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...sobre Cultura y otras Curiosidades

•El Respeto al derecho ajeno es la Paz• •La fotografía de reportaje y su concepción estética• •Aquí nos tocó vivir•

Año 1 Núm.2 Julio de 2011

•Nan Goldin. El espectáculo de la privacidad


Violencia Tal parece que -a no ser que se vea uno directamente afectado- la gente ve este problema como algo normal. Un problema del que se habla mucho, pero se hace poco para resolverlo. La falta de participación está acabando poco a poco con lo que nos queda de país, como muestra, las pasadas elecciones en el Estado de Mexico, donde el abstencionismo electoral llegó casi al 60%... Por otro lado más que con el afán de ayudar, las grandes empresas se cuelguen de la situación para llenar más sus bolsillos, como muestra tenemos Iniciativa México, donde las buenas intenciones se transformaron en un reality show. Y dándole vueltas al asunto, siempre llego a lo mismo, el Estado de Derecho en México se rige bajo las normas de la corrupción, donde te aclimatas o te aclimueres.


Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego. Mahatma Gandhi

Carlos Olmos Marianna Salvioli Nicola Mariani Juan Carlos Najar

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Gracias a Carlos Olmos, Nicola Mariani, Marianna Salvioli, Juan Carlos Najar, Ramón Corona, Guadalupe Mendoza, Paula González, Adriana Pérez, Pedro Reyes y a mi cómplice Mariana por su apoyo para éste número. Tonatiuh Tenopala


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El Respeto al derecho ajeno es la Paz por Carlos Olmos

Hace treinta y nueve años un gran escritor llamado: Jorge Ibargüengoitia, escribió un artículo en el periódico Excélsior titulado: Natalicio del Benemérito, difamaciones, viejas y nuevas. En ese artículo se hace mención de la famosa frase célebre de Don Benito “El respeto al derecho ajeno es la Paz” con su singular estilo irónico, crítico y mordaz que tenía de la realidad social, Ibargüengoitia menciona: “Hasta su frase célebre es defectuosa. Es mitad obvia y mitad coja. Por supuesto que la paz es el respeto al derecho ajeno, en eso todos estamos de acuerdo. En lo que nadie está de acuerdo es en cuál es el derecho ajeno” (Periódico Excélsior 21-3-72). Hoy casi cuatro décadas después, seguimos sin saber cuál es el derecho ajeno, Todos tenemos derecho en estos días a sentirnos más seguros dado los altos índices de violencia que imperan en el país, todos tenemos derecho a buscar otras fuentes de ingresos, porque los sueldos son miserables. Todos tenemos derecho a circular en nuestro automóvil, y a estacionarnos en vía pública. O simplemente a caminar tranquilamente por las banquetas. Bueno, con el aumento de la delincuencia, cada día es más común ver calles cerradas con rejas, porque todos tenemos el

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derecho a sentirnos más seguros, pero no estamos de acuerdo si otro grupo de vecinos cierra su calle y nos hace dar una larga vuelta para poder salir a la Avenida. ¿Y quién vive sobre la Avenida, no tiene derecho a cerrar su calle? Porque todos tenemos derecho a sentirnos seguros. ¿O no? No importa por donde caminemos o circulemos, desde las Lomas de Chapultepec hasta Lomas jodido de la Ciudad, siempre encontraremos un puesto de garnachas, un taller mecánico o de hojalatería y pintura, mesas de algún restaurant, o mercancías sobre la banqueta y/o arroyo vehicular, que impide nuestro paso. Claro que todos tenemos derecho a buscar otra fuente de ingresos para a completar la quincena, pero ¿Y nuestro derecho a circular libremente? Siempre he creído que el ser humano sufre una metamorfosis en el mismo instante que se pone detrás de un volante. En eso momento nos sentimos como los reyes del universo y por ello nos sentimos con el derecho de estacionarnos enfrente de una entrada vehicular, de estacionarnos en doble fila, de circular en sentido contrario y sobre todo el derecho supremo de paso sobre los peatones y demás automovilistas, claro que este derecho es potenciado de acuerdo al modelo y marca del automóvil que tenemos, porque claro un Audi, Mercedes o Suburban, tiene el derecho de paso sobre un chevy o tsuru, y más si estos autos de lujo transportan a un millonario o funcionarios, y que además son acompañados de dos carros detrás de ellos lleno de guaruras. Ellos si tienen derecho de pasar primero, porque ellos si trabajan y tienen cosas importantes que hacer. Además si tienen un buen empleo y dinero para pagar seguridad y… Yo creo que por eso estamos como estamos.

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La fotografía de reportaje y su concepción estética por Marianna Isabel Salvioli Mata

Tras el polémico reconocimiento que recibió Paul Hansen por su instantánea de una adolescente asesinada durante los saqueos del terremoto de Haití, ¿podemos plantearnos una aproximación compositiva a la fotografía de reportaje? A pesar de la imagen contrapuesta en la que Nathan Weber exponía al grupo de fotógrafos profesionales retratando a la chica, Hansen ha declarado: “Si hay algo que ‘se ajuste a la narrativa visual de un desastre’, no sé lo que es”. El mismo Weber expone una serie sobre los acontecimientos posteriores al desastre natural en su sitio oficial http://www.nbwphoto.com Al ver la serie, tenemos dos opciones: acusar la distancia (antihumanitaria?) del fotógrafo profesional o impactarnos por las imágenes. En este último caso, es muy probable que sintamos horror y compasión ante la realidad fotografiada e –idealmente- deberíamos comprometernos a colaborar de alguna manera u otra. Sin embargo, ¿cómo logran Hansen o Weber introducir estas impresiones en nosotros, los espectadores? Lamentablemente gracias a unas técnicas reflexionadas que forman parte del lenguaje fotográfico: medir la luz y decidir el encuadre, el enfoque, la profundidad de campo y la composición. Para causar un efecto, el profesional deberá decidir cómo hacerlo y cuánto acercarse al sujeto, de acuerdo a los preceptos de Robert Capa. Capa, uno de los fundadores de la Agencia Magnum, fotografió algunos de los eventos más terribles de su época. Es sumamente famosa la imagen “La muerte de un miliciano” (1936) que realizó durante la guerra civil española y que ha sido acusada en distintas ocasiones de manipulación. Durante un tiempo tuvimos reservas ante su citada frase “Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente”, pues nos parecía que estaba siendo aplicada exclusivamente a preceptos estéticos nada relacionados con sucesos bélicos; sin embargo, en Capa se entiende como un formulado para la trasmisión del mensaje y de las sensaciones que generan las guerras, los desencuentros y los problemas sociales. Más recientemente, la exposición Laberinto de miradas (http://www.laberintodemiradas.net/) Foto Paul Hansen congregó a fotógrafos y colectivos para plantear, plasmar y documentar la realidad iberoamericana, es decir, “la lucha por la libertad y defensa de los derechos humanos en una región azotada por distintas plagas”, entre ellas, la violencia. Destacan los trabajos de Rodrigo Albert y Diego Levy. El primero, por ejemplo, lleva casi una década trabajando en las prisiones, estudiando no sólo la expresión de los convictos, sino los detalles que forman parte de su día a día y, por lo tanto, de una identidad excluida legalmente. En el caso de la serie Saturday (2011), el color azul celeste juega un importante rol como fondo paradójicamente religioso, mientras que los encuadres cercanos y cerrados transfieren la idea de claustrofobia. Para ver algunas imágenes: http://www.wix.com/rodrigoalbert/rodrigoalbert#!prisons-works/vstc6=saturday

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Foto Robert Capa

Por su parte, la serie Sangre de Levy es una revisión sobre la indiferencia que provocan los encuentros cruentos. Presentadas en blanco-ynegro y destacando las líneas (rectas, diagonales o circulares) como elemento compositivo, muchas de las tomas resaltan la contraposición entre un gesto violento o la presencia de sangre versus las miradas o posturas aburridas de quienes se enfrentan a estos sucesos a diario. La serie trata, entonces, sobre la desidia que ha generado el incremento del crimen y la marginalidad en los países latinoamericanos: “Las imágenes muestran lo que hay: descarnadas escenas de violencia, heridos y muertos que pueden aparecer a la vuelta de cada esquina. Escenas que hoy se han convertido en casi cotidianas para los habitantes de estas ciudades. Las protagonizan, las presencian como testigos o las ven en noticieros y periódicos, utilizadas en muchos casos de manera inescrupulosa, en dosis perfectamente calculadas, para incrementar las ventas o para influir en la opinión pública y ejercer presión en operaciones políticas encubiertas” Se pueden ver en: http://www.diegolevy.com/index.php?/project/san gre/

Foto Kevin Carter

Para llegar a resumir toda esta exposición en una imagen, se exige una concepción y conceptualización visual y un discurso estético que destaque el elemento y el tema (la violencia) y llegue al espectador, obligándolo a reflexionar. Se trata, como asegura el artista callejero JR, de señalar los problemas para que todos (fotógrafos, artistas y espectadores) nos preguntemos cómo podemos ayudar y actuemos en consecuencia. Para el fotógrafo francés, el arte funciona como espacio neutral donde intercambiar y discutir ideas, generando así una analogía del mundo que ayuda a cambiar las percepciones sobre este. Estando de acuerdo con este postulado, nos queda -no obstante- exigirles a los fotógrafos profesionales que se involucren también físicamente y/o respeten los espacios de privacidad de quienes han sido afectados por la violencia, para evitar la deshumanización y el morbo profesional, como fue el caso de Kevin Carter ante la imagen de un infante famélico al que acosaba un zamuro. PS: no incluimos en este artículo las discusiones sobre la veracidad de las fotos de Capa y Carter sino en el mensaje de las mismas gracias a la manera cómo fueron realizadas. Foto Nathan Weber

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Nan Goldin. El espectáculo de la privacidad por Nicola Mariani

En la Introducción a Un arte medio (1965), obra dedicada al estudio de los usos sociales de la fotografía, y del complejo trasfondo de sujetos, relaciones y dinámicas que subyacen a actos tan supuestamente intrascendentes como tomar fotos, el sociólogo francés Pierre Burdieu expuso la siguiente consideración: «Teniendo en cuenta que, a diferencia de las actividades artísticas plenamente consagradas, como la pintura o la música, la práctica fotográfica es considerada como accesible a todos – tanto desde el punto de vista técnico como económico – y que quienes se entregan a ella no se sienten condicionados por un sistema de normas explícitas y codificadas, y definiendo su práctica legítima por su objeto, sus ocasiones y su modalidad, el análisis de la significación subjetiva u objetiva que los sujetos confieren a la fotografía como práctica o como obra cultural, aparece como un medio privilegiado de captar en su expresión más

Nan Goldin, Bloody bedroom in a squattered house Berlin, Berlin 1984. © Nan Goldin. Courtesy: Matthew Marks Gallery, New York.

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auténtica las estéticas (y las éticas) propia de los diferentes grupos o clases y, particularmente, la “estética” popular que puede, excepcionalmente, ponerse de manifiesto en ella». Si miramos desde este punto de vista socioestético a la producción más destacada de la fotografía artística del último cuarto del siglo XX, se puede apreciar claramente como la popularidad alcanzada en la década de los noventa por la obra de Nan Goldin (Washington D.C., 1953) se deba, esencialmente, a su predisposición por interpretar visualmente la vertiente más cruda, realista y autodestructiva de la estética postmoderna. Su mirada voyeuristica, explícitamente autobiográfica y fríamente descriptiva, revitalizó el genero documentalista, en su versión más “fenomenológica” y cotidiana, a través de impactantes fotografías-verdad que enfocaban fragmentos de sus vivencias personales y celebraban la “espectacularización” de su vida privada.

Nan Goldin, Nan one month after being battered, 1984. © Nan Goldin / Courtesy: Matthew Marks Gallery, New York.

Como escribió el crítico italiano Renato Barilli en Prima e dopo il 2000 (2006), Nan Goldin «si affida alla serialità dei reperti per dar loro un po’ di vita, a compenso del loro contenuto banale» (confía en la serialidad de los restos para darles un poco de vida, como compensación de su contenido banal). De hecho, las istantáneas de Goldin encarnan perfectamente la cultura popular del espectáculo que fue profetizada por Guy Debord a finales de los años sesenta y que hoy en día vemos representada en su versión más degenerada y moribunda en la perversa basura antropológica del reality show televisivo. En este sentido, la labor desarrollada por Goldin a lo largo de las últimas cuatro décadas ha sancionado el abatimiento definitivo de las fronteras existentes en la cultura visual de masas entre categorías estéticas

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tradicionalmente dicotómicas, como elitista-popular, público-privado, íntimo-social, moral-amoral, masculino-femenino, etc. La espectacularización de la privacidad que caracteriza tan potentemente su trabajo está estrechamente relacionada con una forma de pensamiento flexible y circular, fundado sobre el poder de las imágenes fotografícas y televisivas. Dicha espectacularización es sin duda un aspecto central y “naturalizado” tanto del imaginario colectivo actual como de las elecciones temáticas y de las premisas estéticas de una parte considerable de la creación artística, en distintos ámbitos y disciplinas. La relación de Goldin con la fotografía comenzó a finales de los años sesenta, siendo ella adolescente en la ciudad de Boston. Sin embargo, fu sólo a partir de la década sucesiva cuando su trabajo empezó a adquirir cierta estructuración sistemática que con los años se fue desarrollando en forma de ciclos temáticos, como los célebres The Ballad of Sexual Dependency (1979-1986) o The Other Side (1972-1992) entre otros. En sus primeros trabajos Goldin se dedicaba sobre todo a realizar retratos marcados por cierta implicación emocional, buscando soluciones todavía bastante poéticas e idealizadas, lejanas del realismo sin piedad que caracterizará, en cambio, sus obras posteriores. En este sentido, la fotografía de esta primera fase manifiesta una profunda atención por captar

Nan Goldin, Nan and Brian in bed, NYC, 1983. Cibachrome, 76 x 102 cm. Courtesy: Matthew Marks Gallery, New York.

los aspectos personales e introspectivos del sujeto a través de un notable control de la técnica y de las convenciones estéticas y trabajando en una línea más clásica y lírica, sobre todo en blanco y negro, como se puede apreciar muy bien en obras como Suzanne as a ghost, Boston (1971), o Bea with teacup, Boston (1973).

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Graduada en 1978 en la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston, en donde conoció entre otros Phillip-Lorca diCorcia, por aquel entonces Goldin comenzó a retratar sin filtros estéticos o prejuicios morales los diferentes sujetos que encontraba en sus días y noches de excesos. A partir de entonces, la liberación sexual, la vida nocturna, las fiestas, lo sentimental o el desengaño se convertiron en los motivos preferidos y recurrentes de su trabajo. A partir de los años ochenta, coincidiendo con su traslado a Manhattan, su fotografía exasperó la mirada descriptiva y autorreferencial, enfatizando la ausencia de cualquier esquema compositivo y privilegiando el uso del color. En esta década la obra de Goldin refleja aspectos todavía más extremos de la realidad, unificando lo anecdótico y lo universal de la condición humana dentro del marco de unas imágenes directas y chocantes. En estos años sus principales referencias temáticas e icónicas proceden de un mundo compuesto por una muchedumbre de personajes que se mueven en los entornos subculturales urbanos: punk, grunge, queer, transgender etc.; en pequeños microcosmos de bares, locales y pisos compartidos; en los lugares íntimos de las relaciones sexuales, del consumo de droga, de la violencia, de la marginación, de la infermedad y de la muerte. Asimismo otorga protagonismo a la exhibición expectacularizada del cuerpo y de los instintos más bajos del ser humano. Muy significativa, a este propósito, es el autorretrato Nan one month after being battered (1984): tal vez una de las fotografías universalmente más conocidas de la artista.

Nan Goldin, Amanda in the mirror, Berlin 1992. © Nan Goldin / Courtesy: Matthew Marks Gallery, New York.

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Nan Goldin, Joana dressing after the bath, Sag Harbor, NY, 2001. Cibachrome. Dim. 70 x 102 cm. Ed.: 4/15. Courtesy: Galería Javier López, Madrid. 2009.

El periodo que va desde los años noventa a la primera década del siglo XXI ha sido definido como el periodo de la “reconciliación con la humanidad”, ya que sus fotografías se hacen en general menos chocantes. En muchas ocasiones evocan, de una manera suave y sencillamente elegante, estados de ánimo y sentimientos positivos, como ternura, amor o amistad, alcanzando momentos de auténtico lirismo. En varias piezas de esta época aparecen interesantes referencias a la tradicción pictórica de la historia del arte. Por ejemplo, se pueden apreciar citaciones y analogías con respecto a algunos cuadros de Edward Hopper, sin duda un antecedente pictórico muy importante de la obra reciente de Goldin. Al igual que ella, Hopper se interesó por el tema de la soledad y la intimidad ajena, así como por un cromatismo directamente vinculado con la psicología del sujeto y un uso de una luz casi metafísica. En este sentido, se puede citar Amanda in the Mirror (1992). En otra obra hace referencia explícita a la pintura de Caravaggio: Jens fucking Clemen after Caravaggio, Paris (2001). Aquí la relación ideal con el pintor italiano se aprecia no solamente en el título, sino también en la manera de dar a los cuerpos un relieve casi escultórico, a través de la iluminación lateral y la subdivisión de la composición en zonas de luces y sombras que otorgan a la imagen un tono solemne, casi dramático. También se puede individuar un vínculo ideal con los interiores pintados en el siglo XVII por el holandés Johannes Vermeer. Muy significativa en este sentido es Joana dressing after the bath, Sag Harbor, NY (2001). En esta obra la luz vitaliza el cuerpo del hombre que da la espalda al espectador; el color de los objetos del cuarto de baño; el color del cuerpo de la mujer y de su ropa. La representación del contexto doméstico sugiere aquí una atmosfera de suspensión espacio-temporal, como si se tratase del fragmento congelado de una narración cortada y mucho más compleja.

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Aquí nos tocó vivir por Juan Carlos Najar

Mi nombre es Juan Carlos… y soy víctima. Y estoy harto de ello. Todos los días vivo con ella, leo de ella, la respiro y la siento en el aire. Aquí en México ya es prácticamente parte de la casa, es el invitado incomodo que nunca se fue y que apesta, pero lo gacho es que ya nos acostumbramos al olor. No hay nada peor que eso. El acostumbrarte a cosas malas, el doblar la manita y dejar que el grandote de la escuela te baje tu dinero, a bajar la mirada cada que tu padre te dice que siempre fuiste un inútil, un bueno para nada y que desearía que fueras como tu hermano mayor; a resignarte a perder tu iPod de súper última generación con el que tenías apenas una semana y del cual te falta pagar 12 mesesitos sin intereses antes de haberte llamado “dueño”, por que simplemente a 2 tipitos se les ocurrió jugar a los policías y ladrones y asaltar el microbus… lástima que en esta ciudad nadie quiere ser policía. Mi nombre es Juan Carlos y soy víctima de 3 asaltos, múltiples robos de cartera, varios golpes de insultos, he perdido a 2 amigos en microbuses, he sido testigo de los suicidios que pueden provocar las palabras, testigo de cómo cada día ella, la violencia, esta más y más cerca de mis seres queridos, por que ya no es ese mito y cuento urbano de antes, cuando todo pasaba lejos muy lejos de aquí, cuando sólo pasaba de noche como la llorona, cuando “El coco” causaba más miedo y cuando pensabas que tus padres podían defenderte. Vivo con una impotencia constante, en donde todo parece un mal chiste que ya ha durado bastante, donde ya no es raro escuchar que mataron a 7 o a 13 o a 20 en Durango, en Juárez, en Coahuila, en Acapulco, donde quiera, donde quieras; vivo en la ciudad de la furia, donde a veces pienso que cada quien sólo ve por si mismo, y es que aquí ya no aplica el “Salvación por mi y por todos mis compañeros” porque aguas y si te metes a tratar de frenar un asalto, igual y acabas con unos cuantos plomitos en el pecho y es que aquí, por menos de 20 pesitos ya te andan mandando al paraíso, vivo al lado de la corrupción y la indiferencia, en donde los culpables están libres y los inocentes y jodidos en la cárcel. Donde tienen que pasarle cosas malas a gente importante para que se desaten marchas y se hable de un siempre-prometido “Cambio”. Impotencia, les digo. ¿Qué más puedo sentir? Una impotencia y tristeza infinitas cuando alguien como Marisela Escobedo es asesinada frente al palacio de gobierno de Chihuahua. ¿Cuántas marchas mas?, ¿Cuántos muertos?, ¿Cuántas palabras?, ¿Cuántas promesas mas? Ojalá existiera un contador simbólico tipo Watchmen que nos dijera cuanto tiempo nos falta antes del día final. Pero no lo hay, así que, a aguantar vara, como diría mi padre, a predicar con el ejemplo y a hacer lo que se pueda hacer, mínimo a levantar la voz, a no bajar la mirada y cegarme por que eso me haría un delincuente más. El camino es largo, muy largo, pero como diría Cristina Pacheco: Aquí nos tocó vivir.

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Palabreria #2