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e profesión, cura; bueno, realmente es párroco, pero los títulos no van con él. Haría su trabajo con el mismo empeño, con las mismas ganas, con la misma entrega, aunque no se llamase párroco, porque eso lo lleva dentro como persona. A lo largo de estas páginas se van a expresar muchos sentimientos nacidos del corazón de no pocas personas, aunque podrían haber sido muchísimas más, pero tendríamos un libro y no una revista. La filosofía de la revista Encuentro ha sido siempre ésta, propiciar un lugar común donde compartir aquello que nos interesa. Hoy son familia, amigos, compañeros, feligreses,… que tienen en común la experiencia extraordinaria de conocer a quien estos días festejará, con la sencillez y discreción que le caracteriza, sus veinticinco años de sacerdocio. Desde estas líneas queremos dar gracias a Dios, porque a través de su presencia entre nosotros nos ha enseñado a ser Iglesia desde el compromiso. Y, para terminar, unos apuntes para la reflexión: «Si alguien pide paciencia, ¿cree que Dios le da paciencia o le ofrece la oportunidad de ser paciente? Si le pide valor, ¿cree que Dios le dará valor o le dará la oportunidad de ser valiente? Si alguien reza para que su familia se mantenga unida, ¿cree que Dios le concedería sentimientos de cariño y ternura o le daría la oportunidad de quererse mucho?…» (De la película Sigo como Dios). Porque el corazón tiene razones que a veces la razón no entiende, hemos sentido la necesidad de confeccionar este regalo que la Comunidad Parroquial del Valle y el pueblo de Villafranca te hacen en estas Bodas de Plata en el sacerdocio. Y damos gracias a Dios por la presencia de Don José Cordero, nuestro párroco, realizando su ministerio sacerdotal entre nosotros.


a mañana del 22 de junio de 1983, subí al campanario de la iglesia de mi pueblo, Torre de Miguel Sesmero. El motivo era izar una bandera blanca en lo alto del campanario, y no era para pedir paz, que tampoco estaría mal. El significado era distinto. Ese día, y en aquella iglesia, un hijo del pueblo, mi hermano, iba a oficiar su primera misa como sacerdote. Han pasado 25 años desde que D. Antonio Montero, Obispo de Badajoz en aquella fecha, te ordenara junto a otros compañeros para ejercer el sacerdocio. Nosotros, tu familia, seguimos estando orgullosos de que sigas con esa vocación que te llevó a ingresar en el seminario un ya lejano mes de septiembre de 1970. Desde aquí queremos felicitarte por tus bodas de plata como sacerdote. Antonio Cordero Rubiales.


1. Para enseñar la Palabra de

7. Para enseñarnos a rezar y

Dios y garantizar la calidad de la educación cristiana.

relacionarnos con Dios como Padre y a ver lo que el Espíritu quiere de cada uno y descubrirnos que estamos llamados a la felicidad eterna.

2. Para anunciar el Evangelio aquí y en países de misión.

3. Para perdonarnos los pecados en nombre de Jesús.

4. Para presidir la Eucaristía y darnos el Pan de la Vida.

5. Para animar la comunidad cristiana, la Parroquia y los grupos de fe, procurando ser ejemplo y apoyo.

8. Para orientar con criterios morales y evangélicos en los problemas de la vida y el mundo actual.

9. Para impulsar la responsabilidad de los seglares en la sociedad y dentro de la Iglesia.

6. Para estar cerca y ayudar a los

10. Para servir a la unidad ecle-

pobres, los necesitados, los que sufren, como hizo Jesús.

sial, coordinando a todos en comunión con el Obispo. Por todo esto y mucho más felicidades D. José. Gracias por entregar tu vida al servicio de Dios y de su Iglesia durante veinticinco años, que espero que sean otros veinticinco más. Que en Él encuentres fuerza y energía para entregarte sin medida. ¡FELICIDADES! Óscar Prieto Perero Vicario Parroquial Santa María del Valle


ivimos en la «cultura del yo», en la «generación de Narciso». Lo que cuenta es «mi imagen», «mi cuerpo», «mi vida», «mi placer». Desaparecen los viejos ideales, «las utopías», que en otros tiempos nos movilizaron, y nos aferramos a vivir sólo en el presente: «carpe diem», «vive al día». El Narciso es la persona que rechaza todas las relaciones de amor, desprecia o vive con indiferencia ante los demás, porque sólo se ama y se quiere a sí mismo. Está incapacitada para captar los sentimientos y la realidad externa, es una persona orgullosa y soberbia, aunque también es una persona temerosa de recibir afecto, tiene una insaciable necesidad de admiración. Un mundo sólo de narcisos nos llevaría a vivir en un universo de adolescentes, incapaces de sentir con otros, y de poder percibir la realidad desde la empatía y la solidaridad con los humanos; nos sumergiríamos en un mundo infernal de puros egoísmos e individualismos. Pero hay otras personas en la vida dispuestas a tejer otro mundo diferente, son esas personas que, desde el silencio y con sencillez, sin ser noticia en los grandes medios de comunicación, van trabajando cotidianamente por edificar un mundo nue-

vo y solidario. No se preocupan de su fachada externa, sólo les inquieta la vida y la felicidad del resto de los mortales. Entre estas personas está nuestro amigo Pepe, hombre sencillo y entrañable, trabajador incansable, con un corazón repleto de bondad y acogida. Pepe, es el sacerdote que, siguiendo las huellas del Buen Pastor, ha querido trabajar por el Reino de Dios, dando su vida, desgastándose hasta en la enfermedad por servir a los demás. No es el

hombre de la apariencia, porque sabe que lo que Dios mira es el corazón de las personas, y procura tener un corazón grande y ancho, dispuesto a acoger, a abrir puertas, a tender puentes, a ser transparencia del corazón compasivo de Jesús de Nazaret. Personas como Pepe son hoy referentes obligados para nuestra cultura, pues ellos están ofreciendo una alternativa válida, con cimientos sólidos, sobre los que es posible crear redes de vida, de solidaridad, de comunión, articulando un tejido social nuevo,


basado en la justicia y en el amor. Y también son referentes para nuestra misma Iglesia, necesitada de purificación para dejar lastres que imposibilitan vivir pensando y organizando la acción de la comunidad a favor de los hermanos; sobre todo, de los más pequeños y necesitados. Damos gracias al Señor por sus 25 años de vida sacerdotal, que han ido transcurriendo desde su entrega hecha con gratuidad y sencillez. A Pepe nunca le ha preocupado el éxito, el poder, el brillo y la ambición. Siempre ha sabido estar e ir allí donde la Iglesia lo reclamaba, sin tener otras pretensiones humanas que la de ser un siervo fiel al servicio del Reino de Dios. Tampoco ha caído en la deformada imagen que se puede observar en el comportamiento de los narciso: la prepotencia («usted no sabe quien soy yo») o exigencias de trato especial, su vida está traspasada por la sencillez del evangelio («sed sencillos como paloma»), la pasión por la vida, y el amor a todos sin excepciones. Tu vida nos está poniendo de relieve que el Espíritu no desea que construyamos muros para aislarnos o espejos que sólo reflejen nuestra propia imagen, hay que fomentar la gran ciudad y la gran Iglesia de las paredes transparentes. No para hacer de la tierra un paraíso, lo cual sería caer en la quimera prometeica y nunca sería realizable. Sino para el logro de una meta más modesta, pero más humana y evangélica: que el hombre sea hombre para el hombre, y que el hombre sea el camino de la Iglesia, en palabras de Juan Pablo II, en la Centessimus annus, cap. VI. Gracias, Pepe, porque en esta cultura y en esta Iglesia particular de Mérida-Badajoz estás siendo un referente de vida evangélica y eclesial, con constancia estás sembrando, hasta el agotamiento, esas semillas del Reino, que Dios hará que fructifiquen en esa buena y rica Tierra de Barros. Francisco Maya Maya Párroco de Nuestra Sra. de Guadalupe.

un hombre honesto, sereno, disponible, bueno… de fe y comunión eclesial. o sé cuántas gracias a Dios le doy en este año de sus bodas de plata de Ordenación Sacerdotal, por tenerlo entre nosotros y como está de bien. Uno de los días que viví con mayor preocupación fue cuando, estando en Mérida en la Concatedral, Parroquia de Santa María la Mayor, de donde era Párroco, me informa Juanfran de que a Pepe le ha dado un ictus cerebral y está ingresado en el Hospital. Gracias a Dios aquel susto ha servido para valorar más la salud y tener hábitos más saludables para conservarla: en ciertas dietas, en mover los talones… Será para mí inolvidable el tiempo que fuimos colegas en Fregenal de la Sierra, en equipo sacerdotal que no fue título, ni siquiera imperativo episcopal, sino una manera de entender nuestro sacerdocio desde el compartir, la amistad, los detalles de compañerismo, el respeto a la diferencia… Creo que el gran testimonio para nuestras comunidades parroquiales fue que nos vieran unidos, trabajando en el entendimiento y en la alegría de saber que éramos, antes que nada, amigos. Formamos un tándem que recuerdo con agradecimiento y bastante nostalgia, porque algún tiempo pasado sí fue mejor. Es verdad que fue pura gracia de Dios, dador de todo bien… pero cuando se tiene voluntad y conciencia de que sólo desde el entendimiento mutuo y la comunión en tantas dimensiones se vive la vida en cristiano, se vive la experiencia gozosa de compartir y servir la misma fe en el mismo Dios


del mismo Jesucristo que nos anima en el mismo Espíritu para la formación del mismo cuerpo que es la Iglesia. Lo dicho puede parecer sermón, pero nosotros lo vivimos en la experiencia de cada día con la mayor naturalidad y espontaneidad, sin grandes programaciones, ni planes… aunque sean necesarios mínimamente. Un trabajo en común y unas maneras de entendernos: por ejemplo, mis vehemencias se veían contrarestadas por la serenidad y la paz interior de Pepe. Y por lo único que discutíamos era por ver quién madrugaba para la Misa de

la mañana con tal de evitarle al otro esa molestia o… es una vida de detalles en donde el compañero está antes que la propia comodidad o gusto. Desgraciadamente nos caracteriza el individualismo y la independencia entendida como autonomía del yoísmo. Justamente lo que nos pierde. Creemos que nuestras pequeñas fortalezas nos hacen ser y existir… y olvidamos que la sal cumple su misión cuando se diluye. Y uno sólo es

pequeña vela encendida que apaga el más leve viento, pero cuando vivimos desde la unidad y colaboración, desde el solo corazón y la sola alma, muchas pequeñas luces forman una hoguera que cuando más viento hace más incendia y propaga. Sabemos muchas cosas, pero lo que de verdad queda es lo que experimentamos: yo pude experimentar con Pepe que es posible trabajar juntos, que es posible la creación de Unidades Pastorales, que es posible la comunión para hacer más creíble el Evangelio… Sencillamente porque nos lo creímos y porque estábamos más contentos al palparlo a diario. Y este es el camino… camino que se frustró para Villafranca de los Barros, que tuvo la oportunidad de haber creado alternativa al momento presente con la presencia de Pepe que tiene este espíritu de aglutinar, de respetar y animar, de crear comunión. Los retos que tenemos planteados tienen pobres respuestas si no somos más creativos y trabajamos más en común. Dios reparta suerte. Felicidades, Pepe. Dios te bendiga y proteja muchos años más para que sigas enriqueciendo a tu Comunidad con tus muchas virtudes, esas mismas que nuestras comunidades valoran cuando ya no estamos en ellas. Por cierto, que se me acaba el papel y no he hablado de ellas una a una como reza el título… pero tal vez todas ellas son necesarias para vivir en la comunión eclesial. Al final lo importante es amar y saberse sacerdote como hombre para los demás. José Antonio Salguero Marín Parroquia de Nuestra Señora de Gracia de Badajoz


uando me han pedido desde la Parroquia de Santa María del Valle un artículo para incluirlo en una revista que editarán en las Bodas de Plata de su párroco, de Pepe Cordero, me he alegrado muchísimo. En primer lugar por la Parroquia, ya que la idea de celebrar este acontecimiento humano y creyente con su párroco nos habla de una comunidad rica y agradecida; de una comunidad que descubre lo que Pepe Cordero les aporta cada día; de una comunidad que quiere devolver con signos el mismo amor que recibe de su párroco. En segundo lugar, la iniciativa me ha alegrado por Pepe. Celebrar los 25 años de sacerdote y de servicio generoso a la Iglesia, nos lleva a ojear el pasado. Y en este ojeo descubrimos tanta riqueza que no podemos sino dar gracias a Dios. Pero es verdad que la riqueza de nuestra vida ministerial no comienza cuando nos ordenamos. Tanto Pepe como yo damos gracias a Dios por nuestras familias. Nuestros padres, desde su sencillez, supieron transmitirnos la fe y la idea clara de que esa fe la teníamos que vivir en la vida diaria encarnada en aquellos valores y comportamientos que ellos se preocupan por transmitirnos. Es claro que sin ellos nunca hubiéramos sido ni buenas personas, ni personas trabajadoras ni sacerdotes. Y, quizás, por no tener una riqueza económica, supieron transmitirnos que la mejor herencia que podían dejarnos era esa carga de valores que nosotros fuimos aprendiendo de ellos.

Cuando a nuestra vida llegó la madurez entendimos que aquella generosidad que nos enseñaron la teníamos que poner al servicio del Evangelio. Quizás por eso siempre entendimos y vivimos sin dificultad que nos ordenamos al servicio de la Iglesia, que a la hora de servir en un pueblo no nos importa si la casa parroquial es pequeña o grande, si está lejos o cerca de Badajoz, si tiene estas o aquellas comodidades. Tras la familia, quien más riqueza ha aportado a la largo de estos años a nuestras vidas han sido las comunidades parroquiales a las que hemos servido. Esa riqueza la percibimos desde nuestros primeros años de ministerio, al comienzo de la década de los ochenta, cuando nuestra sociedad comenzaba a abrirse políticamente y nuestra Iglesia era muy consciente del papel de constructores (de la paz) que como creyentes teníamos. En aquellos años vertimos nuestra ilusión y toda nuestra capacidad de trabajo en las pequeñas comunidades donde la Iglesia nos envió. Pepe Cordero pasó aquellos primeros años en la entrañable comunidad parroquial de Valencia del Mombuey, un pueblo pequeño pero muy rico humanamente. De aquellos años recuerdo que Pepe nos transmitía la fuerte experiencia humana que suponía compartir la vida y la fe con aquellas personas sencillas, pero cargadas de riqueza personal y familiar. Pepe se acuerda de que en aquellos años siempre bromeábamos con aquello de que la parroquia piloto de la Diócesis era Valencia del Mombuey.


Las parroquias de Fregenal de la Sierra y ahora la de Santa María del Valle de Villafranca de los Barros son otras dos grandes referencias en la vida de Pepe Cordero. Gracias a nuestra amistad he tenido la oportunidad de vivir muchos acontecimientos con él en estas dos comunidades que no puedo resumir aquí. Algunos han sido acontecimientos dolorosos, como la enfermedad; otros acontecimientos gozosos, como han sido los proyectos pastorales hechos realidad. Pero, sobre todo, hoy quiero dar gracias a Dios porque en Pepe Cordero, ordenado un año antes que yo, siempre he encontrado una referencia humana y pastoral. Como amigos hemos compartido las alegrías y las tristezas de la vida; como hermanos en el Ministerio Sacerdotal hemos compartido proyectos, ilusiones, decepciones, problemas, esperanzas. A él siempre le he visto mirar el mundo con ojos creyentes y esperanzados, sabiendo ser acogedor, paciente y compasivo con las personas. Mirando al futuro le pido a Dios que Pepe Cordero pueda celebrar otros veinticinco años más de servicio a la Iglesia, y que así colabore con su trabajo al nacimiento de esa Iglesia misionera, alegre y compasiva, portadora de la Buena Noticia que nuestra gente y nuestro mundo necesita. Enhorabuena, Pepe, por esta celebración y gracias por compartirla con nosotros. Santiago Ruiz Dorado Párroco de Olivenza.

Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor. (Mt 11, 25-26) esde que se me propuso escribir algo sobre la figura de D. José… bueno, creo que, antes de continuar, es preciso aclarar algo. No le voy a llamar en este artículo Don José, sino Pepe. La razón es obvia. Como iba diciendo, al proponerme esto se me vino a la cabeza uno de los textos del Evangelio que le tengo más cariño. Jesús supo dar gracias a Dios por las maravillas que Dios hace en los más humildes y sencillos, en aquellos que hacen las cosas no para que los vea la gente. Y Pepe es uno de ellos. En el año 2002, cuando D. Antonio Montero y los vicarios de entonces quisieron que comenzase mi ministerio en Villafranca, yo no conocía a Pepe Cordero. Había oído hablar de él (la verdad es que siempre muy bien, en serio). Ninguno de sus compañeros y amigos nunca me dijeron nada en contra. Todo eran palabras como estas: «Verás que bien vas a estar con Pepe», «No vas a tener problema ninguno con él», etc. Al tener la gran suerte de seguir de sacerdote dos años más con él en Villafranca esas palabras fueron constatadas con rotundidad. Todos los de esa bendita comunidad cristiana sabéis que Pepe y yo formamos un gran equipo, pero no por mí, sino porque tuve al lado a alguien capaz de sentir su comunidad cristiana como algo propio, alguien que conocía al dedillo a cada una de las personas que trabajaban en la parroquia, alguien que constantemente actualizaba el mensaje de Jesús, apostando de manera clara por los laicos, no siendo «el señor cura» sino uno más.


En los tres años que estuvimos juntos, forjamos una gran amistad, algo que se prolonga hasta hoy mismo. A nivel personal, ya lo dije en la despedida de Villafranca y lo sigo manteniendo hoy en día: Pepe fue (y sigue siendo) un gran amigo, un padre espiritual, alguien en quien, a pesar de los fallos que todos podemos tener, se puede confiar. Pepe, ya son veinticinco años de cura, veinticinco años que han dado para mucho, veinticinco años en donde nunca has perdido la ilusión, las ganas de seguir para adelante. Que nunca «los runrunes» puedan contigo porque tienes mucha recámara. Villafranca y la Iglesia de MéridaBadajoz tienen mucha suerte de contar con un cura como tú, y no te lo digo por echarte flores ni nada por el estilo. Si tengo que destacar tus logros, el mayor de

todos es tu fuerte apuesta por una Iglesia viva y actual que concuerda con los grandes valores del Concilio Vaticano II y que no se enreda en cosas vanas. Otro de tus grandes logros ha sido respetarme y quererme como un hermano y saberme comprender siempre, aunque haya habido pocas ocasiones en las que nos hayamos puesto un poco cabezones. Querido amigo Pepe, muchísimas felicidades por tus bodas de plata sacerdotales. ¡Qué gran suerte he tenido de poder conocerte y de poder trabajar contigo! Sabes que aquí sigues teniendo un amigo, un hermano que, sobre todo y ante todo, te respeta por tu gran corazón. Un abrazo. Juan Francisco González Vizuete Párroco de la Santa Cruz de Villanueva de la Serena.


¡

elicidades! D. José por tus 25 años gozosos al servicio de Dios y de los hermanos. ¡Felicidades! Por haber sido llamado a una vocación noble y sublime como es repartir y compartir cada día el Cuerpo del Señor. ¡Felicidades! Por la capacidad de comprensión de diálogo y servicio que Dios te ha dado y a la que tú has correspondido. ¡Felicidades! Porque María, la Madre de Jesús y nuestra Madre, te ha ido marcando el rumbo cada día, y por los pueblos que has pasado has dejado las huellas de un amor entrañable a ese Jesús que se hace hermano. Le damos gracias a Dios por disfrutar de tu presencia entre nosotros. ¡Felicidades! Porque tu familia te ha dado la posibilidad de ser lo que hoy eres. ¡Felicidades! Que este día sea para ti un motivo más de ser fiel al Dios que te ha llamado. Gracias. Comunidad de Hermanas Carmelitas de la Caridad.

a Comunidad Educativa del Colegio «La Inmaculada y San Ignacio», ante la celebración de las Bodas de Plata de nuestro párroco Don José Cordero, quiere expresar su gratitud y felicitarle por estos 25 años de fidelidad a Dios y al servicio de los demás. Pedimos al Señor que la labor que realiza con entusiasmo y constancia con niños, jóvenes, enfermos... siga siendo un medio eficaz para que todos experimentemos el amor de Dios. Damos gracias al Señor por su vida sacerdotal, por su ministerio fecundo, aunque a veces no vea los frutos. Agradecemos su disponibilidad siempre que hemos solicitado su ayuda. Que la Virgen, como Madre le ilumine, le aliente y le dé todo el amor y alegría que necesita en su noble ministerio. Cuente siempre con nosotros.


años de ministerio sacerdotal de Don José Cordero Rubiales se cumplen ahora, el 18 de junio próximo. Muy pronto será también el cincuenta cumpleaños del que todos llamamos familiarmente Don José o «Pepe» a secas, ya que desde hace siete años es nuestro párroco en la Parroquia del Valle. Entró a este cargo con buen pie pues hizo su entrada en la fiesta del cincuenta aniversario de la Coronación de nuestra patrona la Virgen Coronada. Por su atuendo o vestimenta no le distinguiréis quizás pero yo leyendo el documento del Vaticano «Presbyteroum Ordinis» le identifico al momento. «Todo sacerdote, a su modo, representa la persona del mismo Cristo, recibe una gracia particular para que por el mismo servicio de los fieles y de todo el pueblo…

pueda alcanzar con mayor eficacia la perfección de aquel a quien representa». Nuestro Pepe es un siervo del Padre de familias, un administrador de Dios. Recibimos todos la medida del trigo de Dios por su mediación y hablamos iluminados por la luz de la fe que él nos comunica. A pesar de sus limitaciones, quien como yo le sigo bien de cerca, estoy obligado a confesar que su empeño bien se ajusta a lo dicho por San Pablo: «Vivo yo pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí». Por esto y mucho más, me felicito de que fuera la Virgen quien nos lo haya traído a Villafranca para ser nuestro párroco y amigo!! José Luis Fernández Herce, sj


A Don José Cordero, párroco de Santa María del Valle, en el 25 aniversario de su Ordenación sacerdotal. uerido D. José: No están los tiempos para fiestas. Bueno, me explico, no están los tiempos para entretenernos mucho en fiestas largas y ostentosas. ¡Con lo que está cayendo ahí fuera!, que no nos sale el susto del cuerpo cuando, semana tras semana, vamos conociendo los nuevos cargos y nombramientos de muchos compañeros a los que les está tocando ya de la tarta hasta tres porciones por barba, que es como para tener una indigestión. Ya ves, la tarea es ingente. Cada vez más grande, o mejor, tan grande como siempre, pero nosotros cada vez menos, y así, forzosamente nos toca a más. Por eso te decía que no están los tiempos para pararnos ni detenernos mucho en hacer fiesta, ni siquiera cuando se ha llegado a la redonda cifra de 25 años de servicio, que en cualquier otra empresa o trabajo, tendría su oportuno reconocimiento, bien celebrado y con regalo incluido. Nosotros no. No podemos perder tiempo en naderías. El mundo está ahí, la gente está ahí, cada vez más necesitada de una palabra de salvación. No la tuya, sino la de Cristo que es el único que nos libera y nos salva, y que te ha elegido a ti como heraldo de ese mensaje de Buena Noticia. Por eso, no podemos andar entretenidos en

festejos y parabienes. Esto también iba en el saco cuando lo cogimos y nos lo echamos a la espalda el día que dijimos sí, en nuestra Ordenación Sacerdotal. No son nada 25 años vividos ya tratando de ser fiel al Señor, que te hizo capaz y se fió de ti para enviarte a la misión. Se trata de continuar otros 25 años, y otros 25 más, como el que acaba de empezar. Con la misma ilusión, fuerza y confianza del primer día. Con ese entusiasmo por la misión encomendada que sólo llegan a experimentar los que, realmente, han sido seducidos por Cristo.


Dicho esto, también es verdad, que, aunque sea andando por el camino y sin pararnos, no podamos por menos que levantar nuestras voces y nuestras manos en acción de gracias a Dios por tu entrega y fidelidad. Sí, conviene que lo hagamos, para no caer una vez más en esos viejos complejos y miedos que nuestra Iglesia presenta en muchas ocasiones ante el mundo. Sí, es justo y necesario que en medio de esta sociedad y cultura del fragmento (así la llaman algunos filósofos y sociólogos) donde nada es para siempre, donde lo relativo es mejor, donde el compromiso de por vida da tanto pánico, nosotros hoy reconozcamos, ensalcemos y demos gracias por los hombres y mujeres que, como tú, querido Don José, saben dar una palabra hasta el final y son capaces de vivir, con sus luces y sus sombras, un compromiso de entrega para siempre. Gracias a Dios, porque cada mañana te renueva su fidelidad y porque te da las fuerzas y esperanzas necesarias para responderle desde la sencillez y pobreza de tu vida. Gracias a Dios, sí, porque este tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, ¡y qué barro! sino fuera por su gracia. Y gracias a ti, compañero, por tu permanente servicio, estímulo y ejemplo para los que vamos detrás. No hay descanso, amigo. Hemos de continuar. Has de seguir otros 25 y más, y un poco más, y cuando no te queden fuerzas, un poco más todavía, hasta dejar la vida entregada. Enhorabuena. Feliz celebración mientras vas por el camino. Con mi abrazo fraterno. José Manuel Navarro Párroco de Ntra. Sra. del Carmen.

racias por tus veinticinco años de sacerdocio, al servicio de la Iglesia. Gracias por tu sencillez, por tu cercanía, por tu disponibilidad… por estar siempre atento a cuantas veces te hemos requerido para algún servicio especial, para las celebraciones de la Eucaristía y de los Sacramentos,… Gracias también por tus palabras consoladoras, por esos mensajes llenos de aliento y con un toque de alegría, especialmente para las personas necesitadas de algún consuelo. Gracias, en nombre de nuestras queridas residentes y de esta Comunidad de Hermanas Formacionistas, que pide al Señor que te colme de fe, sabiduría y fortaleza para seguir en la lucha de cada día, para continuar al servicio de los demás y aceptando y cumpliendo siempre la voluntad de Dios. Que Él siga bendiciendo tu sacerdocio. Luisa.


Casa Hogar "Santa Ana". Proyecto social de la parroquia de San Agustín. LEYMEBAMBA (Dto. de Amazonas) PERÚ. esde las Navidades pasadas estamos intentando en nuestra Parroquia hacernos cargo de este proyecto social. Muchos de los chicos residentes en el Hogar Santa Ana proceden de caseríos diseminados por los Andes. Vivir en el Hogar supone para ellos el encuentro con elementos cotidianos que, en su ambiente de origen, no forman parte de su vida: luz eléctrica, televisión, agua corriente, servicios higiénicos, suelo encementado, camas individuales con sábanas... Por muy extraño que pueda parecer, la forma de dormir en la sierra del Perú es envuelto cada uno en una manta, sobre jergones, toda la familia en la misma habitación. En el Hogar, cada chico cuenta con su cama, en habitaciones separadas para varones y mujeres, pero la costumbre de dormir envuelto en la manta sigue siendo la misma, a pesar de la insistencia de los educadores. Esta costumbre trae consigo gran cantidad de infecciones cutáneas. Si a esto añadimos que casi todos utilizan las chanclas llamadas yanques (fabricadas por ellos mismos con recortes de neumáticos de coches), se entenderá fácilmente la presencia de hongos y el riesgo continuo de contagios. La ropa de cama la lavan en su propia casa ¡una vez al año! Una de las causas de esta conducta es que algunos viven a diez u once horas de camino y regresan a la casa paterna en contadas ocasiones durante el año.

A la vista de toda esta problemática, se ha visto como necesario instalar una lavandería como solución del problema. La lavandería sería para la ropa de cama, cortinas, toallas, etc. Hay que tener en cuenta que la lavandería debe tener capacidad suficiente para lavar la ropa de cincuenta camas y, además, otras treinta de los cursos de catequistas que organizamos cada dos meses. Ya está construida en el Hogar la habitación donde irá instalado este servicio tan necesario para la Parroquia. Sólo falta la instalación de agua corriente y de desagüe y la lavadora. El presupuesto es el siguiente: Fontanería ................. 1000 • Instalación eléctrica ..... 300 • Lavadora industrial .... 2500 • TOTAL ................... 3800 •

Desde nuestra Parroquia creemos que podemos hacernos cargo de este proyecto. Ya han aportado dinero la catequesis de Confirmación, con un total de 400,71 •, y también los donativos de los niños de la Primera Comunión, con un total de 929 •. Por tanto ya tenemos 1329,71 • para este proyecto. Si quieres colaborar con él, como miembro de nuestra Comunidad, puedes entregar tu donativo para este fin en la Parroquia a cualquiera de los sacerdotes.


Encuentro 21  

Si le pide valor, ¿cree que Dios le dará valor o le dará la oportuni- dad de ser valiente? Si alguien reza para que su familia se mantenga...

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