hablan, donde un loco se peleó con el tiempo y éste lo castigó a vivir eternamente la hora del té, una oruga que fuma de una pipa, un gato sonriente que aparece y desaparece, una reina berrinchuda que dirige un ejército de cartas y quiere cortarle la cabeza a todos. Vaya, un país de las maravillas.


Resulta que nuestro personaje principal, Mr. Utterson va caminando con su primo Enfield, sobre la calle y de pronto ve a un hombre pálido y enano (Mr. Hyde) que al ver a una niña pequeña caminando hacia él, decide arrollarla, pisoteándola e ignorando sus gritos, continuando su camino. Asombrados ante la escena, lo ven entrar a casa del Dr. Henry Jekyll y salir con un talonario firmado. Utterson era amiguísimo y abogado del doctor, y sabiendo que en su testamento pretendía dejarle toda la herencia a Hyde, comienza a investigar los hechos, presuponiendo que Hyde le hace chantaje a Jekyll por algún secreto del pasado.

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escritores Queretanos Mundo cervantino

Por Roberto Delgado Ríos Roberto Delgado nació en Querétaro, Querétaro en 1978. Definido como novelista, ha publicado las obras El Triunfo de los Otros en 2009 con la cual se presentó en la FIL de Guadalajara y Sólo lo Sabe la Luna en 2012. Abogado de profesión y candidato a Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, también es columnista semanal desde 2005 del periódico Capital Querétaro con cerca de quinientas colaboraciones publicadas en materia cultural y literaria. Roberto Delgado es un narrador joven quien ha venido a reposicionar la tendencia de los escritores queretanos que básicamente se han centrado en la poesía. Una pluma que promete abrirse paso en la literatura mexicana, publicando en 2015 Generación Invisible con Par Tres Editores.

El cruce de caminos se le presentaba a Alonso. En agosto comenzaría los estudios de su carrera profesional. Con el idealismo aún en su cabeza sobre un mundo justo donde ser buen estudiante bastaba, no quería pedir ningún consejo. Sin embargo, el mismo día en el que a su padre lo promovieron a un puesto superior y a su tío lo despidieron, las dudas comenzaron a engrandecerse. ¿Cómo era posible que ambos hermanos, cuyas calificaciones fueron de excelencia en la misma universidad, estuvieran viviendo realidades tan distintas? ¿Qué era lo que no estaba funcionando en el diseño laboral o qué era lo que no hizo uno y sí hizo el otro? No habría en la universidad tal cosa como una materia nombrada “formas de sobresalir en el trabajo”, “aspectos a evitar para no ser despedido” o “cómo edificar una escalera para llegar al olimpo del mundo real”. Los viernes eran los días del fin de semana en que la familia se reunía a jugar dominó en la terraza de la casa. Se escuchaba música suave, bebían algunas cervezas y los hijos esperaban hasta el sábado para salir con los amigos. Alonso se quedó con su padre una hora adicional en las cómodas sillas blancas que miraban de frente a las tres palmeras gigantescas que

se movían de lado a lado. –No entiendo qué hiciste bien tú y que hizo mal mi tío Alejandro. Necesito un consejo antes de comenzar la carrera. –Son circunstancias distintas, el estudio en realidad abre puertas pero no te da antigüedad o éxito en ningún lado. Todo aquel que lo vea como un seguro de vida, está equivocado. –¿Y entonces qué consejo me podrías dar? –Mira, creo que mi consejo se entenderá mejor si haces una investigación. –¿Qué investigación? –Durante un mes, investiga cuantas personas son fanáticas del Quijote. Ya sea que sean coleccionistas de las figuras, lo citen, tengan ediciones especiales en sus casas, vayan a exposiciones del tema, etc… De igual manera, revisa sobre Miguel de Cervantes, su autor. –Pero, eso que tiene que ver con… –Hazme caso, realiza la investigación que te pido. Alonso, quien nunca había leído el Quijote y llevaba el nombre del protagonista, aceptó realizar el trabajo solicitado por su padre. Comenzó a percatarse que las colecciones relativas a la novela más importante de la literatura española no tenían fin. Entre figuras pequeñas, medianas o


gigantes, lo mismo que pinturas, libros, artesanías y todo donde la imaginación pudiera plasmar una imagen del libro, encontró un objeto en cualquier número de casas y oficinas. Un ejemplo de aquella de la gente fue la historia del madrileño Adolfo Prado. A los doce años vio que su tío tenía un Quijote en su casa y a partir de ese momento se propuso coleccionar al personaje. Hoy, a los 47 años, Adolfo tiene más de cien ediciones de todo el mundo y busca crear un instituto cervantino. De igual manera, entendió que el Festival Cervantino era más que beber cerveza en la calle. Nacido en 1953, el evento comenzó presentando los entremeses de Miguel de Cervantes en la ciudad de Guanajuato hasta convertirse en un festival internacional alrededor de la obra del escritor español. El descubrimiento hecho por Alonso sobre la pasión por la novela y el escritor era gigantesco y asombroso. De inmediato revisó si su padre tenía aquel libro tan trascendente y como en todas las casas de México, lo encontró. Su padre tenía de hecho tres distintas versiones. Sin embargo, no había ningún artículo relacionado con el personaje central o su fiel escudero adornado alguna esquina. La contradicción entre los tres libros y la nulidad de adornos le causó sorpresa. ¿Podría ser que a su padre no le gustara la historia o no la encontrara tan extraordinaria como todo el mundo? Confirmó que al Quijote se le consideraba “el mejor trabajo literario jamás escrito” y que Cervantes era una montaña del tamaño de Shakespeare. Se sintió agradecido con su padre por la investigación ya que una caja de pandora se abrió ante sus ojos. De cualquier forma, no veía la conexión entre aquello y su carrera profesional. Dos meses después, de nuevo era viernes. Acabando la partida de dominó, Alonso y su padre de nueva cuenta miraban las palmeras mecerse mientras terminaban de beber la última cerveza de la noche. –¿Has terminado la investigación?

–La he terminado. –¿Cuál es tu conclusión? –Es una monstruosidad lo que ha hecho esa novela con el mundo. El culto a la novela y al escritor son impresionantes, nunca pensé que un libro que no fuera la biblia tuviera semejante trascendencia. –Así es, y sigue vigente cuatrocientos años después. –Hablando de eso. Revisé tu biblioteca y tienes tres ediciones distintas pero en la casa ningún adorno, pintura u objeto de Don Quijote. ¿No te gustó? –No la he terminado. –¿Y por eso no has comprado nada relativo a la historia? –Justamente por eso. –No entiendo qué tiene que ver todo esto con los consejos que me darías. –Pues ahora es justo el momento, presta atención. Mi consejo es que seas como Cervantes o como la novela. Pero no en el sentido que crees. El 99% de las personas jamás han leído el Quijote, como tampoco entienden quién fue Cervantes. Y sin embargo, se obsesionan con citarlo por imitación y coleccionar todo lo que pueden. Definen a Cervantes como un genio, alguien mayúsculo y trascendente sin haberse tomado el tiempo de saber cómo creció, qué estudió y por qué escribió el Quijote. El mundo se mueve por percepciones. Mi consejo es que vivas de tal forma que el planeta te admire y te respete, aún y cuando no te conozca la mayoría de la gente. Con que a un puñado de personas las logres convencer de que eres inigualable, el resto lo pensará así. –¿Debo leer el Quijote? -–Sin duda. Y ahí encontraras qué el tema central de la novela es que “las cosas no son lo que parecen”, ¿qué ironía, no te parece? Biblioteca Digital de Escritores Queretanos Más textos de Roberto Isela no fue a misa La cueva La rebelión del ruido Los secretos del sueño Muerte en la biblioteca Yo sólo quiero un beso


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Recomendaciones Los cielos oscuros anunciaban la derrota de la ciudad de México hasta que sucedió lo inexplicable. En una capital donde lo más importante era la individualidad y la acumulación, un buen día los jóvenes dejaron de crecer. Por primera vez, en el mundo se gestaba una rebelión física y psicológica que la ciencia no era capaz de resolver. El número de jóvenes que habían detenido su crecimiento iba en aumento extendiéndose por todo el territorio mexicano. El rechazo a convertirse en adultos había funcionado. El gobierno se alarmaba ante la inminente generación perdida, la comunidad internacional condenaba el hecho y cerraba aeropuertos para evitar algún contagio. La industria infantil comenzaba a sacar provecho de la circunstancia incentivando a que los casos se multiplicaran en su beneficio. Un mundo de victorias y derrotas donde los unos y los otros deben desprenderse del autismo sentimental para lograr recuperar lo más valioso de la vida.

LA SOMBRA DEL VIENTO Carlos Ruíz Zafón

Un amanecer de 1945 un muchacho es conducido por su padre a un misterioso lugar oculto en el corazón de la ciudad vieja: El Cementerio de los Libros Olvidados. Allí, Daniel Sempere encuentra un libro maldito que cambiará el rumbo de su vida y le arrastrará a un laberinto de intrigas y secretos enterrados en el alma oscura de la ciudad. La Sombra del viento es un misterio literario ambientado en la Barcelona de la primera mitad del siglo XX, desde los últimos esplendores del Modernismo a las tinieblas de la posguerra, mezcla técnicas de relato de intriga, de novela histórica y de comedia de costumbres pero es, sobre todo, una tragedia histórica de amor cuyo eco se proyecta a través del tiempo. Con gran fuerza narrativa, el autor entrelaza tramas y enigmas a modo de muñecas rusas en un inolvidable relato sobre los secretos del corazón y el embrujo de los libros, manteniendo la intriga hasta la última página.

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L de Lector No. 15 (Septiembre 2016)  

Autor: Herman Melville

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