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Número 17 1 de Noviembre 2013

¿POR QUÉ NAVEGAMOS? Pequeñas o grandes historias de navegantes amigos. Marcelo Pesci

Peke Monetti

¨Nací y me crié en el club¨

Un mendocino rememora sus primeros pasos en la náutica


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REGATAS EDITORIAL

En momentos donde el agua disminuye las posibilidades de navegar, los nautas se congregan en la costa, las charlas se alargan, los mates se hacen termo a termo y las historias comienzan a surgir entre los amigos que se conocen en profundidad, pero tal vez no saben desde cuando se “mojan los pies”. Todos hemos participado de esas conversaciones, donde el avezado cuenta

sus experiencias en el Río de la Plata, Bahamas, Cuesta del Viento o el sur argentino. Muchas veces quedamos con la boca abierta al descubrir que la persona con la que compartimos todos los fines de semana, salvó su vida gracias a un tanque de nafta flotando en medio del río o que se dio vuelta en su optimist el primer día de contacto con el agua. Estos momentos nos acercan…a los que sentimos la costa como

parte muy importante de nuestras vidas y a los que desde afuera descubren que no es necesario ser propietario de un barco para sentirse flotar. En ediciones anteriores y por estos días, hemos solicitado a algunos amigos que nos enviaran sus historias náuticas para así contarlas a muchos que no los conocen. No falto quien agradeció por darle la oportunidad, el que se puso nervioso y a la

que se le piantó un lagrimón al recordar sus comienzos. Una inigualable oportunidad de conocernos mas y sentirnos acompañados en la maravillosa aventura de navegar y vencer el viento. Gracias a todos los amigos; a los que escribieron contando sus historias y a los que nos apoyan siempre, haya viento norte, sur o no sople nada.


Saltar y volar. Empecé con el kitesurf hace 4 años cuando fui al San Roque a ver un amigo practicarlo. Comencé a practicarlo y me costó aprender, muchas caídas y a los tumbos, y me dije: esto no es para mí. Cuando quise largar todo.... mi mamá no me dejo!!!! Jajaja. Ya estaba enamorada del deporte, demasiado tarde para abandonar!!! Enseguida ahorré y me compré mi propio equipo, un naish. Nunca había gastado tanto en un equipo deportivo, no sabía cómo pagarlo, usé toooodos mis ahorros. Dudaba en la elección de esa compra, yo que había estado en contacto con el agua de toda la vida haciendo wake o sky acuático, pero esta experiencia era distinta.... yo sola en el agua, sin ningún ruido de motor ni algo que me impulsara, solo el splash, balanceando tu cuerpo con el viento. Y vino el aprendizaje… cuando empecé a saltar wooooaooooo!, es inexplicable. Me acuerdo de mi primer salto todavía! Mi amiga Lau (Mangupli) me había dicho ya vas a ver cuando saltes... Yo no veía las horas! Y mi amiga tenía razón, sin palabras! Enseguida nos fuimos las dos a Brasil y ahí conocí amigos y gente invaluable, que forman parte de mi vida hasta el día de hoy, por suerte! A partir de esa vez fui rigurosamente a Jericoacoara dos meses por año, es el mejor lugar del mundo desde mi punto de vista. A la vuelta mi amiga lau me tenía una sorpresa y me llevo a conocer Rodeo (San Juan). Me dijo “es el jeri de argentina”, dicho y hecho, maravilloso lugar, mil amigos más! Que gente linda por dios los amo! Y de ahí en más, viajo con mi equipo como si fuera una parte indispensable de mi vida, prefiero no llevar ropa si no me permiten dos valijas.... meto todo lo que dé en el board bag jaja! El último viaje a Brasil empecé con el surf, y lo tengo metido en mi cabeza desde entonces, pero me falta práctica. Hace unos años empecé con el SUP y estoy e-na-mo-ra-da de la paz de ese deporte. Espero poder comprarme una tablita pronto! El longboard también me gusta mucho, pero si hay viento largo todo, el kite siempre es numero 1!

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Lau Ramonda


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DE CUYO AL PAÍS Mi nombre es Franco Monetti soy de Mendoza, tengo 19 años y comencé en la actividad náutica cuanto tenía tan solo 3 años de edad. Con mi familia teníamos un pequeño velero un Garua 19 al que le pusimos de nombre "socio´s" por como mi papa le decía a mi tío. Todos los domingos íbamos al dique El Carrizal, donde lo teníamos amarrado en el Yacht Club Mendoza. Aunque el tiempo estuviera feo, nos poníamos el chaleco salvavidas y salíamos a navegar, peleando con mi hermano Juan Manuel que tenía 5 años para ver quien timoneaba. Timoneábamos mejor que lo que andábamos en bici!

Así transcurrieron 6 años de mi vida. Por cuestiones familiares mis papas decidieron vender el barco, y ahí comenzó mi alejamiento en la náutica. Unos años después, con 12 años recibimos un regalo de mi papa: un velero llamado Tanga, similar al pampero que lo había inventado hace muchos años atrás mi tío Roberto Monetti al que le pusimos como nombre "otro socio" y con este barco nuestra actividad náutica tomaba otro rumbo en el club Mendoza de regatas. De a poco nos hicimos conocidos en el Carrizal porque en todas las regatas que había nos anotábamos... Con mucho esfuerzo de entrenar todo el verano del 2009 ganamos junto a mi hermano, nuestro primer campeonato provincial de tanga. Ese mismo año fui invitado al argentino de pamperos en Tucumán y a otros torneos más pequeños en Mendoza. Al año siguiente un Sanjuanino me invito a correr el campeonato argentino de pamperos en rosario, los resultados eran cada vez mejores pero nuestro club (club Mendoza de regatas) no nos brindo el suficiente apoyo que necesitábamos para seguir compitiendo en las afueras de Mendoza, fue así fue como el Sr. Héctor Marconi, presidente del Yacht Club Mendoza, nos invito a formar parte de su club a mi hermano y a mí. Juan Manuel decidió tomar distancia de la náutica y yo continué mi camino solo con el apoyo incondicional del club y mi familia. A principios de setiembre del 2011 corrí junto a Sebastian Halpern el argentino de pamperos en Mendoza. Al mes siguiente corrí la regaCIC en Mendoza con Sebastián en su barco (OD27). Luego de esa regata, me invito a correr el argentino de OD27 en el Río de la Plata junto a Roberto Monetti (H), Gastón Jaren, Guido Giambastiani y Diego Gongora, para lo cual nos entrenamos en el dique Potrerillos, mientras tanto corría en regatas que organizaba el club. A principios del 2012 comenzamos una campaña para ir al sudamericano de J24 en algarrobo Chile con: Elias Farah, los mellizos Giambastiani y mi hermano Juan Manuel. El entrenamiento fue muy duro durante todo el año, viajamos con el barco a Córdoba para medir nuestro nivel y mas allá de los buenos resultados no pudimos asistir al campeonato por motivos económicos. En febrero del 2013 volví a correr junto a Sebastián el campeonato "Centro de la República" de J24 en Córdoba. Después viajamos a San Juan y Tucumán con su pampero "escorpión", pensamos terminar el año con el argentino de pamperos en Viedma. Hoy por hoy veo imágenes de veleros, vídeos, regatas en televisión y me imagino que puedo ser yo el que tripule ese barco. Para mí la náutica, es un deporte único, donde requiere mucha destreza física y mental, también tranquilidad y placer.


Viento, amigos y guitarreadas. Empecé a navegar en marzo de 2009, cuando tenía doce años, en el Polideportivo de Carlos Paz. El año anterior había dejado voley y quería empezar otro deporte. Un día mis papás me dijeron que Mariano Reutemann había abierto una escuela de windsurf para chicos; no me pareció gran idea porque nunca me habían gustado mucho el agua ni el viento. Al día siguiente fui, y había mucho viento y olas. ¿La verdad? No me quería meter, y menos mojar. Cuando llegó mi turno pude navegar ida y vuelta sin ayuda ni indicaciones, ya que cuando tenía siete años Martín Berardo me había enseñado un par de cosas como ir y volver; mientras navegaba me iba acordado de todo lo que había aprendido antes. Al haber salido “sequita”, me empezó a gustar un poco más la idea y finalmente me enganché. Si me pongo a pensar, a pesar de todas las cosas que no me gustaban del windsurf, sigo navegando porque al entrar al agua es como si se te desenchufara la cabeza, te relajaras y dejaras que el viento te lleve… estás en contacto con la naturaleza. Además, salir a navegar con amigos es re divertido, porque hacemos carreritas, nos tiramos al agua, y cuando vamos a la costa disfrutamos de una ronda entre amigos, mates y guitarreadas.

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También puedo decir que el windsurf es un deporte muy social y la gente que está metida en la náutica es espectacular. Delfina Liotard


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Año a año, de barco en barco Cerca de los 13 años mi amigo Gustavo ¨Nono¨ Fleiderman me invitó a navegar. No tenía ni idea de a qué me invitaba pero apenas nos subimos al Grumete, me maravillé, no podía creer que una cosa tan pesada fuera movida por algo tan livianito como el aire. De ahí en más y después de un trabajo largo y convincente con el sponsor de la época, mi viejo, llegó el primer barco: el Curqueto, un Laser 5.6 que en esa época era casi un barcazo si no hubiera sido por los Roy 20 o el par de Alfas 25 que eran los grandes cruceros del momento. Al poquito tiempo llegó el Susurro y nos volvimos ¨competitivos¨ o, mejor dicho, empezamos a correr regatas. Hablo en plural, porque siempre realicé esta actividad acompañado con mis viejos primero, mi esposa Adry, mis hijas Viki y Coty y rodeado siempre de amigos como el “Nono”, Diego y Marcelo Romero, Eze Despontin, que marcaron una diferencia en mi vida náutica y que es lo más lindo que tiene este deporte. Samy Capeta


COMENZANDO DESDE LA BASE Mi nombre es Ramiro Camilotto. Navego desde muy niño, y mi historia comienza en un viaje que mi padre realizó a Buenos Aires donde lo invitaron a navegar. Volvió encantado y ese sentimiento nos lo transmitió al regreso. Se juntó con un amigo y compraron un H20, nuestro barco escuela. Nuestra primera experiencia en navegación fue en Córdoba, un día tranquilo de poco viento. Al sábado siguiente soplaba un “garganta” poderoso (viento del noreste en el lago San Roque que proviene de la garganta del dique), que daba en realidad para izar foque y sin saberlo, pusieron genoa. El barco escoraba tanto que me dio miedo y cometí el error de meterme adentro, fue la peor decisión. No quise subirme más. Así pasó un año y medio más donde no quise meterme al agua ni subirme al barco. Ya tenía 12 años. Hasta que un día volví a pisar la cubierta. Navegando vimos unos óptimist y me encantaron. Un amigo de mi papá tenía uno guardado y me lo prestó para que lo probara. Y salí a navegar sin tener mucha idea. Me crucé con Ezequiel y Pablo Despontín que en esa época navegaban en snipe y me dieron las primeras indicaciones y me enseñaron un poco desde su snipe. Me tumbé en la primera rachita. J aja! De ese día no me bajé más. Después fui cambiando a óptimist cada vez más nuevos, comencé a correr campeonatos, empezamos a viajar al interior y luego partimos a correr a Buenos Aires los campeonatos argentinos. Estos viajes creo que fue lo que más me quedó grabado en la memoria, nos divertíamos un montón y la pasábamos bárbaro. Una historia que recuerdo es cuando viajábamos a Mar del Plata en una renoleta con Matías Arrambide. Creo que teníamos diez y seis años. Íbamos a correr en Cadet, y Oscar, el papá de Matías frenó en la ruta y dijo: “Manejá Matías”… Un silencio en el auto! Mati no sabía manejar y se largó el loco en la ruta. Hoy nos reímos, pero teníamos un miedo! Ja ja!

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SIEMPRE EL AGUA

Incluso la fecha de mi nacimiento estuvo vinculada con la náutica. Resulta que nací por una cesárea programada porque mi papá tenía que partir a Europa como preparador de un catamarán de competición. Así se fijó el 27 de setiembre y una vinculación con el agua que podría resultar hasta algo “karmática”. Pero en el sentido del karma en que lo entiende la religión hindú: aquello de lo que (o para lo que) hemos venido a aprender. Me encanta pensar en las mil y una cualidades atribuidas al agua y que han forjado por milenios nuestras formas de vivir. En la filosofía zen, por ejemplo, le atribuyen la cualidad especial de adoptar la forma del recipiente que la contiene. Y por extensión: habilidad humana cuando es capaz de adaptarse como mejor indique el entorno. El agua busca su nivel, ni más bajo, ni más alto que lo que está en su propia naturaleza. También en lo más antiguo de la filosofía occidental está la alegoría del fluir, que los presocráticos pudieron ilustrar con la corriente del río. Imparable ese don de fluir del agua, representa la clave misma de nuestra realidad: todo está cambiando, el cambio no se detiene ni un instante. Y además está todo lo poético que se ha escrito con el agua como protagonista. Cuando llueve el cielo está llorando, su corazón era de hielo o llamar “cuerpo de agua”, qué amoroso, qué buena metáfora de los lagos. Ya para continuar con el karma, por cuestiones profesionales me toca a diario buscar formas creativas para que la comunidad acreciente su valor por el agua. Porque de tan natural como recurso se naturalizó su existencia y resulta que para el planeta tal como está hoy, su permanencia es un milagro del equilibrio. Me ha tocado ser testigo de que en Córdoba las discusiones sobre el agua se presentan tan frecuentemente en las mesas, forman parte de la agencia de nuestra vida cotidiana. Y del mismo modo, los que vivimos en torno al agua Días atrás estuve caminando por la Reserva Hídrica Pampa de Achala, en el Parque Nacional Quebrada del Condorito. Lo que podría para muchos haber arruinado el plan de la caminata, para mí resultó un aprendizaje maravilloso. Pude atestiguar, en tiempo presente, cómo una lluvia pertinaz formaba pequeños hilos de agua, que luego rebotaban por las piedras cuesta abajo. Así llegarán por los ríos en algunas horas, o por el mismo suelo varios años después, a cobijarse en nuestros lagos y meses después a nuestras casas. Pensé que ese mismo agua iba a contribuir a la ley física por la cual mi embarcación se mantiene a flote. En definitiva, el mismo agua que va y vuelve por el planeta desde tiempos inmemoriales está hoy acá, dejando fluir mi barco. Entonces nacer, aprender, adaptarse, fluir, amar y cuidar terminaron formando parte de navegar. Marcela Dávila


NUESTRA VIDA EN EL AGUA Todo comienza en Bell Ville, donde pasamos, con Tina, mi esposa, nuestra infancia y adolescencia siempre relacionados con aquel hermoso río tercero (Ctalamochita). El lugar de encuentro de aquella época, comenzada la primavera hasta terminado el verano, era en sus orillas; mateando o nadando largos recorridos en sus caudalosas aguas. Eso ya nos predispuso para los deportes náuticos. Recuerdo haber recorrido el río desde Ballesteros a Bell Ville con amigos, en tres canoas y una cámara de tractor, tardando tres días en llegar, durmiendo de noche tapados con lonas que no llegaban a ser carpas. El tiempo pasó y ya con los hijos pequeños, empezamos a frecuentar Carlos Paz los fines de semana, terminando siempre admirando el lago y navegándolo en una canoa que supimos tener. Cuando los varones empezaron a crecer sentí la necesidad de encontrar algún deporte (aclaro que nunca jugué al fútbol) que pudiéramos practicar juntos, para no perderlos en ese afán "familiero" que uno tiene. (Ramiro tendría 13 y Gonzalo 10 años). Se da casualmente un encuentro con ex compañeros del Liceo Militar que me cuentan que están haciendo windsurf en Los Molinos y en el Dique La Quebrada. Ahí apareció, en esas charlas , el "virus windsurfero". Se lo comenté a mis hijos proponiéndoles tomar clases con Max Reuterman y lo aceptaron de inmediato. Ellos en tres clases salieron navegando espléndidamente. Yo,.... todavía sigo aprendiendo. Pero la cosa picó y fuerte (hasta la actualidad). Así volví a juntarme con aquellos ex-cumpas, las primeras épocas en Los Molinos. El grupo lo formábamos: Tina con mis hijos varones; Guicho; Marra con sus hijos y Sofia; Lucas; y Rubén Franke quien desde aquellas épocas fue nuestro ídolo, consejero y maestro náutico. En el andar buscando el viento, más un lugar apropiado y familiar, pasamos por diferentes clubes: primero el Regatas, luego el Amarras, terminando en el CNC de dónde ya hacía tiempo que Rubén pertenecía, navegando su Roy 21. Recuerdo que solíamos visitarlo para navegar con él. Ahí apareció la "otra pasión".

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Pero aquí quiero mencionar con cariño al querido Eduardo "negro" Varela, windsurfista también del Amarras, quien había descubierto un D'angelo muy abandonado, en el puerto seco del CNC. Todas las semanas pasábamos a mirarlo y planear tenerlo algún día. Este buen amigo fue uno de los que más influyó para hacernos socios. La mala suerte quiso que, antes del mes de ser aceptados, lo perdiéramos. Siendo socios del Amarras no puedo olvidarme de Dn. Ricardo "gordo " Lamanuzzi que me decía : "A esa masa de carne con ojos lo sacaré buen navegante" . En ese tiempo con Lucas, habíamos descubierto desparramado entre restos de barcos, lo que sería un Catamarán (hobie cat) desarmado. Así que pedimos permiso para reconstruirlo y lo logramos Cuando lo botamos: Gran sensación!! Un club lleno de jóvenes y experimentados windsurfistas


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que nos miraban entre sonrientes y descreídos. Pero flotaba!! Aunque no había que olvidar de colocarle los tapones. En una ocasión salió José M con su esposa y a mitad del lago se le veía solo las puntas de los flotadores. Recuerdo que luego alguien comentó: "Che qué esquíes grandes tenía José ". Otra vez con Lucas, el viento nos tiró contra la propia bahía de club, o sea estábamos como en la vidriera del club! Sin pensarlo dos veces nadamos por debajo del agua y luego desde la costa lo sacamos sin ser vistos Ya como portador sano del " nuevo virus náutico" pregunté en el grupo familiar si querrían tener un velero a lo que todos contestaron afirmativamente. Propuse entonces hacer antes el curso de Timonel aceptándolo Tina y Gonzalo. Desde entonces hemos tenido hermosas experiencias compartidas. Y no concebimos una vacación sin la parte náutica incluida en ella. Para ir cerrando quiero decir que gracias a la navegación a vela hemos formado un grupo de amigos incondicionales, que disfrutamos del deporte, del aire puro y que, cuando nos mezclamos con otros los hartamos siempre con el consabido " tema acuático". Buenos vientos para todos Cachy Ávila


MARCELO PESCI (pequeña) “HISTORIA NAUTICA OFICIAL” Nací en el Club Náutico Córdoba año 1957 (mis padres ya eran socios antes de casarse) no me quedaba otra que navegar. Mis recuerdos de cuando comencé a navegar se remiten a revisar las fotos familiares en blanco y negro con gorrito blanco y pañales. Comenzamos a navegar solos con mi hermano mayor José Andrés cuando yo tenía 9 años, nuestra 1º embarcación fue un 505 hermano mayor de los 470 una verdadera MAQUINA con trapecio y spy , corrimos nuestro 1º campeonato Argentino cuando tenía 11 años de edad colgado en el trapecio y llevando el spynaker (con muy poco viento claro)piensen que hoy hay chicos de Optimist que no se animan a sentarse en la borda a esa edad. ANECDOTAS

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Recuerdo cuando el “HERMANIN PUCHI NAVARRO” (uno de mis maestros) me enseñaba a colgarme en el trapecio yo con 9 años, vientito de 5 nudos, él a sotavento para que escorara, yo enganchado y el con el tangón me empujaba cual lanza para que me anime a salir… terminé “estampado” en la proa jajajaj..

Otra “anécdota” para no olvidar… yo vi mi Madre Josefina “Chicha” Moyano “vender las joyas de la abuela” para comprarnos barcos y velas… “GRACIAS MAMI POR TANTO APOYO” A los 13 años las crisis económicas terminaron con la clase 505 y pasamos a la Clase Pengüin , era como pasar de un “formula 1” a la “cafetera del 38” muchos barcos con grandes timoneles Labandeira, Costa, etc. En Córdoba comenzó mi amistad con grandes timoneles y “personajes” sobre todo grandes personas que no olvidaré LULO MARTÍNEZ, FLACO ROSSI Y JORGE CARRER. Fueron grandes maestros de la vida y la vela (mayores que yo y que ya no están con quienes no los conocieron) hubo más maestros que no detallo para que no se pongan celosos si me olvido alguno. LO REAL ES QUE EN ESTE DEPORTE SE SABE CUANDO SE COMIENZA, PERO NO CUANDO SE TERMINA Y ES UN CONSTANTE APRENDIZAJE HACIENDO AMIGOS. A Los 15 años pase a la CLASE SNIPE la que creo nunca dejaré, en esta clase tuve mis más grandes satisfacciones en este deporte, hice amigos de muchos países. Es muy largo detallar la campaña deportiva, no obtuve gandes títulos pero si muy buenos puestos (subcampeón de un Gran Prix anual, 5º en un Argentino de 65 barcos, 12º en Sudamericano con 100 barcos algunos Gran Prix ganados etc.) y sobre todo siempre me divertí mucho. Esta Clase me dio la satisfacción que mis amigos me eligieran (contra mi voluntad) “SECRETARIO NACIONAL” (Presidente) 2001/2002. Siempre me gustó política de ayudar y devolver a los demás lo que este deporte me dio, me toco un periodo difícil.-

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Otra satisfacción “política” ser elegido “JUEZ NACIONAL ISAF” por la FAY. Es otra forma de devolver y también divertirse seriamente en este deporte. También participe en varias comisiones directivas de mi querido Club y he organizado junto a mis amigos muchos campeonatos Nacionales e internacionales. Siempre trate, más o menos de mantener el equilibrio entre el estudio luego el trabajo, la familia, los amigos y la vela. Que son los pilares de mi vida.-

Paralelamente corrí regatas en Dángelo 24 desde el 85 al 92 que era el equivalente al J24 de hoy, nos divertimos mucho con grandes tripulaciones de la época, allí si tuve varias temporadas exitosas junto al “Lulo Martínez” y Pebete Soria.

Ahora he retomado la clase Dángelo y me estoy divirtiendo muchísimo en J24. Otra gran satisfacción es poder compartir con mis hijos esta pasión y ver que ellos construyan su vida con los mismos pilares que intento mostrarles aun con todos mis defectos.

En fin… mi apasionada vida en las regatas son todas satisfacciones y ninguna decepción (aun en las derrotas). CONTINUARÁ… Si DIOS quiere.-


Fono: 03 51 15 3 21 86 65 - 01 1 1 55 329 84 66

www.semiosis.com.ar semiosis@semiosis.com.ar

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Revista PARALELO 31 Número 17  
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