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guía Palmira, sus desafíos, su opinión.

Palmira, Valle del Cauca, Colombia. Edición especial. Noviembre de 2011. Número 01. ISSN 2248–7123

Microcarteles del delito organizado

Al ponerse al servicio del crimen organizado estas bandas obtienen una patente de corso para cometer delitos. Desde la encerrona que hacen al vendedor o mensajero motorizado, hasta la boleta que llega casa por casa cobrando vigilancia. Pasan por encima de la policía y la ley.

Manuel Arce Figueroa, un poeta con pipa y con pantuflas Cinco lustros de ausencia obligada no han podido hacer de arena las pisadas de este bardo palmirano.

ISSN 2248-7123

9 772248 712007


COLUMNISTAS Teresa Consuelo Cardona G.

Fernando Estrada

Periodista, Comunicadora Social, especialista en Gestión Política. Docente universitaria. Investigadora de temas sociales y culturales, clasificada en Categoría A1 por Colciencias.

Par evaluador de Colciencias en Economía, Ciencia Política, Filosofía y Sociología. Director de investigación en ResearchGATE. Grupo Financial, Economics and Philosophy.

Pablo Moreno

Ana Milena López de Vélez

Pastor bautista, docente de Historia del Cristianismo en la Universidad Bautista de Cali, y actualmente rector de esa institución.

Ingeniera Agrónoma, Mestre em Agronomía, especialista en Desarrollo Humano, analista sector agropecuario. Conferencista, profesora universitaria.

Olga Lucía Gallego Ríos

Leopoldo de Quevedo y Monroy

Enfermera técnica. Conferencista orientada al campo psicosocial, organizacional y educativo, consultora empresarial en el área de gestión humana.

Escritor, Magíster en Docencia Universitaria, abogado, profesor universitario. Exaltado como biógrafo de poetas y ensayista por la Fundación Cultural Casa de Poesía Aurelio Arturo.

COLUMNISTA INVITADO Arvey Lozano S. Administrador de empresas, conferencista y docente. Secretario de Comunicaciones, Prensa y Propaganda de SINTRAESTATALES. Subdirectiva – Seccional Palmira.

CONTENIDO

Microcarteles del delito organizado La reconocida banda de “Los Trescientos”, conformada por adolescentes entre los trece y dieciséis años, tiene bajo su imperio del miedo a varios barrios de la ciudad. Pág. 6

„ Macondo y Palmira: dos pueblos hipnotizados. Pág. 2 „ Manuel Arce Figueroa, un poeta con pipa y con pantuflas. Pág. 3 „ Pre–Navidad. Pág. 8 „ ¡Otra vez! Pág. 10 „ Un cambio necesario. Pág. 11 „ La peluquería. Pág. 12 „ El TLC y el producto interno bruto. Pág. 14 „ La paz que necesitamos. Pág. 16 PALMIGUÍA • EDICIÓN ESPECIAL • NOVIEMBRE • 1


Columnista invitado

Macondo y Palmira: dos pueblos hipnotizados Por Arvey Lozano S. "Era como si Dios hubiera resuelto poner a prueba toda capacidad de asombro, y mantuviera a los habitantes de Macondo en un permanente vaivén entre el alborozo y el desencanto, la duda y la revelación, hasta el extremo de que ya nadie podía saber a ciencia cierta dónde estaban los límites de la realidad. Era un intrincado frangollo de verdades y espejismos (…). Se (veían) en las calles de Macondo hombres y mujeres que fingían actitudes comunes y corrientes, pero que en realidad parecían gente de circo. En un pueblo escaldado por el escarmiento de los gitanos no había un buen porvenir para aquellos equilibristas del comercio ambulante que con igual desparpajo ofrecían una olla pitadora que un régimen de vida para la salvación del alma al séptimo día; pero entre los que se dejaban convencer por cansancio y los incautos de siempre, obtenían estupendos beneficios, (…) porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no (tienen) una segunda oportunidad sobre la tierra". (Gabriel García Márquez: Cien años de soledad)

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espués de leer la majestuosa cita de la obra cumbre de nuestro Premio Nobel, invito a los lectores a desarrollar un breve ejercicio literario interactivo, en el cual sólo deben reemplazar la palabra "Macondo" por la palabra "Palmira". Una vez realizado el ejercicio, se darán cuenta que entre la una y la otra no hay diferencias. Ambos pueblos están hipnotizados, perdidos en el tiempo y la ignominia. En elecciones los ciudadanos en estado de trance, eligieron sus gobernantes y, sin aún despertar, ya saben que no tendrán oportunidad ni porvenir. Palmira es una ciudad sin capacidad de asombro, que vive una "realidad mágica" macondiana, en la cual todo es virtual: sus obras públicas, su terminal de transporte (sólo en maqueta), sus veedores ciudadanos que al vaivén electoral se gradúan como contratistas de lo público y con obras en la Glorieta de Versalles que sólo existen en la imaginación del pueblo. Palmira es una ciudad detenida en el tiempo que tiene las mismas calles como bombardeadas desde hace veinte años, con huecos causados por las obras de empresas de acueducto, gas domiciliario y telefonía que nadie se ha dignado a hacer reparar. Las vías están llenas de cráteres que se "reparchean" cada seis meses y vuelven y aparecen. Palmira también está "escaldada" por el tráfico de drogas ilícitas, la delincuencia y la violencia, la descomposición social, la economía subterránea de la producción y distribución de

drogas, los gota a gota, la microextorsión, el lavado de dinero, y la mayor crueldad de todas: la utilización de jóvenes en la distribución de narcóticos (lo que los deja fuera de la educación o el empleo productivo). Palmira está sometida a una tasa de homicidios dolosos salida de madre, pues, a la fecha, se supera con creces la tasa de 2010 que la tuvo en el deshonroso séptimo lugar en el mundo y, al finalizar el año, seguramente, sus habitantes tendrán que decir como Dante en su Divina Comedia: "Abandonad toda esperanza". Palmira no tiene la fortuna de ver caer copos de nieve en ningún momento del año; no obstante, como si fuera Macondo, todo el año cae la "nieve negra" de las cenizas de la quema de la caña de azúcar que se deposita sobre las casas, la ropa, el aire; y sus habitantes llenan sus pulmones de carbón y nadie dice nada. Palmira está fuera de los límites de la realidad, porque quienes la habitan sienten un "vaivén entre el alborozo y el desencanto", cuando están alborozados creen que están en una ciudad intermedia; pero cuando aparece el desencanto, ni un pueblito grande se alcanzan a imaginar que son. Entre elección y elección, la ciudad y sus habitantes siguen hipnotizados esperando mesías que les ayuden, que les planteen soluciones, que les resuelvan sus problemas; sin embargo, no saben que, como "las estirpes condenadas a cien años de soledad no (tienen) una segunda oportunidad sobre la tierra".

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Bulevar de los días

Manuel Arce Figueroa, un poeta con pipa y con pantuflas Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

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ui a Yumbo a visitar un poeta muerto y encontré que todavía estaba vivo. Su imagen, llena de vigor, de empuje visceral, de humor y agudeza mental se transparentaba en todo lo que dejó como legado. Hasta en la foto en la caja mortuoria, su dignidad y paz interior, su bonhomía y carácter decidido se notaban en el rostro claro, en su nariz prominente y en su continente reposado. Lo pude haber encontrado, si hubiera tenido la fortuna de conocerlo antes, cuando era el Alcalde de esta noble y nublada tierra industrial en 1957, vestido de camisa blanca y mangas largas, en sus pies desnudos unas pantuflas grises y pantalón negro de paño, remangado hasta las pantorrillas. Estaría, tal vez, hablando por el teléfono de pared y timbre con la poetisa Mariela del Nilo o el gobernador o un ciudadano. Alto, corpulento, velludo como un oso, alegre, cargado de afecto. Manuel Arce nació en Palmira, villa de poetas, de palmas, victorias con alazanes y faroles, y mujeres bellas. Sus padres españoles, Heliodoro y Mercedes, lo trajeron al mundo el 3 de octubre de 1909 en la Hacienda "Vilela", en los terrenos que hoy ocupa el Batallón Codazzi. Estudió el ciclo de primaria en la Escuela Calazans de los hermanos maristas y cursó el bachillerato en el Colegio de Cárdenas. En la Universidad del Cauca inició estudios de Abogacía. En su juventud, 1929, se alistó en el servicio militar y participó luego como reservista en el conflicto colombo-peruano en 1933, como combatiente de la guerra de los mil días. Durante su estadía en el ejército apartaba sus manos de las armas y escribía. Al presidente Roosevelt le envió un poema y adoptó en el por primera vez el seudónimo de "Marfil". No pude ver las obras que impulsó como gobernante en Yumbo, pero sé que sus gentes lo

llamaban con el apelativo familiar don Manuel. Desde el palacio republicano ya demolido, dejó la impronta de su rienda prolífica. La modernización del acueducto y el alcantarillado, la pavimentación del parque principal y sus calles aledañas y la construcción de la edificación para el servicio del Cuerpo de Bomberos Voluntarios. Pasaba su tiempo en el hogar hasta la madrugada leyendo y escribiendo. Frecuentó a Alan Poe, a Rubén Darío, a Cervantes, a Hegel y a García Lorca. El modernismo le trazó un camino a su numen y su pluma lo elevó en cantos de alto lirismo con imágenes vibrantes y atrevidas. Su temperamento ecuánime, sus costumbres morigeradas, casi kantianas, apenas si le dejaban tiempo para el sueño. De pronto amanecía y sin decir palabra entraba a la cocina y empezaba a ablandar los fríjoles con pezuña de cerdo para el almuerzo. No importaba su fama de poeta ni su edad, ni el cargo que ostentara. La sencillez y la cercanía de su figura fueron su sello de patricio. Al lado estarían su esposa Irene Peña, con quien contrajo matrimonio en Cali en 1946. Más tarde sus dos hijas, Melba y Soledad, y los tres varones, Víctor Manuel, Manuel David y Jesús María irían con él a fiestas y a paseos el día siguiente. Madrugarían a Buga, a Pradera o a Buenaventura, al Frayle, al Guadalajara, al Bolo, o a la Bocana para gozar del agua y la comida de olla. Gustaba recoger él mismo la leña, pelaba los plátanos y hasta soplaba con las tapas y las palmas los carbones para sostener el fuego. Era amigo del hogar de amplio patio y largo solar en el Barrio Belalcázar y del paisaje del campo.

Enjambre de paisajes esparcidos, villa de eternidad sobre mis venas, Surco en el viento y en amor colmenas que van tras de los siglos y los nidos. (Manuel Arce Figueroa: A mi tierra nativa)

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Bulevar de los días Manuel Arce se llamó un día hombre universal y también caballero de los viajes y coleccionista de paisajes. Hombre polifacético vertía en sus versos anhelos e impresiones con vestido, a veces raído, o con andrajos. Pintaba escenas como las de Dante en el infierno de nuestras ciudades o como Baudelaire, la muerte de otro albatros sin alas negras sobre la pista de un bar, podrido por el vino. Lo puedo oír, sin haberlo visto en vida, declamando con voz gruesa y caliente, su poema Mi pipa, un poema que merece sitial aparte en la historia de las anécdotas bohemias. Qué realismo, qué fuerza de imágenes y dramatismo lírico:

Manuel Arce Figueroa (1909–1987)

Su vocación humanista como poeta y periodista, le permitió conocer a coterráneos como Ricardo Nieto, Helcías Martán Góngora, Mariela del Nilo, Aristóbulo Castaño Mendoza, Amparo Romero Vásquez, Héctor Fabio Varela y le valió el reconocimiento departamental, nacional e internacional. Fue el fundador en 1949 del Círculo de Cronistas "Eustaquio Palacios", en la ciudad de Cali. Su personalidad avasallante, la honestidad y voluntad a favor de la ciudadanía le valieron ser nombrado como alcalde en Vijes, Yotoco, Roldanilo, Jamundí, Pradera, Restrepo y juez en Florida. Fue enviado en misión diplomática, como agregado cultural, a Chile en 1952 y a Ecuador de 1959 a 1962. Hizo amistad con el poeta del amor, Pablo Neruda y los países del Sur oyeron sus versos en emisoras, teatros y salas académicas. En el Ateneo de Santiago de Chile había sido armado Caballero como poeta que "derrota las tinieblas y eterniza la luz del meridiano". A partir de 1967 demostró todo su ingenio periodístico en sus columnas de El Tiempo, El Espectador, fue corresponsal de El Heraldo y fundó y editó en Ecuador El Minuto, el semanario más pequeño del mundo y en 1980 en Buenaventura, otro periódico, Rómulo-Obrero, para hacer homenaje a los trabajadores sufridos de ese Puerto.

Mi pipa, tiene el color taciturno de los vinos antiguos y la costra querida de los grandes toneles …esta pipa mía tiene historia marítima Me decía el chino que la había encontrado en la maleta de un cocinero ruso una noche del mar Nórdico mareado de espuma y tabaco. (1)

Cierro los ojos e imagino que está presente cuando recita En un café nocturno y bajo mi moral al fondo, contemplo su final patético: En un café nocturno, mientras llueve un olor de repollo avinagrado viene del mostrador... Lejos... sobre una silla, se arquea un gato gris; Un marinero canta cosas de su país. Un capitán borracho estornuda en inglés: ¡yes! y un reloj da las tres… Fumando un cigarrillo contemplo mi cerveza, recamada de espuma: Ilusión… ilusión…tal como… Tal como la bebida, que se va a la cabeza sucede con el humo, que se va al corazón. (2) (1) Poema Mi pipa. En CD. Editado por y en poder de su hijo Manuel David Arce Peña en Yumbo. (2) ARCE FIGUEROA, Manuel. La filosofía del impromptus… o la vocación de hacer poemas.

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Bulevar de los días Cinco lustros de ausencia obligada no han podido hacer de arena las pisadas de este bardo palmirano. Su estrella es más brillante que el olvido y su memoria está impregnada de la gloria que le otorgan los olores del laurel y el mirto. Por donde pase un soneto suyo o la ráfaga de sus poemas se moverán los montes y se conmoverán los ánimos. La cadencia y la tristeza, el dolor que destilan sus versos o la desesperanza que enseña sus dientes negruscos tienen un sabor agridulce que jamás olvidarán los labios. Yo te canto estos fragmentos que van a los ciclones de la vida, al túnel de la noche, mientras se descarrilan las horas buscando el abandono del niño, pobre y triste, vientos desnudos soplan el camino de muerte! Es entonces cuando siento más cerca el hallazgo del grito escondido en la noche. No tiene una aventura el mar de tus rocíos. (3)

Manuel Arce fue un peregrino en la tierra. Anduvo por oficinas, por entre periódicos, en salas y cocteles, en el ambiente de los puertos, entre el agua de los ríos. Saboreó las ricuras del mundo, como lo describió la frase de Heráclito: "Nadie pasa dos veces por el mismo río". Él supo del placer de viajar, de conocer costumbres, de personajes lúgubres y cardenales con sombrero rojo. Un día, al abrir la puerta cuando llegaba, saludó así a su amada: Acepta, doña Irene, mis homenajes. Te saluda mi gorra marinera. Yo soy el caballero de los viajes a nadie espero yo, nadie me espera. Soy un coleccionista de paisajes, y, además, doña Irene, quién creyera, sin importarme una higa los pasajes, viajo en camerinos de primera. Este viaje por mar valió un terceto, esta noche de hotel valdrá un cuarteto. ¿No quieres conocer mis equipajes? Los guardo dentro de esta estilográfica que siempre escribe la palabra mágica… Yo soy el caballero de los viajes. (4)

La pluma de Arce Figueroa pudo haber escrito las historias de la guerra donde estuvo, las noches de jolgorio en sus correrías, las noches de poesía en

compañía de Neruda, de Nicanor Parra, de Helcías Martán o de Mariela del Nilo. Pudo haber dejado el rastro de sus andanzas como lo hizo aquel sultán de más de mil y una noches con madrugada. El dulce y santo Pablo le dejó este retazo de una noche: "El tiempo es breve, y anoche tuve tremendos pecados mortales que me hicieron más bella la ardiente compañía de Satán. Estoy, pues, en olor de infierno. Otro día te escribiré más largo. Espero tus cartas. (5)

Deja Manuel Arce Figueroa un libro que tituló La filosofía del impromptus o… la vocación de hacer poemas. Aquí dejó retratado su talante. Él fue un campeón de palabras encendidas y plenas de metáforas dichas en reuniones, sin previo texto. Las palabras e imágenes salían de su boca a borbotones, como el agua que salta de una peña o la lava que ruge desde un cráter. Quienes lo conocieron supieron lo que es repentizar, improvisar con generosidad, fortuna y galanura. Él nació para beber agua, comer del plato, tomar una copa y luego festejar con su palabra. Estaba en su naturaleza hablar, narrar, lanzar andanadas de lamentos por el explotado trabajador o el hambre de los niños en sus covachas o recordar charadas rebosantes de humor, sonidos de barco y ligas de mujer sobre la cama. A este bardo nos parece que jamás le preocupó la fama. No terminó la carrera de abogado, luchó y disparó desde la trinchera, ocupó cargos diplomáticos, vagó por palacios, ateneos, se codeó con presidentes, arzobispos y rameras. Y lo cantó en sus versos y lo disfrutó en su cuerpo. Su voz varonil, gruesa, dicharachera, tenía una gravedad que caía solemne sobre las orejas de quienes lo oían y conmovía los corazones. ¿Qué más pudo recibir de la vida, de su familia, de las mesas, de los manjares, de los viajes, de la música que oía? Todo lo que hace feliz a un ser humano lo tuvo y lo disfrutó hasta aquel día 8 de octubre de 1987 en que dio por clausurados sus conciertos y sus viajes. *Este texto fue preparado y leído en el III Encuentro de Poetas de Yumbo el día 20 de octubre de 2011 en el Auditorio–Teatro del Instituto Municipal de Cultura a las 2:00 p.m. Nota: El autor de este texto aclara que se basa en el testimonio y documentos que su hijo Manuel David suministró y revisó.

(3) ARCE FIGUEROA, Manuel. La filosofía del impromptus… o la vocación de hacer poemas. La despedida de los niños moribundos. Pág. 53. (4) Ib. A doña Irene. Pág. 79. (5) Fragmento tomado de su carta autógrafa de agosto 24 de 1951 conservada por su hijo Manuel David. El texto completo de la carta aparece transcrito en el libro Filosofía del impromptus… o la vocación de hacer poemas. Pág. 9. PALMIGUÍA • EDICIÓN ESPECIAL • NOVIEMBRE • 5


La antorcha

Microcarteles del delito organizado Por Fernando Estrada

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uchas familias del delito comparten un bien común de reputación, equivalente a lo que Diego Gambetta denomina “una marca certificada”(1). Una garantía de protección e intimidación eficaz. Esta reputación es distinta entre las organizaciones o un miembro individual, pero cada quien saca ventaja de ello y cada quien tiene interés en mantener sus rasgos distintivos. En Palmira la gente de los barrios y propietarios del comercio menor (una mayoría) saben perfectamente a qué me refiero. La reconocida banda de “Los Trescientos” es un ejemplo. Conformada por adolescentes entre los trece y dieciséis años, esta temible organización tiene bajo su imperio del miedo a los barrios Caimitos, Santa Isabel, Simón Bolívar, Loreto, La Emilia, El Prado y Villa Diana. ¿Cómo ha llegado a dominar tanto territorio en poco tiempo? ¿Ofreciendo servicios de protección casa por casa? ¿Quiénes dirigen su estructura y cómo se sostiene económicamente? ¿Por qué la fuerza pública (ejército y policía) no han logrado desmantelarla? Responder a estas preguntas es complejo. No sólo porque no estamos frente a una expresión aislada del delito, sino una estructura con su lógica de poder y sus relaciones con organizaciones de niveles superiores, como la mafia y los microcarteles del Valle del Cauca. La marca certificada por la banda de los 300 no responde exactamente a su número de integrantes, como a su forma de actuar entre poblaciones bajo su imperio: boleteo, extorsión, sicariato, secuestro, atraco o ventas ambulantes de estupefacientes. Al ponerse al servicio del crimen organizado estas bandas obtienen una patente de corso para cometer delitos. Desde la encerrona que hacen al vendedor o mensajero motorizado, hasta la boleta que llega casa por casa cobrando vigilancia. Pasan por encima de la policía y la ley. Consiguiendo

ventajas con la debilidad de la fuerza pública y el gobierno municipal, se apropian de los recursos legales para administrar protección privada. No es extraño que reciban del mismo alcalde los implementos necesarios para sus acciones, haciéndose pasar por voluntarios de los barrios que dominan. Entre los motorratones existe una ley del silencio frente al cobro extorsivo. El atraco parece accidental para quien lo padece, pero hace parte de su lógica. Los adolescentes deben rendir cuentas diariamente, mientras a cambio reciben alimento, dosis de consumo y protección. Esta interdependencia del delito comprende relaciones de oferta y demanda. De modo que la organización funciona como un mercado de servicios. ¿Necesita un sicario? ¿Armas blancas o armas de fuego? ¿Drogas o marihuana? La banda ofrece las condiciones para que encuentre todo en un mismo territorio y con un mismo patrón. Los desplazamientos poblacionales han tenido un impacto negativo en Palmira. No propiamente por quienes llegaron huyendo de la violencia en el Cauca, Buenaventura, Pradera o Florida, sino también por la gestión desordenada de los alcaldes en materia de planificación urbana, nuevos barrios (o barrios piratas). Este crecimiento heredó —entre otros factores— los vacíos de la seguridad democrática. Un destacamento de paramilitares reinsertados, renegados del programa de gobierno, llegaba a varios municipios —entre ellos Palmira—. Los barrios periféricos de la ciudad fueron sometidos entonces a las nuevas condiciones impuestas por estos personajes. Con la complacencia de un gobierno temeroso y la fuerza pública intimidada, cambiaría la vida de la ciudad. De modo que la división geográfica no se encuentra en los mapas. El crecimiento exponencial del delito y el crimen ha terminado diseñando una ciudad diferente. Podemos dar un ejemplo. (1) The Sicilian Mafia. The Business of Private Protection. Harvard College, 2003.

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La antorcha Entre los barrios Las Delicias, Sesquicentenario y Galán, la delincuencia ha creado fronteras para sus acciones. Los robos a celulares o carteras no son casuales, sino causales; es decir, las bandas clasifican sus acciones y las zonas específicas para atacar a sus víctimas. Todo el municipio, incluyendo corregimientos y veredas, se encuentra asediado por bandas y organizaciones que se dividen a sus “clientes” (víctimas) como en una plaza de mercado. En Palmira funciona un mercado de tributación laboral: pagan motorratones, pagan vendedores ambulantes, pagan comerciantes, pagan vendedores de cholados, chontaduros, verduras o puestos de cigarrillos. Ante la vulnerabilidad de los ciudadanos, los delincuentes incrementan el valor de la protección ofrecida. Un barrio X, bajo el mandato extorsivo de una banda, comienza cobrando “propinas por cuidarle su casa”. El valor por casa es $10.000 pesos. El cobrador tiene un rostro amable (al principio): “Es por el bien de la comunidad y su familia”. Sumando un barrio completo, las rentabilidades mensuales superan notablemente los gastos y el sostenimiento de la fuerza pública. Este mecanismo se ha extendido en Palmira hasta llegar a niveles francamente intolerables. Con el cobro de los servicios públicos (agua, energía, aseo, teléfono, etcétera), educación, alimentos, vestuario y salud, los hogares deben pagar protección privada. Estamos en un mundo hobbesiano: sálvese quien pueda. Las preguntas son obvias. ¿Dónde está la policía y el ejército? ¿Qué hace el gobierno municipal? ¿Ante qué instancia se presentan los ciudadanos? ¿Qué ha hecho la Cámara de Comercio? ¿Quiénes hacen parte del mercado mafioso? ¿Quién maneja la información? ¿Con quien trabaja la Sijín o lo que queda del DAS en Palmira? La dimensión del problema le ha quedado grande a las autoridades de la Administración Municipal, a la fuerza pública y los organismos de seguridad. Es lo que explica la justicia espectáculo. Muestran ante los medios a un sicario o un jibarito cada mes. Eso es todo. La exhibición del delincuente esposado ante los medios, no es suficiente. Los problemas mencionados requieren un ejercicio de inteligencia y autoridad estructurados. La policía no puede seguir impulsivamente atacando los barrios en

donde se esconden estas bandas, como sucedió hace poco en el Simón Bolívar. Antes bien, se requieren acciones coordinadas en varios sentidos. Primero, depurando la misma policía de los delincuentes camuflados; la ciudadanía se queja de policías motorizados que cobran vigilancia en los barrios; segundo, las cabezas visibles de las bandas criminales son un objetivo semejante a las cabezas de la insurgencia a nivel nacional; la ventaja es que se reconocen públicamente quienes son. Tercero. El gobierno municipal no puede mantener una condición pasiva ante el problema. ¿Cómo pretende atraer inversiones el nuevo alcalde? ¿Qué ciudad le presentamos a turistas y extranjeros? Los políticos y gobernantes de Palmira parecen viviendo en Cali, Medellín o Bogotá. Cierran sus ojos como el avestruz. Todos los afectados esperan respuestas concretas. Cuarto, la misión de la Cámara de Comercio no es contar muertos. Es evidente que la ciudad se encuentra en manos de sicarios y matones, pero están suficientemente organizados. Los contratos del municipio que se disputan entre los mismos, deben reorientarse. Parcialmente los recursos fiscales deben focalizarse hacia respuestas del gobierno. Empresarios y comerciantes que pagan extorsiones a las bandas organizadas deben, no sólo crear un frente común alrededor de la fuerza pública, sino rechazar su condición de miedo perpetuo. Palmira puede liberarse de la mafia y el crimen organizado, sólo cuando su dirigencia y las autoridades despierten del largo sueño.

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Baukará

Pre–Navidad Por Teresa Consuelo Cardona G.

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a empiezan a verse las luces y festones de Navidad que anuncian que estamos de fiesta. Los medios se dan a la tarea de manipular nuestras nostalgias por las tradiciones familiares, que, a decir verdad, nos son cada vez menos familiares. En una semana, pasaremos de la celebración de los muertos a la fiesta del nacimiento. Así nada más. Y así, con ese contraste en nuestra cultura, olvidaremos rápidamente los problemas que por 365 días nos ubicaron en una de las ciudades más conflictivas y violentas de América Latina. Por 31 días los locutores tratarán de convencernos, y tal vez lo lograrán, de que es tiempo de ser felices, de sonreír, de bailar, de embriagarnos, de comprar, de endeudarnos, de introducirnos en un jolgorio colectivo que se encargará de hacernos la vida más amable. Repetirán hasta secar sus gargantas que todo es felicidad y que diciembre es tiempo de alegría y diversión, un tiempo en el que no debemos ser tan trascendentales. Pese a esa alegría, real o postiza, no podemos engañarnos. Si nos distraemos y nos sustraemos de la realidad, muchas cosas pueden empeorar y dejarnos más infelices en el nuevo año. No es que la transición de un año a otro produzca los cambios ni que iniciar el 2012 debe ponernos nerviosos, sino que tras una ligereza de treinta días, la realidad podría parecernos peor. Y no es para menos, es preciso recordar que diciembre y mayo son los meses que más homicidios registran en las estadísticas de nuestra ciudad, con unos promedios que exceden ampliamente la tasa nacional. Para enero, habrán llegado a la ciudad nuevos desplazados provenientes de los departamentos de la costa pacífica y las soluciones que deberían resolver el problema de los que ya estaban en nuestra ciudad desde hace varias navidades, todavía no se habrán dibujado

en los proyectos de la alcaldía. No está claro cómo es que esta ciudad va a crecer para albergarlos, cómo les extenderá a los nuevos palmiranos los servicios básicos de agua, alcantarillado, energía eléctrica, gas domiciliario, si para ellos simplemente no hay domicilios. Tampoco se sabe cómo se les garantizará estos mismos servicios en las zonas rurales a los palmiranos que llevan cincuenta y más años con graves deficiencias en saneamiento básico. Un compromiso firmado por el gobierno nacional en el año 2000 ante las Naciones Unidas, obliga a los gobiernos locales a garantizar las obras necesarias para darles cobertura en servicios públicos a todos sus habitantes y a reducir en el 50% la pobreza extrema y el hambre registradas por el Estado en el 2000, antes de que llegue el 2015. En el caso de Palmira, no existe un registro real de los pobres, con indicadores serios que nos permitan conocer la brecha de pobreza. En consecuencia, no hay estrategias para detener su avance y mucho menos para reducir a la mitad su nivel. No podemos perder de vista la relación existente y probada entre crimen y pobreza. No podemos perder de vista que las soluciones de vivienda deben tener un mínimo componente ecológico, para evitar el hacinamiento y la desesperación de sus habitantes. No debemos ignorar esa realidad aunque estemos en Navidad. Como tampoco debemos echar al olvido las tragedias por el invierno, no sólo por una mínima muestra de solidaridad y fraternidad con quienes ya padecen los estragos del fenómeno natural, sino, muy especialmente, porque nuestras montañas se están desvistiendo a una velocidad que horroriza. Y su desnudez nos pone en el camino del desastre. La lección de Manizales no ha sido contextualizada en nuestro medio. ¿Qué haríamos si por quince o más días nuestra ciudad se queda sin agua potable? ¿Nuestro acueducto tiene un plan B? ¿De dónde tomaría el agua?

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Baukará El cambio climático es una realidad inocultable, que no depende de nosotros, pero, ¿sus consecuencias están siendo observadas por las instituciones gubernamentales y por los ciudadanos? ¿Hemos avanzado en la prevención y mitigación de las situaciones hipotéticas que de ese fenómeno se deprenden? ¿Se ha visibilizado el problema que nos espera con el aumento del promedio de temperatura, que pone a Palmira al borde de ser zona endémica por malaria? No sabemos si estamos preparados para afrontar este asunto. Hace unos días Medellín publicó un informe sobre obesidad y desnutrición en la capital antioqueña. Inmediatamente sonaron las alarmas allá y en otros municipios del país para enfrentar el problema. Pero enfrentar una situación problemática pasa por conocerla. Palmira no puede programar actividades de choque o de prevención sobre asuntos que no conoce. En el campo de la seguridad, ni diciembre con su alegría logrará disuadir a los grupos armados ilegales que ejercen el control despótico en los barrios populares, si no hay un gobierno férreo que los limite. Y los palmiranos no podemos perder de vista que esos individuos no están para garantizar el orden, sino para asegurar sus ingresos por medio del terror, mediante acciones criminales. Es bien sabido que los humanos nacemos libres, pero pocos sabemos qué hacer con nuestra libertad. Por ello, para evitar descarrilamientos, es necesario vigilarnos respetuosamente los unos a los otros. La libertad lo es cuando el control que se le impone logra ser considerado innecesario. Pero sin control, no sabremos si el ejercicio de la libertad mantuvo su estricto límite. En unos días, el chantaje sentimental hurga-

rá en la culpa de los ciudadanos para conformar las donaciones que le "darán una Navidad feliz a un niño palmirano" sin importar que esos niños tengan 364 días de abandono, tristeza e invisibilidad por cuenta de quienes deberían protegerlos, y en cambio de hacer lo correcto, cada fin de año promueven las colectas. Por todo lo anterior, es que las prácticas cotidianas sociales, culturales y políticas, requieren la incorporación de la democracia, más que de formas de autoritarismo. Esas prácticas deben ser replanteadas a la luz de la comunidad de iguales y no de ganadores o perdedores de unas elecciones. Son esas prácticas de cada día las que nos acercan al éxito como especie y nos alejan de los desastres sociales y ecológicos. Es preciso entender que como ciudadanos no vivimos en Palmira, sino con Palmira. Cada cosa en nuestro entorno es importante para poder tener un desarrollo integral de la ciudad y de los ciudadanos. Por lo tanto, la democratización de Palmira no debe ser un recuerdo pasajero ni un hecho funcional en un cierto momento, sino un resorte que permita la articulación entre lo legal y lo legítimo, así como entre lo moral y lo ético.

PALMIGUÍA • EDICIÓN ESPECIAL • NOVIEMBRE • 9


Pensare

¡Otra vez! Por Pablo Moreno

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espués de algunas teniendo las autoridades frente a estas bandas. Su semanas fuera y labor sería combatirlas para regresar el orden volver a Palmira, público a un equilibrio que haga vivible la socieencuentro que ¡otra vez! la dad, pero la realidad es otra. Si bien se puede inseguridad ciudadana está encontrar un importante número de funcionarios al rojo vivo. No sabemos y agentes comprometidos con ese ideal, son las qué política de seguridad se minorías corruptas de las distintas instancias de está aplicando en la ciudad las instituciones creadas para mantener el equilio cuál será la que viene en brio del orden publico, las que están dominando camino durante el empalme esas instituciones. de la nueva administración, Esas minorías, con las que negocian las pero la realidad es que los bandas, participan de ellas, se desaparecen cuanhechos de inseguridad aumentan y agravan cada do van a actuar, saben de sus andanzas, conocen día más la calidad de vida de los ciudadanos. sus metederos, identifican los desguazaderos y Las bandas que se han apoderado de la hasta conocen de cerca la dinámica de su funciociudad actúan como si estuvieran en los pueblos namiento, pero no hacen nada por combatirlas, del lejano oeste del Hollywood de los sesenta. porque algunos dentro de esas minorías hacen Entre pistoleros y parte de las bandas que campaneros agotan a la supuestamente debeEn la base de toda esta violencia que población inerme que rían desarticular. nos azota sin cesar, está la participación se somete pasivamente Esto se ha convera las vacunas urbanas tido en un circulo neurálgica de las minorías oficiales que tan comunes en este están detrás y de frente a la delincuencia. vicioso en el que de vez tiempo. Desde luego, en cuando se hacen que habrá sectores de la purgas dentro de las población que ven con complacencia la "seguri- instituciones como la policía para depurarla de dad" garantizada por estas bandas que, supuesta- esas minorías cómplices con el delito, pero luego mente, pueden erradicar o impedir la delincuencia estos ex agentes se involucran totalmente con las común de las comunas. bandas y, gracias a la información adquirida en su Un factor a tener en cuenta en este problema pasado policial, infiltran de nuevo la institución es la complicidad o la indiferencia de ciudadanos para comenzar un nuevo ciclo de corrupción que que conocen o sospechan de las andanzas de estas más adelante algún nuevo general se encargará de bandas, como no se ven afectados de manera sacudir para finalizar la etapa de corrupción. inmediata por el accionar de ellas, mantienen una Esto se ha convertido en un sistema que actitud permisiva o de omisión, lo que conduce a produce ingresos extras, estatus y un modus sostener el crecimiento y expansión de estas vivendi que se basa en cohonestar con el delito, bandas que están deteriorando cada vez más el vivir de él y convertirlo en una columna de la tejido social de la ciudad. No se calcula los enor- sociedad. Cuando se habla de desintegración mes efectos que esta situación terminará produ- social no se puede pasar por alto esta realidad, ciendo en el futuro cercano y aún en el lejano limitando las causas a la guerrilla y los paras o su plazo. mutación en bandas criminales, pues en la base de La indolencia con que las autoridades res- toda esta violencia que nos azota sin cesar, está la pectivas están contemplando esta triste realidad participación neurálgica de las minorías oficiales deja mucho que pensar sobre el verdadero com- que están detrás y de frente a la delincuencia promiso de ellas en el problema. Compromiso en representada en las bandas citadinas que hoy se el sentido del tipo de involucramiento que están han posesionado en nuestra ciudad. PALMIGUÍA • EDICIÓN ESPECIAL • NOVIEMBRE • 10


Manantial

Un cambio necesario Por Olga Lucía Gallego Ríos

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omo un paciente en el área de cuidados intensivos, rodeado de aparatos y tecnología de punta, pero en estado crítico, así se encuentra el modelo de educación de los últimos tiempos. Para la primera infancia ha habido algunos cambios pedagógicos valorables. No siendo lo mismo para la segunda infancia y la adolescencia que lleva, prácticamente, más de un siglo manejándose casi de la misma manera, lo que se cambia cada década, si acaso, es la forma de calificación. Pero con estos problemas que presentan nuestra niñez y adolescencia, ¿no se requiere ya de un cambio más significativo en el contenido de lo que se les trasmite? Es hora de hacer énfasis en las áreas de humanidades y minimizar esa exigencia obsesiva de que se presenten los trabajos con las normas Icontec, pues, en algunos estudiantes, podría ser como empeñarse en hacerle obra blanca a una casa hecha de arena; no por la falta de cualidades ni aptitudes, sino por deficiencia o negligencia en explorárselas. Por lo menos, se debería empezar añadiendo algo de intensidad horaria. Aunque por mi mente cruzan unos nombres algo extraños, como los actos y sus consecuencias o comportamientos en sociedad, no me refiero a saber tomar el té o manejar tres pares de cubiertos, sino a algo más vivencial, como el comportamiento que se debe tener con la familia, con los compañeros y amigos en la misma institución, con las figuras que representan autoridad, que bastante falta les hace. Quizás podría ser el inicio de una concientización de esta vulnerable, pero moldeable población. No estoy de acuerdo con quitar la responsabilidad de la cabeza de los chicos(as) o de los padres, pero todos debemos ser un buen complemento en la educación. La realidad actual nos muestra que las personas adultas que pasan una mayor parte del tiempo con los menores son los maestros, directores o personal que labora en las

instituciones educativas. Ya es hora de promover como ciudadanos (con alguna influencia o autoridad para enseñar) un cambio progresivo en estas áreas de enseñanza tradicionales y empezar a inculcarles que no sólo el saber será determinante en su futuro, sino el ser, que es el que está menos fortalecido en esta época. Debemos enseñarles a reconocer que cada decisión o acto finalmente tiene una consecuencia, buena o mala; porque, regularmente, se observa en ellos una "frescura" que raya en el cinismo. Algunos niños y adolescentes ven la delincuencia como un modelo a seguir, porque se sienten dentro de una novela de las que nunca faltan en las noches de nuestra repetida y poca edificante televisión nacional. En conclusión, esta vida real la convierten en un juego. En muchos infantes no se está desarrollando en su personalidad la tolerancia al rechazo, debido a que en sus hogares, sin importar el nivel socioeconómico, en la mayoría de los casos no hay una negativa ante sus pedidos, lo cual se debe a que aún muchos padres de esta generación creen en la falsa premisa de que "mis hijos deben recibir lo que yo no pude tener", de tal manera, que se matan por darles lo que desean y se olvidan de enseñarles que las cosas se deben conseguir con esfuerzo y trabajo. Este tipo de actitudes de los padres, afianza en ellos la cultura de obtener lo que se desee sin importar el costo, y es así como los verdaderos valores que hacen parte de la dignidad humana, como el respeto, la individualidad, la integridad del ser; se ven sacrificados y suplantados por leyes populares como la del "más fuerte" o la del "talión" (ojo por ojo, diente por diente). Dar ejemplo es importante cuando se desea modificar comportamientos o evitar malas consecuencias; así que, promovamos la honestidad en nuestro actuar en todos los escenarios en los que participemos, seamos ejemplos de vida y opongámonos a los que quieren continuar haciéndole daño a nuestra ciudad con un principio mayor que es el de la benevolencia: "En todas y en cada una de tus acciones, evita dañar a los otros y procura siempre el bienestar de los demás". O como dijo Jesús: "Ama a tu prójimo como a ti mismo".

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Crónicas y relatos

La peluquería Por Fernando Estrada

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n el caso de los niños, las peluquerías en Palmira reproducían una tortura semejante a la Santa Inquisición. Nos llevaban amarrados. Ante la personalidad de un peluquero que oficiaba como esos cirujanos de las películas de sir Alfred Joseph Hitchcock, nuestros padres nos entregaban al sacrificio sin anestesia. Quienes profesaban un temprano pacifismo recibían como premio final un paso con agua florida de Murray, pero en cambio los más rebeldes, quedaban con sus manos atadas a la silla, mientras a lado y lado, mamá y papá se encargaban de mantener la cabeza de la criatura en posición erguida. Mientras tanto, el barbero afilaba su navaja sobre la ancha correa de cuero de ganado ante la mirada aterrada de la pobre criatura. En Palmira, las peluquerías fueron escenarios dignos de un Chesterton. Porque se practicaban en ellas auténticas escenas de crímenes con arte surrealista. Historias de niños que llegaban con sus melenas, sus cabellos ensortijados a la manera de un Dandi, con esa alegría que brindaba parecer una niña mimada. Hasta que irrumpía el crimen, con la complacencia de los padres, las tías, los primos, los compañeritos de colegio y, como no, las profesoras. Los autores de la patraña mostraban sus caras de alivio cuando la criatura quedaba como un feto dentro de una botella de alcohol. La víctima encontraba los motivos de su orgullo tirados por el suelo, hasta que observaba como su hermano menor era preparado como la siguiente víctima. Treinta años después de la Segunda Guerra Mundial, en Palmira la tasa de mortalidad infantil llegaba hasta el siete por ciento. Los niños que no morían de hambre, podían quedar expuestos a la viruela, el sarampión o una epidemia de piojos. Esos bastardos animalitos que se anidaban en sus

cabezas, comenzaban haciendo estragos después de la tercera semana. En las escuelas y los colegios más pobres, las autoridades comenzaron campañas de salud dirigidas hacia la población infantil. En los hogares que no podían pagar la droga convencional, se compraban veinticinco centavos de petróleo. Las cabecitas de los niños se amarraban de un día a otro con trapos humedecidos en petróleo. En muchos casos se lograron salvar unas cuantas cabezas pensantes, pero, en una mayoría, los piojos terminaron consumiendo a los más pobres. Los niños de Palmira no contaban con libertad para elegir entre la peluquería o las burlas de sus amigos. Generalmente, fueron llevados como ovejas al matadero. Con todo, la gracia de los buenos peluqueros en los barrios pobres, consistía en descubrir las diferencias entre su clientela: niños piojosos, demasiado piojosos o niños sin remedio alguno. Las cuchillas del peluquero, asimismo, estaban clasificadas; de modo que las más ásperas se colocaban sobre la cabeza de los culpables (demasiado piojosos), mientras a los niños con una que otra liendra, los trataban como terciopelo.

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Crónicas y relatos Para muchas familias asistir a la peluquería con sus niños era como entrar gratis al teatro Materón o el teatro Obrero. Porque después de la trasquilada, entre los depósitos de cabello que quedaban en el piso, se contemplaban auténticos carnavales de piojos desplazados forzosamente. Los piojos sobre las cabelleras cortadas andaban como los jinetes en las ferias agropecuarias sobre sus caballos. Como la tasa de natalidad en Palmira no era maltusiana, los hogares tenían en promedio entre diez y doce criaturas. La cadena alimentaria podía comprender desde tierra fértil hasta cáscaras de huevos con azúcar. O bien los padres compraban panela en los trapiches cercanos, que se combinaba con dos libras de arroz, esto tenía que durar toda la semana. La fertilidad de las mujeres llegaba hasta un 95.7 %, buen indicador para el mercado de las peluquerías, aunque devastador para la calidad de vida de las unidades familiares. En este contexto, los peluqueros de Palmira se contaban como una clase adinerada. En San Pedro había un peluquero que abría su negocio a las siete de la mañana, y cerraba a las diez de la noche. Las colas de los padres con sus niños melenudos eran semejantes a las entradas al teatro Libertad. Las peluquerías oficiaban también como centros de epidemiología. Podían establecer clasificaciones poblacionales a la manera de los censos en Europa durante los siglos XIII y XIV. Un peluquero sabía que de la higiene de sus cuchillas dependía su fortuna. De modo que se tomaba sus precauciones. Bien porque esos niños

eran casos irremediables de infecciones cutáneas, o porque padecían las denominadas siete luchas. Palmira fue el municipio con mayor densidad poblacional afectada por las siete luchas. Las peluquerías tuvieron en Palmira los mismos indicadores de salud poblacional que en Viena (Austria) en los tiempos del archiduque Fernando. Las mismas formas de diagnóstico para enfermedades contagiosas. Así, separaban a los niños enfermos de los niños alentados. Si la melena de la criatura daba serios indicios de piojos, los padres contaban con una de dos alternativas: aplicar severas dosis de petróleo o Kankil. La otra salida era ofrecerle una suma de pago superior el peluquero. En estos casos también la tabla de pagos establecía diferencias: niños formales pagaban ochenta centavos; necios, un peso. Una población más reducida quedaba por fuera de la clasificación: niños en estado de locura. Los peluqueros disponían para estos casos un servicio a domicilio que en muchas ocasiones se pagaba en especie.

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Espiral

El TLC y el producto interno bruto Por Ana Milena López de Vélez

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uando uno presiente que algunas cosas tienen una parte mala, generalmente le da un manejo a su miedo y ve qué hace con él. Hasta que llega el día en que decidimos salir de ese incómodo sopor y confrontar los hechos... aunque cueste un ojo de la cara. Si uno va a hacer algo, no se sabe; pero por lo menos decide tener una mediana claridad sobre el asunto para asumir con fortaleza lo que le está pasando. Cuando el hombre desarrolló una tecnología que llamó producción agropecuaria, inició un camino de mutilación y extracción de los recursos naturales, pensando equivocadamente que sacar de donde tanto había le era permitido como un gesto de la creación a su grandeza. La naciente industria manufacturera se volcó en la sombra a proveer a aquellos recios hombres que producían alimentos, ofreciéndoles una tecnología no sostenible con un balance energético procaz. La humanidad admiró aquellos ingeniosos innovadores que ayudaban a extraer a mayor velocidad y en mayor área los recursos terrestres y marinos, y… rodamos cuesta abajo. Hace cinco décadas hemos venido algo perplejos, al ver que la prosperidad del productor agropecuario comenzaba a huir de sus manos y se depositaba en otras. Que quede constancia que esta debacle —no así para los afortunados que le han arrebatado su tajada de prosperidad— ya venía antes del TLC con Canadá y Suiza el año pasado, con México que está en ajustes después de firmado, el que se acaba de firmar con USA, el que va viento en popa con Corea… Como lo dijo el Ministro: "Esperamos tener TLC con cincuenta países en un abrir y cerrar de ojos". Hoy, en 2011, podemos ver reflejado en el PIB lo sucedido y quien se quedó con la parte de la prosperidad que correspondía a los habitantes del campo. Veamos la contribución por sectores, según el DANE.

El primer lugar en el PIB lo ocupa el sector de bancos, seguros, inmobiliarias y servicios a empresas. Esto por guardar la plata del sector productor primario —alimentos agropecuarios, servicios ambientales y materias primas— por moverla de una ciudad a otra del planeta, por arriesgar la plata del otro comprando y vendiendo acciones, por meterla en uno y otro negocio, por constituir hipotecas una y otra vez sobre un mismo bien. Ellos triplican el aporte que hacen la agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca. Sigue la industria manufacturera, quien lo duplica con creces. Los servicios sociales, comunales y personales superan a la producción agropecuaria en 2.5 veces. El sector comercio, reparaciones, restaurantes y hoteles casi la dobla, y el de la Construcción lo superan en 1%. Con el sector de comunicaciones, transporte y almacenamiento hoy pierde por una nariz. Ante esas cifras, ¿a quién le importa, entonces, el bienestar del sector agropecuario? Debemos innovar. Su gente debe crear riqueza de otra forma, con otros productos, con otras tecnologías diferentes de la agricultura. Ya les toca a otros preocuparse por obtener alimentos, y ya lo saben hacer. La primera opción son los servicios ambientales. Los billetes que circulan de mano en mano nacen de lo que se hace con las materias primas o de la plusvalía por el trabajo de cada hombre que participa. Si no hay materia prima, no se pueden imprimir billetes para que circulen. Por más amplia que sea la sonrisa con un diente de oro, no nacerán billetes. Y la materia prima se encuentra en la naturaleza. Dejé de último para mencionar dos sectores que contribuyen al PIB: las minas y canteras y los servicios ambientales, electricidad, gas y agua; unidos suman 12% de contribución, duplicando el aporte de la producción agropecuaria. Esa es la cantera de riqueza que vislumbran hoy los acumuladores de capitales. Después de los destrozos que hicieron los productores agropecuarios modernos —incluida la extracción de maderas, peces, animales de caza— ahora los países desarrollados van con la ayuda de los TLC por el subsuelo y sus

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Espiral

recursos: petróleo, oro, carbón, coltán, etc. Y ojalá sea lejos de donde habitan, por ejemplo, desde Quebec, Canadá, al páramo de San Turbán, Colombia. Y otra facción corre hacia las cascadas de agua y el embalse de los ríos. Y los del petróleo continuarán agujereando el planeta hasta traspasarlo de lado a lado antes de montar las placas solares. Por todo lo anterior, para la generación de más empleos —recurso hombre— los cincuenta TLC deben ser buenos. Y para el saqueo de los recursos naturales deben ser una herramienta maravillosa. Aplaudiremos unas fortalecidas trasnacionales, tal vez las quinientas de la lista de la revista Fortune. Y el presidente Santos y su equipo serán también aplaudidos en los escenarios internacionales, especialmente, en la Organización Mundial del Comercio. ¿También lo serán en cada familia colombiana? Ojalá, si lo que hay bueno compensa lo malo. Es bueno que lleguemos a un consenso. Será la energía limpia la que permitirá una vida digna para todos: sol, vientos, mareas, vapor de agua,

bioluminiscencia. Y los hombres y mujeres de los campos serán los administradores de los recursos naturales, considerados como bien público e inalienable de la humanidad, y el Estado ayudará en su vigilancia y cuidado. La naturaleza será para el disfrute de todos, desaparecerá la tecnología fallida de la agricultura y se abrirá paso en otros espacios la producción de alimentos. Desde luego, hemos de comenzar el desmonte y la transición. Si sabemos para donde vamos, allá llegaremos; no importa cuánto nos demore. Nosotros necesitamos un desarrollo a escala humana. Y necesitamos ser autónomos así como necesitamos del aire para respirar. Hemos de repetirlo en todos los escenarios que se creen, a todos los que deseen escucharnos, a los que no comprenden por qué la vida se ha vuelto tan difícil para las grandes mayorías. El proceso de búsqueda de equidad que comenzó hace miles de años sigue su curso. Hoy, en el 2011, marcha en el alma y en las voluntades de los indignados. Qué larga jornada, ¿verdad?

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La paz que necesitamos Por Pablo Moreno

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a poco se habla de paz en estos días, quizá porque se ha optado por la vía de la fuerza para imponerla y de esta manera se restablece el orden, la seguridad y el uso legítimo de las armas por parte del Estado. En ese escenario hablar de paz puede sonar ridículo y tonto para quienes sólo la entienden como el resultado de una victoria militar y, en consecuencia, el cese de hostilidades. ¿Qué paz queremos? Comencemos por definir qué entendemos por paz. En la actualidad un sacerdote o un pastor hablan de paz, el presidente dice querer lograr la paz y el pueblo anhela paz, pero ¿están hablando todos de lo mismo? En la antigüedad romana cuando se hablaba de paz se utilizaban al menos tres términos diferentes, en cada caso esa idea representaba lo que cada grupo o persona entendía por paz. Cuando el imperio romano hablaba de paz, se refería a la pax romana que era necesaria para la existencia como imperio, indispensable para su desarrollo y consolidación. Esta pax consistía en incrementar la presencia militar en los rincones amenazantes para el establecimiento imperial, significaba derrotar militarmente a los enemigos del imperio, dejando claro en esos lugares que había una sola autoridad que garantizaría el orden público y el normal devenir de cada día. Desde luego que a muchos gustaba esta pax porque les permitía desarrollar su hacienda, implementar sus negocios y dormir tranquilos, porque las bandas de maleantes no los trasnocharían. Pero, ¿a quiénes beneficiaba esa paz? ¿Era perenne o efímera? ¿Pasaba por alto la justicia? Cuando Jesús habló de la paz a sus seguidores usó una palabra que en el griego del Nuevo Testamento se tradujo como eirene. Este término alude a una paz interior, PALMIGUÍA • EDICIÓN ESPECIAL • NOVIEMBRE • 16


a un estado que le permite a una persona convivir con otra, tener diferencias y conflictos sin llegar al extremo de eliminarlo porque piensa diferente. Es una paz que procede del alma, de la relación que tenga con Dios o lo trascendente, no es un sentimiento de tranquilidad pasajera sino un estilo de vida. Jesús, Gandhi o Luther King, seguramente, experimentaron esta paz. Es la que nace de una conciencia tranquila con lo que se hace, con sus opciones y con su esperanza. Antes de Jesús, los profetas del Antiguo Testamento utilizaron la palabra hebrea, Shalom, y esta se tradujo como paz. Esta palabra implicaba bienestar material, justicia, alegría, goce del fruto de su trabajo. Si fue utilizada por los profetas se debe a que en ese momento el pueblo atravesaba una de sus mayores crisis con el exilio en Babilonia y con las injusticas de los gobernantes de los reinos de Judá e Israel. Esta palabra se convirtió después en un saludo para desear bienestar y salud a otros. Como vemos, hay por lo menos tres términos diferentes para hablar de paz, los que deberíamos recuperar hoy en nuestro hablar de paz, porque lo que presiento es que hemos caído en una manera particular de entender la paz y esto nos llevará una vez más, tarde o temprano; y ojalá más temprano que tarde, a desengaños y frustraciones. La euforia no siempre es saludable para los pueblos, porque enceguece y no permite ver la inclemencia de la realidad. ¿Qué paz queremos? Nos confundimos cuando nos conformamos con la pax que promete garantizarnos estabilidad externa como ciudadanos, la que, por cierto, nos hace falta. Nos confundimos cuando creemos que tener una paz interna, espiritual e individualista es suficiente para alcanzar la paz de la sociedad, como si esta fuera la sumatoria de la paz individual, pero igual es deseable alcanzarla. Nos confundimos cuando postergamos el Shalom para un futuro incierto, como si ésta pudiera lograrse en el más allá y en un estado perfecto durante la recuperación del paraíso perdido, pero también los altos ideales nos jalonan para romper con el conformismo. Cada una de estas concepciones sobre la paz y sus respectivas concreciones son insuficientes si se mantienen aisladas una de otras. La historia reciente nos demuestra esta salvedad. Las recientes desmovilizaciones, respecto a las cuales hay

dudas, no garantizaron que la seguridad llegara a las ciudades, por el contrario, la inseguridad ha aumentado y esto no se debe como nos quieren mostrar las encuestas contratadas sobre mejoría del país, a que se haya atenuado o no la aplicación de la política de seguridad democrática, sino a que la pax es en sí misma insuficiente para resolver el problema de la paz. La paz individual, eirene, que se puede alcanzar individualmente por medio de la práctica efectiva de una creencia, puede brindar a la persona una conciencia limpia y un actuar honesto, pero puede aislarle del compromiso que tiene con la sociedad. Por este camino se pueden ver todos los problemas de inseguridad que atraviesa la sociedad como resultado de la irresponsabilidad individual y no como una enfermedad social.

Shalom puede ser un logro comunitario, algo que puede permitir a comunidades cerradas sobre sí, la convivencia pacífica en medio de conflictos y diferencias. No se matan entre sí, se respetan, se eligen y se remplazan sin crear un caos por esos cambios, pero, aún así, ésta experiencia de paz no puede abstraerse de una realidad más amplia que la rodea y que se caracteriza por la ausencia de shalom. En síntesis, la paz que necesitamos no debe confundirse con la paz que más nos gusta, el disfrute de una u otra no puede llevarnos a engaño sobre lo que todavía nos falta, el auge de una no debe obnubilarnos sobre lo que nos corresponde aún alcanzar y demandar. La paz no es una simple construcción desde arriba y que cae como un telón de fondo en el teatro para mostrarnos de inmediato un nuevo escenario, la paz requiere de un trabajo continuo desde abajo para que encuentre alguna consonancia con los esfuerzos que se hacen desde arriba.

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El agua es ojo del mundo El agua es ojo, espejo y vida para el mundo. Cuando brotó el agua el primer día, salió por entre el agujero de la tierra y se convirtió en ojo que mira y humedece al mundo. Desde el comienzo del tiempo la tierra como su cuerpo ha ido viendo como ese ojo ha ido perdiendo la brillantez de su niña y la claridad del iris. Se ha ido vitrificando, secando, enrojeciendo. Y no hay oftalmólogos que lo curen, ni enfermeras que lo cuiden. Somos el llamado género humano quienes lo hemos herido y lo estamos convirtiendo en hueco de cieno y muladar con escombros. El agua aparece a ras de tierra y puede ser tan grande como un océano, un lago quieto, un río caudaloso, una sencilla mana entre cañaverales o junto a una roca o un hilillo que teje la falda de una montaña. Puede tener ese ojo que se anida en la cuenca del lecho marino o en surco de un río, el color verde, o la claridad del cristal que permite ver el interior de su vientre en la laguna o el estanque. Puede ser su color azul como en los lagos de Chile o variar su color de amarillo–verde–rojo–morado–azul como en los ríos de la Serranía La Macarena en Colombia. O puede ser su ojo negro como los ojos de una muchacha que vende joyas en Cali. Estará protegido de musgos, algas, plantitas y no se verá su fondo. El ojo de agua tendrá el mismo oficio donde se encuentre. Servirá para aliviar la sed de los seres vivos, hidratar la erosión, conservar la consistencia y candidez de la flor, mantener la humedad de la tierra y el aire y para dar limpieza a las suciedades del humano. ¿Qué humano no ha sido visto y amado por el agua? ¿Quién no le debe al agua el estar vivo? ¿Quién no ha sentido alguna vez el suplicio de la sed y el alivio de su sangre blanca cuando toca sus papilas? ¿Toda una ciudad en Colombia no estuvo en vilo por dos semanas porque le faltaba el agua y todos nos conmovimos? El agua es una mujer que sólo deja ver su ojo, pero cuando la bebemos nos la da como de sus pechos. Es mujer de senos abundantes que manan sin descanso su leche translúcida y nacarina. El agua es espejo que nos permite ver la vida, la muerte, la saciedad y el hambre, la necesidad y la riqueza, la dicha y la nada. Con ella tenemos salud, comida, felicidad y sin ella todo está perdido. ¿Por qué, entonces, el ser humano está matando el agua poco a poco? ¿Por qué está arrancando árboles, por qué está horadando la tierra y contaminando las fuentes, lagos, ríos y mares? ¿Por qué le está hiriendo los ojos a esa mujer llamada agua? Sí, el agua es un ojo enorme y espejo que nos mira y desde donde nos miramos en la tierra. Lo abre desorbitada al ver la violencia del hombre que la maltrata y que los gobiernos se desentienden de su cuidado. Pobre Agua que muere un poco día a día y sin dolientes. Leopoldo de Quevedo y Monroy

Palmiguía. Edición Especial. Noviembre de 2011  

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