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De la revista Abril de 2008

“PARENTESIS contemplará muy oportunamente una necesidad que ya era una flagrante carencia en nuestro medio universitario”: Estas palabras de Lisa Block de Behar, en oportunidad del saludo de bienvenida a nuestro emprendimiento editorial, constituyen un generoso estímulo para intentar cubrir ese vacío, o al menos para responsabilizarnos de hacerlo menos vertiginoso. Parte medular del material publicado en PARÉNTESIS fue seleccionado en base a una convocatoria realizada en el ámbito académico y universitario para la presentación de trabajos de diversa índole: ensayos, investigaciones científicas, crítica, poesía, pintura. En este sentido, mensualmente se recibirá el material de investigadores, docentes y estudiantes que pretendan difundir su obra (aunque no es imprescindible para publicar la condición de egresado o universitario, sí lo es la calidad de los trabajos postulantes). PARÉNTESIS deja constancia que los autores de cada texto son responsables de las opiniones vertidas y que lo publicado no genera obligaciones de ningún concepto (propiedad intelectual, derechos de autor o impedimentos contractuales para su publicación) con el grupo editor.

es una edición de Proyecto RAÍCES (Grupo de Arte y Comunicación federado a IDES y con carta de membresía en ICAE).

Presentación de trabajos: publicacionparentesis@gmail.com Participan por orden alfabético, entre colaboradores, divulgadores y elenco estable: Alonso, Laura Bernardo, Horacio Castro, Diego Furtado, Felipe Hernández Sanjorge, Gonzalo Hosky Infantozzi, Carina Morena, Alejandro Morena, Daniel Olivera, Miguel Ángel Sánchez, Norma Riera de Muro, Roberto Vico, Andrés

Índice de avances Alberto Nin Frías, o el mirlo blanco. Por Diego Castro...................................................................................2 La paradoja del cronopio. Por Carina Infantozzi...........................................................................................5 Un misionero en Solymar. Por Alejandro Morena...........................................................................................7 Catálogo de libros desleídos........................................................................................................................9 Cuentos y relatos..........................................................................................................................................10 Poesía..........................................................................................................................................................12 Ilustración de tapa por Norma Sánchez. Divina Comedia: antepurgatorio. Ilustraciones interiores: Andrés Vico

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ALBERTO NIN FRÍAS, O Por Diego Castro Licenciado en Ciencias de la Comunicación “Una voz reposada, grave y serena, de los que hablan y cantan palabras y cantos dignos de atención” Miguel de Unamuno, en referencia a Nin Frías.

Si tuviera que presentar a Nin, diría lo que Rodó en la introducción a “El Cristianismo desde el punto de vista intelectual”(1). No por tener los elementos para suscribir las palabras de Rodó sino porque se me ocurre que Nin Frías hubiera querido que lo recordasen así: “Alberto Nin Frías es uno de los pocos orientales con quien se puede mantener una conversación que dure más de diez minutos sobre puntos de filosofía, de literatura o de arte. Me explicaré, para que no se atribuya a mis palabras un sentido que no tienen. No significa esto negar que existan, y hasta abunden, entre nosotros, en relación con lo limitado del ambiente, los espíritus capaces de conversar con conocimiento, discreción y gracia, sobre esos o parecidos temas. Lo que falta es la persistencia del interés. Si se inicia una conversación con un espíritu criollo, por culto que sea, sobre cuestiones de tal índole, al breve rato la inevitable tangente elude el círculo de la conversación con esta fuga desconcertante: “- Y a propósito: ¿qué ha oído UD. decir de Mariano Saravia ?...” o bien: “- ¿Quién se llevará la senaturía del departamento Tal?” “¿Qué harán los blancos en Noviembre?” etc. etc. Alberto Nin Frías habla poco de Mariano Saravia y de lo que harán los blancos en Noviembre, y en cambio habla mucho, y muy bien, de libros nuevos, de ideas literarias, filosóficas y religiosas, de obras artísticas, de recuerdos de viaje, y de otras cosas de que no suele hablarse en los fogones de los campamentos ni en las tertulias de los clubs políticos”. Nin Frías: Un fervoroso impulsor del cristianismo, de un cristianismo de “templos con paredes desnudas”. Un filósofo, un helenista, más preocupado por la felicidad espiritual que por la de los sentidos. Admirador de Taine y posteriormente de Pater. Dice de Taine en una carta a Miguel de Unamuno “Mi gran maestro humano, Hipólito Taine… (2)”. Y, al igual que Taine, Nin Frías compartió dos pasiones paralelas: el amor hacia Atenas y la admiración de Inglaterra. Estudió y se aproximó a lo religioso en colegios ingleses (luego prosiguió el secundario en Suiza) y desarrolló una conciencia del arte y filosófica pro-helenística. Así lo propone Francisco Alberto Schinca en su libro Oriflamas, estableciendo que “Nin Frías ha dialogado con Platón, monologado con Taine y polemizado con Renán. Estos dos galos amables que fueron también griegos de adopción le han enseñado el secreto de pensar con serenidad aún en este nuestro mundo de tristezas y de removedoras agitaciones. El don de la elocuencia sincera que hubo en ellos lo ha heredado este nuevo discípulo de Academos”. Pese a que su nombre no es reconocido en la actualidad como una de las figuras importantes del modernismo, Alberto Nin Frías gozó de prestigio y admiración entre los intelectuales del período. Lo demuestra el profuso epistolario que mantuvo con destacados intelectuales hispanoamericanos; entre otros con José Enrique Rodó, Juana de Ibarbourou, María Eugenia Vaz Ferreira, Gabriela Mistral y Miguel de Unamuno. Influencia de Unamuno: cartas, halagos y protestas. El vínculo con Unamuno marcó a Nin Frías de manera especial en su preocupación religiosa; en su acercamiento al

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protestantismo y acaso en su alejamiento. Unamuno desplegó generosísimos elogios hacia Nin, provocando en el uruguayo una fuerte admiración. La influencia del filósofo español se constata en un pequeño libro: “13 cartas inéditas de Miguel de Unamuno a Alberto Nin Frías”, publicadas, prologadas y comentadas por el presbítero Badanelli, quien acompañó a Nin Frías en los últimos años de su vida. Relata Ardao (3): “Fue el escritor uruguayo, y aun sudamericano, a quien en cierto momento más distinguió Unamuno, en quien mayores esperanzas depositó como llamado a realizar por esas tierras una misión religiosa coincidente con la suya. Alberto Nin Frías pertenecía a un granado núcleo de juventud que protagonizó en Montevideo, en la primera década del siglo, el más importante movimiento intelectual llevado a cabo en cualquier época, en el país, por el protestantismo nativo. Animado por el célebre pastor Juan F. Thompson, veterano polemista del Club Universitario de los años setenta, se organizó este movimiento en la llamada “Liga de Cristianos para la Emancipación de América Latina del Yugo Papal”. (…) En noviembre de ese año Unamuno le consagra en “La Lectura”, de Madrid, un caluroso comentario. Su adhesión es muy expresiva, declarando francamente las razones religiosas de la misma. “Es -dice de Nin- entre los escritores de mañana, entre los que apuntan, uno de los más simpáticos y atractivo; para mí el más simpático acaso, por razones que expondré (…) Tiene Nin Frías la preocupación religiosa”. En el mismo artículo establece el cotejo con Rodó, tanto más inevitable cuanto que en sus ensayos incluía Nin Frías uno sobre Vida Nueva y otro sobre Ariel. Comparando a ambos autores escribe: “Y he aquí dos uruguayos movidos por altos y serenos ideales, más propenso a la concepción estética el uno, a la religión el otro”, para manifestar, desde luego, su inclinación a este último, es decir a Nin Frías, cuyas críticas a Ariel, del mismo sentido que las ya conocidas de Unamuno, éste subraya complacido. Tenían entonces, Unamuno 38 años, Rodó 31, Nin Frías 23. En una carta fechada el 15 de agosto de 1904, Unamuno escribe: “…Espero con verdadera ansiedad trabajos suyos, porque usted tiene para mí, en la literatura americana, el atractivo de un “merle blanc” (4), es usted un caso único, por su sentido religioso y cierta orientación espiritual que ahí falta de ordinario (…). A esta literatura americana le hace falta un soplo de honda seriedad y de preocupación por las grandes inquietudes íntimas de la conciencia. Del ordinario y tosco catolicismo a la española han pasado a un indiferentismo demoledor y esterilizante (…). Inútil decirle que su Nuevos Ensayos me ofrecerán ocasión de decir ciertas cosas apoyándome en las que usted diga. Usted es uno de los escritores que más me conviene examinar, porque usted me da pie como muy pocos para las reflexiones de que más gusto.” La indiferencia sobre los asuntos religiosos desveló a Nin, preocupación que no se escapó del diálogo que mantuvo con Unamuno en forma epistolar ni de los diferentes escritos que Nin Frías dedicó al tema. En 1906 vuelve a escribirle Unamuno: “Ahí solo en Montevideo tengo tres amigos de los de primera, de aquellos con quienes me gustaría conversar de largo, que son: don Juan Zorrilla de San Martín, don José Enrique Rodó y usted…. Con usted querría departir – a ver si llego a ir por esas tierras, que lo deseo – muy en especial sobre el cristianismo en esa América”. El protestantismo de Nin, con todo, empezaba a ser un punto de desacuerdo. En la misma carta le dice Unamuno: “Yo no sé por qué el protestantismo histórico no acaba de satisfacerme y me parece poco adecuado para los pueblos que llamamos latinos. Cierta estrechez de criterio y por mucho que quieran sacudirse de ello siempre conservan un supersticioso culto a la letra. Tal vez en el fondo sea el católico más racionalista por ser más pagano, que


EL MIRLO BLANCO el protestante que es más fideísta. Lo que creo se prepara es un cristianismo a secas, un cristianismo amplio y universal, igualmente elevado sobre catolicismo y protestantismo, sin dogma católico ni protesta protestante (…) Hay que ir al cristianismo puro, dejando hasta el dogma de la divinidad de Jesús en que no creyó Jesús mismo”. La respuesta de Nin Frías a Unamuno fue su volumen de Estudios Religiosos, publicado en 1907. Nin Frías y Rodó. En la armonía, disonancias. La relación entre Nin y Rodó fue intensa. Pese a las diferencias, entre ambos existía un profundo reconocimiento. Cartas, libros de Nin Frías prologados por Rodó (“El Cristianismo desde el punto de vista intelectual” y “La vida del estudiante y la moral”), ensayos de Nin Frías rebatiéndolo; preguntas, diálogos, respuestas… Esta situación la encontramos, por ejemplo, en “El Mirador de Próspero” bajo el subtítulo “En la armonía, disonancias”. Rodó transcribe una carta que le envía a Nin Frías: “La labor intelectual de usted me interesa tanto o más cuanto que me ofrece, a menudo, ocasión de ejercitar mi pensamiento, familiarizándolo con ideas distintas de las que le imprimen sello y carácter. Nuestros puntos de partida son diferentes, casi opuestos. Usted espera ver salir el nuevo día de las biblias sin notas, de los templos de paredes desnudas; mientras que yo me atengo a las palabras de Juliano, que usted cita en su libro y que Ernesto Renán, moribundo, murmuraba en el delirio de la agonía. “Que salga el sol del lado del Partenón…” Pero nuestros espíritus se acercan más cada día, convergemos a un mismo término; porque toda grande ruta ideal, no importa cual sea, lleva en dirección a la armonía, a la amplitud, a la comprensión de todo lo hermoso. Un culto de que ambos somos fieles nos reconcilia especialmente: nuestro culto por Taine.” Este vínculo intelectual no sólo se dio en torno a los debates sobre el cristianismo sino también sobre la juventud, el afecto varonil y el homoerotismo. Sobre este último, Carla Giaudrone (5) en su libro “La Degeneración del 900” dedicó un capítulo para analizar los modelos estéticos sexuales que la literatura de Rodó y de Nin plantean. El capítulo se titula “Amor Griego en el 900. Afecto varonil y homoerotismo en José Enrique Rodó y Alberto Nin Frías”. Giaudrone coteja ambos: “En sus comentarios a la obra de José Enrique Rodó, Emir Rodríguez Monegal ha señalado que “la diferencia fundamental entre éste y Alberto Nin Frías radica en que mientras que el autor de Ariel “pretende una conciliación de signo estético, aunque de contenido ético, entre el Paganismo de la Antigüedad y el mundo cristiano, Nin Frías, protestante, busca la solución en un renacimiento cristiano”. Según Giaudrone “Esta afirmación es solo válida hasta el momento en que Nin Frías descubre, entre 1905 y 1910, el paganismo estético en la obra de Walter Pater (…) El uruguayo encuentra en Pater lo que la tradición hispánica le negaba: una genealogía redentora de la amistad masculina y el rescate del sentido estético-sexual de la cultura helénica”. Así, “Marcos, amador de la belleza” y “Sordello Andrea. Sus ideas y sentires” describen el despertar estético de un niño y cómo su deseo de belleza y extrema sensibilidad lo capacitan para ver más allá de lo aparente. Siguiendo la tradición de la novela biográfica victoriana, en ambas narraciones la conexión vital del individuo con su niñez se revela como un aspecto esencial en la formación del adulto sano”. Hablando de “Sordello Andrea…” Giaudrone sostiene que “esta ficción autobiográfica se propone, al igual que “Ariel” de Rodó, como una suerte de manifiesto dirigido a los jóvenes americanos que anhelan cambiar “la faz de este continente encallado en el desorden político y embotado por lujuria”. El escritor exhorta a espíritus como el de Sordello, como el suyo propio, a no desesperar y a confiar en su potencial, a perder el miedo y no sentirse solos y en última instancia,

a morir “antes de abdicar tu libertad interior”. (…) La elección de las memorias de la niñez, género prácticamente inexistente en Hispanoamérica, evidencia el interés del autor por recuperar la biografía de un yo que no se construye ni heroico ni ejemplar. Por el contrario, el texto ofrece una mirada doblemente marginal en tanto pertenece a un niño que es erradicado de su Grecia natal para vivir en la turbulenta Inglaterra de fines de siglo XIX. La elección de Grecia como origen no es nada casual: por un lado, como ya ha sido señalado, es resultado de la autoridad que gozaba el modelo grecolatino en la construcción de la identidad nacional; por otro, y no menos importante, en un escrito formado en la tradición anglosajona, el helenismo le ofrece a Nin Frías las bases de una identidad sexual positiva de la diferencia. En “Sordello Andrea” el personaje narrador afirma ser “heleno a la usanza de Goethe y Winckelman”. Continúa más adelante Giaudrone “Nin Frías ve en la antigüedad clásica un paradigma ético-estético de civilización, pero a diferencia de aquél, éste rescata del modelo grecolatino aquello que Rodó se obsesionaba por suprimir (muchas veces sin éxito): las bellezas físicas del adolescente varón y el deseo que este cuerpo despierta en otros hombres(…) Alberto Nin Frías recurría al mismo tropo de la amistad heroica, pero en este caso para sentar las bases de una genealogía redentora de lo que denomina el “uranismo genuino”.” Se percibe en Nin Frías una visión idealizada sobre la homosexualidad (aunque él nunca se refirió en esos términos, dado que esta denominación fue acuñada por la cultura médica, que ve en la homosexualidad una desviación). Esta no es la perspectiva de Nin, quien se dedicó a hablar de la homosexualidad como “homoerotismo”, “amistad helénica”, “amistad masculina”, “amor griego”. Por último, interesa caracterizar la forma de narrar, la utilización del lenguaje de Nin Frías. Para ello citamos el juicio esgrimido por Francisco Alberto Schinca (6). “El lenguaje que emplea en sus libros tiene la diáfana cristalinidad de las aguas corrientes. Y como la patria por la cual suspira su alma -patria lejana, en el espacio y en el tiempo- es la Grecia elegante, espiritual y refinada de los jonios (…). Este escritor piensa bizarra y hondamente y pudiera decirse de él lo que Rubén Darío dijo del robusto y contemplativo Unamuno: “En su manera no hay ímpetus, no hay relámpagos. Tranquila lleva la pluma como quien ara (…)” Deja el Coliseo por el Pórtico. Platón le dio el secreto de lucubrar amablemente para vestir de realidad las más generosas utopías. Y es que en el fondo de todas sus predicaciones, el espíritu ático y cristiano que hay en él pone un aroma de elocuencia antigua, como la de aquellos virtuosos helenos que pasearon por las orillas de los ríos sagrados el mirto de sus coronas…”. Schinca continúa refiriéndose a Nin Frías, en este caso a su fe cristiana: “… Nin populariza entre los doctores el evangelio de la bondad cristiana, y entre las muchedumbres ignaras el evangelio de la ciencia práctica; lo que se derrama en su obra es su corazón inflamado en generosos encendimientos” De las fuentes críticas consultadas, la de Salaverri es la más dura con Nin: “Ha querido leer tanto, que no tuvo tiempo de pulir el estilo… Educado en Inglaterra, tiene un vívido ideal religioso, y no vacila en proclamárnoslo: “Creo que Jesús es el más bello de los hombres porque fue el más moral”. Los “Ensayos de crítica e historia” y “El Árbol” son libros de real enjundia. En “Marcos, amador de la belleza” y “La fuente envenenada” intenta novelar, como pretexto para seguir exponiendo ideas. Pero la reflexión de filósofo ahoga la imaginación del hacedor de narraciones.”

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“La ciencia hace hombres; la fe, Dioses” Nin Frías Ejercicio del olvido Se observa claramente la amnesia de su obra –salvo contadas excepciones, algunas referidas en este trabajo– por parte de los intelectuales contemporáneos uruguayos. Muchos de sus libros carecen de datos tales como la fecha en que fueron publicados y la editorial. A su vez, al contrastar las fuentes bibliográficas constatamos que en algunos casos no coinciden las fechas ni los títulos. A ello se suma que no todos los libros de Nin Frías se localizan en la Biblioteca Nacional, que tampoco alberga uno de los más polémicos e importantes: “Homosexualismo Creador”. Por otra parte, es prácticamente imposible encontrar al autor en las librerías montevideanas. Tampoco se lo recuerda a nivel académico, siquiera docente. Y esto teniendo en cuenta que se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de Columbia y que ejerció una variable actividad como profesor: dictó en numerosas instituciones clases de inglés, francés, castellano, historia americana, geografía continental, filosofía y moral. Fue además encargado de negocios de Uruguay en estados Unidos. A los 55 años llegó a la localidad de Suardi (provincia de Santa Fe, Argentina), llevado por su amigo el presbítero Badanelli, y se instaló en una fonda. Las paredes de su habitación fueron teatro de múltiples cuadros y alojaron el bagaje de sus libros. Falleció el 27 de marzo de 1937. Al presbítero Badanelli le había comunicado el deseo de que sus restos descansaran a la sombra de dos árboles. El pedido fue cumplido, a medias. Con el paso del tiempo y posiblemente por desconocimiento –a lo cual se sumó la necesidad de espacio en el cementerio–, los árboles fueron talados.

1- Alberto Nin Frías. El Cristianismo desde el punto de vista intelectual. Prólogo de José Enrique Rodó. Montevideo: Tipografía de J y E Pedralbes, 1908, 79 páginas. 2- Carta fechada el 15 de diciembre de 1906, en Montevideo. 3-

Arturo Ardao. Etapas de la Inteligencia Uruguaya. Montevideo. Departamento de Publicaciones de la Universidad de la República, 1971.

4- Mirlo blanco: ser de rareza extraordinaria. El mirlo es un pájaro de unos 25 cm de largo. El macho es enteramente negro, con el pico amarillo, y la hembra de color pardo oscuro, con la pechuga algo rojiza, manchada de negro, y el pico igualmente pardo oscuro. 5- Giaudrone, Carla. La Degeneración del 900: Modelos estéticos sexuales de la cultura en el Uruguay del Novecientos. Montevideo: Trilce, 2005. 6- Schinca, Francisco Alberto. Oriflamas. Montevideo: Mercurio, 1914. Este ensayo es una síntesis de la monografía “Doctor Alberto Nin Frías, el mirlo blanco”, disponible en su versión completa en www.analisis.edu.uy

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LA PARADOJA DEL CRONOPIO Por Carina Infantozzi Estudiante avanzada de Filosofía (UDELAR)

“La ciencia no piensa” dice Heidegger. Pero, ¿qué quiere decir Heidegger con que “la ciencia no piensa”? Para ello demos un vistazo, primero, a la casa de Kant, donde leemos: la “filosofía es el sistema de todo conocimiento filosófico. Hay que tomarla objetivamente si por ella se entiende el modelo que nos sirva para valorar todos los intentos de filosofar y toda filosofía subjetiva, cuyo edificio puede ser tan diverso y cambiante. De esta forma, la filosofía es la mera idea de una ciencia posible que no está dada en concreto en ningún lugar, pero a la que se trata de aproximarse por diversos caminos hasta descubrir el sendero único, recubierto en gran parte a causa de la sensibilidad [...]. Mientras esta meta no haya sido alcanzada, no es posible aprender filosofía, pues ¿dónde está, quién la posee y en qué podemos reconocerla?”. Esta cita kantiana señala un modo muy particular de entender a la filosofía, y con ella al pensamiento en general: el proyecto moderno que subsume al pensamiento filosófico no sólo al modelo científico, sino que la misma ciencia como conocimiento se somete a la regla del sistema y del método. Pues, “¿Qué significa […] –pregunta Heidegger– el “mundo científico”? [y cita a Nietzsche]: “No es el triunfo de la ciencia lo que caracteriza a nuestro siglo XIX, sino el triunfo del método científico sobre la ciencia””. Dicho triunfo significa que el mundo se transforma en disponible al hombre como objeto, y el método científico el único camino posible de acceso a éste, y cuya condición, será obviamente, la de la objetividad. Esta es la forma en que el “hombre moderno”, como sujeto, se constituye en relación al mundo, en donde el primero toma el control, el comando, a través del cálculo y la medida, y al segundo, se lo dispone como objeto, ante el sujeto, para ubicarlo, calcularlo, clasificarlo, controlarlo y dominarlo. En esta “época” de la historia de la metafísica, el proyecto es el control del camino a través del método científico, que significa, al mismo tiempo, entender al camino como proyecto, como método. Y a este modo de entender y de producir conocimiento Heidegger dirige su crítica, a este que presupone el “sendero único”, y que entiende, en palabras de Kant, a “lo científico [como] doctrina del método”. El modelo de este “sendero” o camino es el edificio que se cierra sobre sí, o sea, el nocamino. El de los límites como cierre. Heidegger nos propondrá salir de este camino que se come a sí mismo como cierre de camino. Para ello traerá al centro de la filosofía a lo poético, dándole al pensar el sentido de señalar. Entre la ciencia y el pensamiento hay un abismo, dice Heidegger, siendo esta grieta su necesaria y originaria relación. Es más, no es posible puente alguno, sólo el salto. Y el “lugar al que éste nos lleva no es sólo el otro lado sino una localidad completamente distinta”. Desde este otro lado radical, como otro-lugar, se dejará entrar a otro sentido del pensar. Al pensar se llega pensando, anuncia Heidegger. Y para pensar hay que ser capaz, esto es, hay que aprender a pensar. Para ello es necesario hacer lugar a “aquello que da que pensar”, y esto significa, que hay que hacer lugar a aquello que nos mueve y nos adviene como interrogación, como interpelación. Y, dice, “a lo que antes que nada da que pensar y por ello va a seguir siempre dando que pensar lo llamaremos lo preocupante”. Esto preocupante, como “lo-que-hay-que-considerar”, se da en lo que nos atrae sin ser visto, lo que nos afecta. Y lo “preocupante, según Heidegger, se muestra en que todavía no pensamos. Todavía no, a pesar de que el estado del mundo da que pensar cada vez más”.

Pensar, desde lo que da que pensar, es hacer lugar, dar lugar al advenimiento de la interrogación, de la pregunta como indicación de aquello que nos afecta. Es un acontecer. Siguiendo a Heidegger, pensar es señalar, y lo que produce pensamiento es aquello que originariamente y necesariamente se oculta para ser, y que en su darse vuelta a la visibilidad del hombre lo arrastra a éste a la necesidad del pensar. Pues, “a lo que sólo da noticia de sí mismo apareciendo en su auto-ocultamiento, a esto sólo podemos corresponder señalándolo y, con ello, encomendándonos nosotros mismos a dejar aparecer lo que se muestra en su propio estado de desocultamiento. Este simple señalar es un rasgo fundamental del pensar, el camino hacia lo que, desde siempre y para siempre da que pensar al hombre”. Esto que aparece ocultándose, reservándose como invisibilidad, es aquello que aparece de otra manera, es decir, desapareciendo ante la visibilidad tradicional (la visión moderna) y, aconteciendo, entonces, en otra escena, a la que, al mismo tiempo, se da lugar. Y como tal fantasmática aparición dejan a la filosofía tradicional ciega y muda. Es que en ese salto abismal, en ese intento de abrir el edificio, ese transitar el camino del pensar, queda lo que no se ve. Para saltar hace falta cerrar los ojos. También para pensar. Pensar este agujero y este salto no puede sino soportarse en un gesto no-discursivo. Este pensamiento es aquel que se sitúa en un entre, en el punto de cruce, donde se nos cruza, lo que da que pensar. Pues señalar es también esbozar un gesto, una seña, dejar una marca. Indicar un lugar como límite en tanto posibilidad de apertura de un camino, o varios. Esto es lo que hacemos cuando pensamos a través de la construcción de un texto, de la lectura y la interpretación de otros, posicionándonos en relación a un cuerpo que es la comunidad y el lenguaje de la filosofía, o cualquier disciplina. Posicionándonos en el lugar entre lo ya pensado y lo que está aún por pensar. En ese cruce. Y por último, intentemos otro salto u otro cruce. Este texto se escribió a partir de otro texto. Un corto relato de Cortázar que dice así: “Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta”. Es a partir de este pequeño relato, que una llave, quizás la que tanto buscaba el cronopio, terminó en mis manos, permitiéndome abrir una puerta, dar un paso, cruzar, de un lugar a otro. Desde la literatura a la filosofía. Y una llave, aunque esté perdida, es, también, una clave, una seña, una señal. Aquello que permite el pasaje en una frontera, entre lo público y lo privado, entre un adentro y un afuera. Por ejemplo, el tránsito que mis pensamientos privados deben atravesar para transmitirlos, esto es, permitirles la salida a la escena de lo público. Dar acceso, dejar circular, dar lugar al pasaje. Esta figura o metáfora de la llave abre, pues, una interrogación acerca de los lugares donde son posibles los pensamientos. Y esto es, también, la importancia de poder situar al pensar, posicionarlo en relación a algo, marcar un punto de partida y un punto de llegada, esbozar un trayecto. Señalar es, también, localizar al pensamiento. Y aquella pequeña ficción literaria también nos devuelve al pensamiento heideggeriano, quien le da un lugar a lo poético en la filosofía. Lo poético será para este pensador el modo en que en el lenguaje la verdad adviene en tanto “desocultamiento”. Este modo de entender la verdad, como aquello que se nos des-cubre, nos pone nuevamente en el campo del acontecer. Y acontece algo cuando se le hace lugar. Cuando se lo deja entrar, o salir. Como vimos, la filosofía conducida por el camino del método científico, o entendida como ciencia sistemática, está del lado del no pensamiento para Heidegger. En cambio la filosofía se transforma en

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lo poético en la filosofía entre Heidegger y Cortázar pensamiento cuando le hace lugar a lo poético, y, ampliando un poco más este horizonte, podemos decir también, cuando le hace lugar a la creación. Habría que pensar, también, la posibilidad, o la necesidad, del cruce entre el método científico y el acontecer poético. Entre esos caminos, donde, también, se abren otros más. Y dejemos que la perplejidad del cronopio despliegue sus sentidos. Los enredos del pensamiento hacen del pensar un lugar por el que no es sencillo trazar fronteras, aquellas mismas que algunos discursos creen tener aseguradas. La pregunta, en esta oportunidad, es acerca de una llave, dónde está, qué puerta abre o cierra, a qué lugares nos da acceso, o cuándo nos obstruye el pasaje. Y la pregunta por el pensar no queda fuera de la pregunta por el lugar del pensar, por los edificios y los caminos del pensar. Esto quiere decir, también, que no queda fuera de la pregunta por los lugares de tránsito y de transmisión del pensamiento, o sea, aquellos que conciernen al lenguaje y sus condiciones de posibilidad. Jaques Derrida nos señala que “si el lenguaje no puede controlar estos caminos que parten del edificio y que llegan a él, sólo significa que el lenguaje está enredado en estas estructuras, que está en camino”. Estando en camino pensamos, y señalando a través de la pregunta se hace nodo en esta red.

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Título original: La paradoja del cronopio o los lugares del pensamiento

Autores y obras consultadas Kant: Crítica de la razón pura Heidegger: -La proveniencia del arte y la determinación del pensar -¿Qué quiere decir pensar? Cortázar: Historias de cronopios y de famas Derrida: Escribir es un modo de habitar

Requena casi Rivera

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UN MISIONERO EN SOLYMAR Nota biográfica sobre Lucio Escolar Por Alejandro Morena Estudiante de Ciencias de la Comunicación (UDELAR) y de Historia (IPA)

Nació en lo profundo de la atrasada campiña española de los cuarenta

filosofía, literatura, lengua española, latín, griego, historia, geografía, matemática y física. Es quizás una educación actualmente difícil de concebir, pues pensar en un régimen tan estricto para una edad de doce años puede parecer nocivo. Pero aquella España (1960), en tiempos del Concilio Vaticano II, seguía hablando de “tierras de misión” y no hay duda que para ser misionero hay que estar preparado para las circunstancias más duras.

y se crió en el trabajo de la tierra, las procesiones religiosas y el franquismo. Luego de una rígida formación religiosa eligió tierra de misión: Uruguay. Nació en 1947 –en el seno de una familia humilde, católica y dedicada al trabajo de la tierra– en un pueblo de la provincia de Segovia llamado Carbonero El Mayor. De niño, Lucio Escolar conoció la fe religiosa y el trabajo de una tierra algo ingrata que dejaba una cosecha al año. Se plantaba trigo y cebada en forma artesanal, con tracción a sangre; criaban animales de corral. Hablamos de una economía familiar que sólo brindaba lo estrictamente necesario para subsistir y que España conoció muy bien hasta la década del sesenta, cuando la apertura y el crecimiento económico. Sus recuerdos más primitivos surgen de la escuela, el trabajo familiar y la iglesia. Su pueblo natal, de unos dos mil habitantes, giraba en torno a la iglesia como la mayoría de los pueblos de aquella España, que ha transformado sus celebraciones religiosas en las fiestas místicas más populares. De muy pequeño, Lucio integraba el grupo de niños de la iglesia y participaba de todas sus actividades. En épocas de dictadura era casi obligatorio concurrir a las fiestas religiosas. Quienes no lo hicieran eran perseguidos por un gobierno y una iglesia que por entonces eran prácticamente la misma cosa.

Aplicación del sacramento bautismal a Joaquín Blanco. En la parroquia de Solymar.

FRANCAMENTE EN CONTRA

DE FRANCO A PACHECO

Francisco Franco obtuvo el poder en 1939, luego de una guerra civil que dejó casi un millón de muertes, atraso y pobreza. Autoproclamado enviado de Dios para salvar España, ejerció una dura represión hacia los perdedores de la guerra: demócratas liberales, anarquistas, comunistas, socialistas y nacionalistas regionales. Como cristiano, Lucio Escolar no concibe la guerra, la represión de las libertades humanas ni las muertes ocasionadas en nombre de Dios: “Franco fue un fascista, un represor y para peor decía hacerlo en nombre de Dios. (...) Cada vez que la Iglesia se casó con el gobierno para que este cumpliera sus objetivos, pasó algo malo.” En los pueblos hubo feroces confrontaciones y muchos curas muertos; “...en épocas de los rojos mataban a los de derecha y cuando Franco, mataron a los rojos (...). Si hay algo a rescatar de su mandato fue que España no la vendió a nadie. Franco dijo que llegaba a poner orden pero se quedó 35 años en el poder y cometió grandes vejámenes.”

Finalizando la década del sesenta, España vivía una etapa de apertura, desarrollo económico y consumismo. Franco llevaba treinta años en el poder y estaba llegando a su fin. En 1968 Lucio sale de esa realidad de transición y llega a un Uruguay de marchas, entierros y agitación política. Su ideología y su actividad social en España habían permanecido latentes (por obvias circunstancias) pero brotaron ni bien pisó estas tierras. Se ordena cura seminarista en Montevideo y continúa estudiando filosofía en Facultad de Humanidades. A su vez comienza su vida social y política, comprometido con la izquierda y militando en el Partido Demócrata Cristiano; participa en el acto fundacional del Frente Amplio. “La juventud de la iglesia estaba metida en eso, en España no había esa efervescencia. También comienzo con el trabajo social; viví en la parroquia de las Acacias, muy cerca del Borro con dos curas que trabajan con esa realidad de extrema pobreza. Trabajé también con jóvenes de la JOC (Juventud Obrera Católica). Por esos tiempos conozco a un niño que luego resultó ser el “chueco” Maciel (célebre bandido que distribuía entre los pobres sus “cosechas”). Traté siempre de vincularme más a la vida social que a la política.” No compartió la lucha armada pero vio con simpatía al incipiente MLN “robando camiones de comida y repartiendo entre los desposeídos.” En 1975 llegó a Paso Carrasco “un barrio obrero muy comprometido con la resistencia a la dictadura, con alta conciencia social y política (...) En ese momento estaba dura la mano; fui a visitar varios curas a la cárcel. A mí me han llegado a grabar las misas pero yo no fui nunca un predicador político. Cuando tengo que dar la misa doy la misa, luego trabajo en otras instancias sociales. En Paso Carrasco hicimos festivales de apoyo a Nicaragua

EL SEMINARIO Con doce años de edad entró en el Seminario, institución de formación católica disciplinada y rígida. Recuerda Lucio su día de ingreso y afirma que de aquellos ciento diez niños que entraron menos de una decena llegó a ordenarse. Algunos terminaron engrosando filas en los partidos de izquierda que más tarde serían promotores del debilitamiento del franquismo. “Llegamos a grandes dormitorios de fríos bajo cero y baños con agua fría, la comida era muy austera y debíamos levantarnos de noche a rezar. Era una formación muy rígida y cristiana pero muy humana, muy “espartaca”. La formación era implacable, tenían

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Solymar, tierra de misión con artistas como Cristina Fernández, Washington Carrasco, Larbanois y Carrero. Hicimos caceroleadas, ollas populares, ayunos y cortes de luz. Incluso el 1º de Mayo celebramos la fiesta de San Pozolo y cuando quise acordar tenía la iglesia llena de comunistas. Hacíamos misas, asados y obras muy buenas que favorecieron a la comunidad. SOLYMAR (1999) Antes de Solymar: Sauce, Suárez, Toledo y La Paz. Lucio se define como un facilitador, “... es algo así como un don. Otra cosa no se hacer. Se estudian las necesidades y luego se comienza a tender redes entre vecinos y organizaciones.” En Solymar se involucró mucho con la Pastoral Social, encargada de varios trabajos comunitarios. “Hemos hecho campañas para conseguir ropa, muebles, chapas, canastas y se siguen haciendo. El equipo que hay es muy eficiente y comprometido.” Lucio fue presidente y fundador del Club de Niños Los Alfareros, una institución educativa y recreativa que reúne a diario cincuenta niños de contexto social crítico. Reflexionando acerca del trabajo parroquial dentro del barrio Nueva Esperanza (ex asentamiento) hace su autocrítica, ya que las actividades allí realizadas nunca tuvieron buen resultado. “Hacíamos la misa y la gente iba para buscar la canasta de alimentos. Dejas de dar la canasta y la gente no va. Hay que cambiar la iglesia que da por la que promueve. La fe debe ser buscada para darte respuestas espirituales y no quilos de comida. La canasta no te hace creyente.” Afirma que los padres de los niños que acudían al merendero en su mayoría pertenecían a la iglesia de Dios es Amor pero a sus

Calzado

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hijos lo mandaban a merendar a la Capilla de Santa Teresita. “Faltó diálogo, contacto y concientización. Luego hacer las misas” En relación al gran auge de otras iglesias en barrios carenciados Lucio sentencia: “... no tengo miedo a la competencia, tengo miedo a nuestra ineficacia. Cristo da en el clavo con los valores humanos; estos hay que adquirirlos para hacernos mejores personas, no que te curen y que te saquen plata. Nosotros no damos canastas para buscar adeptos sino que intentamos cubrir ciertas necesidades a las personas que la sociedad margina; esa es la génesis y la fuerza de la iglesia católica.” En cuanto a la Ciudad de la Costa afirma que hay que darle el tiempo para que la gente se sienta costeño y dice que serán los niños que se criaron acá los que van a hacer este lugar. “La gente sigue añorando a Montevideo, es lógico, acá no hay casi vida cultural ni social, hay pocas plazas, no hay cines ni teatros. Hay que facilitar para que se puedan hacer lugares de esparcimiento, plazas de deporte, etc. Acá no hay estructura de ciudad. Los pueblos del interior tienen una plaza y en torno a ella gira la vida social. Acá falta eso y mucho más. Debería haber un centro en Solymar, otro en Lagomar, Pinar. Esto es como un chorizo largo lleno de negocios; es una ciudad dilatada hecha a partir de una ruta.” Se muestra optimista en cuanto a los proyectos del nuevo gobierno pero igualmente cree que lo más importante es el trabajo desinteresado de la gente. Lucio deja en esta zona muchos haberes y pocos debes. Su vocación de “descubrir los valores cristianos”es itinerante y no descansa, motivo por el cual también en Los Cerrillos abrió otra puerta de su misión.


CATÁLOGO DE LIBROS DESLEÍDOS FRAGMENTOS DE TEXTOS

LA CULTURA DEL RENACIMIENTO EN ITALIA (1860) ENSAYO DE JACOB BURCKHARDT Pasaje extraído de la parte tercera: EL RESURGIR DE LA ANTIGÜEDAD Capítulo V: Las universidades y las escuelas (…) En la corte de Giovanni Francesco Gonzaga, en Mantua (reinó de 1407 a 1441), encontramos la figura magnífica de Vittorino da Feltre, uno de esos hombres que consagran la vida entera a un fin para el cual, por su energía y su inteligencia, están dotados en la máxima medida. Educó primero a los hijos e hijas de la familia reinante; por cierto que una de estas últimas llegó a poseer verdadera erudición. Y cuando la fama de este maestro se hubo difundido por toda Italia y era solicitado su magisterio para escolares de grandes familias de cerca y de lejos, Francesco Gonzaga, no sólo no puso el menor obstáculo ni se opuso a que su maestro enseñase a los nuevos alumnos, sino que consideró como un verdadero honor para Mantua el que llegase a ser el centro de educación de los hijos de las familias más distinguidas. Por primera vez encontramos allí equilibrada, en toda una escuela, la enseñanza científica con la gimnasia y cualquier otro noble ejercicio físico. Pero hemos de considerar aún otro grupo de alumnos, en cuya educación acaso veía Vittorino el más alto fin de su vida: el grupo de pobres dotados de talento, que alimentaba y enseñaba en su casa, per l´amore di Dio con los hijos de las familias poderosas e ilustres, que de esta suerte tenían que acostumbrarse a vivir bajo el mismo techo con “el talento desnudo”.

teatro no debe ser la “imitación” de la vida real, sino la exacta “reproducción” de la vida. La primera reforma consiste, por tanto, en despachar en seguida, hasta el último, a todos los actores de oficio. El realismo, que es la fórmula base de la época proletaria, no puede tolerar ficciones inmorales ni en el teatro. Aquello que el poeta ha escrito debe acontecer al pie de la letra, seriamente, sin trucos ni simulacros. (...) Si se representa Julio César, aquel que desempeña el papel de César debe ser verdaderamente herido por verdaderos puñales, es decir, morir realmente, y en el Moro de Venecia, la mujer que hace de Desdémona debe ser verdaderamente asfixiada bajo las almohadas. Nada de sangre hecha a base de tinta encarnada, nada de fingidos cadáveres. La sangre debe ser verdadera sangre humana y los cadáveres no deben ser llevados tras las bambalinas para resucitar al primer sonido del aplauso, sino directamente al asilo mortuorio. “Usted comprenderá, por tanto, que ya no nos podemos servir de actores profesionales, gente vil y aferrada a la existencia. Algunos papeles corresponden a delincuentes condenados a muerte o a personas que han decidido suicidarse y que se prestan altruísticamente a hacer servir su muerte para la distracción de las masas.

NUEVO MUNDO AMOROSO ENSAYO DE CHARLES FOURIER (1772-1837) Manuscrito inédito; texto de publicación póstuma Pasaje extraído de la décima sección

UN PEDAZO DE NOCHE (1959) CUENTO DE JUAN RULFO (…) —Soy sepulturero. ¿No te asustas si te digo que soy sepulturero? Pues bien, eso soy yo. Y nunca he dicho que con ese trabajo no gano ni para vergüenzas. Es como cualquier otro. Con la ventaja de darse muy seguido el gusto de enterrar a la gente. Te digo esto porque tú, igual que yo, debes odiar a la gente. Tal vez mucho más que yo. Y sobre este asunto quisiera darte un consejo: nunca quieras a nadie. Deja en paz esa cosa con que se quiere a los demás. Me acuerdo que yo tuve una tía a quien quise mucho. Se murió de repente, cuando yo estaba más encariñado con ella, y lo único que conseguí con todo eso fue que el corazón se me llenara de agujeros.

GOG (1931) RELATOS DE GIOVANNI PAPINI

Del capítulo EL TEATRO SIN ACTORES

Observaremos más en detalle cómo los celos desaparecen fácilmente ante algunas simples reglas de urbanidad y cómo los más egoístas se conforman en ocasiones. Muchos maridos y amantes se llevan tan bien como si fueran hermanos, su amistad constituye el mayor encanto del hogar y sólo rivalizan en atender a su media naranja común. Se cita entre otras a la ciudad de París como una de las mejor provistas en maridos de buena pasta y de tolerantes inclinaciones. Tres motivos concurren para dar a los parisienses superioridad en este género. 1) La compañía de las mujeres es penosa y costosa en París; los coches necesarios, las frecuentes ocasiones de gastar, hacen que un marido muy ocupado, que no pueda perder el tiempo en tales pequeñeces, encuentre muy útiles los servicios de sustitutos o chichisbeos. 2) Los amantes están mejor educados y no tienen la trivial manía de los jóvenes provincianos que, no contentos con hacer olvidar los deberes a una mujer, creen que no la gozan del todo si no se burlan del marido o de quienes le rodean. Grosería que no es frecuente en París. 3) Los parisienses pueden frecuentar a los espíritus distinguidos de quienes se extrae la sana doctrina de la tolerancia, y apoyarla con el ejemplo de los cortesanos que la ponen en práctica. Los celos se consideran de muy mal tono en la corte y en el gran mundo.

Moscú, 30 de marzo (…) Su pasión dominante era, sin embargo el teatro, y comenzó de pronto a extravagar en torno de sus ideas fijas. —Entre nosotros —decía—, hay en Alemania muchos burgueses corrompidos que se torturan el cerebro para transformar el teatro. Pero ninguno ha llegado a la locura lógica de la reforma esencial. El

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PROSA: CUENTOS Y RELATOS CU EL ZUMBIDO 1

Un hombre está sentado a la mesa. Está en su casa. Aunque debe dos meses de alquiler, puede decirse que es su casa. Al menos, es donde vive. Un pequeño apartamento al fondo de un pasillo estrecho. No hace absolutamente nada. Sólo permanece con el codo apoyado en la mesa, la cabeza en su mano, cubriendo el tiempo, llenando el silencio de perros que ladran, y ronquido de autos elevado al aire. De vez en cuando, sorbe un poco de mate y se queda otra vez callado, esperando el fresco de esta tarde que se va haciendo noche. Se diría que es joven. Sí. Aunque la barba y el pelo largo, la tez gastada y los ojos empequeñecidos en cuencas profundas, le agregan por lo menos una década. Su semblante está perdido en el fondo de las paredes blancas del pequeño apartamento. Un zumbido llena su cabeza persistentemente. Este zumbido es el alimento cuya digestión no termina nunca de realizarse. La gran indigestión del ruido cotidiano. El resultado del estruendo infinito. El extraordinario bramido de bielas al que se somete todos los días. Después, queda su eco. Cuando la puerta se abre, entra ella. Él sale de su consternación. Lo encuentra allí, como todos los días, obnubilado en un futuro próximo de acero. Ella, que está embarazada, lo besa y continúa hacia el dormitorio. Ella vuelve a salir del cuarto, encajonado éste en un fondo oscuro, sin ventanas. Se le acerca, pronunciando algo su embarazo detrás de una camiseta blanca, y vuelve a besarlo, en la frente. Se sienta sobre sus piernas y juega con su pelo desarreglado. Se miran con ternura. Sienten que el niño patea. Se ríen. —Cuando cobre le adelanto un mes.—Él se sirve un poco de ensalada en el plato. —Ya está pesado, llamando al vecino todos los días. Tengo que molestar a la gente. No puede ser. —Ella come un poco de carne. No se miran. Comen pausadamente aunque mirando la hora. Durante unos cuantos minutos, el orbe se colma de los cubiertos golpeando la loza. De vez en cuando hay algunas bromas sobre el niño que esperan. Hay minutos en los que se quedan pensando en mañana. Otros, en los que se dan cuenta de que mañana no existe. Pero esto no les gusta. Él le cuenta sobre el ruido y sobre el humo. Ella dice que su ruido es un poco más agudo, pero que su monotonía rítmica la hace dormir. Que más de una ha sido expulsada por entrecerrar los ojos. A veces, el mañana aparece de otra manera. No tan gris. Y sin zumbido. Allí, hay una casa grande, un living con sillones mullidos, y cuadros en las paredes, y música clásica sonando en un equipo de audio; y hay otra casa en la playa, adonde se va por los veranos, como en la luna de miel; donde ya no hay calor, y hay una estufa a leña en el invierno. Se hace la hora. Él trabaja de noche. Entonces, por la ventanita de la puerta, se dibuja la espalda del hombre saliendo por el pasillo, bordeado por grandes edificios desde donde se ven luces amarillas, y gente preparando cosas en

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cocinas, y mirando televisores, y escuchando música. La noche se transforma en un universo rico y peligroso. A él le quedará sólo la pobre grisura del ruido y del humo, apenas antecedido por el olor a churrasco, el repique de tambores, y el saludo de los vecinos. Al fondo del pasillo: la cara de ella. Él presta atención al ruido de adentro de las casas, y le parece que ese ruido, aunque lo haya escuchado toda la vida, le es ajeno, y le dice cosas raras: susurros, nombres de equipos de fútbol; y la voz electrónica de los televisores, sintonizados en diferentes canales van lanzándole palabras a su paso: te amo, yo también, gobierno, combustible, frazada, doscientos pesos, murió, balazo, gol, abrazo, pan, alfajor, María, viaje, sirena de barco, oídos, boca, sexo, birome, Juan, viento, mar, calzoncillo, bandoneón, quiosco, supermercado, el atado de acelga, auto cero kilómetro, centrodelantero, pívot, alcancía, hermoso cuerpo, bolilla extra... 2 Suena el despertador. Es un pito monótono que le anuncia el sonido rítmico y agudo que la acompañará durante la jornada. Está sola. Él no vuelve hasta las seis y son las cinco de la mañana. Pero de noche pagan más, y ahora ella puede hacer horas extras. Así que se quedará cada día, hasta la licencia maternal, hasta las seis de la tarde. La mano cae pesada sobre el aparato. El pitido se termina. Ella se queda un poco más en la cama. Los pájaros, a lo lejos, en la única ventana de la casa, la llaman. Ella toma un café parada, ya vestida con un amplio vestido de embarazada. Los vidrios de la casa se muestran empañados. Aún es de noche y el pasillo que conduce a la calle está empapado por el rocío. —Ya falta poco.— Dice, acariciando y mirando su panza. Toma la cartera y sale. 3 Ahora no hay nadie. Sólo la mancha de sol que entra por la única ventana, que nace junto a la pared derecha, en el piso, y muere siempre sobre la pared izquierda un poco arriba de la mesa donde se come. Esa luz, va iluminando el estrecho recinto compuesto de cuatro paredes blancas, descascaradas a la altura del techo, coronada en el centro por un cable grasiento que baja con una lamparita de filamento. Hay una especie de recepción con un viejo juego de sillones grises, separada del comedor apenas por una cortina con flecos de plástico. Allí hay una estantería con diez libros, unos pocos cristales, y dos platos que son los que se usan siempre en las comidas, además de una mesa con un mantel de hule. El dormitorio, tiene un ropero con una puerta marrón de grandes manijas redondas, a cuyo costado hay una cómoda con un televisor. Una cama sin respaldo, con una colcha de lana de colores apagados en unas líneas estrechas, azules y rojas; y dos mesitas con sus respectivos veladores de pantalla blanca, terminan de adornar el cuarto. En la cocina hay un escurridor, vacío, y un recipiente cilíndrico con cubiertos de aluminio de mango azul oscuro unos, y blanco arena otros; posados sobre un mármol de pintas blancas y negras sobre un fondo gris. En esa mesada hay una pileta cuadrada bajo una canilla dorada de bronce. Hay una cocina con apenas dos hornallas, cuatro patas, y un pequeño horno con la puerta de vidrio. Un trapo de piso está extendido frente a la puerta de metal que da al largo pasillo que conduce a la calle, lleno siempre de mujeres que lo barren y lo baldean. Sobre el aparador, una foto muestra a la pareja en trajes de novios. Allí, sonríen.


UENTOS Y RELATOS CUENTOS Y RELATOS

CUENTOS Y RELATOS

4 Él ingresa. La puerta hace un ruido metálico al abrirse y al cerrarse de nuevo. Sus pasos se desplazan por todo el apartamento, atravesando el comedor e ingresando al piso de madera del dormitorio. Allí, caen, secos, al piso. El pantalón, la camisa y el buzo, serán depositados en una silla, un tanto revueltos. En un último suspiro, se duerme. En el sueño, el zumbido persiste. Ese zumbido, bajo el agua de la ducha caliente, es ahora pequeño. Se mezcla con el ruido de chapoteo de esa agua cayendo sobre las baldosas del baño. La cara barbuda se escurre a chorros que se hacen gota lenta sobre el pecho. El cuchillo corta el churrasco en el mediodía. El sol ya se encuentra cerca de la mesa. En la tarde, él está leyendo. Prepara el mate. Se sienta a la mesa. Ahí se queda, sin hacer nada, sólo pensando, dándole vueltas a palabras que giran en torno al zumbido. La cara del hombre está otra vez metida en la cuenca profunda de sus ojos y en la oscuridad de su barba. La puerta hace un ruido que lo despierta. Ella aparece en el umbral de las cortinas de plástico. Su cara está extraviada. Tiene los ojos inclinados, las cejas sinuosas sobre unos ojos desbordados. 5 —Fue un grito terrible.— Ella no come. Sostiene el tenedor inclinado sobre el plato. Habla pausadamente. No lo mira. Él sí, la mira atentamente, pero tampoco come. —Un desgarro. —Dice.— La máquina le agarró el dedo pulgar del pie y se lo arrancó de raíz, como si nada. Entonces su grito paralizó a toda la fábrica. No quedó nadie en su puesto. Todos miraban.— Ahora ella baja la cabeza. —No fue tanto la sangre lo que me impresionó. Sino el grito. Eso fue todo. Un grito en la oscuridad tenebrosa de una fábrica en declive. La desesperación en su cara. El horror...— Hace una pausa y se queda con todos los dedos señalando su propia cara.—Una muchacha joven. Ahora va renguear toda la vida. Se la llevaron en andas hasta la ambulancia, y detrás iban unos tipos trasladando el dedo ensangrentado. — Ella se toma la cabeza.— Todavía lo siento. —Lo dice con los ojos apretados. — Inmediatamente aparecieron los jefes que nos mandaron a nuestros puestos. Nadie quería seguir trabajando. Sin embargo todo continuó como si no hubiera pasado nada. —Se toma la panza. La contempla. —¿Qué estamos haciendo? —Le dice. Pero él no contesta, sólo extiende su mano y le toca el vientre. El relato de ella se mezcla con el zumbido ese que persiste. —Tenemos que hacer algo.— Dice él. — Dejamos de estudiar porque teníamos que trabajar. Tenemos que hacer algo. —Sí. Apenas nazca el niño tenemos que seguir con los estudios. Si pudiéramos ahorrar dinero para comprar un comercio... —Ella recuesta su cabeza sobre el hombro de él. Se queda dormida. Él también. Los despierta el fresco de la tarde. Llegada la hora, la figura del hombre vuelve a perderse en el pasillo, y otra vez ve a las mismas mujeres preparando cosas en las cocinas, y huele a churrasco, y oye los televisores: muerto, noche, accidente, baño, refresco, miedo, hoy, quiniela, éxito, estrella...y el zumbido, ese, persistente. Roberto Riera De Muro Licenciado en Filosofía (UDELAR)

LAÚLTIMAPUERTA Resucitaste de pronto tu sonrisa haciéndola estallar entre mis costillas, mientras me arrinconabas con los restos de un recuerdo. Yo sabía que eran deshechos sin poleas ni lunas llenas, pero tu seno me tentó como una fruta colmada de rocío. La radio decía no sé qué cosa de no sé qué guerra, puesto que todas las guerras se parecen y uno termina siempre por acostumbrarse a la muerte ajena; incluso a la propia, que nunca importa lo suficiente. Pretendí quitarme el cansancio de los huesos concediéndome la tregua de tu cuerpo. En los aljibes de tu espalda bebí un pálido sollozo, algo como el descanso de una escalera. En tu mejilla se entretejía el silencio con la terrible insinuación de un afecto ya pasado que se empecinaba en retomar su historia. Prefería que dedicaras tu boca a mi sexo, como forma de entorpecerte el habla. Por un momento miré el rectángulo de vidrio donde tus pececitos de colores paseaban su muda indolencia. Ellos navegaban como submarinos entre paredes transparentes. Pensé en nosotros entre paredes de cemento. Se me ocurrió que el universo era como esas muñecas que habitan una dentro de otra. Lo recuerdo bien porque me pediste que te hiciera un poema de amor y entonces mi espanto fue doble. Adoro los perros que no vienen a olisquearme, los paraguas que logran soportar el viento, las amantes que no necesitan ninguna prótesis para el corazón. Quise llorar porque me sentí triste, como un gato desheredado de sus ojos. Anduve de múltiples maneras en tus cavidades, tratando de olvidarme del acento de los relojes. Pretendí disuadirte de tu sueño, de mi pesadilla. -Dios me hizo más cercano a las ojeras que al amor –te dije. Pero no entendiste nada; seguro que no entendiste porque continuaste insistiendo en que me amabas, en que necesitabas que yo te hiciera confesiones similares. Yo me negué a mentir para masturbarte el alma. Cuando te tomé el pulso, latías como de costumbre; pero yo me fui, como si estuvieras muerta. Gonzalo Hernández Sanjorge Cuentista, poeta, licenciado en Sociología.

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POESÍAPOESÍAPOESÍAPOESÍA OPCIONES APETECIBLES

LA MALDICIÓN DUCASSE

“Andan por las calles los poetas poetas poetas como si fueran cometas, cometas, cometas en un denso cielo de metal fundido, fundido, fundido impenetrable, desastroso, lamentable y aburrido” Leo Masliah

He visto talentosos Poetas Poetas aves negras de la noche Poetas resolviendo crucigramas Ginsberg en mano Poetas embebiendo en ginebra la pluma Poetas diplomados en cortadura de venas Poetas de litio viviendo de su mamá Poetas fraseando incestos o crímenes pasionales Poetas que jamás insultan si no es rimando Poetas que jamás lavan un plato Poetas que degustan excrementos ignorando al inodoro Poetas con plazas sin sol Poetas más allá de los Poetas Ironía de Poetas Poetas mirantes del espejo Poetas bajo el disfraz de Lautréamont en cada esquina Poetas despreciando al pordiosero y al creyente Poetas pateando basura Poetas meando en sórdidos baños de estación Poetas mirando la ciudad por microscopio Poetas nadando en ella con traje de buzo Poetas de humanidad lejana Poetas con metas Poetas sin cometas Poetas con libreto Actores de Poetas Laura Alonso

HOJA EN BLANCO y luego la más siniestra violación Cortés en la conquista conceptual tomando territorios nunca nuestros el sutil homicidio del poeta Un arsenal de lápices nucleares el Árbol del Conocimiento (fruto incluido) De la nada a un ser imperfecto mancillado de lo puro Hemos llegado para quedarnos para ser literatura para invadirlo todo ser luz en las tinieblas; letra en el papel

Quiero ser bueno quiero cambiar el mundo quiero poder decir “quiero ser bueno y quiero cambiar el mundo” sin parecer tonto, ingenuo, cursi o demagógico. Podría comenzar por renunciar a todo, por cambiarme a mí mismo, como dicen, conectarme al Universo, practicar budismo on line, psicología para solos, tal vez, o terapiarme grupalmente. No sé, podría emborracharme y adorar a Bukowsky, creerme revolucionario y hacerme crítico de todo, escuchar jazz y citar artistas raros, deambular por las noches y ser más decadente. Hablar de política -eso siempre viene bieny comprar camisetas del Che en el mismo lugar donde venden de “La Trampa”. Tener todos los libros sobre la dictadura y criticar a Bush, claro. O si no, abandonarlo todo, y pornoliberarme al goce, que la vida es una sola, podría adoptar extrañas mezclas filosóficas funcionales al contexto “marketing personal del ser”, por ejemplo, o quizás no, algo más intelectual, más comprometido, podría escribir artículos “serios” con nombres rimbombantes, lanzar “Identidad y memoria. Hacia la construcción de una historia reciente a través de relatos orales en los antros de Pando”. O quizás otra cosa podría apostar por la familia, que los niños, que la casa, que ocho horas, que corbatas, “mi amor, ¿adónde vamos en verano?” y tener gente a la que llame “mi gente” y sentirme satisfecho. Tal vez, harto de todo podría hacerme retropunky, triloco daniumpesco bailar el baile del caño en la primero de mayo y ser artista posmo ¡qué horror! ¡qué apetecible! ser figura mediática en las pantallas de los shoppings firmar autógrafos, matarme, vender jazmines en la feria, acodarme en algún bar y no acordarme de nada, ver películas de amor y no llorar. Gritar bajito. Tener tantas opciones y no tener ninguna. Sentarme en una plaza un domingo cualquiera ponerme en pose de poeta. Y ver y no ver nada para escribir, finalmente, poemas como éste. Horacio Bernardo

Hoski

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POESÍA POESÍA


Investigadores, docentes, estudiantes y lectores en general, convoca a la presentación de material para el próximo número: Ensayo, poesía, cuento, crítica, investigación, pintura, fotografía, grabados. Máxima extensión de los textos: diez mil caracteres Imágenes: preferentemente en blanco y negro Fecha de cierre: 20 de abril Contacto: publicacionparentesis@gmail.com

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