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Relatos de objetores y objetoras de conciencia ACOOC

Estefanía Gómez / John Pardo / Marisol Sánchez / Milena Romero / Julián Ovalle

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Derroteros sin derrota


Relatos

de objetores y objetoras de conciencia

Estefanía Gómez / John Pardo / Marisol Sánchez / Milena Romero / Julián Ovalle

#1

Derroteros sin derrota


Derroteros sin derrota #1

Diseño de carátula y diagramación: Paola Velásquez Carvajal paolavelasquez2000@yahoo.com

Acción Colectiva de Objetores y objetoras de Conciencia – ACOOC Cra. 19 No. 33 A – 26 Teléfono: 571-5605058 Correo electrónico: objecion@objetoresbogota.org Bogotá – Colombia (Suramérica)

Corrección de estilo: Antonio Ariza

ISSN: 2339-4153 2013

Autores: Perfil psicosocial de los objetores de conciencia Estefanía Gómez Vásquez Razones de conciencia para un cambio político Alba Milena Romero Sanabria Justificaciones filosóficas para el ejercicio de la objeción de conciencia John Franklin Pardo Marisol Sánchez

Impresión: El Rehúso - Taller Gráfico, Bogotá Se permite la reproducción total o parcial de esta obra siempre y cuando se cite la fuente. Primera Edición: 200 ejemplares. Enero de 2013. La impresión de este libro se hace con el apoyo de la Unión Europea. Los contenidos de esta publicación son responsabilidad de ACOOC y no reflejan necesariamente las opiniones de las agencias auspiciadores y financiadoras. Impreso en Colombia – Printed in Colombia.


Sumario

Prólogo

Julián Andrés Ovalle Fierro

Perfil psicosocial de los objetores de conciencia Estefanía Gómez Vásquez

Razones de conciencia para un cambio político Alba Milena Romero Sanabria

Justificaciones filosóficas para el ejercicio de la Objeción de Conciencia John Franklin Pardo Marisol Sánchez


P r ól o g o

Esta publicación ha sido construida en el marco del proyecto La Objeción de Conciencia como Derecho y Libertad Fundamental, financiado por la Unión Europea y ejecutado en asocio entre el Grupo de Derecho de Interés Público de la Universidad de Los Andes, G-DIP; la Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia, ACOOC; y la Organización No Gubernamental sueca, CIVIS. Los insumos para su elaboración fueron tomados principalmente del material recopilado a partir de entrevistas a profundidad, hechas a objetores y objetoras de las ciudades de Bogotá, Cali y Medellín; de la escucha atenta y el acompañamiento por parte de los autores, durante siete años, a personas objetoras de conciencia; y de lo adelantado por Julián Ovalle, miembro activo de ACOOC, para su tesis de grado en psicología. En Colombia existen expresiones de rechazo y propuestas alternativas en torno a la guerra y al sistema militarista que la sustenta. Son abundantes las acciones individuales y colectivas que día a día se cristalizan exitosamente en realidades, cada vez más parecidas a los sueños y

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las utopías que inicialmente las inspiraron. Estos cambios, ya sean complejos o sencillos, hechos por individuos y colectividades, se ven reflejados en los relatos hechos por las personas que objetan por razones de conciencia. Avanzar hacia la comprensión de lo que subyace de las narraciones de las personas objetoras de conciencia, es un reto para la sociedad y una invitación a marcar un derrotero que indique el camino entre una frondosa selva de imaginarios y supuestos aún no explorados a profundidad en la sociedad colombiana. Este texto fue dividido en tres capítulos que, en su conjunto, configuran una mirada interdisciplinaria que analiza las narraciones de las personas objetoras de conciencia. Cada ensayo profundiza en una perspectiva en particular: el primer capítulo analiza los relatos desde un punto de vista psicosocial; el segundo capítulo se enmarca dentro de una mirada política; y, en

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el tercer capítulo se desarrolla una interpretación de las narraciones a partir de una postura filosófica. A quienes trabajamos en esta iniciativa, nos reunió el interés de seguir avanzando hacia la comprensión de todo aquello que lleva a optar por el ejercicio de la Objeción de Conciencia al servicio militar obligatorio, y de las implicaciones que se derivan del ejercicio de este derecho. Al ser evidente que la Objeción de Conciencia ha tenido avances sensibles en Colombia, seguimos empeñados en que las instituciones del Estado Social de Derecho, del que habla la Constitución política de Colombia, identifiquen y asuman los múltiples retos que inaugura el reconocimiento del derecho a la objeción. También queremos generar, con trabajos como este, espacios de reflexión para que la sociedad encuentre un derrotero que lleve a distanciarse de la guerra. Un derrotero que no admite derrota. Julián Andrés Ovalle Fierro ACOOC

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“Yo me pregun taba por qué tien en matar la q ue ge n t m no sé; ucha tri e, teza. Y siempr sera como ese e rechazo a la violencia.”

Perfil psicosocial de los objetores de conciencia Estefanía Gómez Vásquez Las historias y los puntos de quiebre que los objetores y objetoras de conciencia han decidido tatuarse en sus memorias El propósito de este documento es explorar, de manera sistemática, aspectos expuestos por algunos objetores y objetoras de conciencia, quienes accedieron a responder una serie de preguntas relacionadas con sus experiencias de vida y con la manera en la que se forma su

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identidad política desde la Objeción de Conciencia a la guerra en Colombia.

Familia e infancia: el primer encuentro con la naturaleza social

Para tal fin, será indispensable conocer, a través de sus relatos, las circunstancias específicas que actuaron como detonantes en sus vidas, y que, de una u otra manera, los condujeron hacia su ejercicio político y activo desde la Objeción de Conciencia.

En la mayoría de los casos registrados para este estudio es posible identificar que las familias a las que pertenecen las personas que objetan por razones de conciencia, no corresponden a la tradicional configuración de madre, padre y hermanos. De hecho, la figura materna suele ejercer gran protagonismo en la estructura familiar como agente que dinamiza y fundamenta la formación ética desde la noviolencia y la Objeción de Conciencia. En algunos casos, esto se debe a la muerte del padre relacionada con actos derivados del conflicto armado, lo que podemos considerar como un detonante importante para la persona que objeta, pues hablamos de un espacio familiar que afronta y elabora un duelo vinculado directamente con la violencia política.

El análisis contempla variables relacionadas con la composición familiar, la educación formal y no formal en sus familias y en sus contextos más cercanos, así como con las diversas percepciones que, especialmente durante su adolescencia, terminan llevándolos a la necesidad de asumir un rol activo en una sociedad permeada por valores e imaginarios, que se categorizan como aceptados y no aceptados, alrededor del conflicto armado en Colombia.

En otros casos, aunque no existe un episodio de violencia explícito que haya afectado a uno de los miembros del núcleo familiar, sí 6

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existe, como referente, la influencia de familiares que, de una u otra forma, expresan abiertamente una postura política capaz de impregnar los espacios primarios de socialización, de reflexiones, preguntas y cuestionamientos que marcan los procesos de identidad.

“Mis referentes familiares y escolares jugaron un papel importante en el sentido de que fui educado en la autonomía, la libertad, la conciencia crítica de la sociedad y de mí mismo” Es importante mencionar, respecto a la influencia familiar en el objetor, que, en algunos casos, a los familiares se les pidió colaborar con grupos armados localizados en sus lugares de vivienda a cambio de protección, comida o dinero; sin embargo, existió siempre la decisión, por parte de los familiares, de mantenerse al margen de acciones que de alguna manera manifestaran simpatía por dinámicas propias del conflicto armado.

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Lo anterior encarna un estímulo importante en la identidad de jóvenes que, durante su adolescencia, enfrentaban este tipo de experiencias en contextos de extrema violencia, como es el caso de algunos objetores de Medellín y Cali. La postura de su familia frente al contexto representaba un ejemplo de acción al optar por no vincularse al conflicto y negarse a manifestar la solidaridad demandada por parte de los grupos armados

“Y yo siempre me reiteraba, no quiero, no quiero vivir así, yo no quiero ver más muertos… definitivamente eso fue lo que más me dio fuerza pa decir; no quiero participar, de romper inclusive con la cadena que se quiso crear en mi familia, porque en la familia se ve mucho eso; quiero vengar, quiero vengar. Pero yo creo que hubo un corte y fue un no rotundo”

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En este caso, donde la familia se ve enfrentada a la muerte de dos parientes cercanos bajo las dinámicas del control social en las comunas de Medellín, la abuela y la madre ejercen un rol fundamental al querer detener una cadena que empieza a generarse al interior de su familia en busca de venganza por los asesinatos cometidos. Esta influencia logra calar en los miembros más jóvenes de la familia, quienes emprenden un proceso de activismo político desde la Objeción de Conciencia. Uno de ellos, como objetor, denomina su ejercicio desde la Objeción de Conciencia como una “objeción acompañada”. Esto evidencia cómo la familia influye para que las personas que objetan por razones de conciencia asuman de una manera autónoma y libre la construcción de su identidad política. Las experiencias vividas durante la infancia también determinaron una serie de emociones y preguntas que más adelante encontraron sentido cuando las personas objetoras, durante el proceso de argumentar por escrito las razones para declararse objetor, indagaban por 8

las circunstancias, pensamientos, ideas y elecciones que consideraban fundamentales para justificar su declaración. Así, en varios casos se reporta una infancia en barrios y espacios violentos con presencia de diversos grupos armados, legales e ilegales, donde la cotidianidad estaba enmarcada por la intimidación a la comunidad, las muertes frecuentes y el involucramiento de las familias en las dinámicas del conflicto, lo que sin duda hace parte del repertorio de vivencias en la infancia, tales como el carácter violento de los juegos con los amigos o la imposibilidad de salir a jugar debido al temor y cuidado por parte de sus familiares.

“Yo me preguntaba por qué tienen que matar la gente, no sé; mucha tristeza. Y siempre era como ese rechazo a la violencia. A mí no me gusta eso, no quiero seguir viviendo eso porque me da mucho miedo. Además es muy triste recordar esos hechos.” Relatos de objetores y objetoras de conciencia


“Mi primo decidió regalarse al ejército, yo sentía la angustia de su mamá viendo las noticias, esperando las llamadas; le dibujé una libélula, con casco militar, y a cada lado escribí, lo positivo y lo negativo de que él se hubiese ido de la casa… gracias a lo negativo, tuve que alargar el dibujo de la libélula.” Como vemos en estos dos fragmentos, existe una motivación desde lo afectivo que se instauró de alguna manera en la identidad de los que ahora deciden actuar bajo el marco de la noviolencia y la Objeción de Conciencia; recuerdos y experiencias que sin transitar en ese instante por una reflexión de carácter político, social o ideológico, marcaron su infancia. Estas mismas experiencias más adelante empezaron a adquirir nuevos matices y a solidificarse durante la adolescencia y la juventud, e incluso a recordarse en el momento de hacer consciente su

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identidad política, pues, en algunos casos, habían sido olvidadas por completo. Así mismo, existen otros relatos de vida que, en lugar de referenciarse a experiencias difíciles durante la infancia, se remiten a ideas y valores más abstractos como la idea de una educación fundamentada en la reflexión, en la noción de justicia, equidad y noviolencia.

“Insistió (hablando de su mamá) profundamente para que nunca aceptara algo con lo cual mis principios se viesen anulados… De hecho, cuando yo decía que quería salir al parque a jugar, ella me preguntaba por argumentos para que lo hiciéramos y no se aceptaban sí porque sí, no porque no… nunca!” Podemos concluir por tanto que, desde la familia y la experiencia en la infancia, existen claros antecedentes de las primeras razones y justificaciones que más 9


adelante cobran forma y permiten a estas personas articularse a diferentes iniciativas de carácter social para encaminar su ejercicio como sujetos políticos.

Las instituciones educativas: el primer diálogo con los imaginarios sociales Las instituciones educativas a las que asistieron las personas entrevistadas también juegan un papel importante, en la medida en que fueron estos los primeros espacios donde las creencias, las búsquedas y la identidad de las personas entrevistadas, fueron reforzadas más allá de su núcleo familiar o puestas a prueba frente a las dinámicas presentes en instituciones permeadas por los valores e imaginarios típicos de la sociedad colombiana, relacionados con la justificación de la violencia como camino hacia la paz, es decir, la naturalización de la guerra. Algunas de las personas reportan en sus relatos experiencias favorables donde describen estos 10

espacios educativos como lugares que dan prioridad a la autonomía, la libertad, al diálogo y a la idea de horizontalidad como valores para el establecimiento de las relaciones humanas, encontrando allí la posibilidad de fortalecer sus procesos individuales, y de consolidar su afinidad hacia espacios relacionados con la noviolencia, la resolución pacífica de conflictos y la Objeción de Conciencia. Para otros, la experiencia en el colegio representó la primera oportunidad para confrontar sus creencias en un contexto que ya empieza a condensar las diversas miradas que existen sobre la guerra, tales como la importancia de estar vinculado al Ejército Nacional y sus valores de patriotismo, honor, masculinidad y otros que, en últimas, afirman la militarización cultural que sostiene el conflicto armado. Es allí donde varios de los objetores de conciencia reportan haber afrontado por primera vez los imaginarios dominantes y la presión social ejercida sobre ellos al manifestar una perspectiva diferente.

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Estos espacios se constituyeron también en escenarios donde las amistades, sobre todo durante la adolescencia, empiezan a fundamentarse en la afinidad con una perspectiva de vida, que, en muchos casos, era cercana al anarquismo y al antimilitarismo motivado desde diferentes expresiones artísticas como la música, el grafiti o la escritura, lo que implicaba, además, una ampliación de las redes sociales y los espacios habitados, nutriendo cada vez el encuentro con aquellos con quienes se identifica y continúa en la consolidación de su identidad.

Identidad de género: la aceptación que conduce al empoderamiento Si bien es cierto que actualmente el servicio militar es una obligación exclusiva para los hombres que han cumplido la mayoría de edad, es importante encontrar en este documento el motivo para abordar los alcances de una identidad política, construida desde la Objeción de Conciencia, extensible a las diversas identidades sexuales y de género. Derroteros sin derrota

Esto lo vemos en los casos de tres mujeres participantes de este estudio quienes han venido desarrollando su ejercicio como objetoras de conciencia, lo que implica abordar el lugar de la mujer como ser político y ubicarnos en el plano de la disertación y acción ética frente a contextos con los cuales existe discrepancia. Se trata de mujeres que han decidido abordar otras esferas del ejercicio de la Objeción de Conciencia, pues, más allá de pasar por la afirmación “No parimos hijos para la guerra”, que ha sido una de las expresiones más fuertes y reconocidas provenientes de las organizaciones de mujeres frente a la guerra en Colombia, el planteamiento de las mujeres objetoras se refiere a la defensa de la elección libre respecto a su propia vida y a su cuerpo, más aún cuando en el contexto del conflicto armado se alojan imaginarios desde el patriarcalismo, la verticalidad y la obediencia. Es importante mencionar que existe una marcada tendencia por parte de las mujeres entrevistadas a hacer referencia al cuerpo, y llegar a la 11


construcción de un discurso político desde la Objeción de Conciencia a través de creencias y argumentos que involucran la idea de autonomía sobre el cuerpo, al ser este valorado como uno de los primeros espacios de libertad del ser humano. Otro de los elementos que al parecer resulta crucial en el proceso de identificación y accionar desde la Objeción de Conciencia, está relacionado, en varios casos, con la aceptación de una identidad sexual específica que, sin duda, pone al sujeto en la necesidad de asumir la responsabilidad de sus elecciones y ponerlas en diálogo con una sociedad que suele ser reacia a la diversidad sexual. Según uno de los objetores entrevistados: “A partir de mi aceptación, amplío la libertad para expresar mis pensamientos”. Esta afirmación se ve reflejada en varios procesos de formación que se han venido implementando en ACOOC1 con jóvenes de diversas identidades sexuales. Muchos de

los casos apoyan la hipótesis de que, en comparación con lo vivido por aquellos que se identifican como heterosexuales, para los jóvenes de diversas identidades sexuales el asumir la Objeción de Conciencia como un pilar para su accionar político, y desde allí afrontar varias de las consecuencias sociales, económicas y políticas que esta decisión acarrea, se sobrelleva de una manera menos compleja y traumática. Aunque esto podría ser el punto de partida para otro estudio, es posible plantear inicialmente que el hecho de haber asumido un proceso de aceptación de su identidad sexual, y haber logrado exponerlo y vivirlo con la suficiente libertad en su cotidianidad, le permite a la persona acceder más fácilmente a diversas herramientas afectivas y cognitivas para defender una postura política como objetora de conciencia que, al igual que su identidad sexual, encuentra en la sociedad colombiana contradictores fuertes y castrantes.

1  Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia.

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Identidad cultural: la experiencia de la colectividad

también fundamentales para las comunidades afrocolombianas e indígenas del país.

Para uno de los objetores entrevistados, haberse identificado como afrodescendiente le permitió adoptar una visión que reforzó su identidad política como objetor de conciencia. Su identidad cultural fortaleció varias de las afirmaciones que empezaba a construir desde la desobediencia civil, la noviolencia y la Objeción de Conciencia. Además, adquirió una perspectiva más amplia, a partir de una mirada étnica y cultural, que le permitió percibir y proyectar un alcance más amplio de su decisión.

Por tanto, la pertenencia a tales comunidades, posibilita al joven, que empieza a considerar la Objeción de Conciencia como un elemento de su identidad, un espacio seguro y favorable para su desarrollo como objetor.

Desde esta perspectiva, podemos considerar que pertenecer a una colectividad de este tipo potencializa el autoconcepto del objetor de conciencia respecto a sus acciones, y fortalece su postura ante un contexto que se muestra adverso y contrario a las ideas que fundamentan la Objeción de Conciencia, tales como la equidad, la horizontalidad y la noviolencia; principios que son Derroteros sin derrota

Procesos organizativos: el encuentro con el otro Después de haber transitado por las experiencias y los relatos de vida de algunas de las personas que hoy en día se identifican y actúan desde la Objeción de Conciencia en Colombia, nos encontramos con un aspecto fundamental en el que todas las personas que participaron en este estudio se muestran de acuerdo: En todos los casos, sin excepción, la pertenencia a un grupo de jóvenes que pretende una reflexión y una acción sobre el contexto, representó un punto de quiebre contundente en el camino hacia el hacer activo como objetores y objetoras de conciencia. 13


Uno de los elementos expuestos con más fuerza por los entrevistados, se refiere a la posibilidad de encontrar en otros jóvenes miradas y perspectivas afines; el descubrir que “No estás solo”, que más allá del barrio, de la ciudad y el país, existen otras personas con las mismas inquietudes y con la necesidad de actuar, en este caso, desde la noviolencia y el antimilitarismo. Así, lo que suele ser una de las afirmaciones más frecuentes durante la adolescencia: el sentirse no comprendido, no escuchado, empieza a derrumbarse ante la experiencia que en la cotidianidad logra construirse con un grupo, lo que termina consolidando la idea de colectivo como un espacio seguro que posibilita el encuentro y la acción con el otro.

“La experiencia organizativa fue fundamental, fue muy buena porque ya no era sólo pensar en mí, obviamente, pero estar con otros, otros pensamientos, otras formas

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de ver el mundo…conociendo de la anarquía, de los grupos, de los vegetarianos.” En este fragmento vemos cómo la experiencia con otros permea muchas de las esferas de la vida de un joven que empieza a encontrar, a partir de una afinidad específica, otros intereses, espacios, actividades y búsquedas desde las cuales construye su identidad. Así mismo, manifiesta haber encontrado desde allí un interés y un oficio, en varias ocasiones artístico tales como la música, el grafiti o la danza, y haber establecido un lugar en la comunidad, lo cual le da una identidad y un espacio donde compartir la perspectiva que ha construido. Los espacios de formación que por lo general buscan, más allá de un dominio discursivo específico, el encuentro y la reflexión crítica frente a un conflicto armado, constituyen un lugar idóneo para el empoderamiento político de

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los jóvenes y la proyección de su accionar de manera individual y colectiva.

“A partir de ahí, empecé una construcción individual de cómo irradiar mi vida… Para mí ha sido como un proceso constante en la búsqueda de mi vida, y ahí fue donde uno contribuye a una actitud crítica, política, en el sentido no sólo de las armas, sino de no creer en formas verticales y jerárquicas de organizar la vida y organizarse uno como persona.” En esta misma línea, los sujetos empiezan a trascender su noción de individualidad. Las personas objetoras de conciencia al sentirse parte de un colectivo, de un espacio más amplio, muchas veces abstracto, se sienten capaces de deconstruir, vivenciar y confirmar sus creencias y sus inquietudes.

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“Me transformé porque ayer pensaba que la guerra era sólo mala para mí y ya hoy pienso que es mala para todos. O sea, la transformación pasa por todo, por las membranas, por la piel, por lo que uno dice, lo que uno hace.” “Tú vas recorriendo la vida y vas entendiendo tu mundo y te vas parando frente a las realidades con las cuales convives y de una u otra forma reaccionas o aceptas o quieres transformar o quieres simplemente entender de otra forma o aceptar sin generar mayores acciones… Mis discursos y mis acciones de una u otra forma van construyendo realidades y van permitiendo re significar a otros y a mí mismo en

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ese proceso de conversación, de lenguejear mi experiencia misma.” Este tipo de experiencias, además de posibilitar el encuentro y el diálogo con otros, donde la confrontación no se resume a una relación ganarperder, da lugar a un nuevo nivel de reflexión y acción en el objetor de conciencia, quien, además de fortalecer su identidad, empieza a buscar e imaginar maneras de trascender su perspectiva, para compartirla y generar otros espacios donde replique lo que en su proceso ha construido autónomamente.

“La Objeción de Conciencia me posibilitó a mí personalmente sentirme, como ya lo dije, parte de la sociedad y desde ahí tratar de construir. Entonces por el trabajo, por lo que he optado y por lo que he decidido estudiar, pues busco eso, que otras personas conozcan de sus derechos, que otras personas sepan que hay la posibilidad de 16

decir no a aquello que atenta contra nuestras convicciones e inclusive, contra nuestros derechos.” Todas las personas entrevistadas adelantan en la actualidad proyectos que integran su profesión u oficio y su perspectiva política a través de espacios de formación. También llevan a cabo otro tipo de proyectos que son desarrollados de manera individual, pero engendrados bajo la estructura y dinámica de las organizaciones a las que pertenecen como objetores. Esto implica que cada iniciativa individual que se emprende, cuenta de alguna manera con el esfuerzo y el respaldo de un colectivo; característica determinante en el alcance que puede tener cada propuesta. Otra de las características identificadas en las personas objetoras de conciencia respecto a su situación actual, tiene que ver con un cuestionamiento constante hacia la manera en la cual deciden llevar a cabo su proyecto de vida. Existe, en todos los casos, una Relatos de objetores y objetoras de conciencia


mirada frecuente hacia sí mismos con relación a su experiencia con el entorno.

“La violencia no sólo se reproduce en las grandes estructuras de la sociedad, sino que somos parte de una cultura que se ha tornado violenta y que por lo mismo, también nos permea… Reconocer las expresiones del militarismo y la violencia en mi propia vida… La Objeción de Conciencia me ha posibilitado reafirmar que la violencia no es una forma de solucionar los conflictos, me ha posibilitado crecer en muchos aspectos personales, en la forma de relacionarme con las personas, en entender bien qué es el tema de la solidaridad, entender que es reconocer la diferencia y desde la diferencia construir”

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Conclusiones A partir de lo expuesto a lo largo del documento, consideramos pertinente destacar ciertos aspectos para llegar así, desde una perspectiva psicosocial, a lo que podría considerarse como parte del perfil de las personas que han decidido objetar por conciencia en Colombia. 1.  La familia constituye un referente importante, más aún si se cuenta con familiares políticamente activos, como, por ejemplo una presencia materna fuerte que aparece como punto de soporte y referencia en la formación ética, o una familia que se niega abiertamente a ser partícipe de diversas dinámicas propias del conflicto armado. 2.  Durante la infancia de las personas objetoras, los principios y valores desde la noviolencia se instauraron a partir de la experiencia afectiva y de una formación sustentada en la noviolencia, la libertad y la autonomía.

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3.  Las instituciones educativas constituyeron un espacio fundamental para el refuerzo de las inquietudes y los intereses instaurados en la familia, y para el encuentro y confrontación con otros imaginarios y perspectivas, que, en últimas, fortalecieron la sensibilidad e inclinación por la noviolencia, la libertad y la autonomía.

6.  Sentirse miembro de una comunidad afro descendiente o indígena resulta un factor facilitador para el fortalecimiento de la identidad como persona que objeta por razones de conciencia. La idea de colectividad, así como los principios que en ella habitan, facilita el ejercicio de esta postura política.

4.  Las mujeres objetoras de conciencia se refieren con frecuencia a los principios de libertad y autonomía, en relación con el cuerpo. Sus discursos van más allá de una identificación política atada a la presencia masculina, y, en su lugar, destacan su postura desde una mirada crítica al contexto y a su rol en la sociedad como personas con criterio político.

7.  La pertenencia a procesos organizativos ha marcado un punto de quiebre fundamental en todos los casos reportados, pues, con esto, se ha logrado fortalecer los procesos identitarios y discursivos de las personas objetoras de conciencia. La experiencia en lo colectivo posibilitó encausar sus inquietudes y cuestionamientos dentro del ejercicio político.

5.  La aceptación de la homosexualidad parece facilitar, para los objetores de conciencia con esta identidad sexual, asumir las implicaciones políticas, sociales y económicas que conlleva ejercer la Objeción de Conciencia.

8.  Bajo la construcción de una identidad desde una perspectiva política como la Objeción de Conciencia, resulta característica la constante introspección y autocrítica en el sujeto; la individualidad siempre se muestra en juego con las relaciones interpersonales, la cotidianidad y el contexto. Las

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relaciones dialógicas allí implícitas son permanentemente un asunto de reflexión y análisis. 9.  Existe siempre una proyección desde lo individual hacia lo colectivo que se traduce en la búsqueda de manifestaciones, ya sea de carácter artístico o político, que respondan al punto de vista que cada sujeto ha encontrado durante su construcción individual.

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ilosofía lo f a t s romper … e s u s ca e b , esqueue ucturas tr ntroles es as y co y m ntales some ciales...”

Razones de conciencia para un cambio político Alba Milena Romero Sanabria En las entrevistas hechas a las personas que objetan por razones de conciencia, además de conocer los motivos por las cuales rechazan la prestación del servicio militar obligatorio, se puede apreciar cómo la Objeción de Conciencia no solo se restringe al plano de las creencias morales o éticas, sino que abarca aspectos como el político; tema donde los narradores suelen hacer más énfasis.

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En sus relatos, las personas objetoras, perciben el mundo y la sociedad colombiana como espacios problemáticos ante los cuales sienten que no pueden mantenerse ajenos, por eso han asumido un papel activo que busca proponer el desarrollo de soluciones. Dada la importancia que los entrevistados le han dado al tema político, es conveniente analizar las posturas críticas de los objetores a partir de su experiencia frente al Estado y la sociedad, y así trazar una línea argumentativa a lo largo del capítulo. Por tanto, para abarcar la relación objetores - Estado, es necesario, en primer lugar, explicar algunas nociones teóricas acerca del Estado Liberal; en segundo lugar, tomando como base los relatos de vida, observar cuáles son las posturas críticas, por parte de los objetores hacia el Estado colombiano para contrastarlas con las nociones teóricas señaladas, y, finalmente, a partir de allí, extraer y definir las propuestas de las personas que objetan por razones de conciencia con respecto al deber ser del Estado. 22

El consenso político Una de las teorías preponderantes sobre el Estado liberal es la del consenso político. Esta teoría plantea que todos los hombres tienden a agruparse en asociaciones políticas. Thomas Hobbes corrobora esta teoría al afirmar que el hombre se encuentra en un constante estado de enemistad, “de todos contra todos, en el cual cada uno [individuo] está gobernado por su propia razón, no existiendo nada de lo que pueda hacer uso que le sirva de instrumento para proteger su vida contra sus enemigos […] En semejante condición, cada hombre tiene derecho a hacer cualquier cosa, incluso en el cuerpo de los demás, y, por consiguiente, mientras exista ese derecho natural de cada uno respecto a todas las cosas, no puede haber seguridad para nadie […] de existir durante todo el tiempo que ordinariamente la naturaleza permite vivir a los hombres”.2

2  HOBBES, Thomas. El Leviatán. O la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil. 14ª Ed. Relatos de objetores y objetoras de conciencia


Aunque el hombre ama su libertad, ama más su vida y desea conservarla. Si bien el individuo sabe que en el estado de naturaleza o de guerra goza de plena libertad para dirigir sus acciones, también es consciente de que esa libertad puede ser la responsable de su muerte. Por tanto, al poner la libertad y la vida en una balanza, prima el deseo de mantenerse salvo; esto lleva a cada individuo a tomar la decisión de pactar con otros la creación de una organización artificial, la cual estaría encargada de sujetar y mantener a raya las pasiones de cada persona y observar el cumplimiento de leyes naturales, tales como la búsqueda de la paz, la justicia, la gratitud y la facilidad para perdonar3. Este pacto tendría como consecuencia que el hombre no actuaría basado en su propio razonamiento, sino que, en lugar de ello, transferiría al Estado la facultad de determinar la forma en que se debería actuar.

Jean Jacques Rousseau también trata la idea de la asociación política al sostener que, cuando el hombre está en un estado de libertad natural y se encuentra con obstáculos que le impiden su conservación y su existencia, decide unirse a una fuerza común capaz de proteger al individuo y sus bienes de tales dificultades.4 El hombre, según Rousseau, al tomar esta decisión “pierde por el contrato social, su libertad natural y un derecho ilimitado a todo lo que intenta y que puede alcanzar; lo que gana, es la libertad civil y la propiedad de todo lo que posee”.5 Es decir, cada individuo hará un tránsito de un estado a otro; abandonará un lugar en el que razona y actúa por voluntad propia, donde puede perecer o esclavizarse a una fuerza más poderosa, para adentrarse en uno en el que actuará de acuerdo con los principios morales que han sido establecidos por una comunidad sin posibilidad

México: Fondo de Cultura Económica, 2006. Pp. 106 – 107.

4  ROUSSEAU, Jean Jacques. El contrato social. Valladolid: Editorial Maxtor, 1999. Pág. 24.

3  Ibídem. Pág. 121.

5  Ibídem. Pág. 34.

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de sometimiento alguno más que al de la ley, lo que le garantizaría su vida y su libertad. Al crear una estructura que defienda y garantice la vida y la libertad, el individuo debe estar dispuesto a entregar, por voluntad propia y cuando está en condiciones de hacerlo, todo lo que esté a su alcance para que la comunidad política funcione. Esto implica que los asociados tienen que cumplir con ciertas obligaciones, tales como la obediencia a la ley, el respeto a la forma de gobierno, el pago de impuestos y todas aquellas tareas que se consideren necesarias para el buen funcionamiento del Estado. Si bien, tanto Hobbes como Rousseau coinciden en que la asociación política de los individuos es la mejor forma de organizarse, son conscientes de que existen situaciones que pueden llevar a la disolución del Estado: El pacto social queda roto cuando el gobierno actúa por fuera de las Leyes o cuando el poder real es usurpado por otro tipo de poder.

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Ruptura del consenso político El consenso político se materializa en Colombia cuando “en su ejercicio de poder soberano, representado por sus delegatarios la Asamblea Nacional, invocando la protección de Dios, y con el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico democrático y participativo”6 el pueblo promulga una norma de normas que determina las funciones del Estado y los derechos y deberes del ciudadano, donde uno de los deberes establecidos en la carta política para mantener el consenso político es la prestación del servicio militar obligatorio.

6  CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE COLOMBIA. (20, julio, 1991). Gaceta Constitucional No. 116. Disponible en internet: http://www.secretariasenado. gov.co/senado/basedoc/cp/ constitucion_politica_1991.html. Relatos de objetores y objetoras de conciencia


Este deber es cuestionado por las personas que objetan por razones de conciencia al ver que el Estado colombiano no ha cumplido con su parte del pacto, y ha negado los beneficios que de este se derivan. Por tal motivo se preguntan: ¿Es un deber para el ciudadano cumplir con sus obligaciones cuando el Estado no cumple con las suyas? Esta pregunta se puede responder a partir de los puntos de vista que subyacen de los relatos de las personas objetoras, que, en términos generales, sostienen que el Estado colombiano ha incumplido con su parte del pacto porque no han visto garantizada su seguridad, la convivencia pacífica, la observancia de las leyes, y no se ha mantenido vigente un orden justo donde prevalezca el bien común7.

“He tenido experiencias que me llevaran a tomar esa decisión. Desde muy pequeña 7  Ibidem. Disponible en internet: http://www.secretariasenado.gov. co/senado/basedoc/cp/constitucion_ politica_1991.html. Derroteros sin derrota

tuve inquietudes, me preguntaba por qué la gente estaba mal de dinero, por qué se veía tanta violencia. Ahora me acordé de una experiencia específica, que me hace pensar que lo que pasa en este país tiene que cambiar. Recuerdo que estaba con mi mamá esperando un bus al frente del cementerio central. Un señor se nos acercó y empezó a pedirnos dinero, él llevaba consigo unas bolsas con mercado; según él se había quedado dormido en el colectivo, se había pasado del lugar donde tenía que bajarse y ahora no tenía cómo devolverse. Recuerdo que él miraba los bolsillos de mi mamá. ¡Nosotras estábamos asustadas! ¡Muy asustadas! Mi mamá me cogía duro, no me quería soltar mientras le decía al tipo: “No tengo dinero… no le puedo ayudar”. 25


De repente, apareció un carro Mazda 4 color verde, pálido (por cierto estos carros no me gustan) y salieron unos tipos diciendo: ‘Ahora sí (#$#@) lo encontramos y nos la va a pagar’, lo agarraron, lo metieron en el carro y se lo llevaron. Mi mamá me gritó que corriera, mientras los hacíamos pasó el bus que nos llevaba para la casa. Nos subimos. Yo estaba muy asustada. Se subió un señor vendiendo estampas del divino niño Jesús, mi mamá me compró una y cuando la recibí me puse a llorar. Recuerdo que duré más de ocho días pasando por las tienda mirando los titulares del periódico para ver si salía alguna noticia del señor. Ahora puedo decir que fue uno de los momentos más duros de mi vida. Ese día me marcó y me dije que yo no 26

quería que lo que era siguiera siendo. Había que cambiarlo. Después con el tiempo, me di cuenta que lo que yo había visto era más común de lo que yo pensaba. Varios familiares míos murieron por carros fantasmas. ¿Los recuerdas? hubo uno que lo torturaron y luego apareció tirado en un lugar lejano. Para mi familia era difícil ocultar lo que estaba sucediendo así que, todos nos enterábamos. La violencia no me gusta, pero está muy presente en nuestra sociedad.” El hecho narrado por esta objetora de conciencia se enmarca dentro del panorama de la violencia en Colombia, el cual ha tenido, entre sus consecuencias, el surgimiento de varias organizaciones armadas: las guerrillas definidas como grupos de izquierda que le disputan el poder político al Estado desde hace aproximadamente 50 años; los grupos paramilitares, grupos Relatos de objetores y objetoras de conciencia


ilegales de derecha, que buscan mantener el poder político; grupos de delincuencia organizada que, en palabras de la Procuraduría General de la Nación, han evolucionado de grupos organizados a un complejo sistema de tipo empresarial8 y ejércitos privados que ofrecen protección. La existencia de estas organizaciones armadas evidencia que el Estado no ha logrado ser el garante de la seguridad de sus ciudadanos, y, peor aún, la ineficacia del Estado ha generado que tales estructuras sean las que asuman la misión de brindar, a su manera, seguridad. Esta situación, para Ibán de Rementería, se deriva de la ausencia o poca presencia del Estado en varios lugares del país:

8  PROCURADURÍA GENERAL DE LA NACIÓN. Delincuencia organizada. Disponible en internet: http://www. pgr.gob.mx/Combate%20a%20la%20 Delincuencia/Delitos%20Federales/ Delincuencia%20Organizada/ Delincuencia%20Organizada.asp Derroteros sin derrota

“[…] la no presencia jurisdiccional del Estado, o la reducción de esta a la mera acción policiva, deja la resolución del conflicto social entre terratenientes y campesinos a la capacidad que cada uno de ellos tenga de acumular y lleva a resolver el conflicto a la tenencia de la tierra, el principal, por medio de la confrontación de fuerzas de las partes, hasta llegar al ejercicio de la violencia y no por medio del arbitramento de acuerdo con el derecho del Estado y el régimen político.”9 Más allá de centrarnos en los actores que menciona el autor, lo interesante de esta idea es ver cómo la ausencia del Estado permitió la creación de organizaciones que asumieron tareas que le correspondían a este, tales como arbitrar las diferencias, proteger a la comunidad de factores externos que la pudieran poner en riesgo, y hacer cumplir, muchas veces a través de métodos violentos, las reglas impuestas 9  REMENTERÍA, Ibán. Hipótesis sobre la violencia reciente en el Magdalena Medio En: Pasado y presente de la violencia en Colombia. Medellín: La Carreta Editores, 2007. Pág. 342.

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por ellos. En los siguientes relatos podemos identificar algunas de estas características:

“Esa fue la vuelta que los grupos paramilitares vieron un potencial en el parque, un negocio grande en el cual nadie tenía control, entonces empezaron ahí a penetrar, y la gente digamos que inconscientemente, sin darse cuenta, ya se metieron ahí y ellos tenían el poder. Y empezaron a matar personajes digamos muy reconocidos, y el lugar era muy característico, porque además de ser un punto de encuentro de jóvenes de la ciudad, de parches bohemios, punkeros, hippies, era también como un espacio donde se encontraba la gente que era incomprendida por la sociedad. Y esas personas eran las que más fácilmente era agredidas por los paracos y asesinados. Vea el caso, cuántos 28

homosexuales han matado allá en el parque… a la vista de nosotros hemos visto morir gente ahí por homosexuales, por ser punkeros, por ser lo que sea. Un grado de intolerancia que se puso con la llegada de los paracos muy grande, y quedaba en la impunidad” “Muchas veces a la gente de la comunidad le tocaba guardar armas de los pillos de ahí porque iban los tombos a hacer incautaciones, allanamientos, a la casa de la mafia, de los paracos. Entonces los manes llegaban, si obligaron muchas veces, como ellos para la gente del barrio representaban los muchachos que supuestamente cuidaban el barrio, entonces en ese momento, uno lo que se pensaba era, la gente asumía que tenía que ayudarles, ser parte de ese conflicto. Y en Relatos de objetores y objetoras de conciencia


ese momento muchas familias, por ejemplo la de nosotros, nos tocó guardar una cantidad de balas, y el que nos pidió el favor era una persona allegada, amiga de la familia. Entonces en ese momento uno llega, y dice, pues yo no lo quiero hacer, pero si me niego también que consecuencias y qué repercusiones hay en mi vida por eso. Entonces nosotros por temor y por parcería con esa gente, por la amistad, entonces de una, hágale, le guardamos… y armas huevón, pero y uno, imagínate uno guardándole armas en una casa que hay niños, eso es una cosa bruta.”10 Otro aspecto señalado por las personas que objetan por razones de consciencia, y que se 10  Usan la palabra tombos para referirse a miembros de la Policía Nacional y paracos, para referise a paramilitares. Derroteros sin derrota

contextualiza en el panorama referente a la ineficacia del Estado en su misión de garantizar la seguridad y la convivencia pacífica de los ciudadanos, es el de las “limpiezas sociales” por parte de algunos de los grupos ilegales mencionados, en las que jóvenes de barrios populares han sido asesinados por ser considerados indeseables dentro de los ideales de comunidad.

“La violencia finalmente toca a la puerta y entre el 92 y 94 mis dos hermanos, uno de 18 años y otro de 17, son asesinados por milicias populares en su estrategia de limpieza. En adelante y durante más de 12 años, nos convertimos en desplazados internos yendo de barrio en barrio de la ciudad de Medellín, tratando de huirle a la violencia que incesante nos perseguía.” Además de lo anterior, Las historias de vida dan cuentan de cómo el Estado ha llegado a ser responsable, 29


ya sea por acción u omisión, de situaciones que van en contravía de sus funciones constitucionales.

“El Ejército se metía a las casas sin permiso y acusaba a la gente de guerrilleros, los maltrataba, les desocupaba las casas y pues uno que compartía con la gente del barrio, entonces esas cosas lo indignan a uno.” La idea de vencer al enemigo ha implicado que el Ejército se extralimite en sus funciones hasta el punto de violar derechos que está en la obligación de proteger, tales como el buen nombre y la propiedad privada; sometiendo de esta forma al ciudadano a situaciones que están por fuera de la ley. Esto se evidencia en otro de los relatos, donde una de las personas recuerda el caso de un grupo de jóvenes que fue reclutado supuestamente para prestar el servicio militar. Días después del supuesto reclutamiento, los jóvenes fueron dados de baja y reportados como guerrilleros muertos en 30

combate por miembros del Ejército. Luego de haber transcurrido mucho tiempo de hacerse pública esta situación, los responsables seguían impunes. Hechos como este y el trato que reciben estas situaciones por parte de la justicia colombiana a la hora de solucionarlas, hacen pensar a las personas que objetan por razones de conciencia que las instituciones que hacen parte del Estado pueden operar por fuera de la ley, y que los mecanismos existentes para controlar y corregir estas conductas, además de ser ineficaces, pueden ser las causantes de la reproducción de tales prácticas. En la historias de vida hemos visto que los derechos y libertades de la personas que objetan por razones de conciencia, también han sido violados, no en escenarios del conflicto armado en Colombia, sino en situaciones cotidianas. En el siguiente relato se expone el caso de una persona que fue detenida sin orden judicial, y obligada a cumplir un castigo no dictaminado por un juez.

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“En algún momento iba acompañando a un amigo hacia la casa de su papá, nos pararon dos policías y nos dijeron que fuéramos hacia ellos, nosotros lo hicimos, luego nos dijeron que pusiéramos las manos adelante, nos esposaron y nos llevaron al CAI. No nos decían ni por qué nos llevaban, ni qué habíamos hecho. Nos llevaron corriendo desde una parte muy lejana hasta en CAI en subida, cuando llegamos nos pusieron a hacer ejercicio cuando estábamos cansados paramos y uno de los policías fue al cuarto y sacó una macheta forrada en caucho de llanta y dijo que quien no hiciera el ejercicio lo iba a golpear con eso; entonces como que eso refleja también un poco el abuso de autoridad que muchos policías ejercen a través de Derroteros sin derrota

ese supuesto poder que les da el tener un uniforme, esas experiencias…” En este contexto en el que el Estado ve en entredicho su legitimidad, las historias de vida permiten inferir que el incumplimiento de las funciones por parte de este, pone a la persona objetora, respecto a si debe o no prestar el servicio militar obligatorio, en un dilema que más allá de ser moral o ético, se vuelve político: por un lado, se le pide que cumpla con la ley que impone el servicio militar obligatorio, para garantizar la seguridad de todos los colombianos y así contribuir a que los miembros de la comunidad política puedan ejercer los derechos y libertades, pero, por el otro, se ha encontrado con un Estado donde ciertas instituciones no siempre han actuado de acuerdo con el marco constitucional. Ahora bien, alguien podría preguntar: ¿si el Estado cumple con sus obligaciones entonces se debería prestar el servicio militar? El debate seguiría abierto, pues 31


algunas de las personas que objetan por razones de conciencia, no cuestionan el consenso político e incluso consideran nobles muchos de los propósitos que este se ha propuesto, sin embargo, creen que es urgente buscar o fortalecer los medios no violentos para que la asociación pueda persistir. De allí se deduce que, para las personas que objetan, el servicio militar obligatorio, así tenga un carácter legítimo, si promueve la violencia como medio para dirimir los conflictos, no es una forma válida de hacer parte del consenso político.

¿Qué hacer con el consenso político? Las personas que objetan conciencia no tienen una única posición con respecto a si el consenso político ha fracasado totalmente, o si requiere de cambios significativos para que este pueda cumplir mejor con sus propósitos. Algunos consideran que el Estado no busca el bien común de sus asociados, ni tampoco pretende garantizar su seguridad, sus derechos y libertades; por tanto piensan que, 32

para solucionar los problemas derivados de las relaciones sociales y lograr una convivencia pacífica, no es necesaria una estructura estatal; en cambio sí estiman indispensable que la sociedad forme individuos consientes, autónomos y con capacidad de gobernarse a sí mismos para que todos sus actos sean actos justos y, en consecuencia, no se requiera de un organismo que regule a través de la norma e imparta justicia:

“…esta filosofía lo que busca es romper estructuras, esquemas y controles mentales y sociales, que de ahí para adelante es la misma sociedad la que se moldea.” Otros objetores, por el contrario, no creen en la disolución del consenso político, en lugar de esto proponen que el Estado fortalezca otros aspectos como el cumplimiento de las leyes y el respeto a los mecanismos dispuestos por este para solucionar los conflictos.

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En las historias de vida varios entrevistados proponen que para que el Estado colombiano continúe con su tarea de garantizar los derechos y libertades constitucionales, es necesario que este invierta esfuerzos en acciones que consoliden el respeto por la vida, por los bienes ajenos y permitan la convivencia entre todos los miembros de una sociedad. Por ello sugieren: Solucionar el conflicto armado del país a través del diálogo, pues consideran que el gobierno debe lograr el desmantelamiento de los grupos armados ilegales a través de un acuerdo político que pueda garantizar que esas estructuras no se armen nuevamente. Que los escenarios políticos estén abiertos al diálogo, a la discrepancia, y dispuestos a encontrar una oposición seria y constructiva con respecto a los mecanismos que usa el Estado para garantizar la seguridad, los derechos y las libertades.

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Cuestionar moralmente el uso de la violencia, ya que esta debe ser el último mecanismo usado para solucionar conflictos. Disminuir el porcentaje de gasto militar y destinar más recursos para el fortalecimiento institucional y el bienestar de los ciudadanos; Abolir por parte del Estado el uso de prácticas ilegales como la creación de grupos de limpieza o grupos paraestatales para lograr determinados fines. Fortalecer el aparato judicial para que este sea capaz de solucionar diferencias, de forma tal que los individuos no vean la necesidad de hacer justicia a través de otros medios. Las personas objetoras comprenden que estas peticiones no son suficientes para solucionar todos los problemas que se han abordado, pero estiman que su implementación permitiría avanzar hacia una sociedad menos violenta donde exista una mejor convivencia.

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En conclusión, la persona que objeta por razones de conciencia ha decidido rehusarse a prestar el servicio militar obligatorio, no solo porque considera que sus convicciones religiosas, sus principios morales, y sus reflexiones filosóficas pueden ser vulneradas al cumplir con esta obligación, sino porque en el país existen una serie de problemáticas, en especial la de la violencia, a las que hay que poner punto final y darles una salida desde el ámbito político. Además, piensa que con su decisión puede poner en discusión pública las acciones emprendidas por el Estado, tanto para solucionar el problema de violencia como para proveer seguridad y garantizar los derechos y libertades de la personas. En esa medida, la gran mayoría de las personas que objetan por razones de conciencia propone la búsqueda, en conjunto con la sociedad, de mecanismos no violentos que fortalezcan el consenso político, y así se pueda alcanzar los principios básicos que este promueve.

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Referencias COLOMBIA. Constitución Política de Colombia. (20, julio, 1991). Gaceta Constitucional No. 116. Disponible en internet: http://www.secretariasenado. gov.co/senado/basedoc/cp/ constitucion_politica_1991.html. HOBBES, Thomas. El Leviatán. O la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil. 14ª Ed. México: Fondo de Cultura Económica, 2006. REMENTERÍA, Ibán. Hipótesis sobre la violencia reciente en el Magdalena Medio En: Pasado y presente de la violencia en Colombia. Medellín: La Carreta Editores, 2007. ROUSSEAU, Jean Jacques. El contrato social. Valladolid: Editorial Maxtor, 1999. PROCURADURÍA GENERAL DE LA NACIÓN. Delincuencia organizada. Disponible en internet: http://www. pgr.gob.mx/Combate%20a%20la%20 Delincuencia/Delitos%20Federales/ Delincuencia%20Organizada/ Delincuencia%20Organizada.asp

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“La objeción de ia concienc me ha o r ibilitad eafirmar s o p la noviolencia que es una forma de s e coherente con m r i pensamient o.”

Justificaciones filosóficas para el ejercicio de la Objeción de Conciencia Marisol Sánchez John Franklin Pardo

“La Objeción de Conciencia me posibilitó a mí personalmente sentirme, como ya lo dije, parte de la sociedad y desde ahí tratar de construir. Entonces por el trabajo por el que he optado y por lo que he decidido Derroteros sin derrota

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estudiar, pues busco eso, que otras personas conozcan de sus derechos, que otras personas sepan que hay posibilidad de decir no a aquello que atenta contra nuestras convicciones y nuestros derechos.” Álvaro Peña, objetor de conciencia En Colombia existe una gama amplia de ejércitos distribuidos en dos líneas, legal o ilegal, según su amparo dentro del orden constitucional. A la línea legal asociamos las tres fuerzas militares de Colombia: ejército, armada y fuerza aérea; a la línea ilegal, grupos armados como guerrillas, paramilitares, bacrim y los recientes ejércitos anti-restitución. La filosofía y funcionamiento de cada uno de estos grupos armados, independientemente de las finalidades ideológicas o las pretensiones de cambio social político y económico que persigan, en esencia siguen los mismos patrones de estructuración a partir de la implementación de lógicas prepolíticas sustentadas en la fuerza. 36

La negación del pensamiento libre y el rechazo a una actitud crítica derivan en estructuras armadas inflexibles, jerárquicas y autoritarias que restringen la libertad de pensar, de expresar o de hacer del individuo. Los objetores de conciencia al servicio militar, quienes son la manifestación de un proyecto antagónico al castrense: el de libre pensamiento y acción, el de “los no armónicos con la ley”, citando al profesor Guillermo Hoyos Vásquez, sostienen un sistema de creencias arraigado al cuerpo ético de la noviolencia que los lleva a renunciar a la participación o la vinculación a estructuras armadas como defensa del pensamiento autónomo y el actuar libre. En lo que sigue, mostraremos, a partir de relatos de vida de objetores y objetoras de conciencia, los argumentos que les llevaron a rechazar ciertas exigencias sociales, políticas y jurídicas, lo cual nos da una luz acerca del porqué de su desobediencia frente a normas y obligaciones absolutas que atentan contra su sistema de creencias más íntimo. Relatos de objetores y objetoras de conciencia


La actitud crítica y los objetores de conciencia A partir de la lectura de historias de vida de objetores y objetoras de conciencia11, identificamos líneas de pensamiento filosófico comunes que constituyeron parte de la fundamentación sobre la cual cimentaron su objeción. Las personas objetoras de conciencia lucen un comportamiento distinto e innovador en la sociedad que podemos caracterizar como una actitud crítica a lo establecido en su universo cultural, político o social. Esta actitud innovadora coincide con el intento de redescribir líneas, ideológicas y de acción, que permitan afectar esquemas y discursos hegemónicos que atentan contra el cuerpo de creencias basado en la libertad y la noviolencia. En este sentido, la obligatoriedad del

11  Aunque para este trabajo tomamos como base un grupo amplio de entrevistas para el particular nos centramos en aquellas historias de vida que resaltan el camino filosófico como fuente de su objeción. Derroteros sin derrota

servicio militar, la militarización de la sociedad, la violencia como motor de transformación, la jerarquización y la obediencia ciega, son prácticas que desde un marco filosófico de la Objeción de Conciencia buscan ser reelaboradas. La actitud crítica de las personas objetoras de conciencia se configura esencialmente en los procesos de formación y sociabilización. Escuela, familia, doctrinas religiosas y prácticas espirituales son los lugares donde se forjan los contendidos de las creencias, los valores y las actitudes que fungen como punto de partida hacia el ejercicio de la Objeción de Conciencia. Lo anterior se puede apreciar en el siguiente relato, donde vemos cómo, desde la familia, la introducción de elementos reflexivos como parte de la educación temprana, sentó las primeras bases de una actitud crítica fundamentada en la argumentación, el pensamiento libre y la autonomía como ejercicio de la construcción personal y de las relaciones intersubjetivas.

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“…una educación por parte de mi mamá, desde una visión crítica permanente ante la vida, por ejemplo, pedirme argumentos para salir al parque, o preguntarme cosas que no estaban en mis libros de estudio y se relacionaban con el tema... cuestionaba mi tendencia a repetir de memoria, y a responder porque sí! Insistió profundamente para que nunca aceptara algo con lo cual mis principios se viesen anulados.” Estefanía.

la convivencia dialogada y la horizontalidad de las relaciones presentes en la escuela. Por la misma vía, mi familia ha sido un espacio abierto de dialogo, de respeto y apoyo de la libertad y decisiones del/la otro/a. Estos dos escenarios fueron determinantes para mi construcción de identidad e influyeron para tomar la decisión de ser objetor de conciencia negándome a participar de estructuras jerárquicas.” Diego C.

En este mismo sentido, los espacios de formación académica que fomentan los valores democráticos de horizontalidad y de autonomía, también son un escenario donde se moldean actitudes críticas que luego fundamentan el ejercicio de la Objeción de Conciencia.

Igualmente, el contacto con ideas y prácticas religiosas fomenta una actitud crítica, en este caso establecida esencialmente desde la perspectiva de la coherencia entre la fe que se profesa y la acción, es decir, la adecuación armónica entre un sistema de creencias que aboga por el respeto y la hermandad, como lo es el cristianismo, con las acciones propias de la persona que

“Estudié en un colegio donde fui educado desde la autonomía, la toma de decisiones, la libertad, 38

Relatos de objetores y objetoras de conciencia


lo inhabilitan para ser parte o apoyar cualquier estructura que atente contra tales principios.

“…fui criado en una doctrina cristiana, entonces ahí desde siempre supe que no iba a estar pendiente de las armas ni nada de eso… creo que después de recibir un proceso de formación y concientización con las comunidades de base de Barrancabermeja… uno va cogiendo más conciencia… entre el 99 – 2000 empiezo una vida más activa frente al ser objetor por conciencia, a todo tipo de violencia.” Salvador. La actitud crítica y reflexiva que exhiben las personas objetoras de conciencia genera en ellas una explosión de cuestionamientos frente a ideas, conductas y mandatos establecidos en sus entornos culturales, políticos o sociales que entran en contradicción con su cuerpo de creencias más íntimo, dándose inevitablemente Derroteros sin derrota

un choque entre el respeto y la sostenibilidad de las propias convicciones, con las exigencias jurídicas, políticas, y éticas que la sociedad valida como adecuadas para la vida en comunidad. A continuación, mostramos los cuestionamientos más frecuentes que se hacen los objetores de conciencia frente a un mundo social y políticamente dado; un mundo con el que el objetor simplemente se encuentra.

La inconmensurabilidad entre dos lógicas El conjunto de creencias que se forma a través de las vivencias determina, en buena parte, la personalidad y el pensamiento de las personas que objetan por razones de conciencia. En su encuentro con el mundo y todo lo que se halla en él (organizaciones, instituciones, ideologías, políticas, etc.), se puede suscitar, tomando nuevamente la idea del profesor Hoyos, citada anteriormente, un estado de armonía o no armonía con el mismo (el mundo). 39


El objetor no sólo es un no armónico ante las exigencias del sistema legal, puede serlo también frente a principios y prácticas de la institución familiar, de la organización empresarial, del sistema de valores de los espacios académicos, y, obviamente, de las estructuras militares. No armónico lo leemos en el sentido caritativo que describió la filosofía en sus orígenes, esto es, como un ser curioso, dubitativo, autorreflexivo frente a un mundo que se le daba de un modo acabado, establecido, como algo hecho sin posibilidad de transformación. No armónico también lo podemos comprender en el sentido de la libertad, de la imposibilidad de desobedecerse a sí mismo, en el sentido heideggeriano del dejarme ser12, dejar ser lo que se es, lo que se piensa, desocultando, mostrando lo que yace dentro de sí.

12  Heidegger, Martin. Ser, verdad y fundamento. Ensayos. Versión castellana de Eduardo García Belsunce. Ávila Editores. Caracas, 1968. Pág. 70.

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Bajo este razonamiento, es relevante destacar que es común entre las personas que objetan por razones de conciencia, la dificultad de convivir con lógicas y prácticas sujetas al espíritu autoritario, el cual promueve, a manera de conducta, la obediencia ciega y, en términos de pensamiento el asentimiento irreflexivo. Se puede inferir entonces que la estructura militar que opera bajo un marco de subordinación, de acatamiento irrestricto y con matices de arbitrariedad, resulta contraria a los patrones ideológicos y de comportamiento de las personas objetoras de conciencia, dando como resultado una no armonía entre el objetor y la estructura militar. A continuación, presentamos algunos fragmentos de los relatos de vida de personas objetoras de conciencia, donde podemos visualizar la inconmensurabilidad práctica e ideológica que se da entre la Objeción de Conciencia y la doctrina y praxis militar.

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“… tampoco estoy de acuerdo con las estructuras militares que se basan en la jerarquía acrítica y en la obediencia ciega.” “Para mí ha sido un proceso constante en la búsqueda de mi vida, y ahí fue donde uno construye una actitud crítica, política, en el sentido no sólo de las armas, sino no de no creer en formas verticales y jerárquicas de organizar la vida y organizarse uno como persona” “…por qué llegué a decir que soy objetor de conciencia, porque yo voy en contra de todo eso que se impone, lo que la fuerza pública impone sobre nosotros, porque no soy un ignorante que me acostumbro o me adapto a lo que me digan, sino que yo puedo tener

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conciencia y decir qué esta bien y qué está mal, y desde las experiencias que he visto…“ “Yo nunca viví eso porque nunca fui a prestar servicio, y este man que se había regalado (a la fuerza aérea) pagando millones de pesos para poder pertenecer, a pesar de unos tratos absolutamente inhumanos, desfasados, por los que tenía que pagar 7 millones al mes, entonces yo digo, no, si pago 7 millones les estoy pagando para que me den un servicio, pero pagar para que me lastimen sería irracional, no me cuadraban esas lógicas, siempre en todo momento fue una reflexión de la lógica, y a mi me gusta pensar, yo me paso días pensando, no escribo, no leo, pensando cosas, y desde el colegio quiero que me paguen por pensar y 41


es clarísimo que en ningún ejército uno podría pensar, hay como una supresión de esa posibilidad de pensar.” Ciertamente, la construcción de una individualidad cimentada en una actitud crítica frente al mundo, frente a lo ya establecido o dado y la acción libre, tal como se describió atrás, se convierte en uno de los motivos determinantes que esgrimen los objetores de conciencia para defender su negativa a participar en estructuras militares. La construcción de una individualidad, cimentada en el pensamiento crítico-reflexivo y la acción libre, se convierte en uno de los cuestionamientos determinantes que esgrimen las personas objetoras de conciencia para defender su negativa a participar en estructuras, como la militar, que atentan contra estos principios. Dicho de otra manera, el principio moral de autonomía y libertad, del cual depende la justificación filosófica que defiende 42

el objetor, se contrapone con la exigencia jurídica de la obediencia y acatamiento a la ley representada en la obligatoriedad de un servicio militar. Resulta relevante observar en los relatos de vida la inconmensurabilidad entre el sistema de creencias del objetor, fijado al orden moral, y el marco de exigencias jurídicas. Por tal razón, podríamos concluir que su acción hacia la desobediencia tiene su origen en la escisión que se da en él entre moralidad y legalidad, siendo la primera el principal argumento para su Objeción de Conciencia, pues el individuo responde en primera instancia al tribunal de su conciencia individual.

Los objetores de conciencia y la noviolencia una continuación del pensamiento crítico La reflexión crítica y la acción libre, característica de la formación intelectual y moral del objetor, lo lleva, no sólo a rechazar mandatos

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o situaciones que contrarían su convicción, sino, además, a querer redescribirlos. Una de las formas en las que se presenta este intento de redescripción es en el ejercicio de la noviolencia, a partir de ella el objetor busca, en primer lugar, un fundamento que certifique la garantía de sus propios pensamientos y sentimientos en el marco de una perspectiva de tolerancia y aceptación; y, en segundo lugar, la noviolencia funge como estrategia de acción política para motivar cambios concretos sobre aquellas normas jurídicas o disposiciones sociales contrarias a los ideales del objetor de conciencia, básicamente aquellas que se erigen desde un cimiento autoritario, violento y jerárquico. En el siguiente fragmento, podemos observar el papel de la noviolencia en la cotidianidad de varias de las personas entrevistadas: una forma de vida, una ideología que fundamenta las propias creencias y una estrategia de acción para el cambio, son los matices sobresalientes que se revelan allí: Derroteros sin derrota

“La Objeción de Conciencia me ha posibilitado reafirmar que la noviolencia es una forma de ser coherente con mi pensamiento, me ha posibilitado crecer en muchos aspectos personales, en la forma de relacionarme, además desde allí intentar cambiar con lo que no estoy de acuerdo.” Álvaro. La no violencia, para la persona que objeta por razones de conciencia, es ante todo una manera de vivir que da continuidad a su actitud crítica y su aspiración de transformación. En el ejercicio de la noviolencia se plasma la fidelidad con lo que se piensa y además es donde se posibilita la exteriorización de las creencias, siendo el ejemplo que da el objetor una fuerza poderosa para generar cambios sociales y políticos:

“Y resulta que llega el momento en el que se dice listo, toca ir a prestar servicio, y resulta que yo no quiero eso, 43


porque resulta que yo quiero ser noviolento, hacer arte, quiero ser libre, yo quiero conocer gente, yo quiero seguir con un proceso de paz, un proceso de acción directa noviolenta, yo no quiero usar la fuerza brusca por llegarle a la gente, yo quiero ser pacifista y si quedo en la mente de las personas es por una forma pacífica, porque hago grafiti a nadie le está haciendo daño, pero si está cambiando su cotidianidad sí estoy marcando un ejemplo.” Fabián. Para una de las mujeres objetoras de conciencia entrevistada, la noviolencia es una respuesta directa a la violencia que se impone en la cotidianidad, y una manera de cambiar situaciones injustas presentes en la sociedad.

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“Concluí que la violencia no es una forma real mediante la cual se puedan solucionar los problemas, y entonces como que ese pensamiento lo llevaba ahí en mí…” Estefanía. La noviolencia, como forma de vida inculcada desde la educación recibida en casa, se convierte en fuerza motora para cimentar una actitud pacifica que logra generar correspondencia entre los propios pensamientos y las acciones en un contexto violento como el colombiano:

“Desde el principio mi mamá me ha dado una educación pacifica, porque si no hubiera sido por ello yo fuera una ficha más en la guerra, fuera otro pandillero, otro paraco, otro soldado si mi mamá no me hubiera dado esa educación que me dio. Gracias a eso, a las personas que lo rodean a uno, uno puede llegar a deducir Relatos de objetores y objetoras de conciencia


las cosas y pues la forma en que yo veo eso, es que es una ignorancia en recurrir a las armas y este tipo de cosas para implantar a otro mi forma de ver las cosas, utilizar las armas para llegar a eso. Eso es ignorancia. Y gracias a dios, por mi familia, yo podría decirlo así, de que sí he tenido estudio, y desde el estudio uno puede estudiar todo, estudiar la vida, deducir quién es el malo, quién es el bueno, quien va bien y quien va mal, ver a mis amigos haciendo cosas que no se deben.” “Yo puedo deducir de cómo van a terminar, ver personas que todo el día en la loma, digamos las familias que le dan educación a los chinos hasta sexto y después como

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que ya está grandecito ya vaya a trabajar, uno ya sabe por qué camino va…” La noviolencia también surge como respuesta frente a situaciones traumáticas de la vida, donde se llega a la conclusión de que cualquier expresión de violencia es innecesaria como mecanismo para resolver conflictos, de ahí que cualquier aparato estatal u obligación legal que la promueva es directamente rechazado por el objetor:

“Varios familiares míos murieron por carros fantasmas (¿Los recuerdas?), hubo uno que lo torturaron y luego apareció. Para mi familia era difícil ocultar lo que estaba sucediendo así que, todos nos enterábamos. La violencia no me gusta, pero está muy presente en nuestra sociedad. En especial me parece que nuestro Estado la promueve 45


al obligar a estar en el servicio militar. Un servicio en donde mi familia tendría que participar y es posible que no vuelva. No quiero que sea así. Yo creo que la violencia no es necesaria…. Parece como si en este país fuera la única forma de resolver los problemas.” Milena. Los relatos de vida revelan la importancia de la noviolencia para las personas objetoras de conciencia, básicamente porque en esta se materializa el tránsito desde un pensamiento crítico hacia una actitud que busca vivir en correspondencia con dicho pensamiento, surgiendo de este encuentro, las principales motivaciones para establecer condiciones objetivas en el mundo social, político y jurídico, que permitan armonizar las obligaciones y mandatos con las convicciones más íntimas del objetor de conciencia.

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Es así como la noviolencia parece revelar tres matices esenciales para las personas objetoras de conciencia: como fundamento de las propias creencias, en tanto se convierte en una ideología que certifica la validez del pensar y actuar libre; como forma de vida donde se establece un modelo de comportamiento que el objetor sigue para exteriorizar el contenido de sus creencias, ajustando de esta manera su fuero interno con su ser público; y como estrategia de acción, al constituirse la noviolencia en un método para la transformación de realidades sociales y políticas adversas a los mandatos de la conciencia.

La Objeción de Conciencia como instrumento de participación y transformación social

“Principalmente, soy objetor de conciencia pues veo en ello una postura crítica con relación al mundo actual basado en la injusticia, la violencia y la inequidad; en este sentido es Relatos de objetores y objetoras de conciencia


una opción alternativa de vida que se compromete activamente con la transformación de la sociedad.” Diego. Una de las características esenciales de la Objeción de Conciencia es la posibilidad que esta tiene de permitir, a cualquier individuo de la sociedad, abstenerse del cumplimiento de obligaciones jurídicas que atenten radicalmente contra los mandatos de su conciencia. Este derecho a la abstención, en el marco de la legalidad y como desarrollo de la libertad de conciencia, permite el ejercicio legítimo de la desobediencia. En este orden de ideas, la Objeción de Conciencia se convierte en un instrumento de participación ciudadana al posibilitarle al individuo un dialogo con la sociedad, el sistema jurídico y el aparato estatal, acerca de aquellas disposiciones que puede juzgar contrarias con su cuerpo de creencias o injustas por sus consecuencias sociales o lesivas para su propia actuación pública.

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La Objeción de Conciencia permite a los objetores salir de su fuero privado para hacer parte de la estructuración de lo público, primeramente como resultado de su desobediencia, y luego como concreción de sus aspiraciones de armonizar creencia y norma o, dicho de otra manera, moralidad y legalidad. Para las personas entrevistadas, la Objeción de Conciencia es un instrumento que les da potestad para intentar cambiar aquello con lo que se encuentran en desacuerdo, elevándolos a la condición de sujetos con participación política. Los siguientes fragmentos muestran la manera como los jóvenes ven en la Objeción de Conciencia un camino hacia la participación y la transformación social, política, e incluso económica del país.

“La objeción ha abierto, de una u otra forma, un reconocimiento en el escenario público, como salir de lo

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privado para hacer parte de lo público, para participar en la construcción de lo político.” “La Objeción de Conciencia me posibilitó a mí sentirme, como ya lo dije, parte de la sociedad y desde ahí tratar de construir. Entonces por el trabajo por el que he optado y por lo que he decidido estudiar, pues busco eso, que otras personas conozcan de sus derechos, que otras personas sepan que hay posibilidad de decir no a aquello que atenta contra nuestras convicciones e inclusive contra nuestros derechos.” Álvaro. El carácter transformador contenido en la Objeción de Conciencia conlleva a que ésta no se aplique exclusivamente al universo de lo militar como frecuentemente se piensa. Según los relatos de vida, la Objeción de Conciencia a las estructuras militares representa 48

sólo una pequeña parte de un proyecto de mayor envergadura; la objeción puede ser aplicada para la promoción de cambios sociales, políticos y económicos que el objetor considera relevantes para la vida en comunidad. A continuación, a manera de ejemplo, vemos el relato de un joven objetor que habla del status de la Objeción de Conciencia, más allá de la participación o no, dentro de cualquier estructura militar legal o ilegal:

“Sin embargo cuando aparece la posición de la Objeción de Conciencia al servicio militar obligatorio ya toma otro matiz, y es que no era hacer una Objeción de Conciencia simplemente al hecho de no ponerme un uniforme o de no portar un arma, sino es no apostarle a toda una dinámica de militarización, a toda una dinámica de represión, a toda una dinámica de sometimiento. Relatos de objetores y objetoras de conciencia


La Objeción de Conciencia no la veía solo como no hacer parte de una estructura militar sino, como lo decimos los objetores de conciencia, de ninguna estructura militar, legal o ilegal. En ese sentido no es solo porque vemos como el soldadito ahí con el arma, sino entonces en ese sentido la Objeción de Conciencia ya no la ve simplemente como un ejercicio y ya, sino es ese ejercicio mediante el cual yo también haciéndome parte de la sociedad, y como me hago parte de la sociedad empiezo a proponer y construir porque soy parte de esta sociedad. Entonces en ese sentido la Objeción de Conciencia deja de ser simplemente al servicio militar obligatorio y pasa a convertirse a una objeción

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social, en una posibilidad de construir en el país en él que se vive.” Álvaro. En conclusión, la Objeción de Conciencia, en este marco de participación, cumple, para citar las palabras de Alejandro Parra, objetor de conciencia declarado:

“Un papel protagónico en la vida actual del país y en la de miles de jóvenes que ven en ella, la posibilidad efectiva de no participar de la violencia y de sentar una voluntad política profundamente visible de cese, abstención o no participación en el conflicto o cualquier ejercicio que promueva actitudes violentas”.

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