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Jubilación de Maestros I Vísperas de la Solemnidad del Corazón de Jesús

“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra” Queridos maestros: Estas pueden ser vuestra palabras en este día que nos reunimos la comunidad educativa creyente para dar gracias a Dios por la fructífera trayectoria de vuestra labor docente. Habéis dado lo mejor de vuestra vida al servicio de la sociedad, educando integralmente a tantas generaciones de niños y jóvenes que han pasado por vuestro magisterio. Ser maestro es mucho más que una profesión y un legítimo modo de ganarse la vida. Es una vocación porque sin vocación es muy difícil hacer bien el trabajo y más aún en este tiempo donde nuestro oficio ha perdido prestigio social y poder adquisitivo. Sin un verdadero amor a los niños y a los jóvenes, sin un verdadero espíritu de entrega nuestra noble labor queda muy mermada reduciéndose sólo al cumplimiento de lo establecido. La sociedad no sólo confía en los maestros sino que en muchos casos, hace dejación de sus propias responsabilidades cargando a la escuela con un papel que va más allá de sus propias funciones. En muchas ocasiones sois consejeros y paño de lágrimas de alumnos y padres siendo conocedores de lo que ocurre en el seno más íntimo de las familias. El ser maestros y ser maestros cristianos, hombres de fe, añade un plus muy importante porque os hace tener hacia los niños y sus familias los mismos sentimientos de Cristo Jesús, sentimientos de misericordia, de perdón, de compasión. Hoy que celebramos las primeras vísperas del Sagrado Corazón de Jesús lo podemos experimentar en la Palabra de Dios que se ha proclamado:


“Venid a mi los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré, aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Nuestro Dios se define como Dios amor, un amor divino, perfecto, infinito. Un amor entregado hasta la muerte y muerte de cruz. Un amor que disculpa sin límite, que busca siempre al hombre y cuanto más perdido más lo busca. Un amor que salva y rescata de la desesperanza, del desaliento, de la tristeza, de la angustia. Un amor que da vida y vida eterna, vida para siempre. Un amor que goza con el bien de los demás, que se alegra del pecador que vuelve a la casa del Padre arrepentido y con deseos de conversión. Así el gozo del maestro que ve crecer a sus alumnos en estatura y sabiduría, el gozo del maestro que ve aquel niño de la infancia hecho un hombre de provecho para la sociedad. El gozo cuando alguno de vuestros alumnos os dice con cariño: “usted fue mi maestro, usted fue quien me enseñó a leer, a ser persona”. Por eso, después de tantos años de servicios, después de recorrer distintos lugares de nuestra geografía, os merecéis un descanso, os merecéis poder entrar en esta etapa de júbilo que es la jubilación para dedicar tiempo a aquello que antes no habéis podido hacer: dedicaros más a vuestra familia, a vuestros nietos, a vuestras parroquias, a vuestras aficiones. Es una nueva etapa en la que podéis seguir sirviendo a la sociedad y a la Iglesia de otra forma porque el que tiene inquietud no se paraliza, ni entra en letargo por su jubilación. También la alegría, en estos tiempos de crisis y paro, de pensar que daréis paso a un compañero que comienza con ilusión para cubrir el puesto que vosotros dejáis, vosotros menguáis para que otros crezcan de igual manera que lo hicieron con vosotros cuando os dieron el primer destino. Demos gracias a Dios hermanos, pidamos por la intercesión de la Virgen María, madre y maestra de la Iglesia, por la felicidad de estos hermanos que se jubilan y por todo el bien que han hecho a lo largo de su vida docente. Que así sea.


JUBILACION MAESTROS 2011