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SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR AÑO B “SEÑOR DE LAS NECESIDADES” D. MARIANO CABEZA PERALTA PARROQUIA EL SALVADOR DE BAEZA

Como nos relataba el evangelista San Lucas en los hechos de los Apóstoles, así ocurrió. Transcurridos cuarenta días de la Resurrección del Señor, haciéndoseles presentes a los once y a otros muchos, dando señas claras de que estaba vivo, y además con una vida transformada, nueva, pascual, resucitada, una vida que dejaba traslucir aún más la divinidad del Señor Jesús. Pasado este tiempo, en la ciudad de Jerusalén, donde había instituido la Eucaristía, donde había dado el gran mandamiento del amor, donde entregó la vida por nosotros en la cruz, donde murió y resucitó, en un monte que esta por encima del huerto de los olivos, frente a la ciudad santa, allí ascendió Jesucristo al Cielo. Mientras les hablaba, por medio de la fuerza del Espíritu Divino, Jesús se eleva hasta que una nube lo quita de la vista de todos. Fue la última vez


que los testigos oculares pudieron contemplar al Resucitado, la última vez que los sentidos percibían la humanidad de Jesús. Y como decía San Lucas a su querido amigo Teófilo, todo esto ha quedado escrito para que tengamos la certeza de que nuestra fe son enseñanzas sólidas y que tienen el certificado de aquellos que lo vivieron quedando impresionados en sus espíritus por cosas tan altas y tan grandes. Ahora ya no son nuestros sentidos corporales los que nos hacen ver a Cristo, sino nuestra mirada de fe, nuestra seguridad, apoyados en las palabras del mismo Jesucristo: Tomad esto es mí cuerpo, tomad, bebed, esta es mí sangre. Cuando elevemos nuestros ojos hacia los dones del pan y del vino en la consagración y estos dones se eleven hacia el cielo, vemos a Cristo Resucitado en su nueva presencia, en la presencia que él mismo eligió y quiso tener desde el mismo día que instituyó la Eucaristía. El mismo Señor que vemos crucificado y dando la vida por nosotros en esta capilla del Señor de las Necesidades es el Señor que ahora se entrega en los dones del pan y el vino transformados en su preciso Cuerpo y su preciosa Sangre, misterio de Amor, como decía san Pablo en la segunda lectura “eficacia de su fuerza poderosa” “grandeza de su poder para con nosotros” que siendo Cristo Dios se hace hombre, que siendo Cristo Dios infinito se encierra en la pequeñez y finitud del pan y el vino. Los once quedaron maravillados al contemplar la ascensión del Señor, tan absortos en la contemplación que hubo que recordarles que la vida del apóstol es contemplativa pero también misionera. Así es la voluntad del Señor Resucitado: Se apareció a los onces y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el evangelio”. Y los ángeles amonestan a los once diciéndoles: Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?


El nuevo encuentro con Cristo Resucitado que es el Sacramento de la Eucaristía no puede dejarnos mirando al cielo. También está muy claro que sin mirar al cielo no encontramos razones para trabajar en el suelo. La Iglesia, Cuerpo de Cristo-Cabeza, se nutre de él, vive de su Palabra, se entrega a Cristo Esposo como Esposa que es. Pero no queda reducida la relación sólo hacia adentro, sino que como Esposa de Cristo y Madre, sale hacia afuera en busca de nuevos hijos, sale a buscar y a entregar todo el amor que Dios tiene para sus hijos. Nosotros los bautizados, miembros del Cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia, cada uno de nosotros tenemos el deber y la responsabilidad de cumplir esta misión. Y nos decía el Evangelio que no solo con palabras, es decir, el mensaje claro y conciso, sino también con signos, es decir, las obras concretas que hablan de la fe de aquel que anuncia la buena nueva. Esa es la misión de la Iglesia, palabras y obras, acción y contemplación, vida interior y testimonio exterior. Esta es la Iglesia y los cristianos que Cristo quiere, de los que tiene necesidad el Señor de las Necesidades. Pues vamos a ofrecérselo en esta Solemnidad de la Ascensión, aprendiendo mucho de quien es Madre y Maestra de los cristianos, la Santísima Virgen María, Aurora de nuestra fe, claridad que anuncia al Sol de Justicia Cristo Jesús. Que ella interceda por todos nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Que así sea.

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HOMILIA DOMINGO DE LA ASCENCION  

HOMILIA PRONUNCIADA POR D. MARIANO CABEZA CON MOTIVO DE LA CELEBRACIÓN DE LAS FIESTAS DEL SEÑOR DE LAS NECESIDADES DE BAEZA

HOMILIA DOMINGO DE LA ASCENCION  

HOMILIA PRONUNCIADA POR D. MARIANO CABEZA CON MOTIVO DE LA CELEBRACIÓN DE LAS FIESTAS DEL SEÑOR DE LAS NECESIDADES DE BAEZA