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Los lapices siguen escribiendo

Marzo 2012. Aùo 1. N°1

Escritores en hagamos lo imposible


Nuestra revista nace a partir de una necesidad, de una responsabilidad social que sentimos por ser personas que vivimos en este mundo, que lo transitamos, que actuamos en él y con las condiciones que en el mismo se presentan. Ésta es una causa más que suficiente, según creemos, para decidir tomar lápiz y papel, y lanzarnos a escribir sobre esto mismo, sobre el mundo que nos rodea, lo que nos atraviesa como sujetos sociales, lo que sentimos a partir de esto, lo que vivimos, lo que creemos, lo que soñamos, lo que somos y lo que queremos ser. La causa, propiamente dicha, es entonces la necesidad de generar consignas diarias, reflexiones sumamente necesarias y llegar a problematizar cuestiones que nos llevan al cuestionamiento de lo que hoy atravesamos como sociedad en conjunto, para esto ¿qué mejor herramienta que la literatura? Con ella podemos atrevernos a soñar, volar, sentir y denunciar, todo en un mismo texto. Así es como surge esta idea, cuyo fin es sacar la literatura a la calle; es decir, acercar lo cotidiano y las problemáticas del día a día hacia el campo literario y, a la vez, embarcar la literatura en una visión actual, donde la belleza, la estética, sea el camino que rumbee la conciencia de la sociedad y nos permita, cuanto menos, cuestionar en dónde estamos sumergidos. Para lograrlo debemos sentirnos parte, no solo de la sociedad, sino también de un ambiente que impulse tales propuestas. Por eso decidimos construir este espacio llamado PALABRA VALIJA. Como grupo de escritores nos planteamos un claro objetivo: el de intervenir con una mirada distinta a la que nos enfrentamos cotidianamente; diferenciarnos de la mirada que es resultado del acostumbramiento, del conformismo, de pensar que las cosas siempre fueron así y que hagamos lo que hagamos, nada va a cambiar . Nosotros no lo creemos de esta manera. Creemos que encausando las herramientas culturales que poseemos, en un proyecto que busca problematizar y traer al debate cuestiones que son necesarias transmitir, resaltar o denunciar; dejamos de reproducir ese tipo de pensamiento a-crítico que decide permanecer pasivo, aceptando las cosas tal cual están. Por ello, PALABRA VALIJA, se impulsa en el marco del trabajo cultural de Hagamos Lo Imposible. Porque creemos que la sociedad hoy en día se encuentra atravesada por valores culturales poco humanos y mercantilizados; por el consumismo y las modas avasallantes por lo tanto, para demostrar que no todo tiene que seguir el mismo rumbo, es necesario que demos una respuesta a esta lógica con la que no estamos de acuerdo, desde espacios que sean una alternativa, donde se generen otro tipo de valores, desde una concepción cultural distinta, humana y humanizante . El tiempo es un gran instrumento de inspiración si sabemos usarlo; nosotros tomamos, a partir de esta iniciativa, el compromiso de brindar pluralidad de enfoques, visiones, opiniones y conclusiones sobre diferentes temáticas, para que entre todos logremos, con la literatura a cuestas, una mirada más abarcadora, más totalizadora y más crítica. Gerónimo y Agustina Daltón.


El proceso de desorganización nacional Más allá de que se hayan hecho todos los tipos de análisis posibles con respecto al genocidio que implicó el golpe militar iniciado el 24 de Marzo de 1976, es importante no dejar de abordar el tema para que no se olvide, como suele suceder con tantas otras cosas en esta sociedad de la cultura de lo efímero. La gran pregunta que nos podemos hacer es en qué estaban pensando quienes lo llevaron a cabo. Los distintos análisis historiográficos, sociológicos e inclusive psicológicos nos pueden responder que esos señores pensaban que debían marcar el rumbo de aquella convulsionada sociedad de los setenta, en donde los hijos de Marx y Evita, al decir de Galeano, parecían adueñarse de la escena. Pensaban que la sociedad debía ser reeducada, que el tirano Peronista había creado un monstruo que no pudo parar y que los subversivos de siempre se estaban radicalizando cada vez más, que las masas estaban equivocadas, que la guerrilla era la máxima expresión de la barbarie organizada de esos tiempos. Pensaban que a este pueblo joven, infantil, le faltaba disciplina, aprender a respetar a sus superiores, a acatar las ordenes, a llevar un modo de vida disciplinado y ejemplar. En su mesiánica visión, pensaban que venían a salvar al pueblo de la influencia subversiva, del terror rojo, y con ello, pensaban que venían a cumplir un sacrifico al asumir tamaña responsabilidad. Si nos ponemos a ver el contexto en el que estuvo inmerso este nefasto proceso de desorganización nacional, nos vamos a dar cuenta que pasaba lo mismo en varios países de la región: Videla en Argentina, Pinochet en Chile, Banzer en Bolivia, Bordaberry en Uruguay, entre otros, fueron los hijos de la llamada Doctrina de la Seguridad Nacional, la cual decía algo así como que el enemigo no estaba de las fronteras para afuera, sino todo lo contrario: dentro del mismo país. Esto debe entenderse en el marco de la llamada guerra fría , la cual consistía en el enfrentamiento de Los Estados Unidos, tan liberales y democráticos ellos, y la Unión Soviética, tan intranquilizadora y totalitaria, según los vecinos del norte. Aprendidos y aprehendidos los manuales de la escuela de la muerte (más conocida como Escuela de las Américas), muchos de estos genocidas aplicaron sus conocimientos contra su propio pueblo: lo secuestraron, lo torturaron y lo desaparecieron. Durante las dos décadas en las que se dieron la mayoría de estas dictaduras (alineadas en los setenta bajo el famoso Plan Cóndor), no podemos dejar de preguntarnos también cómo podían dormir tranquilos estos señores habiendo causado miles de muertes, millones de torturas e incontables desapariciones. Lo cierto es que este pueblo lo sufrió en carne propia. Un pueblo que más que re-educado fue castigado, azotado por el peor enemigo del hombre: el miedo.


Además de hacer trizas al estado y a la economía, lograron que el terror se instale como una invariable en la sociedad. Cuando el Falcón empezó a ser manejado por la Parca, los argentinos debimos elegir entre los dos caminos de siempre, pero en su versión extrema: la indiferencia o la lucha. Fue entonces cuando, mientras algunos no se metían , otros dieron cuerpo y alma para mantener vivo aquello que no muere nunca: los ideales. Esa lucha que desembocó en la desaparición de una generación entera, fue la de aquellos enemigos de la negación de la libertad, de la imposición del miedo y la inseguridad como forma de vida. Fue una lucha estigmatizada, ya que subvertir el orden establecido iba en contra de valores occidentales y cristianos, los cuales se sabían muy correctos y éticos en la teoría, pero macabros en la práctica. Esos zurditos , esos tirabombas , esos guerrilleros , subversivos , y tantas otras catalogaciones más, hicieron lo que otros hicieron en otro tiempo y lo que muchos intentamos hacer en éste: luchar contra aquél o aquellos que quieren que vivamos sometidos. En la dictadura asesina de hace 36 años el enemigo era bien visible, con su prolijo uniforme y su disciplinado andar. Ese enemigo visible intentó invisibilizar a quienes lo enfrentaron, pero podríamos decir que le salió al revés: su derrota reside en el hecho de que las 30.000 almas que quiso invisibilizar están más vivas que nunca, al ser el símbolo de una lucha que no se debe abandonar. Los enemigos de ayer fueron los militares, los de antes de ayer las elites que fundaron esta nación matando indígenas para unificar el territorio, y antier los colonizadores de los cuales debíamos liberarnos. Hoy son las corporaciones, las elites que desde siempre vienen queriendo manejar nuestros destinos a su antojo, la banca, las naciones que quieren someter a otras amenazándolas de terroristas, los organismos internacionales que ocultan bajo su fachada institucional las intenciones de un puñado de hombres de manejar el mundo como mejor les conviene. A esa altura de la historia, el enemigo adquirió tal grado de sutileza que no nos damos cuenta de que existe, y de que quiere que sigamos con los ojos tapados, o saturados por la industria del consumo. La lucha de esos 30.000, y de otros millones que viven para contarlo, no debe quedar en el pasado, no debe ser pasado: debe ser futuro y sobretodo presente. Debemos entender que esas voces que se intentaron callar, censurar, prohibir, fueron las voces que abogaban por un futuro de libertad y de repudio contra el terrorismo organizado. Fueron las voces que querían lo mejor para usted, para vos, para mí, para nosotros y para todos. Por todas y cada una de esas voces, es que no debemos bajar los brazos contra quienes quieren que vivamos oprimidos. El enemigo sigue ahí, es por eso, incansablemente por eso, que la lucha continua. Juan Vagamundos.


De cuentos, ojos, anteojos y anteojeras Pero ¿Cómo? ¿No pasó? Algunas cosas aún pasan. No del mismo modo, pero pasan. ¿Qué pasa? Que no quieren que hables. Que no quieren que pienses. Que te dicen que está todo bien. Hoy nos cuentan un cuento, Todos los días el mismo cuento Antes de ir a dormir. Y a la mañana siguiente, Tenemos que salir a la calle Y ver lo que nos dicen que hay ahí, Lo que cuenta el cuento: Gente feliz, castillos de cristal (¿o de arena?) Espejitos de colores, flores por todas partes, Alegría, sobre todo, justicia, paz. Justicia. Paz. Si ves otra cosa, andá al oculista (hay que usar anteojos 3D para ver esta película). ¿Entonces no me explotan? No. ¿Entonces no me quejo? ¡No! ¿Entonces ? Entonces, nada. Sonría, lo estamos filmando . Nailen Zerimar.

Menos mal que no soy como ellos Igual, ¡eh!, igual que los locos, igualitos. Mis dos hermanos, bueno, debería decir mi hermano y mi hermana, están completamente locos. Son de esos que, ¡mirá!, mejor perderlos que encontrarlos, y no, ¡ojo!, yo los quiero mucho, pero ¡qué de locos, los dos! Uno, mi hermano, el más grande, se cree músico el pobre, y toca que no sabés lo que es, un ruido feo, bochinchero. Lo único que hace es juntarse con los amigos a tocar esa cosa (que dice: es música ), no sabés, todo el día con la guitarrita esa. Nunca nada productivo, uno se desvive estudiando y este que no aporta nada, que gasta y gasta, hasta lo que no tenemos. ¡No te quiero ni contar lo que le salió a papá esa guitarra suya! Qué


cosa De la flaca no quiero ni hablar: mi hermana, la más chica de los tres. Mirá que esa casi sale buena, empezó a estudiar periodismo o literatura o una cosa así. Y andaba escribiendo para una revista, decía. La cosa es que nunca vimos nada de eso, después largó la facultad y con el novio (otro que mejor ni nombrar) andaban en algo raro, porque a casa vino dos veces un tipo a preguntarnos cosas. Ella decía que seguía escribiendo pero que no podíamos saber qué y que mejor no preguntáramos más nada. La cosa es que hace como dos meses que no sé nada de ninguno de los dos. Y si vos vieras cómo estaba el departamento de mi hermano: como si hubiera pasado una topadora, no sabés. Pero cuestión que el tipo se borró y dejó todo para pagar, andará de gira con su banda , dice mamá, cantando esas canciones que a nosotros no nos dejan ni escuchar, esas de viva Perón, viva Perón y no sé cuál más; ni las conozco yo. Y la borreguita debe andar con el novio en algún lado, dejaron una notita diciendo que se iban juntos, pero, no sé, pareciera que se los tragó la tierra o no sé. Qué querés que te diga, menos pregunta uno más perdona Dios. Ojalá los vea pronto. Valentín.

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Cazadores de pajaros o el dia que prohibieron el silencio Como una campaña para transformar un poblado en desierto, como el desmonte de un bosque nativo para sustituirlo por plantas de plástico. Desde un lugar llamado El-Norte alguien había ordenado este desastre mecánico que arrasó con todo. Esperanzas, energías, casi todo se llevó puesto ese aluvión artificial. Muertos en vida quedaron los sueños. Muertas en vida, las ganas de pensar y de actuar. Prohibieron soñar, pensar, creer. Prohibieron volar, prohibieron leer, escribir. Mirar al cielo estaba prohibido. Estaba prohibido hablar, gritar. Sólo no prohibieron llorar. Destruyeron los nidos; impusieron un cielo gris, totalmente gris. Impusieron un silencio que era un vacío, nos llenaron de ausencias Pero luego aprendimos, el tiempo demostró, que el mayor vacío no era el silencio, que el silencio también podía ser una ofensa, una amenaza, para los cazadores de pájaros, para las autoridades de El-Norte. Porque el silencio denunciaba la ausencia, haciéndola evidente. Y porque no podía


durar mucho hasta que el candado del baúl en que se encerraban las palabras estallara, y estas salieran volando, gritos con alas de zorzal, en todas direcciones. Por eso, la nueva orden fue rellenar ese silencio, a toda costa. Rellenarlo con sonidos aún más vacíos que el silencio mismo: con canciones en otro idioma, con máquinas forjadoras de mentiras colorinches y ruidosas que cumplían el rol de aislar personas en prisiones disfrazadas. Con frases aprendidas de memoria. Así se perpetuó la orden de no pensar, así la gente tuvo siempre presente que no debía meterse en lo que no le incumbía, que no debía salir jamás de esa cárcel que eran ellos mismos, cada uno en sus propios intereses y preocupaciones. Aprendieron a vivir en medio de un gran culto al vacío, al vacío encubierto que reinaba desde las sombras. Desde hace mucho tiempo hay gente, sin embargo, dedicada con esfuerzo y entusiasmo a recuperar aquellos tesoros perdidos, aquellos pájaros enjaulados, a revivirlos, a reconstruirlos a partir de las cenizas, de los restos de esa historia, y echarlos a andar, a volar, hacia adelante, siempre hacia adelante (pero nunca olvidando lo que se dejaba atrás). Ardua es la tarea, pues los obstáculos no son pocos. En eso están, en eso estamos Nailen Zerimar.

Siento 24 veces Siento que estoy muriendo, Mis lágrimas reflejan la violencia, Y mis ojos la tristeza, Solo siento. Solo siento porque no puedo hablar, Solo siento porque tengo miedo, Miedo de hablar, miedo de soñar. El miedo me atormenta Y mis palabras se alejan de su sentido Ya no estas acá conmigo, Son muy fuertes, Tienen en su poder una única herramienta: Mucho miedo, tanto miedo. Viven del miedo.


Solo sienten miedo. Hoy siento el cambio Siento que estas sintiendo el cambio Ya no tengo miedo Ya no me callo Ya no cierro los ojos, Ya lo estoy sintiendo, Siento Siento tu voz Siento el viento Siento tu risa Siento que estas escribiendo Siento que estas gritando Siento que estoy volando Siento, solo siento Solo siento que hoy te recuerdo Siento que todos recordamos Solo siento que yo no olvido. Gerónimo

El agua Antonio! -

El agua Antonio!

Me lo dijo preocupada, como si la idea del agua hervida le causara náuseas. Yo la entendía, las cosas que preocupaban en serio era mejor dejarlas de lado durante el mate. Por eso lo tomábamos amargo, para tampoco desligarnos del todo; el gusto fuerte del agua con yerba no nos permitía alejarnos del todo. Mariana siempre se ponía tensa a las 17. Sabía que a la media hora yo ponía la pava y ahí comenzaba la larga merienda. El agua Antonio! - me gritó como enojada, como si alguno de los dos tuviera la culpa. La saqué rápido, un tanto tembloroso. El termo estaba en la pieza, seguramente con restos de agua tibia de los mates que Florencia había cebado por la mañana. Tuve que ir Costó. No quería ni tocar el picaporte. Las cosas como las dejó, como ella las acomodó, las organizó. Tal y como ella lo pensaba, como ella


ordenaba su mundo. Pero Mariana se iba a enojar y no quería amargarla de más, uno no sabe qué puede pasar, la angustia provoca locuras. Así que había que ir. Y ahí estaba, un tanto deteriorado por el rose diario de jóvenes manos, con un sticker ya borroso que asomaba una consigna clara, con fuertes colores y grandes letras; tan clara como su mirada lúcida y convincente. Pero no quise detenerme a pensar. Salí aturdido de aquella habitación con olor a tabaco viejo y a libro humedecido, que tanto me gustaba. Mariana leía el diario. Otro titular insultante y su mirada que atravesaba las letras del amarillento papel y se iba a la calle, a las esquinas, a la facultad, a la parada del bondi. Yo sabía que tenía que abrazarla y decirle que ya iba a llegar. Pero no me salió. Fui directo a mi silla, a mi lugar de siempre, enfrentado al horno que mostraba el reloj por encima de él, maléficamente redondo. El tiempo se paseaba alrededor nuestro y el aire se volvía pedante, sobrador. Eran las 19. Las cebadas se iban terminando y el mate lavado no importaba. El diario doblado a la mitad y la mirada de Mariana reposando en el televisor, pero mirando más allá. Como siempre. Cuando el reloj parecía cada vez más orondo, las llaves en la puerta estrujaron el pecho de ambos. Apareció con dos más. Un tanto mojada de la llovizna, con el pelo suelto y una sonrisa que no parecía sonrisa. Me miró fijo y el reloj ya no amenazaba; la miró a Mariana y se chocó con sus ojos empapados. Sin pensarlo habló y dijo una de esas cosas que siempre me llenan de esperanza y orgullo: Viejos! Hoy Dami y Juli se quedan a dormir, si quieren yo cocino. Y dejen de mirarme como si fuera un fantasma. Estoy viva! Y ya saben más viva que nunca! Agustina Daltón.


Continuidad del miedo Nos siguen pegando abajo Una y otra vez nos llevan, Nos vuelven a llevar, Asesinos en ejercicio de sus funciones. Te silenciaron ya dos veces, Julio (que me expliquen ahora qué significa democracia). Te llevaron a la comisaría, Luciano, Por el delito de no robar Para ellos (que me expliquen ahora qué es la seguridad). Y son tantos, y son ahora. Y ya no son, pero siguen siendo. Ahora. Una y otra vez nos llevan, nos vuelven a llevar Las sonrisas Las fuerzas (que me expliquen ahora Por qué aún hoy nos privan del derecho a sonreír, Y con qué derecho nos encarcelan los sueños, los torturan, los desaparecen hoy). Nailen Zerimar.

Reflexionando. “Los que se coronaron de gloria para siempre” Durante los años de la última dictadura militar argentina miles de personas unidas enfrentaron un sistema casi establecido, de reglas estrechas, destructor y vergonzoso. Sublevaron sus ideas y eligieron su manera de ser, su lucha. Fueron revolucionarios en vida, libertarios y hacia el final la dictadura infame les robó quizás la mayor de las libertades: decidir la muerte, elegirla. Fueron unos pocos, hombres, órdenes, dedos, los que decidieron el destino de otros 30.000. Toda una vida, o casi, actuando en coherencia con sus ideas para que su historia la terminaran otros. Infames, nuevamente infames. Pero algo deben saber.


Murieron, pero coronados de gloria. Buscaron, no se quedaron en un lugar esperando a que otros dispongan las reglas de su vida. Buscaron, amaron la libertad. Y encontraron, para envidia de muchos que en el fondo hubieran deseado no vivir atados. Algunos fueron miedosos, no se atrevieron a liberarse, o puede que el objetivo de anular ideas de ese momento haya calado hondo en sus cabezas. Porque la dictadura mata, pero no sólo al cuerpo, mata la mente y resulta difícil escaparse de ambas por igual. No solamente portaban balas sino también palabras y tanto una como la otra tenían el camino trazado, apuntando a la cabeza pero enfrente, del lado de los miles desaparecido y otros tantos, existía la resistencia, dispuestos a soportar. Sin cabeza y sin razón mantuvieron sus ideas en un lugar donde estaban todas prohibidas. Y los mataron por eso, eran sus enemigos y su revolución social no estaba pensada para terminar. A 36 años de esos años, de esos 30.000 y más que volvieron bella su vida y hoy llenan de preguntas las nuestras, elegimos no olvidarlos. Elegimos como deber que todos, incluso sus asesinos, lo recordaran, que vivan en sus inconscientes. Pero la consigna no debería terminar allí. Debemos continuar con su revolución así como ellos continuaron la de otros. En toda las etapas del mundo, en todas las etapas de una vida se lucha. Lo importante es saber contra qué. En la última dictadura argentina se luchaba contra determinadas personas que vestían uniformes a veces o que circulaban en ciertos autos, y llevaban como bandera ideas destructoras para un país que debía crecer. Hoy en nuestros días, ese enemigo se oculta bajo otras caras, otros colores, otras herramientas, algunas armas de fuego, otras invisibles. Hoy en un mundo individualista, consumista y virtual, el enemigo no se presenta de forma visual. No es fácil verlo pero sabemos que está. Y la forma de no olvidarnos de las personas que lucharon para que hoy podamos escribir y leer libremente, es volver a cargar esas banderas, actuar de muchos modos, pequeños, grandes modos. Luchar contra el enemigo que nos toca en nuestros tiempo, que pretende volvernos más individualistas, consumidos, acelerados, esclavos, indiferentes, descartables. Pensar en 36 años antes no es pensar en pasado. Tampoco es descartar un futuro, sino no esperarlo. Actuar aquí y ahora. Difícil. No olvidemos a los desaparecidos. Pero sepamos también que la revolución no se hace ni en la memoria ni en el corazón, se hace afuera. Que no nos mate ningún enemigo, ni física ni moralmente. Que nadie decida nuestro fin. Despreciemos la muerte. Es la única forma de vivir libres.

Guillermina.


MI BOCA NACIÓ PARA ESCRIBIR

(Escritores desaparecidos durante la dictadura) Roberto Jorge Santoro (detenido y desaparecido en 1977, poeta, escritor, periodista y obrero, militante del PRT) POESÍA EN GENERAL (II) Él está como una miss de barrio orlado de cintas y bastones y sus perros falderos que lamen podredumbres sentado a la diestra de mamá democracia dialoga largamente con boca de asesino alza su mano sostenida y fácil baja su culo gordinflón y a manera de efebo reluciente se caga en el país con toda el alma VERBO IRREGULAR Yo amo, tú escribes, él sueña, nosotros vivimos, vosotros cantáis, ellos matan.

Dardo Dorronzoro (desaparecido en Lujan el 25 de junio de 1976, escritor, poeta y herrero) Los días no perdidos Los miércoles eran días nublados generalmente, y generalmente llovía los jueves pero nada más que en las calles de tierra, por donde me llegaban los gatos con las patas embarradas, y entonces


no venías a las cuatro de la tarde ni a las cinco, y eran todas las estrellas y todavía te estaba esperando, y era el día siguiente con los gatos y el sol y el vapor de la tierra mojada, y se moría alguien y uno decía que lástima, y llegaban los mosquitos, llegaban albañiles y llegaba algún muchacho sin cigarrillos, se hablaba de Sofía, de la guerra de Vietnam, de pibes extremistas que se disfrazaban de nosotros para ser ellos, del pan con una forma determinada, más bien poco, más bien caro, más bien como un largo aliento cansado sobre la mesa, y enseguida nos poníamos a hacer la revolución debajo de las ramas, debajo de ese vientito fresco con madreselvas, pero la cuestión era difícil porque no estabas, y yo no decía nada, sin embargo, me levantaba los pantalones a cada minuto, eso sí, me sentía muy flaco, y la revolución no avanzaba pese a los albañiles, pese a que las bombas estallaban en todos los rincones de los libros, y eran muchas las horas que se iban por el mundo, y eran muchos los chicos que se morían de tanto esperarnos y entonces nos poníamos a dar vueltas las torres de las iglesias, a comer mandarinas, a preguntarnos a dónde estaba la falla del viejo Marx, ese gran loco, y entonces llegabas, nos sacabas el mate, nos sacabas las cáscaras de mandarinas y nos señalabas un lugar difícil hacia el medio de la vida. Qué gran cosa era que llegaras. Paco Urondo (fallecido en Buenos Aires en junio de 1976, enfrentando a la genocida dictadura militar, militante del FAR y Montoneros) Cuadro Cada vez que hay un problema el juez levanta el martillo y el país se hunde más adentro.


Rodolfo Walsh (asesinado el 25 de marzo de 1977 por la dictadura militar, un dia despues de la publicación de la carta, periodista, escritor, dramaturgo y traductor argentino, militante de la Alianza Libertadora Nacionalista y, luego, en las organizaciones guerrilleras FAP y Montoneros.) Carta abierta a la junta militar (extracto) ( ) Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas. Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles. Rodolfo Walsh. - C.I. 2845022 Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.


conTacTanos! mail: palabravalija@gmail.com FB: Palabra Valija hagamos.lo.imposible@hotmail.com fb: Hagamos Lo Imposible II


Amante de los lugares recónditos, va recorriendo la tierra de los que frecuentemente piensan. Se incrusta en sus frentes y remueve su interior cual maremoto de letras. Después se escapa, a veces sin avisar, vestida de alegría, de bronca o de penas; la tela de la reflexión es de no acabar. Y así va la palabra, circulando ansiosa por ahí. Así se traslada cual valija… Para llenar con franqueza los rincones más lúgubres, escalando decididamente la pendiente de la verdad.


Palabra Valija, los lápices siguen escribiendo