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Domingo XIV del Tiempo Ordinario Fiesta de Estatutos de la Cofradía de la Humildad Año A

“Vosotros no estáis sujetos a la carne sino al espíritu” Mis queridos hermanos, gran verdad es esta frase del apóstol San Pablo. No estamos sujetos a la carne, a la materia, a lo inmediato que es transitorio y caduco. Si fuese así, en poco nos diferenciaríamos al resto de la creación y no podríamos entender las palabras del libro del Génesis que nos asegura que somos imagen y semejanza de Dios. Tenemos una condición que no se percibe por los sentidos pero que es tan real como la corporal y es la condición espiritual. Todo gracias a Dios, gracias al Espíritu de Dios que habita en nosotros. Un Espíritu que nos hace gritar a Dios Padre y nos hace confiar plenamente en él. Un Espíritu que nos da la vida, nos llama a la vida y vida eterna. Un Espíritu que nos hace libres porque nos hace conocer la verdad que sólo procede de Dios. Un Espíritu gratuito, generoso, que se nos entregó en el Bautismo y se nos plenificó en nuestro particular Pentecostés cuando recibimos el Sacramento de la Confirmación.


Por eso nuestra vida como creyentes, como hijos de Dios y de la Iglesia, como hombres y mujeres de espíritu no puede quedarse sujeta, atada, encadenada y esclavizado sólo en lo inmediato y en lo material. Esa es la gran tentación de nuestra cultura y de nuestra época, poner toda la esperanza en un estado de bienestar, en un ciego interés de atender sólo y exclusivamente las necesidades materiales del hombre y de la sociedad, creyendo que ahí esta la solución a todos los problemas y a la felicidad del ser humano. Grave error de pensamiento. La persona es mucho más que materia, necesita mucho más que satisfacer sus necesidades materiales. Necesita paz, sosiego, seguridad, descanso, consuelo, perdón, amor y esperanza. ¿Quién puede dar todo esto? El Señor nos ha respondido en el Santo Evangelio: “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré, encontraréis descanso”. Descansar en el Señor, gozar con su presencia, aprender de él que es manso y humilde de corazón. Ahí esta la receta. San Pablo lo tenía muy claro: el que vive en la carne va a la muerte, el que vive en el espíritu va a la vida porque resucitará. Esta es la oferta de Dios al hombre de todos los tiempos, es la oferta de la Iglesia como continuadora de la misión de Cristo Jesús. Nuestra cofradía de la humildad lo lleva por bandera. Nuestro Cristo de la Humildad, materialmente un hombre herido, despojado de todo, humillado y despreciado. Sin embargo, en su rostro inclinado hacia el suelo hay paz, hay ternura, hay paciencia: “soy manso y humilde de corazón” nos decía en el Evangelio.


Y en el rostro de su bendita Madre de los Dolores hay una mirada de esperanza mirando al cielo desde donde nos viene todo lo que da plenitud al creyente. Mis queridos cofrades, vosotros como cristianos, como fieles laicos, tenéis que ser portadores de esta gran verdad. Sólo teniendo a Dios, sólo cultivando el espíritu, sólo en la presencia continua del que todo lo puede, podemos alcanzar la felicidad y la paz interior y exterior. Solo viviendo unidos por los lazos de la fe, el amor y la esperanza podremos construir una sociedad y un hombre nuevo marcado por la mansedumbre y la humildad. Vividlo en primera persona para que así sea más creíble aún, vividlo en vuestra Cofradía como primer objetivo, por encima de las cosas materiales que aunque son legítimas pero no son las que nos salvan ni nos dan la felicidad. Se lo pedimos al Señor de la Humildad en esta fiesta de Estatutos por intercesión de su bendita Madre, la Virgen de los Dolores del Rosario, que así sea.

FIESTA ESTATUTOS HUMILDAD 2011  

HOMILIA CON MOTIVO DE LA FIESTA DE ESTATUTOS DE LA COFRADIA DE LA HUMILDAD

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