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ASESINATO EN LA MANSIÓN

n la mansión del anciano millonario Ataúlfo Gómez Castillo nunca pasaba nada, era siempre la misma rutina, menos el día en el que su hija la visitaba. Don Ataúlfo Gómez Castillo era un anciano que vivía en una mansión a las afueras de la ciudad. Ataúlfo era bajo, con el pelo canoso y con los ojos muy pequeños. Un día caluroso de verano, el señor Ataúlfo recibió la llamada que más ansiaba cada año. Pero se llevó una sorpresa, sí era su hija y sí venía a visitarlo, pero su hija se iba a casar, y encima de todo el dolor que eso le causaba le pidió que la ceremonia fuese nada más y nada menos que en su casa, y el anciano nunca le podría decir que no a nada. Pasó la semana entera y Ataúlfo estaba muy nervioso. No solía recibir visitas, y a la mañana siguiente tendría cuatrocientos o más invitados en su mansión. Verónica le había pedido que fuese amable con todos y no como hacía siempre cada vez que venía un viejo amigo. Eran ya sobre las 12:30 cuando se escuchó un pitido, y no mucho después apareció por la puerta Verónica y su futuro esposo. -¡Cuánto tiempo!- dijo Verónica que entró, hizo una señal a su novio para que pasara y añadió - Éste es Eduardo, es... bueno, ya sabes quién es. -Encantado- dijo Eduardo mientras tendía la mano.


-No puedo decir lo mismo...- añadió Ataúlfo, pero al escuchar la voz baja de su hija diciendo ''¡papá!'' se contradijo - Quiero decir.... un placer. Fue un día muy ajetreado, se escuchaban pasos, risas, órdenes de su hija y muchos más sonidos que Ataúlfo se quería quitar de la cabeza. Desde que llegó su hija se había encerrado todo el día en su cuarto. Es que le daban igual las explicaciones, su hija tenía que casarse... y además con un analfabeto, la mente del anciano no comprendía a la de su hija... Siempre le pareció que pensaban igual pero esa sorpresa había sido muy grande... A la mañana siguiente Ataúlfo salió de su cuarto arreglado y preparado para la boda. Estaría en la ceremonia y cuando todos se fueran al paseo por la playa él se encerraría en su cuarto. Bajó las escaleras, salió al patio trasero y se sentó en una de las butacas esperando con todos los invitados. Pero el anciano no lo soportó y se fue a su cuarto. Observó la boda por la ventana de su cuarto y cuando todos los invitados se iban a la playa a observar el mar (su casa estaba delante de la playa), se tiró en la cama, cerró las cortinas de su cama y se quedó dormido. Ataúlfo abrió los ojos latiéndole el corazón con fuerza, todos los invitados estaban en la playa... pero no, alguien estaba en la habitación, escuchaba su respiración... abrió las cortinas y no vio a nadie, se levantó iba a abrir la puerta cuando escuchó un ruido detrás suya y tras eso un disparo que le hizo caer al suelo... Cuando llegaron los invitados Verónica fue a buscar a su padre y así fue como llamaron a la policía. La policía estuvo investigando el asesinato del señor Ataúlfo, y tras dos semanas de investigación


encontraron al culpable, y citaron a todos los de la ceremonia en la mansión del difunto. - La semana pasada mientras todos deberíais estar en la playa tuvo lugar un asesinato... ¡Sí, sabemos quién es el asesino!- dijo un policía y de la nada aparecieron un montón de murmullos- ¡¡Silencio!! El asesino es... ¡¡usted!! Verónica Gómez- dijo el policía señalando a esta. -¿Yo? ¡A mi padre! ¿¡Por qué iba yo a hacer algo así!?-dijo reprimiendo las lágrimas. -Paso a paso... La señorita Gómez en realidad no tenía ninguna intención de durar más de dos semanas con el señor Eduardo- y aparecieron de nuevo los murmullos - ¡Usted lo único que quería era conseguir la fortuna de su padre! Lo tenía todo planeado... pero se le olvidó una cosa... Hemos encontrado en su cuarto una pistola, y un paquete de balas iguales a la que mató al señor Ataúlfo. ¿De verdad pensaba que con casarse con una persona no tan rica como usted no íbamos a sospechar de su culpabilidad? -¡Yo no fui! ¡Se lo juro! ¡Créame! ¡Soy inocente! - gritó desesperada Verónica. -No me haga reír. Las cámaras de seguridad instaladas en el jardín de Ataúlfo muestran cómo usted se alejó de los demás, se escondió y, cuando todos estaban en la playa, volvió a la casa, se coló por la ventana y al rato se escuchó un disparo. De repente empezaron a escucharse gritos de los invitados a la boda. -¡Asesina! -¡Y yo que creía que eras buena persona! -¡Cómo has podido! -¡Era tu padre! ¡Asesina!


La policía se llevó a Verónica Gómez que fue arrestada y condenada a veinticinco años de cárcel, y la gran herencia la recibió un niño vagabundo, o mejor dicho, su sobrino lejano.

Fernando Borrero Granell 1º A


CAPERUCITA AZUL En cierto pueblo, cercano a un bonito bosque, vivía una bellísima niña, tan linda que parecía un angelito. Su madre estaba tan contenta con los encantos de su hija, que casi vivía loca de felicidad. Pero más contenta aún se encontraba su abuelita, que no hallaba la manera de demostrarle cuánto la quería. La tenía abrumada de regalos y fue precisamente su abuelita la que le hizo un hermoso sombrerito de forma de caperuza, de color azul. Desde entonces la llamaron Caperucita Azul. Un día, al llegar a casa Caperucita Azul, después de haber estado jugando en el bosque con los animales y cogiendo flores, vio sobre la mesa unos sabrosos pasteles y, creyendo que eran para ella, se los comió. Cuando la madre lo vio no le dijo nada, porque como siempre era tan buena, se lo merecía. Entonces se puso a hacer otros pasteles, y le dijo a Caperucita Azul que se los llevase a su abuelita junto con un tarrito de miel y algunas flores porque su abuelita estaba enferma. Caperucita Azul metió en una cesta todo lo que su mamá le había dicho, le dio un abrazo, cogió la bicicleta y salió rumbo a la casa de su abuelita, que quedaba al otro lado del boque. Caperucita Azul avanzaba cantando de alegría cuando, al atravesar el bosque, se encontró al señor zorro, que estaba más hambriento que nunca. La pequeña era un exquisito banquete para el lobo. Este empezó a acercarse a Caperucita Azul y ella comenzó a correr con la bicicleta hasta llegar a casa de su abuelita. Cuando se dio cuenta de que el lobo la había seguido se metió corriendo en casa de la abuela y le preguntó cómo estaba. Le contestó que estaba mejor y entonces Caperucita Azul le dio los dulces y, mientras se los comía, le explicó lo que había pasado a su abuelita. En ese momento el lobo empezó a empujar y a arañar la puerta. Entonces se asustaron mucho y se pusieron a gritar. Por suerte, unos cazadores les escucharon y acudieron rápidamente a casa de la abuelita, y cuando vieron al lobo lo mataron y entraron rápidamente en la casa.


- ¿Estáis bien? - preguntaron los cazadores. -Sí, y muchas gracias por todo - dijo la abuelita. Desde ese día la linda Caperucita podía salir tranquila al bosque y a casa de su abuelita. Ya tenía muchas cosas que contar y por fin Caperucita Azul vivía tranquila.

FIN

María Hierro Márquez (1º B)


EL DESEO DE INÉS

H

abía una vez una niña llamada Inés que vivía en Mazagón. Ella era alta, delgada, y con el

pelo castaño. Era muy solitaria y no tenía hermanos/as. Su padre se llamaba Juan y su madre Juana. Ellos tenían que viajar mucho a causa del trabajo de su padre y cuando Inés ya iba cogiendo confianza con sus amigas tenía que viajar. Eso a ella no le gustaba nada pero si no lo hacían, su padre tendría que cambiar de trabajo. Inés de pequeña tuvo un perro, pero se le escapó y ya no tuvo ninguno más. A ella le dio mucha pena porque ese perro era el que le hizo sentirse mejor y menos sola. Su padre quería comprarle otro animal que no fuera un perro para poderlo trasladar mejor, pero a ella solo le gustaba el perro. Un día iban paseando por la calle y vieron un cartel que ponía: “Adoptar un perro es lo mejor que podéis hacer”. A Inés ese cartel le llamó mucho la atención y le dijo a su padre: -¡Papá, papá! Mira este cartel, pone que adoptemos un perro; ya que queremos uno podemos adoptarlo y así ayudamos a alguno de ellos. Le dijo el padre: -Inés, yo no es por comprar ni nada, sino que cada vez que nos tenemos que mudar hay que trasladarlo, y eso cuesta mucho trabajo. Le respondió Inés: -Ya, pero si es un perro pequeño como un Teckel o algo parecido no cuesta tanto trabajo, por favor… El padre no muy convencido le dijo: -Ya veremos, ya veremos… Inés le respondió enfadada: -Siempre que dices “ya veremos” es que no lo vas a adoptar. Pero tú mira las caritas que tienen, son para comérselos y encima los ayudamos. Juan le preguntó a su esposa: -No sé… ¿Tú qué dices, Juana? Juana le respondió:


-Yo nada, por mí sí pero es que es lo que dice tu padre, que es mucho trabajo. Juan ya cansado de hablar de eso dijo: -Venga, vamos a dejar esta conversación. Inés no muy convencida le dijo: -Vale… Cuando llegaron a su casa Inés se fue a acostar porque era ya muy tarde. Juan y Juana siguieron con la misma conversación y decidieron que se lo iban a pensar mejor, porque era una decisión un poco difícil. Al siguiente mes otra vez se tenían que mudar, pero esta vez a Zaragoza, y a empezar otra vez de nuevo. Cuando se mudaron a Zaragoza y ya estaban en su nueva casa, la madre le enseñó su nueva habitación. Ya estaba amueblada y tenía una caja que ella nunca había visto. La abrió y pegó un grito muy fuerte: -¡AAHH…! Cuando los padres escucharon ese grito subieron a ver si le había pasado algo. La chica muy contenta dijo: -Gracias, gracias, muchísimas gracias. Era un perro, pero el perrito traía una nota que decía: “Ve al baño, allí te voy a enseñar algo”. Se fue corriendo al baño, abrió un mueble y…pegó otro grito: -¡Otro perro…! ¡Qué monos… ¡Gracias, muchísimas gracias. El padre muy contento al saber que a Inés le había gustado: -No hace falta que nos des las gracias, te los hemos comprado para que te acuerdes menos de Trico, tu antiguo perro, y para que te sientas menos sola, pero tienes que prometerme que los cuidarás muy bien, y cuando tengamos que mudarnos me ayudarás a cargar con ellos en el coche. Inés le respondió muy convencida: -Vale, te lo prometo. ¿Y cómo que habéis comprado dos perros? Le respondió Juana: -Porque uno es macho y otro hembra, y así cuando sean grandes y tengamos mucho tiempo porque nos quedemos en un sitio fijo, aparearlos.


La niña muy alegre exclamó: -¡Mucho mejor! Bueno, les voy a poner nombres. La hembra se llamará Luna, y el macho, Cosqui, de Cosquillas. El padre añadió: -Y encima los hemos adoptado como tú querías y nos ha costado mucho trabajo encontrar una hembra y otro macho de esta raza… ¿cómo era…? Respondió Inés: -¿Teckel? Contestó Juan: -Sí, eso. Inés, sus padres y los perros vivieron muy felices ya que tres años después Luna tuvo perritos y a Juan lo hicieron fijo en Huelva.

Isabel Márquez Márquez (1ºB)


EL NAUFRAGIO

Érase una vez una mujer llamada Dorita, que era muy rica. Un día fue a hacer un viaje de negocios a las islas Galápagos en su hermoso y lujoso yate nuevo. La primera noche la intentó pasar en un puerto, pero el más cercano estaba a 500 millas así que siguió navegando. A media noche le sorprendió una terrible tormenta, chocó contra una gran ola y salió despedida por la borda del barco. Se despertó en una isla desierta, tenía mucha sed y decidió adentrarse en ella para encontrar agua dulce. Observo que había muchos árboles frutales y recolectó algunas frutas. Cuando terminó, apartó unas grandes hojas de palmera y vio un manantial. Fue rápido a beber agua. Ya sabía dónde podría encontrar agua, así que construyó un pequeño refugio para pasar los días hasta que avistase algún barco y pudieran recogerla para volver a casa. A la tarde dio un paseo por la orilla de la gran isla, vio algo raro a lo lejos: era un barco de pesca. Dorita cogió su mechero y encendió un fuego, pero vino un viento y lo apago rápidamente, por lo que fracasó en su intento. Volvió a su refugio para pasar la noche y se puso a comer las frutas que recogió anteriormente. Pasó

una

noche

muy

mala

despertándose continuamente, ya que no estaba acostumbrada a dormir en esas condiciones.


Al día siguiente volvió a adentrarse en la isla e intentó subir a una palmera para coger cocos. Los abrió dándoles con una piedra, se los bebió y los conservó para guardar agua del manantial. Al siguiente día avistó un barco muy grande, cogió lo que tenía más cerca, su refugio, y sin pensárselo dos veces le prendió fuego. El barco avistó el fuego y se dio media vuelta dirigiéndose hacia la isla. La embarcación al ser tan grande no podía acercarse mucho a la isla, por lo que dos tripulantes fueron en un bote salvavidas hacia la orilla. Recogieron a Dorita y se la llevaron al barco. Dorita habló con el capitán del barco y decidió llevarla a su casa. La mujer les agradeció mucho lo que habían hecho por ella y volvió sana y salva a su lujosa casa.

Lucía Valladares Reales 1ºA


EL PERRITO DOBBY

Y

o estaba en la selva andando sin rumbo fijo y buscando frutos, ya que me había perdido en una expedición y no tenía

comida porque no llevaba la mochila. De repente vi a lo lejos una mancha marrón en el suelo y pensé: “¡Estoy salvado, a lo mejor es una persona con móvil o que me pueda sacar de aquí con un coche!” Me fui acercando y cuando me di cuenta era un perro, al parecer perdido o abandonado porque tenía un collar que ponía “Dobby”, pasé de largo pues demasiadas preocupaciones tenía ya como para cuidar un perro, así que seguí buscando comida y me alejé de él. Me empezaba a doler la barriga de hambre, porque aunque a veces encontraba árboles con frutas no me atrevía a comérmelas debido a que no sabía si eran venenosas. Al fin me encontré un platanero y cogí 5 ó 6 plátanos. Estaba anocheciendo y no paraba de pensar en el perro, me daba pena al pensar en él allí tirado en medio de la selva. Así que me di la vuelta y fui a por él. No era de noche del todo, todavía llegaban unos pocos rayos de sol. Estaba cansado así que en la orilla de un río cercano me tumbé. Me sentía solo y ya echaba de menos a mi familia, tenía la esperanza de

que

pronto

encontraran.

vinieran

y

me


A la mañana siguiente, cuando me desperté, estaba amaneciendo y rápidamente me levanté, me lavé la cara en el río, bebí un poco de agua y me fui, con los dos plátanos que me quedaban, en busca del perro. Seguí el curso del río hacia arriba y después de media hora más o menos empecé de nuevo a tener hambre y me comí un plátano. Seguí caminando hasta que di con una cascada muy bonita, allí en la orilla estaba el perro bebiendo. El perro era marrón, de tamaño normal y con el rabo corto. Me fui acercando lentamente pero cuando estaba a un metro de él se asustó, dio un pequeño salto y cayó al agua. Antes de que me pudiera meter él ya había salido. Se me acercó, parecía tener hambre por eso le di el único

plátano

quedaba.

Yo

tranquilo aseguré

que ya

porque de

que

me

estaba me estaba

bien y le di de comer, así que sigilosamente me fui alejando. Cuando me di cuenta el perro iba detrás de mí y pensé: bueno, al menos ya tengo compañía. Mi segundo día en la selva llegaba a su fin. Me adentré en la selva y junto a un árbol y con el perro al lado, me dormí. Mañana tendría que ir a buscar comida. Los ladridos del perro me despertaron, llevaba una cría de conejo en la boca. Se acercó a mí y agachó la cabeza dejando a la cría en el suelo. Yo le acaricié. Al cabo de un rato empecé a tener


hambre entonces cogí dos palos y empecé a frotarlos hasta que empezó

a salir un débil humo, cogí hojas secas, soplé y una

pequeña llama salió. Cociné el conejo y nos lo comimos junto a unos frutos que había recolectado. De repente me di cuenta de algo: ¡El perro tenía un localizador! ¡Estaba salvado! Tarde o temprano vendrían a por él. Al terminar de comer empezamos a andar de nuevo sin rumbo fijo. Yo estaba empezando a oler mal. Escuché unas voces a lo lejos: -¡DOOOBBYYYYYY! ¡Era el dueño del perro! Dobby empezó a correr y fui detrás de él. El dueño era gordo, bajo y llevaba una escopeta en la espalda. -Hola -le dije. -¿Tú quién eres?-me respondió. -Llevo perdido 3 días. -¡¿Quéeeee?!Ven al coche, tengo agua y comida. -Una pregunta: ¿Me podría quedar su perro?-le pregunté inseguro. -Mm……Vale, sólo lo utilizo para cazar. -Gracias. Llegamos al coche, bebí, comí y me llevó a la ciudad. -Gracias por todo-le dije. -De nada, cuida bien de Dobby. Por fin, gracias a Dobby salí de la selva. Una nueva vida me esperaba con mi acompañante…

Miguel Martín Bórnez (1º B)


LOS TRES CERDITOS Érase una vez una enorme y lujosa casa de alta tecnología en la que habitaban los tres celebérrimos cerditos. Los conocía toda la aldea gracias a su gran mansión. Los tres cerditos tenían un enemigo: el temido zorro; aunque para ellos no era ni temido ni peligroso, pero se escondían de él en su casa de altas tecnologías preparada exclusivamente para defenderla de las sucias manos del zorro.

Un día, los tres cerditos se dedicaron a salir al mercado, pero se toparon con el malvado zorro. Los hermanos, asustados, se metieron en la mansión. El zorro gritó: - Eructaré y eructaré y vuestra mansión derrumbaré... Desde la ventana del segundo piso los cerditos observaban las afirmaciones del zorro, aunque la ventana no servía de mucho porque lo veían todo desde cuatro enormes pantallas que daban cuatro perspectivas diferentes del patio en el que se encontraba el zorro. Entonces, el zorro eructó pero el único efecto que tuvo fue el de mover el picaporte de la puerta principal que finalmente cayó. Esto no afectaba a los cerditos ya que se abría con un mando a distancia y, en realidad, el picaporte era de decoración. Los cerditos estaban acostumbrados a este tipo de escenas así, que sin reproches ni miramientos, el cerdito mayor, con su bata blanca, se colocó bien las gafas y le dio al botón rojo que había debajo de las pantallas. De repente, por efecto del botón, se abrió una compuerta


bajo los pies del zorro y éste, alucinado y con los ojos sobresaltados, cayó en el vacío por un conducto que le

llevó hasta la mismísima

puerta de su casa. El zorro no tardó en volver a la mansión. Esta vez llegó en un cohete a propulsión para que los cerditos viesen que él también tenía altas tecnologías. La puerta estaba abierta y entonces entró. Simplemente con pisar el suelo de mármol, saltó la alarma que decía con voz muy nasal: - ¡Peligro, peligro! Una luz roja daba vueltas alocadamente por todo el salón principal y emitía ruidos muy raros. El zorro se dispuso a salir corriendo del lugar pero cuando se dio la vuelta ya era tarde: el cerdito mayor, con su mando a distancia multiusos elevó una plataforma en la que aterrizaban con un helicóptero. Entonces le cerraron la puerta principal de forma que no pudiese abrirla desde dentro e hicieron lo mismo con la puerta de emergencia. Después el hermano mayor pulsó el botón de autodefensa interna de forma que por dentro de la casa salían puños de boxeo con brazos de metal y sprays lacrimógenos. Cuando el zorro quedó K.O., el hermano mayor abrió la puerta de emergencia y pulsó el botón de cárcel, con lo que el zorro quedó encarcelado. Lo llevaron al patio y allí lo dejaron.

Desde entonces, cada día el hermano menor le lleva comida todos los mediodías y todas las noches. También de vez en cuando recibe visitas de antiguos cerditos amenazados que, ahora, son ellos los que se ríen de él. Iván Romero Losilla (1º A)


MARÍA Y SUS AMIGUITOS Érase una vez una niña llamada María que vivía en una ciudad. Por suerte tenía unos padres que eran millonarios. Un día la niña fue a jugar con sus amigos, María tenía muchos amiguitos que se llamaban Víctor, Manolo, Mª José, Eduardo, Isabel y Marta…Nada más llegar a la plaza se reunieron en el banco: -¡Hola!-saludaron todos a la vez. -¿A qué jugamos? -¡Al escondite! Los niños empezaron a jugar. Jugando y jugando oscureció. -¿Mañana podemos jugar en tu casa? -le preguntó María a Víctor. -Venga, sí. Al día siguiente fueron a jugar a la casa de Víctor, jugaron al pillar y al balón, ese día les ocurrió lo mismo que el día anterior: oscureció.

-¿Podemos ir mañana a jugar a tu casa?-dijo Víctor, preguntándole a María. -No-contestó María.


-¿Por qué? -Porque no quiero. Todos los amigos de María se enfadaron con ella, así que María se quedó sin amigos. María en realidad no quería que fueran a jugar a su casa porque ella tenía cosas muy valiosas y creía que se las iban a romper. Pasaron unos días y María se dio cuenta de lo que había hecho, se sentía triste, sola, aburrida… Así que fue a pedirles perdón a sus amigos. La perdonaron y María supo que debería ser respetuosa, amable… con ellos. Así que María no volvió a hacerlo más. Moraleja: Si los demás prestan, nosotros también.

Isabel Mª Román Peña (1º A)


OBI V.S. ENTE Había una vez un niño de pelo y ojos negros. Vestía con una sudadera negra, guantes negros y pantalones vaqueros, llamado Obi. Estaba subido en lo alto de un piso, de pie. De repente saltó y caía de boca con los brazos pegados al cuerpo. A los dos metros del suelo lanzó una estrella metálica (que de ahora en adelante la llamaremos shúriken) atado a él un hilo metálico resistente, el shúriken dio vueltas a lo alto de una farola y como ''Spiderman'' se balanceó, dio una voltereta y cayó en el tejado de una casa. Fue corriendo y saltando de casa en casa, hasta que llegó a un callejón. En él estaba la policía, pues yacía el cadáver de una persona. Pero eso no era lo más sorprendente, en la pared estaba escrito con sangre: ''Te encontraré Obi y cuando lo haga te mataré''. Obi no le echó cuenta y saltó ese callejón. Poco después de aquello, en una plaza lejana del callejón, vislumbró cómo moría una persona bajo una luz azul. Al mirar la luz notó una presencia. Obi se acercó a la plaza y vio en la pared escrito con sangre: ''Ya me has visto, soy un ente y, como sabes, no tengo cuerpo. Soy el asesino de tu padre. Era un científico demasiado adelantado a su tiempo. Si quieres información busca en: “A-D-3-19-1-13-9-19-16”


-¡Qué

tonto!¡Como

si

no

lo

fuese

a

adivinar!14...calle...Ramiro-se dijo para sí mismo. Fue corriendo hacia aquel sitio y en la puerta vio como un ''mini-escáner'' para la mano. Obi puso la mano, una raya de luz verde fue desde la punta de los dedos hasta la muñeca. La puerta se abrió. Era todo muy moderno y con mesas llenas de papeles escritos. Uno parecía una receta de algo y ponía: <<CÓMO HACER QUE UN ENTE TENGA FORMA •

INGREDIENTES:

-150g de cloruro sódico. -500g de metano. -Sangre de fénix. -Cola de tritón. -Fuego de dragón cogido con una esfera celeste. -Poder del ente. -Bola de wolframio. •

PREPARACIÓN:

Primero se mezcla el cloruro sódico y el metano en la sangre del fénix. Hay que picar la cola de tritón y echarlo en el mismo recipiente. Luego se cocina todo con el fuego del dragón. Después se mete en la bola de wolframio. La


bola al estar en contacto con el ente explota y el ente cobra forma. •

NOTAS:

1ª. Si no soy yo el que lo cocina, aquí dejo dónde encontrar cada cosa. -Cloruro sódico y metano: en mi frigorífico. -Fénix: en el volcán Teide. -Dragón: dentro del Teide. -Tritón: en el interior del Mar Muerto. -Esfera celeste, bola de wolframio y cápsula para sacar sangre: en mi armario. 2ª. Para llegar a cada sitio puede usar mi avión que se puede transformar en CUALQUIER medio de transporte.>> -Anda, qué casualidad, lo he encontrado a la primera-dijo Obi. Fue y cogió todos los ingredientes que había en el laboratorio. Luego salió fuera y cogió el avión. Era muy fácil de manejar. Primero fue al Teide para buscar a un fénix. Cuando llegó puso el automático para que el avión se quedase ahí, cogió el paracaídas y saltó del avión. Caía velozmente como cuando se tiró del piso. A gran velocidad observó un fénix inmenso. Sacó su cápsula para la sangre, agarró al fénix, le clavó la cápsula, cuando se llenó le soltó y abrió el paracaídas, se guardó el frasco en el bolsillo y


cayó al lado del volcán. Cuando se lanzó al interior del volcán pudo ver un gran dragón rojo y negro. En cuanto el dragón vio a Obi le lanzó una llamarada. Obi, sin pensarlo dos veces, lanzó la esfera celeste, que rápidamente atrapó toda la llamarada. Cogió la esfera y llamó al avión y vio que era un ''skate'' volador. Obi se montó en él y supo que era seguro y subió por el volcán esquivando las llamaradas de los otros dragones. Cuando salió, el ''skate'' se volvió a transformar en un avión. Voló a máxima velocidad y fue directo al Mar Muerto. Cuando llegó se puso un traje de buceo especial cogió una pistola y se zambulló. A los pocos metros divisó un tritón enorme. Obi le disparó, pero el tritón lo esquivó. El tritón se acercaba más y más. Obi ya tenía preparado un cuchillo. Justamente cuando el tritón se disponía a morderle, Obi le dio una patada y le cortó la cola, pero otros tritones aparecieron cuando Obi luchaba contra ellos. Uno le mordió la pierna y lo arrastraba a las profundidades. Poco más tarde los tritones empezaron a hacer unos ruidos extraños. Al poco tiempo apareció una sirena. No era como él se la había imaginado. Esta tenía grandes dientes y garras, unas enormes orejas, ojos pequeños y negros y era blanca entera. La sirena se acercó, le iba a morder la mano cuando Obi le disparó entre los ojos. La sirena muerta fue bajando hasta el fondo. Luego vio algo acercándose a él: era un submarino. Obi se montó en él y guardó la cola del tritón. Cuando el submarino subió a la superficie se volvió a transformar en un avión y volvió al laboratorio. Una vez allí hizo la mezcla y lo guardó en la bola de wolframio. Salió a la calle en busca del ente. Lo encontró,


le lanzó la bola y al traspasarlo, explotó. El ente se trasformó en un perro gigante. El perro se lanzó sobre él, este cayó al suelo y recordó que todavía tenía el cuchillo. Lo cogió, se lo clavó y el perro murió. Un año después Obi ya estaba tan adelantado científicamente como su padre. Miró a su amigo y compañero Jack, luego miró a un recipiente lleno de cloro y un perro gigante. Un perro muy especial. Y le dijo a Jack: -Ya sé cómo revivir a mi padre-. CONTINUARÁ.

Rodero Peña, Alberto (1º B)


Cuentos1ºESO