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Novedades Editoriales

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La Palabra y el Hombre • Tercera época • Núm. 23 • invierno, 2012-2013

Tercera época • núm. 23 • invierno, 2012-2013 • ISSN 01855727

Adolfo Castañón Carlos Fuentes en Xalapa José Luis Rivas Poemas Mario Muñoz Literatura del subsuelo Celia del Palacio Tarde de ámbar Armando Chaguaceda Venezuela, hoy Antoni Castells Tintín detrás de la máscara Dossier de escultura Tomás Owen $ 40.00 m.n.


directorio

Universidad Veracruzana Rector : Raúl Arias Lovillo Secretario Académico: Porfirio Carrillo Castilla Secretario de Administración y Finanzas: Víctor Aguilar Pizarro Director Editorial: Agustín del Moral Tejeda La Palabra y el Hombre Fundadores: Gonzalo Aguirre Beltrán, Fernando Salmerón, Sergio Galindo (director) Encargado de la dirección: Mario Muñoz Editora responsable: Diana Luz Sánchez Flores Consejo de redacción: Germán Martínez, Jesús Guerrero Comité editorial: Martín Aguilar, Carlos H. Ávila, Emil Awad, Miguel Ángel Casillas, Gunther Dietz, Romeo A. Figueroa, Marilú Galván, Teresa García Díaz, Leticia Mora, Alberto Olvera, Celia del Palacio, Sergio Téllez, Fernando N. Winfield. Comité consultivo: Félix Báez-Jorge, Francisco Beverido, Malva Flores, Felipe Garrido, Gilberto Giménez, León Guillermo Gutiérrez, Pepe Maya, Julio Ortega, Ricardo Pérez Montfort, Sergio Pitol, Julio Quesada, Rossana Reguillo, Ramón Rodríguez, Alberto Tovalín, Eduardo de la Vega Alfaro, Héctor Vicario. Responsables de sección: Palabra clara y Palabra nueva: Celia del Palacio; Estado y sociedad: Gunther Dietz; Artes y Dossier : Leticia Mora Coordinador y editor de imagen, diseño del dossier : Leonardo Rodríguez Asistente de edición: Ana Verónica Guerrero Distribución y ventas: Manuel Castillo Relaciones públicas: Diana Gordillo Diseño editorial y composición tipográfica: David Medina correspondencia: Hidalgo 9, Col. Centro, 91000 Xalapa, Veracruz, México. Tels. y fax: 2288-181388, 2288-184843 y 2288-185980 Correo electrónico: lapalabrayelhombre@uv.mx lapalabrayelhombre@yahoo.com.mx www.uv.mx/lapalabrayelhombre

La Palabra y el Hombre, revista de la Universidad Veracruzana. Edición trimestral. Núm. de Certificado de Reserva: 04-2007-120412293700-102. Número de Certificado de Licitud de Título: 14245. Número de Licitud de Contenido: 11818. Impreso en Preprensa Digital, Caravaggio No. 30, Col. Mixcoac, C.P. 03910, México, D. F. La revista no responde por artículos no solicitados ni establecerá correspondencia al respecto.

la palabra 4palabra clara la palabra 1. Carta a Roberto Bravo Garzón4Jorge Lobillo 45. palabra clara Agustín del Moral Tejeda4Carlos Fuentes y la Editorial de la uv 5.6. Adolfo Castañón4Carlos Fuentes de paso por Xalapa Georgina García Gutiérrez Vélez4Carlos Fuentes, intelectual humanitario 8.10. José Luis Rivas4Un poema para (y otro de) Marina Svietáieva Leticia Mora Perdomo4Recordar a Carlos Fuentes es imaginarlo 9.15. Mario Muñoz4Literatura del subsuelo José Luis Martínez Morales4Aura, una existencia de medio siglo 14. Ricardo Azamar4Estudios de género y literatura. La otra perspectiva

4palabra nueva 421. palabra nueva Raciel Quirino4 Poemas

18.22. Celia del Palacio4Tarde de ámbar Édgar Valencia4Los textos de Alfonso el joven 21. Luis Flores Romero4Dos poemas estado 22. Bertha Ladrón de Guevara4Entrevista con Luis Zapata y sociedad 27. Lorena Ventura4El arte de mirar con detenimiento 27. Terry Rugeley4 Violencia y verdades: cinco mitos sobre la guerra de castas en Yucatán estado y sociedad 33. Sandra Gil Araujo4 Políticas migratorias y construcción nacional. Apuntes 31. Édgar J. González Gaudiano y Gloria E. Cruz Sánchez4 Estudiantes de la sobre políticas para la integración de migrantes en Europa. Universidad Veracruzana ante el cambio climático artes 37. Armando Chaguaceda4El 7-O. Elecciones presidenciales y disputa política en Venezuela 41. Carlos Fuentes4Desplazarse en el tiempo y en el espacio 43. Leticia Cufré Marchetto4La dimensión social del trauma psicológico 46. Juan Pascual Gay4La monstruosidad artística de Julio Ruelas 52. Daniel García4Imágenes de la historia: Aby Warburg, Walter Benjamin artes y Erwin Panofsky 47. Antoni Castells i Talens4Cómic, cultura y política. Detrás de la máscara de Tintín dossier 54. Carlos A. Córdova4Foto + Grafía. Retratos heliográficos 59. Adalberto Bonilla4Lunas

70. Leticia Mora Perdomo4La escultura y las Lunas de Adalberto Bonilla

dossier

61. Tomás Owen4El triunfo del cuerpo entre libros 74. Camila Krauss y Lisa Owen4Las magníficas: francas y placenteras 72. Jesús Ramírez Bermúdez4Breve historia de la medicina, de Fernando

González-Crussí entre libros 73. Guillermo Samperio4Historia de todas las cosas, de Marco Tulio Aguilera 76. Alfonso Colorado4Mis años de juventud, de Artur Rubinstein Garramuño 78. Raúl Olvera Mijares4Obra completa, de Julio Torri 75. Guadalupe Flores Grajales4La conspiración de la memoria. Un estudio de La 80. Juan Carlos Ortega Guerrero4Sublimidad digital. Ciberespacio, mito y poder, mujer que quiso ser Dios, de Luis Arturo Ramos, de María Esther Castillo de Vincent Mosco 76. Paulet Ortiz Vigueras4Una isla sin mar, de César Silva 82. Lourdes Budar4Elogio del espacio. Apreciaciones sobre el arte, de Rubén 78. Raúl Olvera Mijares4El libro de las nubes, de Chloe Aridjis Bonifaz Nuño miscelánea miscelánea

84. Lorenzo León Diez4¿Por qué leemos a Sándor Márai? 80. César Arístides4Cincuenta años de The Rolling Stones 87. Aradai Pardo Martínez4El cómic de Marjane Satrapi 81. Daniel Centeno M.4Venezuela: ex libris 84. Víctor Hugo Vásquez Rentería4Montparnasse: residencia en la tierra 87. Maricruz Gómez Limón4El artista o la tragedia del cine mudo Imagen de portada4 Tomás Owen Imágenes en interiores4Obra de Iris Aburto

Imagen de portada: Adalberto Bonilla Ilustraciones de interiores: Emmanuel Cruz: www.emmanuelcruz.com Laso: http://www.lasomx.com


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os ecos del fallecimiento de Carlos Fuentes se extendieron a lo largo de 2012 y en este número retomamos el ensayo que el siempre lúcido Adolfo Castañón leyó en el Hay Festival Xalapa en memoria y homenaje del autor de La región más transparente y Aura. Por otro lado, coinciden en esta entrega tres textos donde, desde muy diversas perspectivas, se abordan cuestiones de género: en el primero, del maestro Mario Muñoz, reconocido catedrático de la Facultad de Letras, se hace la historia de la lenta y oblicua aparición de la temática homosexual en la literatura mexicana. En su turno, Ricardo Azamar también reflexiona sobre la identidad sexual pero desde la mirada crítica: ¿qué vías abren para el análisis literario (si es que abren alguna) los estudios de género? ¿Qué reivindicaciones hay detrás de estos textos y qué los determina desde la profundidad? Finalmente, Bertha Ladrón de Guevara conversa con Luis Zapata, quien habla de la arraigada intolerancia sexual de nuestra sociedad así como de la sacudida que significó para la literatura mexicana la aparición del ya clásico El vampiro de la colonia Roma. Ofrecemos por otra parte dos imperdibles del gran poeta y traductor José Luis Rivas, dos breves poemas sobre trenes, gatos y poetas rusas. También compartimos con nuestros lectores un logrado cuento de la doctora Celia del Palacio, y dos poemas del joven Luis Flores Romero. De la versátil Lorena Ventura, una elegante meditación sobre la poesía; y de la incisiva Leticia Cufré, un inteligente análisis de los nexos entre el trauma psicológico y la sociedad. Igualmente, un equilibrado balance, firmado por Armando Chaguaceda, sobre las pasadas elecciones en Venezuela, y un estudio sobre cómo perciben los jóvenes de la uv el fenómeno del cambio climático. Nuestra sección de artes redondea el número: una muestra del trabajo del artista Tomás Owen que esperamos contribuirá a despertar (o mantener) el interés de los lectores en una obra gozosa y por momentos lúdica, siempre penetrante. Además, un ensayo sobre el retrato heliográfico y otro sobre los avatares históricos y políticos del cómic belga Tintin (adaptado al español como Tintín). Como se ve, un número bastante pródigo para empezar el año, un año que deseamos sea pródigo para nuestros lectores, colaboradores y editores: pródigo en ideas, en lecturas, en reflexión.

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Revista de la Universidad Veracruzana número 23 • enero - marzo , 2013

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LA PALABRA Y EL HOMBRE


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8 Adolfo Castañón

Más que un “peregrino en su patria”, Fuentes se vivió y sufrió como una equis errante, un agonista eterno y expatriado –nacido en Panamá, muerto en México y por enterrar en París no sin antes ser homenajeado en Xalapa–; el agonista expatriado pasó su niñez entre el Caribe y México...

Adolfo Castañón (México, 1952) es autor de varios libros, algunos de ellos publicados por la uv, como Había una voz. Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. .

La cabalgata narrativa de Carlos Fuentes se inscribe en el horizonte de un movimiento que ese tío abuelo literario que fue para él Alfonso Reyes llamó “americanería andante”. Más que un “peregrino en su patria”, Fuentes se vivió y sufrió como una equis errante, un agonista eterno y expatriado –nacido en Panamá, muerto en México y por enterrar en París no sin antes ser homenajeado en Xalapa–; el agonista expatriado pasó su niñez entre el Caribe y México, su adolescencia en Chile y Argentina, su primera juventud entre México y los Estados Unidos. No se puede olvidar que fue hijo de un diplomático mexicano, Rafael Fuentes Boettiger (nacido en Veracruz en 1901 y muerto en México en 1971, un año después de que su hijo Carlos publicara su libro de ensayos Casa con dos puertas [1970] y el mismo año en que editara Tiempo mexicano). Al jefe de protocolo y embajador le salió un hijo escritor, un enviado en otro sentido (pues embajador quiere decir eso, enviado), un mensajero de tres mundos como diría Juan Ramón Jiménez. En aquel espacio o seno familiar, el aprendiz de escritor recibió las claves de la historia y de la memoria americana y mexicana con las cuales construiría su obra. Carlos Fuentes pasó su adolescencia en Chile y Argentina. Entre 1950 y 1951, ante el lago de Ginebra y cerca del río Rhône, el joven lector voraz leyó a Rousseau, a Miguel de Cervantes y Arthur Rimbaud. En

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Ginebra descubrió su vocación literaria. De regreso a su país, en un barco holandés, Fuentes descubrió maravillado la Comédie humaine de Balzac y los mundos encantados de Séraphita; conoció a Louis Lambert y a Las ilusiones perdidas, y también a esa ciudad imaginaria que hormiguea en las novelas del francés. Poco después, escribiría su primera novela, La región más transparente. Se trata de un libro enigmático y complejo: es la biografía literaria de una ciudad a través de sus fiestas, rituales y personajes; lleva como título y saludo propiciatorio una frase proveniente de Visión de Anáhuac de Alfonso Reyes: “Caminante: has llegado a la región más transparente del aire”. El tumultuoso proyecto novelístico se desarrolló en forma a la vez organizada, espontánea y arrebatada. Probablemente Fuentes se sorprendería de que viniese un lector nacido por los mismos años en que publicó su novela a revelar que, aparte de Balzac, o de John Dos Passos, su obra también se escribía al socaire y a la sombra de tres referencias argentinas, que fueron probablemente lecturas escolares allá en sus años australes de secundaria: Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes, Historia de una pasión argentina de Eduardo Mallea y, sobre todo, Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal, saga narrativa que gravita en torno al sol devorador de aquella ciudad edificada a la orilla del río y no construida sobre un lago como la de México. Estos desarrollos no son casuales; si la obra de Carlos Fuentes * Texto presentado por el autor durante el homenaje a Carlos Fuentes en el Hay Festival de Xalapa, 2012.

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Carlos Fuentes de paso por Xalapa*


Por un lado, Fuentes proviene de la cultura europea que se hablaba y escribía en francés; por el otro, se asoma con seguridad al mundo y la lengua de habla inglesa. No hay que olvidar que se expresaba con fluidez en ambos idiomas, que su autobiografía Myself With Others [...] fue escrita originalmente en esta lengua. está escrita en español, lo está también en el español hablado en América, en el español multirregional que estaba obligado a practicar cotidianamente su padre (alternando los usos del español culto con las lenguas con que se llama a la servidumbre, combinando el jaspe pulido con la piedra pómex de las diversas regiones de América, su obra está escrita en una partitura polifónica que atraviesa clases, tribus, castas, y que es una delicia –lo prueba la reciente edición de la Academia para los lexicógrafos–, ávidos de regionalismos). La obra desde luego tiene otros giros, y si está interesada por dar cuenta de su circunstancia, esa circunstancia será en lo histórico y en lo político, en lo cultural, una circunstancia ante todo hispanoamericana, iberoamericana: una acción de americanería andante. En la obra y en la figura de Carlos Fuentes conviven dos paradigmas culturales que explican su fortuna transatlántica: por un lado, Fuentes proviene de la cultura europea que se hablaba y escribía en francés; por el otro, se asoma con seguridad al mundo y la lengua de habla inglesa. No hay que olvidar que se expresaba con fluidez en ambos idiomas, que su autobiografía Myself With Others sólo se ha publicado en inglés hasta ahora y que con toda probabilidad fue escrita originalmente en esta lengua ya que no se acredita el nombre de ningún traductor. Al igual que Jorge Luis Borges, Pedro Henríquez Ureña y Octavio Paz, Carlos Fuentes era capaz de expresarse en inglés y de hacer fermentar el castellano con las sales sajonas según lo demuestra claramente su estilo en obras como Cristóbal Nonato; al igual que Juan Goytisolo, está preocupado por sacudir la lengua española exponiéndola al aire de otras lenguas, cosa que es perceptible en la dosis de extranjerismos que contienen obras como Una familia lejana. Extranjerismos naturalizados

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y que conviven con las voces criollas y a veces indígenas, como si sus novelas respondiesen al estilo de la arquitectura colonial argentina de principios del siglo xx. De ahí que en Fuentes se decline tanto y tan bien el “nosotros” hispanoamericano, ese territorio transregional y transatlántico, multicultural, híbrido, mestizo, cosmopolita y decisivo, definitivamente barroco, compuesto y combinado, un territorio desde luego inventado, un lugar que nunca existió, como esta América nuestra que parece más bien una invención alucinada de las agencias de viajes dispuestas a reciclar desde hace siglos y a cualquier precio el mito del exotismo oriental. Al igual que Valle Inclán en Tirano Banderas o Alejandro Rossi en La fábula de las regiones, Fuentes se inventó un lugar desde donde escribir: una invención criolla, colonial, hechiza y hechicera como lo fue aquella maquinaria improbable que se llamó imperio español, bajo cuya leyenda negra todavía tomamos cómodamente la sombra. La obra de Carlos Fuentes no está desvelada por el sueño de una mathesis universal, sino por la utopía de una palabra impulsada por el mito de la oralidad, que es el mito de las fundaciones mitológicas de las ciudades, las fábulas y las leyendas de una creación impura y contra natura, fáustica, y en la cual hay siempre, siempre, algo de oculto y subterráneo. A nadie se le escapa hasta qué punto la atormentada obra de Carlos Fuentes está transida por las tentaciones de lo oscuro en busca de un pacto con lo luminoso. De ahí que se pueda decir que su obra es por necesidad orgánica americana. El motivo arquetípico de la cultura, el tema del subsuelo, recorre en forma explícita e implícita los primeros libros de Carlos Fuentes. Casi se diría que un calendario de sombras gobierna Los días enmascarados, La región más transparente, Aura, entre otras. Si la clave del subsuelo y de su cultura, la cifra del mundo subterráneo atraviesa con su fuerza arcaica y simbólica el arte y la cultura mexicanos e hispanoamericanos, no extraña que ese código campee por su obra y que este haya sido uno de los temas de conversación entre Octavio Paz y Carlos Fuentes, figuras hermanadas por la sed de comprender el mito y la fábula desde la antropología y el psicoanálisis. Ese interés devorador por la humanidad subterránea y sobreviviente se asoma en el nombre de ese personaje-guía, de ese piloto o Palinuro de La región más transparente que es Ixca Cienfuegos: Ixca, que quiere decir ascua. El subsuelo, la otredad, la desnudez, la intemperie, no sólo alientan la fábula narrativa de Carlos Fuentes; están presentes en su espejo ensayístico, que se va armando alrededor de las construcciones narrativas como para “protegerlas” o abrigarlas con un sistema afín de referencias y darles ciudadanía y di-


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mensión política y polémica en una obra que se planta ante sí misma como una Casa con dos puertas. Fuentes se nutre de la novela y la ficción escritas en América en español y también en inglés y portugués, pero también las influye y escribe para influirlas. Valiente mundo nuevo es una encrucijada donde vuelven a aparecer los motivos del subsuelo ya formulados en un idioma crítico en el que se conjugan el italiano renacentista Giambattista Vico y el ruso contemporáneo Mijail Bajtin, dos referencias que le funcionan a Fuentes como paredes de un frontón intelectual. Al margen de ese gran libro y escrito años antes, Fuentes escribió un ensayo revelador de sus puntos de vista que se encuentra incluido en el libro Myself With Others. En esa obra, publicada originalmente en inglés en 1988 y editada dos años antes que Valiente mundo nuevo, se incluían los ensayos sobre García Márquez y Borges que luego aparecerían en éste. También se incluye ahí un ejercicio teórico de su propio quehacer narrativo: es el prólogo al libro de Donald Fanger La creación de Nikolai Gogol, una “obra maestra de la crítica contemporánea”, como dice él mismo, un ensayo revelador del alma rusa que anima la aventura hispanoamericana de Carlos Fuentes. (¿Cuántos otros autores hispanoamericanos, cuántas otras obras nuestras no están

marcadas por esa influencia eslava?) El prólogo está impreso en 48 cerradas páginas y transparenta la admiración sin regateos que Fuentes profesa no sólo por Fanger, sino por la literatura rusa, y la deuda enorme que tiene contraída, en primer lugar, con ese explorador del subsuelo que es Nikolai Vasílievich Gogol, el padre fundador y, en segundo lugar, con esa Casa de la tribu que es la novela rusa, como diría quizá su amigo y cómplice Sergio Pitol. El paralelo que hay entre Gogol y Carlos Fuentes, el narrador de las fundaciones mitológicas hispanoamericanas, se perfila desde el paralelo existente entre la situación cultural rusa y la situación de esa cultura española de la que somos herederos con o sin promesa los hispanoamericanos: la situación trágicamente prometedora de la cultura hispanoamericana en el mundo cuyos enviados tienen, tenemos, la misión de salvar a la cultura europea de los europeos desde, por ejemplo, un rincón de Veracruz, sin perder nunca el hilo umbilical que nos enlaza con las culturas del subterráneo, con las hablas de los de abajo, con las variopintas jergas del Caribe y de las mezcladas voces americanas. Es la misión de ser leales a estos continentes extremos donde el Rapto de Europa ha tenido y sigue teniendo sangrientos, trágicamente prometedores réditos.

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Un poema para (y otro de)

Marina Svietáieva 8 José Luis Rivas* Trenes ¿Adónde van los trenes y de dónde regresan? Qué más da –o no– saberlo: el corazón va y viene también. ¿Suspira o silba? Gatos Para Max Voloshin

Vienen a visitarnos sólo cuando el dolor abandona nuestros ojos. Dejemos que se asome el dolor, y se irán. El corazón de un gato no conoce las penas. Divertido es, poeta, me decías, y harto difícil, ay, domesticarlos: no les gusta cumplir orden alguna; nunca logramos mimarlos bastante; no importa qué les demos de comer, un momento después… ¡corren tan libres! ¡El corazón de un gato amor no guarda!

* José Luis Rivas es poeta, traductor y editor. Autor de Raz de marea y Ante un cálido norte, entre otros. En 2009 obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en la categoría de Lingüística y Literatura.

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8 Mario Muñoz

En 1906 apareció, impresa por la editorial Tipografía Popular, la primera obra mexicana de tema homosexual explícito: Los cuarenta y uno: novela crítico-social, de Eduardo A. Castrejón, seudónimo del general Mariano Ruiz Montañés. Mario Muñoz es egresado de la Facultad de Letras Españolas de la uv, donde se desempeña como maestro de tiempo completo. Ha sido invitado en varias universidades del extranjero. Su bibliografía la integran cinco antologías de narrativa mexicana y dos libros de ensayo.

Mis desdichas se han debido a una sociedad que condena lo raro como un crimen y nos obliga a reformar nuestras inclinaciones. Jean Cocteau, El libro blanco

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arlos Monsiváis, el reconocido cronista de la cultura popular y marginal, dice en uno de sus ensayos sobre la diversidad sexual, reunidos en el libro Que se abra esa puerta (Paidós, México, 2010), que el reconocimiento de la existencia de la minoría gay empieza con el escándalo suscitado en la capital la madrugada del 20 de noviembre de 1901, cuando la policía allana una casa de la 4ª calle de la Paz donde se efectuaba un baile en el que alternaban señoritos de la aristocracia porfirista con hombres comunes sin rango social. Lo singular de esa fiesta es que la mitad de la concurrencia vestía ropas femeninas. A la mañana siguiente de la detención arbitraria de los participantes, la prensa empezó a difundir el suceso con punzantes comentarios homofóbicos, arguyendo que el baile era un atentado incalificable cometido en contra de la moral y las buenas costumbres. En consecuencia, el hecho pasará a formar parte de los anales de la infamia como “el escándalo de los 41” porque fue el número de los detenidos, aunque

según el rumor, en realidad fueron 42 los asistentes a la “bacanal”, sólo que el último no compareció ante las autoridades por mantener estrechos lazos de parentesco con el dictador. Era yerno de don Porfirio Díaz. De la redada unos cubrieron la fianza para salir libres, mientras que los pobres fueron condenados a Yucatán para hacer trabajos forzados en un fortín militar. El escándalo tuvo tanta repercusión que en 1906 apareció, impresa por la editorial Tipografía Popular, la primera obra mexicana de tema homosexual explícito: Los cuarenta y uno: novela crítico-social, de Eduardo A. Castrejón, seudónimo del general Mariano Ruiz Montañés, de acuerdo con las investigaciones de Robert McKee Irwin, a quien debemos su reedición (unam, Dirección de Literatura, México, 2010). La novela en cuestión carece de cualidades literarias: es farragosa, repetitiva, retórica, con evidentes defectos estructurales, además de los enfoques maniqueos que hace el autor de las situaciones y los personajes para remarcar las intenciones morales y machistas que justifican el texto. Empero, su importancia radica en el valor documental como expresión de la mentalidad ultraconservadora de la época en que aconteció el escándalo de los travestidos. Por una parte, el novelista imagina con morbosa delectación el ambiente erótico de la fiesta describiendo las efusiones amorosas de las parejas; y por otra, condena el “envilecimiento” de la juventud que ha caído en la “insaciable vorágine de placeres brutales”. La oscilación entre dos términos excluyentes es el eje de la narración que hace hincapié en nociones relativas a las dicotomías del bien y el mal, el pecado y la virtud,

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Literatura del subsuelo


El sesgo lo imponen los poetas reunidos como grupo en la revista Contemporáneos, quienes entre los años veinte y treinta cambiaron el rumbo de la poesía y fundaron una nueva sensibilidad al romper con los gustos y estilos dominantes. la mujer recatada y la libertina, lo viril y lo afeminado, la clase ociosa y los “generosos” y “honrados” obreros... La visión reduccionista de la novela es la transposición literal de un periodo cerrado a cualquier manifestación de comportamiento ajeno a las normas canónicas que establece la sociedad, porque muestra el odio y la intolerancia hacia los grupos que practican una sexualidad alterna y la falta de conocimiento de lo que es la homosexualidad, calificándola de “barbarie”, “aberración nefanda” e “insulto a la civilización y a la misma naturaleza”. Mediante la descalificación de realidades que no entiende, Eduardo Castrejón se convierte, en el momento de aparecer su libelo, en el portavoz de los valores represivos que adquirirán rango de dogmas en el México pre y posrevolucionario. Léanse los rígidos principios morales de la familia, la férrea mentalidad machista y la pasiva condición femenina. Estas formas de coacción justifican en la novela –y en la vida cotidiana– la violencia física y psicológica que sufren los travestis y, desde la lectura actual, el constante acoso a los gays durante los años en que estuvieron privados de cualquier protección civil. “Lo que no se nombra no existe”, dice Monsiváis refiriéndose al completo silencio que prevaleció en el siglo xix en torno a las alternativas sexuales independientes del canon. Por lo menos la novela mexicana omitió cualquier alusión a estos temas si exceptuamos Historia de Chucho el Ninfo de José Tomás de Cuéllar, publicada en 1871, que trata el caso de una madre a quien le da por ataviar a su pequeño vástago con ropas femeninas, predisponiéndolo a volverse maricón. Cuéllar justifica la anécdota arguyendo propósitos pe1 Recuerdo que todavía a mediados del siglo xx los términos relativos a los órganos sexuales masculinos y femeninos estaban excluidos de las conversaciones familiares y de la enseñanza escolar.

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dagógicos orientados a señalar los errores que puede causar la mala educación propiciada por la debilidad de una madre consentidora y sin criterio. A tono con el pragmatismo de la literatura decimonónica, Cuéllar sortea el escollo de nombrar la homosexualidad latente del personaje asumiendo como capricho materno el hecho de que el muchacho acepte sin remilgos que lo vistan de niña. El acto de travestismo de Chucho es paralelo a la voluntad del autor de travestir su propio texto en un tratado sobre la enseñanza de los infantes. Así elude la palabra homosexual, inexistente en el vocabulario oficial de la época, y cumple, por lo tanto, con la pretendida misión del escritor: señalar y corregir los errores de la sociedad.1 El silencio se transforma en alboroto cuando la prensa sensacionalista divulga a los cuatro vientos el escándalo de los 41 y, después, con la impresión de la novela que empieza por llamar a las cosas por su nombre para condenarlas con el mismo énfasis. Así, pese a su inverosímil trama narrativa y a la condena lapidaria de la conducta homoerótica, el libro es la primera manifestación expresa de la homosexualidad abordada en términos literarios que, hasta donde sabemos, no tuvo continuadores inmediatos. La vuelta al hermetismo es explicable con el advenimiento de la Revolución, que desplazó a segundo término otros problemas para dar prioridad a la violencia colectiva, que en adelante sería recurrencia temática de gran parte de la cultura nacional. El sesgo lo imponen los poetas reunidos como grupo en la revista Contemporáneos, quienes entre los años veinte y treinta cambiaron el rumbo de la poesía y fundaron una nueva sensibilidad al romper con los gustos y estilos dominantes, exponer su vocación cosmopolita y mostrar sin reticencias conductas transgresoras para el momento que les tocó vivir. Salvador Novo, Carlos Pellicer y Xavier Villaurrutia son ejemplo de aceptación de lo diferente en medio de los principios sexuales establecidos en los que las cualidades de la virilidad ocupan el lugar privilegiado. Al ir a contracorriente de la “ortodoxia sexual”, los tres poetas mencionados –y Novo en especial– no sólo desafían las agresiones del medio artístico, entonces impregnado del fervor patrio y revolucionario de inspiración marxista, sino que tienen el valor civil de afirmar su heterodoxia frente a la sociedad homofóbica que los repele. En la repulsa hay un doble gesto de distanciamiento. Por una parte, el cosmopolitismo del grupo Contemporáneos resulta anómalo para los escritores y pintores que están empeñados en expresar la idiosincrasia del país mediante el realismo crítico; por otra, las preferencias sexuales de algunos de sus miembros chocan con el recrudecimiento del machismo, enmarcado en la épica revolucionaria. De esta suerte surge


palabra clara n Iris Aburto: de la serie Homo natura, 10 (técnica mixta)

el estereotipo del hombre que no se “raja” en contraposición a los otros que violan la norma. Tanto el desafío a la opinión pública por parte de Novo, que ostenta su predilección por el género masculino, como las alusiones al amor entre iguales en algunos poemas de Villaurrutia y Pellicer, manifiestan el avance de una cultura emergente que empezaba a exigir su reconocimiento. Cierto, la salida del coto es gradual de acuerdo con la cadencia que marca el ritmo de los tiempos, pues no será sino hasta la década de los sesenta cuando la compleja situación gay, abordada como encrucijada vital de los personajes, ingresará directamente en El diario de José Toledo, de Manuel Barbachano Ponce, y Después de todo, de José Ceballos Maldonado. Empero, la actitud iconoclasta de los miembros de Contemporáneos dará origen a uno de los cuentos pioneros en tratar el tema. Me refiero a “Retrato de un estudiante”, de Jaime Torres Bodet, impreso en El Ilustrado el 7 de febrero de 1929, y antecedente lejano del relato “Los amigos”, de Juan Vicente Melo, incluido en el libro Los muros enemigos (col. Ficción, uv, Xalapa, 1962). Torres Bodet ofrece las indeterminaciones morales de José, un adolescente talentoso pero introvertido, que toma conciencia de su sexualidad cuando

empieza a sentir especial inclinación por uno de los condiscípulos de la preparatoria, a quien al principio procura mantener a distancia. Incapaz de verbalizar su deseo, el protagonista sólo mantendrá una actitud pasiva frente al objeto que admira. A partir de mi lectura, considero que el cuento exterioriza la actitud recatada de quienes temían a la maledicencia en la atmósfera asfixiante de los años veinte, no obstante ciertos márgenes de flexibilidad moral propiciados por el desbarajuste de la Revolución. Por eso Torres Bodet recurre también, como Villaurrutia y Pellicer, a las estrategias de la insinuación y la elipsis para disimular el tema “inconveniente” de la homosexualidad. El hecho de encubrir aquello que la censura impide nombrar dará origen a un documento insólito: La estatua de sal (Conaculta, México, 1998), las memorias de juventud de Salvador Novo, que el poeta, dramaturgo y cronista redactó a mediados de los cuarenta con toda intención de publicarlas algún día. En este escrito relata sus experiencias homoeróticas a partir de la infancia –cuando a los seis o siete años empieza a despuntar en él la inclinación precoz por los niños– para dejarlas inconclusas cerca de los veinte, en que el joven, ya diestro en las artes falatorias, ha recorrido

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un buen trecho de la vida gay capitalina.2 Si consideramos este libro como una audacia literaria más que una confesión desprejuiciada de las prácticas sodomitas, La estatua de sal es en sentido estricto una novela de aprendizaje, donde el protagonista, el mismo Novo, va rescatando a través del recuerdo del hombre maduro que es, las etapas y los ritos de pasaje decisivos que lo conducirán al completo empoderamiento de su identidad gay, en que la mujer no ocupará ningún lugar en la actividad sexual del autor. Curiosa inversión: la sociedad repele a los homosexuales por considerarlos transgresores de los patrones de género establecidos, pero paralelamente los homofílicos de la estirpe de Novo hacen otro tanto con el cuerpo femenino, que rechazan. Es elocuente la siguiente cita: Una insaciable sed de carne y una audacia a la vez segura de mi belleza y mi posibilidad de com2 Novo abandonó el proyecto de continuar sus memorias sin mencionar en el libro las razones que tuvo para no terminarlas.

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prar caricias, me arrojaban a la caza del género de muchachos que me electrizaba descubrir, tentar, exprimir: los choferes que en el México pequeño de entonces eran la joven generación lanzada a manejar las máquinas, a vivir velozmente. Novo no teme descubrir su intimidad en la página; muy por el contrario, la muestra sin ningún pudor a sabiendas de que el cinismo y la procacidad son formas letales de herir a la sociedad mexicana, acostumbrada a cultivar la mentira, la simulación y la hipocresía. En su caso, el “descaro” era un desafío a quienes veían en la sugestiva personalidad del incipiente escritor el vivo retrato de la degradación. Consciente desde la niñez de su situación marginal, que años después habría de trocarse en aceptación tácita con el trato respetuoso de “Maestro” que la gente le daba, Novo procuró destacar en el medio adverso que lo rodeaba a costa de pasar por frívolo y exhibicionista. La acentuada egolatría y los desplantes de gran señor que lo caracterizaban eran un modo vicario de asentar pie en el mundo,


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paridad de lugares “de ambiente”, la mayoría localizados en el centro histórico de la Ciudad de México. Estudios improvisados, cuartuchos de azotea, caserones lóbregos, son sitios de placer y refugio del acoso externo en los cuales la transgresión es la regla, no la excepción. En estos espacios secretos, la compostura y la contención habituales que deben observar los “raros” o aquellos de dudosa reputación, so pena de vejamen, chantajes, expulsión familiar o prisión, son cambiadas por la desfachatada inversión de la solemnidad y la apariencia. A falta de los lugares públicos que empiezan a popularizarse en México desde los ochenta, como bares y clubes de gays, los escenarios descritos por Novo eran entonces la única vía de escape de “tanta gente condenada a guardar en secreto su vida”, en palabras del poeta Elías Nandino, escritas en su autobiografía Juntar mis pasos (Aldus, México, 2000). Si alguna vez alguien emprende la historia de la transgresión en la literatura mexicana, más que abocarse a investigar los escasos movimientos de vanguardia que surgen en el país en la primera mitad del siglo xx, creo que lo más indicado sería hacer un recuento de la vida y la producción de varios de nuestros escritores y poetas que en realidad cambiaron el rumbo de nuestra literatura a la par que despertaron el estupor y el escándalo de los puritanos, como Pedro Henríquez Ureña, quien al enterarse de la heterodoxia sexual de Novo lo corrió de los trabajos que le había asignado y puso en guardia a otros funcionarios para que no lo contrataran. Los apóstatas de la moral inflexible son los fundadores de la verdadera vanguardia en el campo de las mentalidades y en el de la creación artística, por la intensidad y vigencia de su obra. La estatua de sal y los sonetos procaces de Novo, los poemas contenidos de Villaurrutia y Pellicer, el relato de Torres Bodet, los textos y las confesiones de Elías Nandino, demuestran que en el lapso de 1920 a 1950 va emergiendo de la oscuridad una cultura del subsuelo o de lo innombrable que el encendido nacionalismo y el violento rechazo a lo diferente mantenían en las profundidades de lo oculto. Los posteriores cambios temáticos en las letras patrias, la prolífica narrativa gay, la liberación de las palabras tabú que la “decencia” evitaba mencionar en público y los movimientos recientes de reivindicación de las minorías tienen en estas expresiones artísticas y en las conflictivas vivencias de sus hacedores el origen de su poderosa razón de ser. Falta, pues, concederles el justo reconocimiento que merecen.

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a la vez que ostensible demostración de su desprecio a los otros. Deslindándome de las erróneas generalizaciones de quienes afirman que los gays por instinto rechazan a la mujer y a los heterosexuales, pero apegándome a la letra, las confesiones de Novo dejan ver que el comportamiento homosexual es defensivo y excluyente, contrarrestando así el menosprecio de la comunidad. Es decir, si los valores heterosexuales –llámense matrimonio, familia, prole, patriarcado, catolicismo, homofobia, estatus social– son esgrimidos como los únicos dignos de tomar en cuenta, en oposición a ellos los excluidos y marginados acentúan lo distinto, cifrado en la pose, el atuendo, el travestismo verbal, las relaciones promiscuas, el gusto por los ambientes sórdidos... Autobiografía, crónica y testimonio a la vez, La estatua de sal es un texto en el que la transgresión actúa con doble filo. En primera instancia desnuda la intimidad del autor y saca a la luz secretos de alcoba que, según tengo entendido, ningún otro escritor mexicano se había atrevido a divulgar. En segunda, mediante el manejo del sarcasmo, la burla y el esperpento, fustiga a la elite intelectual y a los integrantes de las clases media y alta, a la vez que humilla a los miembros del clan victimado. En esta doble vertiente, Novo sacó a la superficie la parte prohibida que Monsiváis denomina “la cultura de las tinieblas sociales”. Una realidad siempre existente que nadie quería reconocer para no trizar la imagen íntegra de la “raza de bronce” que exaltaban los muralistas y los escritores de izquierda. Para quienes suponen que el crecimiento de la población gay es consecuencia de la relativa tolerancia que hay en la actualidad hacia la diversidad sexual, gracias a los medios informativos, a la ampliación de los derechos civiles y a la movilización de los grupos marginados, sería provechosa la lectura de La estatua de sal para que se enteraran de que esa “cofradía” –según Novo–, además de muy activa, era bastante numerosa y democrática en tiempos del presidente De la Huerta. Con regocijada complacencia, Novo menciona a sus amantes en turno y a los de sus amigos y conocidos. La lista incluye desde poetas célebres, pasando por políticos, profesores, aristócratas y dandis en decadencia, hasta cerrar con una fauna variopinta integrada por chafiretes, camioneros, gendarmes, anarquistas, cadetes, actores, bailarines, sirvientes, ancianos desdentados... “En la variedad está el gusto”, dice la gente, y a la numerosa relación de homosexuales incluidos en este abigarrado muestrario corresponde una inusitada dis-


Estudios de género y literatura

La otra perspectiva 8 Ricardo Azamar Para delimitar este término, empezaré por señalar lo que no es; género no es sinónimo de mujeres ni de feminismo. Tampoco de homosexualidad u otras prácticas sexuales. El género es la construcción cultural de la diferencia sexual. Ricardo Azamar fue becario del Conacyt en el programa 2009-2011 del posgrado en Pedagogía: Educación y diversidad cultural (unam). Actualmente es estudiante de doctorado en el Programa en Posgrado de Pedagogía y su línea de investigación es Desarrollo humano y aprendizaje.

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a eclosión de teorías y campos de conocimiento surgidos en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta del siglo xx encuentra su consolidación en los últimos 10 años de esa centuria. Movimientos como el feminista y el de las minorías raciales y sexuales, así como los constantes desplazamientos migratorios del Este al Oeste y del Sur al Norte, dieron a las sociedades del siglo xxi un rostro más ambiguo debido a su difícil focalización en una geografía y una temporalidad precisas. De ahí surgen los denominados estudios culturales (término acuñado por Richard Hoggart en Birmingham en 1964) como resultado de la insatisfacción que causaban los contenidos y las muchas limitaciones de otras disciplinas (Jameson y Žižek, 1998). Es en este contexto donde pueden situarse los estudios de género, una disciplina que, al igual que muchas otras, ha tenido que pelear aguerridamente para posicionarse en la práctica, en los discursos y finalmente en la academia, espacio pretendidamente aséptico y cuasi hermético por tradición, al cual suelen acceder con dificultad las nuevas propuestas teóricas y metodológicas de pro-

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ducción del conocimiento, pues la novedad desconcierta. El talón de Aquiles de los estudios de género es, precisamente, el concepto de género. Para delimitar este término, empezaré por señalar lo que no es; género no es sinónimo de mujeres ni de feminismo. Tampoco de homosexualidad u otras prácticas sexuales. El género es la construcción cultural de la diferencia sexual (Lamas, 2003). Es la “etiqueta” social, impuesta, que portan y deben ejercer los cuerpos por el solo hecho de nacer macho y hembra. Masculinidad y feminidad son los roles que estas materialidades (el cuerpo como materia) deben actuar para situarse en su lugar conveniente en la estructura social. Esto supone ocupar posiciones y establecer relaciones entre unos y otras de manera jerárquica, lo cual otorga prestigio o privilegios a unos pocos y sometimiento y marginación a muchos. Y aunque la dominación masculina tiene todas las condiciones para su pleno ejercicio, como división sexual del trabajo de producción y reproducción biológica y social, que confiere al hombre la mejor parte (Bourdieu, 2007: 49), esta estructura no se mantendría sin la participación de las mujeres. Porque si bien diversos feminismos han cuestionado este orden, todavía existen mujeres que no lo cuestionan, no saben hacerlo, están impedidas para confrontarlo o a las que simplemente no les interesa contravenirlo. Estas mismas mujeres aplican a las relaciones de poder en las que están atrapadas unos esquemas mentales que son el producto de la asimilación de estas relaciones de poder y que se explican en las oposiciones fundadoras del orden simbólico (Bourdieu, 2007: 49).


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Lo cual no justifica, desde luego, la histórica subordinación de un género al otro. El género evidencia que la posición en la que se encuentran mayoritariamente las mujeres y algunos hombres que se resisten o están impedidos a cumplir el rol tradicional de lo que significa ser hombre, está supeditada al poder de unos cuantos. El género, como término relacional, hace manifiesto el lugar de subordinación o exclusión que impone tal estructura de organización social y, como señala J. W. Scott (2003: 289), es una forma primaria de relaciones significantes de poder. Pero el entramado se antoja más complejo. El sistema sexo/género, como lo define la antropóloga Gayle Rubin, es el conjunto de disposiciones mediante las que una sociedad transforma la sexualidad biológica en un producto de la actividad humana, y en el cual se satisfacen ciertas necesidades transformadas, que se traducen en prácticas sexistas, de clase, de género, raciales y muchas otras marcas que intersectan el cuerpo de los sujetos (Rubin, 2003: 46). El género, pues, pone la mira en las prácticas y los discursos cotidianos que se asumen como normales o naturales y evidencia su construcción cultural naturalizada a fuerza de repetirse constantemente. Esto es, a partir de prácticas performativizadoras se convierte en común y obvio lo que, por convención u opinión de una mayoría estadística, es socialmente aceptado y rechazado. Fuera del género hay cuerpos que acatan leyes: las de la física primero, y las sociales después, por decirlo de algún modo. Ambas, sin apenas hacerse notar, ejercen su influencia invisible sobre los sujetos: el indivi-

duo percibe la gravedad terrestre cuando cae al suelo accidentalmente o cuando se descubre tirando de un cuerpo muy pesado, y es consciente de la presencia de un acotamiento social que lo sobrepasa cuando su deseo, de la naturaleza que sea, encuentra objeciones y obstáculos para llevarse a cabo e incluso impedimentos. Ante una realidad así, el sujeto puede optar por conservar su estado de subordinación (el de privilegio pocas veces es cuestionado) o manifestar su inconformidad o incomodidad y emprender, inteligentemente, prácticas de resistencia. La mirada crítica Para explicar qué se entiende por perspectiva de género apelaré a las prácticas cotidianas de mujeres y hombres de todas las edades y, con base en ello, situaré la vivencia del género, la cual es tan natural (asumida y vivida en y desde el cuerpo, incardinada) que pasa desapercibida la mayoría de las veces. Si se mira con detenimiento un punto cualquiera del espacio y después de un tiempo se gira un poco el grado de la visión, la realidad aprehendida en un primer instante sufre una modificación; sigue siendo la misma y, sin embargo, algo ha cambiado. Desde el discurso de la física (la óptica y sus derivaciones) esto resulta tan obvio que existen términos para nombrar la diversidad de fenómenos (paralaje, miopía, astigmatismo) que afectan nuestra apreciación de lo real.

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La perspectiva de género es una invitación a mirar desde otro ángulo la realidad social que se percibe cotidianamente. Su puesta en práctica parece sencilla; basta con detenerse a observar qué lugar ocupan mujeres y hombres en la argamasa del género, qué es lo que hacen ellos y qué es lo que realizan ellas a partir de la división sexual del trabajo. Esto es, qué actividades llevan a cabo los varones, determinadas por su fuerza física o su destreza mental, y qué tareas desarrollan las mujeres a partir de sus cualidades como cuidadoras y sus habilidades para la procuración de entornos amables (para el hombre, preferentemente). Quizá ha bastado plantearlo así para caer en la cuenta de que es absurdo seguir manteniendo la idea de que hay tareas propias para cada sexo/género, salvo las biológicamente evidentes, que deben cumplirse con puntualidad, sin cuestionarse. La perspectiva de género evidencia que el lugar tradicional de subordinación mayoritaria de las mujeres no es producto de un orden biológico, sino una imposición cultural cuyo pretexto fue y es la procreación. Fuera de ese hecho, las mujeres y los hombres pueden desarrollar casi cualquier habilidad sin importar el género. Visto de esta manera, el género ha contribuido a mantener la subordinación de las mujeres y la de algunos varones, cuando éstos se han negado a cumplir el rol de lo que se entiende por masculino. También es el caso

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de los homosexuales, quienes según la mirada de la masculinidad hegemónica no son hombres (Connell, 2003). Esa masculinidad hegemónica redunda en beneficios (privilegio, poder, prestigio) para provecho de unos cuantos. Los discursos y las prácticas de sexo genéricas (lo que es propio de los hombres y lo que es propio de las mujeres), a fuerza de repetirse, se imponen y aprenden en la familia, se ponen en juego en la escuela y otras instituciones (la Iglesia, el Ejército), y se reproducen y fomentan en los medios de comunicación, con lo cual contribuyen a naturalizar estas formas de convivencia y a calificar como anormales (“contra natura” llama la Iglesia católica a las manifestaciones sexoafectivas que se apartan del modelo hombre-mujer y cuyo fin no es la reproducción) a aquellas que escapan del esquema impuesto: heterosexual, homófobo, misógino y clasista, entre otros. De este modo se excluyen otras maneras de ser mujer y otras más de ser hombre, lo que se ha denominado masculinidades emergentes. La perspectiva de género es un instrumento para incidir en la realidad social y evidenciar que lo “natural”, lo “obvio” y lo “normal” que existe en las relaciones entre unas y otros no es más que un constructo cultural, impuesto y reproducido sin apenas cuestionarlo. Ninguna diferencia devenida en desigualdad es natural. Para demostrarlo es necesario mirar hacia atrás, ubicarla en un punto específico del tiempo o “historizar”, localizar la historicidad de la opresión, su especificidad en un tiempo y espacio determinados, su imposibilidad de existir fuera del tiempo (Ramos, 1992: 135), para demostrar que en algún momento de la historia tal acto o pensamiento se impuso sobre otros para beneficio de una minoría privilegiada. La mirada redireccionada Lo que los estudios de género han aportado al mundo de la literatura apenas se menciona, y no obstante, desde hace algún tiempo existen en el campo de investigación diversos textos que, sin nombrarlos, ya consideran el género y la perspectiva de género en los procesos de creación. Los discursos denominados fronterizos son un ejemplo de lo anterior. En la literatura de frontera (ya del género, de la temática o de la construcción del personaje) se evidencia muchas veces la presencia de una mirada o una voz ambigua que se desliza por laberínticos pasadizos de la identidad y pone en conflicto lo que se entiende por “masculino” y por “femenino”, al tiempo que incide en la naturaleza del deseo heterosexual y permite el paso a otras sexualidades en resistencia, o cuestiona el rol tradicional de las mujeres y sitúa en el centro del debate la masculinidad y sus manifestaciones.


La otra mirada Si bien entre el surgimiento de los estudios de género y la actual posición que ocupan en el discurso y en el ejercicio de las políticas públicas han transcurrido más de dos décadas, la perspectiva de género sigue siendo un enfoque mal entendido que, viciado por el feminismo más radical, adquiere un tufo mujeril o queda reducido a un asunto de mujeres. Sin embargo, que dicha mirada se haya colado (a la fuerza, en la mayoría de los casos, a través de las denominadas cuotas de género) en las agendas de los países, posibilita educar a las mujeres y a los hombres en otras maneras de contem-

Bibliografía Bourdieu, Pierre. La dominación masculina. Anagrama, Barcelona, 2007. Connell, Robert. Masculinidades. unam-pueg, México, 2003. Jameson, Fredric. “Sobre los ‘estudios culturales’”, Fredric Jameson y Slavoj Žižek. Estudios culturales. Reflexiones sobre el culturalismo. cap. 1, col. Espacios del saber, núm. 6, Paidós, Argentina, 1998, pp. 69-136. Disponible en http://www.uruguaypiensa.org.uy/imgnoticias/888. pdf (consultado el 26 de enero de 2010). Lamas, Marta. “Usos, dificultades y posibilidades de la categoría ‘género’”. Marta Lamas (comp.). El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. unam-pueg, México, 2003, pp. 327-366. Montesinos, Rafael (coord.). Masculinidades emergentes. uam-i, México, 2003. Ramos, Carmen. “La historia, el feminismo y la mujer”. Carmen Ramos Escandón, Género e historia: la historiografía sobre la mujer. uam/Instituto de Investigaciones Dr. José María Luís Mora, México, 1992, pp. 7-37. Rubin, Gayle. “El tráfico de mujeres: notas sobre la ‘economía política’ del sexo”, Marta Lamas (comp.), El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. unam-pueg, México, 2003, pp. 35-96. Scott, Joan Wallach. “El género: una categoría útil para el análisis histórico”, Marta Lamas (comp.), El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. unam-pueg, México, 2003, pp. 265-302.

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plar la realidad cotidiana, a partir de formas más libres de vivir lo masculino y lo femenino. La perspectiva de género hace posible evidenciar la injusticia y la desigualdad en que se ha traducido cotidianamente la diferencia entre unas y otros. Hombres y mujeres somos diferentes en cuanto a sexos, pero iguales en tanto personas. Y en esto se concentra el trabajo de quienes apostamos por incluir el enfoque de género en el día a día. Tanto en el ámbito literario como en el historiográfico, el artístico y aun el científico, la perspectiva de género permite mirar de otra manera la realidad representada de manera tradicional, acrítica y a veces hasta ahistórica, y encontrar vetas para el estudio y la comprensión de la obra. Posibilita la actualización del discurso e incentiva a la reflexión sobre el largo camino recorrido para que mujeres y hombres nos aproximemos, sin renunciar a la diferencia inherente de los cuerpos sexuados y sin que esta cercanía obligue a uno de los géneros a deponerse ante el otro. La ola del feminismo arrasó con todo a su paso; que a su regreso no destruya lo poco construido a favor de la equidad depende del trabajo de unas y de otros.

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De este modo, la perspectiva de género se convierte en un útil instrumento de análisis del discurso literario, y apoyándose en la vasta bibliografía sobre el género es posible llevar a cabo estudios serios y de gran envergadura en el universo de las letras sin entrar en conflicto con otras teorías o metodologías para el análisis e interpretación de los textos literarios. Una manera de introducirse en el estudio de las obras con este enfoque puede ser la identificación de los elementos que conforman a los personajes de una novela o un cuento. Qué de lo entendido como masculino y como femenino ha sido depositado en estos seres de papel y mediante qué acciones se traducen en masculinidad y feminidad o en sus resistencias. Situar el lugar que ocupan los personajes dentro del discurso analizado nos permite adentrarnos en las relaciones de género prevalecientes en el tiempo representado en la historia y aun en el contexto de la obra publicada. También a partir de las acciones de los personajes es posible identificar qué comportamientos sexogenéricos están siendo cuestionados o reproducidos sin apenas ser nombrados en el discurso de los mismos. Considerando la perspectiva de género, podemos encontrarnos con obras de temática homosexual en un tiempo en que no era posible nombrar la homosexualidad, porque incluso no existía la palabra para llamar de este modo ciertas conductas o porque algunas prácticas no estaban patologizadas como sí lo estuvieron después. La perspectiva de género en el análisis literario también posibilita identificar cómo el género es una construcción cultural, cuyo origen se puede historizar en obras con marcado sesgo sexista, misógino, clasista y otros elementos que acusan las distintas maneras en que puede ser contemplada la realidad (la del autor, la del texto y la del lector). Asimismo, identificar la perspectiva con la que se ha realizado la crítica literaria, la divulgación cultural y científica, con qué ojos fue y es presentada y recibida una obra.


Tarde de ámbar 8 Celia del Palacio Celia del Palacio es autora de las novelas históricas No me alcanzará la vida, Leona y Las mujeres de la tormenta. Ha publicado poesía y narrativa en las revistas Universidad de México y Tierra Adentro, entre otras. Es coordinadora del Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación de la uv.

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a cantina a eso de las dos de la tarde. Una de esas cantinas que no debían tener nombre, ya que de tenerlo, sería uno del todo al despropósito. Los parroquianos bebían como todos los domingos. Entre ellos Ramón. Se acercaba peligrosamente a los cincuenta bien vividos, exprimidos más allá de toda mesura. No quería cambiar, pero se le figuraba que una esposa sería buena compañía para los domingos en la tarde. No era mal parecido: tenía ojos azules y pelo entrecano. Había leído mucho en la juventud y tenía el sueño de poner una librería. Tenía un baúl completo lleno de cuartillas garrapateadas con tinta azul que algún día ordenaría. Cuando se emborrachaba, decía que era un personaje de Onetti, metido en ese pueblo polvoriento donde hacía mucho que no pasaba nada. Ramón se encontraba en la cantina que un día perteneció a Nieves Frías, en la calle principal del pueblo. Después de varios rones, comenzó a contar la misma historia de todos los domingos a aquellos que quisieran escucharlo: “Ese día también eran las dos cuando apareció El Popochas en el marco bamboleante de las puertas de madera. A cada lado, escoltándolo, traía dos hermosas mujeres. Era como llevar pasteles a los niños de Somalia…” El Popochas –todo el mundo lo sabía– era el hombre más rico de la región. Era abogado. Se había incorporado a los prósperos negocios de seguros que comprendían a grandes corporaciones e incluso universidades en el Occidente del país. Todas habían contratado multimillonarios seguros que habían acrecentado fama y fortuna del emprendedor veracruzano. El Popochas era el personaje con quien todos querían hablar. Todos querían sentarse en su mesa, sentirse

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cerca de él. En cuanto entraba a la cantina provocaba una revolución: los hombres se levantaban de sus asientos, buscaban pretextos para saludarlo, para recordarle viejos compromisos, para estar con él… “Esa tarde, cuando llegó acompañado de dos preciosas mulatas del trópico, para envidia de todos ustedes, al único que aceptó en su mesa fue a mí. De hecho, me pidió que dejara a mis amigos y fuera a sentarme con él. De ahí para adelante todo fue fiesta.” Cada vez que llegaba a ese punto, algunos parroquianos, dependiendo de su nivel de ebriedad, le gritaban frases soeces, y amenizaban el relato con grandes risotadas burlonas. —Ándale patrón, cuéntanos cómo estaban las mu­ latas… —A ver, Ramón, ¿cuántas mulatas eran? —¿Te cogiste a alguna? —Pero, a ver, ¿por qué te iba a invitar a ti El Popochas? Ramón no hacía caso. Señalaba al fondo de la cantina y seguía contando: “Ahí, en esa misma mesa estuvimos toda la tarde. Él me estimaba. Estuvimos juntos en la escuela. Tanto confiaba yo en su estimación, que después de varias rondas, le dije al Popochas sin ánimo de ofenderlo: —Por ahí andan diciendo que te metiste en el tráfico de droga. Que tus negocios son muy turbios. —Ya ves que la gente dice muchas cosas –me contestó el Popochas con una palmada paternal sobre mi hombro, mientras que una de las dos mujeres deslizaba su mano morena con un anillo de oro y las uñas pintadas de rosa claro hacia mi muslo, prometiendo todos los placeres del mundo en cinco dedos que se agitaron de pronto y mostraron toda su femineidad al extenderse, mano lúbrica, sobre mi pantalón. Y yo, claro que ya no pregunté más…” —¿Qué mostraron, Ramón? A mí se me hace que enseñaron más que eso. —Y yo creo que a ti se te extendió también algo, ¿no? —Ni te hagas ilusiones, mi cabrón. Pa’que te toque un viejorrón de esos... uy. Los amigos seguían burlándose. Lo hacían sin malicia, nomás por pasar un buen rato a costillas de


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—Al fin y al cabo, todavía esto es Veracruz –dijo ella bebiéndose de un sorbo el tequila derecho–. Como un hilito, un vaso comunicante, el tequila de mi tierra, acá tan lejos. La marimba lejos y el trovero cerca. —Ese trovero de los Portales es un coplero auténtico. Le falta la jarana, le sobran años y vasos de alcohol para improvisar décimas –dijo Ramón, aventándole al viejo unas monedas–. A ver, patrón, échese unas de las que usted se sabe. —Qué bonita eres / a la sombra de un ciprés / qué retechula eres / a la sombra de un ciprés/ eres bonita y lo digo / Ay y arriba Chico Ché. A Ramón, en medio de la borrachera, le entró una felicidad enorme de estar ahí sentado junto a una mujer bonita que pedía un tequila, a pesar de las malas décimas y la guitarra desafinada del trovero. —Siempre había querido entrar sola a una cantina y pedir un tequila doble en la barra –le confesó ella–. Era mi fantasía personal, mi incumplido deseo. “La Ilustración de Sotavento” no lucía ningún letrero que prohibiera la entrada a las mujeres. A lo

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Ramón, ese hombre bonachón a quien no le habían conocido esposa, novia o mujer y a quien sospechaban capaz de exagerar la historia, cuya veracidad nadie podía comprobar. Ramón, por su parte, al recordar la escena deseó de todo corazón aquella otra que no se había llevado a cabo. Todo había sido acabar, después de las quién sabe cuántas cervezas, al borde del atardecer, solo, deseando que eso no se hubiera terminado nunca. Le quedaba la cruda y los amigos en la cantina hasta después de las dos, cuando todos se irían con sus familias, más por costumbre que por ganas. Entonces le iban a pesar las canas, el azul cansado de sus ojos, algo parecido al vacío. Le pesaría más la envidia ante la suerte del Popochas. Tamañas viejas. Tan bien arregladas, tan distinguidas que ni parecían putas. Con el desencanto de la cruda encima, con ese deslavarse de las cosas el domingo a medio día, Ramón estaba horas después todavía en la cantina. —A propósito, ¿por qué le dicen la cantina de Nieves Frías? –preguntó alguien. Federico Aburto, detrás de la barra, contestó abriendo una cerveza: —Ella era la dueña. Yo se la compré cuando ya estaba vieja. De joven, ella atendía y cobraba, tenía unos cuantos ayudantes, pero la mera mera era ella. Cantaba re’bonito mientras hacía las cuentas. Nunca se equivocaba. Era la hermana del que atacó al gobernador Adalberto Tejeda una vez, allá quién sabe cuando, en los años treinta, o casi en el siglo pasado, cuando estaban prohibidos los curas y no se dejaba oír misa. Ni siquiera lo hirió, pero buen susto que le puso. No lo castigaron, todo el pueblo lo defendió. Fuente Ovejuna, pues. Una sombra contra las puertas batientes que dan a la calle mayor silenció la siguiente pregunta: —¿...Fuente Ovejuna? Una mujer se dirigió al único lugar de la barra que estaba vacío, justo junto a Ramón. Quién sabe por qué comenzó a contarle. Estaba sola en el pueblo. Después de las cervezas tibias con las que se despidió del mar, la pequeña ciudad tomaba un aire mágico en la nube de polvo blanco que se levantaba en su calle mayor. Se había salido de la autopista queriendo prolongar sólo otro poco el calor del Puerto. Siguiendo señalamientos confusos llegó hasta la pequeña ciudad perdida más allá de Orizaba. No hacía frío, pero ciertamente el clima cálido de la costa había desaparecido. Una copita. Nomás otra copita antes del atardecer. Luego se quedaría a dormir en alguno de esos lugares que le eran tan ajenos, para reanudar la marcha al día siguiente.


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mejor porque ninguna, fuera de las putas, hubiera deseado entrar. Era un terreno de hombres, un terreno que no estaba en disputa y las mujeres del pueblo lo entendían perfectamente. Entre tanto la marimba allá afuera no paraba; entre tanto, el tequila menguaba. Ramón no deseaba más que bailar con ella despacito al atardecer. Pero ¿qué mujer en sus cabales iba a querer bailar con él en la neblina que empezaba a meterse incluso por las puertas bamboleantes de la cantina, aquella cantina sórdida en un pueblo perdido? A medida que los tequilas se fueron agotando, ella le fue contando. Aún estaba esperando a alguien que se marchó. Iba dejándole rastros. No sabía si él iba a encontrarlos. Entre tanto, no había nada que hacer con tanta paz, con tanta música y tanta gente ajena. Ya no sabía qué hacer con la dejadez y la memoria. Ramón entendió que su risa y su cuerpo de gata al acecho no estaban para nadie. Miraba a través de las gentes, meros fantasmas del atardecer. No le importaban sus pequeñas conquistas y sus grandes miserias. No era maldad. Simplemente no estaba ahí para ninguno, excepto para el que ya no iba a volver.

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—Usted de seguro sabe quién es Onetti –dijo de pronto cuando Ramón terminó de narrarle por enésima vez, aunque un poco cortado, la historia del Popochas. Ramón estaba atónito. Los pocos amigos que quedaban en la cantina a esa hora lo miraban en silencio, el asombro y la envidia flotando en sus vasos ambarinos. El patético trovero entonó “La enorme distancia”. —¿Baila usted? –se atrevió, sabiendo que otra oportunidad no pasaría por la cantina que había sido de Nieves Frías. Ella sonrió. En la nube de humo de los cigarros de los borrachos que se confundía con la neblina, en el aroma rancio del sudor de los trabajadores tras varias horas de beber cerveza, comenzaron a bailar. —Es verdad. Qué tonta he sido. De seguro usted fue escrito por Onetti y yo, como siempre, llegué tarde al cuento. Pero ya estoy aquí. Un solo suspiro de envidia se dejó oír en la barra. Con desgano y rabia, los hombres se fueron yendo a su casa, sabían que para esos dos, por fin la fiesta había empezado.


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8 Luis Flores Romero*

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Dos poemas Zeta para una mosca

Piano para una mariposa

¿Cómo es que esta mosca suelta tanto ruido si sólo es una cifra, una pelusa inquieta y una diminuta morona de la noche? ¿Cómo es que le cabe tanto ruido si sólo es una letra con alas y patitas? ¿Por qué tanto zumbido en una sola zeta, en esta armónica brevísima que vuela en si menor, en miniatura, y en disparejos círculos? No entiendo: la luna es un enorme y silencioso cráneo, y este zopilote minúsculo y casero se trae no sé qué aguda y puntiaguda [música; es como si un flautín no sacara más que una corchea y de repente fuera mosca esa corchea, y de ahí todo el sonido, todo este hilo motorizado y prolongado como [un verso de más de veinte sílabas seseantes, yo por lo mientras llevo veinte versos [y ninguno me convence tanto como el verso de esta [mosca.

Vivo en la ciudad, escucho un piano, [es mediodía; ya qué, la podredumbre, la inmundicia, [la ciudad grisácea, rancia, cascarienta, lejos de la intervención explícita de Dios, y por [fortuna algo le pasa al aire, algo sencillo, algo se [enciende como un color de Modigliani; algo pasa en el aire, algo arcangélico, algo así como un haikú pero en insecto; el aire está gozoso por un filo de arco iris, por un vuelo de acuarela, por un pétalo simétrico; ya qué, las bailarinas no son tan naturales en su vuelo, por fortuna la mariposa pasa porque la música del piano se mariposifica.

* Luis Flores Romero nació en la Ciudad de México en 1987. Estudió Letras Hispánicas en la unam. En 2009 obtuvo el premio de poesía joven Jaime Reyes, que otorga la uacm, con el libro Gris urbano. Ha publicado en las revistas Punto de partida, Periódico de poesía y Pliego 16. Actualmente es becario de la Fundación para las Letras Mexicanas.

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Entrevista con Luis Zapata 8 Bertha Ladrón de Guevara Bertha Ladrón de Guevara tiene licenciatura en Antropología Social y estudios de Psicología social y de maestría en Literatura Mexicana por la uv.

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l 27 de abril de 2011, Luis Zapata cumplió 60 años. Este acontecimiento dio origen a múltiples homenajes y reconocimientos que le fueron ofrecidos en varias universidades, comenzando por su alma máter, la Universidad Nacional Autónoma de México (Facultad de Filosofía y Letras), y otras instituciones. Fui convidada a participar en el que le brindó la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, a través de la Facultad de Humanidades y Casa de la Ciencia, en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, y fue ahí, después del encuentro en torno a su obra, donde amablemente accedió a concederme esta entrevista. Luis Zapata (Chilpancingo, Gro., 1951) es narrador, dramaturgo y traductor. Autor de 11 novelas –siendo la más conocida El vampiro de la colonia Roma–, nueve cuentos, dos libros de crónica y una autobiografía. Varias de sus obras han sido traducidas al inglés y al francés. Ha incursionado como guionista y director de cine y teatro, y ha traducido textos clásicos al español. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores. ***

Bertha Ladrón de Guevara: ¿Cómo te sientes de ser considerado un autor fundacional dentro de la literatura mexicana contemporánea a partir de tu novela El vampiro de la colonia Roma? Luis Zapata: Cuando llego a enterarme de ese tipo de comentarios, me siento halagado, naturalmente. Pero no pienso con frecuencia en la manera en que mi trabajo es percibido, ni eso tiene ninguna influencia en lo que hago. blg: Durante el proceso de creación de El vampiro… ¿imaginaste alguna vez el impacto y la recepción que tendría? lz: No, para nada. Cuando escribo, nunca pienso en la manera en que será juzgado el texto en el que

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estoy trabajando (cuando publico sí, y me angustia un poco la recepción que tendrá). El vampiro… ganó el Premio Nacional de Novela Juan Grijalbo, y cuando el libro estaba a punto de irse a la imprenta, el editor trató de convencerme de que sustituyera los espacios en blanco por la puntuación convencional. Usó este argumento: “¿qué prefieres: que se vendan tres mil ejemplares de tu libro así como está, o que se vendan treinta mil con puntuación?” Le dije que prefería lo primero, desde luego. Y de la novela se han vendido mucho más de treinta mil ejemplares, lo cual sólo prueba que los editores no siempre tienen la razón. El éxito que tuvo el libro me desconcertó; no me imaginaba que pudiera llamar la atención a tanta gente. Y también me asustó. Hubo muchos comentarios en contra, por el tema del libro; viví ese momento con algo de miedo, pues pensaba que iba a recibir agresiones en la vida cotidiana, cosa que afortunadamente nunca sucedió. blg: Qué significa Adonis García para ti? lz: Adonis García significa lo mismo que mis demás personajes: con todos –incluso con los que tienen sus lados oscuros– me he encariñado mucho, lo que es natural, pues uno convive con sus personajes durante varios, a veces muchos, años. En todo personaje de ficción hay mucho del escritor: uno no puede escribir sobre lo que desconoce. Inventar un personaje significa también reconciliarse con algunos aspectos de uno mismo que a veces incluso desconoce. blg: ¿Te molesta que se te asocie siempre con El vampiro…? lz: No, para nada. Alguna vez me preguntaron si no me molestaba vivir a la sombra de El vampiro… (creo que en la manera de formular la pregunta había cierta intención de molestarme). No recuerdo qué contesté en esa ocasión, pero después pensé que debería haberle respondido al entrevistador en el mismo tono y decirle que no me molestaba, que al fin y al cabo era una buena sombra para protegerse del sol. blg: ¿Qué opinión te merece la literatura gay mexicana, en particular, y latinoamericana, en general? lz: No sé qué responder a tu pregunta. No leo mucha literatura gay. No me gustan las etiquetas ni las


palabra nueva n Luis Zapata. Foto de Nahum Ocampo

clasificaciones, aunque entiendo que son necesarias para la crítica y el análisis literario. blg: En la exploración de personajes marginados o disidentes del sistema de género, ¿cómo surge el protagonista hermafrodita de La hermana secreta de Angélica María? lz: Lo primero que se me ocurrió fue un personaje travesti, un tanto pirado, que imitara a Angélica María, ídolo de muchos gays. El personaje llegaría a creer, como el de la novela, que es hermano de Angélica. Quería también hacer un homenaje a las películas de serie B, filmadas a la carrera y con pocos recursos; esas películas que se filmaban más en los estudios América que en los Churubusco. Después pensé que para el tipo de texto que quería escribir sería más delirante que el personaje fuera hermafrodita. blg: ¿Cómo has llevado a cabo la mezcla interdiscursiva entre cine y literatura (Melodrama o Siete noches junto al mar)? lz: Siempre he sido cinéfilo. Puedo decir que llegué a la literatura a través del cine. Los primeros textitos que escribí, al final de mi niñez, tenían mucho que ver con el cine y nada con la literatura: eran una especie de pequeños libretos teatrales o guiones

Lo primero que se me ocurrió fue un personaje travesti, un tanto pirado, que imitara a Angélica María, ídolo de muchos gays. El personaje llegaría a creer, como el de la novela, que es hermano de Angélica [...] Después pensé que [...] sería más delirante que el personaje fuera hermafrodita.

cinematográficos escritos con torpeza pero que a mi mamá le divertía mucho leer. En mi infancia no leí libros; sólo cuando entré a la prepa. Pero también en mis textos de adulto el cine ha estado presente casi siempre. El cine me ha permitido encontrar muchas veces soluciones para lo que escribo. La mezcla inter-

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Se han conseguido muchas cosas, como el matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero esos logros, que se limitan casi a la Ciudad de México, no deberían ocultarnos una realidad lamentable: sigue habiendo mucha discriminación y homofobia en otros estados de la República. discursiva entre cine y literatura se ha dado de una manera espontánea, casi insensible. blg: A la luz de la visibilidad de la comunidad gay mexicana, ¿qué sucesos calificarías como aciertos y cuáles propondrías mejorar? lz: Sin duda se han conseguido muchas cosas, como el matrimonio entre personas del mismo sexo.

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Pero esos logros, que se limitan casi a la Ciudad de México, no deberían ocultarnos una realidad lamentable: sigue habiendo mucha discriminación y homofobia en otros estados de la República. blg: En tus novelas y cuentos has tocado el universo gay de diversas maneras. ¿Qué parte del mundo gay mexicano te ha faltado por relatar o cuál te gustaría abordar nuevamente? lz: No he trabajado un personaje travesti, por ejemplo, aunque no puedo decir que me haya quedado con las ganas de hacerlo, pues hace pocos años dirigí y escribí el guión de un modesto video basado en la obra de teatro Afectuosamente, su comadre, de José Dimayuga. Por lo demás, no me planteo la posibilidad de abordar algún aspecto específico del mundo gay mexicano. Pienso que esas cosas se dan de manera natural, y sólo después es posible racionalizarlas. blg: El proceso creativo de cada obra literaria es diferente; sin embargo, debe haber alguna constante entre ellas. En tu caso ¿cuál sería? lz: Se presenta primero una idea vaga, tal vez alguna atmósfera, algún personaje que me resulte interesante, algún aspecto del lenguaje que quiera trabajar. La idea se va enriqueciendo conforme pasa el tiempo.


do por completo de él. No me gusta, ni acostumbro, releer lo que escribo: me sacaría mucho de onda descubrirle defectos ya irremediables. Por otra parte, pienso que ya hice con ese texto lo más que pude. porta demasiado si no lo hago) algunas cosas en video; me divierte mucho experimentar con este medio. Pero no son proyectos artísticos: es sólo otra manera de jugar, como la escritura. blg: ¿Por qué te atraen tanto Brasil y Haití? Lo primero que conocí de Brasil, y lo primero que me gustó, fue su música. Mi tía Carmen, que vivía en Guadalajara, una vez que vino a visitarnos nos trajo de regalo un lp de Carlos Lyra; todas las canciones estaban en portugués. Me llamó mucho la atención esta lengua, tan parecida y tan diferente del español. Después compré algunos discos de bossa nova, y hasta tuve la suerte de ver en el Auditorio Nacional a João Gilberto, uno de los grandes, enormes, intérpretes de ese ritmo. Mi primo Carlos me dio un manual de portugués que había llevado en el cele y empecé a estudiarlo por mi cuenta. Parece mentira, pero siempre ha sido muy difícil conseguir aquí libros en portugués; sin embargo, me las ingenié y les pedí a amigos que viajaban a Brasil o a Francia que me trajeran libros. Estudié portugués algunos meses en el Centro de Estudios Brasileños, que dependía de la Embajada, y casi sin darme cuenta fui aprendiendo la lengua. Se me olvidaba decir que me aficioné también al cine brasileño. La película que más recuerdo y que he vuelto a ver y me sigue deslumbrando es Antonio das Mortes, del genial Glauber Rocha. Descubrí después músicos excelentes, como Caetano Veloso y Chico Buarque, y cineastas y escritores extraordinarios. Todo lo concerniente a Brasil me fascina. Nunca he estado en Brasil, y creo que nunca iré. Hay una razón de peso: tengo fobia a los aviones. Pero aun si no la tuviera (ahora hay medicamentos muy buenos), quizá no iría: tengo miedo de perder al Brasil idealizado que habita en mis fantasías y está presente en algunos de mis textos. En cuanto a Haití, no siento fascinación. Es un país que me llama la atención, como muchos otros, pero desconozco su cultura casi por completo. Me in-

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Cuando se publica el libro me desentien-

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Tomo muchas notas, hago muchos ejercicios de estilo para dar con el tono del texto que quiero escribir; es una etapa de entusiasmo, casi de euforia, que dura unos meses. Después, llega el momento de disciplinarse y de ponerse a trabajar a partir de esos materiales. Esa parte del proceso, que es apasionante, me puede llevar un año, dos, más; entonces le encuentro sentido a mi vida: es como estar enamorado. Escribo a mano y me gusta ir pasando a máquina (ahora, capturando) lo que voy escribiendo, pues me hago la ilusión de que voy mejorando el texto. Al terminar la novela (pienso concretamente en novelas; con otro tipo de textos el proceso es, claro, diferente), la dejo descansar algunos meses y trato de distraerme con otras cosas. Luego la retomo y corrijo. Pueden pasar (de hecho, pasan) varios años entre el momento de terminar un libro y el de publicarlo. Soy inseguro y se me siguen ocurriendo cosas que incorporo a la novela, correcciones. Cuando ya la tiene el editor, sigo pendiente del proceso, quizá de manera obsesiva, y leo y releo las pruebas de imprenta en busca de erratas o errores míos, que nunca faltan. Todavía corrijo algunas cosas. Cuando se publica el libro me desentiendo por completo de él. No me gusta, ni acostumbro, releer lo que escribo: me sacaría mucho de onda descubrirle defectos ya irremediables. Por otra parte, pienso que ya hice con ese texto lo más que pude, y prefiero dedicarme a otro proyecto que me interese. blg: Respecto a tu labor como traductor, ¿por qué has elegido los textos que tradujiste y cuáles te gustaría trasladar al español? lz: He tenido la suerte de que algunos editores han aceptado mis propuestas de traducción, aunque también he traducido libros como chamba, o me han propuesto traducciones interesantes. Mi criterio al sugerir un libro es que sean textos que me gusten y que no estén traducidos al español, como las novelas medievales Renart el zorro y Tristán e Isolda, o el libro de Adolfo Caminha Bom-Crioulo. Me encantaría traducir los poemas eróticos, abiertamente obscenos, de Verlaine y Rimbaud; los imagino publicados en edición bilingüe, claro. Dentro de la misma tónica de ediciones bilingües, me gustaría integrar un volumen con canciones de Caetano Veloso. blg: ¿Qué proyectos artísticos tienes ahora en mente? lz: No me gusta hablar de las cosas que aún no hago, o que estoy haciendo. Tengo la superstición de que si las platico, ya no las hago. Alguna vez hablé mucho de una novela, quizá demasiado pretenciosa, en la que avancé bastante y que finalmente no pude escribir. Aparte de lo que estoy escribiendo, me gustaría hacer (y de eso sí puedo hablar, porque no me im-


teresa mucho el créole, y tal vez algún día lo estudie superficialmente. blg: ¿Qué opinas de las telenovelas?, ¿podrían aportar algo positivo? lz: No me gustan las telenovelas; me aburren. Sus contenidos me parecen deplorables. Creo que sólo pueden servir para parodiarlas. No creo que pudieran aportar alhgo positivo. O quizá sólo en un sentido, como entretenimiento y evasión para las personas aficionadas al género. En mi caso, para entretenerme y evadirme (todos lo necesitamos) prefiero el cine, o la literatura. blg: ¿Has escrito algún guión para teatro, cine o telenovela? lz: Adapté al teatro De pétalos perennes y Melodrama (con el título de La fuerza del amor); la primera ha tenido varios montajes, desde que se estrenó en la década de 1980, dirigida por José Estrada; la segunda, que también estuvo en temporada en los ochenta, fue dirigida por Angélica Ortiz. Colaboré en el guión de Confidencias, basado en De pétalos…, que dirigió Jaime Humberto Hermosillo; también en el de Marea suave, de Juan Manuel González, y he escrito los guiones de algunos videos que he hecho. Alguna vez dije, en broma y antes de conocer a Angélica María, que sólo escribiría una telenovela en la que ella actuara y que se grabara en Brasil. ¡Qué bueno que ella no se enteró de mi comentario!, pues años después me propuso que le escribiera una telenovela, aunque no para grabarse en Brasil, desde luego. Me negué a hacerlo: nada habría compensado las horas perdidas en escribir algo que no me interesa en absoluto, y lo más probable es que, por lo mismo, no hubiera podido hacerlo decorosamente. Para mí la escritura es, entre otras cosas, una diversión. De ninguna manera me gustaría que dejara de serlo para convertirla en una chamba que tuviera que hacer por obligación. blg: Sabemos que te gusta mucho el cine. ¿Quiénes son tus directores y actores favoritos? lz: Hay muchos directores de cine que me gustan: Alfred Hitchcock, Woody Allen, Kurosawa, Chabrol, Truffaut, Glauber Rocha, Alain Resnais, Fassbinder, Tarkovsky, etc. Pero mis favoritos sin duda son Fellini, Godard, Buñuel y Bergman; los admiro desde hace mucho tiempo. Me entusiasma descubrir nuevos directores. Mi descubrimiento más reciente es el cineasta tailandés Apichatpong Weerasethakul, de quien he visto tres películas; me parece uno de los directores más origi-

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nales que han surgido en los últimos años. Pero también el pasado puede darnos sorpresas a veces: acabo de ver la obra maestra de Ozu, Primavera tardía. Me gustan muchos actores, sobre todo cuando están bien dirigidos, pero no tengo favoritos. blg: Igualmente, se dice que eres muy musical. ¿Cuál es tu género preferido? lz: Me gusta sobre todo la música clásica; es la que más escucho, la barroca especialmente. También me gusta la música popular, principalmente la brasileña, que es de una gran calidad, y el rock. Mi ídolo de los últimos meses es Jeff Buckley. blg: ¿Nos podrías contar cómo es un día para Luis Zapata en su vida cotidiana? lz: Al levantarme, estudio un rato (alemán, por ejemplo, pero al día siguiente puedo decidir que mejor quiero estudiar latín y eso hago), a veces tomo alguna nota para lo que voy a escribir después. Pero también puede pasar que esté inspiradón y que me ponga a escribir en lugar de estudiar. Desayuno viendo un fragmento de alguna película en Youtube. Veo mis correos electrónicos, que generalmente no contesto en esos momentos. Luego me pongo a escribir. A veces salgo a cumplir con algún pendiente. Todos los días como con mi familia. Duermo siesta. Contesto mis correos y entro al Facebook, del que soy adicto en este momento. Después leo un rato (a veces también escribo en la nochecita). Ceno viendo la televisión. Cuando me acuesto, casi siempre veo una película. Te hablo de un día ideal, por supuesto; si tengo algún trabajo pendiente, fuera de la escritura, debo dedicarle mi tiempo y mi energía, aunque en este momento tengo la suerte de poder hacer lo que me gusta más. blg: Para concluir, ¿de dónde viene tu admiración por Angélica María? lz: Angélica María representa una de las mejores cosas de mi adolescencia. Yo era su admirador, compraba sus discos, veía sus películas e iba a sus presentaciones en teatro de revista y a sus obras teatrales. También le escribía cartas y recibía respuesta, como todos sus admiradores. No importaba que su letra variara de una carta a otra, o que a veces su firma fuera diferente en las cartas escritas a máquina, cosa en la que sólo reparé después. Lo que importaba era su contestación y las fotos que me mandaba. Muchos años más tarde, y casi por casualidad, conocí a Angélica María. Me sedujeron su amabilidad, su inteligencia y su sentido del humor. Creo que no le caí mal, pues al poco tiempo nos hicimos amigos; también tuve una amistad muy padre con su mamá, la productora Angélica Ortiz.


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El arte de mirar con detenimiento 8Lorena Ventura Lorena Ventura (Oaxaca, 1982) es poeta y ensayista. Maestra en Letras Latinoamericanas por la unam. Autora de La enunciación en el ensayo: ¿subjetividad o artificio? (unam, 2009). En 2004 obtuvo el Premio de Poesía José Emilio Pacheco, otorgado por la uv, y fue becaria del Fonca (2009-2010).

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a posibilidad de pensar la poesía desde el punto de vista de su probable utilidad entraña para mí una dificultad primordial: creo que hablar o intentar hablar de la “función práctica” de la poesía es, en principio, negar el ser de la poesía en sí, negar a la poesía –y a todo arte de hecho– como lo que es: un fin en sí mismo. Esto que acabo de decir –para mí al menos– debería ser suficiente para dejar resuelta la cuestión sobre el tópico de la utilidad práctica del hecho poético, puesto que la poesía no es o no podría ser, o en última instancia, no debería ser, un instrumento, un medio o un camino que condujera a una recompensa o a un beneficio superior a ella misma, una “teoría” que llevara por fin a una aplicación específica, metódica, palpable, tal como sugieren los vocablos función y praxis. Aquellos textos escritos en verso que ante todo promueven una ideología, una forma determinada de comportamiento o una moral, esos textos que son portadores de un “mensaje”, como suele decirse, son acaso recetas para vivir mejor, pero nunca poesía. Se trata, por tanto, de explicar la utilidad, el modo en que verdaderos poemas como “Oda a la cebolla”, de Pablo Neruda, o “Conversación con una piedra”, de la gran Wislawa Szymborska, hacen algo –pues tal es la definición de lo práctico– respecto al mundo en el que ahora mismo nos toca vivir. Y esto, desde luego, me parece un planteamiento equivocado de entrada, pues a nadie se le ocurriría pedir a la medicina o a la política explicar su función poética. ¿Por qué entonces la poesía debería justificarse desde un punto de vista prosaico, es decir, práctico?

La poesía no hace nada; es la nada. Y en ello precisamente, en la inutilidad de su ser respecto a la vida, radica la más profunda de todas sus virtudes. Al hacer que la nada ocurra, la poesía nos hace conscientes de lo insignificantes que somos. La poesía, de hecho, mirada desde el territorio de lo prosaico, esto es, de lo lógico, de lo útil –lo sabemos– no tiene ninguna razón de ser, ninguna aplicación dentro de los engranajes perfectos de la realidad, en el interior de la marcha incesante de la historia. La poesía, contemplada desde estos lugares, no tiene ningún caso. Es absolutamente inútil. Pero como dijo el maestro zen Kodo Sawaki Rosho a propósito de la meditación: “Si no haces esto que es perfectamente inútil, entonces tu vida sí que será perfectamente inútil”. La poesía no hace nada; es la nada. Y en ello precisamente, en la inutilidad de su ser respecto a la vida, radica la más profunda de todas sus virtudes. Al hacer que la nada ocurra, la poesía nos hace conscientes de lo insignificantes que somos y de lo definitivamente solos que estamos en el mundo y, al hacerlo, nos descubre y nos acerca a nuestra propia individualidad, despojándonos de nuestra condición de seres sociales, tiñéndonos de un yo particular. Pues está claro que entre las muchas cosas que podemos compartir en el mundo de todos los días y que pueden ir de un trozo de pan a una idea, no se encuentra un poema. Una obra de arte, especialmente un poema, se dirige a nosotros en privado, directamente, sin intermediarios. Por eso un poema no puede resumirse o contarse como se

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Diría entonces que los poetas verdaderos no sólo nos acercan al mundo con ojos nuevos, sino que además realizan un trabajo útil y esencial con el lenguaje, una actividad de auténtica ecología, pues reciclan, sanan y expanden las posibilidades de significación de las palabras.

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cuenta una película: un poema se lee verso por verso o se escucha literalmente; o el milagro, quiero decir, la experiencia estética, siempre individual y distinta en cada uno de nosotros, no tendrá posibilidad alguna de ocurrir. Por eso encuentro perfectamente normal que a la poesía se le pida siempre explicarse, justificarse, pues ahí donde el mundo exige el “bien común”, la poesía responde cada vez con el “bien individual”. Un mismo poema incluso es otro para un mismo lector con cada nueva lectura, sin duda porque ese lector no es ya siquiera el que fue un instante anterior. El arte tiene así la facultad de traer a la superficie de nuestra piel la conciencia de la constante e irreversible transformación de nuestro ser más profundo. La poesía, como todo arte verdadero, se resiste a la repetición y, con ello, nos ayuda a volver más específico el tiempo de nuestra existencia. Uno puede ir por la vida contando el mismo chiste muchas veces y todas las veces hacer reír. En arte –la observación es de Joseph Brodsky– este tipo de comportamiento se llama cliché. Alessandro Baricco, en su novela Esta historia, nos cuenta en casi doscientas páginas la vida de Ultimo Parri, un personaje cuyo gran sueño es construir una

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carretera, una carretera como nadie se la ha imaginado nunca, que acabe donde empiece y que sea lo suficientemente larga para que quepa en ella toda su vida, curva tras curva, todo lo que sus ojos han visto y no han olvidado. Ultimo tiene cinco años la primera vez que ve un automóvil, diecinueve cuando combate en uno de los episodios más sangrientos de la Segunda Guerra Mundial, veinticinco cuando conoce a Elizaveta, la que será el gran amor de su vida, y demasiados, tantos que ya no importa el número, cuando logra llevar a cabo su sueño. Resumida de este modo, la vida de Ultimo Parri no parece tener mucho de literario y sí en cambio de aquella verdad absoluta –y prosaica, por generalizada– que nos enseñaron en clase de biología acerca del ser humano: que nace, crece, se desarrolla, se reproduce, envejece y muere. De hecho, la historia de Ultimo Parri no se convierte en literatura hasta que el narrador se toma su tiempo para mostrárnosla en su especificidad, en lo que tiene de profunda. Si algo tiene este personaje de particular, de diferente respecto a lo que podrían decir de él los libros de biología –y de poético, por tanto– es aquella mañana en que su padre lo llevó a caminar sobre una pradera extensa y verde de Turín, mojada por la lluvia del verano; él y su padre solos en medio de la humedad del estío, sin que él replicara siquiera, porque como había pensado en ese momento: “Si tienes cinco años y tu padre te lleva con él, de esa manera, eres feliz y punto”. Ultimo no podía prever al salir de su casa de la mano de su padre esa mañana que, llegados a un punto, éste le soltaría la mano y empezaría de pronto a caminar a grandes pasos por delante de él, sin darse la vuelta, ni para esperarlo ni para asegurarse de que él todavía estaba ahí, y enseñándole, con la severidad y la ausencia total de dudas de ese gesto, que caminar es un destino del que no es necesario dudar en ningún


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momento, porque está escrito en la tierra, y que por más solo que estuviera al hacerlo nunca se perdería. Ya de adulto, a lo largo de su vida, Ultimo volvería una y otra vez a esa misma mañana, pues si algo había de verdadero y profundo en él era precisamente el recuerdo de esa caminata con la que su padre le había enseñado, además, todo lo que había que saber de la vida: que de eso se trata, de caminar, sin darse la vuelta nunca. La literatura, y la poesía en particular, nos enseñan el sentido de la individualidad porque miran con detenimiento lo que el tiempo destroza con su prisa. Y todo aquello que se mira con detenimiento no puede revelarse sino como profundo ante nuestros ojos. De ese mismo detenimiento es capaz Neruda cuando deja de ver a la cebolla como un objeto insignificante, desnudándolo para nosotros como una “redonda rosa de agua” y mostrándonos así que, por obra de la poesía, una cosa, sin dejar de ser ella misma, puede ser al mismo tiempo otra, y otra cada vez. La poesía nos ofrece así la posibilidad de ver el mundo y las criaturas que lo habitan de otra manera. Y ver las cosas de otra manera es también hacerlas existir de otra manera, respirar uno mismo de otra manera. Con todo, esa sensible transformación de la existencia ha sido activada por un uso peculiar –poético– del lenguaje. Si nuestra relación con la realidad está mediada por nuestra relación con el lenguaje, cada transformación de éste implica-

ría una modificación de la realidad –o al menos de nuestra percepción de ella–, por mínima que sea. Diría entonces que los poetas verdaderos no sólo nos acercan al mundo con ojos nuevos, sino que además realizan un trabajo útil y esencial con el lenguaje, una actividad de auténtica ecología, pues reciclan, sanan y expanden las posibilidades de significación de las palabras, haciéndolas más transitables, más dignas de confianza. Podríamos afirmar así que, gracias a Neruda, la cebolla ha dejado de existir únicamente como una trivial planta de hortaliza para emerger ante nuestros ojos esta vez –y también– como una “constelación constante”, como una inédita redonda rosa de agua. El desarrollo de estas líneas, al parecer, me ha llevado a aceptar que la poesía sirve para algo y que la nada que ella supone es tal únicamente en aParriencia. Sin embargo, creo que ese detenimiento y esa transformación del lenguaje a los cuales toda poesía verdadera nos conduce sólo pueden ser vistos como “utilidades” o “beneficios” en segundo grado o en potencia, pues está claro que ninguno de los dos tendría lugar si falta la experiencia estética, cuyos alcances, ya se sabe, son siempre personales e intransferibles. Antes de reflexionar sobre las bondades de la poesía, entonces, quizá tendríamos que empezar a hablar de la urgencia y la importancia de procurarnos una educación en la belleza.

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Édgar J. González Gaudiano Gloria E. Cruz Sánchez

climático

No se trata de un problema que ocurrirá en el futuro, sino que ya se encuentra entre nosotros y sus soluciones no son sencillas. Al ser la atmósfera planetaria un bien común global, el problema tiene que resolverse entre todos, si bien no todos contribuimos a su generación en el mismo grado. Édgar J. González Gaudiano es investigador titular en el Instituto de Investigaciones en Educación de la uv y coordinador de la Cátedra unesco-uv “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”. Gloria E. Cruz Sánchez es técnico académico en el Instituto de Investigaciones en Educación de la uv y docente en la Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales de la misma universidad.

Introducción

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l cambio climático (cc) es una abstracción. Y las abstracciones no son fáciles de entender para muchas personas a quienes les cuesta trabajo extrapolar el significado de un concepto a un conjunto de fenómenos naturales que sacuden nuestro mundo físico. Pero, aunque afecta al medio ambiente, particularmente al medio físico, el cambio climático no es un fenómeno natural, sino que básicamente es provocado por la actividad humana. Las actividades antrópicas de tipo productivo: la vida cotidiana, las tradiciones y costumbres, entre muchas otras, generan dióxido de carbono (hasta en el acto de dormir lo producimos) y otros gases de efecto invernadero que alteran la composición de la atmósfera.. El cc, al estar ligado a las actividades económicas, culturales, sociales, biológicas y tener una raíz histórica, es un fenómeno de gran complejidad epistemológica que desafía fuertemente al conocimiento científico disciplinario.

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Por todo ello, el cc es difícil de entender y, por ende, muy fácil de negar, sobre todo cuando las medidas que deben adoptarse para prevenirlo y revertirlo afectan intereses económicos. En el mejor de los casos suele asumirse como un fenómeno global resultante de causas ajenas y distantes de nuestras vidas, como los patrones de producción y consumo de los países desarrollados o los negocios de las grandes corporaciones multinacionales. Sin embargo, no se trata de un problema que ocurrirá en el futuro, sino que ya se encuentra entre nosotros y sus soluciones no son sencillas. Al ser la atmósfera planetaria un bien común global, el problema tiene que resolverse entre todos, si bien no todos contribuimos a su generación en el mismo grado. No obstante, aun cuando todos los países acordáramos en este momento reducir drásticamente la emisión de los gases de efecto invernadero, la cantidad de ellos que ya se encuentra acumulada en la atmósfera continuaría provocando el cc por muchas décadas. El cc es el fenómeno ambiental más importante de este momento y lo será a lo largo de todo el siglo xxi. El fenómeno contribuye a agravar otros problemas, tales como la crisis alimentaria, del agua, de la pérdida de biodiversidad y de la desigualdad social. Eso implicará un gran esfuerzo de tipo político, económico, científico, social y cultural, tanto para empezar a mitigar sus causas como para adaptarnos a sus consecuencias. La educación desempeña en este esfuerzo un papel fundamental a fin de que la gente en-

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Estudiantes de la Universidad Veracruzana ante el cambio


posibles medidas de adaptación asumidas voluntariamente y las barreras y disposiciones a actuar hacia un cambio en el estilo de vida. Tales aspectos fueron indagados a través de la información recabada mediante un instrumento demoscópico de 42 preguntas, el cual ya ha sido validado para este tipo de problemas de investigación y piloteado en dos ocasiones con población veracruzana. Se aplicó en una muestra representativa considerando factores de género, nivel de estudios y área de conocimientos, en todas las facultades y zonas de la Universidad Veracruzana. La muestra quedó integrada por 308 alumnos de licenciatura y 59 de posgrado, 180 de los cuales son hombres y 187 mujeres. Las edades van desde los 17 hasta los 60 años de edad, pero la mayoría se ubican entre los 18 y los 25 años. La muestra se calculó a partir de la inscripción de agosto de 2011; por ello quedó configurada de la siguiente manera: 68 alumnos inscritos en la zona Coatzacoalcos-Minatitlán, 58 de Córdoba-Orizaba, 67 de Poza Rica-Tuxpan, 62 de Veracruz-Boca del Río y 112 de la zona Xalapa, ya que en esta última se concentra la mayoría de los posgrados. Se incluyeron las áreas académicas de Artes, Humanidades, Biológico-Agropecuarias, Ciencias de la Salud y Técnica. El reconocimiento del problema

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tienda, se involucre y participe en promover cambios profundos en su estilo de vida, de modo que se vuelva menos dependiente de los combustibles fósiles y conserve la integridad de los ecosistemas. La investigación Por lo anterior, en el Instituto de Investigaciones en Educación emprendimos un estudio para identificar lo que la población estudiantil de la Universidad Veracruzana piensa, hace y está dispuesta a hacer en relación con el cc. Nuestro estudio, aún en proceso, explora aspectos relacionados con el reconocimiento social del cc como problema y su magnitud, la valoración de los riesgos actuales y potenciales, cómo se informan los estudiantes sobre el tema, la forma como se incorpora la información científica recibida, las prácticas cotidianas de educación ambiental relacionadas con la mitigación de gases de efecto invernadero, las

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El primer tema que se analizó es si los estudiantes reconocen los problemas ambientales, especialmente el del cambio climático; se les preguntó sobre una serie de términos utilizados para describir el problema, sus causas y consecuencias. Encontramos que conceptos como “cambio climático”, “calentamiento global” y “agujero de la capa de ozono” son familiares para casi todos los encuestados (99%), lo mismo que “gases de efecto invernadero” (95%) y “variabilidad climática” (90%). Disminuye la familiaridad en el caso de términos como “Estrategia Nacional de cc” (57%), “Comercio de emisiones de carbono” (31%) y “Sumideros de carbono” (23%), que son más especializados. El problema del cc está presente y es claramente identificado, pero aunque se perciben sus efectos a nivel mundial, en el entorno cotidiano del estudiante el tema se desvanece. Es decir, 17% menciona el cambio climático como un problema serio a nivel mundial, pero una población más reducida lo reconoce como un problema en México, y sólo 2.7% lo reconoce en el ámbito municipal. Esto confirma lo encontrado en otros países: el problema existe pero no está al alcance de la población común, lo cual constituye un impedimento para actuar en materia de mitigación de las causas y en la adaptación.


n estado y sociedad Iris Aburto: de la serie Homo natura, 23 (técnica mixta)

Una vez identificada esta situación, se profundizó en la investigación sobre la forma en que el tema es expresado por los encuestados mediante imágenes que se asocian a aspectos relacionados con el cc. Por ejemplo, 27% menciona el tema “cambio y variabilidad climática” sobre el cual evoca imágenes de cambios bruscos de temperatura y temperaturas extremas; 18% representa el tema “destrucción del medio físico” a través de imágenes de deforestación, destrucción del medio, especies en peligro de extinción, trastornos en el ecosistema o un planeta solitario. Un tercer tema indicado por 16% de los encuestados es el del “calentamiento global”, que incluye la idea de derretimiento/deshielo de los polos/de los glaciares con imágenes como “imagen del mundo sobre una hornilla”, “la gente quemándose”, “oso polar en pedazo de hielo, sin posibilidad de seguir viviendo”. Y un cuarto tema es el de “fenómenos naturales”, que 10% relaciona con huracanes, terremotos, ciclones, temblores y otras catástrofes. Al explorar las ideas que se tienen sobre las causas del fenómeno, se cuestionó si el cc es un proceso

natural de la Tierra o un proceso provocado por la actividad humana. Setenta por ciento de los encuestados opta por esta última respuesta y 29% elige ambas. Esto es consistente con lo publicado por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (ipcc, 2007) respecto a que el cc es causado por la actividad humana, y coincide con los hallazgos obtenidos en estudios similares con otras poblaciones.1 Además, casi 8 de cada 10 encuestados asume que al cc se le está dando “menos importancia de la que tiene”. Esto significa que los argumentos “negacionistas”, a los que durante mucho tiempo les dieron amplia cobertura los medios informativos, quienes afirmaban que el cc era un fenómeno natural de la Tierra derivado de sus ciclos de calentamiento/enfriamiento, han tenido 1 Meira Cartea, Pablo Ángel, La sociedad ante el cambio climático. Conocimiento, valoraciones y comportamientos en la sociedad española, Fundación Mapfre, Madrid, 2011. Para una revisión internacional del estado de la investigación en educación y comunicación sobre cambio climático, véase González Gaudiano (2012).

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Al conocer las principales fuentes de infor-

Cómo se informan los estudiantes

mación e identificar cuáles son las que los

Sabemos que desde hace mucho tiempo la educación escolarizada compite con la educación no formal en cuanto a la transmisión de conocimientos; por ello es importante identificar cómo se informan los estudiantes sobre el cc, pues a partir de ahí se pueden proponer estrategias de comunicación educativa. Efectivamente, la televisión y las redes sociales son los principales medios masivos a través de los cuales los encuestados han recibido información sobre el cc, según lo mencionan 9 de cada 10. Al tratarse de una muestra integrada por estudiantes universitarios, es comprensible que otra fuente importante para recibir este tipo de información sea a través del contenido de sus clases (7 de cada 10), aunque de manera paralela esta misma proporción afirma recibir información sobre el cc de los periódicos, revistas especializadas y campañas publicitarias. En el caso de la recepción de este tipo de información a través de la radio, conferencias especializadas, libros y cine, ésta disminuye a entre 6 y 5 de cada 10 encuestados. Por ejemplo, 9 de cada 10 encuestados saben del cc porque han visto documentales y películas, y 8 de cada 10, por las búsquedas que han realizado en internet. Sólo 5 de cada 10 han leído sobre el tema en revistas especializadas, escuchado de él en exposiciones a las que han asistido, o consultado guías prácticas para el ahorro de energía. Cabe destacar la mínima consulta que hacen los estudiantes en dependencias de gobierno, pues sólo 7% ha recurrido a esta fuente para pedir información u obtener asesoría al respecto. Las fuentes de información, ya sea a través de medios masivos o de comunicación personal, contribuyen a modelar la propia estructura de las representaciones sociales sobre el cc. Al conocer las principales fuentes de información e identificar cuáles son las que los destinatarios consideran más confiables es posible formular estrategias más efectivas para llegar a la población. Esto es fundamental porque actualmente la forma usual para transmitir información sobre el cambio climático es mediante documentales que promueven una alfabetización científica sobre el tema. De este modo, por ejemplo, los estudiantes pueden adquirir conocimiento experto en la materia, aunque esto no incida necesariamente en la transformación de actitudes y comportamientos. Es decir, la información científica sobre un problema no implica modificar la relación personal y cotidiana de las personas con él. Sirva como ejemplo el caso del acto de fumar. De ahí la importancia de identificar aquellos elementos que forman parte del sentido común de los individuos. El sentido común es una manera de significar la realidad y orientar la acción correspondiente en la vida

destinatarios consideran más confiables es posible formular estrategias más efectivas para llegar a la población. Esto es fundamental porque actualmente la forma usual para transmitir información sobre el cambio climático es mediante documentales que promueven una alfabetización científica sobre el tema. poco eco entre la población estudiantil. Estos argumentos han obstruido la adopción de medidas internacionales para combatir el cambio climático y es fácil inferir que detrás de esta renuencia hay intereses muy poderosos, como los de las empresas petroleras y tabacaleras, que se verían afectados por tales medidas. Al indagar en la manera en que los estudiantes conciben los efectos del cc en sus vidas, se encontró que 8 de cada 10 afirman que: • “Las estaciones del año antes eran más definidas, ahora se notan menos”; • “los veranos (temporadas de calor) ahora son más largos y calurosos”; • “la temporada de invierno ahora es más seca y calurosa”; • “los huracanes ahora son más intensos”; • “cada vez llueve menos donde vivo”. Estas percepciones de los cambios en el clima local son más “físicas” que cognitivas; es decir, los sujetos las detectan aun cuando no tengan claro el concepto de cc. Esta información representa un punto de partida para el estudio de la cognición y, en consecuencia, del aprendizaje de respuestas realistas y viables en distintas esferas, desde la vida cotidiana hasta la participación política como ciudadanos que esperan políticas públicas más comprometidas con los intereses de sectores de población más amplios.

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Algunas conclusiones preliminares En este artículo hemos incluido solamente algunos de los hallazgos que va aportando el estudio de referencia. El reporte amplio y detallado apareció en la forma de una publicación durante 2012. Entre las conclusiones que podemos desprender de sus resultados está el hecho de que el cc es un problema reconocido por la población estudiantil, que lo está incorporando como parte de su discurso social y no sólo científico o académico. Ello se debe a la fuerte presencia que el tema ha tenido y tiene en los medios de comunicación, en las redes sociales y en el currículum escolar de algunas carreras y posgrados. No obstante, la información que los estudiantes poseen sobre el fenómeno muestra muchas zonas oscuras (por ejemplo, las implicaciones en la salud o los impactos económicos de mediano y largo plazos); también hay creencias erróneas (por ejemplo, la asociación del cc con la capa estratosférica de ozono) y valoraciones (por ejemplo, respecto a la urgencia de actuar, sobre todo en el caso de Vera-

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cotidiana de las personas, dentro de un marco cultural específico en el que las imágenes y las categorías de lenguaje ocupan un lugar privilegiado. Por lo mismo, el sentido común, sin dejar de ser parcialmente vago, falso e incluso contradictorio, condensa, mediante las representaciones sociales, los conocimientos, sentimientos y símbolos culturales que provienen del grupo social al que se pertenece, y orienta no sólo las pautas de comportamiento de las personas en su vida cotidiana, sino también las formas de organización, comunicación y valoración que rigen sus relaciones intersubjetivas. Un segundo nivel de análisis implica conocer cómo se maneja este tema en los grupos de referencia de la población estudiantil, para saber si su tratamiento es sólo escolar, mediático, o si forma parte de su vida cotidiana. De acuerdo con los resultados, el tema del cc ya convive en todos los niveles de la vida de los estudiantes. Siete de cada 10 han escuchado recientemente información de algún profesor, amigo o familiar; 6.6 de cada 10 lo han escuchado de algún ecologista o periodista. Sin embargo, apenas 2 de cada 10 estudiantes han escuchado hablar sobre este tema a funcionarios de gobierno, políticos nacionales y locales. Ahora bien, no se trata sólo de oír sobre el tema, sino de saber si la información que reciben de las distintas fuentes merece su confianza. A este respecto, cabe mencionar que 7 de cada 10 alumnos le otorgan mayor confianza a la información recibida de los científicos, de grupos ecologistas, de educadores ambientales y de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas. Por el contrario, se manifestó poca o nula confianza hacia la información proveniente de los gobiernos federal, estatal y municipal, así como de empresas. Este hallazgo destaca la responsabilidad de la Universidad de informar sobre el tema y la importancia de contar con comunicadores bien informados. Un tercer nivel de análisis está relacionado con las imágenes sobre el futuro del problema. En este sentido, 71% de los encuestados considera que muy probablemente sufrirá restricciones de agua, pero no está dispuesto a pagar más por ella si con eso se contribuyera a frenar el cambio climático; tampoco proponen medidas de ahorro de agua. Por otra parte, 68% considera que muy probablemente el precio de la gasolina subirá notablemente, pero no se ve a sí mismo usando bicicletas o transporte público más seguido. Ello, a pesar de que 39% acepta que las consecuencias del cambio climático ya se están viviendo y que éstas afectarán a la todas las generaciones. Sólo 36.6% considera esto último como una opción muy probable, pero sí acepta pagar 10% más por la gasolina si se contribuye a frenar el cc.


Mientras continuemos señalando como principales responsables a otros, y consideremos distante y ajeno este problema, restándole peso a las emisiones que generan nuestras actividades de consumo, movilidad, alimentación o entretenimiento, no podremos observar cambios sustantivos. cruz, en materia de prevención de riesgos derivados de eventos hidrometeorológicos extremos). Esos factores pueden ser de gran relevancia en la disposición a actuar –individual y colectivamente– frente a la complejidad del problema, y merecen estudios más profundos para conocer medidas de protección civil más efectivas frente a fenómenos climáticos, o para modificar patrones de consumo derivados de la publicidad comercial a la que los jóvenes son tan vulnerables. Mientras continuemos señalando como principales responsables a otros, y consideremos distante y ajeno este problema, restándole peso a las emisiones que generan nuestras actividades de consumo, movilidad, alimentación o entretenimiento, no podremos observar cambios sustantivos. Los hallazgos muestran que todavía no es clara la relación entre el cc y nuestra vida cotidiana, y al parecer las medidas de actuación se reducen a acciones puntuales y desarticuladas de un estilo de vida, tales como la separación de desechos, el ahorro de energía mediante el reemplazo de focos incandescentes y el uso de la bicicleta. No es que estas acciones estén mal, pero son a todas luces insuficientes dada la magnitud y complejidad del problema. Urge también que las instituciones del Estado, en sus tres niveles de gobierno, mejoren sus estrategias de comunicación sobre la materia y recuperen la credibilidad perdida. De otro modo, será muy difícil concitar la participación social en sus programas. Hoy por hoy las instituciones con mayor credibilidad son las universidades y algunas organizaciones no gubernamentales, nacionales e internacionales. Conocer este hecho conlleva también una mayor responsabilidad en el tipo de información a transmitir y en las medidas a recomendar.

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Aunque se trata de una situación compartida con otros países, es preocupante que la principal fuente de información de los estudiantes en materia de cc sean los medios de comunicación de masas. Sobre todo porque son estos mismos medios los que transmiten la información comercial que preconiza un estilo de vida consumista y derrochador de energía que se encuentra enquistado en el fondo del problema y que responde a los intereses económicos que se benefician de ello. Son también estos medios los que suelen enfatizar sólo algunos aspectos del problema, principalmente aquellos que son de naturaleza sensacionalista y catastrófica o que apelan a la solución tecnológica del mismo. Por ello, con información plagada de sesgos transmitida por comunicadores que no son científicos y que no contribuye a crear opiniones mejor informadas sobre el tema, no será posible inducir a una participación organizada, comprometida y consciente.

Para saber más González Gaudiano, Édgar J. “La representación social del cambio climático. Una revisión internacional”. Revista Mexicana de Investigación Educativa, 17(55), pp. 27-53,comie, 2012. Landa, Rosalba, Brenda Ávila y Mario Hernández. Cambio climático y desarrollo sustentable en América Latina. Conocer para comunicar. British Council pnud/Cátedra unescoimta/ flacso, México, 2010. http://www.flacso.org/noticias-y-actividades/noticia/ cambio-climatico-y-desarrollo-sustentable-para-america-latina-y-el-caribe/2010/pag4/?no_cache=1 Meira Cartea, P. A. La sociedad ante el cambio climático. Conocimiento, valoraciones y comportamientos en la sociedad española. Fundación Mapfre, Madrid, 2011. Moreno Sánchez, Ana Rosa y Javier Urbina Soria. Impactos sociales del cambio climático en México. ine/pnud, México, 2008. http://www.undp.org.mx/img/pdf/impactos_sociales_cc.pdf Secretaría de Medio Ambiente y recursos Naturales. Cambio climático. Ciencia, evidencia y acciones. Serie ¿Y el medio ambiente?, Semarnat, México, 2009. http://w w w.cona for.gob.mx/biblioteca/cambio_ climatico_09-web.pdf Universidad Veracruzana. Cambio Climático desde Veracruz. Programa de Estudios de Cambio Climático de la Universidad Veracruzana. http://www.peccuv.mx/index.php?section=inicio.php


Armando Chaguaceda

VENEZUELA

Las elecciones del 7 de octubre (7-O) se desarrollaron en una Venezuela partida en dos mitades: sin una tercera opción electoralmente viable, los comicios enfrentaron a dos contendientes con visiones opuestas de la política y del país. He aquí algunos datos básicos y algunas conclusiones de los resultados del proceso. Armando Chaguaceda es politólogo e historiador del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales (uv). Especialista en temas de democracia, movimientos sociales y gobiernos progresistas.

H

an pasado 14 años desde que alcanzó su primera victoria, en elecciones presidenciales, el líder venezolano Hugo Chávez. El hastío ciudadano ante la corrupción política y la exclusión de los pobres –afectados por políticas neoliberales– constituyó un frente electoral que llevó al teniente coronel a un resonante triunfo ante los otros candidatos. A partir de ese momento, el nuevo gobierno enfrentó la férrea resistencia de los partidos tradicionales y de la alianza de los medios de comunicación masivos y las clases medias y altas urbanas que apelaron durante 2002 y 2003 a estrategias desestabilizadoras. Entre ellas se incluyó un fallido golpe de Estado, que el gobierno logró capear, remontando las cotas de legitimidad nacional e internacional en sucesivos procesos electorales entre 2004 y 2006. Para superar los déficits de la iv República (18301998), el gobierno de Chávez amplió la participación ciudadana y puso la agenda social en el centro del debate. Costeadas por la renta petrolera, las políticas sociales crecieron, generando procesos de inclusión de los marginados. Estos elementos –sin duda positivos– coincidieron con la redefinición del marco normativo –nueva Constitución y nuevas leyes– y con la recuperación del rol del Estado como agente activo en la vida

nacional, delineando los rasgos centrales del proyecto (auto)identificado como bolivariano. Sin embargo, desde el año 2006 el impulso democratizador se vio paulatinamente matizado por un creciente personalismo y por la burocratización política. Se consolidó un régimen hiperpresidencialista, una organización política dominante –el Partido Socialista Unido de Venezuela (psuv)– y se desarrollaron mecanismos de participación –los Consejos Comunales– que operan como factores de control y de movilización política. El encumbramiento del liderazgo carismático de Hugo Chávez fue acompañado por el uso discrecional de los recursos estatales, así como por el acotamiento de los otros poderes nacionales, tanto los político-partidarios como los societales (movimientos, organizaciones) y fácticos (medios); tanto los identificados con la burguesía como los de actores populares y de izquierda autónomos. Con la difusión de la idea del “socialismo del siglo xxi”, el impulso a una nueva Ley Habilitante que daba al presidente la posibilidad de aprobar decretos con fuerza de ley, la propuesta de reforma constitucional y la creación del psuv, se produjo un avance de las tendencias autoritarias y estatizantes, particularmente visibles en las instituciones públicas, en el modelo económico y en la arquitectura jurídica de la nación. La concentración de poderes, que convergen en la figura del presidente Hugo Chávez, apela a una relación líder-masa y a la confrontación con el enemigo (opositores) dentro de una estrategia que tiende a

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El 7-O Elecciones presidenciales y disputa política en


Unidad Democrática (mud), que proyectó la figura juvenil de Henrique Capriles Radonski y ha aumentado paulatinamente su caudal de votos desechando la desacreditada vía golpista. Ambos bloques exhibieron ciertas semejanzas organizativas e identitarias: partidos con ideologías difusas, liderazgos carismáticos, empleo de retórica, programas y estilos populistas y movilizativos. Aunque se diferenciaron en la constante apelación a la polarización del candidato oficialista y el rechazo a esa polarización y llamado reconciliador del líder opositor. El proceso electoral: una radiografía

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desconocer cada vez más la normatividad vigente, incluida la propia Constitución. Y conlleva la instrumentalización de la justicia, el control y la vigilancia sobre los medios, así como graves retrocesos en el respeto a los derechos humanos. Se restringen también, dentro de las propias filas bolivarianas, las opciones para disentir y participar en la construcción del proceso, con constantes apelaciones al léxico militar (batalla, campaña, misiones) y a los estilos de “ordeno y mando” implementados dentro de la estructura vertical del chavismo y su comandante-presidente. Con semejante trasfondo, Venezuela arribó, con las elecciones del 7 de octubre (7-O), a un momento trascendental de su historia contemporánea. Los comicios se desarrollaron en un país prácticamente dividido en dos, donde las oportunidades para una tercera opción despolarizadora –que combinase la defensa de derechos y libertades con una preocupación sincera y sustantiva con la justicia social– fueron bloqueadas por el ambiente de pugna, así como por el diseño institucional erigido en torno a la Ley Orgánica de Procesos Electorales. Se enfrentaban, por un lado, un oficialismo con 14 años de gobierno, anclado en el liderazgo carismático de Hugo Chávez y sus políticas sociales y, por el otro, una plural oposición agrupada en la Mesa de la Jesenia Freitez, “Los pelones del cne”, en http://www.talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=77396&tipo=ava 1

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Si hubiera que resumir en tres frases el proceso vivido por los venezolanos durante los pasados meses –y del que el 7-O fue apenas el evento de cierre–, estas serían: una jornada cívica ejemplar, un sistema técnicamente confiable y un proceso plagado de asimetrías e irregularidades. La jornada fue récord en los niveles de participación –superiores a 80%–, con votantes motivados, que hicieron largas filas desde horas tempranas en sus colegios electorales. Con limitados actos violentos, bajo la custodia del Plan República (militares) que garantizó la paz ciudadana, y con unos Comandos de campaña que cubrieron con observadores la mayoría de las mesas de votación y que reiteradamente llamaron a sus partidarios a actuar con responsabilidad a lo largo de todo el proceso. La masividad en la concurrencia –en un país donde el voto no es obligatorio–, el temprano anuncio de resultados irreversibles y su reconocimiento por parte de la oposición impidieron el cuestionamiento de los comicios y potenciales escenarios de violencia. Vista en su conjunto, fue una jornada ejemplar, donde ganó sin distingos ideológicos una Venezuela que acepta dirimir democráticamente sus disputas políticas. La plataforma tecnológica y logística del sistema electoral funcionó con buen ritmo y casi sin fallas técnicas. En tres horas se conocieron los resultados en 90% y todos convinieron en reconocer tanto los resultados como la autoridad y desempeño del Consejo Nacional Electoral (cne). Vale la pena insistir en elementos negativos del proceso, de indudable impacto en los resultados del 7-O. El cne fue incapaz de regular el empleo por ambos candidatos de símbolos nacionales y el uso de recursos públicos profusamente empleado por el oficialismo. Aunque la prensa escrita fue en general adversa al gobierno, en la televisión el predominio oficialista fue abrumador: cadenas presidenciales obligatorias en medios públicos y privados, así como spots de Chávez explicando cómo votar difundidos por la tv pública.1 Si bien


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fue incapaz de regular el empleo

por ambos candidatos de símbolos nacionales y el uso de recursos públicos profusamente empleado por el oficialismo. Aunque la prensa escrita fue en general adversa al gobierno, en la televisión el predominio oficialista fue abrumador regla, técnicamente irreprochable. El 7-O hubo acompañamiento extranjero y veeduría local. Se previó la existencia de testigos en cada acto del proceso electoral (votación, escrutinio, verificación ciudadana, estación de información al elector, juntas electorales municipales y salas de totalización), a los que se sumaron más de cuatro mil observadores de seis ong nacionales, los de los partidos y los acompañantes internacionales. Fue el bautismo de fuego de la novel Misión de Acompañamiento Electoral de la Unión de Naciones Sudamericanas (unasur), con sus 45 integrantes, en su mayoría funcionarios de los organismos electorales sudamericanos. La única misión internacional presente, en ausencia de la oea, el Centro Carter y la Unión Europea. Conscientes de la importancia de proteger, en un entorno de polarización, la confianza en el proceso electoral y la profesionalidad e imparcialidad de la misión –dada la identificación de unasur con los presidentes regionales–, el equipo promovió ante la opinión pública venezolana el concepto de “acompañamiento”, pidiendo a las partes el compromiso de reconocer el resultado que emitiera el cne; un requisito clave para neutralizar los rumores y estrategias desestabilizadoras.3 Posteriormente, se han ido conociendo elementos que, sin cuestionar el resultado, permiten explicar algunos trasfondos de la victoria chavista. Según 2 Vicente Díaz, “Aspectos claves del 7-O” en http://analitica. com/va/politica/opinion/7603423.asp y Genaro Arriagada & José Woldenberg, “Las elecciones en Venezuela del 7 de Octubre” en http://www.wilsoncenter.org/sites/default/files/Elecciones_Venezolanos_Informe.pdf 3 Carlos Chacho Alvarez, “Venezuela y la Misión de unasur”, en http://www.infolatam.com/2012/09/24/venezuela-y-la-misionde-unasur/ y “unasur en Venezuela (II)” http://www.infolatam. com/2012/10/11/unasur-en-venezuela-ii/

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el financiamiento de las campañas fue opaco –pues no proviene de fondos públicos, asignados de manera porcentual a los partidos con base en sus resultados electorales, como en otros países latinoamericanos–, resultó claramente exorbitante el gasto de recursos del Estado por parte del candidato gubernamental. En cuanto al registro electoral, previamente se realizó la auditoría de huellas y se revisó la no duplicidad de electores, mostrando la consistencia del registro con la evolución demográfica nacional. Los miembros de las mesas de votación fueron sorteados al azar, notificados por televisión, radio e internet y (re)conocibles desde la web del cne. Las máquinas que registran, contabilizan y transmiten los votos fueron objeto de 16 auditorías y el software electoral aprobado por los especialistas de los partidos, garantizando que no se pudiera modificar la data sin las claves conjuntas –compartidas entre los partidos y el cne–, con lo que se garantizaba el secreto del voto. El proceso de escrutinio y totalización funcionó según lo técnicamente previsto, iniciándose a partir de la identificación del elector mediante la máquina captahuellas y la respectiva cédula de identidad. A continuación, el elector procedía a seleccionar el candidato de su preferencia y a emitir su voto, tras lo cual la máquina entregaba un comprobante impreso con la indicación de por quién sufragó. Luego, el votante lo introducía en una caja de resguardo. Terminada la votación y cerrada la mesa, la máquina imprimía copias del acta de escrutinio –con la suma de electores que sufragaron en esa mesa, contabilizados desde el cuaderno de votación–, entregando copias a los testigos. Al cierre del centro, los presidentes de las mesas procedían a sortear cuáles de las actas serían sometidas a la “verificación ciudadana”, con un conteo manual de los comprobantes resguardados en la caja, con el objetivo de cotejar el acta de escrutinio emitida por la máquina con el conteo manual. Todo esto en presencia de testigos ciudadanos y partidarios. Después, las máquinas debidamente registradas enviaban sus resultados a los dos centros del cne habilitados para totalizar lo transmitido por los equipos, un proceso abierto a la comprobación de la ciudadanía toda vez que el boletín de totalización se desglosa acta por acta y mesa por mesa. Así, los datos publicados en la página web del cne permitían un triple cotejo: el del escrutinio emitido por la máquina, el del acta de la “verificación ciudadana”, y el de ambas constataciones con relación al resultado de mesa publicado en la Gaceta Electoral.2 En total, se hicieron varias auditorías: al Registro electoral y a las huellas, a la tinta, al software de totalización, al software de máquina, a la producción de máquinas, a los cuadernos de votación y a los medios de transmisión. El proceso fue, como


testimonios ciudadanos difundidos por la prensa, la estrategia oficialista, coordinada a través de grupos organizados y financiada por la empresa Petróleos de Venezuela (pdvsa), fue dividir planificadamente su masa de votantes: una oleada entraría a los centros de votación en la mañana, un segundo grupo entraría en un momento específico de la tarde y en el medio se mantendría un flujo en pequeñas oleadas. También se ha dado cuenta de la implementación de obstáculos para los votantes de las zonas notoriamente opositoras, como la instalación de puntos de verificación de identidad no obligatorios y la acción de grupos motorizados que dificultaron el traslado de votantes. En la tarde se inició el envío masivo de mensajes de texto dando como ganador a Capriles para disuadir el voto opositor aún pendiente, por lo que a la hora de cierre (6 p.m.), mientras los barrios aún recibían votantes chavistas de “última hora”, en las zonas de clase media se celebraba la supuesta derrota del presidente.4 Un documento militar filtrado a la prensa 5 dio cuenta de la coordinación de esfuerzos entre la Guardia Nacional Bolivariana (gnb), estructuras del psuv y del Estado con diversos actores sociales (Consejos Comunales, colectivos urbanos, grupos motorizados) para ejecutar acciones de vigilancia y movilización que, a la postre, beneficiaran al candidato oficial. Desde instalaciones públicas de la capital –dotadas con equipos de comunicación y bases de datos de los votantes chavistas– se coordinaron mensajeros y transportes que llegaron hasta los barrios de Caracas para movilizar a los morosos y traer a albergados de fuera de la capital. pdvsa entregó víveres a las bases chavistas, que establecieron mecanismos para cuidar a los hijos de los votantes y, desde la madrugada, ofrecieron desayunos, atención médica y apoyo a los discapacitados.6 Se presume que, en ausencia de fraude, esta participación “inducida” le dio una ventaja adicional a Chávez. Tales elementos nos recuerdan que, como la propia democracia, una elección es un fenómeno integral cuyas fases y resultados trascienden el día y el acto de la votación, aunque sean éstos los que le otorgan una resolución final al proceso; y también que debemos man4 Nelson Bocaranda, en http://runrun.es/runrunes/56288/ runrunes-el-universal-11-10-2012.html 5 “Dispositivo para la cohesión y articulación del poder popular, milicia bolivariana y guardia del pueblo”, en http://static. eluniversal.com/2012/10/13/cohesionmilitar.pdf 6 Joseph Poliszuk, “La maquinaria roja cumplió”, en http://www. eluniversal.com/nacional-y-politica/121014/la-maquinaria-rojacumplio 7 Genaro Arriagada y José Woldenberg, “Las elecciones en Venezuela del 7 de octubre”, en http://www.wilsoncenter.org/ sites/default/files/Elecciones_Venezolanos_Informe.pdf

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tener similar postura crítica frente a cualquier actor político (con independencia de su orientación ideológica, neoliberal o progresista) que vulnere elementos básicos de la democracia: equidad, transparencia, apego a la legalidad y respeto a la voluntad popular. Trasfondos y repercusiones del 7-O Lo que estaba en juego en Venezuela el 7-O no era, como en otras naciones, una simple rotación dentro de las elites gobernantes o algún giro moderado en la continuidad de un proyecto político y económico. La disyuntiva central de cada venezolano era si volvía a depositar su voto y confianza en un gobierno que ha demostrado una voluntad sostenida para privilegiar la justicia social, al tiempo que amenaza con modificar el campo político con el avance de sus tendencias autoritarias. En la acera de enfrente, se presentaba una alternativa opositora que, con sus inconsistencias y debilidades, tenía objetivamente que negociar con el oficialismo y con el resto de la sociedad, sentando mejores bases para el ejercicio de los derechos y autonomía ciudadanos y respeto al pluralismo político. Una oposición que sigue cargando con el lastre de su pasado golpista –elemento compartido, por cierto, con el chavismo– y con su desatención histórica a las demandas y realidades materiales y simbólicas de los sectores más empobrecidos y excluidos del país. En una sociedad polarizada, con dos grandes bloques electorales que encarnan visiones opuestas de la política y del país, el reconocimiento de la Constitución y de los procesos electorales como fuentes de legitimidad constituye un elemento relevante, pues permite construir referentes compartidos, capaces de dar cauce a la lucha democrática y pacífica.7 Por esa razón fue saludable que ambos candidatos, en sus alocuciones poselectorales, reconocieran la actitud de su contrincante e hiciesen llamados a trabajar conjuntamente por el pueblo venezolano. A partir de esa postura, la oposición podía poner a prueba la real voluntad de diálogo del ganador, abriendo la puerta a una mesa de trabajo con el gobierno nacional en torno a temas urgentes: inseguridad, desempleo, vivienda... Esta opción, aunque poco probable ante la resistencia del gobierno a despolarizar y ante la presión impuesta por las elecciones regionales de diciembre, no la hace imposible, dada la magnitud de los problemas y el necesario consenso de todos los actores para lograr una solución. Con el concurso de sus más lúcidos analistas y dirigentes, la oposición debería interpretar la victoria del chavismo no sólo como mero efecto de sus políticas clientelares, sino como una expresión del peso que sigue


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teniendo la lacerante deuda social –y su solución– y la representación simbólica de los pobres y mestizos –usufructuada por Chávez– dentro de la población tradicionalmente excluida de Venezuela. Como han expresado reconocidos expertos, la heterogénea mud tiene que mantenerse unida alrededor del liderazgo de Capriles y de la plataforma de concertación construida durante el proceso electoral, convirtiendo el duelo posderrota en acciones efectivas para las elecciones regionales y los escenarios subsiguientes.8 Tras pagar el costo de desconocer –de 2002 a 2005– la institucionalidad como vía para consolidarse como opción en la vida política venezolana, la oposición tampoco debería apostar en exclusiva a desarrollar su agenda desde los espacios conquistados dentro del Poder Legislativo y los Gobiernos Regionales. Aunque han ido avanzando en sus resultados electorales, los opositores tienen que combinar su presencia institucional con una mayor acción colectiva –manifestaciones, foros, campañas públicas– desarrollada acorde a la legalidad vigente, para aislar las tendencias golpistas, presionar pacíficamente al oficialismo y ampliar la base social del voto opositor. Los éxitos opositores –ante propuestas como la Reforma Constitucional (2007) y la Ley de Universidades (2010)– se debieron en buena medida a movimientos protagonizados por actores sociales (estudiantes, trabajadores, etc.) que se posicionaron en el espacio público concientizando a la sociedad sobre los riesgos que estos cambios tendrían en tanto merma de derechos y libertades de toda la ciudadanía. La oposición deberá también convencer a sus partidarios de que ha conseguido claros avances en términos numéricos y de presencia en zonas y estratos poblacionales otrora dominados por el chavismo; y que una estampida migratoria, hija del derrotismo, sólo favorecerá al oficialismo. Seguramente, los análisis de las opciones opositoras frente a los escenarios futuros provendrán no sólo de politólogos o juristas –quienes han hecho ya exhaustivos análisis del secuestro autoritario de la arquitectura institucional y legal–, sino también de sociólogos y demógrafos, quienes deberán dar cuenta del sostenimiento y/o crecimiento de la fuerza social opositora, de sus mutaciones y de los puentes tendidos a sectores populares desencantados del chavismo. El oficialismo debería moderar su discurso, dejando de identificar como “agentes desestabilizadores del Imperio” a quienes compitieron en buena y democrática lid y sostienen, dentro de las reglas del Estado de derecho consagrado por la Constitución bolivariana, una visión diferente del país. Evitando confundir su triunfo con un cheque en blanco, el chavismo tendría que atender varios asuntos: el relevo de su liderazgo, el respeto y fortalecimiento institucional, y una continuidad

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trasparente y eficaz de sus políticas sociales, honrando la confianza depositada en las urnas por sus seguidores. Debería también afrontar complejas medidas para combatir el alza inflacionaria que azota al país y dar solución a la situación de inseguridad (asaltos, secuestros, homicidios) que tristemente ubica a Venezuela en estándares muy altos a nivel internacional. Analistas cercanos al chavismo reconocen un desgaste del respaldo popular al oficialismo y un creciente fortalecimiento electoral opositor, identificando entre las causas de ese comportamiento la falta de democracia interna en el chavismo, la ausencia de mecanismos para el debate y control democráticos, así como la promoción de un liderazgo unipersonal y de una incondicionalidad –que arropa a mediocres y arribistas– convertida en patrón de sobrevivencia y ascenso 8 Ver Daniel Zovatto, “Venezuela: La madre de todas las elecciones” en http://www.infolatam.com/2012/09/29/venezuela-lamadre-de-todas-las-elecciones/ y la entrevista concedida por Luis Vicente León a CNN en español al día siguiente de los comicios. 9 Roberto López, “A profundizar la revolución para derrotar a la derecha” en www.aporrea.org/actualidad/a151751.html

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tanto dentro del aparato partidario como en las estructuras de la gestión pública.9 En similar dirección, el ex presidente Lula, cercano aliado de Chávez, ha reconocido lo deseable de la alternancia política. En una entrevista reciente, Lula expresó: Para la democracia, la alternancia de poder es una conquista de la humanidad, y por eso hay que mantenerla. Yo mismo no quise un tercer mandato. Porque si lo hubiera hecho, hubiera querido un cuarto mandato, y después un quinto. Entonces si lo quiero para mí, es quererlo para todos... Creo que el compañero Chávez debe empezar a preparar su sucesión. La Constitución permite que Chávez sea candidato por cuarta vez, pero cuando él pierda, los adversarios también podrían presentarse cuantas veces quieran, y eso no creo que sea bueno.10 El diseño institucional bolivariano y la incertidumbre en torno al estado de salud de Chávez abren sucesivos y potenciales escenarios de contienda política y electoral. El 16 de diciembre serán las elecciones a los gobiernos regionales. En abril de 2013 habrá nuevos comicios municipales y en 2015 elecciones legislativas. 10 Ver http://www.lanacion.com.ar/1518253-lula-da-silva-lade-mocracia-es-alternancia

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Además, en 2016 podría convocarse un nuevo referéndum revocatorio. Si Chávez llegara a estar incapacitado para ejercer su función o falleciera dentro de los primeros cuatro años de su nuevo gobierno, el vicepresidente asumiría temporalmente el poder, pero debería convocar a nuevas elecciones en los siguientes 30 días. Sólo si Chávez ya hubiera terminado su cuarto año en el poder, el vicepresidente completaría sin impedimentos los dos años restantes. Es previsible que el entorno más cercano a Chávez intente mantenerlo en el gobierno por el mayor tiempo posible, con el objetivo de conservar la cohesión dentro del oficialismo, preparar una transición de su liderazgo y evitar enfrentarse a la oposición –sin el capital simbólico del líder– en nuevas elecciones. Las recientes designaciones dentro del gabinete gubernamental apuntan a una revisión en las agendas y estrategias políticas, como denotan la sustitución de Andrés Izarra por el periodista Ernesto Villegas al frente de la comunicación y el nombramiento como vicepresidente de Nicolás Maduro, alguien bien visto por La Habana y por ciertos círculos de negocio regionales. Todo indica una posible reformulación de la hegemonía y alianzas chavistas, dentro y fuera del país, abriendo escenarios que continuarán signados por la complejidad y por la tensión entre el diálogo y la confrontación.


Leticia Cufré Marchetto

psicológico

La conceptualización misma de trauma psicológico cuestiona la visión, por no hablar de la ideología, que se tenga respecto a la inscripción de eventos en el aparato psíquico o a la articulación entre lo que se considere intra o intersubjetivo. Leticia Cufré Marchetto es investigadora en el Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación de la uv.

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esde la época en que hice mis estudios universitarios en Psicología me atraían los cursos de ciencias sociales (sociología, antropología, psicología social) aunque, finalmente, opté por la formación en clínica psicoanalítica. Muchos años de práctica profesional, con técnicas individuales y grupales e intervenciones psicosociales con poblaciones que sufrieron diversas formas de violencia (guerras, terrorismo de Estado, represión política) y de catástrofes socionaturales (terremotos, inundaciones) me dejaron la impresión de que mi trabajo se podía mejorar si incorporaba conceptos y técnicas que se consideraban propios de las ciencias sociales, así que me dediqué a explorar más sistemáticamente ese campo de conocimiento, con la expectativa de ampliar mi comprensión de los padecimientos humanos y con la ilusión de hacer intervenciones más eficientes, sobre la base de un abordaje interdisciplinario. Además, era imposible comprender el campo de problemas relacionado con la producción social de subjetividades y con la formación de traumas, individuales y colectivos, desde una única disciplina. La conceptualización misma de trauma psicológico cuestiona la visión, por no hablar de la ideología, que se tenga respecto a la inscripción de eventos en el aparato psíquico o a la articulación entre lo que se considere intra o intersubjetivo.

Es un buen campo de investigación psicoanalítica si tomamos la famosa frase de Freud (1921: 67): En la vida anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo y por eso desde el comienzo mismo la psicología individual es simultáneamente psicología social en este sentido más lato, pero enteramente legítimo. Si nos preocupan estas cosas podemos hacer investigaciones de campo, etnográficas, sobre lo que pasa con comunidades que han tenido que soportar violencia social, terremotos, neoliberalismo y otras catástrofes. O, definitivamente, podemos dejar de lado peleas territoriales sobre áreas de competencia encubiertas por falsas antinomias como cuerpo-mente, individuo-sociedad y otras por el estilo, y hacer interdisciplina. No es un camino fácil: en las comunidades científicas se suele hablar mucho de inter o trans disciplina, pero al mismo tiempo se suele encontrar tenaz resistencia cuando se pretende implementarla. Hablo de interdisciplina y no de multidisciplina, con la idea de que los campos disciplinarios son como territorios artificialmente separados, por lo cual, cuando hacemos interdisciplina nos ubicamos en los puentes y desde allí construimos herramientas teóricas o técnicas adecuadas al objeto de investigación o intervención, no constreñidas a los límites de cada campo. Es decir, los cortes son siempre más o menos arbitrarios, producidos por la mirada o el interés de quien investiga, pero la realidad es tenaz y se nos impone

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La dimensión social del trauma


Las prácticas sociales violentas impactan como modalidades de fragmentación de lo social o, al menos, inciden en la ruptura de los contratos explícitos o implícitos que operan como garantes de toda sociabilidad, o como una invasión del “sinsentido”. siempre, sobre todo cuando se trata de analizar experiencias en el límite. Los límites o bordes tienen que ver con experiencias extremas relacionadas con las amenazas a la vida o a la integridad de las personas. En situaciones de este tipo, llamamos al registro de memoria, sólo haciendo referencia a que se guardan representaciones del evento, pero esto que llamamos así suele tener características diferentes a las que, en general, llamamos de memoria individual o colectiva. Tanto la percepción y la fijación del estímulo como la preservación y, sobre todo, la recuperación de las huellas son diferentes a las habituales. Nos referimos a la diferencia entre recordar, representar y revivir, repetir. En este segundo caso no es posible llevar una imagen o una palabra voluntariamente a la conciencia. Sin embargo, pueden invadir al sujeto imágenes visuales, auditivas, olfativas que no pueden ser orientadas o dirigidas, a veces ni siquiera interpretadas. Jeanine Puget (2000) aporta una valiosa descripción del traumatismo social que se produce cuando un evento afecta a un colectivo. Según ella, el evento, al introducir imperativamente una interrupción en las modalidades de intercambio social, modifica las modalidades subjetivas, de modo tal que éstas sólo cobran significado en función de ese evento. A partir de ese momento se impone un “hacer”, generalmente en función de algo que tiene que ver con lo imprevisto. Cuando esto sucede, algunos miembros de ese colectivo cuestionan su pertenencia a él y/o se producen diversas formas de desorganización individual e institucional, o formas de adaptación muy rígida, que repercuten en el congelamiento de ciertas organizaciones sociales y las hacen vulnerables. Las prácticas sociales violentas impactan como modalidades de fragmentación de lo social o, al menos, inciden en la ruptura de los contratos explícitos

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o implícitos que operan como garantes de toda sociabilidad, o como una invasión del “sinsentido”. A esta afectación se corresponde la fragmentación subjetiva y grupal de las creencias, vía la pérdida de soporte institucional o por deficiencias de la oferta social de modelos identificatorios. Entendemos así lo que algunos llaman desocialización, palabra que no nos convence del todo, porque casi siempre lleva una cierta carga semántica devaluatoria respecto a quiénes sufren el proceso. Se puede leer también como un desconocimiento de las diferencias existentes entre la propia socialización y la de otros, ya se trate de otras generaciones u otras culturas. En todo caso, en condiciones extremas como las mencionadas, los colectivos pierden la potencia que se basa en la aceptación de la diversidad y suelen presentar afectaciones en su capacidad de pensar, lo que también ocurre con los individuos. La recuperación sólo es posible cuando se pueden crear o inventar nuevas maneras de pensar y nombrar lo sucedido y de hacer algo a partir de lo que se comprendió de dicho evento. Poder nombrar es el inicio de la simbolización y, en este caso, facilitará el pasaje de la memoria traumática a la memoria activa. Veamos un ejemplo en Centroamérica, de alguien que supuestamente no pertenece ni al campo de la psicología ni al de las ciencias sociales, pero que es capaz de restaurar el tejido social. Preocupada por encontrar estrategias exitosas para actuar en estos casos recurrí a una amiga de Nicaragua que, para mi gran sorpresa, me conectó con un comandante de la policía, de la Dirección de Asuntos Juveniles, al que le pedí información sobre cómo operan con estos jóvenes y que amablemente me respondió por escrito. Transcribo parte de su carta: Como institución policial contamos con un modelo de intervención psicosocial, que involucra a todos los actores que convergen en intereses comunes para cambiar un evento (la violencia); es de destacar que el análisis del grupo-meta es importante, puesto que para cada persona y grupo la atención directa es diferenciada. Utilizamos un modelo al cual hemos denominado ‘ecológico’, donde estudiamos al individuo y los factores psicológicos que pueden estar afectando directamente en esa etapa. Los adolescentes y jóvenes son rebeldes a la autoridad, puesto que no se identifican para nada con el mundo de los adultos, pero acá está un secreto: hablarles en el mismo lenguaje que ellos comprenden y descifran, permitiendo ganarse la confianza, aunque nunca olvidar que, como adultos, se nos debe respeto. Posteriormente, estudiamos la relación del joven con su familia y sus amistades. En la mayoría


Los temas esbozados no se agotan en lo dicho. Sin embargo me gustaría actualizar las razones que tengo para regresar a estas historias y estos temas. En primer lugar, la violencia social en México, en nuestra ciudad, en nuestra colonia, nos plantea la exigencia de comprometernos con nuestra realidad. Una manera de hacerlo es desde nuestro trabajo como académicos o terapeutas. En segundo lugar, la reflexión se enfrenta a una tendencia que pretende orientar las búsquedas teóricas en el primer mundo. En ese sentido, las brechas que existen en nuestra cultura no están cubiertas, sino exacerbadas, por una cierta modalidad de globalización. Por eso es bueno recordar lo que dice Boaventura de Sousa Santos (2009): “Nunca la disonancia, la discrepancia entre teoría crítica y teoría política de emancipación ha sido tan grande como en la actualidad”, con lo cual se refiere a que la teoría suele producirse en el primer mundo, mientras que en el

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de los casos hemos detectado que provienen de familias disfuncionales, que existe violencia en el seno familiar, la ausencia de una de las figuras claves y, sumado a esto, la falta de nivel educativo de los padres influye en su comportamiento. Por otro lado, sabemos que existen adultos que deforman la educación del joven con propósitos ilícitos, haciéndoles seguir un patrón de conducta que no se asemeja en nada a la realidad donde ellos viven. El comportamiento violento se puede revertir. Estos chicos de conductas violentas pertenecen a una comunidad, y los más interesados en que las cosas cambien son las personas que los rodean. Estos adultos que los han visto crecer, desarrollarse, alcanzar victorias y también acompañarlos en las derrotas, son personas claves para que el joven cambie. Y por último, los socios claves en esta gran empresa, todos los actores sociales económicamente activos que puedan contribuir en el impulso de campañas, concursos para descubrir nuevos talentos, competencias deportivas, convivencia familiar acompañada de temas de liderazgo, autoestima, violencia intrafamiliar y sexual, orientación espiritual, prevención del consumo de drogas, alcohol y tabaco, etcétera. Es un trabajo arduo que al final de ocho, a veces nueve meses, ves los resultados y los cambios, y los mismos líderes que son atendidos en los grupos serán una cantera para hacer el cambio en los demás. Se busca formar una figura nueva en la cadena, pero ya no ocupa el mismo espacio que antes, puesto que el movimiento lo sacó de su posición original y jamás ocupará ese mismo espacio, estará cercano, pero nunca en el mismo lugar.

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caso de las prácticas innovadoras en el tercer mundo: “…hay una invisibilidad recíproca dentro de una práctica cada vez más subteorizada y una teoría que parece irrelevante para las prácticas novedosas que están ocurriendo en nuestros países”. Se refiere a las ciencias sociales, no sé si incluye al psicoanálisis, pero creo que incluirlo no vendría mal a los psicoanalistas, ni a los estudiosos de la subjetividad en general. Bibliografía Freud, Sigmund. “Psicología de las masas y análisis del yo”, Sigmund Freud. Obras Completas. vol. xviii, Amorrortu, Buenos Aires, 1921. Puget, Janine. “Traumatismo social: memoria social y sentimiento de pertenencia”, Revista de la Asociación Psicoanalítica de Bs. As. vol. xxii, núm. 2, Violencia Visible e Invisible, Buenos Aires, 2000. Santos, Boaventura de Sousa. Pensar el Estado y la sociedad: desafíos actuales. Clacso/Waldhuter, Buenos Aires, 2009.

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8 Antoni Castells i Talens Este artículo pretende retratar a Tintín, presentar a su creador y revelar tanto las polémicas sobre la ideología y el racismo de la obra como analizar las claves de su éxito. Antoni Castells i Talens es investigador del Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación de la uv, doctor en Comunicación de masas por la University of Florida y miembro del sni, nivel i.

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l general Charles de Gaulle, uno de los estadistas más influyentes y polémicos de la historia moderna de Francia, le confesó una vez a su ministro de cultura y amigo, el escritor André Malraux: “En el fondo, mi único rival internacional es Tintín” (Malraux, p. 37). La anécdota ilustra la arrogancia del general, por supuesto, pero también hasta qué punto llegó la popularidad de Tintín, un nombre casi desconocido en México y en la mayor parte de América, pero que es parte esencial de la cultura popular de la Europa del siglo xx. Este artículo pretende retratar a Tintín, presentar a su creador y revelar tanto las polémicas sobre la ideología y el racismo de la obra como analizar las claves de su éxito. Tintín es un personaje de cómic creado por el dibujante belga Hergé (transcripción fonética de las iniciales de su nombre, Georges Rémi, al revés, R. G.). Comenzó como un héroe de historietas infantiles, “para jóvenes de siete a 77 años” como llegó a decir la publicidad, pero la complejidad de los libros y el misterio que rodea a su autor han generado docenas de publicaciones, debates políticos, tesis de doctorado y alguna demanda legal por el contenido de sus aventuras. Tintín no es cosa de niños.

Georges Rémi (Hergé) © Hergé / Moulinsart 2012

Del pasado de Tintín se sabe bien poco: no tiene padres ni familia, es reportero pero nunca aparece en la redacción de ningún periódico, no se le conocen ingresos y no muestra ninguna edad definida. Parece un adolescente pero sabe manejar, pilotar aviones y submarinos, escalar montañas verticales y usar armas de fuego. Tiene alma de boy-scout, seguramente porque Hergé lo había sido en su juventud, ayudando al débil y al desprotegido frente al prepotente y al opresor, y carece de defectos. Bajo ningún concepto se le puede considerar un superhéroe. Ni tiene poderes especiales ni su misión

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Cómic, cultura y política Detrás de la máscara de Tintín


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es salvar a la humanidad de malvados y supervillanos. Más bien viaja por el mundo (China, Egipto, Escocia, Perú, el Tibet, Estados Unidos y alguno que otro país inventado), enfrentándose a la mafia, a traficantes de opio y a mercaderes de esclavos, rescatando a amigos secuestrados o accidentados, o en misiones científicas para recuperar un aerolito caído en el mar. En el currículum de sus aventuras también consta haber sido el primer humano en poner pie en la Luna (en 1954, 15 años antes que Neil Armstrong). Además, Tintín colabora con la ley y al igual es perseguido erróneamente por ella. Tintín en el país de los números La vida del personaje se inició en 1929 y duró más de medio siglo. Cuando falleció Hergé, en 1983, Las aventuras de Tintín terminaron por voluntad explícita del autor. Dejaba un legado de 23 libros publicados con un mismo formato, tapas duras, a color y 62 páginas. También quedaba su primera aventura en blanco y negro, Tintín en el país de los Soviets (un libro de 140 páginas, generalmente reservado a tintinólogos viscerales y a un público especializado) y un ejemplar inacabado, Tintín y el arte Alfa. Tintín ha vendido unos doscientos treinta millones de libros, traducidos a 80 lenguas (Tintin.com, 2012). Las obras originales firmadas por el autor son rarezas de museo, codiciadas por coleccionistas de

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todo el mundo. En 2012, en una librería mexicana, un libro de Tintín costaba 265 pesos, pero un año antes, en París, un lote de artículos originales de Tintín, incluyendo acuarelas pintadas por Hergé, se había subastado por 1.8 millones de euros (más de treinta millones de pesos) y en mayo de 2012 la ilustración original de la portada de Tintín en América se vendió por 1.3 millones de euros (23.4 millones de pesos). A pesar de su influencia en Europa, el nombre de Tintín no llegó con fuerza al continente americano sino tres décadas después de la muerte de Hergé y a través del cine de animación. A principios de los ochenta, Steven Spielberg estaba leyendo las críticas de la prensa internacional sobre su primera película de Indiana Jones y le llamó la atención la insistencia con la que los periodistas franceses comparaban al personaje de Harrison Ford con Tintín. En 1981, Spielberg consiguió la colección entera de Hergé, la leyó, se enamoró de lo que leyó y, después de un breve encuentro con el dibujante, compró los derechos de Tintín. En ese momento, la prensa europea le dedicó una nota breve y la del resto del mundo ignoró la noticia. Spielberg dejó el proyecto reposando y muchos creían que ya no lo retomaría. Sin embargo, a finales de 2011, estrenó la versión cinematográfica de las aventuras de Tintín, asociado con Peter Jackson, director de la trilogía de El Señor de los Anillos. La película se proyectó primero en Europa, donde público y crítica la esperaban con anticipación y la recibieron con entusiasmo, en un intento de contagiar esa ilusión a América. Pero la recepción fue desigual a lado y lado del Atlántico. Una comparación de las ganancias que generó Tintín con las que produjo el otro estreno estrella de la temporada, la cuarta película de la saga de Misión Imposible, da una idea de la diferencia transoceánica. Hasta febrero de 2012, en México y en Estados Unidos, Misión Imposible había recaudado el triple que Las aventuras de Tintín. En cambio, en Francia Tintín recaudaba dos veces y media más que Misión Imposible y en Bélgica, patria de Hergé, la diferencia era aún más desproporcionada y Tintín se imponía por más del triple. A pesar de que en el resto del mundo no consiguió el éxito europeo, la película tampoco fue un fracaso. En dos meses, Tintín recaudó 371 millones de dólares a nivel global (Box Office Mojo, 2012a; 2012b). La línea clara ¿A qué se debe el éxito de Las aventuras de Tintín? La pregunta ni se la han formulado ni les ha interesado lo más mínimo a sus millones de lectores, pero un buen número de estudiosos, críticos y periodistas


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han intentado responderla. En general, las respuestas apuntan tanto al contenido como a la forma de las aventuras. Las historias de Tintín combinan exotismo, acción, humor, astucia, suspense, actualidad informativa y un personaje principal admirable y puro, la perfección del cual queda balanceada y contrarrestada por una serie de personajes cargados de defectos que aparecen de vez en cuando: dos policías obtusos, un científico despistado, una diva de ópera insoportable, un guerrillero latinoamericano neurótico o un mayordomo esnob que, fiel a su trabajo, parece no saber sonreír. Sin embargo, los principales balances de la bondad y la sabiduría de Tintín son sus dos compañeros. El primero fue Milú, un perro fiel que le salva la vida a su dueño en más de una ocasión, pero que vive atormentado por las tentaciones: ¿salvar a Tintín o roer un hueso abandonado en el camino? ¿Seguir la pista de los malhechores o dejarlo todo por un barril de whisky? Milú se verá relegado a un segundo término cuando en 1941 aparece el Capitán Haddock, que se convierte en amigo inseparable, el verdadero antihéroe de la serie. Archibald Haddock, descendiente de una familia noble, es un marino mercante cuarentón, borracho y tan malhumorado que sus originales insultos (escorpión, ostrogodo, bebe-sin-sed, cromañón, oso mal peinado, antracita) fueron compilados en un diccionario (Algoud, 1991). La personalidad de Haddock está marcada por estos insultos, cuyo éxito, según Hergé, se encuentra en la sonoridad:

Hay términos que no son injurias pero que, lanzados con una cierta vehemencia, tienen el aspecto de insultos horripilantes. Cuanto más erudito, menos espacio para la réplica: ¡‘Oricterópodo’!... Aplíquele el tono correcto y su adversario no podrá recuperarse (Sadoul, 1975, p. 78). Los tintinólogos concuerdan en que además del contenido, la fórmula del éxito se encuentra en la forma. El fenómeno Hergé se produjo en una época en la que Bélgica se había convertido en el centro del cómic europeo. El creador de Tintín se rodeó de colaboradores que también tenían una enorme energía creativa, autores de personajes que contaban con una popularidad alta entre el público, como Edgar P. Jacobs (Blake and Mortimer), Jacques Martin (Alix) y Roger Leloup (Yoko Tsuno). De ese grupo surgió la llamada Escuela de Bruselas, un grupo de dibujantes que impulsó la línea clara: trazos precisos y uniformes, colores planos sin variaciones ni sombras, realismo y veracidad del decorado. El dibujo de Tintín es exacto, preciso y veraz. Uno de sus primeros libros, La Isla Negra (1937), recibió críticas de los lectores británicos porque ni las placas de los autos, ni las de las calles, ni los uniformes de policías y bomberos se parecían a los de verdad. En 1965, Hergé mandó a sus colaboradores a Inglaterra y Escocia a tomar apuntes y fotografías y redibujó el libro entero. Frente al realismo del decorado y a los personajes secundarios, que tienen rasgos caricaturescos, Tintín

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La obra y la vida de Hergé han suscitado polémica. Antes de que Tintín se convirtiera en personaje de culto, era un reportero de Le Petit Vingtième, la misma revista católica en la que trabajaba Hergé a los 21 años. es sencillo. Con un trazo simple pero difícil de imitar, Hergé podía dibujar su cara en 16 segundos. En 1978 la revista Lire publicó una entrevista imposible, la entrevista al mismísimo Tintín. Hergé se prestó a darle voz a su personaje y respondió como si fuera él a las preguntas del periodista y escritor Pierre Boncenne. Cuando Boncenne le preguntó si se sentía tan amado como otros personajes que eran más simpáticos porque tenían más defectos, Tintín reveló que uno de sus secretos tenía que ver precisamente con la sencillez del dibujo: Es cierto, soy neutro mientras que todos mis compañeros, el Capitán Haddock, Tornasol, Castafiore, etc., son terribles caricaturas. Mi cara es un esquema, un verdadero esquema con el cual cualquiera se puede identificar. Tal vez me quieran menos que a mis compañeros, pero el hecho de que mi cara sea neutra es una de las razones de mi éxito, ya que muchos jóvenes lectores se pueden identificar en esa cara, que es bastante maleable. Mi cara redonda con ojos redondos es casi una máscara, no una máscara para esconderse sino una máscara para identificarse con ella (Boncenne, 1978, p. 30). Para Hergé, además de contar un trazo legible, la línea clara se tenía que complementar con la historia: “La línea clara no es sólo el dibujo, es igualmente el guión y la técnica de narración” (Peeters, 1983, p. 22). En el mundo académico, donde Tintín se convirtió en tema de estudio hace más de treinta años, la obra de Hergé se ha analizado desde el punto de vista histórico, psicológico, artístico, político y literario. En los años noventa, un grupo de parlamentarios franceses incluso debatió con pasión si Tintín era de derecha o de izquierda (Guiral, 1999). Hergé, los nazis y el racismo La obra y la vida de Hergé han suscitado polémica. Antes de que Tintín se convirtiera en personaje de culto,

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era un reportero de Le Petit Vingtième, la misma revista católica en la que trabajaba Hergé a los 21 años. Al joven Hergé lo tutoraba su jefe, el abad Norbert Wallez, un eclesiástico con abiertas simpatías por los emergentes fascismos belga, italiano y alemán. Wallez le encargó a Hergé historietas de un personaje que viajara por el mundo haciendo el bien para que la juventud belga aprendiera valores tradicionales. Así nació Tintín, como propagandista de una agenda ideológica ultraconservadora. Los dos primeros libros, Tintín en el país de los Soviets (1930) y Tintín en el Congo (1931), son panfletos ilustrados. En el primero, Tintín se pierde en un delirio anticomunista. Un comisario del partido pregunta a una fila de niños desnutridos si son comunistas. Si la respuesta es afirmativa, les da un pedazo de pan. De lo contrario, una patada en el trasero. Las fábricas soviéticas son decorados propagandísticos para engañar a comunistas ingleses. Las votaciones se hacen a mano alzada y con pistolas apuntando a los votantes. Tintín lucha contra el aparato soviético en pleno y logra huir de la policía, que llega hasta perseguir en avioneta para bombardear su coche. En el segundo libro, Tintín hace una apología del colonialismo. Vestido de caqui, con pantalones cortos y sombrero de explorador africano, ayuda a los misioneros belgas en el Congo. El tintinólogo Jean-Marie Apostolidès (2003) resume la tarea de Tintín en el Congo como la de educar a los africanos: “En esta aventura, los negros son presentados como niños, simpáticos, ingenuos, cobardes y holgazanes. Hay que estarles encima constantemente para que se metan a trabajar, incluso cuando sus intereses están en juego” (p. 26). En un momento que el cura/maestro tiene que salir de la clase, Tintín lo remplaza. Delante de una clase de niños africanos, dice: “Queridos amigos: hoy les hablaré de su patria: Bélgica”. Las críticas surgieron más tarde, con la descolonización. Los defensores de Tintín argumentaron que Hergé se documentaba con los periódicos, filmaciones y exposiciones de la época y que la actitud de Tintín en África no era más que un reflejo del colonialismo europeo de los años treinta. En esa misma época, los cines belgas pasaban documentales en los que se dice: “colonizar es civilizar: la escuela es la base de la civilización” (Østergaard, 2003). En 2008, un congolés residente en Bruselas llevó el libro a los tribunales belgas para que se incluyera una advertencia que dijera “Contenido racista” o un prólogo que explicara el contexto de la época. Cuatro años después, en febrero de 2012, los tribunales exoneraron el libro argumentando que según la ley belga, para que haya racismo tiene que haber intención discriminatoria, cosa que según el jurado no ocurrió.


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Otra de las polémicas que persiguieron a Hergé durante décadas surge durante la Segunda Guerra Mundial. En 1940, Alemania invade Bélgica, los nazis cierran Le Petit Vingtième y Hergé continua las aventuras de Tintín en Le Soir, el principal periódico del país, convertido en colaborador entusiasta de los ocupantes. Cuando los aliados liberan Bélgica, todos los trabajadores del periódico son acusados de colaboracionistas y detenidos. El autor de Tintín pasa una noche en la cárcel. Sus amigos y editores lo dejan solo. Hergé es acusado de nazi. Él argumenta que sólo es un dibujante de historias para niños y que hacía su trabajo durante la ocupación, como un panadero o un maquinista de tren. De hecho, durante los años de la guerra, Tintín se había alejado de cualquier referencia política y se había puesto a resolver misterios y a buscar tesoros escondidos en lugares distantes; el autor hacía literatura de escapismo. Al final, Hergé se libra de las penas de cárcel (y de muerte) impuestas a otros trabajadores del periódico. Durante los juicios a colaboradores, un abogado se encuentra a uno de los fiscales en los pasillos del palacio de justicia y le dice: “¡No puede arrestar a Hergé, el padre de Tintín! ¡Tendrá a toda la juventud de Bélgica en su contra!” (Assouline, 1996, p. 372). Hergé sale libre con la ayuda de un editor que había participado activamente en la resistencia. Tintín y la opresión Ante las acusaciones sobre su pasado, el mismo autor se justificó: “Hubo Tintín en el Congo, lo reconozco. Fue en 1930. De ese país sólo conocía lo que decía la gente de la época: ‘los negros son niños grandes... ¡por suerte para ellos estamos allí!, etc...’ Y dibujé a los africanos siguiendo esos criterios, en el más puro estilo paternalista, que era el de la época en Bélgica” (Sadoul, 1975, p. 49). Hergé argumentaba que si los negros eran caricaturizados, también lo eran los indígenas, vestidos como pieles rojas en Tintín en América, los asiáticos, con japoneses pérfidos de dientes grandes, o los blancos, que aparecen como opresores de indígenas sudamericanos, como colonialistas sin escrúpulos y como traficantes de esclavos, capitalistas sin moral o comerciantes de armamentos. “Dicho esto, los negros que dibujo están oprimidos y Tintín los defiende porque Tintín está, desde siempre, contra la opresión” (p. 49). Es fácil encontrar ejemplos en donde Hergé trata el racismo precisamente para criticarlo, aunque sea desde la ingenuidad infantil. En El Templo del Sol (1949), un niño indígena camina por una calle de Jauja, en Perú, con un cesto de naranjas. Sin ninguna ra-

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zón, un mestizo grandullón le da una patada al cesto, que golpea la cara del niño. El mestizo y un amigo suyo se burlan a carcajadas del niño mientras él mira sus naranjas, desparramadas por el piso. Sin decir nada, el indígena se pone a cuatro patas para recoger las naranjas, pero el grandullón le dice: “¿buscas algo, pequeño?” y le pisa la mano. Tintín aparece en la siguiente viñeta empujando al agresor, mucho más alto y corpulento que él, mientras le grita: “¡Bruto!” El agresor se cae al piso. Al levantarse, intenta golpear a puñetazos a Tintín, quien, mucho más hábil y rápido, esquiva todos los golpes hasta que el grandullón golpea por error una pared y se destroza la mano. En Las joyas de la Castafiore (1963), el Capitán Haddock sólo necesita las cuatro primeras páginas del libro para cambiar sus prejuicios sobre un campamento gitano en un vertedero de basura (con actitudes que aún hoy son comunes en sociedades europeas: “¡Vaya! Parece mentira que haya gente que se sienta

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atraída por este mal olor” o” ¡Mira que gustarle a esta gente vivir en medio de inmundicias!”) por la indignación al enterarse que es la policía la que les obligó a acampar en el vertedero #(Es indignante que se obligue a seres humanos a vivir en un lugar semejante”). Sobre los pecados panfletarios de Tintín en el País de los Soviets y Tintín en el Congo, Hergé manifestó: “Tintín era un juego para mí hasta El Loto Azul” (Østergaard, 2003). Efectivamente, Tintín cambia a partir de entonces. En la quinta aventura, El Loto Azul (1936), Tintín viaja a China y denuncia el imperialismo japonés y la impunidad colonial europea en Asia. La historia es más compleja que en las cuatro aventuras anteriores, los personajes se convierten en amigos entrañables y la cultura exótica (China) deja de ser una caricatura estereotipada para convertirse en un homenaje a un país. La transformación de este libro vino motivada por un encuentro que cambió la vida de Hergé. Al enterarse de que Tintín viviría su próximo episodio en China, un cura asesor de estudiantes chinos de la Universidad de Lovaina, Bélgica, le escribió una carta a Hergé rogándole que se documentara y no cayera en la estereotipación al dibujarlo. El cura lo puso en contacto con Tchang Tchong-Jen, un estudiante

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chino de la Academia de Bellas Artes de Bruselas, quien influyó a Hergé para el resto de su vida. Tchang lo introdujo a la cultura, la historia y la geografía chinas, y también al lenguaje, la literatura, la filosofía, el arte y las técnicas de pintura tradicional (Peeters, 1983, p. 67-69). En El Loto Azul, Tintín combate los estereotipos europeos sobre China y sus habitantes y se posiciona contra el expansionismo japonés. La embajada de Japón en Bruselas protestó y un general belga le dijo en persona a Hergé: “Esto que cuenta no es para niños. Es todo el problema del Este asiático!” (Peeters, 1983, p. 72). A partir de entonces, Hergé y sus colaboradores se fijarán cada vez más a menudo en eventos políticos internacionales para desarrollar las aventuras de Tintín. En El Cetro de Ottokar (1939), apenas cinco años antes de pasar una noche en la cárcel acusado de nazi, el villano se llama Müsstler (combinación de Mussolini y Hitler) y lidera un complot para que un país imaginario (Borduria) se anexione a otro (Syldavia). En Borduria, los soldados visten botas de cuero negro hasta las rodillas y gorra de plato, como los oficiales del ejército alemán, y la fuerza aérea usa aviones Messerschmitt, como la Alemania nazi que se preparaba


Referencias Apostolidès, Jean Marie. Les métamorphoses de Tintin. Exils, París, 2003 Boncenne, Pierre. “Tintin s’explique”, Lire. núm. 40 (diciembre de 1978), pp. 20-41.

n artes artes artes

para iniciar la Segunda Guerra Mundial. Que Tintín combatiera a Müsstler en la vigilia de la Segunda Guerra Mundial debería ser un indicador de que la ideología de Hergé no coincidía con la del fascismo. Con el tiempo, Tintín regresa a los escenarios de la geopolítica mundial. En su última aventura publicada, Tintín y los pícaros (1976), el reportero ayuda a unos guerrilleros de opereta (con estética cubana) liderados por el General Alcázar a derrocar el régimen dictatorial (de aspecto pinochetista) del General Tapioca en la República de San Theodoros. Sin embargo, a Tintín ya no lo mueven ideales de revolución ni de cambio social, sino la amistad y el pacifismo (en la primera página va en moto y lleva el signo de la paz en el casco). En este último libro, Tintín parece cansado. Ayuda a los guerrilleros a tomar el poder, por amistad, sin ideales revolucionarios, exigiendo a cambio que no derramen ni una gota de sangre. Alcázar, el líder revolucionario, acepta resignado y cuando captura a su oponente, éste le pide que lo fusile: “Haga la gracia de no concederme la gracia. ¿Acaso me quiere usted deshonrar?” El guerrillero, inflexible, cumple su promesa a Tintín y le dice al dictador derrocado: —Mi decisión es irrevocable: conservará la vida. Tendrá un avión a su disposición que le conducirá adonde le plazca. —¿Está usted loco...? –le responde el dictador. Han pasado 80 años desde que Tintín se subió a un tren con destino a Moscú para iniciar sus aventuras. Hoy, Tintín ha perdido toda noción de actualidad: ni Japón oprime a China, ni los cohetes que viajan al espacio tienen aspecto de película de serie b de los años cincuenta, ni en las escuelas africanas se enseña que la patria de los niños congoleños es Bélgica. Sin embargo, el personaje no se ha convertido en un vestigio para nostálgicos. Sus libros se siguen vendiendo y ocupan un lugar inamovible en la sección infantil de cualquier librería europea. Algo diferente debió de hacer Hergé para que los niños del siglo xxi sigan fascinados por un personaje viejo y con una cara tan sencilla que parece una máscara.

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Box Office Mojo. (2012a). The Adventures of Tintin. Recuperado el 26 de febrero de 2012 en http://boxofficemojo. com/movies/?page=intl&id=tintin.htm Box Office Mojo. (2012b). Mission Impossible: Ghost Protocol. Recuperado el 26 de febrero de 2012 en http://boxofficemojo.com/movies/?id=mi4.htm Fresnault-Deruelle, Pierre. Hergéologie. Cohérence et cohésion du récit en images dans les aventures de Tintin. Presses universitaires François-Rabelais, Tours, Francia, 2012. Guiral, Antoni. “Un débat d’ectoplasmes sur Tintin. Le héros à la houppe est-il de droite ou de gauche? Réponses affligeantes, hier à l’Assemblée”. Libération. 4 de febrero de 1999. http://www.liberation.fr/ politiques/0101273324-un-debat-d-ectoplasmes-sur-tintin-le-heros-a-la-houppe-est-il-de-droite-ou-de-gauchereponses-affligeantes-hier-a-l-assemblee Malraux, André. Les chênes qu’on abat. Gallimard, París, 1970. Østergaard, Anders Høgsbro. (director). Tintin et moi. [Documental]. Angel/Moulinsart, Dinamarca. Peeters, Benoit. Le monde d’Hergé. Casterman, Tournai, Bélgica, 1983. Sadoul, Numa. Tintin et moi: Entretiens avec Hergé. Casterman, Tournai, Bélgica, 1975. Tintin.com. “Tintin, un jeune reporter de 80 ans”. Recuperado el 24 de junio de 2012 de http://www.tintin.com/ index2.php#/tintin/essentiel/essentiel.swf?page=0

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foto + grafía

Retratos heliográficos*

8 Carlos A. Córdova

o sorprendía mucho a Jusepe Martínez que al mismísimo Velázquez una dama le rechazara una pintura. Un retrato que fallaba –según la joven posante–, ya que el pintor omitió las finas puntas de Flandes sobre su lujosa vestimenta. Así nos deja sabrosa anécdota en sus Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura (1673), la que no por noble deja de tropezarse.1 Amargo trago bebió en Zaragoza, pero bien sabía que no es misión del artista pintar paños con puntillas de Holanda. Y si me apuran, tampoco lo era el andar retratando personas. Pero en realidad estas viejas noticias de pintores nos sirven para preguntarnos acerca del parecido en las fotografías. “El retrato me observa”, razonaba André Pessel. La invención del retrato fotográfico formalizó un sistema explicativo. Un método de reducción simbólica. Apoyado en elementos referenciales como sillones, alfombras o balaustradas, propios del decoro en el retrato burgués. Las finas puntas que reclamaba la bella airada. Las imágenes de una sociedad que suspiraba por la uniformidad, el

bajo precio y la vulgaridad de la opulencia, codificando la prosperidad material, la celebridad artística o las lujosas vestimentas, lo que satisfizo el gusto promedio.2 La producción del retrato para las masas (y que Noël Bursch llamó el institutional mode of representation) era un lenguaje gastado. Y es que estos numerosos retratos decimonónicos reproducían maniquíes, no personas. Al término de la Primera Guerra Mundial, el retrato regresó para imponerse dentro de la fotografía. Y lo hizo en evidente sincronía con vanguardias como el futurismo italiano, el surrealismo parisino o el constructivismo soviético.3 La primera vanguardia fotográfica se llamó pictorialismo, y no escapó a la polémica, el conflicto o ya de plano a las trompadas; a la descalificación y el estereotipo.4 El fotógrafo puso en crisis estas imágenes seriales. Ahora el posante aparecía enmarcado entre grandes masas de luz y sombra, desapareciendo progresivamente los contornos. En esta búsqueda expresiva, Soussloff identifica cinco rasgos comunes a este nuevo tipo de retrato pictorialista: el rostro está oscurecido, perdido entre las sombras; el perfil de las personas se desdibuja con el fondo; los efectos superficiales de la piel se subordinan a la luminosidad y reflexión; las figuras aparecen enmarcadas entre la luz y el color como un espacio común; y finalmente, la escala de impresión es mayor, en sintonía con el tableau. Indudablemente una útil generalización, que nos permite caracterizar una nueva retratística, la cual sa-

* Presentación inaugural de la muestra Retratos heliográficos en la Galería Marie-Louise Ferrari, Xalapa, septiembre de 2012. 1 “Estando Diego Velázquez en esta ciudad de Zaragoza […] le pidió un caballero le hiciera un retrato de una hija suya muy querida. Hízolo con tanto gusto que salió con grande excelencia, al fin como de su mano. Hecha que fue la cabeza, para lo restante del cuerpo, por no cansar a la dama, lo trajo a mi casa para acabarlo, que era de medio cuerpo. Llevólo después de acabado a casa del caballero. Viéndolo la dama, dijo que por ningún caso había de recibir tal retrato y, preguntando su padre en qué se fundaba, respondió que en todo no le agradaba, pero, en particular, que la valona que ella llevaba cuando la retrató era de puntas de Flandes muy finas”. Jusepe Martínez, Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura, sus rudimentos, medios y fines que enseña la experiencia, con los ejemplares de obras insignes de artífices ilustres, Real Academia de San Fernando, Madrid, 1866, p. 132.

2 En 1862 André Adolphe Eugène Disdéri publicó el influyente Sur le portrait photographique, donde lo define como “la representación exacta y bella del carácter del retratado”. Una visión sobre la aportación de Disdéri es el clásico ensayo biográfico de Anne McCauley, A. A. E. Disdéri and the Carte-de-visite Portrait Photograph, Yale University Press, 1985. 3 María Luisa Bellido, “Fotografía Latinoamericana. Identidad a través de la lente”, en Artigrama, núm. 17, 2002, p. 119. 4 Para una aproximación a los diversos pictorialismos practicados en México, véase Carlos A. Córdova, Tríptico de sombras, Centro de la Imagen /inah/Centro de las Artes San Luis Centenario, México, 2012. Así como el número monográfico de la revista Alquimia al que bautizamos como Del pictorialismo y otros olvidos (mayo de 2011), con notables colaboraciones de José Antonio Rodríguez, David Torres, Gina Rodríguez y Byron Brauchli.

Carlos A. Córdova es historiador de la imagen. Ha publicado libros y ensayos como Arqueología de la imagen, Agustín Jiménez, Escribe fotografía, Opus Káktus y artículos en revistas especializadas. En 2012 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Fotográfico por Tríptico de sombras, de próxima aparición. Dirige la editorial Helado Negro.

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n artes artes artes Graciela Iturbide: Alberto García-Alix, fotógrafo

crificó la individualidad exterior al tiempo que intensificó sus mundos interiores. 5 Pero esto es más que un estilema de época. Lo novedoso del asunto era que la fotografía se atrevió a romper con la representación referencial. La cerrada conexión entre la persona y su imagen. Un registro adherido a una realidad exterior. Literal, digamos. Podríamos mal traducir la expresión mise en abîme, acuñada por André Gide en su Journal, como abismar. El retrato heliográfico inspira a reflexionar en el abismo entre el arte y la imagen. Entre el original y sus reproducciones posibles. O en el lugar del original entre sus copias. Más aún, abismar sobre las condiciones de una representación artística. Y es que no hace mucho los fotógrafos invitaban a las personas

a sonreírle al pajarito… ¿Qué se mira por el retrato contemporáneo? Se trata de un arte en fuga. Marlene Dumas llama a los suyos antirretratos, “cuya función es liberar a la persona de las tiranías de su propia cultura”. De forma que lo que abreviadamente llamamos retrato se ha convertido en espacio de convergencia tridimensional: la persona que posa, el artista que materializa y la circulación en la que participa la obra. Que toda fotografía estaría acotada por este triángulo en el tiempo. 5 Catherine M. Soussloff, “Art Photography, History and Aesthetics”, en Elizabeth Mansfield (ed.), Art History and its Institutions. Foundations of a Discipline, Routledge, Nueva York, 2002, pp. 303-304.

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Julio Galindo: Mujer mexicana

“Probablemente exagero”, decía Juan de la Encina, “pero el marchante es el amo y el señor del arte actual”. No, no exageraba el crítico vasco, quien vivió silencioso exilio durante su tiempo mexicano. El marchante del siglo pasado era un dios de la antigüedad. Creador de estrellas, incendios y turbulencias. Pero la fotogra6 Daniel Grant, “De cómo la fotografía comenzó a subir de precio”, en Graffiti, enero de 1990. 7 La historia de aquella galería independiente (ubicada en la esquina de Allende y Bravo, frente a la Plaza), está por escribirse. El proyecto de La Tribu fue animado por el artista Enrique Garnica, los fotógrafos Alicia Ahumada, David Maawad y Juan Carlos Hidalgo, con el patrocinio de Servando Conde, quien facilitó el espacio. Pero en rigor fue la galería Kahlo-Coronel la primera en especializarse en la promoción de la fotografía mexicana. “Cerró por cuestiones financieras”, a decir de Cristina Kahlo.

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fía llegó tarde a la cita. De tal forma que en los años cincuenta se podían comprar las impresiones de Muybridge por un dólar y un Talbot por seis. Que nadie las tomaba en serio como arte. El mercado para la fotografía creativa no es más viejo que los años ochenta.6 Apenas cuatro décadas. Quizá por eso subsiste mucho ombliguismo en lo fotográfico. Las incontables versiones de fotógrafos capturando a otros fotógrafos bien describen este aire de gueto. La Tribu se llamó una de las primeras galerías de fotografía, allá por la airosa Pachuca, confirmando que hay tribalismo en el medio.7 Qué importa. Ahora todo se subasta en la red… Pero el arte es contingente. Contingente en el sentido de que sucede lejos del viejo monopolio del rostro. Hoy llamamos retrato a muchas cosas. Sombras, vacíos, rastros. Sospecho que el retrato crea subjetivi-


n artes artes artes Arturo Fuentes: Tacos musicales

El retrato fotográfico es espejo de pasiones y subversiones. “Herejías”, al decir de Pedro Meyer. Algo de historias y muchas ficciones. Ausencia de certezas. Más que un género, el retrato parece una función del arte. dades de acuerdo con la cambiante métrica de modernidad. Mirando por encima de sus consideraciones formales (o la sobreestimada unicidad), la atención a los flujos de imágenes en periodos históricos definidos ofrece mejorar nuestro entendimiento acerca de sus funciones sociales y culturales. Y de las complejas dinámicas artísticas. Salida del utópico instante decisivo –en realidad todos lo son–, la generación anterior problematizó el retrato reinstalándolo por los terrenos del arte. “La fotografía ha hecho tradición del cultivo del retrato psicológico –explica José Antonio Navarrete–, se ha proclamado como el único medio que posee los recursos apropiados para superar la barrera de la idealización y captar al hombre en su plena individualidad”.8 Pero no le salen las cuen-

Elsa Medina: Hermanos Cervantes-Capaceta

tas al sabio cubano-venezolano. El retrato fotográfico es espejo de pasiones y subversiones. “Herejías”, al decir de Pedro Meyer. Algo de historias y muchas ficciones. Ausencia de certezas. Más que un género, el retrato parece una función del arte. Para 1890 la popularidad universal de la impresión sobre papeles albuminados estaba a punto de ser destronada. La joven superficie de brillante gelatina de plata sobre papel de celulosa tomó las llaves del reino por el siguiente siglo. Esto, por supuesto, alarmó a más de uno. Esos papeles que venían en cajas con instructivos en inglés, que vendían Jules Labadie o la American Photo Supply en la calle de La Profesa. Tan carentes de textura, tan fríos, tan blancos… El cambio del instrumental tecnológico ha trastocado muchos conceptos. Siempre provisional, la sustancia óptica ha mutado nuevamente. No hace mucho miraba asombrado a Lázaro Blanco, un santón de “la fotografía como fotografía”, al frente de una pantalla de computadora, valorando los resultados de sus imágenes digitales. “Es sencillo”, me explicaba. Y siendo tan sencillo como sugería el Maestro, habríamos de comprar muchos metros de tela de juicio frente al gesto de quien nos ofrece retratos vacíos de celebridades triviales, adicionadas con cantidades de photoshop y otros colorantes y saborizantes artificiales. La instantaneidad y el facilismo como las virtudes cardinales José Antonio Navarrete, Ensayos desleales sobre fotografía, Conac, Caracas, 1995, p. 60. 8

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Byron Brauchli: Avelino

de los tiempos que corren. Pero este vaciamiento online apenas si descubre al hecho fotográfico como arte o como memoria, ocupando simultáneamente el espacio intermedio entre lo sensible y lo intelectual. La imagen actual es efímera, indecible. Desmaterializada, la obra de arte se ha desmarcado del ser objeto y hasta de lo propiamente autoral.9 Y sin embargo, las prácticas artísticas actuales peregrinan sedientas bajo el sol de lo nuevo. Cámaras con millones de pixeles y plotters como marimbas no han asegurado un valor de mercado, y mucho menos garantizan los contenidos de obra. Mientras que el artista multimedia ha sido glorificado, precisamente, por los medios… Y es que, en todo caso, habría que cuestionarnos sur les limites du voir, como pedía Jérôme Carrié. 9 “The emphasis on idea or concept makes explicit the possibility that the work of art will not be synonimous with an object”. Martha Buskirk, The Contingent Object of Contemporary Art, mit Press, p. 6.

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Mucho antes de que la fotografía numérica hiciera trizas las antiguas tradiciones químicas, el heliograbado logró las más altas cumbres de calidad. Nunca sobra repetir sus delicadezas. Se trata de una técnica minuciosa basada en la experiencia y la pericia frente a un puñado de materiales. Cobre, ácidos, gelatinas, tintas, papeles humedecidos. Asombra que con tan poco se pueda traducir la imagen fotográfica hacia texturas y tonos de tan alta calidad. A nuestra pasión azteca por las medias verdades se ha sumado la moderna afición gringa por lo políticamente correcto, un virus que proviene de los campus norteamericanos. Alianza que nos está conduciendo hacia el ridículo intelectual. Ahora los feos no son feos, sino personas estéticamente alternativas, mientras los muertos terminan siendo personas metabólicamente diferentes. Devoradas por la burocracia y el vaivén de la política cultural, las estructuras institucionales ya no funcio-


n artes artes artes Nadia Baram: Testigo de la caída de un imperio

nan para consagrar a los nuevos o a los viejos clásicos. La pesada losa de las definiciones simples y los excesos de oratoria han convertido la historia de la fotografía en un terreno de pugna ideológica más que en un campo de experiencias disponibles. En esa disputa por los mejores lugares del panteón fotográfico hay quienes levantan apresurados monumentos. Pero andar colocando coronas de laurel es un gesto pasado de moda. Sospecho que muchos de los mitos en la foto mexicana siguen en pie, como árboles huecos. Valores ciegos. Y me pregunto si no será tiempo de diagnosticar la fortaleza de la fotografía mexicana, o seguiremos viviendo de recuerdos, como los ancianos que conversan por los portales de Tlacotalpan. Porque, como aseguraba John Berger, “Aquí nos vemos”.

En esa disputa por los mejores lugares del panteón fotográfico hay quienes levantan apresurados monumentos. Pero andar colocando coronas de laurel es un gesto pasado de moda [...] Muchos de los mitos en la foto mexicana siguen en pie, como árboles huecos.

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El beso, h 56 cm

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Amigas en el columpio, h 32 cm

dossier artes plásticas

Fotos de la obra: Claudio Rocha, Mayra Díaz, Yahnn y Tomás Owen

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Mujer con perro, h 83 cm


Acr贸bata con tortuga, h 52 cm


Acrรณbata, h 41 cm

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Cautiva, h 51 cm

Cautivo, h 59 cm

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Cautivo, h 61 cm


Cautiva, h 58 cm


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El piquete, h 76 cm


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Hombre, h 78 cm


Trío, h 60 cm

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Contorsionista, h 33 cm

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Bailarina, h 63 cm

Mujer en columpio, h 36 cm 4


Las magníficas: francas y placenteras La coloración de las piezas es del mismo barro, bajo el efecto del fuego y la lluvia de cenizas. La obra es un elenco de personajes creados con la inspiración apuntada hacia la plenitud, la gracia, el placer y un poco de sufrimiento.

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omás Owen ha trabajado en el campo de la arquitectura, el diseño teatral y la dirección de arte para cine y televisión. A fines de los años setenta comenzó a explorar con la cerámica en el taller de Hal Babbitt en Naolinco, Veracruz. Desde 1985 hasta 1993 trabajó en el taller del maestro Gustavo Pérez y después construyó su propio taller en las afueras de Xalapa. Su viaje a través del mundo de la cerámica se ha definido por los imperativos técnicos de los materiales y una búsqueda del equilibrio entre la gracia y la forma, las texturas y los colores. Tomás considera que sus manos son su herramienta más importante; el grueso de sus piezas son torneadas, alteradas y ensambladas, a partir de barros formulados por él mismo, para después quemarse en horno de leña a alta temperatura. La coloración de las piezas es del mismo barro, bajo el efecto del fuego y la lluvia de cenizas. La obra es un elenco de personajes creados con la inspiración apuntada hacia la plenitud, la gracia, el placer y un poco de sufrimiento. Acerca de las piezas de Owen, la poeta Camila Krauss escribió el siguiente texto: Las magníficas: francas y placenteras En estas mujeres y hombres rotundos hay fruición; es decir, el disfrute de ver a otros disfrutar, la emoción de ver a otros conmoverse. Gracia representada en redondeces. Cuerpos abultados de vida. Una desmedida carnosidad desnuda, turgente, tostada, capaz de dolerse, capaz de dejarse amasar o atravesar, de columpiarse y hasta de padecer la aflicción con dignidad.

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Las esculturas de Tomás Owen semejan avatares de una tierra aún capaz de ser fertilidad; estos personajes nos preguntan: “¿Qué tal si pensáramos que el barro es mar…? Un mar-arcilla, materia nutricia, dúctil, transformable, cómplice, y por ello, la encarnación de tierra de la metáfora de la complejidad humana”. Y sobre la obra escultórica de Tomás Owen la actriz Lisa Owen ha expresado: Para cargar el peso de los días, sólo hay de una: arrancarse toda prenda, todo atavío y desafiar en la turgente desnudez las normas de la gravedad. Hacerle un guiño a las certezas, y tragarse a cucharadas los placeres. Beber solemnidades para volverlas canto. Lanzar el tonelaje al viento y ser sonrisa en relevé. Bailar, saltar, surcar las horas en un columpio acariciando el aire. Saciar las ganas de alegría en espiral de barro. Para dejar atrás pesares, plantarse aquí, en lo que está. Hacer ofrenda del pasado. Regalarles caramelos a las viudas, hornear vasijas con la tierra de sus muertos. Tomar por maestra a la tortuga y saborear el tiempo de sus pasos. Llenarse el corazón con algodón de azúcar, con merengues. Saberse bueno y abundante y entregarse como una golosina. Para llevar a cuestas los deberes, pies ligeros. Pirueta, fiesta, desenfado. Triunfo del cuerpo complacido. Celebración de la gracia de estar vivos.


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| entrevistas | notas Artur Rubinstein, Mis años de juventud, uv, Xalapa, 2011, 625 pp.

Alfonso Colorado* Artur Rubinstein (1887-1982) fue un pianista, concertista y músico de cámara polaco de fama mundial que se mantuvo en activo hasta pasados los 90 años, y cuyo toque excepcional quedó preservado en cientos de grabaciones. Hasta ahí muy bien, pero ¿qué puede aportar la primera parte de sus memorias a quien no sea músico? Está, por ejemplo, el retrato de la sencilla vida provinciana de fines del siglo xix, pero sin el típico lamento por lo perdido, al igual que cuando se describe la drástica industrialización tampoco hay una fácil condena. Consciente de la complejidad de la realidad, el pianista sabe que el ascenso de la burguesía impulsó la música clásica, su arte y entretenimiento. Al evitar la nostalgia dulzona se suma a una tradición de escritores polacos cuyas memorias unen la percepción inmediata del niño con el análisis del adulto que disecciona los resortes básicos del pasado, de la familia, del pueblo. En El imperio, Ryszard Kapuscinski, antes que disertar sobre la posguerra, muestra a niños jugando e intercambiando en la escuela figuras en miniatura del Politburó soviético, presa en ese momento de feroces purgas; en Dos ciudades Adam Zagajewski pinta la mudanza forzada de un pueblo completo a otro lugar, donde los viejos se consumen en la nostalgia mientras con mano férrea mantienen la separación de clases original. Estos libros contienen mucho material interesante para sociólogos y antropólogos.

* Ensayista y editor.

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En aquel mundo antes de la radio, la televisión y el cine reinaban el teatro y la ópera. Actores y actrices legendarios son descritos con ojo experto, reparando en sus virtudes, sus trucos, sus manías. Se rememoran los estrenos de obras clave, como Salomé de Oscar Wilde y El despertar de la primavera de Franz Wedekind. Irrumpen Gerhard Hauptmann y Max Reinhardt, rebeldes, casi aventureros y a la postre profundos renovadores del teatro. Por ello, para actores, directores y dramaturgos este libro es, sencillamente, imprescindible. Pensándolo bien, lo es también para un estudiante de letras. El pianista cuenta su amor por la literatura polaca, rusa, francesa y alemana; sus noches en vela leyendo, su aprendizaje del español para leer el Quijote. En vez de una mera lista de autores y obras cuenta su hallazgo de cada autor, la reacción frente a él, cómo integró lo leído en su vida. Hay una historia intelectual a la usanza de las escritas por John Stuart Mill, Bertrand Russell y otros. El trasfondo de las memorias de Rubinstein es la Europa previa a 1914, en donde sólo Turquía y Rusia pedían pasaporte, la de innumerables pequeños reinos y cortes. La Primera Guerra Mundial aparece bajo otra luz, la de un testigo de primera línea en París que cuenta cómo la opinión pública no se alarmó al inicio, que nadie previó que sería la Gran Guerra, que duraría tanto y sería tan terrible. Por estos detalles, y muchos más, este libro es también para historiadores. Aquel mundo de hace más de un siglo puede parecer vetusto, pero depara sorpresas. No todo era moral victoriana. El aprendiz de músico se vuelve amante de tres mujeres de la misma familia, y lo cuenta con absoluta naturalidad. Por otro lado, hay cosas que no han cambiado un ápice. Un muchacho de provincia viaja a la gran ciudad para estudiar. Los padres, que tanto se han esforzado, esperan mucho de él. Debe aprender a vivir solo, a administrar su libertad, porque si ante él está la posibilidad de superarse, también hay tentaciones sin fin. Parecería obvio que el autor se decantó por una y se apartó franciscanamente de la otra. Para nada. Con precisión pasmosa recuerda los vinos que degustó y las innumerables parrandas de su vida ¿Cómo diablos hizo para gastarlas y crecer como músico? Acérquese al libro. Vivir al día, descubrir la amistad y la traición, medir por vez primera las propias fuerzas, admirar a los maestros o disentir violentamente de ellos… todo esto da a la vida del estudiante una tensión que pasa intacta a estas memorias. Si conoce a uno, no le obsequie un ejemplar. Pero si sabe de una casa donde


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alguien estudie arte, déselo, porque este self-made man muestra que la familia es la piedra angular en que el artista se apoya, y puede volverse su mayor obstáculo. ¿Cuál es la línea que separa una cosa de la otra, cómo dio el paso de romper con su familia? Es una historia compleja de resumir aquí, pero está magníficamente contada. Y es que entre tantas cosas a destacar de este libro ocupa un lugar de honor su tremenda amenidad. He visto a una decena de lectores quedar atrapados en él. Además, la prosa fluye todo el tiempo con tal naturalidad que parece haber sido escrita en español. La traducción no se interpone, como ocurre a veces cuando alguien conoce profesionalmente la lengua pero no ha frecuentado al autor elegido ni sus libros. En este caso se nota la familiaridad del traductor con el músico, su contexto y la materia musical en general. Por cierto, a todo esto, para un estudiante de música el libro será una caja de sorpresas. El pianista confiesa que aprendió el fraseo melódico de los cantantes, no de los pianistas; que Brahms, músico venerado en el repertorio para teclado, se consideraba entonces de mal gusto; y cuenta cómo, cuándo, dónde y de quién aprendió aquello que quizá más fama le dio: su magistral interpretación de la música de Chopin. El relato se aparta del consabido triunfalismo del género autobiográfico, donde cualquier detalle evidencia al Genio. Aquí se dice con franqueza que en el proceso de formación, tan importantes como los aciertos son los fracasos, el autor confiesa que entre mejor hacía su trabajo más se decía “debo estudiar más”, “hago trampa”, “no me esfuerzo al máximo, eludo el desafío”. Desfilan aquí decenas de famosos compositores e intérpretes, no está en ellos el acento. Los desconocidos, como las promesas que no despegaron o murieron pronto, irradian luz propia, y eso es porque cualquier persona es interesante cuando se le mira con profundidad. Mis años de juventud cuenta una vida intensa, plagada de viajes y altibajos, como una novela o una película de aventuras, pero su mérito es algo más insólito: un hombre que cuenta su vida sin justificarse o defenderse. Por ello es un Bildungsroman, una novela de formación, pero real. Uno de sus pasajes más intensos trata algo elemental: la muerte de una niña, acaecida cuando el autor no cumplía aún los cinco años. Al evocar el suceso, lo que significó para él, este hombre de mundo se derrumba y transmite su profunda tristeza. El relato tiene la perfección de una novela

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porque mira la vida como un conjunto cerrado y con una amplia perspectiva, que le permite tener de sí esa comprensión que se puede aplicar a los otros pero es casi imposible aplicarse uno mismo. El intenso amor por la vida que rezuman estas memorias no se basa en el burdo optimismo, sino en el duro aprendizaje, en la supervivencia, en primer lugar, de sí mismo, como lo cuenta una anécdota, que no voy a narrar aquí, que condensa el punto más bajo de su vida. Artur Rubinstein, o el triunfo de la vitalidad y el conocimiento. Como Goya, que pasados los 80 años, en el exilio, hizo un grabado de un anciano encorvado, apoyado en bastones, tembloroso, pero con mirada lúcida y hasta pícara, junto al cual anotó de su puño y letra “Aún aprendo”. O como una canción: “tengo el pelo completamente blanco / pero voy a sacar juventud / de mi pasado”. José Alfredo Jiménez dixit. Este libro es un clásico. El tiempo ha acrecentado su valor y sus lectores. Esta primera parte concluye con el pianista a punto de llegar a Argentina; después vendrá a México. No veo el momento de empezar la continuación: Mi larga vida. ¡Larga vida a Rubinstein!

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| entrevistas | notas Julio Torri, Obra completa, fce, México 2011, 713 pp.

Raúl Olvera Mijares* Dispersa en publicaciones periódicas de la época, en varios puntos del mundo hispánico, trasvasada y selecta por el propio autor en distintas colecciones que pudo efectuar en vida o bien llevaron a cabo sus amigos, rescatada en forma póstuma entre sus papeles personales y correspondencia de años con diversos hombres de letras, la obra integral de Julio Torri jamás se había recogido en un solo tomo y aún es dudoso si la reciente Obra completa, en edición de Serge I. Zaïtzeff, contiene no sólo los posibles y deseables hallazgos –acariciado y febril sueño de quienes bucean en archivos–, sino incluso la totalidad del cuerpo de la obra aparecida hasta hoy, en su apabullante mayoría, en una misma casa editora. De manera sorprendente, el primer libro de Torri publicado por el Fondo de Cultura el año de 1952, La literatura española, quedó excluido de esta edición. De seguro, por tratarse de una obra elemental o bien de carácter erudito, ya que este misterioso opúsculo de Torri admite una u otra lectura e incluso ambas; en otras palabras, sirve como introducción al tema para el estudiante y es repaso obligado y casi deleite para el estudioso; por inexplicable que resulte, un alarmante número de los escritores actuales en español, de este y del otro lado del Atlántico, no caen ni en una ni en otra categorías y una posible salida de ese limbo sería la lectura de esta obrita. Se incluyen, en cambio, * Ha colaborado en las revistas Jornada Semanal, Tierra Adentro, La Tempestad, entre otras. Autor de Puntos cardinales (2003) y Las influencias expuestas (2013).

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las impresiones e ideas generales de Torri acerca del cuento, el Romancero, varios escritores como Juan Ruiz Arcipreste de Hita, Cervantes, Lope de Vega, Pérez Galdós y algunos más cercanos al autor, contemporáneos suyos, más otros ingleses, franceses y alemanes. La segunda exclusión la constituyen los Epistolarios (unam, 1995), de los cuales sólo se recogen las cartas a Alfonso Reyes, que formaban ya parte del volumen Diálogo de los libros, dejando en la más miserable orfandad el resto de la correspondencia con Pedro Henríquez Ureña, José Vasconcelos, Rafael Cabrera, Xavier Villaurrutia y otros escritores de México, América Latina y España. Más comprensible resulta la primera exclusión que la segunda, debido a un hecho en sí mismo despreciable aunque de importancia singular para penetrar ciertos pormenores, Zaïtzeff cuidó, anotó, recopiló y desempolvó la mayor parte del epistolario, mientras que La literatura española, editada en vida de Julio Torri, no estuvo ciertamente a su cuidado. Esto viene a colación ya que las cuatro intervenciones del estudioso canadiense de origen ruso-francés en la edición de Obra completa –que serían El arte de Julio Torri (Oasis, 1983, Premio Villaurrutia), los prólogos a Diálogo de los libros (fce, 1980) y El ladrón de ataúdes (fce, 1984), con la adición de una bibliografía que promete ser exhaustiva, consideraciones teóricas donde se consumen alrededor de ciento cincuenta páginas, sin contar con las molestas y casi necesarias reiteraciones del editor sobre pormenores acerca de la vida y la obra de Torri– vienen a hacer del libro no sólo un homenaje al gran literato saltillense sino un testimonio de la gran tarea del profesor emérito de la Universidad de Calgary, quien ha venido abocándose, desde los años ochenta, a su estudio; ni antes ni durante este tiempo, desde luego, este erudito ha estado solo. Torri ha sido objeto de artículos, ensayos y monografías por parte de Alfonso Reyes, Antonio Castro Leal, Andrés Henestrosa, José Luis Martínez, Ramón Xirau, Emmanuel Carballo, Beatriz Espejo, Marco Antonio Campos, Gabriel Zaid y Luis Ignacio Helguera, entre una variedad de nombres, como el mismo Zaïtzeff tiene el cuidado de dejar puntual registro en la bibliografía que no excluye ciertas omisiones. Se esperaría de este académico, nacido en Versalles de padres rusos y formado en el Canadá anglófono, un prurito singular en materia de edición, no sólo en las notas de pie de página aclarando los nombres, méritos, fechas de nacimiento y muerte de los personajes aludidos, sino cuidando el cuerpo del texto, cerciorándose de que estuviera libre de erratas, preparando introducciones o prólogos por-


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| entrevistas | notas

menorizados donde se recojan las minucias y peculiaridades respecto de la última versión, y no simplemente que se limitara a recopilar materiales ya publicados tal como aparecieron. Los escritos de Julio Torri, a pesar del celo y empeño que debió poner su autor al intentar darles forma definitiva, han corrido algunos avatares, los propios de las revistas y diarios donde vieron la luz, además de ciertos titubeos naturales por parte del autor en cuanto a grafía de nombres extranjeros. ¡Qué mejor revisor de los nombres y voces en francés que un parisino por nacimiento! En “Ensayos y poemas”, un texto tomado de Rimbaud, dice: “J’avais en effet, en toute sincerité [sincérité] d’esprit, pris l’engagement de le rendre a [à] son état primitif” (p. 117). En este texto de Baudelaire se van otras dos: “et néanmoins il n’a jamais réussi a [à] rien, parce qu’il croyait trop a [à] l’impossible” (p. 121). O bien epígrafes en alemán, como en el siguiente tomado del Don Juan de Nikolaus Lenau: “Ich habe manches Weib mit starken krallen [Krallen] aufs Lager des Verlangens hingerissen” (p. 318). En alemán todos los sustantivos, como se sabe, van en altas. Varias veces se alude a la ópera de Wagner como Tannhauser [Tannhäuser] (p. 360) y Lützowste. [Lützowstr. o bien, desplegando la abreviatura, Lützowstraße] (p. 419). Las cartas de Torri a Alfonso Reyes, donde entre líneas se leen tantas ironías veladas, odios inconfesables y una envidia arrolladora, en general están bien editadas. Un tanto elemental, casi hecha para uso de escolares, la aclaración en las notas de pie con los datos de los autores, en ocasiones de dominio público; sirvan de ejemplo las siguientes: “Francisco de Quevedo [y Villegas] (1580-1645), poeta español” (p. 401); “Luis de Góngora y Argote (1561-1621), poeta español” (p. 402); “Heinrich Heine (1797-1856), poeta alemán” (p. 405); “Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), poeta, dramaturgo y novelista alemán” (p. 405), “Ludwig van Beethoven (1770-1827), compositor alemán” (p. 448). En una carta de Alfonso Reyes se va una curiosa errata en títulos de sus propias obras: Ifigenia, Todas las roras [horas], Crónica de Monterrey (p. 524). ¡Era eso o el coloquialismo mexicano todas las rorras! Cosa que a Reyes, hombre casado pero tan afecto a las aventuras galantes, habría arrancado sin duda una gran sonrisa. Una frase memorable aparece en una carta a Reyes, fechada en Madrid en septiembre de 1917: Ya estoy demasiado corrido para disgustarme con las erratas, ya no tengo esa histeria de los escritores

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primerizos; ya sé, sobre todo, que todo el esfuerzo humano es inútil. La errata es un microbio, no se la puede destruir ni a la temperatura del plomo derretido de la linotipia (p. 464). Juicio incontrovertible que sigue siendo valedero aun en las ediciones que sin llevar el calificativo de críticas casi se presentan por tales, realizadas por académicos cuya lengua madre no es el castellano. Ese, desde luego, no es mayor problema, puesto que gran parte de las erratas señaladas (se quedan algunas en el prudente anonimato) están en lenguas extranjeras. Este desdoro viene a darse precisamente en un tiempo en que las modernas computadoras y la red mundial facilitan la consulta ininterrumpida y la aclaración inmediata de casi cualquier duda.

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| entrevistas | notas Vincent Mosco, Sublimidad digital. Ciber­ espacio, mito y poder, trad. de Irlanda Villegas, uv, Xalapa, 2011, 365 pp.

Juan Carlos Ortega Guerrero* Los entusiastas de las Tecnologías de Información y Comunicación (tic) aseguran que estas son un parteaguas en la historia de la civilización; afirman que estamos ante un proceso irreversible e inevitable; pero según Vincent Mosco no es posible entender el papel que juegan las tic sin tomar en cuenta los mitos que las rodean. Importantes tanto por lo que revelan (por ejemplo el anhelo de democracia y comunidad de una parte de la sociedad) como por lo que ocultan (concentración del poder y aumento de la desigualdad, entre otros). Los mitos sublimes que analiza detalladamente Mosco son tres: el fin de la historia, el fin de la geografía y el fin de la política. El propósito del libro Sublimidad digital. Ciberespacio, mito y poder, escrito por Vincent Mosco en 2004 y publicado en español por la Universidad Veracruzana en 2011, es deconstruir los mitos alrededor de las tic computarizadas con el fin de desarrollar una apreciación más profunda del poder y las limitaciones de la telemática. Interesantes para entrar al tema resultan expresiones como “esta nueva tecnología hará polvo tanto al espacio como al tiempo en la transmisión de la inteligencia”, o “hay algunas muestras de preocupación sobre piratería, sexo virtual y temor por el exceso de información”, que aunque parecieran haberse apli* Maestro en Inteligencia Artificial. Labora en el Instituto de Investigaciones en Educación de la uv, en la línea Políticas en educación superior.

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cado a las tecnologías recientes, fueron formuladas en 1870, motivadas por la llegada del telégrafo, que en esa época representaba la tecnología de comunicación más reciente. Vincent Mosco pone al descubierto la forma de operar de los mitos en torno a las tic. Mitos debido a que son historias seductoras que encierran promesas que no pueden cumplirse, y sublimes porque parecen producir una gran emoción estética. Estos mitos, que se dan con cada avance en las tic, dejan de serlo cuando la tecnología, luego de una etapa novedosa, entra al ámbito de lo común. La televisión, al igual que el telégrafo, el teléfono, la radio y la electricidad, al dejar de ser mitos, han fortalecido su influencia y afianzado su verdadera importancia. Las llamadas eras de la electricidad, del radio, del teléfono o de la televisión han dado paso a la era de las tecnologías de la comunicación computarizada. Cuando se afirma que estamos por ver el fin de la geografía, se parte de un argumento simple: al haber convergencia entre las computadoras y las tecnologías de comunicación, la gente puede ponerse en contacto en el momento deseado sin importar el lugar, lo que posibilita la comunicación ubicua, desde la más simple entre dos personas hasta el contacto simultáneo y en múltiples sentidos con conglomerados multinacionales. Esta comunicación “producirá un incremento en la comprensión y la tolerancia, y con ello la paz mundial a lo largo y ancho del orbe”. Al tener la gente puntos de vista diferentes, obtenidos ya sea en internet o por televisión o radio, se crearán comunidades globales, la gente será menos susceptible a la propaganda política perniciosa. Finalmente esto llevará al debilitamiento de los Estados-nación y se abolirá la vieja cartografía. La premisa es que el ciberespacio desconoce fronteras. Más aún, los entusiastas de las nuevas tecnologías afirman que “la desaparición de la geografía también contempla el aniquilamiento del espacio social como lo conocemos, la desaparición de las fronteras que han separado las sociedades […] la desaparición de las fronteras políticas es únicamente el principio”. Si ya no hay distancias y es posible hablar con todo el mundo y entendernos perfectamente, el fin de la historia se antoja un paso obvio. En parte generado por ideas fin-milenaristas y en parte impulsada por el colapso de la Unión Soviética, diferentes autores, entre los que destaca Francis Fukuyama, afirman que “la democracia liberal bien puede constituir el punto


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Vincent Mosco pone al descubierto la forma de operar de los mitos en torno a las tic.

Mitos debido a que son his-

torias seductoras que encierran promesas que no pueden cumplirse, y sublimes porque parecen producir una gran emoción estética. final de la evolución ideológica de la humanidad y la forma final de gobierno humano”. El mito del fin de la política se apoya en la idea que afirma que a la par de las tecnologías de comunicación el poder se hará más accesible a la gente común. Surgirá una sociedad horizontal en la que todos sus miembros estarán unidos por las redes de información, se abre paso una democracia electrónica libre de intermediarios. El autor hace gala de referencias a los grandes gurús y críticos de la tecnología. Políticos y empresarios como Nicolas Negroponte, autor del libro Un mundo digital; Bill Gates, propietario de Microsoft; Albert Gore, ex vicepresidente norteamericano impulsor del uso de internet; científicos como Alan Turing, fundador de las ciencias de la computación; Manuel Castells, sociólogo que ha estudiado el impacto de las tecnologías de información y comunicación; Marshall McLuhan, creador de teorías de la comunicación y autor de los términos aldea global y Galaxia Gutenberg. Asimismo, Mosco cita películas como Matrix y 2001, una odisea espacial; o a científicos-novelistas como William Gibson, creador del término ciberespacio, Isaac Asimov y Arthur C. Clarke. Se extrañan las referencias a algunos autores clásicos: Thomas Kuhn y su Estructura de las revoluciones científicas, que nos daría luz para negar o entender esta supuesta revolución tecnológica; o John Desmond Bernal, historiador de la tecnología y el impacto que ha tenido ésta en la sociedad; o José Joaquín Brunner, sociólogo que ha estudiado el efecto de las tic en la educación. El libro está dividido en seis capítulos. En el primero se introducen los conceptos teóricos y el contexto. El segundo presenta la mecánica de construcción

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de los mitos sobre el ciberespacio. En los capítulos 3 y 4 se analizan los mitos del fin de la historia, la geografía y la política. El capítulo 5 revisa los mitos que surgieron alrededor del telégrafo, el teléfono, la electricidad y la televisión. En el último capítulo se hace un análisis desde el punto de vista de la economía política de las comunicaciones. Al final de la obra, el autor hace una larga reflexión sobre el ataque a las Torres Gemelas y su impacto en la sociedad norteamericana, ya que hizo que “la historia, la geografía y la política regresaran para cobrar venganza”. Este libro es continuación del publicado en 1996 con el nombre de La política económica de la comunicación y trata de generar un puente entre dos enfoques enfrentados en los estudios sobre la materia: la economía política y los estudios de la cultura. La cuidadosa traducción destaca por su limpieza y la búsqueda de términos adecuados a nuestro medio, que resulta en una lectura tersa. Incluye referencias a los textos que han sido traducidos al español.

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| entrevistas | notas Rubén Bonifaz Nuño, Elogio del espacio. Apre­ ciaciones sobre el arte, ed., introd. y críticas de Miguel Ángel Muñoz, El Colegio Nacional/ unam/uam, México, 2011, 215 pp.

Lourdes Budar* Rubén Bonifaz Nuño (Córdoba, 1923) es ampliamente conocido por su obra poética y como traductor de los clásicos grecolatinos; sin embargo, su faceta de crítico de arte está menos difundida. De ahí el interés que presenta Elogio del espacio..., un volumen en el que se reúnen 40 textos independientes sobre crítica de arte mexicano, tanto prehispánico como contemporáneo, escritos por Bonifaz Nuño. Estos trabajos fueron redactados a lo largo de casi cuarenta años, y aparecieron publicados en su mayoría en catálogos de piezas y sitios arqueológicos, así como en libros especializados. La independencia de los textos contenidos permite leerlos en el orden que se desee, para dejar que sus palabras nos inciten a recrear las texturas y formas de las piezas analizadas. Sin embargo, si lo que se busca es el entendimiento de las ideas del autor acerca de la estética, se recomienda que sean leídos en el orden que propone su compilador, el crítico de arte y poeta Miguel Ángel Muñoz. Asegura éste que para la comprensión del arte antiguo y contemporáneo de México es necesario rescatar la producción de autores esenciales que dieron su punto de vista sobre el arte desde la poética y la crítica. * Arqueóloga, doctora en Ciencias Humanas (Colmich), profesor-investigador de tiempo completo (Facultad de Antropología uv), miembro sni y promep, directora del proyecto arqueológico Piedra Labrada, Ver.

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El volumen se encuentra dividido en tres apartados: el del acercamiento al arte prehispánico (Visión de los antiguos mexicanos), en el que reúne la selección de ensayos críticos acerca de piezas arqueológicas; el del acercamiento a lo contemporáneo (De la contemporaneidad a lo contemporáneo), en donde el poeta analiza la obra de Ricardo Martínez, Ángela Gurría y Santos Balmori, Pedro Cervantes y Fernando Alba; y por último, aquel que incluye poemas dedicados a las artistas plásticas Elvira Gascón y Ángela Gurría (Poemas para Gascón y Gurría). La selección de Muñoz permite acceder no sólo a las piezas arqueológicas y a la producción artística, sino a un hombre que describe, explica, conoce, se asombra y reflexiona de forma ordenada, de manera que los tres apartados se complementan y reflejan la relación del arte prehispánico con el arte contemporáneo, así como la influencia que esto tiene en el lenguaje poético de Bonifaz Nuño, lo que hace su obra atemporal. El maestro Bonifaz viaja al pasado, observa, entrevista a los sabios, reflexiona sobre la obra y regresa


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| entrevistas | notas

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a describirla con un lenguaje sencillo; la reviste y la explica con maestría, como si él mismo fuera el artista que la esculpió, pues es capaz de alcanzar niveles admirables, desde una descripción formal del proceso de elaboración, haciendo énfasis en la geometría y el dinamismo que guarda la obra, hasta una interpretación dentro del contexto de su producción. Tan es así que su obra ha servido de inspiración a trabajos de investigación que a través de los mismos 40 años han tratado de demostrar o refutar sus propuestas acerca de la estética, los símbolos y el arte mesoamericano, lo que ha hecho de él una figura polémica debido a sus interpretaciones. La arqueología jamás podrá hablar desde el punto de vista del artista que esculpió la piedra, como lo hace Bonifaz Nuño, por la sencilla razón de que la arqueología no trata de individuos, sino de la explicación y la comprensión de los procesos a los que se vieron sometidas las sociedades del pasado. Explica los porqués y los cómos de sociedades antiguas; los

contenidos simbólicos y sociales que se manifiestan en la representación de una colectividad del pasado para entender los procesos actuales y proyectar a futuro. Así como los grandes descubrimientos acerca de la producción cerámica en la antigüedad se han dado mediante el acercamiento a las sociedades alfareras contemporáneas, de igual manera muchas de las reflexiones estéticas de Bonifaz Nuño han acortado distancias entre los amplios periodos mesoamericanos y han servido como traducción de signos en ideas a pesar de los idiomas desconocidos en que fueron labrados, porque sólo un artista puede comprender el punto de vista de otro artista. Las reflexiones de Bonifaz Nuño deben ser comprendidas desde la postura de la crítica del arte y no desde los datos arqueológicos; ahí radica su validez. Bonifaz Nuño pudo observar que en el arte prehispánico se veían reflejados, si no todos, la gran mayoría de los aspectos fundamentales que dieron orden y sentido a las sociedades mesoamericanas, pues más que como obras de arte, entiende estas piezas como testimonios plásticos de una época en donde, más allá de los motivos figurativos o el conjunto de signos que las componen, reconoce un continuum en la representación mesoamericana que logra ver reflejado aún en la modernidad. El saber enciclopédico de Rubén Bonifaz Nuño se debe a su formación como filólogo. Hasta la más corta de sus descripciones deja ver entre líneas la revisión de un extenso corpus arqueológico para establecer la comparación, la lectura y escudriñamiento en códices mesoamericanos y coloniales; las diversas opiniones de evangelizadores, cronistas, conquistadores, conquistados y sobrevivientes; las sesudas reflexiones de diletantes, historiadores, arqueólogos y demás estudiosos de los siglos xvi a xxi. El pequeño ensayo introductorio refleja en pocas páginas la profunda investigación que hace Muñoz, su conocimiento de la obra de Bonifaz Nuño para poder realizar la selección y contextualizar sus opiniones en la teoría y en la filosofía del arte. Por último, celebro y comparto con él la opinión de que es necesaria la comprensión del arte antiguo y contemporáneo de México a través de otras perspectivas tan válidas como las que brindan los especialistas, la mirada de los poetas que, como Bonifaz Nuño, logran calcular milímetro a milímetro la fractura que atraviesa la piedra, enfocando el espacio justo en donde pueden colocarle el alma en forma de poema.

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Lorenzo León Diez*

¿Por qué leemos a Sándor Márai? El intelectual es, sencillamente, un ser humano que cuando lee un libro tiene un lápiz en la mano, que, al leer bien, contesta al texto, se embarca en un intercambio total, es leído por lo que lee, es un ser equivalente al libro, ejecuta una transcripción personal, lo que comporta un compromiso absoluto con el texto. La verdad principal es esta: en cada acto de lectura completo late el deseo de escribir un libro en respuesta. George Steiner

La primera vez que crucé a pie el Puente de las Cadenas, sobre el río Danubio, me sucedió lo que los chamanes mexicanos llaman un “cambio en el punto de encaje”. La tradición espiritual de los pueblos de Mesoamérica se refiere con estos términos al tránsito de la conciencia en el tiempo y en el espacio. Márai y yo, seguramente, nos encontramos en un punto del tejido unificado más allá de los cuerpos, las cosas, las épocas. Yo soy un periodista. Comparto el oficio primigenio de Márai y también soy un escritor de cuentos y novelas, y comparto la aspiración de Márai. Cuando empecé a leerlo en Xalapa, capital del estado de Veracruz, hace una década, no dejé de pensar en sus libros y escribir de ellos en mi periódico mensual, Ciclo Literario. Escribir, por supuesto, la noticia, mutándome en ese pajarito amarillo posado en la nariz del rinoceronte, para recordar a uno de los periodistas y críticos literarios más importantes de nuestro tiempo: George Steiner, quien cuenta que cuando fue a África le atrajeron esos “preciosos pajaritos amarillos que se posan en el rinoceronte y gorjean como locos para advertir que se acerca el rinoceronte”. Se le ocurrió que el crítico literario “lo que trata de expresar es su alegría por ser el pájaro que pía posado en el rinoceronte. ‘He aquí lo que importa. ¡Y he aquí por qué! Leed esto, os lo ruego, leedlo. Id a comprarlo. Conseguidlo.’, esa es la labor del reseñista”, nos dice Steiner.

* México, D. F., 1953. Sus publicaciones recientes son La realidad envenenada, Fragmente, Cuentos infieles. Investigador de la uv y director del periódico de arte y literatura Ciclo Literario. www. cicloliterario.com.mx

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En las olas de libros que caracterizan nuestra cultura-mercado, llegan los suyos escritos hace decenios para decirnos: he aquí una literatura de la urgencia, unas palabras que no expulsan el pensamiento, unas historias que no son ociosas... Me parece una manera simpática y verdadera para hablar de la artesanía que practican los autores que leen para escribir, el oficio de los reseñistas como yo, al anunciar que teníamos en español, gracias a la editorial Salamandra, de Barcelona, a un autor totalmente nuevo para nosotros. No una sola noticia, sino varias noticias a lo largo de algunos años, según iban apareciendo los libros de Márai en las librerías: El último encuentro, Confesiones de un burgués, ¡Tierra Tierra!, Divorcio en Buda, La hermana, La extraña, La mujer justa, El amante de Bolzano, sus diarios, la biografia de Erno Zeltner... en una serie que afortunadamente sigue en curso. Mi libro Sándor Márai: el amor burgués (uv, 2011) es una compilación de tales noticias; esa ha sido mi única intención: compartir con los lectores del periódico que edito desde hace 10 años, de muy bajo tiraje, gratuito, compartir la alegría que me produjo descubrir a Sándor Márai y la cultura húngara que respira por su obra, la cultura, que es, nos dice Márai, la alegría de un pueblo. El hecho de que el lenguaje de Hungría, mediante sus traductores al español, esté circulando, a través de la obra de Márai, en los países hispanoamericanos, debe ser motivo de mucho orgullo para los húngaros, porque creo que él porta las esencias de su antigua cultura y refiere con gran dignidad la profundidad sensible y el drama de su pueblo. Cuando conocí a Edith Muharay en Oaxaca y le nombré a Sándor Márai fue como si nos envolviera no solamente la calidez de la simpatía sino una orden que apenas empezaba a pronunciarse. Una voz como las que atendía el gran autor húngaro: las voces que se responden con el cuerpo, con el compromiso, con la responsabilidad, con la declaración, en fin, con la escritura.


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¿A qué se debe este interés de los hispanoamericanos, en general, y de los mexicanos, en particular, por un escritor que murió tan aislado y desconocido en un continente distinto al que lo vio nacer? En las notas de mi libro trato de responder esta pregunta según mi modesta capacidad de periodista y mi identidad como escritor. Sus novelas son cortas, modernas, sin un gramo de paja, esbeltas como una muchacha con un frágil vestido paseando en un día ventoso. Son serias, pero sensuales. Tienen esa belleza tan cara a sus personajes femeninos. Y también son impactantes por la fuerza de su masculinidad. Un ying-yang perfecto. El autor afinó meticulosamente la punta de su bisturí para penetrar en los cuerpos vivos, porque no es un diseccionador de cadáveres, sino alguien que hiere para curar… aunque sabe que todo está perdido, los alientos de sus personajes son los últimos encuentros definitivos en el umbral de la muerte. Lo leemos y nos despierta. En las olas de libros que caracterizan nuestra culturamercado, llegan los suyos escritos hace decenios para decirnos: he aquí una literatura de la urgencia, unas palabras que no expulsan el pensamiento, unas historias que no son ociosas, unas tramas que no están hechas para lucir el estilo, para envanecer la inteligencia; unos personajes que no son figurines, no son ventrílocuos; unas escenas que no son ambientaciones; una tensión que no tiene un plan estructural… en fin, novelas simplemente que nos enseñan la pureza del género, un género inventado para servir de correa de transmisión de emociones y silencios entre los hombres de todas las épocas. Por eso estamos leyendo en español a Sándor Márai, porque nos sorprende que su arte tenga toda la juventud de su antigüedad, que la novela sea una creación metafórica, pues Márai en su primera fase fue un poeta, un poeta que prefirió el periodismo y se decidió por la novela. Por ello al leerlo nos encanta con la vibración del lenguaje que se concentra en el proceso de su exposición, que exuda cualquier estorbo, que filtra sus esencias; nos da vértigo, a su vez, la nitidez de su eficacia, la fluidez que desprecia la grandilocuencia, la recitación; y nos conmueve por develar, mediante descripciones que lindan con el sueño, luminiscencias que parecen grabar en piel marmórea verdades eternas. Debemos considerar que Sándor Márai vivió el final de una época en que “el libro era un objeto litúrgico, tanto como la pila bautismal o el tabernáculo. El libro –nos dice Márai– todavía se consideraba un compañero de debate, un amigo, un enemigo”.

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En su vejez, en San Diego, al ver cada semana los catálogos editoriales en la puerta de su casa, piensa Márai que “los libros son mero papel y palabras […] Uno o dos, miles y decenas de miles de libros, todos de reciente publicación, cientos y cientos de cada género. Un hartazgo asfixiante. Escribir sólo frases yuxtapuestas. La literatura ha muerto: ¡Viva la industria del libro!”, exclama tristemente el viejo sabio húngaro en su exilio definitivo. El lenguaje ha perdido, dice Steiner, su propia capacidad para la verdad, para la honestidad política o personal. Con la revolución tecnológica, la expansión industrial, la difusión por medio de periódicos y revistas, así como la multiplicación al infinito de los libros, se masificó y comercializó los misterios

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Iris Aburto: de la serie Homo natura, 27 (técnica mixta)

del lenguaje en su intuición profética, su capacidad para responder al recuerdo preciso. Márai está nostálgico por lo maravillosa que era la “literatura”, la otra –escribe–, la verdadera, cargada de electricidad como las estrellas, pues “ha ocurrido, aunque sea excepcionalmente, que la energía que mueve el universo se ha manifestado en palabras”. Quiero referirme otra vez al concepto mesoamericano de “cambio del punto de encaje”, que es el tránsito que los seres unificados con la estructura del espacio acometen y que tiene que ver con las palabras de Márai cuando refiere cómo el universo se manifiesta a través de las palabras. En sus novelas hay siempre una noción chamánica del poder de las palabras: “La escritura es el poder –nos dice–, el único poder auténtico. La escritura es la fuerza más poderosa que existe. Tiene poder sobre el destino y sobre el tiempo”. Márai sabe que “las palabras vuelven. Todo vuelve, las cosas y las palabras

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avanzan en círculo, a veces atraviesan el mundo entero, siempre en círculo, y luego se vuelven a encontrar, se tocan y cierran algo”. ¿Por qué estamos leyendo en español con tanta atención a Sándor Márai? Pues precisamente porque es una literatura donde vibran esencias ceremoniales propiciatorias, incluso, para la curación. Hablamos, por ejemplo, del “médico chamán”, que cuida al músico moribundo en su novela La hermana y observa cómo la mentira en la vida de los hombres y las mujeres se traduce en enfermedad. Márai es idéntico aquí, la novela es idéntica, a esa potencia que en la tradición chamánica mesoamericana se llama “la voz del ver”. Las novelas de Márai nacen siendo obras definitivas, floraciones de roca donde han quedado grabadas las experiencias extremas de hombres y mujeres concretos, pues Márai ve cómo “en el destino de una sola persona la fatalidad puede condensarse con la misma intensidad que en el de pueblos enteros”.


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George Steiner, en este diálogo imaginario con Sándor Márai, dice que “leer, en el verdadero sentido del término, es tener acceso a los espacios de silencio”, en un tiempo donde “vivimos a toda hora y en todas las costas una supresión sistemática del silencio”. Márai, en su carrera de escritor, fue acallando su labor en los periódicos y las revistas, cuando –nos cuenta– el escritor le pidió la palabra al periodista. Y hubo que elegir, “no se puede vivir en dos direcciones, creer en dos cosas distintas”. Empieza entonces a trabajar menos, a “cuidar toda palabra escrita y a recibir cada vez más de la escritura”, nos dice. ¿Cuál es la naturaleza de esta ofrenda que la escritura le otorga? El silencio. Ve Márai, oye, que en “la literatura, como en la vida misma, sólo callarse es sincero”. La literatura, para Márai (que cita a Novalis), es “el latido del pulso místico”. Para Márai, (como para el sacerdote de las sociedades arcaicas la danza y el canto), “las palabras hay que repetirlas hasta que se conviertan en ritmo, o sea, en energía ¿como el sonido del tambor de los negros, de los indios?”, se pregunta el escritor húngaro. La literatura para Márai es una ejecución ceremonial, un acto de poder como lo concibe la acción iniciática de los pueblos arcaicos, como existen todavía en los más aislados parajes de México, portadores de una memoria milenaria, y la memoria, nos dice Steiner, “solamente puede sostenerse allí donde hay silencio”. Quizá entre Márai y los mexicanos exista esta comprensión. Una nostalgia por el tiempo antiguo y la palabra como punto en el encaje de la revelación, pues nuestra civilización “es, en puntos decisivos, una civilización ‘después de la palabra’”, como afirma Steiner. ¿Qué es lo que nos admira al leer a Márai? Entre otras muchas cosas, la ejecución de un inventario espiritual, la expresión de valores perennes en la fragilidad de los cuerpos cuya llama es luz generada en las entrañas, como el dolor. Pero Márai, quien concebía la cultura como la alegría de un pueblo, aunque sabe que el hombre está más predispuesto al dolor que a la alegría –tal vez sea eso el gran problema de la humanidad, nos dice–, estaría de acuerdo con este verso del poeta Friedrich Hölderlin que hemos escogido para cerrar este texto: afirmas y me dices lo que a otros puedo repetir, incluso a aquellos que no quieren creerlo, que la alegría dura más que el dolor o la ira.

Aradai Pardo Martínez*

El cómic de Marjane Satrapi ¿El noveno arte? ¿Literatura para iletrados? ¿Entretenimiento ligero para niños y adolescentes? Esto y más se ha dicho sobre el cómic, que no adquirió una dimensión más seria, un público adulto y un discurso teórico sino hasta la segunda mitad del siglo xx, en Europa, Estados Unidos y Japón, a pesar de que su origen se remonta a principios de 1830. Actualmente, en las bibliotecas públicas de Francia no es extraño encontrar grandes secciones dedicadas a esta forma de expresión que, si bien solemos categorizar como parte de la literatura, se acerca más al cine, gracias al elemento visual, pero también al ritmo de la historia, a los juegos temporales y a ciertos elementos sonoros, como las onomatopeyas y la voz en off. Uno de los cómics que justamente se encuentra en cualquier biblioteca pública francesa y que muestra claramente la relación entre este género y el cine es Poulet aux prunes, traducido al español –ibérico– y publicado por Norma en 2006 como Pollo con ciruelas; la versión cinematográfica estuvo en cartelera desde noviembre de 2011. Se trata de la obra más reciente de Marjane Satrapi, historietista de origen iraní y descendiente de la dinastía persa que reinó durante poco más de un siglo hasta que su último representante –y bisabuelo de Marjane– fuera depuesto en 1925. En sus cómics, Satrapi –avecindada en Francia desde hace más de veinte años– narra algunos episodios de la vida de su familia en Irán en los años que preceden y siguen inmediatamente a la Revolución de 1979, en la que una república islámica teocrática reemplazó al régimen monárquico, cambiando radicalmente la vida de las mujeres, quienes vieron restringidos sus derechos, empezaron a usar velo de manera obligatoria y fueron segregadas de la vida pública, desde el salón de clase hasta la playa, pasando por el transporte colectivo. No obstante la seriedad del contexto, tan propenso a despertar nuestros prejuicios, Poulet aux prunes –reconocido con el premio a Mejor obra en Angulema 2005– narra una historia atemporal de amor y desamor, de esperanza y desesperanza, comprensible en cualquier cultura. Se trata de la historia de Nasser * Traductora del sueco, inglés y francés, defendió recientemente su tesis de maestría en El Colegio de México. Los cómics fueron su terapia mientras la escribía.

la palabra y el hombre

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Este volumen [...] retrata una plática de sobremesa en la que sólo participan las mujeres de la familia, precedidas por la aguda y opiómana abuela. La conversación gira en torno a las experiencias propias y ajenas [...] y, como cualquier buena sesión de chismes, mezcla los ingredientes esenciales: sexo, romance y traición.

Iris Aburto: de la serie Homo natura, 3 (técnica mixta)

Ali, tío abuelo de Marjane y músico virtuoso quien, al ver destrozado su amado tar, intenta reemplazarlo pero, al no poder encontrar un instrumento con la calidad del suyo, decide morir. El libro nos muestra, con dibujos en blanco y negro, los últimos días de Nasser Ali, sus reflexiones, sus recuerdos, sus sueños y miedos, sus relaciones cercanas y, sobre todo, nos cuenta la historia tras su inmenso amor por el tar en cuestión. La historia es encantadora, su tono ligero está salpicado de un humor inteligente y de la cotidianidad de una cultura lejana. Los personajes son profundos y verosímiles, y los dibujos transmiten persuasivamente el amplio espectro de las emociones y los sentimientos humanos. Poulet aux prunes comparte muchos rasgos con Broderies, su antecesor inmediato –también traducido en España y publicado por Norma bajo el título de Bordados–, como los dibujos que apuestan más por

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i n v i e r n o , 2012-2013

la sencillez y la expresividad que por el detalle o el realismo, el corte intimista y costumbrista que permite sentir empatía por los personajes, y un ambiente que permite que uno se sienta como en casa y con sus propios parientes. Broderies, sin embargo, explora más a fondo el humor, la irreverencia y la ironía. Este volumen, nominado también para Mejor obra en Angulema, retrata una plática de sobremesa en la que sólo participan las mujeres de la familia, precedidas por la aguda y opiómana abuela. La conversación gira en torno a las experiencias propias y ajenas –“pues no hay nada mejor en el mundo que hablar a las espaldas de los demás”– y, como cualquier buena sesión de chismes, mezcla los ingredientes esenciales: sexo, romance y traición. Las mujeres departen junto a una buena taza de té, pero nunca aparecen las anunciadas manualidades pues en realidad los bordados del título son de un tipo muy distinto… Vale la pena trascender los prejuicios que rodean al cómic y darle una oportunidad a estos dos volúmenes, a su humor, a su sensibilidad, a su aguda percepción de la naturaleza humana. Vale la pena, también, conseguirlos juntos, ya que se leen muy rápido y uno se queda con ganas de más.

La Palabra y el Hombre No.23  

*Las imágenes de la obra de Hergé están protegidas por el derecho de autor y no pueden ser utilizadas sin el consentimiento previo y por esc...

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