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Index Glosario paisajes culturales y patrimonio 1. Post-Urban/Suburban Landscapes: Design and Planning the Centre, Edge and In-Between Helen Armstrong 2. Paesaggi, identità e comunità Luisa Bonesio 3. Il capitale come paesaggio Antonio G. Calafati 4. Les neuf conduites nécessaires pour une propédeutique, pour un apprentissage du projet sur le paisaje. Aux étudiants des écoles de Paysage Michel Corajoud, paysagiste 5. Lifescape – Fresh Kills Parkland James Corner 6. Modernity, Community and the Landscape Idea Denis Cosgrove 7. Observando la naturaleza: el paisaje y el sentido europeo de la vista Denis Cosgrove 8. I paesaggi dell´identita´europea Roberto Gambino 9. Paisaje y sintesís geográfica James Houston 10. Il paesaggio siamo noi Francesca Leder 11. El proyecto del paisaje Carles Llop 12. Defensa del paisaje Eduardo Martínez de Pisón 13. Paisatge i identitat territorial Joan Nogué 14. Algunes reflexions sobre geografia, paisatge i geohistòria ambiental Albert Pèlachs 15. El projecte del lloc: entre l´anàlisis de l´entorn i el disseny de l´espai exterior Rosa Barba 16. Paisajes culturales. El patrimonio como recurso básico para un nuevo modelo de desarrollo Joaquim Sabaté 17. La morfología del paisaje Carl O. Sauer 18. La formación histórica de los paisajes agrarios mediterráneos: una aproximación coevolutiva Enric Tello 19. Ética i estética del paisatge Jörg Zimmer


Paisaje Durante los últimos años, el Consejo de Europa ha prestado una particular atención al paisaje, considerándolo en sí mismo como un patrimonio insustituible. Esto se refleja especialmente, en la Recomendación redactada al efecto, adoptada en 1995, relativa a la conservación de los Sitios Culturales integrada en las políticas de paisaje, en la que se analiza la situación de estos sitios de carácter paisajístico, tratando de elaborar unas medidas que determinen una política adecuada del paisaje a fin de lograr la protección y conservación del mismo. En el Apéndice de esta Recomendación se redacta una definición expresa del paisaje como: la manifestación formal de las múltiples relaciones que existen entre el individuo o una sociedad, y un espacio topográficamente definido en un período determinado, cuyo aspecto resulta de la acción en el tiempo, de factores naturales y humanos, y de su combinación. Ref.: Recomendación (95) 9. (Véase Paisajes culturales)

Paisajes culturales Aunque este título no está explícitamente delimitado en los Textos Fundamentales, la definición que el Consejo de Europa efectúa del término paisaje -en el título anterior- se refiere a lo que también denomina indistintamente paisajes culturales y, más específicamente, sitios culturales , de los cuales si se encuentra una definición propia. El concepto de paisaje cultural se engloba dentro del concepto ampliado del patrimonio que el Consejo de Europa ha desarrollado en los últimos años. Actualmente ya no se puede hablar sólo de patrimonio arquitectónico y arqueológico, sino de patrimonio cultural que incluye también a los paisajes culturales, los bienes muebles y el patrimonio intangible. Ref.: Prólogo.- 4ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Helsinki 1996. (Véase Paisaje y Sitios Culturales)

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PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO

Patrimonio Arqueológico El Consejo de Europa ha mostrado especial interés en la salvaguarda del patrimonio arqueológico como parte esencial del patrimonio cultural europeo. Para ello, ha realizado estudios y trabajos que se han plasmado en documentos que establecen las directrices para una adecuada protección y conservación del mismo. Así, tuvo lugar la elaboración del primer Convenio europeo para la protección del Patrimonio Arqueológico que quedó abierto a la firma en Londres, en el año 1969. Éste se refería principalmente a las excavaciones y a la información que de ellas se obtiene. Posteriormente, en 1989, se consideró necesaria la elaboración de una Recomendación específica sobre la protección de este patrimonio en relación a los planes de ordenación urbana y rural. Este texto se redactó una vez establecidos los principios de la conservación integrada para el patrimonio arquitectónico, observando los cambios que estaban ocurriendo en las grandes obras de ordenación y la relación existente entre la protección del patrimonio arqueológico y el desarrollo cultural, turístico y económico. En 1992 se elaboró el Convenio europeo para la protección del Patrimonio Arqueológico (revisado) a la vista de que el contenido del Convenio de 1969 había sido superado, pareciendo conveniente la elaboración de un nuevo tratado que actualizara la protección del contexto arqueológico. El Artículo 1 define ampliamente el concepto de patrimonio arqueológico: El fin del presente Convenio (revisado) es proteger el patrimonio arqueológico, en tanto que es considerado como fuente de la memoria colectiva europea y como instrumento de estudio histórico y científico. A este efecto, son considerados como elementos del patrimonio arqueológico todos los vestigios, bienes y otras huellas de existencia de la humanidad en el pasado: * cuya salvaguarda y estudio permitan volver a trazar el desarrollo de la historia de la humanidad y su relación con el entorno natural, * cuyas principales fuentes de información sean las excavaciones, descubrimientos y otros métodos de investigación relativos a la humanidad y su entorno. Están incluidos dentro del patrimonio arqueológico las estructuras, construcciones, conjuntos arquitectónicos, sitios ya desarrollados, objetos muebles, monumentos con otro carácter, así como su contexto, ya estén situados sobre la tierra o bajo el agua. Los Estados vinculados a este Convenio se comprometen a establecer un régimen jurídico de protección del patrimonio arqueológico que cumpla los criterios determinados por el Convenio y a prever medidas de control y de protección. Igualmente, cada Parte se compromete a promover una política de conservación integrada del patrimonio arqueológico, a disponer de un apoyo financiero para la investigación, a facilitar los intercambios de información, a sensibilizar al público y a desarrollar la cooperación con las otras Partes. La reunión de la 3ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, celebrada en Malta, donde quedó abierto a la firma el citado Convenio, dedica específicamente su Resolución Nº 1 al patrimonio arqueológico, invitando al Consejo de Cooperación Cultural (CDCC) a poner en marcha un “Plan Europeo de Arqueología”, programa que continúa desarrollándose en la actualidad. Ref.: Convenio Cultural Europeo para la protección del Patrimonio Arqueológico, Londres 1969.- Recomendación (89)5.- Convenio Europeo para la protección del Patrimonio Arqueológico, La Valette 1992.- 3ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Malta 1992.

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PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO

Patrimonio Arquitectónico El Consejo de Europa ha desarrollado un trascendental trabajo en el ámbito del patrimonio arquitectónico, considerando que su protección y conservación son fundamento de la riqueza cultural europea. En el año 1966, la Resolución relativa a la reanimación de monumentos, es precursora de la doctrina europea, posteriormente establecida, al introducir en uno de sus párrafos el concepto de salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico y cultural, con nueve años de anticipación a la Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico, en donde el Consejo de Europa consagró definitivamente este concepto. En 1969, la 1ª Conferencia Europea de Ministros responsables del que todavía se denominaba patrimonio cultural inmobiliario decidió la conveniencia de organizar un año consagrado a la salvaguarda y rehabilitación de este patrimonio, crear un Comité para la elaboración de una Carta que enunciara los principios básicos de dicha salvaguarda y rehabilitación, y que preparara el camino para un futuro Convenio. En 1975, se proclamó el Año Europeo del Patrimonio Arquitectónico y se adoptó la mencionada Carta Europea, que fue un documento esencial porque en este texto se enunciaron, por primera vez y de modo explícito, los principios de la conservación integrada del que, desde entonces, se llamará Patrimonio Arquitectónico. A partir de ese momento, el término es utilizado permanentemente en los diferentes Textos Fundamentales del Consejo de Europa. En primer lugar, la Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico, del año 1975 contiene afirmaciones tan significativas y definitorias como: * El Patrimonio Arquitectónico europeo está formado no sólo por nuestros monumentos más importantes, sino también por los conjuntos que constituyen nuestras ciudades antiguas y nuestros pueblos tradicionales en su entorno natural o construido. * es una manifestación de la historia y nos ayuda a comprender la importancia del pasado en la vida contemporánea. * es un capital de valor espiritual, cultural, social y económico insustituible. * tiene un valor educativo determinante. Posteriormente a la adopción de la citada Carta, en el año 1976 se estimó necesario analizar la situación legal del patrimonio arquitectónico, elaborando y adoptando la Resolución relativa a la adaptación de los sistemas legislativos y reglamentarios a los requisitos de la conservación integrada del Patrimonio Arquitectónico, la cual, en su apartado de definiciones, considera que el patrimonio cultural inmobiliario de un país comprende el patrimonio arquitectónico, compuesto de monumentos y conjuntos arquitectónicos, por un lado, y los sitios, por otro. Se puede observar que en esta definición el patrimonio arquitectónico es parte de un todo denominado entonces patrimonio cultural inmobiliario. En 1985, el Convenio para la salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico de Europa , llamado Convención de Granada, en su Artículo 1, contiene una definición explícita de patrimonio arquitectónico, integrado por los siguientes bienes inmuebles: * Monumentos: todos los edificios y estructuras de destacado interés histórico, arqueológico, artístico, científico, social o técnico, incluyendo sus instalaciones y los accesorios decorativos que sean parte integrante de los mismos. * Conjuntos arquitectónicos: agrupaciones homogéneas de construcciones urbanas o rurales que destaquen por su interés histórico, arqueológico,

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PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO

artístico, científico, social o técnico, y que sean suficientemente coherentes para ser objeto de una delimitación topográfica. * Sitios: obras combinadas del hombre y la naturaleza, parcialmente construidas y que constituyen espacios suficientemente característicos y homogéneos para delimitarse topográficamente y que tengan un destacado interés histórico, arqueológico, artístico, científico, social o técnico. Se observa que en esta definición ya se encuentra ampliado el concepto de patrimonio arquitectónico con respecto a la anterior de 1976, puesto que, además de extenderse el concepto de cada uno de los elementos que lo componen, están incluidos los sitios como parte de dicho patrimonio. La anterior definición y todo lo tratado en el Convenio referente a la protección legal y conservación integrada del patrimonio arquitectónico, permanece todavía hoy en vigor. Los documentos posteriores del Consejo de Europa en esta materia, han ampliado el contexto del patrimonio arquitectónico, refiriéndose a patrimonio rural, patrimonio técnico, industrial y de ingeniería civil, patrimonio del siglo XX, hasta que en 1992, la Conferencia de Ministros responsables en esta materia decidió adoptar el término más general de patrimonio cultural. Finalmente, podemos destacar un texto posterior a la Convención de Granada que contiene otra definición de patrimonio arquitectónico complementaria de la anterior de 1985, es la Recomendación relativa a las medidas para promover la financiación de la conservación del patrimonio, adoptada en 1991: Por Patrimonio Arquitectónico, se entiende no sólo los monumentos, conjuntos arquitectónicos o sitios que están legalmente protegidos o que tienen un interés prestigioso, sino también todos los conjuntos arquitectónicos, en medio urbano o rural, que forman una entidad coherente por la homogeneidad de su estilo o por la huella histórica de los grupos humanos que allí vivieron. Ref.: Presentación.- Resolución (66)20.- 1ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural Inmobiliario, Bruselas 1969.- Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico, Amsterdam 1975.- Resolución (76)28.- Convenio para la salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico de Europa, Granada 1985.- Recomendación (91)6.

Patrimonio Arquitectónico del siglo XX En 1985 se celebró en Granada la 2ª Conferencia de Ministros responsables del Patrimonio Arquitectónico que recogía y adoptaba lo tratado en el Convenio para la salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico. En la Resolución Nº 2 relativa a la promoción del patrimonio arquitectónico en la vida sociocultural, como factor de calidad de vida, los Ministros recomendaban a los Gobiernos de los Estados miembros integrar en sus políticas de conservación el concepto actual ampliado de patrimonio arquitectónico, admitiendo una extensión de las categorías de bienes a proteger como, la arquitectura vernácula, rural, técnica e industrial, y la arquitectura de los siglos XIX y XX, conjuntamente con su entorno. Posteriormente, en el año 1991, dado el valor y magnitud de la arquitectura contemporánea, el Consejo de Europa consideró necesario elaborar la Recomendación relativa a la protección del Patrimonio Arquitectónico del Siglo XX, que estableciera unas directrices europeas para el estudio, la identificación, conservación y concienciación pública de este patrimonio. En el texto de la misma se pone de manifiesto que: * la arquitectura del siglo XX es una parte integrante del patrimonio

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PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO RURAL

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histórico europeo y que la conservación y puesta en valor de sus elementos más significativos, debe responder a los mismos objetivos y principios que los establecidos para la conservación del patrimonio arquitectónico en su conjunto. esta categoría del patrimonio, por su proximidad histórica, por la abundancia de testimonios existentes y por su carácter heterogéneo, está menos reconocida, tanto por parte de las autoridades responsables como por el público en general, en comparación con otros componentes del patrimonio arquitectónico. la falta de interés por su conservación nos conduciría a pérdidas irreparables y privaría a las generaciones futuras de este periodo de la memoria europea.

Ref.: 2ª Conferencia de Ministros responsables del Patrimonio Arquitectónico, Granada 1985.- Recomendación (91 )13.

Patrimonio Arquitectónico Rural El concepto de patrimonio arquitectónico rural aparece ya de modo implícito en la Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico del año 1975, que enunció los principios de la conservación integrada, expresando como inicio fundamental que el patrimonio arquitectónico europeo está formado no sólo por nuestros monumentos más importantes sino también por los conjuntos que constituyen nuestras ciudades antiguas y nuestros pueblos tradicionales en su entorno natural o construido. A partir de este momento, se va prestando progresivamente mayor atención a la consideración del patrimonio arquitectónico rural como fuente de información primordial de la historia y la cultura de Europa, siendo determinante en la formación de una identidad europea. En 1985 el Convenio de Granada para la salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico de Europa , en su Artículo 1, al definir los conjuntos arquitectónicos pertenecientes al patrimonio arquitectónico, hace referencia específica al patrimonio de carácter rural, al identificar a aquellos como agrupaciones homogéneas de construcciones urbanas o rurales que destaquen por su interés histórico, arqueológico, artístico, científico, social o técnico y que sean suficientemente coherentes para ser objeto de una delimitación topográfica. Posteriormente al Convenio, dada la exigencia de salvaguardar este patrimonio europeo, en el año 1989, se redactó y adoptó una Recomendación relativa a la protección y puesta en valor del Patrimonio Arquitectónico Rural que establecía unas directrices comunes para la elaboración de las políticas europeas respecto a este patrimonio. En el texto de la misma se expone, a título de introducción, lo siguiente: * la evolución de la producción agrícola y las transformaciones sociales que han tenido lugar en las últimas décadas ponen en peligro la propia existencia de la arquitectura rural tradicional y sus enclaves. * este patrimonio constituye hoy, no solamente uno de los componentes más auténticos de la cultura europea, sino también un factor principal en el desarrollo local. Más adelante, en el Apéndice de la Recomendación, se establece como principio fundamental la necesidad de salvaguardar la memoria colectiva de la Europa rural mediante el desarrollo de instrumentos de investigación e identificación de su patrimonio arquitectónico. Para ello se deberá organizar el trabajo de identificación del patrimonio rural sobre una base interdisciplinaria que

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PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO RURAL

abarque las características arquitectónicas y artísticas, así como los factores geográficos, históricos, económicos, sociales y etnológicos. Un segundo principio de la Recomendación establece que se debe incorporar la protección del Patrimonio Arquitectónico en el proceso de planificación, de ordenación del territorio y de protección del medio ambiente. Para realizar esta incorporación, es necesario: * la protección jurídica de los elementos más representativos de este patrimonio edificado. * la elaboración de estrategias coordinadas para la salvaguarda y puesta en valor del patrimonio edificado y natural, basadas en un sistema de planificación global que incorpore estos dos aspectos inseparables del patrimonio rural. * el control adecuado del uso del suelo. Este concepto de patrimonio arquitectónico rural está presente también de modo implícito en otras Recomendaciones, pues tiene relación directa con otros temas importantes tratados por el Consejo de Europa, como son la promoción de los oficios artesanales, la protección de los sitios culturales, la elaboración de políticas del paisaje y la salvaguarda del patrimonio arqueológico en el contexto de la ordenación urbana y rural. En el análisis de todas estas cuestiones es imprescindible tener en cuenta la riqueza y la necesidad de protección del patrimonio rural europeo. Finalmente, en 1996, la 4ª Conferencia europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, celebrada en Helsinki, insiste en el valor del patrimonio cultural como factor de desarrollo local y rural, disponiendo que corresponde a las autoridades públicas promover estrategias dinámicas de conservación, que movilicen el potencial económico que el patrimonio representa para la regeneración urbana y el desarrollo rural. Ref.: Prólogo.- Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico, 1975.- Convenio para la salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico de Europa, Granada 1985.Recomendaciones (86)15, (89)5, (89)6 y (95)9.- 4ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Helsinki 1996.

Patrimonio Cultural Este amplísimo título abarca el contenido del conjunto de los Textos Fundamentales del Consejo de Europa en relación a esta materia. No obstante, tratamos, a continuación, de acotar el concepto y su significado, analizando los párrafos más significativos de los distintos documentos. El término patrimonio cultural ya fue utilizado en el que ha sido considerado como primer Texto Fundamental por el Consejo de Europa. Se trata del Convenio Cultural Europeo, abierto a la firma en París, en el año 1954, que en su Artículo 1, dispuso que: cada Parte Contratante tomará las medidas apropiadas para salvaguardar su aportación al patrimonio cultural común de Europa, así como impulsar el desarrollo del mismo. En 1969, la 1ª Conferencia de Ministros responsables del Patrimonio Cultural Inmobiliario, utilizaba el término patrimonio cultural para expresar un concepto más amplio que el de patrimonio cultural inmobiliario, apropiado entonces para denominar el patrimonio formado por los bienes inmuebles. La Conferencia recomendaba a los Gobiernos, entre otras cosas, intensificar sus esfuerzos a fin de impedir que prosiga la degradación o destrucción de un patrimonio irreemplazable, actuando con todos los medios adecuados, y especialmente, adaptando su sistema legislativo y reglamentario para poder hacer

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PATRIMONIO CULTURAL

frente a los requisitos de la conservación activa y a la integración del patrimonio cultural en la sociedad contemporánea. Por otra parte, la Conferencia se hacía eco de la labor del Consejo de Europa en este ámbito, rindiendo homenaje a la acción llevada a cabo por el Consejo de Europa en favor de la protección del Patrimonio Cultural Europeo. En 1985, el texto fundamental en el ámbito del patrimonio arquitectónico conocido como Convención de Granada, utilizaba también el término de patrimonio cultural en el mismo sentido que el citado anteriormente, y en su preámbulo reconocía que el patrimonio arquitectónico constituye una manifestación insustituible de la riqueza y variedad del patrimonio cultural de Europa, testimonio inestimable de nuestro pasado y herencia común de todos los europeos. En el Artículo 15 del Convenio, que trata sobre el interés de la información y formación como medios imprescindibles para la conservación del patrimonio arquitectónico, cada Parte se compromete, entre otras cosas, a demostrar la unidad del patrimonio cultural y los vínculos que existen entre la arquitectura, las artes, las tradiciones populares y los modos de vida a nivel europeo, tanto nacionales como regionales. En este mismo año y con el mismo sentido que el tratado anterior, la Conferencia de Granada, que adoptó los principios establecidos en el Convenio, en su Resolución Nº 2 relativa a la promoción del patrimonio arquitectónico en la vida sociocultural, como factor de calidad de vida, recomienda a los Gobiernos de los Estados miembros, desarrollar y fortalecer los principios de la conservación integrada: * Poniendo de manifiesto los objetivos de conservación y puesta en valor del patrimonio cultural, en el marco de las políticas nacionales, regionales y locales, relativas a la ordenación del entorno natural y humano. * Subrayando el principio según el cual la conservación y puesta en valor del patrimonio cultural debe apoyarse en una participación activa de los ciudadanos. La misma Conferencia recomienda igualmente, promover la sensibilización y el acceso del público a su patrimonio fomentando el conocimiento y la comprensión del patrimonio cultural mediante programas educativos en el medio escolar y extraescolar. En 1992, se celebró en Malta la 3ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural. Esta nueva denominación de la Conferencia de Ministros, en la que el adjetivo cultural sustituye al de arquitectónico, pone de manifiesto de modo determinante la ampliación del concepto de patrimonio que, desde ese momento, ha sido adoptado por el Consejo de Europa para referirse a un todo cultural que engloba el patrimonio arqueológico y arquitectónico, visto éste último como el conjunto del entorno edificado, incluyendo la arquitectura contemporánea, el diseño urbano, los sitios y paisajes culturales, así como algunos bienes muebles y conjuntos decorativos. Concluida la reunión de Malta, los Ministros expresaban lo anteriormente expuesto, afirmando, como primer principio, que el patrimonio cultural, testigo de los vínculos del pasado y fuente de inspiración para el futuro, constituye una aportación insustituible para la construcción de una Europa más amplia. En la Resolución Nº 3 de la misma Conferencia, relativa a las prioridades de un proyecto paneuropeo para el patrimonio cultural, se aclaraba esta nueva idea de ampliación al considerar necesario -desde las perspectivas actuales de la sociedad europea- continuar desarrollando el concepto de protección del patrimonio cultural, especialmente, identificando las categorías del patrimonio que están insuficientemente protegidas, o que incluso todavía no están protegidas, y elaborando las estrategias específicas que les sean propias.

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PATRIMONIO CULTURAL

La Conferencia de Malta redactó una 4ª Resolución relativa a la conservación en situaciones de conflicto, que demostraba la prioridad de la solidaridad entre Estados también en el ámbito del patrimonio cultural. Los Ministros hacían un llamamiento solemne a todas las partes involucradas para poner fin a la destrucción consciente de un patrimonio cultural común y para hacer posible la salvaguarda de los bienes culturales, independientemente del contexto de los conflictos políticos, incluyendo el reconocimiento de la importancia del patrimonio cultural de las minorías. Posteriormente a esta Conferencia, en 1992, se publicó el Reglamento del programa de Cooperación y Asistencia Técnica relativo a la conservación integrada del Patrimonio Cultural que establece una normativa para la ayuda a las autoridades nacionales, regionales o locales que soliciten el asesoramiento del Consejo de Europa en esta materia. En su Artículo 1, se hace la siguiente definición clarificadora: Para los fines del presente Reglamento, el concepto de patrimonio cultural abarca los monumentos y sitios definidos en el Artículo 1 del Convenio para la salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico en Europa, así como los elementos del patrimonio arqueológico definidos en el Artículo 1 del Convenio Europeo para la protección del Patrimonio Arqueológico (revisado). El concepto de monumento engloba todos los edificios y estructuras, así como sus instalaciones y elementos decorativos. La Conferencia de Helsinki, celebrada en el año 1996, ha sido el documento que ha redactado el texto más elocuente y completo acerca del concepto de patrimonio cultural actualmente adoptado. La Declaración y las Resoluciones de la Conferencia establecen principios básicos como: * Reconociendo en el vínculo de un patrimonio cultural común y en los beneficios de su diversidad, uno de los factores de construcción y consolidación de la nueva Europa, en el mismo sentido que existe el vínculo con la democracia pluralista y parlamentaria, la individualidad y universalidad de los derechos del hombre y el imperio del derecho. * Considerando que, con el acceso a la cooperación intergubernamental de Estados de todo el continente europeo, es el momento oportuno para cuestionarse cual es el lugar que ocupa el patrimonio cultural en el proceso de desarrollo. * Los ministros europeos responsables del Patrimonio Cultural estiman que los valores inherentes al patrimonio cultural, así como las políticas necesarias para su conservación, pueden contribuir de modo esencial a los fines de la democracia y al equilibrio del proyecto de desarrollo que persigue el Consejo de Europa. El texto contiene también afirmaciones y requisitos del patrimonio cultural esenciales y determinantes del concepto como son los siguientes: * El acceso al conocimiento y uso del patrimonio cultural debe promoverse como un factor esencial de expansión individual y colectivo que permita al individuo situarse en su contexto histórico, social y cultural. * El concepto ampliado de patrimonio que alberga la presente Declaración engloba, no solamente el patrimonio arquitectónico y el arqueológico, sino también los paisajes culturales, los bienes muebles y el patrimonio intangible. * La difusión del conocimiento del patrimonio cultural debe garantizarse en el ámbito local, regional, nacional e internacional, poniendo de relieve tanto los elementos de unidad europea como la variedad de las identidades culturales que se manifiestan. La comprensión detallada de los valores inherentes al patrimonio conduce al reconocimiento de la diversidad, a la tolerancia y a la superación de las meras diferencias.

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PATRIMONIO CULTURAL

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El concepto, ahora admitido, de un patrimonio cultural común, debe llevar a los individuos y a las comunidades a admitir la responsabilidad compartida de su protección, cualquiera que sea el lugar físico de implantación de este patrimonio y el contexto político actual en el que esté insertado. * La utilización del patrimonio cultural como recurso debe integrarse en el proceso de planificación de un desarrollo sostenible, respetando aquellas restricciones que se aplican al uso de los bienes no renovables. * Los bienes culturales constituyen un testimonio irreemplazable para la historia de la cultura y de la civilización de la humanidad. Su estudio, documentación y conservación son un deber primordial para los investigadores contemporáneos y futuros. * La pedagogía del patrimonio debe destacar los valores históricos, artísticos y éticos que el patrimonio cultural representa para la sociedad, enseñando el respeto a las identidades múltiples, el desarrollo de la tolerancia y la lucha contra las desigualdades y la exclusión. * Analizar la aportación del patrimonio cultural para alcanzar una mayor cohesión europea, respetando siempre la diversidad de culturas y promoviendo la integración social. * Fortalecer el vínculo compartido de los europeos hacia su patrimonio cultural común estableciendo -dentro del marco de la cooperación intergubernamental del Consejo de Europa- un procedimiento de salvaguarda y puesta en valor del patrimonio edificado y de los sitios arqueológicos, que reflejan la diversidad cultural que se ha manifestado a lo largo de la historia en un mismo territorio, cualquiera que sea su contexto político actual. * El turismo contribuye muy positivamente al acceso de un público más amplio al patrimonio cultural, y los ingresos procedentes del mismo pueden suponer recursos esenciales para su mantenimiento y conservación. En 1996, se adoptó una Recomendación relativa a la protección del Patrimonio Cultural contra los actos ilícitos, en cuyo Apéndice, en el apartado primero que se refiere al alcance y definiciones de la recomendación, se establece de modo específico que forman parte del patrimonio cultural los bienes muebles e inmuebles que, dado su valor y significado cultural, deben preservarse y transmitirse a las generaciones futuras. En la Recomendación para la conservación continua del patrimonio cultural contra el deterioro físico debido a la polución, adoptada en 1997, se incluye una nueva definición en los términos siguientes: el patrimonio cultural comprende todos los bienes muebles e inmuebles que, habida cuenta de su valor y significado cultural, deben protegerse y transmitirse a las generaciones futuras. Otra, más reciente, la encontramos en la Recomendación relativa a la pedagogía del patrimonio, del año 1998. En ella se precisa el término como toda huella material e inmaterial de la obra creada por el hombre, así como toda huella combinada del hombre y de la naturaleza. Ref.: Convenio Cultural Europeo, 1954.- 1ª Conferencia de Ministros responsables de la salvaguarda y rehabilitación del Patrimonio Cultural Inmobiliario 1969.- Convenio para la salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico y 2ª Conferencia de Ministros responsables del Patrimonio Arquitectónico, Granada, 1985.- 3ª Conferencia de Ministros responsables del patrimonio Cultural, Malta, 1992.- Reglamento del Programa de Cooperación y Asistencia Técnica relativo a la conservación integrada del Patrimonio Cultural, Estrasburgo, 1992.- 4ª Conferencia Europea de los Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Helsinki 1996.- Recomendación (96)6, (97)2 y (98)5.

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PATRIMONIO CULTURAL COMÚN

Patrimonio Cultural común Desde su fundación -el 5 de mayo de 1949-, el Consejo de Europa utiliza el concepto de patrimonio cultural común, apareciendo ya reflejado en el Artículo 1, apartado a), de su Estatuto que establece que el fin primordial de la Organización es lograr una unión más estrecha entre sus miembros para la salvaguarda y promoción de las ideas y principios que constituyen su patrimonio común, y para favorecer su progreso económico y social. En el apartado b) del mismo Artículo se especifica que este fin debe alcanzarse mediante los órganos del Consejo, a través del análisis de las cuestiones de interés común, la conclusión de acuerdos y la adopción de una acción común en los ámbitos económico, social, cultural, científico, jurídico y administrativo, así como la salvaguarda y el desarrollo de los derechos del hombre y de las libertades fundamentales. En el año 1954, se elaboró el primer Convenio Cultural Europeo bajo los auspicios del Consejo de Europa, en el cual se consideraba conveniente, para el logro de los fines del Consejo, adoptar una política de acción común para la salvaguarda y desarrollo de la cultura europea. El Artículo 1 del mismo dispone que: cada Parte contratante tomará las medidas apropiadas para salvaguardar su aportación al patrimonio cultural común de Europa, así como impulsar el desarrollo del mismo. Este Convenio fue esencial y sentó las bases para una cooperación multilateral en el ámbito del patrimonio cultural, considerado éste, como la herencia común de todos los europeos. A lo largo de los años, el Consejo de Europa ha trabajado en esta dirección, tratando de definir y consolidar el concepto de un patrimonio cultural común de todos los países de Europa, como lo muestran casi la totalidad de los documentos incluidos en el conjunto de los Textos Fundamentales, hasta llegar a la redacción de uno de los más recientes, resultado de la reunión de la Conferencia de Helsinki, en 1996, en la que los Ministros, reconociendo el vínculo del patrimonio cultural común, acuerdan un conjunto de principios que deben ser punto de referencia común para el desarrollo de las políticas del patrimonio cultural en todo el espacio europeo, afirmando la unidad y diversidad de dicho patrimonio. El concepto, ahora admitido, de un patrimonio cultural común, debe conducir a individuos y comunidades a admitir la responsabilidad compartida de su protección, con independencia de su ubicación geográfica y del contexto político en el que esté insertado, Más adelante, en la misma Conferencia, su Resolución Nº 1 analiza el patrimonio cultural como factor de construcción de la cooperación europea. Con ella los Ministros recomiendan fortalecer el vínculo compartido de los europeos hacia su patrimonio cultural común, estableciendo -en el marco de la cooperación intergubernamental del Consejo de Europa- un procedimiento de salvaguarda y puesta en valor del patrimonio arquitectónico y de los sitios arqueológicos, que son testimonio de la diversidad cultural que se ha manifestado a lo largo de la historia en un mismo territorio, cualquiera que sea su contexto político actual. En este sentido, también es importante señalar la mención específica del patrimonio cultural común que, en 1992, hizo la Conferencia de Malta en su Resolución Nº 4, cuando trata sobre la conservación en situaciones de conflicto. En ella los Ministros hacen un llamamiento solemne a todas las partes involucradas para poner fin a la destrucción consciente de un patrimonio cultural común y para hacer posible la salvaguarda de los bienes culturales, independientemente del contexto de los conflictos políticos, incluyendo el reconocimiento de la importancia del patrimonio cultural de las minorías.

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PATRIMONIO EN GESTACIÓN

La Primera Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Consejo de Europa, reunida en Viena en 1993, se ocupó de significar el patrimonio cultural común al referirse, en el texto de la Declaración Final, al alcance que posee el hecho de que todos nuestros países están vinculados a la democracia pluralista, a la individualidad y a la universalidad de los derechos del hombre, a la preeminencia del derecho, a un patrimonio cultural común enriquecido por su diversidad. En octubre de 1997 se reunió en Estrasburgo, sede del Consejo de Europa, la Segunda Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno que, de nuevo, ha prestado una atención especial a la transcendencia del patrimonio cultural y natural europeo, estableciendo un Plan de Acción para la Organización con motivo de la celebración del 50º Aniversario de su fundación en 1999. Del texto redactado, se extrae un apartado dedicado a los valores democráticos y la diversidad cultural en el que se otorga una consideración específica a la puesta en valor del patrimonio de la forma siguiente: Los Jefes de Estado y de Gobierno han decidido lanzar, en 1999, una campaña sobre el tema “Europa, un patrimonio común”, en el respeto de la diversidad cultural, basándose en las colaboraciones existentes o en las que se deban crear entre las administraciones, las instituciones educativas y culturales, y la industria (...) Ref.: Estatuto C.E.- Presentación.- Convenio Cultural Europeo, París 1954.- 3ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Malta 1992.- Primera Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, Viena 1993.- 4ª Conferencia Europea de los Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Helsinki 1996.- Segunda Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, Estrasburgo 1997. (Véase Patrimonio Cultural)

Patrimonio Cultural Europeo (Véase Patrimonio Cultural y Patrimonio Cultural común)

Patrimonio en gestación Este título se identifica con los elementos y conjuntos de nueva creación, incorporables al actual concepto ampliado de patrimonio cultural. Refiriéndose a dicho concepto ampliado, en el Prólogo de los Textos -redactado por el Sr. Patrick Malek Ashgar- se utiliza esta terminología al exponer que: este concepto dinámico del patrimonio estimula igualmente la creación contemporánea y el diseño urbano, patrimonio en gestación para las generaciones futuras. De la importancia que el Consejo de Europa concede a estas nuevas creaciones culturales -a las que considera como un patrimonio en gestación- es prueba evidente el hecho de elaborar en 1991 una Recomendación específica para la protección del patrimonio del siglo XX. En ella se subraya que la falta de interés en la conservación de este patrimonio nos conduciría a pérdidas irreparables y privaría a las futuras generaciones del conocimiento de este periodo de la memoria europea; asimismo sugiere a los Estados miembros que desarrollen estrategias para la identificación, estudio, protección, conservación, restauración y concienciación pública del patrimonio del siglo XX, en el marco de su política general de conservación del patrimonio arquitectónico y, si es necesario, mediante una reglamentación específica. Ref.: Prólogo.- Recomendación (91)13.

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PATRIMONIO INTANGIBLE

Patrimonio intangible Aunque se ha considerado interesante destacar el presente título, sólo se hace referencia al mismo en la Declaración de la Conferencia de Helsinki, del año 1996, que lo menciona dentro de un contexto específico que se puede valorar como delimitativo del concepto. Al acordar los Ministros una serie de principios que deben ser referencia común para la elaboración y desarrollo de las políticas del Patrimonio Cultural en todo el espacio europeo, el primero de ellos, es la trascendencia que debe tener para el individuo el acceso al conocimiento y uso del patrimonio cultural, afirmando en este apartado que el concepto ampliado de patrimonio que alberga la presente Declaración engloba, no solamente el patrimonio arquitectónico y el arqueológico, sino también los paisajes culturales, los bienes muebles y el patrimonio intangible. Ref.: 4ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Helsinki 1996.

Patrimonio local Este título aparece citado de forma explícita en la 2ª Conferencia de Ministros responsables del Patrimonio Arquitectónico, celebrada en Granada en 1985. Ésta recoge el criterio manifestado anteriormente en los Textos del Consejo de Europa y plasmado en el Convenio de Granada de ese mismo año que, en su Artículo 10, trata del compromiso de los Estados Parte del Convenio en adoptar medidas que favorezcan una política adecuada de conservación integrada, entre las que se encuentra el interés que poseen los edificios menos importantes del patrimonio arquitectónico por el modo en el que se integran en el entorno urbano o rural, constituyendo una fuente de calidad de vida. Por su parte, la Resolución Nº 2 de esta Conferencia de Ministros, relativa a la promoción del patrimonio arquitectónico en la vida sociocultural como factor de calidad de vida, recomienda, entre otros puntos, promover la sensibilización y el acceso del público a su patrimonio: * estimulando a la población para que participe en la salvaguarda y puesta en valor del patrimonio local. * utilizando todas las posibilidades para combinar la conservación de monumentos y sitios con la puesta en valor de las tradiciones culturales a las que están vinculados. Estas dos afirmaciones, la proximidad de la población a su patrimonio, por un lado, y la puesta en valor de las tradiciones culturales a las que dicho patrimonio está vinculado, por otro, parecen aproximarse a una definición de lo que debe entenderse por patrimonio local. Aunque la Recomendación específica dedicada a la protección del Patrimonio Arquitectónico Rural, adoptada en 1989, no incorpora el título de patrimonio local de modo expreso, sí relaciona ambos términos al considerar que se debe: * estimar que este patrimonio constituye hoy no solamente uno de los componentes más auténticos de la cultura europea, sino también un factor primordial de desarrollo local. * sensibilizar al público en general y a los agentes económicos acerca de los valores de la arquitectura local, que se manifiesta en un uso tradicional

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PATRIMONIO MUEBLE

*

de los materiales, dimensiones, técnicas de construcción y detalles arquitectónicos. Promover una arquitectura local contemporánea con un enfoque creativo que esté basado en los conocimientos y el espíritu de la arquitectura tradicional.

Ref.: Convenio Europeo para la salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico de Europa y 2ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Arquitectónico, Granada 1985.- Recomendación (89)6.

Patrimonio mueble Como antecedente más antiguo, dentro del conjunto de los Textos Fundamentales, debe destacarse la referencia implícita a los bienes muebles que se encuentra en la Resolución relativa a la reanimación de monumentos, adoptada en el año 1966, al hablar de la importancia de preservar los contenidos de los inmuebles, recomendándose a los gobiernos de los Estados miembros: elaborar y completar el inventario de monumentos que se deben preservar, junto con sus alrededores y contenidos. Hasta el año 1985, los documentos elaborados por el Consejo de Europa en el ámbito del patrimonio cultural, en general, dedican su atención a los bienes inmuebles y, el patrimonio mueble sólo es tenido en cuenta como parte integrante del patrimonio arquitectónico o arqueológico. Tanto la Resolución, del año 1976, relativa a la adaptación de los sistemas legislativos y reglamentarios a los requisitos de la conservación integrada del Patrimonio Arquitectónico como el Convenio de Granada, de 1985, incluyen respectivamente en sus definiciones a este patrimonio como una parte inherente a los monumentos: * (...) incluidos los bienes culturales muebles que deben considerarse como inmuebles por sus características o ubicación, así como las obras escultóricas monumentales de interés histórico, arqueológico, artístico, científico, cultural o social. * (...) incluyendo sus instalaciones y los accesorios decorativos que sean parte integrante de los mismos. En 1985, poco antes del Convenio de Granada, se elaboró el Convenio de Delfos sobre las infracciones cometidas contra los Bienes Culturales. Este tratado internacional fue un texto importante para la protección del patrimonio cultural contra robos, trafico ilícito de bienes y normas entre los Estados para su restitución. Consta de tres Apéndices en los que se describen detalladamente todos los bienes culturales muebles considerados como patrimonio y, por tanto, infracciones todos los actos que atenten contra dichos bienes. No obstante, dicho Convenio no ha entrado todavía en vigor por falta del número necesario de ratificaciones. Desde 1992 y con la adopción de un concepto ampliado del patrimonio, se comienza a hacer una observación más explícita del patrimonio mueble en los Textos del Consejo de Europa. Así, la Conferencia de Malta, en su Resolución Nº 2 relativa a las prioridades de un proyecto paneuropeo para el patrimonio cultural, señala como posible área de trabajo (...) el desarrollo de un programa de intercambio de información en materia de políticas del patrimonio mueble, conjuntamente con otras instituciones internacionales, con particular referencia a la prevención de la circulación ilícita de bienes culturales. La Conferencia de Helsinki, celebrada en 1996, también hace referencia en su Declaración, al citar los bienes muebles como partes integrantes del nuevo concepto ampliado de patrimonio cultural.

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PATRIMONIO MUEBLE

En ese mismo año el Consejo de Europa, consciente de que no había sido resuelto el problema del peligro en que se encuentra el patrimonio cultural debido a los actos ilícitos y a la negligencia con respecto al mismo, adoptó la Recomendación relativa a la protección del Patrimonio Cultural contra los actos ilícitos. En este texto se precisa especialmente, que deben perseguirse acciones a nivel internacional en lo que se refiere a las medidas que se adopten para luchar contra el tráfico ilícito de obras de arte. Se observa que a partir de esta fecha, los textos adoptados comienzan a establecer una referencia directa al patrimonio mueble. Así, la nueva Recomendación relativa a la conservación continua del Patrimonio Cultural contra el deterioro físico debido a la polución y otros factores similares, adoptada en 1997, -en el apartado del alcance y definiciones del Apéndice- establece de modo claro que para los fines de la presente recomendación, el patrimonio cultural comprende todos los bienes muebles e inmuebles que, habida cuenta de su valor y significado cultural, deben protegerse y transmitirse a las generaciones futuras. Por último, un documento posterior, adoptado en 1998, -la Recomendación relativa a las medidas para promover la conservación integrada de los conjuntos históricos compuestos de bienes inmuebles y bienes mueblesdedica toda la atención al análisis de la protección y conservación de estos conjuntos que conforman un patrimonio tan específicamente europeo. Continuando con su evolución doctrinal respecto a la conservación integrada del patrimonio arquitectónico, el Consejo de Europa subraya la relevancia de los conjuntos históricos que deben ser conservados manteniendo su total integridad, tanto de los edificios que los componen, como del patrimonio mueble que se encuentra vinculado a los inmuebles. En el preámbulo de este texto se hacen una serie de consideraciones que pasamos a subrayar, dada la significación que contienen en relación al patrimonio mueble: - El patrimonio mueble constituye una expresión irreemplazable de la riqueza y diversidad del patrimonio cultural europeo. - El concepto de conjunto de interés histórico, arqueológico, artístico, científico, social, funcional o cultural no debe limitarse únicamente al componente arquitectónico, sino que implica el patrimonio mueble vinculado a estos edificios. - El patrimonio mueble es elemento integrante del conjunto por lo que su dispersión constituiría una pérdida irreparable y privaría a las generaciones futuras de una parte de la memoria europea. - Los propietarios -públicos y privados- se enfrentan a problemas específicos para mantener la unidad y garantizar la conservación de estos conjuntos, que dichos problemas requieren la colaboración del conjunto de la sociedad. - La evolución del mercado del arte hace cada vez más difícil la conservación de los conjuntos mobiliarios, por una parte y, por otra, el valor comercial del patrimonio mueble -ubicado en el interior o exterior del inmueblesobrepasa frecuentemente al del edificio al que está vinculado. - Cada Estado debe crear las condiciones previas necesarias para la conservación de los conjuntos históricos, compuestos de bienes inmuebles y bienes muebles, en el respeto a los principios constitucionales y los derechos fundamentales relacionados con el derecho a la propiedad. En el Apéndice de la misma Recomendación se hace una definición expresa de los conjuntos históricos como aquellos que incluyen los elementos mobiliarios situados en el interior o exterior de un inmueble que están unidos a éste por vínculos históricos, artísticos, arqueológicos, científicos, funcionales o culturales, dando a estos conjuntos una coherencia remarcable que debe ser preservada.

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PATRIMONIO NATURAL

Asimismo, se establece la aplicación de una serie de medidas para el logro de una adecuada protección y conservación de estos conjuntos, entre las que podríamos destacar aquellas que hacen mención explícita al patrimonio mueble: - La obligación de cada Estado de establecer una legislación que garantice la protección de los conjuntos históricos, cualquiera que sea su propietario. - La necesidad de crear un sistema de inventario o clasificación por parte del Estado, en el que participen los propietarios. - Los propietarios -públicos o privados- del conjunto histórico tendrán la obligación de conservarlo tal y como haya sido definido en el momento de su clasificación o inscripción en el inventario. - Cualquier proyecto de modificación que altere todo o parte de un conjunto histórico protegido deberá estar sujeto a la aprobación de la autoridad competente. - Cualquier persona que adquiera un bien mueble, perteneciente a un conjunto protegido y que le ha sido vendido ilegalmente, deberá comunicarlo a la autoridad competente de su país. - Los Estados deberán establecer sanciones graves para los responsables de robos, ocultación de objetos y sus consecuencias. - Las administraciones correspondientes deberían designar un departamento de coordinación entre las instancias responsables del patrimonio arquitectónico con las responsables del patrimonio mueble. Dicho departamento debería cumplir un cometido de consejo, soporte y asistencia ante los propietarios, ya sean éstos públicos o privados. Ref.: Prólogo.- Resolución (66)20 y (76)28.- Convenio Europeo sobre las Infracciones cometidas contra los Bienes Culturales, Delfos 1985.- Convenio para la salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico de Europa, Granada 1985.- 3ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Malta 1992.- Reglamentodel Programa de Cooperación y Asistencia Técnica relativo a la conservación integrada del Patrimonio Cultural, Estrasburgo 1992.- Recomendación (93)9.- 4ª Conferencia de Ministros responsables del patrimonio cultural, Helsinki 1996.- Recomendación (96)6 y (98)4.

Patrimonio natural El concepto de patrimonio natural es utilizado en los Textos Fundamentales como un elemento esencial del patrimonio cultural y complementario, a su vez, de los de patrimonio arquitectónico y patrimonio arqueológico, respectivamente. No obstante, en los últimos años, este concepto ha cobrado un protagonismo específico en relación con el desarrollo de las políticas del medio ambiente y de ordenación del territorio. En 1989, la Recomendación relativa a la protección y puesta en valor del Patrimonio Arquitectónico Rural establecía el vínculo indispensable de éste con el concepto de patrimonio natural, al recomendar que se deben elaborar estrategias coordinadas para la salvaguarda y puesta en valor del patrimonio edificado y natural, basadas en un sistema de planificación global que incorpore estos dos aspectos inseparables del patrimonio rural. En 1995, en la Recomendación relativa a la conservación de los Sitios Culturales integrada en las políticas del paisaje, se vuelve a establecer una relación abordando un ámbito más amplio, al estudiar la necesidad de desarrollar la investigación y la cooperación entre la política del paisaje -a nivel local, nacional e internacional- y la ordenación del territorio, la política agrícola y forestal, y la conservación del patrimonio cultural y natural en el marco más amplio de la política medioambiental.

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PATRIMONIO NATURAL

Más adelante, entre los objetivos de la Recomendación, el texto trata de la conveniencia de disponer de instrumentos adecuados para lograr unas políticas del paisaje que estén de acuerdo con una serie de principios que se derivan de la tradición cultural de los Estados miembros del Consejo de Europa en el ámbito de la protección del entorno; entre ellos, debe encontrarse la aspiración a un sistema de vida que respete el patrimonio cultural y natural, teniendo siempre en cuenta el carácter evolutivo del paisaje en su conjunto. En el año 1996, la Declaración Final de la Conferencia de Helsinki, en su análisis del patrimonio cultural en el proceso de un desarrollo sostenible, determina de modo explícito esta relación al afirmar que tanto el patrimonio cultural como el natural constituyen el entorno de los seres humanos y necesitan de acciones combinadas para su protección conjunta, desde la perspectiva de una gestión ecológica internacional del espacio. Se impone una coordinación entre las políticas de protección del patrimonio y las de ordenación del territorio. Por último, en la Segunda Cumbre del Consejo de Europa, reunida en Estrasburgo en 1997, los Jefes de Estado y de Gobierno se expresaron en el mismo sentido en la Declaración Final, reafirmando la importancia que atribuimos a la protección del patrimonio cultural y natural europeo y a la promoción de la toma de conciencia de este patrimonio. Ref.: Convenio para la salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico de Europa, Granada 1985.- Recomendación (89)6 y (95)9.- 4ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Helsinki, 1996.- Segunda Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, Estrasburgo 1997. (Véase Entorno y Entorno natural)

Patrimonio rural

(Véase Patrimonio Arquitectónico Rural)

Patrimonio Técnico, Industrial y de Ingeniería Civil El Consejo de Europa, en su voluntad de ampliar las categorías del patrimonio como parte de un todo, ha tratado de identificar y analizar este patrimonio tan característico en una Recomendación elaborada en 1990. En ella se sugiere a los gobiernos de los Estados miembros que estudien la posibilidad de unir sus esfuerzos para mantener y preservar ciertos conjuntos industriales excepcionales que son parte del patrimonio histórico común del continente europeo, añadiendo que al adoptar esta actitud hacia una categoría específica del patrimonio histórico, el objetivo no es solamente considerar los edificios, monumentos técnicos, sitios u objetos de este patrimonio, sino también el entorno físico, como un conjunto de conocimientos, de técnicas y de formas de vida. Ref.: Prólogo.- Recomendación (90)20.

Patrimonio urbano El concepto de patrimonio urbano no se encuentra expresamente definido en el conjunto de los Textos Fundamentales del Consejo de Europa, pero sí se menciona en diversas ocasiones como el conjunto del patrimonio arquitectónico que conforma la riqueza histórica, cultural, económica y social de las ciudades europeas.

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PATRIMONIO Y SOCIEDAD

En el año 1975, la Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico establecía como principio fundamental para una conservación integrada que el patrimonio arquitectónico europeo está formado no sólo por nuestros monumentos más importantes sino también por los conjuntos que constituyen nuestras ciudades antiguas y nuestros pueblos tradicionales en su entorno natural o construido. Un año después, en 1976, se adoptó la Resolución relativa a la adaptación de los sistemas legislativos y reglamentarios a los requisitos de la conservación integrada del Patrimonio Arquitectónico, que recogiendo los criterios establecidos en la citada Carta, alude al significado del patrimonio urbano, afirmando que la política de protección puntual de los monumentos y sitios más destacados debe ser ampliada y completada por una política global de conservación integrada de los conjuntos arquitectónicos, especialmente, de los barrios históricos urbanos y pueblos tradicionales. En el año 1985 quedó abierto a la firma el Convenio de Granada. Este texto, imprescindible en el ámbito del patrimonio arquitectónico, hace mención también al patrimonio urbano cuando se considera en el preámbulo del tratado la importancia de trasmitir a las generaciones futuras un sistema de referencias culturales, mejorar el entorno urbano y rural y, de esta forma, fomentar el desarrollo económico, social y cultural de los Estados y regiones. En 1986 se elaboró una Recomendación relativa a los espacios públicos urbanos abiertos como resultado de varias reuniones y trabajos habidos anteriormente sobre las ciudades europeas que se citan en la propia recomendación. En el texto de la misma, se encuentra el conjunto de referencias más significativas al concepto de patrimonio urbano, considerando a dichos espacios como elementos fundamentales de este patrimonio: * Las ciudades no son solamente edificios: los espacios públicos abiertos constituyen un elemento fundamental del medio urbano y del patrimonio histórico de una ciudad. * Los espacios abiertos son una parte fundamental del patrimonio urbano (...) * Debería existir mayor conciencia de la naturaleza y escala de los barrios existentes, así como de su carácter y tradición urbana . Esta concienciación permitiría una mayor comprensión del tejido arquitectónico y social de la zona, y de las ciudades en su conjunto (...) * La asociación entre el sector público y el privado se ha convertido en un instrumento cada día más utilizado para la revitalización y la mejora del medio urbano. Ref.: Prólogo.- Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico, Amsterdam, 1975.Resolución (76)28.- Convenio para la salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico de Europa, Granada 1985.- Recomendación (86)11. (Véase Entorno urbano)

Patrimonio y Sociedad El presente título genérico se refiere a uno de los programas que el Consejo de Europa desarrolla desde el año 1990, en el que se deciden unir los departamentos de Educación y Cultura dentro del denominado Consejo de Cooperación Cultural (formado en la actualidad por los 47 miembros adheridos al Convenio Cultural Europeo). Dicho Consejo instituyó el Comité del Patrimonio Cultural (CC-PAT), específicamente encargado de llevar a cabo el programa de trabajo intergubernamental en relación al patrimonio cultural, del cual forma parte un

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PATRIMONIO Y SOCIEDAD

conjunto de proyectos bajo el título: Patrimonio y Sociedad. Todos los proyectos incluidos en el programa deben plantear un análisis en profundidad, que aporte un nuevo enfoque a la conservación del patrimonio, teniendo en cuenta las características de la sociedad de la Europa de hoy. Posteriormente, en 1996, la 4ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, se ocupó del desarrollo de este programa, recomendando al Comité de Ministros del Consejo de Europa adoptar la Declaración y Resoluciones de la presente Conferencia como base para el programa de trabajo intergubernamental, puesto en marcha por el Comité del Patrimonio Cultural. Más adelante, en la Resolución Nº 1 de la Conferencia relativa al patrimonio cultural como factor de construcción de la cooperación europea, recomienda perseguir unos objetivos concretos dentro de este trabajo intergubernamental, entre los cuales se encuentra el programa Patrimonio y Sociedad . Para llevar a efecto éste último, la resolución estudia una serie de cuestiones que deberán ser la base para el desarrollo a medio plazo del mismo: * los medios para asegurar una implicación más activa de las comunidades locales y de las iniciativas de las asociaciones de voluntariado en la planificación y gestión de proyectos colectivos. * los medios para impulsar una cooperación mayor entre el sector público y el privado. * los medios para animar al sector privado en la preservación del patrimonio cultural. Ref.: Prólogo.- 4ª Conferencia de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Helsinki, 1996.

Patrocinio

(Véase Mecenazgo)

Pedagogía del patrimonio Este título esta incluido en la mayor parte de los Textos Fundamentales, ya que el Consejo de Europa otorga una importancia básica a la enseñanza del significado del patrimonio cultural y educación en el mismo. En todos los documentos aparece como un capítulo fundamental la necesidad de desarrollar la pedagogía, formación y sensibilización en cualquiera de las categorías del patrimonio tratadas en dichos Textos. En el año 1975, se adoptó la Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico, que enunció los principios fundamentales de la conservación integrada. Uno de estos principios afirmaba que el patrimonio arquitectónico tiene un valor educativo determinante, exponiendo a continuación que el patrimonio arquitectónico proporciona un material privilegiado para la explicación y comparación del sentido de las formas y estilos, así como de sus múltiples aplicaciones. Hoy, que la apreciación visual y la experiencia directa desempeñan un papel decisivo en la educación, es esencial mantener vivo el testimonio de los diferentes periodos y de sus logros. La supervivencia de este testimonio sólo estará garantizada si la gran mayoría entiende la necesidad de protegerlo, y en especial las jóvenes generaciones, que serán las responsables de su custodia en el futuro. A este respecto, el Consejo de Europa ha trabajado específicamente y de forma continuada desde entonces, como así lo expresan los Textos, desarrollando en los

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PEDAGOGÍA DEL PATRIMONIO

últimos años tres actividades que tienen como objetivo la educación y sensibilización y que son consideradas como emblemáticas de la Organización: * Clases Europeas del Patrimonio * Jornadas Europeas del Patrimonio e * Itinerarios Culturales del Consejo de Europa. No obstante, la 4ª Conferencia Europea de Ministros del Patrimonio Cultural, celebrada en Helsinki en 1996, contiene uno de los textos más elocuentes sobre la pedagogía del patrimonio, recogiendo en su Declaración Final la doctrina elaborada por el Consejo de Europa. Insiste sobre el valor de este mensaje científico y pedagógico del patrimonio cultural, así como en la importancia de la formación profesional al afirmar que: * Los bienes culturales constituyen un testimonio irreemplazable para la historia de la cultura y de la civilización de la humanidad. Su estudio, documentación y conservación son un deber primordial para los investigadores contemporáneos y futuros. * La pedagogía del patrimonio debe destacar los valores históricos, artísticos y éticos que el patrimonio cultural representa para la sociedad, enseñando el respeto a las identidades múltiples, el desarrollo de la tolerancia y la lucha contra las desigualdades y la exclusión. * La calidad y la objetividad del mensaje pedagógico dependen de los valores que posean las personas encargadas de la interpretación del patrimonio. * Es igualmente importante la transmisión de los conocimientos y de las habilidades técnicas necesarias para el mantenimiento del patrimonio cultural. Este objetivo puede alcanzarse mediante la difusión y el intercambio de la información y experiencia entre los Estados miembros. Por último, dada la significación del mensaje pedagógico del patrimonio, en el año 1998 el Consejo de Europa ha redactado y adoptado la Recomendación relativa a la Pedagogía del Patrimonio , en la que se establecen una serie de medidas concretas de organización, formación, administración, financiación y documentación en relación a la pedagogía del patrimonio. La recomendación se apoya, entre otras consideraciones, en que las actividades pedagógicas del patrimonio son un medio privilegiado de dar sentido al futuro mediante una mejor comprensión del pasado. Ya en el Apéndice se define el término “pedagogía del patrimonio” como una educación fundada en el patrimonio cultural, que integre métodos activos de enseñanza, una liberalización de disciplinas, una colaboración entre educación y cultura, así como contar con los métodos más diversos de expresión y comunicación. Su marco de aplicación queda especificado, más adelante, cuando se cita que la pedagogía del patrimonio -interdisciplinaria por naturaleza- debe promoverse en el marco de las disciplinas escolares a todos los niveles y en todo tipo de enseñanza. También se señala que debería hacerse posible la participación en actividades pedagógicas del patrimonio para cualquier joven, sea cual fuere su situación familiar o financiera. Otra de las informaciones que ofrece se refiere especialmente a la definición de “clase europea del patrimonio” como una forma particular de pedagogía del patrimonio que implica intercambios escolares internacionales basados en un proyecto común y sobre temas en relación al patrimonio cultural; se desarrolla durante el curso escolar y supone el traslado sobre el terreno, fuera del marco habitual de la escuela; permite a los jóvenes -de cualquier nivel o tipo de enseñanza- descubrir las riquezas del patrimonio en su contexto y comprender la dimensión europea del mismo.

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PEDAGOGÍA DEL PATRIMONIO

También en 1998 se adoptó la Resolución sobre los Itinerarios Culturales del Consejo de Europa, programa de la Organización que tiene como objetivo último la pedagogía del patrimonio. Este documento ha constatado que los Itinerarios se prestan a proyectos europeos de cooperación a largo plazo en el campo de la investigación, la valorización del patrimonio, la cultura y la práctica de las artes, así como a intercambios culturales y educativos de los jóvenes, del turismo cultural de Europa y del desarrollo sostenible. Ref.: Prólogo.- Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico, 1975.- 4ª Conferencia Europea de los Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Helsinki 1996.Recomendación (98)5.- Resolución (98)4. (Véase Clases Europeas del Patrimonio, Itinerarios Culturales del Consejo de Europa, Jornadas europeas del Patrimonio y Programas de Formación del Consejo de Europa)

Plan Europeo de Arqueología A raíz de la elaboración del Convenio Europeo para la Protección del Patrimonio Arqueológico (revisado) en el año 1992 y como resultado del mismo, la 3ª Conferencia de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, celebrada en Malta ese mismo año, dedica su Resolución Nº 1 al patrimonio arqueológico, recomendando, en primer lugar, la adopción y aplicación del Convenio e invitando, además, al Consejo de Cooperación Cultural (CDCC) a poner en marcha -incluso antes de la entrada en vigor del Convenio- un Plan Europeo de Arqueología garantizado por el Comité del Patrimonio Cultural (CC-PAT), consistente en un conjunto de actuaciones piloto, que describe de la forma siguiente: * El lanzamiento de una campaña de sensibilización del público hacia los valores y significado del patrimonio arqueológico en torno al tema de La Edad de Bronce. * El establecimiento de redes europeas de excavaciones e investigaciones arqueológicas que involucren a profesionales de varios países. * La organización de redes europeas temáticas que combinen la cooperación técnica y la promoción cultural de sitios arqueológicos (ejemplo: acueductos romanos o teatros clásicos que se presten a actuaciones y espectáculos contemporáneos). * La realización de un estudio comparado sobre la situación de la arqueología urbana en los distintos países. Esto podría conllevar la publicación de un manual europeo de arqueología urbana y la elaboración de un diccionario plurilingüe en materia de terminología arqueológica. Ref.: 3ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Malta 1992. (Véase Red Europea de los Teatros y Monumentos Clásicos de Espectáculo)

Planes Específicos de Acción

(Véase Cooperación y Consejo Técnico)

Planificación regional

(Véase Ordenación del territorio)

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PROGRAMA DE TRABAJO INTERGUBERNAMENTAL

Planificación territorial

(Véase Ordenación del Territorio)

Planificación urbana

(Véase Ordenación del Territorio)

Políticas globales de paisaje En 1995, la Recomendación relativa a la conservación de los Sitios Culturales integrada en las políticas de paisaje, utilizó este título -en su artículo 1 del Apéndice- para referirse al conjunto de directrices definidas por las autoridades competentes que se aplican en las diferentes actuaciones de las administraciones públicas, los propietarios y otros agentes, y están dirigidas a administrar y a controlar la evolución y la puesta en valor de los paisajes conforme a las aspiraciones del conjunto de la sociedad. Más adelante, en el Artículo 2 que trata del campo de aplicación de la recomendación, el texto añade que debido al carácter interdisciplinario del estudio y del análisis del paisaje, la aplicación de las medidas de conservación y de evolución controlada de los sitios culturales propuestas en esta recomendación, deben concebirse solamente en relación con políticas globales del paisaje que reflejen todos los intereses culturales, históricos arqueológicos, etnológicos, ecológicos, estéticos, económicos y sociales relativos al territorio afectado. Finalmente, en el Artículo 3 -que analiza los objetivos de la recomendaciónexpone de forma clara las características generales a las que deben responder las políticas del paisaje, al afirmar que estas políticas ponen de manifiesto una serie de principios que se derivan de la tradición cultural de los Estados miembros del Consejo de Europa en el ámbito de la protección del entorno: * El objetivo del desarrollo económico sostenible, que implica una relación armoniosa entre las necesidades de la sociedad, la utilización de los recursos naturales y la organización de las actividades humanas en un territorio determinado. * La aspiración a un sistema de vida que respete el patrimonio cultural y natural, teniendo siempre en cuenta el carácter evolutivo del paisaje en su conjunto. * La necesaria adaptación del desarrollo económico a los imperativos de una vida social que tenga en cuenta la calidad de las relaciones humanas y la solidaridad entre los pueblos. Una vez establecidos los principios generales, la Recomendación hace un estudio pormenorizado de cómo debe realizarse el proceso de elaboración y aplicación de estas políticas globales de conservación y gestión del paisaje, que deberían ser comunes a todos los Estados miembros. Ref.: Recomendación (95)9.

Programa de Trabajo Intergubernamental Aunque desde 1954, año en que quedó abierto a la firma el Convenio Cultural Europeo, el Consejo de Europa, como organización internacional de carácter intergubernamental, ha proclamado la necesidad de desarrollar un trabajo de cooperación multilateral en el ámbito del patrimonio cultural, este título aparece

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PROGRAMA DE TRABAJO INTERGUBERNAMENTAL

expresamente por primera vez en la 2ª Conferencia de Ministros responsables del Patrimonio Arquitectónico, celebrada en Granada en 1985. La Conferencia recogía la doctrina manifestada anteriormente por el Consejo de Europa al redactar la Resolución Nº 5, relativa a los futuros programas de cooperación europea para promover el patrimonio histórico, que invitaba al Comité de Ministros del Consejo de Europa a animar a los diferentes gobiernos a establecer e incrementar sus relaciones bilaterales y multilaterales de la siguiente forma: * Firmando y ratificando los acuerdos internacionales relacionados con la conservación del patrimonio cultural. * Participando de forma creciente en los trabajos de las organizaciones internacionales y, en particular, en el programa de trabajo intergubernamental del Consejo de Europa. * Impulsando o prosiguiendo experiencias concretas de cooperación transfronteriza o plurirregional para la salvaguarda, restauración y gestión del patrimonio. Asimismo, los Ministros recomendaban al Comité de Ministros del Consejo de Europa promover un espacio europeo del patrimonio arquitectónico, dando prioridad a las Resoluciones 2, 3 y 4 de la presente Conferencia, para que tengan efecto en el futuro programa de trabajo intergubernamental y orientar la futura cooperación hacia las siguientes directrices: * Acuerdo europeo para la adaptación de las políticas del patrimonio a la reciente evolución socioeconómica de Europa. * Asistencia técnica mutua e intercambio de expertos bajo los auspicios del Consejo de Europa y con el concurso eventual de otras instituciones. * Incremento del intercambio europeo de información sobre las políticas de patrimonio. En el año 1990, el Consejo de Europa decidió unir los departamentos de educación y cultura dentro del Consejo de Cooperación Cultural (CDCC), formado por los 44 miembros adheridos al Convenio Cultural Europeo. Dicho Consejo constituyó el Comité del Patrimonio Cultural (CC-PAT) específicamente encargado de llevar a cabo el programa de trabajo intergubernamental, planificado en dicha Conferencia de 1985. Este programa está configurado en tres diferentes áreas de actividad: * Patrimonio y Sociedad * Cooperación y Consejo Técnico * Plan Europeo de Arqueología El desarrollo de dicho programa de trabajo del Consejo de Europa está recogido de forma más específica en las resoluciones de la 3ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, celebrada en Malta en 1992. Estas resoluciones son las siguientes: * Resolución Nº 1 sobre el patrimonio arqueológico, en la cual se invita al CDCC a poner en marcha el citado Plan Europeo de Arqueología. * Resolución Nº 2 relativa al marco institucional de una cooperación paneuropea para el patrimonio cultural, abierta a otras regiones del mundo, en la que los Ministros manifiestan su apoyo al Consejo de Europa en hacer participar a los Estados en los programas sobre cultura y patrimonio, así como organizar un marco institucional de cooperación con los parlamentos, poderes locales y regionales y las organizaciones no gubernamentales. * Resolución Nº 3 sobre las prioridades de un proyecto paneuropeo para el patrimonio cultural, en la que se concreta el programa de trabajo en torno a cuatro prioridades, que son: * la actualización de la conservación integrada

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PROGRAMAS DE FORMACIÓN DEL CONSEJO DE EUROPA

* la cooperación técnica * la formación y sensibilización * la financiación de la conservación En 1993, los Jefes de Estado y de Gobierno, reunidos en Viena en la Primera Cumbre del Consejo de Europa, se hicieron eco de la transcendencia del programa intergubernamental, afirmando en la Declaración Final su: (...) convencimiento de que la cooperación cultural, en la que el Consejo de Europa es un instrumento privilegiado -a través de la educación, los media, la acción cultural, la protección y valorización del patrimonio cultural, la participación de los jóvenes-, es esencial para la cohesión de Europa en el respeto a su diversidad. (...) Nuestros gobiernos se comprometen a tomar en consideración las prioridades y directrices aprobadas por el Consejo de Europa, en sus respectivas cooperaciones bilaterales y multilaterales. (...) Reconocemos el valor de la cooperación llevada a cabo en el seno del Consejo de Europa para la protección del medio natural y mejora del medio edificado. (...) Invitar al Consejo de Europa a estudiar la puesta en funcionamiento de los instrumentos propios para estimular el desarrollo de acciones culturales de colaboración europea que asocien a los poderes públicos y a la sociedad civil. En 1996, se celebró en Helsinki la 4ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, que se ocupó de nuevo del desarrollo de este programa, avanzando de modo muy significativo en el proyecto de cooperación. En ella se recomienda al Comité de Ministros del Consejo de Europa adoptar la Declaración y Resoluciones de la presente Conferencia como base para el programa de trabajo intergubernamental, puesto en marcha por el Comité del Patrimonio Cultural. Más adelante, en el mismo texto de la Conferencia, en la Resolución Nº 1 relativa al patrimonio cultural como factor de construcción de la cooperación europea, recomienda perseguir unos objetivos concretos para llevar a efecto, a medio plazo, este trabajo intergubernamental, cuyos títulos generales son: * Patrimonio e Identidad * Patrimonio y Sociedad * Patrimonio, Formación e Información El programa de trabajo intergubernamental está financiado por el Fondo Cultural y por el título IX del presupuesto ordinario del Consejo de Europa. Ref.: Prólogo.- Convenio Cultural Europeo, París 1954.- 2ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Arquitectónico, Granada, 1985.- 3ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Malta 1992.- Primera Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, Viena 1993.- 4ª Conferencia Europea de Ministros responsables del patrimonio Cultural, Helsinki 1996. (Véase Cooperación multilateral y Cooperación Paneuropea para el Patrimonio Cultural)

Programas de Formación del Consejo de Europa El Consejo de Europa, desde sus inicios, ha impulsado de forma continuada el interés imprescindible de la formación en las diversas profesiones y oficios que intervienen en la conservación del patrimonio arquitectónico. En el año 1975, fue adoptada la Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico por el Congreso de Amsterdam, que en el texto de su Declaración recoge y

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PROGRAMAS DE FORMACIÓN DEL CONSEJO DE EUROPA

analiza los principios de la conservación integrada enunciados en la Carta. En el mismo se destacaba que esta conservación requiere una promoción de los métodos, técnicas y oficios relativos a la restauración y a la rehabilitación, afirmando que: * Es absolutamente necesario contar con mejores programas de formación para que haya personal cualificado. Estos programas deberían ser flexibles, interdisciplinarios e incluir cursos en los que se pueda adquirir experiencia práctica sobre el terreno. * El intercambio internacional de conocimiento, experiencia y prácticas es un elemento fundamental en la formación de todo el personal interesado. * Esto ayudaría a contar con los urbanistas, arquitectos, técnicos y artesanos necesarios para preparar los programas de conservación y ampararía la promoción de los oficios artesanales en peligro de desaparición, que intervienen en la restauración. * Las posibilidades de calificación, las condiciones de trabajo, la remuneración, la seguridad del empleo y el estatus social deberían ser lo suficientemente atractivos como para incitar a los jóvenes a dedicarse a las disciplinas relacionadas con los trabajos de restauración y rehabilitación. * Además, las autoridades responsables de los programas de enseñanza a todos los niveles deberían esforzarse por atraer el interés de la juventud hacia los oficios de la conservación. Estos párrafos aquí destacados, sintetizan lo esencial del criterio desarrollado a lo largo de los años por el Consejo de Europa respecto a la formación en la conservación del patrimonio. Un año después, en 1976, se adoptó la Resolución relativa a la adaptación de los sistemas legislativos y reglamentarios a los requisitos de la conservación integrada del Patrimonio Arquitectónico, que puede considerarse como texto complementario de los anteriormente citados. En el mismo, se insiste sobre la prioridad de la formación para llevar a cabo cualquier programa de conservación, afirmando, entre las medidas administrativas que se consideran necesarias, que se debe constituir para dichos programas un equipo de profesionales y técnicos especializados; exponiéndose a continuación que: * Los proyectos deben ser elaborados y dirigidos por profesionales con experiencia y ejecutados por técnicos y artesanos cualificados. * Se debe prestar especial atención a la formación de los jóvenes que serán el relevo en este tipo de trabajo, así como a la formación de artesanos cualificados en técnicas que están en vías de desaparición. A partir de entonces, el Consejo de Europa ha estudiado la prioridad de este asunto, elaborando varios documentos que tratan detenidamente sobre la necesidad de promover la formación en la conservación del patrimonio arquitectónico. Estos son: * Recomendación relativa a la formación especializada de arquitectos, urbanistas, ingenieros civiles y paisajistas, adoptada en el año 1980. * Recomendación relativa a las acciones a emprender en ayuda de determinados oficios en peligro de desaparición, en el ámbito de la actividad artesanal, adoptada en el año 1981. * Recomendación relativa a la promoción de los oficios artesanales que intervienen en la conservación del patrimonio arquitectónico, adoptada en el año 1986. Es el primero de estos documentos quizá el más elocuente, al contener una serie de afirmaciones que son fundamentales para el nuevo tipo de formación que el Consejo de Europa promueve. Se ha considerado de interés destacar las siguientes: * La inculcación de un nuevo humanismo en la formación de los especialistas depende tanto de su educación teórica como de su formación

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PROGRAMAS DE FORMACIÓN DEL CONSEJO DE EUROPA

práctica; de igual forma que, la calidad de su actividad depende tanto de su ética como de su competencia profesional. * En el contexto general de una formación que aspira a ser necesariamente interdisciplinaria, se debe dar a cada disciplina el lugar que le corresponde sin perjudicar la coherencia del conjunto. * Esta formación debe comenzar en las escuelas de enseñanza primaria y secundaria, fomentando, sobre todo, el sentido de la observación, la percepción del espacio, el espíritu crítico, la creatividad, la conciencia de la interdependencia social, el orgullo por los valores del pasado y el respeto por el entorno. * La nueva orientación de la formación que se defiende debería rebasar ampliamente el marco de los programas de estudio, ya que esta formación es, sobre todo, de carácter ético. Posteriormente, a partir del año 1990, en el que se unieron los departamentos de educación y cultura del Consejo de Europa, se comienza a dar un nuevo impulso a los programas específicos de formación del Consejo, encargándose de ello el Consejo de Cooperación Cultural a través de su Comité del Patrimonio Cultural. En el año 1992, la 3ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, celebrada en Malta, en su Resolución Nº 3 sobre las prioridades de un proyecto paneuropeo para el patrimonio cultural, se plantea esta preocupación del Consejo de Europa como una de las prioridades de dicho proyecto. En esta resolución, la Conferencia expone que: entendido en un sentido amplio, el concepto de formación se refiere tanto a la formación profesional como a la iniciación de los jóvenes en los valores del patrimonio, a la sensibilización de las autoridades responsables y a la del público en general. Concretamente, respecto a la formación profesional, el Consejo de Europa establece las bases para alcanzar una formación que sea apropiada a las necesidades de la sociedad actual, marcándose los objetivos siguientes: * El desarrollo de una Red Europea de los Oficios del Patrimonio gestionada por el Consejo de Europa. A tal efecto, convendría no sólo continuar con el programa de impulso y coordinación en favor de los oficios artesanales, sino también preparar, conjuntamente con los organismos internacionales competentes, una nueva Recomendación para los Estados miembros sobre la actualización de los sistemas de formación de arquitectos, ingenieros, administradores y otras profesiones relacionadas con la planificación y supervisión de la conservación y restauración de los bienes culturales. * El apoyo a los intercambios profesionales cuyo soporte -en forma de becas, prácticas o períodos de formación continua- está previsto, a partir de 1992, en el programa del CC-PAT. * Las modalidades prácticas de dichos intercambios deberán determinarse y referirse tanto a los profesionales relacionados con la conservación como a las artesanos de alta calificación. Se deberá, pues, estudiar un programa de intercambio para dichos artesanos. Por último, la 4ª Conferencia de Ministros responsables del patrimonio cultural, celebrada en Helsinki en 1996, en la Resolución Nº 1 relativa al patrimonio cultural como factor de construcción de la cooperación europea, dedica también un epígrafe a la información y formación en relación al patrimonio, otorgándoles de nuevo la prioridad creciente que requieren, al afirmar que: corresponde a los Estados -en el ámbito nacional, regional o local- difundir la información sobre las políticas del patrimonio y asegurar la formación básica y continuada de sus profesionales para una mayor movilización de los recursos humanos. No obstante, a escala europea, correspondería al Consejo de Europa:

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PROGRAMAS DE FORMACIÓN DEL CONSEJO DE EUROPA

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Estudiar la puesta en práctica de un sistema permanente de información Red Europea de Información sobre el Patrimonio- a disposición de administraciones, profesionales, investigadores y especialistas en la enseñanza de estas materias, con el fin de conocer la evolución del patrimonio en los distintos países, utilizando la experiencia del Informe sobre las Políticas del Patrimonio Arquitectónico en Europa, elaborado anteriormente por el Consejo de Europa. Promover, a partir de proyectos ya experimentados tales como las Jornadas Europeas del Patrimonio, los Itinerarios Culturales Europeos, o las Clases Europeas del Patrimonio, actuaciones pedagógicas dirigidas a sensibilizar, por una parte, al ciudadano sobre la protección del entorno, por otra, a los turistas sobre el respeto a las culturas locales y, finalmente, a los jóvenes en cuanto a los valores del patrimonio cultural de Europa. La nueva Fundación Europea para los Oficios del Patrimonio Cultural, organizada con el apoyo del Comité del Patrimonio Cultural del Consejo de Europa y actuando en asociación con otras organizaciones nacionales e internacionales, debería ofrecer mayores posibilidades para llevar a cabo programas paneuropeos de perfeccionamiento y continuidad de la formación profesional.

Ref.: Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico y Declaración de Amsterdam, 1975.Resolución (76)28.- Recomendaciones (80)16, (81)13, (86)15.- 3ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Malta 1992.- 4ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Helsinki 1996. (Véase Centro europeo de formación de artesanos para la conservación del Patrimonio Arquitectónico, Formación de especialistas, Fundación europea para el patrimonio cultural, Fundación Europea para los Oficios del Patrimonio, Fundación Pro Venecia Viva, Pedagogía del Patrimonio y Red Europea de los Oficios del Patrimonio)

Programas de Seguimiento

(Véase Cooperación y Consejo Técnico)

Protección de Bienes (Ver Bienes Protegidos)

Protección del Patrimonio Cultural Este título se refiere al fin primordial del Consejo de Europa en el ámbito del Patrimonio Cultural, como así se puso de manifiesto en el Convenio Cultural Europeo, abierto a la firma en París en el año 1954. Las afirmaciones de su preámbulo y su Artículo 1 pueden considerarse como una síntesis clara del concepto de protección: Los gobiernos firmantes del presente Convenio, miembros del Consejo de Europa: * Considerando que el fin del Consejo de Europa es lograr una mayor unión entre sus miembros, especialmente a fin de salvaguardar y promover los ideales y principios que son su patrimonio común. * Considerando que el desarrollo de la comprensión mutua entre los pueblos de Europa permitirá progresar hacia la consecución de dicho objetivo.

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PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL

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Considerando que es deseable para estos fines, no solamente establecer convenios culturales bilaterales entre los miembros del Consejo, sino también adoptar una política de acción común dirigida a salvaguardar el desarrollo de la cultura europea. * Conforme a estos considerandos esenciales, el Artículo 1 establece que cada Parte Contratante tomará las medidas apropiadas para salvaguardar su aportación al patrimonio cultural común de Europa así como impulsar el desarrollo del mismo. Al indicarse en el Convenio que se tomarán las medidas apropiadas para la salvaguarda del patrimonio cultural europeo, se refiere al aspecto fundamental de la protección, que debe consistir en la elaboración y adopción de leyes, así como la adaptación de los sistemas legislativos nacionales, como medio indispensable para garantizar la seguridad de dicha salvaguarda o protección. El texto de este Convenio fue el inicio del proceso desarrollado a lo largo de los años por el Consejo de Europa en el ámbito de la protección del patrimonio cultural, como así se pone de manifiesto en todos los Textos Fundamentales reseñados en esta Recopilación. Igualmente, este Convenio es considerado el fundamento de la cooperación multilateral entre los Estados Europeos para el logro de la citada protección. Son tres los Textos Fundamentales que vinculan a los Estados Partes de los mismos a elaborar -o adaptar- su régimen legal de protección: * Convenio para la salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico de Europa, abierto a la afirma en Granada en el año 1985 que establece los procedimientos legales de protección en los artículos 3, 4 y 5. * Convenio Europeo para la Protección del Patrimonio Arqueológico (revisado), abierto a la firma en La Valette en el año 1992, que establece la identificación de este patrimonio y las medidas jurídicas de protección en los artículos 2, 3 y 4. * Convenio Europeo sobre las infracciones cometidas contra los Bienes Culturales, abierto a la firma en Delfos, en el año 1985 que establece las normas internacionales imprescindibles para poner fin a los atentados que sufren dichos bienes, reconociendo -los Estados miembros del Consejo de Europa- su responsabilidad común y su solidaridad en la protección del patrimonio cultural europeo. Desafortunadamente, este Convenio no ha podido entrar en vigor, por falta del número necesario de ratificaciones. Por su parte, la 3ª Conferencia de Ministros responsables del patrimonio cultural, celebrada en Malta en el año 1992, en su Resolución Nº 3 sobre las prioridades de un proyecto paneuropeo para el patrimonio cultural, recomienda replantearse la dirección, el contenido y los métodos de conservación desde una perspectiva actual de la sociedad europea que requiere, entre otras cosas, continuar desarrollando el concepto de protección del patrimonio cultural, especialmente, identificando las categorías del patrimonio que están insuficientemente protegidas, o que incluso todavía no están protegidas, y elaborando las estrategias específicas que les sean propias. Destacando esta línea de trabajo, el Secretario General, Daniel Tarschys en la presentación de la Recopilación de los Textos Fundamentales del Consejo de Europa expone claramente la evolución del concepto de protección del patrimonio que ha tenido lugar desde la creación de la Organización, mediante la exposición siguiente: Desde comienzos de los años sesenta, el Consejo de Europa ha desarrollado un importante programa de trabajo intergubernamental dirigido a la protección y puesta en valor del patrimonio cultural de Europa. Este periodo ha estado marcado por una considerable evolución, puesto que se ha pasado del concepto

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PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL

restringido de monumento histórico a la idea de patrimonio arquitectónico y, más recientemente, a las nociones de patrimonio cultural y de memoria colectiva. Finalmente, se debe reseñar el texto de la Declaración de la Segunda Cumbre del Consejo de Europa, celebrada en 1997, en que se reafirma la importancia que desde este órgano se concede a la protección del patrimonio cultural y natural europeo y a la promoción de la toma de conciencia de este patrimonio. Ref.: Presentación.- Convenio Cultural Europeo, París 1954.- Convenio para la salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico de Europa, Granada 1985.- Convenio Europeo sobre las infracciones cometidas contra los Bienes Culturales, Delfos 1985.Convenio Europeo para la protección del Patrimonio Arqueológico (revisado), La Valette 1992.- 3ª Conferencia de Ministros Responsables del Patrimonio Cultural, Malta 1992.Segunda Cumbre del Consejo de Europa, Estrasburgo 1997.- Recomendación (98)4. (Véase Conservación y Salvaguarda)

Proyecto Paneuropeo para el Patrimonio Cultural Este título aparece en la 3ª Conferencia de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, celebrada en Malta en 1992. Es un extenso proyecto del Consejo de Europa para su estrategia presente y futura, que la Conferencia describe detalladamente en su Resolución Nº 3 sobre las prioridades de un Proyecto paneuropeo para el Patrimonio Cultural. El Proyecto consta del desarrollo de cuatro puntos fundamentales: 1.- Previamente, consta de una reflexión prospectiva que analice la situación con respecto a la conservación del patrimonio cultural. Así corresponderá al Consejo de Europa promover el progreso de las políticas del patrimonio en el marco de un ambicioso proyecto paneuropeo de desarrollo cultural y social que: * Sitúe la conservación integrada del patrimonio en el marco de las políticas transectoriales del entorno físico y humano. * Se debe hacer un especial esfuerzo en cuanto al progreso equilibrado de las ciudades históricas y la salvaguarda de los sitios culturales y del paisaje que, en general, están gravemente amenazados. * Continuar perfeccionando el concepto de protección del patrimonio cultural, especialmente identificando las categorías del patrimonio que están insuficientemente protegidas, o que incluso todavía no están protegidas, y elaborando las estrategias específicas que les sean propias. * Profundizar en la dimensión social de la conservación, integrándola en las políticas de vivienda y empleo. 2.- Es necesario desarrollar la cooperación técnica para hacer frente a las necesidades urgentes de la “Gran Europa”, mediante: * Programa de cooperación y consulta técnica, que cuente con los mejores especialistas del Este, Centro y Oeste de Europa para las misiones de peritaje y poder resolver los problemas complicados de conservación. * Organización de talleres profesionales multinacionales que reúnan a expertos en el estudio de problemas jurídicos y técnicos comunes, tales como la actualización de las legislaciones sobre patrimonio y urbanismo, el avance en técnicas de inventario o en los mecanismos de financiación. * Estudio de la viabilidad de un sistema para coordinar el intercambio de información e investigación sobre el deterioro de materiales como consecuencia de la polución atmosférica y de otros factores. * Compilación y gestión de un Repertorio periódico Europeo de las Políticas

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PUESTA EN VALOR

del Patrimonio, actualizado regularmente, que se constituya en instrumento práctico para dar a conocer las tendencias de la legislación y la práctica en los distintos países. * Desarrollo de un programa de intercambio de información en materia de políticas del patrimonio mueble, conjuntamente con otras instituciones internacionales, con particular referencia a la prevención de la circulación ilícita de bienes culturales. 3.- Promover la formación y sensibilización. Entendido en un sentido amplio, el concepto de formación se refiere tanto a la formación profesional como a la iniciación de los jóvenes en los valores del patrimonio, a la sensibilización de las autoridades responsables y a la del público en general. * El desarrollo de una Red Europea de los Oficios del Patrimonio gestionada por el Consejo de Europa. * La sensibilización en los valores del patrimonio mediante la continuidad de proyectos del Consejo de Europa como las Clases Europeas del Patrimonio, los Itinerarios Culturales Europeos y las Jornadas Europeas del Patrimonio, contribuirá a la imprescindible sensibilización de los jóvenes europeos y del público en general. * Actualmente es indispensable hacer un especial esfuerzo en la difusión de los trabajos del Consejo de Europa, apoyándose en las técnicas de comunicación más actuales. * La campaña de sensibilización sobre los valores del patrimonio arqueológico. * Para asegurar la puesta en práctica de proyectos de conservación y promoción del patrimonio, la Secretaría estudiará la posibilidad de crear una Fundación europea para el patrimonio cultural. 4.- Para responder a la urgente necesidad de movilizar inversiones en la restauración y conservación del patrimonio cultural en un gran número de países, el Consejo de Europa debe completar, a partir de 1992, los trabajos que ha emprendido con relación a la financiación de la conservación. Es, por tanto, a partir de esta Conferencia de Ministros cuando el Consejo de Europa, a través de su Consejo de Cooperación Cultural (CDCC) y el Comité del Patrimonio Cultural (CC-PAT), perteneciente a éste último, comienza el desarrollo del citado Proyecto Paneuropeo. Posteriormente, la 4ª Conferencia Europea de los Ministros responsables del Patrimonio Cultural, celebrada en Helsinki en 1996, apoya este proyecto organizando la cooperación intergubernamental a una escala plenamente paneuropea y analiza en sus resoluciones y declaración final, los conceptos y cuestiones básicas para el programa de trabajo intergubernamental, considerando al patrimonio cultural como factor esencial en el proceso de desarrollo sostenible y de construcción de la cooperación europea. Ref.: Prólogo.- 3ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Malta 1992.- 4ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Helsinki 1996. (Véase Programa de Trabajo Intergubernamental)

Puesta en valor Este concepto se utiliza en la actualidad de forma generalizada para hacer referencia a los de enriquecimiento, promoción y valorización del patrimonio cultural, que son requisito esencial vinculado a la protección y conservación del mismo.

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PUESTA EN VALOR

El Consejo de Europa trata permanentemente el concepto en el conjunto de los Textos Fundamentales uniendo la expresión salvaguarda y puesta en valor en relación tanto al patrimonio arquitectónico como al arqueológico, así como al resto de las categorías ampliadas del patrimonio, hasta alcanzar más recientemente la idea general de valorización del patrimonio cultural. Se han seleccionado una serie de textos pertenecientes a contextos diferentes que pueden aclarar la utilización del concepto puesta en valor: El Sr. Tarschys, en la Presentación de la Recopilación de los Textos Fundamentales, afirma que desde comienzos de los años sesenta, el Consejo de Europa ha desarrollado un importante programa de trabajo intergubernamental dirigido a la protección y puesta en valor del patrimonio cultural de Europa. En 1969, en la Conferencia de Ministros responsables de la salvaguarda y rehabilitación del patrimonio cultural inmobiliario celebrada en Bruselas, resaltaba claramente el valor que corresponde al patrimonio cultural inmobiliario, tanto desde el punto de vista cultural como desde los puntos de vista humano, social y económico, y subraya las múltiples amenazas que, en todos los países, pesan sobre este patrimonio europeo. La Convención de Granada, del año 1985, también hace referencias significativas al respecto, reconociendo la importancia de llegar a un acuerdo sobre las directrices principales de una política común que garantice la conservación y puesta en valor del patrimonio arquitectónico. En el Artículo 10 del convenio, se recomienda a los Estados contratantes que hagan de la conservación, promoción y puesta en valor del patrimonio arquitectónico una característica importante de las políticas en materia de cultura, medio ambiente y ordenación del territorio. Por su parte, el texto de la 2ª Conferencia de Ministros responsables del Patrimonio Arquitectónico, celebrada en Granada ese mismo año, proclama su voluntad de proseguir y desarrollar la cooperación intergubernamental para la salvaguarda y puesta en valor del patrimonio histórico de Europa. * promoviendo la integración de la puesta en valor del patrimonio arquitectónico en una política cultural global. * estimulando a la población para que participe en la salvaguarda y puesta en valor del patrimonio local. * la puesta en valor del patrimonio arquitectónico como elemento de desarrollo económico de las regiones problemáticas. En 1989, en la Recomendación relativa a la protección y puesta en valor del Patrimonio Arquitectónico Rural, se hace una referencia todavía más específica al respecto, recomendando activar la puesta en valor del patrimonio como factor primordial de desarrollo local. Los Textos se ocupan también del concepto de puesta en valor referido al patrimonio arqueológico, en la Recomendación, adoptada en 1989, que trata específicamente de su protección dentro de los planes de ordenación urbana y rural, subrayando que la salvaguarda y puesta en valor del patrimonio arqueológico es un factor importante de desarrollo cultural, turístico y económico. En la 3ª Conferencia Europea de Ministros responsables del patrimonio cultural, celebrada en Malta en 1992, se reafirma muy especialmente el importante papel que representa la salvaguarda y puesta en valor del patrimonio en el desarrollo cultural, económico y social, así como en la mejora del sistema de vida. Por otra parte, se considera la puesta en valor del patrimonio como un cometido específico del Programa de Cooperación y Asistencia Técnica del Consejo de Europa. El Reglamento del mismo, publicado en 1994, tiene por objeto ayudar a las autoridades nacionales, regionales o locales de los Estados

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PUESTA EN VALOR

miembros del Convenio Cultural Europeo que han solicitado la asistencia, a resolver los complejos problemas de la conservación integrada y la puesta en valor de su patrimonio cultural. En la 4ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, celebrada en Helsinki en 1996, se vuelve a subrayar el concepto de puesta en valor como un factor esencial que debe continuar desarrollándose. Así lo pone de manifiesto en sus Resoluciones. La primera de ellas, relativa al patrimonio cultural como un factor de construcción de la cooperación europea, afirma que se debe fortalecer el vínculo compartido de los europeos hacia su patrimonio cultural común, estableciendo -dentro del marco de la cooperación intergubernamental del Consejo de Europa- un procedimiento de salvaguarda y puesta en valor del patrimonio edificado y de los sitios arqueológicos, que reflejan la diversidad cultural que se ha manifestado a lo largo de la historia en un mismo territorio, cualquiera que sea su contexto político actual. En la Resolución Nº 2, relativa al patrimonio cultural como factor de desarrollo sostenible, se redacta un apartado que trata la conveniencia de preparar una Recomendación dirigida a los Estados miembros, referente a las estrategias sostenibles del turismo cultural vinculado a la puesta en valor del patrimonio sobre la base de trabajos realizados por entidades nacionales o internacionales, aclarando a continuación que: * Las estrategias que se establezcan para el turismo cultural podrán ayudar a la puesta en valor de diversas categorías de bienes culturales(...) * Cualquier política sostenible de turismo cultural debe evitar una explotación excesiva del patrimonio cultural y natural, ya que se trata de recursos raros y no renovables, cuyo deterioro -o incluso pérdidadestruirá el propio fundamento de la motivación turística. * Convendría impulsar, con cierta flexibilidad, la aplicación de una parte de los recursos financieros derivados del turismo a la salvaguarda y puesta en valor del patrimonio. * Las estrategias que se elaboren para el desarrollo del turismo deberán tener en cuenta la mejora de la calidad de vida de la población residente. Por último, la Segunda Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, reunida en Estrasburgo en 1997, se hizo eco de lo anteriormente expuesto por la Conferencia de Helsinki, estableciendo -en su Declaración Final- un Plan de Acción que contiene un apartado específico destinado a la puesta en valor del patrimonio europeo, en el que se decide lanzar para 1999 -con motivo de la celebración del 50º aniversario de la Organización- una campaña con el lema “Europa, un patrimonio común”, que esté basado en el respeto a la diversidad cultural y teniendo como objetivo la colaboración entre las administraciones, las instituciones educativas y culturales, y la industria. Ref.: 1ª Conferencia Europea de Ministros responsables de la salvaguarda y rehabilitación del Patrimonio Cultural Inmobiliario, Bruselas, 1969.- Convenio Europeo del Patrimonio Arquitectónico de Europa y 2ª Conferencia Europea de Ministros responsables del Patrimonio Arquitectónico, Granada, 1985.- Recomendación (89)5 y (89)6.- 3ª Conferencia Europea de los Ministros responsables del Patrimonio Cultural. Malta 1992-. Reglamento del Programa de Cooperación y Asistencia Técnica relativo a la conservación integrada del Patrimonio Cultural, Estrasburgo 1992.- 4ª Conferencia europea de Ministros responsables del Patrimonio Cultural, Helsinki 1996.- Segunda Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, Estrasburgo 1997. (Véase Valor del Patrimonio)

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Post-Urban/Suburban Landscapes: Design and Planning the Centre, Edge and In-Between Professor-Emeritus Helen Armstrong, Centre for Cultural Research, University of Western Sydney


Post-Urban/Suburban Landscapes: Design and Planning the Centre, Edge and In-Between Professor-Emeritus Helen Armstrong, Centre for Cultural Research, University of Western Sydney.

The concept of landscape in contemporary cities is in a dynamic state of flux (Daidalos, 1999; Waldheim, 2006), yet urban design and planning tends to see landscapes as merely open space for recreation and areas set aside as nature reserves or urban public space (Vienna STEP05, 2005; Sydney Metropolitan Strategy, 2004). Such a reading is superficial and ignores the rich and complex contribution that landscape can play in 21st century cities. Limited interpretations of contemporary landscapes are of concern because urban landscapes, in the broadest sense, are being eroded in the city centre and at the edge, as well as in the wide area in between. Despite theories that post industrial cities are characterised by fragmentation, fluidity and uncertainty (Soja, 2000; Koolhaas, 2004), the globalising forces of late capitalism (Jameson, 1991) are resulting in new ubiquitous and predictable landscapes of consumption in contemporary cities (Harvey, 2000, 2005). It is difficult to discern innovation, apart from environmental, in new plans and designs for buoyant redevelopments in Australian cities; meanwhile there are two major landscape types that are losing the battle against late capitalist urbanism; the peri-urban edge of productive lands and the left-over spaces of cities – the urban voids. Despite such concerns, there are emerging landscapes of infrastructure in the posturban/suburban fabric that, although seen negatively, are nevertheless intriguing sites worthy of a new interpretation. In the context of a number of international approaches to the increasingly urbanised landscape, this paper explores the significance of complex landscapes in posturban/suburban Sydney. It articulates a number of concerns about policies for Sydney landscape and proposes ways to reconsider current planning and design. It begins by questioning contemporary spectacle cities. Questioning the 21st Century City of Spectacle Sitting in a café at the edge of a busy urban waterway in Rotterdam, one can ask why redevelopment in Rotterdam – one of the busiest ports in Europe – can maintain layers of the future, present and past, while it would appear that Sydney has surrendered its layered landscape to become a typical city of spectacle and consumption resembling one of David Harvey’s degenerative utopias of global capitalism (Harvey, 2000). Although the Situationalists questioned the spectacle city of consumption as early as the 1950s-60s (Sadler, 1999), they could not have predicted the scale of permanent spectacle and commodification in 21st century cities (Harvey, 2000). In Sydney, this is particularly


evident where vast swathes of former waterfront industrial land are transformed into high-rise housing, waterfront restaurants and tourist facilities.

City of Spectacle: Darling Harbour, Sydney, 2005 (a.p.) Photographer: Helen Armstrong

It is not only the changes in former harbourside industrial sites; open areas, seen as waste space threaded throughout the suburbs and at the rural edge, are also being rapidly redeveloped. How can such urban development be tempered so that complex land-uses can co-exist, including the urban voids; those messy, unkempt, apparently unused places which are so important to the patina of our cities?

Urban Void, Brisbane, 2000 (a.p) Photographer: Helen Armstrong

This paper questions simplistic planning policies which encourage redevelopment of all vacant sites, despite their former or current use. It argues for complex urban landscapes where work, living and play can co-exist, such as the Sydney Harbour Foreshore Authority Working Harbour Agenda (NSW Legislative Council Hansard, 1998), however various state planning forces are undermining such efforts.


It would seem that unless landscapes are used for recreation or nature conservation, they are merely spaces to be exploited. As the French landscape theorist, Christophe Girot (2004), indicates, they are considered to be ‘landscapes of contempt’. This way of seeing the urban landscape begs an important question – ‘What are the values of urban landscapes beyond nature and play?’ Ignoring David Harvey’s (2000) warnings about degenerative utopias of global capitalism, developers and politicians argue that the community wants the pleasurable landscapes of spectacle cities. But this paper asks: where are the meditative places for urban introspection? How do we quietly reflect on the culture of our everyday life and our recent past? How do we commune with ‘place’ as a layered landscape – complex and disturbing as much as reassuring? How do we regain the ability to accept the ‘ugly’ with its strange and resonating qualities? Such challenges, this paper argues, need a new language to describe the landscapes of contemporary cities so that a more nuanced understanding can inform decisions about urban development. Contradictory Theories about Design and Planning the Contemporary Urbanised Landscape The design and planning issues related to post-urban/suburban Sydney have a world-wide context where contradictory theories abound about sprawling contemporary cities. Ed Soja has argued for some time that mega-cities, such as the sprawl of Los Angeles, are huge urbanised landscapes, discontinuous, fragmented, polycentric and a kaleidoscope of social-spatial structures – ‘Postmetropoles’ (Soja, 2000). In Europe, there are varying responses to the sprawl between the old city centre and the rural edge. The Swiss architect/planner, Xaveer de Geyter, in his book After-Sprawl (2002), has analysed six post-urban areas in the ‘Blue Banana’ of Europe which curves from London, through the Netherlands, Belgium, Switzerland, down to the urban structure of Veneto. All are considered as one loosely connected ‘sprawl’ generating a new urban form, fuelled by globalised economics and facilitated by new infrastructure. Although the scale of emerging urbanised landscapes causes concern, some designers and planners also celebrate their anarchic qualities (de Geyter, 2002; Koolhaas, 2004). Artists and designers in Melbourne recognise such qualities (van Schaik & Golling, 2006), however, in the main, the design of Sydney’s urban space does not challenge the consumerist paradigm. In Germany, the urban planner, Thomas Sieverts also moderates his criticisms of the new urban form that makes up contemporary European cities in his book, Cities Without Cities (2003). Sieverts particularly focuses on the new city edges which he calls ‘the Zwischenstadt’ or the urbanised countryside. His analysis of the situation in Europe reveals it to be less free-market driven and more socially responsible than North American cities, but still beset by problems of large scale and homogeneity. Perhaps the European country most beleaguered by urban sprawl is The Netherlands. As a result the Dutch Government has funded numerous innovative planning projects,


making The Netherlands the focus of interest for designers and planners around the world, particularly the work on Metacities (1999, 2003) by Winy Maas of MVRDV architects. In Northern Italy, another response has been to resist the impact of globalised urban development through ‘Cittaslow’ or Slow Cities (Knox, 2005). This growing movement had its early beginnings as the Slow Food movement, building on the idea that local produce and local communities can maintain a resilience that tempers globalised economics. Citteslow’s charter focuses on cities maintaining local identity, particularly through the tradition of food production in the surrounding countryside. Emerging farming cooperatives in Western Sydney, inspired by Citteslow, have started to develop micro-tactics for urban agriculture (Mason & Docking, 2005). In strong contrast, the Dutch architect Rem Koolhaas (2005) sees the European, USA and Asian city as part of a globalised phenomenon allowing for the design of new urban forms which celebrate indeterminacy, fluidity and hyper-reality. He argues that urbanism of the future should explore uncertainty through ‘enabling fields’ which accommodate processes but resist being definitive urban forms (Lootsma, 1999). He sees particular potential in Asia for new ways of conceiving mega-cities. Despite his aspirations, much of the new development in China follows Western models, including the recently completed simulacrum ‘Orange County, Beijing’ (MÜnch, 2004). There is much potential for innovation in the emerging movement, Landscape Urbanism (Mostafavi & Najle, 2003). It began in the wastelands of Detroit with designs exploring indeterminacy in the form of landscapes of both focussed intensities and wide-spread forces derived from abstract computer mapping (Waldheim, 2006). Landscape urbanists are interested in how permanent and temporary landscapes can restore dynamism in postindustrial cities in innovative ways, such as ‘intermediate landscapes’ of both community action and environmental flows (Park, 2005). Again, designers in Melbourne are exploring the ideas espoused by Landscape Urbanism, whereas in Sydney, it would appear there is neither the government interest nor the client base. Where do Australian cities sit within these diverse responses to the impact of globalisation on contemporary cities, and what can be predicted for post-urban/suburban Sydney? The paper suggests that Australian cities are somewhere between the privatised landscape of the North American cities and the urbanised landscape of growing European cities. The Gold Coast and its penchant for gated communities is more akin to postsuburban Orange County, California. Sydney with its growth of a poly-centred urbanised landscape around the old city centre and its associated problems of urban sprawl is closer to the European model. Thus Sydney could be a complex and multi-layered urbanised landscapes, but there are three significant problems; the dominance of market-driven development, the loss of urban voids and former industrial landscapes, and the erosion of the urban/rural edge of market gardens, orchards, and grazing. Current Dynamics within Sydney’s Urbanised Landscape Given the contradictory responses to planning and design for post-urban cities, what are the current dynamics in Sydney’s urbanised landscape? Six landscape issues and their associated problems are explored here.


Natural to Cultural Landscape

Cultural landscapes connect us an ancient past where human settlements continue to be underpinned by an original landform and hydrology, even if both have been altered significantly. Sydney has extensive natural landscapes, north and south, over distinctive sandstone landforms. It is mainly Sydney’s west that has absorbed the different settlement layers, traces of which can still be read. With the dramatic changes in current urban development, both in scale and speed, there has been an historic rupture making it increasingly difficult to discern these traces, particularly those of the recent past. Cultural to Natural Landscapes

Since the 1960-70s Environment Movement there has been a growing impulse to restore pockets of indigenous habitats in the urban fabric and to set aside vestiges of former natural landscapes for protection. These are cultural actions which fetishise such landscapes as treasured places. Recently their cultural value has increased as they have also taken on an engineering role to clean up urban water. In Sydney, increasing development pressure means bushland landscapes are often all that remain as large open space areas. Recreation Landscapes to Theme Parks

Recreation in the landscape has changed. Increasingly landscapes have become destinations for commodified play. Festival markets, themed waterfronts, and theme parks along with major stadia for spectator sport are now common features of contemporary cities. The alienation of large segments of parkland for activities requiring entry fees has changed many of Sydney’s passive recreation landscapes. Working Landscapes to High-rise Housing

The changing nature of industrial activities has resulted in numerous industrial sites becoming redundant. Australian cities have tended to follow the London Docklands model where former industrial sites are redeveloped for the growing market of new innercity dwellers interested in high-rise living within a cafĂŠ culture. In Sydney, spurred on by the buoyant property market, particularly around waterfront areas, many actively working port facilities have relocated. As a result, working landscapes and the diversity associated with areas in which people both live and work have been replaced with relatively uniform high and medium-rise residential developments. Peri-Urban Landscapes to Low Density Housing

There has been a dramatic loss of urban/rural edge landscapes in developed countries. This is a major concern because cities need productive land to produce perishables that


cannot be transported over long distances (Sinclair et. al., 2003). In Sydney, once thriving market gardens now cling to the last vestiges of fertile soil, a precious resource for Australian cities. New low density housing developments, often recreating pseudo-rural settings, encouraged by Local Government zoning, for example ‘rural residential’ or ‘parkland living’, is discouraging environmental sustainability and wasting a scarce resource (Armstrong, 2004) . Privatisation Planning Strategies

The changes to urban landscapes described here while delighting many, are nevertheless of concern, because urban planning strategies continue to follow a development model based on globalised capital. This involves on-going withdrawal of government funding for public facilities and increasing privatization of urban life, thus decreasing the possibility of social responsibility and innovative approaches to urban development. Understandably, in a market-driven environment, the private sector resists exploring innovation because it is economically risky. Thus post-urban/suburban Sydney is emerging with a certain predictable urban form, but can it be different? This paper suggests that there are a number of ways in which Sydney’s urban landscape can address the issues described, including innovative ways to maintain the peri-urban productive lands, revising the approach to urban voids, and developing a way to empathise with the new and emerging post-urban/suburban landscapes. Maintaining Peri-urban Productive Land. There are four critical issues that need to be addressed in order to maintain peri-urban productive landscapes. The first is to develop innovative forms of land tenure so that owners can realise the value of their land without changing the rural use. Parallels can be drawn with the loss of built heritage in the 1960s due to unbridled growth. The crisis was addressed through innovative forms of land tenure enabling property owners of heritage buildings to realise similar capital returns to those who owned non-heritage buildings. This was achieved through transfer of development rights. A similar strategy for peri-urban lands has been explored in some US cities (Armstrong, 2005). The second issue relates to local government planning and new forms of governance. Many Local Governments are pressured by the electorate to rezone agricultural land to housing. At the State level, new legislation is clearly necessary if an integrated approach to regional lands is to be achieved. At the same time, at the local level, different forms of governance are necessary if local government and communities are to engage in the emerging economies which can provide alternatives to endless land speculation. Europe and North America offer models of new forms of local government planning that allow for innovative conflations of rural/nature conservation/ recreation and urban areas. In these new forms of productive land, there is the possibility to draw from existing


Australian cooperatives such as the organizational strategies associated with Total Catchment Management and Landcare groups (Allison & Armstrong, 2003). The third issue is economic, namely how to make the continued productive use of land attractive to new purchasers. The recent market growth of water products, ecosystem services, and niche marketing of gourmet products are just some of the emerging changes in rural economics. Both Barr’s discussions about Future Agricultural Landscapes (2003), and the US-based Urban Agriculture Network, have been catalysts for exploring new forms of urban agriculture, including micro-farming, in Western Sydney (Mason & Docking, 2005). The final issue relates to the design of these new forms of green space. In Europe, design of urban space is often seen as an enabling tool for new partnerships between communities, new economics, infrastructure, and new design technologies to reinvigorate natural systems. Proposals for peri-urban land need to be embedded in good science, a thorough understanding of markets and community dynamics, moving forward as changed spatial formations through innovative landscape and urban design approaches (Armstrong, 2004). The clarity and conviction of these statements is in strong contrast to how we should recognize the indeterminate and oscillating value of urban wastelands – the voids. Design & Planning with Post-Industrial Urban Voids It was the Barcelonan urbanist, Ignasi De Sola-Morales (1996), who first alerted planners and designers in the early 1990s to the value of urban voids. He argued that urban planners needed to revisit the concept of Terrains Vagues – those strange and undefined empty city spaces. Terrains Vagues were initially observed by photographers in the 1960-70s. They noticed the beauty of the abandoned spaces in cities and their photographs created ways to see these places affectionately. The French called such spaces ‘terrains vagues’. In French, ‘vague’ has etymological roots in oscillations, instability, or fluctuations. ‘Vague’ also means vacant, empty, or unoccupied. In English, ‘vague’ means indeterminate, blurred, or uncertain. Empty urban sites embody all these qualities. De Sola-Morales suggests empty places are fundamental to the evocative potential of the city. They are latent places where the absence of use can create a sense of freedom and expectancy – the space of the possible. The challenge is what to do with the numerous post-industrial voids? In the early 1990s, De Sola-Morales suggested that their special qualities should be understood and respected and he warned against doing predictable designs for such places. By 2005, Sydney has lost most of these interesting voids under just such predictable designs.


New Housing on Former Industrial Site, Sydney 2005 (a.p.) Photographer: Helen Armstrong

While it is hard to argue for leaving these sites free of development, the new Landscape Urbanists are exploring designs in post-industrial areas as a new form of urban ecology (Waldheim, 2006). For example, using the vast dystopian wastelands of Detroit as sites for speculation, landscape architects Charles Waldheim and James Corner developed proposals for urban voids that contain a new hybrid urbanism of dense clusters of innovative urban activity co-existing within a remediation-in-process and reconstituted ecology (Shane, 2004). Perhaps in Sydney, the pressure for urban development, the prime location of the postindustrial lands, and their relatively smaller scale compared with Detroit, has acted against innovation. Nevertheless, not all urban voids are post-industrial sites. There are opportunities for innovation and enabling landscapes (Lootsma, 1999) on the diverse wastelands that thread throughout the city. Planners/designers in the Ruhr Valley in Germany spent ten years exploring innovative possibilities for waste lands. The region, while still maintaining its strong industrial forms, now incorporates commercial development, agricultural land-use, ecological rehabilitation, and recreational areas. A key to the structural change in the region was the International Building Exhibition at Emscher Park whose goal was to identify flexible habitat factors for the region (Lootsma, 2002). There are many lessons for Sydney here. Another major challenge embedded in these left-over spaces is whether a new urban form can emerge by advocating restraint of urban growth. The architect, Kyong Park and his Detroit-based International Centre for Urban Ecology (iCUE), has brought together artists, scholars, pragmatists and grass roots organisations to generate a body of work that triggers the imagination for models of planning that are not based on growth and prosperity. As politicians and business interests are committed to Sydney as a global city, one doubts if the planners would consider this possibility? Respecting Uncanny Urban Spaces


Given the likely political resistance, one can equally argue for the subliminal meanings and poetics embedded in these voids and wastelands. Poets and artists, exploring the fragmentary human experience of the 21st century world, are similarly concerned that wastelands are disappearing and with them the powerful connection between dereliction and beauty (AGNSW, 2005). It is not only their aesthetic qualities; these spaces provide uncanny resonances, both hauntingly familiar and unfamiliar. Uncanny spaces allow for reflective engagement with the problems of identity, self and other, the psyche and dwelling, the individual and metropolis (Vidler, 1992). In Sydney, a large number of post-industrial sites have disappeared. Their former exploitative social and resource implications have been replaced by a sense of fragility and vulnerability. In this context, in Europe there has been a renewed interest in the Situationists’ notion of ‘dérive’, a way of randomly walking through the vacant lands of the city as a new form of engagement (Debord, 1998; Armstrong, 2006). Dylan Trigg in his essay, Uncanny Space of Decay (2004), suggests that we are drawn to the transgressive qualities of these sites. They are characterised by a particular intricacy associated with derelict space – ‘an embroidery of decay’ – so unlike the uniform housing and commercial developments that now occupy such spaces. It is the age and corrosion, holding historical narratives that we may prefer to forget, that challenges the apparent safety of the new. The history of these sites is recent and for many, still painful. Dereliction and decay in these urban voids speak of a recently failed enterprise, not a nostalgic romanticised time of long ago.

Industrial Landscape, Sydney 2000 (a.p.) Photographer: Helen Armstrong

Twigg supports the idea that such spaces are uncanny. He suggests that there is a seductive melancholy associated with dereliction, where absence and presence highlight the disunity between the homely and the unhomely. He reiterates Freud’s argument that ‘the uncanny is something which ought to have remained hidden but has come to light’ (Freud, trans 1985). In this context, derelict urban spaces imply failure, so by rapidly


replacing them with new apartments and places of spectacle communities erase uncomfortable memories of such a collapse. But the uncanny does not remain repressed. It continues to haunt and question the complacency of the new. As Twigg suggests, uncanny sites conflate the past with the present and presence with absence and in this uncanny state they challenge us. The psycho-geography of places has also been revisited. Strongly argued for by the Situationists (Sadler, 1999), it has regained interest as a reaction to globalization’s impact on cities. Anthony Vidler (1992, 2000), the architectural theorist, conflates psychogeography of place - a complex mixture of memory, experience and place – with the uncanny. He sees the uncanny as a trope for imaging the lost home of post-industrial society (1992) and he suggests the unsettled urbanity of late modernity, evoking a feeling of powerlessness, is embodied in new public space (Vidler, 2000). In this context, existing urban voids act as a counter narrative and form of grounding (Vidler, 2000). Re-thinking Post-Urban/Suburban Spaces In contrast to the difficulty of justifying why urban voids should be maintained, new post-urban spaces are seen as the unstoppable urban condition of today. While many urban planners and designers see post-urban spaces as placeless and out of scale (Relph, 1987), others have begun to engage with ways to understand and possibly celebrate this new urban landscape. Sieverts (2003) describes post-urban space between the centre and the edge as the ‘zwischenstadt’ or ‘between space’, characterised by a diffuse and disorganised network with random islands of geometric urban patterns. Rather than being disparaging about urban sprawl, he suggests there is a fine-grained interpenetration of open space and built form that is worthy of study. He argues that these spaces are commonly experienced negatively as fragmented and incoherent because it is difficult to conceive a legible whole. Such spaces could equally be perceived as having a high degree of complexity where there is a certain richness in discontinuities, in diverse ecological and social niches, as well as enabling a sense of spatial enlargement (Sieverts, 2003). He conducts two-day tours through the bleak periphery of Cologne, where he tries to convey to local people the beauty of discontinuity in these areas. Regularly dissected by motorways and other infrastructure, they can result in surprisingly rich experiences of space.


Motorway, Sydney, 2005 (a.p.) Photographer: Helen Armstrong

Nevertheless, post-urban/suburban landscapes exhibit social problems where the middleclass create guarded districts against marginalised communities. The French sociologist, Alain Touraine (1996), argues it is possible to address such problems by bringing about a sense of identification with this fluid landscape. He suggests that continuity and unity exist within the scattered elements of the post-urban, even though they are fragile, incomplete and transitory. The challenge is to find a language that enables this spatiality to be understood so that qualities of familiar as well as difficult to comprehend places become legible and elicit a sense of empathy and belonging. Finding the Language of Post-urban/suburban Landscapes With these challenges, any language of post-urban space needs to include multiple landscape meanings. The recent art project Western Front: Art as Social Space (2005) explored a number of evocative ways of revealing human engagement with Western Sydney’s landscape. In a series penetrating photographs and captions of the wastelands of Western Sydney, Chris Cairns reveals his identification with such places. One caption states: I grew up across the border. Past outer Western Sydney where freeways, shopping malls, and petrol fast food strips start to break down. Everything involves car travel – involves accepting the stillness and passivity of being a passenger – elongating your sense of place ‘til it is able to inhabit the journey itself. Somewhere along one of those late night homeward-bound drives you find the core that connects the mobile space with wood-smoke arcadia. You couldn’t see it at first because it is only visible at night, late, deserted. You need to look at the margins, near the half-constructed freeways, the abandoned drive-ins and boarded shops. Then it is there and if you slow yourself down enough, you can feel it (Cairns, 2005).

Not only do the photographs and anecdotes bring out the empathy with these landscapes, they also convey the importance of movement and distance. These spaces are predominantly experienced by car, so a language of landscape needs to bring out how fluid spatiality can link with meaning. In this situation, filmic techniques used in cinematic space can provide rich interpretive potential.


In contrast to engaging with the detail, De Geyter (2002) has developed representations of vast post-urban landscapes. Using orthodox landscape analysis and mapping techniques, he has sought to communicate the broad-scale qualities of post-urban space in selected European cities. His aerial analyses, augmented by detailed on-ground pictorial work, have produced innovative syntheses, which he calls ‘emerging negative space’. This work starts to provide a new awareness of the spatiality of ‘sprawl’. However, his work has not captured the fluidity of post-urban space. This is the realm of cinematic techniques and new forms of imaging developed through topological computer algorithms (Gregory, 2003). Together they have the potential to provide dynamic ways, both social and physical, of understanding the constantly changing and interpenetrating nature of post-urban spatiality. The key to this new language of landscape is to evoke interest and engagement by the wider community with what is currently seen as ugly urban sprawl. By understanding the legibility of the whole while also seeing the form and dynamism of the particular, it is suggested that a new language for post-urban/suburban landscapes could facilitate and empathy where people will ‘…want to discover its tensions and contrasts between public and secret, order and chaos, high culture and garden gnome, between districts bursting with dynamism and those which seem to have been asleep from time immemorial, between accepted beauty and the discovery of beauty in the ugly.’ (Seiverts, 2003: 52) Conclusion In the context of the globalising forces of late capitalism, is the resulting urbanism postmetropolitan, post-urban or post-suburban? This paper argues that the urbanism is a posturban/suburban mosaic held together by a complex urbanised landscape worthy of deep study. In the case of Sydney’s urban landscape, there are a number of issues that require new approaches to design and planning. The paper suggests that resilient cities in the 21st century need to reconsider current planning and design approaches in order to re-establish the complexity within landscapes. The importance of wastelands, dereliction and uncanny spaces has been articulated thus requiring innovative ways to work with urban voids so that their special role for the urban dweller is respected. Also needed are innovations that hold the peri-urban productive edge; a number of which have been proposed. Finally, there is a dynamic area of research in developing a language for post-urban/suburban spaces, drawing from the human values in contemporary arts, sophisticated mapping and the diffuse world of computer algorithms and cinematic techniques. With this language, the wider community can be engaged and empowered to participate in more nuanced decisions about their post-urban/suburban environment.

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Paesaggi, identità e comunità Luisa Bonesio Profesora d’Estètica. Universitat de Pavia


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Il capitale come paesaggio Antonio G. Calafati


Il capitale come paesaggio Antonio G. Calafati http://calafati.econ.unian.it

in: Foedus. Culture, economie e territori 1(2000)


1. Introduzione* I termini “capitale” e “paesaggio” sono descrizioni dello stesso oggetto così come le espressioni “accumulazione di capitale” e “costruzione del paesaggio” si riferiscono allo stesso processo. Naturalmente, vi sono molte ragioni per tenere distinti, come di norma accade, questi due livelli di descrizione. Tuttavia, vi sono decisioni individuali e decisioni collettive che, per essere spiegate, sembrano in tutta evidenza richiedere l’utilizzo di un sistema categoriale nel quale il capitale sia interpretato come paesaggio e il paesaggio concettualizzato come capitale. Nella interpretazione e nella pianificazione urbanistica l’intersezione di questi due livelli di descrizione è ricercata sia quando si interpreta e progetta il cambiamento di ambienti urbani sia quando oggetto di analisi e di intervento sono i paesaggi rurali. Ma, anche in economia l’interpretazione del capitale come paesaggio sembra essere necessaria per spiegare le decisioni private e collettive degli agenti in sfere importanti dell’agire economico. Ad esempio, l’intersezione tra i concetti di capitale e paesaggio potrebbe contribuire a migliorare la spiegazione sostanziale della destinazione del sovrappiù, aprendo la strada ad una più completa teoria dell’accumulazione di capitale. Purtroppo, in economia, i vantaggi analitici di interpretare il capitale come paesaggio sono stati oscurati dalla singolare definizione del concetto di “bene capitale” correntemente utilizzato – e che, ancora oggi, caratterizza i sistemi di contabilità sociale. In questo saggio viene condotta una preliminare esplorazione, da una prospettiva economica, delle ragioni che giustificano una interpretazione del capitale come paesaggio e del paesaggio come capitale. Sul piano applicato, l’urgenza di porre l’attenzione sulla “forma del capitale” – e non soltanto sulla sua “funzionalità tecnica” – è un riflesso del rilievo che il tema della “conservazione” ha assunto nella sfera delle decisioni collettive in Italia e in Europa nell’ultimo decennio. Più in generale, tuttavia, non appena con il termine capitale ci si riferisce all’insieme degli elementi fondo utilizzati nel processo economico, la funzionalità formale del capitale diventa un tema che appare decisivo per interpretare importanti caratteri delle economie antiche e moderne. 2. Flussi e fondi nel processo economico Le azioni economiche degli individui (e dei sistemi di individui) si svolgono sulla base di una rete di transazioni verticali ed orizzontali1. Una transazione può essere definita in questo contesto come un movimento nello spazio-tempo di materia/energia e informazione tra due livelli di descrizione del sistema. Questi flussi di materia/energia e informazione hanno

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Ringrazio Francesca Mazzoni per i suoi commenti alle precedenti versioni di questo lavoro. Cfr. Dematteis (1989).

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luogo attraverso una complessa infrastruttura – capitale fisico e capitale sociale –, la quale muta nel tempo in modo discontinuo2. Le transazioni verticali sono il fondamento delle azioni economiche: esse si riferiscono alla materia/energia e alla informazione estratte dallo spazio geografico (e dal territorio) di riferimento dell’agente, manipolate e ri-immesse nello spazio geografico (territorio)3. Ogni azione economica implica un movimento di materia/energia e informazione dallo spazio fisico e sociale al sistema umano pertinente, sia esso di volta in volta un individuo, un’organizzazione o un sistema locale – nonché dal sistema umano allo spazio fisico e sociale. Senza questo movimento – e senza la degradazione di materia/energia che esso implica – il processo economico non sarebbe possibile (Georgescu-Roegen 1971, 1982). Le transazioni orizzontali si riferiscono alle transazioni di materia organizzata tra l’unità di riferimento (individuo, organizzazione, sistema locale) e le unità che formano il suo “ambiente”. Le transazioni orizzontali tra l’agente e il suo ambiente sciolgono o allentano il legame tra spazio geografico sul quale l’agente ha un diritto di proprietà e azioni economiche: la materia utilizzata nel processo economico può provenire da altri spazi, e i residui del processo economico possono essere ri-immessi in altri spazi. Naturalmente, l’enorme aumento delle transazioni orizzontali (scambi) che ha accompagnato il processo di industrializzazione ha permesso una concentrazione in un sottoinsieme di soggetti e spazi della funzione di estrazione e immissione di materia. (La concentrazione spaziale riguarda il luogo di produzione o di stoccaggio dei residui ma non lo spazio dove si esercitano gli effetti ecosistemici dei residui prodotti. Da una prospettiva ecologica, risulta evidente come i residui del processo economico si muovano nello spazio e tra gli ecosistemi (cfr. Commoner 1986). Il processo economico, vale a dire la sequenza (circolare) di trasformazione di materia/energia e informazione, si fonda su una fondamentale dicotomia. Da una parte, il processo economico è una trasformazione di “elementi flusso”: materia/energia e informazione. Dall’altra, tale trasformazione avviene utilizzando “elementi fondo” che, in genere, sono una condizione necessaria per attuare la trasformazione stessa (GeorgescuRoegen 1971, 1982). In ogni caso, gli elementi fondo – gli “strumenti” – determinano le condizioni alle quali la trasformazione di materia/energia e informazione ha luogo. In questo saggio, con il termine “capitale (fisico)” ci si riferisce innanzitutto all’insieme di elementi fondo utilizzati nel processo economico. La relazione tra flussi di materia/energia e spazio geografico è di fondamentale importanza: la materia/energia manipolata proviene dallo spazio geografico e ritorna nello spazio geografico, e questo ciclo, indotto dal processo economico, interferisce con il funzionamento degli ecosistemi in esso presenti. Tale relazione dipende sia dalla scala che dalla struttura del processo economico. Certamente, la scala del processo economico –

Sui concetti di “canali” e “codici” come elementi dell’infrastruttura che rende possibili i flussi di informazioni tra gli individui vedi Arrow (1974). 3 Sull’interpretazione dell’informazione come un flusso estratto dall’ambiente dell’unità mentecorpo cfr. Devlin (1991). 2

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cioè, la quantità di materia che viene organizzata (e dis-organizzata)4 nel corso dei processi di produzione e auto-produzione finalizzati al raggiungimento degli stati desiderati degli agenti – influenza in misura decisiva lo stato degli ecosistemi. Ma, anche la qualità della materia organizzata (e dis-organizzata) attraverso il processo economico ha rilevanti implicazioni. Da una parte, la qualità della materia organizzata riflette i valori degli individui; dall’altra, la qualità della materia dis-organizzata (tipi di residui) dipende non solo dalle merci prodotte ma anche dalle tecnologie utilizzate. Ad entrambi i livelli si ha una interferenza con il funzionamento degli ecosistemi (vedi Calafati 1997). Il processo economico richiede elementi fondo per essere condotto. Essi possono essere visti come “strumenti esosomatici” (Georgescu-Roegen 1982), ovvero strumenti che amplificano la capacità di trasformazione della materia/energia che l’unità mente-corpo può sviluppare. Queste aggregazioni di materia/energia (e informazioni) amplificano la originaria capacità del corpo umano di organizzare materia. Si tratta di strumenti precedentemente progettati e realizzati attraverso atti di investimento per essere più volte utilizzati nel corso del processo economico, ovvero per essere di ausilio a determinate tipologie di azioni umane che l’agente ritiene di ripetere nel tempo. Il processo di accumulazione di strumenti esosomatici costituisce un carattere di fondamentale importanza – e distingue, certamente insieme ad altri fattori, la specie umana da tutte le altre specie. Da una parte, esso permette di realizzare azioni economiche altrimenti irrealizzabili, e ciò attraverso l’utilizzazione di materia ed energia disponibili nello spazio geografico di riferimento. Dall’altra, permette di utilizzare materia ed energia in modo più efficiente. Vi sono processi di organizzazione della materia che non possono essere né pensati né realizzati senza la disponibilità di determinati strumenti esosomatici. In altri casi, senza la disponibilità dello strumento sarebbero scarsamente efficienti. Da questo punto di vista, il processo di investimento è anche l’esito di un processo di esplorazione delle possibilità di organizzazione della materia. Ponendo l’attenzione sulla infrastruttura sulla base della quale avvengono le transazioni verticali e orizzontali, e la trasformazione di materia/energia e informazione, il capitale (fisico) e lo spazio (geografico) nel quale è incastonato appaiono come il punto di partenza di una descrizione dei sistemi sociali e del processo economico. Ma, appena il capitale viene visto non come un aggregato ma come un insieme di strumenti, appare evidente che gli elementi fondo privati e collettivi che gli individui − e le comunità nel loro complesso − utilizzano nei processi di produzione e autoproduzione non hanno soltanto una funzione nell’ambito del processo produttivo. In economia, gli elementi fondo sono innanzitutto oggetto di analisi poiché identificano (insieme alle conoscenze) la tecnologia della società. Tuttavia, essi hanno anche una evidente funzionalità culturale, nel senso che riflettono dei canoni formali. In effetti, ogni elemento fondo ha una forma (morfologia) e occupa una regione nello spazio. Il fatto che in economia si utilizzi spesso l’ipotesi (euristica) della irrilevanza della forma e della collocazione spaziale del bene capitale non significa che il campo di indagine, che in questo 4

Sul concetto di organizzazione e dis-organizzazione della materia vedi Morin (1993).

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modo si elimina, non sia importante per la riflessione economica stessa. La forma e la spazialità dei beni capitali non sono caratteri che si sono determinati casualmente, ovvero caratteri che non riflettono una intenzionalità individuale e sociale. Naturalmente, anche gli elementi flusso hanno una forma e occupano una posizione nello spazio. Per definizione, tuttavia, la loro forma e collocazione spaziale sono transitorie − e, per questa ragione, non altrettanto importanti della forma e della collocazione degli elemento fondo. Tuttavia, quando la scala del processo aumenta, anche i flussi assumono un rilievo estetico-formale e territoriale. In effetti, la “congestione”, per definizione determinata dai flussi di materia nello spazio, contribuisce a determinare il valore soggettivo (e sociale) degli stati del mondo pertinenti (cfr. Hirsch 1981). Per definizione, ogni forma richiama un valore estetico attribuito dagli individui e dalla collettività alla forma stessa (Bell 1999). Pertanto, ogni elemento fondo, oltre ad avere una funzionalità (valenza) tecnica, per il fatto di avere una forma, ha anche una funzionalità (o valenza) culturale. Esso ha una relazione con i valori estetico-formali (culturali) degli individui e della collettività. A sua volta, anche la dimensione territoriale degli elementi fondo − vale a dire, la relazione spaziale che si stabilisce tra tali elementi come conseguenza della loro collocazione nello spazio (geografico) −, oltre ad avere una valenza economica, ha una valenza culturale. La valenza economica è data dall’energia e dal tempo (costo) necessari per muoversi da un elemento fondo all’altro per coordinare i movimenti del corpo (e degli altri elementi fondo mobili) con gli elementi fondo fissi utilizzati nei singoli processi (nonché per far interagire gli elementi fondo con gli elementi flusso). La valenza culturale sta nel fatto che l’insieme degli elementi fondo – e non soltanto i singoli elementi – ha una forma e, come tale, è oggetto di un processo di valutazione estetica. Si può considerare l’urbanistica come la disciplina che si occupa della dimensione territoriale del capitale – spesso difficile da scindere dalla considerazione degli aspetti formali del capitale (cfr. Secchi 1989). Funzionalità tecnica e funzionalità formale sono due attributi intrinseci degli strumenti esosomatici utilizzati nel processo economico. La relazione tra queste due dimensioni è molto complessa, dato che la ricerca dell’autonomia (relativa) della forma dalla funzionalità tecnica è un dato comune a tutte le comunità, anche quelle con un processo economico ai limiti della sussistenza. In economia, queste due dimensioni vengono separate. Tuttavia, la scelta della forma ha un significato economico poiché ogni forma ha uno specifico costoopportunità. Per quanto possa essere utile separare la funzionalità tecnica da quella formale, il perseguimento dell’obiettivo della conservazione del paesaggio, ad esempio, costringe a considerare congiuntamente le due dimensioni nell’ambito della progettazione delle politiche di regolazione. In effetti, la pianificazione deve spiegare e, per quanto possibile, regolare la relazione dinamica che si stabilisce tra funzionalità tecnica e funzionalità formale. 3. I sistemi semi-naturali come capitale Il concetto di “elemento fondo” deve essere esteso allo scopo di contenere anche i “sistemi semi-naturali”. Oltre ad “oggetti” come un edificio, un tornio, un divano o un coltello – e, anche, un robot – , il processo economico si basa sul funzionamento di specifici sistemi semi-naturali.

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Che la produzione si basi su “sistemi” e non solo su “oggetti” è un fatto evidente. Si deve tuttavia distinguere, almeno a questo livello di descrizione, tra sistemi artificiali come un robot – o qualsiasi altro sistema di controllo automatico – e sistemi semi-naturali come un campo di grano o un prato-pascolo. Questa distinzione permette di evidenziare come il processo economico debba essere sincronizzato con l’attività di organizzazione della materia dei sistemi semi-naturali precedentemente creati attraverso atti di investimento. Un campo di grano, un albero da frutto o un allevamento zootecnico generano materia organizzata secondo una propria scansione temporale. Sono sistemi semi-naturali creati da processi di investimento e stabilizzati da interventi di manutenzione (vedi Bätzing 1987). In quanto sistemi, essi si caratterizzano per la loro capacità di generare processi di trasformazione di materia/energia e informazione5. Sono sistemi artificiali nel senso che la loro organizzazione corrisponde ad un progetto e la loro esistenza ad azioni umane di investimento (e manutenzione). Sono, tuttavia, sistemi semi-naturali perché, una volta in essere, sono in grado di generare autonomamente i processi di trasformazione di materia desiderati. Tuttavia, non sono capaci di auto-organizzarsi dal punto di vista delle esigenze umane, vale a dire se valutati in termini della funzionalità rispetto processi economici della materia che produrrebbero. Infatti, i processi che essi generano mantengono i caratteri desiderati soltanto attraverso (a) una manutenzione dei loro elementi costitutivi e (b) una stabilizzazione dell’ambiente del sistema6. Interventi di manutenzione finalizzati alla stabilizzazione interna ed esterna devono essere effettuati su tali sistemi affinché essi mantengano l’organizzazione desiderata – e producano materia/energia nella quantità e qualità desiderata (cfr. Bätzing 1987). In assenza di questi interventi essi evolvono, seguendo sentieri propri, verso il loro stato di climax (Odun 1988). Analogamente agli altri elementi fondo, i sistemi semi-naturali contribuiscono al processo di organizzazione della materia finalizzato al soddisfacimento dei desideri degli individui. Da questo punto di vista, sono elementi del capitale: il risultato, cioè, di un processo di investimento. In effetti, il processo di accumulazione (e de-accumulazione) non riguarda soltanto il capitale artificiale ma anche il capitale semi-naturale. Per molti secoli, finché l’agricoltura è stata l’attività economica prevalente, l’accumulazione (e manutenzione) di capitale semi-naturale ha costituito la quota maggiore dell’investimento. Dalla prospettiva analitica del presente saggio, si deve sottolineare come anche i sistemi semi-naturali abbiano una forma e occupino una regione nello spazio. Da questo punto di vista, quindi, non si distinguono da altri elementi fondo come una poltrona, un tornio o un robot: hanno, allo stesso tempo, una funzionalità tecnica − data dalla qualità e quantità della biomassa (o dell’informazione) in eccesso che generano7 − e una funzionalità formale. Essi sono, evidentemente, il riflesso di esigenze tecniche e di esigenze estetico-formali: la forma Per questa interpretazione del concetto di sistema vedi Miller (1986). La rilevanza dei cambiamenti dell’ambiente del sistema per il funzionamento del sistema stesso si può esprimere attraverso il concetto di auto-eco-organizzazione (vedi Morin 1993). 7 In eccesso rispetto all’ammontare di materia-energia specifica necessario per mantenere l’organizzazione che il sistema deve avere (per essere la base del processo economico di riferimento). 5 6

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dei sistemi semi-naturali è stata estesamente studiata da questa prospettiva (vedi, tra gli altri, Hoskins 1955; Sereni 1987; Bell 1999). Analogamente a qualsiasi altra categoria di elementi fondo artificiali, la relazione che si stabilisce tra questi due livelli può avere un fondamento nei valori dell’individuo oppure un fondamento normativo, vale a dire essere vincolata da norme formali che sono scaturite da una decisione collettiva. 4. Il capitale come paesaggio Il nostro sistema cognitivo percepisce “oggetti” e “insiemi di oggetti”; percepisce unità e relazioni tra unità (Bell 1999). Ogni insieme di oggetti percepito nella sua unitarietà − vale a dire, congiuntamente alle relazioni tra i singoli oggetti − può essere definito un “paesaggio”. Il concetto di paesaggio ha una straordinaria estensione di significato perché si può riferire ad ambiti spaziali che di volta in volta il nostro sistema cognitivo percepisce come “una unità” o i nostri sistemi categoriali identificano come “una unità”. Si tratta di una scelta che può avere un fondamento cognitivo o un fondamento scientifico − e, come tale, essere il prodotto di una valutazione collettiva consapevole rispetto a criteri prescelti (come, ad esempio, nella classificazione dei paesaggi che viene condotta nell’ambito dei processi di decisione collettiva). L’aggregato di elementi fisici che costituisce un laboratorio – il tavolo, la libreria, la stampante e così via – è un paesaggio. Quando cambio la disposizione di tali elementi o, attraverso l’investimento (e il dis-investimento), la forma e la quantità di tali elementi, cambio un paesaggio. Allo stesso modo, il reticolo dei campi, i manufatti agricoli e gli alberi da frutto che si vedono attraverso la finestra del laboratorio sono un paesaggio. E, quando un frutteto viene impiantato oppure eliminato (o semplicemente abbandonato), il paesaggio cambia. Il paesaggio emerge dalla forma degli oggetti e dalla loro disposizione spaziale, la quale stabilisce una relazione tra forme. Come conseguenza della sua dimensione formale, il paesaggio è oggetto di un processo di valutazione – e attribuzione di valore – che è indipendente dalla sua funzionalità tecnica – quella dei suoi singoli elementi. Naturalmente, tra funzionalità tecnica e funzionalità formale esiste un trade-off che concorre alla definizione del contesto della scelta. Questa relazione complessa e aperta tra funzionalità tecnica e valore estetico-formale riferita agli elementi fondo e agli aggregati di elementi fondo sembra essere presente in tutte le culture e si manifesta anche nelle società che hanno un processo economico appena sopra il livello di sussistenza. In molte società del passato tale relazione è stata un elemento costitutivo dei meccanismi di utilizzazione del surplus (cfr. Pearson 1978). Benché in forme diverse, tale relazione è fondamentale per spiegare la struttura del processo di accumulazione nelle società contemporanee. Partendo dal concetto di “paesaggio” si può affermare che ogni processo economico – vale a dire, ogni trasformazione di materia/energia (e informazione) intenzionalmente realizzata dall’uomo – presuppone un paesaggio. Ogni azione economica richiede la pre-esistenza di una

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aggregazione di elementi che, oltre ad avere una funzione con riferimento alla tecnologia esistente, hanno una forma e una disposizione spaziale – e, quindi, hanno un valore estetico8. Da questa prospettiva, il “paesaggio” e il “capitale” costituiscono due livelli di descrizione diversi dello stesso “oggetto” – ma il paesaggio contiene il concetto di capitale. A costituire la base di partenza del processo economico – e l’esito delle decisioni di accumulazione – è un “paesaggio” e non semplicemente un insieme di beni capitali. Relativamente ad un dato insieme di elementi fisici, il concetto di “capitale” coglie, dunque, come affermato in precedenza, la sua funzionalità tecnica, mentre il concetto di “paesaggio” incorpora anche la sua funzionalità culturale, cioè la sua capacità di soddisfare i bisogni estetici degli individui (cfr. Bell 1999). Di conseguenza, si deve interpretare il “processo di investimento”, uno dei fenomeni economici fondamentali, non solo come “accumulazione di elementi fondo” bensì anche come “costruzione del paesaggio”. Ogni atto di investimento, introducendo un nuovo elemento fondo o un nuovo sistema semi-naturale, modifica il paesaggio – incrementando lo stock di capitale o sostituendo un elemento del capitale preesistente. Ogni atto di investimento modifica le relazioni spaziali e, molto spesso, anche la varietà delle forme degli oggetti presenti in un dato spazio. Pertanto, ogni atto di investimento viene effettuato sullo sfondo di una costellazione di tecnologie, di prezzi relativi e di valori estetico-formali. Analogamente, ogni atto di manutenzione, da una parte, è orientato a mantenere la funzionalità tecnica dell’elemento fondo e, dall’altra, agisce sulla funzionalità estetico-formale (mantenendola o alterandola). Le economie, ovvero i processi di organizzazione della materia costituiti dalle azioni economiche, presuppongono paesaggi e non solo materia/energia (e informazione). E i paesaggi dell’economia hanno una funzione estetico-formale che non è riconducibile alla loro funzione tecnologica. L’efficienza nella trasformazione di materia (sullo sfondo del sistema di equivalenze che vincola le transazioni) non costituisce il criterio generale nella scelta della forma (e della disposizione) degli elementi fondo e, quindi, nella costruzione del paesaggio. I valori estetico-formali degli elementi del paesaggio hanno un grado (variabile ma spesso elevato) di autonomia dalla funzionalità tecnica (espressa in termini di efficacia e, in alcuni casi, di efficienza). In molte società, la comparsa del surplus – la sua stessa definizione – è una manifestazione individuale e collettiva di tale grado di autonomia. Le grandi cattedrali gotiche e i musei d’arte moderna sono due esempi eclatanti – per quanto lontani nel tempo l’uno dall’altro – della autonomia della funzionalità culturale dalla funzionalità tecnica. Ma, ogni atto di investimento si caratterizza per un certo grado di autonomia. L’investimento e la manutenzione sono, in effetti, momenti di transizione culturale e non solo tecnologica. Da questo punto di vista, il concetto di “paesaggio” è dunque più utile, in molti contesti di progettazione di politiche economiche, di quanto non lo sia il concetto di “capitale”. Esso permette di contemplare il significato di uno dei fenomeni sociali fondanti di ogni La prospettiva funzionalista ha sottolineato l’importanza della funzione dell’oggetto ma, certamente, non ha negato la rilevanza della forma dell’oggetto stesso. Il movimento “Bauhaus”, ad esempio, ha costituito uno dei momenti più alti della riflessione sul rapporto tra funzione e forma dell’oggetto (cfr. van de Velde 1966). 8

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società: la rilevanza della forma e della disposizione spaziale dei beni capitale utilizzati nei processi di produzione e auto-produzione. Si tratta di una rilevanza che ha un significato economico anche perché le classi di forme e disposizioni spaziali tra cui gli agenti scelgono − pur quando sono opzioni neutrali in termini tecnologici − hanno un costo-opportunità molto diverso. 5. Capitale, paesaggio, natura Oltre alla dimensione formale, ogni paesaggio ha una dimensione naturale (o ecosistemica). Ogni paesaggio ha, allo stesso tempo, un valore formale e un valore ecosistemico (Naveh e Lieberman 1984; Odun 1988). Uno spazio geografico, comunque delimitato, può ospitare sistemi umani – con il capitale e gli stock di materia necessari per il processo economico. Ma, praticamente sempre ospita sistemi biotici in genere. Ogni spazio geografico è quindi descrivibile in termini della sua biocenosi che, a sua volta, può essere valutata nel suo significato culturale (o simbolico) o nel suo significato ecosistemico (ad esempio, con riferimento al grado di diversità biologica). Lo spazio geografico – direttamente antropizzato o non – ha comunque una dimensione naturale, poiché ospita comunità biotiche che si auto-organizzano e che non sono risorse, vale a dire materia (vivente) utilizzata al momento dell’osservazione nei processi economici che avvengono nello spazio geografico di riferimento9. Ogni paesaggio ospita processi biologici (naturalità) che sono disconnessi − a volte solo apparentemente − dal processo economico che in quel paesaggio si svolge10. Queste comunità biotiche possono avere un valore culturale (simbolico) o ecosistemico molto diverso – ma sono, comunque, natura. I caratteri formali di un paesaggio costituiscono un rilevante punto di partenza per valutare i caratteri ecosistemici del paesaggio stesso. Una siepe è una forma e, allo stesso tempo, un ecosistema. Le informazioni sulla forma sono anche informazioni sull’ecosistema contenuto nella parte di spazio geografico considerato. Tuttavia, dalla “forma” non si può passare alla “natura”. Vi sono, ad esempio, dei caratteri geo-fisici che non sono forma ma sono fattori causali delle biocenosi. Certamente, i cambiamenti (nella forma) del paesaggio, soprattutto per quanto concerne i sistemi semi-naturali, hanno una connessione con lo stato e l’evoluzione dei sistemi biotici presenti in quello spazio geografico. Un campo in rotazione grano-erba medica che si rinaturalizza cambia non solo la sua forma − e il suo valore estetico − ma anche la sua dimensione ecosistemica: appena inizia la transizione, mutano le specie che in quello spazio si riproducono e si autoorganizzano. In relazione alla dimensione ecosistemica del paesaggio, si deve considerare anche un altro fondamentale aspetto. Data la forma dello spazio geografico e dati i suoi caratteri geoIl fatto che tale materia non sia utilizzata al momento dell’osservazione non significa che non lo possa essere in futuro, come conseguenza di cambiamenti dei valori e/o della tecnologia prevalenti. 10 In effetti, i processi biologici retroagiscono sul processo economico influenzando direttamente il metabolismo degli uomini (cfr. Commoner 1986). 9

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fisici generali (e la sua storia evolutiva), lo stato e l’evoluzione dei sistemi biotici in esso presenti sono influenzati anche dal flusso di materia/energia che per unità di tempo circola nello spazio di riferimento come conseguenza delle azioni economiche. La materia/energia estratta e immessa – con riferimento alla sua quantità e alla sua qualità – interferisce con il funzionamento degli ecosistemi (o dei processi biologici in genere). Tale interferenza può restare al di sotto della soglia critica per le capacità di resilienza e resistenza degli ecosistemi, oppure determinare alterazioni irreversibili (Odun 1988). Ne consegue, quindi, che non si deve considerare soltanto il modo in cui il processo economico – attraverso l’investimento – cambia la forma del paesaggio, ma anche come il processo economico – attraverso la manipolazione degli elementi flusso che avviene nel corso del processo di produzione – trasforma (o pone sotto stress) la natura del paesaggio. Nell’ultimo decennio vi è stato un radicale cambiamento nella interpretazione del valore naturale (“grado di naturalità”) dello spazio geografico. Da una iniziale attenzione alla presenza (e stabilità) di determinate specie, conseguente al valore simbolico (culturale) ad esse assegnato dalla collettività, si è passati ad attribuire un valore alla diversità biologica in quanto tale – e, quindi, all’obiettivo che in un dato spazio geografico tale diversità perlomeno si mantenga nel tempo. Ciò ha determinato un mutamento nel concetto di conservazione della natura e ha modificato, accrescendola, la rilevanza della relazione tra azioni economiche e paesaggio11. Lo spostamento di attenzione sulla diversità biologica rende un prato-pascolo importante almeno quanto una foresta – e la zona di ecotono che li separa più importante di entrambi – ai fini dell’obiettivo della conservazione della natura. L’interpretazione dello spazio geografico presenta, dunque, una complessità che è data dall’intersezione tra dimensione formale e dimensione ecosistemica di tale spazio. Sono proprio le relazioni tra le due dimensioni a suggerire l’utilizzazione di categorie interpretative che integrino i due livelli di analisi (e di intervento). Infatti, con riferimento ad un dato spazio geografico, l’obiettivo della conservazione si esprime ad entrambi i livelli. Uno sguardo storico all’evoluzione del concetto di conservazione evidenzia come le strategie di conservazione abbiano avuto come oggetto sia i caratteri ecosistemici che i caratteri formali del paesaggio. Tuttavia, ponendo l’accento sul carattere della biodiversità, i due livelli di analisi possono essere logicamente trattati in modo separato. La biodiversità può essere infatti mantenuta anche sullo sfondo di un processo di degenerazione delle forme. Viceversa, si può distruggere una parte rilevante della biocenosi di un certo spazio geografico senza cambiarne la forma. Il grado di intersezione tra questi due livelli deve essere un importante argomento di scelta nell’ambito delle strategie di conservazione. 6. Agenti e paesaggio

11 Spesso – e, forse, per definizione – le specie simboliche prosperano negli spazi geografici non antropizzati – nelle aree di wilderness –, e la loro conservazione è garantita dal mantenere (relativamente) inaccessibili tale aree.

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L’interpretazione dello paesaggio è un processo complesso che può essere condotto secondo un’ampia varietà di criteri (vedi, ad esempio, Bell 1999; Tricart-Kilian 1989). Qualsiasi sia la categoria utilizzata per concettualizzare il paesaggio, essa non è il punto di partenza di una spiegazione del paesaggio e dei suoi cambiamenti. Infatti, benché il cambiamento si manifesti a livello di paesaggio, esso non ha origine a tale livello. Nel caso di paesaggi umani, i caratteri del paesaggio ad un dato momento nel tempo non costituiscono una informazione sufficiente per ricostruirne la storia e per identificare le tendenze evolutive del paesaggio stesso − come invece avviene, in genere, per gli spazi geografici naturali. (Gli spazi geografici naturali possiedono una loro dinamica autonoma − implicita nel concetto di climax.) Per gli spazi geografici artificiali e semi-naturali è necessario partire dai caratteri del processo economico che in esso si svolge e dai mutamenti che in tale processo si manifestano nel tempo. Ma, i caratteri del processo economico (locale) dipendono dai caratteri del sistema (locale) che lo genera. A sua volta, l’analisi dell’evoluzione dei sistemi locali − e degli effetti sul paesaggio di tale evoluzione − deve partire dallo studio del processo economico degli agenti individuali. Con riferimento al tema della conservazione, l’unità di analisi fondamentale è costituita dalla relazione tra agenti individuali e paesaggio al quale il loro processo economico è ancorato attraverso la struttura dei diritti di proprietà. Tuttavia, le transazioni verticali sono interconnesse via la tecnologia, i prezzi, le metapreferenze, la conoscenza e altri fattori ancora, alle transazioni orizzontali. Non si possono quindi analizzare le transazioni verticali – le relazioni, cioè, che costruiscono il paesaggio – senza esaminare unitariamente il comportamento degli agenti. Un agente (o “unità antropica minima”) può essere definito come una unità mentecorpo o mente-organizzazione capace di generare processi finalizzati al raggiungimento dei propri obiettivi (cfr. Bateson 1979). Pertanto, si può descrivere ogni agente sulla base degli stati desiderati che realizza o intende realizzare per unità di tempo e per la tecnologia che utilizza per conseguire tali stati − compresi, quindi, la materia che trasforma nel processo di produzione e gli strumenti che utilizza per effettuare tale trasformazione. Nei sistemi sociali moderni, tale unità opera sulla base di un dato sistema di diritti di proprietà individuali (e collettivi), il quale identifica il capitale e i flussi di materia/energia e informazione che essa può utilizzare nel processo economico. In effetti, quando un agente svolge il processo economico in un contesto di interazione sociale, la scala e la struttura delle trasformazioni di materia/energia e informazione che effettua sono innanzitutto vincolate dal suo sistema di diritti di proprietà (e poi, certamente, dalla sua conoscenza). I diritti di proprietà pongono l’agente in condizione di decidere che tipo di transazioni verticali (e orizzontali) stabilire – sullo sfondo del sistema di norme formali pertinenti. I diritti di proprietà identificano anche le “unità territoriali (minime)” alle quali è ancorato il processo economico degli agenti − e nell’ambito delle quali si manifesta, in primo luogo, il cambiamento della scala e della tecnologia. In effetti, i diritti di proprietà

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individuali e collettivi12 articolano lo spazio geografico per parti (“unità territoriali minime”) che sono l’ancoraggio delle transazioni verticali del processo economico. L’identificazione tra diritti di proprietà e unità territoriali minime è un punto di partenza fondamentale per spiegare i caratteri che il paesaggio presenta in un dato momento. A questo scopo è infatti necessario considerare, in termini di unità territoriali, il processo economico degli agenti che su quel territorio hanno esercitato un diritto di proprietà nel periodo t-k. Per interpretare (e spiegare causalmente) i caratteri del paesaggio si deve quindi micro-fondare il paesaggio stesso, ovvero esprimerlo in termini del processo economico associato a quello spazio. Ma, poiché lo spazio geografico viene articolato attraverso le categorie utilizzate per interpretarlo, da una prospettiva analitica (e operativa) ciò che si deve micro-fondare sono le partizioni dello spazio (ad esempio, le “unità di paesaggio” o le “unità ambientali”) di volta in volta utilizzate per descriverlo. Si devono, cioè, connettere le unità territorali minime alle unità di paesaggio. Nel modificare – attraverso il processo economico o attraverso cambiamenti del processo economico – l’unità spaziale che costituisce la base del processo economico stesso, l’agente modifica, per definizione, il paesaggio. In primo luogo, modifica il suo paesaggio privato, quello sul quale si estendono i suoi diritti di proprietà. Ma, di fatto, modifica anche il “paesaggio sociale” − così come emerge dall’interpretazione individuale e collettiva. A livello di funzionalità formale del paesaggio vi sono soltanto beni sociali. Anche i paesaggi che sembrano avere un carattere eminentemente privato – come l’interno di un’abitazione – hanno comunque un carattere sociale. I diritti di proprietà su una data unità spaziale implicano anche la possibilità dell’innovazione. Il sistema dei diritti di proprietà garantisce all’individuo (e ad ogni altra organizzazione intermedia) la possibilità di introdurre delle innovazioni nelle transazioni verticali. In effetti, il sistema delle norme formali che in ogni società orienta l’azione degli individui lascia ampi margini all’innovazione individuale (cfr. Witt 1996). Innanzitutto, le norme formali nelle quali l’azione è incastonata sono spesso soltanto un contesto per la progettazione: all’interno di tale contesto l’innovazione tecnologica e l’innovazione nelle forme si possono esprimere liberamente (cfr. Gambino 1997). In secondo luogo, il sistema normativo non copre tutti gli ambiti dell’azione umana: esistono, quindi, azioni potenziali per le quali non vi è un contesto normativo di riferimento. L’innovazione nei processi economici degli agenti si manifesta in cambiamenti nelle unità territoriali minime. Ma, la relazione tra innovazione individuale e paesaggio (sociale) ha un carattere emergente e non è riducibile alla somma delle relazioni tra innovazioni individuali e paesaggi minimi. Le innovazioni individuali, infatti, oltre ad avere effetti diretti generano effetti indiretti − e ritardati − sul paesaggio. Gli effetti indiretti sono dovuti alla I diritti di proprietà collettivi possono appartenere all’intera collettività di riferimento (lo Stato, il comune, ecc.) oppure ad un sottoinsieme di essa (le “comunanze”). Questa seconda categoria di diritti di proprietà collettivi è stata per secoli molto rilevante sul piano pratico e costituisce una interessante via di uscita ai problemi posti dai “beni comuni” (Ostrom 1990). Nelle aree montane italiane, le comunanze hanno avuto in passato una grande rilevanza − e potrebbero tornare ad averla. 12

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propagazione e diffusione dell’innovazione iniziale. Propagandosi e diffondendosi, le innovazioni individuali modificano il processo economico di altri agenti e, a loro volta, modificano le corrispondenti unità di paesaggio. Per determinare le modificazioni del paesaggio da una prospettiva dinamica, l’analisi deve spostarsi dal singolo agente al sistema locale di cui l’agente fa parte. Infatti, soltanto a livello di sistema locale emergono gli effetti globali dei cambiamenti individuali, i quali si manifestano come conseguenza di processi di propagazione e diffusione delle innovazioni individuali e collettive. 7. I sistemi locali come sistemi progressivi L’evoluzione del sistema locale ha origine dall’interazione tra gli effetti delle innovazioni dei singoli agenti. Una parte di queste innovazioni sono indotte dai cambiamenti dell’ambiente del sistema locale, costituito dai sistemi locali con i quali il sistema locale di riferimento mantiene relazioni orizzontali. Le interazioni tra gli agenti – qualunque sia la loro natura: transazioni di materia/energia, scambio di informazione, interferenze – hanno una dimensione locale. In effetti, l’interazione sociale tende ad organizzarsi per “sistemi locali”, vale a dire per sistemi umani ancorati ad uno specifico e delimitato territorio. La città è la manifestazione più evidente di questa tendenza. Ad una scala diversa lo è anche un nucleo montano. Un sistema locale è costituito da un insieme di agenti fra cui si stabilisce una corrispondenza tra contiguità spaziale dei loro processi economici e frequenza delle interazioni sociali. In esso, una parte significativa delle interdipendenze è inscindibile dalla contiguità spaziale dei processi economici (e sociali in genere) dei singoli agenti13. Un sistema locale contiene, dunque, una rete di interdipendenze economiche (oltre che sociali). Tale rete struttura la diffusione e la propagazione – in definitiva, gli effetti globali (emergenti) – delle innovazioni individuali e collettive. Sulla base di questa rete si diffondono e si propagano le innovazioni individuali nei processi economici, e l’innovazione si trasforma in evoluzione del sistema locale. L’innovazione individuale e collettiva rende un sistema locale un “sistema progressivo” (vedi Waddington 1977): il sentiero evolutivo del sistema dipende dalle modalità di diffusione e propagazione dell’innovazione che, a loro volta, dipendono dalla rete di interdipendenze che caratterizza il sistema locale e delle sue relazioni con l’ambiente. In economia esistono due fondamentali coppie di categorie rispetto all’analisi del cambiamento (e, quindi, al significato del tempo) nei modelli interpretativi. La prima opposizione è tra “sistemi stazionari” e “sistemi dinamici”; la seconda − utilizzata in questo saggio − è tra “sistemi stazionari” e “sistemi progressivi”. La prima dicotomia è alla base della teoria della crescita economica standard; la seconda è alla base della teoria dello sviluppo economico (o teoria dell’evoluzione economica se si preferisce). Mentre i modelli dinamici in economia pongono l’attenzione quasi esclusivamente sul cambiamento della scala del processo economico (e sull’efficienza del capitale), i modelli di 13

Sul concetto di sistema locale cfr. Dematteis (1994, 1989).

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sistemi progressivi pongono l’attenzione sui mutamenti della “organizzazione” dei sistemi che generano il processo economico (cfr. Boulding 1968; Dopfer 1991; Hirschman 1958). Un sistema progressivo può mutare come conseguenza di cambiamenti che si manifestano in uno qualsiasi degli elementi che lo compongono e per effetto di sequenze causali orientate diversamente caso per caso (cfr. Boudon 1985; Dopfer 1991; Hirschman 1958; Morin 1990). Non solo la scala e la tecnologia del processo economico possono cambiare; cambiano anche i valori sui quali gli agenti individuali e collettivi basano la loro valutazione dei caratteri formali del paesaggio. L’innovazione individuale − che necessariamente si esprime anche in termini di cambiamento di paesaggio − è dunque rilevante in sé e per gli effetti emergenti che essa genera propagandosi o diffondendosi nel sistema. Dati la rete delle interdipendenze e il tempo necessario alla propagazione di ciascuna innovazione − e il fatto che ciascun agente è potenzialmente un innovatore −, in ogni momento il sistema si muove sotto la spinta di sequenze causali diverse – alcune delle quali dominanti – che tengono il sistema costantemente lontano dalla stazionarietà (Lindblom e Hirschman 1962). L’analisi delle sequenze circolari di effetti causali (“casualità circolare cumulativa”) e delle sequenze lineari di effetti causali prodotti dagli interventi di regolazione sono fondamentali per interpretare l’evoluzione del comportamento degli agenti e del sistema locale nel suo complesso. Ma, tale analisi può essere condotta soltanto assumendo un contesto relazionale spazialmente delimitato − entro il quale ricostruire le reti di sequenze di effetti casuali −, costituito, appunto, dal sistema locale di riferimento. 8. Conclusioni Le nostre economie sono economie di paesaggi: processi economici che si alimentano e si basano sulla materia che viene organizzata dall’azione umana sia in senso tecnologico che culturale e che si cristallizzano in “elementi fondo”. L’azione umana non è pensabile senza un paesaggio precedentemente costruito dall’azione umana stessa. La territorializzazione – ovvero, la collocazione nello spazio (geografico) degli elementi fondo – è un atto fondante, per ogni Robinson Crusoe e per ogni comunità. L’enfasi sulla sola funzionalità tecnica degli strumenti che utilizziamo per produrre e autoprodurre è un ostacolo alla comprensione dei processi di accumulazione del capitale e dei processi di costruzione del paesaggio. La tesi secondo cui la territorializzazione si produca e si riproduca sulla base di un “calcolo economico ristretto” è il residuo di una concezione meccanicistica della vita sociale, priva di ogni fondamento. Si tratta di una tesi che è di ostacolo alla comprensione dei meccanismi di funzionamento delle società e delle loro economie e che, per questo, deve essere abbandonata. L’equilibrio tra scelte private e scelte collettive nella sfera della funzionalità formale del capitale – e, quindi, i vincoli e le possibilità da assegnare alle decisioni di accumulazione del capitale – è un tema centrale in tutte le società antiche e moderne. La centralità del tema, naturalmente, è un riflesso dell’equilibrio che gli individui ricercano tra funzionalità formale

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e funzionalità tecnica del capitale (paesaggio) che pongono alla base dei loro processi economici. Che in molte economie moderne questo equilibrio si sia infranto è un dato evidente alle stesse società prima che all’analista (in Italia l’equilibrio ha iniziato ad infrangersi a partire dagli anni Cinquanta con una rapidità stupefacente). Ora che il tema assume un rilievo nei processi di decisione collettiva, l’economia e le altre discipline sociali dovrebbero dedicare l’attenzione dovuta alla relazione tra capitale e paesaggio. L’attenzione oggi posta sul tema dello sviluppo locale costringe ad ancorare ad uno specifico territorio – ad una economia e ad una cultura – la relazione tra funzionalità tecnologica e funzionalità culturale del capitale-paesaggio. Ma i sistemi locali sono diversi anche in questo, ovvero nel grado di consapevolezza che essi hanno della relazione tra dimensione tecnologica e dimensione culturale del loro paesaggio – e dell’importanza che ad essa attribuiscono.

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Les neuf conduites nécessaires pour une propédeutique, pour un apprentissage du projet sur le paysage aux étudiants des écoles de Paysage Michel Corajoud, paysagiste


Lifescape â&#x20AC;&#x201C; Fresh Kills Parkland James Corner


James Corner

Lifescape â&#x20AC;&#x201C; Fresh Kills Parkland

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For over 50 years Fresh Kills on Staten Island served as a landfill for New York City. A long-term strategy based on natural processes, agricultural practice and plant life cycles will help to rehabilitate the severely degraded land over the next 30 years, and transform the site into a huge public park.

ifescape is both a place and a process. The place is Fresh Kills – once the world’s largest sanitary waste landfill, now to be creatively transformed into 2,200 acres of public parkland, featuring extensive and beautiful tidal marshes and creeks, over 40 miles of trails and pathways, and significant recreational, cultural and educational amenities, including a dramatic hilltop earthwork monument to honor the September 11 recovery effort undertaken at Fresh Kills. Lifescape as a place is a diverse reserve for wildlife, cultural and social life, and active recreation. The aesthetic experience of the place will be vast in scale, spatially open and rugged in character, affording dramatic vistas, exposure to the elements, and huge open spaces unlike any other in the New York metropolitan region. Lifescape as a process is ecological in its deepest sense – a process of environmental reclamation and renewal on a vast scale, recovering not only the health and biodiversity of ecosystems across the site, but also the spirit and imagination of people who will use the new parkland. Lifescape is about dynamic staging and cultivation of new ecologies at Fresh Kills – ecologies of soil, air and water; of vegetation and wildlife; of program and human activity; of financing, stewardship and adaptive management; of environmental technology, renewable energy and education; and of new forms of interaction between people, nature, technology and life. Understanding Lifescape as process is central to the project, for a site of this scale and complexity can not be “designed” in total, nor constructed overnight. Rather, it must be “grown”, as in seeding, cultivating, propagating and evolving. The master plan anticipates a thirty-year program, built-up from six phases, each with a number of discrete stages. Thus, design at Fresh Kills is as much about the design of a method and process of transformation as it is about the design of specific places.

L

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TODAY

mound-scape engineering ground

The development plan for the vast former landfill south of Manhattan will be implemented in six stages over the next thirty years. The plan aims to create diverse parkland for wildlife, cultural and social activities and recreation. A circle of woodland encloses the open parkland.

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3 YEARS

6 YEARS

field-scape

open-scape

manufacturing soil and habitat

initiating access and activity


10 YEARS

place-scape building spaces

20 YEARS

30 YEARS

event-scape

lifescape

diversifying ecologies and uses

growing new life

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The vast landscape is organized in three layers which create a framework for the park. These include locations for activities (event areas and facilities), circulation (roads and paths) and new habitats (landscape). This framework is sufficiently coherent and durable to shape the park but flexible enough to allow for change.

LAYERS OF FRESH KILLS lifescape

The City and State of New York, led by the New York City Department of City Planning, commissioned the plan in 2002. Field Operations leads a multi-disciplinary team in the development of the plan and its details, and at this point (May 2005) the team has just completed the draft master plan, a version that will undergo at least another two or three iterations before an environmental review process and final adoption. The first elements could begin construction in 2007.

new programs

Making soils using agricultural practice

new pathways

In a landfill conversion of this scale, soil strategies pose a fundamental material challenge because they affect all of the potentials for landscape character and ecosystem functioning. Landfills are also feats of human engineering. The heavy equipment on site and the local sanitation authority’s experience with earthwork techniques are important assets that can be used to make space and distinguish the physicality, experience and understanding of this park from others. Our strategy proposes an in situ “strip cropping” approach to soil renovation as an alternative to purchase or manufacture of large quantities of new topsoil. The process, borrowed from “green manure” agricultural practice, involves seeding three carefully selected crops per year, and rototilling them into the soil to build organic material. Crops are planted on alternating strips that follow the contour of the land and help control erosion while retaining water for crop growth. Strip cropping is an inexpensive, large-scale agri-industrial technique for increasing the organic content of poor soils, providing targeted amendments, increasing soil depth, destroying the roots and rhizomes of weeds, aerating compacted soil, and establishing a matrix of native grasses. Organic material improves the water holding capacity of soils and inhibits plants’ uptake of metals and cations, which boosts plant growth and protects animals against ingestion of metals in the biomass of plants. In addition to its productive effects, the distinctive visual and spatial qualities of large scale strip cropping in the city are beautiful and experientially interesting – emblematic of large scale environmental renovation and renewal of the site for new uses. Strip cropping is also consistent with the goal of staging implementation so the parkland is inhabited, understood and enjoyed in each stage of its transformation as a legible landscape-in-process.

new habitats

cover, soil and vegetation types

surface water and existing roads storm water basins drainage swales existing roads

impermeable liner

gas extraction network

liquid collection and containment leachate pumping and cleaning containment walls

150 million tons of waste

Creating habitat and making space with plants Once soils are improved, propagation of plant communities can begin. At this scale, resilient landscapes will be built largely from plants native to Staten Island. Natives are adapted to the island’s unique climate, geomorphology and rainfall, and will generally require less ongoing maintenance

wetland prior to 1948 location of fill to come approximate extent of wetland in 1900

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once established. Native plant communities also provide habitat for the resident microorganisms and wildlife that have coevolved with them. Eastern prairie and meadow species will be sown in the improved soils using a variety of techniques, including a machine called the “imprinter” which creates a micro-topography that mimics the action of cattle hooves. Native grasses create a weed-resistant growing matrix – a prerequisite for successful colonization of an open field by native trees. Periodic mowing or grazing of many meadow areas will maintain large tracts of open grassland indefinitely. In other areas, slow infiltration by seeds carried by wind and wildlife will be allowed. Areas targeted for dense, stratified woodland will require greater soil depth than strip cropping can generate – an additional 60 to 90 centimeters is needed to meet New York landfill regulations. Once new soils are installed, they too will be planted first with native grasses. When the grasses are established, the first saplings will be installed in a point-grid, as they are in tree farms. Two waves of interplanting of young trees will follow. After that, seedlings will begin to selfsow, building a layered woodland that will naturalize over time. To define the threshold of the parkland while preserving a sense of the scale of this unusually large site, dense woodland is concentrated in a thick, 240-meter rim around the edge of the parkland. The rim preserves the openness of the interior (rather than cutting it into small compartments), and provides a continuous ecological corridor for animals. At the scale of the site plan, the woodland rim is illustrated as a uniform landscape element. At a more detailed scale, the diversity of species within the forest becomes apparent. Building on the range of moisture conditions, slope angles and landfill infrastructure constraints, a variety of native woodland communities are banded up the slopes.

Earthwork and landform buildings The design of program areas at Fresh Kills begins with creation of landscape atmospheres. These include well-engineered utilitarian landscapes; rough, wild environments uncommon in the city; and surreal environments created through simple manipulations of space, vegetation, water and light. Wherever possible, grading and the manipulation of the ground plane is used to create local enclosures – or landform buildings – that support the park program. This approach makes the plasticity of landform at this site more legible to visitors. The material palette builds on the formal and functional language of bulkheads, berms, swales, gabion, rip rap, erosion fabrics and marine fences, as well as opportunities to use recycled materials and high-performance synthetics that react to wind, temperature, sound and other environmental influences.

low salt marsh high salt marsh lowland swamp forest freshwater pond existing woodland turf moist grassland dry grassland woodland existing woodland programs and places

major arterial roads west shore expressway service roads proposed loop road primary bike and pedestrian network mountain bike trails secondary bike and pedestrian network garden boardwalks lighting and media screens parking pedestrian entrances major vehicular entrances

FRESH KILLS, STATEN ISLAND, NEW YORK Client: New York City Department of City Planning Landscape architects: Field Operations, James Corner International competition: 2001 Master planning: 2003 – 2005 The master planning project is still in progress. An 18-month environmental review process will follow. The first elements could begin construction in 2007. Full build-out is currently phased over a 30-year period. Size: 890 hectares (2,200 acres)

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The most dramatic of the landforms is the September 11 earthwork monument to be located on the west mound at Fresh Kills. For nearly a year, a team of investigators and recovery workers sorted 1.46 million tons of debris from the World Trade Center to search for traces of the missing. To honor those who were lost on September 11 and the extraordinary efforts of the recovery workers, the earthwork monument marks the recovery area. The two earthforms mirror the exact width and height of the towers. The second incline is on axis with the place where the towers once stood, affording a clear vista to lower Manhattan and the entire region around. From the top of the monument, visitors will have a 360degree view of New York, the harbor, and the estuary. The slow, simple durational experience of ascending the incline, open to the sky and vast prairie horizon, will allow people to reflect on the magnitude of loss. The most spectacular landform in Fresh Kills is the Septem-

New potentials for landfills and post-industrial sites

ber 11 earthwork monument. Two earthforms mirror the exact height and width of the towers of the World Trade Center on the ground (above). Right: Fresh Kills should become a place for rest and relaxation. The activities would range from relaxing along the water, to taking long walks, to kayaking.

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Soil making, successional planting and landform manipulation are three primary large-scale landscape architectural techniques that help produce the Lifescape matrix. While architectural and infrastructural elements can punctuate, support and animate the larger organization of the park, only


living material – earth, water and plants – have the capacity to define space at a reasonable cost on a scale appropriate to vastness of creeks, wetlands and mounds. These landscapes form the “medium” of the park, the matrix within which more focused, differentiated centers occur. The matrix may be further deconstructed into three coordinated systems – habitat (landscape), program (event areas and facilties) and circulation (roads and paths). These layers organize this huge landscape by creating a landscape framework for the park. The underlying framework is flexible enough to accommodate change, yet sufficiently coherent and durable to shape future park development. Over time, the initial framework of inter-related habitat, program and circulation elements will spread and evolve into a layered and fully integrated park matrix. Thus, rather than erasing the past (landfill), on the one hand, or recreating a long-lost environment (nature), on the other hand, Lifescape instead proposes a growth emergence from past and present conditions toward a new and unique future. The result will be a synthetic, integrative nature, simultaneously wild and cultivated, emergent and engineered. In this way, the plan seeks to change how we experience reclaimed landscapes in the city and demonstrate new potentials for closed landfills and other post-industrial sites around the world.

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Modernity, Community and the Landscape Idea Denis Cosgrove UCLA


MODERNITY, COMMUNITY AND THE LANDSCAPE IDEA Denis Cosgrove, UCLA

Abstract Landscape has recently achieved a broad intellectual prominence as a theoretical concept across the arts humanities, and social sciences. Its complex roots and meanings are scrutinized with particular attention given to the pictorial and scenic aspects of landscape, which are here historicized in relation to processes of cultural modernization. Landscapeâ&#x20AC;&#x2122;s roots in territorially based community governed by customary law have never been wholly destroyed and an analysis of the evolution of landscapes in Southern California suggests that they are being recovered in certain respects in the context of hypermodernity. Keywords: Landscape, Modernity, Community, Picturesque, Los Angeles.

My evening walk leads me up a steep hillside, along a turning road and past an assortment of houses whose styles, as much as their prices, would astonish most visitors, towards open upper slopes covered by the grasses and shrubs of a degraded California chaparral. From the summit of my hike, depending on the clarity of the Los Angeles basinâ&#x20AC;&#x2122; infamous air, I

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gaze across high-rise offices, commercial boulevards, palm-lined residential streets, billboards and red tiled roofs that stretch to the horizon. My view from the lower slopes of the Hollywood Hills sweeps from the snow-covered San Gabriel Mountains to Pacific beaches and on to the offshore islands. At night, when city lights pick out the grid of streets that structures this vast urban field, I am looking at one of modernityâ&#x20AC;&#x2122;s iconic landscapes. (Krim: 1992)

Many of the properties on my walk have been sited and designed to capture this famous view. One of the most quoted examples of mid-century modernist domestic architecture, Pierre Koenigâ&#x20AC;&#x2122;s Case Study House #22, is less than a kilometer away from where I stand. Cantilevered over the steep hill-slope, its entire spatial conception is governed by the illusion of flying over the city into an aerial field of twinkling lights.(Fig.1) The plate-glass walls that frame its picture view and erase the boundaries of internal and outdoor living offer just one example of the unique blend of cultural modernity and landscape that has shaped Southern California.

The Los Angeles metropolis is frequently cited as the locus classicus of an increasingly global popular culture. Not only is this true in the obvious

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case of ‘Hollywood’ with its constellation of cultural phenomena – movies, television and popular music, celebrity journalism, street fashion, colloquial speech -- but of the city’s diverse ethnic groups, languages and lifestyles, its cultural politics, its cult of the automobile, its suburban ‘edge cities,’ and its residential morphology: in short, its landscape.

In these opening lines, I have used the word landscape in three distinct, if overlapping ways: to describe extended, pictorial views from the Hollywood Hills; as an ‘idea’ that played a significant role in shaping California’s modernity; and as a shorthand for a blend of land and life, of physical and social morphologies, that constitutes a distinct region and community. Landscape, as Barbara Bender’s work so clearly demonstrates, is complex and multi-layered, difficult to categorize or to quantify. (Bender: 1993) Landscapes have an unquestionably material presence, yet they come into being only at the moment of their apprehension by an external observer, and thus have a complex poetics and politics. These characteristics make landscape frustrating for those preoccupied with conceptual clarity and definitional exactitude. From his extended treatment of the concept, the American methodologist/geographer, Richard Hartshorne (1939: 149-74, 250-84) came to the conclusion that landscape had little or no value as a

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technical scientific term, adumbrating its long abandonment within his discipline. Contemporary scholarly thought, much focused on interdisciplinarity, strongly influenced by semiotics, and distrustful of rigid categorical thinking, is more responsive, so that today we see landscape revived as a significant concept in geography, architecture, archaeology, anthropology, philosophy and history. (Cosgrove: 1998, Olwig: 2002, Corner: 1999, Smith: 2003, Hirsch and Oâ&#x20AC;&#x2122;Hanlon: 1995, Bender: 1993, Casey: 2002,)

The meaning of the English word landscape both encompasses framed views of specific sites and the scenic character of whole regions; it applies equally to graphic and textual images as to physical locations. (Daniels and Cosgrove: 1989) Through all these applications, landscape retains an unshakeable pictorial association, although this is no longer confined to the framed view or to aesthetic pleasure. But consistent too, as Chris Tilley (1994), Ken Olwig (2002) and others have insisted, is the sense that the pictorial in landscape incorporates a more visceral and experiential reference.

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From a critical perspective, the pictorial dimension of landscape has frequently been charged with duplicity. Dissecting landscape’s capacity to ‘naturalize’ social or environmental inequities through an aesthetics of visual harmony, geographers and art historians have long recognized that ‘Georgian’ landscapes, superficially paradigms of English social and environmental order, were often painstakingly constructed by rapacious landowners in the course of destroying more communal but less profitable fields, farms and dwellings. (Barrell: 1980, Bermingham: 1986, Daniels: 1999) In the creation of landscape, impoverished laborers were removed from the landlord’s view and relocated in ‘model’ villages. In his ironically titled Lie of the Land, Don Mitchell (1996), has also used landscape critically, to expose the inequities of capitalist agriculture, migrant labor exploitation and racism hidden below the Edenic images of California’s agricultural scenery, while W.J.T. Mitchell (2002: 10) examined the complicity of landscape visions with colonial exploitation, referring to landscape as ‘the dreamwork of imperialism.’ The ‘politics’ of Stonehenge, a paradigm British landscape, has been one of Barbara Bender’s enduring interests. (Bender: 1998) We are not obliged to reduce landscape so completely to a hegemonic tool in the cultural politics of land in order to recognize that its semantic

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evolution has been a linguistic expression of the complex cultural processes that mark the social evolution of the modern world. I refer to this as the history of the ‘landscape idea,’ a characteristically modern way of encountering and representing the external world: in its pictorial and graphic qualities, in its spatiality and ways of connecting the individual to the community, as well as in such forms of representation as maps, paintings, photographs, and movies. Some twenty years ago I began exploring the roots of the landscape idea, laying quasi-exclusive emphasis on changing landed property relations in the mercantile urban regions of early-modern Europe. (Cosgrove: 1984, 1993) I want to revisit that discussion in order to explore why landscape remains potent enough today to shape not only the way I and others actually connect to such a quintessentially modern place as Los Angeles, but to help account for many of the forms and patterns that actually exist in the geography of Southern California, and which shape increasingly large parts of the contemporary world.

I open with a discussion of landscape’s conceptual role in articulating a response to the characteristically modern question of ‘community’ in its spatial expression, and seek to show how this constituted the original synthesis of the territorial and the pictorial. I then examine ways that

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landscape’s moral authority, articulated through landscape representations, has been extended spatially to territorializing the imagined community of the nation state. Finally, I discuss how landscape, thoroughly naturalized as a picturesque expression of utopian social and environmental relations, has played a role in shaping a wholly modern space such as Southern California, and has thus come full circle, generating social spaces that bear intriguing similarities in structure and process, if not in form, to the original and prepictorial meaning of landscape in the German Landschaft.

Landscape and community Landscape is a connecting term, a Zusammenhang. Much of its appeal to ecologists, architects, planners and others concerned with society and the design of environments lies in landscape’s capacity to combine incommensurate or even dialectically opposed elements: process and form, nature and culture, land and life. Landscape conveys the idea that their combination is – or should be – balanced and harmonious, and that harmony is visible geographically. Balance and harmony carry positive moral weight, so that a disordered or formless landscape seems something of a contradiction. Scenic values thus come to act as a moral barometer of successful community: human, natural or in combination. Landscape’s

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moral authority has been applied to both wholly human and purely natural spaces. Frederick LePlay’s triad of place, work and folk was graphically expressed by the Scottish architect, ecologist and regionalist Patrick Geddes as the ‘valley section,’ where human activities arise out of organic connections with the land and express themselves in an evolving series of settlement landscapes. (Steele: 2003) A similar idea was powerfully expressed in Martin Heidegger’s ‘Building, dwelling, thinking.’ (Heidegger: 1978) In the USA, landscape has more often been applied to ‘wilderness’ spaces, often wholly devoid of human presence (although commonly produced by the active removal of human communities), where balance and harmony are believed to depend upon the absence of permanent habitation. (Meyerson 2001, Neumann 1998) What the designation landscape brings to all these diverse spaces is the idea that their qualities as dwelling places (biotic, animal, human…) are rendered visible in pictorial form.

The immediate question that arises from this is precisely how the pictorial form of space came to be so closely tied to ideals of natural and human community. Kenneth Olwig (2002) has recently argued that the Germanic Landschaft applied originally to quite specific locations in the North Sea and Western Baltic regions. Landschaft and its cognates in the

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Scandinavian languages are still used as a descriptor for administrative regions in parts of Frisia and Schleswig-Holstein. The physical character of these low-lying marshlands, heaths, and offshore islands is, he suggests, important in understanding this foundational usage. These have always been relatively impoverished regions, marginal to the interests of monarchs and aristocrats, more concerned to control, own, and tax more fertile and accessible territories and mercantile cities. Location on the borderlands of the Danish kingdom and the German states reinforced the opportunities for considerable local autonomy, and Olwig (2002: 16) points out that their designation as Landschaften denotes ‘a particular notion of polity rather than . . . a territory of a particular size’. Critical to their designation as landscapes was that these were regions in which customary law, determined by those living and working in an area, extended over and defined the territorial limits of the Land. ‘Custom and culture defined a Land, not physical geographical characteristics [nor fixed territorial scale]—it was a social entity that found physical expression in the area under its law.’ (Olwig 2002: 17) The unity of fellowship and collective rights, and the physical area over which these held sway, constituted the Landschaft. It is a spatiality expressed by Heidegger in a key passage from ‘Building, dwelling, thinking:’

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A space is something that has been made room for, something that is cleared and free, namely, within a boundary, Greek peras. A boundary is not that at which something stops, but, as the Greeks recognized, the boundary is that from which something begins its essential unfolding. That is why the concept is that of horismos, that is the horizon, the boundary. Space is in essence that for which room has been made, that which is let into its bounds. That for which room is made is always granted and hence is joined, that is, gathered by virtue of a location â&#x20AC;Ś Accordingly, spaces receive their being from locations and not from â&#x20AC;&#x153;spaceâ&#x20AC;?. (Heidegger 1978: 332. Original emphasis)

In this respect, the root sense of Landschaft finds parallels in most European languages, although the precise legal situation may vary from that to be found along the North Sea coasts. The English word countryside, the French payage, the Italian paesaggio and the Spanish paisaje are similarly social, and scale-flexible, denoting a collective relationship with land more than a specifically bounded territory.

The localized combination of community, custom, and land might be expected to give rise to visibly apparent morphological distinctions between individual Landschaften. But scenic aspects are not denoted by the Germanic word and its cognates. Landschaft thus points primarily to a spatiality constituted through social and environmental practice. In a pre10


modern world such practices were dominated by production, whether agricultural, artisanal or industrial. In todayâ&#x20AC;&#x2122;s landscapes, they are increasingly dominated by consumption.

Landscape and scenery The scenic dimension became attached to landscape in the late 16th and early 17th centuries. The designation of landscape as a type of painting was first made by Italian connoisseurs, but was applied primarily to Northern European art works. (Gombrich 1966) It was in cities where Flemish and Italian cultural influences met and mixed most fully, and where map-making, engraving and printing became major industries by 1500 â&#x20AC;&#x201C; north east Italy and southern Germany - that schools of landscape paintings first become distinguished. (Gibson 1989, Alpers 1983) In Venice, the taste for paintings of landscape paralleled a demand for pastoral poetry, arcadian writing and actual landscape views among patrician families investing heavily in the land improvement through drainage, irrigation, new-word crops and new labour practices. Newly constructed villas were decorated with idyllic trompe lâ&#x20AC;&#x2122;oeil landscapes that harmonized imaginary scenes of ancient Roman villa life with views of the rustic world surrounding them. (Cosgrove 1993) In south German cities such as Augsburg, Ulm and

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Nuremburg, landscape paintings and engravings reflected rather different commercial and political realities. On the one hand, appropriately in the city where the Fuggers’ capital financed political and commercial schemes of global reach, landscape paintings captured vast – almost global – scenes within tiny, jewel-like frames, often referred to as ‘cosmographies.’ On the other, as chorographies expressing a desire for local connectedness, landscapes depicted and celebrated the countryside immediately surrounding the city. Referring to these images, Albrecht Dürer claimed that 'the measurement of the earth, the waters, and the stars has come to be understood through painting.’ (quoted in Wood 1993: 46)

Dürer’s words capture the shifting meaning of landscape in the early modern world: no longer the undifferentiated space of unreflective social dwelling and ‘pagan’ attachment to land, but earth, sea and stars conceptualized; no longer space regulated through the customary practices of daily life, but ‘nature’ measured across the surface of paintings and maps. Olwig (2002) has charted the political process whereby the early 17th century Stuart court sought to unify its new national territory – the ‘country’ – under the ‘natural’ authority of divine right and to subordinate local custom. An element of this was the emerging culture of measured and

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scenic landscape: apparent in courtly theater and masque, in ‘prospect’ poetry, in projects for mapping the realm, and in landowners’ commissions to Dutch artists for estate paintings.

The terminology and formal expression of landscape’s shift to incorporate the graphic and pictorial varied geographically. But, whether applied to the estate, the city region or the national state, landscape was consistently reformulated as an ‘idea’ that bounded and mapped territorialized spaces onto lands, paese, and pays, by means of such mathematical and graphic techniques as perspective, projection, geometry and trigonometry. A distanciated and aesthetic connotation was layered over the affective, quotidian relationship of land and social life.

Landscape’s affective sense was not erased. Indeed, makers of landscape images commonly sought consciously to represent the supposedly organic relationship between community and land as enduring, even as they confined its signifiers to such marginal and decorative items as passing swains and their animals, quaintly rustic cottages and ancient ruins, commonly placed ‘the dark side of the landscape,’ and harmonized the image of land and life through the sophisticated techniques of pictorial

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composition, color and shadowing. Nor was Landschaft’s spatial flexibility lost, indeed through a scale jump landscape came to accommodate the newly significant idea of modern nationhood.

Picturesque landscape and the national community In the late 18th century the pictorial techniques developed for representing landscape were theorized in the aesthetics of the picturesque, a philosophical term born directly out of landscape discourse, and a fusion of aesthetics and moral thinking provoked directly by modernity’s social and spatial disruptions. Often termed a mediation of Edmund Burke’s aesthetic and moral binary of ‘sublime’ and ‘beautiful,’ the picturesque’s defining visual characteristics were ‘roughness’, ‘wildness’ and ‘irregularity.’ In the contemporary context of Romanticism and Jacobinism these words carried powerful social and moral as well as visual significance. The picturesque encapsulated a wide-ranging debate in late Georgian England about the social, political and moral health of a rapidly industrializing and urbanizing nation facing the challenge of a revolutionary and territorially ambitious France. Touching in Britain on such contentious internal matters as enclosure of common lands, removal of village communities for emparkment, and planting conifers for short-term commercial profit rather

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than oaks that would provide naval timber generations hence, and even on colonial slavery, the debate over the look of the land involved â&#x20AC;&#x153;the patriotism of landscape improvement: its allegiance to various geographical identities, local and national, provincial and metropolitan, English and British.â&#x20AC;? (Daniels 1999: 2) Pictorial, cartographic and parkland landscapes offered media through which questions of national identity were debated, in the period when the modern British state was being imagined and constructed. In this context, picturesque landscape quickly escaped the patrician confines of park design to become a field of concern for a growing bourgeoisie in the late 18th century. Picturesque was applied to a style of seeing and representing that took a nostalgic pleasure in the signs of roughening through age, longevity and decay; a sentiment that we can easily recognize as a response to the cultural uprooting and displacement associated with carboniferous modernization. The word nostalgia, a pseudoGreek neologism that combines the sense of bodily pain (algia) and returning home (nostos), was coined as a quasi-medical condition in these very years. Picturesque landscape images, while easily drained of the explicit social concerns of early theorists, sustained the dream of a harmonious, organic connection between a locality and its community,

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visible in the historical depth of dwelling, but consistently threatened by, if not already lost to, the past. Positioned outside the pictorial landscape, materially and affectively, the viewer’s response to the image cannot be other than sentimental and nostalgic.

Study within geography, art and cultural history has demonstrated the consistency with which picturesque landscape became deployed in the construction and communication of nationalism in late 19th and 20th century Europe and colonial settler states. (Daniels: 1993, Mitchell: 2002, Schama: 1995) The process is a complex one, and it continues today. In every modern nation, pictorial icons of specific regional scenery have been generalized, often through the medium of art itself, as iconic of the whole nation. Thus in Britain, a ‘home counties’ scenery of lowland chalk downs, wide river valleys with slow-flowing perennial streams, compact villages and stone churches set among a hedgerow mosaic of garden-like fields, sometimes with distant views of sea cliffs and bays, leaps scale through the popularity of paintings by John Constable, the pre-Raphaelite Brotherhood and successor artists, to become figured as the whole nation’s vulnerable and feminized ‘heartland.’ (Daniels: 1993)

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The appeal of such iconic landscapes is overwhelmingly conservative, and commonly supported by that declensionist view of change that accompanies Modernityâ&#x20AC;&#x2122;s commitment to progress. It is thus a simple and predictable step from promoting the pictorial or scenic qualities of specific regions as embodying essential qualities of a nationâ&#x20AC;&#x2122;s territory and people, to seeking to fix their origins and preserve and protect them from change. Precisely because such spaces are deemed to embody natural and immemorial qualities they become embraced as patrimony: archaeological and historical sites, ever threatened by the progress and modernization that also underpin nationalism. Landscapes are freighted with what Svetlana Boym (2002) calls reflective as opposed to restorative nostalgia. The former emphaisizes the bittersweet pain of longing and loss (algia) and dwells upon ruins, on the patina of time and history, on uncanny silences and absences, and on dreams. (By contrast, restorative nostalgia emphasizes nostos: rebuilding the lost home and patching the memory gaps). Of course, landscape conservation today can take both forms. Indeed, It is not therefore surprising that nations devote significant amounts of often scarce resources to maintaining not only the physical morphology but also the social form and expression of such iconic landscapes as Irelandâ&#x20AC;&#x2122;s gaeltacht west.

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Preservation, protection, conservation, sustainability: while each of these terms parses a slightly differently a similar goal of arresting or at least negotiating the social and environmental impacts of change with the intention of sustaining values inherited from the past, they all reflect the same contradiction of modernity: the belief in improvement and progress generates its opposite in ‘tradition,’ whose poignancy bespeaks a sense of loss commonly interpreted as a sign of a more existential alienation. This is a discourse that reaches through virtually every aspect of modern thought, from our approach to the ‘threatened’ flora and fauna of the natural world, through scholarly disciplines such as archaeology and anthropology to ‘cultural heritage’ and museology. Landscape is significant within this quintessentially modern discourse precisely because it puts into material form the matter of dwelling, to adopt Heidegger’s sense of pulling together earth, sky, the divinities (in the pagan sense of the life-sustaining natural elements and forces) and the mortals, individually and collectively.

California: landscape and the dialectics of modernity With these thoughts in mind, we can return to Southern California. With a permanent settlement history of scarcely two centuries, lacking any tradition of pre-modern agriculture, a 20th century experience of explosive,

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hypermodern urbanization, and unprecedented topographic, hydrographic and ecological transformation, California, and especially its southern, semidesert zone, represents for many observers the very antithesis of landscape as a local integration of community life and regional nature. Indeed, Southern California has consistently been held up by cultural critics – from Evelyn Waugh and Gertrude Stein through Jean Baudrillard and Umberto Eco to Paul Virilio to Michel Augé as the poster-child for hypermodern, placeless space. The region’s historic and geographic reality is, predictably, more complex. And ironically, in its very hyper-modernity, contemporary California may be returning us to something remarkably parallel, if not exactly similar, to the premodern experience from which the landscape idea diverged.

It is not possible to offer here more than a brief synopsis of Southern California’s settlement history. None of its pre-Columbian peoples engaged in permanent agriculture, and their impacts on the land were ecological more than architectural. (Gutiérez & Orsi: 1998) The short-lived Spanish-Mexican settlement may be traced today as remnant forms in the toponymies and cadastral patterns of the rancho system, and in the spine of mission, presidio and pueblo settlements, but it lacked the intensity of occupance necessary to

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leave a lasting landscape impression. Indeed it endured principally in the mythic ‘Spanish’ culture and romantic lifestyle through which Anglos marketed Southern California as a ‘Mediterranean’ arcadia within a mere three decades of having erased the Californio’s world. Warm climate, balmy air, natural beauty, and a leisured life were promoted to financially comfortable mid-westerners as an escape from the rigors of Prairie winters, crowded, smoky and tuberculosis-ridden industrial cities, and their growing ethnic diversity for a bucolic life in a white, Anglo-Saxon protestant cottage community set among citrus groves against the backdrop of snow-capped Sierras. Competitively cheap rail fares and exotic landscape images on rail posters and orange boxes played no small role in bringing large numbers of these people and their capital into Southern California. The region was from the start conceived as much as a space of consumption as of production, and a principal object of consumption was the natural landscape itself.

A characteristic settlement form emerged in Southern California during its first period of rapid urbanization between 1880 and 1920. Former rancho land grants were subdivided and sold as small-scale communities, often with a distinctive character: Anaheim was a utopian German settlement, Hollywood a temperance community, Malibu an artist’s colony,

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Pasadena a wealthy health and retirement resort, Venice a bohemian seaside development. Permitted by the state’s relaxed constitution to incorporate as an independent municipality with a mere five hundred citizens, individual communities gained considerable control over property regulations and landuse statutes, often adopting exclusionary tactics to prevent the influx of ‘undesirable’ ethnic or religious groups. However indefensible, these actions bear some resemblance to the customary practices that once defined the European Landschaft. Around the former pueblo of Los Angeles, a network of electric tramways opened land for such developments, linking them into a loose regional settlement pattern. (Banham: 1971, Hise: 1999, McLung: 2000)

Southern California’s settlement morphology reflects fin-de-siècle ideas of the model community, which drew heavily on picturesque precedents. Ebenezer Howard’s Tomorrow, a peaceful path to real reform, was one of many tracts offering a solution to the ills of industrial modernization. (Howard: 1902) His ‘garden city’ was to be a self-governing municipality of no more than 60,000 people, designed with large areas of open space, boulevards, zoned land uses and residences individually set in gardens. Domestic architecture took the nostalgic, anti-modern form of the

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‘arts and crafts’ movement, reworking the form of the bungalow adopted from colonial India.(King: 1984) The impact of these ideas on the generally well-educated, monied and often self-consciously progressive settlers of Southern California remains visible in the region’s ‘craftsman’ style bungalows, large lots, wide, tree-lined boulevards and early zoning ordinances controlling ‘non-conforming’ land uses.

Early, widespread ownership of automobiles allowed individual communities to expand well beyond the constraints of the light rail system, and by the 1940s had lined the boulevards with the gas stations, motels, drive-in gas stations, restaurants and movie houses, and billboards of the American ‘strip.’ This was a truly modern landscape of consumption, designed to be accessible by car and viewed and experienced kinetically and serially, from the automobile windscreen. (Figs.2,3). Ott: 2000) The automobile also opened up an extensive region of mountains, deserts and forests to leisure hungry Southern Californians. Parkways and highways were constructed with the principal goal of servicing the consumption of landscape and scenery. Wartime industrialization and the huge population growth of the Fordist 1950s would see the orange groves, nut orchards and bean fields that surrounded the original settlements subdivided for new

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suburbs of standardized, mid-century â&#x20AC;&#x2DC;modernâ&#x20AC;&#x2122; bungalows, on restricted garden lots to be sure, but with picture windows designed to bring the external scene into domestic space.(Fig.4) Today indistinguishable within the urban field, except by their signed designation on the roadside or on the political map, and overlain with the markers of very different ethnic and cultural groups from their original residents, these communities nevertheless retain traces of the social and scenic ideals that the modern suburb owes to the picturesque tradition of landscape.

It was at the extreme edges of the Los Angeles metropolis, in the desert and oasis settlements of the Coachella Valley, that the landscape idea helped define the elements of a settlement form that increasingly characterizes 21st century urban neighborhoods globally. In the late 1940s a group of screen actors and movie industry associates, attracted to Palm Springs as a relaxed vacation spot within easy automobile reach of Hollywood, purchased the Thunderbird Ranch for development as a country club, and initiated a novel way of financing their venture. (Culver: 2004) The golf course at the core of the development would be financed by the sale of residential lots marked out along its fairways and around the greens.(Fig.5) House design would be restricted to single story, low,

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rambling ‘ranch houses’, while a homeowners’ association enforced deed restrictions governing the maintenance and appearance of the visible spaces of the community, both private and ‘public.’ The entire development was gated to exclude all but residents and guests, while the golf course, green with imported fescue and watered from deep desert wells, was the focus of its ‘civic’ life.(Fig.6) Air conditioning and fast freeways to Los Angeles allowed the recreational home in the desert to become a permanent family residence. Partly through the national televising of its ‘Bob Hope’ golf tournament, the Thunderbird Ranch soon came to represent a leisured lifestyle option promoted and desired across America, beatified when Ford Motor Company’s chose ‘Thunderbird’ as the name for its 1955 sports car.

Landscape in all its various meanings and representations is the defining feature of the covenant, gated, golf-course suburb that, from its Palm Springs origins has now evolved into the dominant form of exurban community in North America and across many parts of Asia and the Pacific Rim. In the pictorial and picturesque sense of landscape, the golf course whose form controls the overall settlement plan, and whose originating morphology was the turf-covered glacial dunes, or ‘links’ of the Scottish east coast, is the anodyne successor of 18th century English picturesque

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parkland, with its combination of gentle grassy slopes, serpentine pathways, copses and ‘rough’ land edges. The house style of the golf-course suburb is determined by its views over the greens or ‘natural’ scenery beyond. The scenic sense of landscape is thus the design Leitmotif to this form of settlement. The second sense of landscape, as an ‘idea,’ which so powerfully shaped early Anglo settlement in Southern California, continues in this contemporary materialization of the dream of community, realized in pleasing physical surroundings. Finally, landscape as a harmonious balance of nature and culture shapes the settlement’s design language, if not its environmental practices. Although the verdant rolling hills, sandy bunkers and ‘rough’ of the golf course are almost always engineered spaces, often alien to the surrounding natural environment, and requiring vast outlays of resources for maintenance, and while the residential architecture has become entirely standardized and largely disconnected from local climate, topography and tradition, the formal illusion of leisured consumption is carefully inscribed in all visible features of these spaces.

Conclusion It is easy to criticize the exurban, gated community, with its exclusionary restrictions, ‘master-planned’ picturesque design conceits and

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contingent connections with the history and physical geography of its location as inauthentic and placeless, an unhomely (unheimlich), pastiche landscape that utterly fails to pull together earth, sky, the divinities and other humans into true dwelling. (Heidegger: But it is more accurate to see it as one expression of the characteristic modern sensibility of nostalgia. It expresses the restorative nostos - return to home - rather than the reflective algia, the bittersweet pain of loss and ruin. And a more measured look at these residential consumption spaces discloses some noteworthy parallels with those premodern Landschaften from which the pictorial sense of landscape historically diverged. These are self-regulating communities, quasi-independent politically from the major cities to which they are functionally attached, raising revenues and purchasing such public services as police, waste disposal, education, health and welfare, and developing customary local laws to regulate land uses and appearance. Land is a dominating concern in their community life, although it produces capital value and amenity rather than subsistence. As in Olwigâ&#x20AC;&#x2122;s designation of Landschaft, the exurban community is â&#x20AC;&#x153;a social entity that [finds] physical expression in the area under its law.â&#x20AC;? (2002:17) Significantly, such communities have prospered as the social welfare character of the modern

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state has eroded, and its public revenues and moral authority weakened, and they are located in the interstices of regulated metropolitan space. It appears that we have come full circle. A defining historical feature of modernity has been rural depopulation and the destruction of Landschaften. Karl Marx saw modernity as the capture of the countryside by the city; and Henri Lefebvre wrote of “the complete urbanization of society”. (Lefebvre: 1970) But in many parts of the world this process has reached a point where ‘city’, ‘country’ and ‘urbanization’ are of diminished analytic value. ‘Suburb,’ an arcadian middle space of dwelling, has emerged since the early 19th century as the authentic spatial expression of modern consumption. (King: 2004) And, through the visual language of the picturesque, landscape is the suburb’s geographical expression as a consumption space. If such landscape is duplicitous, it is less through obscuring the realities of production, for these have been globally displaced, than in masking a scale and rapacity of material consumption that threatens the sustainability of physical and bio-geographies and thus of dwelling.

Spread before me on my evening walk therefore, is more than a visual icon of 20th century hypermodernity. The Los Angeles metropolis represents one – albeit signal - stage in the complex and historically

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extended evolution of cultural transformation in which visions of social order and homeliness, and ideals of harmony between land and human life become instantiated in the material forms of landscape. Cultural dismissal of such spaces is conservative and reactionary. (Hayden: 2004) The task is to exploit the ambiguities embedded in landscape, as dwelling and picture, to discover ways of understanding and engaging with its varied and always rich meanings.

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Figure captions Fig.1 Case Study House #22 by Pierre Koenig. (Photo by Julius Schulman; Getty Research Institute; Reproduced with permission) Fig.2 View East along 3rd Street at Fairfax Avenue in 1921. The La Brea oilfield occupies lands formerly occupied by bean fields and pasture. (Spence Air Photo collection; Courtesy: Department of Geography, UCLA) Fig.3 View East along 3rd Street at Fairfax Avenue in 1954. Within thirty years both agricultural and oil fields have been replaced by an auto landscape. The city’s first drive-in gas station may be seen to the bottom left, and a drive in movie centre right. (Spence Air Photo collection; Courtesy: Department of Geography, UCLA)

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Fig.4 Post-war suburban development in the Los Angeles basin. Tract houses at Lakewood 1950. (Spence Air Photo collection. Courtesy: Department of Geography, UCLA) Fig.5 Residential development along the fairways at Thunderbird Country Club, Rancho Mirage, California, 1959 (Spence Air Photo collection. Courtesy: Department of Geography, UCLA) Fig.6 The original golf-course suburb: Thunderbird Country Club, Rancho Mirage, California, 1959 (Spence Air Photo collection. Courtesy: Department of Geography, UCLA)

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Observando la naturaleza: el paisaje y el sentido europeo de la vista Denis Cosgrove UCLA


Boletín de la A.G.E. N.º 34 - 2002, págs. 63-89

OBSERVANDO LA NATURALEZA: EL PAISAJE Y EL SENTIDO EUROPEO DE LA VISTA Denis Cosgrove Universidad de California, Los Angeles

RESUMEN Este ensayo desarrolla un enfoque eminentemente histórico para rastrear las relaciones entre el paisaje y la imaginación geográfica. Se examinan los modos de visión y se buscan las relaciones de éstos con las diferentes formas de percibir el espacio. Se muestra como las imágenes del paisaje construyen, a la vez que reflejan, la expresión geográfica de identidades sociales e individuales. También se explora la expresión de identidades sociales en el paisaje. La evolución de los significados del paisaje en el mundo occidental es tanto una historia de cambio en las tecnologías de percepción y modos de representación como de las relaciones visuales sin mediación alguna entre el espectador humano y el espacio material. Palabras clave: geografía, vista, espacio, percepción. ABSTRACT This essay develops a mainly historical approach in order to search for the relations between scenery and geographical imagination. The ways of viewing are examined, and their relation with the different ways of perceiving space is searched for. It is shown how landscape images construct, while reflecting, the geographical expression of social and individual identities. The expression of social identities in the landscape is also explored. The evolution of the landscape meanings in the western world is both a history of change in the perception technologies and representation ways, as well as of visual relations with no mediation between human audience and material space. Key words: geography, vision, space, perception. Fecha de recepción: diciembre de 2002. Fecha de admisión: marzo de 2003.

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Denis Cosgrove

Como concepto organizativo y analítico, el paisaje tiene una historia compleja en el marco de la geografía cultural. Su uso ha pasado de ser una referencia a lo tangible, un conjunto mensurable de formas materiales en un área geográfica determinada, una representación de esas formas en medios variados como son los cuadros, los textos, las fotografías o las representaciones teatrales hasta llegar a convertirse en los espacios deseados, recordados y somáticos de la imaginación y los sentidos. La evolución compleja y controvertida del paisaje en el marco de la geografía del siglo XX y sus complejas relaciones con conceptos como el lugar, la región o el área han estado bien documentados y no serán por tanto enumerados de nuevo aquí1. En este ensayo nos centraremos en un aspecto del paisaje que rebasa constantemente sus usos modernos: las conexiones del paisaje con la visión y el sentido de la vista. El paisaje, junto con los términos de otras lenguas europeas con los que está emparentado morfológicamente, no se puede confinar de ningún modo a la geografía visible. Las conexiones entre la morfología de una región territorialmente delimitada y la identidad de una comunidad cuya reproducción social está ligada a los derechos usufructuarios y a las obligaciones sobre ese área, son la razón del Landshaft alemán y sus derivados2. Pero hay una profunda relación, fraguada hace más de medio milenio, entre el uso moderno del paisaje para denotar un espacio geográfico delimitado y el ejercicio de la vista o visión como el principal medio de asociación entre ese espacio y las preocupaciones humanas. Este uso está relacionado sin duda alguna con los cambiantes modos de utilización y apropiación social del espacio, implicando derechos de propiedad individual y construcciones más atomistas del yo y de la identidad3. Si consideramos la Geografía como una disciplina que examina las relaciones entre las formas de ocupación humana y los espacios bien naturales o bien los creados, es decir, aquellos que los hombres construyen o de los que se apropian, entonces se podría decir que el paisaje sirve para centrar la atención en lo visual y en los aspectos visibles de esas relaciones. Relacionar el paisaje geográfico con el sentido de la vista no supone negar la importancia de los otros sentidos humanos y tampoco la importancia de la cognición racional a la hora de dar forma al espacio, territorio y significado. Las geografías de las personas con discapacidades visuales, por ejemplo, nos ponen sobre aviso sobre la trascendencia de otros sentidos, así como de la importancia de la fantasía, la memoria y el deseo a la hora de dar forma a las relaciones entre los seres humanos y los espacios del mundo material. El olfato o el oído pueden ser mucho más potentes e inmediatos que la vista al crear las respuestas emocionales ante un lugar concreto. En la esfera de los sueños o los recuerdos, la disposición de ánimo tiende a prevalecer sobre la percepción somática y puede llegar a ser incluso difícil el recordar o describir con precisión las características visuales de los espacios que allí se encontraron o 1 Cosgrove, D. 1985, ‘Prospect, Perspective and the Evolution of the Landscape Idea’, Trans. Inst. Br. Geogr. 10: 63-76; Daniels, S., 1989, ‘Marxism, Culture, and the Duplicity of Landscape’, en R. Peet & N. Thrift, eds, New Models in Geography Vol. 2, London, Unwin Hyman, 196-220; Duncan, J., & Duncan, N., 1988, ‘(Re)reading the Landscape’, Environment and Planning D: Society and Space 6, 117-26; Olwig, K. R., 1996, ‘Recovering the Substantive Nature of Landscape’ Annals, Association of American Geographers, 86, 630-50. 2 Olwig, K., ‘The substantive nature of landscape’. 3 Cosgrove, D., 1998, Social Formation and Symbolic Landscape, London, University of Wisconsin Press; Hirsch E. and O’Hanlon M., eds, 1995, The Anthropology of Landscape: Perspectives on Place and Space, New York, Oxford University Press, 31-62.

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experimentaron4. Dada la importancia que tienen los espacios imaginados y de las geografías en el modo en que se conforma el mundo individual y colectivo, el reciente destronamiento teórico de la primacía de la visión en la cultura intelectual de Occidente no resulta insignificante5. La tendencia del racionalismo occidental a igualar visión con conocimiento y razón, una tendencia que se ve representada fielmente en la frase de uso común, «Ya veo» para implicar tanto el acto físico de ver como el acto cognitivo de comprensión razonada, ha sido atacada como un rasgo característico de la Modernidad. Al tratar la mente y el cuerpo como aspectos inequívocos del ser, la visión se convierte en el principio canalizador a través del cual la razón intelectual y la «razón» u orden del mundo de los sentidos se pueden interrelacionar: el ojo se representa como la ventana hacia un alma racional. Estas suposiciones se remontan a Aristóteles y han sido reforzadas por el pensamiento escolástico, cartesiano e ilustrado. Críticos feministas y post-estructuralistas han cuestionado este tipo de pensamiento dualista como masculinista, patriarcal y eurocéntrico y han señalado la trascendencia de formas de conocimiento no-visuales y la naturaleza culturalmente determinada del acto de ver en sí mismo6. Esto ha provocado una revaloración de la primacía cultural de la visión y, como consecuencia, una reformulación de las relaciones entre paisaje, geografía y el sentido de la vista. Ni el espacio ni la visión son temas conceptualmente sencillos. Durante mucho tiempo los espacios geográficos permanecieron encuadrados y definidos por las coordenadas de la geometría euclidiana, asociada históricamente con los estudios de la física de la luz7. Siempre que el espacio geográfico permanezca absoluto, anclado conceptualmente en la materialidad mensurable de un entorno físico externo al cuerpo humano, los paisajes geográficos más puros serán aquellos que se definan teóricamente en la ciencia espacial. Tales paisajes materializan la acción humana colectiva y racional influida por los efectos de fricción de la distancia o describen empíricamente el resultado ecológico de la ocupación humana en regiones físicas delimitadas. Los «Paisajes Löschan» de puntos jerárquicos nodales o territorios poligonales ejemplifican el primer concepto, mientras que el palimpsesto de los paisajes culturales dentro del catastro del Valle del Bajo Mississippi sería un ejemplo de este último

4 Bell, M.M., 1997, ‘The Ghosts of Place’, Theory and Society, 26, 813-36; Bishop, P., 1994, ‘Residence on Earth: Anima Mundi and a Sense of Geographical «Belonging»’, Ecumene 1, 51-64; Park, D. C., 1994, ‘To the «Infinite Spaces of Creation»: The Interior Landscape of a Schizophrenic Artist’, Annals, Association of American Geographers, 84, 192-209. 5 De Certau, M., 1988, The Practice of Everyday Life, Berkeley, University of California Press, 91-130; Deutsche, R., 1991, ‘Boy’s Town’, Environment and Planning D: Society and Space 9, 5-30; Haraway, D., 1991, Simians, Cyborgs and Women: the Reinvention of Nature, London, Free Association Books; Rose, G., 1993, Feminism and Geography, Minneapolis, University of Minnesota Press; Women and Geography Study Group of the IBG, 1984, Geography and Gender: An Introduction to Feminist Geography, London, Hutchinson. 6 Howett, C.M., ‘Where the One-Eyed Man Is King: The Tyranny of Visual and Formalist Values in Evaluating Landscapes’, Groth Paul. and Bressi T.W., eds., 1997, Understanding Ordinary Landscapes, 99-110, New Haven and London, Yale University Press.; Merchant, C., 1990, The Death of Nature: Women, Ecology, and the Scientific Revolution, New York: Harper & Row; Rose, G., 1997, ‘Situating Knowledge: Positionality, Reflexivities, and other Tactics’, Progress in Human Geography 21, 305-20. 7 Lefebvre, H., 1991, The Production of Space, Oxford and Cambridge, MA: Blackwell; Kemp, M., 1990, The Science of Art: Optical Themes in Western Art from Brunelleschi to Seurat, New Haven and London, Yale University Press.

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concepto8. Pero el estudio geográfico hoy en día abarca variadas expresiones de espacio relativo definidas por coordenadas de experiencia e intención humanas culturalmente diversas. De igual modo, la vista, la visión y el propio acto de ver —como implican estas palabras tan variadas— traen consigo mucho más que una simple respuesta de los sentidos, es decir algo más que la huella pasiva y neutra de las imágenes formadas por la luz en la retina del ojo. La vista humana es individualmente deliberada y está culturalmente condicionada. El amante ve sólo el encanto del/de la amado/-a, los habitantes de las ciudades de latitudes templadas no ven la amplia variedad de superficies nevadas que componen los paisajes polares habitados por los hablantes de esquimal9. Además, la vista en el mundo moderno es cada vez más prostética, está cada vez más dirigida y se experimenta a través de una amplia serie de ayudas mecánicas a la visión que aumentan las capacidades del ojo por sí solo: lentes, cámaras, proyectores de luz, retículas y telescopios y microscopios. La coevolución en el Occidente moderno de la experiencia y el concepto espacial así como de las técnicas y significado de la visión serán elementos centrales de mi argumentación. El paisaje cultural se puede considerar como una de las expresiones geográficas principales de esta coevolución, cuyo examen crítico es una de las preocupaciones actuales de la geografía cultural. Rastrear las relaciones entre el paisaje y la imaginación geográfica requiere un enfoque eminentemente histórico, que es el he adoptado en este ensayo. Al reconocer la situación de privilegio que Occidente ha dado al sentido de la vista, en este artículo examino modos de visión (la vista, la mirada fija, la perspicacia, la visión) y rastreo las relaciones de estos modos de ver con las diferentes formas de percibir el espacio, como por ejemplo superficie y profundidad, proximidad y distancia. Muestro cómo las imágenes del paisaje construyen, a la vez que reflejan, la expresión geográfica de identidades sociales e individuales. Esto revela asociaciones entre el paisaje e identificadores como género, clase, identidad étnica y edad. También examino la expresión de identidades sociales en el paisaje, investigando las relaciones territoriales, militares, nacionalistas, imperiales y coloniales con la tierra y sus representaciones en los mapas y en la pintura. A lo largo de este ensayo enfatizo el hecho de que la evolución de los significados del paisaje en el mundo occidental es tanto una historia de cambio en las tecnologías de percepción (cámaras, lentes, películas y retículas) y modos de representación (teorías de la perspectiva y el color) como de las relaciones visuales sin mediación alguna entre el espectador humano y el espacio material. LA VISIÓN Y EL PAISAJE Gran parte del interés reavivado entre los geógrafos culturales en las últimas décadas proviene del reconocimiento, simple pero profundo, de que el acto de ver es una actividad que se genera de manera cultural. Aprendemos a ver gracias a la mediación comunicativa de palabras e imágenes y estas formas de ver se convierten en «naturales» para nosotros. Pero el des8 Bunge, W., 1966, Theoretical Geography, Lund; Corner J., and MacLean A. S., 1996, Taking Measures Across the American Landscape, New Haven and London, Yale University Press; Tuan, Y-F., 1977, Space and Place: the Perspective of Experience, Minneapolis, University of Minnesota Press. 9 Sonnenfeld, J., 1994, ‘Way Keeping, Way Finding, Way-Losing: Disorientation in a Complex Environment’ en Kenneth E. Foot et al., eds., Re-reading Cultural Geography, Austin, University of Texas Press, 1994, 387398.

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plazamiento geográfico o el cambio cultural pueden desbaratar el acto asumido de ver, abriendo así un espacio para una reflexión más crítica sobre lo que se ve. Los intereses intelectuales de los estudios del paisaje en el campo de la geografía cultural de principios del siglo XX estaban determinados por la preocupación por la erosión urbana-industrial de lo que muchos consideraban como relaciones «naturales» entre las comunidades humanas localizadas y los ambientes físicos en los que vivían y trabajaban. Para muchos esas relaciones se hacían evidentes en modelos aparentemente inmemoriales más allá de la ciudad y el ferrocarril. En la tríada «Lugar-Trabajo-Gente» que Patrick Geddes heredó de Frederick Leplay figuraba ya una «ecología» humana10. Sea en la Picardía francesa o en la Rutland inglesa o en el Valle de Shenandoah en Virginia o en la Jutland danesa, la estabilidad de las relaciones que han ligado de manera irreflexiva la comunidad a un territorio delimitado se hacía evidente en las formas visibles de las granjas y los pueblos, los campos y las cercas, los prados y los bosques —en la morfología del paisaje cuyo uso se acercaba al uso germánico originario del Landshaft11. Designado como paisaje, pays o región, la preocupación principal de la geografía cultural era describir y dar cuenta del conjunto de formas humanas y físicas tal y como aparecían en el campo o en el mapa topográfico, cuya imagen coloreada y acotada, a una escala de entre 1:25.000 y 1:100.000 ofrecía una impresión sinóptica de permanencia morfológica. De manera implícita el ojo soberano del geógrafo debería esclarecer las fuerzas naturales y culturales que unieron la tierra y la vida, ofreciendo así una perspectiva única a la ciencia social y a la historia. En los años 1970 estaba claro que de un lado al otro de la Europa Occidental y Norteamérica y de manera creciente en el resto del planeta, los procesos de modernización que habían desconcertado antes a los geógrafos culturales eran ya continuos e imparables. Al borrar los procesos sociales que sostenían los «paisajes culturales» la modernidad había destruido su aparente naturalidad. Incluso en Francia, cuyos geógrafos consideraban que el tableau del pays rural y las comunidades campesinas habían sido la expresión visible del alma de la nación12, la emigración en masa a las ciudades había dejado regiones enteras con pueblos vacíos, granjas abandonadas, campos ampliados y una población rural envejecida. En el plazo de una generación estos mismos paisajes se llenarían de residentes veraniegos: los hijos y los nietos de emigrantes a París o Lyon que tuvieron éxito allí, ingleses y alemanes que tenían allí una segunda vivienda, neo-ruralistas románticos y teletrabajadores13. La llegada de estas comunidades introdujo nuevas presiones estéticas y medioambientales para preservar los elementos visibles de un orden geográfico redundante. Incluso en las ciudades, la aceleración de la «destrucción creativa,» por la cual el capital asegurado en forma de paisaje urbano de edificios y de infraestructuras de comunicación se emitía para 10 Matless, D., «Moral Geographies of English Landscape», Landscape Research 22(2), 141-156. 11 Cosgrove D. at al., 1996, ‘Landscape and Identity at the Ladybower Reservoir and Rutland Water’, Trans.Inst.Br Geogr. 21, 534-551; Geipel, R., ‘The Landscape Indicators School in German Geography’ in D. Ley and M. S. Samuels (eds.), 1978, Humanistic Geography: Problems and Prospects, London, Croom Helm; Olwig, K., 1984, Nature’s Ideological Landscape: A Literary and Geographic Perspective on its Development and Preservation on Denmark’s Jutland Heath, London & Boston, G. Allen & Unwin. 12 Claval, P., 1995, La Geographie Culturelle, Paris, Nathan Universite, 22-27. 13 Matless, D., 1994, ‘Rewriting the Rural’, in P. Cloke Writing the Rural: Five Cultural Geographies, London, Paul Chapman.

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reinversión y reconstrucción, negaba sentido de estabilidad ecológica y todo esto se reflejaba en la forma de construcción14. Estos cambios económicos, demográficos y culturales pronto se hicieron evidentes en toda Europa y Norteamérica y de manera progresiva se extendieron a otras partes del globo. Los problemas que rodeaban a los paisajes culturales a finales del siglo XX reflejaban nuevas formas de ver así como nuevas formas de ser y tenían menos que ver con ecologías ya establecidas de la tierra y la vida, y, más que ver con la estética y la protección medioambiental. La evolución del estudio del paisaje en el campo de la geografía cultural hacia una revisión crítica de las formas de ver tiene que entenderse en este contexto. Desde finales de los 1960 las peticiones para identificar y conservar los «valores del paisaje» llevó a los geógrafos a estudiar las diferencias que muestran los grupos sociales y de individuos en la percepción de la misma escena urbana o rural15. «Amenity» (que se podría traducir por servicio) para adoptar el término británico, era una afilada arma dentro de la política de preservación de paisajes que sustituía el orden visual por el orden social16. Los valores paisajísticos denotaban la preocupación estética y medioambiental que una población mayoritariamente urbanizada sentía por espacios rurales conocidos fundamentalmente a través de visitas de recreo, que a veces coincidían y a veces chocaban con intereses inmobiliarios excluyentes17. Los intentos «científicos» para sopesar esos valores fracasaron al darse cuenta de que el hecho de hablar del «mismo paisaje» presupone en sí mismo la habilidad de producir una imagen visual objetiva y desinteresada con la que comparar las diferentes percepciones de los testigos. Las respuestas de los observadores sondeados se equipararon con la visión desde una posición estratégica, el seguir un itinerario, el examinar una fotografía, mapa o secuencias filmadas de un lugar o área. Esto generó información útil sobre, por ejemplo, las diferencias entre residentes y visitantes, gente que se podría adscribir a diferentes grupos de edad, sexo, e identidad étnica y también sobre el reconocimiento aparentemente recurrente de características físicas significativas como barreras, mojones o senderos18. Pero los sustitutos del paisaje eran imágenes complejas y medir las respuestas conductuales a paisajes reales presuponía dar por sentado de manera colectiva lo que hace de un paisaje un paisaje en primer lugar, ignorando para ello las complejas asociaciones culturales y políticas entre el paisaje y las relaciones sociales. La consideración más breve de la diferencia en el uso común del concepto de paisaje en el inglés americano y el inglés británico hace aceptar esta opinión: para la mayoría de los americanos el paisaje es la naturaleza en estado puro

14 Harvey, D., 1989, The Condition of Postmodernity: An Inquiry into the Origins of Cultural Change, Oxford & New York, Blackwell, 4-124. 15 Penning-Rowsell, E. C. and Lowenthal, D. eds., 1986, Landscape, Meanings and Values, London, Allen and Unwin; 16 Matless, D., 1999, Landscape and Englishness, London, Reaktion Books; idem, 1999, ‘The Uses of Cartographic Literacy: Mapping, Survey and Citizenship in Twentieth-Century Britain’ en D. Cosgrove eds., Mappings, London, Reaktion Books, 193-212; Gruffudd, P., 1995, ‘Propaganda for seemliness: Clough Williams-Ellis and Portmeirion, 1918-1950’, Ecumene 2, 399-422. 17 Lorimer, H., 2000, ‘Guns, Game and the Grandee: the Cultural Politics of Deerstalking in the Scottish Highlands’, Ecumene 7, 403-431. 18 Gold, J. R., 1980, An Introduction to Behavioral Geography, Oxford; Lynch, K. 1970, The Image of the City, Cambridge Mass., M.I.T. Press.

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donde la evidencia de la presencia humana es mínima y preferiblemente inexistente19. En inglés británico, por el contrario, el paisaje está claramente humanizado, sus cualidades, similares a las de un jardín, constituyen un criterio de juicio estético significativo20. Estas diferencias son el resultado de relaciones sociales muy diferentes con la tierra, relaciones que se expresan en la propiedad de la tierra y los derechos de propiedad, en la formación de clases y las historias de colonización y explotación de recursos21. Pero los paisajes americanos y británicos sí que comparten un estatus común en cuanto a su condición de objetos percibidos y evaluados en gran medida por convenciones establecidas en relación a imágenes pictóricas. El término «formas de ver,» acuñado por el crítico de arte John Berger en 1969, reproduce la idea ya reconocida desde hace mucho tiempo entre historiadores del arte de que la acción de ver en tanto en cuanto es significativa es una habilidad aprendida22. Si bien es innegable que la vista es una función fisiológica, que no está presente en todo el mundo y que ronda el 20/20 en personas con agudeza visual normal, el uso de esta función es aprendido. La atención del niño en el proceso de establecer relaciones visuales y de dar nombres concretos a grupos de objetos percibidos mientras que se otros se ignoran está constantemente dirigida. Estos grupos varían tanto culturalmente como de acuerdo con diferencias relacionadas con la biología como son el sexo y la edad. La clase de dibujo más elemental nos obliga a reconocer esto al recordarnos las limitaciones de la visión aprendida, cuando, por ejemplo, se le pide a uno que trace la línea definitoria de un objeto percibido en lugar de dibujar «aquello que uno cree ver». El uso del sentido de la vista está conformado tanto por imágenes vistas en el pasado, por experiencias individuales, recuerdos e intenciones como por las formas físicas y los espacios materiales ante nuestros ojos. Si bien es obvio que gran parte de la visión aprendida es personal, otra gran parte también es social, gobernada por convenciones sobre lo que se debe ver, quién lo debe ver, cuándo y en qué contexto, sobre las asociaciones y significados atribuidos a una escena dada y sobre sus propiedades formales y compositivas. Un ejemplo aclarará estos aspectos culturales del acto de ver. Un óleo de principios del siglo XVI del pintor veneciano Giorgione representa a una joven núbil que yace desnuda en un «paisaje». Este paisaje pastoral está compuesto de hierba de prados y pastos bajo un árbol, extendiéndose más allá de la figura en primer plano hacia la lejanía azul, con ovejas y un pastor, y encuadrado por formas montañosas azules visibles contra un cielo vespertino. Este cuadro se inspira en un conjunto de asociaciones topográficas que se pueden seguir hasta la poesía griega y romana23. La imagen ha sido copiada y parodiada por artistas desde el cuadro original. A menudo se ha considerado a Giorgione como el pionero del género de paisaje 19 Jackson, J.B., 1984, Discovering the Vernacular Landscape, New Haven and London, Yale University Press, 9-56. 20 Daniels, S., 1993, Fields of Vision: Landscape imagery & National identity in England & The United States: 146-242, Oxford, Polity Press. 21 Cosgrove, D. Social Formation and Symbolic Landscape. 22 Berger, J., 1972, Ways of Seeing, London, BBC and Penguin. 23 Cafritz, R.C. et al. Lawrence Gowing, David Rosand, 1988, Places of Delight: the Pastoral Landscape, Washington, D.C. & New York, Crown; Cosgrove, D., 1993, The Palladian Landscape: Geographical Change and its Cultural Representations in Sixteenth-Century Italy. Leicester and London, Leister University Press 222-251; Jenkins, R., 1998, Virgil’s Experience: Nature and History: Times, Names, and Places, Oxford: Clarendon Press; New York: Oxford University Press, 131-208.

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secular en el arte occidental. Más allá del racionamiento obvio de que no todas las culturas establecerían una relación inmediata entre un dibujo superficial de óleos pigmentados sobre un lienzo (o, en esta reproducción, de puntos de tinta sobre papel blanco) y una figura humana femenina tumbada en un claro vespertino, mi reproducción de la imagen de Giorgone registra y activa toda una serie de respuestas en ti, el espectador y lector. Si mi texto no hiciese referencia alguna a la imagen, si se reemplazase por una reproducción fotográfica en color de una escena real de este tipo, si conocieses a la joven, si la imagen se utilizase para ilustrar una narración erótica o sagrada, si el lector/ espectador es una musulmana devota o un colegial americano de trece años —en cada uno de estos casos el significado de la imagen se transformaría de acuerdo con convenciones de ver también cambiadas. El cuadro de Giorgione nos pone sobre aviso de las poderosas relaciones que existen entre el acto de ver, la vista y el espacio. Para encontrarle sentido al cuadro tenemos que aceptar determinadas convenciones de representación del mundo exterior sobre una superficie plana. Entre éstas están la profundidad tridimensional del espacio representada dentro del marco y su extensión lateral más allá del marco, las reglas de perspectiva por las cuales se asume que los elementos más pequeños están más lejos y convenciones de perspectiva aérea por las cuales los elementos menos definidos y de tonos azules son los que están más lejos. Trataré estás convenciones figurativas más adelante, por eso, ahora lejos de abordarlas, consideraré el tema de este cuadro. La presencia de una figura humana desnuda en un campo abierto lleno de hierba altera las relaciones convencionales entre la vista y el espacio. Normas culturales muy fuertes confinan la desnudez humana de manera casi exclusiva al espacio privado, y definen esta privacidad como alejamiento de la vista. Lo que se puede ver, por quien y dónde se encuentran entre las consideraciones culturales más esenciales y controvertidas a la hora de dar formas al espacio social. Las geografías de lo que se puede ver están por norma general más reguladas que las de lo que se puede escuchar, oler, sentir o saborear. El poder que las convenciones de visibilidad ejercen sobre la ubicación en el caso de la desnudez se ilustra por el hecho de cómo nos sentiríamos la mayor parte de nosotros manteniendo una conversación telefónica desnudos. Las barreras u obstáculos que se ponen a la visión y a la inversa, la penetración de la visión en el espacio son factores determinantes y significativos del paisaje material. Estas convenciones culturales, activadas por esta imagen, han estado sujetas a revisión crítica en la geografía cultural reciente. El lenguaje capta parte de la rica complejidad cultural de la visión. Un vistazo es diferente de una mirada fija y la vista es diferente de la visión. Al tener en cuenta el uso activo del sentido de la vista la mayoría de las lenguas realiza una distinción básica entre ver y mirar (así en francés tenemos voir/regarder, en italiano videre/guardare). El primero sugiere el acto físico pasivo de detectar el mundo exterior con el ojo; el segundo implica un movimiento intencionado de los ojos hacia el objeto de interés. En inglés, viewing implica un uso prolongado y desinteresado del sentido de la vista mientras que witnessing «presenciar, ser testigo» sugiere que la experiencia de ver se está registrando con la intención de su verificación o posterior comunicación. Gazing implica un acto de ver prolongado en el que se despiertan emociones de algún tipo mientras que staring contiene un significado similar pero expresa un sentido de pregunta o enjuiciamiento por parte del espectador. Esta complejidad en el lenguaje de uso común relacionado con el sentido de la vista sugiere ya parte de su significación cultural en nuestras relaciones con el mundo exterior, tanto con los objetos físicos como con otra gente. 70

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Como indica el propio doble sentido de «ya veo,» las relaciones entre el acto de ver y el acto cognitivo son igualmente complejas. La «perspicacia» capta la capacidad humana para ver más allá de lo que es inmediatamente visible para el ojo, es decir la idea de que los humanos pueden ser capaces de ir más allá de la superficie que se capta físicamente hasta llegar al significado invisible. «La visión» es a la vez una función fisiológica y una capacidad imaginativa en la que de algún modo se presencian fenómenos no-materiales. Las conexiones entre la visión y la imaginación sugieren nuevas complejidades culturales añadidas al sentido de la vista y al acto de ver. La imaginación es la capacidad de crear imágenes que no existen con anterioridad en la mente de su creador y funciona con las materias primas de la experiencia (no tiene otras disponibles) para crear y dar forma a nuevos fenómenos. La imaginación está por tanto íntimamente ligada al arte humano y encuentra expresión en el mundo de cada uno de los sentidos: en la música que se oye, en la comida que se degusta, en los movimientos corporales, perfumes olidos y en las representaciones gráficas que atraen el ojo. El poder afectivo único de las imágenes visuales ha generado desde siempre ansiedad, dando lugar al control social de su producción y efectos, desde la censura de Platón de las imágenes pintadas hasta la iconoclasia religiosa, o a las preocupaciones seculares sobre la pornografía y la violencia en las películas. La regulación social apunta a una estrecha relación entre el sentido de la vista y el comportamiento físico del cuerpo, entre palabras virtuales y materiales. No logramos entender del todo la naturaleza de esa relación pero está en el centro de un intento histórico constante por parte de la cultura occidental de acercar incluso más si cabe la imagen visual y el mundo material. REPRESENTANDO EL PAISAJE Geográficamente la idea del paisaje es la expresión más significativa del intento histórico de reunir imagen visual y mundo material y es en gran medida el resultado de ese proceso. Las raíces etimológicas del paisaje radican en las conexiones sustanciales entre un colectivo humano (denotado por los sufijos -schaft, -ship, -scape) y sus derechos públicos o de usufructo sobre los recursos naturales de un área delimitada (land) como está establecido en el derecho consuetudinario. Pero desde su aparición en la lengua inglesa a finales del siglo XVI, este uso se ha subordinado siempre al del paisaje como un área de tierra visible para el ojo humano desde una posición estratégica24. Esta posición estratégica puede ser un sitio elevado, es decir, una colina o una torre desde la cual se pueda disfrutar del panorama, o también esta posición podría estar proporcionada o mejorada por un instrumento como un espejo o unos prismáticos; podría ser también el caldo de cultivo para un dibujo, un cuadro, un mapa o película25. En cualquiera de estos casos, la ubicación sirve para separar físicamente al espectador del espacio geográfico contemplado. Y, como denota el término «posición estratégica,» el paisaje establece una relación de dominio y subordinación entre el 24 Cosgrove, D. Social Formation and Symbolic Landscape: 189-222; Helgerson, R., 1992, Forms of Nationhood: the Elizabethan Writing of England, Chicago, University of Chicago Press; Turner, J., 1979, The Politics of Landscape: Rural Scenery and Society in English Poetry 1630-1660, Oxford, B. Blackwell. 25 Nuti, L., 1999, ‘Mapping Places: Chorography and Vision in the Renaissance’ in Cosgrove, Mappings: 90108; Charlesworth, M., 1999, ‘Mapping, the Body and Desire: Christopher Packe’s Chorography of Kent’, in ibid., 109-24.

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espectador y el objeto de visión que están emplazados en distintos lugares26. La posición estratégica privilegia al espectador del paisaje a la hora de seleccionar, componer y poner un marco a lo que ve, es decir, el espectador ejerce un poder imaginativo al convertir el espacio material en paisaje. La idea de una respuesta estética está implícita en este proceso. «Estética» tiene en este contexto dos sentidos: la acepción neutral en el sentido de impresión sensorial (también contenido en su opuesto: «anestésico») y una acepción más evaluativa del placer sensorial y la belleza. La impresión sensorial es la de un ojo incorpóreo que registra las cualidades formales y compositivas de una superficie que se tiende a su mirada. La relación entre tales impresiones sensoriales y la facultad de la imaginación era el tema de las diferenciaciones filosóficas de los siglos XVIII y XIX entre paisajes sublimes, bellos y pintorescos27. Las relaciones entre el paisaje y el espectador están por consiguiente doblemente distanciadas, primero por la distancia física entre punto de observación y superficie y segundo por la separación entre el ojo (cuerpo) y la imaginación (mente). Este distanciamiento, sin embargo, también da lugar a una relación de poder que privilegia al espectador sobre lo visto. La autoridad que se le ofrece al espectador del paisaje puede ser real y material, como en el caso de los terratenientes ingleses del siglo XVIII que reorganizaban los campos, los setos, los sotos y los edificios que había en sus haciendas para adaptarlos a las convenciones estéticas del paisaje: «vistas agradables»28. Hoy en día es más frecuente que se ejerza ese poder sobre el tipo de paisajes que elegimos experimentar y sobre el juicio que hacemos de ellos como turistas, excursionistas, fotógrafos, aficionados al cine o visitantes de las galerías de arte: «disfrutar del paisaje». El paisaje denota por tanto principalmente la geografía tal y como se percibe, se retrata, y se imagina. Esto no implica que el paisaje, en cuanto objeto de estudio y reflexión geográficos, sea superficial o insignificante desde el punto de vista intelectual, aunque la visión obviamente privilegia la superficie y la forma sobre la profundidad y el proceso. Pero vista y acción están íntimamente relacionadas. Un ejemplo elocuente es la denominación, demarcación de límites y administración de ciertas áreas geográficas como «parques nacionales». Este proceso comenzó en Estados Unidos a principios del siglo XX cuando algunas áreas forestales de las Montañas Rocosas y de las Sierras Occidentales, espectaculares desde el punto de vista visual, llamaron la atención de naturalistas consagrados. Muchos de ellos se sintieron atraídos por estas áreas por la reproducción que de ellas se había hecho en cuadros, dioramas y fotografías y además les fue posible acceder a ellas cómodamente gracias a las líneas de ferrocarril recién construidas29. Hoy en día se han señalado en casi todas las nacio26 Appleton, J., 1996, The Experience of Landscape, New York, John Wily & Sons, 22-5. 27 Ballantyne, A., 1997, Architecture, Landscape and Liberty: Richard Payne Knight and the Picturesque, Cambridge & New York, Cambridge University Press; Barrell, J., The Dark Side of the Landscape: The Rural Poor in English Painting 1730-1840, Cambridge, Cambridge University Press. 28 Daniels, S., 1999, Humphry Repton: Landscape Gardening and the Geography of Georgian England, New Haven & London, Yale University Press; Muir, R., 1999, Approaches to Landscape, London, Macmillan Press, 149-81. 29 Novak, B., 1980, Nature and Culture: American Landscape and Painting 1825-1875, New York; Morin, K. M., 1998, ‘Trains through the Plains: The Great Plains Landscape of Victorian Women Travelers’, Great Plains Quarterly 18, 235-56.

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nes estos paisajes protegidos y este principio se ha aplicado a todo el continente de la Antártica. Aunque la preocupación por la preservación de su flora y de su fauna ha sido siempre una poderosa fuerza que motivaba la elección y designación de estas áreas, es su apariencia visual como paisaje lo que ha mantenido convencionalmente su atractivo público. Estas áreas se han convertido en lugares de relaciones complejas y a veces incluso de controversia entre intereses científicos, sociales y estéticos alrededor de cuestiones de administración de la «naturaleza,» acceso al espacio y codificación de actuaciones30. Las implicaciones políticas se hacen notables en la designación de tales zonas como «parques» un término cuya historia denota la apropiación estética de espacios naturales para la caza, el recreo o el placer. Puede que la mayoría de los ciudadanos nunca haya visitado estos paisajes, pero los conocen y los aprecian a través de imágenes pictóricas. Muchos, por ejemplo, conocen el parque nacional americano a través de las imágenes depuradas que ofrecen las fotografías excesivamente estéticas del desierto occidental de Ansel Adams31. Las relaciones entre imagen y acción y entre lo material y lo imaginativo en el paisaje han evolucionado en conexión directa con los cambios que se han producido en las tecnologías que tienen que ver con la visión y representación del espacio. TECNOLOGÍAS DE LA VISIÓN Y EL PAISAJE Las ideas y la experiencia modernas que se tienen del paisaje han evolucionado en íntima relación, no sólo con los cambios en la propiedad y el uso de la tierra sino también con las tecnologías que se emplean para la visión y representación del espacio. En las regiones económicamente progresistas y urbanizadas de la Europa de la baja Edad Media —el norte de Italia, el sur de Alemania y Flandes— el resurgimiento de la población, el comercio y la cultura urbana tras la Peste Negra de 1350 fueron testigos de la propagación de nuevas formas de propiedad y producción rural. Cada vez más el capital y la autoridad urbanos fluían entre los núcleos urbanos y hacia el interior del país, iniciando procesos de cambio social y económico que continúan aún hoy en día. La inversión urbana hizo que la agricultura pasase de ser un modo de vida localizado, colectivo y en su mayor parte autosuficiente a convertirse en una industria a través de la que se movilizaba tierra y mano de obra para producir beneficios. Las nuevas formas de explotación de la naturaleza así como a aquellas personas que la trabajan requerían también nuevas formas de conocimiento y representación del mundo natural, primero a nivel local y finalmente a lo largo y ancho del globo. Un ejemplo de este proceso es la exigencia de registro y medidas exactas de los espacios naturales productivos con el fin de establecer la propiedad y cierto control en el marco del mercado inmobiliario. De este modo surge el invento y uso a partir del siglo XV de técnicas topográficas que incluyen manuales, instrumentos para medir distancias, ángulos, alturas y áreas y la aparición de mapas catastra30 Cosgrove, D., 1995, ‘Habitable Earth: Wilderness, Empire, and Race in America’, in D. Rothenberg ed, Wild Ideas, Minneapolis, Minn., University of Minnesota Press, 27-41; Newmann R. P., 1995, ‘Ways of Seeing Africa: Colonial Recasting of African Society and Landscape in Serengeti National Park’, Ecumene 2, 149-170; idem, 2000, Inventing Wilderness, Oxford University Press; Grove, R. H., 1995, Green Imperialism: Colonial Expansion, Tropical Island Edens, and the Origins of Environmentalism, 1600-1860, Cambridge & New York, Cambridge University Press. 31 Shama, S., 1995, Landscape and Memory, New York, A. A. Knopf, New York, 7-10.

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les y de bienes relictos. Todo ello ya era de uso común a lo largo y ancho de Europa a mitad del siglo XVI pero se mejoraría y se extendería en los siglos sucesivos para volver a trazar las fronteras de las tierras de fincas cercadas, para drenar y mejorar regiones enteras como la Cuenca del Po en Italia, los Países Bajos, el Vendée en Francia o los Fenlands ingleses, y para colonizar y apropiarse de las tierras en aquellas regiones de ultramar, recién descubiertas para los europeos32. Desde aproximadamente el 1500, en los centros urbanos de estas regiones, por ejemplo en Nuremberg, Amberes, Venecia y Florencia, los comerciantes, eruditos y artesanos creaban instrumentos, mapas y cuadros para regular y celebrar la riqueza, el poder y la belleza de su región o ciudad natal. La vista de pájaro que Jacopo de Barbari hace de Venecia o el mapa de Florencia de Roseelli en el que el artista se incluye a sí mismo sentado en las colinas en Fiesole así como la imagen en color de las torres y las agujas de Nuremberg que se erigen orgullosas en campos abiertos y el bosque real, datan todos ellos de esta época e iniciaron una larga tradición de mapas y vistas que celebran el paisaje urbano33. A esos mismos comerciantes y patricios que loan sus ciudades de este modo, se les encargan «corografías» o descripciones detalladas de sus regiones de procedencia, dibujadas y pintadas con el propósito de ofrecer una impresión visual inmediata de las tierras en las que han invertido su capital. Pero también compraban «cosmografías» para decorar sus paredes, pequeños cuadros, parecidos ya a verdaderas joyas, que ofrecían imágenes panorámicas de los extensos horizontes más allá de aquellos en los que se movía su mercancía34. Las imágenes pintadas de la ciudad y el país ofrecían oportunidades para invertir y exhibir riqueza y orgullo nacional y, para su producción, se requerían materiales costosos y una gran habilidad por parte del artista35. La popularidad de estas escenas de la naturaleza, la tierra y el espacio urbano, a las que se les dio el nombre de «paisajes» se extendió rápidamente en los siglos XVI y XVII especialmente en Holanda, Inglaterra y Lombardía, las regiones europeas en las que el avance de las formas capitalistas de posesión de la tierra fue más rápido. Desde el 1600 la invención y el rápido desarrollo de la tecnología de las lentes en los microscopios y telescopios abrió nuevos espacios para la visión humana y se recibieron con entusiasmo como instrumentos de ayuda para pintar y trazar mapas del espacio36. Este tipo de tecnología sirvió para aumentar esa identificación entre la observación empírica, el razonamiento matemático y el conocimiento, lo que llamamos revolución científica. En la jerarquía académica de las bellas artes, el paisaje fue durante mucho tiempo culturalmente inferior al arte de retratar y a los óleos que representaban acontecimientos sagrados o históricos. El gusto por el paisaje fue básicamente burgués y, a comienzos del siglo XIX, su práctica, especialmente las acuarelas, se había convertido en una marca de cultura de las clases medias. 32 Cosgrove, D., 1991, Palladian Landscape: 123-135; Mariage, T., 1998, The World of Andre Le Notre, Philadelphia Penn, University of Pennsylvania Press. 33 Schulz, J., 1978, ‘Jacopo de’ Barbari’s View of Venice: Map-Making, City Views and Moralized Geography Before the Year 1500’, The Art Bulletin, 60, 1978, 425-74; Nuti, L., 1999, ‘Mapping Places: Chorography and Vision in the Renaissance’ en Cosgrove, Mappings: 193-212; Soderstrom, O., 2000, Des Images Pour Agir: Le Visuel en Urbanisme, Lausanne, Editions Payot. 34 Wood, C.S., 1993, Albrecht Altdorfer: and the Origins of Landscape, Reaktion Books, London, 45-50. 35 Alpers, S., 1984, The Art of Describing: Dutch Art in the Seventeenth Century, University of Chicago Press. 36 Kemp, M., 1990, Science of Art.

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La realización de imágenes pictóricas del paisaje requiere destrezas compositivas y de bosquejo, incluyendo la perspectiva y la habilidad de producir apariencias realistas de un espacio tridimensional sobre una superficie bidimensional. Un aprendizaje efectivo de la perspectiva requiere una comprensión de principios de geografía similares a los que requiere la transformación de la naturaleza física en arquitectura, en la administración de las aguas, medición de la tierra, elaboración de planos, exploración y comercio. Para conseguir efectos realistas, los artistas han aprovechado constantemente medios mecánicos como la cámara oscura, lentes y prismas, espejos y superficies pulidas, material y placas fotográficas, películas y vídeo. En el paisaje, las destrezas y técnicas del topógrafo, del cartógrafo, del planificador y del artista se solapan y a menudo fueron los mismos individuos los que las han puesto en práctica, algo que era especialmente cierto en el caso del arte y la cartografía militares. Los estados europeos que surgieron de los procesos de modernización iniciados en las ciudades eran unidades territoriales a gran escala cuya supervivencia y prosperidad dependían de la defensa y administración efectivas del reino37. Los ejércitos y las armadas emprendieron la primera de estas tareas, demandando un conocimiento detallado de la topografía y de las costas para poder desempeñar su papel. El arte de la guerra ha sido siempre uno de los principales estímulos para el desarrollo tecnológico, no sólo de los medios de violencia, sino también de vigilancia, planificación estratégica y operaciones en el campo de batalla. Los topógrafos militares —a menudo artistas acreditados— enseñan a los oficiales las destrezas del dibujo, el diseño de mapas y el reconocimiento de paisajes, mientras que los oficiales navales y los marineros aprendieron a realizar bosquejos a ojo y de memoria38. Las relaciones íntimas entre la recopilación de información espacial, su clasificación así como su correcta plasmación en un plano a escala y su representación en imágenes visuales realistas se han ido perfeccionado de manera continua a través de la mecanización de la visión. La tecnología ha aumentado la importancia de la visión como el medio principal de exploración del espacio. La fotografía figura entre los avances más significativos del siglo XIX y el vuelo a motor entre los del siglo XX. El invento y desarrollo de la fotografía están íntimamente unidos a la elaboración de decorados, panoramas y dioramas: unos espectaculares paisajes pintados que se iluminaban con efectos químicos impresionantes como la luz de calcio. Y las convenciones pictóricas de la pintura paisajística se aplicaron rápidamente a la fotografía y más tarde al cine. El vuelo a motor alejó incluso más al espectador de la superficie de tierra a la vez que ofrecía al observador la posibilidad de contemplar el paisaje a la escala y desde el ángulo con los que convencionalmente se asociaban los mapas. El invento de la cámara automática aerotransportada permitió a los pilotos de la Primera Guerra Mundial filmar extensas franjas de terreno transformando el trazado así de mapas locales y la apreciación del paisaje39. Se podría encontrar cierto paralelismo entre esto y el uso que hizo Hollywood de la cámara cinematográfica para convertir a los paisajes del Oeste americano en los

37 Heffernan, M., 1998, The Meaning of Europe: Geography and Geopolitics, London and New York, Arnold, 170. 38 Martins, L.L., 1999, ‘Mapping Tropical Waters: British Views and Visions of Rio de Janeiro» en Cosgrove, Mappings, 148-168. 39 Cosgrove, D., 2001, Apollo’s Eye: A Cartographic Genealogy of the Earth in the Western Imagination, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 239-240.

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actores principales de una épica modernista de lucha por la vida y la tierra. Las convenciones estéticas del paisaje se han reforzado continuamente gracias a las novedades que han ido surgiendo en la visión mecanizada y asistida que hoy domina nuestras vidas cotidianas a través de la televisión, el vídeo, las películas y las imágenes publicitarias40. Las vistas conseguidas a través de medios mecánicos así como las imágenes del espacio como paisaje han evolucionado hasta convertirse en fotos satélite, imágenes por control remoto, simulaciones interactivas y otras tecnologías gráficas avanzadas, ofreciendo a los estrategas, planificadores y al ciudadano una vista privilegiada alrededor de la topografía del planeta, localizada, trazada a escala y manipulada casi a voluntad. La realidad virtual (VR) que emplean los estrategas militares, los arquitectos y planificadores en las aplicaciones informáticas de diseño asistido por ordenador (DAO) y que se utiliza en las películas y paquetes de entretenimiento personal permite construir en el espacio virtual tras la superficie de la pantalla del ordenador complejas e imaginarias topografías y morfologías del paisaje y crea la ilusión de entada y movimiento sin fricción a través de estos espacios. El ojo atraviesa los paisajes de la realidad virtual y si bien ciertas técnicas relacionadas permiten que se estimulen otros sentidos corporales, la acción física de los miembros del cuerpo se elimina para favorecer una experiencia puramente estética. CONSTRUYENDO EL PAISAJE PINTADO La relación siempre cambiante y en período de desarrollo ente la visión, la tecnología y el paisaje no es un asunto neutro ni desde el punto de vista moral ni desde el punto de vista político. El propio hecho de privilegiar la visión como principal medio de conocimiento del mundo devalúa otras formas alternativas de experiencia y cognición y cuando el objeto de conocimiento tiene en cuenta la naturaleza, como en el caso del paisaje, el privilegio y la desvalorización se amplían de manera más extensa geográfica, social y ambientalmente. Además, las imágenes no representan simplemente una realidad anterior, son agentes de peso a la hora de configurar esa realidad41. Por consiguiente, la mecanización de la visión ha ayudado a los individuos a mirar las escenas reales con ojos entrenados por las imágenes pictóricas, de modo que los modelos y formas del mundo exterior se han alterado para hacerlos corresponder a las convenciones del paisaje pictórico. Estudiaré este proceso antes de pasar al tema de las consecuencias de la visión y la acción del paisaje. Entre los ejemplos más elocuentes de cómo las imágenes pictóricas de la naturaleza han influido las formas en que se han abordado los espacios reales está el ejemplo del cristal de Claude de comienzos del siglo XVIII. Los jóvenes aristócratas y los hijos de los nuevos ricos comerciantes y financieros de la Europa protestante que habían sido enviados a completar su formación en los lugares clásicos y en la sociedad urbana del Sur, se encontraron con que las imágenes pintadas de la Campagna romana o de la arcadia del Mediterráneo

40 Hillis, K., 1994, ‘The Virtue of Becoming a No-Body’, Ecumene 1, 177-196. 41 Mitchell, W.J.T., 1994, ‘Introduction’ and ‘Imperial Landscape’ en Mitchell, W.J.T ed.. Landscape and Power, London, The University of Chicago Press, 1-34; Cosgrove, D. & Daniels, S., 1988, ‘Introduction: Iconography and Landscape’, en D. Cosgrove & S. Daniels eds. The Iconography of Landscape, New York, Cambridge University Press, 1-10.

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atraían a un gusto formado por la literatura latina o por geografías imaginadas de lo exótico42. Los cuadros paisajísticos del artista Claude Lorraine se pusieron de moda y se convirtieron en marcas de riqueza y estatus en la buena sociedad inglesa, vendiéndose los originales a precios muy altos y generándose gran multitud de réplicas/reproducciones. Las escenas nórdicas también pasaron a encuadrarse, componerse e iluminarse con una tenue luz mediterránea. Las imágenes pintadas pasaron a organizar la visión de paisajes reales gracias a la invención de un instrumento circular convexo denominado «el cristal de Claude» una superficie pulida de cobre con la que se podía encuadrar y teñir las vistas reales hasta parecerse a las pintadas. El uso de este instrumento requería que el espectador apartase la vista de la escena, privilegiando el ojo y distanciándolo de la realidad material de un modo tan efectivo como el de una pantalla cinematográfica o un monitor de televisión. Si bien el «cristal de Claude» fue algo efímero, su asociación con la transformación de los espacios físicos de acuerdo con los gustos pictóricos ha perdurado mucho más. El deseo de manipular y reorganizar el mundo natural de acuerdo con una imagen de perfección está muy difundido y algunos individuos con riqueza y poder han conseguido hacerlo realidad gracias al diseño de parques y jardines. En la mayor parte de las civilizaciones se ha dejado constancia histórica de este hecho43. Hay, sin embargo, una diferencia entre el jardín —convencionalmente un espacio cercado con tapia, valla o delimitado de cualquier otro modo cuyos placeres sensoriales tienen tanto que ver con el sentido del olfato, del oído, del gusto y del tacto como con la vista— y el paisaje diseñado. «La arquitectura de jardines» implicaba reformular la frontera visual entre los espacios de recreo y los espacios de producción. El jardín paisajístico es una ilusión pictórica creada a partir de los derechos de propiedad y de las estrategias de inversión del capitalismo que se mencionaron anteriormente. A menudo implicaba eliminar los derechos de propiedad de la tierra y la identidad preexistentes (denotados en el significado primigenio de «paisaje») a cambio de realizar alteraciones «pintorescas» en la tierra que venían determinadas por las preferencias estéticas. Modelar paisajes reales de acuerdo con imágenes pictóricas ha sido el la base de la arquitectura de jardines. La seña de identidad del modo en que Humphry Repton abordó el problema de cómo rediseñar las haciendas inglesas eran sus esbozos en color con solapas pegadas que se podían girar para demostrar así los efectos visuales de sus mejoras44. Los estilos cambiantes en la arquitectura y el diseño de jardines han ido constantemente parejos a los cambios que se produjeron en las artes visuales y sólo en estos últimos años se han comenzado a estudiar en la arquitectura de jardines, desde un punto de vista crítico, las implicaciones de su relación con la vista, siendo similares, en cuanto a atención a las implicaciones ecológicas, políticas y sociales de su diseño y selección se refiere, a los intereses radicales de los geógrafos culturales45. 42 Pugh, S., 1988, Garden, Nature, Language, Manchester & New York, Manchester University Press & St. Martin’s Press; Said, E., 1993, Culture and Imperialism, New York: A. A. Knopf; Birmingham, A., 1986, Landscape and Ideology: The English Rustic Tradition 1740-1860, Berkeley, University of California Press; Shama, Landscape and Memory, 453-62. 43 Warnke, M., 1994, Political Landscape: The Art History of Nature, London, Reaktion Books, 39-52; John Dixon Hunt, 2000, The Idea of the Garden, Philadelphia, University of Pennsylvania Press. 44 Daniels, S., 1999, Humphry Repton. 45 Corner, J. ed., 1999, Recovering Landscape: Essays in Contemporary Landscape Architecture, New York, Princeton Architectural Press.

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A medida que el mundo moderno es testigo de la sustitución continua de los derechos de usufructo por los derechos a la propiedad privada y la regulación de los usos de la tierra por parte de agencias estatales y a medida que la agricultura requiere una inversión cada vez menor en mano de obra humana directa, la manipulación consciente de la naturaleza como paisaje se extiende por superficies geográficas cada vez más extensas. El gusto y la moda, formados en gran medida por las convenciones pictóricas, continúan siendo factores importantes a la hora de dar forma al paisaje del mismo modo que lo son en la organización de otras posibilidades de consumo o en la construcción de identidades sociales. Puesto que el paisaje se constituye a partir del mundo cotidiano en el que vivimos, sus efectos naturalizadores se mantienen especialmente fuertes al esconder las relaciones sociales, a menudo desiguales, que expresa46. Sin embargo, los mismos procesos sociales que alejan a la gente de la dependencia directa de la tierra productiva permiten un mayor reconocimiento de las desigualdades y exclusiones que se inscriben en el paisaje y aumentan por consiguiente la resistencia a sus efectos reguladores. El paisaje se percibe cada vez más como un proceso continuado más que como una forma terminada. En tanto en cuanto proceso, la naturaleza se produce y se consume y sus significados se naturalizan en el paisaje principalmente por medio de su relación con la visión como garante de la verdad. EL PAISAJE Y EL PROCESO SOCIAL El tratamiento del paisaje como un proceso en el que las relaciones sociales y el mundo natural se constituyen mutuamente en la formación de escenas visibles, espacios vividos y territorios regulados democratiza y politiza lo que, de otro modo, sería una exploración natural y descriptiva de morfologías físicas y culturales. Así pues se introducen en el estudio del paisaje cuestiones de formación de la identidad, expresión, actuación e incluso conflicto. Estas cuestiones se han estudiado a través de la solidaridad de clase e identidad étnica y a través de la atribución y experiencia de la diferencia de género. El paisaje y la clase Hoy en día no está de moda el uso de la «clase» como una categoría significativa para el estudio del paisaje, en parte debido a la tendencia del Marxismo a reducir toda la cultura a la conciencia de clase47. Pero la historia del paisaje occidental que he trazado a grandes líneas aquí a menudo vio cómo el diseño estético y los llamamientos a la naturaleza se utilizaron para ocultar una dramática desigualdad social. En la Inglaterra del siglo XVIII por ejemplo, la relación entre la eliminación de los derechos comunales sobre la tierra y los recursos naturales y la expropiación física de las comunidades por un lado y la creación de agradables vistas de los parques paisajísticos por otro estaba ampliamente reconocida en su momento y ha

46 Daniels, S., 1989, ‘Marxism, Culture, and the Duplicity of Landscape’, en R. Peet and N. Thrift eds. New Models in Geography, vol. 2, London, 196-220. 47 Mitchell, D., 1996, The Lie of the Land: Migrant Workers and the California Landscape, Minneapolis & London, University of Minnesota Press; Cosgrove, D., 1998, Social Formation, ensayo introductorio.

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sido objeto de profundo estudio desde entonces48. «Pueblos modelo» como Nuneham Courtney, Great Tew, Brocklesby o Elsinor se erigieron a lo largo de autopistas de peaje al borde de estos parques paisajísticos para alojar a los labriegos que tuvieron que ser recolocados al encontrarse sus casas en sitios inoportunamente visibles de un lado al otro del landskip (paisaje) de su señoría, un proceso al que se le puede encontrar su paralelo en la disposición formal de la casa grande y las viviendas de los esclavos en el sur de Estados Unidos49. A menudo el diseño de los pueblos reflejaba más los pintorescos gustos visuales de los propietarios de la tierra que las necesidades prácticas de los agricultores arrendatarios. Los signos visibles de exclusión social —en forma de cercas, adornos y plantaciones— eran con frecuencia objeto de ataques y destrucción por parte de los aldeanos desahuciados. La popularidad de la que gozaban entre los terratenientes ingleses de finales del siglo XVIII las armoniosas escenas paisajísticas en las que las tareas agrícolas se desvanecían en la distancia ha sido interpretada como un reflejo de las preocupaciones de los terratenientes frente al Jacobinismo francés. La clase y el paisaje moldearon también el diseño de los parques y jardines urbanos y municipales del siglo XIX. A ambos lados del Atlántico, se generaron crisis en la sanidad y la salud así como delincuencia al hacinar en ciudades, cuyas estructuras espaciales eran inadecuadas para satisfacer las necesidades básicas, a gran número de obreros de las fábricas a los que se les pagaban sueldos ínfimos y a los que se proveía con viviendas inadecuadas. Estas crisis se hicieron evidentes en las epidemias de tifus y de cólera de mediados de siglo, que supusieron una amenaza directa para las vidas y sentimientos burgueses. La respuesta de las clases medias fue mudarse a los márgenes suburbanos de las ciudades y a rodear las quintas individuales de paisajes en miniatura basados en los diseños de los muestrarios y utilizando plantas traídas de todos los confines del planeta colonizado. Estos diseños serían los progenitores del jardín o el patio suburbano moderno50. En el espacio público, el trazado de los nuevos cementerios en las periferias urbanas así como el trazado de parques y jardines municipales aunó los principios del diseño pintoresco y los efectos reguladores de «recreación racional». Éstos pusieron en vigor elegantes paseos a lo largo de senderos serpenteantes así como la observación pasiva de la forma y el color de las arboledas y de los parterres y las obras ornamentales de herraje. Este tipo de paisajes «para ser vistos» se diseñaron como contribución tanto a la salud pública como a la educación moral de la clase trabajadora industrial. Pero el paisaje regulado no siempre encajaba con las exigencias de recreo de estos grupos. En Boston, Nueva York y Chicago, por ejemplo, entre los trabajadores industriales inmigrantes se preferían los campos de béisbol a los parterres51. La capacidad que tiene el paisaje para ocultar y suavizar visualmente las realidades de explotación y para «naturalizar» aquello que constituye un orden espacial socialmente elabo48 Barrell, Dark Side; Daniels, S. and Seymour S., 1990, ‘Landscape Design and the Idea of Improvement’, en R.A. Butlin (eds.), 1990: An Historical Geography of England and Wales, second edition, London, 487-520; Rosenthal, M., Payne C., and Wilcox S., 1997, Prospects for the Nature: Recent Essays in British Landscape 1750-1880, New Heaven and London, Yale University Press. 49 Stewart, L., 1995, ‘Louisiana Subjects: Space and the Slave Body’, Ecumene 2, 227-246. 50 Preston, R., 1994, ‘«The Scenery of the Torrid Zone»: Imagined Travels and the Culture of Exotics in Nineteenth-Century British Gardens’, F. Driver and D. Gilbert (eds.) Imperial Cities, Manchester and New York, Manchester University Press, 194-214. 51 Young, T., 1995, ‘Modern Urban Parks’, Geographical Review 85, 535-55.

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rado continúa hasta la actualidad. El paisaje agrícola de California, representado desde hace mucho tiempo a través de imágenes utópicas de una ruralidad edénica compuestas de bosquecillos de naranjos, campos de fresas, palmeras y rosas colocadas sobre un fondo de lejanas montañas azules bajo un cielo dorado, oculta continuas, y con frecuencia, brutales luchas por la tierra y el agua entre terratenientes y braceros inmigrantes52. Estos últimos, viviendo en campamentos de caravanas que riegan con menos cuidado que las cosechas que cultivan y curtidos por la luz del sol y los productos químicos que producen la «perfección» hortícola, son tan invisibles en las imágenes convencionales del paisaje de California como lo son en las autopistas del estado. La capacidad que tiene el paisaje para ocultar bajo una superficie lisa y estética la mano de obra que lo produce y lo mantiene es un resultado directo de sus cualidades pictóricas y de su identificación con la «naturaleza» física, situando lo histórico y lo contingente más allá de toda reflexión crítica. El paisaje y la identidad étnica Al igual que con la clase, la diferenciación de la gente por medio de diferencias naturales o biológicas atribuidas encuentra un medio de expresión y de refuerzo en el paisaje. La raza es un modo de diferenciación social basado en las diferencias visibles entre los cuerpos humanos. Un ejemplo obvio y relativamente inocuo de la incorporación de la raza al paisaje es el «barrio chino» que existe en la mayoría de los centros metropolitanos, indicado por un repertorio estándar de símbolos arquitectónicos y gráficos que a menudo sustituyen antiguas formas espaciales de exclusión y de demarcación espacial mucho menos inocentes53. El concepto de «raza» o el que es más corriente hoy en día «identidad étnica» atribuye importancia a las distinciones visibles en cuanto al color de la piel, fisonomía y forma corporal. Una colección chocante de fotografías que la artista inglesa Ingrid Pollard tomó en los años 1980 centraba su atención en las conexiones normalizadoras entre el paisaje y la identidad étnica. Como mujer negra, las imágenes de Pollard pretenden captar tanto el apego negativo a la naturaleza inglesa como el sentido de encontrarse «fuera de lugar» excluida de un paisaje rural. Implícita, y a veces explícitamente, la cultura inglesa sitúa a la gente negra en las ciudades, haciéndolos parecer inoportunos en el paisaje inglés. El impacto de sus fotografías radica en el reto que suponen para esas expectativas visuales. Las relaciones entre el paisaje y la identidad étnica son mucho más profundas que la presencia visible de «forasteros, intrusos» en una escena paisajística. La conservación, el diseño y la apariencia del paisaje ha hecho uso de la teoría y lenguaje ecológicos para determinar la conveniencia de elementos paisajísticos, valiéndose para ello de la autoridad que tiene la ecología como ciencia para determinar «acontecimientos» naturales y la propiedad de ubicación. El indigenismo americano da cuenta en parte de la influyente «Escuela de la Pradera» de arquitectura paisajística y sus sucesores en California y Arizona. Al igual que el arquitecto del paisaje Willy Lange en Alemania, los partidarios de esta escuela abogaron por 52 Barron S. et al., 2000, Made in California: Art, Image, and Identity 1900-2000, Los Angeles County Museum of Art & University of California Press, 65-101; Mitchell, Lie of the Land. 53 Lai, D. C., 1997, ‘The Visual Character of Chinatowns’ en P. Groth and T. W. Bressi (eds.), Understanding Ordinary Landscapes, New Heaven and London, Yale University Press, 81-84.

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utilizar sólo «plantas autóctonas» en el paisaje público de jardines y parques justificando su selección en función de las relaciones ecológicas naturales. A la luz de nuestro conocimiento de la evolución y migración continua de plantas y animales, el concepto de especies autóctonas con derechos exclusivos a estar presente en el paisaje parece un producto totalmente cultural, cuyas raíces se encuentran en preocupaciones no estudiadas por la identidad y por las evaluaciones morales normalizadoras. Un cuerpo significativo de investigación histórica en la Historia del Medio Ambiente en los últimos años ha demostrado las estrechas conexiones epistemológicas y prácticas que existen entre la identificación y la clasificación de las plantas, los encuentros ecológicos a nivel mundial, el imperialismo europeo, la transformación del paisaje y el ambientalismo moderno. El proceso vinculaba los paisajes imaginativos del Edén y la Arcadia con los paisajes reales de las islas tropicales y de los jardines botánicos54. El paisaje y el género El poder naturalizador del paisaje deriva también de la naturaleza de género. La relación histórica entre el paisaje y la modernidad y el privilegio epistemológico de la visión incorporan un discurso cambiante del patriarcado. La influencia duradera de la teoría aristotélica de la animación que marcaba el razonamiento silogístico como un atributo masculino adulto colocaba esta denotación en el punto más alto de una jerarquía de conciencia y vida que se extendía hacia abajo desde las mujeres, los niños, los bárbaros, los esclavos, los animales y las plantas hasta llegar a la materia inanimada. Por consiguiente, a la cultura se le concedían atributos masculinos y a la naturaleza femeninos. Esta cadena patriarcal del ser se reforzó en los primeros años del siglo XVII, notablemente en la formulación que Francis Bacon hizo de la ciencia empírica como el medio por el cual una mente masculina activa subordinaría a la materia prima pasiva femenina. En las clasificaciones de las artes de acuerdo con el género que perduraron hasta el siglo XX, las imágenes y representaciones de las «grandes hazañas de los hombres destacados» —en el teatro trágico, la poesía épica o la pintura histórica— demandaban el mayor de los respetos y se representaban y ubicaban en los paisajes públicos de poder urbano. Los asuntos del corazón y de la vida privada, expresados en la poesía lírica o registrados en el arte de retratar se relegaban a un paisaje doméstico, ajardinado y poblado de mujeres y niños mientras que los campos y las granjas eran el marco para ordinarieces rústicas expresadas en verso blanco indocto. El desierto sin cultivar seguía siendo la morada de sátiros semihumanos, salvajes y monstruos. Las imágenes del paisaje podían codificarse instantáneamente de acuerdo con una jerarquía social de género. El emplazamiento del género al lado de la clase social en el espacio y la cultura abrió el camino para una explotación más explícita puesto que la razón matemática se vinculó estrechamente a la observación y al dominio de la naturaleza por la ciencia moderna. La Venus de Giorgone, de la que hablamos más arriba, es un ejemplo temprano de cómo el cuerpo humano, presentado como un objeto de deseo erótico para placer visual de un sujeto implícitamente masculino (como previsiblemente era de esperar tanto el artista como el mecenas eran hombres) está pintada en un «estado natural,» siendo ésta la finalidad de la desnudez de 54 Grove, Green Imperialism.

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la mujer y su posición en el paisaje, aspectos estos que de otro modo resultaría absurdos. En la narración clásica de un «descubrimiento» de este tipo, al espectador masculino se le castiga por su voyerismo reduciéndolo a un estado natural. Así Actea se convirtió en un ciervo al que mataron sus propios perros de caza por el error de contemplar a Diana bañándose. En la formulación moderna, sin embargo, el cuerpo femenino se asocia completamente con la naturaleza y ambas, por su condición de propiedad pasiva de los hombres, están abiertas a una mirada penetrante e intransigente. Con frecuencia se ha criticado el placer intensamente visual que implica la representación y visión de la naturaleza como paisaje por tratarse de una expresión irreflexiva del poder patriarcal expresado en un erotismo masculino explícitamente heterosexual. La asociación de las formas topográficas lisas y serpenteantes líneas «de la belleza» del paisaje pintoresco con el cuerpo femenino tiene una larga historia55. El problema va más allá de lo puramente representacional: la explotación de la «tierra» virgen por la agricultura y las practicas de extracción a gran escala se han legitimado desde hace tiempo apelando a la ciencia racional con un lenguaje de conquista, control y subordinación. Las relaciones alternativas de la tierra con el pensamiento racional y la objetividad asociados con la visión se han desvalorizado en parte por su asociación con el sentimiento y la bondad. La lógica, la lengua y la imaginería de la ingeniería paisajística del siglo XX, observable por ejemplo en las grandes presas del oeste americano o de la antigua Unión Soviética o en la propuesta de Edward Teller denominada «Project Ploughshare» (Proyecto Reja del Arado) y consistente en explosiones nucleares ambientales para excavar canales y puertos, tienen claras conexiones de género56. Mientras que las formas que adopta el patriarca para presentar la feminidad son variadas y contradictorias —así se la presenta como irracional, inexplicable e insensata con tanta frecuencia como sentimental, dulce y dócil— la subordinación de la naturaleza al poder controlador de la razón e ingenuidad masculina es un tropo constante. Críticos y artistas feministas han intentado reformular las asociaciones modernistas entre el paisaje, el cuerpo y la feminidad, y lo han hecho enfatizando el cuerpo como constructo social y su potencial creativo y señalando las posibilidades de volver a ver la naturaleza en términos de cuerpos masculinos y masculinidades alternativas57. PAISAJE: TERRITORIO E IDENTIDAD Si los procesos sociales incorporados al paisaje se normalizaron a través de las cualidades «naturales» de este último, la escena visible hace algo más que simplemente reflejar la imposición de distinciones culturales previas, sirve para regular y poner orden en las relaciones sociales. Este aspecto disciplinario del paisaje se ha estudiado profundamente y es 55 Mulvey, M., 1989, Visual and other Pleasures, Houndsmills, Macmillan; Nash, C., 1996, ‘Reclaiming Vision: Looking at Landscape and the Body’, Gender, Place, Culture 3, 149-69. 56 Kirsh, S., et al., 1998, ‘Nuclear Engineering and Geography’, Ecumene, 5, 263-322. 57 Norwood, V. & Monk, J. eds., 1987, The Desert is No Lady: Southwestern Landscapes in Women’s Writing and Art, New Haven, Yale University Press; Pratt, M. L., 1992, Imperial Eye: Travel Writing and Transculturation, London & New York, Routledge; Bunn, D., 1994, ‘«Our Wattled Cot»: Mercantile and Domestic Space in Thomas Pingle’s African Landscapes’ in W.J.T. Mitchell ed. Landscape and Power, London, The University of Chicago Press, 127-174.

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mucho más evidente en paisajes militares o carcelarios que implican o bien una amenaza explícita o bien el ejercicio de la violencia. J.B. Jackson ha escrito sobre los paisajes militares de los que tuvo una experiencia directa cuando fue oficial de inteligencia en la Segunda Guerra Mundial en la Francia de 194458. Los paisajes trazados por los geógrafos vidalianos fueron reducidos a sectores y zonas simplificados e identificados por la codificación en color de banderas y emblemas. Los soldados acabaron viéndolos precisamente de ese modo y en muchos casos los bombardeos los reducían a poco más que a eso59. En las guerras coloniales del siglo XX en Sudáfrica, Malasia, Vietnam y Kenia, por ejemplo, una práctica constante por parte de las fuerzas coloniales era el alejamiento de la población rural esclavizada bajo la custodia protectora de los «pueblos» defendidos para evitar la infiltración de las guerrillas y para despejar el espacio para la guerra convencional60. Esto significó el tener que deshacerse de pueblos, casas de labranza y de la protección natural para privilegiar la visión y las tecnologías militares basadas en el sentido de la vista. La guerra «convencional» se refiere en realidad a las formas de combate militar desarrolladas en los paisajes agrícolas de la Europa Occidental (de ahí es de donde deriva la palabra «campaña»). Los paisajes militares se podrían considerar como la expresión más pura del paisaje típicamente moderno cuyas formas vienen determinadas por divisiones espaciales lineales claramente delimitadas por una visión uniforme y prácticas de exclusión. La expresión más coherente de esta territorialidad es el estado-nación, cuya base inicial era un concepto de colectividad social expresado en un concepto ecológico de carácter de nación apegado a la tierra. Su difusión mundial es en gran medida resultado del imperialismo y colonización europeos. En cuanto a entidad geopolítica el estado-nación ha hecho uso de los poderes naturalizadores del paisaje visible como de los disciplinarios. Naturaleza, nación y paisaje Mientas que el estado territorial continúa siendo la base primaria de la identidad social para la mayoría de los pueblos del mundo, procesos contemporáneos como la descolonización, la globalización económica y cultural, la migración internacional de la mano de obra y las nuevas tecnologías de la comunicación han cambiado los lazos de lealtad entre el estado y muchos de sus ciudadanos. El proceso ha permitido un estudio crítico de las formas tradicionales en que se forjaba esa lealtad, especialmente dentro de los estados-nación europeos, hoy en día negociando las nuevas relaciones entre territorio, ciudadanía e identidad en el marco de la Unión Europea61. En la actualidad es más fácil reconocer la contingencia de esas relaciones que durante largo tiempo parecían naturales y permanentes. Entre las relaciones más estrechas que existen entre la nación y el estado está el paisaje material. Mientras que las 58 Jackson, Discovering the Vernacular Landscape, 131-38. 59 Clout, H., 1999, ‘Destruction and Revival: the Example of Calvados and Caen, 1940-1965’, Landscape Research 24, 11140; John R. & George R. et al., 1999, ‘Landscape of Defense’, Landscape Research 24, 229-320. 60 Sioh, M., 1998, ‘Authorizing the Malaysian Rainforest: Configuring Space, Contesting Claims and Conquering Imaginaries’, Ecumene, 5, 144-166. 61 Agnew, J., 1998, ‘European Landscape and Identity’, en B. Graham ed. Modern Europe: Place, Culture and Identity, London & Sydney & Auckland, Arnold, 213-235; Cosgrove D. et al., ‘Cultural Landscape’, en T. Unwin, ed. European Geography, New York, Longman, 65-81.

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naciones son comunidades creadas, en las que ningún ciudadano llegará a intimar con cada uno de sus conciudadanos, son también territorios imaginados, puesto que ningún ciudadano puede llegar a conocer íntimamente la tierra de su propio estado62. Las figuras icónicas de la naturaleza y del paisaje nacional han desempeñado un papel muy importante en la conformación de los estado-nación modernos puesto que son las expresiones visibles de una relación natural entre un pueblo o nación y el territorio o naturaleza que ocupa. Quizás el ejemplo más claro de este proceso sea Alemania, donde la Geografía académica tuvo un papel crucial en el discurso del carácter territorial de nación encuadrado en términos de cultura, paisaje, comunidad y patria (heimat). Fue precisamente de la geografía cultural alemana de donde surgió el paisaje como un concepto clave, generando técnicas como «indicadores visibles del paisaje» para distinguir regiones culturales. Las ideas de límite territorial y paisaje físico están muy arraigadas en la formación de la conciencia nacional alemana. Los humanistas del siglo XV de Nuremberg, Augsberg y Ulm cuyos estudios filosóficos crearon un lenguaje literario alemán también promovieron el trazado de mapas de áreas locales y la pintura paisajística para celebrar la creencia en Germania63. La de ellos era una kultur diferente, no afectada por la interferencia romana —tanto papal como imperial— un baluarte de auténtica virtud cristiana ante la decadencia mediterránea y la barbaridad eslava. La característica topografía alemana de roca herciniana, tupidos bosques y páramos rasos comenzaron a figurar como las fuerzas conformadoras del carácter teutónico. Nacionalistas románticos de principios del siglo XIX como Caspar David Frederick o los hermanos Grimm sintetizaron estos elementos en paisajes icónicos de cruces de hierro colocadas entre peñascos, pinos y dólmenes. Cuando Alemania se unió como una nación estado en 1880 bajo el dominio de Prusia, Berg und Wald (la montaña y el bosque) afirmaron una autoimagen musculosa, de modo que en la creación de los grandiosos monumentos públicos erigidos por el Conde Bismark se emplearon granito, hojas de roble y una cruz de hierro para conmemorar al fundador del estado moderno64. Kulturlandschaft fue el elemento central de la investigación geográfica en las universidades alemanas de finales del siglo XIX, reflejando así las preocupaciones dentro del nuevo estado por sus límites territoriales y unidad cultural. A diferencia de Francia o Gran Bretaña, la distribución de los hablantes de alemán no se correspondía con ningún limite demarcado físicamente. Los geógrafos respondieron por tanto a la idea cultural de una profunda relación entre la Volk alemana y su suelo, una psicología social que capta a la perfección el concepto de heimat y que resulta visible en las formas de asentamiento singular del pueblo alemán. Los indicadores paisajísticos, como son la forma de las casas, la morfología del pueblo, el patrón de los campos y los cercados definieron el verdadero paisaje alemán como una unidad ecológica entre la naturaleza y el pueblo65. La tradición de la geografía de los 62 Anderson, B., 1983, Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, London, Verso; Hooson, D., ed., 1994, Geography and National Identity, Oxford & Cambridge, Basil Blackwell. 63 Shama, Landscape and Memory, 75-120; Wood, Albrecht Altdorfer. 64 Michalski, S., 1998, Public Monuments: Art in Political Bondage 1870-1997, London, Reaktion Books, 5676; Lang, K., 1996, ‘Monumental Unease’, en F. F. Hahn ed., Imagining Modern German Culture, 1889-1910, Washington & Hanover, University Press of New England. 65 Sandner, G., 1994, ‘In Search of Identity: German Nationalism and Geography, 1871-1910’, en Hooson Geography and National Identity, 71-91.

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asentamientos y el paisaje trajo terribles consecuencias en los años cuarenta con la replanificación que se llevó a cabo en las tierras conquistadas en el este para conseguir que se asemejasen a los Kulturlandschaften alemanes. Esta tradición continúa resonando hoy en día en la conservación del paisaje. Paralelos menos dramáticos que la correlación que existe en Alemania entre la gente y el paisaje territorial se pueden encontrar en todas y cada una de las naciones europeas. Se hacen evidentes en los paisajes icónicos de las tierras bajas, los sotos, los setos y la aguja del pueblo pintadas en los mapas topográficos ingleses del los años veinte y en el tapiz de las laderas de las colinas salpicadas de árboles frutales y viñedos agrupados alrededor del campanario de una ciudad amurallada que los pintores italianos Macchiolini realizaron durante los años de la unificación italiana. También se pueden observar en los retazos de pequeños campos, casitas de campo enjalbegadas y piedra caliza desnuda bañada por las grandes y violentas olas del Atlántico que los nacionalistas irlandeses intentaron preservar como los paisajes auténticos de la nación celta y católica en el Gaeltacht66. En cada uno de estos casos las imágenes pictóricas han servido como vehículos de expresión del orgullo e identidad nacional a través de paisajes específicos y con frecuencia poco representativos desde el punto de vista geográfico. Incluso en la ex-Unión Soviética, a pesar de su ideología secular y expresada creencia en la conquista humana del mundo a través del socialismo y comunismo, pintores, cineastas, poetas y novelistas celebraron las características geográficas exclusivas del paisaje ruso como elementos que expresan la identidad y el propósito colectivos rusos67. Han sido las expresiones materiales de esos paisajes icónicos las que han estado sujetas a regulación como medida de preservación de su apariencia visual. Otra vez más, los parques nacionales ofrecen ejemplos obvios. La propia designación de estos parques articula una relación entre una nación y la zona de naturaleza característica. Los primeros parques nacionales que se crearon en el oeste de los Estados Unidos datan de las décadas de fin-desiecle, una época de intensa autodefinición nacionalista a través del paisaje. La importancia cultural del desierto en cuanto a paisaje americano característico, especialmente en los años que siguieron a la definición que Frederick Jackson Turner hizo de la frontera del oeste como la base de la democracia americana ha sido objeto de detallados estudios68. Los parques americanos establecieron un modelo que más tarde adoptarían prácticamente todos los países del mundo, un modelo para preservar áreas del territorio nacional a partir de su valor paisajístico y declarándolas patrimonio natural de la nación. El paisaje de los parques varía dependiendo de las características paisajísticas naturales y culturales que se consideran significativos para la imagen de la nación. Así, los parques británicos están habitados y se cultivan, pero están situados casi de manera exclusiva en las tierras altas caracterizadas por una extensa topografía glacial, una vegetación típica de los páramos y por la industria del ganado lanar, un marco cultural específico de interpretaciones nacionalistas del

66 Agnew, J., 1998, ‘European Landscape and Identity’; Graham, B., 1997, In Search of Ireland: A Cultural Geography, London & New York, Routledge. 67 Bassin, M. et al., 2000, ‘Landscape and Identity in Russian and Soviet Art’, Ecumene 7, 249-336. 68 Cronon, 1996; Nash, F., Wilderness of American Mind; Turner, F.J., 1894, ‘The Significance of the Frontier in American History’, en idem. Frontier and Section: Essays by Frederick Jackson Turner con introducción de John Alexander Carroll, El Paso Texas, Texas Western College Press for Academic Reprints.

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paisaje69. Al contrario, en Sri Lanka, el parque de Yala, el principal parque nacional situado en el sureste de la isla, es una jungla-seca de tierras bajas, una antigua región colonial de caza mayor, ahora protegida. Pero la importancia nacional de Yala procede de su importancia arqueológica para Sinhala, políticamente dominante, y las relaciones históricas con la minoría tamil de la isla. Es un paisaje en contienda, con frecuencia cerrado a los visitantes por la amenaza que suponen las guerrillas separatistas que encuentran refugio en estos espacios deshabitados70. La limpieza, delimitación y purificación de espacio que creó y todavía sostiene paisajes de este tipo, fueron una característica recurrente del colonialismo europeo del siglo XX y los geógrafos culturales los consideran expresiones de los mismos procesos que dieron lugar a los paisajes estéticos en las haciendas privadas recién reorganizadas71. La «naturalidad» de los parques nacionales se ha generado de manera cultural y se mantiene gracias a una estricta administración del uso de la tierra. Los indicadores culturales a menudo están ausentes, y de hecho, los ocupantes de muchos parques nacionales americanos han sido desalojados a la fuerza muchas décadas antes de que se diseñaran los propios parques. Una de las inscripciones de sentimiento nacional en el paisaje natural más atrevidas e intensas es el monumento labrado en el monte Rushmore en Dakota del Sur. Muestra las cabezas de cuatro presidentes americanos y se inscribe en una antigua tradición de monumentales paisajes conmemorativos que personifican el poder masculino inconfundiblemente blanco. Este monumento está situado en la región donde los Indios de las Planicies fueron derrotados y confinados en las reservas. El control del paisaje es tanto un acto simbólico como material como demuestran los monumentos erigidos en los campos de batalla72. Las capitales de todos los estados-nación son paisajes diseñados cuyo trazado de calles, espacios abiertos, edificios y monumentos inscriben siempre mitos de fundación, memoria pública, estructuras constitucionales e individuos heroicos en un sentimiento iconográfico de la nación73. La iconografía de estos paisajes urbanos ofrece también la oportunidad de desafiar, resistir y subvertir los significados oficiales, como atestigua el destino que tuvieron las estatuas de Lenin en todas las naciones de la antigua Unión Soviética. El paisaje colonial W.T. Mitchell ha denominado el paisaje como «el sueño del imperio». Con este apelativo se está ludiendo a las percepciones, suposiciones y prácticas sociales y espaciales que acom69 Shoard, M. ‘The Lure of the Moors’, en Gold, J. R. & Burgess J. eds., 1982, Valued Environments, Boston, G. Allen & Unwin. 70 Jazeel, T., 2000, ‘Exploring Srirankan Identities Through Territory: Ruhuna National Park’, ensayo todavía sin publicar. 71 Daniels, S. & Seymour, S., 1990, ‘Landscape Design and the Idea of Improvement’ en R.A. Dodgshon & R.A. Butlin eds., An Historical Geography of England and Wales, Second edition, London, 487-520. 72 Atkinson, D. & Cosgrove, D., 1998, ‘Urban Rhetoric and Embodied Identities: City, Nation, and Empire at the Vittorio Emanuele Monument in Rome 1870-1945’, Annals, Association of American Geographers 88, 28-49; Shama, Landscape and Memory, 385-401; Warnke, Political landscape, 53-74. 73 Bell, J., 1999, ‘Redefining National Identity in Uzbekistan: Symbolic Tensions in Tashkent’s Official public Landscape’, Ecumene 6; Michalski, Public Monument, 105-153; Smith, T., 1999, ‘«A Grand Work of Noble Conception’: the Victoria Memorial and Imperial London» in Driver & Gilbert, Imperial Cities, 21-39; Till, K. ‘Staging the past: landscape desings, cultural identity and Erinnerungspolitik at Berlin’s Neue Wache’ Ecumene, 6, 1999, 251-83.

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pañaron la expansión hacia las regiones no europeas del globo. Los estudios postcoloniales han visto el paisaje como un concepto valioso a la hora de examinar los aspectos culturales del colonialismo. El hecho de que la colonización, por definición, implique apropiación y ocupación de la tierra permite una completa reformulación del antiguo interés que tenían los geógrafos culturales por el traslado al extranjero, la difusión y simplificación de los medios de ocupación europeos74. La colonización supuso cierta ceguera a los paisajes culturales preexistentes, algo que se hizo evidente en su consideración como «nuevos mundos» junglas o edenes recién descubiertos. Los anteriores ocupantes se asociaban con la naturaleza por medio de un número limitado de tropos paisajísticos que provenían del bagaje de estereotipos europeos: inocentes de la edad de oro, salvajes sin domesticar, caníbales, cazadores y recolectores nómadas y pastorales. En cada uno de estos casos se los consideraba más como súbditos de las naturaleza que como sus amos. Sus paisajes no podían por tanto ser «culturales». Un rasgo constante en la administración europea del espacio colonial era el proceso impuesto de sedentarización de las poblaciones nativas y el reparto de la tierra de usufructo en solares y terrenos con límites determinados. Esto era a la vez un medio de control corporal, de explotación económica intensiva y de aceleración de lo que los colonizadores consideraron que era la «evolución» cultural de los pueblos indígena75. El resultado fue un nuevo paisaje cuyo orden visible denotado por líneas de propiedad valladas, granjas y pueblos distribuidos geográficamente provocó la inevitable comparación con el pintoresco paisaje europeo76. El orden que se evidenciaba en el paisaje se convirtió para los ojos europeos en una justificación de la misión colonizadora. Se ignoró por completo la evidencia de la anterior transformación del paisaje por parte de los indígenas y por supuesto el conocimiento espacial y medioambiental de los indígenas, necesario para la exploración, trazado de mapas y asentamiento europeos iniciales. Sólo en época reciente los geógrafos culturales se han dedicado al estudio de manera sistemática de los complejos cambios y adaptaciones indígenas al paisaje durante la fase de contacto77. Los ojos imperiales lo veían todo con lentes europeas, tanto de manera real como metafórica. Las tecnologías de la visión que transforman la Europa rural en paisaje se aplicaron a estos «otros» espacios. Se educó a soldados, marineros, exploradores científicos, así como a artistas en las técnicas de observación, topografía y bosquejo de paisajes. Sus representaciones eran poderosos elementos para enviar conocimientos de los países exóticos «distintos» a los centros imperiales que elaboraban y reforzaban las geografías imaginativas del imperio. Cuando se estudian desde un punto de vista crítico, se pone de manifiesto que estas imágenes del paisaje son creaciones híbridas que reflejan el encuentro de convenciones visuales creadas en los países de origen y la necesidad de dejar constancia de las formas, fenómenos y ambientes que en realidad se vieron para las que esas convenciones fueron un vehículo de expresión inadecuado78. La comprensión de este hecho se refuerza aún más al estudiar no 74 Norton, W., 2000, Cultural Geography: Themes, Concepts, Analyses, New York, Oxford University Press, 96-97. 75 Noyes, J., 2000, «Nomadic Fantasies: Producing Landscapes of Mobility in German Southwest Africa», Ecumene 7, 47-66. 76 Doughty, R. 1982, Making home in Texas, Austin, Texas, University of Texas Press. 77 Lewis, M History of Cartography, Vol. 2. 78 Martins, ‘Mapping Tropical Waters.’

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tanto la mera superficie concluida sino los procesos de creación de imágenes. En las imágenes del paisaje así como en la creación material de los paisajes coloniales, los imperativos geopolíticos y económicos chocaban con los principios morales y esas contradicciones todavía resuenan en el presente. Así pues, la despreocupación malasia ante la desaparición de la selva tropical, escandalosa para los occidentales, hay que entenderla en el marco de complejos patrones de propiedad, cultivo, administración y conflicto que daban forma al paisaje de la plantación y a la jungla colindante79. LAS LIMITACIONES DE LA VISIÓN PAISAJÍSTICA La asociación imaginaria entre naturaleza externa y el cuerpo humano, sin tener en cuenta el sexo, es algo común a varias tradiciones culturales y se representa en variadas imágenes de microcosmos y macrocosmos. Esta asociación brinda la oportunidad de ir más allá del paisaje puramente visual hacia encarnaciones de la naturaleza en la ocupación y diseño humano mucho más imaginativas y abarcadoras. La geomancia, por ejemplo, reconocida desde hace tiempo como un elemento clave tanto para el arte paisajístico como para el diseño de jardines en China, Corea y Japón y cada vez más popular en el diseño de interiores en Occidente, continúa formando el paisaje modernista de las ciudades asiáticas. Determina en cierta medida la ubicación de los edificios de oficinas, las casas y las tumbas, e incluso influye en los heroicos proyectos de ingeniería modernistas como son la construcción de las presas de los grandes ríos chinos. Feng-shue, literalmente «viento-agua», hace referencia a los elementos que animan la forma natural, a los procesos que dan forma al paisaje más que a sus estructuras y diseños visibles. De acuerdo con esta percepción de la tierra y la vida, el cuerpo de la tierra y los cuerpos de todos aquellos que habitan el mundo deberían armonizarse para que el Qi fluya sin obstáculos a través de las cosas. Esto aleja la atención prestada al paisaje de la visión y la conducta hacia una aproximación mucho más amplia, a la vez que sensual y cognitiva. Se corresponde con el enfoque menos normativo sobre las relaciones entre el cuerpo y la naturaleza que ahora favorecen los estudios geográficos de espacios de género, espacios sexuados y espacios para capacitados y discapacitados. Los paisajes se pueden estudiar por tanto bien en cuanto al papel que desempeñan en la capacitación y respuesta a la compleja actuación de significados e identidades inscritas en el cuerpo más que simplemente como objetos distanciados de visión racional. El estudio del paisaje permanece profundamente enclavado en la geografía cultural. Se nutre de enfoques y técnicas que se han desarrollado hace más de un siglo. El resultado lógico del modo en el que paisaje se ha convertido en un objeto de interés académico es el énfasis que se le ha dado a las formas visibles dentro del paisaje y esto sostiene la importancia continuada de un amplio abanico de técnicas de investigación que van desde el trabajo de campo hasta la interpretación iconográfica crítica. Los paisajes reales y su estudio son la expresión geográfica de una cultura moderna que ha enfatizado de manera especial el ojo y la visión como la base de poder y conocimiento. Los intentos de destronar la soberanía de la 79 Sioh, M., 1998, ‘Authorizing the Malaysian Rainforest’. Jin, J., 2000, ‘The Influences of the Idea of Poongsoo on the Traditional Mapping of Korea’, artículo no publicado.

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visión se han basado en los escritos teóricos e históricos de pensadores como Michel Foucault y Martín Jay, quienes han estudiado las estrechas relaciones entre la visión y el ejercicio represivo de poder. Sin embargo se puede exagerar también una interpretación crítica de poder visual y de observación del paisaje en cuanto a expresión material y simbólica de la autoridad unidireccional. Los mejores estudios críticos del paisaje hoy en día enfatizan la dualidad de la visión, la mirada devuelta y la capacidad que tienen los sujetos que ven para cuestionar su «elaboración» en una prisión del paisaje. Hay también un reconocimiento creciente de que el ojo humano siempre está inscrito en el cuerpo, de que la visión no se puede deslindar completamente de los otros aspectos sensuales, cognitivos y afectivos de la conducta humana. Estos cambios nos ponen sobre aviso de los aspectos preformativos de toda actividad espacial. El paisaje geográfico no ha desaparecido por completo con el paisaje histórico y si bien la «contemplación» de la naturaleza ciertamente ha resultado muy significativa a la hora de conformar la geografía cultural del mundo moderno y sus estudios, el ojo que estudia la geografía hoy en día no puede negar ni su propia naturaleza corpórea ni tampoco las lentes culturales a través de las que inevitablemente genera su visión.

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I paesaggi dell´identita´europea Roberto Gambino Politecnico di Torino


Politecnico di Torino - Inaugurazione dell’Anno Accademico 2003-2004 Prolusione del Prof. Roberto Gambino

I PAESAGGI DELL’IDENTITA’ EUROPEA 1. La questione del paesaggio, oggi, in Europa 1.1. In una delle sue più intriganti parabole (citata da C.Magris, 1997), J.L. Borges parla di un pittore che si propone il compito di disegnare il mondo, ritrae i paesaggi più diversi e si accorge, alla fine, “che quel paziente labirinto di linee traccia l’immagine del suo volto”. Il paesaggio è il volto di un uomo come della società, dei suoi vincoli fisici, delle sue vicende e delle sue speranze di vita. Le ferite del paesaggio, le sue cicatrici, i suoi difetti e le sue asimmetrie sono quelle stesse della società proiettate sul suolo. Il suo disfacimento riflette il disfacimento della società. Il paesaggio disegna il rapporto tra “vu” e “vecu”, tra ciò che si vede e ciò che è vissuto (Raffestin,1977). I mille paesaggi europei sono i mille volti dell’Europa. Le preoccupazioni per i paesaggi europei esprimono le tensioni sociali, politiche e culturali di un’Europa ancora in cerca di se stessa. Di un’Europa che cerca la propria identità non contro altre identità, ma contro “le proprie tentazioni, i propri demoni, i propri mostri” (A. Finkielkraut, 2003), nel dialogo, nell’inclusione e nella diversità. La difesa dei paesaggi europei non può in alcun modo disgiungersi da questa ricerca, non può in alcun modo ridursi ad un’operazione “cosmetica” o di “giardinaggio”, o ad un’operazione di razionalizzazione burocratica degli apparati di tutela. 1.2. Il crescente rilievo politico e sociale che la questione del paesaggio sta assumendo oggi in Europa nasce certamente da quel groviglio di ansie e di paure, di speranze e delusioni, da quell’”ampio e profondo cambiamento nella struttura del sentire” (Harvey, 1993) che caratterizzano la società tardo-moderna o post-moderna. L’incubo del collasso sovrasta, spesso confusamente, la domanda di paesaggio come la ricerca di un ambiente vivibile: questione paesistica e questione ambientale sono strettamente allacciate. Le immagini delle distruzioni belliche, delle devastazioni ambientali, del degrado o dell’annientamento paesistico sono le immagini di quell’incubo. Ma la questione del paesaggio non nasce soltanto dalla paura, esprime l’emergere di nuove domande sociali che attendono risposta. Come la nascita del paesaggio può essere messa in relazione con l’esordio del capitalismo (Cosgrove, 1984), così la sua crisi o la sua stessa “morte annunciata” possono essere poste in relazione con la crisi della “projecting age” e con le sue manifestazioni strutturali. La disperata ricerca di identità e senso dei luoghi, che si riflette nella domanda di paesaggio, è la spia di un malessere più profondo, che ha certamente a che vedere con i processi di globalizzazione e coi loro contraddittori effetti di omologazione e modernizzazione da un lato, di squilibri e diseguaglianze dall’altro. Il passaggio “dalla società dei luoghi alla società dei flussi”, propiziato dalle tecnologie della comunicazione, tende a recidere i legami della gente coi luoghi, a minare alla radice il radicamento territoriale delle formazioni sociali, ad accelerare i processi di de-territorializzazione. Con le parole di un osservatore autorevole (Berque, 1993), “la spettacolare crescita della domanda di paesaggio non è soltanto una deriva estetizzante di una

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società sazia, al contrario è il segno che l’uomo tende a riallacciare i suoi legami con la terra, che la modernità aveva dissolto”. Utopia e disincanto (Magris, 1999) si mescolano: le speranze stentano ad aggregarsi in utopie progettuali, mentre cresce il disincanto per il fallimento delle promesse moderne, di fronte alla perdita di ricchezza che il degrado paesistico e ambientale comporta a tutti i livelli. 1.3. La questione del paesaggio investe quindi i rapporti tra società e territorio, mette a nudo alcune contraddizioni fondamentali dello sviluppo economico e sociale contemporaneo, rivelandone l’intrinseca insostenibilità, l’incapacità di protrarsi nel tempo senza mettere a repentaglio la sopravvivenza stessa del patrimonio di risorse che può essere trasmesso alle future generazioni, senza produrre nuove povertà. La cancellazione dell’eredità naturale e culturale si associa inevitabilmente, nella prospettiva paesistica, alle minacce per il futuro. Affrontare la questione del paesaggio in tutta la sua complessità implica una critica radicale ai modelli di sviluppo che si sono affermati nella “vecchia Europa” – senza nulla concedere al vagheggiamento nostalgico di una mitica condizione pre-industriale e premoderna. E’ una critica che non può certo ridursi ad una sterile difesa dello status quo o al vano inseguimento di un’ecologia illusoriamente sottratta ad ogni influenza antropica, ma che al contrario spinge ad affrontare con atteggiamento “progettuale” le sfide della contemporaneità. 1.4. La complessità della questione del paesaggio, oggi in Europa, sembra ancora inadeguatamente percepita dal sistema politico. Si sottovaluta (anche per la carenza di informazioni adeguate e confrontabili per tutti i paesi europei) la vastità degli spazi già soggetti a misure di tutela, in primo luogo alle misure per la conservazione della natura: come simboleggia il misterioso Antece degli Alburni, l’impronta antropica è presente nel cuore stesso degli spazi naturali. Secondo stime recenti (Ced-Ppn, 2001), l’insieme delle “aree protette” istituite da ciascun paese per la conservazione della natura copre oggi più del 14% del territorio europeo, percentuale che sale a circa il 20% se si considerano le aree riconosciute in base alle direttive comunitarie (cosiddetti Sic e Zps): se si considerano anche le aree contigue a tali aree, in vario modo coinvolte dalle misure di tutela, si può stimare che non meno di un quarto del territorio europeo e della sua popolazione siano direttamente toccati dalle politiche che interessano specificamente le aree protette. Nei contesti europei, in cui le aree protette sono, in generale, densamente antropizzate, tali politiche hanno rilevante contenuto paesistico: ciò vale in particolare per quella parte di esse (circa il 46%) che è esplicitamente classificata, secondo i criteri internazionali (Iucn, 1994), nella categoria dei “paesaggi protetti”. Oltre a questo campo, per così dire privilegiato, di applicazione delle politiche del paesaggio, vanno considerati i paesaggi soggetti a qualche forma di tutela, sia di rango internazionale (come nel caso dei siti inclusi dall’Unesco nel patrimonio mondiale dell’umanità), sia di livello nazionale (ad esempio, nel caso dell’Italia, circa la metà del territorio nazionale è soggetto alle norme di tutela, sia pur generica e indiretta, prevista dalla L.431/1985). Questi pochi dati bastano a intendere quanto distante sia la questione del paesaggio dai problemi di “architettura dei giardini” o di

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salvaguardia di pochi e circoscritti “quadri paesistici” di eccezionale valore. Ma, al di là di questi dati quantitativi, la sottovalutazione della questione paesistica riguarda soprattutto il significato economico, sociale e culturale del patrimonio paesistico europeo, sia in quanto prodotto storico evolutivo di diversificati e millenari processi di acculturazione del territorio, sia in quanto risorsa di imprescindibile valore per ogni forma di sviluppo. Non solo le grandi politiche di settore (basti pensare alle politiche agricole o a quelle dei trasporti) ignorano o sottovalutano in larga misura le risorse paesistiche e le loro esigenze di tutela, ma anche il varo delle prime strategie “integrate” sembra ancora poco attento alle opportunità di valorizzazione di questo straordinario patrimonio. Così nello “Schema di sviluppo dello spazio europeo” (UE, 1999), l’inserimento della “gestione creativa dei paesaggi culturali” tra le opzioni politiche di fondo non trova riscontro in una più articolata considerazione del ruolo – anche economico – che la valorizzazione paesistica può svolgere nei processi e nelle politiche di sviluppo. 1.5. Il pessimismo implicito nelle precedenti constatazioni può essere tuttavia temperato se si guarda alla Convenzione Europea del Paesaggio, aperta alla firma dei 45 paesi membri, a Firenze nel 2000, da parte del Congresso dei poteri locali e regionali del Consiglio d’Europa (CE, 2000). La Convenzione infatti, consacrando politicamente una concezione del paesaggio già maturata negli ultimi decenni a livello scientifico e culturale, tende ad imprimere una svolta radicale nelle politiche di gestione, basata su alcune innovazioni di rilievo: a) l’affermazione inequivoca che gli obiettivi di qualità paesisticoambientale da perseguire non riguardano pochi brani di paesaggi di indiscusso valore (nella logica delle “bellezze naturali” o delle “emergenze sceniche” o panoramiche o di beni specifici e circoscritti) ma riguardano l’intero territorio, “gli spazi naturali, rurali, urbani e periurbani […] i paesaggi terrestri, le acque interne e marine. Concerne sia i paesaggi che possono essere considerati eccezionali, sia i paesaggi della vita quotidiana sia i paesaggi degradati” (art.2); b) il pieno riconoscimento del significato complesso del paesaggio in quanto “parte di territorio, così come è percepita dalle popolazioni, il cui carattere deriva dall’azione di fattori naturali e/o umani e dalle loro interrelazioni”(art. 1a) e “componente essenziale del contesto di vita delle popolazioni, espressione della diversità del loro comune patrimonio culturale e naturale e fondamento della loro identità”; c) il sistematico riferimento ai “soggetti interessati” o “coinvolti nella definizione e nella realizzazione delle politiche paesaggistiche”, anche per quanto concerne la valutazione delle risorse paesistiche, che deve “tener conto dei valori specifici che sono loro attribuiti dai soggetti e dalle popolazioni interessate” (art. 5c, 6C) e le conseguenti procedure di consultazione e partecipazione. 2. Il paesaggio e la cultura politecnica 2.1. La questione del paesaggio, nell’ampio significato che viene assumendo oggi in Europa, è gravida di implicazioni tecniche, scientifiche e culturali, ben evidenziate dalle ricerche sviluppate in questo Politecnico, in

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particolare quelle promosse dall’Istituto Superiore di Scienze Umane. Essa interpella la cultura tecnico-scientifica e specialmente quella cultura “politecnica” che ha svolto un ruolo centrale nei processi di sviluppo, a partire soprattutto dal XIX secolo. Essa la costringe a misurarsi coi rapporti tra l’uomo e la terra, tra i processi sociali e i processi naturali, nella concreta realtà dell’attuale “transizione di fase”, i cui aspetti più vistosi sembrano, da un lato, la dissoluzione spaziale e temporale degli sviluppi insediativi, dall'altro la pervasività dei fenomeni d’abbandono e obsolescenza. In questa fase epocale, fluida e dagli esiti incerti, troppe vicende – dai collassi energetici alle catastrofi falsamente “naturali” ai fallimenti di tanti sistemi di controllo – hanno da tempo incrinato la fiducia nell’”ingegnerizzazione del territorio” trionfalmente avviata nel secolo XIX e sfidato le “arroganze tecnologiche”. Esse hanno costretto a prendere le distanze da quelle ideologie della modernità (più o meno connesse all’hybris della cultura occidentale: Bateson, 1972) che hanno impregnato la cultura tecnica e amministrativa e assecondato l’incondizionato sviluppo dei processi di “domesticazione” del mondo naturale, nella folle presunzione di dominarlo senza rischi e senza pene. Alcuni principi – come il principio di globalità, quello del limite e della precauzione, quello di responsabilità – nonostante le difficoltà e le incertezze interpretative e applicative, sembrano ormai largamente condivisi. Ma il paradigma paesistico sollecita la cultura politecnica su alcune frontiere aperte. 2.2. Una prima sollecitazione investe la stessa raison d’etre della cultura politecnica, la sua capacità di fornire risposte plurisettoriali, integrate e complesse ai bisogni della società. Il paesaggio sfida la cultura tecnicoscientifica sul terreno della complessità. “La geometria [frattale] del paesaggio ricopia e riproduce infinite volte la geometria della complessità” (Rasetti, 2003). Fin dalla grande svolta humboldtiana del sec. XIX il paesaggio è luogo d’osservazione interdisciplinare, di letture olistiche e integrate, di convergenze interpretative. Ma il paesaggio è anche il luogo dei sentieri che si biforcano, nodo d’origine di direttrici e programmi diversi di ricerca, di interpretazioni e proposte progettuali diverse e non di rado conflittuali: “il paesaggio non è un cerchio chiuso ma un dispiegarsi”, diceva Dardel, 1952. Scuole diverse hanno messo a punto apparati concettuali, teorie e metodi d’analisi tra i quali è spesso difficile riconoscere rapporti di coerenza o anche soltanto possibilità di intercomunicazione. Se, in generale, la Landscape Ecology, l’Ecologia del Paesaggio, a partire soprattutto dagli anni ’60, ha conquistato una posizione dominante, il contributo del pensiero geografico continua ad alimentare la comprensione del paesaggio, mentre resistono le interpretazioni estetiche (che hanno radici particolarmente robuste nelle tradizioni del nostro paese), cui si collegano da un lato le interpretazioni storiciste, dall’altro, con crescente interesse, la semiologia del paesaggio. Il rischio, fin troppo noto sul piano epistemologico, è quello del riduttivismo implicito nella separazione e confinazione dei programmi di ricerca: “vedere gli alberi e perdere di vista il bosco”, per dirla col Tricart, 1985). Più che in altri campi, si manifesta qui, sul tema del paesaggio, l’esigenza di approcci autenticamente interdisciplinari e trans-disciplinari. Ne sono segno le pulsioni neo-sistemiche che si avvertono soprattutto sul fronte delle scienze naturali o la

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ricorrenza delle interpretazioni “reticolari” (dalle “reti ecologiche” alle reti urbane a quelle della fruizione turistica ecc.). 2.3. Ma la ricerca di un paradigma paesistico condiviso trans-disciplinare trova forse riscontro in tentativi di carattere più globale. Particolare interesse può ad esempio assumere l’audace interpretazione proposta da Manuel De Landa (2003) che attraversa i tre mondi della geologia, della biologia e della linguistica (ossia della cultura) considerandoli “non già come tre sfere separate, ognuna più sviluppata e progredita della precedente, ma tre flussi, perfettamente coesistenti e interattivi” di materia, energia e informazione. In questa interpretazione, la distinzione e l’accoppiamento tra “trame auto-organizzate” e “gerarchie” ordinate di elementi uniformi, già ben frequentati dalla ricerca geografica e dalle scienze regionali (si pensi alla contrapposizione tra i “sistemi di luoghi centrali” teorizzati dal Christaller e i sistemi “reticolari” teorizzati a partire dagli anni’80), attraversano i diversi domini, confluendo in una spiegazione tendenzialmente unitaria. L’attenzione si sposta dai prodotti ai “processi generatori di strutture” (Deleuze e Guattari, 1997), reclamando la “sensibilità storica” delle scienze. La tesi soggiacente, di fondamentale importanza nell’interpretazione del paesaggio, “è che tutte le strutture che ci circondano e danno vita alla nostra realtà (montagne, animali e piante, lingue e istituzioni sociali) sono il prodotto di precisi processi storici” (De Landa, 2003), essenziali per capirne l’incessante trasformazione. 2.4. Lo spostamento dai prodotti ai processi ripropone il rapporto coi tempi, già ben evidenziato da F.Braudel (1982) con la sua nota immagine dei tre flussi separati e compresenti che scorrono a velocità differenti: il flusso della vita materiale quotidiana, quello che anima le attività di mercato e quello che dipende dalla dominazione delle forze “antimercato”. Flussi che modellano il paesaggio integrandosi in movimenti assai più lenti, come quelli geologici, e che sono subitaneamente attraversati dai ritmi “sincopati” delle decisioni finanziarie e dei loro drammatici riflessi territoriali. Per la moderna cultura tecnico-scientifica, impegnata a inseguire il cambiamento, a tenere il passo con la velocità dei processi di trasformazione (ben sperimentata nel “secolo breve” che ci siamo appena lasciato alle spalle), il paradigma paesistico è un invito a considerare i tempi lunghi della terra, la stabilità e la permanenza dei segni della storia, “ciò che resta” più di ciò che cambia. Per “collaborare con la terra” bisogna saperne riascoltare i ritmi. Ma i flussi contemporanei producono turbolenze e retroazioni amplificanti, discontinuità e biforcazioni, allontanando le concrete realtà in cui viviamo da ogni condizione di equilibrio ed alimentando processi evolutivi intrinsecamente non lineari. Se mai la città del passato è stata in equilibrio col suo contesto rurale (col quale formava ancora forse nel XIX secolo quel “corpo inscindibile” di cui parlava il Cattaneo), nulla è più lontano dall’equilibrio degli attuali ecosistemi urbani, la cui “impronta ecologica” si allarga a macchia d’olio su territori sempre più vasti. Muta così il rapporto tra passato, presente e futuro: se il passato è rivissuto nel presente dove soltanto acquista senso e valore, forse davvero “il futuro non ha realtà che come speranza del presente” (Borges, 1984).

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2.5. In questa prospettiva il paesaggio non è mai “dato”. Non lo è perché in continua trasformazione – anche quando il mondo della natura primigenia o la stessa campagna tradizionale sembrano esprimere stabilità e permanenza – ma non lo è anche perché riluttante ad ogni “oggettivazione” scientifica esaustiva. La riflessione teorica ha da tempo posto in luce l’irriducibile “soggettività” del paesaggio (Gambino, 1994), l’impossibilità di ridurlo ad oggetto separato e distinto dall’osservatore, la sua inscindibilità dal “processo spirituale” (Simmel, 1912) che trasforma incessantemente i dati materiali osservati. Sarebbe certamente un errore sottovalutare l’enorme contributo che lo sforzo di oggettivazione dispiegato dalle scienze della terra e in particolare dalle scuole ecologiche ha portato e porta alla comprensione dei valori paesistici, sgominando le interpretazioni vagamente impressionistiche e le arbitrarie valutazioni visibilistiche che hanno spesso inquinato le politiche del paesaggio. Da questo punto di vista il “determinismo ecologico” propugnato da J. McHarg (1966) al fine di “progettare con la natura”, ha svolto un ruolo politicoculturale indubbiamente positivo. Altrettanto impossibile sarebbe negare l’importanza dell’analisi storica, della geografia storica e dell’archeologia del paesaggio (Sereno, 1983) per cogliere i processi soggiacenti alla fenomenologia paesistica, “quel che non si vede” e che è spesso più rilevante di ciò che è immediatamente afferrabile con lo sguardo (Gambi 1972). Ma il rigore scientifico non elimina il rapporto circolare che lega la realtà osservata all’osservazione della realtà. Non solo “anche i paesaggi che crediamo più indipendenti dalla nostra cultura possono, a più attenta osservazione, rivelarsene invece il prodotto”, ma, più in generale, la tradizione o il senso comune del paesaggio sono costruiti “su un ricco deposito di miti, memorie ed ossessioni” (Schama, 1995). 2.6. La complessità dei rapporti che legano oggetto e soggetto nell’esperienza paesistica è particolarmente sottolineata dall’interpretazione del paesaggio come processo di significazione (Barthes, 1985) e quindi come fenomeno di comunicazione sociale (Eco, 1975). Se si riconosce il duplice fondamento – naturale e culturale - dell’esperienza paesistica, occorre anche riconoscere che il sistema segnico costituito dalla sostanza sensibile del paesaggio non può in alcun modo tradursi in un insieme “dato” di significati. La semiosi paesistica è un processo sempre aperto (Dematteis, 1998), la dinamica delle cose (l’ecosfera) è inseparabile dalla dinamica dei significati (la semiosfera) e quindi dai processi sociali e culturali in cui questa si produce. E’ in questi processi che il paesaggio prende senso e valore (Castelnovi, 1998). Il paesaggio non può quindi essere quello, cognitivamente “perfetto”, che le scienze della terra tendono a proporci (Socco, 1998). In questa prospettiva, anche il rilancio dei valori estetici e l’esplicito richiamo alla bellezza nel dibattito recente sul paesaggio si inquadrano in quel più generale “ritorno all’estetica, verso una scienza che conservi i valori” (Tiezzi, 1998) che ha interessato il pensiero scientifico contemporaneo. Ma è soprattutto interessante osservare come l’attenzione per la dimensione soggettiva della fenomenologia paesistica si colleghi a riflessioni epistemologiche assai più ampie, che obbligano la cultura politecnica a mettere in discussione ogni pretesa di certezza autoreferenziale, d’innocenza e neutralità e a ricercare nuovamente nel dialogo sociale le

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proprie fonti di legittimazione. D’altronde i ripetuti richiami della Convenzione Europea alle percezioni, alle sensibilità e alle valutazioni delle popolazioni interessate individuano chiaramente nel paesaggio un luogo d’incrocio del sapere esperto col sapere diffuso od ordinario. 2.7. L’irriducibilità della dimensione soggettiva del paesaggio ha molto a che fare con la sua dimensione intrinsecamente progettuale: “non c’è paesaggio senza progetto” (Bertrand, 1998). Il paesaggio non esiste in natura, è un costrutto sociale: il paesaggio esiste dal momento in cui viene “pensato” o anzi in qualche modo e misura “progettato”. I paesaggi, soprattutto i paesaggi europei, sono carichi di memorie, “in cui si registra e sintetizza” (osservava già il Sereni, 1961) “la storia dei disegni territoriali degli uomini”. La manipolazione intenzionale dello spazio è inerente il concetto stesso del paesaggio (Jellicoe, 1987). E tuttavia occorre riconoscere che gran parte dei paesaggi che più ammiriamo sono il risultato “preter–intenzionale” dell’attività antropica, quasi un “side effect”, un effetto laterale di un’elaborazione culturale che ha primariamente obiettivi produttivi, o comunque non necessariamente estetici. Se si eccettuano i paesaggi propriamente e direttamente architettati dei parchi e dei giardini – anche nella versione “naturalistica” del “landscape gardening” inglese – il rapporto tra l’”edificazione” del paesaggio ed il progetto è articolato e complesso. La costruzione del paesaggio chiede apporti molteplici e di lunga durata, tende a “metabolizzare” il progetto individuale (Castelnovi, 2001), a respingere o circoscrivere il gesto isolato e autoreferenziale. E’ grazie ad un processo collettivo di appropriazione e manipolazione interattiva dello spazio che il paesaggio, come dice la Convenzione Europea, esprime il patrimonio culturale comune delle popolazioni e fonda la loro diversità. Ma non è questo, in un certo senso, il destino di ogni “progetto civile”? Il rapporto tra progetto e paesaggio non è forse il paradigma di una concezione più matura del progetto, consapevole della complessità, della fluidità e del pluralismo delle dinamiche sociali contemporanee, della necessità di una continua certificazione sociale delle scelte progettuali? E non è questa forse una sfida cruciale per la cultura politecnica, tradizionalmente orientata al progetto d’azione, alla soluzione dei problemi che la società deve affrontare? 3. Il ruolo del paesaggio nella valorizzazione dei territori europei 3.1. La crucialità delle sfide che la cultura politecnica deve affrontare sui problemi dell’ambiente e del paesaggio diviene tanto più evidente quanto più tali problemi si mescolano e intrecciano coi problemi economici, politici e sociali. A scala globale la miscela tra povertà e degrado, tra sopraffazione e devastazione ambientale, tra sottosviluppo e dissipazione delle risorse, tra diritti ambientali ed esigenze di equità e democrazia, è diventata negli ultimi anni esplosiva: il tema dell’acqua ne è forse l’espressione più eloquente. Nelle grandi assise internazionali – come tipicamente nella Conferenza di Durban del settembre 2003, organizzata dall’Unione Mondiale della Natura sui temi della conservazione della natura – l’irruzione delle tematiche politiche, sociali ed economiche, strenuamente rappresentate dai paesi africani, asiatici e sudamericani, ha impresso una svolta radicale

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al dibattito, alle riflessioni critiche e alle dichiarazioni d’intenti. Ma simili miscele si ripresentano anche alla scala locale, nelle concrete realtà territoriali. Le politiche ambientali, calandosi sul territorio, sono sempre più sollecitate dalle istanze di difesa delle autonomie locali, dalle rivendicazioni degli attori locali, dal riconoscimento del ruolo che i milieux locali – con le loro capacità auto-organizzative, l’imprenditorialità e le potenzialità socio-culturali – possono svolgere in favore di un’utilizzazione più sostenibile ed efficace delle risorse. Il radicamento delle politiche ambientali nei “territori degli abitanti” (Magnaghi 1990) sta diventando una condizione decisiva di successo, ad onta (o forse a causa) dei processi di omologazione e de-territorializzazione connessi alla progressiva globalizzazione delle dinamiche economiche, sociali e culturali e dello stesso “scaling up”, del salto di scala di molte problematiche ambientali. 3.2. Uno degli aspetti più evidenti della svolta in atto riguarda il concetto stesso di conservazione. L’idea che l’opzione conservativa sia contrapposta ad ogni opzione di sviluppo sta cedendo sempre più all’idea che la conservazione costituisca la faccia emergente dell’innovazione per la società contemporanea, che ogni autentica innovazione comporti l’arricchimento continuo del patrimonio di valori lentamente sedimentato nel passato e che simmetricamente non possa darsi autentica conservazione senza la produzione di nuovi valori (Gambino, 1997). E’ interessante notare come questa consapevolezza maturi anche in contesti socioculturali in cui la ricchezza, la varietà e la densità del patrimonio ereditario sembrano assai meno evidenti di quanto non appaia nella vecchia Europa. Il ripensamento dell’opzione conservativa non riguarda infatti soltanto il patrimonio storico-culturale ma anche e in primo luogo il patrimonio naturale, a partire da alcune constatazioni imprescindibili: come l’impossibilità di conservare certi retaggi di biodiversità senza mantenere, a prezzo di idonee forme di sviluppo e d’innovazione tecnologica, la diversità paesistica che ne forma il supporto, o l’impossibilità di garantire la sopravvivenza di certi ecosistemi senza assicurare un ruolo attivo e una prospettiva di crescita alle comunità locali che li hanno gestiti e custoditi nel passato. Ma basta allargare lo sguardo all’infinita varietà dei paesaggi europei, frutto di millenari processi d’elaborazione antropica, per intuire l’eccezionale importanza che può assumere in Europa la nuova filosofia della conservazione. 3.3. Le nuove concezioni della conservazione trovano pieno riscontro nelle indicazioni della Convenzione Europea del Paesaggio in favore di politiche che non si limitino ad assicurare la protezione passiva dei paesaggi (poco efficace e non di rado controproducente), ma ne assicurino la continua trasformazione con una gestione appropriata e con gli interventi creativi necessari in situazioni di degrado, criticità, o profonda alterazione. Ma il significato concreto di queste indicazioni resta nell’ombra se non le si collega a quell’altra, già ricordata, relativa al necessario allargamento delle politiche del paesaggio a tutto il territorio. La protezione passiva può infatti essere sufficiente a tutelare i “bei paesaggi” esenti da rilevanti pressioni antropiche, come la manutenzione prudente può talora bastare a tutelare i “paesaggi culturali” modellati da secolari pratiche gestionali

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tuttora attive, ma interventi ben più incisivi e articolati sono necessari, ad esempio, negli spazi rurali smantellati dalla diffusione urbana o dall’industrializzazione dell’agricoltura, nelle anonime periferie urbane e metropolitane, nei paesaggi costieri “cementificati” o, all’opposto, nelle aree di montagna e di collina erose dall’abbandono e dalla marginalizzazione economica e sociale. Persino al cospetto di eccezionali monumenti naturali, come l’Etna o il Vesuvio, occorrono misure che investono centinaia di migliaia di abitanti. Ed è su questi paesaggi “difficili” o critici, che coprono ormai larga parte del nostro come degli altri paesi europei, che occorre portare prioritariamente l’attenzione, se si attribuisce alle politiche del paesaggio quel ruolo rifondativo che la Convenzione implicitamente raccomanda. 3.4. In questa prospettiva, le strategie di “conservazione innovativa” si allargano quindi ben al di là delle “bellezze naturali” specificamente tutelate ai sensi delle leggi in vigore (quale, in Italia, la L.1497/1939 con le successive integrazioni), o dei “paesaggi protetti” riconosciuti a livello internazionale (Iucn, 1994) o degli stessi “paesaggi culturali” a vario titolo individuati. Esattamente come sta avvenendo per la conservazione della natura, si esce da una concezione “insulare”, riferita a isole od oggetti di particolare valore, per entrare in una concezione “reticolare”, che tende ad abbracciare le trame o i sistemi diramati sull’intero territorio. I nuovi paradigmi che si affermano nei campi della conservazione della natura e del paesaggio trovano d’altronde ampi riscontri anche nel campo della tutela del patrimonio storico-culturale. Anche in questo campo, l’attenzione si è progressivamente allargata, nel corso di qualche decennio, dai “monumenti” di intrinseco ed eccezionale valore ai centri storici, agli aggregati e ai sistemi in cui si sono sedimentati i valori prodotti nel corso di secoli o di millenni dalle civiltà passate, al territorio storico nella globalità dei valori e delle interrelazioni che la società contemporanea è in grado di apprezzare e riconoscere (Ancsa, 1990). 3.5. Questo spostamento d’attenzione ha robuste motivazioni. E’ chiaro che la formazione del paesaggio “entro e dal territorio” (Gambi, 1986) comporta processi di “domesticazione” e di “simulazione” (Raffestin, 1998) che investono congiuntamente spazi naturali, rurali e urbanizzati, liberi e coperti da case e manufatti. L’”edificazione” del paesaggio (che il Cattaneo già nel 1845 riferiva alla rimodellazione operata con le riforme teresiane nella campagna milanese) investe pervasivamente il territorio. Essa ha dilatato progressivamente, attraverso tappe emblematiche (come il “landscape gardening” inglese del ‘6-700 o l”invenzione” delle Alpi tra ‘7 e ‘800: Joutard, 1986) l’equazione heideggeriana dell’abitare-costruire, con forme più o meno sofisticate di manipolazione intenzionale, materiale o immateriale, della terra e dei suoi ecosistemi. Gli sguardi stessi lasciano il segno. Ciò è tanto più vero negli spazi della contemporaneità, nella misura in cui “la città si dissolve nelle reti territoriali” non solo dando luogo alle nuove forme diffuse dell’urbano, ma impregnando di valori, attese e modelli di comportamento urbani l’intero territorio, anche nelle aree più remote.

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3.6. A dispetto di queste considerazioni, occorre riconoscere che i nuovi modi di intendere il principio di conservazione mettono in discussione i canoni tradizionali della tutela, soprattutto nel nostro paese e in particolare per quanto concerne i rapporti tra il territorio e il patrimonio naturale, culturale e paesistico. L’idea che l’opzione conservativa non sia necessariamente contrapposta alle opzioni innovative e che debba riguardare l’intero territorio sembra fragile e perdente di fronte alle minacce e ai rischi che incombono sul patrimonio, come – in Italia - le aggressioni dilaganti dell’abusivismo (incoraggiato dei ricorrenti “condoni”) o la svendita dei beni pubblici (accelerata dai recenti contestati provvedimenti legislativi). L’urgenza dell’azione di difesa sembra a molti operatori della conservazione indurre più di ieri a concentrare gli sforzi sulle cose di valore eccezionale – come i monumenti, le aree naturali o i paesaggi di gran pregio – o a cercare di “salvare il salvabile”. Di qui la corsa disperata e comprensibile delle Soprintendenze a cercare rifugio negli “elenchi” delle cose intoccabili, dei tesori non negoziabili. Ma il rischio che molti temono è che si vada incontro alla sciagurata spaccatura del paese fra ciò che va salvato e ciò che può essere buttato, lasciato cioè alla mercé di quei processi trasformativi che già hanno comportato la perdita di valori insostituibili. Non si salva il paesaggio se non si salva il paese. Staccare i monumenti o le “bellezze naturali” dal variegato mosaico di paesaggi umanizzati (spesso deturpati o sconvolti dalle trasformazioni recenti), che costituisce il volto vero del nostro come degli altri paesi europei, significa ignorare le ragioni profonde che stanno alla base dell’attuale domanda di qualità, il ruolo dei valori identitari e il radicamento territoriale delle culture locali, il rapporto costitutivo che lega la gente ai luoghi. Evitare questa spaccatura, d’altra parte, non vuol dire che si debba fare di ogni erba un fascio, negare il valore dei paesaggi eccezionali o il significato peculiare dei tanti impareggiabili “paesaggi culturali” che arricchiscono lo spazio europeo, stemperare l’azione di tutela nei paesaggi dell’ordinarietà, dell’anomia e del degrado che coprono ormai larga parte del territorio. Al contrario, allargare l’attenzione all’intero territorio è la strada obbligata per cogliere le differenze, diversificare l’azione di tutela, rispondere diversamente, nelle diverse situazioni, alla domanda di qualità. Cercare nel territorio le risposte appropriate a questa domanda implica negare la neutralità dell’opzione conservativa, sgretolare la falsa omogeneità delle misure di salvaguardia, fronteggiare con azioni mirate e non puramente vincolistiche le pressioni, i rischi e le minacce che incombono sul patrimonio naturale e culturale. 3.7. E’ questa la condizione perché la valorizzazione del patrimonio possa concorrere efficacemente allo sviluppo sostenibile dello spazio europeo. Se è vero che “per migliorare l’ambiente e la società, per produrre cultura e sviluppo economico occorre agire sulla territorialità”, il rapporto che questa “istituisce con le risorse specifiche incorporate stabilmente nello spazio locale dell’azione collettiva è la condizione necessaria perché si possa parlare di sviluppo locale territoriale in senso proprio”(Dematteis, 2003). Il patrimonio naturale, paesistico e culturale è parte essenziale (insieme con le dotazioni infrastrutturali, gli apparati istituzionali e il capitale umano) del “capitale territoriale” su cui si fondano le possibilità di

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autentico sviluppo. Perché la sua valorizzazione non si esaurisca nello sfruttamento esogeno ed eterodiretto di singole risorse, esso deve concorrere a produrre “valore aggiunto” territoriale. E’ in questa direzione che anche la tutela e la qualificazione del paesaggio possono agire come motore di sviluppo nello spazio europeo. 3.8. Nel panorama internazionale, si è ormai delineata con chiarezza la tendenza alla rivalutazione, anche in chiave strettamente economica (marketing urbano e territoriale, strategie competitive, disegni immobiliari sul capitale simbolico, ecc.) del patrimonio o del “capitale” culturale: l’eredità storica come fattore di successo. Paradossalmente questa tendenza ha rimesso in questione le ragioni e il significato della conservazione patrimoniale, non solo per la sua intrinseca inadeguatezza (soprattutto nella sua versione vincolistica: l’”anomalia” italiana), ma anche e prima di tutto per i suoi rapporti con la contemporaneità. Il dibattito internazionale ha soprattutto consolidato alcuni punti che toccano particolarmente il paesaggio: • la considerazione del patrimonio come processo di produzione aperto e mai concluso, che comprende i prodotti più recenti come l’architettura contemporanea e le nuove forme dell’urbano, conferendo loro dimensione storica; • il riferimento di ogni valutazione ai sistemi di preferenze e ai criteri economici, sociali e culturali che caratterizzano il contesto sociale e che possono influenzare le scelte di protezione e valorizzazione; • soprattutto, il riconoscimento dell’imprescindibile “attualità” dei valori culturali, artistici ed estetici, che comporta una relazione dinamica e costantemente rinnovata tra gli oggetti e i soggetti di ogni esperienza culturale (l’”attualità del bello” teorizzata dal Gadamer, la reinterpretazione continua dei valori persistenti). 3.9. Nella prospettiva “territorialista” che si viene così delineando, l’interpretazione paesistica assume particolare rilievo ai fini di una considerazione integrata del patrimonio di risorse naturali e culturali. Essa può concorrere efficacemente al riconoscimento dei cosiddetti “sistemi culturali territoriali” che stanno prendendo importanza nei progetti europei di valorizzazione del territorio (quali ad es. il Progetto Delta di Euromed). La valorizzazione del patrimonio implica la “messa in rete” di un insieme di risorse eterogenee, almeno potenzialmente interagenti. Le possibilità di stabilire connessioni stabili ed efficaci tra risorse e soggetti differenti dipendono ovviamente da una pluralità di condizioni, che le teorie reticolari sviluppatesi nei diversi campi (reti urbane, reti d’impresa, reti ecologiche ed ambientali, reti dei trasporti ecc.) hanno già ampiamente indagato. Nel passaggio dalla società dei luoghi alla società dei flussi, tali condizioni si moltiplicano e complessificano. La nascita di “comunità virtuali” disancorate dai luoghi e legate da specifici sistemi di comunicazione lascia trasparire l’insorgenza di situazioni anche contradditorie, non necessariamente orientate alla produzione di qualità, sicurezza ed equità (Deleuze e Guattari, 1997). Inoltre le trame auto-organizzate si sviluppano in contesti caratterizzati spesso dalla compresenza di sistemi gerarchici di potere politico, economico e culturale: reti “globali” di sistemi

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gerarchici e gerarchie di sistemi reticolari “locali” tendono a convivere nelle dinamiche territoriali contemporanee. 3.10. In questi contesti le politiche del paesaggio svolgono un ruolo peculiare: esse non si limitano a mettere in rete, esse possono “mettere in scena” risorse e soggetti diversificati, esibendoli e conferendo loro una “parte”, visibile e riconoscibile, nelle rappresentazioni paesistiche. In fondo, ogni paesaggio “è un teatro” (Turri, 1998), in cui gli stessi attori locali che recitano “una parte in commedia” (nel senso di plasmare o mantenere il paesaggio) diventano spettatori di se stessi. La funzione rappresentativa del paesaggio si carica di valori simbolici nelle “recite” organizzate dal potere (la Torino sabauda, la Parigi haussmanniana o, più sinistramente, la Bucarest di Ceausescu), non meno che nelle politiche urbane di valorizzazione del “capitale simbolico” con cui tante città tentano di affrontare le attuali sfide competitive, “mettendosi in mostra” e rinnovando la propria immagine. Le retoriche del paesaggio, veicolo di nuove seducenti “parole d’ordine”, o di “visioni” collettive cariche di attese o di lusinghe, sembrano destinate ad assumere crescente importanza nella società della comunicazione, impregnata dalla “cultura dello sguardo”. Paradossalmente, la crescita di questo ruolo coesiste con le tendenze apparentemente inarrestabili alla disgregazione del senso comune del paesaggio, all’atomizzazione dell’esperienza paesistica, alla frantumazione stessa di ogni discorso paesistico collettivamente condiviso. 3.12. Questo ruolo simbolico e rappresentativo del paesaggio può assumere un significato cruciale nel processo di edificazione dell’Europa. Un processo destinato, in tutta evidenza, a svilupparsi “beyond boundaries” (il titolo della citata Conferenza di Durban), al di là di ogni frontiera politica, economica, culturale, etnolinguistica, a travolgere i consolidati sistemi di appartenenze e a mettere in discussione le identità ereditate dal passato. Come le esperienze di questi giorni insegnano, è un processo tutt’altro che pacifico e indolore, nel quale il ruolo delle politiche del paesaggio non è affatto scontato. Se è vero che tali politiche possono concorrere alla difesa e all’affermazione dei valori identitari contro la banalizzazione e l’omologazione indotte dagli attuali processi di trasformazione, occorre chiedersi come la difesa delle identità possa conciliarsi con l’irruzione delle diversità (etnolinguistiche, sociali e culturali) e la pervasività dei processi di contaminazione nella società contemporanea. Come evitare che la difesa delle identità si traduca in comportamenti egoistici ed esclusivi, che le identità “armate” (Remotti 1996) esasperino i conflitti sociali, o più semplicemente che il culto delle proprie radici incoraggi la chiusura autistica dei sistemi locali? Che senso può avere il recupero del rapporto tra la gente e i luoghi, tra formazioni sociali e territorio, per la società contemporanea intrinsecamente deraciné, attraversata da violenti processi di de-territorializzazione, pervasa dal nomadismo e dalla continua ricerca dell’altrove? Nella ricostruzione dei valori identitari, quale spazio per la “società emergente” (Magnaghi 1990), per le nuove soggettività territoriali che si aggregano attorno a progetti di sviluppo locale, a nuovi embrionali “disegni territoriali”, o anche alle nuove scommesse formative o alle nuove

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iniziative imprenditoriali? 3.13. E’ quasi banale osservare che la ricerca dell’identità europea può aver senso soltanto sulla base del riconoscimento del ruolo creativo della diversità. Le politiche del paesaggio possono contribuire a questo riconoscimento, frenando e contrastando le tendenze entropiche all’omogeneizzazione e alla banalizzazione, emblematicamente rappresentate dai nuovi paesaggi delle grandi infrastrutture stradali o dei grandi complessi commerciali, che cancellano ogni peculiarità locale. Ma occorre nel contempo evitare che la diversificazione delle politiche e delle esperienze che si sviluppano nei diversi paesi e nelle diverse regioni (diversificazione radicata nelle rispettive tradizioni culturali e nelle traiettorie storiche dei rapporti con la natura) si traduca in isolamento, separazione, inconfrontabilità. Lo splendido mosaico dei tanti paesaggi europei deve rappresentare una risorsa per il futuro, non l’inerzia del passato. Se le politiche del paesaggio devono contribuire a celebrare la diversità, devono promuovere l’apertura al dialogo, al confronto e alla ridefinizione continua dei valori di riferimento. E’ un’esigenza che si pone a tutti i livelli e che attraversa tutte le frontiere. Le iniziative che da qualche anno maturano a livello di grandi sistemi territoriali – dalla Convenzione delle Alpi, avviata nel 1991 col concorso di tutti paesi dell’arco alpino, al Progetto APE (Appennino Parco d’Europa) per la valorizzazione integrata di tutta la catena appenninica, al più recente Progetto per i Carpazi, che raccoglie l’adesione di 7 paesi – rappresentano in questo senso appuntamenti fondamentali. Come altre iniziative più circoscritte (quale il Progetto per l’Espace Mont Blanc che mira alla valorizzazione integrata di tutto il territorio trans-frontaliero attorno al massiccio del Monte Bianco), esse hanno mostrato l’importanza strategica delle politiche per l’ambiente e il paesaggio al fine di stimolare forme innovative di cooperazione per lo sviluppo sostenibile. 3.14. Ma questa funzione strategica non si esaurisce all’interno dell’edificio europeo, per quanto largamente esso sia delimitato. Gran parte delle strategie di valorizzazione integrata del patrimonio naturale, paesistico e culturale che interessano i paesi europei devono ormai far riferimento ad un teatro più ampio, nel quale hanno acquistato drammatica evidenza i rapporti col Mediterraneo. Le tragedie che accompagnano quasi quotidianamente gli inarrestabili afflussi migratori lasciano nell’ombra l’eredità comune di sedimenti culturali, scambi e tradizioni che legano inscindibilmente – attraverso quello spazio d’incontro che è stato nel corso dei millenni il bacino mediterraneo - l’identità europea a quella dei paesi rivieraschi. Ma quelle tragedie dovrebbero almeno aiutarci a percepire l’esistenza di un destino comune, che nei campi più diversi (dall’economia del turismo alla difesa del mare alla gestione delle risorse energetiche alla conservazione della natura alla crescita civile) richiede ormai strategie euro-mediterranee il più possibile integrate. E’ in questa prospettiva più ampia che le politiche del paesaggio possono concorrere alla difficile ricerca della nuova identità europea.

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Paisaje y sintesís geográfica James Houston Instituto de Geografía, Universidad de Oxford


Paisaje y síntesis geografica por JAMES HOUSTON *

E n la actualidad son muchos 10s geógrafos que utilizan el término paisaje como sustituto de región, reservando el empleo de este último para 10s estudios analíticos d e redes espaciales y teorias de localización asociadas a la ((ciencia regional)).Cabe esperar que un estudio más sistemático del paisaje aporte mayor rigor y un criteri0 más selectivo en 10s estudios descriptivos d e 10 que hasta ahora venia denominándose egeografia regional]).No obstante, corremos el riesgo de utilizar el término (~paisajencon la misma imprecisión y vaguedad con que se us6 el término ~lregións(1) en el pasado. Existen varias forrnas de emplear el vocablo epaisajen. E n el curso de este breve ensayo trataremos de concretar sus diversos matices, especialmente su origen, y las diversas interpretaciones que ha tenido.

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EL ORIGEN DEL TERMINO

El sentido originari0 que tenia en alemán el término landschaft y sus derivados en otras lenguas afines - lanclscip en inglés antiguo, landskap en sueco, y lanclschap en holandes - hacía referencia a un distrito territorial propiedad de un determinado señor o habitado por un grupo humano particular (2). Este significado se remonta a la época anterior al a60 1000 de nuestra era. En las lenguas romances, 10s términos paysage (francés), puisaje (castellano) y puessagio (italiano) tenian también esta acepción originaria de vinculación a una unidad territorial ocupada por determinada comunidad humana. E n Francia, el concepto de pays, como territori0 homogéneo utilizado y transformado por un grupo humano, se vio reforzado por la práctica del derecho consuetudinario. Asi,

" Profesor del Instituto de Geografia de la Universidad de Oxford, actualmente profesor visitante en la Universidad de Vancouver. Este trabajo, fue redactado originalmente para la Geografia ilustradu Lubor, dirigida por J. VILÁ VALENTI,donde se ha publicado sin las notas, teniendo en cuenta el carácter de la obra (vol. 11, Barcelona, 1971, págs. 5-10). Debido a su interés, publicamos ahora el texto y el aparato bibliográfico completos, con la autorización del autor y de la Editorial Labor S. A., a quienes agradecemos sinceramente su amabilidad. (Nota del Consejo de Redacción.) (1) E. JUILLARD:La rbgion, essai de definition, Annales de Géographie, 1962. (2) J. O. M. BHOEK: The concept Landscape in Human Geography, Comptes Rendus du Congrks International de Géographie, Amsterdam, 1938, tomo 2, sección 3.a, 103-109.


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por ejemplo, en el estudio de la cuenca de Paris llevado a cabo por 10s juristas de Luis XIV, se llamó pays a todas aquellas unidades territoriales en las que regian las mismas costumbres. E n época mucho m b tardia, el Romanticisrno d e finales del siglo XVIII y del siglo XIX consolidó el valor de las ((regiones naturales n.

B) LA PERCEPClON DEL PAISAJE La segunda acepción del término - Iundskip en inglés -, tuvo su origen en 10s paisajistas holandeses de finales del siglo XVI (3). Significaba esta palabra un cuadro con un paisaje rural, en contraposición al retrato o a los temas marítimos, y con este sentido empezó a utilizarse en Inglaterra hacia el aÍío 1602. Hacia 1632 se perfiló algo más el término, pasando a significar aquella vista o panorama que podia captarse d e una sola mirada desde un punto de observación. Como expresara Milton :

Streit mine eye hath caught new pleasures, zchilst the Landskip round it measures. (Al instante mi vista descubre nuevos goces contemplando el paisaje que la rodea) (4). E n el New Internationul Dictionary of the English Language de Webster, se define el paisaje como ((aquella porción de campo o territori0 que puede captarse de una sola mirada, incluyendo todos 10s objetos asi vistos, especialmente en su aspecto pictórico~~ (5). Cuando el movimiento romántico europeo hubo transformado 10s horrores d e 10 que era asalvaje~], desnu nu don y acaótico~~, en la armonía y encanto de un hermoso panorama, la interpretación cientifica del paisaje como escena atrajo el interés público. Geógrafos y fisiógrafos tales como Sir Archibald Geike (The Scenery of Scotland, 1865) y John W. Powell (1879) sentaron las bases de la Geomorfologia. Pudo constatarse entonces 10 que Santayana ha dicho: sPara contemplar un paisaje es preciso componerlo~~ (6). La vista o escena carece de forma y contenido hasta que el ojo artístic0 h a seleccionado, evaluado y combinado 10s elementos que 10 integran en una belleza creada. Del mismo modo, aquella estimación mis objetiva, que 10s geólogos y fisiógrafos realizaron de las afloraciones rocosas, de las laderas, plataformas y otros elementos del campo, se convirtió en último término en una valoración cientifica del paisaje, susceptible de ser analizada y sintetizada después por un observador preparado. (3) SIR I(. CLARK: Landscape into Art, Londres, 1949. (4) Citado por Oxford English Dictionary. (5) P. E . JAMES : The te~nainologyof regional desc~iption,Annals of the Association o f American Geogravhers, 1934, 24, págs. 78-86. (6) G. SANTAYANA: Essay on Beauty, 1894.


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LA APORTACION DE LOS GEOGRAFOS

John Ruskin, entre otros varios escritores de arte paisajistico, utilizaba el término rpaisaje)) en un sentido más amplio que el d e la sola escena aprehendida por el observador. El paisaje venia a ser para 61 como la suma de muchas vistas, y no un solo panorama (7). Geógrafos como Krebs (8) y Passarge (9), por ejemplo, opinaron también que 10s paisajes podian clasificarse en categorias para luego ser estudiados en su génesis. Car1 Sauer fue más allá y consideró que el paisaje tenia que estudiarse hilvanado, formando una secuencia, siguiendo las etapas de 10s cambios importantes introducidos por el hombre en la transformación de un paisaje -definido por sus rasgos naturales a otro definido por rasgos culturales. Para Sauer, en consecuencia, el término ((paisaje))no aludia a una escena o vista en concreto, sino a modelos ideahados que incorporaban rasgos de muchas escenas con el fin de comprender la génesis d e 10s cambios introducidos por el hombre (10). Aunque sus ideas despertaron un interés profundo y duradero entre 10s geógrafos americanos, su metodologia presentaba el serio inconveniente de presuponer con cierta ligereza que el paisaje podia reconstruirse y ser devuelto a su pureza original, tal cua1 estaba antes de ser perturbado por el hombre (11). Pero a medida que se ensayaban nuevas y más refinada técnicas de investigación para evaluar el impacto humano en 10s cambios del paisaje, se hacia también más evidente que incluso el hombre primitivo llevó a cabo sustanciales transformaciones en 10s suelos, la vegetación y en la misma forma del terreno. Las generalizaciones cientScas a base d e una serie de vistas o panoramas refuerzan la precaución que se observa en la actualidad de generalizar topográficamente a una escala más reducida que las descripciones regionales de cuño clásico, concebidas a escala corológica, es decir, muy amplia. Por consiguiente, el estudio del paisaje como generalización cientíñca a base d e una serie de vistas o panoramas está ganando favor en numerosos campos de estudio. La generalización a base de una serie de vista y la generalización a base de las regiones no son dos supuestos irreconciliables, sino que puedan apuntar a una identidad d e contenidos. El hecho de que la palabra alemana lundschaft se haya empleado indistintamente en el sentido de aárea)) o de ccregiónn además del de paisaje, no ha facilitado ciertamente la claridad d e ideas (12). Esta (7) J. RUSKIN: The Poetry of Architecture, Collected Essays, Londres, 1938. (8) N. KREBS: Natur und Kulturlandschaft, Zeitschrift der Gesellschaft fur Erkunde, Berlin, 1923, págs. 81-94. (9) S. PASSARGE : Vergleichende Landschaftskunde, Berlín, 1921-1930, 5 vols. (10) C. O. SAUER:The Morphology of Landscape, University of California PublicaFions in Geography, 1925, 2, págs. 19-54. (11) J. O. M. BROEK:The Santa Clara Valley, California; a Study i n Landscape Changes, Utrecht, A. Oosthoeck, 1932, y la serie de artículos en el nsupplement to the Annals of the Association of American Geographers,), vol. 49, 1959. (12) K. H. HUGGINS:Landscape and Landschaft, ~Geographyr,Shetfield, 1936, páginas 225-226.


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ambivalencia ha provocado un enorme aflujo de literatura metodológica entre 10s geógrafos alemanes (13). Los estudios del paisaje, entendido éste como apreciación del panorama, han sido abordados por 10s geógrafos de dos modos. Cierto número de ellos han llevado a cabo una valoración literaria del paisaje, siguiendo 10s pasos de Lucien Leclaire, quien cartografió las zonas de Europa occidental descritas por algunos novelistas regionales (14). Por su parte, H. C. Darby ha analizado la geografia regional del Wessex de Thomas Hardy (15), en tanto que J. H. Paterson ha descrit0 Escocia a través de la obra de Sir Walter Scott (16). Asimismo han sido analizadas las descripciones que Flaubert ha hecho del paisaje (17). Es este un rico campo de investigación dentro de la nueva tendencia de la percepción ambiental; de todas formas conviene tener en cuenta que el observador ve el paisaje según sus propios valores personales y culturales (18). La estética del paisaje, la topofilia, la cualidad del medio, las estimaciones d e la belleza natural del paisaje, etc., son campos de estudio que guardan mutua relación. El geógrafo alemán Banse y el británico Vaughan Cornish (19) fueron 10s primeros en estudiar 10s aspectos citados. E n la actualidad, geógrafos como K. D. Fines (20) y D. L. Linton (21) tratan de llegar a una apreciación objetiva del paisaje considerándolo como un recurso natural. Hoy empieza a reconocerse al paiszje el carácter de tal en razón a la importkncia económica que reviste para la industria turística. E n algunos paises han ernpezado a promulgarse leyes con vistas a una coaversaeión planificada del paisaje natural. Los geógrafos están trabajando actualmente en la elaboración de informes valorativos del paisaje, al tiempo que formulan recomendaciones en materia de planificación (22). (13) Véase, por ejemplo, H. BOBEKY J . S C H ~ T H U S E Die N : Landschaft, sGeographica Helvetica)~,Ziirich (Geographisch-etnographische Gesellschaft), volumen XIII, 1958, páginas 1-59; y J . S C H M I T H ~ S EWNa: s ist eine Lundschaft, ~~ErkundlichesW i s s e n ) ~Wiesba, den, 9, 1964, págs. 1-24. : Landscape, ~~Tnternational Encyclopedia of the Social Sciences,~, (14) M. W . MIKESELL 1965. Tlze regional geography of Thomas Hardy's Wessex, ~~Geographical (15) H . C. DARBY: Review~),LVIII, 1948, págs. 426-443. (16) J . H . PATEBSOS:Scotland through the eyes of Sir Walter Scott, ~(ScottishGeographical Magazine~ (Royal Scottish Geographical Society), Edimburgo, 1966. (17) B. F . BART : Flat~bert's Landscape Descriptions, Ann Arbor University of Michigan Press, 1956. (18) Y I Fu T U A N :Attitudes tou;ards enuironment: themes and approaches en sEnvironmental Perception and Behaviourr, ed. D. Lowenthal, 1960, págs. 4-17. (19) V . C O R N I S HT: h e Poetic Impression o f Natural Scenery, 1931. : Landscape eualuation: (L reser~rchproject i n Eust Sussex, regional (20) K. D. FIXJZS Studies~),1, págs. 41-45. (21) D. L. L I N T O X :The assessment of scenery us a nutural resource, eScottish Geographicnl Magazine~~, Edimburgo, 1968, 84, págs. 220-238. et alia: Hoyal Grampian Country, Scottish Tourist Board, Edimburgo, (22) K. WALTON 1969.

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PAISAJE Y CULTURA

Otro enfoque posible del paisaje consiste en considerar10 como un archivo d e las percepciones, técnicas y culturas del hombre. Asi, estudiando la evolución del suelo destinado a parques y jardines puede llegarse a una distinción entre 10 que son simples modas pasajeras y las actitudes genuinas frente a la Naturaleza. Los estudios de D. Lowenthal y H. C. Prince (23) reflejan este conocimiento de la relación existente entre la percepción cultural d e una sociedad y las transformaciones del medio fisico obra de esta misma sociedad (24). Desde 1951, la revista americana Lanclscape viene concentrando su atención en estas investigaciones (25). Otros estudios vienen referidos a la actitud religiosa del hombre frente al paisaje y la naturaleza, dando asi un sentido trascendente, cosmológico, a ciertos rasgos del misrno (26). La evidencia de esta plasmación d e arquetipos celestiales en la tierra (27), se refleja claramente en 10s monumentos megalíticos de la Edad de Bronce, en 10s templos griegos (28), en 10s símbolos que 10s mxcas trazaron en la piedra, en las montañas sagradas de 10s budistas, en 10s jardines japoneses, etc. Las concepciones primitivas del mundo no eran meras geografias locales, sino verdaderas cosmografias. Madeleine Colani ha demostrado coma en Vietnam del Norte, el conjunt0 del paisaje, con sus arrozales, lagunas, puentes, canales, montañas sagradas y manantiales, conforma y trasluce la visión totalmente panteista de la vida de sus habitantes budistas. Del mismo modo, 10s dogones del Alto Volta, en el África occidental, plasmaron su valoración cósmica de las cosas gemelas - elevadas por ellos a la categoria de la norma suprema - reproduciendo este simbolismo en sus poblados y en el trazado d e sus campos. El paisaje revela, asimismo, caracteres etnográficos que vienen determinados por las estructuras sociales, como ocwre con 10s Bemba d e Zambia (29), 10s Tiv de Africa occidental o 10s Zanda del Congo septentrional. Pero por lo que hace referencia a esta relación entre paisaje y cultura es necesario que se estudie con mucha mayor amplitud. Sin embargo, es natural que hayan sido 10s estudios sistemáticos del paisaje agrari0 10s que han tratado más a fondo el problema del nexo entre paisaje Y H. C. PRINCE:The English Landscape, ~~Geographical Reviewr, (23) D. LOWENTHAL LIV, 1964, págs. 319-346 ; y también English Landscc~peTastes, 11 Geogra~hicalReview 11, LV, 1965, págs. 186-222. (24) I. NAIHN:The American Landscc~pe: a critica1 riew, Nueva York, Random House, 1965 y R. NASH: Wilderness and the American Mind, New Haven, Yale University Press, 1967. (25) M. W. MLKESILL : A decade of Landscape, 11 Geographical Review )I, LI, 1961, págs. 441-442. (26) M. ELIADE: The Sacred and the Profane, Nueva York, Harper, 1961. (27) E. ISAAC: The Act and the Covenant: The inipact of religion on the landscape, ~~Landscaper, Santa Fe, XI, 2, 1961-1962, págs. 12-17 y God's Acre, ~~Landscape~l, Santa Fe, XIV, 2, págs. 28-32. (28) V. SCULLY:The Earth, the Temple and the Gods, New Haven, Yale University Press, 1962. (29) A. J. RICHARDS : Land, Labour and Diet i n Northern Rhoclesici, Oxforcl, University Press, Londres, 1939.


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y sociedad. W. C. Hoskins (30) en Inglaterra, y D. Hannerberg (31) en Suecia, ambos especialistas en historia agraria, fueron 10s primeros en ocuparse del tema, y en la actualidad se están llevando a cabo numerosas investigaciones metrológicas para explicar el sentido d e las medidas de 10s campos, la forma d e 10s mismos, las unidades de poblamiento y, también, la relación existente entre el instrumental agrícola y 10s sistemas d e cultivo (32). Implicados en estas investigaciones se encuentran el sistema juridico, fiscal y social de las respectivas comunidades, que han dejado tambikn la buella externa de su influjo. El paisaje visto como palimpsest0 o testimonio de técnicas y culturas pretéritas, constituye un estudio de historia agraria que confluye con la Geografia humana en unos intereses comunes e investigaciones concordantes.

CONSERVAClON Y TRANSFORMACION DEL PAISAJE EN LA ERA TECNOLOGICA

E) &

Un nuevo enfoque del paisaje es el constituido por el examen biológico y botánico d e 10s cambios suscitados por la expansión europea de Ultramar a partir del siglo xv.' La ~~europeizaciónad e Australia, por ejemplo, supuso el traslado y aclimatación d e más de 165 especies vegetales a nuevos medios ambientales, para no mencionar el traslado masivo de animales. Es mucho todavia 10 que falta por investigar respecto a las pruebas y experiencias realizadas por 10s colonos de Iberoamérica, América anglosajona y Africa (33). !E1 estudio biológico del paisaje o de 10s ecosistemas, ha impulsado en la actualidad el desarrollo de nuevas técnicas para la conservación del mismo.'kn la Unión Soviética, el desprecio manifestado hacia la naturaleza, considerada como un obstáculo' inerte para la sociedad humana, condujo al voluntarismo y al consiguiente desafio a la naturaleza (34). Sin embargo, en 1952 se produjo un cambio de actitud, y desde entonces 10s geógrafos soviéticos vienen dando un trato preferente, dentro del ámbito ecológico, a la cartografia del paisaje y a 10s sistemas de clasificación. %oy son muchas las naciones que se hallan empeñadas en una activa lucha contra la contaminación del medio y en la conservación de 10s ecosistemas naturales, que constituyen el potencial y 10s laboratorios insustituibles para el estudio científic0 (35).%ronto llegará el mo(30) W. G. HOSKINS: The Making of the English Landscape, Londres, 1955. Die hlteren skandinuvischen Ackermasse, ([Land Studies in Geo(31) D. HANNERBERG: graphyr, 1955, serie B, 12. (32) S. HELMFRID:&lorphogenesb of the Ag~arian Cultural Landscape, ~Geografiska Annalerr, Estocolmo, 1961, 43, págs. 1-328, y tambikn, A. MEYNIER:Les paysages agraires, Paris, Cohn, 1958, y O. RIBEIRO: Paisagens rurais da America tiopical, ensalo de Geografia comparada, (~Finisterrar, 1967, 3, págs. 39-76. (33) W. L. THOXAS: Man's Role i n Changing the Force of the Earth, Chicago, University of Chicago Press, 1956. (34) E. SZAVAKOVATS: l'he present State of Landscape theory and its main philosophical problenzs, R Soviet Geography ) I , 1966. (35) UNESCO,Use and Conservalion of the Biosphere, ((NaturalResources research series)), Paris, 1950, 10.

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Paisaje y síntesis geogrifica

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inento en que 10s estudios del paisaje estén tan integrados en la noción general d e la potencia energética d e 10s ecosistemas, que las definiciones del mismo tendrán un carácter más funcional que formal? El diseño del paisaje se concibe hoy en función d e gigantescas obras de ingenieria, como son el dragado de la entrada del mar Báltico; el remodelado de la costa del Bajo Languedoc con vistas al turismo; la readaptación de las cuencas fluviales en la zona ártica del Canadá y la Unión Soviética para desviar el curso de 10s ríos hacia el sur, impidiendo que viertan sus aguas en el océano Artico; el taponamiento del estrecho de Bering con el fin de cambiar el clima d e las regiones árticas, y la reordenación de 10s cursos fluviales de la cuenca del Amazonas para desecar vastas extensiones de tierra, crear lagos d e agua dulce y acometer importantes obras hidráulicas. De otro lado, las excavaciones y nivelaciones a gran escala, el acondicionamiento d e 10s declives montañosos para la retención de aguas y la implantación definitiva de la concentración parcelaria en aquellas zonas rurales en que la propiedad aparece muy fragmentada, han dado lugar a la creación de nuevos paisajes tecnológicos d e la inayor importancia. Los nefastos resultados de aquellas actitudes de luissex-faire vigentes en el pasado, son todavia dolorosamente reconocibles en la ponzoñosa imagen de muchos paisajes industriales, bien sea en las zonas carboniferas d e Gran Bretaña, en las principales ciudades d e 10s Estados Unidos, o en 10s actuales suburbios d e las grandes ciudades del mundo subdesarrollado. Antaño, la planificación del paisaje era un lujo reservado a la aristocracia con la exclusiva finalidad d e embellecer 10s respectivos feudos. Hoy, en cambio, dicha planificación es necesaria para la reestructuración de toda el área rural de una nación. !La percepción y definición de las cualidades del medio, la educación masiva acerca del mejor modo de emplear las recursos naturales, una mayor comprensión d e las consecuencias ecológicas derivada de 10s cambios tecnológicos son factores que tienden a unificar todo el esfuerzo científic0 de la comunidad de naciones para que el paisaje sea objeto d e una atención preferente." Es posible que a 10s geógrafos corresponda entonces un papel más humilde en el entendimiento e interpretación del paisaje, ya que su interés se ver6 compartido por todos 10s científicos; pero por esta misma razón es posible que el estudio del paisaje resulte también más sugestivo.

F)

PAISAJE Y METODO GEOGRAFICO

Asi pues, por variable que sea en su definición y estudio, el paisaje no es ni la parcela exclusiva del geógrafo, ni el marco completo d e la Geografia. Su valor para el geógrafo consiste en ser una noción metodológica con diversos méritos. E n primer lugar sirve como punto d e referencia en 10s estudios regionales, cuando se trata de interpretar gran cantidad de datos geográficos. Su principal importancia estriba en que ayuda a ordenar 10 que de otro modo


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no pasaría de ser una simple acumulación d e datos descriptives (36). E n segundo lugar, el paisaje es el coiitexto tangible de la asociación del hombre cjnn el hombre, y del hombre con la superficie de la tierra. Por ser una realidad tan colicreta, sirve también para verificar la validez de 10s procesos físicos y culturales d e carácter general. E n tercer lugar, el paisaje es algo que se coiitempla, y no algo que simplemelite se ve. El dilema que plantea la gran cantidad de saber en una era analítica como la nuestra es que, por ver10 todo, acabamos no viendo nada. La valoración científica del paisaje consiste en la feliz combinación de ver y contemplar, de examinar y disfrutar. Por consiguiente, el interés geográfico en el estudio del paisaje es un buen medio para mantener el equil i b r i ~de pensamiento entre análisis y síntesis. No obstante, el vocablo ccpaisaje]~ no representa para el geógrafo -como tampoco 10 representa el término ((regióna - un tema central. Sigue siendo tan s610 un contexto deiitro del cua1 puede aprender a usar nuevas técnicas para nuevos objetivos de estudio.

RESUME L'auteur cherche i préciser les différentes significations qui ont ktk données au mot paysage et souligne les points se réfkrant ila perception du paysage, i l'apport des gkographes dans ce domaine, i la relation entre le paysage et la cultme, aux problimes de conservation et de transformation du paysage et finalement aux points de contact entre l'étude du paysage et la mkthode géographique. L'article se termine avec une bibliographie abondante concernant ce thbme.

ABSTRACT The author tries to analyses the different meanings given to the word elandscape,, and underlines the djfferent points regarding the slandscape,, perception, the geographers contributions in this field, the probiems of preserving and transforming the landscape and finally to the common aspects between the study of the landscape and the geographical method. The article finishes with ample bibliography relating to this theme.

: ?'he \Vestern (36) J. M. HOUSTON 1964.

Mediterranean World, Londres, Longmans Green.


Il paesaggio siamo noi Francesca Leder Dipartimento di Architettura, UniversitĂ di Ferrara


Il paesaggio siamo noi1 Francesca Leder Università di Ferrara, Dipartimento di Architettura francesca.leder@unife.it

1. C’è sempre più bisogno di paesaggio La percezione, drammaticamente nitida, degli effetti generati dalla frenetica trasformazione che interessa, oramai da trent’anni, gran parte del territorio italiano (e non solo) chiede a noi tutti, urbanisti o amministratori, esperti o semplici cittadini quanto meno una pausa di riflessione. Una riflessione che dal punto di vista degli addetti ai lavori dovrebbe essere dedicata, in prima istanza, alla ricerca di un effettivo punto di incontro tra approccio analitico e capacità di dare risposte concrete alla crescente domanda di paesaggio posto dalla nostra società. L’assunzione di impegno a spendersi per una comprensione non solo teorica, ma anche propositiva, dei fenomeni della dispersione nell’intento di arginare, e se possibile correggere, quanto avvenuto (e sta avvenendo) nei nostri territori in termini di consumo di suolo e di risorse vitali, di produzione di caos funzionale e di malessere dell’abitare2. All’interno del dibattito avviatosi già da qualche anno e centrato sulla necessità di una riforma culturale e operativa dell’urbanistica, finalizzata a ricucire i fili di un discorso slabbrato e sempre più autoreferenziale, sembra riaffacciarsi sulla scena dell’immaginario disciplinare, a distanza di

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Questo testo raccoglie, in forma rivisitata, le note che scritte in occasione del mio intervento al forum“Il paesaggio è

una risorsa?”, Città Territorio Festival, Ferrara 20 aprile 2008. Ringrazio Francesco Erbani per avermi spinto a queste riflessioni, seguendole anche nel loro evolversi. 2

Come sappiamo la bibliografia attraverso cui studiare la genesi, l’evoluzione e il declino della cosiddetta «città

diffusa» è straordinariamente ampia. Cito, per sintesi, il volume di F. Vallerani – M. Varotto (a cura di), Il grigio oltre le siepi. Geografie smarrite e racconti del disagio in Veneto, Nuova Dimensione, Portogruaro, 2005, dove, alle analisi di carattere strettamente fisico e funzionale, si affiancano acute riflessioni “sullo spazio vissuto, sulla qualità della vita, sulla quotidianità esistenziale, sul crescente disagio nei confronti del vistoso declino del bel paesaggio veneto, prestigiosa eredità millenaria di cui sembra essersi perso non solo il valore memoriale, ma anche le più elementari competenze per salvaguardarne l’integrità idrogeologica ed ecologica”, p.13.

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quasi cinquant’anni dalle prime formulazioni, quel concetto che a cavallo degli anni ’50 e ’60 andava sotto il nome di «progettazione integrale»3. Non saprei dire se la definizione possa essere ritenuta ancora appropriata, almeno sul piano del linguaggio specialistico. Comunque sia, al di là di ogni interpretazione o sfumatura terminologica (verso le quali nutro, soprattutto in questa sede, scarso interesse), ciò che mi sembra importante sottolineare è che tale concetto, nella sua formulazione originaria, esprimeva fiducia nella continuità tra pianificazione socio-economica, piano urbanistico, intervento architettonico. Il tutto si sintetizzava in un nuovo modello di sviluppo, quello della pianificazione regionale teorizzata tanto dai geografi quanto dagli urbanisti4, e nell’immagine della cosiddetta «città-regione», definita dai protagonisti del dibattito di quegli anni come “esperienza insieme architettonica e urbanistica che supera le limitazioni insite nei concetti di edificio, di quartiere e di città, per interessare tutto, alla sua vera grandezza, l’ambiente per la vita dell’uomo”5. Ma la bontà di un’idea, sappiamo, non la rende, necessariamente, vincente. Così di lì a poco, nelle diverse posizioni accademiche, che vedranno l’opporsi dell’«architettura» all’«urbanistica», si farà strada un’interpretazione totalmente diversa di questo che inizialmente sembrava essere, invece, un obiettivo condiviso: saperi e relativi percorsi esperienziali tenderanno a radicalizzarsi nel tentativo di avere il primato sugli studi della città e del territorio. Non è questa la sede dove ripercorrere, anche solo i tratti più salienti, della storia dell’urbanistica italiana dal dopoguerra ad oggi. Mi interessa invece sottolineare come, nel cercare tracce di 3

Il contesto in cui si formalizza questa nuova visione di «urbanistica continua e continuamente variata» è quello del VII

Congresso INU del 1959 nell’ambito del quale si tenne una famosa «tavola rotonda» i cui temi furono riproposti da L. Quaroni, G. De Carlo e E. Vittoria in Urbanistica, n. 32, dicembre 1960 cit. anche in Durbiano G. – Robiglio M., Paesaggio e architettura nell’Italia contemporanea, Donzelli, Roma 2003, p. 37. I medesimi concetti vengono poi ripresi in De Carlo G., La nuova dimensione della città. La città regione, Relazione di sintesi al Seminario, ILSES, Milano 1962. 4

Sui temi del regionalismo, agli albori della pianificazione regionale, vedasi tra gli altri Bonora P., I geografi nel

dibattito sulla questione regionale (1944-1948), Pitagora Editrice, Bologna 1980; Corna-Pellegrini G., “La dimensione regionale della politica economica”, Civiltà degli scambi, settembre 1960 ora anche in Bonora P. (a cura di), Giacomo Corna-Pellegrini. Italia paese nuovo. Saggi geografici ed economici, Edizioni Unicopli, Milano 1989, pp. 103-116; AA. VV., La pianificazione regionale, Atti del IV Congresso Nazionale di Urbanistica (Venezia 18-21 Ottobre 1952), Istituto Nazionale di Urbanistica, Roma 1953. 5

VII Congresso INU, cit.

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paesaggio, è possibile riconoscere al dibattito della fine degli anni ’50, e di quello poco successivo, un’attualità davvero straordinaria ed anche un’originalità poi rapidamente obliterata a favore di una diversa preoccupazione: quella di mettere a punto strumenti di analisi finalizzati principalmente a fondare scientificamente il piano, relegando ad un ruolo del tutto subalterno la conoscenza e il rispetto per la «materialità del territorio», il suo essere palinsesto fisico, economico e sociale, considerando ininfluente il suo futuro assetto formale e fisico. Tutto ciò non desta alcuna meraviglia. Del resto, com’è stato scritto, le tracce di paesaggio rimandano ad “un paradigma debole e multiforme, nato su un termine anfibio, capace di connotazioni molteplici, resistente ad ogni esclusiva connotazione, in cui conoscenza e modificazione si intrecciano, scambiandosi volentieri i ruoli”6. Le stesse ragioni che portano al centro della discussione disciplinare anche il tema del paesaggio vanno cercate in dominanti molto variegate: dalla maggiore attenzione e preoccupazione verso le questioni ambientali7 alla riscoperta dell’arte e del valore olistico dei luoghi8, dal crescere dell’approccio patrimonialista che inserisce il paesaggio nel catalogo dei beni e delle risorse storico-culturali all’azione riformatrice della Convenzione Europea del Paesaggio. Guardando all’oggi, quello che appare fecondo è il dilatarsi, sempre più fiducioso, dei confini disciplinari, espressione di un’attitudine intellettualmente e scientificamente più generosa che lascia spazio a questo comune sentire per il paesaggio che aggrega, in modo sempre più ampio e convinto, esperti tecnici e opinionisti di vari settori, ma anche associazioni di cittadini e perché no? persone comuni. 2. “Who owns the paradise?”: il paesaggio tra interessi particolari e visione di bene comune

6

Durbiano G. – Robiglio M., cit., p. 79.

7

L’approvazione, avvenuta nel 1985, della legge 431 (la cosiddetta legge Galasso) che impone alle regioni la redazione

di piani paesistici e la messa a punto di strumenti specifici per le aree di tutela speciale serve, in qualche modo, a rilanciare l’interesse per il paesaggio attraverso però l’espressione di un approccio più generale ai temi dell’ambiente e della qualità del territorio. Per una ricostruzione, non convenzionale, della genesi della legge 431 cfr. F. Erbani, Uno strano italiano. Antonio Iannello e lo scempio dell’ambiente, Laterza, Bari 2002. 8

Cfr. P. Castelnovi (a cura di), Il senso comune del paesaggio, Ires, Torino 2000.

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Il paesaggio, come abbiamo visto, rappresenta un campo di interesse che più facilmente di altri riesce a mettere insieme approcci disciplinari e culturali diversi, uniti dalla comune volontà di riconoscere allo stesso una straordinaria qualità maieutica. Il paesaggio si presenta come fucina di idee, come grande laboratorio, sempre più affollato e variegato, dove si incontrano saperi diversi e dove si sperimentano non solo e non tanto nuove teorie o nuovi filoni di ricerca9. Un contesto in cui – quando parliamo di progetto di luoghi – si mettono a punto, nel confronto con gli abitanti, nuove prassi e nuove, ed originali, forme di progettualità. Forse per questa ragione, nella disciplina urbanistica, così come nella pianificazione, il paesaggio costituisce, al di là di qualunque ragione strumentale, un tema sempre più ineludibile, un discorso obbligato (sarebbe troppo ottimistico definirlo centrale) anche nella gran parte dei dibattiti pubblici. C’è allora da domandarsi quale sia la vera causa di questo progressivo irrompere del paesaggio nel discorso della cultura urbanistica. Ma poi ancora: se e come il paradigma del paesaggio possa far emergere una nuova cultura capace di innovare i saperi e le loro forme di espressione. Indubbiamente la Convenzione Europea sul Paesaggio (CEP) ha giocato un ruolo fondamentale nel dinamizzare gli interessi e le azioni sul terreno del paesaggio facendolo diventare un tema importante – non più subordinato – del dibattito urbanistico. La CEP ha contribuito anche a dare vigore alle riflessioni teoriche riproponendo il quesito relativo su come interpretare e valutare il rapporto tra trasformazione del territorio e produzione di paesaggio, facendo emergere la grande disponibilità di conoscenze, competenze e interessi trasversali che consentono al paesaggio, appunto, di diventare un terreno di sperimentazione culturale, politica e tecnica. C’è poi da chiedersi quanto questo parlare paesaggio corrisponde effettivamente al diffondersi di una lingua franca, di un codice comune, che scaturisce, prendendo a prestito le parole di Danilo Dolci, da “un concepire affine, disponibile ad ampliarsi nel confrontarsi”10. 9

“Un modo per convergere nello studio intorno [al paesaggio] – sostiene Lucio Gambi – è quello di accoglierlo come

problema: problema che manda a carte al vento i nostri tradizionali, gelosi ritagli disciplinari”, Gambi L., Riflessione sui concetti di paesaggio nella cultura italiana degli ultimi trent’anni, in Martinelli R. – Nuti L. Fonti per lo studio del paesaggio agrario, Atti del III Convegno di Storia Urbanistica, Ciscu, Lucca 1999, p. 9 ripreso anche in Durbiano G. – Robiglio M., cit., p. 79. 10

Citato in Mazzoleni C., La relazione società e ambiente in una prospettiva maieutica: incontro con Danilo Dolci,

http://danilo1970.interfree.it/prop.html.

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La ricerca di un linguaggio comune sembrerebbe soddisfare il bisogno di comunicare in modo sempre più ampio la convergenza di interessi e di obiettivi che, come dicevo all’inizio, accomuna molte e differenti discipline. Il paesaggio ci appare allora come risorsa anche in quanto struttura comunicativa, che come tale non si limita al solo dialogo, ma si spinge all’interazione comunicativa, si propone cioè come “alternativa ai tradizionali rapporti unidirezionali” 11. Malgrado i molti segnali positivi, la battaglia contro la diffidenza nei confronti di questo «paradigma debole e multiforme» non è del tutto vinta. Per questo è utile affermare che ragionare sul paesaggio non significa, come ancora qualcuno pensa, attardarsi a discutere di questioni astratte. Riformare l’approccio alla comprensione e alla gestione delle trasformazioni territoriali, proprio a partire dal paesaggio, può significare, al contrario, riuscire a dare una chance a quella che potremmo definire, prendendo a prestito un felice ossimoro di Ernst Bloch, un’ “utopia concreta”12. Non mancano neppure voci critiche, o fortemente dubbiose, sulla correttezza e sull’efficacia del messaggio espresso dalla Convenzione Europea sul Paesaggio. Queste posizioni di dissenso, espresse da figure molto impegnate proprio nella difesa dell’integrità del paesaggio, fanno leva sull’interpretazione di alcuni dei passaggi chiave del testo della Convenzione. Uno di questi è quello che associa (i detrattori dicono: vincola) il paesaggio alle sorti dello sviluppo locale. La critica mossa alla coppia paesaggio-sviluppo locale deriva dal fatto che secondo questa lettura interpretativa il paesaggio, per essere considerato risorsa, dovrebbe sottostare alle regole del mercato, della competizione, delle performance produttive, …. C’è in effetti il rischio, è inutile negarlo, di una pericolosa banalizzazione, se non addirittura di mistificazione, dell’idea stessa di paesaggio, quando tendiamo ad associarlo allo sviluppo. Ed é un rischio non esclusivo solo dell’esperienza italiana. Guardando però all’Italia possiamo dire che, a dispetto dell’articolo 9 della Costituzione, il nostro Paese, purtroppo, s’è distinto per un comportamento tutt’altro che virtuoso.

11 12

Ibidem. E. Bloch, Il principio della speranza, Garzanti, Milano 1994. Sull’interpretazione del pensiero di Bloch vedasi anche

Pozzoli C., L’utopia possibile. Per una critica della follia politica, Rusconi, Milano 1992.

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Proprio per scongiurare questo pericolo credo sia molto utile provare a guardare con maggiore attenzione al di fuori dei nostri confini, ai molti esempi positivi che con la loro presenza ci rassicurano sulla praticabilità di scelte alternative da cui trarre alcuni utili insegnamenti. Penso innanzitutto al caso della Francia, e alla grande campagna fotografica associata alla rivisitazione dei valori del paesaggio messa in campo già da alcuni decenni prima dal DATAR e poi dal Ministero dell’Ambiente con lo scopo di documentare il territorio nazionale e di stabilire un punto di partenza da cui far emergere politiche di tutela e di valorizzazione nuove affinché il “prodotto territoriale”, scaturito da queste eventuali trasformazioni, possa considerasi compatibile con le politiche di tutela ma anche di costruzione di nuovi paesaggi di valore13. Poi penso alla Spagna, più in particolare alla Catalogna, al grande e capillare lavoro messo in campo sin dal novembre 2004 dall’Observatori del Paisatge, struttura tecnico-politica che potremo considerare una sorta di cabina di regia da cui deriva il coordinamento di tutte le attività di pianificazione, di messa in atto – attraverso le Carte del Paesaggio – di innovativi strumenti di governo del territorio che obbligano a considerare il paesaggio come punto di partenza di una nuova organizzazione spaziale, attribuendo alla sua tutela e alla sua corretta valorizzazione (non alla sua mercificazione) il ruolo di volano dello sviluppo14. Altrettanto positivamente potremo parlare, com’è noto, dell’Inghilterra, così come di molti altri paesi europei che da tempo hanno messo in conto la necessità e l’utilità di un censimento e della catalogazione dei paesaggi tradizionali, di quei milieu in cui si riconoscono interrelazioni ancora molto forti tra dimensione culturale, sociale, economica15. Contesti contraddistinti da valori 13

Sull’esperienza dell’Observatoire photographique du paysage e del Bureau des paysages del Ministére de

l’Amenagement du territoire et de l’Environment si veda Seguin J.-F., Séquence paysages-revue de l ‘Observatoire Photographique du Paysage - 2000, Arp Éditions, Bruxelles 2000. 14

Cfr. Observatori del Paisatge, http://www.catpaisatge.net. Per un inquadramento sulle politiche territoriale e il

paesaggio in Catalogna e in Spagna cfr. Nogué J., El tratamiento de la temática paisajística en Cataluña y en Espagna, in Mata R. – Tarroja A., El paisaje y la gestión del territorio. Criterios paisajísticos en la ordenación del territorio y el urbanismo, Deputació Barcelona – Xarxa de municipis, 2006, pp. 53-60. 15

Per uno rapido sguardo alla recente esperineza inglese vedasi Selman P., “Community Partecipation in the Planning

and Management of Cultural Landscape”, Journal of Environmental Planning and Management, Vol. 47, No. 3, May 2004, pp. 365-392; Id., “The ‘Landscape Scale’ in Planning: Recent Experience of Bio-geographic Planning Units in Britain”, Landscape Research, Vol. 30, No. 4, October 2005, pp. 549-558; Id, Planning at the Landscape Scale, Routledge, London, 2006.

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simbolici e associativi assai complessi di cui il paesaggio è forse la più efficace forma di espressione/rappresentazione. Le esperienze citate, le volontà istituzionali che le hanno prodotte, ma anche le comunità che le hanno faticosamente fatte proprie, e il cambiamento di valori che questa nuova consapevolezza comporta, fanno immaginare il paesaggio (soprattutto quello tradizionale) come laboratorio di cittadinanza costruita attraverso la riaffermazione del suo mandato più nobile: quello educativo, inteso in termini di riscoperta delle radici e dei processi evolutivi delle identità locali e tradotto, laddove l’osmosi tra generazioni è ancora forte, nella “ricerca di un inserimento armonioso” dell’opera dell’uomo nel mondo naturale, sostituendo “l’atteggiamento del predatore” come lo definisce Serge Latouche, “con quello del giardiniere”16. Non c’è spazio, né tempo per poter approfondire adeguatamente l’argomentazione. Credo valga la pena ritornare su queste riflessioni perché trovo che vi siano moltissime analogie tra l’idea di una nuova concezione di paesaggio, scaturita da un importante cambiamento di valori culturali e sociali, e il “circolo virtuoso della decrescita serena” di cui parla largamente Latouche17. 3. Paesaggio: territorio abitabile, ma con cura. Rosario Assunto afferma che il paesaggio può essere assimilato al concetto di “realtà in cui l’uomo abita”. Una realtà che “egli esperisce direttamente, può produrre, modificare (secondo l’inglese landscaping) in meglio o in peggio; o anche distruggerla, cancellandola dal proprio orizzonte” 18. Seguiamo ancora per un attimo il pensiero di Assunto. Egli ci dice che il paesaggio è uno spazio (o una rappresentazione dello spazio). Dunque il paesaggio non occupa uno spazio, né è oggetto nello spazio. In altre parole, secondo Assunto, la nozione di spazio è costitutiva (ma non esaustiva) del concetto di paesaggio. Nella valutazione dell’esperienza pratica, ci viene anche fatto osservare, però, l’identificazione del concetto di paesaggio con quello di spazio è stata portata all’estremo. L’ «idea del paesaggio come 16

Latouche S., Breve trattato sulla decrescita serena, Bollati Boringhieri, Torino 2008, p. 43; Id., La scommessa della

decrescita, Feltrinelli, Milano, 2006. Sul tema dell’agire della “società paesaggistica” si veda tra gli altri Donadieu P., “Può l’agricoltura diventare paesistica?”, in Lotus, n. 101, 1999, pp. 60-71; Id., La société pajsagiste, Actes Sud-Ensp, Arles 2001; e Clement G., Manifesto del Terzo paesaggio, Quodlibet, Macerata 2005. 17

Ivi, p. 44.

18

Assunto R., Il paesaggio e l’estetica, Edizioni Novecento, Palermo 1994, p. 22.

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spazio», in altri termini, non sembra soltanto esprimere un punto di arrivo, ma addirittura si può dire che esso incarni l’epilogo stesso della storia del paesaggio, che si traduce, appunto, nel trattare il «paesaggio come puro spazio». Sul piano concreto Assunto suggerisce di guardarsi attorno, facendo un semplicissimo esercizio che è quello di “percorrere una delle tante autostrade costruite negli ultimi decenni, oppure ispezionare uno qualsiasi degli insediamenti d’abitazione, degli impianti industriali, dei complessi turistici che sono stati costruiti negli ultimi dieci e quindici anni” 19. In Italia, continua Assunto, il fenomeno di banalizzazione è stato forse più vistoso che altrove, raggiungendo proporzioni macroscopiche. Le ragioni di questo drammatico “primato” vanno ricercate in una sorta di “voluttà sostitutiva, derivata dal sentirsi artefici di una vera e propria rivoluzione culturale, al negativo, che si avventava contro il paesaggio della memoria e della fantasia per ridurlo a semplice spazio della geometria”20. La rivoluzione culturale di cui parla Assunto vede moltissimi attori principali, purtroppo, anche tra gli architetti e gli urbanisti. Ad essi, ma non solo ad loro, Assunto attribuisce molte delle responsabilità nell’aver retrocesso il paesaggio a «semplice spazio». Tutto il nostro territorio, ci rammenta, “è segnato dai residui della produzione e del consumo: frammenti morti di materiali in gran parte, com’è noto, indistruttibili”21. A questo proposito, é utile ricordare che la crescente attenzione versi i temi del paesaggio nulla ha potuto, però, contro il dannosissimo depositarsi sul suolo italiano di detriti edilizi, residenziali o produttivi, così come di discutibili opere infrastrutturali. Come non riflettere, anche qui, sulla colonizzazione arrogante e indifferente, cifra indelebile di moltissime aree del nostro territorio, su quella territorializzazione scellerata che ha portato con sé l’inevitabile male di vivere (e di lavorare), delineando con drammatica precisione i tratti di quel «paese spaesato» di cui parlano sempre più spesso molti cittadini e che gli addetti ai lavori e gli analisti costantemente registrano22. I dati, messi a disposizione da Legambiente e dal CRESME in una relazione del giugno 2007 e ripresi da Francesco Erbani in una cronaca che utilizzo come fonte, ci parlano di 3 milioni 231 mila appartamenti realizzati nell’ultimo decennio. 331 mila costruiti solo nel 2006 dei quali 30 mila 19

Ivi, p. 24

20

Ibidem.

21

Ibidem.

22

Comitato per la Bellezza – Centro Studi TCI, Un Paese spaesato. Rapporto sullo stato del paesaggio italiano, I Libri

Bianchi del Touring Club Italiano, n. 12, 2001

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abusivi. E poi ancora 7 mila capannoni sorti soltanto nel 2005. Non si contano quelli già precedentemente realizzati e inutilizzati. Ma ci sono anche 6 mila cave attive e circa 10 mila dimesse. Un patrimonio, dice Lorenzo Bellicini, direttore del CRESME, stimato attorno ai 53 metri cubi di cemento per ogni cittadino italiano. Ma questo, si intuisce dall’articolo di Erbani, rappresenta solo un piccolo assaggio de “l’assalto al paesaggio” di cui parla Erbani nel suo articolo. Alle considerazioni sulla quantità vanno affiancate quelle sulla qualità del prodotto urbano e posturbano esprimendo un giudizio non meramente estetico della materia sciatta che dà forma e sostanza alla città occasionale e diffusa23. L’esperienza empirica consigliata da Assunto, ci aiuta sotto diversi punti di vista. In particolare esorta ad indagare a fondo, e in modo più specifico, anche se ancora per difetto, sulla coppia paesaggio-risorsa ricavandone, indirettamente, il monito ad addentrarsi con grande cautela nel terreno incerto della cosiddetta valorizzazione del paesaggio, che troppo facilmente è stata assimilata, pensiamo ad esempio alle politiche per il turismo, ai concetti di “produzione” e di “consumo”24, declinazioni assolutamente compatibili con i principali attributi dell’essere in sé risorsa: la soggettività, la relatività e la funzionalità. Ma quali dunque allora le alternative? Arturo Lanzani, in uno scritto del 2002, propone sette strategie per il paesaggio25. Non trovo esplicitata, forse perché già compresa nelle diverse formulazioni, l’idea di paesaggio come milieu26. Personalmente credo che la complessità dei temi del paesaggio possa essere ricondotta ed interpretata in modo ancora più corretto se letta in chiave di milieu. Anzi, proprio questa dimensione, composta tanto di oggetti che di valori27, consente di rendere evidente il ruolo da attribuirgli anche nel campo dell’agire urbanistico. Utilizzare il concetto di milieu significa interpretare in modo ampio il paradigma del paesaggio come risorsa e di stabilire le regole attraverso cui costruire il progetto locale non come esperienza 23

Erbani F. “L’assalto al paesaggio”, La Repubblica, 20 giugno 2007, p. 59.

24

Cfr. Urry J., Consuming Places, Routledge, London 1995

25

Lanzani A., Qualificare/Regolare le trasformazioni, in Clementi A. (a cura di), Interpretazioni di paesaggio,

Meltemi, Roma 2002, pp. 262-291 anche in Lanzani A., I paesaggi italiani, Meltemi, Roma 2002, pp. 206-255. 26

Sul tema cfr. anzitutto Berque A., Mediance. De milieu en paisage, Gip Reclus, Montpellier 1990. Per un

inquadramento più generale sul tema del milieu in rapporto ai temi urbani e territoriali cfr. Governa F., Il milieu urbano. L’identità territoriale nei processi di sviluppo, Franco Angeli, Milano 1997. 27

Entriking N., The betweeness of the place, Towards a Geography of Modernity, Macmillan, London1991, p. 7.

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assoluta ma di progetto latente (o il progetto implicito di cui parla Dematteis) dove il paesaggio si manifesta come luogo di rappresentazione delle necessità e degli interessi collettivi28. 4. Paesaggio passato. Paesaggi futuri. In chiusura vorrei provare a fare un rapido salto indietro nel tempo ricordando un altro capitolo della storia dell’urbanistica italiana. Cinquant’anni fa, più o meno di questi tempi, si davano alle stampe gli atti del VI Convegno Nazionale di Urbanistica, tenutosi a Lucca l’anno precedente (novembre del 1957). Titolo del convegno e del volume: Difesa e valorizzazione del paesaggio urbano e rurale. La seduta inaugurale si apriva con la presentazione di Adriano Olivetti, presidente dell’INU, seguita dalla relazione di apertura di Giuseppe Samonà e dalla presentazione della proposta di legge quadro sulla tutela delle bellezze naturali e del patrimonio artistico e culturale, relatore Gianfilippo Delli Santi29. Si tratta, a mio parere, di un documento importante, uno dei tanti, che può essere utilizzato a testimonianza dello svolgersi di un dibattito (animato anche al di fuori dell’INU, si pensi solo agli interventi di Italia Nostra nata nell’ottobre del 1955) che già al tempo assumeva toni molto appassionati e decisi. In questa raccolta di interventi, tra i diversi resoconti e prese di posizione, vi sono moltissime analogie con la discussione, tutt’oggi molto attuale, relativa al tema della concettualizzazione del paesaggio in relazione alle pratiche di gestione del territorio. Tra gli interventi più interessanti sembra emergere quello di Edoardo Vittoria, singolare figura di intellettuale e di progettista fortemente segnato dall’esperienza olivettiana. All’inizio del suo contributo egli si sofferma sulla definizione di paesaggio per rendere più chiari quali debbano essere gli obiettivi di una difesa seria ma anche propositiva e creativa del paesaggio. Vittoria afferma che “il paesaggio può essere inteso unicamente come integrazione dello spazio fisico nel quale vive e lavora l’uomo contemporaneo” e prosegue dicendo che “l’ambizione di un nuovo paesaggio nasce da una riflessione su tutto il paesaggio esistente che non può essere scisso nelle sue parti buone e nelle sue parti cattive, secondo una schematica suddivisione dei periodi storici. […] 28

Sul tema cfr. Magnaghi A., Il progetto locale, Bollati Boringhieri, Torino 2000; Bonora P., Sistemi locali territoriali,

trascalarità e nuove regole della democrazia dal basso, in Marson A. (a cura di), Il progetto di territorio nella città metropolitana, Alinea, Firenze 2006, pp. 113-120. 29

AA.VV., Difesa e valorizzazione del paesaggio urbano e rurale, Istituto nazionale di Urbanistica, Roma 1958.

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Questa concezione del paesaggio – continua Vittoria – non più limitata ai soli elementi tradizionali, nasce in conseguenza di fatti edilizi, se si vuole anche negativi […] che hanno determinato problemi originali, espressioni di nuovi modi di vita, e che hanno condizionato la trasformazione del paesaggio verso un più razionale impiego delle opere naturali e delle opere costruite […]”30. Ho letto nelle parole di Vittoria, ma in realtà anche di molti altri protagonisti di quell’incontro e del più ampio dibattito di quegli anni, una grande vicinanza con quanto scritto, quasi cinquant’anni più tardi, forse in modo più opaco, nella Convenzione Europea del Paesaggio. Questo mi fa dire, con ancora maggiore convinzione, che non è soltanto opportuno, ma addirittura necessario, certamente improcrastinabile, un slancio d’orgoglio rinnovato e di presenza costruttiva nella scena europea per la messa in campo di politiche territoriali profondamente riformate e basate sul ruolo strategico del paesaggio, nel rispetto anche di quest’ultima testimonianza storica che ci parla del grande impegno culturale e civile espresso dai molti intellettuali italiani nella difesa del patrimonio paesaggistico, Gli esempi che citavo prima, in particolare quello della Catalogna, così ammirata dagli architetti e dagli urbanisti di casa nostra, devono significare che il cambiamento è possibile: un cambiamento che sia in grado di aprire una nuova stagione di impegno dove al dibattito seguono i fatti; alle strategie e ai programmi se si vuole, se si ha coraggio, i progetti.

30

Vittoria E., Una nuova concezione del paesaggio, ivi, p. 146-147.

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El proyecto del paisaje Carles Llop Departament d´Urbanística i Ordenació del Territori, UPC


Capítulo 8 EL PROYECTO DEL PAISAJE Carlos Llop Torné 1. Paisaje y proyecto Hay palabras con una gran profundidad histórica y otras más recientes. Su aparición legitima el pacto colectivo que se atribuye a su significado inequívoco y comunitario. Por si mismas, determinan un significado específico que es comprendido por un amplio sector de la sociedad. Hay otras palabras que desde su origen, comportan un amplio espectro de matices que dificultan un significado hegemónico; que además al relacionarse, inevitablemente generan nuevos sentidos y aumentan el nivel de riqueza semiológica, al mismo tiempo que abren la confusión de posibles interpretaciones diversas. Sin duda unimos, con estas dos palabras, conceptos que contienen muchas posibles definiciones, interpretaciones, y por supuesto concreciones. Precisar de forma unidireccional y conclusa, ‘paisaje’ y ‘proyecto’, es la expresión de una definición subjetiva, y habrá tantas como deseos de manifestarse. Para cada cuál, desde su perspectiva disciplinar, ambos conceptos implican definiciones disciplinares. Es desde una postura conciliadora de lugares comunes que nos podemos plantear, no tanto la definición y sus alcances, como el establecimiento de criterios concurrentes para compartir un territorio común sobre la pertinencia del paisaje como escenario de proyecto. El concepto de Paisaje desde una perspectiva de proyecto, es un constructo derivado de todo lo que ha acontecido en y sobre la naturaleza de soporte en un territorio en permanente estado de transformación tanto por el ciclo vital como por la acción del hombre. El paisaje es así el resultado de la proyección de las acciones del hombre, y todo es paisaje proyectado. Tanto el que es el resultado de intervenciones deliberadas como el que surge de las distintas y progresivas secuencias de uso y ocupación espontáneas o no planificadas del territorio, imprimiendo el carácter esencial de una región de la tierra, si lo observamos desde una conciencia universal de la ciencia como preconizó Humboldt a través del concepto de ‘cuadro’ en el que establece el paisaje como una integración de la naturaleza y la presencia humana, y de la percepción y la interpretación que nos conduce irremediablemente a un paisaje. Proyecto o proyectar deviene de la formulación de propuestas que se ofrecen como alternativas a las demandas de resolución de una problemática, a la generación de nuevas situaciones o a la creación de nuevos productos o producciones del hombre. Propuestas que se generan en el acto mismo de la observación crítica y reactiva, en el sentido de la respuesta ya está en la pregunta. Así el ‘paisaje’, que surge como ‘nueva forma’ de mirada que legitima en el lenguaje coloquial lo que surgió en los círculos cultos de la pintura privada de narraciones emotivas -pictora ita visio- como desarrollo del arte humanista y alegórico del Renacimiento -ut pictora poesis-, es un nuevo arte

1


científico que observa y describe la realidad casi cartográficamente con un interés preciso y no evocativo por la naturaleza en esencia y por la arquitectura del territorio1. Si a la noción de paisaje le atribuimos el doble significado de objeto y sujeto de las transformaciones territoriales, es decir, la expresión del territorio y la interpretación de los agentes que lo modificaron; ésta, contiene los atributos para comprender mejor el territorio en todas sus facetas y complejidad, y en consecuencia el ‘paisaje’ es un vehículo mediador para la comprensión de la morfología del mismo, sus fenomenologías. En consecuencia, observar e interpretar el territorio desde el paisaje nos ha de permitir tener más recursos para proyectarlo. El propio ciclo vital -el devenir de la historia- se expresa y construye paisaje, pero con todos los matices y observaciones pertinentes, podemos convenir que ‘proyectado’ adquiere el significado de ‘espacio formado o transformado’, es decir constituido en la realidad por quien la habita; y este espacio es observable y tangible en el territorio-. Las formaciones y conformaciones del paisaje son procesos de sedimentación de los procesos naturales y de artificialización del territorio que acabamos identificando como ‘paisajes’; los ‘paisajes proyectados’ son el resultado de propuestas deliberadamente pensadas, planificadas, proyectadas y construidas. En este punto del discurso, debemos aclarar, no obstante que ‘todo se proyecta en el paisaje’, pero ‘no todos los paisajes son proyectados’. Justamente en esta diatriba se fundamenta el sentido y la razón por la cual nos interesamos por aquellas ideas de paisajes que inventaron y forjaron un nuevo territorio y también por aquellos territorios que en su estado de banalización requieren ser repensados, proyectados, y gestionados. El repertorio de ‘paisajes’ y de ‘proyectos de paisajes’ resulta contemporáneamente extenso en situaciones y contenidos. La proliferación de paisajes adjetivados no es más que la expresión de la explosión de situaciones territoriales fruto del proceso de urbanización mundial y de la pérdida de la dualización naturaleza-ciudad. El territorio es un patchworth de morfologías híbridas, donde la presencia de la huella del hombre es un rasgo recurrente. De ahí que podemos establecer una convención epistemológica y hablar de ‘paisajes fabricados’, tanto para los que resultan de procesos del arte de crearlos, como los que devienen del resultado del ‘laissez faire’ y de la construcción informal del mismo. El conocimiento de lugar es la que determina el tipo de paisaje; la conciencia de poder intervenir fabricando paisajes es la que constituye una sociedad paisajista que proyecta y construye paisajes. 2. Qué entendemos por ‘proyecto del paisaje’ y su alcance 1

Argumento en las tesis que desarrolla Ineke Phaf-Rheinberger, a propósito del trabajo sobre el Diccionario visual de Frans Post, publicado en “La utopía moderna en brasil en el siglo XVII: Los pinceles descriptivos y el diccionario visual de Frans Post”, publicado en la revista digital ‘Estudios avanzados interactivos’, “El ojo descriptivo de Post, por lo tanto, sabe registrar el incremento de las estrategias ordenadoras de la modernidad urbana en la colonia”. 2


El ‘proyecto del paisaje’ es una metadisciplina reciente. Metadisciplina, en tanto que existe como practicada desde muchas disciplinas sin hegemonía entre ellas y con una marcada fluidez entre las mismas. Reciente, porque en el proceso histórico de aparición, formación y desarrollo de las ciencias y las técnicas, ‘el proyecto del paisaje’ como actividad conscientemente desarrollada, se remonta a no más de un par de siglos, si bien cualquier acción antrópica desde tiempos inmemorables ha impregnado el territorio de huellas o intervenciones que bien podrían ser reconocidas como creaciones de paisajes. Proyectar, en cualquier caso, es intervenir. Para ello, partimos siempre de una conciencia reactiva y proactiva frente a la realidad en la que vivimos. Y ésta se fundamenta en una observación crítica, juiciosa y no neutral del medio, que interpretamos desde capacidades y posturas analíticas personales. El primer proyecto de paisaje surge de las botas del ‘paisano’, de su trabajo sobre la tierra, de las ordenaciones del suelo, de las terrazas que crea para aprovechar la superficie de cultivo, del moldeado del surco que la abre, del canal que la irriga, y de la vegetación que controla desde criterios agronómico-productivos. Y así con todos los ‘paisanos’ que disponen en el uso de la tierra su especial quehacer manufactor, generando el territorio artefacto. En la confrontación disciplinar sobre la autonomía o especificidad del proyecto de paisajes, perdemos todos, si no logramos acercar posiciones y utilizar la fluidez disciplinar para construir propuestas conjuntas que nos son el resultado de la suma de las mismas, sino más bien de la interacción de conocimientos y sugerencias analíticas, que podemos denominar ‘concertación decisional’, para decidir ‘cómo intervenir’ y ‘qué hacer’ para la conformación del territorio, en su materialidad (ordenación física), en sus dinámicas (proyecto de ejecución y mantenimiento) y en sus procesos de recurrente transformación (gestión). El ‘proyecto del paisaje’, en términos de legitimidad, no es patrimonio en exclusiva de personas o profesionales específicos, por el contrario, es un campo de trabajo de intersección y concertación entre disciplinas, y por ende entre los distintos actores que intervenimos en la vida sobre nuestros territorios. Es un hacer colectivo, no exento no obstante de los protagonismos particulares, y de la confrontación de pareceres y de intereses corporativos. El proyecto del paisaje debe buscar y reunir tres condiciones básicas: integración disciplinar, concertación social, y una disposición ética para la calidad de vida de las personas en el sistema ambiental planetario, para aunar al ‘aspecto del territorio’ que percibimos, el deseo de una ‘reflexión’sobre la habitabilidad, es decir para la utilizar su bagaje de proyectualidad, o de incitación para los cambios y transformaciones del lugar Integración disciplinar, entendida como alternativa frente a una obsesiva tendencia a delimitar competencias profesionales, desde nuestro punto de vista, el territorio contemporáneo necesita concertaciones disciplinares. Desde los retos ineludibles de avanzar en el camino hacia la sostenibilidad integral para nuestro planeta, la integración de los conocimientos y la concurrencia decisional son claves. Cualquier actuación 3


puntual (arquitectónica, urbanística, infraestructural) que busque su coherencia con la matriz ambiental global, contribuirá a un desarrollo adecuado del ambiente, y establecerá puentes de trabajo pluridisciplinar. Concertación social, de intereses diversos que asume el territorio como escenario de confrontaciones personales y societarias tal y como lo manifiestan multitud de expresiones en la geografía mundial. El ‘proyecto del paisaje’ se ocupa de distintos objetos y de distintas escalas que constituyen su configuración: 

la transformación del sustrato físico (el territorio soporte como objeto y estructura)



la expresión perceptible de su configuración (la forma)



la generación creativa de una envolvente emocional y estética (el carácter y los aspectos sensoriales)



las interacciones dinámicas entre sus componentes (el paisaje sistema geoecológico)



la creatividad cultural (el paisaje red patrimonial-cultural)

Frente a tendencias exclusivistas que acotarían el ‘proyecto del paisaje’ a tramos específicos de la proyectación del espacio no construido, tratamos a continuación de exponer distintas perspectivas desde las que se ha abordado y se aborda el ‘proyecto del paisaje’ como objeto multidisciplinar. 3. Formas del ‘proyecto del paisaje’ El paisaje en el contexto occidental surge en la confluencia dialéctica entre la exploración artística (un género pictórico a la empara de la perspectiva) y un uso productivo del territorio (como manual de buenas prácticas para el cultivo de los nuevos territorios colonizados a la naturaleza). Estableciendo correlaciones intencionadas por cuanto suscitan propongo interpretar las siguientes corrientes proyectuales que utilizan el fundamento del paisaje como esencia del proyecto sobre el territorio. Entre los protagonistas de las tendencias más representativas de dichas corrientes, encontramos una multitud de ejemplos específicos de las formas del ‘proyecto del paisaje’. No se trata de una presentación cronológica e histórica. Aún a pesar de que podremos cifrar su aparición, o los momentos relevantes de su praxis, todas estas tendencias subsisten y ninguna de ellas ha perdido vigencia. Dicho de otro modo más contundente, el ‘proyecto del paisaje’ reúne distintas acepciones que puestas en común significan, las distintas intervenciones destinadas a modificar el territorio para generar un espacio habitable con valores añadidos en términos económicos, culturales, sociales; y un espacio simbólico, es decir construido con intencionalidad (objetivos estratégicos) y deliberación (objetivos programáticos), 4


‘The man-made landscape’, como nivel de intervención según la propuesta de Han Lorzing. Advirtiendo de la simultaneidad de las tendencias, previniendo que no se trata de una genealogía lineal, propongo en esta agrupación conceptual, algunas de las formas del proyecto del paisaje en distintos episodios de la historia: Del paisaje construido, del Hortus al jardín, el paisaje acotado como paraíso La secuencia de la trilogía agraria, cultivos-pastos-bosque, como arquetipo de paisaje construido, sienta las bases para iniciar el largo recorrido del proyecto de paisaje. La sedentarización del hombre, en su permanente definición del hábitat, establece en la agricultura primaria el inicio del ciclo paisajista. Sin la conciencia de estar ‘proyectando paisaje’ está, no obstante,’construyendo paisaje’ en la elaboración de las piezas de suelo que territorializa aprovechando sus recursos, e iniciando las primeras plantaciones. Resulta un de este proceso un ‘paisaje construido’ que desde nuestra perspectiva podemos interpretar como paisaje emergente y fundacional, pues de él derivarán buena parte de las elaboraciones posteriores, diferentes ‘modelos de paisajes’ basados en la praxis agraria. Considerando que podemos hablar de proto-proyectos de paisaje, el concepto de ‘paisaje acotado’ delimitado por la cerca o el muro, el ‘hortus conclusus’ clásico por excelencia, expresa el tipo de proyectos de paisaje que, desde la construcción de huertos hasta la más refinada elaboración de jardines, se extenderán hasta nuestros días. Interesa resaltar que más allá de una operación técnica, el labrado, el cercado, el manejo del agua, la gestión de los ciclos productivos, y todo el conjunto de operaciones del ciclo productivo, constituyen una estructura de composición del patrimonio paisajista, y generan un esquema de orden en el territorio que refleja la capacidad de organización del espacio desde el construido (domus), a través de los huertos (hortus), los cultivos (ager), los pastos (saltus) hasta el bosque (silva). Un esquema paisajista que se ocupa del primer plano hasta el plano del horizonte, constituyendo todo un arquetipo de nuestra cultura europea, la denominada trilogía agraria. Cada región cultural parte ineludiblemente de un código-esquema que sostiene su paradigma paisajístico de referencia. A partir de las transformaciones del territorio, por colonización o abandono del mismo, se producen transformaciones paisajísticas que determinan la genealogía del proyecto del paisaje. El primer proyecto de paisaje surge pues de la construcción del entorno inmediato para una habitabilidad de subsistencia en su inicio, y siguiendo esta secuencia de creación de bienestar, se prolonga hasta la construcción del paraíso inmediato. Históricamente el deseo del paraíso tangible, en nuestro lenguaje contemporáneo de deseo de paisaje, tiene su expresión más precisa en la construcción del jardín, es decir, la simulación a escala real de la traducción de los imaginarios sobre el ‘paraiso’.

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Los componentes del jardín, o naturaleza domesticada como algunos gustan de denominar, se basan en el manejo de los elementos sustanciales: la tierra, el agua, el aire, el sol, la vegetación, estructurados por una estrategia de explotación de recursos y por argumentos de sueños, mitos y deseos que plasman en el dibujo de de formas más o menos geométricas. Un espacio para ser usado (una topografía construida por los cuadros de la plantación y las condiciones del riego, una escenografía para ser vista (lleno de símbolos y representaciones). Los artilugios para ordenar los elementos son también un componente sustancial del arte de disponer los tipos de espacios; pero de manera específica, son la lógica de la implantación y la definición del límite, los elementos determinantes del proyecto. Desde los jardines pensíles, a los aterrazados mediterráneos, a los jardines en el agua, las formas del jardín representan la multiplicidad estética. Los jardines son la expresión de la cultura del territorio, de su producción genuina y de los procesos de sincretismos y contaminaciones culturales. Constituyen pues una referencia para situar la cultura del proyecto paisajista Una línea de trabajo que seguirá siendo una constante en la proyectación del paisaje, mediante a construcción del huerto, y/o del jardín de la casa, ‘A landscape in our backyard’. Del Jardín al parque, del parque al Sistema de parques. De la Jardinería al ‘Paisajismo’ System Park. Olmsted Se desprende de la definición de ‘Paisajista’ de la Fundación Europea de Arquitectura del Paisaje-EFLA: "El Paisajista planifica y diseña paisajes urbanos y rurales en el tiempo y en el espacio, basándose en las características naturales y en los valores históricos y culturales del lugar. Para conseguir este fin, utiliza técnicas apropiadas y materiales naturales y/o artificiales, guiándose de principios estéticos, funcionales, científicos y de planificación”, toda una declaración sobre el alcance del ‘proyecto del paisaje’. De la proyectación de jardines, parques y espacios públicos al ‘paisajismo’, a través de la Arquitectura del paisaje (Landscape Architecture) como actividad profesional y como disciplina académica. En nuestro entorno profesional y académico, situaríamos a Rosa Barba como la articuladora de un proceso de consolidación del ‘paisajismo’ como disciplina2, centrando el objetivo de trabajo en la proyectación del entorno y del paisaje a todas las escalas: “La formación tiene un perfil generalista con una fuerte base de conocimientos teóricos y técnicos para armonizar en el proyecto los aspectos ambientales del medio y los aspectos artísticos y técnicos con los ecológicos y sociales. 2

Durante el curso académico 1998-99 se iniciaron en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona los estudios de Graduado Superior en Paisajismo como titulación propia de la Universidad Politécnica de Catalunya, y en su definición de objetivos docentes se presenta de forma clara el alcance de la disciplina y sus contenidos. 6


Materiales

Campos

La tierra y el relieve El Agua La vegetación y las plantaciones El mobiliario, los objetos y las construcciones La luz y el color La experiencia y el ‘genius’ del lugar Las trazas y las geometrías Formas-colores, Ritmo(s)-Volumen(es), Llenos-Vacíos

Bordes y límites urbano-rural Bosques naturalizados Conectores y sendas verdes paisajísticas Corredores ecológicos Earth-works Espacios verdes urbanos, el ‘system park’ Highlands Mallas verdes metropolitanas Paisajes bioregionales Paisajes de las infraestructuras Parques fluviales y de ribera Parques naturales Parques territoriales Parques y Jardines Praderías y ‘pelouses’ Redes y mallas territoriales, les ‘promenades’ Waterfronts

Temas del proyecto del paisaje Acción - Contemplación Artificialización vs. Naturalidad Colaboración con la naturaleza Conjuntos paisajísticos: de la secuencia hortus-agersaltus, al conjunto parque-pradera-arcadia-desierto (Réne-Louis de Girardin, 1735-1808)

Conservación y tutela de paisajes Horticulturas Jardín (jardinería) Live, learn, work and play (at Downsview Park, Bruce Mau, Toronto)

Living Database Ocio (leisure) - Producción - Sinergias Oficio (Arte del jardín) vs creatividad Parques y Jardines históricos Proyecto y gestión de Paisajes culturales Recreación vs. reproducción de la naturaleza Regenerar paisajes obsoletos Rehacer paisajes Recuperar paisajes degradados Restauración paisajística Riego Temporalización - Estatismo Topiario-arbolescultura Topografias-Topologías Trenzado Utilidad y Escala

Estrategias Artificializar el espacio natural Basarse en la agricultura, ‘paysager’ Disponer tramas vegetales Establecer Itinerarios visuales, o narrativos Gestionar el agua Intervenir desde la ecología Land art Modelar la tierra Reservar claros en el bosque Trazar sendas en el bosque ‘Radical landscapes’

Materiales y algunos Temas, Campos y Estrategias del Proyecto del Paisaje


Economía Economy

Ecología Ecology

Economía Economy

Ecología Ecology

Ecología del paisaje Landscape Ecology

Arquitectura del paisaje Landscape Architecture

Sociedad Society

Sociedad Society

Proyecto del paisaje y del ambiente Landscape and environmental project

Economía Economy

Ecología Ecology

Urbanismo del paisaje Landscape Urbanism Sociedad Society

Disciplinas del Proyecto del Paisaje


Restauraciones paisagísticas Abandoned sites Canteras y minas Land reclamation Landslides Reclaimed sites

Territorial system Bosques naturalizados Highlands Parques bioregionales Praderias y “pelouses” Wetlands

Naturaleza

Territorio

Earth-works

Parques Naturales

Parques Territoriales

Parques y reservas naturales

Parques patrimoniales Parques temáticos Parques fluviales

Sistemas fluviales

Garden festivals Bosques territoriales Corredores ecològicos Waterlands

Event-places Conectores paisajísticos

PAISAJE Landscape system

Hitos Enclaves territoriales Sendas territoriales

Waterfronts

Frentes litorales

Playas y dunas

Agricultura periurbana Huertos familiares Compostage Cortavientos Balsas

Territorios agrícolas Campos de cultivo Viveros Aterrazados

Natural system

Vías verdes

Waterways

Jardines históricos Bordes urbanos

Ecotonos territoriales

Cunetas Taludes Desmontes

Sistema de espacios libres urbanos

Parques Urbanos Jardines

Ciudad Restauración e integración ambiental Balsas Brownfields Depuradoras Drenages territoriales Márgenes viarios

Pantanos Plantas de biomasa Plantas de reciclaje Vertederos

Campos del Proyecto del Paisaje

System park


Se pretende preparar profesionales en el diseño y la planificación del espacio abierto para intervenir en ámbitos profesionales multidisciplinares, tales como el proyecto de espacios públicos y privados, el proyecto de sistemas naturales, la restauración de espacios degradados, el planeamiento y la proyectación de los espacios protegidos, el ajuste de las infraestructuras al territorio, la planificación para el desarrollo sostenible, la implementación de los nuevos estándares medioambientales y la evaluación del impacto, la diagnosis y el control ambiental”3. Si como propone la reflexión de Rosa Barba, ‘Los paisajes permanecen en nuestra memoria como hitos, horizontes, signos o ambientes, que valen tanto para el que los recuerda como para el que los descubre, evoca o inventa por primera vez’, quien proyecta paisajes pretende verlos ‘construidos’; y generar un retorno como resultado visual y espacial. ‘Esto ocurre entre los arquitectos y urbanistas, que lo tienen como cometido disciplinar, pero también, aunque en menor medida entre los que se llaman a sí mismos paisajistas. Los geógrafos lo ven como campo de trabajo científico y los jardineros, los agricultores, los ingenieros de montes y caminos lo hacen y deshacen sin pensar -casi- en los paisajes que modifican o suplantan’. Así, las múltiples escalas del ‘paisajismo’ van desde la planificación territorial, al proyecto y diseño del espacio libre, tanto en áreas urbanas, rurales, o territoriales amplias. Un proyecto que estrechamente vinculado a la obra de los principales arquitectos del siglo XX, que incorporan las experiencias de los paisajistas ingleses y americanos. Desde la investigación ligada al proyecto de Le Corbusier, pasando por la búsqueda de la nueva Arcadia americana de Frank Lloyd Wright, a la generación de nuevos territorios en la apuesta de Oscar Niemeyer para Brasilia, la arquitectura del paisaje muestra distintas escalas del diseño, desde grandes parques a pequeños espacios interiores y exteriores4. Intervenciones a todas las escalas que abordan nuevos espacios compartidos con otras disciplinas, y abren nuevos dominios en función de los problemas y oportunidades de los paisajes contemporáneos. Del Bioregionalismo de Lewis Mumford a la búsqueda de la biodiversidad del «Jardín planétaire » de Gilles Clément como objetivo. Una interpretación del Lanscape Ecology en clave contemporánea. Cualquier intento de agrupar líneas de trabajo en tendencias supone un riesgo conceptual. Desde cualquier tendencia proyectual, intervenir en el paisaje tiene una dimensión holísitica que pretende incorporar todos los factores que constituyen la esencia del 3

El Paisajismo en Barcelona, Entrevista a Jordi Bellmunt Chiva, Cervantes Nº 2, Marzo, 2002.

4

Para una profundización sobre los contenidos del ‘Landscape Architecture’, observar las definiciones del European Council of landscape architecture schools, http://www.eclas.org/content/landscapearchitecture/landscape-architecture_main.php), y Le Nôtre_Thematic Network in Landscape Architecture, http://www.le-notre.org/. 7


territorio. Intervenir en la dinámica del paisaje, presupone considerarlo como un indicador ambiental, o de forma más densa como un algoritmo socio ambiental5. Entre posiciones extremas entre la estética, y la ética paisajística, las corrientes más influyentes en esta visión integradora fueron iniciadas el movimiento ambientalista, inspirados en los trabajos de Mumford, Emerson y Odum a través de la conceptualización del ‘Bioregionalismo’. Se trata de una corriente disciplinar emergente en los años 70, en la reconsideración ética que proponen Berg and Dasmann6 que propone una síntesis integradora de los valores de la identidad cultural y biofísica de los territorios propios de cada comunidad constituida y asimilada a una bioregión específica. Bajo la denominación de Ecología del paisaje ‘Landscape ecology’ encontramos una disciplina científica que ha adquirido un nivel de autonomia consistente a partir de los trabajos del profesor Richard Forman7 (con definición de conceptos y principios específicos sobre la ‘estructura’ y la ‘función’; la ‘modificación’, ‘estabilidad’, y ‘alteración’ del paisaje, en sus distintas fases y escalas temporales, que aúna la investigación con la disposición propositiva (con temas para abordar la realidad ambiental en clave propositiva para la planifficación y ordenación de los recursos naturales) para ofrecer formas de intervención en los paisajes. De la civilización del jardín de Ebenezer Howard, al ‘Jardín de la metrópolis’ de Enric Batlle. Tal y como preconizara Christopher Tunnard, el nuevo paisaje es un jardín sin límites8. Expresando este deseo de calidad del territorio, el jardín sin límites es la evocación de un nueva calidad de las periferias urbanas que nacieron del paradigma de la ‘ciudad jardín’ y de los modelos equilibrados para la ciudad archipiélago de la urbanización en la ‘campagne’, y que han derivado en patterns de urbanización dispersa y de difusión de la ciudad sobre el territorio. ‘La campagne dont le paysan est l’auteur est à réinventer’9 manifestaba a modo de manifiesto Jacques Simon para indicar que si el campo (el mundo agrícola decía él) pretende seguir estando en su lugar, debiera empeñarse en redescubrir la pluriactividad, la diversificación, la innovación y la calidad. 5

Ramon Folch, “El paisatge, algorisme socioambiental”.

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Berg and Dasmann's "Reinhabiting Californiaen The Ecologist, 1977; ‘Bioregionalism is a body of thought and related practice that has evolved in response to the challenge of reconnecting socially-just human cultures in a sustainable manner to the region-scale ecosystems in which they are irrevocably embedded.’ en “Interpreting bioregionalism. A story from many voices” Douj Aberley.

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Forman, R., Some general principles of landscape and regional ecology, Landscape Ecology 10, 1995; Dramstad, W., Olson, J., Forman, R., Landscape ecology principles in landscape architecture and landuse planning, Island Press, Washington DC., 1996 8 Christopher Tunnard, “The Garden in the Modern Landscape”, en Architectural Review, Londres, marzo 1938. 9

Simon, Jacques, “La campagne dont le paysan est l’auteur est à réinventer », en Pages Paysages, « Distances », nº5, Versailles, 1994-1995. 8


En efecto, esta llamada al orden supone todavía un programa de proyecto contemporáneo sobre uno de los territorio_paisaje más representativos de nuestra identidad. ‘Nuestro campo debe ser el espacio libre, abierto, lleno de múltiples funciones para nuestro ciclo vital. Para ello, las políticas para la adecuada gestión de la ocupación de suelo, y los proyectos de reciclaje de territorios periurbanos, de los espacios degradados por la fragmentación infraestructural, o los sobre explotados por la urbanización intensiva y especuladora; deben ser objeto de proyecto. Los nuevos jardines ‘insurgentes’, aludiendo al título de la II Bienal europea de paisaje de Barcelona, se encuentran en todas partes, cuando los consideramos territorio de proyecto; y constituyen el gran taller del espacio público de la metrópolis. “El Paisajismo se encuentra entre las interrelaciones, en la babelia científica y técnica, en la ilusión de saber y poder y en la actitud casi religiosa de trascender. Los nuevos jardines estos que son insurgentes se encuentran en todas partes, en las infraestructuras que dibujan territorios y difunden paisajes, en las ciudades sin límites, en las intervenciones sobre paisajes rescatados, en los pensamientos científicos valientes y en la todopoderosa información. Se ha de extender esta actitud, desde las nuevas estructuras territoriales y los enfoques ambientalistas hasta las íntimas opiniones personales. Y esto se ha de enseñar. Hemos de aprender de los nuevos jardines insurgentes, hemos de aprender del Paisajismo”10. El proyecto del paisaje, el patrimonio y los paisajes culturales entre la recuperación de memoria y la dispersión conceptual. Las políticas del paisaje versus la tematización. Corremos un riesgo manejando el paradigma del proyecto del paisaje cuando lo extendemos a todas las categorías posibles de escala, alcance y enfoque. Sin desmerecer el valor de la de las aportaciones que proceden de campos disciplinares como la gestión del patrimonio, quisiera llamar la atención sobre la explosión de formas de gestión del territorio que están utilizando el patrimonio como un canon en el que sus recursos constituyen simultáneamente, la expresión identitaria del mismo y productos de comercialización a la vez. Recuperar la memoria como resorte de dinamización cultural es una tarea ardua que se ha venido desarrollando desde la antropología y la geografía cultural. No tiene sentido la codificación de territorios en clave de paisaje cultural sin una perspectiva política que incida sobre el dinamismo de la comunidad que los habita para generar acciones concretas de mejora de la calidad de vida, sin duda sobre la base de sus recursos patrimoniales. Debemos otorgarles a las propuestas de parques patrimoniales una decisiva incidencia en la recuperación de la memoria de los ciudadanos con relación a sus paisajes. Hacer frente a la anomia que produce el desarraigo y el olvido de las raíces, es sin duda un principio motriz para la recuperación de la calidad del territorio, y a ello han contribuido

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Jordi Bellmunt, Op.Cit, pág 52. 9


los esfuerzos de gestión patrimonial ejemplificados por todo un vasto conjunto de experiencias de la gestión museal a los parques patrimoniales. Basados en el principio de gobernabilidad y de la participación, las políticas sobre el paisaje, son instrumentos para determinar orientaciones precisas para dirigir la mejora de la calidad del territorio, y para precisar la implementación de acciones dirigidas a ello. Un ejemplo paradigmático y de referencia de estos instrumentos proyectuales lo constituye ‘Le projet Paysage 2020’11. Es la línea programática del Office fédéral de l’environnement OFEV, del Dépt. féd. de l'Environnement, des Transports, de l'Energie et de la Communication de la Confederación Suiza, en materia de naturaleza y paisaje. El ‘Landscape Urbanism’ una nueva escala del proyecto del paisaje, multidimensional, para un proyecto global del entorno. Los proyectos de paisaje han evolucionado simultáneamente con la ordenación territorial y la proyectación urbanística, con la incorporación de las preocupaciones ecológicas, y de la gestión ambiental del territorio. Charles Waldheim formuló una nueva manera de entender la arquitectura del paisaje como una disciplina que se podía ocupar también del diseño intersticial, para operar en espacios entre edificios, sistemas infraestructurales, y ecologías naturales., consideradas hasta entonces como espacios marginales o ‘terrain vague’ por artistas conceptuales o críticos de la nueva urbanidad. Incluyendo profesionales como Julia Czerniak, James Corner, Linda Pollak, Alan Berger, el Landscape urbanism 12, término que acuñó Waldheim en 1990, es una renovada tendencia para el proyecto del territorio en clave paisajística. Entre las diversas disciplinas que abordan el proyecto del territorio, el paisaje aporta una lectura transversal para la comprensión de la realidad y el medio donde integrar las propuestas. Esta nueva tendencia propone esencialmente superar las fronteras entre la arquitectura, el urbanismo o la tradicionalmente planteada disciplina de fusión -la arquitectura del paisaje-, para integrar en el paisaje el interés por un proyecto holístico que asume la dimensión ecológica e infraestructural del entorno construido. Desde esta disciplina transversal, el urbanismo del paisaje se concibe como una práctica cultural crítica, tendiendo a una concepción del proyecto como un compromiso para la transformación del proceso global de urbanización, contraponiéndose a las obsoletas consideraciones del proyecto del paisaje como subapartado del proyecto de arquitectura, de las ciencias ambientales o de las artes aplicadas. Se trata pues de una aportación decisiva de carácter disciplinar e instrumental para el planeamiento urbanístico y el proyecto del paisaje, que se interesa ya no sólo por la 11

Conseil fédéral (Mesures de la Confédération en matière de politique d'organisation du territoire, programme de réalisation 2000-2003).

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WALDHEIM, Charles, « Theories of LANDSCAPE URBANISM”, Seminari impartit al Institut für Baukunst, Bauaufnahmen und Architekturtheorie, 2002.

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forma edificada cuánto por la interacción entre los sistemas naturales y los construidos para la definición de la forma urbana. De las distintas posibilidades para ‘observar’, ‘pensar’, ‘proyectar’, ‘’construir’ y ‘hacer’ paisajes, la cualidad que aporta esta nueva tendencia, a nuestro juicio es la nueva manera de proceder, mediante ‘transversalidad disciplinar’, y fluidez entre conocimientos y técnicas, además del interés de intervenir en el paisaje desde distintas miradas y juicios, y por consiguiente una intervención más rica desde el punto de vista fenomenológico.

4. El Proyecto del paisaje para un proyecto y una gestión renovada del territorio. Hacia el desarrollo sostenible para unos paisajes dignos. Desde las diferentes posiciones y actitudes con que se elaboran, los proyectos que inciden sobre el paisaje comparten los efectos que esperan conseguir sobre los territorios. Los proyectos debieran servir para precisar de forma espacial y con expresiones tangibles las actuaciones dirigidas a armonizar las transformaciones inducidas por los procesos sociales, económicos y ambientales. Esta es una de las pretensiones de la Convención Europea del paisaje. Armonización que sisn lugar a dudas pasa por el paradigma de la sostenibilidad. No hay proyecto de paisaje sin voluntad de procurar alterar la mirada y la conciencia de quien observa. Es esta disposición ética en la transformación del espacio la que justifica cualquier modelación de un nuevo paisaje, para que la realización de ‘topos’ incida en la creación de nuevos imaginarios en la tierra, nuestro oikos esencial. Sin confundir pues ecología y paisajismo13, no hay desarrollo sostenible sin tener en cuenta las interacciones entre economía y sociedad y el medio ambiente, y para el proyecto contemporáneo del paisaje, este paradigma es todo un reto. Como advierte y explica Claude Raffestin, estamos pasando de la era de los ‘paisajes eternos’ a la era de los ‘paisajes efímeros’ de una sociedad que ‘usa y tira’. En esta depravación consumista del territorio en el consumo del substrato, el constructo y hasta las imágenes y los símbolos, lo efímero se convierte en una necesidad permanente que pone en crisis los valores radicativos de lo durable. El territorio se convierte en valor de cambio que se sostiene en tanto tiene imágenes de consumo que crear para vender y usar. Ante esta escalada de despropósitos, un nuevo reclamo se plantea desde múltiples voces sociales: la recuperación de una ética por la dignidad del territorio, y la acción comprometida para reconstruir los equilibrios planetarios. Justamente el proyecto de paisaje contemporáneo pasa por todas las situaciones de paisajes conocidos, pero alcanza una nueva dimensión en los nuevos paisajes que

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Fédération Française du Paysage, Les deuxièmes Assises européennes du paysage , « Le paysage, un projet pour la planète » , Étape Europe : Lille, du 31 mai au 2 juin 2006. 11


Relph14 denomina “paisaje ordinario o común”. Son los propios paisajes ordinarios los que constituyen la materia prima de nuevos paisajes15, al motivar proyectar su modificación A diferencia de quienes reservan elitistamente el vocablo, es justamente la socialización de la palabra paisaje, su uso cotidiano y en boca de tantas personas que lo usan con sentido e intencionalidad diversa, la que permite que éste sea un médium para la proyectualidad social. Así pues, la dilatación del contenido y alcances semánticos del término no debe hacernos perder su esencia que es fundamentalmente proactiva: miramos y descubrimos en el territorio sus valores y sus disfunciones, y al mismo tiempo nos planteamos actuar. Actuar contemporáneamente solamente tiene sentido desde el consenso de las reivindicaciones sociales, la preocupación por los temas ambientales y la incorporación de la cultura ecológica. Si el paisaje contemporáneo está determinado por una complejidad de situaciones territoriales y por una multiplicidad en las formas de habitar, podemos convenir en considerarlo como el instrumento mediador de los conflictos, un instrumento para la concertación social, que facilita la integración de ‘miradas’ para convertir las tensiones en proyectos. Desde su utilización como nueva visión de las oportunidades de la ordenación territorial, a la producción de contenidos para la comprensión del territorio en las Cartas del paisaje, el proyecto del territorio ‘con’ el paisaje evoluciona en la cultura de síntesis y en la fluidez disciplinar frente a las aproximaciones sectoriales. El proyecto del paisaje es tal vez un deseo que se empieza a concretar en un ‘estilo de vida’ éticamente comprometido con la habitabilidad; y estéticamente con su praticabilidad mediante acciones de calidad y búsqueda de la belleza del territorio, y quien lo habita.

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Relph, E., The modern urban Landscape, 1987.

15 Produire des paysages au moyen de paysages…según Claude Raffestin en Paysages construits et territorialites. 12


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Defensa del paisaje Eduardo Mart铆nez de Pis贸n


Eduardo Martínez de Pisón

Defensa del Paisaje

Madrid, 13-enero-2004

DEFENSA DEL PAISAJE. Puesto que el hombre no está preso en sus paisajes, éstos no se le imponen de modo inexorable: en su relación con ellos se establece no una sujeción sino una expresión de libertad. Con ésta, la acción humana adquiere responsabilidad. Aparece, pues, en nuestro diálogo tanto con el mundo espontáneo en que vivimos, como respecto a los ámbitos vitales que fabricamos, una cuestión moral y una declaración de estilo de cultura. Si se ha perdido, como es frecuente que suceda en nuestros territorios desde hace medio siglo, la red geográfica tradicional, con su estructura y función -la función que les dio forma o les dejó al margen-, los hechos paisajísticos tradicionales (tantas veces particularmente valiosos) pueden quedar como morfologías inertes, y entonces sólo es posible su continuidad vital en su inserción cuidadosa y hasta delicada en las nuevas mallas, donde sigan siendo viables y mantenibles. No es tarea fácil. El paisaje es donde se vive y sobrevive y ello conlleva tanto la utilidad como la calidad. Como el cambio territorial no suele andarse con delicadezas, habrá que intentar introducirlas, utilidad y calidad conjuntamente, en el proceso mediante la activación en él de otros factores. Si bastase con la corrección del “impacto ambiental” o incluso de un “impacto paisajístico” -por ahora subestimado- habría ya un procedimento. Pero se trata de algo más: el verdadero problema está en conducir el cambio de modo que el desarrollo no se pague en cultura. Esta necesidad requiere, al menos, un papel de tal cultura en el control del sistema. No sólo en el “impacto” producido por el cambio técnico o funcional, sino en un planteamiento previo del significado cultural del territorio y en su inserción en los mismos procesos de modificación y producción de espacio. Es decir, requiere la posibilidad de ejercer una constante rectificación cultural del comportamiento del modelo funcional territorial, que, dejado a sí mismo, consideraría estorbo o mero ruido cualquier consideración paisajística. Entre otras cosas, este propósito necesita para ser efectivo una voluntad social, así como el respaldo de unos conocimientos y de unas normas. A la voluntad se puede llegar, los conocimientos se adquieren y difunden y las normas se hacen y se cumplen. Pero este patrimonio cultural del paisaje sólo se alcanza con información cualificada. Por lo tanto, en el eje de esta cuestión sigue vivo que hay que aprender y enseñar a leer paisajes, sus hechos y sus símbolos: sus sistemas territoriales y sus sistemas de imágenes. Las morfologías no bastarían si nadie conociera sus sentidos, propios y otorgados. Es decir, en este orden de ideas, el grado de asimilación del concepto de paisaje manifiesta

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Madrid, 13-enero-2004

lo que podríamos llamar la cultura territorial de una sociedad. Es, pues, objetivo de una parte importante de la educación ambiental la enseñanza de los paisajes. Pero, además, los paisajes no son estáticos, no son decorados. Debemos insistir en que la idea de una dinámica del paisaje es clave, pues éste no es un escenario muerto, sino que transcurre, es un asunto. Es parte del drama. Si lo detenemos, lo sacrificamos como tal paisaje. Es activo como conjunto en el tiempo y en el espacio y está compuesto por constituyentes no inertes, sino también activos. Muda, cambia, afectado por dinámicas: el paisaje es constitutivamente dinámico. Si analizamos su forma, incluso aquella que puede a veces parecer fijada, comprobamos que ésta reproduce, es efecto de una estructura geográfica en evolución. Pero además del paisaje-forma, hay un lado perceptivo y cualitativo, más o menos intenso, diferenciado o complejo, de la relación con el medio, que afecta particularmente al concepto de paisaje y contribuye a cualificarlo y a diferenciarlo. Por un lado, es un ingrediente de primera entidad el lado subjetivo del paisaje, el “interior”, que se añade al objetivo, al “exterior”, y lo reconfigura culturalmente, incluso creativamente. Es aquí donde estriba la primera separación profunda entre los conceptos de “paisaje” y de “territorio”. Por otra parte, este entendimiento del paisaje adquiere valores particulares con los significados, los sentidos culturales otorgados por el arte, por el pensamiento, por la ciencia, por los mitos, las referencias antropológicas, los usos, por su personalidad, por su capacidad, su modalidad y su resistencia física, por su belleza o por su hosquedad, por la identificación en él del pueblo que lo habita, etc. Todos ellos son ingredientes cualitativos de la misma “vida” en la parte que corresponde a su “circunstancia”. El territorio es el soporte, pero está claro que no es lo mismo que el paisaje. Aunque éste es objetivamente la configuración geográfica, está también claro que ésta es objeto de efectos culturales que la desbordan y que modifican su vivencia. Si, por ejemplo, el mero frío o la lluvia o la luminosidad, pueden ser más que registros meteorológicos o físicos e incluso que sensaciones sensoriales y llegan a alcanzar el grado de evocaciones de estados de espíritu, de impresiones identificativas, la totalidad del paisaje ejerce estas funciones con una entidad y una normalidad -consciente o inconsciente- muy notables, muy constantes. El paisaje está filtrado por la cultura. Sin duda, es deseable un incremento de la conciencia paisajística que lleve a una demanda social de derecho al paisaje. Un aumento de la cultura paisajista que reclame una relación con paisajes cuidados, atendidos, conservados como un derecho.

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Dos campos se abren, pues, simultáneamente: cuidar los paisajes y mejorar su percepción cultural. La estima de los paisajes es un modo de manifestarse la autoestima. Es posible incluso que una parte del movimiento conservacionista no haya aún incluido -o lo haya hecho tardía y secundariamente- en sus estímulos y propósitos “el paisaje”, la configuración del territorio y el valor cultural otorgado. Siempre que se establece una protección naturalista o monumental, necesariamente se ubica en un lugar y pertenece a un paisaje, aunque no pocas veces se ha prescindido de este cuadro y de su significado, polarizada la preservación en uno de sus campos habituales, es decir el biológico o el artístico. Sin embargo, la valoración de los paisajes radica en sus caracteres formales, en su papel de escenarios vitales, en su cobertura cultural y ello no merma ni desvía, sino que enriquece la concepción de ecosistema o la de conjunto monumental.

Requieren los paisajes una integración expresa en la conservación establecida y, en suma, otros tratamientos más completos que el que les otorgan hoy los espacios protegidos, los análisis de impacto ambiental y la consideración del valor históricoartístico de la arquitectura. Requieren una cobertura territorial mucho mayor, aunque graduada y adaptada, que la que pueden dar actualmente los lugares naturales y monumentales seleccionados o representativos con las figuras de protección vigentes. Necesitan otro concepto, otra instrucción y otra normativa. Además es preciso dejar claro que no se trata sólo de preservar valores ecológicos y artísticos. El valor de los paisajes es el valor más hondo de lo geográfico. Pero, para valorar esta información, es imprescindible leerla. Y está claro que es preciso enseñar a hacerlo y entrar en el desable círculo de “educar para leer y leer para educar”. Hay que buscar, pues, vías propias a la catalogación, a la selección y a la protección de los paisajes.(Aunque, para evitar equívocos con la espectacularidad o con la propaganda, hay que añadir que no es el paisaje –como no lo es ni el libro ni el discoque más se vende necesariamente el mejor). Hace unos años nos preguntábamos si era posible crear un marco específico de política del paisaje. Hoy ya está en marcha en Europa y, por ello, nos afecta positivamente. Sólo tenemos que concretar nuestros pasos en él y darlos. Más difícil es el necesario planteamiento, para ser eficaces, de cómo hacer posible la revitalización de los paisajes disfuncionales, para salvar de su ruina a ciertas configuraciones cargadas de historia. Pero es posible que sólo existan respuestas circunstanciales, en cada momento y en cada lugar. Como es evidente que el arreglo del paisaje no puede ser sólo cosmético, en este reto territorial muy difícil reside la supervivencia de una parte de nuestra identidad cultural. Pero no hay más paisajes reales que los paisajes vivos, en los que “se vive y piensa”: en este campo no conviene crear una academia de lenguas muertas.

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En cualquier caso, el establecimiento de una norma, sea una más remota Ley del Paisaje, como en Francia -que amparase la calidad y los significados de las formas de los lugares- o, de modo más inmediato, la puesta en marcha del Convenio europeo del Paisaje, sería un paso imprescindible para reconducir un proceso que, dejado a sí mismo, al solo enjambre de iniciativas territoriales, no hará sino acumular pérdidas de ese sutil patrimonio de los paisajes. El paisaje es un producto del tiempo, revela lo que somos, nuestro propio sentido, por lo que constituye un legado cultural, un patrimonio vivo y frágil, un testigo delicado envuelto en el trasiego del territorio. Dinámica significa evolución, historia, proceso, y lo procesal significa a la vez cambio y perduración en el tiempo de la sustancia, es decir mantenimiento vital en el dinamismo, en la acción, en los mecanismos del cambio, en la capacidad de transformación. En suma, significa la activa vitalidad del sistema: movilidad, movimiento, energía, actividad. Pero sin pérdida de la esencia que, al perdurar en la mudanza, permite que las cosas y la vida cambiantes sigan siendo, como el río, las mismas que en su origen.

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EN CONCLUSIÓN: a/ La primera parte de nuestro objetivo profesional como geógrafos es entender los paisajes. b/ La segunda, contribuir a su valoración, a su difusión y fomento en nuestra cultura. Aprender a distinguirlos, a clasificarlos, a objetivarlos como un patrimonio. c/ La tercera consiste en intentar no perderlos, en buscar el modo de permanencia de ese patrimonio: los aspectos prácticos, de acción y de gestión. Tal vez los más complicados. d/ No hay que olvidar la pluralidad de acercamientos profesionales al paisaje (artísticos, arquitectónicos, ecológicos, psicológicos, culturales, didácticos, etc.) y su necesaria pluridisciplinariedad, pero los requisitos básicos en la aportación científica geográfica, es decir para emprender los caminos que hemos comentado aquí desde una plataforma sólida, son los siguientes: 1º, construir una teoría del paisaje geográfico completa y satisfactoria intelectualmente; 2º, proponer un método de trabajo, de análisis de factores, de componentes, de niveles parciales, de relaciones, de globalidad, objetivo, explícito y eficaz; 3º, incluir en él unas técnicas de trabajo, de terreno y de gabinete-laboratorio, igualmente claras y adecuadas; 4º, buscar una estructura de exposición textual de los resultados, sistemática, descriptiva, comunicativa y demostrativa, por asuntos y por lugares; y 5º, ofrecer modos de representación combinados de calidad, mediante el uso complementario y moderno de mapas, gráficos y fotos, apropiados al objeto de trabajo, y expresiones y secuencias informáticas de fácil comunicabilidad formal de los contenidos. EDUARDO MARTÍNEZ DE PISÓN.

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Paisatge i identitat territorial Joan NoguÊ Director de l´Observatori del Paisatge, Universitat de Girona


Paisatge i identitat territorial Joan Nogué. Director de l’Observatori del Paisatge i Catedràtic de Geografia Humana de la UdG. Ferreries, Centre de la Natura de Menorca. 17 de juny de 2005 Coincidiran amb mi en què mai com ara s’havia parlat tant de paisatge, sortosament. Hi ha diverses raons que ho expliquen: la conscienciació ambiental dels últims anys (que ha beneficiat indirectament el paisatge, fins ara la ventafocs de l’univers ambiental), l’extensió galopant de la ciutat dispersa vinculada a l’extraordinari apogeu del sector immobiliari i de la construcció (que ha disparat totes les alarmes), una major sensibilitat estètica per part de determinats grups socials capaços de crear opinió, l’elaboració per part del Consell d’Europa d’un document-declaració d’intencions que ha tingut una gran difusió i una excel·lent receptivitat arreu d’Europa (em refereixo al Conveni Europeu del Paisatge), etc. etc. Tot això és cert i hi ha ajudat però, des del meu punt de vista, hi ha una altra raó que poques vegades és tinguda en consideració i que és tan o més important que les anteriors. Em refereixo al paper rellevant que el paisatge té i ha tingut en la formació, la consolidació i el manteniment d’identitats territorials, tema en el qual em centraré en aquesta conferència. Una de les paradoxes més sorprenents del procés de globalització en el que estem immersos és que la gent afirma, cada vegada amb més insistència i de forma més organitzada, les seves arrels històriques, culturals, religioses, ètniques i territorials. Es reafirma en les seves identitats singulars. La gent defensa els seus llocs davant la nova lògica dels espais sense llocs, dels espais de fluxos propis de l’era informacional que ens ha tocat de viure. La gent reclama la seva memòria històrica, la pervivència dels seus valors i el dret a preservar la seva pròpia concepció de l’espai i del temps. Encara més, el lloc actua talment com un vincle, un punt de contacte i interacció entre els fenòmens mundials i l’experiència individual. Es miri per on es miri, el lloc, el territori, és cada cop més present. El poder de la identitat no desapareix a l’era de la informació, sinó que es reforça. Ho recordava el 15 d’abril passat al Diari de Balears, en un article excel·lent, Joan López Casanovas, quan afirmava: “Hi pot haver pobles sense territori..., però no sense paisatges (reals, somniats, perduts)”. La proliferació de grups o plataformes que s’identifiquen amb denominacions que quasi sempre comencen amb un “Salvem...” és un fenomen social extraordinàriament interessant i esperançador. M’hi refereixo perquè estic absolutament convençut que 1


aquestes mobilitzacions socials de caràcter ambiental i territorial -molt actives darrerament- ens mostren que estem davant d’un discurs territorial procedent d’una societat civil molt àmplia i diversa que té en comú la defensa del seu territori i de la seva idiosincràsia paisatgística davant de les agressions que l’amenacen. “En els temps que corren”, i torno a l’article de Joan López, “ens cal més que mai una pedagogia que ens ajudi a llegir els paisatges. Els paisatges naturals i els rurals, per suposat, però també els urbans, els industrials, els sonors o, fins i tot, els nostres paisatges lingüístics”. Es reivindica el que és propi, el territori i el paisatge autòctons amenaçats pel creixement imparable de la urbanització i de les infraestructures. Assistim a mobilitzacions protagonitzades per plataformes cíviques que apleguen una gran diversitat de perfils socials i culturals, però que comparteixen la defensa d’un lloc comú i singular. Vivim plenament immersos en una esquizofrènica paradoxa territorial. Com afirmava fa poc l’escriptor gallec Manuel Rivas, “tanto hablar de lo virtual, y lo realmente importante sucede en el territorio”. Quan semblàvem abocats a tot el contrari, estem assistint a un excepcional procés de revalorització dels llocs i a una necessitat gairebé existencial de singularitzar-se, d’exhibir i ressaltar tots aquells elements significatius que diferencien un lloc respecte als altres. I el paisatge és un d’aquests elements. El paisatge és el resultat d’una transformació col·lectiva de la natura; és la projecció cultural d’una societat en un espai determinat. I no només en allò referent a la seva dimensió material, sinó també a la seva dimensió espiritual i simbòlica. Les societats humanes, per mitjà de la seva cultura, transformen els originaris paisatges naturals en paisatges culturals, caracteritzats no només per un determinada materialitat (formes de construcció, tipus de conreus), sinó també per la translació al mateix paisatge dels seus valors, dels seus sentiments. El paisatge és, per tant, un concepte enormement impregnat de connotacions culturals i es pot interpretar com un dinàmic codi de símbols que ens parla de la cultura del seu passat, del seu present i potser també de la del seu futur. La legibilitat semiòtica del paisatge, això és el grau de descodificació dels seus símbols, pot ser més o menys complexa, però està lligada, en qualsevol cas, a la cultura que els produeix. El paisatge és, alhora, una realitat física i la representació que culturalment en fem; la fesomia externa i visible d’una determinada porció de la superfície terrestre i la percepció individual i social que genera; un tangible geogràfic i la seva interpretació intangible. És, alhora, el significant i el significat, el continent i el contingut, la realitat i la ficció. No anem mal encaminats si entenem el paisatge com un escenari natural mediatitzat per la 2


cultura. Escriptors, poetes i pensadors han entès perfectament aquesta significació dual del paisatge, al que han vist, sovint, com el mirall de l’ànima en el territori. El filòsof i escriptor xinès Lin Yutang (1895-1976), un dels principals introductors de la filosofia oriental al món occidental, ho resumia amb aquest simple aforisme: “La meitat de la bellesa d’un indret depèn del paisatge i l’altra meitat del qui el contempla”. Pocs anys abans, Henry-Frédéric Amiel, pensador francès, havia escrit que “el paisatge és un estat de l’ànima”, quelcom que els pintors romàntics (posem per cas un Caspar Friedrich) intentaven traslladar als seus quadres. La dimensió visual és una part essencial de la idea de paisatge, des dels seus orígens fins avui, tot i que el paisatge no és només quelcom visible, sinó que està fet també de sons, d’olors, de tactes, de multitud d’impressions sensorials carregades totes elles de contingut espacial i temporal. El paisatge és cultura i, precisament per això, és quelcom viu, dinàmic i en contínua transformació, capaç d’integrar i assimilar amb el temps elements que responen a modificacions territorials importants, sempre i quan aquestes modificacions no siguin brusques, violentes, massa ràpides ni massa impactants. Com afirma el geògraf italià Eugenio Turri, les modificacions del paisatge en el passat eren lentes, pacients, al ritme de la intervenció humana, prolongades en el temps i fàcilment absorbibles per la naturalesa del homes: l’element nou s’inseria gradualment en el quadre psicològic de la gent. Però quan aquesta inserció és ràpida, violenta, intensa, com en els últims anys, l’absorció es fa més difícil, per no dir impossible. El problema no rau en la transformació per se del paisatge, sinó en el caràcter i la intensitat d’aquesta transformació: vet aquí el quid de la qüestió. La incapacitat per saber actuar sobre el paisatge sense destruir-lo, sense trencar-ne el seu caràcter essencial, sense eliminar-ne aquells trets que li donen continuïtat històrica, és un dels drames de la nostra civilització. Llevat de comptades excepcions, no se sap alterar, modificar, intervenir sense destruir. I quan es destrueix un paisatge, es destrueix la identitat d’aquell lloc. Hem celebrat fa pocs mesos el Debat Costa Brava i el Congrés de Turisme de Catalunya. Hi he participat activament i puc donar fer que, per primera vegada, el propi sector ha reconegut públicament que les coses no s’han fet bé. I no s’han fet bé en la línia argumental d’aquesta intervenció. No s’han fet bé perquè el turisme massificat i mal entès ha desfigurat la singularitat –la identitat- de molts paisatges catalans. I com que fer turisme implica, abans de res, canviar de lloc, i una de les variables que millor indiquen al turista aquest canvi de lloc tan desitjat és precisament el paisatge, la conclusió és de calaix: perdrem –els estem perdent- bons turistes perquè els estem oferint paisatges 3


degradats, mediocres, banals, homogeneïtzats. No es va entendre a temps que el paisatge és un recurs turístic de primer ordre. I si ho va ser a principis i a mitjans del segle XX, molt més ho serà ara i en el futur, escassos com anem de paisatges originals, autèntics, encara no homogeneïtzats. El turisme, el turisme de qualitat, aquell que és sostenible i que dura en el temps, fuig dels paisatges mediocres i banals com del dimoni. No en vol saber res. Busca paisatges originals, autèntics, estèticament agradables, ben cuidats. Hi ha un munt d’estudis realitzats al respecte que així ho posen de manifest. L’informe de la Comissió Europea (2002) Using natural and cultural heritage to develop sustainable tourism mostra que per un 50 % dels europeus enquestats el paisatge és el criteri més rellevant a l’hora d’escollir la destinació turística. En aquest mateix sentit, un informe de la Secretaria d’Estat d’Economia de Suïssa avalua en 2.500 milions de francs suïssos anuals els ingressos turístics provinents directament del gaudi del paisatge. Aquest mateix informe ressalta el fet que el 83% dels visitants estrangers i el 76% dels nacionals citen el paisatge com a atractiu principal del seu viatge a Suïssa per motius turístics. Pel que fa a França, segons un estudi presentat per la Maison de la France, el 38% dels turistes alemanys que visiten França busquen espais naturals intactes, el 42% la bellesa dels paisatges, el 45% activitats a la natura i el 50% contacte amb la natura. Però tornem al nostre fil argumental: tot paisatge està indissolublement unit a una cultura i aquesta cultura ocupa una porció determinada de la superfície terrestre que anomenem, genèricament, regió. Trobem ja aquesta vella trilogia paisatge-cultura-regió en els estudis geogràfics de principis del segle XX. En efecte, una de les primeres i més importants

escoles

geogràfiques

centrades

en

el

paisatge

és

l’anomenada

Landschaftgeographie, una tradició geogràfica nascuda a finals del segle XIX a Alemanya i caracteritzada bàsicament pel fet de concebre la geografia com una ‘ciència del paisatge’. Era una escola preocupada fonamentalment per l’estudi i la classificació adequada de les formes dels paisatges, sense oblidar l’empremta de l’ésser humà. Hi ha una clara associació d’idees entre paisatge i regió, ja que tota regió es traduïa en un paisatge, fins el punt que ambdós conceptes acabaven essent gairebé sinònims. Quelcom similar succeeix en la rica tradició geogràfica francesa del tombant del segle XIX, l’anomenada escola regional francesa o escola vidaliana, expressió que indica el fort lideratge que hi exercí un dels seus principals fundadors, Paul Vidal de la Blache, amb qui s’inspirà, per cert, el geògraf català per excel·lència, Pau Vila. En la tradició geogràfica francesa original, el paisatge és la fesomia característica que ens revela una porció de l'espai concreta –una regió- i la distingeix d'altres contrades. D’aquí que en la 4


geografia regional francesa trobem una associació semblant entre paisatge i regió a la que observàvem en l’escola alemanya. És en la regió on cristal·litzarien les relacions ésser humà-natura. La interpenetració ésser humà-natura donaria a la regió un caràcter distintiu que la faria única, irrepetible i que es visualitzaria, es materialitzaria a través del paisatge. Vet aquí, en definitiva, la vella trilogia paisatge-cultura-regió. Potser fóra bo que ens plantegéssim com hauria de ser reinterpretada aquesta mateixa trilogia en un context de globalització accelerada com el que estem vivint. De la mateixa manera que a la vella Europa hem après de fa temps a conservar el patrimoni històric i monumental de desenes de cascs urbans centenaris, sense que això hagi impedit avançar en l’experimentació de noves formes arquitectòniques i urbanístiques, hauríem d’aprendre també a mantenir la identitat de l’excepcional varietat paisatgística europea, sense que això impedeixi apostar pel disseny i la creació de nous paisatges. No hem avançat massa en aquest terreny, la veritat; sobretot si mirem enrera. Ja fa més d’un segle que es va crear a França la ‘Société pour la protection des paysages de France’, una societat que tan aviat com el 1909 ja va organitzar el ‘Congrés International pour la protection des paysages’, amb eslògans com protéger les paysages, c’est défendre la patrie o aimer les arbres, c’est aimer la patrie. El paisatge serà vist, en definitiva, com el fidel mirall de l’ànima d’un país i en la seva protecció confluiran consideracions de caràcter moral i patriòtic, sense oblidar, per descomptat, les de caràcter cientifista, ja sigui en relació amb el patrimoni natural o en relació amb el patrimoni arqueològic i monumental. Es molt important mantenir la identitat dels paisatges, de tots, i en especial dels agraris, per raons de caràcter econòmic, social, cultural i patrimonial. Encara que avui dia la població europea sigui majoritàriament urbana, els paisatges rurals ocupen un lloc molt important en la consciència i en l’imaginari col·lectiu europeus, com ha mostrat no fa massa David Matless (1998) en el seu llibre Landscape and Englishness. Tant és així que la pròpia PAC (la Política Agrícola Comunitària), que va contribuir en una primera fase a la creixent homogeneïtzació de molts paisatges europeus, intenta ara reconduir la situació incorporant la diversitat paisatgística com una de les seves línies d’actuació, potser per evitar el fenomen del que es queixava fa poc l’escriptor Juan Cueto, amb ironia continguda, quan escrivia: “Esto no era lo prometido. Nos habían dicho que sólo sería única la moneda... Pero no nos habían dicho nada del paisaje europeo único. Mucho antes de que hayamos metido un euro en el bolsillo, nos han metido por los ojos un nuevo paisaje. Habrá que acostumbrarse, pero su omnipresencia en la ventanilla de mi autobús, 5


de momento, me deja frío... El principal problema es que a este flamante paisaje europeo le faltan referencias literarias, pictóricas y filosóficas... Es un paisaje de autor (el copyright es de Bruselas), pero sin autores que lo hayan contado, pintado, filosofado, filmado o retratado. Por eso no funciona como paisaje, no te dice nada, se estrella contra la ventanilla, te da sueño.... Antes eran los autores los que buscaban paisajes, ahora es un paisaje en busca de autores”. George Steiner, un dels pensadors europeus més lúcids d’aquests darrers decennis, acaba d’escriure un llibret titulat La Idea d’Europa, on exposa el que per a ell és Europa, ressaltant cinc trets comuns, cinc trets identitaris compartits. Doncs bé, un d’ells és el paisatge, no aquest paisatge homogeneïtzat del que es queixava Juan Cueto, òbviament, sinó el fet que el paisatge europeu, a diferència del d’altres latituds, és, per definició, un paisatge civilitzat, culte, en el sentit que respon a una mil·lenària interacció entre natura i cultura. És un paisatge pensat per caminar-hi, fet a la mesura humana, enormement divers, però sempre amb un punt de civilitat, d’història acumulada. I, com que semblaria que aquest tret que ressalta Steiner està avui en risc, hi ha qui creu que cal pensar el futur del món rural des d’unes noves bases. En efecte, han canviat els usos del sòl, les activitats socioeconòmiques, les telecomunicacions, les nocions d’espai i de temps; tot això –i més- és cert, però segueix havent-hi quelcom que associem a la idea del que és rural. Al llibre L’identité de la France, el gran historiador Fernand Braudel (1986) es mostra molt preocupat per aquesta qüestió, fins i tot més preocupat que per la immigració, que ja és dir, en un país com França. Segons Braudel, a Europa hi ha hagut sempre immigració (i ja no parlem d’emigració), però mai hem vist una Europa sense pagesos... i estem a punt de veure-la. I no es pot oblidar que la societat rural ha estat fins ara la principal productora (almenys pel que fa a la seva extensió) de paisatges (de paisatges culturals, ‘identitaris’). I no es pot oblidar, tampoc, que els paisatges agropecuaris, a diferència del que habitualment es pensa, contenen –i mantenen- una gran diversitat de flora i de fauna. L’extensió del bosc als països europeus mediterranis al llarg dels darrers trenta anys com a resultat de l’emigració camp-ciutat i de la pèrdua de pes relatiu del sector primari en el conjunt de l’economia ha incrementat la massa forestal, sens dubte, però ha minvat, de fet, la biodiversitat, en haver quedat molt més reduït i homogeneïtzat el paisatge agropecuari, per l’eliminació de pastures i la predominància d’uns cultius per sobre dels altres, a més d’incrementar el risc d’incendis, com veiem cada estiu.

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No només per raons identitàries i ecològiques s’haurien de conservar adequadament els paisatges agraris, sinó també per raons econòmiques, del propi sector -que ara no comentarem, però que són òbvies- i d’altres sectors que en podrien treure partit, com el turístic. En efecte, la major part de destinacions turístiques mediterrànies, del litoral a la muntanya, estan vorejades de paisatges agraris, que haurien de ser vistos com a excel·lents aliats i com a complements idonis al producte turístic dominant. El valor ecològic (sovint amb una clara funció afegida de connector biològic) i paisatgístic d’aquests espais és molt elevat, per la qual cosa és especialment oportú i intel·ligent mantenir-los, evitant que siguin engolits per l’espai construït, ja sigui en forma d’habitatges, d’infraestructures o de serveis destinats a l’oci. Cal evitar la pèrdua de diversitat paisatgística dels espais agraris, uns espais –en especial els propers a àrees turístiques i urbanes molt denses- sotmesos a una doble i intensa pressió. Per una banda, per requalificar sòl; per altra, per haver d’actuar de ‘contenidor’ d’aquells equipaments i infraestructures que exporten cap a la seva corona les àrees turístiques i urbanes centrals. Ambdós processos generen fractures territorials i degraden el paisatge agrari, esquitxantlo d’usos diversos i sovint incompatibles que en malmeten la fesomia i en rebaixen la qualitat estètica. Sectors significats i significatius del Penedès i del Priorat així ho han començat a entendre en relació amb el paisatge de la vinya, típic d’aquestes comarques i avui en perill de degradació per l’extensió de la urbanització i la proliferació de polígons industrials. La patronal del sector vitivinícola és conscient del que s’està jugant si permet la progressiva degradació del paisatge de la zona, quelcom impensable en altres regions vitivinícoles de prestigi mundial, com la Toscana, la Borgonya, Califòrnia i, en menor mesura, el Llenguadoc-Rosselló, que ja fa anys que potencia la marca ‘Paisages de Vignobles’. La patronal Unió Vinícola del Penedès és conscient del valor afegit que pot representar el paisatge en les seves vendes i també que l’enoturisme està adquirint una gran rellevància arreu del món, fins el punt que el 23% del total de la facturació dels 185 cellers d’Alsàcia correspon a les compres que hi fan directament els turistes de la zona. En la mateixa línia s’està treballant des del Priorat, comarca que aspira a convertir-se en un model de sostenibilitat i d’equilibri paisatgístic a través d’una ordenació del territori consensuada amb els agents socials i econòmics i a través de l’elaboració d’una Carta del Paisatge que en aquests moments s’està elaborant. Que les dues denominacions d’origen vinícola de la comarca (Priorat i Montsant), el sector turístic, el Consorci pel Desenvolupament Econòmic del Priorat i fins i tot la Plataforma per a la Defensa del 7


Patrimoni Natural del Priorat estiguin d’acord en allò essencial –això és, que el futur de la comarca passa pel paisatge-, representa un pas endavant importantíssim, que hauria de ser seguit per altres comarques. La dispersió de l’espai construït, la urbanització difusa, l’explosió de la ciutat –és a dir, la metropolització del territori- han provocat una fragmentació territorial i paisatgística preocupant. El creixement urbanístic desorganitzat, espacialment incoherent, desordenat i deslligat dels assentaments urbans tradicionals està anorreant la lògica territorial de molts llocs. Aquesta dispersió de l’espai construït descrita, junt amb la implantació de determinades infraestructures pesades, així com la generalització d’una arquitectura de baixa qualitat estètica -en especial en algunes àrees turístiques-, està generant uns paisatges mediocres, dominats cada cop més per l’homogeneïtzació, la repetició, la clonació, l’artificialització, la tematització, la festivalització, la banalització (vet aquí, sense anar més lluny, el feísmo del que es queixen els gallecs sensibles, fins el punt que la qüestió ha donat lloc a un manifest i ha estat tema de campanya en les recents eleccions autonòmiques). La uniformització i la falta de qualitat i originalitat dels tipus de construccions majoritàries està generant un paisatge insensible i ple d’inautenticitat, en especial en els espais suburbans, perifèrics, de transició, en els quals sovintegen –i es multipliquen- construccions-aparador a les vies d’entrada de pobles, viles i ciutats (el que els italians, amb el seu enginy habitual, anomenen strada-mercato). Hi ha pocs paisatges tan sòrdids i pertorbadors com els que donen entrada als nuclis de població. És en aquests paisatges híbrids, mestissos, de contacte i transició entre els paisatges més pròpiament urbans i els més pròpiament rurals on la sensació de desori i desconcert es viu amb més intensitat. Assistim a l’emergència de territoris sense discurs i de paisatges sense imaginari. Què en fem d’aquests paisatges? Podem tancar els ulls i mirar cap un altre costat, però la realitat seguirà essent la que és. Ens agradi o no, són aquests paisatges metropolitans i periurbans els més quotidians, els que viuen la majoria de la gent; paisatges que no són gens fàcils de ‘llegir’, almenys amb la facilitat amb què vàrem aprendre a llegir, des de la semiologia urbana, des de Kevin Lynch, el paisatge urbà compacte. Quines categories, quines claus interpretatives permetrien llegir avui el paisatge de la dispersió, el sprawlscape? Segurament hi són, però més pensades per ser llegides en cotxe que no pas a peu, i més efímeres que les proposades per Kevin Lynch, i, sens dubte, de més difícil legibilitat. Serem capaços de generar-hi nous paisatges amb els que la gent es pugui sentir identificada? 8


Acabem. Hem tocat moltes tecles i, ben mirat, totes elles remeten al mateix: és arribada l’hora d’una nova cultura de l’ordenació del territori basada en la gestió prudent i sostenible dels recursos naturals, en un tractament nou i imaginatiu del sòl no urbanitzable i del paisatge en el seu conjunt i en una nova forma de govern i de gestió del territori basada en el diàleg i en la concertació. Anem escassos de sensibilitat paisatgística. Hauríem de donar la volta a una frase que Julien Gracq va escriure fa temps: “Tantes mans per transformar aquest món, i tan poques mirades per contemplarlo”. Cal impulsar una sensibilitat, una cultura, una ‘consciència de paisatge’ que ens permeti ser capaços de gaudir mirant i vivint el paisatge, com reclamava Julien Gracq. Hem aconseguit, amb molt esforç, una certa ‘consciència ambiental’, que ha penetrat, amb més o menys convenciment, en les capes dirigents del país i també en àmplies capes de la població. És aquesta consciència ambiental la que ha permès protegir, sota figures jurídiques diverses, determinades porcions del territori especialment valuoses per la seva riquesa ecològica. Ara cal anar més enllà i superar aquesta visió protectora del territori en forma de taques d’oli; és a dir, la dels espais naturals protegits dispersos pel territori i, en el millor dels casos, connectats per corredors biològics. Cal imbuir-nos d’una consciència de paisatge similar a la consciència ambiental descrita que ens permeti gaudir de la simple contemplació dels paisatges que ens envolten, no per cap acció especial derivada d’un ambiciós pla estratègic, sinó, simplement, perquè és un fet mil vegades demostrat que un entorn físic atractiu, net, afable i estèticament harmoniós genera una agradable sensació de benestar, que augmenta notablement la qualitat de vida dels ciutadans. Aquest és, de fet, el missatge de fons del Conveni Europeu del Paisatge, citat en l’inici de la meva conferència. El Conveni Europea del Paisatge, signat al Palazzo Vecchio de Florència el 20 d’octubre de 2000 per iniciativa del Consell d’Europa i que ara els estats membres del Consell estan ratificant, enfoca la temàtica paisatgística de manera esperançadora. El Conveni reconeix que “el paisatge és un element important de la qualitat de vida de les poblacions, tant en els medis urbans com en els rurals, tant en els territoris degradats com en els de gran qualitat, tant en els espais singulars com en els quotidians”. Incideix, a més, en el fet que “el paisatge participa de manera important en l’interès general, en els aspectes cultural, ecològic, mediambiental i social” i reconeix explícitament que “el paisatge constitueix un element essencial del benestar individual i social”. Tenim els documents-marc, tenim els instruments, tenim les diagnosis. Només cal una major consciència social i voluntat política.

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Algunes reflexions sobre geografia, paisatge i geohistòria ambiental Albert Pèlachs Departament de Geografia, Universitat Autònoma de Barcelona


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Algunes reflexions sobre geografia, paisatge i geohistòria ambiental Albert Pèlachs Mañosa Universitat Autònoma de Barcelona. Departament de Geografia Grup de Recerca en Àrees de Muntanya i Paisatge (GRAMP) 08193 Bellaterra (Barcelona). Spain albert.pelachs@uab.cat Data de recepció: novembre del 2006 Data d’acceptació definitiva: desembre del 2006

Resum Geografia, paisatge i geohistòria ambiental són els conceptes escollits per descriure, respectivament, una manera determinada de fer geografia històrica, que persegueix la fi de la dualitat paisatgística (natura i societat) i l’afavoriment de la investigació transdisciplinària. Paraules clau: geografia històrica, paisatge, geohistòria ambiental, transdisciplinarietat, fonts documentals i fonts paleobotàniques. Resumen. Algunas reflexiones sobre geografía, paisaje y geohistoria ambiental Geografía, paisaje y geohistoria ambiental son los conceptos elegidos para describir, respectivamente, una determinada manera de hacer geografía histórica, que se basa en la investigación transdisciplinaria y el fin de la dualidad paisajística (naturaleza y sociedad). Palabras clave: geografía histórica, paisaje, geohistoria ambiental, transdisciplinariedad, fuentes documentales y fuentes paleobotánicas. Résumé. Quelques réflexions autour de la géographie, le paysage et la géohistoire environmental Géographie, paysage et géohistoire environnemental sont les concepts choisis pour décrire respectivement une certaine manière de faire géographie historique, sur la base de la fin de la dualité du paysage (nature et société) et favoriser la recherche transdisciplinaire. Mots clé: géographie historique, géohistoire environnementale, transdisciplinarité, sources documentaires et sources paléobotaniques. Abstract. Some thoughts on geography, landscape and environmental geohistory Geography, landscape and environmental geohistory are, respectively, the main topics used to describe a certain way to make historical geography, which it’s based on the transdicisciplinar research and to finish the landscape duality (nature-society). Key words: historic geography, landscape, environmental geohistory, transdisciplinarity, documental sources and paleobotanical sources.


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Albert Pèlachs Mañosa

Sumari El paisatge i la geografia La fi de la dualitat paisatgística? Breus apunts sobre geohistòria ambiental

De fonts documentals i paleobotàniques Reflexions finals Bibliografia

El paisatge i la geografia Si s’accepta que el paisatge —per definició— és un concepte dual, s’entendran moltes de les dificultats i dels punts de desacord que provoca el seu estudi. Segons Serge Briffaud (1994), va ser el sociòleg Jacques Cloarec qui, la dècada de 1980, va haver de remarcar la dualitat del terme paisatge: «[…] le paysage se présente au chercher comme un objet duel. Il est à la fois élément du “réel” et objet “idéel”, réalité et représentation» (Cloarec, 1984, p. 285). Fent un símil, es podria dir que la dualitat geogràfica es repeteix: l’element «real» seria el medi, els elements del territori, i l’objecte «ideal», la representació que la societat fa d’aquests elements. Com la geografia, el paisatge els necessita tots dos per existir. Així, mentre que la ciència geogràfica viu de l’estudi de les relacions establertes entre societat i natura, de l’explicació de les diferenciacions regionals i de la localització en l’espai que això provoca, el paisatge és una eina que permet analitzar aquestes realitats des d’un punt de vista físic i a la vegada mental, en interpretar la percepció que la societat fa d’aquest territori i la manera com el representa. Tradicionalment, la definició dual del paisatge s’ha separat entre els que defensen que l’estudi del paisatge només es pot afrontar des de la percepció subjectiva («visió artística») i els que pensen que el seu estudi pot ser objectiu i ha de fugir de tota subjectivitat («visió ecologista o naturalística»). Els que defensen la visió artística, es basen en el fet que el paisatge només es pot percebre des de la subjectivitat, a partir de les representacions que les societats han fet del seu entorn (Maderuelo, 2005). En aquesta línia argumental, Alain Roger (2000) explica com Augustin Berque (1995) és del parer que una societat només ha de ser considerada com a paisatgística si compleix quatre criteris: 1) Té representacions lingüístiques (una o unes quantes paraules) per dir paisatge. 2) Té representacions literàries, orals o escrites, que expliquin o que descriguin les «belleses» del paisatge. 3) Té representacions pictòriques que tenen com a tema el paisatge. 4) Té representacions en forma de jardí, en tant que representació estètica de la natura. Alain Roger, en canvi, considera massa radical l’opció que estableix que s’hagin de complir aquests quatre criteris simultàniament i per això accepta


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que només es doni alguna de les condicions anteriors. Això li permet ampliar la visió que únicament la Xina antiga i l’Europa occidental a partir del segle XV poden ser considerades societats paisatgístiques (Berque, 1995) i parla de la Grècia antiga i la civilització romana com a societats protopaisatgístiques (Roger, 2000). El cert és que, en l’origen del terme paisatge, pràcticament sempre hi ha la consideració «artística del paisatge», però gairebé sempre sembla que estigui vinculada al territori. Una de les persones que ha estudiat més bé l’origen etimològic del terme ha estat Catherine Franceschi; aquesta autora arriba a la conclusió que la paraula paisatge pot estar vinculada al sentit territorial i a la seva representació, però no tots els països fan servir aquest mot per al mateix. Així, segons els holandesos i els alemanys, pays i la seva representació són la mateixa paraula, mentre que, segons els francesos i els anglesos, les expressions són diferents; els espanyols i els italians tindrien la coexistència de les dues situacions (Franceschi, 1997). La definició del paisatge a Catalunya participa d’aquesta ambigüitat, tal com es recull al Diccionari Etimològic i Complementari de la Llengua Catalana (Coromines, 1986), on la paraula paisatge no existeix com a tal, sinó que cal remetre’s a l’entrada «pagès» com aquell qui viu en el pagus, en el camp, i que ve del llatí tardà pagensis. Aquesta dualitat conceptual es recull directament en d’altres diccionaris, com ara el Diccionari català-valencià-balear (1993), el Diccionari general de la llengua catalana (Fabra, 1977) o el Diccionari nacional de la llengua catalana: darrera i definitiva recopilació de la nostra llengua viva feta pel deixeble, col·laborador i continuador de l’obra de Pompeu Fabra (Fabra i Miracle, 1993), on, d’una banda, paisatge vol dir ‘part de terreny o regió’ i, d’una altra, fa referència a les arts pictòriques i expressa el paisatge com a pintura que representa un paratge natural, especialment de camp o de muntanya. Segons Maria de Bolòs (1992), aquest concepte s’incorpora a finals del segle XV a l’escola de paisatgistes holandesos encapçalada per Albert Dürer, per al qual un paisatge era una porció de la superfície terrestre (no del mar, que s’anomenaven marines) representada a partir d’un quadre pintat o dibuixat, tot i que aquest tema encara és motiu de discussió, perquè, segons Javier Maderuelo (2005, p. 200): «estos escasos ejemplos no pueden ser considerados en sí auténticos paisajes». La idea principal de Berque i Roger és que el paisatge no existeix fins que no hi ha una percepció estètica del paisatge. Entenc el seu raonament però no el comparteixo. Des del meu punt de vista, és reduccionista pensar que el paisatge només és la percepció estètica del territori, ja que és possible percebre un territori d’altres maneres, i, per tant, crec que és excessivament reduccionista pensar que la percepció del territori només ha de ser estètica. Voleu dir que no és possible percebre la sensació de por quan s’està a les fosques i, per tant, quan no es veu res però sí que s’utilitzen els altres quatre sentits? El paisatge és un concepte totalment cultural i, per tant, la participació de tots els sentits (vista, oïda, olfacte, gust i tacte) és fonamental per entendre’l, d’acord; però l’apreciació d’un paisatge va més enllà dels criteris purament estètics, ja que també hi intervenen els vincles establerts entre un territori i la societat que hi habita.


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En aquest sentit, penso que són fonamentals la comprensió dels «valors naturals» i el «sistema econòmic» per analitzar el paisatge; per tant, no puc compartir els raonaments de Roger quan diu: «[…] evidentment, el coneixement dels geosistemes i dels ecosistemes és indispensable, però no ens fa avançar cap pas en la determinació dels valors paisatgístics, que són socioculturals» (Roger, 2000, p. 147). Precisament perquè són socioculturals és el motiu pel qual cal considerar la relació establerta entre la societat i la natura per comprendre el paisatge. I en cap moment això vol dir anar en contra de l’estudi de la percepció, ni confondre la història del paisatge amb la història del medi ambient, com han advertit alguns autors (Briffaud, 1994; Roma, 2004). Són arguments que només serveixen per justificar la idea que el paisatge no ha existit a totes les societats, i defensar uns postulats teòrics —segons el meu parer— molt interessants però excessivament esbiaixats. A l’extrem oposat, s’hi han de situar els estudis de paisatge que només consideren els valors naturals. En els casos més radicals, la consideració del paisatge pot arribar a prescindir, fins i tot, de l’element humà, tal com es proposava a la «ciència del paisatge» russa, que va desenvolupar un mètode científic per a l’estudi del paisatge basat en l’anàlisi d’un gran nombre de paràmetres físics, l’interès fonamental dels quals era la quantificació i la mesura dels paisatges a partir dels moviments de massa i d’intercanvis energètics (Rougerie i Beroutchachvili, 1991). El paisatge s’assimilava, així, a un sistema, a un geosistema. Fou Sochava qui va dir que el geosistema era un sistema natural de nivell local, regional o global, en el qual el substrat mineral, el sòl, les comunitats d’éssers vius, l’aigua i les masses d’aire, en les diverses subdivisions de la superfície terrestre s’interconnecten pels canvis de matèria i energia en un únic conjunt (Beroutchachvili i Bertrand, 1978). El problema d’aquesta anàlisi era la previsió a llarg termini, ja que la pròpia escala de canvi del sistema afectava les previsions, la gran quantitat de dades que calia analitzar, així com el factor antròpic, que no es controlava plenament, ja que aquests mètodes s’havien concebut per a regions poc habitades on els fenòmens socioculturals en quedaven exclosos. Tot i que no tots els plantejaments de les ciències naturals prescindeixen de l’element humà, el cert és que la concepció del paisatge com un nivell d’organització dels sistemes ecològics s’ha de situar just damunt de l’ecosistema i sota de la regió i el continent. Per aquest motiu, el paisatge s’ha usat per explicar la teoria de les pertorbacions, tant des d’un punt de vista natural com humà (Margalef, 1991). L’ecologia del paisatge és el resultat d’aquesta visió que podem considerar holística, perquè combina «el enfoque horizontal utilizado por geógrafos, para el estudio del entretejido espacial de los fenómenos naturales, con el enfoque vertical con el que los ecólogos estudian el complejo funcional en un sitio dado o ecotopo» (Naveh i Lieberman, 2002, p. 3). El desenvolupament de l’ecologia del paisatge es pot analitzar en diferents obres (Burel i Baudry, 2000; Forman, 1995; Naveh i altres, 2001; Pino i Rodà, 1999; Rafa, 2000). A Catalunya i en general a tot Espanya, la influència hi arriba dels Estats Units d’Amèrica. Segurament per això sovint es té la sensació que el territori s’ha concebut només com una matriu a l’interior de la qual


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un seguit de corredors permeten establir la relació entre diferents illes constituïdes per diversos valors naturals (Burel i Baudry, 2000). En resum, en l’actualitat el paisatge continua sent objecte de debat entre dues posicions enfrontades: a) Els que veuen el paisatge només com una eina per explicar les representacions que la societat fa del territori (Berque, 1995; Roger, 2000; Roma, 2004; Maderuelo, 2005) i les formes com l’acció humana ha condicionat la percepció territorial (Glacken, 1996; Frolova, 2000; Lima, 2000). b) Aquells que entenen que el paisatge és una bona manera d’aproximar-se a l’estudi de la història natural, a partir de l’ecologia del paisatge (Pino i Rodà, 1999; Varga i Vila, 2006; Marull i altres, 2006) i de la reconstrucció dels paisatges i les diverses formes en què la natura ha estat modificada per l’acció humana (Atkins i altres, 1998; Davasse, 2000; Esteban, 2003; Galop, 1998; Marsh, 1998; Pèlachs, 2005). La fi de la dualitat paisatgística? La fi de la dualitat paisatgística arribarà el dia que se sigui capaç d’incloure les dues visions en una de sola, però fins ara no hi ha treballs que ho facin. La majoria d’intents que conec en aquest sentit no passen del mer plantejament teòric d’aquesta problemàtica. D’aquí que es vulgui insistir en els plantejaments proposats per Claude i Georges Bertrand (2000, 2002), els quals es plantegen de quina manera es pot superar la barrera que comporta la dualitat (territori-percepció) del paisatge. La manera que utilitzen consisteix a plantejar un gradient d’artificialització o d’antropització del territori, el qual s’assimila al medi ambient situant l’àmbit natural —o físic— en un pol i el social —o metafísic— en un altre. Aquests autors expliquen com, per trencar aquesta barrera, el territori s’ha de tractar de manera híbrida. El retorn a la geografia passa per trencar la dualitat establerta entre la naturalesa i el seu contrari, que és l’artificialització, i és que, segons ells, no es pot separar l’ambient social del biofísic. Ells proposen fer-ho a partir d’un sistema que han anomenat GTP (geosistema, territori, paisatge) i que serveix per explicar tres categories espaciotemporals diferents però complementàries i que defineixen l’espai geogràfic (Bertrand, 2001): a) El geosistema representa l’element natural bàsic del sistema, aquell que es percep i té una funció d’ús com a font (source). Per tant, serà la categoria espaciotemporal responsable d’analitzar el grau de naturalitat del sistema, és a dir, veure fins a quin punt els processos de naturalitat i antropització són dominants o no. b) El territori representa l’element econòmic, aquell que es pot considerar com a entrada socioeconòmica, el recurs (ressource) i, per tant, s’haurà de mesurar a partir del seu grau d’artificialització. c) El paisatge representa l’entrada sociocultural del sistema ambiental, aquell recurs natural que, després de ser filtrat per la cultura (acte de percepció o


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ús directe), adquireix un seguit de valors simbòlics (ressourcement) i que es basa en un procés d’artialització (artialisation). Aquest neologisme que va proposar Roger (2000) i que significa la transformació per mitjà de la referència artística (pictòrica), d’un país viscut o d’un paisatge contemplat i percebut, és usat pels Bertrand en un sentit més ampli i es refereix a tots els tipus de representació paisatgística (Frolova, 2003). Tot plegat es pot entendre més bé amb un exemple: si es pren l’element arbre com a referent, és evident que, com a geosistema, es tracta d’un element natural amb unes funcions determinades i particulars. Ara bé, si s’observa des del sistema territorial, un arbre és una font de recursos en tant que fusta per ser tallada i venuda. Per contra, el mateix arbre en determinades situacions culturals pot veure incrementats els seus valors i se li poden atribuir unes connotacions simbòliques que el facin diferent de la resta (per exemple: el Pi de les Tres Branques per al nacionalisme català). És a dir, la idea que el medi natural és híbrid i que ha de ser tractat com a tal des de la transdisciplinarietat s’imposa. En l’actualitat, tot el medi natural està fortament artificialitzat i, per tant, els estudis s’han d’afrontar també des d’una visió històrica, analitzant les diferents periodicitats que han afectat el territori. Què hi manca? Doncs, si el paisatge és el resultat de la construcció antròpica, física i mental de cada moment de la història, això és el que s’ha d’estudiar: una construcció física, perquè el territori ha estat profundament modificat per la societat, però també mental, perquè és l’apreciació subjectiva de les persones el que ha atorgat categoria al paisatge d’un territori. Aquest procés donarà com a resultat una superposició territorial de registres (socials i naturals) testimoni de l’evolució dels diferents paisatges de cada època que serviran per estudiar el paisatge i per fer geohistòria ambiental. El fet que la diversitat i els nivells de complexitat del sistema, juntament amb les diferents escales temporals i espacials, s’han de combinar amb el món de la sensibilitat, de la percepció humana. El paisatge s’ha de tractar com un palimpsest físic i mental. Breus apunts sobre geohistòria ambiental Si l’èmfasi es posa a l’escala temporal, l’interès per les geografies del passat condueix la geografia a l’estudi històric. La geografia històrica és l’anàlisi de les relacions entre la societat i el territori en d’altres temps, i això fa que, en funció de l’espai analitzat, la geografia històrica s’ocupi dels canvis demogràfics, de l’agricultura i del món rural, de la ramaderia tradicional, de les ciutats i de la xarxa urbana, de la geografia industrial, de la cartografia antiga, etc. (Vilagrasa, 2000). S’ha d’entendre la geohistòria ambiental com aquella part de la geografia històrica que s’ocupa de les qüestions ambientals. I malgrat que la geohistòria ambiental ha estat enfocada sota diversos epígrafs com a «ecohistòria» o «història ambiental», tal com explica Josep Fontana (1992), aquestes etiquetes no han perseguit res més que certa rellevància mediàtica. En l’actualitat, l’ano-


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menat «canvi global», amb el canvi climàtic com a pal de paller, «ha acabat per capturar una atenció científica, mediàtica i popular comparable a la dels altres grans reptes que preocupen les societats humanes d’avui» (Boada i Saurí, 2002, p. 5). Els precedents són més antics, ja que, tant des de l’escola culturalista de Carl. O. Sauer, com des de l’escola geogràfica dels Annales francesa, la preocupació per l’explicació de les qüestions ambientals es recull en innombrables obres de geografia i, per tant, directament o indirectament, defensa les aportacions fetes per J. Brunhes, A. Demangeon, P. Vidal de la Blache, M. Bloch, etc. En l’actualitat, la geografia històrica persegueix la comprensió de la geografia del passat per explicar més bé l’actual i sempre a partir d’un referent espacial concret on es puguin situar les accions de la societat sobre l’espai. En aquest sentit, el model GTP sembla una bona opció, perquè permet anar del passat al present per estudiar la relació entre natura i societat en diferents binomis espaciotemporals al llarg de la història. Recentment, la preocupació per les qüestions ambientals ha fet que hi hagués una proliferació d’obres de característiques generals i que poden servir per il·lustrar l’estat de la qüestió sobre la geografia històrica i les idees ambientals en sentit ampli (Arnold, 2000; Atkins i altres, 1988; Butlin, 1993; Deléage, 1993; González de Molina, 1993; Horden i Purcell, 2000; Powell, 2000; Simmons, 1996). De fonts documentals i paleobotàniques Una anàlisi completa del paisatge implica l’explicació ordenada, en primer lloc, del medi (vegetació i clima), base de l’escenari o geosistema (G). En segon lloc, l’anàlisi de l’aprofitament dels recursos per comprendre de quina manera el medi natural s’ha modificat per generar el territori (T). I, finalment, la interpretació i valoració (imatges i representacions) que la construcció social ha fet com a paisatge (P). Per aquesta raó, els estudis de paisatge analitzats des de la geohistòria ambiental gairebé sempre són parcials i incomplets. Així, si tradicionalment els estudis ambientals havien realitzat un tractament del sistema de forma dual a partir del binomi format pels conceptes de natura i societat, ara l’estudi demana un tractament unitari i global (Proctor, 1998). A més, si abans els problemes podien ser tractats de forma estàtica, ara s’imposa l’explicació dinàmica i variable al llarg del temps (de la descripció a la visió diacrònica, de les teories de l’ordre i l’estabilitat tradicionals a la teoria del caos i del canvi), la qual cosa en complica enormement l’anàlisi (Boada, 2001). El canvi ha de ser entès com un augment de l’organització, és a dir, de la complexitat del sistema (Margalef, 1991). Però el sistema, a més de la pròpia histèresi natural dels seus elements, té un fort component antròpic, la qual cosa ha portat a considerar la necessitat de realitzar-ne el tractament de forma global, híbrida. I per això cal fer servir registres d’informació propis del sistema natural, però també del sistema social, per analitzar-ne tot el conjunt.


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Per tant, la integració metodològica completa passa per incorporar diferents tècniques de tipus paleobotànic (ciències naturals), però també documental (ciències socials) (Matamala i altres, 2005) a cadascuna de les etapes d’anàlisi. De fet, per comprendre més bé la història vegetal, com més se n’utilitzin, millor, ja que el fet d’utilitzar-ne una no exclou les altres. El problema principal a l’hora d’usar registres documentals i paleobotànics és provocat per la variabilitat de les escales temporals, ja que les fonts documentals —si existeixen—, com més es retrocedeixi en el temps, més valor i precisió perden i llavors les interpretacions s’han de fer sobretot a partir de tècniques paleobotàniques. Per contra, a mesura que s’arriba als moments actuals, les fonts documentals guanyen valor i precisió, mentre que els registres paleobotànics poden perdre fiabilitat. La recerca basada en les fonts documentals s’entén amb un sentit ampli, és a dir, contempla qualsevol font de dades recuperables en el temps i en l’espai. I això inclou tant suport de paper com magnètic, així com de caràcter públic i privat, i en forma de publicació o com a document inèdit de fons d’arxiu. Les fonts documentals es poden classificar en escrites, gràfiques i documents resultants d’informació recollida oralment. De fet, aquest no és pas un tema nou, ja que fa molts anys que s’usen aquests registres per descriure les característiques del medi natural, tal com explicava Joan Sabí (1982) quan feia una aproximació a les fonts documentals del Bages i esmentava els treballs realitzats al Regne Unit i a França com a exemples que es podien seguir. Abans, la geografia regional francesa i la cultural americana havien assajat aquest mètode. En els darrers anys, sembla que la història del paisatge a partir de les fonts documentals desperta un interès renovat. I malgrat que no s’ha abordat en gran quantitat, sí que s’ha fet en una gran varietat de problemàtiques: incendis forestals (Lloret i Marí, 2001), explotació forestal (Quirós, 2002; Utrilla i altres, 2003), ramaderia (Gómez-Pantoja, 2001), canvis en els usos del sòl (Sanchis, 2001; Molina, 2000; Sabio i Iriarte, 2003; Tello, 2006), canvi climàtic (Barriendos, 1998; Creus, 2000; García Codron, 2000), fauna (Casanova, 2002; Woutersen, 2000). Tot i que, segons Marugan (2001, p. 1), «potser el tema més tractat ha estat el dels sismes [...] ja que l’estudi dels sismes històrics va repercutir a l’hora d’establir el mapa de riscos sísmics de Catalunya». Les fonts paleobotàniques inclouen tots aquells registres que permeten reconstruir la història de la vegetació en qualsevol temps anterior al present, per bé que alguns autors restringeixen el terme a l’etapa anterior al període històric (Da Lage i Métailié, 2000). En paleobotànica, hom pot distingir entre restes vegetals «micro» i «macro». Si es comença el repàs a partir de l’estudi de les microrestes vegetals, s’ha de parlar de pol·len (i espores) i microcarbons. L’anàlisi de pòl·lens fòssils és la tècnica que ens forneix de la informació més antiga i contínua i s’ha utilitzat per determinar la presència dels diferents tàxons vegetals al llarg del temps en el si d’un dipòsit sedimentari. A la península Ibérica, alguns treballs de síntesi recents (com els de Riera, 2006; De Beaulieu i altres, 2005; González-


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Sampériz i altres, 2005; Jalut i altres, 2000) han posat de manifest la importància de les anàlisis palinològiques per a l’estudi paleoclimàtic i vegetal. La proliferació de les anàlisis pol·líniques i l’augment de datacions absolutes han permès realitzar treballs de síntesi (Riera, 2006). Pel que fa a les macrorestes vegetals, cal considerar l’antracologia i la dendrologia com les principals per al seu estudi. L’antracologia és l’estudi de carbons de fusta recollits en un medi arqueològic o en el context d’una sedimentació natural (Chabal, 1997); en qualsevol cas, l’estructura anatòmica de la fusta, prèvia a la carbonització, s’ha d’haver conservat, la qual cosa permet fer la identificació botànica de l’espècie en el millor dels casos i del gènere la major part de vegades. A la península Ibèrica, la major part dels antracòlegs són arqueòlegs de formació (Vernet, 1997), per això, a Catalunya —i a bona part de la península Ibèrica—, ha estat un aspecte molt tractat en jaciments arqueològics (Allué, 2002; Piqué, 1991; Grau, 1991) i, més recentment, en l’estudi de carboneres vegetals (Pèlachs, 2005). Pel que fa referència a la drendrologia, aquesta és una ciència que es basa en els creixements de fusta dels arbres, per això, a partir del comptatge dels diferents anells de creixement i la seva mesura, es poden establir les edats i la manera com l’arbre ha crescut. A partir d’aquestes dades, es poden fer extrapolacions de l’edat del bosc i buscar explicacions a la forma com ha crescut l’arbre, la major part de les quals són de tipus climàtic (Bosch i Gutiérrez, 2001; Camarero i altres, 2000; Creus, 2000; Saz i Creus, 2001). Reflexions finals La visió geogràfica del paisatge s’estableix amb el benentès que no es pot continuar amb la contraposició entre la natura i la societat, perquè la natura també és la societat, i l’element humà —tant si agrada com si no— forma part de tots els ecosistemes, i el paisatge també és l’estudi d’aquesta relació. En sentit estricte, un paisatge existeix en el moment que algú el percep, altrament, és un entorn, un medi, etc. A més, considerar que el paisatge només fa referència a l’aspecte estètic vol dir oblidar que moltes vegades han anat plegats. En aquest sentit s’expressa Marina Frolova quan recorda com, a la geografia russa, landschaft i paysage originàriament eren sinònims (Frolova, 2000). I, per tant, entenc què es vol dir quan es diu que no es pot confondre l’estudi del medi ambient i el del paisatge —ho comparteixo—, però també penso que no es pot oblidar que sovint s’han confós i no per això s’han de bandejar estudis molt interessants. El repte principal rau en la dificultat de plantejar treballs transdisciplinaris que integrin tots els punts de vista que proposa el model GTP i sobretot a interpretar la dinàmica del paisatge natural, a la vegada que les percepcions que, a cada moment de la història, ha tingut la població que s’ha relacionat amb aquell medi.


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El projecte del lloc: entre l´anàlisis de l´entorn i el disseny de l´espai exterior Rosa Barba


Paisajes culturales. El patrimonio como recurso bĂĄsico para un nuevo modelo de desarrollo Joaquim SabatĂŠ


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Paisajes culturales. El patrimonio como recurso básico para un nuevo modelo de desarrollo1 Joaquín Sabaté Bel Dr. arquitecto y economista. Catedrático de Urbanismo de la E.T. S. de Barcelona. Coordinador del curso de doctorado y posgrado “Proyectar el Territorio” (Máster en Proyectación Urbanística). Director del Departamento de Urbanismo y Ordenación del Territorio (1992-99). Entre los últimos libros publicados figuran: Building the Modern City (2000), El proyecto de la calle sin nombre (2000), Cultural Landscape and Regional Development (2001), The evolution of an urban design method (2002). Profesor en diversas universidades europeas y americanas, ha desarrollado su actividad profesional en el campo urbanístico, y en tres ocasiones ha sido galardonado en la convocatoria de los Premios Nacionales de Urbanismo. Whilst the majority of 20th-century town planning programmes placed special emphasis on population dynamics and industrial development, in the 21st century, the most interesting town planning proposals will be based on a new pairing: nature and culture.This conviction has led several MIT and UPC researchers to begin a joint exploration of cultural landscapes and the concept of heritage parks. A cultural landscape is a geographical area associated to a historical event, activity or figure, which therefore possesses aesthetic and cultural values. The creation of a heritage park involves guaranteeing the conservation of the heritage resources of a particular cultural landscape, whilst also using them to reactivate the region in economic terms. Just as cities are coming to play an ever more important role in the information era, many spaces are taking on an ever more important role as communicative areas. The analysis of many European and American examples illustrates that places and events can become extremely significant, that conservation is not exclusively aimed at the intellectual élite and that heritagebased development is showing itself to be good business. We can begin to draw some initial conclusions from an analysis of the most significant of these projects: in several regions, the intelligent management of heritage resources represents one of the key factors in economic development because it attracts tourism and investment and generates activities and employment but, above all, because it boosts the self-esteem of the community.

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Si bien la mayor parte de los planes de ordenación del siglo XX hicieron hincapié en la dinámica poblacional y en el desarrollo industrial, en el siglo XXI las propuestas de ordenación territorial de mayor interés estarán basadas en un nuevo binomio: naturaleza y cultura. De dicho convencimiento arrancó una exploración conjunta de diversos investigadores del MIT y la UPC acerca de los paisajes culturales y de la figura de los parques patrimoniales. Un paisaje cultural es un ámbito geográfico asociado a un evento, a una actividad o a un personaje histórico, y que contiene, por tanto, valores estéticos y culturales. El proyecto de un parque patrimonial implica garantizar en un determinado paisaje cultural la preservación de sus recursos patrimoniales y, al mismo tiempo, ponerlos al servicio de la reactivación económica de la región. Del mismo modo que las ciudades juegan un papel crecientemente importante en la era de la información, muchos espacios asumen un protagonismo cada vez más relevante como lugares comunicativos. El análisis de numerosos ejemplos en Europa y América nos muestra cómo lugares y acontecimientos pueden resultar extremadamente significativos, cómo la preservación no va dirigida exclusivamente a una elite intelectual, y cómo el desarrollo basado en el patrimonio demuestra ser a la vez un buen negocio. Del análisis de los más significativos de estos proyectos podríamos empezar a destacar unas primeras conclusiones: la gestión inteligente de los recursos patrimoniales está suponiendo en diversos territorios uno de los factores clave para su desarrollo económico, porque atrae turismo e inversiones, genera actividades y puestos de trabajo; pero, muy fundamentalmente, porque refuerza la autoestima de la comunidad. Todos ellos contemplan algunas premisas básicas: identificar los recursos de mayor interés y ofrecer una interpretación estructurada y atractiva de los mismos; narrar una historia, capaz de atraer visitas e inversiones, de descubrir oportunidades de actividad y áreas de proyecto, de situar el territorio en condiciones de iniciar un nuevo impulso de desarrollo económico. Por medio de todas estas iniciativas se trata de cohesionar los recursos culturales a partir de una idea-fuerza territorial; de dotar de estructura, de verificarla desde ensayos propositivos; de construir una hipótesis de interpretación de un episodio relevante, y de adelantar criterios para la ordenación de un territorio, a fin de llevar a cabo un a gestión coherente de aquellos recursos. El análisis ha permitido deducir algunas lecciones relevantes, que se recogen en este artículo y fueron aplicadas al proyecto del eje patrimonial del río Llobregat, con el que se pretende potenciar el desarrollo equilibrado de un extenso territorio dotando de valor a sus recursos patrimoniales. En esencia, se trata de atraer actividades; de fomentar particularmente un turismo cultural, respetuoso con los valores de aquel territorio, y, por encima de todo, de reforzar la autoestima de sus residentes. Frente a una nueva e imposible industrialización, a la opción de un turismo de masas, o a la abusiva implantación de parques temáticos, la apuesta por revalorizar los recursos patrimoniales propios puede suponer un modelo económicamente más viable, ambientalmente más sostenible y atento a la identidad de cada territorio, y socialmente más justo.

• El desarrollo industrial de Estados Unidos tuvo a principios del siglo XIX un impulso y extensión considerables. Fueron fundadas entonces cientos de ciudades industriales (company towns), en especial en la costa este, con una dimensión realmente extraordinaria en relación con las pequeñas colonias industriales inglesas, alemanas o francesas, o con nuestras más cercanas colonias textiles catalanas. Todas ellas aprovechaban la fuerza motriz de ríos muy caudalosos y, en pocos años, casi un tercio del territorio urbanizado se caracterizó por su destino industrial.


1. Este artículo constituye la reelaboración y profundización de un trabajo previo desarrollado durante los años 2000 y 2001 por diversos profesores e investigadores. Véase una primera versión en mis artículos “Looking Forward”, con E. Ben-Joseph, D. Frenchman y M. Schuster, y “The UPC vision” y “European precedents”, con A. Lista, en el libro Designing the Llobregat Corridor. Cultural Landscape and Regional Development. Projectant l’Eix del Llobregat. Paisatge cultural i desenvolupament regional. Universidad Politécnica de Cataluña y Massachussets Institute of Technology, Barcelona, 2001.

Paisajes culturales. El patrimonio como recurso básico para un nuevo modelo de desarrollo

Lowell, al pie de los ríos Merrimack y Condor, fue una de las más importantes de aquellas company towns. A ello contribuyeron sus nueve kilómetros de canales para accionar telares, así como una considerable inversión en máquinas y fábricas, pero también su carácter de comunidad utópica e ilustrada, que combinaba producción y educación. Lowell es bastante conocida por ser una de las primeras colonias donde trabajaron las mujeres (mill girls) y por haber sido un lugar donde se han producido singulares innovaciones técnicas, como la turbina Francis2. Con el tiempo, Lowell pasaría de la energía hidráulica a la máquina de vapor, para volver muchos años después a los ríos, aunque ahora únicamente para aprovechar la electricidad generada por éstos. Sin embargo, nada impedirá la paulatina crisis de la industria textil a lo largo de todo el siglo XX. Las diferentes fábricas irán cerrando una tras otra –la última lo hizo hacia 1970–. La ciudad de Lowell malvivirá durante varios años en medio de una profunda crisis económica y, lo que es peor, con una absoluta falta de confianza en sus posibilidades. Hasta que un buen día un profesor de Historia de un colegio, que estaba explicando a sus alumnos el desarrollo industrial de Estados Unidos y no conseguía atraer su atención, se planteó una cuestión crucial: ¿Por qué continuar explicando estos episodios con ayuda de libros, no siempre lo suficientemente interesantes, cuando a la puerta de la escuela se encontraba el mejor museo potencial para ilustrarlos de forma muy aleccionadora? ¿Por qué no poner en pie este museo vivo? Dicho y hecho, esta reflexión supuso el punto de partida de un movimiento de voluntarios (Lowell Historic Preservation Commission) que planteó diversos proyectos para convertir la ciudad en un museo vivo que ilustrase el arranque y esplendor –pero también la decadencia– de una urbe industrial. Con el transcurso del tiempo, impulsarían la elaboración de un plan de preservación y reutilización del conjunto del patrimonio de Lowell3. Fueron rehabilitados más de 250 edificios históricos, se acometió la renovación de numerosas fábricas para usos residenciales y de equipamientos, y se recuperaron canales degradados o que incluso habían estado cubiertos y pavimentados como calles.

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They all share certain basic premises: to identify the resources that are of greatest interest and offer a structured and attractive interpretation of them, telling a story which is able to attract visitors and investments, reveal opportunities for project areas and activities and create conditions which will enable the region to give new momentum to its economic development. All these initiatives aim to unite cultural resources around a territorial strength or idea, provide a structure, verify it by means of propositional trials, construct an interpretive hypothesis for an important episode and provide criteria for town and country planning within a territory, for the coherent management of its resources. The analysis allowed certain important lessons to be learnt which are described in this article and were applied to the Río Llobregat heritage area project.The latter aims to promote the balanced development of a large region by respecting the value of its heritage resources.The aim, in essence, is to attract activities, to particularly promote cultural tourism, respectful of the values of the region, and, above all, to boost the self-esteem of the local inhabitants. When faced with a new and impossible industrialisation, the option of mass tourism or the abusive introduction of theme parks, the decision to promote the area’s heritage resources could represent an economic model which is more viable, environmentally more sustainable and more respectful of the identity of each region and fairer in social terms.

En la actualidad, Lowell vuelve a ser una comunidad floreciente, con un magnífico centro de visitantes, algunos museos especializados (dedicados a la contribución de las mill girls o de las diferentes etnias de trabajadores al esplendor de su industria textil; a la evolución de los telares, y las innovaciones tecnológicas). Los visitantes pasean a pie, en los tradicionales troleys, o bien en viejas barcazas, a lo largo de los canales recuperados. Los rangers ofrecen su reconocido servicio de guías, y Lowell se ha convertido no sólo en un centro de especial atractivo turístico, sino también en un verdadero ámbito de educación. ¡Qué lección más hermosa de cómo lugares y acontecimientos bastante comunes pueden resultar extremadamente significativos, de cómo la preservación no va dirigida exclusivamente a una elite intelectual; pero también de cómo el desarrollo basado en el patrimonio demuestra ser a la vez un buen negocio! Es necesario destacar que, más allá del turismo que Lowell es capaz de atraer, el reforzamiento del espíritu comunitario ha contribuido de manera muy especial a la hora de atraer inversiones y nuevas actividades, y rehabilitar y poner en servicio numerosas construcciones. Pero, afortunadamente, Lowell no es un caso aislado. En la actualidad sabemos de numerosas experiencias (cabe decir que no todas tan exitosas) en torno a estos parques patrimoniales, que nada tienen que ver con los parques temáticos: pese a que también atraen numerosos visitantes, los parques patrimoniales encuentran su fundamento en hacer valorar la cultura e identidad de un determinado territorio. En los últimos años, su singular interés como catalizadores del desarrollo económico regional nos ha llevado a estudiar un centenar de casos –una veintena de ellos con mayor profundidad– y a intentar aprender lecciones 9


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Figuras 1, 2, 3 y 4: Lowell (Massachusetts): Auge, decadencia y renacimiento de una de las más importantes company-towns de Nueva Inglaterra.

de dicha experiencia, para después ensayar su aplicación en un ámbito concreto, el que hemos denominado eje patrimonial del río Llobregat. El resultado del trabajo, elaborado de forma conjunta por diferentes profesores e investigadores de la Universidad Politécnica de Cataluña y el Massachusetts Institute of Technology, se recoge en un libro recientemente publicado4.

Figuras 5 y 6: Lowell (Massachusetts): el conjunto patrimonial y sus sectores.

2. Véanse entre otros los artículos de J. Hayward “Evaluation d’une politique urbaine. Revitalisation d’une ville industrielle par le tourisme, l’exemple de Lowell”. En: Urbanisme, nº 218, marzo 1987; D. Frenchman y J. Lane “Urban Cultural Park Preservation and Revitalization Strategy”. En: Architectural Record, septiembre 1979; así como la página web www. nps. gov/lowe/loweweb. 3. En 1978 el Congreso de los Estados Unidos aprueba el Lowell National Historical Park y la Lowell Historic Preservation Comisión. Lowell será la primera comunidad industrial que pasará a estar incluida como Parque de Carácter Urbano, dentro de la categoría de parques nacionales,bajo la tutela, impulso y soporte del National Park Service. 4. Designing the Llobregat Corridor. Cultural Landscape and Regional Development. (Véase nota 1). 5. Véanse, entre otros, los sitios de Pennsylvania Heritage Parks Program (www. dcnr. state. pa. us) o Pennsylvania Heritage Regions (www. paheritageregions. com). 6. El resultado del New York’s Urban Cultural Parks Program puede ser consultado en el sitio del New York State’s Heritage Areas (www. nysparks. state. ny. us/info/heritage. html).

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Es cierto que la mayor parte de los parques patrimoniales analizados, y quizá los más relevantes, se encuentran localizados en Estados Unidos. Esto es debido a la extensión de su patrimonio industrial (y a la ausencia, en cambio, de vestigios culturales anteriores, equiparables a los que encontramos en Europa), a los notables esfuerzos invertidos en su revalorización, a la trascendencia del acto de reconocimiento oficial (designation), al notable papel del National Park Service y a la larga experiencia acumulada en este tipo de intervenciones. Todo ello les ha permitido depurar criterios y patrones de intervención suficientemente validados, reclamar reconocimiento legal para estos ámbitos y aprobar programas de impulso. En estos momentos, existen en Estados Unidos diversas leyes que amparan la figura de estos parques, así como mecanismos de soporte técnico y financiero, y programas de impulso. Sirva de ejemplo el que promovió, en 1989, el gobernador de Pennsylvania, que ya establecía los requisitos que determinados proyectos de parques culturales debían cumplir para ser designados y recibir apoyo. En este sentido, tenían que contribuir a promover la educación, el ocio y el desarrollo económico, a partir de la cooperación entre administraciones; debían garantizar la conservación de los bienes culturales; habían de elaborar un inventario cuidadoso de los recursos; tenían que atraer apoyo público y privado, y garantizar un compromiso y asumir un liderazgo local. Todo lo expuesto ha dado ya lugar al reconocimiento en dicho estado de nueve parques patrimoniales (algunos tan significativos y pioneros como Lackawanna, Allegheny Ridge, Rivers of Steel, Delaware Canal, Endless Mountains…), mientras que otros se hallan en proceso de estudio5. Incluso antes, en 1979, la Oficina de Parques y Preservación Histórica de Nueva York y de otras 22 comunidades establecieron una joint venture para impulsar una veintena de los denominados parques culturales urbanos (monumentos aislados, frente portuario, valle fluvial del HudsonMohawk, Kingston, Seneca Falls...)6.


Paisajes culturales. El patrimonio como recurso básico para un nuevo modelo de desarrollo

Figura 7: Paisajes culturales en Estados Unidos.

Figuras 8 y 9: Lowell (Massachusetts): Auge, decadencia y renacimiento de una de las más importantes company-towns de Nueva Inglaterra.

Figura 10: Proyectando el eje del río Llobregat. Paisaje cultural y desarrollo regional. Resumen de la investigación conjunta UPC-MIT.

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En cualquier caso, el precedente más significativo lo constituyó la iniciativa del Servicio Nacional de Parques para establecer, en 1972, un Parque Cultural del Carbón. A partir de este momento fueron surgiendo numerosas iniciativas y empezaron a desarrollarse conceptos tales como “paisaje cultural” o “parques patrimoniales”7. Es preciso destacar que, pese a ser mayoritarias, estas experiencias no se circunscriben exclusivamente a Estados Unidos, pues en Europa pueden ya encontrarse numerosas iniciativas y proyectos que persiguen la creación de:

Figura 11: Parque arqueológico minero de Massa marítima en Italia.

7. Aunque más adelante entraremos a comentar con detalle el significado de ambos términos, baste convenir de momento en denominar “paisaje cultural” a un ámbito geográfico asociado a un evento, una actividad o un personaje histórico, y que contiene, por tanto, valores estéticos y culturales. El origen del término “parque patrimonial” estaría en los Heritage Parks impulsados en el Estado de Massachussets desde 1983, o desde 1989 en Pennsylvania. Se trataría, en términos generales, de proyectos o planes desarrollados en aquellos paisajes culturales y que persiguen, al tiempo, la preservación y revaloración de los recursos patrimoniales y el desarrollo económico de la región.

• Parques industriales (Le Creusot, en Francia; New Lanark, en Escocia; Emscher Park, en Alemania; las colonias del Llobregat, en Cataluña...). • Parques mineros (Massa Marítima, en Italia; Cercs y Cardona, en Cataluña; Ironbridge Gorge, en Inglaterra; Monceau-Les Mines, en Francia; Holderbank, en Suiza; Negev, en Israel; S’Hostal, en Menorca, etcétera). Area montana di interesse naturalistico e di tutela ambientale Area agricola pedemontana di tutela ambientale e paesaggistica Area agricola pedemontana terrazzara Area agricola di piana consolidata Area agricola dismessa da destinate a servizi di interesse generale Area ad edilizia diffusa, da riqualificare Aree di frangia urbana da riconnettere al tessuto agricolo Aree occupate da insediamenti produttivi, da riqualificare Aree degradate da riqualificare con funzione di accesso al parco Aree di rilevante interesse storicoarcheologico (Maredolce, S. Ciro) Aree urbane previste dal PRG Impianti acquedotto AMAP Elementi da sottoporte a tutela Elementi morfologici naturali (valloni, impluvi) Elementi vegerazionali (alberi monumentali) Manufatti storici (bagli, case padronali, machine d´acqua)

Figuras 12 y 13: Parque agrícola de Ciaculli-Palermo (Italia) y parque industrial Emscher Park (Alemania).

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Figuras 14, 15 y 16: Camino del Gaucho (Argentina-Uruguay-Brasil).

• Parques agrícolas (Milán-sur y Ciaculli-Palermo, en Italia; Baix Llobregat, en Cataluña; YGrenoblois, en Francia...). • Parques fluviales (Po y Adige, en Italia; Ter, Ripoll o Besos, en Cataluña, etcétera). • Recorridos históricos (Canal du Midi, en Francia; Waterlinie, en Holanda; Camino de Santiago, en buena parte de Europa…). • Paisajes bélicos (Saint Nazaire y Kéroman Base, en Francia; Atlantik Wall, en Dinamarca; Karlkriese y Lichterfelde Süd, en Alemania…). • Parques arqueológicos, ecomuseos, etcétera. Del mismo modo, también pueden constatarse magníficos ejemplos en Latinoamérica:

Figuras 17 y 18: El Camino de las Estancias (Patrimonio de la Humanidad) en los alrededores de Córdoba (Argentina).

• El Camino del Gaucho, que se extiende desde Laguna (Brasil) hasta Mar del Plata (Argentina), tras atravesar el litoral de Uruguay8. Esta iniciativa articula un conjunto de recursos al servicio de la tematización de un territorio que comparte una historia común; recursos que se revalorizan para impulsar el desarrollo de la región. El impulso local es ya un hecho: ha sido creada una red de ecomuseos, y se han adherido más de 50 establecimientos rurales y ofertas turísticas complementarias. • De similares características es el Camino de las Estancias Jesuíticas, en torno a Córdoba (Argentina), y ya declarado Patrimonio de la Humanidad. En él se incluyen la manzana jesuítica en la ciudad de Córdoba y las estancias de Nuestra Señora de Altagracia, Caroya, Jesús y María, Santa Catalina y La Candelaria, aunque no los vestigios de San Antonio, San Ignacio y Santa Cruz; ni otros interesantísimos espacios asociados, como las estanzuelas de La Calera o de Santa Ana. La inexistente interptretación de la rica cultura territorial sobre la que se asentaban las estancias constituye, quizá, uno de los elementos fundamentales que deben ser corregidos en este proyecto. • Asimismo, es necesario hacer referencia al impresionante patrimonio de estancias que comparten el norte de Argentina, Paraguay y Brasil; a los numerosísimos poblados mineros de Chile, como el de la ciudad de Lota; a los territorios del salitre; al proyecto del Camino de Humboldt, en Venezuela, etcétera. Tras el análisis de los proyectos más significativos, estamos en condiciones de destacar unas primeras conclusiones: la gestión inteligente de los recursos patrimoniales se muestra, en diversos territorios, como uno de los factores clave para su desarrollo económico, pues atrae turismo e inversiones, y genera actividades y puestos de trabajo; pero, muy fundamentalmente, porque refuerza la autoestima de la comunidad.

8. Véase la web http://www. caminodelgaucho. com. ar/iti_gral/que. htm

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Todo ello nos lleva a pensar que los síntomas de aparente debilidad de tantos escenarios en crisis pueden ocultar las claves de su futura transformación. Las muestras de decadencia, los


10. SERRES DE L´ORDAL 11. PARC DEL GARRAF 12. EL CATLLARÀS 13. SERRA DE PICANCEL 14. PUIG REDÓ 15. PARC NATURAL DE ST. LLORENÇ DE MUNT 16. ST. SALVADOR DE LES ESPASES 17. PARC DE COLLSEROLA

Paisajes culturales. El patrimonio como recurso básico para un nuevo modelo de desarrollo

1. PARC NATURAL DEL CADÍMOIXERÓ 2. SERRA D´ENSIJA 3. ELS RASOS DE PEGUERA 4. SERRA DELS CUADRES 5. LA RECTORIA DE STA. PAU 6. EL PUJOL DE PLANÈS 7. SERRA DE CASTELLTALLAT 8. MONTSERRAT 9. EL BRUC DE BAIX

vestigios de un esplendor pasado (fábricas cerradas, puentes abandonados, ríos contaminados…), pueden ser vistos como una condena, o bien entenderse como fortalezas, como activos para construir un nuevo futuro, como recursos para ser revalorizados y estructurados en aras a conformar una base adecuada de desarrollo. Está empezando a atesorarse una cierta experiencia, tanto en Europa como en Estados Unidos y, más recientemente, en Latinoamérica en relación con los planes de impulso regional basados en el patrimonio, entendido éste en su más amplia acepción: natural y construido. Algunas de las iniciativas de ordenación territorial más recientes y exitosas evidencian el interés de esta nueva aproximación. La eclosión de parques patrimoniales de carácter cultural (industriales, agrarios, mineros, arqueológicos…) o natural (fluviales) muestra la trascendencia de esta exploración, así como los retos de una experiencia todavía incipiente. Todas ellas atienden algunas premisas básicas: identificar los recursos de mayor interés, y ofrecer una interpretación estructurada y atractiva de éstos; narrar una historia capaz de atraer visitas e inversiones, de descubrir oportunidades de actividad y áreas de proyecto, de situar el territorio en condiciones de iniciar un nuevo impulso de desarrollo económico.

“Tras el análisis de los proyectos más significativos, estamos en condiciones de destacar unas primeras conclusiones: la gestión inteligente de los recursos patrimoniales se muestra, en diversos territorios, como uno de los factores clave para su desarrollo económico, pues atrae turismo e inversiones, y genera actividades y puestos de trabajo; pero, muy fundamentalmente, porque refuerza la autoestima de la comunidad”.

9. J. Sabaté (coordinador), junto con D. Calatayud, J. Galindo, A. Giocoli, R. Jossa, D. Martínez, A. Lista, F. Rubio y P. Vall. Valoración de los recursos patrimoniales, de la estructura y ordenación del río Llobregat. Diputación de Barcelona. 1999.

Este mismo objetivo perseguía un trabajo sobre la cuenca del río Llobregat realizado por un grupo del Departamento de Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Universidad Politécnica de Cataluña9. La investigación partió de una hipótesis interpretativa: la cuenca del río Llobregat atraviesa y vertebra la provincia de Barcelona y su curso ha sido testigo de los principales episodios de la industrialización catalana.

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Figura 19: Espacios de interés natural y episodios de la industrialización catalana a lo largo del río Llobregat.

Todas estas iniciativas tratan de cohesionar los recursos culturales a partir de una idea-fuerza territorial, de dotarlos de estructura, de verificarla desde ensayos de proyectos, de construir una hipótesis de interpretación de un episodio relevante y de adelantar criterios para la ordenación de un territorio, para la gestión coherente de dichos recursos.

Necesitábamos una historia que narrar, un hilo conductor... Por ello se nos ocurrió defender que seguramente se trataba del río más “trabajador” de Europa, por haber sido explotado durante siglos, prácticamente desde el lugar donde nace, para mover molinos y turbinas, para alimentar industrias y poblaciones, para crear pacientemente un delta agrícola, para ser embalsado y represado, y para acabar exhausto y sin apenas caudal en su desembocadura. Precisamente por todo ello, concentraba numerosos vestigios patrimoniales a lo largo de su cuenca. ¿Por qué no explicar, pues, la historia del desarrollo industrial de Cataluña siguiendo el curso del río? Para conseguirlo, procedimos a identificar sucesivos episodios: • Los excedentes de la rica huerta de Manresa, regada con las aguas que conduce una magnífica acequia de casi 30 kilómetros, construida en el siglo XIV, darán pie, con el transcurso del tiempo, a una primera industria urbana. • Río arriba, y ya durante el siglo XIX, el agua empieza a mover las máquinas. A partir de 1870, pasaremos de los primeros molinos al extraordinario paisaje de las colonias textiles. • En la desembocadura del río, a mediados del XIX, se crea un territorio agrario moderno, con una esforzada construcción del delta. • Entre 1900 y 1920, el aprovisionamiento de la ciudad dará lugar a la aparición, cerca de los Pirineos, de fábricas de cemento y minas de carbón. • Hacia 1930, su transporte exigirá la instalación de líneas ferroviarias para salvar la distancia que separa la montaña del llano. • Asimismo, se generará una incipiente industria turística en el entorno de Montserrat, montaña sagrada de Cataluña, con la consecuente construcción de nuevos accesos (ferrocarril, funicular, aéreos y carrilet). 13


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“En estos se basó nuestro proyecto, al que denominamos Eje Patrimonial del río Llobregat [...] Con tal fin, intentamos dotar a cada una de estas áreas de estructura, verificarla desde ensayos propositivos, construir una hipótesis de interpretación de un episodio histórico relevante y, en el límite, avanzar criterios para la ordenación conjunta de la cuenca fluvial, para la gestión coherente de dichos recursos”.

• Finalmente, la regulación del río, la construcción en 1970 de un pantano, y las extracciones y vertidos de una industria moderna, que obedece a nuevos patrones de localización, dieron paso a la decadencia del sistema y, al mismo tiempo, a una creciente crisis ambiental. El río facilitó desde el inicio estrechos vínculos comerciales; pero actualmente se ve surcado en muchos de sus tramos por carreteras y autopistas, muy poco respetuosas con su particular morfología. Dichas vías parecen interpretar el territorio como un obstáculo que vencer, y el curso fluvial, como un corredor de paso entre la metrópolis barcelonesa y las estaciones pirenaicas. La identidad productiva de tantos paisajes de industrialización antigua y las actividades que construyeron aquellos paisajes podrían parecernos obsoletas en nuestros días. Las márgenes del río más “trabajador” de Europa muestran claros síntomas de agotamiento. Numerosos vestigios de un pasado floreciente (puentes medievales, molinos, presas, canales y acequias, fábricas y colonias industriales, instalaciones mineras, ferrocarriles y funiculares...) se encuentran abandonados. Sin embargo, los testimonios de la actual decadencia pueden servir de base para proporcionar un nuevo impulso de este territorio. Por el hecho de haber constituido el nervio del desarrollo económico de la Cataluña moderna, el río Llobregat atesora una extraordinaria densidad de recursos culturales. Su generosa aportación de agua para el riego, de energía para mover máquinas y de vías para el intercambio ha proporcionado, con el paso de los años, un patrimonio singular. Por otro lado, e incluso a pesar de que su aprovechamiento exhaustivo y la ocupación indiscriminada de sus márgenes comprometen la calidad de sus aguas y de sus paisajes, en su entorno se concentra, asimismo, una extensión considerable del patrimonio natural reconocido del país. Y fue en lo recientemente expuesto en lo que se basó nuestro proyecto, al que denominamos “Eje patrimonial del río Llobregat”, aunque fundamentalmente se vertebró en torno al entusiasmo de diversos agentes locales para lograr cohesionar los recursos patrimoniales (naturales y culturales) de varios ámbitos característicos de este eje fluvial, a partir de una ideafuerza territorial. Con tal fin, intentamos dotar a cada una de estas áreas de estructura, verificarla desde ensayos propositivos, construir una hipótesis de interpretación de un episodio histórico relevante y, en el límite, avanzar criterios para la ordenación conjunta de la cuenca fluvial, para la gestión coherente de dichos recursos. Hoy en día, los parques patrimoniales del Carbón, de las Colonias Industriales, de la Acequia y el Parque Agrario constituyen los primeros frutos de un proceso aún en curso. Estamos asistiendo a la reactivación de una cuenca fluvial a partir de la puesta en valor de sus recursos patrimoniales. ¿Cómo se ha procedido a la revaloración de su patrimonio natural y cultural? ¿Cómo se pretende impulsar, a partir de dicho patrimonio, el desarrollo de áreas en decadencia? ¿Cómo definir un modelo de intervención capaz de preservar y gestionar adecuadamente este patrimonio? • En primer lugar, resultó de gran importancia entender de manera global el eje fluvial, con el objeto de poder disponer de un ámbito claro de referencia y aglutinar un conjunto de iniciativas bien dispersas, para presentar unitariamente una oferta diversa y variada; pero, asimismo, para llamar la atención respecto a la importancia de asegurar cantidad y calidad de agua. Para ello se procedió al estudio del recorrido del río, de sus diversas secciones, de las características de los territorios que atraviesa… Asimismo, fue analizado el aprovechamiento de sus aguas, su caudal y calidad; la consistencia de los sucesivos ecosistemas; el impacto de afluentes, extracciones y vertidos; canales, presas reguladoras y pantanos… Sin embargo, como el río constituye también un corredor cultural, se procedió a inventariar servicios y recursos a lo largo de su trayectoria: naturales y culturales; construidos y efímeros; industriales, agrícolas o mineros… Asimismo, se valoró el cometido de los diferentes sistemas urbanos, la accesibilidad del conjunto del territorio, etcétera.

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• En base a todo ello, y teniendo muy en cuenta diversas iniciativas locales, se procedió al reconocimiento de un conjunto de ámbitos temáticos, de una constelación de unidades, de paisajes culturales, encadenados por una historia común. Cada uno de estos paisajes reconocía un espacio geográfico con identidad física, económica y cultural propias, y en cada uno de ellos fueron articulados sus recursos en torno a una temática central y se plantearon dos retos básicos: - Definir la estructura interpretativa de cada uno de estos ámbitos, a través de la explicación de una historia, seleccionando y jerarquizando los recursos relacionados con el tema escogido, manteniendo otros recursos de interés como satélites, proyectando itinerarios que relacionen de manera adecuada a todos ellos, identificando accesos y diseñando un centro de interpretación y, en su caso, algún museo especializado. - Articular la gestión conjunta de los recursos por medio del impulso de un ente gestor capaz de consolidar las iniciativas existentes, y que integrara agentes locales y administradores. Cada uno de estos paisajes culturales se compone de un sistema de servicios y recursos cohesionados en torno a un tema y estructurados por itinerarios. Se hacía necesario que cada unidad, a lo largo del eje, explicara un episodio de una misma historia: la del proceso de industrialización moderna de Cataluña. De este modo, las ocho unidades reconocidas fueron: - Los primeros trabajos del río. La Acequia de Manresa (siglo XIV). - Del excedente agrario a la industria. La viña (siglo XVIII). - La conquista del Delta. Los canales del Parque agrario (hacia 1850). - Los años de las colonias industriales. El Parque fluvial (1870). - Proveer a la ciudad de cemento. La fábrica Asland, en el Clot del Moro (1900). - Los años del carbón. La colonia minera de Sant Corneli (1920). - Los caminos de hierro. Ferrocarriles y funiculares (1930). - El río domesticado. El pantano de La Baells (1970).

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“De hecho, con el proyecto que denominamos ‘Eje patrimonial del río Llobregat’ no se pretendió otra cosa que potenciar el desarrollo equilibrado de un extenso territorio, valorando sus recursos patrimoniales. En esencia, se trató de atraer actividades, de fomentar particularmente un turismo cultural, respetuoso con los valores de aquel territorio, y, por encima de todo, de reforzar la autoestima de sus residentes”.

• Finalmente, en cada una de estos ámbitos fueron detectados espacios de oportunidad, posibles intervenciones; inversiones estratégicas por su efecto difusor: a veces muy elementales –limpiar un paraje, recuperar la calidad de su entorno, señalización…–y otras más estructurales –trazado de un itinerario explicativo, diseño de un centro de interpretación, recogida de vestigios para un primer museo especializado, recuperación de un edificio, etcétera–. De hecho, con el proyecto que denominamos “Eje patrimonial del río Llobregat” no se pretendió otra cosa que potenciar el desarrollo equilibrado de un extenso territorio, valorando sus recursos patrimoniales. En esencia, se trató de atraer actividades, de fomentar particularmente un turismo cultural, respetuoso con los valores de aquel territorio, y, por encima de todo, de reforzar la autoestima de sus residentes. Frente a una nueva e imposible industrialización, a la opción de un turismo de masas o a la abusiva implantación de parques temáticos, hemos podido comprobar que en muchos parajes la apuesta por revalorizar los recursos patrimoniales supone un modelo económicamente más viable, ambientalmente más sostenible, atento a la identidad de cada territorio y socialmente más justo. A fin de evitar una excesiva abstracción, antes de exponer algunas de las conclusiones del estudio realizado, vamos a ilustrar un recorrido imaginario siguiendo el cauce del río desde su nacimiento hasta el delta, a través de las ocho unidades temáticas definidas. PROVEER LA CIUDAD DE CEMENTO. LA FÁBRICA ASLAND, EN EL CLOT DEL MORO A principios del siglo XX, la demanda de cemento en la ciudad de Barcelona iba en aumento. Aquél era un tiempo en el que la geografía económica mantenía aún la lógica de los territorios, hoy desdibujados por el comercio global. Las materias primas de calidad debían buscarse en lugares accesibles por ferrocarril. Al pie de las montañas del Moixeró, en un paraje llamado el Clot del Moro, la empresa Asland construyó, en 1901, una primera fábrica de cemento. Diseñada, 15


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Figuras 20, 21 y 22: El nacimiento del río y la fábrica de cementos Asland en Clot del Moro.

de forma espectacular, por el maestro de obras Guastavino, hoy despierta admiración y sorpresa encontrar una instalación industrial de estas proporciones en un lugar tan indómito y salvaje. De hecho, el valle del río Llobregat es un espacio de contrastes y sorpresas sucesivas. Unos pocos kilómetros separan el núcleo más cercano (Pobla de Lillet) de la fábrica. Dicha distancia puede salvarse por la vía de un tren de vía estrecha que hizo posible el traslado del cemento a partir del año 1912. Dicho tendido aún se conserva, y confiamos en que pronto volverá a entrar en funcionamiento. Al lado de la vía nos espera otra sorpresa: unos jardines extravagantes, de carácter modernista, atribuidos a un discípulo de Gaudí. Al final de ésta, el Museo de Ferrocarriles y la Escuela de Restauración del Patrimonio Industrial mantienen el culto en este particular templo de la industria. Los acantilados de donde se extraía la roca calcárea y, en especial, la inmensa estructura de la vieja fábrica dominan el conjunto. Se trata de una bóveda catalana impresionante, diseñada por Rafael Guastavino, un relevante maestro de obras que ejercía en Cataluña y que con el tiempo se convirtió en un reputado constructor en Estados Unidos10. Las grandes naves de la fábrica, hoy vacías, se muestran como un monumento a una época en la que se confiaba plenamente en el desarrollo ilimitado basado en la industria; un monumento a un siglo nuevo que llegaba cargado de progreso. LOS AÑOS DEL CARBÓN. LA COLONIA MINERA DE SANT CORNELI La geología del curso alto del Llobregat es atormentada, en especial en las gargantas del Far, entre los pueblos de Cercs y Guardiola, donde el río, a duras penas, ha conseguido abrir un estrecho paso. Se trata de una geología que a veces se muestra desnuda, pero que esconde la riqueza de los lignitos, un carbón de baja calidad que, desde principios de siglo, se convirtió en el oro negro de la región. Las fábricas empezaron a consumir más y más carbón, y un pequeño tren de vía estrecha (carrilet), que remontaba la ribera del río, permitió transportarlo en grandes cantidades y a precios razonables.

10. A él se deben, entre otras muchas, importantes obras tanto en Cataluña como,sobre todo,en Estados Unidos, donde explota su experiencia en la construcción de bóvedas tabicadas, que se imponen por su economía, su ligereza, y su gran resistencia al fuego. Funda su propia empresa, que llega a construir más de 1.000 edificios desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX (entre otros, la Grand Central Station y la catedral de St. John the Divine, en Nueva York, las cúpulas del National y el Smithsonian Museum, de Washington, o la Biblioteca Pública de Boston).

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En los años veinte del pasado siglo llegó a la zona un empresario del País Vasco, y con él se inició la colonización sistemática de la montaña en pos de la búsqueda del carbón que, hasta el momento, únicamente había sido explotado de forma fragmentaria. Empezaron entonces a explotarse los yacimientos más elevados, justo al contrario de lo que ha venido siendo habitual en otras cuencas mineras. Aquéllas eran las “primeras” minas abiertas a gran altura, y este hecho dio pie a la creación del poblado minero de Peguera, que todavía hoy se conserva. A media altura fueron explotadas “las segundas”, y con ellas creció el poblado de Sant Corneli, una colonia minera que aún pervive y donde no faltaba nada. Tan importante como la mina era el transporte del mineral... y de la madera, la gran riqueza de la montaña bergadana. Para ello, fueron construidos más carrilets y teleféricos, pequeñas obras maestras de ingeniería insertadas en un medio en verdad difícil y de las cuales encontramos aún muchos restos, entre los que se incluyen vías que pueden recorrerse. Con los años, e insistentemente, fueron buscadas “las terceras”: los míticos filones de carbón, supuestamente muy ricos, cuyo acceso era difícil por la excesiva profundidad y la presencia de agua... Mientras tanto, a las ciudades llegaba ya el carbón de Asturias…


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Figuras 23, 24 y 25: La colonia minera de Sant Corneli.

EL RÍO DOMESTICADO. EL PANTANO DE LA BAELLS Hacia la mitad de los años setenta, el mundo industrial, que había ido creciendo en las márgenes del río, mostraba ya evidentes signos de decadencia. En el año 1973, la crisis del petróleo se mostró como el primer aviso de que la lógica de la producción, que había sido válida hasta el momento, ya no era tan lógica. La fina estructura de las industrias medianas, dispersas a lo largo del cauce, tenderá a quedar obsoleta de una forma progresiva y morirá lentamente, con el cierre de una fábrica hoy y otra mañana. En este nuevo mundo postindustrial, el papel del río cambiará: ya no hará trabajar a las fábricas, sino únicamente a las turbinas que generan electricidad. Asimismo, se hace conveniente que el agua, que, como ya hemos explicado era aprovechada con exquisito cuidado mediante acequias y canales, llegue en abundancia a la gran ciudad.

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Estos hechos justificaron el cerramiento de un valle y la construcción de la presa de La Baells, que lleva el nombre del pueblo que sumergió, y que fue inaugurada en el año 1975. La presa corta en seco la vía del tren, todavía visible al pie del muro de cemento. Las aguas cubren la vieja población, pero también algunas fábricas que componían parte del mosaico de lo que fue un activo valle industrial. Si recorremos las aguas en sentido descendente, nos sorprenderá, al embarcarnos en la cabecera del embalse, una isla sobre la cual apenas puede reconocerse el campanario de una pequeña iglesia románica. Cuando fue cubierto por las aguas, era ya un vestigio del pasado que sobresalía entre los tejados de las fábricas textiles.

Figuras 26, 27 y 28: El pantano de la Baells y la iglesia de San Salvador de la Vedella.

Si continuamos el trayecto, podremos comprobar que la margen derecha del río se halla llena de restos industriales. A la izquierda, los bosques han recuperado todo el terreno y forman una capa continua que trepa entre riscos hacia las cumbres. Cuando el pantano se ensancha, descubre al fondo un puente, de más de 100 metros de luz. Antes de que lo cubriera el agua, destacaba majestuoso...

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Por levante desemboca el valle del Merdançol, estrecho, indómito y boscoso, dominado por la singular sierra de Pic-en-cel. Las aguas mansas llenan la parte baja del mismo, hasta una pequeña presa de un molino, el último y más evolucionado de aquellos que con tan poca agua movieron tanta historia. LOS AÑOS DE LAS COLONIAS INDUSTRIALES. EL PARQUE FLUVIAL Antes de alcanzar el llano del Bages, situado en pleno corazón de Cataluña, el río Llobregat corre encajado dentro de un valle desdibujado. Desde mediados del siglo XIX este espacio fue escenario de una transformación sorprendente, de la mano de algunas industrias que buscaban la fuerza del río y que, en ocasiones, huían del ambiente conflictivo de las ciudades. Las fábricas crecieron aprovechando cada salto de agua, pero nunca solas. Alrededor, los mismos empresarios construyeron pequeños asentamientos urbanos, siempre ordenados y a veces modélicos, donde los trabajadores vivieron a la sombra de la fábrica a lo largo de varias generaciones. El resultado fue un paisaje particular, mitad industrial y mitad agrario, habitado por obreros que a su vez eran agricultores. Se trata de una sucesión de ciudades en miniatura, donde siempre están presentes la fábrica, la iglesia, las casas de los trabajadores, el canal que aporta las aguas, los huertos cerca del río y la villa de los propietarios.

Figuras 29, 30, 31 y 32: Las colonias industriales del Alto Llobregat.

A veces, la estructura es más compleja y también hay que añadir a la lista un teatro, una escuela y una gran plaza pública. Algunas de estas colonias industriales, como la Vidal, resultan tan sugerentes e interesante que para convertirlas en museo no ha hecho falta más que colocar las indicaciones. Las calles, hoy silenciosas, tienen el carácter de las colonias centroeuropeas y de las primeras ciudades-jardín inglesas. Los alrededores, en cambio, son todavía el reino de las casas de labranza, a veces monumentales, y de los campos, que aprovechan los amplios márgenes bajo pequeños cerros todavía boscosos. Con el tiempo, las transformaciones en los mercados no dejaron hueco para estas particulares formas de industrialización dispersa: la electricidad permite ubicar las fábricas allá donde se quiera, y la economía global nos ha enseñado que la concentración es la fuerza. Las fábricas de las viejas colonias ya no funcionan, y muchos campos, en sus inmediaciones, tampoco se cultivan. El trabajo se fue, y con él, los habitantes de esta ciudad discontinua que creció allí, donde un salto permitía aprovechar la fuerza del agua.

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LOS PRIMEROS TRABAJOS DEL RÍO. LA ACEQUIA DE MANRESA En la Edad Media, los monasterios, como el de Sant Benet de Bages, organizaron la vida económica de su entorno. Algunas producciones agrarias, y en particular la viña y el trigo, proporcionaban excedentes suficientes para comerciar. En el llano, alrededor de Manresa, la viña permitió dar un primer paso desde una economía de subsistencia hacia la industria. La ciudad crecía lejos del río, y cada vez tenía más necesidad de agua: para vivir, para beber, pero también para mover los molinos donde se trabajaba la lana. Tenía otro río cerca, el Cardener, que corre demasiado bajo y lleva aguas demasiado saladas. Por ello, pidieron al rey Jaime permiso para construir una acequia que condujese hasta la ciudad el agua abundante del río Llobregat, con una obra hidráulica sencilla pero monumental, que aún hoy se encuentra en pleno funcionamiento. En la actualidad, la acequia, de cerca de 30 kilómetros, traza una frontera entre los colores ocres de las viñas y los verdes vivos de los huertos. Nace a la sombra del castillo de Balsareny y serpentea al pie de los cerros, buscando una línea de mínima pendiente en una sucesión de muros de contención y arcadas conservados con cuidado a lo largo de los siglos. Cerca ya de Manresa, la acequia llega al estanque artificial del parque de la Aguja, un elemento nuevo que aún mantiene el cometido original de abastecer de agua a la ciudad. Por encima de la acequia, allí donde el agua no llega para regar los campos, crece la viña, un cultivo de secano rodeado de márgenes de piedra seca. Verde y ocre, seco y húmedo, industria y agricultura, son los contrastes que han dado fuerza a estas tierras desde hace ya muchos siglos.

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Figuras 33, 34, y 35: La Acequia medieval de Manresa.

DEL EXCEDENTE AGRARIO A LA INDUSTRIA. LA VIÑA Tradicionalmente, el paisaje de la viña no ha sido valorado como se merecía. Seco, con predominio de los ocres sobre los verdes, no entra en los estándares de belleza paisajística, sin duda porque éstos han sido fabricados en países de clima más húmedo. Para que la viña empezara a valorarse, ha sido necesario esperar a la rehabilitación de la denominada dieta mediterránea, representada por el trigo, el aceite y el vino. Por encima de huertas y olivos, la viña se muestra como un espacio simbólico, un resumen de sabiduría popular que combina tecnología agraria con una depurada arquitectura de piedra seca, magnífica, en su aparente sencillez. Las viñas forman un espacio laberíntico de muros, mesetas y caminos; un espacio muy apto para la reflexión, para sentarse y contemplar los detalles: la orientación de los márgenes, el espaciado de las cepas, las pendientes de los caminos… 19


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Figuras 36, 37, y 38: El Parque de la viña del Bages.

Resulta conveniente recuperar un entorno cultural que condensa y deja testimonio de un pasado de esplendor que permitió el paso de la subsistencia a la industria. En esta comarca, como en tantas otras zonas vinícolas, el alcohol extraído de la uva tuvo mucho que ver con el comercio y con las primeras industrias. La viña permitió realizar las primeras acumulaciones en un entorno donde producir excedentes agrarios no es labor sencilla. No se puede olvidar que la viña es el cultivo que más ofrece en aquellos lugares que presentan las condiciones más adversas. LOS CAMINOS DE HIERRO. FERROCARRILES Y FUNICULARES Hacia 1880 se vivió una época de cambios económicos y tecnológicos conocida como “la fiebre del oro”, en la que las más fantásticas expectativas parecían posibles. Surgieron muchos proyectos, en especial de nuevos ferrocarriles, muchos de los cuales no fueron más que meras especulaciones. Sin embargo, otros consiguieron abrirse paso entre los numerosos obstáculos que imponía la geografía y llegaron a ser magníficas realidades, aún hoy en uso. En las márgenes del río Llobregat se construyó un ferrocarril de vía estrecha, que todavía hoy permite recorrer un trayecto en un auténtico tren de vapor, entre las estaciones de Martorell y Monistrol, siguiendo un trazado a veces atrevido, que hizo necesarios varios túneles y protecciones contra los deslizamientos de la sierra del Cairat. A pocos kilómetros de Olesa de Montserrat, encontramos un minúsculo apeadero, del que parte un breve camino que lleva al abandonado balneario de la Puda, de carácter bien rancio. Ante éste se conserva, aunque intransitable, un puente sobre el río, que construyó el arquitecto Elías Rogent.

Figuras 39, 40, y 41: Los caminos de hierro: ferrocarriles y funiculares.

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Figuras 42, 43, y 44: El Parque agrario del Bajo Llobregat.

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La estación siguiente es la del aéreo de Montserrat, un magnífico funicular construido en el año 1924 y que salva en pocos minutos 500 metros de desnivel hasta el monasterio. Allí todavía funcionan otros dos funiculares: uno que baja hacia la Santa Cueva, y otro, de trazado espectacular, que sube encajado entre el conglomerado hasta el inicio del camino horizontal de Sant Jeroni. No se mantienen los antiguos vehículos ni tampoco la idea original que permitía, en los años treinta, un recorrido cerrado y sin complicaciones por la parte más elevada de la montaña. Este itinerario, casi sin desniveles y con magníficas panorámicas, conducía hasta la cima, donde existía otro funicular, colgado sobre una impresionante pared de 300 metros y considerado, hasta que desapareció en 1986, el más vertical del continente. Eran los primeros tiempos del turismo como verdadera industria. Desde el monasterio, podemos descender por la antigua vía, que salva un largo túnel y serpentea al pie de las paredes hasta las márgenes del Monistrol. En los años cincuenta, una tragedia que causó numerosos muertos, y que todavía se recuerda, precipitó el cierre de este carrilet. En Monistrol encontramos de nuevo el ferrocarril de vuelta y, no muy lejos, la desproporcionada estación de ancho ibérico, que estuvo conectada con el carrilet. Quien viajaba en aquellos tiempos, lo hacía en tren. LA CONQUISTA DEL DELTA. LOS CANALES DEL PARQUE AGRARIO La deforestación de toda la cuenca del Llobregat había hecho crecer, en tiempos históricos, un extenso delta que se internaba algunos kilómetros en el mar. A principios del siglo XIX, este delta era un territorio pantanoso, malsano, sin apenas construcciones, pero que atesoraba un suelo fértil y abundancia de agua subterránea. En aquellos años, la técnica ya estaba lo suficientemente avanzada como para emprender la conquista de este espacio. Así, en 1803 se traza el canal de la Infanta, que comenzaba en el río y permitía regar con generosidad un extenso territorio. A partir de aquí, la colonización continuó, lenta pero incesante, y los nuevos colonos fundaron su capital en El Prat. Alrededor de este núcleo, el paisaje es cuadriculado, con huertos y, a veces, algunas masías11. Si lo observamos como mayor detenimiento, comprobaremos que, como en un gran puzle, los canales se encajan con los campos, y éstos, con los caminos.

11. Denominación catalana para las casas de labranza o de labor, alquerías, cortijos o quinterías.

En la distancia, el paisaje es plano, como corresponde a un delta. Y éste no deja de ser un pantano, un territorio en parte salvaje y en parte muy humanizado. Los caminos discurren en todas direcciones, pero en cualquiera de ellas se interrumpen con un canal. El agua está presente en todas partes. Las gentes del delta aprendieron a extraerla del subsuelo y se convirtieron en 21


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“El diseño de un parque patrimonial implica la realización de un proyecto que no sólo garantiza la preservación de aquellos recursos patrimoniales, sino que los pone al servicio de la reactivación económica de la región. Paisajes culturales y parques patrimoniales están jugando un cometido cada vez más importante en el desarrollo de comarcas en declive”.

hábiles poceros que incluso exportaron su tecnología. A su vez, los pozos facilitaron la aparición de la industria y todavía hoy se utilizan, aunque la sobreexplotación de los acuíferos tiene como consecuencia que el agua sea cada vez más salada. Por las márgenes del delta la ciudad crece, pero la huerta, con sus 200 años, continúa viva gracias a los canales, mantenidos con cuidado a lo largo del tiempo. La enorme riqueza de este recurso ha justificado la creación del Parque agrario, que en parte servirá para proteger los campos cultivados. Será un placer pasear entre el verde brillante y húmedo de la huerta, rica e inmensa, por caminos de arena, con las montañas al fondo..., y con la ciudad, las ciudades, que están cerca, pero que resultan lejanas en semejante entorno. **** Una de las cuestiones clave al hablar de paisajes culturales, y en especial cuando nos planteamos aprender del análisis e intercambio de experiencias, consiste en aclarar el alcance de esta denominación de una manera precisa y suficientemente compartida. El National Park Service de Estados Unidos, seguramente la entidad que más paisajes culturales ha promovido o amparado, ha establecido una definición de los cuatro tipos que gestiona12. Asimismo, la Unesco ha establecido diversas tipologías de paisajes culturales13. Sin duda, se trata de definiciones bien ajustadas a los objetivos de ambas entidades. Sin embargo, para los efectos de nuestra investigación resultaban excesivamente complejas; de ahí nuestra voluntad de encontrar una definición algo más operativa. En términos generales, entendemos como” paisaje cultural” un ámbito geográfico asociado a un evento, a una actividad o a un personaje históricos, que contiene por tanto valores estéticos y culturales. No obstante, una distinción bien oportuna es la planteada por nuestro compañero de investigación Dennis Frenchman en un interesante artículo14.

12. Historic Site: Paisaje significativo por su relación con un acontecimiento histórico, una actividad o un personaje (campos de batalla, propiedades y casas presidenciales). 13. Clearly Defined Landscape: Paisaje creado por el hombre (jardines, parques…), a menudo asociado con edificios religiosos y monumentos. Organically Evolved Landscape: Paisaje surgido por motivos sociales, económicos, administrativos o religiosos, que evoluciona en relación y como respuesta al marco natural. Estos paisajes reflejan dicho proceso de evolución en su forma y componentes. Associative Cultural Landscape: Paisaje que muestra una potente asociación cultural, religiosa o artística con elementos naturales, más que una clara evidencia física, generalmente insignificante, o incluso ausente. 14. “Narrative Places and the New Practice of Urban Design”. En: Lawrence J. Vale and Sam Bass Warner Jr. Imaging the City. Continuing Struggles and New Directions. Center for Urban Policy Research. Rutgers. The State University of New Jersey. 2001.

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Si planteamos una analogía con la cultura literaria, podríamos aproximarnos a una definición más sencilla de “paisaje cultural”. Convengamos en considerar las leyendas y las historias como narraciones compartidas, en tanto que la Historia (con mayúscula) sería una narración documentada. De forma parecida, podríamos decir que mientras que un espacio es exclusivamente una forma, un lugar sería una forma con información añadida, con una narración compartida y un paisaje cultural; es decir, la combinación de una forma y una narración documentadas. Tradición

Conocimiento

Cultura literaria

Leyendas e historias (narraciones compartidas)

Historia (narración documentada)

Cultura material

Lugar (forma + información)

Paisaje cultural (narración y forma documentadas)

El diseño de un parque patrimonial implica la realización de un proyecto que no sólo garantiza la preservación de aquellos recursos patrimoniales, sino que los pone al servicio de la reactivación económica de la región. Paisajes culturales y parques patrimoniales están jugando un cometido cada vez más importante en el desarrollo de comarcas en declive. Del mismo modo que las ciudades desempeñan un papel crecientemente importante en la era de la información, muchos espacios asumen un papel cada vez más relevante como lugares comunicativos. En ellos se vinculan historias y mensajes a espacios y formas. En función de su mayor o menor valor comunicativo y del mayor o menor interés formal, podríamos igualmente clasificar diferentes paisajes culturales. Así, salvando las lógicas excepciones, generalmente incluiríamos, entre los de mayor valor comunicativo y formal, los ambientes recreados y los vestigios y ruinas. Con alto valor comunicativo, pero menor valor formal, estarían los festivales históricos y las escenificaciones. Y, finalmente, con menor valor comunicativo y formal, encontraríamos los museos y las exhibiciones convencionales.


Paisajes culturales. El patrimonio como recurso básico para un nuevo modelo de desarrollo

Sin embargo, el reconocimiento de diversas tipologías de paisajes culturales podría establecerse igualmente atendiendo a la extensión y forma de los mismos, o al origen de los recursos. Por ejemplo, entre los denominados corredores patrimoniales estarían los de carácter regional (Eje del Llobregat, en Cataluña; Blackstone Corridor en New England), los de alcance nacional (Canal du Midi, en Francia; Waterlinie, en Holanda) o los de extensión transnacional (Camino de Santiago, que cruza buena parte de Europa, o Camino del Gaucho, que arranca de Brasil y atraviesa Uruguay y Argentina). Si prestamos atención al tipo de recursos, habríamos de distinguir en primer lugar los basados en los naturales de los culturales y, dentro de estos segundos, los efímeros de los construidos... Atendiendo al tipo de paisaje que cada recurso ha creado, el panorama nos muestra que han sido proyectados parques agrícolas, industriales, mineros, arqueológicos, ecomuseos, carreteras o canales históricos, o han sido recreados escenarios bélicos y paisajes de canteras...

“La primera lección que aprendimos es que en todos los parques patrimoniales resulta imprescindible explicar bien una historia”.

Figuras 46 y 47: La importancia de la imagen, de los iconos y los logos.

**** Veamos ahora alguna de las principales enseñanzas que extraemos del análisis de un centenar de casos europeos y americanos: La primera lección que aprendimos es que en todos los parques patrimoniales resulta imprescindible explicar bien una historia. De los proyectos analizados, todos los que habían resultado exitosos estaban basados en la explicación de una historia, aunque conviene tener bien en cuenta que: • No existe una única historia. En cada territorio se tiende a apostar por una determinada interpretación, generalmente muy específica, precisamente aquella que resulta más coherente con los recursos disponibles (la contribución de las mujeres o de las comunidades extranjeras en el desarrollo industrial de una región, la vida cotidiana en las colonias industriales, la organización de la comunidad campesina, la importancia de un canal como sistema de transporte y abastecimiento, la rica técnica tradicional de explotación de las salinas, la solemnidad de las primeras fundiciones de hierro…). De este modo, el significado de los recursos acaba siendo tanto o más importante que sus características físicas. • Dicha historia, dicha interpretación, resulta imprescindible para relacionar entre sí recursos alejados, con el objeto de que interactúen y se refuercen, para situar en cada momento al turista, al estudioso, al usuario... respecto a un guión general. • Los proyectos de gran escala necesitarán en su mayoría temas diversos, pero que se puedan relacionar entre sí, que hagan hincapié en lo extraordinario del lugar. Generalmente, suele tratarse de temas que construyen los capítulos de una historia: como cada uno de los subámbitos puede tener un título específico, un proyecto de desarrollo territorial necesita una identidad general por medio de la cual se entienda la imagen de aquel espacio. Cada lugar debe tener su propia identidad, pero al tiempo debe contribuir a la narración general. • El viaje, la experiencia del recurso y su historia resultan fundamentales. En territorios con un valioso patrimonio cultural se suelen proyectar (muchas veces simplemente reconocer y acondicionar) caminos que conectan los diferentes recursos y que ofrecen alternativas de recorrido, a la vez que contribuyen a que el visitante se sitúe en relación con el conjunto. Como insistiremos más adelante, es imprescindible vincular los recursos asociados a la historia común, a través de itinerarios, a pie, a caballo, en barca, en bicicleta..., puesto que la experiencia del recorrido, de seguir un guión, resulta fundamental. • De hecho, elaborar el proyecto de un parque patrimonial resulta equivalente a construir el guión de una película. Una cierta cultura cinematográfica constituye un activo importante; de ahí, quizá, la proliferación de este tipo de proyectos en Estados Unidos, con más de 100 áreas patrimoniales reconocidas (designed) en el nivel estatal o federal, con más de un millón de edificios individuales listados y protegidos.

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Figura 45: Blackstone River Valley: el nacimiento de la revolución industrial americana, los episodios principales.

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“La segunda lección que aprendimos es que para narrar una historia resulta imprescindible documentarla de manera rigurosa”.

• La imagen resulta muy importante y, con objeto de reforzarla, es fundamental reconocer la identidad de cada lugar y destacarla. Muchas de nuestras valoraciones están basadas en percepciones; de ahí la importancia de un icono, de un logotipo, de un eslogan, pues estos elementos nos permiten referir cada rincón, cada uno de los recursos, a una escala superior, así como encontrar elementos identificativos que nos remitan constantemente al conjunto. La historia que explicamos suele referirse a una escala general de valores y, en muchas ocasiones, los propios residentes son los principales sorprendidos. Aquellos que han dormido sobre un potencial de recursos impresionantes, sin apenas concederles importancia, despiertan un buen día cuando desde fuera se les descubre el río Llobregat como “el río más trabajador de Europa”, o el conjunto de las 14 colonias industriales como la colección más extensa e intacta de vestigios de la revolución industrial en el viejo continente.

Figura 48: El proyecto de un parque patrimonial precisa del equivalente a un guión cinematográfico.

La segunda lección que aprendimos es que para narrar una historia resulta imprescindible documentarla de manera rigurosa. La historia que se narra ha de ser original, coherente con los recursos de que se dispone y, sobre todo, estar muy bien documentada. En este sentido, cabe destacar que los propios residentes constituyen recursos culturales muy importantes, realmente esenciales en el futuro de un parque patrimonial –por sus conocimientos, sus recuerdos, su historia y su entusiasmo–, una vez que reconocen el valor del patrimonio acumulado. Y es que, en definitiva, ellos son la verdadera y última razón para impulsar una iniciativa, los principales agentes interesados en valorizar su patrimonio.

“Una tercera lección aprendida es que resulta crucial definir una clara estructura física del parque patrimonial”.

Tan pronto se refuerza su autoestima, dejan de sentirse parte de un territorio en crisis para empezar a construir un futuro sobre aquellos recursos patrimoniales. Las mejores iniciativas de parques patrimoniales así lo reconocen, e incorporan a los residentes en su diseño y promoción. Los mejores proyectos analizados son ampliamente participativos. La práctica totalidad de los que han logrado el éxito es impulsada por agentes locales –los denominados grassroots– y surgen de la base (bottom up). En la fase de inicio de los proyectos, lo más importante es reforzar la autoestima de los residentes; los visitantes, museos e inversiones ya vendrán después. En cambio, sin base local, sin iniciativas de los mejores conocedores de un territorio, no hay éxito posible. En este mismo sentido, es necesario recalcar que los recuerdos constituyen recursos culturales básicos; de ahí la importancia de la labor de recopilación de antropólogos, sociólogos, historiadores geógrafos y documentalistas. Cuando desaparecen los vestigios de otros tiempos, la memoria colectiva, el patrimonio compartido y las tradiciones culturales que atesora una determinada comunidad se hacen tan importantes, o incluso más, que sus monumentos. Conviene, pues, prestar especial atención a las memorias asociadas a un recurso, evitar que se pierdan, recopilar historias y documentarlas, antes de que desaparezcan los vestigios.

Figura 49: Los residentes constituyen los principales recursos culturales. 15. Fue constituida por iniciativa de tres hermanos que,desde 1926,han venido desarrollando una amplia labor de coleccionismo y documentación que culminó con la apertura de las primeras instalaciones en 1946. Véase el sitio www.osv.org.

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La investigación, cuando profundiza en la historia de un periodo, de una sociedad, de la transformación de un modo de vida, de unos recursos, constituye un ingrediente fundamental de las iniciativas de los parques patrimoniales de mayor interés. Proyectar los resultados a través de cursos, seminarios y publicaciones desde el propio parque patrimonial supone un considerable valor añadido. Tal es el empeño, por ejemplo, en Old Sturbridge Village, donde, lejos de limitarse a recrear los oficios y ambientes de un pueblo de Nueva Inglaterra hacia 1830, se constituyen a la vez como centro puntero de investigación de la historia de la vida cotidiana en los albores del siglo XIX15. Del mismo modo Le Creusot no es tan sólo el magnífico ecomuseo, sino también un centro educativo y de investigación sobre el proceso de industrialización en Francia. En sus propias


Paisajes culturales. El patrimonio como recurso básico para un nuevo modelo de desarrollo

ITINERARIS I ELEMENTS D’INTERPRETACIÓ

ESTRUCTURA INTERPRETATIVA DEL PARC AGRARI

PORTES PERMEABILITATS TANCAMENTS FITES ACTIVITATS RECREATIVES ENLLAÇ AMB ALTRES CIRCUITS PUNTS MIRADORS RECORREGUT MAR-MUNTANYA ITINERARI PER BICICLETES RECORREGUT D’INTERÉS AGRÍCOLA

/ BUS (EXISTENTS I PROPOSADES)

PARADA DE TREN

VORA DE TRACTAMENT ESPECIAL CONCENTRACIÓ D’ACTIVITAS PRODUCTIVES

Figuras 50 y 51: La estructura física de un parque patrimonial: ámbito y subámbitos; recursos patrimoniales y servicios (alojamiento, restauración...); accesos y centros de interpretación; itinerarios y límites de la intervención.

instalaciones se imparten periódicamente cursos universitarios internacionales en torno a la valorización del patrimonio industrial, así como su gestión jurídica y económica16. Una tercera lección aprendida es que resulta crucial definir una clara estructura física del parque patrimonial.

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El conjunto de propuestas analizadas presenta un sistema de organización, una estructura, con notables similitudes. En la práctica totalidad de los casos es posible reconocer la existencia de unos mismos componentes que, forzando algo la interpretación, podríamos hacer equiparables a los cinco elementos constitutivos de la sintaxis propuesta por Kevin Lynch en su libro La imagen de la ciudad: • El ámbito global y los subámbitos del parque: áreas (regions). • Sus recursos patrimoniales y servicios: hitos (landmarks). • Las puertas y accesos, los centros de interpretación y museos: nodos (nodes). • Los caminos que vinculan todo lo anterior: itinerarios (paths). • Los límites visuales (y administrativos) de la intervención: bordes (edges). De manera parecida a la empleada por Lynch, podríamos exigir a estos elementos determinados requisitos en aras a una mayor legibilidad, a una potente identidad del paisaje cultural. Resulta deseable que cada uno de estos elementos posea determinadas cualidades formales: singularidad, simplicidad formal, continuidad, relevancia, claridad en los encuentros, diferenciación direccional, alcance visual, sensación de movimiento, series temporales, nombres relacionados a significados..., o requerir cualidades concretas a cada uno de los cinco. Por ejemplo, que los bordes sean reforzados de tal manera que describan unos límites precisos y continuos, visibles desde lejos; por ejemplo, mediante el uso de vegetación, o haciéndolos parcialmente recorribles, o dotándolos de signos que permitan reconocer en todo momento si nos hallamos dentro o fuera de un determinado ámbito patrimonial…

Figura 52: Kevin Lynch y su “imagen de la ciudad” como metáfora útil.

Conviene que los hitos sean bien singulares, contrastados respecto a su entorno. Para ello, deberán controlarse las construcciones y los signos a su alrededor, a fin de evitar establecer competencia con ellos. Es aconsejable prever áreas de aparcamiento, o de cambio del sistema de transporte, y puntos de orientación que faciliten su percepción. Resulta conveniente establecer la relación de los diferentes hitos por medio de signos distintivos que se repitan y nos remitan de uno a otro, que constituyan elementos claros de referencia y orientación dentro del parque patrimonial. 25


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Conviene que los nodos tengan una clara identidad, una forma sencilla y clara, unos límites bien señalados y uno o dos objetos que llamen claramente la atención; si coinciden con un cambio de sistema de transporte o con el final de un itinerario, serán tanto más efectivos, al igual que si forman un sistema relacionado de nodos. Deben permitirnos identificar que entramos y salimos de ellos, y han de orientarnos respecto del espacio circundante. Las áreas deben tener características homogéneas, constituir una “unidad temática” basada en ciertas referencias (colores, texturas, tipo de construcciones o vegetación...). Asimismo, han de contar con una estructura clara, que en ocasiones las divida en subáreas diferenciadas. Los itinerarios, cuyo diseño debe reforzar su continuidad, deben distinguirse con claridad respecto a su entorno; facilitar la comprensión del movimiento; mantener una cierta linealidad, evitando giros continuos que confundan, y dotándose de elementos que refuercen la idea de ir avanzando; atender de manera especial a las intersecciones, evitando cruces de muchos itinerarios y reforzando en ellos la clara identificación del recorrido.

Figura 53: La importancia del diseño de los itinerarios.

Seguramente, como en tantos otros casos, podríamos hacer nuestros los requerimientos de Kevin Lynch y, a su vez, complementarlos con otros específicos de la esencia y estructura de un parque patrimonial. En el caso de los recursos (hitos), verdaderos protagonistas de un parque, resulta imprescindible inventariarlos de forma exhaustiva; reconocer el mayor número posible, pero inmediatamente seleccionarlos y priorizarlos; elegir los fundamentales, los estrictamente relacionados con una historia, la narración concreta que se haya escogido; disponerlos en función de dicha narración, interpretarlos... Priorizar se muestra como una actitud muy relevante, lo que conlleva atender a dos aspectos: la importancia de un recurso en sí mismo, y su trascendencia para explicar la historia que uno desea interpretar... Y ello no es necesariamente lo mismo. Resulta imprescindible distinguir los recursos principales (los relacionados con la historia que se quiere explicar) de los secundarios. Sin embargo, no tenemos por qué renunciar a mostrar estos últimos. Algunos de ellos, muy valiosos, pueden ser denominados “satélites” y vinculados al resto mediante itinerarios secundarios, aunque no formarán parte del itinerario y el guión principal. Asimismo, conviene distinguir entre recursos (naturales y culturales, efímeros y construidos, agrícolas, industriales, mineros, arqueológicos...) y servicios (hoteles y alojamientos, museos, restaurantes, áreas de ocio, etcétera). Entre los nodos fundamentales figuran las puertas de acceso al parque y los centros de interpretación, que han de ser bien claros y ofrecer una información-orientación precisa. En las puertas se concentran muchas de las energías para crear un mensaje relevante, para atraer la atención, para recibir a los visitantes, presentar la temática y orientar el primer recorrido. Los itinerarios (generalmente apoyados en caminos, carreteras, canales o tramos de ferrocarril o tranvía existentes) deben unir, de la forma más clara y efectiva , las puertas con el centro de interpretación y con los recursos. Es muy importante remarcar que conviene hacer el recorrido a la velocidad y, si es posible, utilizando el medio de locomoción que caracterizó en su momento la aparición de los recursos, al ritmo de la etapa histórica narrada: a pie, en coche de caballos, en barcaza, en trolley, en bicicleta o en tren de vapor.

Figuras 54 y 55: Parques patrimoniales: centros de ocio, enseñanza e investigación. Patrimonio como estrategia de desarrollo territorial.

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El ejemplo de Lowell resulta ilustrativo una vez más. Como tantos otros parques, ha resuelto esta circunstancia de modo ejemplar, entendiendo que la adecuada percepción de los territorios y recursos exige recorrerlos a la velocidad a la que fueron concebidos: en barcaza o en tranvía. Otros ejemplos los constituyen el camino de borde de la Acequia de Manresa o el Freedom Trail de Boston, que señala sus hitos de manera sutil mediante marcas en el pavimento de calzadas y aceras, en el centro de la ciudad.


Paisajes culturales. El patrimonio como recurso básico para un nuevo modelo de desarrollo

“La cuarta lección aprendida es que la mayor parte de las iniciativas exitosas se caracterizan por surgir de la base, de los agentes locales, de los denominados grassroots, de los amantes de su territorio que pretenden valorizar sus recursos”.

La cuarta lección aprendida es que la mayor parte de las iniciativas exitosas se caracterizan por surgir de la base, de los agentes locales, de los denominados grassroots, de los amantes de su territorio que pretenden valorizar sus recursos. No escapa a nadie la absoluta relevancia de una gestión adecuada de los recursos en un parque patrimonial. Pero quizá no resulten tan obvias algunas constataciones que hemos deducido en nuestros análisis: • Las mejores iniciativas se caracterizan por crecer desde abajo hacia arriba. Resulta bien difícil asegurar el éxito de un parque patrimonial allí donde no haya recursos humanos locales dispuestos a jugar un papel relevante. • Contra lo que pudiera parecernos a primera vista, la complejidad administrativa no debe entenderse como una desventaja, puesto que constituye una verdadera oportunidad. Generalmente, las iniciativas territoriales suelen involucrar a diversos niveles administrativos y numerosos actores, lo que implica superposición de competencias y relaciones a veces complejas. Pero lejos de ver en todo ello un problema, deberíamos pensar que se trata de una verdadera oportunidad, que es mejor que lleguen unos donde no llegan los otros, a fin de impulsar y sacar partido de una nueva cultura participativa. Fuentes de financiación diversas, de apoyo e influencia pueden actuar a favor del proyecto.

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Pensemos que los territorios que hoy contienen numerosos recursos patrimoniales fueron construidos con la suma de muchos esfuerzos. La industrialización constituyó una experiencia territorial que puso en relación entornos construidos con recursos naturales; bienes con sistemas de transporte, y trabajadores con fábricas. Por ello, y para ser revalorizados, sus vestigios requieren del esfuerzo de todos, más allá de los límites administrativos. • A fin de proporcionar el adecuado impulso a un parque patrimonial, generalmente resulta más importante un reconocimiento oficial que un subsidio económico. En este sentido, existen diferentes tipos de reconocimiento, de atribución pública de un valor singular: desde la designation americana, al tombamento brasileiro o catalogación italoespañola, hasta otros mucho más relevantes, como la denominación de Reserva de la Biosfera o Patrimonio de la Humanidad.

16. En 1975, las instalaciones existentes recibieron el nombre de Ecomuseo, como símbolo de la unión del museo con el medio circundante. En la estructura de éste juegan también un papel relevante tres estamentos: los administradores y los representantes elegidos de la región, que representan a los poderes públicos y que ejercen una función de tutela y financiación; las asociaciones, los grupos voluntarios, las personas y las instituciones de la comunidad, que representan a los usuarios, y los científicos, que se encargan de la investigación, pero también de la difusión de los resultados y de la impartición de diversos cursos relacionados con el impulso del patrimonio industrial (véase el sitio www.creusot.net).

La mayor parte de los ejemplos americanos que hemos estudiado sacan un considerable partido a una determinada designación oficial, que otorga una alta cualificación a la iniciativa: “National Wild and Scenic River”, “American Heritage Rivers”, “National Heritage Areas/National Heritage Corridors”, “State Urban Cultural Parks” y “State Heritage Parks”. Hemos de recordar aquí que estos títulos implican habitualmente más obligaciones que recursos directos, pero resultan tan atractivos que acaban generando flujos extraordinarios de visitantes, constituyen una marca de calidad para cualesquiera actividades vinculadas y, sobre todo, incrementan en gran medida la autoestima de una comunidad. • Resulta básico crear lugares de encuentro, plataformas de comunicación, de participación e intercambio entre diferentes instancias públicas, entre agentes públicos y privados. La realidad multicompetencial de los casos que hemos estudiado requiere normalmente de instituciones cuyo cometido sea el de impulsar y coordinar un foro de debate y comunicación. De no contar con esta estructura, el éxito de un parque patrimonial se hace difícil, a la vez que se limita el potencial desarrollo regional. Dicho esfuerzo de innovación institucional puede convertirse en un importante componente para las iniciativas territoriales; las instituciones pueden llegar a ser tan importantes como el diseño. En los casos de los parques patrimoniales que hemos analizado, se ha tendido, de manera general, a cubrir una serie de estadios sucesivos, que seguramente deberán ser observados, en mayor o menor medida, por futuras iniciativas. 27


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¿Cuáles son las más comunes de dichas etapas? • En primer lugar, conviene evitar el futuro deterioro de los recursos. Muchos territorios son afortunados en la medida en que sus recursos han conseguido escapar, de momento, a las presiones del desarrollo. Pero no conviene dormirse en los laureles y confiarse. Tengamos en cuenta que, por ejemplo, los recursos vinculados al desarrollo industrial son de tamaño muy considerable, muy costosos de mantener y reutilizar, y de un relativo valor arquitectónico. Sin embargo, su mantenimiento resulta crucial como parte sustancial de nuestra historia, de nuestro patrimonio cultural. Como primera medida, deberían ser protegidos, incluso vinculándolos a algún tipo de medida de preservación legal, con el objeto de detener su posible deterioro. Pero todo esto en absoluto resulta suficiente, pues hay que ir mucho más allá; pensar qué hacer con estos edificios, cómo reutilizarlos de una forma imaginativa, tal y como se hizo en el caso del Emscher Paré, en Le Creusot, en New Lanark y en tantos otros. Mas tampoco esto resulta suficiente: debemos recordar que hay que interpretarlos y ponerlos al servicio de una estructura más general, del guión de una historia. • Para conseguir estos objetivos es imprescindible atraer la conciencia pública. Normalmente, los recursos patrimoniales no están “instalados” en la conciencia colectiva; de ahí la escasa atención que despiertan y la vaga idea de los peligros que los amenazan; de ahí la necesidad imperiosa de divulgar sus valores, en un intento de atraer la atención hacia arriba (administraciones), pero también hacia abajo (residentes y usuarios). Únicamente si se atrae dicha atención, aparecerán políticas, programas e inversiones destinadas a la preservación. Pero ¿cómo lograrlo...? Trabajando desde la base, desde esfuerzos locales: elaborando informes; recogiendo documentación antes de que se pierda la memoria; mediante campañas de educación, programas de divulgación y celebración de eventos singulares. Administración, empresas y organizaciones sin ánimo de lucro pueden colaborar impulsando estudios; pero conviene pasar de una actitud de mera preservación a una propuesta de intervención, de valorización y reutilización, con el objeto de poner los recursos al servicio del impulso económico de una región. En última instancia, la concienciación es consecuencia del conocimiento, de la educación para apreciar los valores de nuestra cultura. • En tercer lugar, hay que proyectar y gestionar una imagen coherente y memorable. En la medida en que funcionamos a partir de percepciones, debemos dotar a nuestros paisajes culturales de una imagen clara y fácilmente recordable. Destacamos de nuevo la importancia de un logotipo en una cultura que concede una importancia tan capital a la imagen. Hemos podido verificar que las iniciativas más exitosas son las que han contado con una imagen más clara. En ellas, sus promotores consiguieron vincular, con buenos resultados, la imagen del ámbito con el impulso de su desarrollo económico. Empezaron simplemente mostrando, describiendo, estructurando e interpretando una serie de recursos, modificando la imagen que se tenía de aquel territorio. Con ello, éste ganó en significación cultural y en capacidad de promoción económica. Aquellas áreas, antaño deterioradas, aquellos restos de un esplendor pasado, fueron promocionados como escaparates de una historia que ahora se muestra con orgullo. Muchos de estos ejemplos ponen de manifiesto una vez más la importancia del reconocimiento oficial. 28


Paisajes culturales. El patrimonio como recurso básico para un nuevo modelo de desarrollo

• Finalmente, un cuarto estadio implicará desarrollar una infraestructura de información territorial. Normalmente, no existe sobre el territorio toda la infraestructura necesaria para rentabilizar los esfuerzos de estructuración e interpretación del patrimonio. Además, en el desarrollo de un parque patrimonial, habrá que asegurar servicios bien diversos: de transporte, alojamiento, gastronomía, comercio, ocio, etcétera. Sin embargo, lo que resulta fundamental es impulsar una infraestructura de comunicación, de información, que dé soporte a la historia que se pretende transmitir: museos, centros de visitantes, boletines, revistas, paneles, páginas-web y todo tipo de elementos de información. De hecho, volvemos al punto clave: la información añadida al lugar es la característica fundamental de los nuevos espacios narrativos, de los paisajes culturales. Para terminar, si tuviera que resumir de manera muy esquemática las conclusiones básicas de nuestros estudios, diría que:

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• Los paisajes y el turismo cultural están adquiriendo una importancia creciente en un nuevo desarrollo económico regional de base local. • En todas las experiencias, las iniciativas y actores de base juegan un cometido muy relevante. Cuantos más agentes locales implicados, mayores posibilidades de éxito de la iniciativa. Lo importante en el inicio de los proyectos es reforzar la autoestima de los residentes; los visitantes, museos e inversiones ya vendrán después. En cambio, sin base local, sin la iniciativa de los mejores conocedores de un ámbito, no hay garantías de triunfo. • Interpretado y estructurado de manera global, el conjunto de los recursos patrimoniales supera con mucho la suma de las partes. • Finalmente, la conclusión más importante: pese a que la mayor parte de los planes de ordenación del siglo XX hicieron hincapié en la dinámica poblacional y en el desarrollo industrial, hoy estamos asistiendo a la aparición de un nuevo paradigma. Seguramente, en el siglo XXI las propuestas de ordenación territorial de mayor interés estarán basadas en un nuevo binomio: naturaleza y cultura. Naturaleza y cultura como partes de un concepto único: el patrimonio.

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La morfologĂ­a del paisaje Carl O. Sauer


Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” * Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186. [155] La diversitat d’opinions entorn de la natura de la geografia encara és força habitual. El qualificatiu de Geografia, com el d’Història, no és un indicador prou clar per definir-ne el propi contingut. Com més discrepin els geògrafs sobre la matèria de la seva disciplina, més evident es fa la necessitat de trobar un criteri comú, a partir de reiterades definicions, pel qual es pugui establir una posició general. En aquest país s’han anat promovent tot un seguit de postulats força coherents, especialment a través de societats específiques, abans de la creació de l’Association of American Geographers, que han servit de mirall i de model a l’opinió geogràfica d’Amèrica. Són prou clars i coneguts per revisar-los novament.1 A propòsit de la geografia europea, sembla que s’està desenvolupant una orientació un tant diferent. En efecte, en certs sectors comença a desplegar-se una intensa activitat en part exercida per corrents antiintel·lectuals. Sigui com sigui, ja s’està produint una forta sotragada. Caldrà, per tant, replantejar-se el camp de la geografia, tot considerant, especialment, les actuals opinions que arriben de l’exterior per tal de formular hipòtesis de treball que serveixin per clarificar, en cert grau, tant els propis objectius com el problema del mètode sistemàtic. [156] El camp de la geografia La perspectiva fenomenològica de la ciència. Tota ciència pot considerar-se en tant que fenomenologia.2 El terme “ciència” cal entendre’l més aviat com un procés d’adquisició de coneixements que no pas en el sentit estricte de cos unificat de la llei física. Cada camp del saber es caracteritza per la seva palesa preocupació per un determinat grup de fenòmens i posa esment en identificar i ordenar les relacions que li són pròpies. Aquests fets es conjunten i proporcionen més informació sobre les relacions que estableixen entre si; tal connexió denota una aproximació científica. “Un fet és determinat d’antuvi quan se n’identifiquen els límits i les qualitats, i és comprès quan se n’examinen les relacions. Després ve la necessitat de predeterminar els models d’investigació i de crear un sistema que evidenciï la relació dels fenòmens (...) Cada ciència concreta és simple a causa de l’especialització, en quant accepta únicament la seva part de realitat tel quel, sense qüestionar-se quina posició té en el context general de la natura; així i tot, a despit de les pròpies limitacions, procedeix críticament, ja que pretén determinar les relacions dels fenòmens i el seu ordre”.3 D’acord amb aquesta definició tocant als fonaments del coneixement, la primera preocupació seria, doncs, la d’esbrinar quins són els fenòmens que constitueixen la “part de realitat” que ocupa la geografia, i, tot seguit, la de trobar el mètode que en determini les relacions. La Geografia com una “part de la realitat presentada sota una aparença simplista” La controvèrsia a propòsit del contingut de la geografia és tan forta que hom ha arribat a designar amb aquest nom tres camps d’investigació: 1) L’estudi de la terra com

a mitjà dels processos físics, o la branca geofísica de la ciència cosmològica; 2) l’estudi de les formes de la terra en tant que matèria del propi medi físic o la biofísica que tracta dels tropismes; 3) i l’estudi regional o de les àrees de distribució de l’hàbitat, o sigui la corologia. Totes tres esferes manifesten una part de concordança dels fenòmens, però una escassa relació. Hom n’ha de triar una, ja que convé que siguin consolidats fermament en una única disciplina. Els grans camps del coneixement existeixen perquè han estat reconeguts universalment pels seus vincles amb les grans categories de fenòmens. L’experiència de la humanitat, i no pas la recerca de l’especialista, ha establert les subdivisions principals del saber. Així, la botànica és l’estudi de les plantes, i la geologia el de les roques, ja que, de fet, aquestes categories són evidents per a qualsevol intel·ligència que s’hagi interessat per l’observació de la natura. De manera similar, regió o paisatge pertoca al camp de la geografia, perquè és en aquest saber, de semblança simplista i gens sofisticada, on es tracta una part important de la realitat. La geografia assumeix la responsabilitat de l’estudi de les [157] regions, per tal com existeix una curiositat usual respecte al tema. Pel fet que tot nen que va a l’escola primària sap que la geografia aporta informació sobre diferents països, n’hi ha prou per establir la validesa de semblant definició. Cap altra disciplina s’ha apropiat l’estudi de la regió. D’altres, corn ara els historiadors o els geòlegs, probablement se sentin interessats pels fenòmens regionals, però, quan és així, manlleven obertament fets específicament geogràfics per les seves pròpies finalitats. Si algú fundés una disciplina diferent amb el nom de geografia, això no suposaria haver d’eliminar la preocupació per l’estudi de regions. La matèria ja existia molt abans que el nom s’encunyés. La literatura geogràfica en el sentit corològic apareix en fragments de sagues i mites primitius que descriuen gràficament el sentit espacial i la lluita de l’home amb la natura. L’expressió més precisa del saber geogràfic es plasma en el mapa, símbol immemorial. Els grecs escriviren relacions geogràfiques utilitzant, per això, noms com periple, periodos i periegesis, molt abans que aflorés el terme geografia. En realitat, el nom actual no té més de dos mil anys d’antiguitat. Els tractats de geografia surten a la llum quan s’imprimeixen els primers llibres. Les exploracions han significat els reconeixements dramàtics de la geografia. Les grans societats geogràfiques seran les que concediran un lloc d’honor als exploradors. “Hic et ubique” és l’emblema sota el qual la geografia ha romàs tothora. La universalitat i la persistència de l’interès corològic, com també la prioritat en proclamar que aquest camp és competència de la geografia, són les evidències perquè hagi de perdurar la definició popular. Per tant, és prou satisfactòria la simple connotació que el mot grec fa servir per designar tal disciplina, és a dir, el coneixement regional. Els alemanys l’han traduït com a Landschafskunde o Länderkunde, el coneixement del paisatge o el coneixement de països. L’altre terme, Erdkunde, com a ciència de la terra en general, ha caigut en desús ràpidament.


Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186. “La idea d’una ciència general de la terra és impossible de dur-la a terme; la geografia només pot ser independent com a corologia; és a dir, com a coneixement de l’expressió canviant de les diferents parts de la superfície de la terra. És, primer de tot, l’estudi de les regions; la geografia general no és la ciència general de la terra; més aviat, pressuposa propietats i processos generals de la terra, o els manlleva a altres ciències; quant a si mateixa se centra en l’expressió dels canvis regionals.”4

a les relacions espacials, cosa que suposà una no gens menyspreable aportació als inicis de la geografia.5 Per molt que pugui haver estat ornada de notes geofísiques, geodèsiques o geològiques, la geografia clàssica en general, no la cosmologia subseqüentment interpretada per alguns com a geografia, posa un èmfasi primordial en la descripció regional, amb reiterades observacions a la interrelació dels fets espacials. L’escola culminant, de la qual Estrabó n’era el cap, no fou del tot simple, i desestimà vigorosament tota altra definició de la geografia que no fos la de corologia, excloent-ne explícitament la cosmologia filosòfica. Durant el període de les grans descobertes, una geografia de la bona fe i, altrament, poc crítica assoli el seu més gran desenvolupament gràcies als nombrosos viatges i, especialment, a les cosmografies de l’època. Fou aleshores quan un cos de fets progressiu sobre països s’incorporà al món Occidental, que com [159] provà amb entusiasme com s’estenia, cada dia més, l’horitzó dels seus coneixements. Amb aquest diluvi de novetats adquirides sobre les diverses contrades del món, els intents de sistematització foren nombrosos; val a dir, però, que sovint semblaven més grotescos que reeixits. No és sorprenent, doncs, que els sistemes dinàmics de la geografia sorgissin després de l’embranzida de les exploracions. És per això que es fa més difícil de jutjar el pensament d’aquest període que el de l’antiguitat clàssica. L’obra de Yule ha estat de gran ajut per poder entendre la perspicàcia geogràfica d’alguns dels homes d’aquell temps. D’entre els cosmògrafs, hi figura Varenius a qui se li ha atribuït una categoria superior a la de compilador. En efecte, en aquell moment es féu un pas important respecte al treball de síntesi: el del desenvolupament de la cartografia en tant que disciplina corològica aplicada. Només gràcies a una àmplia classificació i generalització de dades geogràfiques fou possible aplegar els dispersos i voluminosos informes de les exploracions en mapes adequats que caracteritzen els darrers moments d’aquell període. Molts mapes dels segles disset i divuit eren en alguns aspectes monumentals. Per molt que, d’aleshores ençà, s’hagi millorat quant a precisió d’amidament, en molts casos s’ha mantingut l’aparença corològica tal com es formulà en els mapes del període inicial de l’”Edat dels Aixecaments topogràfics”.6 “Cada mapa que reprodueixi la forma de la superfície de la terra és una mena de representació morfològica”.7 No únicament pel que fa a la morfologia física, sinó també per l’expressió cultural del paisatge, aquests mapes representaren una bona colla de solucions reeixides i encara vigents. Sense aquesta síntesi preliminar dels fets de la geografia, qualsevol altre treball posterior hauria estat impossible. La disputa entre la visió cosmològica i la corològica esdevingué aguda en el segle dinou i la situació de la geografia fou qüestionada. EI racionalisme i el positivisme dominaren el treball dels geògrafs. El milieu** esdevingué la doctrina capdavantera i així perdurà durant tot el segle. La llei divina fou reemplaçada per la llei natural, i Montesquieu i Buckle es convertiren en profetes de gran rellevància per a la geografia. Des que la llei natural esdevingué omnipotent, el lent ordenament dels fenòmens regionals

Tota la tradició geogràfica està d’acord en anteposar el coneixement sintètic regional a la ciència general de la terra. La interdependència dels fenòmens especials Probablement, ni els partidaris d’altres escoles recents de geografia gosarien negar el lloc a una tal concepció de la disciplina, mal que creguin que aquest conjunt de fets presentat d’una manera simple no és prou adequat per consolidar una ciència i que, si més no, hauria de considerarse una matèria auxiliar que aplega fragments de la realitat i que acabaria, doncs, per situar-se en el sis [158] tema general de la geofísica o la biofísica. L’argument ha passat de ser un contingut de fenòmens per esdevenir una relació de fenòmens. Reivindiquem el lloc d’una ciència que té la seva màxima expressió en el paisatge i que es fonamenta en la realitat significativa de la relació corològica. Els fenòmens que constitueixen un espai no són simplement diversos, sinó que també son associables o interdependents. Descobrir aquesta “connexió dels fenòmens i el seu ordre” en l’espai és una tasca científica, i d’acord amb el nostre parer, l’única per la qual la geografia hauria d’invertir la seva energia. La situació només fracassa quan queda demostrada la inexistència espacial. La competència per atènyer conclusions ordenades, no afecta, però, en aquest cas, la qüestió de la coherència o incoherència de les dades que, de moment que es troben en l’espai, ja indiquen una expressió de coherència a causa de la seva característica associació. L’element temps es troba admissiblement present en la relació dels fets geogràfics els quals, com a tals, no són recurrents en bona part. No obstant això, aquesta qualitat temporal només els col·loca fora de l’abast de la recerca científica en un sentit reduït, ja que el temps com a factor ostenta un lloc reconegut en molts camps científics, on aquest terme no és únicament emprat per a relacions causals identificables. Desenvolupament històric de la relació corològica en el sistema científic L’antiga geografia era inquieta, però mancada d’esperit crític. Era informalment, fins i tot trivialment, més descriptiva que no pas crítica. Malgrat que és inútil esbrinar en aquesta literatura geogràfica algun “sistema que clarifiqui la relació dels fenòmens”, no tot allò de què hom disposa és accidental o atzarós. En certa manera, la noció d’interdependència espacial dels fenòmens com a motor de la realitat territorial ha estat tothora present, com molt bé sap qualsevol lector d’Heròdot o Polibi. La història** dels grecs, amb el seu enterbolit sentit per les relacions temporals, concedí, en canvi, una gran importància 2


Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186. suposà una tasca massa tediosa per als frisosos seguidors de la causa. El complex espacial fou simplificat tot seleccionant certes qualitats, tals com el clima, el relleu o la circulació de les aigües, per ser analitzades com a causa o efecte. Cadascuna d’aquestes categories de fets, considerades com a productes finals, podria retornar novament a les lleis de la física. Considerades en qualitat d’agents, les propietats físiques de la terra, com el clima en particular segons Montesquieu, esdevindrien els principis adequats per explicar la naturalesa i la distribució de la vida orgànica. La complexa realitat de l’associació espacial fou sacrificada a cada cas pel rigorós dogma de cosmologia materialista, que exercí una gran influència en la fisiografia i l’antropogeografia america [160] nes. Fa uns vint anys, el més prestigiós geògraf americà postulà “que ni els elements inorgànics ni els orgànics que formen part de les relacions geogràfiques suposen per se cap qualitat completament geogràfica; només l’adquireixen quan dos o més formen una relació de causa i efecte i, pel cap baix, un de la cadena és orgànic i l’altre inorgànic (...) Qualsevol informació té qualitat geogràfica si conté una raonable relació entre algun element inorgànic de la terra, que actua com a control, i algun element de vida orgànica (...) que serveixi de resposta”. Naturalment, afirmà, que aquesta relació causal constituiria “el més definit, si no l’únic principi unificador que puc trobar a la geografia”.8 La causa, per tant fou un mot segur i atractiu, i la geografia causal es posà de moda. El Zeitgeist** fou desfavorable a aquells geògrafs que cregueren que la matèria no desitjava sotmetre’s a una fórmula excessivament determinista. Més tard, Vidal de la Blache a França, Hettner, Passarge i Krebs a Alemanya, i molts d’altres, han anat ratificant un cop més la tradició clàssica de la geografia en tant que relació corològica. Val a dir que després d’un període en què estaven en voga, especialment, les doctrines físiques, hom retorna a la pròpia tasca de sempre, i que aquest reajustament esdevé necessari tant per a l’activitat actual d’investigació com per al contingut del propi camp.

sentit noble del terme. La situació és anàloga a la de la història, que un pot dividir en economia, política, sociologia, entre d’altres; tanmateix quan això succeeix el resultat no és història. [161] El contingut del paisatge La definició de paisatge El terme “paisatge” es proposa per demostrar la unitat conceptual de la geografia, o sigui per caracteritzar la peculiar associació geogràfica dels fets. En un sentit, són termes equivalents “àrea” i “regió”. Per contra, àrea té un significat més ampli i, per tant, no és tingut per específicament geogràfic. Regió ve a ser, segons alguns geògrafs, un ordre de magnitud. El mot anglès landscape és l’equivalent al terme que els geògrafs alemanys utilitzen normalment, i estrictament té el mateix significat: faiçó de terra on el procés de modelatge no es fa únicament des del punt de vista físic. Per consegüent, podria definir-se com un espai conformat per diverses associacions de formes, tant físiques com culturals.10 Els elements de la geografia són fets especials, i associar-los genera el concepte de paisatge. De la mateixa manera que els elements de la història són fets temporals, i associar-los origina el concepte de període. Per definició, el paisatge té una identitat que es basa en una constitució identificable, límits i una relació genèrica amb d’altres paisatges amb què constitueix un sistema general. L’estructura i la funció vénen determinades per formes integrants i dependents, motiu pel qual hom considera que, en un cert sentit, el paisatge té qualitat orgànica. Convindria seguir Bluntschli quan diu que un no haurà copsat plenament la naturalesa d’un espai fins que no “haurà après a veure’l com una unitat orgànica, integrant la terra i la vida en un tot”.11 Hom ha cregut convenient introduir aquest punt previ a la pròpia elaboració, ja que és molt diferent del concepte unificat de procés físic del fisiòleg o del de la tendència ambiental de l’antropogeògraf de l’escola de Ratzel. La mecànica de l’erosió glacial, la correlació climàtica d’energia i el contingut formal d’un hàbitat espacial són tres coses diferents.

Resum sobre l’objectiu de la geografia La tasca de la geografia és concebuda corn la constitució d’un sistema crític que incorpora la fenomenologia del paisatge per tal de copsar-ne tot el significat i colors del variat escenari terrestre. Indirectament, Vidal de la Blache apostà amb cautela per aquesta postura en considerar “la terra com l’escenari on es representa l’activitat de l’home, sense reflectir que aquest escenari està vivint per si mateix”.9 Això implica el treball de l’home com una expressió integral de l’espectacle. Val a dir que una captinença semblant prové més aviat d’Heròdot que no pas de Tales de Milet. La geografia actual és la manifestació moderna de la geografia més antiga. Els objectes que coexisteixen en el paisatge es troben en interrelació. Nosaltres considerem que conformen una realitat com un tot, les parts del qual no es manifesten separadament, i que aquest espai té forma, estructura i funció i, per tant, posició en un sistema que està subjecte al desenvolupament, al canvi i a la desaparició. Sense aquesta visió de la relació i de la realitat espacials, només hi han disciplines, no geografia en el

El paisatge té un significat genèric En el sentit que aquí s’utilitza, el paisatge no és simplement una imatge real contemplada per un observador. El paisatge geogràfic significa una generalització derivada de 1’observació de panorames individuals. La remarca de Croce segons la qual “el geògraf que descriu un paisatge té la mateixa comesa que la d’un pintor de paisatges” 12 és només vàlida en part. El geògraf pot descriure el paisatge individualment, com un model o com una variant d’aquest; altrament sempre té present l’aspecte genèric i procedeix amb comparacions. Una presentació sistemàtica dels paisatges de la terra suposa una empresa formidable. Començant per una infinita diversitat, un acaba per seleccionar els trets més notables i connexos a fi i afecte d’establir el caràcter del 3


Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186. més secs. Camins de carro s’allargassen pels amples turons mostrant la sorra despresa a les roderes; aquí i allà aflora e1 sòl oxidat i cimentat. Uns pocs ramats d’ovelles es dispersen arreu dels extensos prats. La quasi completa absència de la mà de l’home és notable. No hi han conreus [163] ni rastres de deveses. Solament destaquen algunes cledes situades a unes milles de distància entre si, a l’indret on s’uneixen els camins de carro.”

paisatge i situar-lo en un sistema. I, tanmateix la qualitat genèrica és inexistent en el domini del món biològic. Cada paisatge manifesta una individualitat i alhora es manifesta relacionat amb altres paisatges; això mateix es pot dir de les for [162] mes que configura. Cap vall no és igual a una altra; ni cap ciutat no és la rèplica exacta d’una altra. En la mesura que aquestes qualitats restin completament inconnexes hom encara estarà lluny de la recerca sistemàtica i del saber organitzat, que anomenem ciència. “Cap ciència no pot romandre a l’estat de mera percepció (...) Les denominades ciències naturals descriptives, la zoologia i la botànica, no en tenen prou amb el fet singular, sinó que han creat conceptes propis com ara espècie, gen, família, ordre, classe, tipus.” 13 “No hi ha una ciència idiogràfica, o sigui la que descriu el fet individual com a tal. Originàriament, la geografia era idiogràfica; durant molt temps hom pretengué considerar-la nomotètica i cap geògraf fou capaç d’atènyer l’estadi preliminar”.14 Sigui quina sigui l’opinió que se’n faci sobre la llei natural o nomotètica, general o relació causal, una definició del paisatge en tant que fet singular, desorganitzat o inconnex no té cap validesa científica.

No solament es tracta de la descripció d’un panorama individual, sinó d’un compendi de característiques generals, on s’hi incorporen referències d’altres paisatges. També ressalten les relacions dels elements formals del propi paisatge. Les qüestions seleccionades es basen en el “coneixement de la situació real”, amb un intent de síntesi dels elements formals. E1 significat que se’1s atorgui dependrà del criteri personal. Els objectius estàndards podran substituir-se en part i representar-se quantitativament en un mapa. Fins i tot l’element personal es durà sota un control limitat que perdurarà en tot el procés de selecció de les qualitats a representar. S’entén que, així, quedin reduïts els elements personals en benefici d’un “predeterminat mode de recerca”, que ha d’esdevenir lògic. Extensibilitat dels trets espacials

Element de judici personal en la selecció del contingut

El contingut del paisatge és poc menys que la totalitat dels seus components visibles. En primer lloc, la seva identitat ve determinada per la conspicuïtat de la forma, tal com es desprèn de la següent manifestació: “una correcta representació de la forma de la superfície de la terra, del sòl i de la superficialitat conspícua del rocam, del mantell vegetal i de la circulació de les aigües, de les costes i el mar, de la conspícua espacialitat de la vida animal i de l’expressió de la cultura humana constitueix l’objectiu de la recerca geogràfica”.16 Les qüestions especificades han estat escollides perquè l’experiència de l’autor n’ha demostrat el significat entre forma i relació. Necessàriament, la posició corològica reconeix la importància de l’extensibilitat espacial dels fenòmens a la qual se sent implicada. És en aquest sentit que Herein estableix un notori contrast entre geografia i fisiografia. La fisonomia de la landa descrita suara és determinada fonamentalment per la presència de la sorra, dels aiguamolls i de la bruguerola. Deixant de banda la seva situació, el tret més important del fet geogràfic noruec és que les quatre cinquenes parts de la superfície dels país son cobertes d’altiplans erms, que no permeten l’establiment de boscos ni ramats; es tracta, per tant, d’una condició significativa relacionada directament amb la seva extensibilitat.

Certament, el geògraf es deixa guiar pel seu propi judici en el moment de seleccionar els trets genèrics del paisatge, decantant-te pels que són específics i constants; pels que es poden catalogar en un model o que presenten una qualitat estructural i que precisament poden formar part d’un grup específic dins del conjunt general de paisatges. Croce s’oposa a una ciència de la història perquè la història no té criteris lògics: “El criteri és la pròpia elecció, condicionada, com qualsevol art econòmica, pel coneixement de la situació real. Aquesta tria es fa amb intel·ligència, però mai apel·lant al criteri filosòfic, i solament resta justificada en i per si mateixa. És per això que parlem de tacte delicat, olor o instint de l’investigador”.15 De vegades, s’esgrimeix una objecció similar en contra de la capacitat científica de la geografia en considerar-la incapaç d’establir un complet, rígid i lògic control, i forçosament s’ha de confiar en l’opció de l’estudiós. El geògraf, de fet, exerceix, contínuament la llibertat d’elecció sobre els materials que inclou en la seva observació, però també esbossa deduccions en les seves relacions. El seu mètode, per imperfecte que sembli, es basa en la inducció i tracta amb seqüències, mal que no les pugui examinar com a simples relacions causals. Contemplant, doncs, un determinat tipus de paisatge, com ara una landa del nord d’Europa, convindria anotar els següents aspectes:

La importància de l’hàbitat com a base per a determinar el contingut

“El cel apareix embromat, en part tapat com de costum; l’horitzó, poc més lluny de sis milles, s’albira confús des d’un pujolar. L’altiplà suau, de formes lleugerament arrodonides, s’inclina vers les amples i planes conques. El relleu es mostra asimètric i amb pendents poc pronunciats. El brolls d’aigua tèrbola són curts i perpetus. Els rierols tracen irregulars aiguamolls de límits imprecisos. Joncs i verda gespa s’instal·len damunt els marges que encerclen les aigües. L’altiplà es cobert de brugueroles, gatoses i falgueres. Claps de ginebrons creixen damunt els rostos

Bàsicament, allò que determina el contingut del paisatge és l’interès humà. La geografia és explícitament antropocèntrica, per la validesa i utilitat que l’home fa del territori. Ens sentim interessats per aquella part de l’escena espacial que ens implica en tant que éssers humans, ja que en formem part, hi vivim, ens limita i podem mudar-la. D’aquesta manera, se seleccionen especialment aquelles qualitats del paisatge que s’utilitzen o poden ser utilitza4


Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186. des. Hom abandona trets de l’espai probablement significatius per al geòleg tocant a la histò [164] ria de la terra, però que no tenen res a veure amb la relació entre l’home i el seu territori. Les qualitat físiques del paisatge són les que manifesten la importància de l’hàbitat, ja sigui real o potencial.

ric específic. La morfologia es formula segons els següents postulats: 1) que existeix una unitat de qualitat orgànica o quasi orgànica; és a dir, en una estructura on certs components hi són necessaris, tals elements seran anomenats “formes” en aquest article; 2) que la similitud de forma en les diverses estructures es reconeix per l’equivalència funcional, les formes son aleshores “homòlogues”, i, 3) que els elements estructurals poden ser determinats en sèries, especialment en una seqüència processal abastant des de l’incipient fins a l’estadi final. L’estudi morfològic no implica necessàriament un organisme en el sentit biològic del terme, tal com, per exemple, explica la sociologia de Herbert Spencer, sinó que solament organitza conceptes que estan relacionats. Sense que representi cap compromís amb la llei biogenètica general, l’analogia orgànica ha demostrat ser útil al camp de la investigació social. És un mecanisme de treball, la veritat del qual pot ser qüestionada, però que aporta mínimament i com més va, més conclusions vàlides.20 El terme “morfologia” aparegué amb Goethe, i expressa la seva contribució a la ciència moderna. Caldria recordar que es referia als estudis de biologia i geologia, ja que se sentia interessat per la natura i els límits de la cognició. Amb la convicció que existeixen coses “accessibles i inaccessibles” al coneixement humà, conclogué: “un no necessita escorcollar als fenòmens; es troben en la ciència tradicional (Lehre)”.21 Així fou com prengueren forma els seus estudis, i, especialment, els que fan referència a l’homologia de la forma. El seu mètode d’investigació científica es basava en una posició filosòfica definida. Per tant, si el mètode morfològic pot semblar massa modest per a un estudiós àvid d’arribar a grans conclusions, cal precisar que tal limitació es fonamenta en una deliberada restricció sobre l’afirmació del coneixement. Es tracta simplement d’un sistema evidencial, sense cap prejudici pel que pertoca al significat de la pròpia evidència, i pressuposa un mínim de suposició, o sigui únicament la realitat de l’organització estructural. Solament adoptant una actitud més o menys objectiva i lliure es podran assolir com més va, més resultats significatius.

El paisatge natural i cultural “La geografia humana no s’oposa a aquella geografia on l’element humà hi resta exclòs; una tal concepció no existeix excepte en la ment d’uns quants especialistes”.17 Suposa una abstracció poderosa, un tour de force a tota bona tradició geogràfica, considerar un paisatge mancat de vida. En efecte, allò que ens interessa principalment són “les cultures que emergeixen amb original força de la falda maternal d’un paisatge natural al qual cadascuna s’hi sent lligada durant tot el procés de la seva existència”.18 De fet, la geografia es fonamenta en la realitat de la unió dels elements físics i culturals del paisatge. Per tant, el seu contingut es troba tant en les qualitats físiques de l’espai que són significatives per l’home com en les formes amb què aquest l’utilitza; és a dir, realitats de fons físic i de cultura humana. Una interessant discussió sobre aquest principi, l’ha presentada Krebs amb el títol Natur- und Kulturlandschaft.19 Pel que fa a la primera meitat del contingut de paisatge hom pot utilitzar la designació “emplaçament”, havent estat ben acceptada en l’ecologia vegetal. Un emplaçament forestal, en conseqüència, no suposaria únicament un indret arbrat; en un sentit ampli, el nom és una expressió qualitativa de l’assentament humà en funció del creixement del bosc, a més d’una particular associació arbòria que es va implantant en aquest emplaçament. De manera que l’espai físic és la suma de tots els recursos naturals que l’home té a la seva disposició en l’espai; afegir-los-hi, “desenvolupar”-los, ignorar-los en part o explotar-los únicament depèn d’ell. La segona meitat del paisatge, entesa com una unitat bilateral, és la seva expressió cultural. Hi ha una manera estrictament geogràfica de pensar sobre la cultura; és a saber, l’empremta dels treballs de l’home damunt el territori. Cal concebre la població associada dins i amb un espai, considerar-la com a grups associats de llinatge o tradició. En el primer cas, es tracta de la cultura com a expressió geogràfica feta de formes que integren una part de la fenomenologia geogràfica. Vist Així, no hi ha 1loc per un dualisme sobre el paisatge.

Aplicació als estudis socials El mètode morfològic no pressuposa únicament la introducció a les ciències biològiques, sinó que de forma progressiva es va imposant en el camp de les ciències socials. En la biologia és l’estudi de les formes orgàniques i la seva estructura, o sigui l’arquitectura dels organismes. En el camp social, l’antropologia ha utilitzat amb gran èxit el mètode morfològic per tal de confeccionar síntesis de fenòmens. Aquesta ciència té l’honor de proclamar el treball d’especialistes que han tingut la paciència i habilitat d’aproximar l’estudi de les institucions socials fenomenològicament amb la classificació de formes, ordenant des de materials concrets d’abillament, habitatge i utensilis fins el llenguatge i els costums d’un grup, tot identificant pas a pas la complexa estructura de les cultures. La brillant i força controvertida obra d’història de Spengler [166] és de bon tros la més pretensiosa aplicació d’aquest mètode a l’àmbit humà. En efecte, deixant de banda els elements in-

L’aplicació del mètode morfològic Forma d’inducció L’organització sistemàtica del contingut del paisatge procedeix mitjançant el rebuig de teories a priori que hi fan referència. La recopilació i ordenació de fenòmens com a formes integrades dins d’estructures i l’estudi organitzat de dades constitueixen, d’aquesta manera, el mètode morfològic de síntesi, trac [165] tant-se d’un mètode empí5


Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186. tuïtius, es tracta d’una morfologia comparativa i aplicada a la història, i el segon volum porta aquell títol. L’autor qualifica les formes que, segons ell, conformen les grans estructures històriques, les compara amb diferents períodes i homologies, i en traça els estadis de desenvolupament. Per molt que l’autor, amb tal agosarada tesi, pugui haver excel·lit en el seu i en els nostres coneixements, resulta que ha presentat les possibilitats d’una morfologia de la història o del seu estudi sobre una base científica diferent a la de la formula causal del racionalisme històric.22

L’arbitrarietat dels objectius geogràfics respecte a la definició de la morfologia com l’estudi causal de les formes de relleu es manifesta segons les següents consideracions: 1) El relleu és únicament una categoria del paisatge físic i normalment no és la més important; gairebé mai no subministra el fonament complert d’una forma cultural. 2) No existeix necessàriament una relació entre la formació originària d’una forma de relleu i el seu significat funcional, fet pel qual la geografia se sent més directament implicada. 3) Una dificultat inevitable amb la morfologia de les formes del relleu purament genètica rau en el fet que gran part dels trets reals del relleu són d’origen variat. Darrera de les actuals formes hi han associacions processals, formes prèvies o ancestrals i quasi inescrutables expressions del pas del temps. Per ara almenys, la morfologia genètica aïlla, doncs, aquells elements formals que se sotmeten a l’anàlisi causal. En la selecció dels fets del relleu, desxifrables com a gènesi, en resten negligits alguns, potser massa, i s’abandona, per tant, la síntesi estructural del segment del paisatge al qual fa referència la corologia. A la darrera embranzida dels estudis de les formes de relleu, els climatòlegs s’aplegaren en una posició relativament confusa. Tanmateix una bona part d’ells escaparen de la persecució geogràficament estèril del mètode genètic pur. La climatologia s’ha mostrat més fenomenològica que no pas genètica, malgrat els escassos coneixements sobre l’origen de les seves condicions, els fets climàtics han estat compendiats admirablement en termes pròpiament geogràfics. En especial, la sèrie de processos de la síntesi climàtica de Koppen, que es presenta curosament desenvolupada en tant que valor crític de caire biòtic i notablement moderada com a explicació genètica. De fet, aquestes sèries figuren entre les més importants contribucions, per no dir la millor, d’aquesta generació de la morfologia geogràfica. Vist així, és tan gran la força de tals associacions que encara avui, sens dubte, alguns assignarien aquesta síntesi climàtica com la part fonamental de la morfologia climàtica. El fet d’oposar-se al mal us del terme morfologia és més que una qüestió de simple nomenclatura. Es tracta d’una inèrcia en què hom ha caigut i que ha limitat el propi camp. Potser caldria atribuir alguns malentesos per part dels geògrafs actuals al fracàs a reconèixer que tots els fets de la disciplina han de ser organitzats en un sistema general, únicament a través del qual podrà determinar-se’n la seva relació.

La introducció de la morfologia a la geografia i els seus resultats Carl Ritter fou qui introduí aquest mètode i el seu terme a la geografia, l’establiment dels quals acabà reeixinthi, però no a causa de la cosmologia idealística a la qual l’autor s’havia adherit, sinó per tot allò que aportà relatiu als fonaments de l’estudi regional comparatiu. En acabat, probablement perquè hi havia molt per fer, els estudis morfològics davallaren ràpidament i se centraren únicament en la forma externa de la terra. La clàssica definició de Grisebach, segons la qual “el sistema morfològic il·lumina mitjançant la relació de formes la foscor del seu llinatge”,23 fou aplicada a la geografia amb resultats fatídics. La limitació de l’interès per les formes del relleu i pel seu origen, emmarcaren aviat, sota la direcció de Peschel, von Richthofen i de la Noë, la investigació genètica, que fou anomenada geomorfologia.24 De primer, es basava en la simple classificació descriptiva de les formes superficials, com per exemple, en la Morphologie der Erdoberflache de Penck, de caire corològic, la qual, però, tendia a classificar les bases del procés, i a remuntar-se a formes més remotes. Els historiadors de la gènesi de 1a terra envaïren progressivament el camp de la geologia. El darrer pas fou el d’alguns especialistes, que perderen de vista gairebé per complet les formes reals de la superfície de la terra i es dedicaren a la formulació de teories derivades de processos físics individuals. Per tant, la desfeta dels objectius geogràfics fou quasi completa, i així fou com la geomorfologia esdevingué una branca de la ciència general de la terra. La independència de la morfologia genètica aixecà una reacció adversa entre els geògrafs procorològics, i no pas perquè no es realitzés un treball ben elaborat, ni perquè no s’aconseguís desenvolupar un coneixement vàlid, sinó perquè es féu desconeguda en tant que geografia.25 Malhauradament s’aplicà indistintament un nom general a una disciplina totalment especialitzada. Per consegüent, amb aquesta interpretació errònia del terme, les possibilitats del mètode morfològic foren bandejades. Probablement, Vidal de la Blache fou el primer en adonar-se de tal situació i recol·locà la morfologia en la correcta posició. Les monografies regionals de la seva escola demostren fins a quin punt són més adequades que aquelles que s’havien elaborat anteriorment al ple contingut formal i relació estructural del paisatge, en cercar en la seva vessant cultural l’expressió culminant de l’espai orgànic. En aquests estudis, per exemple, la [167] posició de l’home i, explícitament, el seu treball constitueixen un dels darrers i més importants factors i formes del paisatge.

Descripció sistemàtica preliminar El primer pas vers l’estudi morfològic. Històricament “la geografia començà amb la descripció i l’enregistrament; és a dir, com a estudi sistemàtic. En acabat, continuà per (...) la relació genè [168] tica, la morfologia”.26 Actualment l’estudi geogràfic encara s’està iniciant. La descripció dels fets observats es fa seguint un ordre predeterminat que demana una primera recopilació de material. Una descripció sistemàtica d’aquesta mena intenta proposar una relació morfològica, que realment significa 6


Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186. el principi de la síntesi morfològica. Per tant, per començar no tot és distingible en morfologia, sinó allà que se situa per sota d’un nivell crític. La relació no és diferent que l’establerta entre la taxonomia i la morfologia biològica.

vis representen, potser, els més agosarats intents d’oposarse a la incontrolada llibertat d’elecció, atenint-se a una estricta limitació de les observacions i a un mètode. Només es poden comparar les diverses observacions dels descobriments si existeix un acord raonable entre els tipus de fets amb què hom treballa. L’intent d’una àmplia síntesi d’estudis regionals utilitzant la literatura existent duria massa dificultats, ja que els materials no encaixen idòniament. Els descobriments sobre un dels temes més importants, com ara el de la destrucció del paisatge natural, són difícils de construir donat que no existeixen punts de referència adequats. Alguns observadors remarquen l’erosió sistemàtica del sòl, d’altres la citen de manera fortuïta, i uns quants ni tan sols hi fan cap referència. Si la geografia ha de ser sistemàtica, i no pas idiosincràtica, cal que hi hagi cada cop més un acord sobre les qüestions observables. Particularment, això suposaria on esquema descriptiu general, que s’hauria de tenir en compte en el moment de reunir els apunts de camp.27 Un esquema descriptiu general, mirant de catalogar àmpliament els fets espacials, sense haver de recórrer al seu estadi d’hipotètics orígens i connotacions, ha estat proposat recentment per Passarge amb el títol Beschreibende Landschaftskunde.28 És el primer tractat comprensiu d’aquest tema d’ençà del Führer für Forschungsreisende de Richthofen, escrit just abans del període més fructífer de la geomorfologia.29 El treball de Passarge és certament tosc i potser excessivament esquemàtic, per bé que es tracta de la més adequada reflexió que l’autor elaborà sobre la qüestió de la descripció geogràfica. El seu objectiu és “primer de tot determina els fets i intentar una correcta presentació del significat, fets visibles de l’espai sense cap ànim d’explicar o especular”.30 El programa aporta

Terminologia descriptiva El problema de la geografia descriptiva es diferencia bàsicament del de la taxonomia per la disponibilitat dels termes. Els fets espacials han estat sempre sota l’esguard popular d’una manera tan extensa que una nova terminologia seria pràcticament innecessària. R.D. Salisbury apuntà que normalment les formes del paisatge han aplegat termes populars útils, i que seria possible la seva codificació a partir del llenguatge popular sense haver d’inventar-ne de nous. Treballant d’aquesta manera hom serà capaç de construir una llista rica en termes formals provinents de diversos territoris i llenguatges, molts dels quals, a més, encara esperen ser introduïts a la literatura geogràfica. Bona part d’aquests termes s’apliquen al sòl, a la circulació de les aigües, al clima i, també a la superfície terrestre. Així mateix, el costum popular ha denominat moltes associacions vegetals, tot preparant alhora abundants i encara inexplorats termes del sistema cultural. La terminologia popular és una garantia força fidedigna del significat de la forma com ho demostra l’adopció que se n’ha fet. Aquests termes poden designar tant sistemes simples constituents com una clariana, un estanyol de muntanya o un loess. També poden formar part d’associacions de magnitud canviant, com una landa, una estepa o un piemont o fins i tot solen utilitzar-se com a noms propis per a designar una unitat de paisatge com, per exemple, els noms regionals que s’empren a gran part de França. Aquesta nomenclatura popular es mostra rica des del punt de vista genèric, però prové segons el pur criteri corològic, no de la causa, sinó més aviat d’un compendi genèric, de contrastos i similituds formals. Si la descripció sistemàtica és un desideràtum per a la geografia, convindria ampliar de manera més especifica el vocabulari descriptiu. La migradesa de termes descriptius resulta sorprenent si hom els compara amb els d’altres ciències. Les causes caldria atribuir-les a la tradició ideogràfica de descripcions inconnexes, i a l’antiga predilecció dels estudis de processos, que minimitzaren l’autèntica multiplicitat de les formes.

“...l’observació sistemàtica dels fenòmens que afaiçonen el paisatge, el mètode s’assembla més aviat a la Chria,** una estratagema per aplegar material per escrit. Ajuda a veure, com més millor i a obviar el mínim, i té l’avantatge que totes les observacions apareixen ordenades. Si els primers geògrafs s’haguessin familiaritzat amb un mètode d’observació sistemàtica del paisatge, no se’1s hauria escapat el característic color vermell dels sòls residuals tropicals el qual, més tard, descobrí Richthofen”.31

Passarge persisteix amb una elaborada llista de notes que engloba tots els tipus de categories del paisatge, des dels efectes atmosfèrics fins als tipus d’habitatge. A partir d’aquí, estableix una classificació descriptiva dels models d’as [170] sociació en termes espacials més generals. Per una millor elaboració del projecte, el lector s’haurà de remetre al volum en qüestió, considerablement ben elaborat. L’autor aplicà aquest sistema a llocs diferents com el “pur” i en contra de la descripció “explicativa” de l’espai, com, per exemple, la seva caracterització de la vall del riu Okavango, al nord de l’estepa salabrosa del Kalahari.32 Val a dir que el procediment descriptiu i suposadament pur de Passarge es basa en una gran experiència en estudis territorials, que han conferit el criteri per veure els components significatius del paisatge. Aquests vénen determinats pel coneixement morfològic fonamentat en formes genètiques simples, malgrat que la seva classificació no ho sigui. El gran rossegall que Passarge tramà, bo i de-

El sistema descriptiu predeterminat La reducció de la descripció a un sistema ha topat en part amb l’oposició de geògrafs no mancats enterament de raó. Quan això passa, el geògraf és responsable dels límits del sistema de qualsevol estudi territorial que emprengui. Altrament, està en el dret de vacil·lar, d’escollir o de deixar-ho córrer. El que [169] no interessa, aquí, és si la geografia és o no un art. Com a ciència, ha d’acceptar tots els possibles significats a través de l’estricta organització de les dades. Per molt excel·lent que suposi una selecció individualista i impressionista dels fenòmens, això és art i mai no constituirà, per tant, un desideràtum científic. Els estudis de geomorfologia i, en especial, els de 1’escola de Da7


Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186. clinant qualsevol intent d’explicació, mostra de fet, un sistema modelat per mans experimentades capaç de copsar allà que tot investigador anhela. d’un espai morfològic, i ajornant tota explicació fins que el conjunt del material no sigui classificat.

fonamental per a l’expressió cultural del territori. En principi, els geògrafs només s’implicaran en la darrera qüestió i utilitzaran la primera únicament com a conveniència descriptiva. Les formes de1 paisatge natural involucren primer de tot els materials de l’escorça de la Terra, que han determinat d’una manera o altra les formes superficials. El geògraf manlleva al geòleg el coneixement de les diferències substancials de la capa externa de la litosfera, Així com el de la composició, l’estructura i la massa. La geologia, que tracta de la història d’aquests materials, n’ha programat la classificació segons una base de successió de formacions agrupades per períodes. Respecte a això, cal dir que el geògraf no se sent interessat per les formacions en si, sinó per aquella fase més primitiva de la geologia, anomenada geognòsia, relativa al tipus i posició del material, sense tenir en compte la successió històrica. El nom d’una formació geològica pot aparèixer mancada de sentit geogràfic i tant més si agrupa diferències litològiques, estructurals i de massa sota un mateix terme. La condició geognòstica aporta una base de transformació del corpus de dades geològic als valors geogràfics. El geògraf vol saber si la base d’un paisatge es composa de material calcari o arenós, si les roques són compactes o fràgils, si han sofert una dislocació o altres efectes estructurals manifests en la superfície. Aquests aspectes poden ser importants a l’hora d’entendre la topografia, el sòl, la circulació de les aigües i la localització mineral. L’aplicació de dades geognòstiques als estudis geogràfics és bastant corrent, ja que qualsevol estudi espacial seria gairebé impracticable sense considerar els materials subjacents. I encara que fos possible d’establir la més adequada anàlisi d’expressió d’aquests elements, ben segur que caldria remetre’s a l’obra de geòlegs clàssics, americans i britànics, com ara Powell, Dutton, Gilbert, Shaler i Archibald Geikie. En conjunt, doncs, la literatura que tracta aquestes matèries és immensa per bé que apareix confegida per qüestions incidentals i informals, per tal com el paisatge no és el centre d’interès del geòleg. L’anàlisi formal de les qualitats geognòstiques critiques i la respectiva. síntesi de les generalitzacions espacials no han aconseguit centrar prou l’atenció. Una adequada comparació de dades és encara insuficient des del punt de vista de la [172] geografia. Recentment, Sapper ha intentat establir, d’una manera breu, una consideració general sobre la relació de les formes geològiques de diferents climes, aclarint, d’aquesta manera, tot el camp d’anàlisi de la geografia regional.33 Passarge, en tant que és un rigorós metodologista, no ha fracassat en escrutar la relació geogràfica del caràcter i condició del rocam i, en un intens estudi geogràfic, aplicà fes següents observacions (un xic esquematitzades):34

Formes de paisatges i la seva estructura La divisió entre paisatges naturals i culturals Un no pot fer-se la idea de paisatge si no és en funció de mútues relacions temporals i espacials. És un procés continu de desenvolupament o de dissolució i reposició. En aquest sentit, es tracta d’una vertadera apreciació dels valors històrics que han motivat els geomorfòlegs a connectar l’actual paisatge físic amb els seus orígens geològics, i a partir d’aquí l’han anat configurant a poc a poc. No obstant això, en un sentit corològic, la modificació d’un espai per l’home i la seva valoració per a l’ús humà són de cabdal importància. El territori, abans de la introducció de l’activitat humana, és conformat per un cos de fets morfològics. Les formes que l’home hi ha inserit són d’un altre gènere. Es pot qualificar de primigeni, respecte a l’home, l’original paisatge natural. De forma integral aquest paisatge ja no existeix a gaires parts del món, però la seva reconstrucció i comprensió constitueixen la base de la morfologia formal. Seria potser generalitzar massa afirmar que la geografia se separa de la geologia en el moment en què l’home entra a l’escenari territorial? Amb aquest entendre, els esdeveniments previs pertanyen estrictament a la disciplina geològica, i el tractament històric que en fa la geografia solament significa un aparell descriptiu emprat allà on calgui evidenciar la relació de les formes físiques significatives de l’hàbitat. Els treballs de l’home resten expressats en el paisatge cultural. Pot haver-hi una successió d’aquests paisatges amb una successió de cultures. En cada cas s’originen a partir del paisatge natural, la manifestació de l’home en el seu indret natural com un agent inconfusible de modificació. Una especial rellevància suposa aquell clímax de cultura que hom denomina civilització. Aleshores, [171] el paisatge cultural és susceptible de ser mudat, ja sigui pel desenvolupament d’una cultura o per la substitució de cultures. La línia de canvi de dades amb què es mesura se situa en la condició natural del paisatge. La divisió de formes entre naturals i culturals és la base necessària a l’hora de determinar la importància espacial i el tipus d’activitat de l’home. En un sentit universal, encara que no necessàriament cosmològic, la geografia esdevé aquella part del capítol més recent o humà de la història de la Terra que s’ocupa de la diferenciació del territori afaiçonat per l’home.

Resistència física Tova, formacions fàcilment erosionables Roques de resistència mitjana altament fràgils (zerklüftet) moderadament fràgils poc fràgils Roques de gran resistència altament fràgils (zerklüftet)

El paisatge natural: base geognòstica En les subsegüents seccions sobre el paisatge natural resta implícita una distinció entre la investigació històrica de l’origen dels trets diferenciadors i la seva estricta organització morfològica en un grup de formes, fet 8


Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186. moderadament fràgils poc fràgils

cions regionals, com també la quantitat, forma, intensitat i distribució segons les estacions; el vent com a factor modificador, i sobretot, les nombroses possibilitats de combinació de la temperatura, la precipitació, l’aridesa i el vent. En resum, es posa un més gran èmfasi en la totalitat de les condicions climàtiques en la formació de sòl, en fa circulació de les aigües i en les característiques de la superfície. Geogràficament és més important establir la síntesi de les formacions del paisatge natural en funció d’una zona climàtica individual, que seguir-les pels mecanismes d’un procés individual, rarament expressat per si mateix d’una manera individual en cap forma terrestre de gran extensió. L’harmonia entre clima i paisatge, insuficientment desenvolupada per les escoles de fisiografia, ha esdevingut la clau de la metodologia morfològica en el sentit físic. En aquest país, el sorgiment d’aquest concepte s’ha mirat de trobar-lo extensament en els estudis de l’àrid i semiàrid Oest, i encara que no hi aparegui a simple vista, s’entreveu una suposada existència d’un diferent conjunt de formes territorials per a cada clima. En la categoria de formaci6 morfològica de sòls, el factor clima fou plenament descobert pels estudiosos russos, que l’utilitzaren com a base per la classificació dels sòls36 d’una manera tan minuciosa com mai hagi estat aplicada a cap altra formació topogràfica.37 Sota la direcció de Marbut, el sistema climàtic esdevingué bàsic al treball del United States Bureau of Soils. D’aquesta manera, es preparà el terreny per a la síntesi general del paisatge físic en funció de regions climàtiques.38 Més recentment, Passarge, fent ús de la classificació climàtica de Koppen, endegà una compresiva metodologia segons aquesta base.39 La relació del clima amb el paisatge s’expressa en part per la vegetació, que reté o transforma les forces climàtiques, Per tant, cal organitzar no solament la [174] presència o l’absència del mantell vegetal, sinó també aquell tipus que s’interposa entre les forces exògenes del clima i els materials de la superfície terrestre, i el qual actua sobre els que reposen a la capa inferior.

Resistència química i solubilitat Fàcilment soluble altament permeable moderadament permeable relativament impermeable Moderadament susceptibles de solució i alteració química altament permeable moderadament permeable relativament impermeable Resistent En un estudi posterior, hi afegí roques susceptibles de fluctuar (fluktionsfähig).35 En aquest país mai no s’havia fet una interpretació de les condicions geològiques atenent l’equivalència de la resistència. Podria ser que només fos possible dins dels límits d’una òptima condició climàtica general. Actualment, hom disposa de nombroses classificacions de les anomenades regions fisiogràfiques, altrament definides deficientment, com ho són a més els propis criteris. Amb tot, un no disposa de cap vertadera classificació geognòstica del territori que, juntament amb una representació del relleu i les zones climàtiques, sigui capaç de proporcionar el mapa base de tota la morfologia geogràfica. El paisatge natural: base climàtica El segon i més gran esglaó, que connecta les formes del paisatge cultural al sistema, és el clima. Sens dubte, podem dir que tota semblança o contrast entre els paisatges culturals és bàsicament una qüestió climàtica. I, encara podem [173] anar més lluny afirmant que sota un clima determinat s’hi desenvoluparà, a Ja llarga, un determinat paisatge. En efecte, en molts casos el clima és el que acaba per marcar el factor geognòstic. La fisiografia, sobretot als textos, ha ignorat de manera considerable aquest fet, i relegant-lo ben obertament a segon terme, ha provocat que solament se’l pugui entendre en llegir entre línies. El fracàs a considerar el conjunt climàtic dels processos fisiogràfics com un aspecte diferenciador d’una regió a l’altra, probablement és a causa de la manca d’experiència sobre diferents zones climàtiques i a la predilecció per l’anàlisi deductiva. Gran part dels estudis fisiogràfics han estat elaborats sobre latituds intermèdies amb abundant precipitació, i això ha menat a creure en un medi climàtic estandarditzat. L’estimació per bé que només afecti un bloc de fenòmens, com, per exemple, les formes de circulació de les aigües, és com massa tradicional perquè pugui ser aplicat 1’esquema del procés fisiogràfic estàndard i els relatius resultats a territoris com Nova Anglaterra o els estats del Golf, les costes de l’Atlàntic o del Pacífic, sense mencionar els deserts, els tròpics i els confins polars. No obstant això, si es comença per la diversitat climàtica regional, es podran explicar, tot de cop, les diferències de calor i fred diürnes i estacionals; les diferents precipita-

Representació esquemàtica de la morfologia del paisatge natural Proposem, aquí, un esquema de la natura de la morfologia per expressar la relació del paisatge amb les seves formes constituents, el temps i fa connexió dels factors causals: FACTORS Geognòstic Climàtic Vegetatiu X

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TEMPS

FORMES PAISATGE Clima NATURAL Terreny superfície sòl circulació de les aigües recursos minerals Mar i costes Vegetació


Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186. L’objectiu és conèixer el paisatge natural al qual s’hi arriba a través de la totalitat de les seves formes. Aquestes formes no es conceben per si mateixes, tal com examinaria un sol l’especialista de sòls, per exemple, sinó per la pròpia relació de cadascuna i per la seva situació en el paisatge, en ser cada paisatge una definida combinació de formes vàlides. Darrera les formes, s’hi amaga el temps i la causa. Els primers vincles genètics son climàtics i geognòstics. En general, els ascendents són els que dominen i actuen directament, com també ho fan per mitjà de la vegetació. El factor “X” és el pragmàtic “i”, el sempre inadequat romanent. Aquests factors resten justificats com una trama que connecta les formes, però mai com la part final de la investigació. Són els que apunten cap el concepte de paisatge natural, que, a la vegada, prefigura el de paisatge cultural. El caràcter del paisatge ve determinat, a més a més, per la seva posició en la línia del temps; si presenta una llargada determinada o infinita és un aspecte que no interessa els geògrafs. És cert que, d’alguna manera, la idea d’un paisatge clímax resulta útil, un paisatge que, una vegada demostrada una constància de factors impactants, ha exhaurit tota possibilitat de desenvolupament autogen. L’ús, per mitjà del temps, del factor contra la forma com una relació de causa i efecte és limitat. El temps ja és per si mateix un gran factor. Interessa més la funció que no pas una determinació d’unitat còsmica. Per a qualsevol objectiu corològic, l’èmfasi rau a la part dreta de l’esquema; el temps i els factors ostenten un rol merament explicatiu. Aquesta posició relativa al paisatge natural implica una reafirmació del lloc de la geografia física, és a dir, no com la fisiografia o geomorfologia normal [175] ment definides, sinó com a morfologia física, que lliurement agafa alguns resultats de la geologia i la fisiografia per tal de reconstruir-los des del punt de vista del paisatge físic com un hàbitat complex. Aquesta geografia Física suposa la introducció adequada de qualsevol investigació corològica que es pretengui fer.

Els relleus del paisatge natural El terreny comprèn quatre propietats o elements edàfics similars als del clima; o sigui superfície o relleu en un sentit estricte, sòl, circulació de les aigües i formes minerals. En el cas de les formes superficials, es tracta d’un conjunt de fets que interessa la morfologia, la fisiografia i la geografia morfològica. El primer és cosa de la història, el segon, del procés i el tercer, de la relació i descripció d’altres formes. Pel que pertoca a les formes superficials cal procedir com ho fan els climes en la climatologia. Allà que interessa estrictament és el caràcter del relleu; és a dir, expressions de pendents o exposicions del terreny relacionades amb d’altres formes constituents del paisatge. El mapa topogràfic, interpretat com a us significatiu de les diferents corbes de nivell, és, en principi, la representació corològica de la superfície. La relació entre la superfície i el clima és tan estreta que resta garantida tota agrupació que se’n faci. La relació geognòstica de la superfície també es presta a l’agrupaci6 espacial de relleus. Una penetració més acurada de la gènesi del relleu se separa, cada cop més, dels propòsits geogràfics. Per tant, cal limitar-se respecte a això, i atenir-se a l’exacta realització de l’objectiu de la realitat espacial. La diferenciació espacial dels sòls es basa fonamentalment en les diferències de productivitat o en el significat de l’hàbitat. Els sòls com a formes constituents espacials s’agrupen, en primer lloc, per climes. La segona classificació és geognòstica i, per tant, també es satisfactòria corològicament. La situació dels sòls dins l’estructura del paisatge presenta en part certa dificultat, ja que l’examen del sòl és, de fet, una forma altament especialitzada de la geografia física. [176] A diferència d’alguns fisiògrafs o geomorfòlegs, l’estudi dels sols no persegueix cap finalitat geogràfica i solament es limita a una petita part del camp geogràfic. Per descomptat, les formes de circulació de les aigües manifesten expressions directes de clima, i les millors classificacions factibles dels corrents d’aigua, d’aiguamolls i aigües estancades es fan atenent el factor climàtic. Per exemple, aquestes aigües formen un tipus d’aiguamoll de latitud alta permanentment sotmès a condicions de baixa evaporació cosa que afavoreix la implantació de certes plantes tals com la molsa estagnàcia. D’altra banda, la seva situació no es limita a terres baixes, sinó que s’estén per damunt d’amples superfícies irregulars degudes a l’expansió d’una zona marginal de vegetació esponjosa. Aquests aiguamolls il·lustren, per tant, la interrelació de formes espacials físiques. Al dessota es desenvolupa un sòl diferent i fins i tot el subsòl queda alterat. Aquesta capa d’aiguamolls pot aixoplugar la superfície contra els atacs de les precipitacions i del vent, tot conferint-li una fisonomia d’amples formes arrodonides. Allà on les condicions climàtiques es manifesten desfavorables a la formació d’aiguamolls, a latituds tan altes com baixes, les formes de la circulació de les aigües, el sòl i la superfície canvien notòriament. Els recursos minerals formen part de les formes físiques des del punt de vista del paisatge físic com a hàbitat humà. Aquí el factor geognòstic impera genèticament. En

Tipus de paisatge natural: clima El clima ostenta una gran importància en l’estructura física del paisatge. En l’esquema proposat, el terme se situa el primer del llistat de formes i és a més a més el factor bàsic de totes aquestes formes. En tant que forma, el clima és una expressió espacial que constitueix el conjunt de trets atmosfèrics de l’espai, tal com és entès en climatologia. Els climes com a formes espacials, aspecte fonamental per a la geografia en general, foren per primera vegada introduïts de manera destacable a la geografia americana a través dels capítol sobre el clima de Tower, recollits al llibre Elements of Geography de Salisbury, Borrows i Tower.40 La validesa de tal percepció la demostra e1 continu increment que la matèria ha experimentat en els cursos bàsics de formació. En cap altre aspecte un no se sent tan d’acord com amb això. La climatologia és una realitat espacial; la meteorologia és un procés general. El contrast es produeix entre la geografia física i la fisiografia.

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Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186. certa manera la relació esquemàtica encara se sosté, ja que de la concentració de minerals provenen les aigües subterrànies que circulen tant per sobre com per sota de la superfície. Seria pedant insistir massa sobre aquest punt, ni tampoc interessa reiterar sobre la relació genètica com a principi necessari.

tència ha estat comprovada empíricament. Així, observant la relació de formes, hom ha descobert una important llum sobre “la foscor del seu llinatge”. Tanmateix no pertoca als geògrafs esbossar-ne la natura. Això remet al problema de la geomorfologia, que ara apareix, per descomptat, més complicat que mai, en quant s’accepta la validesa del control climàtic i els grans canvis seculars de clima. Fins aquí el camí es mostra ben traçat. Coneixem força bé la composició “inorgànica” del paisatge, i, llevat de certes distàncies entre plantes i geografia general, el rol de la vegetació en el paisatge rep un tracte adequat.42

Formes marítimes del paisatge natural La relació entre el mar i la terra se sol organitzar segons les mateixes bases del clima i la geognòsia. Els relleus de les costes són en gran part una expressió de la història tectònica i de l’assentament climàtic. Des d’un punt de vista espacial, els climes permeten una classificació més àmplia, perquè l’elevació i l’esfondrament de les costes han variat de sentit i de dimensió de forma espectacular, i encara seguiran fent-ho en curtes distàncies; per això, des del punt de vista corològic, resultaria insatisfactori establir una classificaci6 tectònica de les costes. No hi ha cap mena de dubte que el mar es troba tan íntimament relacionat amb els climes corn amb la terra. Els corrents, les condicions superficials, la densitat i les temperatures han de ser classificats en termes climàtics d’igual manera que les formes territorials.

L’extensió de la morfologia al paisatge cultural El paisatge cultural és susceptible de ser mudat per la mà de l’home, el darrer i més important factor morfològic per a nosaltres. Segons quina sigui la seva cultura, l’home utilitzarà les formes naturals, en molts casos les alterarà i, en alguns, les destruirà. L’estudi del paisatge cultural és un camp en bona part encara sense cultivar. Alguns resultats recents en el domini ecològic probablement seran de gran ajut per a la geografia humana; de fet, per morfologia cultural podria entendre’s ecologia humana. En contrastar la posició de Barrows respecte a això, la nostra tesi eliminaria la fisiologia ecològica o autoecologia i cercaria analogies a la sinecologia. Ara bé, serà millor no carregar massa la geografia d’una nomen [178] clatura biològica. El nom ecologia no és necessari: representa tant la morfologia com la fisiologia de l’associació biòtica. Des que hom renuncia a la pretensió de mesurar les influències ambientals, cal emprar, abans d’ecologia, el nom de morfologia per a l’estudi cultural, atès que aquest terme descriu perfectament el mètode. Entre els geògrafs americans que s’han interessat per la investigació sistemàtica de les formes culturals, cal citar Mark Jefferson, O. E. Baker i M. Aurousseau com a capdavanters. “Els fets essencials de la geografia” de Brunhes representen, potser, la més ben considerada classificació de formes culturals.43 D’altra banda, l’atlas de població de Suècia44 de Sten de Geer significà la més gran contribució d’un estudiós que estrictament centrà la seva atenció en la morfologia cultural. Per la seva part Vaughan Cornish contribuí valuosament als problemes urbans amb la introducció de conceptes com “marca”, “magatzem” i “cruïlla.45 Més recentment, Walter Geisler emprengué un estudi sobre les formes urbanes a Alemanya, merescudament subtitulat “Una contribució a l’estudi del paisatge cultural”.46 Per tant, aquests capdavanters anaren creant un sòlid fonament. Tanmateix les nostres publicacions periòdiques sovint fan sospitar que aquesta ratxa de conreadors probablement desaparegui dintre de poc.

Tipus de vegetació del paisatge natural Alexander von Humboldt fou qui primer reconegué, mitjançant observacions sistemàtiques, la importància de la vegetació en la configuració del paisatge. “Per molt que la naturalesa dels diferents indrets del món depengui del con [177] junt de formes externes i encara que el perfil de les muntanyes, la fisonomia de les plantes i els animals, el tipus de núvols i la transparència de l’atmosfera conformin la impressió general, no es pot negar tanmateix que l’element més important d’aquesta impressió és el del mantell vegetal”.41 De fet, els lligams entre clima i vegetació són tan directes i forts que, en bona part, és possible fer una agrupació de climes i tipus de vegetació. Alguns geògrafs han optat per classificar les associacions vegetals per zones segons la temperatura o la humitat. Resum del tipus de relacions del paisatge natural En les afirmacions anteriors s’ha anat posant molt d’èmfasi en el clima, això no vol dir, però, que la geografia hagi d’esdevenir climatologia. El camp físic és fonamental a qualsevol estudi geogràfic, perquè proporciona els materials amb què l’home edifica la seva cultura. La identitat del saber físic es limita fonamentalment a una distinta associació de les formes físiques. En el món físic, el caràcter genèric del territori i la seva gènesi estan tan units fins al punt que un fa de suport per reconèixer l’altre. Particularment, el clima, que és una forma espacial en si mateixa, d’origen poc clar, controla tan clarament l’expressió d’altres formes físiques que, en molt camps, es pot considerar com el determinant d’un tipus d’associació. No obstant això, cal introduir un intencionat rebuig a la noció d’una necessitat de vincles genètics a l’hora d’organitzar la fenomenologia del paisatge natural, tot i que la seva exis-

Representació esquemàtica de la morfologia del paisatge cultural El paisatge cultural és l’espai geogràfic en el seu darrer significat (Chore). Les seves formes inclouen tots els treballs de l’home, que caracteritzen el paisatge. Això no suposa, però, que la geografia hagi d’ocupar-se de l’ener11


Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186. gia, dels costums o de les creences humanes, sinó que s’interessa per l’empremta de l’home damunt el paisatge. Els tipus de població generalment són fenòmens de massa o densitat, o bé desplaçaments constants, com ho són les migracions periòdiques. El fenomen de fa urbanització implica tipus d’habitatges i la seva distribució, que pot ser dispersa, com a les zones rurals, o concentrada, com als pobles o les ciutats, segons diferents tipus de plans (Städtebild). Les formes de producció són tipus distints d’utilització del sòl per matèries primeres, productes, granges, boscos, mines i totes les regions negatives ignorades per l’home. FACTOR Cultura

TEMPS

MEDI Paisatge Natural

FORMES Població densitat mobilitat Urbanització pla estructura Producció Comunicació XX

relació amb d’altres paisatges. En el pur sentit corològic, és tracta de l’ordenament, no dels paisatges naturals, sinó dels culturals. Una tal síntesi de les regions d’arreu del món fou la darrera contribució de Passarge que, d’aquesta manera, completà gairebé la crítica del saber geogràfic.48 3) La geografia històrica s’hauria de considerar com la sèrie de canvis que ha sofert el paisatge cultural; per tant, també inclou la reconstrucció dels paisatges culturals pretèrits. D’especial interès és la relació catalítica de l’home civilitzat damunt el territori i els efectes causats per la substitució de cultures. A partir d’aquest difícil i poc tractat tema, podria ser que solament s’aconseguís una completa realització del desenvolupament del paisatge cultural actual, allunyat de les cultures més antigues i del paisatge natural. 4) La geografia comercial s’ocupa dels tipus de producció i dels mitjans de distribució dels productes.

PAISATGE CULTURAL

[180] Més enllà de la ciència La disciplina morfològica capacita l’organització dels camps geogràfics en ciència positiva. Un bon tractament del significat del territori va més enllà de l’estricta organització científica. La millor geografia mai no desconsiderà les qualitats estètiques del paisatge; la manera d’aproximar-s’hi no és altra que la subjectiva. “Fisonomia” de Humboldt, “ànima” de Banse, “ritme” de Volz, “harmonia” del paisatge de Gradmann són termes que es desvien de la ciència. Fa la impressió com si aquests escriptors haguessin descobert una simfònica qualitat en contemplar l’escena espacial, en obrar com a novicis en els estudis científics i, fins i tot, un diria que se’n separen. Per alguns, tot allà que mostri un aspecte místic és abominable. Tanmateix n’hi ha d’altres, i entre ells els millors, que creuen que, una vegada s’ha fet una intensa observació i una competent exploració, resta, a més d’això una qualitat de comprensió més elevada que no pot ser reduïda a un procés formal.49

[179] El paisatge cultural s’afaiçona a partir del paisatge natural per mitjà d’un grup cultural. La cultura és l’agent; l’espai natural, el medi i el paisatge cultural, el resultat. Sota la influència d’un determinada cultura, mudable amb el temps, el paisatge es va desenvolupant a través de fases fins arribar a assolir al capdavall la fi del seu cicle. Amb la introducció d’una cultura diferent – és a dir, aliena – es produeix una renovaci6 del paisatge cultural, o bé se n’imposa un de nou damunt les restes de l’antic. Per descomptat, el paisatge natural és de cabdal importància, ja que subministra els materials que configuren el cultural. Tot i així, la força modeladora resideix en la pròpia cultura. Dins dels amplis límits de les característiques físiques del territori, s’hi troben quantitat d’opcions per a l’home, tal com Vidal de la Blache no ha parat de remarcar. Tal és el significat d’adaptació que, amb els suggeriments que l’home ha adquirit de la natura, ja sigui per imitació o de manera subconscient, conforma un sentiment d’harmonia adequadament combinada entre l’ocupació humana i el paisatge. Val a dir, però, que això també prové de la ment humana i no pas d’una imposició de la natura d’aquí ve que siguin expressions culturals.

Perspectives divergents de la geografia En bona part, la tesi geogràfica d’aquest assaig es mostra tan en desacord amb d’altres perspectives geogràfiques que convindria avançar, a tall de resum, quins són els aspectes controvertits relatius a determinades posicions.

La morfologia aplicada a les branques de la geografia La consolidació dels dos esquemes aporta una aproximació de tot el contingut científic de la geografia sobre la base fenomenològica amb què hem procedit.47 Poden fàcilment servir per definir les diferents branques de la geografia. 1) L’estudi de la categoria de formes per se en la seva relació general, o sigui el sistema de formes del paisatge, constitueix morfologia en el més pur sentit i suposa l’equivalent a l’anomenada, especialment a França i a Alemanya, geografia general. Aquesta és la propedèutica mitjançant la qual l’estudiant aprèn a treballar amb els materials. 2) La geografia regional és la morfologia comparada, el procés de localització dels paisatges individuals en

La geomorfologia com una branca de la geografia Els geògrafs alemanys tendeixen a considerar la geomorfologia corn una divisió essencial de la geografia, i acostumen a utilitzar el mot Oberflächengestaltung, o sigui el registre del desenvolupament de la forma superficial. Les formes examinades en general són només topogràfiques. El contingut de la geomorfologia l’ha definit àmpliament Penck,50 incloent-hi les següents formes; planes, turons, valls, conques, muntanyes, avencs, litorals, fons marítims, illes. La descripció d’aquests termes topo-

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Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186. l’estudiós que per atènyer, encara que sigui una concepció elemental d’allò que s’esdevé a la seva localitat, cal que sàpiga alguna cosa de l’univers; que el còdol que ell tracta per separat no seria el que és ni allà on és, a no ser que un particular capítol de la història de 1a Terra, aparegut fa anys, s’hagués mantingut intacte.”52

gràfics s’estudia en geomorfologia com a deducció i no pas per a fer-ne un ós significatiu. La geomorfologia com a història del relleu obté les superfícies actuals de formes prèvies i enregistra els processos desenvolupats. Un estudi de la geomorfologia de Sierra Nevada és una història del modelatge del massís que s’interessa per l’aixecament d’un bloc terrestre i pels estadis de modificació dels processos d’erosió, les deformacions secundàries i les condicions estructurals de relacions complexes. Els trets del relleu són, en aquest cas, el resultat de l’oposició dels processos orogènics i degeneratius al llarg dels períodes geològics. De manera que, certes formacions, com les peneplanes i les terrasses fòssils, aporten un diagnòstic molt valuós a l’hora de llegir el registre de les modificacions de la superfície terrestre. No obstant això, aquests elements [181] de1 paisatge probablement no siguin gaire o gens representatius des d’un punt de vista corològic. Pel que pertoca a la geomorfologia, la peneplana ha estat de gran importància; en canvi, poc rellevant per a la geografia. Tret del complex topogràfic, el geomorfòleg és capaç de seleccionar un corpus de fets il·lustratius de la història de la Terra, mentre que el geògraf utilitzarà un conjunt de fets força diferents però que suposaran un valor significatiu quant a l’hàbitat. El geomorfòleg, per això mateix, es mostra com un geòleg historiador especialitzat en treballs sobre certs, i normalment tardans, capítols de la història de la Terra. La geologia històrica convencional s’interessa més pel procés de formació de les roques. El geomorfòleg, a l’hora de llegir el registre de les roques, se centra en l’erosió i deformació de relleus. Fins a tal punt ha prevalgut aquesta orientació a Amèrica, fet que ha provocat que hom disposi, en aquest país d’escassos treballs geomorfològics recents que responguin conscientment a propòsits geogràfics; és a dir, versats en la descripció de relleus actuals. El geomorfòleg, per tant, pot i ha d’establir una connexió entre la geografia i la geologia, per tal com la seva tasca complementa la del geògraf. El geomorfòleg accelera els estudis del geògraf sobre el paisatge quan l’ha precedit, i hom el pot considerar un col·laborador tant de la geografia com de la geologia. Una de les actuals necessitats de la geografia americana és la disponibilitat d’una més gran familiaritat en l’aplicació dels estudis geomorfològics.

Les dues idees centrals del seu pensament eren la unitat de la llei física com a demostració dels trets de la terra i el procés evolutiu del registre geològic. Fou un raig brillant al naixement del monisme científic, amb Huxley oficiant sobre l’observació del territori. La fisiografia, talment canònica, es posà al servei de [182] l’educació científica elemental fins que, arran dels darrers avenços tecnològics, fou bandejada a favor de la “ciència general”. La fisiografia continua sent la ciència general de la Terra i s’interessa per fes qüestions físiques que afecten tant la superfície com l’escorça de la Terra. Hom encara troba encapçalaments que Huxley introduí al seu text: el treball de la pluja i els rius, el gel i la seva acció, el mar i la seva actuació, terratrèmols i volcans. Aquests fenòmens tenen un contingut corològic i, en canvi, s’estudien com a processos generals. El fisiògraf, en tant que investigador, ha de situar-se per sobre del físic, i com més va, més se sol·licitaran els seus coneixements físics i matemàtics. El camí del desenvolupament de la fisiografia com a investigació es traça als centres d’investigació en geofísica. Des del punt de vista acadèmic encaixa millor com una part de la geologia dinàmica. Probablement, el geògraf necessiti saber-ne una mica més d’això que el que hauria de saber sobre geologia històrica. Cal qüestionar-se, per tant, la propietat de termes, tals com fisiografia regional i regions fisiogràfiques. Tots dos s’oposen al sentit essencia1 de la matèria i signifiquen, més aviat, una forma desconnectada de la fisiografia, la qual té necessàriament una expressió espacial. La fisiografia fou concebuda en tant que simple relació dinàmica i és categòricament incapaç d’expressar un espai consistent, a no ser que també es converteixi en un nom aplicat a 1a geografia física o a la geomorfologia. La geografia morfològica versus “les influències geogràfiques” L’estudi del medi físic ha estat objecte d’una crítica mordaç per L. Febvre, amb un pròleg igualment incisiu d’Henri Berr.53 Ambdós se senten atrets per aquesta ambició geogràfica i, sobretot, per treure’n l’entrellat. La geografia, segons tots dos, és “donar un exemple d’una veritable tasca de síntesi (...) Un esforç així suposa una activitat directa, no una realització prèvia”.54 Les qüestions ambientals “poden ser d’interès per al geògraf, però mai el seu objectiu. Convé que un es guardi bé de proclamar com a “científiques” varietats teòriques d’adaptació “simplista” que persones més competents completen o rectifiquen”.55 “Quina és, doncs, l’actitud recomanable quant a la geografia humana? Només pot ser la recerca de les relacions existents entre la terra i la vida, l’acord entre el medi extern i l’activitat dels ocupants”.56 La tesi de Vidal de la Blache, on exposa que en la relació entre l’home i la terra hi ha menys d’adaptació necessària que de “possibilisme”, és re-

La fisiografia i la geografia física Quan T. H. Huxley emprà de nou el terme fisiografia renunciava intencionadament al desig de reformar la geografia física. No es referia, digué “a qualsevol branca particular del coneixement natural, sinó als fenòmens naturals en general”.51 El seu tractat se subtitula “Una introducció a l’estudi de la Natura”. L’autor escollí la conca del Tàmesi corn a mostra, no des d’un interès corològic, sinó per provar que qualsevol àrea aporta abundant material per a la demostració de les lleis generals de la ciència física. Huxley afirmà respecte a això: “M’he esforçat a explicar que l’aplicació dels processos més clars i simples de raonament a qualsevol fenomen és suficient per demostrar, un tant disfressada, una causa que al seu torn en suggerirà una altra, fins que, de mica en mica, convencerà

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Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186. solta amb enginy i convicció. Aquells autors, tret de la gran devoció que senten pel mestre de la geografia francesa, no estan realment familiaritzats amb el pensament geogràfic. No són precisament ells qui en representen clarament els principis geogràfics, baldament coneguin els principals autors de l’ambientalisme en contra del qual tenen a Vidal de la Blache per un autèntic baluard. Vidal podrà tenir un lloc honorable en la història de la geografia, però un ja no se sent impressionat per la seva preocupació per [183] establir convenientment bones relacions amb el pensament racionalista. EI racionalisme ha viscut millors dies i hom ja no necessita dels seus termes per conveniència diplomàtica. Malgrat la deficient orientació referent al pensament geogràfic, el volum de Febvre llança una diatriba contra una determinada escola geogràfica, cosa que fa que se situï en una bona posició en el camp de la crítica geogràfica. En aquest país, el fet que la geografia s’ocupi de l’estudi de l’entorn natural ha estat l’actitud predominant entre les generacions actuals i ha arribat a ser considerada a l’estranger com la concepció que els americans tenen de la geografia.57 De primer, el terme designava “control ambiental”. Després fou succeït pels de “resposta”, “influència”, “arranjament” o per alguna altra paraula que no en modifica el significat, mal que prengui un terme més cautelós en lloc de la ressonant declaració de control. Val a dir que totes aquestes posicions són mecanicistes. D’una manera o altra pretenen mesurar la força que l’entorn físic exerceix sobre l’home. Un paisatge Així concebut no interessa llevat d’aquells trets culturals pels quals es pot establir una connexió causal amb l’entorn físic. Per tant, la intenció és incorporar la geografia a una branca de la biofísica que s’ocupi dels tropismes humans. La morfologia geogràfica no nega el determinisme, però tampoc cal que formi part de la professió. La geografia sota la bandera de l’ambientalisme constitueix un dogma, la reivindicació d’una Fe que assossegui tot esperit neguitejat pels enigmes de l’univers. Fou un nou evangeli a l’època de la raó que assentà una forma particular d’ordre adequat i, fins i tot, essencial. L’exposició de tal convicció només podrà funcionar si es troben testimonis que la facin eficaç. Per al veritable adepte, existien autèntiques evidències sobre el que creia que havia de ser, però no eren ben vistes pels incrèduls. A no ser que hom mostri un temperament ferm, la continuada elaboració d’una tesi individual proveïda de febles instruments pot esdevenir terriblement monòtona. En un estudi així, un sap d’avançada que només es trobarà amb variants de l’únic tema d’”influència”. Les tesis estretament racionalistes conceben l’entorn com un procés, i algunes de les qualitats i activitats de l’home, com a productes. L’agent és de naturalesa física davant la qual l’home reacciona o s’hi adapta. Simplement com diu la tesi, s’incorre contínuament en una greu dificultat en marcar una determinada resposta a un determinat estímul o inhibició. La influència directa dels estímuls ambientals és purament somàtica. El que li passa a l’home enmig de la influència dels seus encontorns físics va més enllà de la competència del geògraf, a no ser que se senti preparat com el fisiòleg en aquest camp. Tot allò que l’home fa en un territori a causa de tabús o totemismes o de si

mateix, afectarà molt més la utilització de l’entorn que el propi agent actiu. En efecte, resulta, doncs, que l’ambientalisme no ha estat apuntant ni en contra de la causa ni de l’efecte, sin6 que més aviat ha caigut en la seva pròpia trampa.58 [184] Conclusió En l’abigarrada realitat de la vida existeix una continua resistència al fet de limitar-se a qualsevol teoria “simplista”. El que ens ocupa, aquí, és « l’activitat directa, no la realització prematura », i això suposa una aproximació morfològica. La nostra selecció simple d’una part de la realitat, el paisatge, està passant per un canvi múltiple. Aquest contacte de l’home amb la seva llar mutable, tal com és expressat a través del paisatge cultural, compon el nostre camp de treball. Ens ocupem de la importància de l’assentament humà, com també de la seva transformació. En conjunt, tractem de la interrelació de grups o cultures o del seu assentament, tal com resta manifest en determinats paisatges del món. És aquí on radica un inexhaurible corpus de fets i una varietat de relacions que confereixen tot un camí d’investigació lluny d’haver de sentir-se pressionat per les limitacions del racionalisme.” 59 (*) Copyright: 1925, The regents of the University of California. Published by arrangement with the University of California Press. Traducció de Montserrat Cuxart i Tremps. (**) Notes de la traductora Historia: terme llatí d’etimologia grega que indica relat o relació històrica (p. 158) Milieu: terme francès per designar el medi ambient on les persones desenvolupen la seva vida (p. 159) Zeitgeist: terme alemany que fa referència a l’Esperit de l’època, especialment, al racionalisme alemany (p. 160) Chria: terme llatí d’etimologia grega i de tractat retòric que expressa exposició o desenvolupament d’un tema ajudant-se d’un exemple, ja sigui d’un pensament, ja sigui d’un lloc comú. (p. 169) [Els números entre claudàtors indiquen l'inici de la pàgina en la publicació original a Treballs de la Societat Catalana de Geografia] 1

En particular, les cites següents expressen notablement la principal opinió de: W.M. Davis: “An Inductive Study of the Content of Geography”, Bull. Amer. Geogr. Soc., 38 (1906), pp. 67-84; N.M. Fenneman: “The Circumference of Geography”, Annals Assoc. Amer. Geographers, 9 (1919), pp. 3-12; H.H. Barrows: “Geography as Human Ecology”, ibid,, 13 (1923), pp. 1-14. 2 Herman Graf Keyserling: Prolegomena zur Naturphilosophie, Munic: 1910; pàg. 11. 3 Ibid., pp. 8-11. 4 Alfred Hettner: “Methodische Zeit- und Streifragen”, Geogr. Ztschr., 29 (1923), pp. 37-59. La referència a la pàg. 37.

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Alexander von Humboldt: Kosmos, Stuttgart i Tübingen: 1845; vol. I, pp. 64-65: “A l’antiguitat clàssica, els primers historiadors paraven poca atenció a separar la descripció de territoris de la narració dels esdeveniments, l’escena dels quals es representava en els espais descrits. Durant molt de temps, la geografia física i la història apareixien unides atractivament”. 6 Zeitalter der Messungen d’Oscar Peschel: Geschichte der Erdkunde bis auf A. v. Humboldt und Carl Ritter, Munic: 1965, pp. 404-694. 7 Albrecht Penck: Morphologie der Erdoberfläche, Sttutgart: 1984; vol. I, pàg. 2. 8 W. M. Davis: op. cit.; pp. 73, 71. 9 P. Vidal de la Blache: Principes de géographie humaine, París: 1922; pàg. 6. 10 J. Solch, a Die Auffassung der “natürlichen Grenzen” in der wissenschaftlichen Geographie, Innsbruck: 1924, proposà el terme “Chore” per designar la mateixa idea. 11 Hans Bluntschli: “Die Amazonasniederung als harminischer Organismus”, Geogr. Ztsch., 27 (1921), pp. 49-68. 12 Citat per Paul Barth a Die Philosophie der Geschichte als Soziologie, 2a ed., Leipzig: 1915; part I, pàg. 10. 13 lbid., pàg. 11.

Alfred Hettner: op. cit.; pp. 41-46. Norben Krebs: op. cit.; pàg. 81. 27 Carl O. Sauer: “The Survey Method in Geography and Its Objectives”, Annals Assoc. Amer. Geographers, 14 (1924), pp. 17-33. 28 Siegfried Passarge: op. cit.; el volum I se subtitula així. 29 Ferdinand von Richthofen: Führer für Forschungsreisende, Berlín: 1886. 30 Siegfried Passarge: op. cit.; vegeu p. VI. 31 Ibid.; pàg. 5. 32 Id.: “Die Steppen-Flusstalung des Okawango im TrockenwaldSandfeld der Nordkalahari”, Mitt. d. Geogr. Gesellsch., 32 (1919), pp. 1-40. 33 Karl Sapper: Geologischer Bau und Landschaftsbild, Brunswic: 1917. 34 Siegfried Passarge: “Physiologische Morphologie”, Mitt. d. Geogr. Gesellsch., 26 (1912), pp. 133-337. 35 Id.: “Morphologie des Messtischblattes Stadtremsa”, ibíd., 28 (1914), pp. 1-221. 36 K. Glinka: Typen der Bodenbildung, ihre Klassifikation und geographische Verbreitung, Berlín, 1914; obra revisada i ampliada per E. Ramann a Bodenbildung und Bodeneinteilung (System der Boden), Berlin: 1918. 37 Pel que fa a les formes desèrtiques existia la síntesi de Johannes Walther: Das Gesetz der Wüstenbildung in Gegenwart und Vorzeit, Berlín: 1900. 38 Excel·lentment realitzat per Sapper, op. cit.; també ho remarcaren enèrgicament W.M. Davis i G. Braun, Grundzüge der Physiogeographie, 2a ed., vol. 2: Morphologie, Leipzig i Berlín, 1915; sobretot als capítols finals. 39 Siegfried Passarge: Grundlagen der Landschaftskunde, vols. 2 i 3; Berlín: 1921 i 1922. 40 Rollin D. Salisbury, Harlan H. Barrows i Walter S. Tower: The Elements of Geography, Nova York: 1912; capítols 9-11, pp. 154-225. 41 Alexander von Humboldt: Ansichten der Natur, vol. 2, Stuttgart i Tübingen: 1849; pàg, 20. 42 Alfred Hettner: op, cit.; pàg. 39, comenta el següent sobre la biogeografia: “Gran part dels treballs geogràfics sobre les plantes i els animals han estat realitzats per botànics i zoòlegs, mal que aquests treballs no satisfacin plenament les nostres necessitats geogràfiques. Tot botànic i zoòleg s’ocupa de les plantes i els animals, nosaltres, dels territoris (...) Quan tracten de la geografia de les plantes i dels animals en el més estricte sentit, com per exemple, el brillant volum sobre la vegetació de la terra de Grisebach, el que fan és un treball geogràfic, com els meteoròlegs amb el clima; quan l’objectiu és geogràfic, els resultats es relacionen més íntimament amb l’estructura de l’ensenyament geogràfic que amb el de 1a botànica o la zoologia, i tot el procés de pensament i investigació, orientat com a tal al clima i al sol, es geogràfic. Els geògrafs estem lluny de sentir-nos gelosos per aquest fet; al contrari, agraïm aquest suport; però també hem començat a Fer, com cal, geografia de les plantes i els animals, ja que certs problemes ens pertoquen més a nosaltres que a aquells que els realitzen i no són geògrafs i, a més a més, disposem certament d’una valuosa preparació per aquest tipus d’estudis”. El treball [186] dels geògrafs sobre les plantes i els animals il·lustra l’esbiaixada artificialitat dels departaments acadèmics. De fet, exigeixen una formació tan especialitzada que normalment només poden ser botànics o zoòlegs professionalment. No obstant això, el mètode és geogràfic fins al punt que les pròpies descobertes són tan significatives per als geògrafs que el seu treball resulta generalment més valorat per aquests que pels biòlegs. Sovint, biòlegs de camp, com són ara 26

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Ibid., pàg. 39. Benedetto Croce: History, Its Theory and Practice, Nova York: 1921; pp. 109-110, L’afirmaci6 es refereix a la història que té com a simple objectiu “fer viure de nou el passat”. També existeix però, una història fenomenològica capaç de descobrir formes anàlogues i la seva expressió. 16 Siegfried Passarge: Die Grundlagen der Landschaftskunde, Hamburg: 1919; vol. I, , pàg. l. 17 P. Vidal de la Blache: op. cit.; pàg. 3. 18 Oswald Spengler: Der Untergang des Abendlandes; Umrisse einer Morphologie der weltgeschichte, Munic: 1920; vol. I, pàg. 28: “Kulturen die mit urweltlicher Kraft aus dem Schosse einer mütterlichen [185] Landschaft, an die jede von ihnen im ganzen Verlauf ihres Daseins streng gebunden ist, erblühen”. 19 Norbert Krebs: “Natur- und Kulturlandschaft”, Ztsch. d. Gesellch, f. Erdk. (1923); pp. 81-94. La referència a la pàg. 83. L’autor formula el contingut de la geografia immers “en el propi espai (Raum) amb les seves superfícies, contorn i punts, amb la seva forma, circumferència i contingut. Les relacions amb la geometria, la ciència pura de l’espai, esdevenen més fortes quan es considera no únicament l’espai com a tal, sinó la seva posició respecte a d’altres espais”. 20 El manlleu “as if” (com si), introduït per Hans Vaihinger a la seva obra Die Philosophie des Als Ob, 7a ed. Leipzig: 1922; passim. 21 L’obra completa de Goethe: Jubsläumsusgabe, Stuttgart i Berlin: 1902; vol. 39, pàg. 72. 22 Oswald Spengler: op. cit. La tesi matemàtica-filosòfica del cicle cultural, la completa antítesi de Buckle, és especialment de tanta importància que l’haurien de conèixer tots els geògrafs, sigui quina sigui la posició mística de l’autor. Com a mínim, apareixen altres tres opinions similars sobre l’estructura de la història, presentades de manera aparentment independent: Flinders Petrie: Revolutions of Civilitation, Londres i Nova York: 1911 ; Henry Adams : “The Rule of Phase in History” en The Degradation of the Democratic Dogma, Nova York: 1919 ; i el tractat de Leo Frobenius: Umrisse einer Kultur- und Seelenlehre, Munic: 1921. 23 August Grisebach: Die Vegetation der Erde nach ihrer klimatischen Anordnung, Leipzig: 1884; vol. I, pàg. 10. 24 Albrecht Penck: op. cit.; pp. 5-6. 15

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Carl O. Sauer (1925): “La morfologia del paisatge” Treballs de la Societat Catalana de Geografia, 43 (1997), pp. 155-186.

Bates, Hudson i Beebe, confeccionaren treballs abraçant tan extensament una part del paisatge que poden ser tinguts per altament geògrafs, Tot i Així, és cert que la vegetació o la fauna han de ser observades com un aspecte a part de l’hàbitat humà (una geografia econòmica de plantes i animals?) des del propi punt de vista de la botànica o la zoologia. És en aquesta diferència on resta justificada la recomanació de Hettner sobre la participació dels geògrafs en els estudis de plantes i animals. Ara i sempre, un geògraf, com per exemple Gradmann o Waibel, ha dominat el camp de la biogeografia per enriquir el conjunt de la seva posició. 43 Jean Brunhes: La Géographie humaine, 2a ed., París: 1912; pp. 62-66, 89-455; traducció americana: Human Geography, Chicago i Nova York: 1920; pp. 48-52, 74-414. 44 Sten De Geer: Karta över befolkningens fördelning i Sverig den I januar l917, Estocolm: 1919. 45 Vaughan Cornish: The Great Capitals, Londres, 1923. 46 Walter Geisler: Die deutsche Stadt: ein Beitrag zur Morphologie der Kulturlandschaft, Stuttgart: 1924. 47 Les conclusions presentades en aquest article estan bàsicament d’acord amb l’article de Sten De Geer: “On the Definition Method and Classification Geography”, Geogr. Annaler, 5 (1923); pp. 1-37; amb la diferència que un paisatge “concret” reemplaça el que De Geer anomena relació espacial “abstracta”. 48 Siegfried Passarge: Vergleichende Landschaftskunde, Berlin: 1923; Die Landschaftsgürtel der Erde, Breslau: 1923. 49 Una bona presentació sobre les investigacions actuals en aquest camp és la de Roberd Gradmann: “Das harmonische Landschaftsbild”, Ztschr. d. Gesellsch.f. Erdk. z. (1924), pp. 129147. Ewald Banse ha publicat des del 1992 una no o anticientífica revista, Die neue Geographie, on quantitat de bons materials s’immisceixen en una repel·lent batalla polèmica. 50 Albrecht Penck: Morphologie der Erdoberfläche, vol. 2; Stuttgart: 1894, pp. 1-2. 51 T.H. Huxley: Phisiography: an Introduction to the Study of Nature, 2a ed., Nova York, 1878; vegeu pàgina VI. 52 Ibíd.; vegeu pàgines VII-VIII. 53 Lucien Febvre: La Terre et l’Evolution humaine, París, 1922. 54 Ibíd.; pàgina IX. 55 Ibíd.; pàg. 11. 56 Ibíd.; pàg. 12. 57 S. Van Valkenburg: “Doel en richting der geografie », Tijdschr. v d. K Nederl. Aardrijksk, 41:2 (1924), pp. 138-140. 58 A.L. Kroebe: Anthropology, Nova York: 1923, pp. 180-193 i 502-503. L’autor sondeja els principis ambientals en la seva relació amb la cultura. 59 Clark Wissler: “The relation of Nature to Man as Illustrated by the North American Indian”, Ecology, 5 (1924), pp. 311-318. A la pàgina 311 s’exposa: “Mentre el primer concepte històric s’ha perdut, probablement per sempre, no hi han indicacions contràries que la idea ecològica fos concebuda en el mateix ambient que en el de la teoria del designi o de l’adaptació determinada. Sigui com sigui, l’intent per part dels darrers professors d’ecologia ha estat el d’evitar tals filosofies tret de la fonamental assumpció que les plantes i la resta de la natura es manifesten estretament interdependents entre si”. D’aquesta manera, l’antropòleg no solament intenta demostrar de quina manera les formes i les forces de la natura han actuat en l’home, sinó també remarcar com l’home ha actuat en la natura” (pàg. 312). Aquesta definició d’antropologia abraça una àmplia part de les ciències socials, i, a més a més, resulta vàlida per a la geografia. Ara com ara, l’antropologia és l’estudi de la cultura per se. Si els nostres estudis de l’home i el seu treball aconsegueixen un important èxit de síntesi, una incorporació

gradual de l’antropologia social i la geografia podria representar la primera de tot un seguit de fusions en una més gran ciència de l’home.

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La formaci贸n hist贸rica de los paisajes agrarios mediterr谩neos: una aproximaci贸n coevolutiva Enric Tello


HISTORIA AGRARIA · n.º 19

· 1999 · pp. 195-212 · © SEHA

La formación histórica de los paisajes agrarios mediterráneos: una aproximación coevolutiva* Enric Tello

Este texto se basa en las comunicaciones de José Mª Gascó1, Fernando Parra , Francisco Quirós Linares3, Felipe Fernández García4, Ramon Buxó5, José Ramón Menéndez de Luarca6 y José Luis González Rebollar7 al V Encuentro entre técnicos e historiadores celebrado en Granada los días 4 y 5 de noviembre de 1999. No es un resumen exhaustivo ni una crónica fiel de las intervenciones y debates del encuentro, sino una síntesis reelaborada con posterioridad y dirigida a los historiadores para orientar las investigaciones que se presentarán en el siguiente seminario. Se organiza en forma de enunciados para facilitar su discusión y su incorporación, o no, a los diversos proyectos de estudio. 2

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Síntesis del debate y propuestas de investigación del Primer seminario sobre la evolución de los suelos y paisajes como punto de encuentro transdisciplinar, celebrado en Granada los días 4 y 5 de noviembre de 1999, en el marco del V Encuentro entre técnicos e historiadores. Enric Tello es Catedrático del Departamento de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Barcelona.

1

J. Mª Gascó (Departamento de Edafología de la Universidad Politécnica de Madrid), “Conceptos y dinámica de suelos”.

2

F. Parra (Dirección General de Urbanismo y Planificación Territorial), “Conceptos y dinámica del paisaje”.

3

F. Quirós (Departamento de Geografía de la Universidad de Oviedo), “Historia de la foto aérea en España”.

4

F. Fernández (Departamento de Geografía de la Universidad de Oviedo), “La posibilidades de la fotointerpretación en el análisis histórico”.

5

R. Buxó (Museu d’Arqueologia de Catalunya), “Palinología y arqueología del paisaje”.

6

J. R. Menédez de Luarca (Consultor), “Historia y topografía del Camino de Santiago”.

7

J. L González Rebollar (Departamento de Ciencias de la Tierra del CSIC), “Evolución de los paisajes mediterráneos”.


Enric Tello

I. HIPÓTESIS DE PARTIDA PARA UNA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA SOBRE LOS CARACTERES ORIGINALES DE LOS PAISAJES AGRARIOS MEDITERRÁNEOS. 1. El paisaje es una construcción humana. Llamamos paisaje al aspecto del territorio. El paisaje existe en la medida que alguien lo mira y lo interpreta para desarrollar algún propósito (económico, estético, lúdico, etc.). No existiría sin la mediación del ojo, la mente y la mano. Como marco de la actividad humana y escenario de su vida social el paisaje agrario, y los paisajes humanos en general, son una construcción histórica resultante de la interacción entre los factores bióticos y abióticos del medio natural, los usos de esas capacidades para sustentar el metabolismo económico de las sociedades humanas, y los impactos duraderos de esa intervención antrópica sobre el medio. Es el trabajo humano el que crea los paisajes, al modificar la sucesión natural y mantener estados antrópicos intermedios convenientes y previsibles para los fines humanos. El paisaje es un algoritmo socioecológico.8 Sin intervención antrópica ni fines humanos no habría paisajes. Sólo ecosistemas. 2. Clima, suelo y vegetación: la intervención humana sobre el medio natural. La estabilización de ese estado antrópico conveniente y previsible para la sustentación de las diversas sociedades y culturas, al que llamamos paisaje, se produce y reproduce mediante la intervención del trabajo humano sobre los factores determinantes de la formación y evolución de los sistemas naturales. Tales factores, o complejos de factores, se resumen en tres: el clima, el suelo y la vegetación (figura 1). Figura 1: el paisaje como construcción social

CLIMA

VEGETACIÓN ← ← ← trabajo humano paisaje ← ← SUELO (fuente: Fernando Parra)

A lo largo de la historia el trabajo humano ha actuado sobre la interacción entre el suelo y la vegetación, porque es la que proporciona una respuesta más rápida. (También porque era la única que estaba técnicamente a su alcance. Sólo hasta la explotación masiva de los combustibles fósiles la especie humana ha adquirido involuntariamente la capacidad de alterar el clima de la Tierra). Como escribió Fernando González Bernáldez en Ecología y paisaje, “la humanización del 8

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Véanse, entre otras, las voces “paisaje” y “homeóstasis paisajística” en R. Folch (1999:172-175 y 248253).


La formación histórica de los paisajes agrarios mediterráneos: una aproximación coevolutiva

paisaje es sobre todo profunda en zonas de antigua cultura agrícola y ganadera. (...) La historia de la agricultura y de la alimentación humana es una de las mejores pistas para la interpretación de los cambios en los paisajes con prolongada influencia antrópica.”9 3. Rejuvenecimiento y vulnerabilidad de los agroecosistemas (o la “maldición de Adán”). La explotación humana del suelo y la vegetación hace retroceder la sucesión natural de un determinado biotopo, que sin esa intervención tendería hacia estadios de mayor complejidad y organización en los que la biomasa almacenada sería mayor, pero también menor la biomasa producida.10 El retroceso en la sucesión supone un “rejuvenecimiento” de los ecosistemas --por ejemplo desde un bosque cerrado hacia el cultivo anual de gramíneas--, que se ven antrópicamente conducidos hacia estadios de menor biomasa y mayor producción consumible directa o indirectamente por la población humana. El precio de ese retroceso sucesional hacia combinaciones más productivas es la mayor vulnerabilidad a las fluctuaciones imprevistas, fruto de la simplificación de los sistemas naturales de soporte. Lo que a su vez exige mayor aplicación de trabajo para contrarrestar, prevenir o atenuar los efectos de tales fluctuaciones. La modificación de la interacción entre el suelo, el agua y la vegetación, y la moderación de los efectos laterales inevitables, son las tareas básicas que han dado lugar al desarrollo de las diversas tecnologías y culturas agrarias.11 4. Huellas territoriales y “huellas ecológicas”: el paisaje como palimpsesto. En tanto que construcción histórica el paisaje es como un palimpsesto que registra en el territorio las sucesivas huellas territoriales directas --y a una escala mayor, también la “huella ecológica” global12-- de las diversas sociedades que se han sucedido en el tiempo. Las formas y escalas de tales huellas dependen de los flujos de energía y materiales extraídos, de los impactos y residuos resultantes de su procesamiento, y de la selección entre especies existentes o introducidas en el medio por la intervención humana voluntaria e involuntariamente. Ese metabolismo socioecológico está cultural y tecnológicamente mediado. A cada complejo tecnológico y a cada cultura agraria le corresponde una huella territorial distinta, que a su vez se añade a otros factores naturales que también tienen su historia. “En un mismo paisaje encontramos siempre --escribe González Bernáldez-- retazos de épocas distintas, partes de edad diferente superpuestas y entremezcladas como resultado de la distinta histéresis o persistencia de procesos muy variados.”13 9

F. González Bernáldez (1981:145-147).

10

Véase “Paisaje y control de la naturaleza”, capítulo 9 de Ecología y paisaje de F. González Bernáldez (1981:153-177).

11

“Sólo ecosistemas inmaduros son susceptibles de soportar una explotación continua. (...) El mantenimiento de ese ecosistema simple y productivo requiere un control muy importante por parte del hombre (explotador), mediante aportación de energía, laboreo, eliminación de organismos competidores (malas hierbas), parásitos y depredadores (oposición a la evolución y complicación del sistema), fertilizantes (ciclos artificiales de materia acelerados) y exportación de biomasa producida” (F. González Bernáldez, 1981:154-155).

12

Para el concepto de “huella ecológica” y su cálculo véase M. Wackernagel y W. Rees (1996). Para la diferencia entre huellas territoriales directas y huella ecológica global véase E. Tello (inédito).

13

F. González Bernáldez (1981:141).

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Convenientemente analizado el paisaje nos puede reflejar el alcance y las formas de las huellas ecológicas de las sociedades humanas del pasado y el presente. A su vez los factores tecnológicos, culturales, demográficos y sociales que determinaron los impactos de cada huella, y su superposición a lo largo del tiempo, pueden ayudarnos a desentrañar las claves de los paisajes que tenemos hoy. Es decir, las razones por las que unas determinadas condiciones naturales --clima, suelos, relieve, escorrentía y vegetación potencial-- han acabado generando unas combinaciones de especies y no otras. 5. Intervención humana y diversidad. La simplificación resultante de la transformación de un sistema natural en un agroecosistema antropomorfizado no siempre supone sólo una pérdida de diversidad (y, por tanto, de estabilidad ecosistémica). También puede convertirse en un factor de estímulo a otras formas de diversidad biológica orientadas a los propios fines humanos. Su intervención sobre el territorio ha seleccionado unas especies útiles (cultivos, pastos, bosques y ganados) relegando a otras inútiles o dañinas (“malas hierbas” y “alimañas”). Pero ha tendido históricamente a modular los distintos aprovechamientos, y su misma intensidad, organizando el espacio en forma de mosaicos, retículas o anillos concéntricos diversos y complementarios (urbe, ager, saltus, silva). Ya Viturbo observó que “si el suelo no fuese heterogéneo y desigual en humedad en toda la tierra crecería la misma especie de planta.”14 La mayor diversidad biológica suele darse en espacios intersticiales de transición --como los claros de un bosque o los márgenes y setos del espacio cultivado--, donde la sucesión ecológica no se interrumpe por completo pero se ve sometida a reiterados impactos exteriores.15 6. La diversidad como rasgo mediterráneo. En el pasado la complementariedad de los diversos espacios agrosilvopastorales ha sido un factor clave para su estabilidad y capacidad de sustentación. Ese rasgo --la organización territorial de la diversidad en forma de mosaicos-- ha sido particularmente importante para los paisajes agrarios del Mediterráneo, donde la interacción entre los suelos y la vegetación debe adaptarse a un relieve muy abrupto y a una fuerte variabilidad de las precipitaciones que limitan la profundidad de esos mismos suelos exponiéndolos a una fuerte erosión.16 Las características edafoclimáticas del mediterráneo aceleran de forma discontinua los ciclos y fluctuaciones naturales del agua, la energía y los materiales. Eso provoca transferencias de materiales que tienden a estructurar el territorio en forma de células o mosaicos diversos, a los que se han adaptado la flora y la fauna autóctonas.17 La diversidad biológica de cada segmento espacial, a escala del mesorelieve y el microrelieve, es un factor clave para la estabilidad de todo el sistema incluida la preservación de su biodiversidad como patrimonio.18 14

En De Arquitectura (siglo I a.n.e.). Citado por F. González Bernáldez (1981:35).

15

“Es un hecho frecuentemente observado la relación de abrigo o protección de algunos animales con la parte madura del paisaje y la utilización trófica de las partes menos maduras”, señala F. González Bernáldez (1981:168-175).

16

J. Bacaria, R. Folch y otros (1999).

17

F. González Bernáldez (1981:13-33, 75-97 y 141-177).

18

La diversidad biológica no es exactamente lo mismo que la biodiversidad. La biodiversidad es un concepto “patrimonial”: cantidad de especies inventariadas en una macroregión determinada. La

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7. El policultivo y la tendencia a la promiscuidad. A través de un largo proceso histórico de ensayo y error la intervención humana en el medio mediterráneo ha tendido a recrear en el interior de sus paisajes agrarios aquella diversidad originaria, convirtiéndose en un factor más del mantenimiento de su biodiversidad global. Como todo logro cultural de largo alcance, la variedad y promiscuidad de los paisajes agrarios mediterráneos son hijas de la necesidad. Las características edafoclimáticas no permitían aquí, como en las grandes llanuras de la Europa septentrional y atlántica, la mera sustitución de una cubierta forestal homogénea por grandes anillos de cultivos o pastos –siguiendo la pauta espacial descrita por von Thünen, por ejemplo19-- igualmente monótonos que aprovecharan durante mucho tiempo el reservorio de nutrientes acumulado por el bosque. La mera deforestación de las asociaciones vegetales originarias inducía aquí una rápida degradación de la cubierta relicta en forma de matorrales o maquias (garriga), que podía desequilibrar al territorio en su conjunto denudándolo y sometiéndolo a una fortísima erosión. 8. La importancia de la “cultura del árbol”. El recurso a los cultivos arbóreos y arbustivos, y su asociación en el espacio agrario aprovechando su mayor capacidad radicular para acceder a la humedad acumulada en estratos inferiores y retener el suelo fértil --sacando partido de sus frutos, su poda y también del follaje verde que a veces constituía auténticas “praderas suspendidas”--, debe considerarse una respuesta original al difícil desafío que el medio mediterráneo ponía al agricultor. La integración del árbol en el conjunto agrario mediante plantíos y cepas, y sus variadas formas de asociación con otros cultivos --desde la dehesa ibérica hasta la combinación de la vid con el olmo, el chopo, el álamo, la morera y el nogal en el Valle del Po, por ejemplo-- configuró multitud de labrantíos arbolados o arbustivos estrechamente complementarios entre sí. Además de una gran variedad de alimentos esos cultivos asociados, y a veces también promiscuos, suministraban forraje y encamado para el ganado, combustible y diversas materias primas esenciales para unos agroecosistemas de base orgánica dependientes del flujo energético solar.20 9. El mosaico mediterráneo: paisajes diversos y diversos paisajes. La organización del paisaje humanizado en forma de mosaicos puede considerarse “el resultado de una tensión entre explotación y conservación, correspondiendo cada situación a opciones concretas en un gradiente de intensidad de intervención humana.” En unas áreas del conjunto territorial se maximiza la producción (con la consiguiente asunción de riesgos por inestabilidad), y en otras la estabilidad a través de la conservación. “Se trata de una solución del dilema conservación-explotación por diversidad biológica es un concepto espacial a menor escala: la mezcla o combinación de especies distintas que conviven en un mismo espacio. Si existe una profunda especialización zonal, de modo que las diversas especies sólo se yuxtaponen en espacios distintos y monótonos, una elevada biodiversidad regional puede coexistir con una baja diversidad biológica sobre el terreno. Para la distinción entre microrelieve y mesorelieve véase F. González Bernáldez (1981:20-22). 19

Para los anillos de von Thünen organizados alrededor de los núcleos urbanos véase D. Grigg (1982:135-150).

20

P. Bevilacqua (1989:643-676) y F. Cazzola (1996:35-54). F. González Bernáldez también señala que en la península ibérica “la “dehesa” y el olivar representan paisajes derivables del bosque mediterráneo por un aumento del control humano, representando zonas de madurez intermedia entre el bosque y el ager cerealista” (1981:172).

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medio de la localización en el espacio.”21 Gracias a ese rasgo diferenciador una de las originalidades de los paisajes humanos mediterráneos ha sido su propia diversidad, en los dos sentidos de la palabra: la organización de una diversidad de especies en cada paisaje, y de paisajes diversos caracterizados cada uno de ellos por combinaciones distintas de especies diversas adaptadas a las condiciones específicas de cada lugar: tipos de suelo y relieves, pluviosidad y escorrentía, oscilaciones térmicas e insolación. No existe un único paisaje mediterráneo, sino muchos. (Por ejemplo los cultivos organizados en forma de bocage, las dehesas, los policultivos herbáceos y arbustivos intercalados de forma promiscua, las diversas “culturas del árbol”, etc.). Como tampoco existen paisajes mediterráneos monótonos. Cada uno de esos paisajes, y sus combinaciones diversas, puede considerarse el resultado de una larga historia de selección y adaptación, por ensayo y error, a través de la interacción entre unas potencialidades naturales originarias y unas capacidades tecnológicas culturalmente desarrolladas. Cada uno de ellos está formado por una variedad de elementos distintos en espacios diferentes y complementarios. 10. La comunidad rural como constructora y mantenedora del paisaje. Las comunidades rurales han sido históricamente el agente constructor y mantenedor de los paisajes agrosilvopastorales, y de sus equilibrios o desequilibrios. Por lo menos en primera instancia, y antes de la gran ruptura producida hacia 1950 con la substitución del aprovechamiento solar indirecto a través de la fotosíntesis, que constituía la base energética de las economías orgánicas, por la explotación masiva de los combustibles fósiles del subsuelo y la consiguiente transformación de la agricultura en un sector económico energéticamente subsidiado desde el exterior.22 En las sociedades agrarias de base orgánica los mecanismos socioecológicos de retroalimentación aseguraban que los efectos resultantes de las decisiones territoriales adoptadas por las comunidades rurales repercutieran nuevamente sobre ellas, o su descendencia directa. 11. La gran crisis de la gestión del territorio después de 1950.23 Los mecanismos de retroalimentación tradicionales, tendentes por lo general --pero no siempre-- a propiciar estrategias sostenibles a largo plazo, y el papel de la comunidad rural como mantenedora de los equilibrios territoriales antrópicamente logrados, han entrado en crisis con la producción agropecuaria y forestal característica de la segunda mitad del siglo XX en los países industrialmente desarrollados. Las distintas partes complementarias del ecosistema antrópico agrosilvopastoral se han visto desgajadas unas de otras, convirtiéndose en sectores aislados y dependientes de inputs exteriores de origen industrial. Su localización o sus escalas respectivas han pasado a regirse por decisiones mercantiles y políticas casi enteramente dictadas desde el exterior. Han perdido con ello toda coherencia territorial con el lugar donde se asientan. (Por ejemplo: las cargas ganaderas que generan acumulaciones de 21

F. González Bernáldez (1981:160 y 166).

22

E. A. Wrigley (1993). Para el concepto de agroecosistema energéticamente subsidiado desde el 2 exterior véase, entre otros, G. Leach (1981), E. P. Odum (1995 ) y J. M. Naredo (1996).

23

J. M. Naredo (1996) y F. González Bernáldez (1981:141-177). Para el ejemplo de la Val Padana, F. Cazzola (1996:64).

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purines imposibles de asimilar por los cultivos, la sustitución de las rotaciones por monocultivos monótonos, el abandono de las técnicas de restitución de materia orgánica a los suelos, o la extensión de bosques igualmente monótonos y degradados donde antes había mosaicos que actuaban de barreras a la propagación de las plagas y el fuego). En consecuencia, las comunidades rurales están perdiendo rápidamente, o han perdido ya del todo, su función tradicional de cuidar y mantener los equilibrios propios de un territorio antrópicamente gestionado. El resultado paisajístico es una extrema “trivialización del medio”.24 Por eso las fuentes cartográficas existentes hasta 1950, y las primeras fotos aéreas sistemáticas del territorio realizadas en el mismo período, son tan importantes para conocer los equilibrios o desequilibrios preexistentes antes de la gran crisis territorial de nuestros días. 12. Las comunidades rurales nunca actuaron a su aire, ni los transportes a grandes distancias nacieron ayer. La atribución de la capacidad gestora del territorio a las comunidades rurales del pasado no significa que tales comunidades carecieran de conflictos o pulsiones internas y externas tendentes hacia actuaciones insostenibles. Las dos únicas ventajas reales de una gestión comunitaria más o menos colectiva del territorio, y de sus recursos naturales, es la tendencia a tomar decisiones adoptando horizontes temporales más largos en una situación de mutuo control de la propensión individual a “descontar” el futuro sobrevalorando el presente. Eso tampoco significa que aquellas comunidades tomaran sus decisiones colectivas libres de cualquier presión o interferencia exterior. Al contrario, todas ellas estuvieron sujetas a presiones ajenas procedentes de los señores feudales y de los Estados que les exigían rentas, prestaciones y tributos. También se vieron afectadas en uno u otro grado por las pulsiones de las redes comerciales, tanto las de radio corto por las que circulaban los intercambios intercomarcales como las de larga distancia tejidas por los grandes núcleos mercantiles organizados desde el sistema de ciudades. Sólo teniendo en cuenta los efectos persistentes de las presiones señoriales, fiscales y comerciales ejercidas sobre la comunidad rural podremos entender de forma cabal su manejo de los recursos naturales, su impacto territorial directo, y su “huella ecológica” global. 13. Parcelarios y redes viarias: la estructuración social del espacio. La organización del terrazgo y las lindes, y su imbricación con el hábitat de cada comunidad, revelan las pautas de asentamiento originarias a las que se superpondrían después sucesivos parcelarios y nuevas construcciones a modo de palimpsesto. La lógica territorial de cada forma de asentamiento no es independiente de las redes de mayor escala con las que estaban conectadas. Desde un enfoque socioecológico los sistemas viarios pueden considerarse como corredores que transmiten información e influyen, por consiguiente, en las pautas de asentamiento, parcelación y organización territorial. Del mismo modo que los ecosistemas no son sólo una colección de organismos, sino una estructura de información organizada que se mantiene y reproduce en el tiempo, los paisajes son también una estructuración del espacio que incorpora una gran cantidad de información humana en un 24

F. González Bernáldez (1981:151). “Tras un fugaz período de energía “barata” que permitió el olvido de condicionantes ecológicos locales y facilitó la adopción de soluciones uniformes, parece necesaria una atención mayor a las oportunidades y limtaciones específicas de cada entorno” (idem:249).

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importantísimo legado colectivo.25 Linajes e identidades se construyeron sobre la toponimia que daba nombre a la estructura territorial del paisaje. La definición de lindes y el control de los caminos fue objeto de innumerables y violentos conflictos, porque abrían (o no) el acceso a los recursos. 14. El paisaje como información organizada. En la evolución histórica de la relación entre la especie humana y el medio ambiente la información tiende a cambiar de lugar, desde el propio ecosistema hacia la sociedad. En los agroecosistemas disminuye la cantidad de información autoorganizadora al aumentar el grado de explotación humana y retroceder su madurez. Pero la información y la capacidad de organización del subsistema humano también crecen de forma correlativa.26 La conjunción en el territorio del sistema de información y control de las sociedades humanas, con la información autoorganizada de los sistemas naturales, configura los diversos paisajes como sistemas de signos a descifrar sensorial-intelectualmente por los individuos que viven en ellos. El problema de la sustentabilidad de ese cambio en el lugar y el sentido de la información organizada estriba en la coherencia o incoherencia entre el tipo de lógica que rige la masa creciente de información humana, y la que de todos modos sigue rigiendo el funcionamiento de los sistemas naturales de sostén. 15. La persistencia a largo plazo de la morfología social del territorio. Tanto las vías de comunicación a corta y larga distancia, por una parte, como las lindes del hábitat y el parcelario por otra, constituyen estructuras paisajísticas con una gran persistencia en el tiempo. Por lo común, y hasta la gran ruptura territorial posterior a 1950, las sucesivas etapas del poblamiento y los distintos sistemas agrarios tendieron a reutilizar una y otra vez las mismas redes viarias, los mismos parcelarios y la misma forma del hábitat. Por eso cabe considerarlos una segunda morfología social, superpuesta e integrada a la natural, que organiza el territorio de acuerdo con una lógica y una intención. Una de las vertientes del análisis del paisaje como construcción humana consiste en identificar la secuencia histórica de esa estructuración social del espacio a partir de la red de comunicaciones y de la organización territorial del acceso a los recursos. 16. La huella territorial como registro de las etapas de ocupación del suelo, y de la sucesión de sistemas agrarios. Las etapas sucesivas de ocupación humana del suelo, y de la organización de sus aprovechamientos agrosilvopastorales, deben relacionarse con la conjunción de demandas interiores originadas por el crecimiento poblacional, la superposición de demandas exteriores de origen señorial, estatal o comercial, y la evolución de las capacidades tecnológicas y culturales desarrolladas para atender unas y otras demandas. Según el grado de eficiencia o 25

Tal como observa Ramon Folch, el mar no puede acumular como información las huellas de la traza humana. Por consiguiente, tampoco puede configurar paisajes diversos: “El mar tiene historia, pero apenas memoria, porque se deshace constantemente en su resilente horizontalidad. (...) El mar, uno de los paisajes pictóricos más apreciados, es el no-paisaje socioecológico” (R. Folch, 1999:250). Por su parte Fernando González Bernáldez ya señalaba en Ecología y paisaje “la escasa histéresis de la nubosidad que acompaña a un paisaje que está cambiando a cada minuto” (1981:141).

26

F. González Bernáldez (1981:159).

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productividad alcanzada por cada sistema de aprovechamiento agrosilvopastoral, y cada conjunto de tecnologías agrarias aplicadas al manejo del suelo y el agua, también será distinta la traducción territorial de tales demandas. Es decir, su traza directa en el territorio y su “huella ecológica” global. La investigación histórica y arqueobotánica del territorio puede ayudarnos a interpretar la formación de los paisajes precisando, por ejemplo, la cronología de la introducción o extensión de ganados y cultivos, la abertura de pastos, la construcción de terrazas, riegos o ramblas, y la modulación en general del conjunto de aprovechamientos de los recursos del territorio (figura 2). FIGURA 2: EL PAISAJE COMO HUELLA TERRITORIAL DE LA INVERSIÓN DE TRABAJO Y LA ACUMULACIÓN DE CAPITAL-TIERRA

paisajes agrarios históricamente construidos capacidades tecnológicas y niveles de vida organización del trabajo

inversión en capital-tierra

fuente: elaboración propia

17. Los resultados de la intervención humana sobre el medio: ¿Malthus o Boserup? El proceso histórico de formación y desarrollo de los paisajes agrarios puede leerse, en relación al conjunto de demandas que debían proveer y sostener, como una combinación de respuestas malthusianas y boserupianas. Dado un determinado manejo territorial preexistente --es decir, antrópicamente alcanzado con un determinado sistema técnico y cultural--, la ampliación de las demandas originadas por el crecimiento poblacional y las presiones exteriores tenderían a desbordar los equilibrios agrosilvopastorales, y sus márgenes de adaptación. Esa sería la típica situación malthusiana generadora de rendimientos decrecientes. Pero tales situaciones no deben contemplarse como un destino fatal, sino como un desafío. Junto a otras respuestas adaptativas de tipo demográfico --emigración temporal o definitiva, restricción de la natalidad--, el desafío malthusiano también podía inducir un conjunto de respuestas de signo “boserupiano”: intensificar el trabajo humano aplicado en la interacción suelo-vegetación (figuras 1 y 2) buscando nuevas formas de incrementar la producción de biomasa derivable hacia usos humanos. 18. Resiliencia e histéresis: la historia como bifurcación. La histéresis es un cambio de estado que no puede explicarse sólo por las fuerzas actuantes en el momento en que éste se registra, porque obedece también a la acumulación previa de factores causales en el pasado. Como la gota que desborda el vaso, desde un punto

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de vista fenomenológico parece una reacción exagerada a una causa menor. La transformación que origina sólo puede entenderse recurriendo al pasado, es decir a la historia.27 La resiliencia es el fenómeno contrario: la tendencia de un sistema a seguir siendo lo que es. Para que predominen los comportamientos resilentes un sistema debe poder encajar dentro de un determinado nivel las perturbaciones internas o externas que registra. Resiliencia e histéresis pueden considerarse manifestaciones fenomenológicas de un factor común: la existencia de umbrales de adaptación a las tensiones o perturbaciones de un sistema. Cuando éstas, o su efecto acumulativo en el tiempo, superan el umbral de resiliencia se desencadena una transformación de carácter irreversible. Ese cambio de estado puede considerarse una bifurcación en la trayectoria del sistema como un todo. La irreversibilidad implica que el tiempo no pasa en balde, ni tiene marcha atrás: el movimiento no es una mera traslación de elementos, sino un verdadero cambio.28 La historia de tales bifurcaciones es una dimensión imprescindible para comprender el sistema y sus cambios de estado. Estudiarlos supone identificar aquellos parámetros cuya acumulación o combinación pueden desbordar los sucesivos umbrales de adaptación y resiliencia. 19. Los procesos de producción y destrucción humana del suelo. Tal como argumentó Esther Boserup, los suelos agrarios y su fertilidad agrícola también son un producto de la actividad humana.29 En el proceso natural de la formación del suelo intervienen: 1) la litología; 2) las pendientes, orientaciones y escorrentías resultantes de la geomorfología; y la interacción entre 3) el clima y 4) la vegetación zonal que corresponde a aquellos substratos y a dicho clima. La conjunción de esos cuatro factores --clima, vegetación, geomorfología y litología-- determina un suelo zonal. Pero en la formación natural de los suelos también juega un importante papel un quinto conjunto de factores azonales, estrechamente ligados al tiempo.30 Es decir, a la historia. Son los efectos persistentes y acumulativos de la acción erosiva del agua, el viento y la insolación. Esos factores generan arrastres de materiales en unos puntos (laderas y quebradas denudadas, cárcavas, arroyadas, ramblas) y acumulación en otros (vegas, marismas, deltas).31 La aplicación de trabajo humano para colaborar con la Naturaleza en la formación y el mantenimiento de suelos agrarios productivos puede considerarse desde un punto de vista agroecológico un factor “azonal” más, que unas veces mantiene y otras acelera los procesos preexistentes de formación o destrucción de suelos. También desde ese punto de vista es enorme la ruptura representada por los usos agrarios antes y después de 1950.32 27

F. González Bernáldez (1981:20 y 51). R. Folch (1999:294-295).

28

I. Prigogine (1997 y 1999).

29

E. Boserup (1967).

30

J. Mª Gascó (1993 y 1996).

31

La “celularidad” característica de los mosaicos paisajísticos mediterráneos es un reflejo territorial de la importancia que en ellos adquiere la azonalidad: F. González Bernáldez (1981:13-33).

32

La cantidad de minerales removidos por la actividad humana asciende a unos 67.000 millones de toneladas anuales (1995), multiplicando por cuatro los arrastres de todos los ríos del mundo (J. M. Naredo y A. Valero, 1999:11). Muchos de esos ríos se encuentran tan regulados, canalizados o desviados que en su desembocadura apenas aportan agua, limos y nutrientes a las plataformas marinas.

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20. El suelo como capital natural históricamente acumulado. En la agricultura industrializada el supuesto de la sustituibilidad ilimitada de cualquier recurso ha llevado a convertir los suelos agrarios en un mero soporte inerte, acelerando los procesos erosivos de destrucción muy por encima de los de formación de nuevo suelo. Los colores pardos ricos en materia orgánica del horizonte A apenas son ya reconocibles en el paisaje mediterráneo, donde en los suelos más característicos suelen predominar los tonos rojizos arcillosos del horizonte B, mientras en muchos puntos de fuerte erosión algunos suelos intensamente labrados ya dejan al descubierto los colores blancuzcos del horizonte C calizo. Ese consumo de suelo también supone una pérdida notable de su capacidad de retención de agua, que en el Mediterráneo es el factor limitante más severo para la capacidad de producción de biomasa. Dada la menor profundidad y la mayor vulnerabilidad de los suelos mediterráneos, esa dilapidación de un activo ecosocial de vital importancia es aún más irresponsable que en otras partes del mundo. En el Mediterráneo el complejo formado por la interacción suelo-agua es un capital “natural” históricamente acumulado, fruto de las diversas estrategias agrarias “boserupianas” del pasado tendentes a generar y mantener suelos fértiles y profundos.33 En la actualidad, y a consecuencia de la gran crisis territorial posterior a 1950, se registran pérdidas anuales de suelo superiores a 15 toneladas por hectárea en casi un tercio del territorio circumediterráneo.34 La investigación histórica y arqueobotánica de los paisajes mediterráneos puede recuperar la memoria de dicho capital en la consciencia social. Quizá contribuya con ello a auspiciar las actuaciones necesarias para recuperarlo y mantenerlo en la realidad.35 21. La alternancia de etapas de “creación” y etapas de degradación. La profundidad y gravedad de la ruptura representada por el antes y el después de 1950 podría tender a borrar los claroscuros de un pasado que no fue homogéneo ni lineal. La larga interacción histórica entre las sociedades humanas y su medio natural registró sin duda muchos y significativos vaivenes que dejaron su huella en el territorio. Cabe suponer a modo de hipótesis que a lo largo de las sucesivas etapas del poblamiento, y de la explotación agrosilvopastoral de los recursos, se sucedieron momentos de “creación” boserupiana y otros momentos malthusianos de sobrepresión sobre las capacidades productivas existentes hasta el momento. Las primeras acumularon en el territorio mayores dosis de capital-tierra, o aumentaron su productividad mediante aterrazamientos, sistemas de riego, plantaciones, mejoras ganaderas o utillajes y prácticas agrícolas más eficientes, permitiendo sustentar mayores demandas directas o indirectas sobre el mismo territorio. Pero si las nuevas demandas originadas por el crecimiento poblacional, las exacciones señoriales o tributarias, y las nuevas necesidades generadas por la intensificación de los intercambios superaban las capacidades y los márgenes de adaptación de aquellos activos territoriales, el desafío malthusiano y los rendimientos decrecientes ricardianos 33

R. Garrabou y J: M. Naredo edits. (1999).

34

J. Bacaria, R. Folch y otros (1999:31 y 76).

35

Véase J. Mª Gascó (1993 y 1996). Para la noción general de “capital natural” desde la economía ecológica véase Th. Prugh edit. (1995).

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entrarían de nuevo en escena.36 22. Aterrazamientos, riegos y plantaciones: localizar y datar el capitaltierra.37 Tal como se ha sugerido desde la demografía histórica, la correlación entre densidades de población y capacidades productivas por habitante parece haber registrado sucesivas “burbujas boserupianas” dentro de las cuales habrían operado las tendencias asintóticas hacia un “techo malthusiano”. Entre “burbuja” y “burbuja” se habrían producido cambios en profundidad en el manejo de los recursos, con nuevas acumulaciones de capital-tierra y de saberes agrarios que habrían permitido “saltar” hacia la mayor capacidad de sustentación de la “burbuja” siguiente. De ser así, en el palimpsesto del paisaje deben haber quedado especialmente registradas aquellas etapas de inversión boserupiana dirigidas a ampliar la capacidad de sostén humano del territorio. Precisar la geografía y la cronología de los aterrazamientos, las plantaciones o los sistemas tradicionales de riego y drenaje, o de sus mejoras y ampliaciones ulteriores, es una parte importante de la tarea a realizar. Identificarlos con los instrumentos de la geografía histórica puede ayudar también a vindicarlos como una verdadera “arquitectura del paisaje”, a mantener y preservar para el futuro. 23. El paisaje como logro de una dinámica coevolutiva.38 Entender la historia del paisaje desde una perspectiva socioecológica significa identificar los factores ambientales que determinaron las capacidades y “vocaciones” de un medio natural, por una parte, y esclarecer por otra los factores demográficos, sociales, económicos, tecnológicos y culturales que permitieron sustentar en aquel territorio las demandas crecientes de recursos, absorbiendo a la vez los residuos y los impactos generados por las mismas sociedades humanas. En la medida que quiere explicar la interacción de doble sentido entre estas sociedades y aquel medio natural, la visión socioecológica del paisaje no puede admitir ninguno de los dos reduccionismos -económico o ecológico-- en los que se puede incurrir cuando se considera a la especie humana como algo intrínsecamente distinto y separado de su entorno natural, o cuando se presenta al medio natural como algo completamente separado e incompatible con la acción humana. Las sociedades humanas y los paisajes comparten una larga historia de coevolución. Esa visión coevolutiva considera a cada paisaje singular como algo más que el resultado de una mera necesidad. Es un logro cultural. Las culturas agrarias, y las culturas humanas en general, han moldeado con formas distintas e intenciones diversas la intrínseca heterogeneidad del marco espacio-temporal en el que discurren los procesos naturales y sociales. A ese marco construido que los seres humanos heredamos de las generaciones pasadas y legamos a las generaciones futuras, le llamamos paisaje. Sobre él seguimos construyendo nuestra identidad personal y colectiva.

36

Para esta síntesis dinámica de los enfoques de Malthus y Boserup véase R. D. Lee (1986, 1987 y 1990).

37

Para la noción de capital-tierra, y la diferencia clave entre su significado físico y su valoración monetaria, véase P. Campos (1993:288-289).

38

Para el concepto de coevolución en ecología véase E. P. Odum, 1995 :192. La aplicación del concepto a las relaciones entre las sociedades humanas y el medio natural supone considerar que “la agricultura, y cualquier forma de explotación del territorio, es un pacto entre predadores” (R. Folch, 1999:174).

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24. “Dependencia histórica” de la coevolución: cuando la historia también cuenta.39 Los ejes originales de estructuración del territorio, y su ampliación o modificación ulterior por cada una de las sucesivas comunidades que debieron satisfacer sus demandas explotando los recursos naturales, tecnológicos, políticos o culturales a su alcance, delimitaron las posibilidades posteriores de usar ese mismo espacio heredado. El legado de las generaciones anteriores posibilitaba, y limitaba a la vez, las opciones existentes para cada nueva generación. Esa trayectoria a largo plazo implica una “dependencia histórica” de la dirección tomada en cada caso por la coevolución entre sociedades y paisajes (path dependence).40 En cada caso, y en cada bifurcación histórica, la introducción de una determinada modificación espacial se convertirá en un factor condicionante de lo que puede o no puede ocurrir en el futuro, o de su probabilidad. Las decisiones territoriales codeterminan la evolución futura del sistema territorial, tanto en su composición “natural” como en su aprovechamiento social y su capacidad de sostén. Para entender la coevolución entre sociedades y territorios como una dinámica no lineal, y para interpretar cabalmente nuestros paisajes actuales, la historia cuenta. 25. Leer y entender el paisaje: un reto holístico. En tanto que logro cultural los paisajes son algo más que una simple conjunción de procesos sociales, económicos y medioambientales que conforman un espacio concebido como mero contenedor de la actividad humana. Cada uno de ellos ha surgido de un proceso coevolutivo dinámico y singular. Partiendo de una estructuración originaria, que requiere ser datada y entendida, la definición de unas arterias primarias de comunicación a través de lugares, ríos, caminos y sendas abrieron acceso, con formas distintas en cada caso, a una constelación de asentamientos y aprovechamientos del territorio que sólo haciendo abstracción de aquellas estructuras puede parecernos aislada o inconexa. Únicamente una visión transdisciplinar que integre la información procedente de la ecología, la geografía, la demografía, la economía, la sociología y la historia puede explicar de forma holística por qué nuestros pasajes mediterráneos son los que son, explicando coevolutivamente cómo llegaron a serlo. “No es difícil concluir que para la interpretación de paisaje y para la correcta gestión de los recursos que ésta permite el enfoque histórico es una necesidad.”41

39

Este y los siguientes epígrafes se basan especialmente en la comunicación de R. Buxó, “La arqueología del paisaje en el análisis histórico” al V Encuentro entre técnicos e historiadores (Granada 4-5/11/1999), y en otros trabajos suyos (R. Buxó, 1997; J. McGlade, M. Picazo, F. Breton, R. Buxó, R. Congost, D. Saurí, E. Saguer et alii, 1997; R. Buxó, J. McGlade, J. Mª Palet y M. Picazo, 1998).

40

W. B. Arthur (1988) citado por R. Buxó, J. McGlade, J. Mª Palet y M. Picazo (1998:409). Para la admisión desde el ámbito de la economía de la path dependency, y la persistencia de ciertos componentes culturales o materiales de la tecnosfera humana --el fenómeno llamado QWERTY--, véase P. Krugman (1992:110).

41

F. González Bernáldez (1981:146).

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II. SUGERENCIAS DE MÉTODO La caracterización morfológica, ecológica y sociohistórica del espacio de estudio elegido requiere una aproximación transdisciplinar mediante la superposición cartográfica --por ejemplo a la escala 1:50.000 de los mapas topográficos, o a 1:25.000 de la fotografía aérea-- de sucesivas representaciones territoriales: soporte geológico y relieves, mapas edafológicos e hidrológicos, mapas de usos del suelo (actuales y remotos), asentamientos humanos, corredores naturales y organización de la red viaria, toponimia, estructura del parcelario, terrazas y sistemas de riego, etc. Toda esa variada información espacial puede combinarse después con los sistemas de información geográfica (SIG). La fotointerpretación mediante el análisis esteroscópico detallado de las fotos aéreas más antiguas, y su contrastación con la visión actual sobre el terreno, puede ofrecer muchas claves sobre la estructura territorial vigente hacia 1950 y su desestructuración posterior.42 A su vez ese reconocimiento de la estructura territorial heredada constituye un punto de partida para un análisis retrospectivo basado en otras fuentes documentales y arqueológicas. Las fuentes documentales de archivo (cartografía histórica, censos, amillaramientos y catastros, recuentos decimales, libros de viajes, memorias, documentación patrimonial y notarial, etc.) son suficientemente conocidas por los historiadores.43 A su vez, mucha de esa información documental puede representarse cartográficamente siguiendo los métodos de la geografía histórica, apoyándose en el reconocimiento previo de la estructura territorial con la ayuda de los SIG. Finalmente, el registro arqueológico, arqueobotánico y palinológico puede esclarecer muchos aspectos, o desmentir falsas pistas, más allá del alcance de la documentación escrita conservada y accesible.44 Una vez identificada y procesada, para interpretar esa variada información transdisciplinar se requieren teorías y modelos de análisis. Los resultados obtenidos del estudio histórico de las técnicas agrarias, y de los cambios en la productividad agrícola en distintas etapas y sistemas, permite disponer de diversas estimaciones de coeficientes técnicos (producciones por hectárea, necesidades de ganado y nutrientes por hectárea, etc.)45 que son susceptibles de traducción a unidades de superficie para calcular sus respectivas “huellas ecológicas” (esto es, las dotaciones de tierra de cada tipo --cereal, pastos, bosque, etc.-- requeridas para obtener una unidad de producto o para mantener una determinada población y/o un volumen determinado de excedente). Tales estimaciones deben integrar la variedad de productos y servicios necesarios para el sostén global de las comunidades rurales y urbanas --cereales, legumbres, carne, combustibles, fuerza de tiro, material de construcción-- y, por 42

Véase a modo de ejemplo el Atles ambietal de la Mediterrània/Environmental Atltas of the Mediterranean recientemente editado por J. Bacaria, R. Folch y otros (1999: esp. 80-81, 109, 127-133, 158, 174-175, etc.)

43

Véase a modo de ejemplo The Making of the English Landscape (1981 ), el clásico estudio de W. G. Hoskins publicado por primera vez en 1955.

44

Véase, a modo de ejemplo, J. L. Araus, A. Febrero, R. Buxó, M. D. Camalich, D. Martin, F. Molina, M. O. Rodríguez-Arias y I. Romagosa (1997).

45

Véase, a modo de ejemplo, B. M. S. Campbell y M. Overton edits. (1991).

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consiguiente, también los equilibrios agrosilvopastorales necesarios para sustentarlos cerrando el ciclo de los nutrientes según los sistemas de fertilización disponibles.46 La traducción a “huellas ecológicas” de tales demandas y requerimientos permite calcular las dotaciones globales de tierra para distintas densidades de población en un mismo territorio, dadas también unas determinadas extracciones (rentas, impuestos, ventas) y entradas (compras exteriores). Esa aproximación debería permitir detectar en qué momentos pudo darse una situación de sobrepresión sobre los recursos disponibles, y en qué momentos se generaron respuestas innovadoras para acrecentar su capacidad de sustentación mediante cambios en los sistemas agrarios y nuevas inversiones de trabajo en la dotación de capital-tierra existente. Tales hipótesis pueden confrontarse después con los registros documentales, arqueológicos y arqueobotánicos, para corroborarlos o desmentirlos. El trabajo de campo arqueobotánico puede incluso rescatar simientes de especies o variedades antiguamente cultivadas, y que se pueden volver a cultivar en campos experimentales para comprender mejor los tipos de utillaje y manejo del suelo a los que estaban asociados.47 Esa aproximación a la huella territorial desde las demandas económicosociales y los requerimientos técnicos debe permitirnos establecer una secuencia de “bifurcaciones”, cada una de las cuales habrá dejado un impacto sobre la estructura territorial condicionando las opciones en la encrucijada siguiente. Una vez datadas y explicadas las respuestas concretas dadas por los grupos humanos a las encrucijadas de aquella secuencia territorial a largo plazo --mediante la adaptación de especies existentes o la introducción de otras nuevas, la edificación de terrazas y riegos, la derivación de tarquines mediante ramblas, la estimulación del avance del bosque o su retroceso para la abertura de pastos, el recurso a plantaciones, etc.-- los resultados de la investigación histórica y arqueobotánica pueden volver a confrontarse de nuevo, cerrando el círculo, con la vegetación potencial que según los modelos teóricos disponibles debería corresponder a las características naturales de la zona: substrato edáfico y pendiente, pluviosidad y escorrentía, temperatura, etc.48 Cuanto más difieran ambos resultados --salvo error u omisión en la aplicación sobre el terreno de uno y otro método--, más hondo habrá sido el impacto antrópico duradero que ha dejado su huella incorporada en el paisaje. 46

Partiendo del balance nutrientes en una agricultura atlántica de base orgánica que practicara una rotación trienal clásica, Robert S. Shiel ha calculado, por ejemplo, que para alcanzar la mayor productividad la proporción óptima de superficie cultivada (ager) en relación a la superficie agraria total (ager+saltus+silva) no debía superar el 15% (R. H. Sihel, 1991:70). Además de los coeficientes técnicos para cada cultivo o producto tomado aisladamente, es esencial que el cálculo de las “huellas ecológicas” se base también en esos umbrales óptimos del equilibrio agrosilvopastoral característico de las sociedades de base orgánica. Para el entorno Mediterráneo eso significa tomar en consideración las complementariedades entre territorios y paisajes diversos, que podían explotarse por ejemplo a través de los circuitos de trashumancia (J. Mª Gascó, 1996:48).

47

Véase R. Buxó (1997).

48

En el Departamento de Ciencias de la Tierra del CSIC, situado en la Estación Experimental del Zaidín (Profesor Albareda nº 1, Granada) José Luis González Rebollar ha desarrollado uno de esos modelos teóricos de vegetación potencial o zonal, que está disponible para cualquier investigador (email: toza@eez.csic.es). Otro instrumento útil es el índice de fragilidad ecopaisajística (IFE) elaborado en Barcelona por el Estudi Ramon Folch (ERF) combinando tres parámetros básicos: la naturaleza del substrato, la pendiente y la pluviometría de un determinado territorio. Véase R. Folch (1999:155-161).

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Ética i estética del paisatge Jörg Zimmer


Les estètiques del paisatge I Seminari Internacional sobre Paisatge 13, 14 i 15 de novembre de 2003

Ètica i estètica del paisatge Jörg Zimmer Professor d’Estètica Universitat de Girona

La reflexió sobre l'experiència del paisatge comença al principi de l'època moderna. No comença pas en la filosofia, sinó en la poesia i en la pintura. En el seu estudi clàssic sobre el Renaixement, l'historiador Jacob Burckhardt ha situat l'origen del descobriment de la bellesa paisatgística en la Itàlia del segle XIV. Burckhardt també va tractar de l'horitzó històric de la mentalitat humana en el qual s'ha d'entendre l'experiència del paisatge: considera els principis d'un sentiment modern per la natura juntament amb els principis de l'observació científica de la naturalesa. La contemplació estètica del paisatge és un esdeveniment que es desenvolupa paral·lelament a la recerca empírica de la ciència moderna. Els dos enfocaments nous canviaran la relació general que manté l'home amb la naturalesa. Des d'un punt de vista del segle XX, la nova relació científica es pot definir, amb Max Weber, com a racionalització. Aquesta relació merament funcional negligeix la contemplació de la naturalesa i del món sencer, i per tant crea la necessitat d'articular una visió contemplativa a través d'un altre accés a la natura: l'aproximació estètica. Volem desenvolupar la tesi que l'estètica moderna és un complement crític a la investigació científica sobre la natura. També és una reflexió crítica de la praxi humana. Les dues funcions es manifesten en el tema filosòfic del paisatge. Mitjançant el paisatge es poden explicar conceptes bàsics de l'estètica moderna. En la reflexió del paisatge podem descobrir i contemplar la inevitable unitat entre natura i cultura. Però la qüestió filosòfica és, tenint en compte la llarga presència del paisatge en la mentalitat moderna, per què la filosofia ha tardat tant -fins al segle XVIII- a reflexionar sobre problemes estètics al voltant del paisatge. La resposta la trobem en la mateixa concepció moderna de la filosofia o bé en la seva orientació metòdica cap a les ciències. A causa d'aquesta orientació científica, la filosofia, al principi de l'època moderna, no disposava de les categories adequades per desenvolupar un interès estètic per la natura. En la filosofia premoderna, la contemplació de la

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natura sencera i del món coherent expressada en l'experiència estètica del paisatge tenia el seu propi lloc en el concepte de la theoria o bé de la contemplatio. La filosofia antiga tenia la pretensió de ser una teoria del kósmos, és a dir, una visió contemplativa de la totalitat del món. La paraula kósmos vol dir món sencer, considerat com a conjunt ordenat. Com que el kósmos representa una harmonia, ja és una joia. No hi ha cap necessitat de contemplar-lo mitjançant l'experiència estètica d'un individu. En la seva orientació envers principis teleològics, la filosofia antiga i també la medieval implicaven ja una representació de la totalitat del món en el mateix pensament filosòfic, i per tant no tenien consciència de la unió estètica entre món i home experimentada en el paisatge. El filòsof Joachim Ritter, en una contribució important sobre el problema filosòfic del paisatge, ha destacat que l'estètica moderna reprèn l'herència d'aquell vell enfocament. A mesura que l'estètica moderna segueix i transforma l'antiga concepció de la coherència i la unitat del món sencer, pot esdevenir un complement a l'interès metòdic i analític de les ciències o bé de la filosofia moderna. Aquesta funció compensativa de l'estètica, és a dir, el seu caràcter contemplatiu, s'expressa de manera paradigmàtica en l'experiència estètica de la naturalesa. El paisatge, però, vol dir alguna cosa més que presència d'una naturalesa coherent: significa -i aquí s'acaba l'analogia amb el pensament metafísic de les èpoques anteriors- la presència d'un subjecte que reflexiona sobre el paisatge com a natura bella. El descobriment estètic del paisatge implica un autodescobriment del subjecte autònom. L'experiència estètica del paisatge significa una relació totalment nova de l'home amb la naturalesa. Aquesta és ben diferent de la investigació científica i de l'apropiació social de la natura mitjançant el treball. Aquí es pot constatar una altra analogia entre contemplació del paisatge i desenvolupament general de l'estètica moderna: el concepte modern de les belles arts implica la idea d'un ésser especial de l'obra artística; ni és producte de ciència ni tampoc un producte útil de l'artesania, sinó un objecte merament produït per la contemplació estètica. Kant diferenciava les belles arts com a finalitat sense fi i l'art en general com a habilitat d'engendrar lliurement qualsevol producte humà. Quan defineix el bell com a satisfacció desinteressada que esdevé determinada pel judici estètic, resumeix en termes filosòfics l'opinió de l'època sobre l'art. La contemplació del paisatge també és una forma d'aquesta satisfacció desinteressada. Però aquí tenim una diferència important: el paisatge no és pas, o almenys no és del tot, un artefacte artístic. En l'art l'home es pot crear un regne autònom d'idees estètiques, perquè l'art és totalment un producte seu. Però el paisatge -tot i que sigui parcialment treballat per l'home en el paisatge cultural- sempre implica, almenys, un moment que se sostreu a la disponibilitat de l'home. Malgrat tota possible representació estètica, el paisatge, doncs, continua essent una realitat autònoma que transcendeix la total arbitrarietat de l'home. Aquesta realitat implica el fet que la relació de l'home amb la naturalesa no pot ser merament estètica, sinó que sempre és també una relació real, que es reflecteix en la seva reflexió estètica del paisatge. Hi ha dues maneres d'assimilar aquesta contradicció entre realitat i idealitat del paisatge; la teoria estètica es pot limitar a reflexionar sobre la representació del paisatge en l'art i, per tant, privar-se

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de l'impacte directe de la naturalesa. Llavors la percepció de la natura es filtra a través de la consciència artística, és a dir, es nega la contradicció transformant el paisatge en un producte. L'altra possibilitat és reflexionar sobre l'experiència del paisatge com a problema general de la bellesa natural. Joachim Ritter va treure una conclusió de la seva observació de l'enllaç entre l'experiència del paisatge i els motius bàsics de l'estètica filosòfica moderna: diu que l'estètica contemporània en general hauria de compensar els dèficits creats per la societat moderna i la seva relació tècnica i científica envers la realitat. La unió ideal entre home i natura en la contemplació del paisatge ha de crear una compensació de la discòrdia real entre tots dos que condueix la praxi humana. Aquesta, però, és paradoxal: en la mesura en què l'oposició entre natura i esperit queda compensada estèticament, l'estètica està prorrogant i fins i tot perpetuant la desunió en la relació real que manté la civilització amb la natura. Llavors tenim dues naturaleses hermèticament separades: una bella per a si i una altra com a objecte de l'explotació humana. La tesi idealista de Ritter oblida que no es pot superar del tot la contradicció entre home i natura en la cultura -ni dominant-la en la praxi ni contemplant-la en l'estètica. Hi ha un enllaç imprescindible de l'home amb la totalitat de la natura: la necessitat humana d'autoconservació. Això vol dir que la reconciliació amb la natura maltractada no pot ser un acte purament estètic: cal tenir present que el desenvolupament humà es realitza a base d'una realíssima unitat amb la natura. La cultura, doncs, no es troba més enllà de la natura, sinó que té el seu fonament dins de l'àmbit natural. La contemplació de qualsevol paisatge civilitzat pot mostrar aquesta unitat inevitable entre natura i cultura; pot mostrar també l'oblidada superioritat de la natura sencera, en la qual el treball humà només es va inscriure. L'actualitat de l'estètica filosòfica no consisteix a ungir les ferides de la civilització moderna, sinó a criticar i reflexionar sobre la praxi moderna envers la naturalesa. L'estètica pot realitzar aquesta reflexió mitjançant el seu enfocament especial, que li permet d'observar una certa distància respecte a la mateixa praxi i plantejar la natura com a tal. No pot pas ser la tasca de l'estètica adornar l'explotació desconsiderada del nostre ambient natural. L'actualitat d'una estètica del paisatge consisteix en la possible anticipació estètica d'una reconciliació real entre natura i cultura, és a dir, d'una reconciliació feta per la societat. El gran teòric de l'estètica contemporània Theodor W. Adorno va destacar que el bell natural no existeix mai independentment de la consciència sociohistòrica de cada època. El paisatge cultural és un enllaç objectiu i inseparable de la bellesa natural i artificial. És una configuració d'aquesta consciència sociohistòrica estesa en l'espai. Adorno critica tota mena d'actualització de Rousseau i el seu "retournons à la nature". Adorno critica sobretot la consideració del bell natural com a parc natural hermèticament tancat davant l'alienació social. Crear un reservat natural a fi de poder refugiar-se de la societat significa per a ell una decoració ideològica de la relació objectivament falsa que es realitza en la praxi social. Una retirada parcial i purament estètica d'aquesta falsa praxi és una il·lusió, perquè perpetua la mala relació que manté la societat amb la naturalesa. La reconciliació de la cultura amb

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la natura seria una tasca social. La cultura és dominada pel principi de domini. Adorno construeix un lligam fort entre la voluntat de saber i la de dominar: la filosofia i la ciència són, segons ell, l'intent de conèixer la natura per poder dominar-la. L'altra banda de la natura és, doncs, el seu caràcter no idèntic: ella significa allò que és indisponible, indominable per la societat humana. La no-identitat és un terme importantíssim de la filosofia adorniana: el no idèntic és allò que l'home no pot identificar amb si mateix, allò que s'escapa del domini social. Aquest sentit positiu de la natura com a no-identitat es mostra en el bell natural. Si en aquest punt volem plantejar la pregunta per una ètica del paisatge, és a dir, per la seva naturalesa i les exigències que se’n deriven, hem de tenir clar, per una banda, quin és el problema que tracta i, per l'altra, els problemes que es presenten a l'hora d'intentar la seva fonamentació. Una ètica del paisatge no és ni pot ser de cap manera, com es veurà tot seguit, un tipus clàssic d'ètica. En primer lloc pel problema que tracta, és a dir, per la naturalesa de la relació ètica que formalitza. Com dèiem abans, allò interessant del paisatge i, per dir-ho així, la seva gràcia filosòfica és que es tracta d'un fenomen mixt: les distincions clàssiques, com ara la que s'estableix entre natura i cultura, no funcionen perquè els paisatges culturals són exemples per l'entrellaçament, per l'inevitable unitat entre natura i cultura. Això vol dir que són manifestacions d'una determinada relació de l'home amb la natura i, en conseqüència, és aquesta relació amb la natura sencera el que ha de tractar una ètica del paisatge. Totes les ètiques clàssiques, però, plantegen només relacions entre homes que, per la seva naturalesa, són simètriques, mentre que la relació entre home i natura és inevitablement asimètrica. Aquesta diferència planteja un gravíssim problema de fonamentabilitat: la asimetria de la relació ètica en qüestió significa que es perd la reciprocitat i, per tant, la força de l'obligatorietat de les normes derivades. Una ètica del paisatge que ve a ser en últim terme una ètica ecològica- cedeix drets a la naturalesa que aquesta no pot reclamar; i, d'altra banda, es tracta d'una cessió de drets a canvi de la qual no hi ha deures per part de la naturalesa. En resum, una ètica del paisatge té greus problemes sistemàtics a causa de la relació moral que tracta. Per aprofundir aquesta problemàtica, volem reconstruir breument la proposta clàssica d'una ètica ecològica, el principi de la responsabilitat de Hans Jonas. Aquí es veuen tots els problemes d'una manera paradigmàtica. El punt de partida de l'ètica de Hans Jonas és la nova situació global de l'home en relació amb la tècnica moderna. Per primera vegada en la seva història, l'home ha de confrontar-se amb la possibilitat de ser perjudicat en la seva existència com a gènere. Aquesta nova situació de l'home exigeix una ètica fonamentalment nova: exigeix no només una responsabilitat particular en l'àmbit limitat de l'actuar individual, sinó que també proporcionalment al poder tècnic exigeix una responsabilitat universal per a la totalitat de l'ésser. En aquest sentit, l'ètica de Jonas és un nou tipus d'ètica: no reflecteix només situacions individuals de decisió, sinó que ha de ser una ètica de la praxi col·lectiva, ja que la nova dimensió de la praxi

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humana únicament es pot dominar en la forma de decisions socials. Així, Jonas transcendeix la pressuposició clàssica de tota teoria ètica que les relacions ètiques es basen en un reconeixement recíproc: el meu reconeixement de l'altre té el seu fonament en el meu ésser-reconegut per l'altre. El meu deure es defineix pel dret reconegut de l'altre i viceversa. Totes les relacions ètiques es fonamenten en aquesta simetria del reconeixement. Precisament aquí neix el problema bàsic per a la fonamentabilitat de l'ètica de la responsabilitat i de qualsevol ètica ecològica, és a dir, de les que es basen en un reconeixement no recíproc i unilateral que ens exigeix reconèixer els drets de la natura i de les generacions futures, dels quals, tanmateix, no es pot derivar cap deure envers nosaltres. El problema bàsic de l'ètica de la responsabilitat és el següent: reacciona a la relació tècnica de l'home modern amb el món. L'impuls bàsic de la tècnica, és a dir, el domini de la naturalesa, ha esdevingut una amenaça perquè la tècnica moderna ha alliberat forces que ja no es poden dominar en els seus efectes destructius. En aquest sentit Jonas planteja la tesi que el projecte modern de la tècnica -malgrat tots els èxits puntuals- ha fracassat ja que en la seva vulnerabilitat la naturalesa es mostra com a indominable. Ara bé, Jonas proposa no reaccionar a aquesta situació merament de manera tècnica. És evident que els danys causats per la civilització tècnica demanen correccions tècniques. Jonas considera, però, que aquestes compensacions tècniques no poden superar la dinàmica pròpia d'una relació merament tècnica amb el món i, per tant, exigeix una resposta ètica, és a dir, un canvi radical de mentalitat. El principi bàsic de l'ètica de la responsabilitat consisteix A evitar independentment del possible èxit a curt termini- qualssevol accions les conseqüències de les quals, imprevisibles i, per tant, probablement indomables, potser seran negatives per al futur. La civilització tecnològica ha creat una situació en la qual l'home necessàriament ha de reaccionar tècnicament als seus propis problemes. La crisi ecològica exigeix, doncs, solucions cientificotecnològiques. L'ètica de Jonas vol indicar el dilema d'una relació merament tècnica de l'home amb el món. Vol mostrar que una autoreflexió crítica de la civilització tecnològica ha d'acompanyar la necessitat del domini tècnic de la naturalesa amb un canvi de mentalitat; en altres paraules, ha d'exposar criteris ètics per a l'autocontrol i per a l'autolimitació del poder tècnic. Resumint breument, aquesta nova ètica ha de distingir-se de l'ètica tradicional pel fet que, en tota ètica clàssica, la praxi tècnica era moralment irrellevant perquè era insignificant en les seves conseqüències per a la comunitat humana. En l'època del poder universal de la tècnica, però, les concepcions clàssiques de l'ètica són insuficients per dominar la nova situació. Així, Jonas proposa l'ètica de responsabilitat com un nou tipus d'ètica cosmocèntrica, ja que la nova dimensió de la praxi no només afecta les relacions humanes de l'actualitat, sinó també la naturalesa sencera i l'existència de les generacions futures.

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Per tant, l'ètica de responsabilitat ha de distingir-se de tota ètica tradicional sobretot en tres punts: 1) Ha d'estendre la responsabilitat a la naturalesa; 2) Ha de fonamentar deures vers generacions futures; 3) Més enllà de la fonamentació d'accions individuals, ha de fonamentar principis de la praxi col·lectiva de la humanitat. Només aquestes modificacions essencials poden recuperar una relació ètica que sigui proporcional al poder tècnic. El principi de responsabilitat reflecteix les conseqüències col·lectives a llarg termini de la praxi tecnològica. El seu imperatiu exigeix evitar tot allò que, en les seves possibles conseqüències negatives, podria posar en perill la permanència de la humanitat o bé podria simplement limitar les possibilitats vitals de les generacions futures. Jonas defineix: “Un imperativo que se adecuara al nuevo tipo de acciones humanas y estuviera dirigido al nuevo tipo de sujetos de la acción diría algo así como: "Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra"; o, expresado negativamente: "Obra de tal modo que los efectos de tu acción no sean destructivos para la futura posibilidad de esa vida"; o, simplemente: "No pongas en peligro las condiciones de la continuidad indefinida de la humanidad en la Tierra"; o, formulado, una vez más positivamente: "Incluye en tu elección presente, como objeto también de tu querer, la futura integridad del hombre". (§ 39/40) En la mesura que tota responsabilitat sempre és un correlat proporcional del poder i aquest poder avui afecta de facto la naturalesa, l'ampliació de la responsabilitat s'ha de considerar com a conseqüència immediata de l'extensió del poder. Això, però, encara no implica cap decisió sobre el valor propi de la naturalesa. Només permet pensar-la com a fi en si mateixa quan és considerada com a fonament, és a dir, com a condició de possibilitat de l'existència humana. Aleshores la naturalesa com a condició de possibilitat de la vida humana és el valor bàsic en tant que condició necessària de totes les possibles valoracions particulars de l'home, és a dir, es tracta d'un valor universal que abraça i dóna possibilitat a tots els possibles valors parcials. Per tant, la praxi humana no pot negar el valor propi de la naturalesa sense negar alhora la vida humana com a fonament de tota possible valoració particular. Aquí Jonas veu la dignitat de la naturalesa: inclou la totalitat de tot ésser possible en general i de la permanència de la humanitat en particular.

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El problema sistemàtic més greu per a la fonamentabilitat de l'ètica de responsabilitat és la no-reciprocitat de la relació ètica que constitueix el principi de responsabilitat. En relació amb la natura i amb les generacions futures no funciona la idea comuna de l’ètica tradicional segons la qual el meu deure és la contrafigura d'un dret aliè. La responsabilitat com a principi constitueix una relació moral que és asimètrica, que es basa en un reconeixement unilateral d'un dret a l'existència de la natura i de la humanitat futura que no constitueix cap deure de la natura i de les generacions futures vers nosaltres. És precisament en aquest punt on neix el problema més important de l'ètica de responsabilitat i de qualsevol ètica de la natura: com es pot fer obligatori aquest reconeixement unilateral? Volem mostrar que una relació ètica no recíproca com a tal relació no es pot fer obligatòria objectivament ja que no hi ha un subjecte que tingui un dret i, per tant, que pugui fonamentar un deure nostre. Així doncs, la responsabilitat com a deure vers el futur només es pot fonamentar i només es constitueix en una decisió prèvia per part nostra de reconèixer el valor de la permanència de l'home en una natura intacta. Qualsevol relació recíproca immediatament és obligatòria perquè el meu ésser-reconegut per l'altre pressuposa com a condició necessària de la seva possibilitat el meu reconeixement de l'altre. En canvi, una responsabilitat no recíproca en tant que deure unilateral es pot denegar sense conseqüències. Per tant, imputar-se una responsabilitat per al futur sempre significa autoobligació i no és pas un deure objectiu que sigui inherent a una relació ètica existent. La conclusió és inevitable: l'ètica de responsabilitat no es pot fonamentar amb principis immanents de l'ètica, sinó que només pot rebre la seva última fonamentació de principis externs -tal com mostra Jonas mateix en la seva proposta d'una ontologia axiològica. El mèrit de l'ètica de Jonas consisteix en el fet de destacar aquesta radicalitat de la problemàtica ètica de la nostra època, és a dir, la necessitat d'un reconeixement unilateral a canvi del qual no rebem res. Tota responsabilitat per al futur és necessàriament autoobligació voluntària. El dilema per a una ètica de la natura o bé del paisatge és que existeix objectivament una responsabilitat universal de l'home com a correlat del seu poder tècnic universal; però ningú ens pot obligar a imputar-nos aquesta responsabilitat. Aquest resultat descriu molt bé la situació general en el discurs al voltant d'una ètica ecològica: la diferència fonamental entre diverses posicions és la que trobem entre un plantejament antropocèntric i un enfocament fisiocèntric de l'ètica de la natura. L'antropocentrisme epistèmic afirma que la perspectiva humana -i sobretot la perspectiva valorativa- és constitutiva de la nostra visió del món; els valors sempre són, a causa del seu caràcter relacional, valors a partir de i per a nosaltres. D'això se'n pot derivar un antropocentrisme moral o ètic, segons el qual només l'home té estatut moral. En conseqüència, l'antropocentrisme ètic planteja la impossibilitat d'entrar en una relació ètica amb la natura; la manera de tractar-la,

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protegir-la i transformar-la seria una qüestió de normativitat entre homes. En contraposició, el fisiocentrisme afirma valors absoluts que existeixen independentment de les disposicions humanes i, per tant, la seva acceptació, com per exemple la protecció de la integritat de la natura, és una exigència més enllà de la voluntat i conveniència humanes. No és el lloc aquí d'entrar en una discussió detallada dels problemes de l'ètica ecològica en general i les posicions esmentades en particular. M'agradaria, però, treure una conclusió encara que sigui molt sintètica: l'antropocentrisme és molt ben encertat quan insisteix en la necessitat de fonamentar principis ètics en relacions simètriques; en sentit estricte, la natura és incapaç d'entrar en l'univers moral que requereix consciència, voluntat, i per tant facultat valorativa, i, last not least, la facultat de reconèixer un dret aliè. El problema de l'antropocentrisme és, però, que no és capaç d'establir un deure vinculant amb la natura. El fisiocentrisme, en canvi, transcendeix el marc d'una ètica fonamentada en res més que la relació moral, és a dir, que ha de fer ús de pressupòsits metafísics o religiosos que ja no es poden legitimar amb l'estructura del discurs filosòfic, sinó que són, estrictament parlant, afirmacions dogmàtiques. En resum: en els dos intents de fonamentar una ètica de la natura s'observen desproporcions que, al meu entendre, són necessàries i inevitables precisament a causa de la naturalesa asimètrica de la relació moral en qüestió. No sabria proposar cap solució, en tot cas, però, situaria -parlant amb Descartes- una moral provisional del paisatge en un antropocentrisme moderat. Holmes Rolston ha fet un matís que ajuda a entendre què significa això: el fet que l'origen de tota valoració sigui l'home no vol dir que els valors necessàriament siguin antropocèntrics, sinó antropogenètics. L'home pot plantejar valors que respectin la natura com a tal. On, però, es pot fer l'experiència de la natura com a finalitat sense fi, tenint en compte que la nostra relació quotidiana amb l'entorn natural és majoritàriament instrumental? Aquí intervé l'estètica, és a dir, la particularitat de l'experiència estètica i la naturalesa de la relació entre ètica i estètica. Jürgen Habermas, en un text sobre ètica ecològica, insinua aquesta perspectiva estètica: tota normativitat requereix el "reconeixement intersubjectiu de tots els potencialment implicats". I considera que en relació amb la natura l'experiència estètica té, per això, més pes que la fonamentació ètica: en l'experiència estètica, la natura mostra la seva autonomia i integritat fràgil. La relació pràctica amb l'entorn natural és instrumental: aquests són criteris d'utilitat i interessos que condueixen a la formació de paisatges culturals. No és el respecte de la natura com a fi en si mateix, sinó la seva utilització com a mitjà que determina -i majoritàriament ha de determinar- la nostra relació amb la natura en la transformació de paisatges. L'experiència estètica, en canvi, pel fet que contempla el conjunt de l'entorn natural com a finalitat sense fi, pot ser un model per a un reconeixement unilateral i per a una relació no instrumental amb la natura. Martin Seel, un reconegut expert d'estètica alemany, ha distingit el reconeixement mutu propi del discurs ètic del reconeixement unilateral estètic de la natura. L'experiència estètica de l'entorn natural permet aquest reconeixement

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unilateral en el sentit que evoca en nosaltres un concepte de valor propi de la natura. I Seel subratlla precisament que, a causa de la asimetria de la relació ètica entre home i natura, el reconeixement estètic és l'únic reconeixement possible: no es poden derivar deures vers la natura, en canvi, sí que es pot experimentar estèticament un respecte vers la natura considerada com una finalitat sense fi. Seel destaca el caràcter modèlic de la relació estètica amb la natura: l'experiència de la bellesa natural té un valor exemplar per la relació pràctica de l'home amb la naturalesa en general. Això planteja el problema d'una estètica de la natura que presenta, pràcticament en analogia amb els problemes sistemàtics de l'ètica abans descrits, greus dificultats de fonamentació. L'estètica clàssica, moderna i contemporània és bàsicament una teoria de l'art i de la seva experiència. Quant a una possible estètica del paisatge, hem vist que el paisatge no és només natura ni tampoc únicament cultura, sinó la inseparable unitat entre natura i cultura. En els aspectes en els quals l'estètica clàssica reflecteix una realitat estètica no artificial -en el concepte del bell natural- ho fa sempre a partir del problema de l'art: el bell natural es considera amb Kant com a model de l'art o amb Hegel com a mer reflex i projecció de l'esperit i, per tant, en oposició amb la realitat superior de l'obra d'art. En tot cas no s'ha plantejat mai com a esfera estètica realment pròpia. Això probablement es deu a un antropocentrisme inevitable que ja hem apuntat en el context d'una ètica ecològica. Al meu parer, el bell natural és, fent referència a una distinció anteriorment introduïda, un fenomen antropogenètic: la natura en si mateixa no és ni bella ni lletja, sinó que el bell natural s'ha d'entendre com una modalitat específica de percebre la natura. L'efecte de percebre la natura com a bellesa prové d'una actitud no instrumental davant dels fenòmens i també de l'experiència d'una esfera que parcialment es reclou a la intervenció humana. Una estètica del paisatge hauria de desenvolupar una teoria del bell natural desvinculada de la primacia de la teoria de l'art. A més, una estètica del paisatge hauria de ser, més enllà d'una teoria de l'experiència subjectiva de la natura, una teoria de l'espai estètic. En aquest context, podem recordar la distinció entre espai teòric i espai estètic introduïda per Ernst Cassirer, que observa que el concepte tradicional de l'espai depèn d'una ontologia substancial: l'espai aleshores és l'extensió en la qual se situen coses. A diferència d'això, Cassirer proposa entendre l'espai estètic a partir del concepte d'ordre. L'ordre implica immediatament la diversitat i relacionalitat d'una multitud d'entitats. Amb Leibniz podríem dir que l'espai és un "ordre des coexistències possibles". És precisament aquesta idea de la coexistència d'una varietat d'aspectes en un ordre de sentit el que permet obrir la perspectiva d'una estètica del paisatge no a partir, o almenys no només a partir, del concepte de bell natural, sinó a partir de la noció de l'espai estètic. En un plantejament de l'espai com a ordre de compossibilitat precisament hi pot coexistir la necessitat d'una relació instrumental amb la relació estètica en la planificació i ordenació dels paisatges culturals. Segons Cassirer, l'espai real sempre és un ordre de sentit i rep la seva estructura determinada en l'ordenació com a nexe de sentit.

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Per la reflexió al voltant d'una possible estètica del paisatge, la proposta de Cassirer em sembla interessant en diversos sentits. En primer lloc, per a una estètica del paisatge no en fem prou amb el model d'una relació contemplativa amb la natura com la que descriu l'estètica clàssica, sinó que necessitem criteris per a la transformació pràctica dels paisatges. D'alguna manera es pot dir que Cassirer ens insinua l'espai estètic com un ordre simbòlic, en què integrem la natura en el context de la vida humana. A partir d'aquí es poden integrar elements d'una natura com a fi en si mateix en l'ordre simbòlic dels paisatges culturals. Una planificació i ordenació dels paisatges que tingués present, a part de la inevitable dimensió instrumental, una dimensió de la natura com a espai estètic, podria manifestar per l'experiència quotidiana, és a dir, com a entorn habitual, un model per a una relació respectuosa amb la natura, la qual -fent referència a una de les formulacions de l'imperatiu categòric de Kant- no tractaríem mai només com a mitjà, sinó també sempre com a fi en si mateix. Així, en l'ordenació simbòlica com a espai estètic tractaríem la natura per analogia a un subjecte moral sense haver d'entrar en relació ètica, que per la seva naturalesa asimètrica resulta impossible. El tractament estètic seria, parlant altra vegada amb Kant, una exposició indirecta, una exposició simbòlica d'idees ètiques i, a més, proporcionaria un model en l'espai real del paisatge, una idea reguladora per a la nostra relació pràctica amb l'entorn natural. Integrar principis estètics en la configuració concreta dels paisatges és, doncs, una exigència primordial a l'hora d'educar-nos cap a una relació voluntàriament sostenible amb la natura sencera: el paisatge com a ordre simbòlic expressa un reconeixement unilateral de la natura que, com a espai vital, immediatament ens convenç de la seva conveniència. Una estètica de la natura o bé del paisatge ha de ser, com diu Gernot Böhme en les seves aportacions sobre estètica ecològica, una teoria de la composició i ordenació d'un entorn dins del qual se situa la vida humana. L'espai ordenat amb principis estètics evoca simbòlicament el que és, segons Kant, el contingut del concepte teleològic de la natura: no pas una suma de coneixements, ni tampoc una sèrie de funcions útils, sinó la idea reguladora de la natura com a conjunt orgànic i totalitat, un concepte tan necessari de recuperar per la teoria del paisatge, com també per la reflexió ètica i estètica de la crisi ecològica d'avui dia en general. Una estètica del paisatge podria mostrar que s'ha d'entendre la llibertat humana en el seu enllaç imprescindible amb el món sencer. Naturalesa i llibertat formen un conjunt, una totalitat, tant de condicions com de possibilitats. En el món actual, amenaçat per la nostra llibertat, cal replantejar criteris per fer-la servir millor. Així, la filosofia hauria de recuperar -utilitzant una paraula del filòsof Schelling- la tasca de projectar racionalment la síntesi de natura i llibertat. Una època en què la civilització occidental ha desenvolupat totes les possibilitats tècniques per destruir els fonaments naturals de l'existència humana, però no ha desenvolupat en la mateixa mesura una consciència per dominar mentalment les conseqüències d'aquesta praxi, necessita la comprensió que podria donar una estètica del paisatge: vivim en un i en l'únic món. Aquest món es mereix no solament protecció per l'interès humà

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de supervivència, sinó que en la seva diversitat infinita es mereix el nostre respecte. Així es confirma la tesi que hem afirmat al principi. L'estètica és més que un complement compensatiu de la visió analítica i de la dominació tècnica de la naturalesa. És llur complement crític. El lliure respecte envers el món pot entrar en la consciència a través de la contemplació estètica del paisatge, i donar-nos mesura i objectius raonables per a la nostra praxi.

Bibliografia

Adorno, Th.W., Teoría estética. Taurus: Madrid 1986 Böhme, G., Für eine ökologische Naturästhetik. Suhrkamp: Frankfurt/M. 1989 Cassirer, E., “Mythischer, ästhetischer und theoretischer Raum”, en Symbol, Technik, Sprache. Meiner: Hamburg 1985, pp. 93-110 Jonas, H,: El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica. Herder: Barcelona 1995 Krebs, A. (ed.), Naturethik. Grundtexte der gegenwärtigen tier- und ökoethischen Diskussion. Suhrkamp: Frankfurt/M. 1997 Ritter, J., “Landschaft. Zur Funktion des Ästhetischen”, en Subjektivität. Sechs Aufsätze. Suhrkamp: Frankfurt/M. 1974, pp. 141-163

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