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PARROQUIA EL SALVADOR DE BAEZA HOMILIA CON MOTIVO DE LA MISA DE ENVIO DE PEREGRINOS AL ROCIO D. MARIANO CABEZA PERALTA


MISA DE ENVÍO DE PEREGRINOS AL ROCÍO VIERNES, 14 DE MAYO DE 2010

Pueblos todos batid palmas, Aclamad a Dios con gritos de júbilo…. Tocad para Dios tocad, Tocad para nuestro Rey, tocad (Sal. 46) Sin darnos cuenta, Madre, Deshojando en cada Eucaristía de fin de mes, el año rociero. Estamos ya en el camino, Envueltos en cielo y pinos, Buscando por los senderos, La salvación que nos viene, De un pastorcillo divino, Que vive entre los brazos, De nuestra Madre del Cielo, La que llamamos Rocío.

Queridos peregrinos y hermanos rocieros, Hoy comienza nuestro camino particular como cristianos y peregrinos de Baeza. Desde el corazón de nuestra Parroquia de El Salvador y mirando al horizonte donde se divisa otro altar, otro sagrario y otra Eucaristía. Pentecostés, la venida del Espíritu Santo, Espíritu de vida que fecundó con su poder a nuestra Señora la Virgen, nuestra Madre del Rocío. Sin el Sí quiero, de la Virgen a Dios, sin la docilidad y obediencia de la Virgen María, ni tendríamos Pastorcillo Divino, ni tendríamos nada que celebrar, ni motivos como decía el salmo 46 para batir palmas, para tocar, para gritar jubilosos. El Rocío sólo sería un precioso parque natural protegido, como puede ser cualquier otro de nuestro país. Por eso, es Pentecostés, todo comienza, confluye y culmina en la Eucaristía, en el Real del Rocío, cuando miles de peregrinos con sus distintivos locales, profesan la fe diciendo un Sí a Dios y a la Iglesia en el Credo. Cuando reconocen al Pastor Divino en el pan blanquísimo y en el vino, convertidos por el Espíritu de Vida en Cuerpo y Sangre de Cristo, corazón de María, amor de su Madre hecho carne y alimento.


Cuando se acercan a recibirlo con veneración y respeto después de haberse preparado convenientemente con el sacramento de la Penitencia. Cuando después volvemos a la Ermita y mirando a la piadosa imagen de la Virgen del Rocío decimos: ¡gracias Madre, por darnos al fruto bendito de tu vientre! La Palabra de Dios que acabamos de proclamar también nos habla de camino y de peregrinación. Y qué bien los sabéis los que cada año salís para hacer un nuevo camino. Arenas, calor, sudor, esfuerzo, cansancio. El cartel anunciador de este año recoge muy bien esos momentos. Nos decía el evangelio: “la mujer cuando va a dar a luz siente tristeza porque ha llegado su hora”. Pero al llegar a la aldea del Rocío, al ver hermosear con blancura celestial la Ermita de nuestra Señora, al flanquear las puertas del templo que son como manos abiertas al peregrino, y ver al fondo, en el centro del áureo retablo la Imagen de Nuestra Señora y de su Bendito Hijo, el gozo desborda el corazón que sale por los lagrimales del caminante que ha cumplido su promesa: “A verte vengo Rocío, traigo la garganta seca y los pies tos doloridos…. Pero merece la pena por ver tu cara rocío” Así nos decía el evangelio de san Juan: “pero cuando da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre” El camino del Rocío es solo un reflejo de nuestra vida, de nuestra historia personal y comunitaria. Un camino con sus momentos de alegría pero con muchos esfuerzos y sufrimientos. Un camino que se recorre mejor si uno tiene esperanza y fe, si vive con una opción por la caridad. Un camino que se recorre mejor con los hermanos peregrinos, compartiendo, colaborando y sirviendo. Un camino que sabemos que termina cuando uno se encuentra con Cristo plenamente cara a cara. Y el Señor nos dice que ese día “se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará esa alegría”. El encuentro con Dios y los hermanos en esa gran casa de hermandad que tiene estancias para todos porque es Casa del Padre, casa de todos. Queridos amigos peregrinos y rocieros. Hoy comenzamos, cada uno iremos llegando poco a poco al Rocío haciendo nuestro camino personal. Aprovechemos las oportunidades que nos da el Señor en nuestra vida. Ya


sabéis que tendremos un momento muy especial en la noche anterior a Pentecostés, nuestra vigilia celebrando la Santa Misa, como preparación al gran día, al Domingo día del Señor y de la Iglesia que nace con la fuerza del Espíritu Santo. Cada año somos más los que participamos en la Misa del Domingo porque vamos tomando conciencia que el camino del Rocío termina ahí, con todas las hermandades en torno al Señor. Os animo a prepararos con el Sacramento de la Penitencia para que podáis recibir todos la Comunión con limpieza y dignidad tanto el Sábado noche como el Domingo. No os privéis de recibir al Señor, abrid de par en par vuestro corazón a Cristo Resucitado y no tengáis miedo. Tanto en la Ermita como en nuestra casa lo podéis hacer, ya sabéis que yo voy al Rocío como sacerdote y para estar a vuestra disposición y servicio para ayudaros. Que la Virgen del Rocío interceda por nosotros ante el Pastorcillo Divino, que nos mire con amor desde el simpecado, la ermita y el cielo. Nos vemos en la Casa de nuestra Madre, quedamos convocados en el Rocío. Que así sea.


ENVIO DE PEREGRINOS ROCIO 2010