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PARROQUIA EL SALVADOR DE BAEZA HOMILIA CON MOTIVO DEL VIERNES SANTO D. MARIANO BAEZA PERALTA


VIERNES SANTO (SANTO TRIDUO PASCUAL I) Isaías 52,13-53,12 Salmo 30 Hebreos 4,14-16;5,7-9 Juan 18,1-19,42 Hermanos, seamos testigos de la muerte de Jesús, pongámonos al lado de Juan, de María la Magdalena, de María la de Cleofás y como no, de la Virgen María, hoy, Viernes Santo, Madre del mayor dolor: ¿Dónde está ya el medio día luminoso en que Gabriel, desde el marco del dintel, te saludó: Ave María? Virgen ya de la agonía, tu Hijo es el que cruza ahí. Déjame hacer junto a ti Ese agusto itinerario Para ir al monte Calvario, Cítame en Getsemaní. (Himno de Laudes de Cuaresma para los sábados) Cristo en la cruz, muerto, abiertos los brazos, la boca, los ojos, el costado, abierto de par en par. El pan roto en pedazos y el vino bebido en copa del Jueves Santo, el tirarse por tierra lavando los pies, el mandato del amor, todo lo que aquella tarde dijo e hizo Jesús, ahora, se concreta en el Calvario. Ahora ya no es pan lo que se rompe sino el cuerpo de Jesús, ahora no es vino lo que se derrama, sino la sangre de Jesús, ahora no es el agua del jarro la que cae sobre los apóstoles sino el agua viva del costado de Cristo. El mandato del amor ahora se concreta en el Calvario con palabras de perdón: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. En busca de la oveja perdida: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Un Cristo pobre que pide lo más elemental: “tengo sed”. Un Cristo que se olvida de sí mismo pensando solo en los demás: “Mujer ahí tienes a tu hijo, hijo ahí tienes a tu Madre”.


Aquella tarde de Calvario se actualiza cada vez que comemos y bebemos en la Eucaristía y cada Eucaristía es la proclamación de la muerte del Señor hasta que vuelva. Vivir en Cristo muerto y resucitado es tener una vida eucarística y sin vida eucarística qué difícil es subir a la cruz y vivir la cruz de cada día con el amor y la entrega de Cristo. Pero la Cruz de Cristo es una cruz gloriosa, es una cruz de salvación y hoy es un altar donde resuena el dolor de los pueblos, las miserias de la humanidad, los gritos de los sin voz. Lo anunciaba Isaías en la primera lectura: “tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores”. En la oración universal que haremos a continuación, una amplia oración hoy, ponemos en los labios de Jesús nuestros deseos y esperanzas, como ofrenda y como reconocimiento de que sólo Dios es nuestra única salida. Nosotros en esa cruz, aunque con el velo del dolor y de la muerte, vemos el camino de la vida, la puerta que se abre hacia la libertad definitiva. El autor de la carta a los Hebreos no libraba ni al Hijo de Dios de la experiencia dolorosa y contingente de ser hombre: “El, a pesar de ser Hijo, aprendió sufriendo a obedecer” Es esa obediencia, es ese amor al Padre, es esa aceptación plena de su misión, en ese no reservarse nada para sí, en este Viernes Santo, día de dolor y de muerte, primer día del Triduo Pascual, aquí están contenidos los dos extremos: El extremo de la manifestación plena del mal: falsos juicios, cobardías, traiciones, negaciones, violencia, abusos, burlas, odio mortal, escarnio, ensañamiento y muerte cruel. El extremo de la manifestación plena del bien: silencio, humildad, paciencia, perdón, amor, justicia, salvación y entrega confiada y esperanzada hasta la muerte. Nosotros, horrorizados por el mal, nos quedamos con la lección y el ejemplo del bien. Porque la vida de cada día, por desgracia, es muchas veces el espectáculo del monte Calvario. El mal victorioso y presuntuoso cebándose con los más inocentes. El señorío del mal que parece que acalla y aplasta al bien. Esto en carne propia o en carne ajena pero aquí es donde hay que demostrar si uno es de Cristo o no. En las actitudes, en las palabras y muchas veces como el Señor, en los silencios y la santa humildad y paciencia. Ahora enterremos el grano de trigo y esperemos a que de fruto, con José de Arimatea y el pequeño resto enterremos a Jesús en el sepulcro y durante el


día de mañana, Sábado Santo y segundo día del Triduo Pascual velemos el Cuerpo del Señor en la oración de la Mañana (Laudes) y en la oración de medio día (Oficio de Lectura). Velemos y esperemos la respuesta del Padre que resonará con fuerza en la noche-madrugada, cuando celebremos la Solemne Vigilia Pascual y concluyendo el Triduo Pascual abramos los cincuenta días de la Pascua de Resurrección. Gracias Cristo del Calvario que por tu cruz y resurrección nos has salvado. Que así sea hermanos.

VIERNES SANTO 2011  

HOMILLIA DEL VIERNES SANTO