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TERCER DÍA DE NOVENA SANTOS TIMOTEO Y TITO LA RESPUESTA DEL HOMBRE A DIOS PARROQUIA EL SALVADOR DE BAEZA D. MARIANO CABEZA PERALTA “El que tenga oídos para oír que oiga” Mc 4,23 Oídos para oír, y no sólo para oír, sino para escuchar e interiorizar. Porque al que tiene se le dará mucho más porque Dios devuelve el ciento por uno. Eso fue lo que hicieron los santos Tito y Timoteo que hoy celebramos, los dos discípulos de San Pablo, el cual les dirige unas cartas para ayudarlos a pastorear sus comunidades, Timoteo obispo de Éfeso y Tito obispo de Creta. Escucharon la Palabra del Señor y fueron fieles a su evangelio consumiendo sus vidas en el servicio al Reino de Dios. Escucharon y respondieron con la vida.


A la Virgen María, la contemplábamos ayer como mujer oyente de la Palabra. Escucha a Dios, su Salvador que le habla al corazón y su respuesta es inmediata, comprometedora y definitiva: ¡Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra¡ Responde afirmativamente y habiendo sido creada libre,, compromete su libertad para el Señor, le entrega todo lo que ella es: cuerpo, espíritu, inteligencia, voluntad, libertad, sentimientos. Toda para Dios, toda de Dios y para siempre. Dios entrega su Palabra al hombre, ofrece un diálogo y espera respuesta: ¿Cuál debe ser la respuesta del hombre a Dios? Está claro que la respuesta debe ser la fe, entendida está como la adhesión del hombre a Dios, el asentimiento a sus palabras, el deseo de complacerle cumpliendo su voluntad. Esto es lo que destacamos en Jesucristo, que ha venido a cumplir la voluntad del Padre. Esto es lo que destacamos de la sierva del Señor, la Santísima Virgen María, de los santos Timoteo y Tito que hoy celebramos y de tantos santas y santos de Dios, de tantos amigos fieles que han dicho un sí claro que pasa por los labios y se autentifica por la vida. A este respecto nos dice el Papa Benedicto XVI en Verbum Domini 22: “Cada hombre se presenta como destinatario de la Palabra, interpelado y llamado a entrar en este diálogo de amor mediante su respuesta libre. Dios ha hecho a cada uno capaces de escuchar y responder a la Palabra divina” Tenemos capacidad para escuchar y responder, tenemos inteligencia para comprender lo que Dios quiere, tenemos voluntad para ponernos en movimiento y libertad para decidir por nosotros mismos. La respuesta del hombre a Dios es poner todo este potencial, toda esta riqueza, don de Dios, al servicio de Dios y de los demás. De este diálogo íntimo, fecundo, se beneficia el creyente en todos los aspectos. Especialmente porque Dios responde a los interrogantes más profundos del ser humano.


Lejos está el pensamiento que pone a Dios como una amenaza a la autonomía del hombre, o a su libertad. Todo lo contrario. Si recorremos la historia de la salvación descubrimos cómo Dios siempre ha favorecido precisamente a los más pobres, humildes y humillados de la historia. Cómo interviene poderosamente para librar de la opresión, de la esclavitud o de una vida superficial. “Sólo Dios responde a la sed que hay en el corazón de todo ser humano. Dios habla e interviene en la historia a favor del hombre y de su salvación integral” (VD 23) Pidamos en esta noche de novena por intercesión de la Virgen de la Paz y de los santos Tito y Timoteo que salgamos de esta celebración con verdaderos deseos de responder a Dios afirmativamente. Con deseos de adhesionarnos a su Palabra, a su voluntad para vivir así como verdaderos cristianos. Al Señor se lo pedimos y que así sea.


CUARTO DÍA DE NOVENA LA IGLESIA ACOGE LA PALABRA DE DIOS PARROQUIA EL SALVADOR DE BAEZA D. MARIANO CABEZA PERALTA

Queridos hermanos: ¿A quién va dirigida la Palabra de Dios? ¿Quiénes son los destinatarios? La respuesta a estas preguntas se concreta en el ser humano. Dios habla a la humanidad que ha salido de sus manos, que son obra de su amor, creados a su imagen y semejanza. Por tanto, el destino de la Palabra de Dios es universal, tanto en el tiempo, en la historia, como en lo geográfico, hombres de toda raza, pueblo y nación. Pero es la Iglesia, fundada por Jesucristo, más aún, cuerpo místico del mismo Cristo, la receptora, custodia y garante de esa Palabra. La Iglesia se funda sobre la Palabra de Dios, nace y vive de ella. La Iglesia tiene que ser la primera oyente de la Palabra de Dios, la primera que medite y reflexione a la luz de la Palabra. En los momentos más importantes de nuestra fe está presente, especialmente cuando celebramos los sacramentos, tesoros de la Iglesia porque a través de ellos recibimos la gracia de Dios, la presencia de Dios entre nosotros. La liturgia de la palabra es parte esencial de los siete sacramentos. Acogemos la revelación de Dios con verdadera veneración porque es luz que alumbra nuestros pasos, ilumina nuestras oscuridades, nos abre el camino de la vida cristiana enseñándonos la voluntad de Dios y animándonos a ser fieles. Qué importante que en esos momentos no nos distraigamos, tengamos una actitud reverente, abierta, orante y agradecida. Pero no solamente en los sacramentos. La Palabra de Dios está a nuestro alcance. Podemos y debemos darle un lugar preeminente en nuestro


hogar. Cuando entro en algunos hogares y veo la Biblia entronizada en un lugar importante de la casa, sobre un atril, abierta, junto a unas velas, ya me está diciendo ese hecho que en esa casa la Palabra de Dios ocupa el lugar que le corresponde. De nada serviría esto, entronizar la Palabra de Dios, si luego no se lee, no se le da voz. Por eso es importante para un creyente la lectura frecuente que ayude a orar, a revisar la vida, a pedir y a dar gracias. Una práctica bien positiva puede ser la lectura del evangelio del día que viene acompañado con una reflexión y unos puntos sobre el mundo y la fe. Algunos ya lo hacéis diariamente y se que os da muchos frutos. Es lo que hemos escuchado hoy en el evangelio: “El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. El duerme de noche, se levanta de mañana, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo” (Mc 4,26) La Palabra es la buena semilla que cae en la tierra de la Iglesia, de cada cristiano. La Palabra queda en la mente y en el corazón. Cada uno a lo largo del día realiza su labor pero la Palabra que tiene vida en sí misma, va germinando en su interior. Mirad qué fácil es. Consiste sólo en dejarla vivir en nuestro interior. En no impedir la vida divina en nuestra vida por no recibir la semilla. A este respecto nos dice Benedicto XVI: “Cuando el hombre, aunque sea frágil y pecador, sale sinceramente al encuentro de Cristo, comienza una transformación radical: “a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios” (Jn 1,12)” Cuánto bien nos puede hacer la Palabra de Dios. Cuánto error, cuánta duda puede despejar, cuánta fuerza nos puede dar. Como decía San Agustín: Por el Verbo existes tú. Pero necesitas igualmente ser restaurado por El. Por eso nos tenemos que poner en la presencia del Verbo que habla, de la Palabra de vida, para que nos fecunde, para que restaure las heridas


producidas por el pecado, para que mirándonos en ella podamos ir adquiriendo la imagen del mismo Cristo en nosotros. La Virgen María nos enseña a acoger la Palabra. Tanto la acogió que por obra del Espíritu Santo la Palabra se hizo carne en su seno. Pidamos por intercesión de la Madre de la Palabra que también nosotros tengamos esa disposición, que no nos cerremos al enorme caudal de vida y luz que es la Palabra, que no prefiramos las tinieblas y la oscuridad que supone el ignorar a Dios que nos habla. Al Señor se lo pedimos y que así sea.

NOVENA VIRGEN DE LA PAZ. HOMILIAS TERCER Y CUARTO DIA  

HOMILIAS DEL TERCER Y CUARTO DIA DE LA NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ. 2012

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