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Núm. 4 - Diciembre 2003

LA NAVIDAD l nacimiento único, singular, irrepetible… El nacimiento de todos y para cada uno de los hombres y mujeres. El profeta Isaías lo expresa diciendo: “Nos ha nacido un niño” (Is 9,6). Dios siembra su semilla en la tierra Virgen de María y nos produce un ciento por ciento de vida divina, Jesús, la Palabra de Dios se hace vida y luz de los hombres y mujeres, se ha hecho carne y mora entre nosotros, en nosotros. En Él hemos sido hechos hijos de Dios (Jn 1,1), se nos ha dado la gracia, y la verdad, sustituyendo a las tinieblas del pecado y del error. En Jesús, Dios ha derramado su Espíritu sobre toda carne (Joel 9,28) y este Espíritu nos ha renovado por Jesucristo, nuestro Salvador (S. Pablo a Tito). Por eso quienes les reciben en sus vidas son frutos del amor de Dios. De aquí que el Niño nacido en el pesebre de un portal se llame “el Salvador, el Liberador del mal”. Él es el que multiplica nuestra alegría, nuestro gozo, y hace grande nuestro júbilo (Is 9), porque da sentido a la vida humana sobre la tierra. Él es el Emmanuel, es decir, Dios con nosotros. En nosotros, viviendo en nuestra carne mortal, para hacerla inmortal. Entenderéis ahora por qué no es un nacimiento de tantos, sino “el Nacimiento, La Navidad, porque en Jesús hemos nacido todos a una vida nueva, incorruptible, llena de luz y alegría, llena de felicidad sin límites. El nacimiento histórico y puntual de Jesús se prolonga en el tiempo histórico del ser humano, su encarnación, en la humanidad va produciendo el nacimiento puntal en la maduración de cada uno. ¡Ojalá que en estas Navidades no seamos externos pasivos ante el portal, sino que nos adentremos activos e internamente con María, para dar a luz en nuestras vidas a Jesús, al Emmanuel que nos libere de nuestras miserias humanas, y nos haga felices hasta lo más profundo de nuestro ser. Fernando Trasmonte Cabezas, sacerdote.

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Núm. 4 - Diciembre 2003

¿Dónde están los últimos? uando este año he recibido la documentación de ambientación para la Navidad de Cáritas, me he quedado pensando durante unos minutos: ¿Cuántas veces he pensado yo dónde están los “últimos”?. Desde que entré como voluntaria en Cáritas hace ya más de diez años, siempre nos han dicho que la misión de Cáritas era trabajar para los “últimos”, pero yo me considero incapaz de saber quiénes son ellos en mi pueblo, puesto que es aquí donde trabajo; podía decir con bastante acierto quiénes lo son en el mundo, en Europa, quizás en España, pero de mi pueblo, ¿quiénes son los “últimos”? El equipo que trabajamos como voluntarios en Cáritas, sabemos que es difícil entender nuestra labor, que nos critican, que no confían en que lo hagamos bien y así es. Nosotros también nos planteamos muchas veces este mismo asunto. Pero yo me pregunto: ¿saben ellos quiénes son los “últimos”? También nos cuestionamos con frecuencia: “¿son los “últimos” los indigentes, los que no tienen nada, los que viven sólo de lo que se les da? De éstos hay pocos en nuestra sociedad. Y desde luego procuramos, desde Cáritas, ayudar en lo que podemos. ¿Son los que se sienten solos, los que no les importa a nadie, aunque tengan bienes para vivir, y quizás abundantes? Desde Cáritas procuramos escuchar, acompañar y animar a estos “últimos”. ¿Son los inmigrantes, que este año en particular, han llegado masivamente, que vienen

sin papeles, sin conocer el idioma, sin un solo euro en el bolsillo, sin nada que perder, y por tanto se arriesgan a lo que sea para sobrevivir? En Cáritas nos hemos desbordado con ellos, hemos intentado acogerlos, hecho campañas de ropa, alimentos, buscarles trabajo, casa... ¿Eran éstos los “últimos”? Pero además hay otros “últimos”. Los que piden sin necesitar, los que malgastan, los que la sociedad arrincona porque beben, se drogan, gastan sin saber en qué. Ellos también son nuestros “últimos”, y quizás, nos entiendan menos cuando les ayudamos, les orientamos, les reñimos... e incluso por ello llegan a amenazarnos. Yo reconozco que no sé quienes son nuestros “últimos”, pero desde aquí hago una llamada a todos. Si conocéis alguno, no dudéis en llamarnos, porque quizás por sí solos son incapaces de pedir ayuda, pero si tampoco vosotros sabéis quiénes son, no digáis que no sabemos hacerlo, que malgastamos el tiempo y el dinero, porque tal vez, en cualquier momento, podemos ser nosotros los que nos podamos encontrar en esa situación y ser, por tanto, de los “últimos”. Jesucristo nos dio un mensaje maravilloso de humildad que ojalá podamos llevar a la práctica: “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”. Yo os invito desde aquí, especialmente en estas fechas, a que seáis generosos con ellos y, sobre todo, a que estéis muy atentos para saber dónde están. María Pilar Mancha.

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Núm. 4 - Diciembre 2003

Una Iglesia de todos y para todos eguro que todos hemos escuchado de liturgia porque el cura sea mayor o tenga muchas veces que la Iglesia somos cataratas y tengamos que leerle los papeles, todos, pero llenar esta frase de sino porque somos bautizados y contenido no es fácil y mucho esa es la función propia del laico menos si queremos hacerlo de en la Iglesia. forma cercana y a la vez profunda. Tenemos que desclericalizar la Así lo hizo el vicario general de Iglesia, que los curas pierdan un zona, encargado del área de comupoco de papel para que lo tengan nión y solidaridad del Arzobispalos laicos, el resto de bautizados. do de Mérida-Badajoz, José AntoEl sacerdote tiene su papel y nanio Salguero, que nos visitaba redie le suplanta, pues igual con los cientemente. Sus palabras son el laicos, tampoco pueden hacer más vivo testimonio del mensaje otros su papel sino que deben José Antonio Salguero, de Cristo a su Iglesia; ésta es la saberse colocar donde deban esvicario general de llamada a la reflexión de todos los tar, somos una familia en la que toque nos llamamos cristianos y que debemos dos estamos y debemos dejarnos estar”. meditar si realmente ejercemos como tal. ¿Qué se está haciendo en este ámbito? Comentábamos con el vicario acerca del «Bueno se van dando pasos poco a poco, papel de los laicos en una Iglesia donde cada aunque no con la prisa que a muchos nos gusvez hay menos vocaciones religiosas, su restaría ciertamente por nuestra mentalidad. Yo soy puesta no deja lugar a dudas.... cura del pos Concilio, a pesar de mis años, y en «El Concilio Vaticano II está casi por esese sentido nos gustaría que las cosas corrietrenar en este asunto, la Iglesia somos todos sen un poco más. De hecho, el poner en manos y eso significa que tenemos que crecer mude laicos, por ejemplo, la responsabilidad de la cho en esto, la Iglesia sigue siendo para mupreparación de los novios o la coordinación de cha gente los curas y las monjas... pero el catequesis, el que haya laicos que se preocupan pueblo llano que no es ni cura ni monja, ¿qué de los enfermos e incluso le llevan la comunión es? Pues son bautizados que es precisamente en nombre de la parroquia como Ministros Exlo más importante que tenemos todos. traordinarios de la Eucaristía, esto era impensaEs muy importante el papel del laicado, ble hace treinta años o menos. no como colaborador del cura, ojo que aquí En esta Iglesia hay mucho que hacer, y no se colabora, en la Iglesia no se ayuda aún se nos puede ocurrir más, porque seguro como algo externo a nosotros. Yo soy Iglesia que no hacemos todo lo que debemos o poy lo soy como madre o padre, como joven demos, seguro que hay nuevas pobrezas que que tengo que dar testimonio de mi fe en mi piden respuesta. Me parece que estamos en ambiente, o valgo para la catequesis, para una Iglesia muy creativa y tenemos que salir animar la liturgia, para visitar enfermos, trabaun poco para dejar de ser algo que conserva jar en Cáritas o participar en las Cofradías, y mantiene para responder a los nuevos retos según mis cualidades. que se presentan. Hay tantísimas cosas que hacer en la Los bautizados deben asumir su papel Iglesia y todas son tan importantes…, porcomo miembros de la Iglesia, en la que tiene que no es más importante decir misa que partantísima dignidad el Papa Juan Pablo II ticipar en ella, cuando se participa bien, no como el último niño que ha sido bautizado, hay actores y espectadores en la Iglesia. Tolas responsabilidades son distintas pero ya dos estamos acostumbrados a que los haya, nos dijo San Pablo que «esto es como un pero esto lo tenemos que romper. No se trata Cuerpo, cada uno tiene su función que tiene de tener más catequistas o más animadores que descubrir en la Iglesia y cumplirla bien». iglesiaenvillafranca@hotmail.com


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¿Por qué nació Sembradores de Estrellas? ació por dos razones y las dos nos parecieron de peso. En primer lugar queríamos enseñar a la gente, y enseñarnos a nosotros, que en esta vida vale la pena dar algo a cambio de nada. No queríamos salir a la calle a ganarnos la propina de nadie; salíamos a decir a la gente que nos alegraba poderles regalar ese don chiquitito y brillante que era nuestra estrella. La otra razón era muy misionera: si en el DOMUND habíamos salido a las calles para pedir a los peatones su ayuda para las misiones, en Navidad salíamos para agradecer en nombre de los misioneros la aportación que entonces les entregaron. Eso lo explicábamos en unas octavillas que entregábamos al tiempo que nuestra estrellas. Los comienzos fueron estupendos: entonces se daba mucha menos propaganda en las calles y había bastantes recaudaciones diversas para obras de tipo asistencial. Cualquiera que nos veía avanzar pensaba que le íbamos a pedir dinero. ¡Qué va! Éramos puro regalo. Daba gusto pensar que en todas las entradas de las estaciones de metro estaban amigos nuestros que repartían sus estrellas. Todo viajero del metro "tenía estrella". Estábamos en todo Madrid. Nos pasó el primer año que un señor se empeñó en dar una propina al grupo que le regaló la estrella. Le dijeron los chicos del grupo que los regalos no se cobran. Él entendió. Estaban a al puerta de una cafetería de la calle Juan Bravo. Entró en ella y salió al poco. Se dirigió a los chicos y les dijo: "Chavales no os vayáis de aquí sin tomar un desayuno que he dejado pagado para vosotros"; y, según nos contaron, fue también un desayuno de fiesta. Conservamos algunas de las cartas al director que aparecieron entonces. ¡Os gustaría leerlas! Nos anunciamos mucho en la radio y alguno de nuestros grupos pasó entero por la

COPE, temprano, para saludar a los que suponíamos que nos encontraríamos luego en las calles. Después de eso vino el encontrarnos en algunas plazas juntos, los que habíamos estado repartidos por la ciudad; y de ahí pasamos a celebrar una fiesta en algunas plazas de ciudades de España. En Madrid lo hacíamos en la Puerta del Sol. Globos, bailes, escenificaciones de Navidad y fiesta misionera en toda regla. A varios alcaldes les gustó, sin duda aquello, porque nos visitaron, nos acompañaron y nos animaron con sus palabras.

¿Y hoy? Pues hoy sigue todo eso con la riqueza añadida de la experiencia. Ahora resulta que reciben nuestras estrellas personas que las repartieron cuando eran más jóvenes. Este reparto lo conocen muchos y no hay que explicar tanto. Pasan de 10 millones las estrellas que imprimimos para repartir por ciudades y pueblos casi siempre el sábado anterior a Nochebuena. ¿Y falta algo? Falta que se vayan animando cada día más niños y más jóvenes, que anuncien en las calles el sentido hermoso de la Navidad. Y falta deciros que es una alegría inmensa veros en las calles llevar, como nuevos mensajeros, la noticia de la presencia de Jesús entre nosotros. Xavier Ilundain S.I.

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Núm. 4 - Diciembre 2003

Nos ha llegado un e-mail de Cruz Cadenas Flores al correo de la parroquia y, como estamos a punto de finalizar un año, en este número de la revista queríamos incluir nuestros mejores deseos para el 2004. No se trata de un año menos en nuestra vida sino un año más que hemos podido compartir y por ello queremos dar las gracias a Dios.

Envejecer es obligatorio, crecer es opcional l primer día de clase nuestro profesor se presentó ante nosotros, los alumnos, y nos desafió a que nos presentásemos a alguien que no conociésemos todavía. Me quedé de pie para mirar alrededor cuando una mano suave tocó mi hombro. Miré para atrás y vi una pequeña señora, viejita y arrugada, sonriéndome, radiante, con una sonrisa que iluminaba todo su ser. Dijo: –«Oye, chico, mi nombre es Rosa. Tengo ochenta y siete años... ¿Puedo darte un abrazo?». Me reí y respondí: –«¡Claro que puede!» y ella me dio un gigantesco apretón. «¿Por qué está usted en la facultad en tan tierna e inocente edad?», pregunté. Respondió juguetona: –«Estoy aquí para encontrar un marido rico, casarme, tener un montón de hijos y entonces jubilarme y viajar». «Está bromeando», le dije. Yo tenía curiosidad por saber qué la había motivado a entrar en este desafío con su edad, y ella dijo: «Siempre soñé con tener estudios universitarios, ¡y ahora estoy teniendo uno!». Después de clase caminamos y dividimos un dulce de chocolate. Nos hicimos amigos instantáneamente. Todos los días en los siguientes tres meses teníamos clase jun-

tos y hablábamos sin parar. Yo quedaba siempre extasiado oyendo aquella «máquina del tiempo» compartir su experiencia y sabiduría conmigo. En el curso de un año, Rosa se volvió un icono en el campus universitario y hacia amigos fácilmente dondequiera que iba. Adoraba vestirse bien, y se reflejaba en la atención que le daban los otros estudiantes. Estaba disfrutando la vida... Al fin del semestre invitamos a Rosa a hablar en nuestro banquete de fútbol. Fue presentada y se aproximó al podium. Cuando comenzó a leer su charla preparada, dejó caer tres de las cinco hojas al suelo. Frustrada y un poco sonrojada, tomó el micrófono y dijo simplemente: «Discúlpenme, ¡estoy tan nerviosa!... Nunca conseguiré colocar mis papeles en orden de nuevo, así que déjenme apenas hablarles sobre aquello que sé». Mientras reíamos, ella despejó su garganta y comenzó: «No dejamos de jugar porque envejecemos, envejecemos porque dejamos de jugar. Existen solamente cuatro secretos para que continuemos jóvenes, felices y obteniendo éxito: Se necesita reír y encontrar humor en cada día. Se necesita tener un sueño, pues cuando se pierden, uno muere... ¡Hay tantas personas cami-

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Núm. 4 - Diciembre 2003

nando por ahí que están muertas y ni siquiera sospechan! Hay una enorme diferencia entre envejecer y crecer. Si usted tiene diecinueve años de edad y se queda tirado en la cama por un año entero, sin hacer nada productivo, terminará con veinte años... Si yo tengo ochenta y siete años y me quedo en la cama por un año y no hago cosa alguna, quedaré con ochenta y ocho años... Cualquiera consigue quedar más viejo. Eso no exige talento ni habilidad... La idea es crecer a través de la vida y encontrar siempre oportunidad en la novedad. Los viejos generalmente no se arrepienten por aquello que hicieron, sino por aquellas cosas que dejaron de hacer. Las únicas personas que tienen miedo de la muerte son aquellas que tienen remordimientos”. Al fin de ese año, Rosa terminó el último año de la facultad que comenzó tantos años atrás. Una semana después... Rosa murió tranquilamente durante el sueño. Más de dos mil alumnos de la facultad fueron a su funeral en tributo a la maravillosa mujer que enseñó, a través del ejemplo, que «nunca es demasiado tarde para ser todo aquello que uno puede probablemente ser».

A Juan Pablo Ilunga

Tengo el alma negra, porque el negro es el color que aglutina, es tempestad en las entrañas, y serenidad en lo diario. El negro relativiza lo superfluo y sabe volar hacia otros cielos; su color se desgaja en mil pedazos y se adapta a cualquier rincón de cualquier plaza. Quiero tener el alma negra, para amar las raíces y otros años ya vividos. Quiero soñar en negro, donde el blanco es compañero de camino, por encima de noticias no queridas, por encima de acuerdos, tratados y pactos ya sufridos. Que la paz se vista de todos los calores y que el negro la viva a borbotones, como cálida mañana de otoño y atardecer en rojo de futuro. José Cordero.

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Encuentro 04  

Quiero soñar en negro, donde el blanco es compañero de camino, por encima de noticias no queridas, por encima de acuerdos, tratados y pactos...

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