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Los hombres que susurran al Kentucky Derby Por Luis de León “Los caballos no son nuestros, pero los cuidarnos algunas veces, dormimos con ellos, los bañamos, les damos de comer y casi siempre platicamos con estos caballitos…claro en español, porque ese es nuestro idioma”, afirma Carlos, un caballerango que trabajó en los establos de Churchill Downs la pasada temporada. En marzo se cumplirán 10 meses que finalizará la edición 136 del Kentucky Derby. Algunos caballos que se hospedan en los establos de Churchill Downs aguardan en esas instalaciones hasta la llegada del invierno, posterior a esta temporada del año, los caballos son trasladados a tierras calientes propicias para la crianza de ganado, como por ejemplo La Florida. Con estos animales, viajan también algunas personas que se encargan de cuidarlos, entre ellos en su mayoría son personas latinas. “Pocos conocen nuestro trabajo, pero todo mundo ve correr a estos potros en la pista”, afirma Carlos, un hombre de baja estatura, él es uno de los más de 600 cuidadores de caballos que también viajó con los equinos hacía La Florida. Por su parte Marcela Huertas oriunda de Michoacán, México relata que ella y sus compañeros también son parte de los dos minutos de gloria porque gracias a sus cuidados los caballos están listos para correr. Francisco quien nació en Santa Rosa, Guatemala cuenta que se levanta todos los días a las cinco de la mañana para dar un par de vueltas al caballo que le fue asignado. El recorrido constituye de 20 a 30 minutos. Francisco toma al caballo de la cuerda sujetada al cuello y caminan juntos por la pista, después lo baña y le da de comer, la rutina también la práctica por la noche. Mariana, una mujer de Tampico, México se encarga de lavar las vendas que utilizan los caballos en sus piernas. “Después que mis compañeros sacan a galopar a los caballos yo me encargo de lavar con agua y jabón las vendas blancas”, explica la mujer quien antes de vivir en Estados Unidos laboraba en una fábrica de cosméticos en su natal país. Mariana tiene un par de años de vivir en este Estados Unidos, confiesa que pese al tiempo aún no sabe hablar fluido el inglés. Pero la mujer de tez morena y de una encantadora sonrisa no le importa hablar este idioma. “Estos caballos, entienden muy bien el español, aquí en los establos de Churchill Downs no se habla mucho el inglés”. Cerca de 400 hombres y mujeres son de Guatemala, aproximadamente 150 son mexicanos y el resto son estadounidenses, muy pocos son de Europa del Este. El trabajo de los hombres de los establos del Churchill Downs constituye en alimentar, bañar, trotar e incluso entrenar a algunos caballos que corren en las pistas profesionales.


Los entrenadores de los equinos piden a los cuidadores de caballos que les hablen en inglés. Pero es inevitable, el primer contacto que tienen la mayoría de estos equinos es con las personas latinas. “Caballito ven pa´ acá”, o si los hombres son guatemaltecos el tono cambia “caballito vení para acá”, estas son algunas de las diferentes expresiones que obedecen los caballos. La rutina ya está determinada. Tanto Mariana como Francisco tratan de acostumbrarse a su nuevo trabajo en los 2 años que tienen de vivir en Estados Unidos, sin embargo uno de sus compañeros que se encarga de limpiar los establos no le resulta un trabajo fácil, el hombre de 45 años de edad y quien omitió su nombre por temor a perder su trabajo confió que los 15 meses que labora en Churchill Downs no logra acostumbrarse al olor a excremento de los equinos, “antes trabajaba como pagador-receptor (teller) en un banco”, cuenta este mexicano originario de Xalapa, Veracruz, quien debió cambiar la corbata y zapatos negros brillosos, por ropa sucia y botas de plástico. En Churchill Downs ofrecen clases de inglés para sus trabajadores, pero Artemio, encargado de uno de los caballos no tiene tiempo para acudir a las clases, prefiere trabajar varias jornadas para enviar dinero a su familia que vive en Toluca, México, “los entrenadores estadounidenses no están de acuerdo que les hablemos en nuestro idioma, pero ni modos no tiene opción”, añade el hombre de tez morena. Los lugareños de Kentucky no quieren trabajar por $1,100 ó $1,600 al mes y por más de ocho horas diarias, incluyendo algunos fines de semana. Contrario a sus salarios, el Kentucky Derby genera $220 millones por ganancias las fuentes organizadoras en menos de dos semanas. Los caballos no obedecen cuando los propios entrenadores y Jockeys les llaman en inglés. Los potros solamente responden cuando los caballerangos guatemaltecos y mexicanos les llaman. “Come horse”, llama Fabricio a uno de los estos caballos que pueden llegar a costar hasta $20 millones. Sin embargo al pronunciar “vení caballito vas a comer”, los equinos corren como si se tratará de una orden. Tantos los entrenadores como los Jokeys deben aprender algunas palabras básicas en español para que los caballos les obedezcan, como por ejemplo “arre caballo”.

Los hombres que susurran al Kentucky Derby  

Manos guatemaltecas y mexicanas dean vida al Derby de Kentucky