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PARROQUIA EL SALVADOR DE BAEZA HOMILIA SEGUNDO DIA DE TRIDUO DE LA COFRADIA DE LA COLUMNA D. MARIANO CABEZA PERALTA


SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA AÑOC

Celebramos la solemnidad de San José esposo de la Virgen María. Hoy es fiesta para la Iglesia y debemos de acostumbrarnos a vivir nuestros días festivos por nosotros mismos y no sólo porque así lo marque o deje de marcar la sociedad.

Vivimos en un estado aconfesional y por tanto, aunque se conserven algunas fiestas religiosas por su arraigo cultural como puede ser la Navidad, la Semana Santa, la Inmaculada Concepción, no podemos estar a merced de la decisión del Estado, la Comunidad Autónoma o la autoridad municipal para hacer nosotros fiesta celebrando a Nuestro Señor Jesucristo, a la Virgen María y a los Santos.

Nuestro obispo Ramón nos recordaba que este día solemne es precepto y que todos debemos celebrar la Santa Misa como la acción de gracias mayor que podemos ofrecer por nuestros mejores hombres y mujeres, los santos. El decreto dispensa del descanso y la solemnidad la hace la Iglesia y cada uno de nosotros desde lo más profundo de nuestro corazón.

Damos un paso adelante con el segundo día de Triduo preparatorio a la Semana Santa.

Ayer, víspera de la Solemnidad de San José, destacábamos del glorioso patriarca su fe y obediencia a Dios. En esto, coincide con los grandes personajes del Antiguo y Nuevo Testamento. Personas que esperaron contra toda esperanza incluso cuando la evidencia les cerraba todas las


puertas. Pero para Dios nada hay imposible y tampoco para el que tiene verdadera fe.

Hoy, contemplemos en la persona de San José la capacidad de entrega y servicio porque este es un fruto de una fe, esperanza y caridad bien maduradas.

San José, según la tradición de los apócrifos, era un hombre trabajador en la humildad y sencillez de su pueblo de adopción que es Nazaret de Galilea. Viendo este verano pasado los restos arqueológicos de la ciudad de Nazaret podía uno recrear la vida de aquellas gentes hace más de 2000 años. Una pequeña aldea insignificante y un taller de artesano. Esa era la vida de José de Nazaret hasta que algo ocurre que le transforma su rutina. Los desposorios con María, la marcha a Belén, al sur del país, su pueblo natal. La huída precipitada a Egipto por la persecución irracional de Herodes. Los años de exilio y la vuelta a Nazaret. Según esa tradición apócrifa, José muere y quedan María y Jesús. De hecho los evangelios canónicos, es decir, los que están en el Nuevo Testamento sólo hablan de José en su infancia pero no en su vida pública.

José fue elegido por Dios, como hermosa vocación, para hacer las veces de padre y guiar a Jesús por los caminos del mundo y del hecho de ser persona. Es una vida de servicio y de entrega generosa sin pedir nada a cambio, sin exigir a Dios ningún precio por lo hecho.

Es en esta fiesta de San José cuando celebramos el día del Seminario Diocesano. Las vocaciones están bajo el protectorado e intercesión de San José porque de alguna forma el sacerdote se identifica con la vocación, obra y misión del patriarca.


El sacerdote es un hombre llamado por Dios para consagrar su vida a Dios y su obra de salvación. Disponible totalmente para los hermanos con un corazón único para el servicio y la entrega generosa. De alguna manera, el sacerdote ejerce como San José, una paternidad espiritual sobre aquellos que le son encomendados, como padre y pastor de la comunidad. Guiar a todos hacia Dios, ofrecer el Santo Sacrificio de la Eucaristía por todos, regir en la caridad la comunidad cristiana encomendada, ser el “cabeza de familia” en esa comunidad.

Sólo es posible ejerciendo las virtudes de la fe, esperanza y caridad recibidas en el sacramento del Bautismo y dejándose fortalecer diariamente por la gracia santificante del propio sacramento del orden sacerdotal, junto con el alimento de la Palabra y la Eucaristía y la riqueza de la oración litúrgica de la Iglesia. Cuántos auxilios para vivir el sacerdocio con intensidad y gratitud.

Queridos cofrades, estas líneas de vida que nos marca San José son válidas para todos porque tocan la raíz de la vida cristiana. Por este motivo pidamos en esta fiesta solemne que sean muchos los que se dejen enseñar por San José. Pidamos que sean muchos los que se pongan en actitud de escucha confiada como San José y estén dispuestos a seguir a Dios plenamente, con toda la vida, en el ejercicio del ministerio sacerdotal. Que surjan vocaciones entre nuestros jóvenes cofrades, que nuestra parroquia de El Salvador tenga el gozo de ver cómo florecen vocaciones en su seno.

Que San José y la Santísima Virgen intercedan por nosotros ante su Hijo Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. Que así sea.


TRIDUO COLUMNA SEGUNDO DIA  

Homilia del segundo dia de triduo de la Cofradia de la Columna

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