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NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ DIA QUINTO EL CANDIL ESTÁ PARA PONERLO EN EL CANDELERO “El candil está para ponerlo en el candelero” Ayer hablábamos de la palabra. El sacerdote es hombre de la palabra porque es enviado en nombre del que es la Palabra de Dios. El sacerdote, como persona pública y que habla en público también esta expuesto a la mirada de todos. Sus palabras y su vida no dejan indiferente a nadie, ya sea a favor o en contra. Por eso la palabra no es suficiente. Debe de ser acompañada con los actos, con la vida. Esas acciones se convierten en luz que alumbra al que busca. En un texto del comienzo del cristianismo, la carta a Diogneto, se destaca sobre los cristianos que no se distinguen en nada a los demás, su señal identificativa es cómo se aman. El sacerdote es también hombre de acción. No sólo deben orientar y marcar la dirección y el camino, sino que el sacerdote debe caminar al frente de su comunidad y con su comunidad. Es pastor pero debe dejarse guiar por el único pastor que es Jesucristo. En la contemplación de Cristo Sumo Sacerdote encuentra el sacerdote las pistas para ser luz puesta en el candelero: Cristo reconcilia a Dios con los hombres a través del sacrificio. Así Cristo es a la vez el sacerdote que se ofrece y la víctima ofrecida. Ese sacrificio de Cristo es la expresión de la caridad y esta es el don de sí mismo a Dios. El sacerdote santifica por el sacrificio y la oración y ambas están animadas por la caridad. El ministerio sacerdotal no es una vocación para la perfección personal sino que está ordenado al bien de los fieles. La Virgen María de la Paz, madre de los sacerdotes, nos muestra ese camino de luz. Su vida, apoyada y fundamentada en la Palabra de Dios, es la concreción del evangelio. Ejemplo de amor, de servicio, de entrega, de sacrificio, de confianza, esperanza y sobre todo de fe. María ciertamente es el candil puesto en lo alto, porque la luz que ella desprende es la luz del mismo Dios. Es lámpara puesta en lo alto de nuestras comunidades cristianas para alcanzar la visión de Cristo.


“Al que tiene se le dará”. La vida del sacerdote es una vida entregada totalmente a Dios y a la Iglesia. No debe de reservarse absolutamente nada para sí. Su tiempo, sus capacidades, sus afectos. Todo al servicio de Dios. Este estilo corresponde con lo que Dios quiere: “tu no quieres sacrificios ni ofrendas, lo que quieres es un corazón”. Quien entrega la vida la gana y Dios paga el ciento por uno. Hay que aventurar, arriesgar y dejarse sorprender por Dios todos los días, el conoce mejor que nosotros mismos nuestro interior y nuestras necesidades. Y además contamos con la compañía, la protección y la intercesión de la Virgen María, madre de los sacerdotes, para que nunca nos falte el vino de la alegría en el camino de nuestra vocación sacerdotal. Oremos en este día de novena para que el Santo Padre Benedicto XVI, nuestro obispo Ramón y todos los presbíteros diocesanos de Jaén, brillemos con la luz de Cristo, no pongamos la pantalla de nuestras limitaciones que pueden ensombrecer la luz del Señor. Que seamos y aprendamos de la Virgen María, faro luminoso, estrella de la mañana, que anuncia al sol de justicia, Cristo Jesús. Santa María de la Paz, madre de los sacerdotes. Ruega por nosotros. Amén.


Novena de la Paz. Quinto Dia