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DOMINGO I DE CUARESMA AÑO B PARROQUIA EL SALVADOR DE BAEZA D. MARIANO CABEZA PERALTA Queridos hermanos: Con la imposición de la ceniza dimos inicio al tiempo Cuaresmal. Vamos a imitar a Cristo Jesús que antes de comenzar su vida pública, sus tres intensos años de predicación y signos, quiso retirarse a un lugar seco, árido, inhóspito para el hombre, un monte cerca del oasis de Jericó, donde las condiciones de vida son extremas. Buscó la soledad, el aislamiento, no como huída, no como rechazo del mundo ni del hombre, no como refugio, sino para centrarse sólo en su Padre y la misión que le había sido encomendada. Los momentos que marcan la vida de una persona no se pueden improvisar, necesitan temple y tiempo. Ese tiempo que luego le faltaría en su vida pública por los continuos viajes, las jornadas prolongadas, la atención a todos los que le buscan. Y fue el Espíritu quien lo empujó al desierto cuaresmal. El Espíritu que es la vida, que nos guía y conduce, que sabe lo que es mejor para nosotros, que ilumina nuestros pasos vacilantes.


Ese mismo Espíritu de Cristo que vive en la Iglesia por voluntad del Padre y por envío del Hijo. Este mismo Espíritu es el que nos convoca y nos empuja a todos nosotros a vivir un año más el desierto cuaresmal. Pero el desierto suponía una prueba dura. El encuentro cuerpo a cuerpo con Satanás. Una presencia real, desagradable, molesta, porque crea duda, lucha, tensión. Se puede disfrazar de lo que quiera, pueda adoptar incluso apariencias nobles pero es muy fácil de reconocer: quiere apartarte del amor de Dios y de la misión a la que El te ha destinado. Lo intentó hasta con el mismísimo Jesucristo, para que veáis que no se guarda de nada ni de nadie. Nos lo decía el Evangelio de San Marcos: “Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás”. Ninguno de nosotros estamos libres por eso tenemos que estar alerta, vigilantes y expectantes. ¿A quién tentará más entre nosotros? Al que más quiera vivir su compromiso cristiano con fidelidad e integridad. Es lógico. Si pretende apartarnos de Dios introduciéndose por los resquicios de nuestras debilidades y pecados, con el que no lucha, o ya abandonó su fe tiene la batalla ganada. El objetivo apetitoso será el que se mantiene en pie avanzando en su vida espiritual. Con Jesús no pudo hacer nada. Vemos como terminando la travesía cuaresmal va a cumplir su misión: Anunciar el Reino de Dios, a pedir la conversión del corazón a ese Reino: “Esta cerca el Reino de Dios, convertíos y creed en el Evangelio” Su misión la llevó hasta el extremo como nos contaba la Primera Carta de Pedro: “Cristo murió por los pecados, el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios”


Cristo es ese arco iris de luz y color que pone en paz todas las cosas, que vuelve a marcar el camino hacia el Padre, que nos conduce en el arca de la nueva alianza que es la Iglesia por las aguas del bautismo hasta la casa del Padre Dios para celebrar fiesta eterna. Cristo venció en su batalla, ahora él está con nosotros, tenemos su santo Espíritu, contamos con su Palabra viva, con su Cuerpo que nos alimenta, con la Iglesia-Comunidad. Pero el camino cuaresmal lo debemos recorrer cada uno de nosotros, aprovechando estas cinco semanas hasta la Semana Santa en la línea que nos pide el Papa Benedicto XVI y que nos recordaba el Obispo Ramón en su carta pastoral, confiando en Jesucristo, viviendo las virtudes teologales de la fe, esperanza y caridad, participando en los actos litúrgicos y en la oración de la comunidad cristiana, preocupándonos por la atención del otro, buscando la santidad personal. Un buen programa de cuaresma que ofrecemos en la Eucaristía de este primer domingo y durante toda esta semana, que ponemos bajo la intercesión de la Virgen María y que comenzamos a vivir intensamente desde hoy. Que así sea.

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA  

HOMILIA CON MOTIVO DEL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

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