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SÚPER SARU & LAS LADILLAS NINJA


A la inocentada que inspir贸 esta historia.


Todo el mundo tiene un talento, aunque a veces no sea visto como tal. Albert Einstein fue un genio de la ciencia. Pablo Picasso, de la pintura. Laura Villalobos, ordenando las carpetas y ficheros de su portรกtil. Nadie la recordarรก por su talento, pero, creedme, era admirable.

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Saru tenĂ­a un gran talento. Que podĂ­a pasar desapercibido, sĂ­, pero que no por esto era menos grande o menos importante.

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Hasta científicos del Ejército Huesca habían realizado estudios sobre el ya llamado “Fenómeno S”: bastaba con compartir 13’ y 26” con el sujeto estudiado para enamorarse. Ni más ni menos.

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De flor en flor y sin rencor, Saru vivĂ­a una vida dedicada al libertinaje y al hedonismo.

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Hasta que un d铆a tuvo una invasi贸n muy especial.

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Se levantó después de una noche de desenfreno y vorágine sexual y notó un extraño picor en su sitio favorito: su flor.

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Se quit贸 las bragas, o lo que quedaba de ellas, y descubri贸 unas desconocidas damiselas. Eran ladillas.

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Intentó echarlas de todas las maneras que se le ocurrieron. Con jabón, con pastillas, con crema, con aguarrás,…

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Pero no estaban dispuestas a marcharse: tambiĂŠn se habĂ­an enamorado de ella.

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Saru intent贸 razonar con ellas, pedirles que se fueran por las buenas para que pudiera continuar con su ajetreada agenda sexual.

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Pero, al conocerse mejor, acab贸 aprendiendo a apreciarlas.

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Iban juntas a todos los sitios: al gimnasio, a trabajar, al cine, a cenar,… y resultó que las ladillas eran más interesantes de lo que parecían.

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En su República de Ladilandia natal, una había sido médico; otra, ingeniera aeronáutica; otra, entrenadora personal,…

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Disfrutaban de su mutua compañía y vivían tranquilas y felices, hasta que todo volvió a cambiar.

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Una noche que Saru volvía del trabajo, escuchó unos gemidos. Las ladillas, gracias a su sexto sentido ninja (todavía por descubrir), intuyeron que pasaba algo malo y se revolotearon, picando más que de costumbre.

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Dirigieron a Saru hasta el lugar de donde provenĂ­an los gemidos y se encontraron con un cachorro de Carlino con una patita enganchada en una alcantarilla.

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El CSdL (Consejo Superior de Ladillas) decidió que las que estaban más en forma debían salir a ayudar al cachorro. Y así lo hicieron.

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Por primera vez en meses, algunas de las ladillas se despegaron de Saru y así pudieron ayudarla a desatascar al Carlino – que había sido abandonado, según le explicó a una ladilla graduada en Traducción e Interpretación y Filología Canina.

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A partir de ese momento, Saru y sus ladillas decidieron utilizar su potencial ninja para hacer el bien. Crearon el EjĂŠrcito de las Ladillas Ninja, capitaneado por la rebautizada SĂşper Saru, y con la colaboraciĂłn de Pumbita el Carlino.

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SĂşper Saru y las Ladillas Ninja eran imparables y pronto se hicieron famosas.

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Las revistas se peleaban para que salieran en la portada, todos querían entrevistarla, retratarla, diseùar sus trajes,‌

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Pero SĂşper Saru solo se dejaba fotografiar por Terry Richardson, vestir por Marc Jacobs y calzar por Christian Louboutin.

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Sus misiones iban desde lo más sencillo a lo más sofisticado, desde ayudar a viejecitas a cruzar la calle hasta hacer de espías para el gobierno ruso (aunque esto solo ocurrió en una ocasión que no puede ser mencionada).

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Un 20 de octubre, Súper Saru recibió una llamada de la presidenta de la ONU: Míriam JT.

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Durante su celebración de cumpleaños en Nueva York, alguien se había infiltrado en su loft y le había robado su titánica colección de zapatos. Lady Míriam estaba devastada.

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Lo Ăşnico fuera de lo normal en la escena del crimen era un volumen de Daurel e Beron, que sin duda habĂ­a dejado el malhechor.

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Lady Míriam y Súper Saru conectaron enseguida, puesto que ambas eran apasionadas de la moda y la zapatería, así que la heroína aceptó la misión y se puso manos a la obra.

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El infalible Pumbita rastre贸 Nueva York en busca del hedor que impregnaba el libro, pero no obtuvo resultados.

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Súper Saru optó por usar un as en la manga: la psicología. Interrogó a todos los que se encontraban alrededor de Lady Míriam en busca de algún posible enemigo.

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Pero durante este proceso, recibi贸 un encargo ultra secreto de parte del FBI.

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ÂĄLa fuente de juventud habĂ­a desaparecido!

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La fuente de juventud, NĂşria para los amigos, era una doncella tan pura que de mantener relaciones sexuales con ella uno se volvĂ­a eternamente joven.

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Para protegerla, el FBI, la CIA y otros organismos internacionales le habían construido una masia en los bosques de la foreste Cardona, su edén particular donde vivía con sus cabras en paz y armonía.

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Pero hacía dos días que había desaparecido sin rastro y dejando el detalle más interesante: un volumen de Daurel e Beron, el mismo encontrado en el loft de Lady Míriam.

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Aprovechando que se encontraban otra vez en su tierra natal, S煤per Saru decidi贸 hacer una visita a su pueblo. Y estando all铆, Pumbita not贸 el hedor que impregnaba los libros encontrados.

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Siguieron el olor hasta un caserón que parecía habitado exclusivamente por gatos – 54 contó una ladilla que había trabajado en el IERL (Instituto de Estadística de la República de Ladilandia).

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El siguiente descubrimiento que hicieron fue todavía más desagradable: un cadáver de una anciana sentado en un sillón.

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Cuando se dispusieron a tocarlo, un hombre apareci贸 y S煤per Saru lo reconoci贸 enseguida. Se trataba de su eterno archienemigo.

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ยกEl maligno Doctor Winooski!

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La batalla fue descarnada. El Doctor Winooski utilizó sus casi infalibles técnicas, tales como el lanzamiento de bolígrafos, la asfixia con bolsa de plástico del supermercado o el temible sobaco letal.

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Pero las ladillas llevaban tiempo preparĂĄndose para esta batalla y estaban en plena forma.

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Acabaron venciendo y consiguiendo que el Doctor Winooski confesara que habĂ­a robado los zapatos en un acto de protesta contra el consumismo, pero aun no habĂ­a tenido tiempo de quemarlos...

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... y que tenĂ­a escondida a la fuente de juventud para usarla de rehĂŠn en caso de necesidad.

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Aunque a las ladillas les dio pena, decidieron matarle para acabar con la amenaza.

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GAME OVER

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Una vez salvada la fuente de juventud, Súper Saru, las Ladillas Ninja y Pumbita pasaron unos días en Nueva York, a cargo de Lady Míriam, que estaba tan agradecida que les regaló un Birkin para poder llevar a Pumbita dentro.

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Pero las ladillas estaban agotadas después de tanto esfuerzo, por muy ninjas que fueran. Así que Lady Míriam también les regaló un viaje a la India, donde poder recuperarse.

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DespuĂŠs de varias semanas en su nuevo hogar indio, SĂşper Saru saliĂł una tarde del balneario donde se hospedaban.

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Mientras daba un paseo por la jungla, vio un oso cantando y tocando el sitar...

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... y un chico bailando al son de su canci贸n. Cuando este se percat贸 de la presencia de una espectadora, y sus miradas se cruzaron, fue amor a primera vista.

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Desde entonces, SĂşper Saru compagina su vida entre la selva y allĂ­ donde la necesiten a ella, a las Ladillas Ninja y al adorable Pumbita.

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Super Saru & Las Ladillas Ninja  
Super Saru & Las Ladillas Ninja  
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