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No hace falta creer en Dios, para ser un ángel. Basta con que te arranquen las alas antes de desarrollarlas.

Pero sucede, que a los niños que somos sobrenaturales de nacimiento.

Cuando luchamos supervivencia, de nuevo nos volvía a brotar. Ese injertado bulto en la espalda, que testimonia origen de ascensión.

Por más patadas, que la dureza nos desviara del ánimo vertebral. Arrojados al fondo del cielo caído.

No importa sangre, nos levantábamos de los cristales del suelo, una y otra vez hechos añicos de fragilidad.

Nos ganamos el cielo a pulso de aberración condensada, silencios y soledades.

Y ahora tengo la obligación de dar testimonio.

Por todas las criaturas que murieron en el camino del martirio, estén o no fallecidas físicamente. Por los que están siendo torturados en la dictadura diaria del espanto.

Nos volvimos sabios del mundo, a base de aprender de él. con la feroz lección del demonio, que creyó empalarnos inocencia.

Cuando dentro de nuestros sagrados corazones, estábamos escribiendo la revolución.


Al punto hirviente de Liberación. Cada uno de nosotros escogió de entre los matices del Alba, un sendero-guía de salvación para un compañero fue el renacimiento en partitura, para otro pincelar el horror.

Para mí, escogí la empuñadura de la palabra en poema. Espada poética, congénita resurrección, labrada a lema de Amor.

La sonrisa del sigo aquí presentando belleza poemaria deja a los lobos atroces, inesperadamente destrozados.

Milagros andantes, cuyas luces extraordinarias, pasan en general desapercibidas, para las mortales existencias.

Si a su paso lento los reales, notan algún destello de nuestra carne especial, Habrán sido bendecidos, por la palabra leal, de este aliento humilde.

Porque: Nada hay más fuerte e imbatible, que rebelarse contra la malvada oscuridad, Armada de Amor, Bondad y Generosidad.

No hace falta creer en dios para ser un ángel  

Para mí, escogí la empuñadura de la palabra en poema. Espada poética. congénita resurrección labrada a lema de Amor.