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Y efectivamente así sucederá en el lugar cuyo nombre nos es ya más que conocido. «El río Guadalhorce a los pies de aquesta peña con susurrante murmullo va arrastrando sus arenas, lamiendo los verdes troncos de las gayombas y adelfas, los tarajes y espadañas que crecen en sus riberas. Hay sitios donde se pierde entre verdes alamedas, que sombras dan a sus aguas, y escondite a las parleras y pintadas avecillas, que cantando van sus penas al saltar de rama en rama con gallarda gentileza… …sitio adecuado en verdad para amorosas escenas para suaves delirios de halagadora terneza… …á este sitio delicioso desde el cual se ve á Antequera… …llegaron á descansar de su penosa carrera D. Tello y la bella mora, que de gozo se enajenan… … Creyendo los dos incautos que ya nadie los acecha…».

Otros autores románticos se harán eco de la leyenda tratándola en formato de cuento, como hace Mariano de Togores en 1836 y Manuel Zúñiga en 1839, o dándole entrada en el género teatral, como D. Bartolomé José Gallardo, que afirmaba haber poseído y perdido una comedia de Tirso de Molina sobre la Peña de los Enamorados. En Granada, en plena época romántica, fue estrenada, en 1843, una de igual título escrita por D. Aureliano Fernández Guerra. Los últimos autores a los que sólo voy a citar, dejando para otra ocasión a los extranjeros que refieren el tema, como el norteamericano Washington Irving (1783-1859), son el historiador archidonés, muerto en La Habana, Miguel Lafuente Alcántara, que recoge la leyenda en su Historia de Granada (1845), el historiador y arabista malagueño Francisco Guillén Robles (1846-1926), que lo hace en su obra Historia de Málaga y su provincia (1874); y el tercero es el abogado y arqueólogo Don Trinidad de Rojas y Rojas (1831-1902), ilustre antequerano, que en 1862, en Granada, publicó un poema en versos variados, con una interpretación romántica del asunto, titulado La Peña de los Enamorados, leyenda tradicional del siglo XV. En su introducción, Trinidad se disculpa, modestamente, por su publicación aduciendo que la tenía escrita desde hacía muchos años y que, por necesidad de publicación, ni siquiera la había corregido. El poema es una recreación muy amplificada y con numerosas variantes respecto a los anteriores. En ella intervienen el artero y traidor Alkarmen, alcaide de Antequera y enamorado de la dama; Arabella, el noble y generoso alcaide de Ronda; el osado retador y protagonista D. Tello Aguilar, que contará con la ayuda y la amistad del rondeño, después de haberse batido con él, y el terrible AbenAbó, padre de la hermosa Fátima. Les ofrecemos un fragmento descriptivo del lugar, escenario de la tragedia:

Pero detengamos ya el «ejercicio de erudición» y dejemos al lector con el disfrute de las lecturas propuestas, invitándole a que, en alguna ocasión, se haga con la recopilación de romances de autores desconocidos hecha por D. Ramón Menéndez Pidal titulada Flor Nueva de Romances Viejos, editada en Espasa Calpe; les aseguro que será el principio de una larga degustación literaria.

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