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entre pliegues paco carrascal

Padilla Libros Editores & Libreros


entre pliegues paco carrascal


1º edición abril, 2014 © paco carrascal fcarrascalmoreno@gmail.com © Padilla Libros © En cubierta: La casa de los sueños, de Juan Francisco Cárceles. ISBN 978-84-8434-603-6 Dep. Legal SE 782-2014 Padilla Libros Editores & Libreros C/ Feria, 4. –Local 1– 41003 Sevilla (España) ediciones@padillalibros.com


pregúntale  la parte fresca de la almohada  en el sofá  un nido  imposible   fragmentos de ti  tres miradas y dos besos  tú  te reconozco  me dejaste  entre pliegues  susurros de peces  colgado de un mensaje  a pesar de la luz  cómo tocan tus ojos   en el bus, contigo  soñé  la inercia de la curva  lo sabe   reseña de un abrazo   lo que tengo 

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Índice

Prólogo  11 Nota del autor  13

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te debo una caricia  estela de tu suerte  prisas con pasos  gruesas palabras  habitaciones  lo que mastico  te adentro  desdibujado y turbio  mujer última   te buscaría   una casa  ingenuos  taxis sin nombre  principiante  con el tiempo   excusa dormida  quién recuerda tu nombre  mirarte  truco  deriva   paso 

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Hurgaba en tus pliegues, aderezados por la palabra encuentro, desmigajada la mirada en la tenue luz de una vela que lejos de quemar enfriaba, al no poder competir con nosotros.

La soledad nos deja el alma como una bolsa de ropa sucia. David Eloy Rodríguez

Si alguna vez te sobra algún pequeño hueco en tu ternura ocúpalo conmigo, prometo estar en él callado y quieto como una sombra. Rafael de Cózar


Si yo fuese Dios y tuviese el secreto, haría un ser exacto a ti; lo probaría (a la manera de los panaderos cuando prueban el pan, es decir: con la boca), y si ese sabor fuese igual al tuyo, o sea tu mismo olor, y tu manera de sonreír, y de guardar silencio, y de estrechar mi mano estrictamente, y de besarnos sin hacernos daño –de esto sí estoy seguro: pongo tanta atención cuando te beso–;                                 entonces, si yo fuese Dios, podría repetirte y repetirte, siempre la misma y siempre diferente, sin cansarme jamás del juego idéntico, sin desdeñar tampoco la que fuiste por la que ibas a ser dentro de nada; ya no sé si me explico, pero quiero aclarar que si yo fuese Dios, haría lo posible por ser Ángel González

para quererte tal como te quiero, para aguardar con calma a que te crees tú misma cada día a que sorprendas todas las mañanas la luz recién nacida con tu propia luz, y corras la cortina impalpable que separa el sueño de la vida, resucitándome con tu palabra, Lázaro alegre, yo, mojado todavía de sombras y pereza, sorprendido y absorto en la contemplación de todo aquello que, en unión de mí mismo, recuperas y salvas, mueves, dejas abandonado cuando –luego– callas... (Escucho tu silencio.                     Oigo constelaciones: existes.                         Creo en ti.                                     Eres.                                           Me basta). Ángel González


PRÓLOGO

bajo la pulsión tonal de la sensualidad

E

NTRE pliegues es el título del nuevo libro de poemas de Francisco Carrascal, y dicho así, diríamos muy poco y faltaríamos a la verdad o parte de ella, porque en Entre pliegues el lector emprende un sensitivo viaje por las cuarenta y dos confesiones interioristas que conforman el universo del autor en este libro, un viaje intenso basado en la voluptuosidad de una realidad intimista y sensorial. Los elementos de ese universo poético se alimentan de la observación de sus propias atmósferas que, catalizadas por la palabra, constituyen una nueva piel, plena de amor, añoranza y ausencia, utilizando con ingenio la agudeza sentimental frente a la metáfora conceptual. Estos elementos se trabajan y permutan desde un lenguaje calmado, y aunque en ocasiones lo salpique de apasionadas imágenes, sus recursos idiomáticos son básicamente descriptivos, 11 sin alardes sintácticos que busquen impresionar, sino más bien sobreponer la unidad sentimental a la perfección de los versos, un lenguaje vehementemente adjetivado capaz de redirigir al lector por la profunda sensación de una cotidianidad nostálgica. La expresividad


de los versos cobra más valor que su estructura poética, es decir, los poemas hablan desde el corazón y nos empapan de un melancólico paisaje donde se «Enciende el agua hasta que prenda», para buscar a quien se ama, o se es capaz de «domesticar a golpes los recuerdos» para sobrevivir a quien se amó otorgando especial importancia a la sorpresa de las cosas inmediatas escondidas, a veces, tras «bisagras sonoras de puertas casi/analfabetas». Francisco Carrascal escribe desde la inmortalidad de las emociones y bajo la pulsión tonal de la sensualidad, y digo tonal porque en «entre pliegues» se juega deliberadamente con la musicalidad de la rima para intensificar un balanceo versal que nos llevará en ocasiones a acariciar los versos en una especie de va-y-ven imaginario, o en otras, de forma plástica ya que el autor gusta de las composiciones mixtas en este sentido, y atendiendo a la forma espacial de los poemas y su relación con el marco versal, combina la estructura vertical con otras estrofas acostadas sobre el papel en un mismo poema. Así pues, esa potente sucesión de confesiones, verticales, horizontales o en ocasiones circulares, hacen de su personal operación de escritura un periplo donde la sangre vital de todo el poemario «surge por el filo de una moneda» que ya no se posee «labrada entre fragmentos dispersos...» de un Tú poético casi siempre ausente 12 recorriendo un camino de proximidades y lejanías que lo convierten en algo único y al mismo tiempo universal. Marian Raméntol


NOTA DEL AUTOR

P

LIEGUES de memoria, de tejidos suaves que nos rodean y consuelan, pliegues de piel que ocultan y engañan y muestran, que nos gobiernan. Entre pliegues es el título que me permite dar cuerpo a estos versos en sucesión que pretenden explicar las luces y sombras que los crearon. Aquellas que en un constante ejercicio de aprender y aprehender la palabra han sido sentimiento y sentido. Son versos a modo de excusa de comunicación necesaria y de anhelo por alcanzar a expresar lo subcutáneo, y lo evidente. Con ellos no pretendo mas que salir a regañadientes de mis huecos y expresar lo posible y lo imposible de lo encontrado y lo perdido, del todo, de la nada que marca de manera inexorable e inequívoca. Quisiera agradecer la inspiración que para muchos de ellos me ha regalado mi Marga; signo de que a veces la vida regala premios a la 13 espera, de forma sentida y generosa. Agradecer también, de manera especial, el cariñoso prólogo de mi amiga Mariam. Palabras certeras y explicativas de un intento de hacer una poesía digna que solo el tiempo y los que saben (entendidos o no) podrán juzgar de manera adecuada. Y por supuesto, al profesor Juan


Francisco Cárceles, por su gentil detalle de permitirme utilizar el óleo de su autoría, La casa de los sueños, como base de la cubierta del poemario. Gracias a David Postigo, teclas y alma en estado puro, acompañante de lujo en los recitales. Gracias a mi amigo Pedro BAUtista, por seguirme y estar a mi lado desde el principio de mi aventura por estos caminos; por estar ahí con su trueno, quiero decir con su voz. Y gracias a los lectores, los que opinan y los que callan. Gracias.

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entre pliegues


pregúntale

Mañana cuando la veas acaríciala hazlo sin permiso como cuando se deslaza el lazo de un regalo escuchando su tenue rugido en la caída de su mirada viendo su sonrisa entre los dientes mira las chispas de sus ojos tócala como salpicando óyela como se desea a la brisa roza su pelo y dime cómo puedo estar sin él. Enciende el agua hasta que prenda y luego pregúntale si preguntó por mí. 17

para mi niña Carmen


la parte fresca de la almohada 18

Te busco como a la parte fresca de la almohada, al primer sorbo de café, igual que a tu cariño, mi alimento, déjame que te cuente madrugada, en el cobijo de un clítoris deshojado, impaciente, húmedo, entre senos que se adelantan, por piel que espera un zarpazo fiero, bajo lengua que despierta y repta y cubre, déjame que te cuente madrugada, que lo haga sin saberlo y te sienta como luz de lámpara de aceite sedosa y caliente.


en el sofá

A veces, alguien te regala lo que no sabe, no huele, no puede tocarse, y ello aunque sea suave, dulce, respirable como océano tibio, sólo te queda domesticar a golpes los recuerdos, los que entienden que nada serviría sin ese sofá, lugar y centro donde se cultivan mareas, se gobiernan huracanes de salvia, vómito de roturas, allí donde ordeno sombras. En el sofá te encuentro sumergida y leve. 19


un nido

¿Hay algo más extraordinario que un Nido? ¿más difícil de armar? ¿más inaccesible? ¿sólo ramas? ¿huecos detenidos? ¿calor y refugio? ¿milagro? ¿espacio lleno? ¿alas? ¿vértigo de picos hambrientos y canto? ¿precipicio?

Nido:

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rama inaccesible entre huecos de un espacio armado de alas, de hambrientos picos y de canto, que se precipita con calor y refugio, construido en el milagro vertiginoso del precipicio de tenerte.


i


Otras obras de ficci贸n del autor: Barra de arena (Padilla Libros. Sevilla, 2011)

eMe

(Anaquel. Sevilla, 2013)


C贸digo IBIC: DCF; 1DSEA; 2ADS y 3JMG


Entre pliegues de Paco Carrascal