Issuu on Google+

Paola Ceppi paola.ceppi@gmail.com

Yo soy Adolfo, un elefante que vive tranquilo en su casa de Almagro. Mis días eran tranquilos desde que salí del zoológico. Ya no aguantaba mas ese lugar, siempre me pedían que haga volteretas y entretenga el público, pero como a todos nos pasa… hay días que no tenés ganas de ver a nadie. En el zoo no podías tomarte un día para vos, siempre había gente mirándote y tenias que dar lo mejor de vos. Fueron duros esos años aunque los compañeros que tenía hicieron todo muy diferente. Gracias a Dios, esos tiempos ya acabaron y ahora hace mas de un año que disfruto mis días sumergido en la lectura y de los descansos bajo la parra de mi jardín. Si quiero salir a pasear salgo pero si no tengo ganas me quedo en mi casa, Que Lindo!. Hasta ese momento, mi vida estaba en orden y equilibrada, todo empezó a cambiar cuando llego esa invitación, maldita invitación que cambio mi destino!. Era un sábado de Febrero de mucho calor y bajo la puerta escucho al cartero pasar un sobre, lo abro y descubro que el ratón iba a ser una reunión de reencuentro del grupete del zoo de esos años. Que alegría! pensé, hace cuanto que no veo al gruñón del León, la liebre, el tímido conejo, la jirafa, el malhumorado del cocodrilo, a la joven oveja, al ratón José y mas especialmente a Margarita, la chancha. Con Margarita tuvimos una historia hace muchos años,

1


Paola Ceppi paola.ceppi@gmail.com

histeriqueábamos por las noches ya que estábamos en el mismo círculo del zoológico. Tenía una semana para prepararme para ese evento, que les iba a decir? Que iría a pasar en el reencuentro? Como estaría la gente después de tanto tiempo? Tenia muchas expectativas para ese evento que era el Viernes de la siguiente semana. Ese viernes llegue a la casa del ratón, cercanas las 10 de la noche y ya estaban todos ahí. Saludé a todos como era mi costumbre y de repente ahí la vi… era Margarita, la chancha. Mas hermosa que nunca, me acerque a saludarla con entusiasmo de que a lo mejor podía comenzar una nueva historia con ella. Sin embargo, cuando estaba por saludarla alguien mas estaba a su lado… era Carlos, la hiena. Que odio me dio, se la estaba chamullando con sus risitas exorbitantes y su humor muy particular, por lo malo que era. Igualmente, los salude a los dos como correspondía. Violento me retire al lado de la mesa y me embriague junto a los maníes que había comprado el ratón entre otra comida deliciosa que sirvió. Había lechuga, galletitas con forma de animales, queso y manteca. Como ya dije me dedique a los maníes, el problema fue que con mi trompa en vez de solo comer los maníes tiré la mesa entera y a partir de ese momento no quedo mas comida en toda la fiesta. Que torpeza la mía! Quede re mal delante de todos y más aún, delante de Margarita. Soy muy torpe siempre pero estaba exaltado por 2


Paola Ceppi paola.ceppi@gmail.com

la situación que estaba viviendo en ese preciso momento. Ahí estaba ella, charloteando con Carlos esa hiena ágil y vigorosa. Siempre me pregunté como se mantenía tan en línea y fibroso. Nosotros los elefantes no somos así, somos toscos, lentos y muy torpes. Ya para ese momento me sentía mal, sin saber que hacer y después de comerme todos los maníes que había en la fiesta me fui. Caminando a casa pensaba en porque Margarita no me dio bola. ¿Que tenia de malo yo? Yo se que no era fibroso y ágil como la hiena pero estaba seguro que podía hacerla feliz. Cruzando Rivadavia por llegar a casa un bondi de la línea 1 pasa por al lado y me empapa entero con el agua que quedo en la calle de la lluvia del día anterior. Que asco! Y ahora si me tenia que bañar con lo poco que a mi me gusta. Al llegar a casa, me bañé, me cambié la ropa y me senté delante de la tele y una bolsa de 5 Kg de maníes en frente de la tele. Que angustia!!!! Margarita! Porque no me querés?, me preguntaba. No percibí el paso del tiempo, cuando me di cuenta ya habían pasado 4 días y 6 bolsas de maníes. No puede ser!, dije. Volví a mi antigua adicción! Hace muchos años y durante estar encerrado en el el zoo, tuve problemas de adicción con el maní. Era mi vía de escape, lo único que sentía que me llenaba en momentos de angustia y soledad. Tenia que hacer algo urgente. Tome el diario del Domingo anterior y vi un aviso

3


Paola Ceppi paola.ceppi@gmail.com

que decía: “ Grupo de autoayuda para adictos al maní, venga a nuestras sesiones Martes y Jueves de 20 a 22. Nosotros lo podemos ayudar” Me vestí y fui automáticamente. Temeroso pero con ganas de confrontar mi frustración entré al salón donde se desarrollaría el primer encuentro. La sala era grande y solo tenia diez sillas dispuestas en circulo. Me senté en una de ellas y luego de unos minutos un grupo de personas empezaron a entrar y a sentarse junto a mi. El coordinador empezó la charla y dijo: “Buenas tardes a todos, hoy vamos a comenzar por darle la bienvenida a nuestro nuevo integrante”, “¿como te llamas?”, me preguntó. A lo que conteste con mucha rapidez por los nervios que tenía: “Hola a todos, soy Alfredo y soy elefante, soy torpe y el amor de mi vida no me da bola. Se llama Margarita, la chancha. Estoy acá porque… porque… bueno la verdad es que: soy adicto a los maníes. No se porque me pasa pero como uno solo y luego no puedo para hasta terminarlos.”El coordinador del grupo, mirándome con incertidumbre desarrolla las siguiente palabras “Gracias Alfredo por compartir tu angustia con nosotros pero…. En realidad este es el grupo de Alcohólicos Anónimos no el de adictos al maní, ese empieza la semana que viene.” Increíble!, pensaba, una vez mas expuesto al ridículo. Meditando mientras caminaba vuelta a mi casa en Almagro, pensé en que quería hacer 4


Paola Ceppi paola.ceppi@gmail.com

verdaderamente. Era el maní mi problema o lo que ocasionaba la angustia que la tapaba con maní?. Ahí me di cuenta que debía resolver mis temas con Margarita así que fui a verla. Vivía en Palermo y me tome el 10 que era lo mas rápido desde donde estaba. Llegué a su departamento y le toqué el timbre. Me dijo que subiera, y ahí estaba ella, perfecta como era. Y ahí nomás le dije la verdad. Que la amaba, que no podía vivir un día mas sin ella, que deje a la hiena y fuera a vivir conmigo. Ahí estaba, puf después de tanto ocultarlo … la verdad. Lo que me tenia tan mal hasta ese momento: No poder decir lo que sentía. Margarita me miro confundida, y me dijo: “Alfredo, vos sos el que nunca me das bola, te invité varias veces a salir, te llame para hablar y no me contestas. Me costó años olvidarme de vos, no quiero verte más”. Me fui desganado pero con pilas de que me había jugado a contar mi verdad de lo que sentía. Acepté mi impotencia al no poder hacer nada y me entregué al destino. Llegue a mi casa y vi un mensaje en el contestador, era Emma, la liebre que me invitaba a cenar el fin de semana en su casa. Y bueno la vida por ahora la resumo así: Siempre que se cierra una puerta en algún lado se abre una ventana en otro. Veremos que nos depara este encuentro. Eso si, prometo empezar no comiendo mas maníes de ahora en mas y tratar de decir todo lo que siento.

5


Adolfo y el Maní