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NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ 24 DE ENERO de 2014 a 1 DE FEBRERO DE 2014 HOMILIAS D. MARIANO CABEZA PERALTA PARROQUIA EL SALVADOR DE BAEZA


NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ 24 DE ENERO PRIMER DIA DE NOVENA FIESTA LITÚRGICA DE LA VIRGEN DE LA PAZ Queridos hermanos: Comienzan en nuestra parroquia de el Salvador días de oración, de profunda reflexión, días de encuentro con el Señor Eucaristía de la mano de la que es Madre de Dios y de la Iglesia, la Santísima Virgen. La llamamos con el hermoso título de nuestra Señora de la Paz. Una imagen sencilla, austera, que no tiene cofradía ni hermandad organizada e instituida pero que desde que fue trasladada desde la Iglesia del Espíritu Santo a nuestro templo de el Salvador ha contado con devotos y fieles de toda la ciudad de Baeza que cada año la cumplimentan en el día de su santo y durante su novena. Por tanto es una devoción de toda la Parroquia, de todos sus grupos, de todos sus fieles. Es la primera novena del año en nuestra ciudad tanto mariana como d las dedicadas al Señor y los santos. Luego vendran las novenas al Sagrado corazón de Jesús, a San Antonio, a la Virgen del Carmen, a la Virgen del Alcázar, patrona de la ciudad, el octavario al Corpus Christi...etc. Somos nosotros los que abrimos los cultos devotos de Baeza y lo hacemos implicándonos todos en tan hermosos días. Los grupos y cofradías parroquiales, el coro de la Parroquia y los coros de la ciudad. Este año 2014 y después de un año de espera desde su aprobación y redacción, por fin podemos ofrecer el nuevo texto y la letra y música del himno que estrenaremos al final de la celebración de la Eucaristía. Sólo el Señor sabe el porqué de las cosas y cómo a pesar de estar todo preparado el año pasado, se quedó el proyecto empaquetado en las cajas y durmiendo duarnte un año. En mi retiro forzoso y desde Porcuna hice cada día de novena, ansioso a que me llamaran cada noche para decirme cómo habían ido las cosas. Doy gracias a Dios por estar aquí este año con vosotros y al servicio vuestro en estos días tan intensos para nuestra comunidad parroquial. La novena es una oportunidad anual que nos regala el Señor para aquellos que tienen ansias de Él, ansias de aprender, de profundizar, de meditar y de encontrarse. Pero como os digo en la página 14 del nuevo texto de la novena: “La devoción y el culto a la Virgen María nos tienen que mover interiormente a imitarla en sus múltiples gracias y virtudes. No podemos desencarnar el culto de la vida, la devoción a nuestras actitudes” (NVP pag.14) Así nos lo ha enseñado Jesucristo esta noche en el Evangelio de San Marcos:


“Jesús fue llamando a los que él quiso y se fueron con él” (Mc 3,13) No consiste sólo en “llamar” y “oír” sino que rápidamente hay respuesta “se fueron con él” y los que se fueron lo hicieron para siempre, más aún, dieron su vida, derramaron su sangre por confesarlo porque lo amaban con todo su corazón. En este año que nos preside el lema parroquial para el “año de las vocaciones cristianas”: Abiertos a la llamada de Dios. Cómo no entender este evangelio sino desde esta perspectiva: llamada-escuchaseguimiento. Son inseparables, son tres movimientos consecutivos, armónicos, acompasados. La imagen viva de escucha y seguimiento la tenemos en la Virgen María. Escucha la voz del ángel y responde inmediatamente: “Hágase en mí”. Yo pido al Señor por todos nosotros para que estos días escuchemos atentos y al imperio de la voz del Señor digamos también: Hágase en mí Señor, aquí estoy para hacer tu voluntad, habla Señor que tu siervo escucha. Todas ellas palabras y respuestas bíblicas que nos invitan a encarnar la Palabra de Dios en nuestra pobre vida. Hoy la palabra clave en este primer día de novena y de fiesta es PAZ. La Virgen de la Paz porque ella lleva la Paz en sus brazos. ¿Quién es la Paz? Es Jesucristo, el principe de la Paz. El nuevo himno en uno de sus versos dice: “Porta, paz en sus brazos, el Hijo de Dios entregado” (NVP pag.45) Por eso es la Virgen de la Paz porque ella es la portadora, la mensajera, la pregonera, la pacificadora, la que nos trae la Paz. En el texto del Catecismo de la Iglesia Católica que reflexionábamos en el primer día de novena, recordábamos las palabras del Señor en el evangelio de San Mateo: “Bienaventurados los pacíficos” Dichosos los que construyen la paz. Como nos ha recordado el magisterio reciente de los últimos Papas en el día 1 de Enero, Jornada mundial de la Paz, nuestro mundo jamás construirá la paz si en la opción que hace de entendimiento entre los pueblos ignora a Dios. El hombre por sí solo y confiando sólo y exclusivamente en sus habilidades sociales, políticas y comerciales no puede construir un mundo en paz. Los valores esenciales para que haya Paz como son la justicia y la caridad acompañados por el perdón y la misericordia no se sostienen sólo y exclusivamente en un humanismo sin Dios. En el siglo XX ya se intentó, construir sociedades justas, igualitarias que terminaron todas sin excepción en dictaduras crueles, impías, inmisericordes que se volvían contra el propio hombre, contra su dignidad y derechos fundamentales.


Cristo en la cruz ha dado muerte al odio, a la división, a la envidia, al rencor, a la soberbia. Cristo ofreciéndose por nosotros ha abierto las puertas cerradas del paraíso y ha roto los muros que separaban al hombre de Dios y a los pueblos entre sí. El ha puesto Paz y ha traído la Paz con la fuerza del amor, del perdón, de la misericordia. Ahora tenemos que ser nosotros, la Iglesia, el sacramento de la unidad del género humano llevando a los hombres a Dios. Para eso Jesús llamó a los primeros discípulos cuyos nombres escuchábamos en el Evangelio y para eso nos ha llamado a cada uno de los que estamos aquí, en la primera vocación, en la primera llamada a la que fuimos convocados: El sacramento del Bautismo. Llamados y elegidos para ser hijos de Dios. La Virgen María nos enseña cómo se vive en paz y con paz. Viviendo desde la Fe, escuchando asiduamente la Palabra de Dios, guardándola y meditándola en silencio del corazón, dejando a Dios protagonismo en nuestra vida, alimentándonos de Dios permanentemente, viviendo en la caridad y servicio a los demás, intercediendo por todos sin excepción. Todo ello llenará nuestra vida de esperanza, cuánto más en los momentos de oscuridad y dolor. Una esperanza que nos hará cominar siempre hacia adelante vislumbrando la meta de gloria que es el encuentro definitivo y eterno con nuestro Dios. La paz es mucho más que cumplir el mandamiento de la ley de Dios “No matarás”. No podemos caer en la simpleza de que la paz es la ausencia de guerra o de violencia. Como vemos en la vida de la Virgen Maria estamos llamados a mucho más que a no matar. Estamos llamados al amor y al perdón que son caminos constructores de paz y de felicidad. Lo pedimos en este día de fiesta mariana, en este día de la Virgen de la Paz, primero de novena para nosotros y para el mundo entero. Señor Jesús, tú que nos llamas a vivir en tu amor y en tú perdón, ábrenos el oído y el corazón a tu llamada y que vivamos según tu voluntad. Que así sea.


NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ 25 DE ENERO SEGUNDO DÍA DE NOVENA LA VIRGEN MARÍA, PREDESTINADA POR DIOS PADRE “El Señor es mí luz y mi Salvación” (Sal 26) Palabras del Salmo 26 que nos llenan de confianza y de firmeza en el cimiento de Dios y desde la Fe. Seguramente que la Virgen María las pondría en alguna ocasión en su labios porque según la tradición, la Virgen niña era enseñada por S. Joaquín y Santa Ana en la ley de Dios, conocedora de la Sagrada Escritura y por tanto de la revelación de Dios al pueblo de Israel. La Santísima Virgen dio como respuesta un rotundo sí a los planes de Dios, pero hermanos, las cosas importantes en la vida no se improvisan y antes de dar un paso tan transcendental María había cultivado una fe adulta en la reflexión, en el amor a Dios. Dios no era un extraño para la joven María de Nazaret, Dios no era un ausente o un desconocido. Solo donde se siembra se puede recoger el fruto de lo trabajado con esfuerzo, donde hay rescoldo puede volver a surgir la llama potente que lo consume todo en calor y luz. Aunque se daban esa condiciones en la Santísima Virgen Dios quiso dejar claro ante la humanidad entera que la mujer nueva, la nueva Eva, María de Nazaret era una mujer libre, don precioso que Dios ha otorgado a la humanidad. Quería dejar Dios claro a todos, que aunque en su infinita sabiduría y misericordia, se había fijado en la Virgen María para ser Madre de su único Hijo, Dios no imponía a la fuerza nada, ni siquera por la fuerza de la evidencia. Como nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Quiso que el consentimiento de la que estaba predestinada a ser la Madre precediera al encarnación” (CIC 488) Predestinar no significa obligar contra la propia voluntad y libertad de la persona. Todo lo contrario, hace que una decisión absolutamente libre tenga aún mas valor. Toda llamada del Señor espera una respuesta y es una decisión libre del que es vocacionado. En este año de las vocaciones cristianas en nuestra diócesis reflexionamos sobre la propia vocación: la matrimonial-familiar, la sacerdotal, la consagrada tanto activa como contemplativa en sus diferente carismas. Pero todas tienen en común que los vocacionados deben manifestar ante Dios y ante la comunidad su buena disposición, su libertad y voluntad de vivir y configurarse


según la vocación a la que han sido llamados. En el Evangelio que se ha proclamado de San Mateo contemplamos a Jesús llamando a los primeros discípulos: “Venid y seguidme y os haré pescadores de hombre”. Apostila el evangelista: “e inmediatamente dejaron las redes y los siguieron” Esa inmediatez no suprime la libertad de elección y de respuesta, porque previamente ya conocían a Jesús, habían recibido su invitación a convertirse, a dar la vuelta a su vida. La siembra estaba hecha y la respuesta libre es el primer brote de la siembra. En la Virgen María este es el proceso. María es elegida por Dios y preparada para ello desde su concepción como reflexionaremos mañana. María nace y vive al calor de la fe del pueblo de Israel, elegido por Dios y fundado en la persona de Abraham. María es una joven piadosa que ha cultivado la amistad con Dios y sabe bien quién es Dios. Pero todos estos precedente sin un Sí por parte de la Virgen María no servirían, sin una manifiesta decesión libre y madura no servirían, siempre nos quedaría la duda. Por eso Dios pregunta, Dios pide permiso, Dios trata con delicadeza y respeto exquisito a María como creyente y como mujer. No impone, no decide sin el consentimiento de la otra parte, no obliga. Y esto no era lo propio de la época donde la mujer no contaba para nada, y donde los matrimonios se contrataban entre famalias al margen de los contrayentes. Lo que hoy nos parece lo más normal y lógico, preguntar a una persona y esperar su respuesta en libertad, Dios ya lo hizo con María hace mas de 2000 años. Nos dice el Catecismo: “Así como una mujer contribuyó a la muerte, así también otra mujer contribuyó a la vida” (CIC 488) La vocacion de María es a la vida, a la vida del mundo porque por Jesucristo ha entrado la salvación y la vida eterna para todos. Un mundo nuevo, una vida nueva, un futuro nuevo. Es curioso cómo Dios cuentra con nosotros para todo. Siendo todopoderoso, no teniendo límites ni frenos, necesita que María de algo al Hijo del Padre que no tiene. La carne, los huesos, los fluidos y el corazón de hombre. El Verbo, la Palabra del Padre se teje silenciosamente en el seno de María, se va formando durante nueve meses, se va alimentando al calor de la Virgen y la sencilla joven de Nazaret le va dando de su cuerpo y de su sangre para que Dios tenga cuerpo y sangre. Cuerpo y sangre que será entregado por nosotros para la salvación de nuestros pecados. Cuerpo y sangre que ahora nos da el mismo Cristo en la Eucaristía para que comiendo de El se teja en el seno de la madre Iglesia nuevos hijos de Dios, cada uno de nosotros destinados y predestinados para una vida nueva.


Mis queridos hermanos, por este motivo cada uno de nosotros debemos decir Sí a Dios con plena libertad. Ahora inmediamente después de mis palabras vamos a confesar la fe con el credo de la Iglesia. Es el momento de renovar libremente nuestro bautismo. Es el momento de decir Sí a Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Decir nuestro Sí a la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica. De decir nuestro Sí a la comunión de los santos, al perdón de los pecados, a la resurrección de los muertos y a la vida eterna. Y dicho nuestro Sí a Dios, alimentémonos de su Cuerpo y de su Sangre, alimento que nos hará fuertes en nuestra vida cristiana, alimento que nos hará crecer como cristianos, como personas, alimento de salvación y de vida. Pido al Señor para todos libertad, madurez, seriedad, compromiso y coherencia para que nuestro Sí a Dios no sean sólo palabras sino que se vea refrendado por la vida. Que la Virgen de la Paz, predestinada por Dios Padre, mujer del Sí libre a Dios, modelo y ejemplo de integridad interceda por nosotros pecadores. Que así sea.


NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ 26 DE ENERO TERCER DÍA DE NOVENA LA VIRGEN MARÍA, INMACULADA CONCEPCIÓN “Convertíos que está cerca el Reino de Dios” Con estas palabras comienza Jesucristo su predicación y su vida pública. Está claro que uno de los efectos mas concretos, claros y patentes del pecado en el ser humano es la incomunicación con Dios y con los demás. El pecado encierra a la persona en su propio ego, lo hace soberbio, engreído, autosuficiente y sin ninguna necesidad de Dios. De esta actitud se deriva lo que denunciaba San Pablo en la segunda lectura a los Corintios, que se había enterado por los hermanos de Cloe que entre los Corintios había divisiones, enfrentamientos, división, peleas. De esta actitud surgen varas opresoras, yugos pesados sobre el ser humano. Con verdadero horror nos llega a prinicipio de esta semana noticias de Siria donde se han asesinado en las cárceles a más de 11.000 personas a base de torturas horribles, palizas, descargar eléctricas, asfixia...etc ante el silencio de la comunidad internacional, de la ONU y de todos que dan la espalda al problema. Un holocausto del siglo XXI que el día que se lleve al cine, a la gran pantalla y se difundan en documentales todos los detalles se preguntarán: ¿dónde estaban los que debían de haberse manifestado y protestado en aquella época?¿Dónde estaban las naciones interviniendo?¿Por qué no se alzó la voz y los pueblos contra estas barbaridades? … y sentirán vergüenza de nosotros. Aquí solo se manifiestan y destruyen mobiliario urbano por si se hace o no un bulevar o para pedir y apoyar el exterminio de los inocentes que aun no han nacido. Con qué fuerza resuena el Evangelio de este Domingo.....¡Convertíos porque está cerca el Reino de los cielos! La conversión a Dios despeja el oído, abre el alma, deja entrar la luz de la verdad en las tinieblas del pecado, en la oscuridad de la malicia de la persona. La conversión a Dios implica un movimiento que va desde el interior hasta el exterior, si no hay conversión perosonal tampoco puede haber conversión social, estructural. No podemos ni debemos invitar a los demás a hacer aquello que nosotros no estamos dispuestos a hacer. Si nos convertimos veremos cumplidas las palabras del profeta Isaías: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, habitaban tierras de sombras y una luz les brilló”. Y habrá un cambio profundo en nuestro interior que tendrá sus efectos positivos en


nuestra propia vida como anuncia el profeta: “Acreciste la alegría, aumentaste el gozo” Y efectos en la vida social y estructural: “La vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro los quebrantaste” Nada de esto llegará a nuestra vida, nada de esto sucederá sino se da previamente lo que nos pide el Señor: ¡Convertíos! El Salmo responsorial nos invitaba a ir diciendo: “El Señor es mi luz y mi salvación” Sabiendo perfectamente que Jesucristo es la única luz que brila en el mundo y en la historia de la salvación tenemos a la Virgen María que brilla con la luz de Cristo, que deja traslucir en su vida la luz que procede de Dios. En este tercer día de novena la contemplamos en su dogma de Fe de Inmaculada Concepción declarado por el Papa Pío IX el 8 de Diciembre de 1854. En este día que hablamos de conversión a Dios en la Virgen María encontramos realizado lo que Dios espera y desea de nosotros, una vida limpia y pura, sin mancha ni arruga, sin sombra alguna de pecado original ni personal. El Catecismo de la Iglesia católica nos dice que la Virgen María fue preservada e inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción en atención a los méritos de su Hijo Jesucristo. También que María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida (CIC 491-493) Predestinada por Dios para ser la Madre de su Hijo, como reflexionábamos ayer, María es la primera redimida y de una forma sublime. Por eso en María no hay ningún rechazo a Dios, no hay pecado, no hay raíz de maldad, ni tan siquiera inclinación al mal. Es como si Dios nos dijese en María a todos nosotros: así os quiero, así os creé, así deber ser vuestra vida. Si actuásemos como la Virgen María no habría conflictos, no habría divisiones, no habría odio, no habría el horror que constatamos en nuestro pobre mundo. Por eso la Virgen María es causa de nuestra alegría y motivo de esperanza para los pecadores que deseamos, que necesitamos, que anhelamos la conversión del corazón. Mirar a la Virgen Inmaculada es ver cumplido el oráculo del profeta Isaías porque ella ya es cabeza de pueblo de luz, de pueblo gozoso y alegre, de opresión y vara quebrada. Mirar a la Virgen María es ver el cumplimiento de la redención, el efecto de la salvación, la salud que nos ha traído la cruz, la muerte y la resurrección de Cristo. Mirar a la Virgen María es comprobar la fuerza del Espíritu Santo pentecostal.


Mirar a la Virgen María es en definitva todo un canto de esperanza y liberación a un mundo que sufre mucho por las causas del pecado y de los pecadores ayunos de conversión. María sin pecado concebida, la simpre pura, la limpia. Nosotros fuimos perdonados y purificados por el baño regenerador del Bautismo. Se nos perdonó el pecado original. Ahora nuestra lucha es contra el pecado personal, ese pecado que cometemos libremente por eso precisamente, porque somos libres y haciendo mal uso de nuestra libertad decimos ¡No! A Dios, a sus planes, a sus proyectos, a su voluntad. María nos estimula a estar vigilantes, con la lámpara encendida para no caer en la tentación, para no dejarnos engañar. Pero si por desgracia caemos y volvemos a caer una y mil veces, el Señor ha previsto el remedio para nuestro pecado. De la farmacia del corazón de Cristo se dispensa el sacramento del perdón, medicina de Cristo que cura el pecado personal y el pecado del mundo. Cuando no seamos inmaculados, puros y limpios, acudamos a Cristo perdón, misericordia, bálsamo, buscando la conversión del corazón a la que El nos llama. Que la Virgen María, la Inmaculada de la Paz, interceda por nosotros pecadores y que nosotros aprendiendo de ella y mirándonos siempre en su limpio espejo busquemos la santidad de vida lejos del pecado, de la división, cerca muy cerca de su luz y de su salvación. Que así sea.


NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ 27 DE ENERO CUARTO DÍA DE NOVENA LA VIRGEN MARÍA, MODELO DE OBEDIENCIA A DIOS ¡ Creedme ! Con este imperativo invitatorio exhortaba Jesús a los escribas que se acercaron a Él con la intención de acusarlo y desacreditarlo delante de todos. A pesar de la invitación de Jesús a acercarse, no sólo una cercanía fisica sino tambien a su mensaje y a su vida, aquellos hombres se cierran a la palabra del Señor. Es el uso de la libertad con la que Dios nos ha dotado al género humano como podemos seguir el camino que nos conduce a Dios o tomar el camino que nos separa de Él para siempre. Como decía Jesús en el Evangelio de hoy: “todos los pecados y blasfemias se pueden perdonar excepto el que blasfeme contra el Espíritu Santo, ese jamás tendrá perdón” Y el pecado contra el Espíritu Santo la blasfemia contra el Espíritu es cerrarse libremente a su presencia, a sus impulsos y mociones. Como bien dice nuestro refranero no hay peor sordo ni peor ciego que aquel que no quiere oir ni ver. Hoy nuestro mundo se cierra a Dios. El secularismo, el laicismo y el materialismo han envuelto a nuestra sociedad en un ambiente asfixiante que la reducen a la locura de lo puramente inmadiato, hedonista y placentero. Una vida sin perspectiva de futuro que se devate cada día entre la vida y la muerte sin horizonte ninguno. Como denunciaba el Papa Francisco en la Lumen Fidei en el número 25, en la cultura contemporánea solo se considera como verdad la que es avalada por la ciencia y la técnica, es decir, la verdad tecnológica. Solo la verdad que el hombre construye y mide con su ciencia. Las demás verdades son del individuo por tanto, verdades subjetivas que sirven al sujeto pero no se pueden formular ni ofrecer al conjunto. Las grandes verdades objetivas han caído en un profundo descrédito y si se proponen se miran bajo sospecha porque esa pretensión de grandes verdades han alimentado en el siglo XX los grandes totalitarismo que tanto daño han hecho a la humanidad. Así encontramos una cultura desconfiada y recelosa que no acepta nada que venga del exterior y mucho menos de la dimensión sobrenatural. Pero esta ausencia de grandes verdades lleva a la persona al relativismo mas absoluto que según la fuerza de las tendencias y las modas culturales bambolea a la sociedad arrastrando las vidas de muchos sin norte ni orientación, confundiendo y desencantando porque lo que hoy vale mañana ya no, lo que hoy se critica mañana es bueno. Un caos.


En medio de este maremagnun navega la navacilla de la Iglesia, como gustaba llamarla a S. Juan de Ávila. La navecilla que no está al margen de estas corrientes que afectan a no pocos de sus navegantes. Pero nuestra brújula marca al norte. Nuestro norte y destino se llama Jesucristo porque El es el camino, la verdad y la vida. La Santísima Virgen navega con nosotros y nos enseña en este cuarto día de novena dos virtudes fundamentales que destacan en ella extraordinariamente: La Fe y la Obediencia a Dios. Hemos dicho que la causa del subjetivismo y del relativismo parte de la desconfianza del hombre en las verdades absolutas. En la Virgen María encontramos la primera base y cimiento que es la confianza que tiene en Dios. María confía y se fía de Dios plenamente. A ese grito de Jesús a los escribas: ¡Creedme! Como diciendo fiaros de mí que no os engaño que soy legal que soy de fiar. María responde con las bellas palabras del día de la Encarnación de nuestro Señor: Hágase en mí según tu palabra. María responde con las bellas palabras de aquella jornada de Boda en Caná de Galilea en la que insta a los criados diciendo: Haced lo que El os diga. La Virgen María se fía de Dios, se fía de sus planes, se fía de su palabra, se fía porque sabe que en Dios no hay engaño ni mentira porque esto es incompatible con Dios. De la Fe, de la confianza mas absoluta brota rápidamente la obediencia, porque no hay obediencia sin fe. La etimología de la palabra obediencia (ob-audire) nos muestra cómo es la Virgen María: la que escucha con gusto, con libertad, y con el mismo gusto y libertad cumple, hace, realiza exactamente aquello que escucha. “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Es el fiat de María, el hágase de María, la síntesis de su obediencia. Una obediencia que adorna la vida de la Santísima Virgen pero que trae mucho beneficio para todos. Así nos lo recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica y el concilio Vaticano II en la constitución dogmática Lumen Gentium, cuando hablan de la desobediencia de Eva y de la obediencia de María haciendo referencia a la predicación de los santos padres de la Iglesia. Si por la desobediencia de Eva nos vino la ruina y el nudo que nos ata al pecado, ahora por la obediencia de la Virgen María nos ha venido la salvación y la gracia en Jesucristo y se ha deshecho el nudo que nos ataba al pecado y la muerte. María obediente a Dios, desacredita a Eva desobiente de Dios y con el sí obediente de la Virgen María comienza una nueva etapa, una época definitiva como definitva es la salvación que nos trae Jesucristo.


Por tanto, la Virgen María nos enseña como Madre a confiarnos en Dios sin miedos ni dudas, a vivir la fe de una forma comprometida y derivada a una obediencia razonable, razonada e inteligente porque sabemos muy bien de quien nos hemos fiado. Quiero terminar con las misma palabras de petición de este cuarto día de novena: “Virgen de la Paz, modelo de obediencia a Dios por tu fe inquebrantable. Intercede por nosotros a tu Hijo Jesucristo, para que a igual que pidieron los apóstoles: Señor auméntanos la fe, cada día crezcamos en esta preciosa virtud por la gracia inestimable de la oración, los sacramentos y la caridad” (NVP pag.35)


NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ 28 DE ENERO QUINTO DÍA DE NOVENA LA VIRGEN MARÍA MADRE DE DIOS “El que cumple la voluntad de Dios” (Mc 3,35) Con estas palabras rotundas y contudentes, Jesucristo afirma cómo debe ser el díscipulo, el creyente, movido sólo por la Fe y la Obediencia a Dios: El que cumple la voluntad de Dios.... Precisamente ayer reflexionábamos en el cuarto día de novena sobre María como ejemplo de fe y obediencia porque nadie como la Santísima Virgen ha entendido mejor las palabras de su Divino Hijo. María es la encarnación del Sí a Dios siempre y en todo lugar. En ocasiones ese Si es fácil porque se muestra clara y diáfana la voluntad de Dios. En otras ocasiones el Sí de María lo hace desde lo prufndo de su corazón movido por la fe y la obediencia aunque la claridad de la razón se torne oscura porque una espada de dolor atraviesa ese corazón materno. La Virgen María no pierde la compostura ni en los momentos de gozo donde se siente esclava, pequeña y humilde, ni en los momentos de dolor donde se muestra confiada, obediente y esperanzada. La Virgen María sabe que toda la fuerza, toda su fuerza reside en Dios, su Salvador y que estando muy unida a él nunca se verán sus espectativas defraudadas. Jesús, ha hecho hoy en el evangelio de San Marcos un magnífico elogio a su Madre, un reconocimiento público pero con la misma sencillez y humildad que caracteriza a la Virgen María, sin dejar de ser el protagonista Dios: “El que cumple la voluntad de Dios ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”. Así es la Virgen María, la madre de Jesús como la llama el evangelio: “tu madre...” la que le dio carne y sangre, la que le dio al mismísimo Dios un corazón de carne, la que lo nutrió en su seno con su propia vida, la que lo parió en un establo en la noche de Belén porque no había sitio en la posada para ellos. La que lo lavó, lo envolvió en pañales y lo apretó contra su pecho para darle el calor que el mundo le negó desde su nacimiento. La que lo amamantó con su leche para calmar su hambre, porque también de pan vive el hombre. La que lo presentó orgullosa a los magos de oriente como el fruto bendito de su vientre. La que lo presentó en el templo, en la casa de su Padre para que todo el pueblo supiese que había nacido el que es y será luz para todos los pueblos. La que lo arrulló en sus sueños para alejarlo de la pesadilla de la persecución a muerte de un rey loco y ciego por el poder.


En definitivia, la madre de Jesús, Palabra hecha carne, Dios hecho hombre, pero niño blanco e inocente como el pan de la Eucaristía. Madre feliz como todas la madres que reciben a sus hijos con amor y con esperanza. Con el paso del tiempo María fue descubriendo que aquel niño que parió era muy especial porque se decían cosas de El que a ella le sobrepasaban. El evangelio nos dice que María lo guardaba todo en su corazón. La forma de hablar de su Hijo, el día que se perdió en el templo entre doctores de la ley y los dejó admirados por su sabiduria, impropia de un niño de 12 años. La Virgen María fue entendiendo las palabras del ángel que le dijo que el Hijo que ella esperaba era obra de Dios y su forma de concebir al Hijo por intervenciòn del Santo Espíritu, Señor y dador de vida. La Virgen María fue entendiendo el significado del nombre que Dios puso al niño: “le pondrás por nombre Jesús porque el salvará a su pueblo”. La Virgen María fue entendiendo poco a poco que además de ser la Madre del hombre Jesús era también la Madre de Dios Jesús, de Dios Hijo, de Dios Salvador. Así nos lo decía el Catecismo de la Iglesia Católica en este quiento día de novena: “Aquel que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad” (CIC 495) Qué claro lo tenía la Virgen María, qué asumida su autoridad como Madre de Dios sin dejar de ser pobre y humilde cuando en las bodas de Caná intercede como Madre ante el Hijo y ante los criados.: Al Hijo que es el salvador de la situación: “No les queda vino...” A los criados que son los cooperadores: “Haced lo que El os diga” Qué seguridad y confianza en que el Hijo no la iba abandonar en su petición que no era para ella. Su Hijo lo podía hacer porque ese niño de Belen, ese joven de Nazaret, ese hombre ya en Caná es también Dios y como dijo el ángel a María: “Para Dios nada hay imposible”. Nos dice el Apóstol San Juan que así, en Caná de Galilea el Señor hizo su primer signo y creció la fe de sus discípulos. Por estos razonamientos la Iglesia confiesa que María es la Madre de Dios y lo hizo solemnemente como dogma de fe definitivo en el Concilio de Éfeso, en el año 431, porque el patriarca de Constantinopla, la actual Estambul en Turquía, que se llamaba Nestorio negaba públicamente que la Virgen María fuese la Madre de Dios.


La Iglesia le respondió de forma definitiva definiendo que la Virgen María es Madre de Dios, Madre de Jesús que es hombre y Dios verdadero. Mientras que los padres conciliares estaban reunidos en Efeso hablando sobre el tema, el pueblo de Dios, la Iglesia rezaba con antorchas encendidas respondiendo también a Nestorio. La oración que hicieron para dejar clara la fe del pueblo la seguimos rezando hasta nuestros días porque es muy conocida. Decía y dice así: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. De esta forma, el pueblo, la gente, definió el dogma antes que los mismos padres conciliares. Estaba claro para todos que Santa María, es la Madre de Dios, y que es intercesora nuestra. Os invito a que terminemos juntos esta reflexión orando como los cristianos de Efeso, confesando con nuestros labios y corazón que confiamos en María la Madre de Dios porque ella siempre está atenta y vigilante, como buena Madre, machacona ante el Padre con su oración porque también nosotros somos sus hijos. Digamos juntos: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Que así sea.


NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ 29 DE ENERO DÍA SEXTO DE NOVENA LA VIRGEN DE LA PAZ, SIEMPRE VIRGEN “Escuchan la palabra, la aceptan y dan cosecha” (Mc 4,20) La Palabra de Dios semilla que contiene vida etarna. La Palabra de Dios que sale de la mente de Dios, de la boca de Dios, del corazón de Dios hacia nosotros para iluminar nuestra realidad, para dar sentido a nuestra vida, para marcarnos el camino y el norte. La Palabra de Dios que es una palabra de perdón, de misericordia, de amor. La Palabra de Dios que es tajante como espada de doble filo. La Palabra de Dios que es lámpara que alumbra nuestros pasos. La Palabra de Dios que salva, “una palabra tuya bastará para sanarme”. Jesucristo se identifica con el sembrador que sale a sembrar el campo con amor y esperanza en la semilla esparcida. Esa semilla es la Palabra de Dios y el sembrador es la Palabra hecha carne. ¡Bendito sembrador y bendita palabra! Porque nos ha revelado tantos misterios ocultos y esa revelación de Dios, es decir, ese darnos a conocer su intimidad nos ha hecho mejores conocedores de Dios. Aquello que se conoce puede empezar a amarse, aquello que se deja traslucir toma fuerza en nuestra vida. Jesucristo es la Palabra de Dios y por tanto y tal como nos dice el Concilio Vaticano II en la constitución sobre la Palabra de Dios, Dei Verbum, todo lo que tenía que comunicar Dios al mundo lo ha hecho en su Hijo Jesucristo, no debiendo esperar ya ninguna revelación porque la revelación está acabada y concluida. El Hijo hecho hombre nos ha revelado quién es Dios. Y por eso como Iglesia, como creyentes, lo confesamos con toda seguridad en el Credo: Un sólo Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tres personas distintas pero un solo Dios verdadero. Y afirmamos con toda seguridad que Jesucrsito es la segunda persona de la Santísima Trinidad y que es a la vez Dios verdadero y Hombre verdadero. Una sóla persona y dos naturalezas: divina y humana. Esta claridad en un solo Dios y a la vez trino, es decir, la Santísima Trinidad es gracias a Jesucristo que con toda naturalidad nos enseña a llamar a Dios Abba, ¡Padre! Nos revela que El es el Hijo amado del Padre. Lo hace en el día de su bautismo, en el día de su transfiguración: “Este es mi Hijo amado, mi predilecto, escuchadle” Nos revela que no nos va a dejar solos porque nos enviará un defensor, un abogado,


un paráclito que es el Espiritu Santo y que se derrama en la Iglesia el día de Pentecostés: ¡Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles! Nos revela que la voluntad del Padre es que no se pierda ni uno sólo y que si hay tan sólo una oveja perdida, ahí está el pastor diligente para ir a buscarla y traerla sobre sus hombros. Nos revela que él ha venido para los pecadores mas que para los justos. Nos revela que no hay pecado que no se pueda perdonar, excepto si la persona desde su propia libertad no quiere salvarse porque Dios no impone al hombre ni tan siquiera algo tan bueno como la salvación. Nos revela que Dios es amigo, tan amigo que está dispuesto a dar su vida por nosotros si hace falta para pagar, en nuestro nombre, las deudas contraídas. Nos revela algo tan sorprendente y gozoso como que el enemigo núnero uno de la humanidad ha sido vencido: ¡La muerte! Su resurrección ya anuncia nuestra propia resurrección... Y todo porque PARA DIOS NADA HAY IMPOSIBLE. Qué bien entendió y vivió la Virgen María esta verdad manifiesta. Ella pudo experimentar en su vida muchas veces que para Dios nada había imposible. La primera experiencia de esta realidad fue la encarnación de su Hijo. ¿Cómo iba María a ser madre si no conocía varón?. Es la pregunta de la lógica humana. Es la pregunta de la ciencia, es la pregunta de la razón que no entiende nada más que de argumentos y pruebas a la medida del hombre. Y ciertamente, sólo a la medida del hombre, porque para el hombre hay muchas cosas imposibles. Decía nuestra novena en este sexto día: “El género humano en su soberbia cree que todo lo que no pueda el hombre no lo puede hacer nadie”. Como nos dice el Papa Francisco en Lumen Fidei parece que la única verdad posible es la tecnológica y científica. María descubre que hay muchas mas verdades y ninguna tan poderosa y segura como la divina porque Dios es la única verdad ilimitada y al ser verdad no puede engañarse ni engañar. El ángel resuelve la duda: “La sombra del Altísimo te cubrirá y concebirás y darás a luz un hijo”. Por eso, como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica: “Desde las primeras formulaciones de fe, la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, sin elemento humano, por obra del Espíritu Santo” (CIC 497)


Fue el Papa Paulo IV en la constitución “Cum quorumdam” quien definio dogmaticamente y de forma definitiva que María es siempre virgen: antes, durante, y después del parto. ¿Porqué y para que? Porque para Dios nada hay imposible. Para que quede claro que Jesucristo es Hijo de Dios, no obra humana. Para que asi también se cumplan las antiguas escrituras en boca de Isaías: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo” La Palabra de Dios por boca del ángel cayó en la tierra buena de María. Ella escuchó, creyó, aceptó libremente. El Espíritu Santo dio vida a las entrañas de María. Y la tierra de la Virgen dio la mejor espiga que nunca se ha visto, ni ha madurado en nuestra tierra porque es salvación y alimento para todos. Bendita tu siempre Virgen María, bendito el fruto de tu vientre, Jesús. Amén. Que así sea.


NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ 30 DE ENERO DIA SÉPTIMO DE NOVENA LA VIRGEN MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA “La medida que uséis la usarán con vosotros” (Mc 4,24) ¿Cuál es la medida de Cristo, hermanos? La medida de Cristo es un amor sin medida. La Virgen María usa la misma medida de Dios porque Ella es la esclava del Señor, la sierva del Señor. Su vida es fe y obediencia, por tanto, la Santísima Virgen imita al Hijo llegando a la Santidad más perfecta. Qué gran consuelo para el pueblo cristiano, para la Iglesia, para los devotos de la Virgen María saber que Ella nos mira con amor de Madre. Saber que en su corazón estamos todos acogidos y recogidos en el calor de su amor. María Madre de Dios y Madre de la Iglesia que nos cubre y protege con su manto. Fue el Papa Pablo VI quien proclama a la Virgen María Madre de la Iglesia en la clausura de la tercera etapa conciliar, el 21 de noviembre de 1964. El Papa proclamó solemnemente ante los padres conciliares y para toda la Iglesia universal a María Madre de la Iglesia con estas palabras: “ Para gloria de la Virgen y consuelo nuestro. Nos, proclamamos a María Santísima, Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el Pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa y queremos que de ahora en adelante, sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título” Las definiciones son reconocimientos de lo que ya se vive y se siente en el Pueblo de Dios. Recordáis en el quinto día de novena cuando hablábamos de la Virgen como Madre de Dios, os decía que antes que el Concilio de Efeso proclamase a María como Madre de Dios ya el pueblo lo rezaba y lo gritaba en la calle: ¡Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros....! El Papa Pablo VI no hace otra cosa que reconocer el sentir de la Iglesia, fieles y pastores. María por ser Madre de Jesucristo, Dios y hombre verdadero, queda esa maternidad unida también a su Cuerpo Místico que es la Iglesia, y por eso somos hijos de la Virgen María en orden a la gracia. Sentimos y experimentamos a la Madre de Dios como Madre nuestra porque nosotros somos los miembros vivos del Cuerpo de Cristo, su Hijo.


El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que el papel de la Virgen María es inseparable de su unión con Cristo: “ Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manfiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte. Se manifiesta particularmente en la hora de la pasión: Jesucristo agonizando en la cruz, la dio como madre al discípulo amado con estas palabras: Mujer, ahí tienes a tu hijo.” (CIC 964) El cordon umbilical que une para siempre y eternamente a la Madre y al Hijo es el amor, ese amor sin medida que Dios derrama copiosamente sobre la humanidad. María, Madre del amor mas hermoso, Madre amorosa que nos hace experimentar el amor de Dios a través de su corazón materno. Así, hermanos, nos acercamos siempre a la Virgen con la confianza de hijos, en nuestras alegrías, en nuestras penas, en la salud, en la enfermedad, en ventura o desventura. Siempre suspiramos y en nuestro pensamiento y palabra sólo hay un nombre: ¡María! Los gozos de la Virgen de la Paz que cada noche rezamos así expresan nuestra confianza en la Madre: Los pobres necesitados, los enfermos afligidos, Sordos, ciegos y tullidos, Y muchos mas son librados, por tí nuestra madre amada. Vuestra estampa en todo instante como tenemos probado, es escudo del soldado, y puerto del naufragante, y el cansado caminante tambien halla en tí posada. O en nuestro himno: Atiende las oraciones, Madre en tí confiamos, llévalas hasta tu Hijo, la paz en él alcanzamos. O en la Salve: a tí suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.... y después de este destierro muéstranos a Jesus, fruto bendito de tu vientre. O en una de las oraciones más antiguas de la Iglesia: Bajo tu amparo nos acogemos santa Madre de Dios, no desheches la súplicas que te dirigimos... Y en tantas oraciones, cantos, himnos, plegarias, súplicas, que el pueblo fiel ha ido componiendo a la Santísima Virgen, Madre y protectora de la Iglesia.


En todas ellas hay un sustrato de enorme confianza en la Madre, enorme amor filial, enorme amparo y admiración a la que se dejó amar por Dios y con su bendito manto envuelve a todos sus hijos. Quiero terminar con la misma petición que hacíamos en este séptimo día de novena: “Virgen de la Paz, Madre de Dios y nuestra, vela por nosotros en esta peregrinación hacia la casa del Padre, para que seamos dignos de alcanzar y gozar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.” Que así sea.


NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ 31 DE ENERO DIA OCTAVO DE NOVENA LA VIRGEN MARÍA, ASUNTA AL CIELO EN CUERPO Y ALMA

Queridos hermanos: En el octavo día de novena vamos a reflexionar sobre el dogma mariano de la Asunción de la Virgen María al cielo en cuerpo y alma. Fue declarado solemnemente por el Papa Pío XII en la definición dogmática Munificentíssimus Deus el 1 de noviembre del año 1950. El título de esta encíclica nos habla ya del origen de la asunción de María: “el Dios más generoso...” Un privilegio que brota del amor misericordioso de Dios hacia sus criaturas y de todas ellas la más excelente es la Santisima Virgen María. Dice el Papa Pío XII en el número 5 de esta encíclica que Dios ha querido que la Virgen María venciera por completo al pecado por su Inmaculada Concepción y como resultado de esto no tuvo que que esperar hasta el final de los tiempos para la redención de su cuerpo, ni tuvo que conocer la corrupción del sepulcro. En el evangelio de Marcos proclamado, en la parábola de la semilla, nos decía el Señor que cuando el grano está maduro se mete la hoz y se siega. La Virgen María es la espiga madura de nuestra Iglesia, es el grano fecundo que cae en tierra buena, es el grano maduro que da el ciento por uno. La que ha sido adornada por Dios con todas las gracias y virtudes ahora es llevada al cielo en cuerpo y alma porque este es el destino de la humanidad ganado en la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. En la Virgen María vemos el cumplimiento de la promesa que nos hace Jesucristo en el evangelio: Volveré y os llevaré para que donde estoy yo estéis también vosotros. En María ya se ha cumplido y ella ya está plenamente con su Dios y Salvador. Lo que definió el Papa Pío XII no sólo es el magisterio solemne de la Iglesia sino que recoge el sentir del pueblo de Dios. En el año 1946, el papa escribía a todos los obispos del mundo preguntándoles sobre el tema y pidiéndoles que consultaran al pueblo de Dios si se deseaba que se definiese como dogma de fe la Asunción de la Virgen María. La respuesta fue casi unánime en el episcopado y en gran número de teológos que entusiasmados comenzaron a trabajar sobre el tema y a justificarlo teológicamente. Hubo que esperar muy poco tiempo para que en la festividad de todos los santos se declarara asunta al cielo a las mas santa y pura, reina de todos los santos.


Aquí ocurrió como el episodio del concilio de Éfeso donde se declaró el dogma de la maternidad divina de la Virgen María. Antes de que el Papa Pío XII definiese el dogma de la Asunción de la Virgen, el pueblo de Dios ya lo tenía claro y en muchos lugares la devoción a la Virgen María Asunta al cielo estaba presente. No tenemos que irnos muy lejos porque aquí en España tenemos una tradición muy popular ya arraigada. Me refiero a la localidad alicantina de Elche donde cada 15 de agosto representan un auto sobre la Asunción de la Virgen María al cielo. Una tradición que tiene su origen en el año 1370 cuando llegó a la costa alicantina una caja de madera que contenía una imagen de la Virgen María en su Asunción y el texto de la obra que representan desde entonces todos los años en la Basílica de Santa María. Pero el más elocuente en este tema es San Juan Damasceno. Sacerdote de Jerusalén que nacio en Damasco, capital de Siría, en la segunda mitad del siglo VII. El ya escribió sobre la Asunción de la Virgen explicando los motivos de este privilegio de la Santísima Virgen. Su doctrina la recoge el Papa Pío XII en su constitución apostólica. Dice S. Juan Damasceno: Era conveniente que ella, que había mantenido intacta su virginidad durante el parto, debe mantener su propio cuerpo libre de toda corrupción, incluso después de la muerte. Era conveniente que ella, que había llevado al Creador como un niño en su seno, debe morar en los tabernáculos divinos. Fue conveniente que el cónyuge, a quien el Padre había tomado para sí, debe vivir en las mansiones divinas. Porque convenía que ella, que había visto a su Hijo en la cruz, y que por lo tanto había recibido en su corazón la espada de dolor que se había evitado en el acto de dar a luz, debía ahora sentarse con él como él se sienta con el Padre. Era conveniente que la Madre de Dios debe poseer lo que pertenece a su Hijo, y que ella debe ser honrada por toda criatura como la Madre y, como la sierva de Dios ". Todos los argumentos que dan los escritores de la antigüedad y los teológos giran en torno a dos dogmas de fe: María Madre de Dios y María Inmaculada. La que no conoció el pecado tampoco podía conocer la consecuencia más dramática del pecado que es la muerte. Por eso, incluso en oriente se habla de la dormición de la


Virgen María para evitar el concepto de muerte. La que no conocio la corrupción del pecado no podía conocer la corrupción del cuerpo, la corrupción del sepulcro como dice el prefacio de la Misa de la Asunción de la Virgen María. El otro argumento es desde la maternidad de María como Madre de Dios. Si María queda asociada a la redención desde la misma concepción virginal del Hijo, en la Virgen María se da, como primicia y privilegio, la plena redención no sólo del alma sino también del cuerpo y por eso María es asunta en cuerpo y alma al cielo como primicia del género humano sin tener que esperar hasta el final de los tiempos. La Asunción de la Santísima Virgen es un gozoso adelanto de lo que estamos llamados a ser todos los redimidos por la sangre de Cristo. Demos gracias a Dios por tan grande amor y misericordia con nosotros y por este dogma de Fe que nos llena de esperanza presente y futura. Que así sea.


NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ DÍA 1 DE FEBRERO DÍA NOVENO Y ÚLTIMO LA VIRGEN MARÍA, IMAGEN DE LA IGLESIA

Queridos hermanos: Concluimos la novena a la Santísmia Virgen de la Paz en el marco celebrativo del año de las vocaciones cristianas en nuestra diócesis de Jaén. De la mano de la Virgen de la Paz hemos aprendido con exactitud a concretar el lema de nuestra parroquia: “Abiertos a la llamada de Dios”. Cada día de novena, en la escuela de la Virgen María, nuestra Madre y maestra nos ha enseñado con palabras y obras cómo se responde a Dios desde la escucha, desde la fe, desde la obediencia porque hay una base imprescindible que es el amor. María, elegida y predestinada por Dios no defrauda a Dios en sus espectativas. Hemos podido comprobar la inmensa generosidad de Dios que adorna a María con virtudes excepcionales y privilegios que la Iglesia ha ido definiendo como dogmas de fe a lo largo de la historia. Definiciones que no son verticales, es decir, el legítimo magisterio define para el Pueblo de Dios, sino que son definiciones que recogen el sentir del Pueblo de Dios que ya las proclama incluso antes de ser definidas: Que María es la Madre de Dios. Que María es Inmaculada Concepción. Que Maria siempre es Virgen, antes, durante y después del parto. Que María es Asunta al cielo en cuerpo y alma. Y esta unión tan íntima con Dios que asocia a la Virgen María para siempre a la obra de su Hijo que es la Redención del mundo, la salvación del género humano, nos une a ella tan profundamente que pastores y fieles podemos llamarla con toda seguridad Madre de la Iglesia como definía solemnemente el Papa Pablo VI en el concilio Vaticano II. La mirada de los hijos en el corazón de la Madre de Dios y Madre nuestra llena nuestro corazón de paz, nuestro interior de confianza, nuestros temores de seguridad. Como rezamos en la salve, “gimiendo y llorando en este valle de lágrimas....” podemos suspirar poniendo en nuestros labios su nombre: ¡María! Y en ese momento los valles se tornan en collados y los gemidos y llantos en alegría y algazara. No en vano nuestro pueblo de Baeza le puso este bello nombre a la imagen de la Virgen que preside este sencillo altar preparado con amor por sus hijos, Virgen de la Paz, que se venera desde hace muchos años en esta parroquia de El Salvador. Virgen de la Paz en su doble sentido. Porque porta la paz en sus brazos, el Hijo de


Dios entregado, como reza nuestro recién estrenado himno. Jesucristo es la encarnación de la paz, es el príncipe de la Paz y donde no está él presente no puede haber paz verdadera. El segundo sentido del título de la Virgen es por la paz que nos reporta, esa paz que nos da tan singular intercesora ante Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo como es la Virgen María. Cada día de novena lo rezamos en los gozos de la Santísima Virgen: Pues fuiste en paz engendrada para nuestra medianera, dadnos la paz verdadera, Virgen de la Paz sagrada. Días hermosos y profundos llegando al misterio de Dios y participando de la mesa de la redención invitados por María. Novena que celebramos cada año en este frío e incomódo mes de enero que suplementamos por el amor que le tenemos a la Virgen y los deseos de unos días mas intensos de espiritualidad. En el noveno día nos despedimos con este título: La Virgen María, imagen de la Iglesia. El catecismo de la Iglesia católica centra esta cuestión: “La Madre de Jesús, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a plenitud en el siglo futuro”. Comienzo y fin de la Iglesia. Por eso es imagen de la Iglesia. Porque en María vemos realizada toda la obra de la salvación de Dios de principio a fin. Ella es el adelanto de la humanidad redimida, en Ella nos podemos ver reflejados cada uno de nosotros, podemos descubrir y se nos revela lo que Dios tiene preparado y cuál es su voluntad para nosotros. Comienzo de la Iglesia. Porque ella es la primera vocacionada, la primera elegida por Dios desde siempre (predestinada). Llamada a una vocación singular, ser la Madre de Dios, Madre de Jesucristo fundador y cimiento de la Iglesia. Primera discípula del Maestro porque María está asociada a la obra de la redención en su Hijo y además estaba al pie de la cruz cuando Cristo nos la entrega como Madre de la Iglesia en la persona del discípulo Juan. Comienzo de la Iglesia porque María estaba el día de Pentecostés presidiendo el colegio apostólico cuando el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, se derrama sobre la Iglesia naciente, fundada por el Hijo para que tenga vida y se extienda por todo el mundo. La Virgen María es imagen del fin y meta de la Iglesia. Porque Ella, por la gracia de Dios, por su infinito amor la ha preservado del pecado original y personal no permitiendo tampoco que conociese la corrupción del sepulcro, por eso ya está en


cuerpo y alma en el cielo junto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como intercesora nuestra y adoradora perpetua de la Santísima Trinidad. La Virgen María ya ha llegado a la meta y allí, en las moradas eternas nos espera. La Iglesia peregrina de Dios se encamina hacia la mesa del Reino. Nosotros estamos en tránsito, en un éxodo que nos llevará hasta la tierra prometida si somos fieles y nos mantenemos firmes en la fe, en la esperanza y en la caridad, en la comunión de la Iglesia y con los hermanos. La que ya ha pasado por la tierra, la que ya ha vivido lo que nosotros vivimos ahora, la que ya ha cruzado los umbrales de la eternidad y vive junto a Dios, nos anima con su vida, con su ejemplo, con sus palabras y con su intercesión amorosa. Por eso dice el catecismo que Maria es la imagen, el comienzo y el final al que está llamada la Iglesia. Todo un canto a la esperanza, hermanos, esta última reflexión de nuestra novena a la Virgen de la Paz. Cómo ensancha el alma y los horizontes saber que no estamos solos en este caminar hacia la casa del Padre. Cómo ensancha el alma y los horizontes saber cuál es el final de la historia de la humanidad. Especialmente cuando la noche del dolor o del sufrimiento nos envuelva, no olvidemos estas lecciones magistrales de la Madre de Fe. Cuánta esperanza no sólo para la vida sino también en el momento de la muerte, saber el destino de nuestra alma inmortal y el futuro incluso de nuestro cuerpo que será transformado a semejanza del cuerpo rusucitado de Jesucristo. Demos hermanos deovotos de María gracias infinitas a Dios, por haber dispuesto de una forma tan sabia, tan cercana, tan materna, tan necesaria, una amiga, una madre, una guía en nuestro peregrinar. ¡Gracias Señor por Maria! ¡Virgen de la Paz, Madre de Dios y Madre nuestra! Atiende nuestras oraciones, Madre en tí confiamos, llévalas hasta tu Hijo. Que la Palabra de Dios escuchada en esta novena, las reflexiones compartidas sobre tu vida, y el Pan de la Eucaristía partido y entregado cada día den en nosotros abundante cosecha para nuestro bien, al servicio de nuestra Iglesia y de nuestro mundo. Madre de la Paz toca los corazones de tus hijos para que surjan vocaciones consagradas y sacerdotales en nuestra comunidad parroquial y cuida Madre a los que ya están en camino. Te lo pedimos con plena confianza filial y por tu Hijo Jesucristo nuestro Señor.

Homilias novena virgen de la paz 2014