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Alto Guadalhorce desde el


Nuestras vidas son agua:

el 65% de nuestro cuerpo es agua, nueve de cada diez partes de nuestro cerebro son agua. El elemento más abundante de la Tierra es agua: el 75% de la superficie terrestre, pero sólo el 3% es agua dulce; gran parte de ella está, en forma de hielo, en los polos y en los glaciares; el resto, en estado líquido, está en los ríos, lagos, embalses y, subterránea, en acuíferos y capas freáticas; una buena parte contaminada y no apta para ningún ser vivo. El agua creó el arte: nadie canta mejor los sonidos y el silencio de la naturaleza en plenitud; nadie dibuja mejor las formas y los colores del paisaje; nadie ha esculpido, sino ella, las montañas y los valles que nos asombran y dan vida. La imprescindible agua que utilizamos día a día procede de las lluvias, cada vez más escasas. Todos los informes confirman que en España la desertización aumenta varios centenares de hectáreas anualmente, y ya afecta a más del 30% de nuestro territorio. Nuestros ríos y embalses están cada vez más contaminados; nuestras aguas subterráneas son cada vez más escasas por la sobreexplotación y peligran por las amenazas de contaminantes. Hemos creído desde siempre que el agua era y es un bien inagotable y no nos damos cuenta de que el agua comienza a presentarnos factura: las sequías son cada vez más frecuentes igual que los huracanes y los maremotos, igual que el acelerado deshielo de los casquetes polares y la subida de los niveles marítimos. La aceleración del cambio climático no lo niegan hoy más que «cuatro ignorantes ingenuos» que se hacen eco de la propaganda interesada y/o pagada por quienes continúan enriqueciéndose y favoreciendo la producción de contaminantes, la tala y devastación de los pulmones naturales del planeta. Nuestras aguas subterráneas se acumulan en el acuífero que contiene la cadena montañosa que va desde la Sierra de Las Cabras (Puerto de las Pedrizas) hasta la Sierra de San Jorge. Es un acuífero aislado de una extensión de 70 km2, del que dependen los habitantes y la vida de Villanueva del Rosario y de Villanueva del Trabuco. Sobre él penden las amenazas propias de los acuíferos kársticos: las excavaciones, extracciones masivas de material y las detonaciones pueden modificar su equilibrio interior y, entonces, los resultados serían impredecibles. ¿Nos convertiríamos, saucedeños y trabuqueños, en emigrantes forzados por la desidia? ¿Somos los lugareños conscientes de ello? ¿Son nuestras autoridades conscientes de ello? ¿Qué nos aporta ese «cáncer con metástasis» en forma de cantera, a la que invitamos visitar, sino peligro y daño irreparable en nuestro espectacular paisaje, admiración de cuantos cruzan el Puerto de Las Pedrizas? Entre tanto «progreso» devastador y ultraconsumista hemos perdido la intención que sabiamente expresa el viejo aforismo indio: «La Tierra, la Naturaleza no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos».


Cubiertas Jardín del Rosario. Nevada del 28 de febrero de 2013. Foto: Juan Alba

Alto Guadalhorce desde el

Literatura (págs. 4–51)

Coordinación y presentación: Gerásimo Arjona Bautista

Edita:

Asociación Desde el Alto Guadalhorce Dirección: c/ Agua, 61 Villanueva del Trabuco 29313 Málaga

Gerásimo Arjona Bautista —5 El Bachiller Ronquillo —25 Juan Rebollo —29

e-mail y web:

desdeelaltoguadalhorce@hotmail.com desdeelaltoguadalhorce.jimdo.com/ Coordinación Redacción: Francisco Campos Reina Gerásimo Arjona Bautista José M. Martos Aguilera

Tradición oral (págs. 48–60)

Gracia García Ortigosa —48 Francisco Arjona —52

Redactores:

Francisco Arjona Bautista Fulgencio Martos Aguilera Gracia García Ortigosa Luis Utrilla Navarro José Pedro Alba García Francisco López Godoy Carmen Fernández Auxiliadora Díaz Romero Colaboradores:

Antonio Mateo Miguel Arjona Gustavo Fernández Ruiz Miguel Ángel Navas Diseño y maqueta:

Ana G. Kirmse J. Javier Olveira Imprime y distribuye: CEDMA ISSN: 2174–6680 Depósito Legal: MA-1582-2011 Agradecimientos:

Ayuntamiento Villanueva del Trabuco Olivarera del Trabuco Unicaja - La Caixa

Artes plásticas

(págs. 61–80) Luis Montoro —61 Antonio Segovia —68

In memoriam José Hernández (págs. 76–80) Ciencia y Naturaleza

(págs. 81–115) Luis Utrilla Navarro —82 José Pedro Alba García —96


sumario Historia (págs. 116–136) Francisco Campos Reina —116

Música (págs. 137–147) Francisco López Godoy —137

Detrás del objetivo

(págs. 148–153) Gustavo Fernández Ruiz —148

Personajes

(págs. 154–160) Juan Antonio Mateo —154

Bebieron de nuestras fuentes

(págs. 161–163) J. Manuel Martos Aguilera —161

Sugerencias

Qué leer (págs. 164–170)

Alicia Marchant Muñoz Molina Antonio Soler Javier Navarro

Qué visitar (págs. 171–181) MOLLINA Carmen Fernández —171

Asociacionismo

(págs. 182–184) J. Manuel Martos Aguilera —105

Economía (págs. 185–189)

Auxiliadora Díaz Romero —185

Poemas de cierre

(págs. 190–191) Juan Gelman José Emilio Pacheco Félix Grande


Tabú vocal de la cantante Rosa Silber, IRR, Paul Klee. 1923

literatura: 

Gerásimo Arjona Bachiller Ronquillo - El Guadalhorce Juan Rebollo


Coordinación y textos de presentación:

Gerásimo Arjona Bautista

En

esta ocasión no traemos a nuestro ágape literario la obra de un escritor histórico, pero sí les ofrecemos una leyenda que, pasados los siglos, ha devenido «histórica»: La Leyenda de la Peña de los Enamorados y a muchos de los autores que, anónimos o conocidos, se han hecho eco de ella a lo largo del tiempo desde que hay noticias documentadas sobre la misma. El azar, de manos de nuestro atento colaborador Manuel Berlanga, ha traído a nuestro conocimiento la noticia de la existencia de un ilustre predecesor de nuestra revista que nació un lejanísimo domingo 10 de marzo de 1839 y que se llamaba El Guadalhorce: periódico semanal de literatura y artes. Se trataba de un coleccionable, enmarcado en el Romanticismo moderado, que llegó a dar a luz 83 números en dos años; 44 en la primera serie y 39 en la segunda, cuyos directores respectivos fueron José Medina Aguayo y Antonio Morales. El semanario tenía como primer destinatario a la burguesía malagueña, que, en aquel entonces decimonónico, estaba más preocupada en consumir los frutos de su mercantil dedicación que las recetas culturales de un grupo de románticos. El Bachiller Ronquillo, en el primer número, firma una invocación, en tono de editorial, al «padre Guadalhorce», demandando su protección para el proyecto editorial naciente, en el que aparece, mira por dónde, una alusión a nuestra famosa Peña. Completa el menú literario de esta oferta, el periodista y escritor mollinato Juan Rebollo quien, con agilísima pluma, nos regala unos entrañables relatos que nos devuelven a un presente tan reconocible como próximo y actual.




acerca de LA LEYENDA de la PEÑA de los ENAMORADOS Gerásimo Arjona Bautista

A Martínez Labrador, escultor Desde la infancia, los malagueños y, de manera especial, cuantos hemos nacido o vivido por estos lares, los de la comarca natural de Antequera, tenemos incrustada en la mente la poderosa imagen rocosa de un lugar conocido como la Peña de los Enamorados. Este ha sido el motivo que me ha empujado a investigar el porqué de esa denominación y compartir el resultado, en formato de artículo, casi crónica, con nuestros los lectores. Les aseguro que el tiempo empleado ha sido apasionante. Los nombres de los montes, cerros, o peñas, se conservan a través de los tiempos y la toponimia se convierte en testimonio perenne de una cultura, de un hecho histórico o legendario. Un ejemplo que lo prueba es este nombre de lugar relacionado con una leyenda de transcendencia literaria que viene desde muy antiguo, como mínimo del siglo XIV: la leyenda de los amantes de la Peña de los Enamorados. ¿De dónde procede tal denominación? Lo sabemos: de una leyenda popular, anónima, recreada tradicionalmente y que debió preceder a la narración erudita posterior, que es muy abundante. Los numerosos autores que refieren la leyenda o no citan o disienten en cuanto a los nombres de los personajes, pero no hay discrepancia en cuanto al tema y al lugar, situado en la vega del río Guadalhorce, entre Antequera y Archidona.




[La leyenda de La Peña de los Enamorados] «… carece todavía de una adecuada monografía, pese a que en su tragedia pasional se conjugan la rara presencia en el romancero fronterizo del amor entre sujetos de distinta religión… El hecho es explicable tanto por la dificultad en establecer una génesis histórica y legendaria con base textual anterior al Historiarum Fernandini Regis Aragoniae Libri tres ….así como a las intrincadas relaciones posibles en un material disperso, y en parte desconocido, que hace difícil establecer las líneas esenciales de una leyenda de enorme variabilidad…».

La Antequera fronteriza entre el reino musulmán granadino y la reconquista cristiana forjó una de las leyendas más hermosas que, sin embargo, apenas ha sido atendida por la crítica literaria como manifestaba el profesor malagueño J. Lara Garrido en palabras recogidas en la espléndida tesis doctoral de María D. Martos Pérez titulada La obra poética de Agustín de Tejada: estudio y edición (2008):




La primera referencia documentada sobre la leyenda nos retrotrae hasta la Crónica de Juan II (1405–1454) en la que, cuando se narra la toma de Antequera, en esa fecha villa árabe, por el entonces infante don Fernando, se refiere un episodio en el que el futuro rey Fernando I de Aragón(1380– 1416), conocido ya como Fernando de Antequera, envía a un grupo de caballeros a que cabalguen hacia Archidona pues los guardas, se afirma, « …que estaban en la Peña que dicen de los enamorados…» hacían señas. Es evidente que esto quiere decir que entre los que combatían en 1410, en el cerco de la villa antequerana, ya se llamaba así a la montaña que hasta hoy hemos conocido con ese nombre. Sin embargo, la primera noticia pormenorizada sobre la leyenda se testimonia muy lejos de Antequera; la escribió un humanista italiano, llamado Lorenzo Valla (1406–1457), nacido y muerto en Roma, el cual ejerció de secretario de Alfonso V de Aragón durante doce años. Sabiendo Valla que Antequera pasó a poder cristiano, con gran impacto en Occidente, en 1410, alguien que hubiera estado en la toma de la villa pudiera haberle contado el argumento de la leyenda, o el italiano la habría leído en los papeles que le servían de información para su crónica. Lo que sí es seguro es que la entremetió en las páginas de su ya mencionada Historia del rey Fernando I de Aragón, escrita en latín entre 1445 y 46, cuando estaba en la corte de su hijo y sucesor Alfonso V El Magnánimo (1416–1458). Para Lorenzo Valla los dos coprotagonistas, que viven en Granada, se verán impelidos a huir ante la imposibilidad de materializar su amor, siendo perseguidos por el padre de la joven hasta el trágico final, en el que ambos se arrojarán por la Peña.

La leyenda, traducida del latín, dice así: «El vigía estaba situado sobre una peña situada a igual distancia de ambas poblaciones, llamada Peña de los Enamorados o de los Amantes. Bien merece la pena dar un resumen, mejor que pasarla por alto, del origen de este nombre, pues es una historia muy agradable. Cierto joven —del cual se ignora el nombre, el lugar de nacimiento y únicamente se sabe que era español— prisionero o de guerra o de alguna correría, estuvo sirviendo de esclavo en Granada durante dos o tres años, utilizando su dueño sus servicios tanto para la casa como para los asuntos de la ciudad. Prendada la hija de este moro de su apostura, de su manera de hablar y de comportarse, sintiéndose irresistiblemente atraída por el joven, y éste, a su vez, enamorado con locura de la belleza y distinción de la doncella. Convencidos de que en aquellas circunstancias no podrían, ni en el futuro tampoco les sería posible —el uno era esclavo y la otra casadera-, constituyendo tal situación un peligro de vida o muerte, decidieron escapar en la primera ocasión que encontraran. Los hechos posteriores inducen a suponer que el joven procedía con más honradez —mientra él se encaminaba a los suyos, ella se alejaba de sus lares-, a no ser que mediaran motivos de religión, extremo al que no me inclino. Al llegar en su huida hasta la Peña, la joven, agotada, quiso tomarse un poco de descanso; y de ahí que su padre, seguido de algunos acompañantes, todos a caballo, en veloz carrera, venían en su persecución. Los amantes, trepando por los salientes de la Peña, llegaron hasta su cumbre, único refugio en aquellas circunstancias. Cuando llegó el padre de la joven, enfurecido y bramando, con palabras autoritarias e injuriosas les ordena que desciendan inmediatamente o que, de lo contrario, hará en ellos un ejemplar escarmiento. Los demás advertían y exhortaban al joven y, muy especialmente a la doncella, que se arrojaran a los pies de su dueño y padre, en cuyo caso serían objeto de su misericordia más que de su venganza, porque con la resistencia exacerbarían más y más su irritación. En vista a que no se doblegaban ni a las órdenes




ni a las amonestaciones, todos se apearon de los caballos; y unos por una parte y otros por otra, valiéndose de los pies tanto como de las manos, se esforzaban por trepar a la cima de la Peña, mientras el joven desde lo alto arrojando piedras y convirtiendo todo en armas, arrancando tierra y ramas, les estorbaba la ascensión por un lado y por otro. Por miedo a esto, desistieron de su propósito los otros, mientras el padre, inflamado en cólera, envió a uno de sus acompañantes a que del pueblo vecino trajera auxilio, especialmente de saeteros, que se hicieron presentes al momento. Dándose cuenta los sitiados de que iban a ser sorprendidos por los que continuamente acudían, lo que equivalía a tener que soportar toda clase de suplicios y afrentas, no podemos ni siquiera imaginar las lágrimas y lamentaciones en que se deshicieron. Lo cierto es que en apretado y mutuo abrazo —y besándose, como es creíble— se arrojaron por aquella parte que caía hacia donde se encontraba el padre, y así compenetrados dieron fin a su vida. Se cuenta que todos los presentes —menos el anciano padre— y los que después oyeron el relato, tuvieron compasión inmensa de la suerte de ambos, y que algunos derramaron lágrimas sobre los cadáveres aún abrazados, a los que no le faltó el amor antes que la vida, de modo que en aquella actitud voluntaria estaban dando testimonio de que aún después de muertos seguían amándose. Contra la voluntad del anciano allí mismo fueron enterrados con la misma indumentaria que llevaban cuando se estrellaron. Siendo esta la razón de que a la Peña se le impusiera tal nombre».

Andrea Navagero. Raphael. Museo del Prado

Pero sigamos paso a paso; la poesía erudita se apoderará del argumento, oportunamente recordado por otro ilustre italiano, clave en la lírica española del Renacimiento, Andrés Navagero, embajador de la República de Venecia, que pasó por Antequera en su viaje por España (1524–1526) camino hacia Granada con motivo de la boda del emperador Carlos V con Isabel de Portugal, y en su diario escribió:

«Aproximadamente a mitad del camino entre Antequera y Archidona se pasa junto a un monte muy áspero, llamado Peña de los Enamorados. Le viene el nombre de lo ocurrido a dos enamorados, un cristiano de Antequera y una mora de Archidona, los cuales, estando muchos días escondidos en aquel monte sin ser encontrados, lo fueron al fin, y viendo que no podían escapar, y no pudiendo soportar que les separasen y vivir el uno sin el otro, decidieron morir juntos, y acorralados en la peña más alta del monte, tras muchas lágrimas y lamentaciones por su adversa fortuna, viéndose ya muy próximos los perseguidores, se abrazaron estrechamente, y uniendo sus rostros, se precipitaran desde aquella altísima peña, dando con ello nombre al monte».




Se habrán dado cuenta que El Navagero, tampoco cita los nombres, pero sitúa al protagonista masculino como natural de Antequera, y a la protagonista, de Archidona, y especifica el elemento religioso como diferenciador. La obra latina del romano Lorenzo Valla no fue muy conocida, pero la leyenda tuvo la gran fortuna de que un erudito historiador, el jesuita toledano Juan de Mariana (1535–1624), la incorporara a su conocidísima Historia General de España, publicada en castellano en 1601. En ella, no oculta Juan de Mariana que tomó el argumento de «la historia elegante que Lorenzo Valla escribió» y al difundir la leyenda, de este modo, contribuyó a su universalidad. Juan de Mariana tampoco ofrece los nombres de los protagonistas de esta leyenda fronteriza que, junto con La historia de Abindarráez y hermosa Jarifa, también relacionada con Antequera, es la que ha tenido más proyección sobre la literatura posterior. Desde su origen cronístico, el tema de los enamorados suicidas de la Peña antequerana será pronto elevado a dignidad clásica por la historiografía y la lírica escrita en latín (neolatina) en los siglos XVI y XVII y constituirá materia renovada del romancero nuevo, la comedia y la novelística del XVII y la narrativa, la historiografía y el drama románticos hasta llegar al siglo XIX. La leyenda, desde el punto de vista literario, fue creciendo paralelamente por dos vías: la anónima y popular de los que llamaremos, por simplificar, romances noticieros, fronterizos o moriscos, que propalaban los cantores populares, los juglares; y la llamada vía culta, de autores más o menos conocidos, que recreaban la temática según estructuras métricas y literarias mucho más elaboradas. Los romances fronterizos son documentos poéticos de la historia e intrahistoria de las dos comunidades hispanas enfrentadas, la cristiana y la musulmana, en la frontera del decreciente Reino de Granada. Sus creadores cantaban las tomas de ciudades más significativas: Baeza, Baza, Antequera, Álora, Alhama, Archidona, Ardales…así como las correrías y los duelos de paladines. El auge de estos romances se inicia a partir de la toma de Antequera y culminará con la conquista de Granada.

Al final del artículo les ofrecemos la lectura de tres ejemplos de romances relacionados con el tema de la leyenda en cuestión. Dos pertenecen al romancero anónimo; el primero sitúa el desenlace al pie de la Peña y es un romancillo morisco tardío, con claro descuido sintáctico en algunos pasajes, que podemos hallar en el Romancero General de Agustín Durán o en la colección Romances varios de diversos autores, recopilada en 1640, en Zaragoza, por Pedro Lanaja. El segundo es un romance culto de Juan Bautista de Mesa (s. XVII). El tercero, muy tardío y también anónimo, es un ejemplo de los populares pliegos de cordel o romances de ciegos; se les denominaba así por el soporte material en que se ofrecían al público: un pliego de imprenta doblado dos veces y colgado para su venta en una cuerda o cordel, y los solían vender los ciegos. Pero antes de disfrutar de su lectura, hemos de seguir justificando lo dicho al inicio, referido a la transcendencia literaria de la leyenda de la Peña de los Enamorados. Llegamos, así, al humanista antequerano Juan de Vilches (1482-1566), autor del poema latino De rupe duorum amantium (Acerca de la roca de los dos amantes), escrito en dípticos ovidianos y publicado en Sevilla en 1544; fue reeditado en Málaga, en edición facsímil de Ángel Cafarena, por Alfonso Canales en 1961. Vilches fue discípulo del gran Elio Antonio de Nebrija, autor de la primera Gramática Castellana, a cuyo hijo, Fabián de Nebrija, dedica la obra. Los nombres de Hamet Alhajar, el joven servidor granadino, y la bella archidonesa Tagsona, parecen inventados por el preceptor de humanidades Juan de Vilches. La mayoría de las versiones concuerdan en que ambos huyen de la persecución del padre de la novia y se lanzan abrazados al vacío desde la Peña; en el poema de Vilches los dos eran mahometanos; pero según Valla y Mariana, el amante era un cautivo cristiano, lo cual hace más dramática e interesante la tragedia. Algunas circunstancias añadidas por Vilches tienen visos de estar tomadas de la tradición de la zona como el nombre del padre de la joven, Ibrahim, alcaide de Archidona, y la intervención del viejo alcaide de Alhama, a quien estaba prometida la mano de Tagsona.

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Seleccionamos, traducidos, unos fragmentos del poema de Vilches:

…Apenas al valiente alumbra el nuevo día, cuando de criminales pastores sufre el cerco. El uno le golpea en la cabeza, el otro en los pies, todavía éste el cuerpo maltrata, hasta que, entre su sangre, por muerto lo abandonan. Mas se recobra. El hierro desenvainando blande y, aunque solo, no teme ir en busca de treinta. Ya cuatro o cinco hombres habían encontrado en su espada la muerte, cuando por un venablo sucumbió atravesado. Pero Tagsona, viendo que de cruel herida expiraba su amante, tales palabras dijo: ¿Cómo pagar podría un tan grande servicio a vosotros que disteis con valor a este hombre la merecida muerte? Porque aquél que del pecho de la madre dilecta me arrancó, el que a mi padre vejó y a mis abuelos, al fin, en vuestras manos —así fueran las mías— ha encontrado el castigo. Pero, aunque tarde, puedo gozar de la esperanza. La espada dadme ahora que él solía ceñirse, para que a mi raptor el corazón traspase. Le entregaron la espada, pues ¿quién no la creyera? Con ella, traspasándose el corazón el centro, sucumbió vulnerada…».

Silva

«…El rapto de la joven llega a oídos del padre, que enloquecido, fuera de sí, toma las armas. Corren los ciudadanos, cabalgan decididos, y al raptor, con pertrechos, resueltamente acosan. Mas él ya está en el vado por donde el Guadalhorce, más allá de la peña que buscan, se desliza… …Traspasan los amantes incólumes la falda del risco, apresurados cruzan la ancha campiña. Cuando los divisaron desde el subido vértice del monte Moro, al padre dolido se los muestran. Él preguntó: ¿Quién anda delante? ¿Quién en zaga? Y le responden: Ella tras su raptor camina, gustosa, a pocos pasos, no obligada por fuerza. – Puesto que la afrentó, sea su marido, dijo. Entonces los armados dejaron por completo la peña y, con gozoso ánimo, al campamento volvieron….

Juan de Mariana. Talla en el frontispicio de la Biblioteca Nacional. Madrid

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La citada elegía de Vilches fue el primero y el mejor de los poemas compuestos en latín, pero no el único; otro, del jesuita Francisco de Montefrío, se halla en la Historia de Antequera del licenciado Luis de la Cuesta. El linarense Pedro de Padilla (1540–1599), autor conocidísimo en la época y gran amigo de Miguel de Cervantes, en su romance, que empieza «Un lunes por la mañana…» mixtura la línea de desarrollo de la leyenda forjada a partir de Valla, la versión adoptada por Vilches y la vincula al nombre de Ben Zulema, alcalde de Antequera, en tiempos anteriores a la conquista, y a su hija Fátima, que huyó con un caballero cristiano del que se había enamorado; perseguidos, el cristiano muere en la lucha y Fátima se arroja por la Peña. Entrados ya en el siglo XVII, nos hallamos con una referencia jocosa, si no burlesca y fantasiosa, del tema de los enamorados de la Peña, 74 años después de la silva de Juan de Vilches, en la pluma del músico y escritor rondeño Vicente Espinel (1550–1624), famoso por añadir la quinta cuerda a la guitarra y, sobre todo, por su novela picaresca Vida del escudero Marcos de Obregón (1618), de donde extraemos este párrafo alusivo a la leyenda; en él se cuenta cómo dos estudiantes van a encontrar fortuna a costa de los amantes, siglos después de su desgraciada muerte.

«Dos estudiantes iban a Salamanca desde Antequera; uno muy descuidado, otro muy curioso; uno muy enemigo de trabajar y saber, otro muy vigilante y escudriñador de la lengua latina; y aunque muy diferentes en todas las cosas, en una eran iguales: que ambos eran pobres. Caminando una tarde del verano por aquellos llanos y vegas, pereciendo de sed, llegaron a un pozo donde, habiendo refrescado, vieron una pequeña piedra, escrita en letras góticas, a medio borradas por la antigüedad y por los pies de las bestias que pasaban y bebían, que decían dos veces: 1Conditur 2unio, conditur unio. El que sabía poco dijo: «¿Para qué esculpió dos veces una cosa este borracho?», que es de ignorantes ser arrojadizos: El otro calló, que no se contentó con la corteza, y dijo: «Cansado estoy y temo la sed, no quiero cansarme más esta tarde». «Pues quedaos como 3poltrón», dijo el otro. Quedóse, y habiendo visto las letras, después de haber limpiado la piedra y descortezado el entendimiento, dijo: «Unio quiere decir unión, y unio quiere decir perla preciosísima; quiero ver qué secreto hay aquí»; y apalancado lo mejor que pudo, alzó la piedra, donde halló la unión del amor de los dos enamorados de Antequera; y, en el cuello della, una perla más gruesa que una nuez, con un collar que le valió cuatro mil escudos. Tornó a poner la piedra y echó por otro camino».

1. conditur: del verbo latino condere, juntar, esconder y enterrarse. 2. unio: sustantivo latino con dos significados; como masculino: perla grande; como femenino: unidad o unión. 3. poltrón: perezoso, holgazán, sedentario y vago.

Retrato de Vicente Espinel en su juventud. Dibujo de J. Maea

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Las reescrituras poéticas que tematizan la leyenda en castellano, en este mismo siglo, se constriñen, esencialmente, a dos géneros y a dos metros: el poema heroico empleado por dos destacados miembros de la esplendorosa «escuela antequerano-granadina», Agustín de Tejada Páez y Rodrigo de Carvajal y Robles, que da cuenta de la leyenda en su Poema heroico del asalto y conquista de Antequera, impreso en Lima en 1627; y el romance, utilizado por el aludido Pedro de Padilla y Juan Bautista de Mesa. Agustín de Tejada Páez (1567-1635) escribió un extenso canto épico en estrofas de rotundas octavas, en el que hace referencia a Juan de Vilches y a Elio Antonio de Nebrija, que también trata el tema en su libro latino Fábulas, que incluyó como apéndice en sus Discursos Históricos de Antequera. En la versión de Vilches y Tejada, a diferencia de Lorenzo Valla, el amante muere a manos de pastores que pretendían atentar contra el honor de Tagazona que, al ver a su amado muerto y sentirse acorralada, como hemos visto, se suicida clavándose la espada de su amante en el pecho; pero Tejada cambia el nombre a los protagonistas: Tello de Aguilar, oriundo de Écija, y Ardama, hija del noble granadino Aben-Abó. Tello, enamorado, acepta ser vendido como esclavo a la familia de su amada para estar cerca de ella; su amor es imposible en Granada y deciden huir a Antequera, donde los esperaba «el duro hado incontrastable» El poema de Tejada presenta un tono expresivo cercano al género heroico, como referimos; por ello, a los protagonistas se les vincula con la inmortalidad; se usa de manera continuada la hipérbole épica; se recurre a la personificación de la naturaleza, del río Guadalhorce, o a las alusiones mitológicas, haciendo intervenir a la diosa Venus para proteger a los amantes del ejército que los perseguía capitaneado por el progenitor de Tagsona.

Venus, como diosa del Amor, impreca al río Guadalhorce con esta petición: «Oh Guadalhorce, grave padre —dijo— dos amantes que agora tu agua pasan son aquellos que yo busco y elijo porque mi fuero y leyes no traspasan; tan perseguidos viéndolos me aflijo pues que les basta el fuego en que se abrasan guárdalos, sacro dios, entre tus hojas si de Amor ese pecho no despojas. Bien sé que el duro hado incontrastable los amenaza ya con fiera muerte, mas no perezca su valor loable a manos de gente de vil suerte, anégala, pues, padre venerable, con ese brazo altivo, heroico y fuerte, porque tan grande gloria no se aplique y aquestos dos amantes sacrifique» Canto, VV 58-80

Elio Antonio de Nebrija, según grabado de 1550

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En el romántico siglo XVIII nos encontramos una narración sobre la Peña de los Enamorados publicada entre febrero y marzo en el Correo de Cádiz y firmada por «B», el Barón de Bruère, personaje de origen francés, fundamental en los inicios del periodismo en España. La historia se repite: en este caso, los personajes han subido el rango social, pues se trata de una princesa mora de Granada y un cautivo cristiano, caballero de una de las más altas casas de Aragón, noblemente acogido por el rey vencedor y generoso como manifiestan éstas sus palabras:

El cuento comienza con una romántica alabanza a la Edad Media: «Admiremos el espíritu de los Siglos caballerescos, en que el amor, las guerras y los combates, formaban la ocupación de su brillante juventud. En aquellos tiempos, el hombre más enamorado era el más valeroso. El más fino, el más delicado en los estrados, era el más feroz, el más terrible, el más duro en los combates».

«Valeroso caballero, no os avergoncéis de conocer a un vencedor que merecerá vuestra estimación; recibid este primer testimonio de la mía; os devuelvo vuestra espada, venid a mi corte, quiero fijaros en ella con los lazos del reconocimiento y de la amistad, no experimentaréis de mí más que beneficios».

Faxardo, el protagonista, se va a ver atrapado entre su amor por Zatima, la joven princesa, y el agradecimiento hacia Abenacar, el rey moro que le ha tratado con gentileza y cortesía y que le ordena abandonar su reino, provocando así el dilema sin calibrar que para su hija el amor por el joven aragonés lo es todo, hasta el punto que Fatme, su doncella, le pregunta asombrada:

El joven Faxardo y la hija del rey granadino se enamoran, y superando todas las diferencias de religión, raza y sentido del honor que los separan, huyen, a impulsos de la joven, del Reino y del rey que les persigue. Al fin, acorralados por el ejército paterno, se suicidan arrojándose desde lo alto de un escarpado risco que desde entonces lleva el nombre de Peña de los Enamorados.

«¡Señora! ¿Qué decís? ¿Abandonaréis por esta fatal pasión vuestros padres, vuestra patria, vuestra religión?....» «Zatima ya no es Princesa de Granada, es esclava de Faxardo», le responde la hija de Abenacar «es la última expirante de sus muchas prendas, no podré sostener su ausencia: esta partida me conducirá al sepulcro…quiero arrojarme en los brazos de la muerte…».

Monumento a la Peña de los Enamorados. Obra de Manuel Patricio Toro. Plaza de Castilla. Antequera

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Y efectivamente así sucederá en el lugar cuyo nombre nos es ya más que conocido. «El río Guadalhorce a los pies de aquesta peña con susurrante murmullo va arrastrando sus arenas, lamiendo los verdes troncos de las gayombas y adelfas, los tarajes y espadañas que crecen en sus riberas. Hay sitios donde se pierde entre verdes alamedas, que sombras dan a sus aguas, y escondite a las parleras y pintadas avecillas, que cantando van sus penas al saltar de rama en rama con gallarda gentileza… …sitio adecuado en verdad para amorosas escenas para suaves delirios de halagadora terneza… …á este sitio delicioso desde el cual se ve á Antequera… …llegaron á descansar de su penosa carrera D. Tello y la bella mora, que de gozo se enajenan… … Creyendo los dos incautos que ya nadie los acecha…».

Otros autores románticos se harán eco de la leyenda tratándola en formato de cuento, como hace Mariano de Togores en 1836 y Manuel Zúñiga en 1839, o dándole entrada en el género teatral, como D. Bartolomé José Gallardo, que afirmaba haber poseído y perdido una comedia de Tirso de Molina sobre la Peña de los Enamorados. En Granada, en plena época romántica, fue estrenada, en 1843, una de igual título escrita por D. Aureliano Fernández Guerra. Los últimos autores a los que sólo voy a citar, dejando para otra ocasión a los extranjeros que refieren el tema, como el norteamericano Washington Irving (1783-1859), son el historiador archidonés, muerto en La Habana, Miguel Lafuente Alcántara, que recoge la leyenda en su Historia de Granada (1845), el historiador y arabista malagueño Francisco Guillén Robles (1846-1926), que lo hace en su obra Historia de Málaga y su provincia (1874); y el tercero es el abogado y arqueólogo Don Trinidad de Rojas y Rojas (1831-1902), ilustre antequerano, que en 1862, en Granada, publicó un poema en versos variados, con una interpretación romántica del asunto, titulado La Peña de los Enamorados, leyenda tradicional del siglo XV. En su introducción, Trinidad se disculpa, modestamente, por su publicación aduciendo que la tenía escrita desde hacía muchos años y que, por necesidad de publicación, ni siquiera la había corregido. El poema es una recreación muy amplificada y con numerosas variantes respecto a los anteriores. En ella intervienen el artero y traidor Alkarmen, alcaide de Antequera y enamorado de la dama; Arabella, el noble y generoso alcaide de Ronda; el osado retador y protagonista D. Tello Aguilar, que contará con la ayuda y la amistad del rondeño, después de haberse batido con él, y el terrible AbenAbó, padre de la hermosa Fátima. Les ofrecemos un fragmento descriptivo del lugar, escenario de la tragedia:

Pero detengamos ya el «ejercicio de erudición» y dejemos al lector con el disfrute de las lecturas propuestas, invitándole a que, en alguna ocasión, se haga con la recopilación de romances de autores desconocidos hecha por D. Ramón Menéndez Pidal titulada Flor Nueva de Romances Viejos, editada en Espasa Calpe; les aseguro que será el principio de una larga degustación literaria.

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1. ROMANCE MORISCO

(En el que se cuenta el desastroso fin de los moros Hamet(e) y Tartagona, ocurrido al pie de la Peña de los Enamorados, cuando se dirigían en busca de Rodrigo de Narváez).

Narváez, buen caballero, alcaide fue en Antequera, y lo que hizo con 2Jarifa, 25 cuando fue su prisionera, también lo hará conmigo cuando su voluntad sea. Pero, al fin, al virtuoso, respetarle es honra nuestra. 30 Vuelve las riendas el moro y a do le guía su estrella, y al pie de una alta roca, rodeada de mil yedras, quiere que la yegua pazca 35 y el amor tienda sus velas. En esto 3vido venir una famosa caterva de famosos salteadores que pasaba de sesenta. 40 Todos le acometen juntos, como canes a la cierva, por quitar la vida al moro y el honor a la doncella.

Bajaba el gallardo Hamete a las ancas de una yegua a la bella Tartagona, hija del fuerte Zulema, alcaide que en Archidona 5 el alto castillo y fuerza sustentó treinta y tres años, sin género de flaqueza. De noche bajaba el moro por una escusada senda, 10 por lo que la 1noturna guarda al descender no le sienta, y en allegando a lo llano, lozano pica la yegua; volviendo el rostro a la mora 15 en el carrillo la besa y la dice: - Diosa mía, tuyo soy; mándame y veda, que en Granada mil favores tengo del Rey y la Reina, 20 y de mi prosapia ilustre soy el mejor que hay en ella.

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En pie se pone y levanta, 45 y entre todos hace rueda. ¡Cuán bien jugaba una punta! ¡Cuánta pierna o brazo cercena! ¡Oh, cuán bien que dilataba el moro su muerte fiera! 50 Mas una piedra sin ruido se le escondió en la cabeza, quitando el aliento al cuerpo y al brazo la fortaleza. De que la dama se vido 55 en poder de gente ajena, no hay dolor que llegue al suyo, pena que llegue a su pena. Cabellos que al sol dorado no le hacen diferencia, 60 ya no precia el oro fino que al blanco cuello rodea. Cogió la espada del muerto, que la hallara entre unas yerbas; cogiérala por la punta, 65 de pechos se echó sobre ella. Juntó el cuerpo con su amante, la cara con una piedra, que son los enamorados de la vega de Antequera, 70 dejando mucho renombre de otra segunda 4Lucrecia. Quien no lo quisiere creer, váyase a 4Ronda la vieja, que allí lo hallarán escrito 75 en lo alto de una peña.

1. Noturno: forma arcaica, nocturno. 2. Jarifa: protagonista de numerosos romances y de la novela morisca del s. XVI que relata una historia de amor entre ella y Abindarráez, donde interviene D. Rodrigo de Narváez, alcalde de Antequera, que compadecido la liberó. La acción se desarrolla entre Antequera, Álora, Coín, Cártama y Granada. 3. Vido: forma arcaica, vio. 4. Lucrecia: joven reciencasada de la primitiva historia de Roma, engañada y violada por el hijo del rey Lucio Tarquinio; al no ser defendida en su honor por su padre y su marido, se suicidó clavándose públicamente un puñal, pronunciando una frase, afortunadamente, difícil de aceptar hoy: «Ninguna mujer quedará autorizada con el ejemplo de Lucrecia para sobrevivir a su deshonor». Su acción provocó la caída de le monarquía romana y el advenimiento de la República. 5. Ronda: la mención a la Ciudad del Tajo no tiene sentido; se trata de una asociación más de los topónimos de la geografía romanceril que reaparece en este romance tardío.

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Paris y Helena. Museo de El Louvre, París

2. ROMANCE CULTO Juan Bautista de Mesa, que asistió a la cátedra que impartía Juan de Vilches en la colegiata antequerana, escribió con aires gongorinos, en su senectud, un precioso romance siguiendo la versión de su maestro. El canto condensa, en pocos versos, la leyenda con afortunadas alusiones mitológicas a Paris y Elena, a la diosa Diana y al rapto de Europa para finalizar con atinadas pinceladas de lirismo en el llanto final del río Guadalhorce. El poema fue editado en 1982 por el profesor malagueño J. Lara Garrido.

Romance de la Peña de los Enamorados no la 2vido, que temiera el castigo que 3Diana dio a el cazador en la selva. 20 Al verse los dos se turban que 4Amor disparó dos flechas con que les hirió las almas y les desató las lenguas. Habláronse y concertaron 25 5 lo que el Troyano y la Griega, que el moro pone a su dama a las ancas de la yegua. La cual tan ligera parte que dudan si corre o vuela, 30 no menos que el dueño ufana en llevar la dulce prenda, que el toro que llevó a 6Europa por el mar nadando a Grecia

«En una yegua andaluza que a la nieve y viento afrenta, a la nieve en la blancura y al viento en la ligereza, lleva robada volviendo 5 a la vuelta de Antequera el granadino Hamete a Tagazona la bella, hija del famoso alcaide de Archidona, y su tenencia, 10 tan noble como hermosa y como noble discreta. De su fama enamorado vino de Granada a 1vella y con sus moras la halló 15 en un jardín una siesta. Llegose porque bañarse

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1. Vido: forma arcaica, vio. 2. Vella: forma arcaica, verla. 3. Diana: o Artemisa, hermana de Apolo, diosa de la caza y de la virginidad; el cazador aludido es Acteón, que por contemplarla desnuda fue transformado en ciervo, siendo devorado por sus propios perros. 4. Amor: Cupido, hijo de Venus o Afrodita, lanzaba sus flechas provocando el enamoramiento. 5. El Troyano y la Griega: el príncipe troyano Paris, que enamoró a la reina Elena de Esparta, haciendo que ésta abandonara su patria, dando lugar a la guerra de Troya. 6. Europa: nombre de una princesa fenicia de la que se enamoró Zeus o Júpiter, a la que raptó, transformado en toro, montada sobre su lomo y cruzando el mar hacia un continente hasta entonces innominado; desde ese momento el continente se llamará Europa.

a la yegua, aunque era dios, 35 la envidiara si la viera. El padre con muchos moros parte tras ellos apriesa, que para tomar venganza alas le presta la ofensa. 40 Unos huyen, otros siguen, baten talones, dan riendas, por escaparse los unos, los otros por hacer presa. Mas viendo los dos amantes 45 que el padre se les acerca de la yegua se bajaron y subieronse a la Peña puesta a vista de Archidona a distancia de una legua 50 y su levantada cumbre no lejos de las estrellas. Allí entendieron los dos hallar alguna defensa que ofendidos de los hombres 55 piedad piden a las peñas. Pero no estando seguros del padre que ya les cerca por no morir a sus manos abrazados se despeñan. 60 Bajaron los cuerpos juntos como a su centro, a la tierra y las indignas almas contentas van a su pena. Guadalhorce llora el caso 65 y en señal de su tristeza dio mucho tiempo tributo al mar con lágrimas tiernas. Fue la Peña su sepulcro que a tanto amor y firmeza 70 del sepulcro se debia porque el tiempo no le venza. Dioles fama y recibida, pues fama que conserva, de los enamorados 75 hace su memoria eterna».

Artemisa y Apolo. Makastuey

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3. ROMANCE DE PLIEGO DE CORDEL O DE CIEGO

(Publicado en MADRID : 1871. Establecimiento tipográfico de Eduardo Cuesta. Es una versión muy sesgada desde el punto de vista religioso con la intención de «cristianizar» la leyenda. Los protagonistas quedan innominados).

I En la soberbia Granada vivió un cautivo cristiano, por su apostura arrogante, y caballero en su trato. Sus nobles prendas de un pecho 5 suspiros mil arrancaron, apenas brilló la aurora de sus juveniles años. No al olmo la hiedra amante se enlaza con más cuidado, 10 que aquellos dos corazones por el amor se enlazaron. Cuando él lloraba sus penas, ella enjugaba su llanto, y nunca el padre advertía 15 de sus amores los lazos. Y así corriendo las horas, y así los días girando, le destinaron los cielos, a ser dos veces esclavo. 20 Si quiere ser libre, lucha con sentimientos contrarios que una libertad adora, y es una cárcel su encanto. Por eso el sol le halla triste, 25

la luna le halla llorando y entre su amor y su patria no sabe escoger su mano. Mas, ya resuelto, una noche cabe una palma sentados en el jardín delicioso, que circunda al palacio, con amorosa sonrisa, y con acento inflamado, llevó el cautivo estas frases del corazón á los labios. — «¡Sultana del alma mía! ¡De mis sueños regalo! ¡Blanca azucena, que creces entre jarales bastardos! «No lejos de aquí hay un suelo que fecundiza el cristiano, donde el amor es mas dulce, donde el amor es mas santo. «Allí una cruz nos ofrece para abrazarnos sus brazos, y á eterna dicha nos brinda si eterna fé nos juramos. «Allí el ambiente es mas puro, mas puros del sol los rayos, más cándidas las palomas, los arroyuelos mas claros.

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«Ven, niña de ojos azules, la de los rizos castaños, dejemos estas comarcas que solo producen llanto. «Y si me guardas amores, lo mismo que yo te guardo, y ansiosa quieres la dicha, que el corazón busca en vano. «En este suelo querido con tus cabellos jugando más dulces serán tus ojos, mas tiernos serán tus brazos.» No dijo mas; sus miradas feliz respuesta buscaron, y el rostro de la doncella quedó en la tierra clavado. Y no es que siente despecho, ni que presagia un engaño, es que, aturdida su mente, bastante dice callando. Es que, si anhela esos goces, en medio de sus halagos, oye de un padre las quejas entre suspiros amargos. Y, como horrible sonido del ronco trueno lejano, en pago de sus desdenes una maldición acaso. — «¡Mi padre!...» al fin angustiada pudo esclamar; y acabando con tan sublimes momentos de indecisión y de espanto. — «Desecha vanos temores, dijo el cautivo, que en cambio te ofrezco un padre que llora la ausencia de un hijo amado. «Y con su amor los consuelos que vierte el dulce regazo, de una cariñosa madre que en tu orfandad te negaron. «Sí, tierna hurí, tus dolores procura calmar, y entrambos de la fortuna en las alas salvemos montes y llanos.

«Nos da la noche el silencio, la luna sus puros rayos, el corazón los impulsos, su ligereza un caballo.» «¡Aláh nos guie! contesta; ¡Aláh bendiga tus pasos». Y dando un tierno suspiro último adios al palacio, dejó su cuerpo, y cayendo de su cautivo en los brazos ya no vio mas que unos ojos que con los suyos se hallaron. Perdió la luna su brillo por blanca nube velado, y al estenderse de nuevo por los inmensos espacios, en una ojival ventana, como escultura de mármol, se vió de un anciano el busto todo cubierto de blanco. Y al mismo tiempo la brisa á sus oidos llegando, marcó los huecos compases del galopar de un caballo.

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II

80 Duerme Granada en un lecho de verde musgo sembrado, sus calles están desiertas, sus vergeles solitarios. La brisa con soplo suave, 125 por entre flores vagando, pausadamente los mece sobre sus languidos tallos. Y ya la luna en el cielo con su cabello argentado, 130 cual vigilante nocturno asoma su rostro pálido. ¡Todo duerme! La sultana de la molicie al amparo sueña en amores, y sueña 135 con la sonrisa en los labios.

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Y el mahometano, sin duda, en delicioso letargo, con otra sonrisa muestra de su soñar el encanto. 140 Y solo entre tanta dicha, entre placeres tan varios, rico en ensueños sombríos, pero de venturas falto, un pobre anciano contempla, 145 con rostro desencajado, el mundo real de la vida en otro mundo mas vago. Aquí, amistades traidoras, amores, allí ultrajados, 150 risas y llantos vertidos por el dolor y el escarnio. Y allá en el tétrico fondo, de sus caricias gozando, está una cándida mora 155 con su galán temerario. Y lejos, mucho mas lejos, un alazán aguardando, y en una montaña un grupo confusamente trazado. 160 Todo el anciano mira; quiere descifrar el cuadro, y al conocer sus figuras por el contorno y sus rasgos, como impelido con fuerza 165 por un sentimiento estraño, sacude su altiva frente, procura entreabrir sus párpados. Los abre al fin, con sus ojos recorre todo el espacio, 170 duda si sueña o si mira la realidad de un engaño. Y aun le parece despierto, que entre delirios insanos, al alejarse las sombras 175 se va aquel grupo alejando. — «¡Cuánto soñar!¡Qué de ideas agitan hoy mi descanso! ¡Quizás la brisa despeje mi cerebro acalorado!». 180

Dijo, y saltando del lecho toma su ropaje blanco, corre a la ventana, apoya sobre ella el cuerpo cansado, Y al mismo tiempo la brisa 185 á sus oidos llegando, marcó los huecos compases del galopar de un caballo. — «¿Quién huye a estas horas? dice. ¡Quizás algún desalmado! 190 Dichoso de él si en su huida concluyen sus sobresaltos». Y recordando sus sueños, sombras, visiones, arcanos volvieron á apoderarse 195 del pensamiento angustiado. Llama á su gente, retumba su voz por todo el palacio, y todos van á su encuentro menos su hija y su esclavo. 200

III. Desde Antequera á Archidona, un pueblecillo cercano, en dos mitades iguales aquel camino cortando, se alza una gigante peña en el centro de sus campos, como una reina en su trono y en medio de sus estados. Al pié un caballo, rendido por la fatiga y cansancio, se envuelve en su propia sangre como si fuera en un lago. Y allá en la cumbre descansan dos pechos enamorados, y se oyen dos juramentos en este elocuente diálogo. — «¡Dulce imán de mis amores! ¡Blanca hurí de mis encantos! Libre al fin de unas cadenas otras nuevas te demando.

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«Cerca ya de esas llanuras, que sin tregua codiciamos, jura amor al tierno amante, que yo juro ser tu esclavo». — «Yo en tus horas mas amargas consagréme á tu cuidado, yo endulzaba tu tristeza mis caricias prodigando. «Con tu fé pura y ardiente me enseñaste un libro santo, y aprendí las bellas frases que sus páginas marcaron. «Y una tarde en que rezabas por tu padre idolatrado, y besabas una imagen de la Virgen del Amparo, «Yo, cayendo dulcemente de rodillas á tu lado, la ofrecí mis oraciones con la fé de mi cristiano». — «¡Angel mio! — «Y hoy me pides que te jure amor sagrado.. ¡Juro amarte mientras viva á la Virgen del Amparo!». Calló un instante; sus ecos las auras acariciaron con mas dulzura que el trino del ruiseñor solitario. Y enmudecido su amante, por la emoción dominado, no escucha de cien ginetes el ruido de sus caballos, ni ve, que al frente de todos, va un altivo mahometano á quien agravio infirieron, y viene á vengar su agravio. — «¡Allí los teneis! esclama sobre la cumbre al mirarlos. ¡Yo los soñé en una peña, Y en esa peña los hallo». ¡Sús, á ellos!...». Y á sus voces, saliendo de su letargo,

sin darse cuenta á sí mismos se miran horrorizados. — «¡Mi padre! dice la mora. ¡Huyamos, al punto, huyamos!» y al triste suelo cayendo, durmióse en hondo desmayo. — «¡Sí, que vengan! el cautivo les grita desde lo alto. ¡Aquí os espero impaciente! ¡Aquí vuestra fuerza aguardo!». «Y antes que sentir de nuevo de la esclavitud los lazos, sabré morir en la lucha como valiente y honrado.» — «¡Sus, á ellos¡» por do quiera repite el eco en el llano, y cruzan flechas el viento, y piedras sirven de dardos. Y en confusa gritería por la ancha falda trepando ¡victoria! junto á la cumbre proclaman algunos cuantos. — «¡Sí, de repente les dice, en vuestro triunfo gozaos!» y acariciando una idea con la doncella en los brazos, Asómase al precipicio, se arroja desesperado, y lanzan su último aliento junto á los pies del caballo.

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------255 Lector, si acaso conoces ó vez alguna viajando ves esa peña, que el vulgo la nombra de enamorados, que te recuerde la historia, que entre sus riscos grabaron, con rojas letras de sangre dos corazones esclavos.

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ana pastrana Y acabamos ya. Los protagonistas de la leyenda siguen produciendo ecos; éste que «escuché» en la prensa malagueña, el año pasado, me indujo a seguir indagando y buscando textos literarios donde nuestro río y nuestra comarca natural hayan tenido o tengan presencia. La noticia, ofrecida por el diario La Opinión de Málaga, del 15 de junio de 2013, decía así:

«Ana Pastrana estrena el espectáculo ´Tagzona´ en Antequera La bailaora malagueña Ana Pastrana presenta hoy en el Teatro Municipal Torcal de Antequera el espectáculo Tagzona en el marco de la III Bienal de Arte Flamenco de Málaga. Pastrana le ha puesto flamenco a la leyenda de La Peña de los Enamorados, situada entre Antequera, ciudad donde imparte clases de baile, y Archidona, municipio donde nació y reside. En el escenario también estarán el bailaor Cristóbal García, en el papel de Hamet; las cantaoras Amparo Heredia “La Repompilla” y Nuria Martín; el guitarrista Carlos Haro; el violinista Nelson y el percusionista David Galiano. Además, contará con la colaboración de las alumnas de su escuela flamenca. La dirección y escenografía es de la propia protagonista con música de Carlos Haro, letras de Juan José Pastrana y la adaptación del pregón de Loli Santana. La historia romántica de los dos enamorados con final trágico será contada por malagueñas, abandolaos, guajiras, zambra, tientos, tangos, soleá por bulerías, alegrías, carcelera y seguiriya. La obra tiene un hilo conductor en la figura de Tagzona, hija de Ibrahim, alcaide de la fortaleza de Archidona y familia de los Albenzarrajes. Cronológicamente se sitúa en el siglo XV en la frontera entre el mundo cristiano y el Reino de Granada. Ibrahim compromete a Tagzona con el alcaide de Alhama, pero ella se enamora de forma prohibida de Hamet, junto con el que decide huir de la Archidona musulmana hacia la Antequera cristiana. Ante la imposibilidad de seguir su huida ambos se despeñan antes que Ibrahim los separe». La peña de los Enamorados, la cueva de Malnombre o la de Tomaybebe, el cerro de la virgen de Gracia… el Estrecho de Gibraltar, Malaca, Hispania… o Mollina y la sierra de la Camorra… Detrás de cada nombre de lugar no hay una leyenda,

pero sí hay, casi siempre, una historia por descubrir; sólo hay que recurrir a la herramienta que nos ofrece el interés por el conocimiento y el disfrute consiguiente de descifrar lo que la ignorancia nos plantea hasta ese momento como un enigma.

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Revista literaria e ilustrada del movimiento romántico en Málaga, subtitulada «periódico semanal de ciencias, literatura y bellas artes». Publicó dos series. En la primera publicó 44 números, desde el 10 de marzo al 31 de diciembre de 1839, y en la segunda, desde el 5 de abril al 27 de diciembre de 1840, 39 números, generalmente de ocho páginas cada uno y acompañados de láminas, además de los dibujos que adornan los textos.

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H

semblanza de

Juan Rebollo

ay quien dice que la vida humana es como una cadena de la que desconoceremos la mayoría de los eslabones que la forman y también hay quien afirma que el mundo es un pañuelo que cabe en la mano, y hace siglos se sentenció que «nuestras vidas son los ríos que van a dar a…» Pero, alto, todavía no, porque, en esta ocasión, nuestro río-guía, retardando su curso, nos ha hecho seguir el cauce del arroyo de la Zanjilla, para ir a dar a Mollina y haber podido así conocer al autor y disfrutar de la literatura de Juan Rebollo. Juan Rebollo Ruiz nació y vive en Mollina, licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, comenzó a ejercer el periodismo en el programa Informe Semanal de TVE. Desde 1978, ha sido redactor y coordinador de la Sección de Provincia del Diario SUR de Málaga; delegado territorial de Canal Sur Televisión en Cádiz; director de los centros de producción de Canal Sur Radio en Jerez de la Frontera, Cádiz y Algeciras; subdirector del grupo Diario ÁREA, Televisión Campo de Gibraltar y Radio Campo de Gibraltar-Cadena COPE y director ajunto-jefe de redacción de las cadenas de Televisión Ondasur y Telesur. En 1990 recibió la Mención de Honor a la Labor Periodística Continuada por el Ministerio de Cultura y el Premio Andalucía de Periodismo. La primera obra publicada de Juan Rebollo fue La rosa de Gibraltar (2008), que representó su pase del periodismo a la literatura: «Los protagonistas de La rosa de Gibraltar contribuyeron al establecimiento de unas relaciones amistosas sobre bases de igualdad entre España y el Reino Unido. El día 4 de agosto de 1704, en plena Guerra de Sucesión, un feroz bombardeo de una fuerza naval anglo-holandesa, muy superior a las defensas de la Plaza, segrega Gibraltar de España. Una verja artificial divide a un mismo territorio, al que separan trescientos años de embates militares, incomprensión, recelos y temor. España no renuncia a recuperar su integridad territorial y Gibraltar quiere seguir siendo británico, con el apoyo incondicional del Reino Unido. Las posiciones se mantienen hasta principios del siglo XXI, cuando la situación cambia radicalmente, sin que, a los ojos del mundo, ocurra nada. La rosa de Gibraltar, una historia de amor que se superpone a las fronteras, en medio de una trama de intriga, espionaje, frenética actividad política e influencias de poderes, visibles y «ocultos» desvela las claves».

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En 2012 Rebollo publica su segunda novela El Diagnóstico. «En ella, el tabaco, un elemento proscrito después de glorificación de su consumo durante siglos, constituye la columna vertebral de esta novela, transgresora, que reivindica la Libertad -con mayúsculas- del individuo sin más límite que el del respeto al prójimo. Cortesía que el protagonista, un famoso escritor que vive aislado del mundo, pide para él, su vida y sus creencias. Una vida que se ve súbitamente alterada por un diagnóstico, tan aterrador como inesperado, de un médico de cabecera, y que, unido a la intromisión de una periodista en la intimidad del escritor, desencadena una cascada de acontecimientos. El sexo y el amor; la fe y la superstición; la amistad, la fidelidad y la traición; los prejuicios,estereotipos y dogmatismos; la autenticidad, el cinismo y la hipocresía son abordados en esta obra con desenfado y un agudo sentido del humor. Los diversos reencuentros y desencuentros, equívocos y reacciones inesperadas mantienen la intriga y aumentan el interés del lector hasta el desenlace final de un libro prolijo en matices y situaciones. Un libro dirigido a quienes son fumadores empedernidos y a quienes no han probado en sus vidas un cigarro; a los creyentes, agnósticos y ateos; a los amantes de la libertad; a mujeres y hombres, sin distinción de tendencias sexuales, y, en definitiva, a todos los seres humanos que pugnan por defender su propia identidad. En su última obra, Claveles Rojos (2013) «el amor, la sensualidad y los sentimientos más nobles tienen cabida en la condición de los personajes que, con sus acciones, escriben a diario su propia historia y la de los países en los que hallan su razón de ser. Los protagonistas de La rosa de Gibraltar vuelven a la acción para combatir la amenaza del terrorismo islámico. Álvaro Ruiz Bazán, la familia Saint Claire, los agentes de los servicios de inteligencia británicos y españoles y otros nuevos personajes regresan para, a costa de su sacrificio, tratar de salvar vidas y estrechar lazos entre estas dos potencias, que continúan teniendo pendiente el contencioso sobre el Peñón de Gibraltar. La trama de Claveles Rojos, con sus dosis de intriga, acción, suspense, sangre, sexo, pasión..., posee los componentes precisos para satisfacer los paladares de todo tipo de lectores». Gerásimo Arjona Bautista

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EL AUTOBÚS DE LAS SEIS Juan Rebollo Ruiz

El del sesenta y tres fue un verano memorable. La noticia se extendió como un reguero de pólvora por la canícula y llegó a quienes se solazaban tratando de cazar himenópteros en el letargo sestero. Fueron los primeros en enterarse. Los demás hubieron de esperar a la caída de la tarde, hasta después de la merienda, con suerte, un canto de aceite, una onza de chocolate o una arenca de la tienda de Gala, que las exhibía en una caja redonda de madera, colocadas en perfecto orden circular, junto a las sacas de harina, garbanzos, judías, lentejas y los polvos de lavar. La tienda de Gala era un bazar impregnado de aromas de legumbres, frutas, hortalizas, chacinas y embutidos, brillantes por el sudor de un calor que la hélice del minúsculo avión panzudo, de un rojo reluciente, apenas conseguía mitigar. Daba gusto ver cómo las moscas, golosas, terminaban pegadas en las tiras adherentes que colgaban de las vigas del techo en tanto que la tendera, remoto misterio intuido de mujer en plenitud, envolvía con esmero los pescados disecados, a real la pieza, en papel de estraza. Comprar en la tienda de Gala constituía un placer más para los sentidos de Reinaldo Tristán, como la llegada de las golondrinas de todos los años, que fabricaban sus nidos en los aleros de los tejados con las espinas arrancadas a la corona de Jesús para aliviar el sufrimiento del Señor. Las golondrinas eran santas y, por tanto, los únicos pájaros a los que se permitía anidar y volar libremente sin la amenaza de caer abatidas por los francotiradores armados con tirachinas. Estos combatientes constituían la avanzadilla de los ejércitos que libraban batallas entre barrios. Hacer la guerra era otro grato entretenimiento, una diversión que permitía poner a prueba el valor y la suerte del guerrero de no salir descalabrado bajo el diluvio de piedras que cruzaban los bandos en conflicto. Pendencias como en los tebeos, de El Capitán Trueno, El Jabato, El Cosaco Verde y Conan, que los contendientes intercambiaban, a uno por uno, o por dos, según el estado de conservación del ejemplar, en los periodos de paz.

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Llamas, en forma de rayos de sol, caían a la hora de la siesta de la tarde que llegó la noticia que haría notable el verano del sesenta y tres. A finales del invierno ya se habían producido otros acontecimientos relevantes que anticipaban lo que sucedería meses después. El generalísimo Franco, nombre pronunciado con respeto reverencial, pasó por la carretera nacional de las afueras. La actividad cotidiana del pueblo se alteró, los hombres no salieron al campo y se cerraron los cafés. Los niños asistieron al colegio vestidos con la ropa de los domingos, cantaron el «Cara al sol», ensayaron vítores y aplausos, les regalaron preciosas banderitas rojas y amarillas y fueron conducidos hasta el punto de reunión. Una fiesta que se presumía para recordar, y en la que, de manera incomprensible para Reinaldo Tristán, algunos vecinos no quisieron participar. Se escondieron en las cuadras y en los pajares, y hasta hubo quien se metió en la cama con calentura, copiando las artimañas de los niños los días de novillos. Aunque, al final, después de horas de espera, nadie consiguió ver más que una larga caravana de coches, el evento se convirtió en una efeméride, según se encargaron de recalcar los profesores: «El día veintitrés de febrero de 1963, el generalísimo de todos los ejércitos, invicto caudillo de España, visitó Fonseca en loor de multitudes». El acontecimiento sirvió también para que Reinaldo Tristán tomara

conciencia de la preeminencia del hombre que, con el torso erguido y el semblante adusto, no le quitaba ojo desde el retrato en blanco y negro que pendía en la pared de detrás del estrado del maestro. Reinaldo Tristán Castellano había cumplido siete años en el mes de marzo, una edad que ya se consideró adecuada para que pudiese invitar a los vecinos y amigos a una copa de aguardiente y un mantecado. Recibió numerosas felicitaciones y lindas tarjetas, en color y con delicadas dedicatorias, manuscritas por el escribiente de cartas Pepe «El manco», con letra cursiva y la voluntad como precio: «Con el sol te mando besos, y con la luna cantares, y en el día de tu cumpleaños te mando felicidades». Le regalaron varias postales con inscripciones como ésta, que por su brevedad le resultaron más fácil de memorizar que la de Begoña Salgado: «Hojeando el calendario, me presenté con tu día, y en sus renglones leí que tú siete años cumplías. Yo, como buena amiguita, te quiero felicitar, en el día de tu cumpleaños, con esta tarjeta postal». Begoña era una amiga muy especial. Lo descubrió la tarde que jugaban al pilla–pilla en el trigal del camino Alto, ella, él, Juanito Rodil y Mariquita Capitán. Las niñas, corriendo entre los tallos verdes, sorteando obstáculos, saltando sobre los atadijos de otros días de escondite, consiguieron llegar antes que ellos a la era que se abría en el centro del sembrado. Se tumbaron de espaldas, exhaus-

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tas y radiantes, sobre la alfombra de hierba que cubría el coso. Entonces las vio y su icono lo atrajo como un imán. Mariquita vestía unas bragas de percal, arrugadas, desabridas y manchadas de verdín. En cambio, las braguitas de Begoña, de un nylon tan blanco que casi lo deslumbra, eran finas y tenían filigranas de tira bordada. No lo dudó, se abalanzó sobre ella para hacerla su prisionera. Begoña se rebeló y entablaron una lucha cuerpo a cuerpo, forcejearon y se revolcaron entre margaritas, jaramagos, nazarenos y amapolas hasta que, sosteniéndola por las muñecas, consiguió montarla y dominarla. Jadeante, disfrutaba de su triunfo cuando notó que las piernas de Begoña, tan suaves como sus mofletes sonrosados, desprendían calor. Sintió una agradable sensación desconocida en el punto de su cuerpo que oprimía las braguitas, al descubierto de su falda remangada, justo donde terminaban sus muslos, que se abrieron como un compás. Permanecieron abrazados hasta que Mariquita Capitán y Juanito Rodil tiraron de ellos. Sólo cuando estuvo de pie cayó en la cuenta, con vergüenza y estupor, de que en sus pantalones cortos había una mancha húmeda. Mariquita y Juanito señalaron con sus dedos la huella de su pifia y se rieron de él, pero Begoña no se sumó al escarnio, los miró con desdén y dio por terminado el juego. Quizá fuera esta reacción de la


niña de bucles dorados la que evitó que se corriera la voz, y que aquella tarde le hubieran bautizado para la eternidad con el mote de Reinaldo «El meón». Por mucho menos, otros niños arrastraban ya con el peso de sambenitos como «Cagachín», «Garrapichi», «Capao», «Borrachín» o «Pimpinelo». De vuelta a casa, por el camino en el que construían castillos y fortalezas de arena mojada en los días de lluvia, Begoña le dijo al oído que tenían un secreto. Fue el primero que compartieron. Ella fue la única a la que contó lo que escuchó decir al cabo de la Guardia Civil la tarde que ocurrió el segundo acontecimiento premonitorio de un verano singular. Un camión de fruta volcó en una curva de la misma carretera por la que había cruzado días antes el generalísimo. No se recordaba un suceso tan trascendente en Fonseca desde el año de la riada, cuando las aguas arrastraron al forastero que tenía un nicho en el cementerio que nadie visitaba, y ante el que algunas mujeres relataban la historia de su desgracia el día de Todos los Santos. Él, Juanito Rodil, Jerónimo Gálvez y algunos niños más del barrio de la Capilla fueron de los primeros en llegar al punto del accidente. Después lo hicieron otros, y hombres provistos de cestos y canastas. —¡Me cago en Franco! –oyó susurrar, apretando los dientes, al cabo Domínguez. Un ultraje de extrema gravedad intuyó que debía ser aquel impro-

perio en boca del jefe de los dos guardias, desbordados en su intento de encauzar el tráfico e impedir que la fruta esparcida por la carretera y los arcenes fuera a parar a las banastas. No hubo ningún herido, por lo que el incidente pronto dejó de tener interés. Regresó con Juanito Rodil antes de que se encendieran las bombillas de las esquinas y halló a Begoña jugando al salto de la pelota en la puerta de su casa, la llamó aparte y le contó lo acontecido y escuchado. —¿No te measte, verdad? –lo sorprendió su amiga, más interesada por esclarecer lo ocurrido en la era que por su relato y su confidencia. Se le subió el color. —¿Te measte tú? Begoña negó con la cabeza. —Ya tenemos dos secretos –le sonrió la niña, para quien su revelación sobre el cabo Domínguez cobró valor. En los meses siguientes no se produjo ningún hecho sobresaliente en Fonseca. El calor se fue apoderando del aire, los arroyos se secaron, los trigales se tornaron pardos y las tardes de plata. Llegaron los juegos del verano, en los que Jerónimo Gálvez, con nueve años y la ayuda de su hampón, de diez, imponía la ley del Oeste con su revólver plateado de cachas de pasta nacarada, talladas con dos bisontes de las praderas y las muescas de los enemigos abatidos en duelo frente a frente. Hubieron de esperar hasta después de la siega para construir el

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poblado de chozas, con palos de la tala y tejados de rastrojo, en el ruedo de Eugenio Cruces, junto al campo de maíz. La luminaria de la noche de las antorchas, cuando prendieron fuego a los penachos de las mazorcas, hizo que hasta los hombres que tomaban el fresco en la terrazas de los bares de Antonio «Chorreras» y Paulo Merlo acudieran a presenciar el espectáculo. La quema ponía fin a los actos programados del verano, a la espera de la feria de agosto o de algún suceso natural en el devenir de la vida en Fonseca, como fue la muerte del viejo de la vía del Corralón. Según práctica usual en los óbitos, antes de que acudieran los dolientes llegaban los niños, indefectiblemente pilotados por Juanito Rodil, dotado de un olfato natural, una rapidez de movimientos y una capacidad de observación únicos para estos trances. Juanito no se perdía detalle de la cara del fallecido, su mortaja, las características de la capilla ardiente y el olor del cuarto, además de otros pormenores relativos a la agonía, el dolor por su pérdida o cuestiones relativas a la herencia, que después detallaba minuciosamente. Con el muerto de la vía del Corralón tropezó, sin embargo, con un serio inconveniente. Alguien que él no conocía, y que desconocía las costumbres locales, lo despidió con un tirón de orejas. Pero el desalojo sólo sirvió para aumentar la curiosidad de Juanito, que pegó desde la calle la cabeza a la ventana de la habitación en la


que yacía el finado — «la calle es de todos», le espetó en la cara al autor de la obstrucción— y la fue introduciendo entre los barrotes de la reja. La testa se le atrancó en el momento menos oportuno y recibió varios coscorrones antes de que pudiera salir huyendo. Lo peor del contratiempo, pese a todo, fue que Juanito Rodil ya no sería nunca más el que había sido hasta entonces, sino «La chiva», apodo con el que lo bautizó de inmediato Alberto «Caballo loco», lugarteniente de Jerónimo Gálvez, con su característica mala leche, y que no fue oficial hasta que su jefe dio la aprobación. Jerónimo, tras consultar con su revólver, sentenció que se trataba del mote adecuado, «La chiva», en femenino, tanto porque los cuernos enroscados en las rejas le habían impedido sacar la cabeza, como por haber consentido que «Caballo loco» se pegara a su trasero durante el atasco, como hacían los machos cabríos con las cabras. Para colmo de males, su madre, enterada del percance, le sacudió con la alpargata, le impuso un castigo de tres siestas sin salir y le advirtió con tono severo. —¡Que no me entere yo, como seas maricón te mato! «La chiva», Juanito Rodil para él pese al dictamen de Jerónimo Gálvez, jugaba con Reinaldo Tristán la tarde tórrida que llegó la gran noticia del verano del sesenta y tres. Extrañas máquinas de hierro, grandes como dinosaurios, habían empezado a construir un oleoducto en las tierras calcinadas de la vega.

De la zanja que abrían, honda y larga hasta perderse en las estribaciones de la sierra, manaba agua. Los jefes de pandilla aparcaron rencillas, se reunieron en concejo y organizaron la gran expedición del día siguiente. Llegaron desde todos los barrios, en bicicleta o a pie, corriendo a través de caminos polvorientos. Se zambulleron en las aguas enlodadas en bañador, en calzoncillos o desnudos, disfrutando y celebrando que Fonseca tenía, por fin, el río que tanto habían anhelado. Chapotearon y gozaron del baño aquel primer día, en el que Reinaldo Tristán, ya de regreso, comprobó, consternado, que había perdido el crucifijo de oro que colgaba de su cuello. Begoña Salgado fue, otra vez, su confidente. —Volveremos a buscarlo mañana, tú y yo solos –lo tranquilizó. —Pero tú eres una niña. —¿Quieres o no? –le preguntó, enfática. El tropel de bañistas se había retirado cuando, pedaleando cada cual en su bicicleta, llegaron a la zanja, menguado ya el calor sofocante de la siesta. Begoña se asomó al borde del cauce y contempló el agua sucia del fondo del desfiladero. —Yo no me mancho mis braguitas, ¿y tú? Quiso reír por la ocurrencia de la niña, pero el recuerdo de la era se lo impidió. —Yo llevo calzoncillos. —Da lo mismo, los dos igual o nos damos media vuelta.

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Desnudos, cogidos de la mano, saltaron al unísono. La temperatura del agua y el contacto viscoso del barro les resultó agradable. Jugando, se olvidaron de la cruz. —Tú me untas a mí y yo a ti –le propuso Begoña. Se embadurnaron de arcilla la cara, el cuello, el pecho y el vientre. Al llegar a la altura de las ingles, Begoña notó que el promontorio de Reinaldo estaba tenso. —¿Te duele? –le preguntó la niña. Reinaldo emitió un suspiro. Dejaron de reír y se estrecharon. Entre jadeos apagados, Reinaldo vio los ojos azules de Begoña vueltos hacia el mismo cielo al que se elevaban los suyos. El sol rayaba en el horizonte cuando se separaron. Mientras cogía agua limpia para enjuagar el barro del cuerpo de su amiga, la cadenita del crucifijo se enganchó en sus dedos. Llegaron a la explanada en la que los niños jugaban al salto real y las niñas a la rueda con los últimos rayos de sol. —¡¿Qué mote le ponemos a éste?! –vociferó «Caballo loco», dirigiéndose a su jefe, al verlos aparecer juntos. —Ninguno –le respondió Reinaldo, mirándolo fijamente a los ojos. Jerónimo Gálvez enrojeció de cólera por el trato irrespetuoso a su matón. —¿Quién te crees tú? –le preguntó con desdén. —Reinaldo Tristán Castellano, y tú no mandas en mí –le contestó, seguro y desafiante.


—Lo pagarás caro –sentenció el pistolero. —Vete a la mierda –le contestó. Reinaldo Tristán dejó de ser vasallo aquel atardecer de Jerónimo Gálvez, quien no se atrevió a replicarle. Sus ojos traslucían la autoridad que le infundía el don que había despertado en su interior por obra de Begoña Salgado. Ya en la cama, en la soledad de la habitación en la que había sentido miedos indefinidos en noches de pesadillas, se prometió que nunca se sometería a ningún jefe. Antes de dormirse se convenció de que era diferente a otros niños, y al despertarse se ratificó. Todavía con el regusto de su providencia, abordó a Begoña por la mañana, camino de la plaza en la que empleados municipales habían empezado a colocar el alumbrado de la feria. —Ten mucho cuidado –le advirtió su amiga. —¿Por qué? —No te dejarán ser como eres. En la cuesta de la calle de la posada tuvo ocasión de comprobar el acierto del consejo de Begoña. Alberto «Caballo loco», siguiendo las órdenes que había madurado durante la noche Jerónimo Gálvez, se interpuso en su camino. —¡Sepárate de la niña si eres hombre! –lo retó el gorila. —Apártate, bruto descerebrado – escogió Reinaldo Tristán una frase de El Jabato. Un iracundo «Caballo loco», espoleado por la cohorte de súbditos y pelotas de su gobernador, estiró el cuello, cogió carrerilla y se aba-

lanzó sobre él, tratando de atraparlo entre su corpulencia y su odio. Reinaldo se movió unos centímetros, de manera instintiva, de la misma forma con la que alzó el pie. El terror del barrio de la Capilla tropezó y fue a estrellarse de bruces contra la pared en la que ataban sus bestias los arrieros. Jerónimo Gálvez, herido en su amor propio, aceleró el paso mientras su pretoriano trataba de recuperarse del monumental capirotazo. —¿Siempre seremos amigos? – Begoña le sonrió, orgullosa de su hazaña. —Hasta que nos hagamos mayores y después. Apenas terminó de pronunciar estas palabras, un escalofrío recorrió su cuerpo. Reinaldo Tristán trató de concentrarse en la belleza de las bombillas de colores que engalanarían la verbena de la Virgen de agosto, en los trabajos de instalación de los puestos de turrón y de los cacharritos de la feria, tan esperados todo el año... No pudo. En su corazón se había instalado una tristeza que sólo la cercanía de Begoña conseguía atenuar. En las semanas siguientes se olvidó de las guerras entre barrios, de la caza de abejorros y escarabajos sanjuaneros, de apedrear perros callejeros engarzados, de los chismes de Juanito Rodil y de las canciones de Javier «Garrapichi», que imitaba con maestría al Dúo dinámico. Pasearon por los campos, yermos desde la siega, solos los dos, intercambiando historias, y se cobijaron del calor durante las siestas en la

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penumbra del cobertizo del heno almacenado. En los atardeceres se deleitaron jugando a la rueda, cogidos de la mano. Por las noches, mientras tomaban el fresco, bautizaron estrellas con sus nombres y aprendieron a mirar el firmamento en silencio. El verano voló tan fugaz como las golondrinas de retirada, y con los primeros fríos del otoño escuchó la palabra maldita, emigración, una tabla de salvación de terrible rimbombancia. Cataluña dejó de ser para él un punto coloreado en rojo en el mapa de España, y Francia, Alemania y Holanda nombres de países tan lejanos como Mongolia o Manchuria, que conocía por los tebeos. Javier «Garrapichi», Alberto «Caballo loco», Juanito Rodil y Jerónimo Gálvez desaparecieron durante el invierno. Begoña salió de Fonseca una tarde lluviosa, en el autobús de las seis, sus cabellos rubios recluidos bajo un pañuelo rosa. El destello de sus grandes ojos azules, asustados, fue la última imagen que vio a través de la ventanilla sucia del autocar. Begoña Salgado se marchó para siempre. Le dejó, en prenda de su amistad, una entrañable tarjeta postal, y como memoria perenne, el recuerdo de su calor y de tantas incertidumbres como estrellas refulgían en el cielo la noche que entendió los motivos por los que había perdido a su primer amor. fin


EL JARDÍN de las HOJAS SECAS Juan Rebollo Ruiz

El pensamiento se torna abrumador en el jardín del silencio y el crujir soterrado de verdades que olvidan su propia identidad para fundirse con una sola verdad.

En el jardín de las hojas secas se respira un olor indefinido, mezcla de cera, ciprés y silencio.

El jardín de las hojas secas atrae y repele, incita y rechaza, habla y calla.

En este jardín no cantan los pájaros, ni las flores tienen color, ni el agua es fuente de vida, aunque la tierra rezuma humedad.

El jardín no miente, no engaña con requiebros de olores y colores.

En el jardín de las hojas secas están presentes tantas pequeñas historias sincréticas que los pensamientos se tornan vagos, lejanos, difuminados en sensaciones inaprensibles.

En su penetrante silencio revestido de gris, el jardín de las hojas secas muestra la cara oculta, descarnada, de nuestra esencia.

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LA NIÑA de los PÁRPADOS de CERA Juan Rebollo Ruiz

La gente se echó a la calle y la visión de aquel querubín lívido, amortajado en el interior de un ataúd blanco con un humilde vestido de gasa nívea, desgastado, y una corona de azahares en sus sienes petrificadas, terminó de estremecerla. Alguien entre el gentío se atrevió a lanzar la primera rosa, y una lluvia flores cayó sobre el catafalco. Detrás del cortejo, roto, sostenido a duras penas por dos brazos, caminaba el padre, un hombre sin nombre, «el marido de la ciega», a cuya blusa gris se aferraba, desconcertado, un niño raquítico de pelo rubio e hirsuto, el segundo de cinco hermanos, tres muertos antes de cumplir el año y la cuarta, su hermana, transportada a hombros por un camino sin retorno cuando apenas había tenido tiempo de sumar sus once en el calendario. En la casa, siguiendo la costumbre impuesta, había quedado la madre, ahíta de dolor, con sus ojos sin vida desbordados por dos torrentes de lágrimas. El disco solar marcaba las doce del mediodía, y el niño avanzaba al paso lento de la procesión. Miraba, sin ver, los rostros que se agolpaban en las aceras, la gente que llenaba la calle y le seguía. Entre ella estarían quienes a diario le ignoraban, a él y a su familia, los que rechazaban comprar la mercancía que su madre les ofrecía, apoyada en su hombro de lazarillo, papeletas para la rifa de un manojo de espárragos silvestres.

No había una mancha en el cielo. En el firmamento reinaba un celeste diáfano. El sol era un disco incandescente, con forma de hostia dorada, que derramaba irisaciones sobre las paredes encaladas de las casas. En la calle, atiborrada, los niños compartían espacio con los viejos, los hombres con las mujeres, los obreros con los caciques, los señoritos con los gañanes; todo el pueblo se había convocado en torno al cortejo fúnebre de la niña que murió la tarde antes. El párroco abría la comitiva, revestido de un alba blanca y una estola púrpura sobre una sotana negra. Le acompañaban tres monaguillos, tres pillastres seráficos con túnicas encarnadas, que se esforzaban por mantener caras de solemnidad mientras retiraban, a intervalos, una mano de la resplandeciente cruz de guía de acero plateado, de los fustes relucientes de los candelabros, para pellizcarse la nariz o atusarse el flequillo. Eran de la misma edad de la niña de párpados de cera que conducían, en su último paseo, camino del jardín yermo del vacío y el silencio. Muchos entre la multitud se preguntaban para sus adentros, a lo sumo en voz baja, por el nombre de la niña muerta, por la causa de un suceso tan trágico, que les había sorprendido, conmovido y removido las entrañas.

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Entre la multitud se confundían personas bien intencionadas, las que no podían hacer frente a un dispendio semejante, con aquellas otras que se resistían a sacar, de sus bolsas pertrechadas, una perra gorda para ayudar a su familia a cambio de un fruto de la tierra que su padre recogía entre las piedras escarpadas del monte. Sólo unos pocos entre la muchedumbre, los más humildes, los amigos del vecindario, sabían que la niña había fallecido de la enfermedad de la que mueren los pobres, de la debilidad que da el hambre. Pero hasta morir de necesidad, de falta de cuidados y medicinas, podía considerarse un pecado, un

delito del que el médico, caritativo, exoneró a su familia escribiendo en el parte de defunción el nombre de una dolencia pulmonar, que nadie entendía, para tapar bajo la tinta los vómitos de sangre de la agonía de la criatura. En su llanto contenido, el chiquillo apretó los dientes, miró al círculo del cielo y pensó que algo no iba bien, no funcionaba como era debido en aquel pueblo del sur de la España de principios de los sesenta. Por primera vez en su vida, al paso de la comitiva fúnebre, vio a los caciques dominantes, y a los señoritos de pelo engominado y vestimentas sin mácula, al lado de los peones de pantalones remen-

dados, los que se consideraban afortunados por tener la oportunidad de labrarles sus haciendas a cambio de salarios de miseria y el derecho a permanecer callados. En medio de este espejismo, el niño clavó con más intensidad sus ojos en el disco dorado, que comenzó a girar sobre sí mismo y se desplazó sobre la bóveda azul, primero lentamente, un instante después a velocidad de vértigo, y le deslumbró con su resplandor. A partir de ese momento ya no vio, le resultó imposible percibir nada; la esfera reluciente se instaló en su cerebro y terminó para él en un baño de oro, sobre flores ensangrentadas, el entierro de su hermana. fin

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PLAZA DE ESPAÑA Juan Rebollo Ruiz

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pajar de su casa por el primer rayo de sol. Antes, otro amanecer, lo había hecho el coloso de Rodas, la sexta maravilla del mundo para los historiadores de la Roma clásica, desde las páginas de un libro olvidado. Una diosa y un dios, coronados y hermanados por antorchas refulgentes, alimentadas por el combustible de los sueños, se habían instalado en su alma desde niño. En la otra hora mágica, la de la anochecida, entre dos luces, se había elevado sobre las estelas encarnadas de las nubes, rumbo a poniente, en dirección al punto en el que nace la estrella guía de las noches de diamantes encendidos. También había cabalgado a lomos de briosos caballos, entre centellas amigas, hacia el corazón de las tormentas, donde el cruce de espadas, la manga de otros dioses, desencadenaba la tempestad. Aquella tarde con visos de primavera, próximo ya el crepúsculo, caminaba junto a una deidad de porte altivo, una vestal sacrílega del último cuarto del siglo XX, empeñada en hablarle del sentido práctico de la existencia. —Y una señorita no puede salir con cualquiera – retomó Celia su monólogo. Ante su silencio sostenido, se creyó en la obligación de ser más explícita. —¡Qué pensarían de mí si me casara con un albañil, un fontanero o vete tú a saber... No me corresponde! En el vete tú a saber se encuadraba él, que siguió andando sin inmutarse, como la tarde–noche de un domingo invernal de hacía pocos meses, cuando Celia le franqueó la puerta de su habitación desde la

elia tenía fuego en la mirada, cabellos de cíngara y sonrisa de Gioconda. Despertaba pasiones y se hundía en ellas con la misma frecuencia, intensidad y desdén con el que se elevaba al altar de los amores imposibles. Era admirada, envidiada, deseada y criticada. Celia Giraldez, María Celia Giraldez Gerena–Vergara cuando se despidió de él para casarse con el cornudo de su novio, era, ante todo, una cortesana de alcurnia. Lo supo desde el primer vistazo, y se lo espetó ella, amenazada, mientras paseaban por la Gran Vía una tarde impregnada de reminiscencias de violetas. —Soy una señorita –le dijo, mientras expulsaba el humo de la calada de su cigarrillo sobre sus uñas, pulimentadas y perfumadas en la manicura. Él no dijo nada, esbozó un atisbo de sonrisa y siguió caminando junto a ella, cerca del estrepitoso aluvión de coches que circulaba tratando de morderse; entre el gentío que andaba por la acera, deprisa, como almas que llevara el diablo, con el ritmo habitual de los peatones en Madrid, ajenos al momento en el que el día se acercaba a uno de sus momentos mágicos. Crepúsculo y alborada, despedida y saludo, tránsito. Lejos, en tiempo y en distancia, nunca olvidados, quedaban los amaneceres de su infancia, el canto de los gallos, el desperezo de los campos, el reencuentro con los seres queridos, la retirada sigilosa de las sombras, el hechizo del instante único... Nueva York, la estatua de la libertad, mayestática, le dio la bienvenida una madrugada desde la puerta de entrada de los aventureros al nuevo mundo, proyectada sobre la pared blanca del

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cama, todavía tibio el lado que había ocupado Borja. Mientras en sus ojos se mantenía viva la llama ardiente de un deseo inconcluso, lo invitó, con un ronroneo de gata en celo, a sentarse en el tálamo, entre la sábana y su desnudez. Entonces creyó, estaba segura, que sucedería. Su novio la había colocado en su punto justo de sazón, melosa como el almíbar, caliente como las fauces de Satanás, relucientes los rubíes de su granada florida. Borja se había despedido dejándola como otras tantas veces, acariciando el orgasmo, sedienta de sexo, aunque con la deliciosa sensación de saberse dominadora y liberada para terminar de sentirse realizada. Tenía dónde y entre quién elegir. Era consciente de su cualidad de hembra despampanante, de su lustre de niña bien sobre su esencia de perra con pedigrí. Pero él no dijo nada, no se lo pidió ni realizó el menor ademán de meterse en el lecho; se mantuvo sereno, sentado en el borde de su cama, mirando alternativamente su cara y la lluvia que rebotaba en los cristales. Fue la primera vez que ella apretó las piernas, y el volcán que ardía entre sus muslos entró en erupción. Quedó satisfecha, su cabeza sobre la almohada, abierta, entregada como nunca a un hombre, al joven que le sonreía a su lado mientras la lluvia seguía repicando en la ventana y terminaba de caer la noche. La pregunta que se había planteado reiteradamente desde que lo conoció acudió con fuerza a su mente: ¿Quién era, realmente, aquel joven?. Hacía pocos meses que conocía a Gabriel Álvarez Ruz, un ser insignificante, un tipo más del

montón cuando la recibió en su modesto —cutre sería el término exacto— despacho del Rectorado el día que acudió a interesarse por su título de licenciada en Derecho. Necesitaba el diploma para enmarcarlo en la pared del salón recibidor de su nueva casa de Soria, el palacete que Borja se había empeñado en escriturar a nombre de los dos, incluso antes de contraer matrimonio, como prueba de amor y anticipo de la vida regalada a la que ella, por cuna y atributos, tenía derecho. Descontadas las mesnadas del rojerío, desclasados, revanchistas, resentidos y esnobs, que se habían apoderado del campus en sus últimos años de carrera, entre la gente de orden se decantó hacia Borja por su metro ochenta y siete de estatura, su musculatura de discóbolo y su respetable mostacho. El MG descapotable, verde britsh, señal de indudable buen gusto, herencia familiar, y la farmacia de la calle de El Collado contribuyeron a disipar las pocas dudas que la asaltaron después de que en el primer encuentro la dejara con la miel en los labios. Encajó peor que la escena volviera a repetirse en el segundo, tercer, cuarto y todos los revolcones que vinieron después. Aprendió a fingir, descubrió su facilidad para el arte del engaño en el momento supremo, que Borja alcanzaba según su capricho, cinco minutos máximo después de la penetración, antes si decidía bailar a su ritmo o se sentía con ganas para adornar previamente el acto con los toques adecuados, de boca o manos. Borja volvía a Soria, se despedía satisfecho y enamorado hasta el fin de semana siguiente, a veces catorce días

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consecutivos si los turnos de guardia en la botica no le permitían desplazarse hasta Madrid. Mariano y Darío, caballeros aspirantes a banquero y notario, respectivamente, le juraban amor eterno una vez aprobada la oposición y le ofrecían consuelo transitorio. Los dos formaban el elenco fijo de toros en celo permanente. De manera esporádica, seleccionando minuciosamente, entraba en la alcoba de algún flamante conocido en el hipódromo, en Tiffany´s o en el Arriba, el único pub decente de las inmediaciones de la ciudad universitaria. Jamás permitía que nadie sin clase —tenía un olfato especial para desenmascarar a los advenedizos y farsantes— le pusiera una mano encima. Los despedía con una sonrisa virginal y sus disculpas por pertenecer a la vieja escuela de las señoritas recatadas. Indefectiblemente, la invitaban a una copa. Su mayor descenso en la escala social, una excepción perdonable, tanto por el atrevimiento imprevisto del imputado como por las excepcionales circunstancias del momento, la hizo con un sargento del Ejército, un tal Manuel Expósito, apellido que hablaba por sí mismo, que le cogió el culo en la barra del Arriba mientras ella acariciaba la culata nacarada de su pistola. El tal Expósito, flanqueado por dos polluelos imberbes, dos serpollos fascistas del barrio por excelencia de Madrid, le dijo cosas horribles antes de meterle mano, de recorrer con sus dedos el estrecho desfiladero de sus nalgas, liberadas de opresión bajo sus Levis, una talla superior a los corsés vaqueros en los que se embutían las horteras. Sintió cómo se estremecía por el


embate de los dedos recios del milico y sus explicaciones sobre la caza del rojo, su deporte en las noches francas de servicio. Afortunadamente, la cosa no fue a más. Su amiga Marisa, atenta desde la mesa en la que degustaba su tónica con ginebra, Larios, con el alférez de complemento Rafael Granados, le lanzó el capote en el momento justo. Rafael tiró de estrella, bandera y aguilucho, y cuadró al lacero, que se retiró saludando a la romana con la misma mano con la que había arrugado sus finas braguitas pantalón de seda. Marisa Ponce le recriminó su comportamiento y ella le reformuló su juramento de clase. La absolución por parte de su amiga íntima, la rubia jienense compañera de promoción de Borja en Farmacia y mayorazga de quinientas hectáreas de olivos en Baeza, le ayudó a olvidar el asunto antes de que terminara la velada. Su vida volvió a transcurrir por los cauces normales hasta la mañana en que conoció al burócrata Gabriel Álvarez Ruz, un don nadie, pensó, demasiado joven, veintitrés años a lo sumo, para ocupar un destino de oscuro funcionario. Puede que ni siquiera se hubiera molestado en detenerse a mirarlo con un mínimo de detenimiento de no ser por el vendaje de su cabeza y las magulladuras de su cara. Tenía los labios delgados, muy finos, casi femeninos, la frente despejada, ojos entre pardos y verdosos y el mentón pronunciado. Nada excepcional comparado con Borja, que le sacaba tres cuartas, de estatura, aunque el conjunto de sus facciones resultaran agraciadas. —Dios superó su creación contigo –le había dicho, traspasándola con la

mirada, después de informarle de la inminente entrega de su título. Su reacción instantánea fue la de llamarlo al orden, recriminarle su atrevimiento y amonestarle con dar una queja a sus superiores. Pero, de modo simultáneo, se sintió tan complacida con aquel piropo, inesperado, que se notó deliciosamente poseída. Al dar media vuelta para retirarse, estilizó su silueta, estiró el cuello hasta creer que se le rompía, cinceló su sonrisa, única, y volvió la cabeza instintivamente. —Me ratifico, cualidades de una diosa. A pesar de su insolencia, en su voz había un dejo de timidez, de dulzura soterrada, que la impulsó a preguntarle por la causa de sus heridas. —Gajes de los tiempos –se limitó a responderle. Le hubiera gustado que fuera más explícito, prolongar la charla. Su contestación daba lugar a cualquier tipo de conjetura, desde que hubiera sufrido un accidente de automóvil a que arrastrara las secuelas de un enfrentamiento con «los grises». Después de los dos requiebros consecutivos, educados, correctos, elegantes, pensó que detrás del mustio oficinista podía esconderse un estudiante, quizá un recién licenciado. Corrían tiempos convulsos, en el ámbito universitario y en la calle. En la universidad, lo había soportado personalmente y era testigo presencial, los rojos trataban de imponer su ley. En algunas facultades, singularmente en Ciencias de la Información, habían conseguido arrinconar al profesorado, llegando a imponer un sistema anárquico de autogestión, incluyen-

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do la participación, determinante, de los alumnos en sus propias calificaciones, todo un despropósito. La presencia permanente de la policía en el campus, sus cargas, en contra de lo que cabía esperar, sólo servía para encrespar los ánimos de los agitadores, y las delaciones de los secretas, seguidas de las correspondientes detenciones, para unir a las partidas, tradicionalmente enfrentadas, de comunistas, anarquistas, socialistas, carlistas y hasta falangistas traidores que se llamaban a sí mismo auténticos. Tampoco las incursiones de los verdaderos falangistas, ni los ataques de los Guerrilleros de Cristo Rey conseguían encauzar el desorden en el que se hundía la universidad a principios de los setenta. Y los falangistas, pero, sobre todo, los Guerrilleros de Cristo Rey eran de temer. También cabía la posibilidad de que sus lesiones fueran consecuencia de una reyerta en el barrio de Malasaña, coto de ácratas y porretas. Por su indumentaria, pantalones vaqueros y jersey de cuello vuelto, sin marca, no tenía aspecto de alborotador ni de pasota, aunque tampoco de mozo de su clase y posición social. —Espero no haberte incomodado, te he dicho, simplemente, lo que me dictaba el alma –la cogió, de nuevo, fuera de juego mientras especulaba. Se sonrojó. Salió a la calle sofocada, pensando en aquel presumible pelado, que tenía algo, un no sabría decir qué, además de un incuestionable don de la palabra, y de la oportunidad, que había conseguido trastornarla. Tanto que apenas tuvo tiempo de aterrizar en el


colegio mayor antes de llamar por teléfono a Marisa. —Nos podría servir de diversión –escuchó, perpleja, decir a su amiga a través del auricular. A diferencia de ella, Marisa Ponce, sin alardear de clasista, tenía sus coordenadas trazadas con tal minuciosidad que hasta sus devaneos amorosos la inquietaban. Y no por el honor de Borja, que se lo tenía merecido, más que por eyaculador precoz, por cabrón consentido en la flor de la vida. Para Marisa, resultaba imposible que los rumores sobre sus aventuras no hubieran llegado a oídos de su novio. Borja había aprendido pronto a aplicarse la regla, sagrada en su opinión para una mujer de las características de su amada, de ande yo caliente y ríase la gente en román paladino, premisa que le garantizaba un próspero y largo matrimonio. A su amiga íntima le inquietaba que en su gran corazón enamoradizo, una posada dos cuartas más abajo, se instalara algún desaprensivo, algún tarasca social que le arruinara el porvenir. Lo que pudo intuir Marisa del relato de su encuentro con Gabriel se lo guardó para ella, si bien, como anticipo, le razonó que el hecho de que trabajara en el Rectorado le eximía de la catalogación de apestado o extremadamente peligroso. Pero, con absoluta seguridad, debió vislumbrar algo más al incluirse en la fiesta. Le resultaba increíble que la Ponce de Lara y González de Córdoba hubiera decidido apuntarse a un lance con alguien que no fuera su prometido desde primero de carrera, el ingeniero agrónomo Rafael

Granados Cortés, en funciones obligadas, asumidas con agrado en tanto que servidor de la patria, de alférez de complemento. —¿Has dicho nos podría? –intentó Celia indagar en los motivos de la inscripción de Marisa. —Ajá –respondió con una interjección ambigua. —Pero tú... —Me aburro. Nada nuevo. El aburrimiento de su monógama y ociosa amiga era un hecho consabido desde la incorporación de Rafael a filas. Incluso albergaba serias dudas de que también antes, aunque Marisa se empeñara en negarlo, no sintiera hastío con su ingeniero, siempre tan atento como circunspecto y estricto. En cambio, ella opositaba oficialmente a la Magistratura y absorbía el néctar de otros tallos a la espera de atarse a Borja de por vida. En el colegio mayor tenía que soportar las críticas maledicientes de los residentes, los chismes del círculo de postgraduados, compensados con la grata satisfacción de saberse sujeto de deseo, musa de las ensoñaciones eróticas de sus compañeros opositores, tan reprimidos los pobres. —El aburrimiento, claro –supo que Marisa no iba a soltar prenda del porqué de su decisión. —Podrías concertar una cita, en nuestro terreno, por supuesto, en mi piso mejor que en colegio, ya sabes por... —La envidia que los corroe. —Que les den –dijo Marisa. —¡Eso, que se jodan por las dos! –entre risas, Celia eligió el verbo joder.

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Pasaron buena parte de la tarde tratando de imaginar cómo sería el encuentro con el señor Álvarez Ruz, categoría a la que le habían elevado no tanto por el tratamiento que, indefectiblemente, daban a sus amistades masculinas como por la hilaridad que les produciría descubrir si no lo era. Debatieron acerca del vestuario más conveniente para recibirlo, hasta coincidir en que Marisa luciría falda, cinco dedos medidos por encima de las rodillas —sus piernas despertaban pasiones—, y ella pantalones vaqueros —su trasero resultaba irresistible con esa prenda. Se entretuvieron en preparar una encuesta a conciencia. Si se negaba a someterse al examen, al juego inocente que le proponían, no sólo daría muestras de carecer de flexibilidad mental, sino también del sentido del humor indispensable, con lo que les ahorraría una pérdida de tiempo, lo despedirían sin miramientos y se olvidarían de él para siempre. En el mejor de los supuestos, después de la prueba tendrían argumentos suficientes para saber cómo pensaba y qué tipo de individuo era. Ni remotamente se les pasó por la cabeza que el tal Gabriel, osado, según tenían constancia, rechazara la invitación. A las ocho, hora en que empezaba su descanso programado de los miércoles, llamó el opositor a banquero Mariano Obregón y Rubio de Pujalte, extrañado de que Celia, como era acostumbrado, no estuviera esperando su llamada en el colegio mayor. Le dio largas con «esos desarreglos de las mujeres cada mes», al igual que hubiera hecho con el candidato a notario


Darío Baroja Gómez–Sarmiento, en su agenda de los viernes. —¿Es verdad que te ha bajado? – le preguntó Marisa. Celia le guiñó con picardía. Después de echar un vistazo a la revista Dunia, comentar un artículo acerca del futuro incierto de la pareja, y de la familia como núcleo de cohesión social si España se abría a las corrientes de Europa, incluido Portugal tras la Revolución de los claveles del pasado mes de abril, se retiraron a descansar. Mediada la mañana llegaron a la sede del Rectorado. Marisa esperó en la puerta, escoltada por los dos furgones policiales que protegían el edificio de posibles ataques de los vándalos. —¿El señor Álvarez Ruz? –preguntó a una de las administrativas del Departamento de Atención al Estudiante. —Muy recuperado pese a la gravedad de sus heridas, gracias –le respondió, encubriendo, detrás de una sonrisa fingida, la frialdad de su mirada. Tardó algunos segundos en reaccionar. No había elegido la pregunta adecuada. El día anterior le indicaron que pasara sin dilaciones a su despacho —concediendo que se le pudiera llamar así a aquel habitáculo— después de exponer el motivo de su visita. El don nadie podría no serlo tanto, o cuando menos gozaba del respeto de aquella cancerbera. —¿Sería posible que me recibiera? –se rebajó a un nivel que no entraba en sus cálculos. —Si te puedo ayudar yo... –rehusó responderle.

—Verás, ayer estuve... —Lo sé –la cortó con sequedad— y ya sabes, te dijo inminente, lo que no significa inmediato. La morena de mirada de granito le acababa de dar con la puerta en las narices. Se acordó de Marisa, de su brillante idea y de sus ilustres antepasados. —Se trata de una cuestión personal –quemó su último cartucho. —¿Y a quién debo anunciar? «Por Dios que ni en el palacio de El Pardo me hubiera visto en semejante tesitura», pensó. —A María Celia Giraldez Gerena–Vergara –se armó de orgullo. —Bastará con Celia Giraldez –escuchó murmurar de retirada a la guardiana. Salvo en su indumentaria, el jersey de cuello vuelto había sido sustituido por una camisa lisa de color crema y un chaleco de lana marrón, Gabriel — se sorprendió pensando en él con su nombre de pila— no había cambiado respecto al día anterior. A lo sumo, en una primera y rápida ojeada, observó una ligera disminución en la gradación de los moratones de su cara. —¿A qué debo el honor? –Gabriel se levantó, sonriente y solícito, para franquearle la entrada. Al darle la espalda para retornar a su asiento, sus ojos se clavaron en el punto inevitable. —Pues, verás, ayer... —titubeó —Ayer, bella letrada, me alegraste el día con tu visita, y hoy la primavera se ha adelantado. —Gracias –acertó a decir, otra vez desconcertada. —Tú dirás, ¿en qué puedo serte de utilidad, Celia?

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Celia directamente. Celia como a una amiga. Celia con naturalidad. Su nombre le sonó deliciosamente bien. En poco más de dos minutos Gabriel Álvarez Ruz había conseguido enmendar los renglones que, ahora sí podía pensarlo con la seguridad de no errar, una vulgar cualquiera quiso torcer. —Ayer me marché preocupada por tu estado –mintió y supo, al instante, que el joven que se sentaba al otro lado de la mesa lo captó. Por primera vez desde que tenía uso de razón, y en asuntos de amor aprendió a razonar muy pronto —¡si los bancos del parque de La Dehesa, las orillas del Duero y el camino de la ermita de San Saturio hablaran....!—, hubiera deseado ser completamente sincera con un hombre. Gabriel Álvarez Ruz, un perfecto desconocido, le inspiraba confianza. No podía, sin embargo, permitírselo. La verdad equivalía a reconocer que había conseguido despertar su interés, más aún, su deseo de encontrarse de nuevo con él, por sí mismo y de modo fulminante, en ella, acostumbrada a seleccionar con meticulosa precisión a sus amistades, con mayor rigor a sus amantes, a partes proporcionales por su cartera –coches incluidos—, linaje y, en última instancia, aunque el factor no careciera de importancia, por su atractivo. Bajo ningún concepto podía admitir su inclinación repentina hacia él. Los flechazos eran patrimonio de costureras, fregonas y criadas. La «brillante» idea de Marisa de utilizarlo como bufón —habría querido verla a ella en su lugar, frente a él, sola ante el peligro— incrementó su zozobra.


—¿Y bien, Celia? —¿Te han dicho que quería tratar un asunto personal contigo? –trató ganar tiempo y buscar otra excusa. Como presumía, su estrategia de la preocupación no había funcionado. —Podrías haberte ahorrado las explicaciones. De saber que estabas en el Rectorado habría salido yo a buscarte, a cualquier departamento, simplemente por el placer de volver a verte. Decididamente, quien quiera que fuese aquel joven galante de labios finos no se merecía la encerrona que le tenían preparada... Y no era sólo su boca, sus ojos tenían gancho, eran bonitos. A pesar de no ser muy alto, comparado con Borja, se podía decir que estaba bien. Y su culito... —No creo ser merecedora de tanto –se salió por la tangente. —Yo creo que sí, y además lo sabes. Nuevo ataque frontal, a cuerpo descubierto. —¿Y por qué debo saberlo? —se lo había puesto fácil. —¿Acaso no te has dado cuenta de que los espejos de tu casa sienten celos? Tuvo que llevarse la mano a la boca para evitar reírse. —Vivo en un colegio mayor. —¿Sin protección? Lo consiguió. Su sonrisa enigmática, estudiada para arrebatar despiadadamente, se abrió en una carcajada. —Mi amiga Marisa me cubre las espaldas. Se relajó. Estaban ligando, empezaba a sentirse agradablemente seducida...y excitada. La apertura de la boca era un símbolo de entrega en la teoría psicoanalítica, y en la suya una certeza irrefutable.

—Tiene suerte tu amiga. —No es lesbiana. —Yo me volvería. —Pues es mujer, rubia y bien guapa. —Te creo, Dios las cría y vosotras os... —¿Te gustaría conocerla?, hoy disponemos de la tarde libre. Estaba dicho, al hilo del flirteo. En el fondo, había resultado tan fácil... —Sí, me gustaría. —¿Podríamos quedar, por ejemplo, a las siete? La cara de Gabriel le ahorró los pormenores de la dirección del piso. Su rostro, sin llegar a volverse desagradable –con sus rasgos resultaba poco menos que imposible—, se tornó serio. Algo fallaba. Quizá se había precipitado. —Sinceramente, Celia, no creo que a esa hora os gustara acompañarme a donde tengo comprometida mi asistencia. Con la mayor naturalidad Gabriel le acababa de dar la vuelta completa a la tortilla. Era él quien no sólo adoptaba la iniciativa, sino que además las excluía de sus planes. Nuevamente se hallaba en una encrucijada, sin saber qué dirección tomar. —Me temo que habrá de pasar mucho tiempo antes de que tú lo veas como un acto normal, Celia –Gabriel terminó su alocución con una mirada penetrante, y el eco de su nombre retumbó con gravedad en sus oídos. —Lo siento de veras... –le contestó lo primero que le vino a la boca. —Más lo siento yo. Al despedirse —«bien, en otra ocasión, encantada, te llamo»— tuvo la

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clara percepción de que Gabriel, definitivamente un personaje interesante, había llegado al límite de una frontera desconocida para ella. Al verla aparecer Marisa se alarmó por la severidad de su semblante. No hubo lugar para explicaciones. La advertencia de uno de los policías que montaban guardia en el Rectorado les aconsejó tomar el primer autobús en dirección a Moncloa antes de que empezaran los disturbios. Agostaron el resto de la mañana en El Corte Inglés de Preciados. Ya por la tarde, en la soledad de su apartamento, Marisa rasgó los papeles de la encuesta, una pantomima que nunca llegaría a representar el joven que, según le había contado Rafael, consiguió salvar milagrosamente su vida de un ataque de ultras incontrolados en el parque del Retiro, y ella le echó de menos en su habitación del colegio mayor. —Hasta aquí nuestro camino unidos, querida amiga. Te deseo toda la suerte del mundo y guardaré siempre tu recuerdo, Maria Celia —Gabriel rompió su silencio y le dijo adiós al llegar a la Plaza de España. Unas lágrimas incontenibles acudieron a sus ojos. No quiso mirar atrás. Sabía que Gabriel Álvarez Ruz, por cuyo amor insólito se había sentido amenazada, esperaría a que terminara de caer la noche junto al monumento erigido en honor de Don Quijote y Sancho Panza. Mientras caminaba tuvo la ingrata sensación de que el atardecer se volvía opaco. Sacó su pañuelo y aceleró el paso. Doscientos metros calle arriba la esperaba Borja. fin


SOMBRA en la LUNA de AGOSTO Juan Rebollo Ruiz

Entre la multitud que llenaba la plaza, preciosas ninfas, vestidas con sus mejores galas, reflejos de estrellas en el pelo y fulgores de virginidades anhelantes centelleando en sus ojos. Allí la descubrieron a ella, a María del Carmen Rueda Duarte, alegre y donosa, imposible de que pasara desapercibida. Su belleza los atrajo y sonrió a quien quiera que fuese, Ignacio, Manuel o Antonio, en el momento en que alguno de ellos disparó su cámara. Cualquiera de los tres, investidos del infalible reclamo del forastero, podría haber sido el preferido, pero sus miradas convergieron y se eligieron recíprocamente. Se transmitieron sin palabras aquello que horas más tarde se dirían tendidos campo abierto, dos te quiero con el firmamento por testigo. Mientras la verbena seguía en la plaza, salieron del recinto y se adentraron en la noche. Hasta ellos llegaban ecos lejanos de la música y de las atracciones de la calle del infierno. No supieron del alboroto que se desató cuando subió al escenario un aspirante a trovador, oriundo del lugar, hasta que regresaron a la plaza, avanzada la madrugada. Había cometido la felonía de participar en un concurso de la única televisión del momento consintiendo que el presentador eludiera el dato de que

Mirando su fotografía se sintió revivir. Dieciséis años y una sonrisa, la vida en plenitud saludando desde el modesto escenario en blanco y negro, ajado por el paso del tiempo, que alguien aprehendió. Carecía de importancia que el autor de aquella foto, enviada sin remite desde Estados Unidos, hubiera sido Manuel Gallego, Antonio López o Ignacio Rendón, más que amigos, hermanos de una fraternidad juramentada desde niños. La razón que removió sus asientos y forzó su cerebro al recuerdo era ella, su lozanía, el testimonio del esplendor de su juventud... ¡Cuarenta años! Por primera vez en cuatro décadas se sobrepuso al aguijonazo de la culpa. Retrocedió. Fue una noche de agosto de un año de gracia, del último que pudo disfrutar de la fiesta de su inocencia. También el pueblecito del sur en el que confluyó aquel verano con Manuel Gallego, Ignacio Rendón y Antonio López, compañeros del colegio del Pilar, celebraba su fiesta, la verbena de la plaza, engalanada con pérgolas de banderitas y farolillos de mil colores. Un grupo músico vocal esparcía su amalgama de pasodobles, tangos, boleros, éxitos del pop y el fandango, con el dejo andaluz, que tanta risa les provocó: «Cigarro que se te apague no lo vuervah a encendé. A la muhé que hayah querío no la vuervah a queré, por mu buena que haya sio, y por mu buena que ehté».

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había nacido en San Martín del Roquedal, dos mil quinientos habitantes, capital in péctore de su provincia y el pueblo más importante de España. Un torrente de insultos cortó la primera nota del juglar, petrificado, al que la Guardia Civil consiguió rescatar milagrosamente ileso. Se la tenían jurada por renegado. Ellos, mientras tanto, hablaron de Gustavo Adolfo Bécquer, de José Zorrilla y de Fígaro, del movimiento romántico, de sus proyectos de futuro y de la trascendencia del ser. Su amor declarado no les indujo, siquiera, a rozarse cuando la luna iluminó la deliciosa oquedad de los muslos de su numen y él sintió cómo su cuerpo se estremecía por la perspectiva de la perfección. Se podía amar con el alma. Aquella noche marcó el comienzo de un olvido presente durante cuarenta años. El cuarteto de amigos inseparables se amplió a cinco, y puta no fue el peor de los calificativos que se difundieron por el pueblo y le escupieron en la cara a María del Carmen Rueda Duarte. Algunas competidoras emergieron y le declararon el boicot, por engreída y liviana, y los gallos del tentadero local la guerra sin cuartel. Incluso a él mismo le costó convencer a sus «hermanos» del carácter candoroso de su escapada nocturna. Un comportamiento tan incomprensible, «con una tía tan descomunal», sólo fue aceptado como potencialmente posible después de la mediación en su favor del futuro comisario Antonio López, su paladín desde primaria, y de que el ulterior especula-

dor inmobiliario Ignacio Rendón le tachara, una vez más, de raro. Manuel Gallego, por su parte, siguiendo la norma que haría de él un abogado de renombre, optó por mantenerse neutral. —¿Lo hicisteis o no? –le preguntaron sus amigos. —¿El qué?— les preguntó él a su vez. —Da igual –dieron por zanjada la cuestión. Hacía calor, un calor casi infernal, en aquel pueblo, alejado del mar y con un hotelito sin piscina, que sus padres habían elegido, ellos sabrían porqué, para sus vacaciones del setenta y uno. La propuesta, gastos de estancia incluidos —conocería la información cuando ya carecía de interés—, había partido del constructor Ignacio Rendón padre, conocedor a través de sobornos en el ministerio del ramo de los planes de inversión pública para fomento del desarrollo turístico en aquella zona del sur español, próxima a la Costa del Sol. Pese a la carencia de infraestructuras básicas, así como de ofertas de ocio una vez terminada la feria de agosto, María del Carmen Rueda se reveló como la mejor guía para descubrirles los tesoros que encerraba la villa que tenía previsto cambiar por Madrid pasados dos años, una vez que terminara el curso de Bachillerato superior que le restaba y aprobara el COU. Quería matricularse en la recién creada Facultad de Ciencias de la Información y contribuir a hacer un mundo mejor, más justo y solidario, con su pluma.

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Escuchando sus planes, hasta el escéptico Ignacio Rendón estuvo tentado de admitir como un hecho normal una relación amorosa cumplidamente platónica. —No te entiendo –le confesó Ignacio al regreso de una de las incursiones en las cuevas con pinturas rupestres de la cercana sierra. —Creo que ella sí –le contestó. —Estoy seguro de que te dejaría llegar hasta donde tú quisieras –insistió su amigo. —A las diosas se las adora. —Mi padre dice, ya sabes, que no hay que dejar escapar una buena ocasión. —Se refiere a los negocios, tu padre sólo adora el dinero. —Hay cosas peores. ¿Y tú, de qué piensas vivir, de la metafísica? —Le espetó. —Puede. Los días anteriores, y los que siguieron a aquella conversación, los tres subsistieron gracias a la iniciativa de María del Carmen, que ajena a las murmuraciones y sorda a los agravios consiguió llenar de contenido y animar unas vacaciones destinadas a ser de bostezo para sus mejores amigos. Él, a solas con ella, disfrutó de su risa y su sonrisa, de su charla, de su elegancia innata, de la dulzura de una mirada que buscaría en el fondo de cálices, apurados hasta la saciedad, en los sitios más elegantes y exclusivos y en los tugurios infames a los que le había arrastrado su azarosa vida. París, Berlín, Moscú, Bucarest, Bagdad, Teherán, Kabul... nunca fueron su hogar antes de su regreso a España, solo y con los estigmas del perdulario cincelados en su carác-


ter, en su alma de cobarde hasta el día que le llegó la fotografía. Notó cómo resurgía y cambió el «puede» que le dio como respuesta a Ignacio Rendón, hacía cuarenta años, por un «sí» rotundo. Había vivido de la metafísica, de la búsqueda del ideal que convierte en perdedores a quienes lo persiguen, el intento de corregir, por medio de la denuncia, los errores, las injusticias y las iniquidades de un género que dudaba en calificar de humano, del intento de exoneración de su propia culpa. Nunca se perdonó su cobardía... Llegaron a caballo en la hora de sol más ardiente, mientras gozaban del baño en la alberca de riego de una finca en la que María del Carmen les había asegurado que se bañaban otros jóvenes del pueblo. Eran tres, rudos, casi salvajes. Desmontaron aullando y dispararon al aire sus escopetas de caza. Tres frente a cuatro, que pronto fue uno solo. Sus «hermanos» de entonces, el actual comisario, el brillante abogado y el empresario inmobiliario escaparon, corriendo, descalzos y semidesnudos, por tierras calcinadas. A él le retuvieron, le colocaron el cañón bajo el mentón y le obligaron a presenciar el espectáculo de la puta en su salsa. Y lloró como el niño que aquella tarde dejó de ser. Lloró, con un llanto sin fin, contemplando el reguero que manaba del cuerpo de María del Carmen y enturbiaba el agua clara de la alberca con un tinte carmín. Regresaron a Madrid precipita-

damente, en contra de su criterio, huyendo del escándalo, y dejaron en aquel pueblo maldito un espíritu herido y los restos del naufragio de una hermandad que zozobró en el secano. Cortó amarras con Ignacio Rendón y con Manuel Gallego y dejó huérfano de pupilo a su fiel Antonio López. Antes de terminar la carrera, que ellos realizaron en la Autónoma y él en la Complutense, bajo seudónimo, y amparado en las siglas de Efe, AP, UPI o Reuter, empezó a luchar y fracasó en el empeño al que prometieron dedicar su vida él y María del Carmen la noche que, recostados en un rastrojo, tuvieron la luna al alcance de la mano. Sólo Antonio López, que había seguido sus pasos en la distancia, sabía de su vuelta a España y de la elección de la población turística de San Martín del Roquedal para su retiro. Temió lo peor. Cuarenta años después de un episodio, que se escondió por esa propensión ancestral de los pueblos a velar sus pecados, buscaba venganza; quería hallar entre la minoría de nativos a los autores de la violación del amor de su vida y saldar la deuda pendiente antes de que la muerte, tan próxima como él la sentía rondando en su entorno, les ofreciera una salida honrosa. El alcohol, las borracheras en las que era experto, se revalidó como el mejor suero de la verdad tanto en Occidente como en Oriente, en el Norte y en el Sur. Se enfundó la piel lobuna de un español de los de antes y los localizó.

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Entre vasos de güisqui obtuvo la declaración, y la ratificación en su acto, de tres ruinas barrigudas defensoras del San Martín del Roquedal bucólico que un día fue de ellos, como España de los españoles, las mujeres de sus hombres, y en el que quien la hacía la pagaba. Estuvo de acuerdo. Sería en el mismo lugar, les reventaría los toneles y dejaría que se desangraran en el agua sucia que un día mancillaron con la sangre de una virgen. Tenía todos los pormenores previstos, el señuelo, el día, la hora, el arma, y su pase definitivo posterior al profundo, cuando recibió la fotografía que María del Carmen Rueda Duarte, casada desde hacía treinta años con un ex marine, informada por Antonio López, le remitió desde Estados Unidos. Se sintió revivir, sacó fuerzas para recordar, despojado del velo cegador del resentimiento, y un raudal de vida corrió por sus venas al leer las líneas manuscritas en el reverso: «¿Dónde has estado, en qué mares procelosos te perdiste? Aunque no podamos vernos, aunque ya nada pueda devolver el tiempo que fue ni la magnificencia de los días de nuestra gloria, recuérdame como en la fotografía que te envío con mi amor eterno. Siempre tuya, María del Carmen». De nuevo lloró, con un llanto de júbilo y perdón, y esbozó una sonrisa agridulce mientras se alejaba de San Martín del Roquedal y una gigantesca valla publicitaria, de Construcciones Ignacio Rendón, le deseaba buen viaje. fin


Gracia García Ortigosa y su padre, Rafael García

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ORAL N La idea inicial, al transcribir los cuentos que nos contaba mi padre, era que no se perdiesen estas historias oídas cuando era niña. Con el tiempo me he interesado en los «recolectores» de cuentos y en las recopilaciones.

He aprendido, entre otras cosas, que muchos de los cuentos, que todos conocemos y de los cuales han ido apareciendo incontables versiones, fueron recogidos de la tradición oral por los Hermanos Grimm. Estos hermanos, interesados por devolver sus raíces a la Alemania de 1812, publicaron una recopilación de cuentos que se llamó Cuentos para la infancia y el hogar. En años posteriores se fueron editando nuevas historias hasta que, en 1857, la colección ampliada se publicó con el nombre de Cuentos de hadas de los Hermanos Grimm. En esos años, las historias se fueron adornando y modificando ya que se criticaba la excesiva dureza de algunos de ellos. Los hermanos Grimm se defendían diciendo que no eran historias para niños; pero el hecho es que, finalmente y en parte, los textos cambiaron para adaptarse a las costumbres de la época y los gustos sociales. Las cuentos de Caperucita Roja, Blancanieves, la Cenicienta, la Bella Durminente, Los músicos de Bremen, Juan sin miedo o Hansel y Grettel fueron inicialmente cuentos de tradición oral, que se editaron, se adaptaron, se tradujeron, se ilustraron, se llevaron a los dibujos animados y al cine….y todo gracias a la labor recopiladora de los hermanos Grimm.

Los hermanos Grimm, Wilhelm y Jacob

En España, muchos autores también se han interesado por la cultura popular y el folclore. Siguiendo la moda europea, en la segunda mitad del siglo XIX, aparecieron las primeras versiones escritas de cuentos de tradición oral, bajo la denominación de «cuentos de vieja».Varios escritores recopilaron y recrearon cuentos populares (Fernán Caballero, Juan Valera…). Destaca por su importancia Antonio Machado y Álvarez, padre de los conocidos Antonio y Manuel Machado, que dedicó su vida al estudio y difusión de las tradiciones populares.

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Antonio Machado Álvarez, alias Demófilo, «el amigo del pueblo», nació en Santiago de Compostela en 1848. Fue a vivir a Sevilla siendo pequeño y allí realizó sus estudios y empezó a interesarse por las tradiciones, de la mano de sus padres. Especialmente de su madre, Cipriana Álvarez. Estudió Filosofía y Derecho, y fue catedrático en la Universidad de Sevilla, pero su interés se centró siempre en el folclore. A raíz de conocer la creación en Londres de la Folklore Society (de folk – pueblo y lore– conocimiento, saber), promovió la creación de la Sociedad de Folklore español y la edición de la revista El Folklore andaluz. En esta revista se publicaron varios cuentos recopilados por diferentes autores, entre ellos Cipriana Álvarez. Fundó, así mismo, la Biblioteca de Tradiciones Populares, también con el apoyo financiero de su madre. Con este proyecto publicó, entre 1883 y 1886, varios volúmenes con recopilaciones de cuentos andaluces y extremeños, principalmente. Demófilo realizó también el primer estudio sobre el cante flamenco como manifestación de la cultura popular que se publicó en 1881: Colección de cantes flamencos» Por su parte, Cipriana Álvarez Durán, recogió más de cincuenta relatos hablando con la gente en pueblos y huertas. Era conocida como «la mujer de los cuentos». Trasladó esta pasión a sus descendientes y colaboró económicamente con las iniciativas culturales y editoriales de su hijo Antonio Machado, apadrinando económicamente la creación de la Sociedad de Folklore andaluz y la Biblioteca de Tradiciones Populares, anteriormente mencionadas. A lo largo del pasado siglo XX muchos autores, frecuentemente maestros y profesores de instituto, se han interesado en la recolección y recopilación de historias que corrían el riesgo de perderse. Quiero mencionar a Juan Rodríguez Pastor, que promovió una recopilación de cuentos en la sierra de Huelva y Extremadura, a través del trabajo de estudiantes de Instituto, y de quien he aprendido mucho. En nuestra época, no podemos hablar de tradición oral sin mencionar a Antonio Rodríguez Almodóvar al que Ana Mª Matute llamó «el tercer hermano Grimm». La importancia de su trabajo en el estudio, recopilación y edición de cuentos populares, merece un análisis más completo, que realizaremos en una próxima edición.

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Antonio Machado Álvarez (Demófilo) y Ana Ruiz; padres de Antonio Machado


TR ADICIÓN ORAL

CUENTOS QUE NOS CONTARON Quien me contó este cuento es Rafael García, abuelo de Marta, Sara, Elena y Miriam. Yo sólo puse los dedos en las teclas del computador.

LA CABRA MONTESINA

É

rase una mujer que tenía dos hijas mellizas. Un día le dijo a una de ellas: — Voy a hacer pan y me hace falta harina. Sube a la despensa y tráeme un poco.

a la otra hija y le pidió que subiera a la despensa a ver qué le pasaba a su hermana. Al llegar a la puerta, la segunda niña se encontró con la cabra que cantó de nuevo la canción.

a trabajar. Al oír la historia, contada entre lágrimas por la madre, se ofreció para ayudarla. Subió a la despensa armado con su hoz y su azada. En la puerta encontró a la cabra, que volvió a cantar:

Así lo hizo la niña. Pero al llegar a la despensa, se encontró una cabra que le cantó esta cancioncilla:

— Yo soy la cabra montesina del monte montesina y al que pase de esta raya me lo como de un tragar.

— Yo soy la cabra montesina del monte montesina y al que pase de esta raya me lo como de un tragar.

Igual que su hermana, la niña pensó que la cabra no cumpliría su amenaza, y pasó la raya. Inmediatamente la cabra se la comió.

El campesino no se asustó y avanzó dispuesto a vencer a la cabra, pero ésta abrió su enorme boca y se lo comió. De nuevo, salió la madre a la calle gritando:

— Yo soy la cabra montesina del monte montesina y al que pase de esta raya me lo como de un tragar. La niña se asustó un poco, pero pensó que debía llevar la harina a su madre. De modo que entró en la despensa y en cuanto pasó la raya que había trazado la cabra en el suelo, al poco de pasar la puerta, ésta abrió su enorme boca y se la comió. Pasaba el tiempo y la madre se desesperaba en la cocina. Llamó

La madre al ver que las hijas no volvían, subió a la despensa. Cuando vió a la cabra y escuchó la canción, comprendió lo que había sucedido. Llorando desconsoladamente, salió a la calle a pedir ayuda. Pasaba en ese momento un hombre muy fuerte que iba al campo

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— En mi despensa hay una cabra que se ha comido a mis dos hijitas y a un hombre con su hoz y su azada. Pasaba por allí una pareja de la Guardia Civil. Al oír la historia, se apresuraron a subir a la despensa


para ayudar a la mujer. De nuevo, la cabra cantó su canción: — Yo soy la cabra montesina del monte montesina y al que pase de esta raya me lo como de un tragar. Tampoco esta vez se tomaron en serio la amenaza. Los guardias civiles entraron en la despensa e inmediatamente fueron devorados por la cabra, con sus escopetas y todo. Desesperada, la mujer volvió a la calle a pedir ayuda. Pasaba entonces cerca de la casa una compañía de soldados. Cuando oyeron la historia, subieron a la despensa dispuestos a eliminar al malvado animal. La cabra cantó su canción, los soldados no hicieron caso y la cabra se los comió a todos. Desconsolada, la mujer se sentó a llorar en la puerta de su casa. No había nadie que pudiera ayudarla. Entonces oyó una vocecita que le decía: — ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? La mujer miró a su alrededor y no vio a nadie. Y la vocecita volvió a preguntar: — ¿Qué te pasa? Fijándose bien en el suelo, encontró una hormiguita que daba saltos. La mujer le contó su historia. — En mi despensa hay una cabra malvada. Se ha comido a mis dos hijitas, a un campesino que pasaba por la calle, a una pareja de guardias civiles y a una compañía entera del ejército.

— Yo te ayudaré –dijo la hormiga. —Te lo agradezco mucho, pero ¿qué puedes hacer tú, si tantos hombres fuertes y valientes no han podido hacer nada? — Déjame intentarlo. La mujer aceptó. Pasito a pasito la hormiga subió la escalera y llegó a la puerta de la despensa. Allí estaba la cabra amenazante cantando su canción: — Yo soy la cabra montesina del monte montesina y al que pase de esta raya me lo como de un tragar. La hormiguita contestó: — Yo soy la hormiguita chiquita y bonita de mi «hormigar» y a aquel que le pico le hago bailar. La cabra, al ver que la hormiguita le plantaba cara, repitió la canción enfadada, y con la voz más alta:

rar. Cuando llevaba un día y medio bailando, reventó, y pudieron salir de su barriga las niñas, el campesino, los guardias civiles… y el regimiento de soldados. La madre abrazó a sus hijas y luego se dirigió a la hormiga agradecida. — Muchísimas gracias. Nunca podré pagarte lo que has hecho, pero me gustaría hacerte un regalo. Te daré un «atroje» de trigo. La hormiguita cantó: — No muele tanto mi molinillo. No cabe tanto en mi zurroncillo. — Entonces te daré un saco – insistió la mujer. — No muele tanto mi molinillo No cabe tanto en mi zurroncillo. Respondió la hormiga. —Pues te daré una cuartilla de trigo. — No muele tanto mi molinillo. No cabe tanto en mi zurroncillo.

— Yo soy la cabra montesina del monte montesina y al que pase de esta raya me lo como de un tragar.

— Bien, ¿aceptarás un grano de trigo?

Y la hormiga hizo lo mismo: — Yo soy la hormiguita chiquita y bonita de mi «hormigar» y a aquel que le pico le hago bailar.

La hormiga cogió encantada su grano de trigo y se fue a su hormiguero, y la mujer cogió la harina y se fue con sus hijas a la cocina a hacer el pan.

Repitieron varias veces sus amenazas, hasta que la hormiga, cansada, atravesó la raya y picó a la cabra en una pata. Esta empezó entonces a bailar, y no pudo pa-

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. El que no levante el culo se le quedará pegado, y el que lo levante le rodará por los tejados.

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— Sí muele tanto mi molinillo, sí cabe tanto en mi zurroncillo.


TR ADICIÓN ORAL

ÉPOCAS de

C ANRA

VAL

Paco Arjona

EN CARNAVALES... Desde el fondo del arcón viejo, vienen como bocanas de aire fresco a impregnar las páginas del reencuentro a llenar de memoria el olvidado recuerdo. Recorriendo el largo camino del tiempo vienen, aún describiendo momentos, desde la profundidad del alma callada por el oscuro manto del silencio impuesto. ¡Abrid el telón!, que ya viene el tormento para los que aún no sueñan con lo mundano del cuerpo, para los que no transigen con la libertad del pueblo, para los que siempre malinterpretaron su puesto. ¡Abrid el telón!, para que la risa os salga de dentro y dejad que las melodías os hagan eternos. No temáis por las voces que parodian los eventos, en carnavales todos somos personajes de cuento.

V

iajando por la tradición oral nos sumergirnos en uno de los apartados sociales más transgresores y pintorescos que una sociedad pueda celebrar: el carnaval o «fiesta de la carne». En este acontecimiento social se produce una inversión de valores físicos, morales y sociales, que ha sido interpretada como una estrategia social para aliviar los conflictos y tensiones latentes entre los miembros de una comunidad, especialmente entre quienes ejercen el poder y quienes lo sufren, como una especie de catarsis. Esta estrategia social posibilitaría la expresión ordenada, reglada y temporal, durante un período concreto de tiempo, de las pasiones y tensiones reprimidas durante el resto de año, lo que, al fin y al cabo, refuerza la continuidad de la estructura socio—política y cultural de la comunidad. Esta visión explicaría, de alguna manera, el gran recorrido temporal que ha seguido esta fiesta desde sus inicios, que, según algunos historiadores, se remontan a las antiguas Sumeria y Egipto, hace más de 5.000 años. Celebraciones, similares, que continuaron durante la época del Imperio Romano, desde donde se difunden por toda Europa.

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Carnaval romano


Se supone que el término carnaval proviene del latín medieval carnelevarium, que significaba quitar la carne y que se refería a la prohibición religiosa de consumo de carne durante los cuarenta días que dura la cuaresma. Por este motivo en los países de tradición cristiana estas fiestas preceden a la cuaresma y quedan enmarcadas en los tres días anteriores al miércoles de ceniza. Se los designa con el nombre de carnestolendas. Su desarrollo en Andalucía se desliza por la vertiente ingeniosa de la expresión satírica que siempre estuvo unido a las clases populares. Clases que antes de la cuaresma disfrutaban de una ocasión especial para criticar al poder y a determinadas costumbres, algo que acabaría incomodando a la tradicional clase dominante y a la Iglesia Católica.

I Tiene un material moderno nuestro parque de bomberos las mangas son de chaqueta, un cántaro y dos calderos. Las bombas de sacar agua son de moderna invención. Las hizo Jerez de lata el año de la inundación. Dos escalas y de piochas tenemos catorce pares, desechos de la partida de cuando el Bizco y el Melgares. Donde quieran que nos llamen vamos con nuestros cacharros y echamos una semana en apagar un cigarro. II Tiene tan mala follá este cuerpo de bomberos que lo vamos a dejar y echarnos a betuneros. Es un oficio brillante, se ven muchas pantorrillas aunque tenga la agravante

Dibujo de Paultrix. Web

En 1929, ya en plena crisis de la dictadura de Primo de Rivera, aparece en Villanueva del Rosario la denominada Comparsa de los Bomberos que pone voz a las letras de Antonio Párraga Patricio. Éstas son algunas de sus letras.

de estar siempre de rodillas. Si la crema y el cepillo rinden productos peores entonces nos meteremos todos a recaudadores. III Un pájaro del Sauceo al Peñón fue a por bellotas se encontró una oveja mansa y empezó de chirigotas. Como la oveja embestía se sintió un poco torero les hizo unas cuantas suertes al estilo de Cañero. Le daba pases de pecho y pases de biberón pero al darle la estocada se presentó el del Peñón. Nosotros le aconsejamos se quite de bellotero y compre un traje de luces para meterse a bombero. Durante la Segunda República se produjo una auténtica explo-

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sión de crítica social en torno a los carnavales, cuyas letrillas habían sido en ocasiones censuradas por las autoridades durante las tres primeras décadas del Siglo XX. En 1934 sale a la calle la comparsa saucedeña Capitalistas y Obreros bajo la dirección de Miguel Carneros Luque. En sus coplas podemos apreciar la crítica social y política que impregnaba el carnaval de la época. I Por fueros de la verdad van todas las poesías que nosotros dirigimos en este festivo día. Sin embargo nadie escucha el eco de nuestra voz que es obrera y campesina pero llena de razón. No sabemos por qué, obrero, tu nombre suena tan mal en los malditos oídos


de este indigno capital. Sabiendo que por ti vive en holganza y descanso derrochando los productos que atraes con tu trabajo. II Proletario de la tierra desde niño produciendo riqueza a tus explotadores y tú siempre padeciendo. Mientras joven es tu frente un manantial de sudor para dar al que te explota tu máxima producción. Y cuando llegas a viejo no te quieren para nada porque ya no puedes dar como antes tus jornadas. Y apoyado en un bastón tras de tanto trabajar pasas el resto de la vida implorando caridad.

El Carnaval de 1936 fue el último. Los sublevados, con la bendición de la Iglesia Católica, pusieron fin a la tradición carnavalesca y persiguieron a sus promotores, muchos de los cuales fueron fusilados o acabaron en prisión. En Villanueva del Trabuco una de esas últimas comparsas fue dirigida por Alfonso Valencia Sánchez que bajo el nombre de 16 Polacos, Un Payaso y Un Charlot actuó por última vez en el Carnaval de 1935. Alfonso Valencia nació en Villanueva del Trabuco en 1897 y mu-

rió asesinado, víctima de la Guerra Civil, en 1937, a la temprana edad de cuarenta años. De sus dos matrimonios tuvo siete hijas y dedicaba parte de su tiempo libre a enseñar a leer y a escribir a las personas más desfavorecidas de una forma desinteresada y altruista. Desarrolló una variada vida laboral y la compaginó con su afición a las comparsas y a las coplas populares. Las siguientes coplas quieren ser un pequeño homenaje a este letrista y poeta popular. Y a todos los que fueron perseguidos o silenciados.

Alfonso Valencia de niño, en manos de su madre Aurelia

III Como todos sabrán tenemos en el Sauceo dos mozuelos que le tienen gran afición al toreo. El día que no trabajan parecen dos caminantes buscando en el Hondonero el becerro de Ricarte. Y cuando no dan con él al Roaero se van a darle pases a las piedras que se echan a rodar. En cuanto que se celebren corridas primaverales le darán la alternativa a Sidro y Chambaridades.

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I Esta sencilla comparsa donde figuran tantos pequeños son para servir a ustedes, chicos, grandes, todos trabuqueños. El director y poeta, es un obrero de inteligencia que vive en calle Pereo y se llama el hombre Alfonso Valencia. Sabrán que nuestro poeta, pues nació el hombre con un mal sino, nunca tiene dos pesetas, pero sí lleva veinte destinos. Con trece años de edad, estaba el hombre ya de cartero, y ustedes reconocerán, que también estuvo aquí de farolero. Un año fue carnicero, también vende máquinas de coser, también fue panadero y escuela tuvo también. Un verano fue pañero vendió por el campo telas y quincalla, era también recovero y vendió el hombre también vitualla. Un año fue molinero, y con Nemesio fue sacristán, fue encargado del matadero y un personaje en la sociedad. Fue encargado de los trabajos municipales de esta ciudad, luego estuvo colocado en la tienda nueva, sólo para cobrar. Y se le acabó el destino, pues la tienda nueva tuvo que cerrar, y maldiciendo su sino, el hombre se fue a segar.

Alfonso Valencia comparsista y coplero trabuqueño

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II Este verano pasado, aquí nuestro director fue a Málaga a los festejos, veréis lo que le pasó. Se metió en los Martiricos y leyó en una caseta, esto es solo para hombres, la entrada media peseta. Entró a ver las bailarinas y vio un caso extraordinario dos palas y una piocha colgadas en el escenario. Salieron avergonzados, el tío llevaba razón, era solo para hombres, no cabía reclamación. III Fijarse con gran cuidado aquí en nuestro instrumental que aunque están tan afinados no son de San Sebastián. Nos han costado muy caros pues todos son de metal, del cañaveral de Lucas seguro, son la mitad. Llevamos tan buena orquesta, que esto es una maravilla tocamos en una puerta y bailan hasta las sillas. Dimos un día un concierto para una exposición y después que fuimos presos nos dieron un palizón. IV Yo conozco una beata que se confiesa a diario y a Dios lo mete en la bata cuando se cuelga el rosario. Una mañana fue a misa y se puso a confesar tan solo con la camisa

y una bata de percal. Al hincarse de rodillas la bata se le partió, fue a sentarse en una silla ¡Jesús! lo que se le vio. El cura tiró el rosario, o se le cayó de la risa cuando vio el escapulario que llevaba en la camisa. V Viva El Trabuco, señores, diremos con alegría, ya se fue quien en el pueblo tuvo la pata metía. Cuatro años discutiendo por querer mangonear, mientras los pobres sufriendo sin dejarlos resollar. Si ustedes no lo adivinan yo tampoco lo diré, pero era nuestra ruina y ya sabéis el porqué. Todo a favor de los ricos, siempre en contra del obrero, los pobres unos borricos, maldito sea el dinero. VI La política en España no se llega a comprender son muchas complicaciones todo resulta al revés. De cierto tiempo a esta parte, desde el marqués al obrero porque el biberón no falte somos igual de fulleros. Ya no existen ideales, ¡Dios! no entiendo los partíos ya somos todos iguales España se ha vuelto en líos. El asunto es muy sencillo la política hoy en día diremos como el Cuquillo es una guarra paría.

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VII Los holgazanes ociosos no paran de criticar, que el pobre es ambicioso y no quiere trabajar. Fijarse en su atropello, aunque la razón le sobre, lo que le sucede a ellos se lo acumulan al pobre. Lo que sí se puede hablar que hay un árbol fanfarrón que no deja respirar al que da la producción. Por causa de su ambición y no obrar con la conciencia, vienen en nuestra nación todas las desavenencias. VIII Ya sabéis que esta vida, después de una enfermedad, no hay cosa más afligida, que pasar necesidad. Todo lo vienen pasando los pobres trabajadores, los ricos están gozando a costa de sus sudores. Si sufren muchas criaturas hambres en nuestra nación, es por falta de cultura que es lo que da ilustración. La tierra es un elemento, que cultivándola da para surtir y dar sustento de toda la humanidad.


Algunas coplas de las murgas de Mollina (años treinta)

Pero este final trágico no fue realmente el punto final que muchos pretendían, sino más bien un punto y seguido. La sociedad no estaba dispuesta a renunciar por coacción a estas fiestas ni a una forma de expresión temporal que, de alguna manera, los liberaba y los igualaba. La forma de supervivencia soterrada de esta forma de expresión, en muchos lugares de nuestra cuenca, la podemos encontrar en el texto de Antonio García López en el que se refiere a las murgas de Mollina: «En plena dictadura franquista se cantaban –eso sí, al calor de la mesa tufa— y se enseñaban a los hijos como trofeos de la adolescencia propia, recuperando fugazmente las primeras libertades gozadas en los días de carnaval. No importaba que, algunas veces, la carga irónica o política se diluyera y lo que fue combativo se convirtiera en panegírico. Había que pasar el testigo. Con las restricciones impuestas por la dictadura no se podían cantar fuera del seno familiar. Una ley no escrita ni impuesta por la familia, pero intuida, aconsejaba a los iniciados en estas coplas no utilizar sus palabras.

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I Vaya cura nuevo que nos han traío. Dicen las beatas será preferío. Ha caío de patas en esta ciudad y toas las beatas lo quieren rifar. Dicen que no es malo, que es bella persona, porque tiene primas hasta en Archidona. II En el pueblo de Mollina todos los domingos a la puesta ‘el sol’, se pone que arde el Calentador. Algunos mocitos están desenfrenaos y le meten mano al más pintao. Niñas, no fiarse de esos mozolones, porque en las braguetas no llevan botones. Mocitas, venid a ver a la comparsa de obreros, con los trajes de al revés para que parezcan nuevos. III Nosotros fuimos dirigíos a una gran capital. Los que salieron a recibirnos no se pueden enumerar: salieron los limpiabotas, todos los enterradores, catorce mil basureros y veinte mil aguaores. Y por último salieron


ocho o diez municipales y nos llevaron corriendo hasta Los Carabajales. IV Hay más pipas en Mollina que chocolate en Estepa. Veinticinco hay encargás y actuando, más de ochenta. Como siga a este paso de no trabajar al instante, van a salir las pipas como trato por tirante. Voy a comprar un borrico y voy por agua al Juncal, a ver si estos cuatro tipos de «acá» se quieren burlar. V Hay dos niñas en Mollina que va a hacer falta comprar el gorro de un guardia civil para poderse arrimar. Se las dan de presumías y dicen con mucho esmero: Yo soy para un guardia civil y no para un jornalero. Vamos a ser muy dichosas, dicen con gran entusiasmo, con diez pesetas diarias para la pintura que necesitamos.

Es cierto que tras un tiempo de silencio carnavalesco, en muchos lugares se implanta una nueva forma de celebración descafeinada de carnaval; sin embargo en otros, donde el arraigo es mayor, empieza a renacer la fiesta; eso sí, con coplillas maquilladas que sorteaban como podían la censura del momento. Al final de esta época vuelven a resurgir y a tomar las calles con todo su esplendor. Pero esa versión descafeinada de carnaval se instala en muchas poblaciones de nuestro entorno y, aunque tuvieron participación y aceptación popular durante el periodo dictatorial, no perduraron en el tiempo. En estos núcleos de población la tradición de las coplas de carnaval desaparecieron prácticamente por completo. Un relato con tintes costumbristas realizado por Fulgencio Martos Aguilera nos sitúa en este tipo de contexto: «Nos poníamos las mejores ropas de nuestro escaso vestuario: las que no tenían remiendos. Y los zapatos de guardar. No sé por qué, recuerdo la conversación que mantuve un carnaval

con otro compañero de celebración de la fiesta de la carne. Yo, ufano, le comenté que estaba estrenando zapatos —más grandes que mis pies para el previsto futuro crecimiento de mis extremidades, con el hueco no ocupado aún relleno de lana— Y mi contertulio, más contento que unas pascuas, me contestó que los suyos sí que eran buenos, que llevaba ya tres años con ellos y que seguían nuevos —¡de cuánta lana se habrían desprendido!— No nos preocupaban ni las modas ni las marcas —¿qué eran las marcas, acaso había otros fabricantes que no fueran los artesanos locales?—. Lo único importante es que duraran, que aguantaran todos los avatares a los que fueran sometidos. Era el carnaval una de las fiestas que más me gustaban. Los zapateros de La Sorda, que como es lógico vivían en el callejón de La Sorda —recoveco que hay en la Placilla de Los Faroles—, se encargaban de preparar los complementos indumentarios para estos eventos: gorros —como los de los payasos de circo: gorros cónicos de cartón forrados con papel pino-

Botijos para romper en Carnaval

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cho de colores—, caretas, gafas, matasuegras, papelillos de carnaval… con los que nos disfrazábamos, metíamos ruido y poníamos color a estos días. Especialmente los niños y los jóvenes. Otros protagonistas de estas fiestas eran los cántaros. Cántaros, botijos y objetos quebradizos. El cántaro tenía una importancia extraordinaria en la vida diaria del pueblo. Era el recipiente más común con el que se transportaba el agua en una época en que las casas carecían de ella y había quetraerla de las fuentes. Debía ser difícil o caro conseguir un cántaro nuevo porque cuando uno se agrietaba se remendaba con unas lañas y un pegamento impermeable. Los ya imposibles de recomponer eran los dedicados a las actividades lúdicas carnavalescas. Estas consistían en que unas cuantas personas puestas en corro, a una determinada distancia, se echaban el deteriorado cántaro de una a otra. Cuando ya la echada y recogida del recipiente de arcilla se hacía monótona, aumentaban la distancia los componentes del corro para dificultar la recepción del contenedor. Y ya saben el refrán de: «tanto va el cántaro a la fuente…», aunque en aquella ocasión era otro su destino. En fin, que el cántaro acababa en el suelo hecho añicos. Y los que habían participado en finiquitar tan preciado utensilio, cogidos de la mano, daban vueltas cantando canciones de rueda. Los niños solían hacer lo mismo con

botijos o botellas de vidrio. Entre las letrillas de las canciones que cantábamos en los carnavales, recuerdo:

En este corro no hay mozos y si los hay no los veo, estarán en la cocina atizando los pucheros.

Carnaval, carnaval, tú te vienes tú te vas para el año venidero sabe Dios quién te verá. Carnaval carnavalillo, la fiesta de las mujeres, a la que no le salga novio que aguarde al año que viene. Y a los fumadores les encargo yo de la patatera se fumen la flor».

Carnaval, carnaval, tú te vienes, tú te vas…

Este tipo de coplillas se cantaban en un área geográfica más extensa, dando lugar a variantes locales como suele ocurrir con la mayoría de las coplas anónimas y populares; a título de ejemplo les ofrecemos tres casos en distintas provincias andaluzas.

Anoche me salió novio y se lo dije a mi abuela, estaba haciendo gazpacho y me tiró la cazuela.

Dos Torres. Córdoba. Carnaval, carnaval, tú te vienes, tú te vas y nosotros nos iremos y no volveremos más. Que para bailar me quito la capa, que para bailar la capa quitá, que para bailar me quito la capa, que con la capa no puedo bailar. Muchachas jugad al corro, por novio no tengáis pena, que ha venido un baratillo a perrilla la docena. Carnaval, carnaval, tú te vienes, tú te vas…

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Si este carnaval no me sale novio, no me pinto más ni me unto los polvos. Carnaval, carnaval, tú te vienes, tú te vas….

Carnaval, carnaval, tú te vienes, tú te vas… Ya se pasó el carnaval la fiesta de las mujeres, a quien no le salga novio que aguarde al año que viene. Carnaval, carnaval, tú te vienes, tú te vas…

Los Villares. Jaén Carnaval, carnaval, tú te vienes, tú te vas y nosotros nos iremos y no volveremos más y no volveremos más. Las niñas juegan al corro yo me río, yo me río de las que no tienen novio, a mí como me ha salido ya no tengo que jugar


Carnaval, carnaval, tú te vienes, tú te vas. Si piensas que son por ti los colores que me salen no son por ti, ni por otros que son míos naturales. No me mires de reojo que es mirada de ladrón mírame carita a cara que es miradita de amor. Carnaval, carnaval...

Alozaina. Málaga. Carnaval, carnaval, tú te vienes, tú te vas, hasta el año venidero sabe dios quién te verá sabe dios quién te verá Ay carnaval, carnaval, tú te vienes, tú te vas.

Carnaval, carnavalito, la fiesta de las mujeres la que no se case hogaño se casa el año que viene. Los mocitos de hoy en día no les gusta el carnaval y para darle en la cabeza yo se lo voy a cantar. Pero el número principal del carnaval —por encima de los cántaros, los gorros y las matasuegras— era el de las comparsas. Un grupo de personas ataviadas de estrafalarias formas y acompañadas de diversos instrumentos musicales entonaban canciones que hacían referencia a los hechos criticables de personas o instituciones durante el año. Pero como estábamos en la España de la dictadura franquista, la censura no permitía tales críticas con lo que esta actividad desapareció de los carnavales. Así es, la fiesta de carnaval y las coplas descafeinadas que perduraron, durante un tiempo, circularon principalmente alrededor de esta fiesta de cántaros y botijos. Las coplas de carnaval no desaparecieron por completo porque la tradición oral es tozuda y perdura latente en la memoria de las personas o impregnada en el frágil papel oxidado por el tiempo. La labor de recopilación llevada a cabo por diferentes personas y la sensibilidad de familiares, que guardaron en el último arcón estos escritos, nos permite acceder y disfrutar hoy de estos textos. Textos de gran valor social por-

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que como nos cuenta el mollinato Antonio García López (a quien agradecemos su colaboración): «Si tuviéramos que buscar en la memoria colectiva de Mollina (u otras localidades —añado—) un territorio común en el que nadie se sintiera extraño, olvidando — sólo en ese territorio y momentáneamente— las divisiones y fracturas que caracterizan al pueblo, ése sería –y muy pocos más, por desgracia— el de las coplas de carnaval. Enraizadas en lo más profundo de su memoria adolescente o juvenil, han permanecido más de medio siglo en el recuerdo de la gran mayoría de las personas nacidas en los primeros años veinte. La fijación de este recuerdo no hacía distingos en el sexo, la extracción social, la tendencia política –propia o de familia— ni en otras consideraciones». Es una lástima que hoy en nuestra cuenca, haciendo las excepciones pertinentes, no se haya fomentado y dado a ese territorio común e igualitario más protagonismo por parte de las autoridades encargadas del ámbito cultural. Quizás el motivo esté en que aún no hayamos sido capaces de superar ciertos prejuicios ni hayamos aprendido aún a reírnos de nosotros mismos. No estaría mal empezar a hacerlo después de leer este artículo. Y que la fiesta y las coplas de carnaval vuelvan a resurgir por nuestras calles y empiecen a navegar de nuevo por este río que nos lleva.


ARTES PLÁSTICAS

miradas y modelos Coordinación y textos de presentación:

Luis Montoro nació en 1931 en Villanueva del Trabuco, en el cortijo de La Casilla de Vacas, desde donde se dirigió a Sevilla, con tres «perras gordas» en el bolsillo, en busca de formación plástica para lo que era su innata vocación: la pintura y la escultura. En la capital hispalense se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos mientras trabajaba como pintor de carteles de cine; con el premio extraordinario de dibujo en su mano se marchó a la ciudad condal para completar su formación e ingresó en la denominada, entonces, Escuela Superior de Bellas Artes de San Jorge, actualmente, Facultad de Bellas Artes, donde también destacó nuestro paisano, pues fue becado por la Diputación barcelonesa para continuar su formación en Roma, desde donde inició su carrera expositiva por toda España. Con el tiempo volvería, con su mujer Virtudes y sus cinco hijos, a su tierra natal, para crear esas imágenes tan fugaces, esos rostros tan típicamente suyos que nos quedarán como recuerdos vivos de personajes cotidianos: el esplendor de los geranios en macetas de latas corroídas por el óxido, las estampas marineras, sus reducidas recreaciones mitológicas, los espantapájaros–crucifijo defensores de los huertos estivales; los retratos de niños jugando en el arroyo, o sentados en una silla ante el baño en la palangana, las muñecas ajadas en modestas cajas vencidas por el humilde material de su composición y por el uso, los campesinos ancianos cabalgando en burro, componen escenas en las que Montoro alcanza aciertos rotundos; con la infancia y la vejez, dos parcelas de la humanidad en las que cabe la ternura y la tragedia, Montoro consigue resultados extraordinarios. Luis Montoro, excelente dibujante, ha dedicado casi toda su atención y maestría dibujística al estudio, a la interpretación del alma de los niños, y nada resulta más conmovedor que la mirada de un niño serio.

Gerásimo Arjona Bautista

LUIS MONTORO

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Mujer ante el espejo Viejo y trabajo

Viejo en burro con niña

Sus escenas costumbristas vienen a ser, por su cromatismo, grandes apuntes al natural resueltos con extraordinaria desenvoltura y con una precisión superante de la, casi siempre chata, clónica y pretendida reproducción fotografista de otros artistas. En sus lienzos, rebosantes de humanidad, la presencia de la luz contundente logra certeros toques que gradúan y valoran una excelente composición, donde el sujeto del cuadro envuelve la atmósfera que lo circunda, y no al revés. Los lienzos de Montoro, ejemplo de agilidad y soltura en el manejo del pincel y de un cromatismo basado, aparentemente, en simples y sencillos presupuestos, nos acercan a su intimidad, a sus angustias, a sus efímeras alegrías, con una factura de alto nivel tal como muestran los matices, los volúmenes, su capacidad excepcional de captar la luz y fundirla en la gradación tonal del colorido. Sus personalísimas pinceladas sueltas y nerviosas, que huyen del denso modelado perfilista, se unen para crear actitudes, movimientos y gestos que devienen en ejemplos perfectos para ilustrar la vida densa y sencilla que circundaba la existencia familiar y el ambiente rural que envolvió una buena parte de la existencia de nuestro artista. Lo anteriormente dicho nos sitúa la obra de Montoro en conceptos cercanos al figurativismo expresionista por su clara intención de «deformar» lo real, de expresar lo humano, la naturaleza, de forma más personal y subjetiva, dando primacía a la expresión de los sentimientos frente a la descripción objetivista de la realidad, y ello lo realiza con una óptica propia del impresionismo por su forma de plasmar la luz, la «impresión» visual, más allá de las formas que subyacen bajo ésta, que no son frondas paisajísticas de tono menor sino, fundamentalmente, las formas humanas que Luis Montoro ha hecho la razón de ser de su pintura.

Agradecimientos: a José Cordón García y Josefa Cáceres Rivera, a Antonio Rivera García y Ángeles Aguilera Mejías, a Fulgencio Martos Aguilera y Carmela Luque Mejías, a Inmaculada Rojas Rodríguez y a la familia Montoro.

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Ni単a y mu単ecas

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Leda y el cisne

Marina

Mujer ante el espejo

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Retrato de Inmaculada Rojas

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Plato de cerezas

Bodeg贸n con fresas

Bodeg贸n con melocotones

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Espantapรกjaros 67


ARTES PLÁSTICAS

miradas y modelos El papa Juan Pablo II y Sara Montiel, el rey Juan Carlos e Isabel Pantoja, Jordi Pujol, Tarradellas y Viki Martín Berrocal, el torero Manuel Díaz El Cordobés y Pep Guardiola, el príncipe Felipe, el futbolista Stoichkov y la princesa Letizia; cardenales y jueces, futbolistas, presidentes de diputaciones, militares y banqueros...

ANTONIO SEGOVIA

¿Qué han tenido todos estos personajes en común? Que todos han pasado por los pinceles y han quedado plasmados en los lienzos de este apreciadísimo especialista del retrato como es el pintor mollinato Antonio Segovia. Antonio Segovia nació en Mollina en 1949, inicialmente autodidacta hasta que, con 17 años, se fue a Barcelona para recibir formación en diferentes escuelas artísticas. En 1972, durante el servicio militar, inició su imparable carrera como retratista con altos mandos militares, siguiendo en los años previos a la Transición ejecutando el encargo de pintar al entonces príncipe Juan Carlos para acabar, a finales de los 70, pintando a todos los miembros de la familia real; faltaba la actual Princesa de Asturias, que acabaría, en su momento, también posando para él. Posteriormente, se establecerá en Sevilla donde comienza a pintar personajes de la vida social, política, judicial y artística de la sociedad hispalense y de media España. Y otra vez Barcelona, donde dirigentes y figuras del fútbol, destacados miembros de la burguesía catalana, hasta el mismísimo cardenal arzobispo de Barcelona, Ricard María Carles, engrosarán la legión de personajes retratados por Antonio Segovia. No entendimos, entonces, el porqué Antonio nos recibió, tan amablemente, en su casa de Mollina, el día en que contactamos con él en octubre del pasado año, enfundado en una camiseta del Barça; después, estaba claro: nos estaba mostrando uno de sus talismanes, pues de cardenal barcelonés a papa, hasta Juan Pablo II disfrutó de ser retratado por nuestro invitado en esta sección de artes plásticas.

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No son sólo personajes famosos, también retratos anónimos, conocidas escenas del camino del Rocío, bodegones preciosistas, lumínicas estampas de inspiración marroquí, a las que hay que añadir las pinturas religiosas del Hospital de San Juan de Dios de Sevilla, las más entrañables, según él mismo confiesa, ejecutadas mientras su madre estuvo ingresada en el centro hospitalario, y la decoración de la capilla de la onubense Paterna del Campo conforman, hasta ahora, la galería de obras del eximio retratista mollinato, con bastante de mochano, que es Antonio Segovia. Tradicionalmente, se ha entendido el retrato como un género pictórico con el que se pretende representar la apariencia

Princesa Letizia

Hristo Stoichkov

Papa Juan Pablo II

Sara Montiel

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visual del ser humano y se espera que el artista, en su técnica y en su práctica, represente le esencia interior del sujeto; por ello, los artistas se esfuerzan en lograr un realismo fotográfico o un parecido impresionista, que en el caso de Antonio Segovia se torna en realismo tipicista próximo la hiperrealismo, tan en boga actualmente, pues es evidente su intención de reproducir la realidad pictórica superando en fidelidad y objetividad la plasmación fotografista en busca de la expresión del carácter, de la cualidad moral antes que lo efímero o accidental, no incompatible con lo anterior y para lo que también se necesita maestría técnica; por ello, Antonio hace de los ojos, de la mirada, el lugar fundamental al que se dirige en busca de la infor-

mación más fiable, y en función de ello ejecuta la composición restante. La fuerza de su impactante cromatismo, la composición de planos múltiples en pos de resaltar la presencia de lo retratado, la diafanidad lumínica de las transparencias sitúan a este pintor en la línea de otros grandes retratistas actuales como son Eduardo Naranjo, Gregorio Palomo, Aurelio Rodríguez, o el chileno Claudio Bravo, pero Antonio Segovia nos resulta más cercano por un elemento al que sólo hemos hecho referencia indirecta anteriormente: el andalucismo de su pintura y el conocimiento que el espectador tiene de gran parte de sus personajes retratados, lo cual es un riesgo de valoración que corre Antonio Segovia y que supera con creces.

SS.MM. Los Reyes de España

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Bodegón con uvas y membrillos

Bodegón con granadas

Bodegón con melocotones Bodegón del té 71


Descanso en el camino 72


Camino de El Rocío

Camino de El Rocío

Virgen de El Rocío 73


Ricard María Carlés Retrato de Paco Sánchez

Mujer con cesta Mujer rubia

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Xabi Alonso de niño

Príncipe Felipe


Moro con escopeta

Mujer bereber con sombrero

Paisaje de Marruecos Mora y henna 75


José Hernández Parece que estás dormido, descansas de tu trabajo entre pinceles y colores rojos, negros y morados.

IN MEMORIAM

Entre tus dedos silenciosos, los pinceles más hermosos contigo se van al cielo a pintar lienzos de estrellas. Tú brillarás junto a ellas en el más profundo sueño; aquí en la tierra tu nombre nos quedará para siempre como artista y buen hombre, para recordarte siempre. Los paseos de las tardes por el camino de Las Lomas; se borrarán tus pisadas, pero quedarán grabadas en la mente de la gente que te quiso y que te llora.

Lorenzo Molina Gutiérrez Ejercicio de memoria, 1981-85. José Hernández

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Ya no volverás, amigo, a decir: ¡Bueno, bueno! Y no repetirás, amigo: ¡¿Cómo estamos?! Te has hecho, eternamente, presente y los inmortales pierden la cualidad de lo efímero. Gerásimo Arjona

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José Hernández

IN MEMORIAM

En El Rosario, su pueblo y el nuestro, se nos ha muerto como del rayo José Hernández, a quien tanto y tantos queríamos. Con la memoria prestada de cuantos han transitado a tu lado, te recordamos en tu Tánger natal oteando el horizonte desde el altozano del puerto, con la mirada perdida en su bahía abierta a una mar océana que sueña con ser mediterránea. Te intuimos recorriendo La Medina, escudriñando los escaparates de las viejas plazuelas impregnadas del sempiterno olor a azafrán de los coloristas puestos callejeros. Olores, luces y colores de la más cosmopolita de las ciudades que tallaron tu imaginación infantil. Mirada inquieta, intensa, inquisitiva, que irá alimentando tu espíritu de fantasmagóricas realidades. Y de la escuadra y el cartabón de la mesa de dibujo de tu primer trabajo ingenieril, a la ingeniería creativa. Del papel pautado y hermético, a la libertad de los pinceles y el lienzo. De ese modo, de la mano de Emilio Sanz de Soto, tus creaciones cruzaron, bajo el dintel de la Librairie des Colomnes, para iluminar sus paramentos en medio de anaqueles atestados de viejos libros del saber. Y siguiendo los pasos de otros tangerinos como Matisse o Delacroix, deambulaste del Zoco Grande al Zoco Chico, en el corazón de la Medina, mientras intentabas atrapar un paraíso que se te escapaba a los sentidos. Escuchando las interminables tertulias de los bulliciosos cafés,

José Hernández en su estudio de Villanueva del Rosario


alimentadas por mentes prodigiosas, fuiste construyendo tu particular mundo creativo. De la mano de Ahmed Yacoubi, de Allen Gingsberg o de Edouard Roditi, irías abriendo las puertas del arte. Y cambiaste los azules y luminosos cielos tangerinos por los grises atardeceres velazqueños de la estepa mesetaria. Con Pablo Runyán y José Jardiel, te adentraste en las técnicas pictóricas, y con Julio Zachrisson, descubriste el apasionante mundo del grabado, que ya nunca abandonarás. Y aquel cuartito de una azotea madrileña, sin luz ni agua, se transformó por la magia del destino en tu primer estudio. Heredero del vernáculo surrealismo español de Quevedo, Goya o Valle Inclán, tu minucioso e incansable trabajo fue articulando las sombras y los silencios de la naturaleza y de la vida. Y los tonos más oscuros de tu paleta engendraron la luz de tus obras. Tu sempiterna pasión y curiosidad por cuanto te rodeaba te llevó a dar vida a los sueños de otros muchos: García Lorca, Martín Recuerda, Calderón de la Barca, Valle Inclán, Saramago, Buñuel, Gala o tu buen amigo Paco Nieva. A la luz de las candilejas, entre los sonidos de las bambalinas y el atrezzo, los objetos inanimados tomaron vida material en tus creaciones teatrales. Pero a nosotros, los saucedeños, tan lejos de los avatares del arte y de las diatribas de la Academia, más allá de los laureles y oropeles de tu grandiosa obra, nos bastaba con tu cálida mirada, con tu ánimo sosegado y tus siempre evocadoras palabras. Nos bastaba con los paseos a tu lado, entre olivos, genista, jaras, tomillos y aulagas. Nos quedamos con las eternas noches de tertulia bajo el titileo de las estrellas;

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José Abad. José Hernández


José Hernández

IN MEMORIAM

Rafael Lobato. Retrato de José Hernández

con las sobremesas de capa y espada en quijotescas batallas contra gigantes reales o imaginarios. Nos quedamos con el hermano, marido, padre, compañero y amigo, que siempre has sido.

Luis Utrilla Navarro

Por todo eso y por mucho más, cada día, de cada mes, de cada año, hasta donde la memoria nos lleve, cuando las primeras sombras del día acaricien el molino El Tejar y la luz mortecina de la tarde deje caer sobre la sierra esa pátina magenta salida de tu paleta, tu presencia inundará los corazones de todos cuantos hemos tenido la fortuna de compartir el amor contigo.

(Estas palabras fueron pronunciadas en Madrid, en el sepelio de José Hernández, el jueves 21 de noviembre de 2013, en nombre de sus amigos de Villanueva del Rosario, que formaron parte de la delegación encabezada por el alcalde José Antonio González Vegas)

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ciencia y naturaleza Coordinación y texto de presentación: Gerásimo Arjona Bautista

El

uno, aeronáutico; el otro, ingeniero de caminos. Algo más que amistad personal les une: su amor y devoción por la naturaleza y su admiración por el paisaje de Villanueva del Rosario, donde residen. Nuestro colaborador habitual, Luis Utrilla, nos ilustró, en anteriores números de la revista, sobre el viento Terral y su estrecha relación con la cuenca del río Guadalhorce; allá quedó obsoleto el presumido, o presunto, origen africano del sofocante viento. Y viajamos con él en alas de nuestras habituales urracas, los mohínos, desde el Guadalhorce hasta el Japón. En este número nos explica por qué nuestras sierras, en su nivel pluviométrico máximo, exhalan fuentes de 101 caños, en Villanueva del Trabuco, o provocan saltos de agua de 100 m, colas de caballo, en Villanueva del Rosario, en el mismo año pluviométrico en el que sufrimos estivales cortes de suministro de agua: nuestras agredidas sierras se comportan como efímeras esponjas pletóricas de agua en un lato secarral. José Alba nos dice «bienvenidos al jardín». Es José Alba el máximo responsable técnico de la autovía por la que diariamente circulamos yendo y viniendo a la capital, y es corresponsable de las más importantes infraestructuras malagueñas: desde la autovía oriental a la autopista de Las Pedrizas, de la segunda ronda malagueña a la carretera paisajística de Gaucín, el metro malacitano «en ciernes» o el AVE. Y pendiente queda la solución al río, rambla, Guadalmedina. Pero José Alba es, vocacionalmente, un hombre de campo, del campo de Villanueva del Rosario, donde cultiva más de 4000 cerezos y donde cría, cuida y mima una joya de jardín de más de 2000 especies: su refugio, «su vicio», que comparte y goza con una lojeña de encanto, su mujer, María José. Ambos nos invitan disfrutar de un maravilloso paseo por un jardín de ensueño, internacionalmente bautizado con el nombre de Jardín del Rosario, ubicado en el antiguo cortijo de La Viña y abrazado por el arroyo de El Indio, desde cuya loma la visión de nuestras espectaculares sierras adquiere el nivel sublime y reprime las lágrimas ante el cáncer de la cantera que las corroe y sangra.

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Luis Utrilla Navarro

Aunque el título pudiera parecer un juego de palabras contradictorio, nada más lejos de la realidad, ya que fragilidad y fortaleza son propiedades no sólo complementarias,

El «rodaero», Sierra de Jobo (El Chamizo)

sino habitualmente

La frágil fortaleza de las (pétreas) sierras del alto Guadalhorce

coincidentes en un mismo material. Así, el duro diamante tiene su peor enemigo en el golpe imperceptible del cincel del orfebre, siendo por el contrario capaz de rayar con firmeza al más resistente de los aceros.

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que la silueta de la tierra emergida tuviera cierto parecido al contorno actual. Por aquel entonces, las rocas que hoy forman las sierras del alto Guadalhorce todavía estaban completando su formación a cientos de metros bajo el nivel del mar. La primera unidad morfológica de nuestro país en emerger de las aguas océanas fue el macizo ibérico, que tenía en sierra Morena la zona costera sur de la meseta, allá por el periodo Cretácico, hace unos 100 millones de años. Posteriormente, esta masa terrestre ibérica fue fracturada y levantada en el Terciario por el empuje de la orogenia alpina, hace unos 30 millones de años, al tiempo que emergían de las aguas los macizos béticos que separarían el océano Atlántico del mar de Thetis, nuestro actual Mediterráneo.

Pero vayamos al PRINCIPIO DE LA HISTORIA. Hace unos 255 millones de años todas las tierras emergidas de nuestro planeta formaban un único continente, al que hemos venido en denominar Pangea, topónimo compuesto de las palabras griegas Pan: Todo, y Gea: Tierra, «toda la Tierra». Dicho continente se mantuvo unido durante unos 100 millones de años, hasta que hace unos 150 millones de años se inició el viaje a la deriva de las distintas masas térreas que lo conformaban, desgranando Pangea en algo parecido a los continentes que hoy conocemos. Hubo que esperar hasta el final de la era de los dinosaurios, hace unos 65 millones de años, para

El Torcal de Antequera

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Los sistemas béticos, de los que forman parte las sierras del alto Guadalhorce, formaron un gigantesco arco desde las sierras almerienses hasta los macizos del norteafricano Rif, siendo su epicentro el sistema rocoso de Gibraltar. Hace unos 15 millones de años, el choque de las placas africana y euroasiática haría emerger del fondo del mar el resto de las tierras que conformaron el sur de la península ibérica. Este surgimiento de los sistemas béticos terminó por cerrar el Mediterráneo por el oeste, al tiempo que el movimiento de la placa indostánica y la península arábiga lo cerraba por el este. De este modo, el aislamiento de nuestro Mare Nostrum del resto de las masas oceánicas fue desecando este mar interior, cuyo nivel de

evaporación no podía ser compensado por el aporte de agua de los ríos de sus vertientes: el Ebro, el Po, el Ródano, o el caudaloso Nilo. Poco a poco, hace «sólo» 6 millones de años, el Mediterráneo se convirtió en un desolado desierto de unos dos kilómetros de profundidad media, en cuyo fondo, cubierto de ingentes capas de sal, podían alcanzarse temperaturas cercanas a los 50º C, con algunas lagunas de salmuera cubriendo las profundidades abisales. El Mediterráneo quedó dividido en dos gigantescos vasos por la meseta siciliana, y convertido en algo parecido a un Valle de la Muerte, donde el agua que caía de las grandes torrenteras, formadas por los ríos de sus orillas, apenas si alcanzaba llegar al fondo antes de evaporarse.

Sierra de Camarolos

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300.000 años después, nuevos movimientos orogénicos, unidos a procesos catastróficos ocurridos en el Atlántico, provocaron gigantescos tsunamis que, paso a paso, fueron debilitando la parte superior de los sistemas béticos que cerraban el estrecho de Gibraltar. De ese modo, los 1.500 m de desnivel, existentes entre el agua atlántica que bañaba las costas onubenses y la cuenca del mar de Alborán, generaron una corriente de agua por encima de las montañas que se desplazaba a una velocidad cercana a los 150 km por hora, moviendo un caudal 70.000 veces mayor que las actuales cataratas del Niágara y que alcanzó, a decir de los expertos, los 8.000 millones de m3 al minuto. La gran fuerza erosionadora de esta ingente masa de agua fue labrando el gigantesco surco del estrecho de Gibraltar, en una longitud de 200 km y con una anchura de 8 km. El nivel del mar Mediterráneo fue subiendo del orden de 10m al día, llenando primero el vaso existente entre la península Ibérica y Sicilia y, posteriormente, el vaso del Mediterráneo Oriental hasta las costas turcas, en un proceso que apenas duró un par de años. Los enormes arrastres de materiales de aluvión, procedentes del macizo de Gibraltar, completaron la fisonomía de la costa malagueña hasta nuestros días. Pero volvamos a nuestras montañas, el sistema bético del alto Guadalhorce está formado en la actualidad por las sierras de Gibalto, San Jorge, sierra Gorda, El Jobo y Camarolos, constituyendo un arco en forma de media luna creciente, cuya concavidad está orientada al noroeste, y en cuyo interior se ubican las localidades de Villanueva del Rosario y Villanueva del Trabuco. Estos macizos malagueños están compuestos por rocas sedimentarias, metamórficas e ígneas, procedentes del fondo marino, como hemos relatado. Las rocas sedimentarias se han creado en base a los depósitos de materiales llevados a cabo durante millones de años y sometidos a grandes presiones de consolidación. Las rocas metamórficas proceden de rocas sedimentarias que se han visto sometidas a una transformación natural desde su con-

solidación primitiva. Y, por último, las rocas ígneas son aquellas procedentes del magma del interior de nuestro planeta. Una de las características más visibles de las rocas sedimentarias, que forman nuestras sierras, es su disposición en capas o estratos, que se corresponden a los distintos procesos de sedimentación en el fondo marino. Si bien los estratos suelen ser paralelos, es muy habitual la aparición de estratos inclinados o plegados, debido a las fuerzas de la dinámica interna de la corteza terrestre. El escarpado arco montañoso, que forma la cara norte del valle alto del río Guadalhorce, es el origen de su cuenca fluvial y cuenta con distintas fallas internas que lo recorren de este a sur. Estas fallas, originadas en el Jurásico Superior, con plegamientos y hundimientos posteriores en el Oligoceno y el Mioceno, son fruto de los gigantescos movimientos que originaron nuestras montañas y del subsiguiente cabalgamiento de unas sierras sobre otras. Así, la estructura interna de las montañas del alto Guadalhorce sigue un modelo de capas o escamas, que vierten tanto hacia el norte, como hacia el sur. En la parte sur del arco calizo, desde el pico de El Chamizo hacia el oeste, las escamas vierten prioritariamente hacia el sur, mientras que desde El Chamizo, hacia el este y el norte, las escamas tienden a verticalizarse. En el interior del arco, las escamas vierten al norte o al oeste independientemente. Estas escamas diferentes están constituidas por rocas calizas y dolomíticas, formadas en el periodo Jurásico, y tienen una antigüedad de 150 a 200 millones de años, cuando los dinosaurios colonizaban la Tierra. Son rocas sedimentarias formadas en las profundidades de los océanos, tras el depósito de partículas de otras rocas unidas por distintos procesos químicos, el más común de ellos, la precipitación de carbonatos, y con la ayuda de la altísima presión a la que estuvieron sometidos estos depósitos. La precipitación del carbonato cálcico dio lugar a las rocas calizas y con la mezcla de los carbonatos de calcio y magnesio se formaron las dolomías.

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Región de Karst. Eslovenia

Pasemos ahora a la SEGUNDA PARTE DE NUESTRA HISTORIA, cuando las imponentes moles calizas de las sierras del alto Guadalhorce iniciaron un segundo proceso de transformación.

Región de Karst, Minerve. Eslovenia

Su pétrea fortaleza, forjada a través de millones de años, debía enfrentarse ahora a un poderoso elemento invisible: el dióxido de carbono, el conocido CO2, presente en la atmósfera terrestre, es capaz de disolverse en el agua de lluvia a temperatura y presión normal, formando el ácido carbónico. El depósito de ácido carbónico, en la cubierta superior de nuestras sierras calizas, dio lugar a un nuevo fenómeno: el sistema kárstico. El adjetivo kárstico expresa el particular proceso de erosión del ácido carbónico sobre las piedras calizas. Esta palabra hace referencia a la región eslovena de Karst, donde el fenómeno fue estudiado, por primera vez, por el geógrafo Jovan Cvijic, allá por el año de 1893. El proceso de formación de los sistemas kársticas, especialmente sencillo, es el siguiente:

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La abundancia del agua de lluvia en el alto Guadalhorce y las bajas temperaturas de la zona ayudaron a la formación de ácido carbónico sobre la superficie superior de los desprotegidos macizos de Camarolos, El Jobo, sierra Gorda, San Jorge o Gibalto. En ese contacto del ácido con la roca virgen, se produjo una nueva reacción química, que conllevó la transformación de los carbonatos calizos rocosos, prácticamente indisolubles, en bicarbonatos cálcicos, unas treinta veces más solubles que los primeros. La capacidad de disolución de los bicarbonatos en el agua de lluvia permitió que pudieran ir penetrando en la gran masa caliza de nuestras montañas. Primero, por los huecos intersticiales de las propias rocas, o por las zonas de separación de las distintas capas de sedimentos y, poco a poco, por las ranuras y oquedades producidas por la propia disolución del material. Conforme el mecanismo de disolución iba penetrando en la roca, el proceso kárstico se fue incrementando en el interior de nuestras sierras, dando lugar a más y más fisuras que iban aumentando de tamaño hasta formar grandes oquedades, simas, cuevas y un inescrutable laberinto de conductos en el sistema montañoso del alto Guadalhorce. A la par que el proceso se adentraba en el seno calizo, la disminución de la presión y el aumento de la temperatura fueron paralizando el mecanismo de reacción, hasta provocar el fenómeno con-

trario. El bicarbonato cálcico se fue transformando de nuevo en carbonato cálcico y desprendiendo el CO2 resultante, que sale a la atmósfera a través de las grietas. Este carbonato cálcico es el generador de las espectaculares formaciones de estalactitas y estalagmitas de la archidonesa cueva del Agua de El Brosque, o de la archiconocida cueva de Nerja. Mientras esto ocurría en el interior de nuestras montañas, dando lugar a un singular paisaje endokárstico de grutas y simas; en el exterior, el paisaje montañoso también adquirió sus propias características exokársticas. Si miramos nuestras sierras pronto identificaremos los fenómenos kársticos, que tienen en el vecino Torcal de Antequera una de sus representaciones más singulares y bellas. Las iniciales grietas superficiales de la caliza permitieron la acumulación de agua, que, al ir acidificándose, fue profundizando las grietas hasta formar surcos o cavidades llamados lapiaces o lenares. Las habituales tormentas otoñales de la zona del alto Guadalhorce también contribuyeron a este proceso de erosión, y las fuertes escorrentías que provocaron fueron fisurando los macizos calizos hasta llegar a desgajar grandes masas pétreas. Buen ejemplo de este proceso erosivo es el talud de derrubios conocido como El Rodaero, que podemos observar en la zona de Hondonero, entre sierra Gorda y El Jobo, en Villanueva del Rosario.

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Modelo kárstico

Es habitual también que las oquedades más superficiales del interior del sistema kárstico terminen desplomándose, formando depresiones del terreno denominadas dolinas, género al que pertenecen nuestros torcales y somatones. Los habituales somatones de la zona de El Brosque, en Villanueva del Rosario, son fruto también del proceso kárstico. En este caso son derivados de las formaciones yesíferas que conforman estas dolinas del lado norte de la cuenca del Guadalhorce. La filtración del agua en dichos somatones va generando a su vez nuevas

Dolina 88

simas, sumideros, sifones o cuevas, todo un laberinto del paisaje endokárstico. El propio cauce del Guadalhorce, en la garganta que forma a su paso por estas colinas yesíferas de El Brosque, camino de la planicie antequerana, es parte de este mismo proceso. Aguas abajo, nuestro río da lugar a El Chorro, un impresionante cañón kárstico de más de 300 m de profundidad. El sistema kárstico del alto Guadalhorce cuenta así con importantes procesos de cavernamiento. En la sierra de Camarolos podemos identificar la cueva del Malnombre y la de las Palomas; la cueva de Los Quesos, en el cortijo de la Fresneda; la sima del Nacimiento; la cueva de Toma y Bebe, la cueva de Alfarnate, con formaciones estalactíticas, y la cueva del Chamizo, en la sierra de El Jobo, y alejada de la cadena montañosa, la cueva del Peñón de Solís, en el cortijo de igual nombre.


nos con sistemas que acumulan grandes reservas de agua o, por el contrario, con sistemas que drenan de forma prácticamente instantánea el agua que reciben en sus superficies tributarias. Esto hace que la extracción de agua ofrezca características tan sorprendentes como una surgencia de gran caudal ubicada junto a un pozo totalmente seco. Así, los acuíferos kársticos responden a un alto nivel de heterogeneidad, desde auténticos ríos subterráneos que fluyen sin solución de continuidad desde la zona de carga hasta las surgencias, o bien sistemas con gran inercia hidráulica, formados por grandes reservas de agua en los millones de microconductos calizos formados por el proceso kárstico en la roca. En cualquiera de los casos, los acuíferos kársticos representan un sistema dinámico totalmente dependientes del aporte externo y del caudal de las surgencias naturales o artificiales que lo drenan. El acuífero que contienen las sierras de Las Cabras, Camarolos, Gorda y San Jorge, o sea, las sierras incluidas entre los puertos de Las Pedrizas y Los Alazores, es un acuífero aislado que tiene una

Pasemos ahora al ÚLTIMO CAPÍTULO DE NUESTRA YA LARGA HISTORIA, referido a uno de los más inquietantes tesoros de nuestras sierras: los acuíferos carbonatados. La formación de la estructura kárstica del interior de las montañas fue permitiendo que el agua de lluvia penetrara más y más en su interior, rellenando los pequeños huecos que la disolución carbónica iba dejando. La karstificación ha ido comunicando las distintas oquedades, jerarquizando su llenado y dando lugar a un flujo del agua acumulada en las entrañas serranas desde la superficie de penetración hasta las surgencias, los sitios, por los que el agua aflora al exterior. La gran complejidad de la estructura interna de los sistemas kársticos hace muy difícil deducir su comportamiento; no obstante, podemos encontrar-

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extensión superficial cercana a los 70 km2, lo que le proporciona un nivel de recarga próximo a los 20 hm3 anuales. De este acuífero depende directamente la vida de Villanueva del Trabuco y de Villanueva del Rosario. La naturaleza de los materiales que conforman estas sierras, principalmente calizas y dolomías del Jurásico, como ya hemos relatado, con potencias de hasta 250 m de profundidad, dan lugar a un acuífero de calidad óptima desde el punto de vista químico, ya que se trata de aguas bicarbonatadas cálcicas de mineralización débil. En la actualidad, las principales surgencias del acuífero se producen en la cara norte del mismo, en las localidades de Villanueva del Rosario y Villanueva del Trabuco. La primera de ellas con un consumo aproximado de 248.000 m3 anuales, y la segunda con un consumo de algo más de 340.000 m3. No obstante el acuífero, identificado oficialmente como unidad hidrogeológica 06.31, abastece también a las localidades de Colmenar y Casabermeja, si bien de forma testimonial. Para el suministro de Villanueva del Rosario se cuenta con los manantiales de EL Chorro Negro y El Nacimiento, el del río Cerezo, y los sondeos de El Nacimiento y Los Pinos. El sondeo de El Nacimiento se ubica junto al manantial del mismo nombre, tiene unos 260 m de profundidad y en invierno es surgente. Dispone de un caudal de 9 l/s, si bien, dadas las características de los sistemas kársticos, cuando lleva varios días bombeando se produce un importante descenso del nivel piezométrico, lo que obliga a suspender la extracción hasta que se recupera. Por esa razón se llevó a cabo el sondeo de Los Pinos, que dispone de un caudal de 20 l/s. El acuífero del alto Guadalhorce cuenta en Villanueva del Rosario con distintas surgencias, siendo las principales las del río Cerezo y el río Parroso, si bien esta última se sitúa administrativamente en el término municipal de Antequera. La surgencia del río Parroso dispone de un caudal de 60 l/s, mientras que la del río Cerezo presenta una gran dispersión de caudales, fruto de la existencia de una potente

estructura de drenaje kárstico, pasando de prácticamente la inactividad a alcanzar los 1.300 l/s. En Villanueva del Rosario pueden inventariarse también los arroyos de Los Potillos, de La Canaleja, de Urán, de la Fuente de la Araña, de Fresnedilla, del Oso y del Indio. Así mismo cuenta con manantiales en la Fuente del Raigón, de La Canaleja, La Zarza, Prado Toril, del Albero, El Parroso, Toronjil, Fuente Vieja, Nueva, de La Salud, de La Higuera y de los Hornajuelos. En el caso del manantial de los Baños de la Tosquilla, el agua tiene carácter sulfhídrico. El municipio de Villanueva del Trabuco dispone por su parte de varios manantiales que drenan el agua de las sierras Gorda y San Jorge, siendo la surgencia más importante la de La Higuerilla. Cuenta con los manantiales de La Chocilla; el manantial de La Pita, con un caudal de 4,5 l/s; el manantial de Los Pérez, y el espectacular manantial de la Fuente de los 100 caños, con un caudal medio de 35 l/s. También dispone Villanueva del Trabuco de dos sondeos conectados al acuífero de la sierra de Gibalto, caracterizada por un apilamiento de escamas, con una extensión de 10 Km2 y 5 hm3/año de recursos drenados por manantiales en el borde occidental: La Lana I, con una profundidad de 140 m y un caudal de 15 l/s; más los sondeos de la Lana II, III, y IV, estando el sondeo III actualmente sin uso. Son captaciones de escaso caudal. De él también se abastece la pedanía lojeña de Fuente Camacho. Pero toda esta maravilla de creación natural, que son los acuíferos carbonatados del alto Guadalhorce, tiene su talón de Aquiles en su especial vulnerabilidad derivada de la propia estructura del sistema drenante de las formaciones kársticas. Las excavaciones y, sobre todo, las galerías son dos de los principales enemigos de los acuíferos kársticos que, como método de explotación de agua, ya han demostrado su inadecuación, pues proporcionan agua cuando el nivel de pluviometría y, por consiguiente, la carga del acuífero son máximos, que es cuando menos se necesita. Por el contrario, en las épocas de estiaje, en sequías, las galerías contribuyen a reducir el agua almacenada, secando con rapidez el acuífero.

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Uno de los casos más conocidos de este comportamiento es la galería de Los Suizos, en la sierra caliza de Crevillente, Alicante, de unos 2.300 m de longitud, que en sus inicios aportaba unos 500 l/s y, poco después, apenas si era surgente en la época de lluvias. El otro punto débil de los acuíferos kársticos es su indefensión ante los contaminantes. La contaminación se transmite de forma muy heterogénea de una parte a otra de los sistemas kársticos, siendo habitual una transmisión directa y masiva desde los puntos contaminantes a las surgencias, dado que el flujo hídrico apenas si sufre dilución ni depuración. La presencia del contaminante en el agua dependerá de las áreas de almacenamiento, que si bien sirven para reducir la contaminación en la surgencia, también la irán manteniendo en el tiempo y trasladando poco a poco hacia la misma. Si las Interior de la Cueva del Agua. El Brosque. áreas o bloques de almacenamiento hidráulico son independienFotos obtenidas expresamente para tes, la contaminación del agua tendrá un comportamiento disperso la revista por Marcos Arjona Martín en las distintas surgencias conectadas a dichos bloques. Es, por lo tanto, muy importante hacer un detallado estudio de las actividades contaminantes, en cada uno de los sistemas kársticos, para la adecuada protección de los recursos hídricos de los mismos. Los sistemas kársticos comprenden una tercera parte de la superficie de Europa, y los acuíferos que contienen son las reservas hídricas más importantes del Viejo Continente, llegando al 50% del agua potable de algunos países. Ciudades como Roma, París o Viena tienen una gran dependencia de sus acuíferos kársticos. Por esta razón, la Unión Europea, a través de la European Water Framework Directive, puso en marcha el proyecto COST Action 620, dirigido a la protección de estos acuíferos mediante la determinación de los riesgos a los que están sometidos, especialmente de los contaminantes derivados de la actividad humana. El informe final del proyecto identifica los mecanismos de riesgo de los acuíferos y establece los sistemas de evaluación de los mismos.

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La trepidación y las vibraciones inherentes a dichas explosiones se trasladan en mayor o menor medida al conjunto del sistema kárstico, y dado el alto nivel de transmisividad de la energía mecánica a través de los sólidos, supone un peligro en la alteración de los complejos sistemas de acumulación y flujo del agua en su interior, ya sea por la generación de grietas, deslizamientos o por la simple colmatación de los intersticios que conforman todo el sistema. Tampoco es descartable que la extracción masiva de materia modifique el equilibrio interior de presiones, alterando el nivel piezométrico del acuífero con resultados impredecibles para la continuidad del sistema. Por último, y tan importante o más que lo antedicho son las cuestiones derivadas de los aspectos naturales, culturales e identitarios que las sierras del alto Guadalhorce trasmiten a todos y cada uno de los habitantes de la zona, así como a todos aquellos que transitan o son visitantes esporádicos de la misma y que, de manera especial, valoran la belleza y el extraordinario valor paisajístico que conforma esta zona del Arco Calizo Central Malagueño, en cuyo seno se desenvuelve la vida de Villanueva del Trabuco y Villanueva del Rosario. No es nada novedoso destacar la dimensión social del paisaje, la consideración de éste como

Los estudios propuestos por la Unión Europea van dirigidos tanto a definir la vulnerabilidad intrínseca de los sistemas kársticos, reflejo de sus características geológicas e hidrogeológicas y de la sensibilidad de las aguas subterráneas a la contaminación por la actividad humana, como a la vulnerabilidad específica, relacionada con la sensibilidad del agua subterránea a un contaminante particular, hidrocarburos, pesticidas, etc. Las calizas y dolomías de las sierras del alto Guadalhorce, afortunadamente, acogen pocas actividades contaminantes en su entorno, y tan solo las concentraciones de ganado en Sierra Gorda y la cantera de Villanueva del Rosario, situada en su límite con Villanueva del Trabuco, representan importantes riesgos de contaminación. En el caso de la cantera se trata de una explotación industrial a cielo abierto que presenta evidentes riesgos para el sistema kárstico. En primer lugar, las aguas de nuestro acuífero podrían ser afectadas por posibles filtraciones de aceites pesados, combustibles, productos químicos y similares, utilizados en el proceso de extracción y trituración de la piedra, así como por los vehículos y maquinarias utilizados. El segundo de los riesgos generados por la cantera es el asociado a las explosiones que, de forma periódica, se realizan para ir horadando el macizo calizo.

Surgencia: Fuente de La Canaleja. Villanueva del Rosario

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El Torcal de Antequera

El «Rodaero» desde la cumbre de El Chamizo. Villanueva del Rosario

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elemento básico del bienestar del ser humano y la relación que mantiene con el medio natural en el que éste habita. Cada vez son más las voces que se levantan en defensa del paisaje como elemento identitario de las sociedades contemporáneas y de la proactividad que genera en muchos ámbitos culturales, en contraposición con la cada día más extendida contaminación del mismo por elementos ajenos al interés general. Esta nueva sensibilidad paisajística en sectores cada día más amplios de la sociedad ha tenido su eco en el Consejo de Europa que, en octubre del año 2000, promovió la firma en Florencia del Convenio Europeo del Paisaje. Dicho convenio tiene por objeto promover la protección, gestión y ordenación de los paisajes europeos y fue ratificado por España el 26 de noviembre de 2007, fijándose su entrada en vigor el pasado 1 de marzo de 2008, hace ya un quinquenio. El Convenio Europeo del Paisaje representa una visión integral del paisaje tanto desde los aspectos naturales como culturales, reconociendo jurídicamente los paisajes como elementos fundamentales del entorno humano y de su identidad. Por esta razón, el convenio obliga a las autoridades locales, regionales y nacionales, a establecer políticas de protección y ordenación del paisaje, integradas en sus políticas de ordenación territorial y urbanística; así como en sus políticas en materias culturales, medioambientales, agrícolas, sociales y económicas. Ni qué decir tiene que el paisaje de las sierras del alto Guadalhorce, al igual que ocurre con la mayoría de los paisajes kársticos, es uno de los elementos singulares e identitarios de la provincia de Málaga y, de especial manera, de los pueblos que en él se ubican. Los inacabables tonos grises de sus calizas, el juego de luces y sombras del agreste perfil que configuran nuestras montañas, los contrastes con el verde intenso de sus manchas de pináceas, del cambiante dibujo de los Quercus, o del trémulo amarillo de la genista, forman parte del imaginario colectivo de los vecinos de los pueblos del alto Guadalhorce y de cuantos nos visitan. Estos últimos, ajenos a la magia cotidiana de la sierra de Camarolos, de la imponente mole de El Chamizo, no dejan de sorprenderse y deleitarse con la fuerza de los colores bermejos, cárdenos, argenta y «gristarde» que, cada atardecer, se proyectan en los paredones calizos de estas sierras. Por todo ello, es urgente dotar de la adecuada protección a nuestro rico patrimonio paisajístico, evitando actuaciones tan nefastas como las de la cantera de extracción de piedra, que cercena tan gravemente nuestra sierra. Corresponde a las autoridades locales, provinciales y autonómicas, velar por la conservación y el mantenimiento de la integridad del arco calizo del Guadalhorce; de la protección de los sistemas acuíferos que contiene y que nutren de vida a una amplísima diversidad de especies vegetales y animales; garantizar la explotación sostenible de dichos acuíferos, de manera que sigan siendo elementos de desarrollo socioeconómico de un buen número de pueblos de la cuenca del río Guadalhorce y, por último, mantener para las generaciones venideras la integridad patrimonial, estética y cultural de un entorno único como son las pétreas sierras que conforman

el alto Guadalhorce. 95


UN JARDÍN EN EL CAMPO Texto y fotos:

José Pedro Alba García

Foto: Pablo Alba

El denominado JARDIN DEL ROSARIO, situado en el término municipal de Villanueva del provincia de

Rosario,

Málaga, está siendo

desarrollado en una pequeña finca privada desde hace unos años.

Es un

jardín muy joven, que sólo con el discurrir del tiempo podrá llegar a ofrecer el esplendor que de él se espera.

Intenta aportar valor paisajístico y medioambiental, a la vez que trata de contribuir a la biodiversidad y a la protección de las especies vegetales de carácter ornamental.

Presentamos en este texto una breve descripción de lo realizado hasta ahora y de sus antecedentes, así como de las motivaciones y de las ideas de futuro que, a la fecha, inspiran a sus creadores.

96


LA HISTORIA Cuando a principios de 1979 tomé contacto por primera vez con Villanueva del Rosario solamente pensaba, junto a María José, mi mujer, en encontrar un lugar donde desarrollar nuestra afición a la naturaleza y donde conseguir que nuestros hijos pasaran el mayor tiempo posible en un lugar saludable, para su cuerpo y para su espíritu. La nueva carretera de Las Pedrizas nos abrió a unos espacios hasta entonces muy alejados de Málaga, donde vivíamos desde niños. El escenario natural del valle alto del Guadalhorce y de la vertiente norte de la Sierra de Camarolos nos conquistó por su grandiosidad y su sencillez, simultáneamente. El clima, más extremo que en Málaga, nunca fue un obstáculo, antes bien, era un atractivo. Hasta entonces nunca habíamos tenido más relación con esta zona y con su población que el haber circulado, alguna que otra vez, por sus deficientes carreteras, para ir a Loja, el pueblo de María José. Nos gustó el entonces denominado Cerro de La Viña, donde adquirimos una parcela suficiente para nuestros objetivos. Pero el reto era importante. La zona de Las Huertas, en la que se emplazaba, carecía de agua potable, electricidad y teléfono; tampoco disponía de caminos transitables con normalidad. Con fe, entusiasmo y algo de conocimientos técnicos colaboramos con el Ayuntamiento y con los vecinos para resolver esas necesarias infraestructuras; en poco tiempo todas las viviendas de Las Huertas y de Las Carboneras tuvieron esos servicios, lo que supuso un avance extraordinario para este entorno. Diversas circunstancias trajeron la oportunidad de ir ampliando la pequeña parcela inicial, entre otros motivos, para evitar que se emplazara allí el vertedero de residuos urbanos del pueblo. Nunca tuve en cuenta, por puro desconocimiento agronómico, la inadecuación del terreno para cultivos agrícolas que pudieran alcanzar un mínimo de rentabilidad; por eso estaban baldíos y eran un completo erial. Pero como no buscaba ser agricultor no me importó en absoluto; mucho menos en relación con cualquier otro proyecto, como podría ser el de implantar un jardín, cuestión entonces impensable. La exposición que sigue se refiere a cómo, a lo largo de algo más de treinta años, se ha creado en Villanueva del Rosario un jardín que reúne condiciones de singularidad en muchos aspectos, en un espacio en el que, difícilmente, nadie hubiera pensado para ese objetivo. Dos etapas básicas podrían distinguirse en su desarrollo: la primera, anterior al año 2003, en el que circunstancias personales de salud hicieron que pudiera dedicar al tema mayores

Croquis de situación del Jardín del Rosario

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atenciones, empezando por el estudio de las diferentes facetas de la jardinería, en general, y siguiendo con el de la aplicación a nuestra finca de tales ideas y conocimientos. En aquella primera etapa, de más de veinte años, plantamos cerezos, almendros, frutales diversos, olivos e incluso un pequeño pinar en la parte norte. También incorporamos algunos árboles ornamentales de especies comunes con el objetivo de proporcionar sombra al entorno de la casa. Ya, a finales de este período, realizamos algunas plantaciones de otros árboles de tipo forestal, así como de algunas plantas menores, con objetivos meramente decorativos, junto a la casa: coníferas de porte bajo, rosales, iris y algunas otras especies. Pero desde la mera afición y atractivo por las plantas, sin mayores conocimientos ni proyecto concreto. La segunda etapa, los últimos diez años, es la de la creación del espacio dedicado a plantas ornamentales, que en la actualidad acoge una colección que, tanto por su diversidad botánica como por la singularidad de muchas de esas plantas, la configuran como de interés e importancia a nivel español. Buena parte de estas nuevas plantas han podido incorporarse en virtud de las condiciones ambientales y edafológicas creadas en los veinte años anteriores por las plantaciones precedentes. Ambas etapas tienen un común denominador: un gran respeto a los árboles y arbustos que existían previamente: fresnos, quejigos, encinas, álamos, nísperos, etc., que, durante los más de treinta años transcurridos, han sido cuidados con el mismo, o más incluso, esmero y cariño que las plantas que se han ido incorporando paulatinamente. Particular atención y esfuerzo viene requiriendo la conservación de la frondosa y valiosa ribera del pequeño arroyo que bordea la finca por el norte, en la que resulta muy satisfactorio comprobar las buenas condiciones conseguidas para la vegetación autóctona.

Plano del Jardín

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EL LUGAR Ya se ha hecho alguna referencia a la mala calidad del suelo de la finca: terrenos del trías antequerano, a base de arcillas, yesos y gravas diversas, pobres y de muy deficientes condiciones físicas para la vegetación: drenaje y aireación de raíces, principalmente. Lo que en la zona se conoce como «codrial». Pero, a lo largo de los años se han hecho importantes mejoras, tanto con labores profundas como con aportaciones de tierras de calidad y de materia orgánica, fundamentalmente, que han permitido el desarrollo actual del jardín. La finca que acoge el jardín está situada en una zona de la provincia de Málaga en la que la orografía condiciona de forma importante el clima. A cotas de 640/680 m.s.n.m. y al norte de la barrera natural que forman las montañas que separan la zona litoral del interior de la Península, las condiciones meteorológicas habituales poco tienen que ver con las de la Costa del Sol, influyendo estas condiciones del territorio en el régimen de temperaturas, lluvias y vientos de forma muy significativa. El clima de la zona puede considerarse como de tipo mediterráneo–continental, con veranos muy secos y largos y resto del año razonablemente húmedo, pero con temperaturas bajas que han llegado hasta –13º C, lo que ha de ser tenido en cuenta a la hora de seleccionar especies vegetales. Estas condiciones se corresponden con las de Z.8 del sistema USDA. Las máximas suelen alcanzar los 36/38º C, valores que, combinados con la sequedad del aire, crean dificultades para algunas especies vegetales. También merecen consideración la importante radiación solar en buena parte del año, y los vientos solanos del sur, que suponen efectos desecantes, dañinos para algunas especies. La práctica inexistencia de precipitaciones durante no menos de cuatro meses cada año, hacen imprescindible el riego para las plantas del jardín. A tal efecto se dispone de captaciones de aguas subálveas y de drenaje de la propia finca, así como de un depósito–balsa para almacenar las aguas de lluvia, de forma que en el verano puedan aplicarse, mediante una amplia red de conductos para el riego gota a gota del jardín, con unas dotaciones sumamente bajas. Con este sistema se superan, además, las notables diferencias de lluvias entre unos años y otros. El relieve en el interior de la finca, aunque modesto, plantea problemas y oportunidades para la ubicación de las nuevas plantas; dado que la misma se extiende sobre una colina alargada en sentido este–oeste, las condiciones climáticas son muy diferentes en las dos laderas que configuran básicamente los terrenos, particularmente en humedad y en insolación. La ladera orientada al sur está dedicada al cultivo de cerezos y olivos y a aquellas plantas que requieren y admiten menor humedad y mayor soleamiento. Los terrenos orientados al norte han resultado más idóneos para muchas de las plantas que hoy viven en el jardín, pues el microclima creado así lo hace posible. Y podríamos hablar de otro «condicionante» importante. La creación y desarrollo de un jardín del tipo del que aquí nos ocupamos requiere, necesariamente, que alguien esté dispuesto a dedicar bastante tiempo e ilusión en la tarea, además de paciencia y perseverancia. La historia de la jardinería está repleta de casos en los que se han dado estas condiciones y nos ofrecen hoy, muchos años después, parques y jardines que valoramos como extraordinarios, especialmente en los países anglosajones, en los que la afición a la jardinería es de muy larga tradición e importancia. Lo habitual ha sido que este tipo de proyectos sean fruto de iniciativas y esfuerzos individuales y privados, no colectivos ni públicos, pero el resultado final sí que suele ser disfrutado por muchos, tanto en términos recreativos como científicos, lo que creo es muy satisfactorio para todos.

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EL JARDÍN Es necesario dejar en claro que no ha existido, en ningún momento, un proyecto como tal al que ajustar la realización de nuestro jardín. El alcance y extensión superficial que tiene en la actualidad (unas 8 ha.) es fruto de actuaciones parciales sucesivas llevadas a cabo en los últimos diez años, como ya se ha indicado con anterioridad. Los conocimientos y experiencias que se han ido adquiriendo en ese período han ido determinando los diseños y las plantaciones de las etapas más recientes. A la vez, se han ido revisando algunas de las plantaciones originales con objeto de mejor adecuarlas a las demandas presentadas por cada planta y a los condicionantes del lugar. No ha existido, pues, un plan del jardín, aunque sí se ha procurado que responda a una idea unitaria en su concepto, en su estructura y en sus servicios e instalaciones. Hoy aún son identificables las diferentes fases, pero esperamos que el paso del tiempo las desdibuje y permita percibir el jardín como una unidad coherente. Pero sí que ha existido un objetivo constante: la búsqueda de la creación de belleza y de efectos sensoriales agradables, particularmente olores y colores. No ha habido, al menos hasta ahora, planteamientos científicos o educativos asociados, y ello por razones obvias dada mi profesión, que nada tiene que ver con la botánica. La idea de jardín que se viene desarrollando trata de corresponderse con el tipo de jardín inglés que se enmarca en la denominación «wild garden», que deriva de las teorías y experiencias del naturalista británico William Robinson, de mediados del siglo XIX, quien preconizaba soluciones integradoras de la flora que se instala en el nuevo jardín con la preexistente en el terreno, ofreciendo así una imagen de naturalidad y calidad paisajística. Piet Oudolf es un creador de jardines contemporáneo cuyas ideas también nos sirven de inspiración. Tratamos aquí también de conseguir efectos paisajistas mediante la integración de nuevas plantas con las que ya existían en la finca, particularmente árboles y arbustos, para que, con el tiempo, el desarrollo de la vegetación produzca un conjunto armonioso que llegue a generar la impresión de que siempre había estado así. Y a la vez, y mediante la incorporación de plantas con valores estéticos apreciables, se crean escenas y hábitats localizados que aportan diversidad y gran calidad paisajística. Todas las plantas incorporadas son capaces de vivir al aire libre, sin protección ante las contingencias climáticas, sin perjuicio de que se las ha ido situando en los lugares que, a priori, se estiman más adecuados a sus características y exigencias (porte y dimensiones, soleamiento, suelo, humedad, vientos, etc.). En la búsqueda de efectos paisajísticos también se han realizado combinaciones de especies que puedan llegar a producir conjuntos de formas y colores armoniosos y, a la vez, suficientemente contrastados, tanto para especies herbáceas y de porte bajo como, especialmente, para árboles y arbustos y en las diferentes estaciones del año, particularmente en primavera y otoño. La ausencia de un plan se puede percibir en algunas zonas, probablemente, como «desorden», pero, a la vez, creemos que aporta «naturalidad» al pequeño bosque que pretendemos realizar. Se trata, también, de ir consiguiendo resultados apreciables en el corto y medio plazo, estimando el desarrollo de las plantas según diversas expectativas. Se cuenta con que, a más largo plazo, podría ser necesario eliminar o reducir de volumen algunos ejemplares; para evitar afectar la colección en tal circunstancia, se viene procurando disponer de, al menos, dos individuos por especie botánica. Estos desarrollos vegetales no hubieran podido llevarse a cabo sin disponer de unas infraestructuras básicas imprescindibles. Se ha ejecutado una red de caminos de más de 4 km., adecuada tanto para el paseo y disfrute del jardín, como para el acceso de pequeños vehículos

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necesarios para las tareas de mantenimiento. Los cinco caminos exclusivamente peatonales se tratan periódicamente con residuos de poda triturados. La red de riego gota a gota tiene una longitud total de casi 40 km., y se sirve desde el depósito–balsa mediante grupos motobombas. Esta red de riego está sectorizada en función de las diferentes zonas en que se divide el jardín para su gestión y control, lo que permite actuar con flexibilidad y gran economía de agua. El sistema se gestiona con programas de riego que se revisan periódicamente, según las condiciones climáticas. A efectos de organización de la gestión del jardín se han definido 25 zonas, según condiciones ambientales y de cultivo (orientación, relieve, suelo, riego, etc.), delimitadas, normalmente, por lindes y caminos. La numeración de cada zona aporta los dos primeros dígitos del código de cinco cifras asignado a cada planta, que más adelante se detallará. También forma parte de la finca una plantación de unos 4.000 cerezos que producen fruta que es comercializada, así como unos 300 olivos cuya producción se moltura para producir aceite. Ambas plantaciones aportan recursos que contribuyen al sostenimiento del jardín. Un pequeño huerto de frutales diversos, verduras y otros productos de consumo doméstico completan el jardín aportando calidad y diversidad en frutas y hortalizas.

LA COLECCIÓN BOTANICA En las, aproximadamente, 8 ha que integran el jardín se han plantado y cultivado, hasta el momento, diversos tipos de plantas ornamentales con el objetivo, como ya se ha explicado, de crear un conjunto que ofrezca efectos paisajísticos y naturalistas que resulten placenteros para el visitante. Pero, como el lector aficionado a la jardinería y a las plantas habrá descubierto ya, también viene sirviendo para el disfrute y satisfacción de su autor, que al desarrollar la tarea creativa y de cuidado del jardín aporta su esfuerzo y su tiempo para conseguir resultados apreciables, aunque habrán de pasar bastantes años para alcanzar su plenitud. Esta conjunción de esfuerzo, disfrute e inversión para un futuro mejor hace particularmente interesante la tarea de creación de un jardín, seguramente similar a otras labores creativas e innovadoras. Pero por tratarse de seres vivos que evolucionan y cambian con el tiempo, aparecen aspectos que complican y enriquecen esta gratificante afición. La decisión de emplazar una planta en un lugar concreto se convierte así en una labor que requiere conocimiento de sus demandas y características y previsión de su evolución, generando desde ese momento un serio compromiso de atención y cuidado. Sirva lo dicho a modo de introducción a lo que sigue. A lo largo de su aún breve historia, el jardín se ha ido enriqueciendo de forma progresiva pero continuada. En los comienzos se perseguía conseguir resultados rápidos y claros, para lo que se empezó plantando árboles de un cierto porte suministrados por un viverista amigo: Guzmán, de Alhaurín de la Torre, que los trajo desde Pistoia (Italia). Incluso tuve la oportunidad de visitar esos importantes viveros italianos para seleccionar las especies y ejemplares concretos que trasladaríamos a Villanueva del Rosario llegando a completar un camión–tráiler. Los árboles que nos llegaron primeramente fueron robles, arces, tilos y alguna que otra conífera, pero de especies comunes y disponibles sin dificultades mayores. A la vez se iniciaba la labor de documentación y estudio mediante revistas y libros especializados, además de Internet. Normalmente, el proceso seguido para seleccionar las nuevas plantas ha sido el siguiente: de la lectura de las revistas periódicas o de visitas a jardines identificaba plantas que podrían resultar adecuadas para la idea de jardín pretendida; seguidamente,

101


en libros y en Internet, he buscado tanto una confirmación de ese posible interés como información de características y condiciones de cultivo, para, en fase sucesiva, proceder a localizar un vivero que pudiera suministrarla. Una vez confirmados los pedidos por los suministradores llega el momento de elegir el emplazamiento concreto en función de los objetivos ya explicados, para tener prevista, hasta donde es posible, la organización de la plantación a la llegada de las plantas, lo que ha representado un trabajo sumamente complejo en algunos momentos. Se han traído plantas de más de treinta viveros de España, Italia, Francia, Holanda, Bélgica, Inglaterra y Alemania. Las plantas que no se ha conseguido encontrar en los viveros europeos se vienen obteniendo desde semillas adquiridas en Canadá, USA, Colombia y Sudáfrica, para lo que hemos dispuesto un pequeño taller de reproducción y cría en los primeros tiempos de vida de las pequeñas plantas. En todo momento hemos confiado en las identificaciones que nos aportaban los suministradores, tanto de plantas como de semillas, ya que se trata de grandes profesionales especializados en plantas para coleccionistas. Pero éste es un tema siempre delicado y sujeto a errores. En la actualidad, la colección se compone de la forma que se resume en el cuadro siguiente de individuos y taxones1:

ÁRBOLES: 2.584 INDIVIDUOS: 24.031

ÁRBOLES: 1.094

ARBUSTOS: 6.522

TAXONES: 5.146

CONÍFERAS: 1.495 HERBÁCEAS: 13.430

ARBUSTOS: 1.951 CONÍFERAS: 384 HERBÁCEAS: 1.717

Todas las plantas que se reseñan en este cuadro–resumen están identificadas y tienen asignado un código de cinco dígitos para su seguimiento y control: los dos primeros se corresponden con el número de la zona en que se ubican y los tres restantes se asignan planta por planta en árboles y arbustos, y por agrupaciones en la generalidad de las de porte herbáceo. Este importante número de plantas y de especies y taxones diferentes se clasifica así:

FAMILIAS:

170

ESPECIES (Y SUBSP.): 2.476

GÉNEROS:

735

TAXONES:

5.146

Cabe destacar, según género, las siguientes colecciones que estimamos más significativas, tanto por sus particularidades botánicas como por el número de especies y taxones que las integran (ver cuadro adjunto). 1 Taxón: cada uno de los grupos o subdivisiones de la clasificación de los seres vivientes que se ordena sistemáticamente según su jerarquía propia.

102


103


También merecen ser reseñados algunos otros géneros que, aunque no tengan una representación numerosa en el jardín, ofrecen interés por sus cualidades y orígenes: Sequoia, Metasequoia, Torreya y Cunninghamia entre las coníferas, y Styrax, Sapium, Idesia, Oxydendrum, Emmenopterys, Nyssa, Gordonia, Halesia y Hovenia entre las caducifolias, por ejemplo. Otras plantas se encuentran viviendo en un territorio particularmente extraño, unas por ser de climas más fríos como Larix y otras por lo contrario, como alguna Acacia de origen africano. Posiblemente las hayas (Fagus) de que disponemos sean las que viven en latitudes más bajas en Europa. Como plantas que ofrecen cualidades que las hacen interesantes por su belleza en algunas épocas del año citaríamos: Taxodium distichum, Liquidambar styraciflua, Quercus ellipsoidalis, rubra, alba, texana, shumardii, marilandica y otros muchos, Pinus devoniana y roxburghii, todos los Amelanchier y la mayoría de los Acer. Por el olor merecen ser citados: Viburnum (la mayor parte), Syringa, Philladelphus, Eleagnus y Rosa (inglesas, especialmente). Podríamos extendernos en otros casos especiales pero también sumamente interesantes, pero el espacio para este texto no dá para mas. Aunque no tiene una repercusión numérica significativa en el conjunto de las plantas del jardín, quiero aludir a mi participación en un grupo internacional que promueve y apoya la recogida de semillas de Quercus (bellotas) en diferentes partes del mundo, de forma itinerante cada año. Este esfuerzo se viene traduciendo en la obtención de nuevas plantas fruto de la germinación en nuestro modesto vivero de las semillas que se nos suministran en tanto que integrante del grupo y que, en la actualidad, aún no están en cultivo.

LA LABOR DEL DÍA A DÍA Llegados al punto de desarrollo en que en la actualidad se encuentra nuestro jardín, las tareas orientadas a su conservación y mantenimiento revisten una importancia capital. La extensión superficial, el elevado número de plantas distintas, la diversidad de demandas que plantean, la acción de los agentes climáticos y otras circunstancias diversas requieren atenciones continuas y esfuerzos constantes para conseguir que vivan y progresen en las mejores condiciones posibles, de forma que los objetivos planteados con su creación se alcancen a niveles satisfactorios. En las diferentes épocas del año, y de manera similar a cualquier otro cultivo, se suceden necesidades que han de ser atendidas sin demasiadas dilaciones. La labor del jardinero, en lo que concierne al mantenimiento de su jardín, exige llevar a cabo acciones que «siempre pueden ser aplazadas a mañana pero nunca a pasado». Es una tarea placentera, sí, pero que no permite distracción. Pero tratamos cada vez más de evitar imprevistos y retrasos, que tan perjudiciales pueden llegar a ser, mediante la planificación y programación de las diferentes labores que habitualmente son necesarias. La experiencia acaba siendo la clave también en esto. Riego, por goteo y aplicado según necesidades; fertilizantes, normalmente en forma de estiércol; labores en la tierra, para aireación y eliminación de hierbas perjudiciales; poda, muy limitadas normalmente pero necesarias en el período de formación; reciclado de restos de poda, utilizados para acondicionar caminos de tierra; tratamientos fitosanitarios, muy reducidos pero a veces imprescindibles, son tareas que requieren personas cualificadas y medios auxiliares idóneos, con intensidad variable a lo largo del año. En períodos recientes, ante el importante desarrollo de algunas especies de porte herbáceo, se viene haciendo necesario su aclareo o su traslado, según los casos. También el fuerte crecimiento de algunos árboles o arbustos crea situaciones que solicitan acciones de reconducción,

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tutorado o incluso traslado a emplazamientos más apropiados. La protección frente al intenso soleamiento en nuestra zona de los troncos de algunas especies arbóreas jóvenes es también una cuestión que requiere continuas atenciones. Y la antes citada reproducción mediante germinación de semillas plantea asimismo retos que han de ser considerados de forma particular en algunos casos. El mantenimiento y la propia creación del jardín no hubieran sido posibles sin la documentación que proporcione la información y conocimientos del mundo de la jardinería. La integración en varias asociaciones que agrupan a aficionados a la jardinería, tales como Royal Horticultural Society (RHS), American Horticultural Society (AHS), International Dendrological Society (IDS), International Oak Society (IOS), Societé de Horticulture de France (SHF) y Sociedad Española de Arboricultura (SEA), nos permite tener acceso a informaciones diversas y de gran interés, con las que podemos fundamentar decisiones y conocer por dónde van las cosas en otros lugares. También viene suponiendo una gran oportunidad de contactos personales sumamente enriquecedores. La visita a otros jardines y parques también viene siendo una importante fuente de conocimiento y relaciones de interés. A resultas de todo ello, se ha creado una biblioteca especializada que, en la actualidad dispone de unos 1.400 volúmenes. Las publicaciones periódicas de las diferentes asociaciones a las que pertenecemos aportan también valiosa información que ha servido frecuentemente de apoyo para la selección de las especies de la colección.

LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA NATURALEZA Como complemento y apoyo a la gestión del día a día del Jardín del Rosario, se ha creado una aplicación informática en soporte web (jardindelrosario.com ), que en la actualidad está siendo completada en su desarrollo y carga de datos de las plantas de la colección. Esta aplicación informática provee, por una parte, informaciones que resultarán necesarias para la gestión del jardín en el futuro y, por otra, permite al eventual visitante planificar su recorrido e identificar elementos de interés, según la época y los atributos de las plantas. Supone, de hecho, un compendio ordenado sistemáticamente de los conocimientos adquiridos con la creación y desarrollo del jardín.

Página de bienvenida de la web www.jardindelrosario.com

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La deformación profesional que, como técnico, se me puede suponer, me llevó en los inicios de las plantaciones a tratar de asegurar la identificación de cada planta, de forma adicional a la habitual etiqueta de plástico, mediante el traslado a un plano en que quedaban posicionadas con precisión, previo levantamiento topográfico. Esta acción inicial ha venido a resultar clave en la viabilidad y en el desarrollo de la importante herramienta informática planteada en los años siguientes, y que ahora describiremos sucintamente. A partir de la toma de coordenadas de cada planta (árboles y arbustos) se viene aplicando un Sistema de Información Geográfica (SIG). Como ya se ha referido, se asigna a cada planta leñosa un código de cinco dígitos, así como una simbología asociada a cada fisionomía, para facilitar la localización de los individuos en los planos en que se recogen todas las plantas del jardín. Se incorpora también una ficha de cada una de las plantas, en la que se recogen tanto las características generales de la especie como las particulares del individuo: vivero de origen, fecha de plantación, tamaño inicial, etc. Asimismo, la ficha incorpora datos relativos al calendario que afecta a cada una: flor, fruto, olor, color otoñal y otros, así como también a las condiciones y demandas de cuidados y labores de mantenimiento. La herramienta dispone de diversas pestañas que permiten acceder a muchas informaciones de interés: detalles de la colección y búsqueda de plantas por género o especie, galería de fotos, referencias a otras webs de viveros, jardines y organizaciones con las que se ha tenido algún contacto, plan para una visita y gestión de las tareas de mantenimiento (para uso exclusivo).

Detalle–tipo de plano de ubicación de plantas

106


En la actualidad tratamos de mejorar y ampliar esta herramienta auxiliar, pero esencial hoy día para la gestión del jardín, mediante líneas de colaboración con instituciones y aficionados de España y del exterior. En todo caso creemos disponer de medios innovadores y avanzados, habitualmente no presentes en la mayoría de jardines más antiguos, seguramente por causa de esto último. Pretendemos trabajar en los próximos años en dos líneas principales: adaptación a nuestro clima y entorno de especies no autóctonas, pero no invasivas, de interés para la jardinería, e identificación y localización inmediata y directa en campo de las plantas mediante la utilización de equipos electrónicos adecuados (por precisión, peso y precio, principalmente) que permitan acceder, a la vez, a toda nuestra información digitalizada.

FINAL Se han presentado en las páginas que anteceden los aspectos de mayor interés, a nuestro entender, del JARDÍN DEL ROSARIO, y todo ello a modo de primicia informativa avanzada. Pero es un jardín muy joven, al que es necesario dar tiempo y cuidados para que llegue a alcanzar la plenitud que hemos imaginado al crearlo y desarrollarlo. Tarea aún incompleta, en la que vienen participando mi mujer y mis hijos con cariño y entusiasmo compartidos, y también diversos colaboradores. El futuro dirá hasta dónde hemos tenido acierto en la labor. Hoy somos felices de poder compartir sus agradables aportaciones con otras personas interesadas y amantes de las plantas, la naturaleza y la belleza. Que Dios nos dé salud a todos para poder seguir disfrutándolo. Gracias al lector por la atención prestada.

Acer palmatum en brotación primaveral

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El JardĂ­n del Rosario tras la nevada del 28 de febrero de 2013. Foto: Juan Alba


Picea glauca entre rosales y otras herbรกceas

Rosales botรกnicos junto a Picea y Acer

110 Un Acer palmatum brilla entre encinas y pinos


El jardín y su entorno: al fondo, Sierra de San Jorge y Sierra Gorda. Villanueva del Trabuco

111 Brotación primaveral de Aesculus pavia «Atrosanguinea»


Amarillo y rojo: dos especies de Fraxinus en otoño

Los colores otoñales de dos Quercus y fructificación de Crataegus


Quercus, Acer y Zelkova escenifican un otoĂąo rico en colores

Quercus, Betula, Acer y Rhus en armonĂ­a


Jard铆n de sombra: heuchera, epimedium y dryopteris en el pinar

Combinaci贸n de plantas que, en su modestia, aportan brillo y color


Encina y tarajes sobre la floraci贸n en abril de los cerezos

Comienzos de primavera: coreopsis, verbenas, santolinas y otras especies en torno al embalse con embarcadero


historia VILLANUEVA del T R A B U C O: Reinado de Alfonso XIII y Dictadura de Primo de Rivera 1902–1930

(

)

Francisco Campos Reina

De 1902 a 1923. Descomposición de la Restauración monárquica. Introducción La población ha ido creciendo en todos estos años dando lugar a nuevas construcciones de viviendas, que han originado nuevas calles y la ampliación del pueblo. Se ha consolidado el núcleo urbano superando las dificultades surgidas desde su nacimiento. La lucha por la emancipación de Archidona ha sido sustituida por la de conseguir que no se prive al municipio de los pocos bienes de propios que hasta ese momento no se han vendido como consecuencia de las desamortizaciones. Y junto a ello, la cotidiana pelea contra las inundaciones del río que destroza los caminos, que hay que reparar constantemente a fin de mantenerlos transitables. Villanueva del Trabuco, al igual que sucede en la mayor parte de España, en este período, tiene un crecimiento demográfico continuado en contraste con otros pueblos del interior provincial. Observemos el cuadro comparativo de población y porcentajes de crecimiento de Villanueva del Trabuco en relación con los municipios de la Cuenca del Guadalhorce y España:


Municipios Cuenca del Guadalhorce Vva. del Trabuco Alhaurín de la Torre

EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN 1900 CENSO

1910 %

1920

CENSO

%

CENSO

1930 %

CENSO

%

2.274

100

2.754

121’11

3.122

137’29

3.346

147’14

3.853

100

3.760

97’59

4.039

104’83

4.143

107’53

Alh. el Grande

8.700

100

9.205

105’80

10.821

124’38

10.431

119’90

Almargen

1.903

100

2.186

114’87

2.573

135’21

2.676

140’62

10.206

100

10.989

107’67

11.463

112’32

11.665

114’30

3.348

100

3.140

93’79

3.042

90’96

3.015

90’05

Antequera

31.665

100

32.215

101’74

31.654

99’97

32.910

103’93

Archidona

8.894

100

8.899

100’06

9.159

102’98

9.471

106’49

Ardales

4.811

100

5.217

108’44

5.504

114’40

5.188

107’84

Burgo (El)

3.194

100

3.045

95’33

2.967

92’89

3.058

95’74

Campillos

6.214

100

5.721

92’07

5.938

95’59

6.888

110’85

Cañete la Real

4.907

100

4.839

98’61

5.223

106’44

5.160

105’16

Carratraca

1.668

100

1.384

82’97

1.279

76’68

1.480

88’73

Cártama

5.581

100

5.711

102’33

5.926

106’18

6.526

116’93

12.291

100

11.737

95’49

11.642

94’72

15.222

123’85

Fuente de Piedra

1.271

100

1.588

124’94

1.918

150’90

2.199

173’01

Guaro

3.218

100

2.920

90’74

3.108

96’58

3.096

96’21

Humilladero

1.588

100

1.866

117’51

2.027

127’64

2.476

155’92

Málaga

131.063

100

135.292

103’23

150.258

114’65

180.105

137’42

Mollina

3.421

100

3.438

100’50

3.850

112’54

4.170

121’89

Pizarra

3.556

100

3.517

98’90

4.030

113’33

4.173

117’35

Ronda

20.822

100

22.692

108’98

30.622

147’07

33.123

159’08

Teba

5.488

100

5.992

109’18

6.487

118’20

6.831

124’47

Tolox

3.180

100

3.408

107’17

3.383

106’38

3.118

98’05

3.607

100

3.250

90’10

3.078

85’33

3.179

88’13

2.693

100

2.870

106’57

2.893

107’43

3.098

115’04

3.897

100

4.033

103’49

3.946

101’26

3.841

98’56

18.831.574

100

20.364.392

108’14

21.959.086

116’61

23.907.145

126’95

Álora Alozaina

Coín

Valle de Abdalajís Vva. del Rosario Yunquera

España

117


Se trata, pues, de un pueblo que no sólo creció a lo largo del siglo XIX, sino que seguirá haciéndolo en el primer tercio del siglo XX cuando la gran parte de los pueblos del interior sufren una disminución, fruto de la emigración del campo a la ciudad para buscar un trabajo cada día más difícil de encontrar en el medio rural. El siglo XX resulta sumamente complejo. A la supervivencia de los mismos problemas de los períodos precedentes, que se agudizan ante la falta de salida pacífica, se suman nuevos factores que van transformando el medio rural en un hábitat menos aislado y más permeable a los acontecimientos del exterior. En este período (1900–1931), son tres las preocupaciones básicas presentes en las distintas Corporaciones que se suceden: 1) Las Obras Públicas, 2) El Paro; y 3) La Educación.

to vigente para obras públicas…». «…En vista de que la crisis obrera continua latente, se acordó emprender mas obras… haciendo en la casa consistorial las reparaciones que son necesarias y que por la Alcaldía presidencia se procure ocupación al mayor número de obreros, tanto en las obras del municipio como en las particulares, al objeto de conjurar, o al menos aliviar, dicha crisis».

¶ En la sesión del 6 de septiembre de 1914, se da cuenta de la circular del Gobierno Civil por la cual, para dar trabajo a los obreros, se ordena a los Ayuntamientos que los créditos consignados en presupuestos municipales para festejos, imprevistos o extraordinarios se inviertan precisamente en obras públicas municipales para jornales de obreros que carezcan de trabajo. Entre otros acuerdos se toman los siguientes: «… 3º. Que siendo poco menos que imposible el tránsito de carros por la calle del Agua de esta población, se convierta ésta en carretera, así como la calle de Archidona, con lo cual, una vez que estén construidas las carreteras que están incluidas en el plan general de las del Estado y que pasan por este pueblo, se acorte el enlace de éstas y se den grandes facilidades al tráfico… 4º. Que siendo muy considerable el gasto necesario para transformar dicha calle del Agua en carretera, se invierta en ella y en la de Archidona dichas 625 pesetas, y 375 más, dejando solo 125 pesetas para el empedrado de las demás calles que lo necesitan como son las de las Suertes, Llana e Iglesia… 6º. Que si esto no es bastante para aliviar siquiera la crisis obrera y esta persiste después de terminadas las obras o se agravara antes, se solicite inmediatamente el auxilio del Estado, dando de ello conocimiento al Sr. Gobernador Civil de la provincia».

1 y 2 . Las obras públicas y el paro Hay que señalar, como pasaba en el siglo XIX, que las obras públicas, gran parte de las veces, van ligadas al paro como se observa en las numerosas sesiones de los plenos municipales donde se recoge cómo una forma de paliarlo es emprendiendo la recomposición de caminos, calles, puentes… Como muestra de ello, basten los siguientes acuerdos de los muchos que se toman:

¶ En la sesión de 27 de agosto de 1905 se recoge el siguiente acuerdo: «El Sr. Presidente en vista de la crisis porque atraviesa la clase obrera que por falta de trabajo se ve obligada a emigrar a América, propuso a la Corporación se emprendiesen inmediatamente varias obras públicas, como empiedros de calle, composición de caminos y puentes y cañerías, remediando así, siquiera sea temporalmente, el estado precario porque desde hace mucho tiempo viene atravesando dicha clase».

Pero junto a estas obras que se producen año tras año, encontramos otras de mayor envergadura y que suponen, en teoría, una esperanza para mitigar el paro como son las carreteras y construcción de una fuente pública.

¶ En las sesiones de 17 y 24 de septiembre de 1911, se dice: «Se acuerda que al objeto de aliviar, en lo posible, la crisis obrera, se proceda a la inversión de las cantidades consignadas en el presupues-

a)

Carreteras

En octubre de 1905, se conoce que dentro del

118


Vista general Plaza del Prado. Ubicación antigua de la Fuente. Noreste de la Plaza. Año 1904.

plan general de carreteras del Estado está incluida la construcción de la carretera de tercer orden que, desde Villanueva de Tapias, que une Antequera con Archidona, a la de Loja con Torre del Mar, pasando por Villanueva del Trabuco y Villanueva del Rosario yendo a enlazar con la de Casabermeja a Málaga. La noticia es recibida con gran optimismo; por un lado, la importancia de ver realizada esta obra es obvia para un pueblo en que las comunicaciones no son nada buenas; por otro, como se refleja en la sesión del día 8, «…con esta obra se dará trabajo a los braceros que lo necesitan de los tres pueblos expresados, y al mismo tiempo mucha vida a los mismos de la que tan necesitados están». La realidad es distinta a los deseos, ya que habrá que esperar a primeros del año 1911 para enterarse de que el Gobernador Civil ha comunicado a la Corporación que se ha acordado instruir expediente para la aprobación del proyecto. No será hasta enero de 1913 en el que dicho Gobierno Civil comunica a la Corporación trabuqueña que, aprobado técnicamente el proyecto de la 2ª sección (tramo de carretera que afecta a este término), se abre un plazo de 30 días para presentar las oportunas reclamaciones. Sin embargo, el tiempo pasa y la carretera no se construye. Habrá que esperar varios años más para verla realizada.

119

b)

Construcción de una fuente pública

Caso bien distinto al anterior es el que ahora nos ocupa. El abastecimiento de agua potable es una vieja aspiración de los vecinos de este pueblo. Pero sus escasos recursos hacen que el proyecto de construcción de una fuente1 se vaya postergando casi indefinidamente y no sea más que un viejo sueño. Sueño que se va a hacer realidad en 1904:

¶ Mayo: Se inicia un movimiento popular que va a obligar, pacíficamente, a la Corporación Municipal a que se tome con seriedad este asunto y que se acometan las obras de inmediato. Se crea la Junta de Defensa y de Arbitrios para la construcción de una Fuente Pública en esta villa.

¶ Junio: Debido a la presión popular, el Ayuntamiento se ve forzado a convocar, para el día 16, una sesión extraordinaria. El Sr. Alcalde, entre otras cosas dice: «…Proyecto de vital importancia, por los grandes beneficios que al llevarse a la práctica producirá en la salud pública de este vecindario, toda vez que, las aguas de que se vienen surtiendo no son potables, siendo esta la causa de las muchas enfermedades que se padecen sobre todo en los meses no lluviosos o secos en que el caudal de las aguas del río es escaso...».


Todos los concejales manifestaron su conformidad con lo expuesto, pero a continuación el mismo Sr. Alcalde comenta: «…vista la imposibilidad de que la Corporación costee las obras, ni contribuya en el presente año con cantidad alguna para las mismas…» y, acto seguido, de entre el público asistente, varios vecinos entregan una instancia al Sr. Alcalde en la que exponen:

Ante tal ofrecimiento, a la Corporación no le queda más remedio que afrontar oficialmente el compromiso de poner en marcha el proyecto y la construcción de la fuente, asumiendo las condiciones expuestas por los vecinos. Por último, en dicha sesión se acuerda instruir el expediente oportuno y solicitar, del Excmo. Sr. Gobernador de la provincia, la correspondiente autorización para derivar las aguas. Paralelamente a estos hechos, la Junta de Defensa, creada para este fin, abre una cuestación popular voluntaria, para que los vecinos contribuyan con lo que puedan. La respuesta de éstos fue tremendamente positiva, ya que en ella intervinieron prácticamente todas las familias del pueblo. Desde 100 pesetas, la aportación más elevada, a las 1’50, la aportación mínima.

«Que noticioso de tan beneficioso y simpático proyecto como el de que se trataba, se ofrecían y, si era preciso, se obligaban a costear de su pecunio particular, todas las obras que sean necesarias, solicitando del Ayuntamiento facilite la correspondiente autorización para derivar las aguas del manantial que se elija y que en los presupuestos sucesivos se consigne anualmente una cantidad con destino a la conservación y mejora de las obras que ahora se hagan, con el carácter de provisionales, dado la urgencia del caso y los escasos recursos con que se cuentan».

Detalle del pilón de la Fuente. Ubicación antigua. Año 1904.

120


LA FUENTE PÚBLICA EN CIFR AS

INGRESOS

Ptas./cts.

Aportaciones populares (392 familias participantes)

7.364’00

Aportación Ayuntamiento

1.250’00

Suplidos Ayuntamiento

Rifa máquina de coser

409’87

GASTOS – 1 Fuente pilar + dos caños bronce. – 891 tubos de 3 m de longitud y 4 cm de O (2.699’73 metros). – 4 arquetas. Administración (viajes, telegramas, citaciones campo, correos, papeletas)

Venta de un revólver

Apertura y cierre de zanjas (varios tramos por ajustes)

383’40

184 jornales a 1’25 ptas.

230’00

43’50

44 jornales a 2’50 ptas. (barreneros)

36’75 110’00

347’25 54’00

1 Escopeta para rifa

125’00

Material vario (cemento, yeso, cal…)

153’77

Portes de materiales

241’60

120’00

18’00 Hospedaje montador tubería

59’00

Jornales ayudante montador

25’00

Jornales albañilería

TOTAL INGRESOS. . . . . . . .

76’30 190’00

24 jornales con caballería a 2’25

Recaudación juegos feria

7.500’00

Construcción pilar y empiedro

49 jornales a 0’75 ptas. (jóvenes)

Rifa escopeta

Ptas./cts.

9.552’62

172’00

Material herrería

45’50

Material Carpintería

19’50

1.639 ladrillos / 20 reales el 100

81’95

Varios

48’85

TOTAL GASTOS. . . . . . . . .

El manantial elegido para la traída del agua es el denominado Fuente de Borreguero. 121

9.552’62


2ª Ubicación Fuente. Zona sureste de la Plaza del Prado. Año 1970. De la original se conserva el soporte de la salida del agua.

La fuente quedó terminada y llegó el agua al pueblo el día 28 de octubre de 1904. Se inauguró el domingo, 6 de noviembre, hasta cuya fecha se aplazó la festividad que anualmente se celebraba el 18 de septiembre en honor de la Virgen de los Dolores.

La situación que se daba 20 años atrás, no ha cambiando ni un ápice. Las dificultades con las que tropieza la Corporación Municipal son las mismas que antaño y obedecen a varios factores:

¶ Muy escasa o nula ayuda de organismos su-

3. La Enseñanza

periores, bien sea Diputación Provincial o Ministerio de Instrucción Pública.

La enseñanza es otro de los grandes retos con los que ha de enfrentarse un municipio pequeño y, sobre todo, no bastante rico. Ya, en 1883, el recién proclamado Alcalde aludía a la Enseñanza de 1ª Instrucción en los siguientes términos: «… y, por último, que igual merece la particular atención de la Alcaldía un obsequio a la Instrucción Pública, imperiosa necesidad tan recomendada por el gobierno de S.M., que se construya un edificio de nueva planta para Escuela de ambos sexos… pues las que hoy sirven al efecto son casas particulares, muy reducidas e insuficientes dónde están los Niños y Niñas acinados en perjuicio de las salud de los mismos y sin que puedan recibir la instrucción correspondiente…».

¶ El Ayuntamiento carece de locales propios para tal actividad, esto implica que tenga que alquilarlos, normalmente casas que no están adecuadas para ello. Lo que conlleva, por un lado, a un gasto importante para las arcas municipales2; por otro, el que a lo largo de los años se tenga que ir cambiando de locales.

¶ El constante crecimiento de la población supone que paralelamente se vaya produciendo un hacinamiento en las dos escuelas.

¶ La población diseminada supone el 40%, a la que es imposible que llegara cualquier intento de escolarización.

122


Fuente actual. Zona sureste de la Plaza del Prado. Año 1990. Los caños actuales, aunque renovados, son idénticos a los que tuvo en un principio.

De todo lo cual, se puede deducir que el número de analfabetos debía de ser cuantioso. Tendrán que pasar casi otros 30 años para que la situación escolar, anteriormente descrita, empiece a cambiar de rumbo.

4. Gestión económica La gestión económica se puede considerar como bastante deficiente, en ella intervienen varios factores que se analizan a continuación:

¶ Hay un desequilibrio brutal entre los presupuestos de ingresos y los presupuestos de gastos, como se puede apreciar (cuadro 1). El porcentaje diferencial oscila entre un 35’97% y un 48’45%.

¶ Estos desequilibrios presupuestarios, se intentan reajustar con arbitrios extraordinarios sobre artículos de consumo de primerísima necesidad (ver cuadro 2) no incluidos en la tarifa general de consumos del Estado (ver cuadro 3). Si tenemos en cuenta que gran parte de la población es gente obrera que año tras año están padeciendo crisis, (hambre), por

123

carecer de trabajo; es una pura contradicción gravar con más impuestos de consumos, además de los generales. Así, en la sesión de la Junta Municipal de 28 de abril de 1916, ante las cuentas presentadas por el recaudador se acuerda: «…clasificar de ‘incobrables’ los descubiertos de los contribuyentes por consumos de ‘especies no tarifadas’ y otros y que ascienden a 53.171’54 pesetas.

¶ Los arbitrios no los recauda directamente el Ayuntamiento. Mediante arriendos, pasan a manos particulares, optando a ellos las personas pudientes que mediante avales, con bienes rústicos y/o urbanos, pueden hacerlo. Estos hábitos de cobranza llevan consigo varios inconvenientes, a saber: a) Parte de la recaudación pasa a manos privadas. b) La Corporación, en muchos casos, se ve obligada a citar en reiteradas veces a los recaudadores para que rindan cuentas, no consiguiéndolo en todas las ocasiones. c) Cuando estos incumplen los contratos de arrendamientos, generalmente, no se les instruye expediente alguno. Así, en el acta de la sesión del día 19 de julio de 1903, la Corporación entrante,


critica a las anteriores corporaciones en este sentido «…y que desde el segundo trimestre del año económico 1897/98, no se han instruido expedientes de apremio3 de ninguna clase o al menos no consta una instrucción caso de haberse realizado. Considerando que por lo anteriormente relacionado, los alcaldes y concejales de los Ayuntamientos prece-

dentes han incurrido en la responsabilidad… por no haber acordado a su debido tiempo los medios legales para la recaudación de los impuestos; …se acordó hacer constar en acta una protesta declinando todas las responsabilidades que por tal abandono o negligencia puedan exigirse a esta corporación en los causantes de ello».

Cuadro 1 EVOLUCIÓN PRESUPUESTOS ORDINARIOS 1911 – 1919 1. INGRESOS

2. GASTOS

2–1

DÉFICIT

Impuestos

Año

Pesetas/cts.

Pesetas/cts.

%

Pesetas/cts.

Extraordinarios

1911

¿?

¿?

10.625’18

10.625’18

1912

18.875’59

30.099’66

37’28

11.224’07

11.224’07

1913

17.139’77

26.771’21

35’97

9.631’44

9.631’44

1914

16.425’05

25.548’04

35’70

9.122’99

9.122’99

1915

14.822’27

28.409’13

47’82

13.586’86

13.586’86

1916

15.967’48

29.010’57

44.96

13.043’09

13.043’09

1917

15.350’95

28.991’12

47’05

13.640’17

13.640’17

1918

15.674’05

29.374’05

46’64

13.700’00

13.700’00

1919

15.622’00

30.306’00

48’45

14.684’00

14.684’00

Cuadro 2 ARBITRIOS EXTRAORDINARIOS DE CONSUMOS NO INCLUIDOS EN LA TARIFA GENERAL Consumo Precio AÑO 1915 Arbitrio calculado Medio Unidades al año Artículos Ptas./Cts. Ptas./Cts. Ptas./Cts. Liebres, conejos, perdices y aves Uno 1’00 0’20 5.000 de corral Huevos Ciento 10’00 2’00 2.500

Producto anual Ptas./Cts. 1.000’00 5.000’00

Leche

Litro

0’30

0’01

11.186

111.86

Queso

Kilogr.

1’25

0’25

4.500

1.125´00

Paja de cereales

100 kg

2’50

0’50

11.500

5.750’00

Leña no destinada a la industria

100 kg

1’50

0’30

2.000

600’00

Total........................

124

13.586’86


Cuadro 3 TARIFA GENERAL : ARBITRIOS SOBRE CONSUMOS AÑO 1915 Especies: CARNES: a) Vacunas,

Ptas./Cts.

3% de cobranza Ptas./Cts.

100% Recargo Municipal Ptas./Cts.

Derechos del Tesoro

Total General Ptas./Cts.

|

Lanares o

| Muertas en fresco

300’00

9’00

300’00

609’00

Cabrías

| En cecina o saladas

150’00

4’50

150’00

304’50

b) De cerda | Muertas en fresco

298’00

8’94

298’00

604’94

| En cecina o saladas LÍQUIDOS: Aceites de todas clases

300’00

9’00

300’00

609’00

1.000’00

30’00

1.000’00

2.030’00

Vinos de todas clases

1.923’60

57’71

1.923’60

3.904’91

108’00

3’24

108’00

219’24

250’00

7’50

250’00

507’50

300’00

9’00

300’00

609’00

92’00

2’76

92’00

186’76

escabeches y conservas

200’00

6’00

200’00

406’00

Jabón duro y blando

400’00

12’00

400’00

812’00

Carbón vegetal

208’00

6’24

208’00

422’24

5.529’60

165’89

5.529’60

11.225’09

Vinagre GRANOS: Arroz, garbanzos y sus harinas Cebada, centeno, mijo maíz y sus har. Los demás granos y legumbres secas y sus harinas PESCADOS de río y mar y sus

Total.............

5. La vida política municipal A lo largo de las dos primeras décadas del siglo se va produciendo una descomposición política. Frente al bipartidismo reinante en el cual aparecen como únicos partidos El Liberal y El Conservador, surgirán nuevas tendencias y generaciones de políticos: Maura, Canalejas, Pablo Iglesias. Así la política derivará hacia un pluripartidismo.

125

Hay un hecho que se produce en 1903 y se refiere a un enfrentamiento entre miembros de la Corporación. Realmente, los enfrentamientos son algo bastante frecuentes en casi todos los municipios; sin embargo, no parece ser así en Villanueva del Trabuco. Para entender mejor este hecho, en contraposición a él, hay que hacer referencia a otro ocurrido en 1864, teniendo como motivo la ausencia del Alcalde sin haberlo comunicado al Gobierno Civil.


A esto se suma el que por parte del Sr. Alcalde se mantenga una postura autoritaria, llevándose Sello y Libro Capitular del Ayuntamiento. En dicho libro de actas hay un acuerdo del Sr. Alcalde, solo, en el que manifiesta que los concejales habían faltado a una sesión extraordinaria, la cual, al parecer, no se convocó. El Sr. Teniente de Alcalde hace referencia a que se había sacado de la Depositaría Municipal dineros para gastos de escritorio, y de ellos fueron descontados 64 reales de dos licencias de armas para los hijos del Sr. Alcalde, más otra cantidad de 69 reales sin especificar el gasto. El Sr. Alcalde entonces manifestó que él era el dueño de la secretaría y mandaba en todo. Sin embargo, a pesar de esto, los concejales seguirían asistiendo a las sesiones y sólo dirán que van a dar notificación de estos hechos al Gobernador, cuando nuevamente se ausente de su puesto sin aviso meses más tarde. Pero las sesiones siguientes son como si nada hubiera ocurrido. Frente a esto, lo que acontece en 1903 es bastante diferente y marca otras líneas de actuación por parte de los miembros de la Corporación enfrentados entre sí. Desde comienzos de año, el Primer Teniente de Alcalde y dos concejales dejan de asistir a las sesiones del Pleno Municipal; el primero, no justifica sus ausencias, por lo cual es multado con una peseta por cada falta/sesión; los otros dos concejales, sí piden permiso para ausentarse por un mes; uno, para atender asuntos propios; el otro, para ausentarse de esta población y atender asuntos familiares. ¿Adhesión con el Primer Teniente de Alcalde? En la sesión de día 26 de febrero, dice: «De orden del Sr. Presidente se trae a la vista de la Corporación expediente instruido contra D. Vicente Podadera Báez, Primer Teniente Alcalde y concejal a la vez, por falta de asistencia a las sesiones que la misma viene celebrando. Dióse lectura íntegra del mismo… Considerando por la Presidencia que tales faltas, más que repetidas, acusan un censurable desprecio a la Corporación, como también un insistente abandono de funciones que puede ocasionar perjuicios a la administración, no dejando en el lugar correspondiente

el buen nombre de esta Entidad… por unanimidad acordó: Que de todo se de cuenta al Sr. Gobernador Civil de la provincia con remisión de copia del expediente instruido y presentado en este acto, para que sean del mismo conocidas las repetidas faltas de asistencia que viene cometiendo el aludido concejal y a fin que dicha superior autoridad se sirva resolver si así lo estima que procede imponer nuevas y mayores multas, proponer la destitución, pasar el tanto de culpa a los Tribunales de justicia por abandono de funciones públicas, como comprendido en el artº. 387 y 416 del código penal vigente a bien adopte aquellas otras determinaciones que juzgue mas oportuno». A partir de aquí se suceden una serie de hechos que se enumeran a continuación:

¶ Las actas capitulares de los días 5, 8, 12, 19 y 26 de febrero; 2, 5, 12, 19, 26, y 31 de marzo; 2, 9 y 16 de abril presentan irregularidades: Faltan en ellas la firma del secretario y las de algunos concejales que figuran como asistentes, aparecen en ellas sólo las firmas del Alcalde y uno o dos concejales como máximo. ¶ El 18 de abril, aparece como Alcalde accidental, el tal, D. Vicente Podadera Báez. «por causa de suspensión proveniente del proceso judicial que se sigue en el Juzgado de Instrucción de Archidona, que cesó en sus funciones al Sr. Alcalde titular D. Francisco Conejo y Conejo. ¶ Paralelamente se produce una «rebelión» de empleados del Ayuntamiento:

– El auxiliar de secretaría, dimitió el día 15 de abril. – El secretario se ausentó el día 19 de abril, abandonando su puesto de trabajo y llevándose consigo documentos, las llaves de la Casa Capitular, la del archivo y la mesa de la oficina. – El alguacil se niega a prestar sus servicios desde el día 20. – El Depositario, citado por el Sr. Alcalde accidental para hacer arqueo de cuentas, se ha

126


fugado sin saber su paradero, así como no se sabe dónde se encontrarán los valores que tenía en su poder, cuya cuantía se desconoce pero que se calcula podrá ascender a 25.000 pesetas. (Sobre este hecho se da cuenta al Juzgado de Instrucción y Guardia Civil).

¶ La sesión del día 23 de abril, se suspende por falta de asistencia de la mayoría de concejales.

¶ En la sesión del día 2 de mayo, a la que asisten sólo el Sr. Alcalde accidental y un concejal, se lee el escrito del Gobernador Civil que dice: «En vista del oficio de Vd. fecha de ayer, dándome conocimiento de haberse hecho cargo de la Alcaldía por suspensión judicial del que la desempeñaba; he acordado manifestarle mi conformidad a la expresada sustitución toda vez que a Vd. corresponde por ministerio de la ley y así se le prevenía al Alcalde propietario D. Francisco Conejo, al comunicarle en 15 del actual la expresada suspensión. Y en cuanto a los demás particulares a que Vd. se refiere, debo decirle que cite inmediatamente a sesión extraordinaria a los concejales de ese Ayuntamiento haciendo constar en la papeleta que es para darles cuenta de un oficio del Gobernador Civil de la provincia y dándoles lectura del presente les exhortará al cumplimiento de los deberes de sus cargos, como así mismo debe Vd. competer al Secretario de la corporación y empleados, a llevar su cometido, con apercibimiento de que en otro caso empleará contra ellos los medios coercitivos para que le faculta la ley. Dios guarde a V. m. a. Málaga, 20 de abril de 1903. de Narciso Rodríguez Lagunilla, a Sr. D. Vicente Podadera, Primer Teniente de Alcalde y Alcalde accidental de Villanueva Trabuco. ¶ Las sesiones de los días 7, 21 y 28 de mayo; 11, 18 y 25 de junio se suspenden por falta de asistencia de la mayoría de concejales. Solo están presentes el Alcalde Accidental y un concejal.

¶ El día 29 de junio, por mandato del Gobernador Civil, se forma una nueva Corporación de forma interina. Al principio de la sesión se dio lectu-

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ra a la siguiente comunicación que la transcribimos literalmente y dice así: «El Sr. Juez de Instrucción de ese partido con fecha de 18 del actual, me comunica auto dictado en dicho día en la causa nº 68 del corriente año, sobre delito electoral, seguido contra D. Francisco Conejo y Conejo y otros, cuya parte dispositiva contiene entre otros extremos el siguiente: Se decreta la suspensión en el doble cargo de Alcalde presidente y Concejal del Ayuntamiento de Villanueva del Trabuco, D. Francisco Conejo y Conejo, y la de los Concejales de la misma Corporación, D. Francisco Fernández González que a la vez ejerce el cargo de Teniente de Alcalde, D. Manuel Mellado Rebollo, D. José Berdugo Cano, D. Juan Ruiz Fernández y D. José Casado Caro, y para que tenga efecto, remítase testimonio de este auto al Excmo. Sr. Gobernador Civil de la provincia, expidiéndose otros testimonios y envíense a los Ilmos. Señores Presidente de la Audiencia del Territorio y Fiscal de la provincial. Lo que traslado a Vd. para su conocimiento y el de los interesados, que deberán cesar de sus cargos si ya no lo hubieren hecho. Y a fin de que no se interrumpa la marcha administrativa de esa Corporación Municipal; he acordado con esta fecha, nombrar Concejales interinos a D. Eduardo Burgueño González, D. Antonio Moreno Miranda, D. Francisco Palomo Pérez, D. Facundo González Dávila, D. José González Rojas y D. Jacinto Caro Barrio; concejales que han sido por elección en bienios anteriores, a los cuales dará Vd. posesión con arreglo a Ley, dándome cuenta de haberlo así verificado». Dios que a V. m. a. Málaga 27 de Junio de 1903. El Gobernador Civil. En dicha sesión será elegido y proclamado alcalde el Sr. Podadera Báez. Acto seguido, en la sesión extraordinaria del día 30 de junio, se sustituyen todos los cargos administrativos, mencionados anteriormente, que se habían mostrado en rebeldía: secretario, alguacil, portero, auxiliar de secretaría y depositario.


Se trata de todo un problema interno cuyas causas y motivaciones no son nada claras. Puede ser un simple enfrentamiento personal o trascendente más allá para transformarse en una manifestación de algo más profundo y hasta es posible político. Pero de lo que no cabe duda es la diferencia existente entre lo acontecido en 1864 y lo que sucede en este momento respecto a las posturas que adoptan los miembros y esa ausencia de miedo a la autoridad instituida que hace que, a pesar de todo, sigan manteniendo sus posturas. Sin embargo, en las sesiones sucesivas, los concejales acudirán o no, según convengan, aunque, generalmente, no hacen acto de presencia. Estas ausencias se van a convertir en hábitos hasta el advenimiento de la Dictadura. Dependiendo de quién tenga el poder político municipal, conservadores o liberales, los contrarios reaccionarán con la no asistencia a los plenos municipales. Las preocupaciones cotidianas no impiden al pueblo mantenerse en contacto con acontecimientos de índole general. Así, a pesar de la crisis, en la sesión de 4 de abril de 1904 se acuerda enviar a Málaga una representación de la Corporación para asistir con carácter oficial a la recepción que en honor de S. M. el Rey Don Alfonso XIII tendrá lugar el día 28 del mismo mes. Más tarde, el 21 de agosto de 1904, se acuerda contribuir a la iniciativa surgida en Madrid, de erigir una estatua y monumento para perpetuar la memoria de nuestro inolvidable monarca D. Alfonso XII a quién tantos beneficios debe el pueblo español… dados los sentimientos monárquicos de la mayoría de este vecindario y su respeto a la citada memoria de tan malogrado Rey… se acuerda contribuir con cinco pesetas por concejal y cinco céntimos por cada residente. La guerra de Melilla, también tiene su repercusión. El 10 de octubre de 1909 se acuerda contribuir con cien pesetas con destino a la suscripción abierta para arbitrar recursos a favor de las familias de los muertos y heridos en la campaña de Melilla. En definitiva, volvemos a encontrarnos con otra etapa difícil para nuestro pueblo, otra etapa marcada por la crisis obrera, permanentemente presente.

Además para agravar la situación, aparecen problemas coyunturales añadidos, como en 1922, en que en la sesión de 18 de septiembre se da cuenta de lo siguiente: «…asuntos relacionados con la feria de ganados de este pueblo, establecida durante los días 24, 25 y 26 de agosto de cada año por acuerdo de este Ayuntamiento fecha 6 de febrero de 1853 y de la recientemente creada en la vecina ciudad de Archidona en los día 23, 24 y 25 de igual mes, con lo cual se perjudica grandemente los intereses de este pueblo, cuyo vecindario viene demostrando por ello constantemente su disgusto y según confidencias obtenidas está dispuesto a hacerlo público en breve plazo. Que él, por su parte, venía conteniéndolo como es de su deber, bajo la promesa de que el asunto… sería resuelto pronto y favorablemente por la vía legal...». En vista de ello se acuerda: 1º. Protestar del acuerdo del Ayuntamiento de Archidona por los tantos perjuicios que con aquel se hacen a este pueblo. 2º. Interesar del Sr. Alcalde de Archidona se notifique oficialmente al de esta villa el citado acuerdo. 3º. Notificar al Ayuntamiento de Archidona el acuerdo de este pueblo, fecha 6 de febrero de 1853, estableciendo la feria de ganados que desde entonces se viene celebrando los días 24, 25 y 26 de agosto de cada año. 4º. Recurrir en alzada ante el Excmo. Sr. Gobernador Civil de la provincia contra el citado acuerdo… 5º. …Realizar cuantas gestiones, diligencias y documentos sean necesarios hasta ultimar la solución del asunto…, desplegando en todo cuanto con él se relacione la mayor actividad al objeto de evitar la alteración del orden público en este pueblo. Para que se cambie el acuerdo del Ayuntamiento de Archidona.

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De 1923 a 1931: Dictadura de Primo de Rivera y final de la Monarquía. La llegada de la Dictadura —12 de septiembre de 1923— encuentra al pueblo sumido en una precaria situación económica; situación que la Dictadura no modificará sustancialmente. El primer efecto del nuevo régimen es el cambio de los miembros de la Corporación. El 3 de octubre toma posesión el primer Ayuntamiento de la Dictadura. «…en cumplimiento de los dispuesto por Real Decreto de la presidencia del Directorio Militar, fecha de treinta de septiembre anterior, se reunieron en la Casa Capitular, bajo la Presidencia del Sr. Teniente de la Guardia Civil de esta villa D. Manrique de Andrés Rodríguez,… El alcalde elegido de entre los señores vocales asociados de la Junta Municipal es D. Manuel Vegas Podadera.

El rey Alfonso XII con el Directorio Militar

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La estructura interna del Ayuntamiento sigue siendo la misma que en años anteriores: a) Hacienda, b) Policía Urbana y Rural, c) Beneficencia y Sanidad, d) Fomento e Instrucción Pública y e) Subsistencias. El día 2 de Enero de 1924, asiste a la sesión plenaria el Sr. Delegado Gubernativo D. Nicolás González Deleito, agradeciendo el recibimiento que se le había hecho «…recibimiento que admitía no como efectuado a su persona sino a la idea que encarna el actual gobierno de España, cuyo lema puede resumirse en las palabras: paz, orden, justicia y moralidad. Aconsejó a los señores concejales que dejando completamente olvidadas las ideas políticas que anteriormente pudiesen separarles, se dediquen a administrar honradamente los intereses que le están encomendados…».


1. Crisis económica – crisis obrera:

¶ Más tarde, el 10 de mayo, con motivo de las frecuentes quejas que la Alcaldía viene recibiendo de algunos obreros a causa del reparto que de ellos se acordó hacer en la sesión del día 21 de abril anterior, se adaptaron los siguientes acuerdos:

Los problemas tradicionales del pueblo subsisten. La crisis no cesa: a lo largo prácticamente de todos los años del período, vuelve a aparecer continuamente la grave situación por la que atraviesa la clase obrera.

1º. Que se presenten en la Alcaldía listas de los individuos, vecinos de esta villa, que no tienen más medio de subsistencia que el jornal.

¶ El 6 de marzo de 1924, se acuerda que, para atender a la intensa crisis por la que atraviesa la clase obrera, se emprendan algunas obras públicas y se distribuyan de entre los más necesitados seis fanegas de trigo, toda vez que a consecuencia del fuerte temporal reinante no pueden trabajar. El día 26 del mismo mes, continúan las lluvias, se acuerda abrir una suscripción popular que el Ayuntamiento inicia con 35’40 ptas. que quedan del fondo de Calamidades del presupuesto actual.

2º. Que los labradores presenten listas de los braceros invertidos que tienen. 3º. Que se haga la distribución de los obreros con arreglo a las bases siguientes: por el importe de las utilidades que los contribuyentes tienen fijadas en el repartimiento general del corriente ejercicio. 4º. Que el jornal mínimo sea el de dos pesetas 50 céntimos en los trabajos de escarda y manoteo, de tres pesetas en la cava y de dos pesetas 75 céntimos para los que salgan de varada o pretemporada, señalando para la salida al trabajo la hora de las seis de la mañana y el regreso a la de costumbre.

¶ En la sesión del día 21 de abril de 1925, como único punto del orden del día tiene por objeto: acordar los medios de aliviar en lo posible la intensa crisis por la que atraviesa la clase obrera como consecuencia de la pertinaz sequía que tan desanimados tiene a los labradores de este término y causa principal de la escasez de trabajo. Encontrándose agotado el capítulo de Calamidades del presupuesto vigente y realizadas casi todas las obras municipales, se acuerda, «…para aliviar de momento dicha crisis, repartir entre los principales labradores y mayores contribuyentes el centenar de obreros que actualmente hay parados por falta de trabajo, interesándoles les den ocupación al menos por unos días y que inmediatamente se solicite del Gobierno de S. M. por conducto del Excmo. Sr. Gobernador Civil de la provincia la ejecución de las obras públicas que en este término existen en proyecto, entre las cuales se encuentra la carretera de Villanueva de Tapia al Puerto de las Pedrizas pasando por este pueblo y Villanueva del Rosario y de la que ya está construida la sección comprendida entre Villanueva de Tapia y la Estación férrea de Salinas».

5º. Que la admisión por reparto sea forzosa hasta el día 25 del actual inclusive. 6º. Que los labradores y mayores contribuyentes a quienes correspondan obreros y no tengan en qué invertirlos, les den un socorro diario de dos pesetas.

¶ En la sesión de 4 de diciembre de 1930, se dice: «…con objeto de dar trabajo a la clase obrera cuya situación económica era muy lamentable y careciendo el vigente presupuesto de consignación suficiente, se hacía preciso acudir a ‘los oportunos suplementos de crédito…»4. Vemos que las soluciones propuestas repiten actuaciones de tiempos pasados: obras públicas,

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repartos forzosos de los parados entre agricultores, peticiones de auxilio al Estado…

¶ El número de pobres acogidos al servicio benéfico – sanitario municipal que en 1926 acoge a 237 familias va en aumento hasta llegar a alcanzar 293 en 1929. ¶ La mala cosecha de 1925, como consecuencia de la sequía de este año, va a suponer problemas en el abastecimiento de trigo y harina para el consumo del término, existiendo temores de que falte el pan necesario por la resistencia que oponen a su venta los tenedores de trigo, lo que conlleva paralelamente a un encarecimiento en el precio. Esto obliga a un intervencionismo del Ayuntamiento acordando lo siguiente: 1º. Que se notifique inmediatamente a los tenedores de trigo y harina de este término la incautación provisional de todas las existencias que posean con destino al consumo público. 2º. El trigo solo será vendido a los molineros y panaderos al precio de veinte y cinco pesetas la fanega, vendiéndose el kilogramo de pan a sesenta céntimos. 3º. El trigo y la harina circularán dentro del término con su correspondiente guía y los molineros quedan obligados a dar cuenta a la Alcaldía del trigo que reciban, quedando prohibida provisionalmente también la exportación del trigo y sus harinas.

¶ También el Ayuntamiento está inmerso en dicha crisis ya que en la sesión de 12 de octubre de 1925 se recoge: «…la situación económica por la que atraviesa el erario municipal y proponía por todos los medios se estimulase la cobranza de los créditos existentes a favor de la Corporación a fin de que se pudiera hacer frente a sus necesidades y compromisos adquiridos».

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La nota predominante es, pues, la crisis obrera que se produce prácticamente casi todos los años, a la que se agregará en 1929 la situación calamitosa de los olivareros por lo cual acordarán «…adherirse a la campaña iniciada por el Ayuntamiento de Rute para que los poderes públicos lleguen a conocer la situación de angustia por la que atraviesa la clase olivarera…».


2. Obras Públicas

quiler. Para cortar de raíz el abuso que representa el pago de alquiler exagerado por casa escuela que no solo no reúne condiciones higiénicas y pedagógicas sino que ni aún siquiera son habitables…». Ya, en agosto de 1923, se realizan gestiones en Madrid, ante la Dirección General de Instrucción Pública, para que se construyan dos escuelas. Aunque no se refleja en actas, se intuye que la negativa fue rotunda, pues en enero de 1924 se insiste, de nuevo, ante este organismo para que colabore (…como por desgracia este Ayuntamiento carece de las condiciones económicas necesarias para adquirir por si solo y menos edificar casas con destino a dichas escuelas…) en la compra de una casa que reúne las condiciones óptimas para que puedan instalarse las dos escuelas unitarias que existen y, aún tendrían cabida otras dos más. Petición también desestimada. El 5 de marzo de 1924, ante tal encrucijada —renuncia a más alquileres y falta de colaboración oficial— la Corporación decide adquirir por su cuenta la casa, calle Molinillo 9 (actual edificio sede del Ayuntamiento), por un valor de 17.500 pesetas, que se pagan fraccionadas: 2.500 pesetas en el año en curso, y el resto en tres plazos anuales de 5.000 pesetas, más un interés del 6% sobre el capital pendiente. Más tarde, en junio de este año, se insiste ante el Director General de 1ª Enseñanza, para que lleve a cabo la adaptación de la casa, calle Molinillo 9, a las dos escuelas existentes, ofreciéndose este Ayuntamiento a contribuir con el 25% del importe total de las obras y demás gastos. Además, en la sesión del día 15 de enero de 1925, a propuesta del Inspector Jefe de 1ª Enseñanza, la Corporación acepta la creación de una escuela de párvulos mixta, como medio más práctico de descongestionar algo las dos unitarias que existen. Sin embargo, en la sesión del día 29 de junio, se solicita el aplazamiento por un año de tal creación dadas las dificultades económicas por las que en estos momentos atraviesa el Ayuntamiento. Habrá que esperar al 31 de agosto de 1927, en que de nuevo se haga la petición de la creación de dicha escuela.

Si en la Dictadur en general tuvieron un papel importante las obras públicas; en este pueblo parece estar ausente esta forma de actuar. Tan sólo encontramos, ya al final de ésta, el acuerdo de gestionar la aprobación del proyecto de carretera que una a este pueblo con la carretera de Bailén a Málaga. En 1927 se solicita al Ministro de Fomento y al Presidente de la Excma. Diputación Provincial de Granada, la inclusión en los planes de caminos vecinales del Estado, del tramo que enlaza a este pueblo con la carretera general de Málaga a Bailén en Venta de Alazores, cuya longitud aproximada es de once kilómetros de los cuales ocho pertenecen al término de Villanueva del Trabuco y los tres restantes al de Loja, desde el cortijo de Guajoz a la citada venta; dicho camino ha sido ya incluido por la Excma. Diputación provincial de Málaga (mayo de 1926) en el plan de los suyos que han de ser agregados al del Estado. Será en diciembre de 1930 cuando se empiece a redactar el proyecto de obra y aprobado por la Diputación Provincial en mayo de 1931. A partir de aquí se empiezan a hacer gestiones para su inmediata construcción con objeto de dar trabajo a los obreros en paro forzoso.

3. La Enseñanza Otro problema que sigue subsistiendo a través de los años es la Enseñanza. La situación (edificios) en que se encuentra la misma queda reflejada bastante clara en el acta de la sesión de 23 de enero de 192. El Alcalde decía: «Que había requerido al dueño de la casa escuela de niños, calle del Agua nº 27 para que hiciere algunas reformas en ella, a la vez para notificarle el acuerdo de este Ayuntamiento fijándole de alquiler anual a dicha casa 500 pesetas en vez de las 700 que tiene asignadas en el presupuesto vigente. Contestándole por aquel con la mas rotunda negativa en cuanto a las reformas pedidas, y su disconformidad también con lo que hace relación a la baja del al-

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Puerto de los Alazores. Foto: José Carlos Castro web

4. Gestión Económica La elaboración de los presupuestos se sigue haciendo con las mismas pautas de años anteriores, al igual que ocurre con las recaudaciones de arbitrios. Dos o tres pinceladas para hacernos una idea de la situación económica:

¶ En la misma sesión, 3 de octubre de 1923, en la que toma posesión el primer Ayuntamiento de

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la Dictadura, una vez constituido éste, siguen reunidos y acuerdan: «Levantar acta de arqueo con fecha de hoy; resulta que no hay existencia alguna de fondos en la Caja Municipal, que los pagos e ingresos realizados hasta hoy ascienden a 10.133’13 pesetas no pudiéndose conocer de momento el estado de la recaudación municipal …ni los valores existentes…». De aquí se deduce que habiendo pasado más de la mitad del ejercicio económico, sólo se ha recaudado el 29’19% del presupuesto (34.715’24 ptas.).


¶ En la siguiente sesión, 10 de octubre, se dice: «En vista del estado lamentable que se encuentra la recaudación de los créditos que existen a favor de este Ayuntamiento, …haciéndose constar en acta la protesta unánime de la Corporación por el abandono, que se nota ha habido en la cobranza de dichos créditos y declinando todos los señores concejales las responsabilidades que por ello se hayan contraído hasta la fecha». ¶ En la sesión del día 14 de mayo de 1927 en la que se aprueban las cuentas correspondientes al 2º semestre del año anterior en el punto sexto dice: «que la relación de deudores asciende a 71.476’10 pesetas y la de acreedores a 9.879’73 pesetas».

5. La vida política interna ¶ Los equipos de gobierno local son controlados por el Gobierno Civil y tienen escasa duración: en el corto período de siete años se suceden siete alcaldes distintos. ¶ La ideología que preside el régimen dictatorial se hace patente en varias ocasiones (comentadas en la introducción de esta etapa).

¶ Encontramos a lo largo de estos años numerosos gestos de homenaje a autoridades provinciales y nacionales, sobre todo a Primo de Rivera, pero también a Calvo Sotelo, o a los Reyes, etc. Concretamente en la sesión del día 15 de enero de 1925, se acuerda nombrar «…Alcalde y Alcaldesa honorarios de esta villa a S.M. el Rey D. Alfonso XIII (q. D. g.) y a S. M. la Reina Dª. Victoria Eugenia, como prueba de inquebrantable adhesión a nuestros augustos soberanos y a la monarquía y de admiración a sus reales personas…».

Rey Alfonso XIII y reina Victoria Eugenia

b) Tras varias sesiones en la que no se pudo llevar a efecto la elección de Alcalde por no haber número suficiente de concejales, en la del 16 de octubre, se elige a D. Antonio García Frías, a pesar de la advertencia del Secretario en la que expone que dicha elección infringe el Estatuto Municipal vigente ya que no ha conseguido en ninguna de las votaciones los 2/3 necesarios. Algunos de los concejales insisten en que la proclamación está bien hecha.

¶ El final de este período está marcado por la crisis política interna del Ayuntamiento: a) En la sesión del 14 de agosto de 1929, dimite el alcalde D. José Podadera Báez.

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c) En la sesión de 7 de noviembre, cinco concejales de los diez que componen la Corporación manifiestan su deseo de que conste en acta su disconformidad o protesta contra la proclamación del Alcalde. d) En la sesión del 10 de diciembre, presenta la dimisión el anterior, ocupando el cargo de manera accidental D. Miguel Bolaños García. e) La caída de Primo de Rivera —30 de enero de 1930— tiene su reflejo en la sesión de 17 de febrero, en la que dimiten todos los miembros de la Corporación. f) En la sesión del día 25 de febrero en la que se trata de la formación de listas para la proclamación de nuevos concejales se prescinde sin justificación alguna de tres ‘mayores contribuyentes’ bajo el pretexto de ser analfabetos; maniobra cuyo trasfondo no está nada claro. g) En la sesión del día 26 de febrero es proclamado Alcalde D. Antonio Arjona Aguilera. h) En la sesión del día 23 de marzo, tres concejales presentan su dimisión, la cual no fue aceptada en los siguientes términos: «…no admitirlas en razón a que no ejerciendo mas cargo que el de Concejal, son pocas las molestias que se les proporcionan con el mismo». Se lleva a cabo nueva votación para ratificar en el cargo al Alcalde. i) En la sesión del día 25 de enero de 1931, es proclamado Alcalde D. Francisco Luque González (mayor), el cual terminará su mandato con la proclamación de la II República.

¶ No queremos finalizar este período sin hacer mención a un curioso proyecto que ve la luz a finales de 1930. En la sesión del 16 de diciembre se expone: «Se dio cuenta del expediente seguido por la Alcaldía con motivo de la propuesta de cambio

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de nombre de este pueblo por el de GUADALHORCE solicitado por mas de 200 vecinos de este término y aprobado por la Comisión Permanente de este Ayuntamiento en sesión ordinaria celebrada por la misma con fecha 9 de octubre último; que dicho acuerdo se hizo público por medio de escritos fijados en los sitios de costumbre de esta localidad, emitiéndose, además, en el Boletín Oficial de la provincia número 258 correspondiente al día 4 de noviembre último, sin que durante el término de quince días concedidos en el mismo para oír reclamaciones, se haya formulado ninguna en contra del cambio de nombre solicitado. Visto también el informe favorable de las autoridades locales y del Sr. Jefe de Estadística Provincial en el que exponen que con dicho cambio de nombre no se causan perjuicios algunos a los demás pueblos y entidades, por unanimidad, se acuerda aprobar dicha propuesta de cambio del nombre de este pueblo por el de GUADALHORCE, que se haga público nuevamente este acuerdo por término de otros quince días para oír reclamaciones y transcurridos que sean estos sin haberse formulado ninguna, se declare firme y definitivo (este acuerdo) facultando al Sr. Alcalde para que en nombre de la Corporación se dirija al Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación en solicitud de su superior aprobación y publicación de la Real Orden correspondiente». De esta proposición no se volverá a saber nada hasta los años cincuenta.

CONCLUSIÓN: (A modo de reflexión) En 1912, el escritor Benito Pérez Galdós en su artículo periodístico Cánovas entre otras cosas, decía: «… Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el poder, son dos manadas que no aspiran más que a pastar en el presupuesto.


Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán, ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica… … Si nada se puede esperar de las turbas monárquicas, tampoco debemos tener fe en la grey revolucionaria… La España que aspira a un cambio radical y violento se está quedando, a mi entender, tan anémica como la otra. Han de pasar años, lustros tal vez, quizás medio siglo largo, antes de que este régimen, atacado de tuberculosis ética, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental. Tendremos que esperar como mínimo cien años más, para que en este tiempo, ‘si hay mucha suerte’ nazcan personas más sabias y menos chorizos de los que tenemos actualmente…».

Retrato de Benito Pérez Galdós. Foto de Alfonso Sánchez García, 1910. Museo Reina Sofía, Madrid

Notas 1– En el número anterior de Desde el Alto Guadalhorce, página 92 se hace alusión a esta aspiración. Recién proclamado alcalde D. Juan de Silva Ríos, en la sesión de 30 de julio de 1883 hace un alegato de sus pretensiones a llevar a cabo en lo referente a obras públicas, y en otras cosas dice: «…es preciso e indispensable emprender obras de utilidad pública y sacarlo del atraso y abandono en que se halla, hasta el extremo de no tener agua potable, pues sólo se surte de ella de un río inme-

diato, donde los animales atienden a esta necesidad, y en donde casi todo el año se encuentran sucias, cenagosas y embarrizadas, en términos de no poder aprovecharse para las necesidades de la vida… se está en el caso de que existiendo dos manantiales, muy a propósito, para abastecer de agua a la población, de formalizar el oportuno expediente para llevar a cabo tan útil interés…». 2– Para hacernos una idea, el alquiler anual, en esta época, oscila entre

150 y 175 pesetas, mientras que el sueldo de un obrero está entre las 2 y 2’50 pesetas. 3– Apremio: Procedimiento ejecutivo que siguen las autoridades administrativas para el cobro de descubiertos. 4– Rectificar, mediante autorización gubernativa, el presupuesto de gastos, desviando hacia el capítulo de Calamidades, fondos de otros capítulos presupuestarios.

Bibliografía –

Actas Capitulares Pleno. Años 1902 a 1931. – Actas Capitulares Comisión Permanente. Años 1924 a 1928. – Actas Capitulares Junta Municipal. Años 1911 a 1924.

Censos de Población 1900 y 1910. Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico. Madrid – Censos de Población 1920. Servicio General de Estadística. Madrid. – Censos de Población 1930. Instituto

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Geográfico, Catastral y Estadística. La Fe nacional y otros escritos sobre España. Benito Pérez Galdós.


música

HISTORIA del FLAMENCO-IV Francisco López Godoy

Pues como dicen en las sevillanas, vamos por la cuarta; por la cuarta revista se entiende. Así que cordiales saludos a mis flamencos lectores y, siguiendo con la historia del cante flamenco, hablemos esta vez de lo que se ha llamado las «Épocas o etapas del cante flamenco» que son las siguientes: OCULTA: que arranca desde los primeros indicios del cante flamenco hasta el año 1850 aproximadamente. CAFÉS CANTANTES: que parte desde el año 1850 hasta 1920. TEATRAL: desde 1920 a 1936 ESCENARIOS: desde 1936 hasta nuestros días con sus diferentes altibajos y etapas.

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La etapa OCULTA, se llama así porque el cante surgía en las reuniones privadas, en los llamados «cuartitos de cabales», y sólo entre los gitanos. Allí no entraba ningún gaché porque, de lo contrario, los gitanos se callaban o se marchaban con el cante a otra parte. No obstante, si nos atenemos a las primeras referencias del cante flamenco, este no era tan oculto. Así, por ejemplo, entre los años 1590 y 1612, don Miguel de Cervantes escribe La Gitanilla, la primera de sus doce novelas ejemplares, en la que cuenta la vida de Preciosa, una muchacha de origen noble, educada por los gitanos y que se ganaba el sustento cantando romances y bailando al son de las sonajas «al tono correntío y loquesco». En el año 1774 José Cadalso presenta el manuscrito de sus Cartas Marruecas que se publican en 1789. En la carta número 7, Cadalso describe una juerga gitana en casa del Tío Gregorio, en donde «las palmas, la bulla de todas las voces, el ruido de las

Detalle del monumento a Miguel de Cervantes en la plaza de España d e Madrid. La Gitanilla, del escultor Federico Coullaut-Valera, (1960).

castañuelas, lo destemplado de la guitarra y el chillido de las gitanas sobre cuál había de tocar el polo para que lo bailase Preciosilla…». Como última referencia citemos al Bachiller Revoltoso que escribió entre los años 1740 y 1750, su Libro de la gitanería de Triana «para que no se imprimiera» en donde habla de las danzas de hombres y mujeres para divertir a la gente de Triana, de los bailes en las casas señoriales de Sevilla o de los villancicos cantados en la parroquia de Santa Ana. Así que muy oculta no era esta primera etapa, y es casi al final de la misma cuando el cante flamenco o cante gitano, se empieza a perfilar en la forma que nos ha llegado a nosotros. Lugares como Triana, Jerez, Cádiz y los Puertos (Puerto Real y Puerto de Santa María) se convierten en grandes centros donde se puede escuchar buen cante. En Triana vivieron dos familias de gitanos fragüeros: Los Pelaos y Los Cagancho. Del resto de cantaores, que seguramente los hubo, no se sabe ni los nombres, ni sus cantes. Téngase en cuenta que no eran cantaores profesionales y que Triana era un barrio marginal de Sevilla que para llegar a él, había que cruzar el río por un puente de tablas clavadas sobre barcas, hasta que en 1854 se construyó el puente de Isabel II, conocido hoy como puente de Triana. De Los Cagancho, el que más fama alcanzó fue Manuel Cagancho como gran cantaor de siguiriyas. De la otra familia de fragüeros, fue Juan Pelao el que destacó por sus insuperables martinetes. Fernando el de Triana, que vivió aquella época, nos cuenta en su libro Arte y artistas flamencos, como Los Pelaos, una vez terminado su trabajo en la fragua, se reunían en la casa de la Rufina para tomarse sus botellitas de vino: «Allí no entraba ningún gaché, ni admitían ningún obsequio de nadie. Yo alternaba porque era un niño y porque me había criado entre ellos y me tiraba la afición. Me acuerdo, que una de las veces que salí del camarote, como se les decía a aquellos cuartitos, me encontré con un famoso general que

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había en Sevilla, muy aficionado al cante, y me dice: ‘Oye, niño, ahora cuando entres, me haces el favor de decirle a Juan Pelao que si puede cantar otra vez el segundo martinete». Hecho el encargo, acordaron que lo cantara por ser buen aficionado el que hacía la petición. Esta es la copla, porque lo demás se lo llevó Juan Pelao al otro mundo: Esgraciaíto aquer que come er pan por manita ajena: siempre mirando a la cara si la pone mala o güena. Fue un momento inenarrable. El entusiasta general, quiso darle un buen regalo a Juan Pelao, y éste, muy modesto, lo rechazó, porque él decía que eso era como una mujer cuando se vende. Pero al día siguiente se presentó un ordenanza en la casa del cantaor con un billete de cien pesetas en un sobre con la siguiente nota: «Obsequio del general Sánchez Mira para el proclamado rey del cante por martinetes». Entonces sí aceptó el billete pero porque su mujer, queriéndoselo comer con la vista, le dijo: —¡Agarralo, Juan Pelao, que no tenemos hoy ni pa comé!».

tuación humorística de algún caricato, o sea, personaje bufón o especializado en cómicas imitaciones de personajes conocidos. Dato este nada importante para el flamenco, pero que lo doy para mis lectores detallistas. Esta etapa es, con diferencia, la más importante de todas porque en ella se van perfilando los estilos flamencos; el arte flamenco sale de Andalucía, su lugar de nacimiento, y se extiende por casi toda España. Se cuenta que hubo más de trescientos cafés cantantes repartidos por el territorio nacional. Los artistas hacen del espectáculo flamenco su profesión, lo que les motiva para perfeccionarse y superarse en su arte. Aparecen y rivalizan entre sí, las grandes figuras de la historia del flamenco: cantaores como Silverio Franconetti, Tomás El Nitri, Curro Durce, Juan Breva, don Antonio Chacón, Manuel Torre, Dolores La Parrala, etc. En la guitarra destacaron El maestro Patiño, Paco El Barbero, Ramón Montoya, Manuel Serrapí Niño Ricardo, Javier Molina, Paco de Lucena...

La segunda etapa, es la de los CAFÉS CANTANTES, que como su nombre indica, eran locales donde se vendían bebidas de todo tipo y, como reclamo, se ofrecían espectáculos de cante, toque y baile flamencos, aderezados, algunas veces, con la ac-

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Figuras del baile como Juana La Macarrona, su compañera La Malena, La Mejorana (madre de Pastora Imperio), Francisco Mendoza Faíco, Juan El Estampío, Vicente Escudero, y un largo etc. A esta etapa se le ha llamado, y con toda la razón del mundo, la Edad de Oro del Flamenco, por las grandes figuras, como queda dicho y porque el cante va adquiriendo personalidad propia en la medida que cada uno de los grandes artistas, con su peculiar forma de cantar, va creando los diferentes estilos de cada cante. Así ya no se habla de cantar por siguiriyas, sino de cantar la siguiriya de Tomás el Nitri, o la siguiriya de Diego el Marrurro... Es en esta época también cuando la guitarra queda como único instrumento para acompañar el cante, sustituyendo a las bandurrias, panderos, y platillos con que se acompañaba el baile de la gitana Preciosa de la novela cervantina. Oriol Maspons: Vicente Escudero, 1958. 30´5 x 40´5 cm. Gelatina de plata. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia, Madrid.


Pero no crean mis flamenquísimos lectores que era oro reluciente todo lo que había en esta época. Aquí aparece el lado canalla del flamenco, o por decirlo con más exactitud, la parte canalla que rodeaba al flamenco. Porque el flamenco no tenía la culpa de lo que ocurría en sus inmediaciones. Intentaré explicarme. Queda dicho que los cafés cantantes eran sitios de diversión y utilizaban el cante flamenco como reclamo para su negocio. Pero el público demandaba otras clases de diversiones. Así, además de flamenco había juego, prostitución, alcohol, drogas... Con cierta frecuencia la diversión terminaba en discusiones, escándalos y peleas en las que solían relucir las afiladas hojas de las facas y terminaban con alguno de los reyertantes tendido en la loza del tanatorio. Citemos, como botón de muestra de lo anteriormente narrado, la muerte del gran cantaor aloreño Juan Reyes El Canario. La madrugada del 13 de agosto de 1885, después de cantar en el Café– Nevería de Manuel Ojeda, situado junto al puente de Triana, El Canario y un tal Lorenzo Colomer tuvieron una fuerte discusión, dicen que por celos profesionales y de los otros. Al parecer, El Canario había vetado la actuación de la cantaora La Rubia de Málaga —hija de Colomer— por motivos personales y porque La Rubia estaba teniendo un gran éxito con las malagueñas que Juan Reyes El Canario había creado. La discusión empezó en el local y pasó a la calle convertida en fuerte pelea. A la mañana siguiente, apareció el cuerpo sin vida de El Canario con una herida en el pecho. Lorenzo Colomer fue juzgado y condenado a la pena de doce años y un día de reclusión. Paradójicamente, a esta etapa de los cafés cantantes se le llamó la edad de oro del cante y fue también la más criticada, sobre todo por la prensa que aprovechaba los referidos escándalos para desprestigiar el flamenco. Y sí, finalmente acabaron con los cafés cantantes pero por motivos distintos a los deseados. Otra paradoja, porque el flamenco, a pesar de las críticas, tenía cada vez más público en toda la geografía española. Los locales de los cafés se quedaron pequeños. Entonces aparecen los empresarios profesionales que organizan espectáculos flamencos en los grandes teatros y plazas de toros. Empieza la época TEATRAL y de LOS ESCENARIOS también llamada despectivamente ÓPERA FLAMENCA por los puristas y estudiosos que consideraban esta época como nefasta para la pureza del cante flamenco. De hecho, pocos años después de iniciarse esta época, concretamente en 1922, unos señores, entre los que se encontraban Manuel de Falla y Federico García Lorca, organizan el famoso Festival de Cante Flamenco de Granada porque dicen que hay que hacer algo por el cante flamenco antes de que se pierda. En realidad lo que pasó fue que el numeroso público que acudía a las plazas de toros para escuchar flamenco, pero también con ganas de

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divertirse, demandaba un cante más suave, más digerible, por decirlo así. De manera que el cante jondo, las soleares, las siguiriyas.... cedió su sitio a cantes más livianos y efectistas, los fandangos, milongas, colombianas, guajiras y otros cantes pertenecientes a los llamados de Ida y Vuelta. De ahí que los puristas repudien esta época. Lo de llamar a esta etapa Ópera Flamenca también tiene su gracia. Según se ha dicho, era una manera de evadir impuestos. Resulta que el actor cómico Carlos Hernández Vedrines, convertido después en avispado empresario, se dio cuenta que los conciertos y la ópera tributaba al 3 % frente al 10 % de los espectáculos de variedades en los que se incluía el flamenco. Solución: Vedri-

nes anunciaba sus espectáculos como de Ópera Flamenca y se ahorraba un 7 % de impuestos. Hoy día, casi un siglo después de esta época, hay más «vedrines» que nunca y tú, apreciado lector, seguro que conoces a unos cuantos. Esta época tuvo su continuidad en los festivales y se pusieron tan de moda que entre los años 1970 y 1980 casi todos los municipios tenían su festival de flamenco que, en algunos casos, se hacía coincidir con las ferias y fiestas del pueblo. Pasada esta moda y la crisis de los años 90, hizo que la mayoría de los festivales desaparecieran. Quedan los festivales de más solera, como tiene que ser. Y lo que son las cosas. Ahora

el flamenco ha vuelto a sus orígenes, a los cuartos de cabales. Hoy el buen cante se escucha en las peñas y en las reuniones de amigos, en las que se contrata a un cantaor y a un guitarrista y se pasa un rato extraordinario de tertulia y de «cante güeno» acompañado de unas copillas de buen vino, sin pasarse. Se dice que para que una reunión se pueda considerar de «cabales», se tienen que dar las siguientes circunstancias: máximo 20 personas aficionadas y entendidas; alcohol en su justa medida y mucho tiempo por delante. Y es que, mi querido lector y si has leído hasta aquí debo añadir mi admirado lector, el cante flamenco bueno, el de verdad, ha sido y sigue siendo un arte de minorías.

Grandes figuras del flamenco

De ayer SILVERIO En esta cuarta revista vamos a hablar de un grande. De Silverio Franconetti o, simplemente, Silverio porque entre los flamencos, basta decir Silverio para saber de quien hablamos. Aunque se le considera natural de Morón de la Frontera, la realidad es que nació en Sevilla, señalándose como fecha de su na-

cimiento el día 6 de octubre de 1823. Lo de considerarlo moronense se debe a que sus padres se fueron a vivir a Morón de la Frontera al poco tiempo de nacer Silverio. Allí pasó su niñez y su primera juventud. Sus padres fueron María de la Concepción Aguilar, perteneciente a una conocida familia de Alcalá de Guadaira, y Nicolás Franconetti, italiano de nacionalidad y jefe de las Guardias Walonas, cuerpo de infantería creado durante el reinado de Felipe V, y originalmente formado por hombres procedentes

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de los Países Bajos, llamados valones o flamencos de la Valonia. Por indicación de la familia, Silverio trabajó en la sastrería de su hermano mayor. Según fuentes dignas de crédito, aprendió bien el oficio y llegó a ser un buen sastre. Pero le tiraba más el cante que el hilo y las tijeras. En Morón aprendió las primeras letras y en Morón, siendo todavía un niño, conoció a Francisco Ortega El Fillo que le animó a perfeccionar su cante viendo las extraordinarias facultades que tenía aquel niño para el flamenco.


Silverio Franconetti

Silverio Franconetti, medio italiano y de vida acomodada, era, por tanto, un caso raro en el mundo del flamenco: primero, porque no llega al cante desde la necesidad y segundo porque aunque no era gitano, aprende sus cantes y estos le aceptan como uno de los suyos. Decidido a dedicarse por entero al flamenco, abandona la sastrería y se va a vivir, primero a Sevilla y después a Madrid. En ambas capitales y ya con veintitantos años, triunfa en el cante flamenco. Y hasta tal punto triunfa que se le empieza a llamar señor Silverio. Hay que decir, amigos lectores, que en el mundo del flamenco, el anteponer al nombre el tratamiento de «señor» o el «don» tiene un significado muy especial. Es el reconocimiento de su valía personal dentro del cante. Silverio tiene que abandonar Madrid, dicen que por razones no aclaradas. Al parecer un lío de faldas con alguna muerte de por medio, le obligó a viajar a Sudamérica. Llegó a Buenos Ai-

res en 1856 y allí ejerció de picador de toros. Luego viajó a Montevideo ingresando en el ejército de la República de Uruguay con graduación de oficial. Ocho años después vuelve a España a bordo del bergantín «Gravina» que atraca el 22 de mayo de 1864 en el puerto de Cádiz. Nada más pisar tierras gaditanas se metió en juerga flamenca. Su barba corrida y su aspecto de indiano rico evitaron que la gente le reconociera. De madrugada, le pidió al maestro Patiño, que le acompañara a la guitarra en un cante por siguiriyas gitanas lo que produjo cierta incredulidad, no exenta de cachondeo, entre los asistentes a la juerga flamenca. Pero cuando Silverio rompió a cantar la siguiriya que él había hecho famosa antes de su marcha: La malina lengua que de mí murmura, yo la cogiera por en medio, por en medio la dejara muda. todos le reconocieron. Sólo el señor Silverio podía cantar de aquella manera. Y, según cuenta la historia —o la leyenda—, tal vez fue aquella madrugada cuando la gran cantaora María Borrico, se negó a cantar después de Silverio, diciendo: —¿Cómo voy a cantar si ese gachó de las barbas me ha estemplao? A partir de ahí, Silverio va a re-

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volucionar el cante flamenco. Él sabía que el cante había que sacarlo de los cerrados ambientes gitanos en donde nació, «la oscura esfera» le llamó a esos ambientes Antonio Machado y Álvarez Demófilo, para dárselo a conocer al público en general y a los andaluces no gitanos en particular. Para ello, dulcificó la aspereza de los cantes trianeros (tonás, soleares y siguiriyas) de El Fillo, La Andonda, o los gitanos fragüeros Los Pelaos y Los Cagancho. De ellos hay que destacar a Juan Pelao, Tío Antonio Cagancho y el señor Manuel Cagancho, muertos todos sin haber pisado un escenario. El pretender llevar el cante al público en general y esa dulcificación a la que me he referido antes, llevada a cabo Silverio mediante la mezcla gitano—andaluza —creada por él, según opina Demófilo—, llevaba aparejado un riesgo: la pérdida de la autenticidad, de la esencia del cante gitano. Por eso, siempre se ha dicho que el buen cante flamenco es un arte de minorías. A Silverio se le considera como el padre del flamenco que nos ha llegado a nosotros. Hoy se le suele llamar cante «jondo» al cante gitano (soleares, siguiriyas, tonás, alboreás, etc.) y cante «flamenco» al resultante de la mezcla gitano—andaluza (malagueñas, fandangos, alegrías, mineras, cantes de trilla, nanas, etc.) Esa idea de Silverio de llevar el cante gitano al público en general, le hizo entrar en el negocio de los


cafés cantantes a los que también les dio una especial relevancia. El primer café que abrió se llamó El Burrero, nombre que tomó de su socio Manuel. Diferentes criterios en la forma de llevar el negocio, dieron como resultado la ruptura de la sociedad. A Manuel El Burrero le interesaba sólo el aspecto crematístico y a Silverio la dignidad del cante y del establecimiento, sin hacer concesiones a otras actividades lúdicas, —habituales en otros cafés— como juego, alterne del público con mujeres incluidas las artistas del cuadro, etc. Disuelta la sociedad, Silverio abrió, en Sevilla, el histórico Café de Silverio por donde pasaron las principales figuras del cante, incluido él. Como cantaor de flamenco Silverio fue «el único que todo lo cantó extraordinariamente bien», según dejó escrito Fernando el de Triana. Dominaba varios palos (serranas, soleares, polos...) pero en donde destacó fue en las siguiriyas. Las cabales de Silverio es un cante que nos ha llegado a noso-

De hoy FERNANDO de la MORENA Fernando María de la Paz del Perpetuo Socorro y de la Santísima Trinidad Carrasco Vargas. ¿Qué te ha parecido, querido

tros y que muchos cantaores actuales las interpretan como remate de las siguiriyas. Un día paseaba por Cádiz después de tomar unas copas con unos amigos. Al pasar por Puerta Tierra se acordó de su fallecido amigo Enrique Ortega El Gordo, se descubrió y cantó su famosa siguiriya: Por Puerta Tierra no quiero pasar porque me acuerdo de mi amigo Enrique y me echo a llorar Según Fernando el de Triana la voz de Silverio era «afillá, ronca, pero dulce como la miel de la Alcarria». Y la grandeza de Silverio en el cante flamenco queda perfectamente explicada en el poema de Federico García Lorca: Entre italiano y flamenco, ¿cómo cantaría aquel Silverio?

La densa miel de Italia con el limón nuestro iba en el hondo llanto del siguiriyero. Su grito fue terrible. Los viejos dicen que se erizaban los cabellos, y se abría el azogue de los espejos. Pasaba por los tonos sin romperlos. Y fue un creador y un jardinero. Un creador de glorietas para el silencio. Amén, don Federico.

Grandes figuras del flamenco lector, el nombre? Largo ¿verdad? Un nombre más apropiado para la aristocracia que para un cantaor de flamenco. Pero es que resulta que igual de largo que el nombre, es el cante de Fernando de la Morena, al que no sería excesivo aplicarle el calificativo de «aristócrata del flamenco». Fernando de la Morena es uno de los pocos cantaores vivos (y oja-

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lá que por muchos años) con personalidad propia. Nada más empezar a escucharle un cante, por ejemplo en la radio, ya decimos: ese es Fernando de la Morena. Hagamos, primero, una breve reseña de sus datos biográficos. Fernando de la Morena nace en el barrio de Santiago, de Jerez de la Frontera, un 1 de mayo de 1945. El nombre flamenco «de la


Morena» le viene de su madre, Manuela Vargas Romero, llamada La Morena, como ya habrán adivinado mis avispados lectores, por ser ese el color de su pelo y de su piel. Su padre, Juan Carrasco Vargas, que era tractorista en un cortijo (un privilegio ya que la mayoría de los gitanos trabajaban en el campo de braceros) se llevaba a su hijo para que aprendiera las labores del campo. De poco le sirvió a Fernando ese aprendizaje ya que no le gustaba el trabajo en el campo. Pero si le marcó el ambiente de las gañanías en el cortijo, las charlas con los temporeros, las comidas de «cuchará y paso atrás» y, como no, las fiestas flamencas en los atardeceres de verano, una vez terminada la faena, o alrededor de los fogarines en los invernales días de lluvia cuando no se podía salir al campo. Allí aprende Fernando el verdadero, el auténtico cante flamenco. Cumple el servicio militar en Jerez y cuando se licencia lleva en su bolsillo, el carnet de conducir que le sirve para colocarse de taxista en turno de noche. Aquí conoce Fernando la otra faceta, o, por decirlo así, el lado «canalla» del flamenco: el de los

«colmaos», las reuniones con los «señoritos troneras», noches de cante, vino y mujeres. Pero también conoce y convive, en aquellas noches de cante en los colmaos y en las ventas jerezanas, con los grandes cantaores de aquel momento: Tío Borrico, Terremoto, Sordera, Laberinto... Con ese aprendizaje, Fernando de la Morena hace sus pinitos en peñas y festivales hasta que, pasados varios años, da el paso definitivo de hacer del cante flamenco su medio de vida... y ahí sigue. Anteriormente quedó escrito que Fernando de la Morena es un cantaor con personalidad propia. Esa personalidad emana de su voz, de su manera de cantar — muy de él son esos ¡Ay! cortos intercalados entre los tercios— y por el compás, un don que se tiene o no se tiene y Fernando tiene compás como para cantar por bulerías La Traviata. Ejemplo, aquella preciosa canción de Alberto Cortés, «Pudiera ser que pudiera». Sin embargo Fernando de la Morena no ha caído en la tentación del llamado y más lucrativo Flamenco Fusión o «Flamenkito». Él sigue fiel a sus raíces y a su cante, aprendido en las gañanías y en las noches flamencas de

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las ventas de Jerez. Yo he tenido el privilegio de compartir con Fernando de la Morena dos o tres veladas flamencas en la peña «Fernando Terremoto» que veintitantos amigos tenemos en Antequera. Y puedo decir que para definir a Fernando como persona, nada mejor que la letra de aquellas sevillanas de Juan de Dios Pareja– Obregón que dicen: ... Eran anchos los sombreros y cortas las chaquetillas. Fumaban tabaco negro y eran hombres tan cabales que se le veía de lejos su respeto y sus modales Fernando es, además, un hombre muy cantado y muy vivido. Habiendo sido taxista y en turno de noche, imagínense ustedes, la cantidad de anécdotas que puede contar. Por eso me tomo la libertad de aconsejaros que si tenéis que hacer o recibir un regalo, no perdáis el tiempo ni tiréis el dinero en corbatas, pañuelos y otras cosillas así. Un CD de Fernando de la Morena, el mejor regalo. Lo escucháis y después hablamos.


EL ARTE FLAMENCO EN MOLLINA conocía a Pilar de nada. La escuché cantar, por primera vez, el día 27 de abril de 2013 en el XXV Concurso de Cante Flamenco de Antequera y que lleva el nombre de nuestro recordado y añorado cantaor Juan Casillas. De la actuación de Pilar me llamó la atención dos cosas: una, que tiene mucho que aprender —¿dónde está ese maestro?— pero tiene compás. Punto a su favor, porque el cante, o lo que se llama la técnica, eso se aprende, pero el compás no, el compás se tiene o no se tiene. Y dos, que siendo Pilar una chica joven y gitana, no intente imitar a Camarón. Otro punto a su favor. Pilar Palma Rodríguez, que es su nombre completo, es hija de Francisco Palma y de Pepi Rodríguez; es una chiquilla de veintipocos años, guapa, muy gitana —como he dicho antes— y muy sencilla en el sentido de que no va de diva ni ejerce de cantaora. Otro punto a su favor, y van tres. Todo esto, unido a que vive en Mollina, en el cortijo Cantarranas, fue por lo que me decidí a entrevistarla para nuestra revista. Quedamos el domingo 2 de febrero en su casa para charlar un rato y para escucharla cantar si la ocasión se presentaba. Y la ocasión se presentó porque en esa familia todos son aficionados al flamenco. El padre canta, la madre baila, los hermanos Paco y Amador tocan la guitarra y Manuela, la hermana pequeña, canta y toca las palmas que es un primor. Así que en la entrevista intervinieron los cuatro hermanos.

cara a cara con PILAR

PALMA

Pregunta.– ¿De dónde os viene

la afición? Respuesta.– De mi familia. Mi abuela Pilar Morales —que ya murió— cantaba bien. Mi padre canta y mi madre baila y nos ha enseñado a todos. P.– Pilar, ¿Cuándo fue tu primera actuación en público? R.– En la feria de Humilladero. Actuaba la bailaora María del Mar con su grupo y en un descanso me metió a mí. P.– ¿Cuál es tu cante? R.– Los tangos, bulerías, soleá, las alegrías... P.– Pero ¿para cantar por derecho? R.– La soleá. —Responde Pilar sin titubeos—. Cosa poco habitual ya que la mayoría de los que pretenden demostrar que saben de flamenco, responden: la siguiriya. Otro punto a su favor y ya no sé cuantos van. P.– ¿Una actuación que recuerdes con cariño? R.– En Torrox. En un concurso. Me acompañó a la guitarra mi hermano, er Paco, y a las palmas mi Amador y mi Manuela. Y aquel escenario que había, el equipo, el público... Estuvo muy bien. Luego nos llamaron dos veces, ya fuera de concurso. P.– Y tú Manuela ¿Cuál es tu cante? R.– A mí me tira más la fiesta: los tangos, la bulería... P.– Y vosotros, Paco y Amador, la afición a la guitarra ¿de donde os viene? R.– Yo que soy el mayor —responde Paco— empecé a tocar desde chico y luego mi hermano Amador aprendió viéndome a mí. Y los

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dos queremos lo mismo: llegar lo más alto que podamos. P.– ¿Habéis tenido maestro? R.– Maestro hemos tenido, pero mayormente hemos aprendido solos. Últimamente un hombre de Humilladero, que se llama Ricardo, ha sido el que nos ha pegado el tironcillo más grande. Pero mayormente hemos aprendido solos, de oído. Que ya tiene mérito, añado yo. P.– Y tú, Amador, ¿no has tenido maestro? R.– Yo he aprendido de mi hermano. He estado con Ricardo pero mayormente he aprendido de mi hermano Paco. P.– En vuestra actuación en el Concurso Juan Casillas, cantaste la petenera como uno de los dos cantes de libre elección ¿Vosotros sois gitanos puros? R.– Si. P.– ¿Y qué pasa con el mal fario de la petenera? R.– Eso son dichos —responde Pilar—. Nosotros estamos en la peña flamenca de Humilladero y cuando el público lo ha pedido, pues hemos cantado la petenera y no ha pasado ná. P.– Pilar ¿Cuál es tu cantaor o cantaora? R.– Es según también el cante que vaya yo hacer. Por ejemplo, la bulería, me fijo en la Bernarda. La


P.– ¿Vosotros cobráis por cantar?

soleá, me fijo en Fernanda. La siguiriya, me gusta El Agujetas, es según el cante. P.– Una de las cosas que me gustó de tu actuación en Antequera, es que no imitas a Camarón, cosa rara en una cantaora joven y gitana como tú. R.– (Risas). A mí me gusta mucho Camarón. Pero es que Camarón hubo uno y na más. Por lo menos hasta ahora. P.– Y vosotros en la guitarra ¿Cuál es vuestro referente? R.– Para mí —responde Paco, los que más me gustan son Diego el del Gastor, Paco Cepero, Parrilla de Jerez... P.– Otra respuesta que me sorprende porque no has nombrado a Paco de Lucía. R.– Hombre, Paco de Lucía es un grande y si yo pudiera llegar a una cuarta parte de lo que ha llegado él... Pero para acompañar el cante me gustan esos que he dicho. P.– ¿En qué trabajáis? R.– Nosotros en el campo. Ahora estamos terminando con las aceitu-

entrevista a SEBASTIÁN

nas y luego a esperar lo que salga. P.– Y en el flamenco ¿Qué proyectos tenéis? R.– Hemos grabado un disco pero no llegamos a publicarlo ni ná. Tenemos la maqueta. Y ahora queremos hacer otro y a ver si este lo podemos sacar. Ahora estamos yendo a Málaga, a la Casa de Álora con Curro de María y Virginia Gámez y la bailaora La Lupi. Y en la peña flamenca de Humilladero que hacemos reuniones con gente de Antequera y de otros sitios. Estamos casi todos los viernes desde las siete de la tarde hasta la hora que encarte. P.– ¿Y actuaciones que tengáis pendientes? R.– Tenemos unas cuantas pendientes. Pero ahora se lo preguntas a mi padre que es el que lleva la libreta. P.– ¿Dónde os encontráis más a gusto, en el escenario ante el público o en las reuniones de cabales? R.– En las reuniones, con la familia. El escenario con el público delante está bien, pero en las reuniones se escucha y se canta mejor.

¿Cuál es vuestro caché? R.– Hombre, nosotros no cobramos una cantidad fija —responde Francisco, el padre—. En algunos sitios donde hemos ido nos han hecho un regalillo... y en otras, como una vez que fuimos para unos niños minusválidos, pues no cobramos nada, como es natural... ¿Se puede ser más sencillo, más humilde y más de verdad? P.– Si alguien quiere ponerse en contacto con vosotros para una actuación ¿Dónde tiene que llamar? R.– Tenemos una dirección que es: calle Dólar, 11 en Antequera, o llamando al teléfono 628 041 716. P.– Bueno Pilar ¿con que cante nos vamos a despedir? R.– Venga, vamos con la bulería y el romance... pónmela al cinco... Y er Paco pone la cejilla en el quinto traste de la guitarra como si se lo hubiese ordenado la Fernanda de Utrera. Desde luego, si Pilar se lo propone puede llegar a donde llegaron la Fernanda y su hermana la Bernarda. Arte tiene y los aficionados la esperamos. Muchas gracias familia Palma Rodríguez. Suerte.

SOLER

(Esta entrevista la ha realizado doña Auxiliadora Díaz y yo me limito a transcribirla tal cual me ha llegado). Francisco López

El

cante flamenco tiene en Mollina a un joven talento de 16 años de edad, llamado Sebastián Soler Amaya. Sebastián lleva el arte en la sangre empezando a cantar con

tres años, su madre nos confirma que no sabía hablar y ya cantaba. Pregunta.– Sebastián ¿qué es lo que más te gusta cantar? Respuesta.– Lo que más me gusta cantar son las seguidillas.

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P.– ¿Cuál es tú cantante preferido?

R.– Mi cantante preferido y admirado no es otro que el grandísimo Camarón. Me gusta mucho y aprendo de él, pero yo tengo mi estilo propio.


P.– Me han contado que cantabas con tres añitos, pero ¿cuándo cantaste por primera vez en público? R.– La primera vez que canté encima de un escenario fue en una feria de un pueblo cercano a Mollina, en Fuente de Piedra. Yo tenía por aquel entonces cinco añitos y canté junto al Lebrijano. Esa canción se la dediqué a mi padrino un cantaor del mismo pueblo, que se llamaba «El Chaquetas». Con esta edad, con cinco años cantaba tarantos, fandangos, bulerías, soleá… P.– ¿De dónde te viene a ti todo este arte? R.– Lo he mamado en mi casa. Mi madre Salud es cantaora, mi padre guitarrista acompañante de grandes maestros como, José Parra, Remedios Amaya, Duquende, José Mercé y muchos más. A mis hermanos también les gusta cantar. Nosotros somos cuatro hermanos y a todos nos gusta mucho el cante y el baile flamenco. P.– ¿Quieres dedicarte a la música, al flamenco y vivir de ello? R.– Sí, es lo que más me gustaría, yo he nacido para cantar, poder dedicarme a ello sería hacer mi sueño realidad y el de mi familia. P.– ¿Has participado en concursos, galas o programas de tv? R.– Si, primero estuve con Juan y Medio en Canal Sur, luego con Teresa Rabal en dos ediciones de Veo, Veo, creo que en los años 2008 y 2009, y en una de ellas quedo finalista con el conocido Abrahán Mateo.

En 2010 participé en el programa de Mi Primer Olé, dirigido por Paco Lobatón y presentado por Pastora Soler y de jurado David de María, Ricardo Pachón, Matilde Coral, entre otros. En ese programa le he hecho coros a José Mercé, he cantando con Pastora Soler, David de María, con Navajita Platea, Antonio el Pipa, etc. He ganado el 2º premio del Concurso Jóvenes Flamencos en Alcalá del Valle, yo tenía 10 años y los demás concursantes 20. He participado en muchos certámenes y he recibido numerosas muestras de apoyo de figuras consagrados como Fosforito. P.– ¿Qué es lo que más admiras de un cantaor flamenco? R.– El estilo, que transmita, que haga que se te coja un pellizco en el alma, que tenga fuerza y sentimiento. P.– ¿Cómo es tú día a día? ¿Ensayas a diario? R.– Pues, cómo el de cualquier otro chico de mi edad, con la particularidad de que no ensayo, aunque siempre estoy cantando. P.– ¿Que palos tocas cantando? R.– Bulerías, tangos, tientos, alegría, soleá, seguidillas, fandangos, fandangos de Huelva, las cantillas....

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P.– ¿A parte del Flamenco que música te gusta? R.– Me gusta mucho Alejandro Sanz, Rihanna, Michael Jackson, Beyonce... Pero lo que más me gusta es el flamenco, para mí no hay nada igual. P.– ¿Cómo se sienten tus padres con todo esto? R.– Mis padres están contentos y me apoyan en todo, ellos se siente orgullosos de mí y les gustaría ver cumplido mi sueño de ser un gran cantaor. Lo que ocurre es que lo han pasado mal porque hemos tenido una pésima experiencia con mi representante, con la que teníamos numerosos contratos firmados por toda Andalucía, pero que al final no se han cumplido por problemas con ella. P.– ¿Has tenido alguna escuela en la que hayas aprendido? R.– Mi casa, mi madre, mi padre y la música que he escuchado desde que nací. P.– Si alguien se quiere poner en contacto contigo, ¿cómo puede hacerlo? R.– No tengo representante como he dicho anteriormente, pero me pueden localizar en mi pueblo, en Mollina, o preguntando en el Ayuntamiento, allí le podrán decir como ponerse en contacto conmigo y mi familia.


Detrás del objetivo Es un nuevo espacio que se abre en nuestra revista con la intención de recoger aquellas miradas que, tras un objetivo, ejecutan la acción de capturar un momento, un tiempo o un espacio desarpecibidos para el común de los paseantes.

Gustavo Fernández Ruiz Gustavo Fernández Ruiz nació en1961 en Villanueva del Trabuco. Cursó los estudios de E.G.B. en el colegio local López Mayor y se trasladó a Málaga para realizar el bachillerato en el colegio de los Hermanos Maristas, de marcado carácter religioso, del que nunca participó. Estudió magisterio. Actualmente desarrolla su labor docente en el colegio Ntra. Sra. de Monsalud de Alfarnate, pero, previamente, fue en el CPR Las Palomas de Alfarnatejo, donde encontró su plenitud como maestro y constató que «la escuela soñada existe». Aficionado desde joven a la fotografía, revelaba sus fotos en blanco y negro en un adaptado cuarto oscuro de casa y, desde joven, fue un apasionado viajero, que ha recorrido en los últimos años, junto con su inseparable amigo y maestro fotógrafo Joaquín Nebro, países como Pakistán, Yemen, India, Nepal o Irán.

Una fotografía no se toma, se hace (A. Adamds)

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Imágenes del más allá venidas. Inundan nuestras vidas. Proponen, ilusionan, evocan, emocionan, impactan, confunden, agitan conciencias, provocan… Escandalizan las morales más conservadoras

Catálogos de experiencias capturadas. Testigos literales que nos sitúan en lugares en los que posiblemente no hayamos adivinado. Colecciones de mundos en archivos, registros de imágenes comprimidas. Frágiles. Efímeras. (Textos del autor)

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Pequeñas representaciones a escala del mundo. De los mundos. Del nuestro. De lo que vemos. De lo que somos. Como si no supiésemos que nos es imposible ver más allá de nosotros mismos

Exposición, nitidez, ruido, definición, corrección del color, última versión 5.0. Captura perfecta de motivos y modelos que perecen en el camino. Devoción a la impresión perfecta

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Espacios oníricos de colores y líneas intentando el apunte de secretos confesables

DNG, negativos digitales, copias virtuales de instantes que ya no existen

¿Qué miramos? ¿Qué tenemos derecho a observar?

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Posesión, invasión, infracción, distorsión… Realidad, acuerdo tranquilizador de los grupos

Ventanas del alma. Entrada y salida al unísono


Pruebas incontestables del pasado. Inmortales. Encuadres, recortes, manipulaciones, argumentos concluyentes... Objetividad. Captura de la verdad. Verdad: quimera de la conciencia

Miradas dispersas que de repente convergen en el reflejo del cristal que protege la silenciosa mirada del otro. Complicidad, canales de comunicaci贸n impl铆citos


ROCK & ROLL

personajes

EN LA PLAZA DEL PUEBLO Juan Antonio Mateo

En esta ocasión no es una persona sino un grupo musical de Villanueva del Rosario el que ocupa la sección que dedica nuestra revista a dar a conocer y a reconocer los méritos ajenos. En ella, su líder, Juan A. Mateo nos ofrece una semblanza de lo que ha sido la escena del pop y el rock en Villanueva del Rosario en las últimas décadas, vertebrada a través de la trayectoria de su propio grupo HONDONERO y del ROCKSARIO FESTIVAL.

Grupo Hondonero en el año 2000 y carátulas de sus discos 154


La música siempre ha formado parte de las vivencias de cualquier pueblo, con la llegada del rock en las postrimerías del pasado siglo, y su influencia en la juventud a nivel mundial, era difícil que éste no tuviera su reflejo en el devenir de nuestra localidad. En Villanueva del Rosario la movida de los 80 tuvo un buen reflejo y no era difícil ver en aquellos años crestas, melenas cardadas y tupes en crecimiento en cualquier fiesta o discoteca. De hecho algunos no paramos hasta que logramos formar nuestro primer grupo de rock después de haber asistido por la zona a conciertos de bandas como Siniestro Total, Loquillo, Rebeldes o 091, sobre todo en la cercana Loja que tenía una continua programación de conciertos. Así que después de fustigar a abuelos y padres e invertir parte de nuestros ahorros en guitarras y amplificadores dimos forma a la primera formación de HONDONERO BLUES. José M. Mateo (bajo), Jaime Cordón (batería) y el que suscribe a la guitarra y voz, nos estrenamos como trio el verano de 1987, con más actitud escénica que musicalidad, acompañando al grupo sevillano Dogo y los Mercenarios cuando la feria todavía se celebraba en el antiguo matadero. Después de grabar tres maquetas y de presentarnos por todos los antros, locales y concursos de la época (Muestra música Joven malagueña, Playa pop, Tívoli World, Cartuja Sevilla, etc.) logramos en cuatro años, con la formación consolidada como quinteto con el añadido de Jorge Mateo (guitarra rítmica) y Emilio Rueda (armónica y teclados), grabar nuestro primer álbum con el sello discográfico antequerano Cambayá Records, con el nombre de Tensión. Este fue editado únicamente en vinilo y su presentación nos lleva a actuar por las ferias y locales de media Andalucia y saltar a Valencia o Barcelona. También aquellos años viajamos bastante a Madrid para grabar alguna sesión en RNE– 3 y asistir a programas como Discópolis con José Miguel López, en discos posteriores volveríamos a programas como el Diario Pop de Jesús Ordovás e incluso en Disco Grande con Julio Ruíz, todavía en activo. Igualmente conseguimos aparecer en el primer recopilatorio «Screaming & Shouting» del sello Subterfuge Records de Madrid aportando una canción en directo grabada en la Facultad de económicas de Málaga en 1993. Ese mismo año y en base a los múltiples contactos que hicimos por toda España le propusimos a José Luis Carneros, alcalde por aquellos días, montar un festival

Hondonero Blues. Discoteca Skylab, Villanueva del Trabuco, 1987

Juan A. Mateo. Rocksario 2008 155


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con algunos grupos amigos que se ofrecían a actuar prácticamente por los gastos de desplazamiento y dimos forma a lo que fue el 1er. ROCKSARIO, nombre que se nos ocurrió jugando un poco con el nombre de la localidad. En aquella primera edición actuamos Hondonero Blues, Dr. Divago (Valencia), Pesadilla Electrónica (Almería) y unos jovencísimos Los Faltos —Francisco Serrán «el perote» (batería), Juan Carlos «Peña» (guitarra), El Pirri (guitarra), J. Carlos Díaz (bajo) y José Sillero (voz)— que supondría el inicio de la incesante cantera de grupos de rock que la población va poco a poco facturando. Dato anecdótico fue que durante este concierto una avioneta se estrelló en la sierra; nunca supimos si fue premonitorio. Poco a poco, y tras un tímido inicio, ante el moderado apoyo inicial, el festival se va afianzando y se logra que grupos de todos los pelajes y de toda España ocupen el escenario de la Plaza Blanca: Sidecars, Vikxie, Los Caracoles, Dr. Explosión, Los Canallas, Yoghourt Daze, Tabletom, Comando 9 mm, Killer Barbies, Hermosos Vencidos, La Selva Sur, Super Skunk, Smokers, Nonanoise, Uzzhuaia, etc. A mediados de los 90, se produjeron las primeras escisiones en Hondonero. La primera fue que optamos por abandonar el apellido Blues, pues cada vez avanzamos más hacia el rock más guitarrero y ya despistaba un poco; asimismo, por el camino se quedaban el batería Jaime Cordón, que curiosamente ingresa en la Guardia civil siguiendo la tradición

familiar, y el teclista Emilio Rueda que deja la banda. Con la incorporación del músico cordobés Antonio Jiménez, a la batería (Jazzpacho, el hombre gancho, Trilogy, etc.) y los hermanos Mateo, a los instrumentos de cuerda, enfilamos los 90 grabando dos álbumes más: Salto al Vacío (Submarine Records 1995) y Blacksouls Club (Sonic Titan, 1999). Sucede algún cambio más de baterista, que fue ocupada sucesivamente por los hermanos De Miguel (Félix y Carlos). El grupo se pasea prácticamente por todos los festivales malagueños de la época (San Pepe Rock, Rinkona Rock, Torrock, Rockbuznada, Archidona rock, etc.). Actuamos varias veces en la Caseta de la juventud de la Feria de Málaga y grabamos incluso varios programas para Canal Sur 2 TV Andalucía y los Conciertos de Radio 3 TVE2. Asimismo dimos forma a nuestro primer vídeo clip de la canción «Salto al vacío» que fues dirigido por Pedro Temboury, discípulo del cineasta Jess Franco y que posteriormente ha sido conocido por dirigir títulos tan descacharrantes como Karate a Muerte en Torremolinos o Ellos robaron la picha de Hitler. Con este vídeo clip pasamos incluso a formar parte de la lista de la cadena Sol Música durante todo el verano de 1997. Mientras tanto, con el apoyo de Encarna Martínez como alcaldesa, el ROCKSARIO vive sus momentos más multitudinarios a principios del nuevo siglo, además de servir de escaparate de la escena local, se nutre con potentes carteles como los de Barón Rojo, Ariel Rot, Pereza, Savia o El Koala que Tabletom en el VIII Rocksario

Barón Rojo en el VI Rocksario

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Ariel Rot en el IX Rocksario RxDxA en el XI Rocksario Pereza en el X Rocksario

logra el mayor «sold out» que ha conocido el festival, no dentro de la programación del festival también fue destacable la actuación de Quique González en el mismo escenario. La cantera musical de Vilanueva del Rosario se va ampliando, a Los Faltos les siguen Kharma con Osua Urresti a la voz y Gustavo «cholo» a la guitarra, entre otros, también, los mas prolíficos, RxDxA —Antonio Rico (voz), David Sillero (bajo), Alberto Henares «lata» (guitarra), José C. Pascual «El guay» (guitarra) y Tomás Mérida (batería)— en una onda cercana al punk y el rock urbano. Funcionando durante varios años, son habituales en los carteles del Rocksario y del Palmito Rock de Villanueva de la Concepción, logran grabar incluso una maqueta producida por Sergio Muelas (Estudios Atica), y obtener la segunda plaza en un concurso en Istán. Con la llegada del nuevo siglo y con un sonido más asentado, cercano al «power pop», Hondonero logró firmar un contrato con el sello barcelonés Flor y Nata Records, con los que editamos dos álbumes casi consecutivos: Señales (2006) y Zodiaco (2008). Con la canción «Señales» entramos en lista en la Radio fórmula de Canal Fiesta Radio llegando incluso al puesto 14, y editamos dos vídeo clips de cada álbum. La mencionada «Señales» dirigido por el británico Martin Ellerback y grabado con imágenes tomadas durante una actuación en la feria de Málaga y la canción «Sangre y Rosas» una adapta-

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ción al español de un tema del grupo norteamericano Smithereens, registrado un nevado fin de semana en Valencia bajo las órdenes de Jorge Blanco alias «Dr. Mongole», otro conocida figura del underground alternativo de la ciudad del Turia. Ni que decir tiene que la batería es el instrumento que más ha cambiado de intérprete en Hondonero y durante esta época fue ocupada sucesivamente por Manuel Ropero y José Quintana, ejerciendo este último también las labores de productor en los dos últimos trabajos citados. Curiosamente los dos últimos vídeo clips extraídos de nuestro último álbum, «Zodiaco» y «Crybaby», fueron dirigidos por Juan Martín García Burgueño, acá Martin XM, joven vídeo creador y DJ saucedeño que dirige asimismo su propio grupo de música electrónica, The Stelliumy. Con esta banda Martín ha sido finalista en los apartados de música electrónica de festivales como el Villa de Bilbao o Malagacrea rock, aunque su mayor hito ha sido conseguir el 1er Premio en el Certamen Caja Duero de música electrónica celebrado en Valladolid hace cinco años embolsándose 9.000 € con una sola canción «Shake It», cuyo vídeo clip fue ampliamente promocionado en multitud de canales televisivos. Martín sigue adelante con proyectos variados además de su faceta de DJ, actuando para miles de personas en festivales de música electrónica como el Creamfields.


Junto a Martin XM la nueva hornada del pop rock local se completa con Mil Historias que girando en torno a las composiciones de David Pérez son un quinteto de pop fresco y vitalista que acumula ya casi cinco años en activo en torno a David (voz y guitarra) Raúl Arjona «Rulo» (bajo y voz), José Rico «Franco» (batería), Alcalá (guitarra) y Miguel Jesús Lara (teclado). Sus canciones están físicamente plasmadas en un CD. que autoeditaron hace un par de años. Su música ha saltado incluso las fronteras autonómicas habiendo actuado en Barcelona y teniendo un vídeo clip de su tema estrella «Cambiar el chip» rodando por canales y webs. Otra formación que se ofrecía prometedora por su juventud y destreza musical desde sus primeras apariciones en público fueron Mr. Kat quinteto formado por José Antonio Cano (batería), Jesús Siles (guitarra), Miguel Jesús Lara (teclado) y Borja Mateo (guitarra), Alejandro Alcalá (bajista). Tras su disolución Miguel Jesús pasó a Milhistorias y Borja Mateo formó, junto a algunos amigos residentes en Villanueva de Algaidas, Monkey Wrench, cuarteto que desde sus inicios ha apuntado alto obteniendo la 2ª y 3ª posición en el certamen Malagacrea Rock del Ayuntamiento de Málaga, además de haber representado a Málaga en la Bienal del Mediterráneo celebrada en Ancona (Italia) el pasado mes de junio del 2013. Curiosamente la actividad musical de los jóvenes saucedeños también se ha hecho notar en otras comunidades, pues Juan Carlos Díaz (Ex Faltos) residente en Barcelona por motivos de trabajo, milita desde hace algunos años en el quinteto Scandal Kackson, donde también se integra el batería norteamericano Nicky Whithley (Ex Cherry Valance), a dicha formación se ha unido también recientemente Germán Ruiz, guitarrista de ascendencia saucedeña que también graba dos álbumes en Barcelona junto a formaciones como Nonainose o Caléndula. Está claro que para que un proyecto se mantenga vivo no ha de dejar de reinventarse y eso le ocurrió al ROCKSARIO FESTIVAL. Ante los coletazos de la crisis mermando el presupuesto, optamos por reconvertirlo en concurso de maquetas a nivel autonómico, proporcionando un incentivo económico nada desdeñable a las tres primeras posiciones; de hecho, las tres últimas ediciones han dado como ganadoras a The Milkyway Express (Sevilla), La Inesperada Sol Dual (Córdoba) y los anteriormente mencionados Monkey Wrench que desde luego llegan pisando muy fuerte. Se ha ido creando un fuerte ambiente en torno al festival, entre los grupos maqueteros a la

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Martín XM

Los Faltos

Mil Historias


Hondonero en The Cavern, Liverpool. 21 de mayo 2009

búsqueda de una oportunidad, dando la impresión que tiene más repercusión fuera que dentro de nuestras fronteras locales. Tras la gira de presentación del ultimo álbum HONDONERO, conseguimos quizá lo que ha sido el hito de nuestra carrera, ser seleccionados para actuar el International Pop Overthrow (IPO), festival que anualmente se celebra en la localidad británica de Liverpool, allí nos desplazamos en mayo de 2009 para dar dos conciertos en THE CAVERN CLUB, mítico local popularizado por ser éste desde donde se lanzaron The Beatles, donde compartimos escenario con bandas de varias nacionalidades y comprobamos el calor del público británico. Asimismo y tras aquel salto internacional conocemos al vocalista escocés Gordon Mc. Kay, residente en Villanueva de Algaidas, y decidimos crear una banda paralela para versionear al grupo norteamericano Rem, del que somos grandes fans. El invento se llama Monster, y, con variados cambios de formación, lo hemos defendido por los escenarios de toda Andalucía. Actualmente, girando en torno a la formación de Hondonero, estamos preparando la edición de un nuevo trabajo en un nuevo proyecto musical en el que hemos incorporado a las voces a David Pérez en una onda más cercana al rock sureño y al rhythm & blues, que hemos denominado The 59 Sound, formación que ya hemos presentado en Málaga, la pasada Navidad, en salas como la Caja Blanca y de la que pronto habrá novedades. Asimismo el ROCKSARIO celebró en el 2014 su XX Aniversario; con ello esperamos que el evento esté en consonancia con esos veinte años apoyando el rock y la música joven. Para cerrar este repaso, y esperando que les haya sido interesante e ilustrativo, quisiera comentarles que toda la videografía mencionada en este artículo está alojada en canales como Youtube, por lo que no hay más que utilizar cualquier buscador para acceder a ella y disfrutar con nosotros.

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Bebieron de nuestras fuentes jose Manuel Martos Aguilera

JOAQUÍN CIFUENTES DÍEZ La estancia de Joaquín Cifuentes Díez en Villanueva del Trabuco transcurre en la década de los 70 del siglo pasado, concretamente desde octubre de 1973 hasta octubre de 1978, años cruciales en la última etapa de la historia de España, en los que se produce la muerte del dictador Francisco Franco, y en consecuencia se concatenaron una serie de reformas sociales propias de la transición hacia una democracia. Eran tiempos difíciles por lo arraigadas que, en muchos sectores sociales, se encontraban aún las formas de vida propias de la etapa que terminaba.

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D. Joaquín durante el desarrollo de sus funciones como párroco


la parroquia una denuncia ante la Inspección de Trabajo por las precarias condiciones laborales que concurrían, y ante las presiones del empresario para eludir las consecuencias de la misma, Joaquín dio las pertinentes explicaciones al pueblo justo al final de un funeral muy concurrido (lógicamente tras pedir autorización a la familia doliente), lo que fue muy bien acogido por la mayoría de los asistentes. Y otro, cuando estaba en construcción la nueva carretera de Granada–Málaga; como quiera que el propietario de un tractor subcontratado en la obra buscara un maquinista (para arrastrar el vibrador) y Joaquín lo oyera, inmediatamente se ofreció a tal requerimiento, pero ante la objeción de que había que trabajar unas 16 horas, manifestó que no había problema y allá que realizaron la tarea él y su compañero Paco Soto, hasta que al tercer día el jefe de la obra los despidió sin justificación alguna, pese a que el capataz manifestara que «eran muy buenos trabajadores, que se no paran ni para beber ni orinar». La parroquia de Villanueva del Trabuco estaba adscrita a la Vicaría de Zona de Antequera, teniendo por lo tanto Joaquín una estrecha relación con los demás curas de esa zona: Benito Acosta, Pepe Durán, Bonifacio Guzmán y otros muchos, además de los tres con quienes convivía en Archidona, conformando un amplio grupo que, abiertamente y de manera incondicional, desde primera hora apostaron decididamente por potenciar los movimientos ciudadanos tendentes a posibilitar la transformación de la sociedad. Esta actitud tan comprometida, sin duda, les acarreaba con frecuencia serios quebraderos de cabeza. De hecho, en algunas ocasiones se veían involucrados en procesos que acababan en los tribunales. En esa época, El Trabuco, como todo el país, experimentó una serie de cambios cruciales, no en vano se estaba dando el paso de la dictadura a la democracia, y en estos cambios Joaquín tuvo mucho que ver. Promovió y apoyó, «con ese arte especial que posee para comunicarse», como apunta en

José Antonio Arjona, Pepe Triniá, Joaquín Cifuentes, Manolo Pichimingo y Enrique Gémar

Procedía del pueblo granadino de Arenas del Rey (antes había estado en Riofrío y Montefrío) y llegó al nuestro para ocupar la vacante de párroco que dejara Santiago Paz Florido. Durante su estancia en Villanueva del Trabuco residió en Archidona con sus compañeros de comunidad (Manuel Hernández, Pedro Ramírez y Paco Soto), aunque permanecía en El Trabuco gran parte del día en una vivienda propiedad de la parroquia situada en calle Andalucía y posteriormente en la actual residencia parroquial de la Plaza de la Iglesia, que precisamente él recuperó para hacer, además de la vivienda, los locales parroquiales que hasta entonces no existían. Eran tiempos en los que, «tras el Concilio Vaticano II, surgió una serie de curas, atípicos, más laicos que clérigos, más cercanos al pueblo que a la sacristía» (Francisco Soto, El pueblo me hizo cura). En el caso que nos ocupa, este tipo de curas con los que trabajaba Joaquín, agrupados por zonas y coordinando grupos de cristianos comprometidos con los movimientos sociales que empezaban a surgir en los pueblos de la comarca, apostaron fuerte por la transformación de la sociedad propiciando la llegada de los ansiados cambios que se vislumbraban cercanos pero que, inevitablemente, tenían que hacer frente a numerosos sectores reacios a cualquier movimiento que implicara el menor atisbo de evolución, y que trataban de evitar con, a veces, una contumacia desmedida. Sirvan como referencia dos hechos significativos que quizá alguien pueda recordar. Uno, el conflicto en la fábrica de conservas de tomate existente en el pueblo; un grupo de trabajadoras firmaba en

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su libro Francisco Soto, todas las iniciativas tendentes a la participación democrática, tanto en las instituciones públicas (intervenciones en las sesiones de plenos del Ayuntamiento, resurgir de los sindicatos, incipiente formación de los primeros grupos políticos locales…) como en el fomento del movimiento cooperativista (la Unión del Pan, una de las primeras cooperativas que se organizaron en la comarca). Coincidió su etapa en el Trabuco con el cese como alcalde de D. Jorge López Mayor y su sustitución por D. José Casado, aunque cuando dejó el pueblo sólo se habían celebrado las primeras elecciones generales y aún no se habían convocado las municipales, elecciones estas últimas que con tanta ilusión se esperaban por la mayoría de los trabuqueños y, según nos informa Joaquín, un amplio colectivo del pueblo pidió que liderara una candidatura a la alcaldía, petición que declinó porque no lo consideraba compatible con su ausencia del pueblo, pues ya trabajaba en la asesoría de CCOO en Málaga. Como muy bien relata su compañero y amigo Francisco Soto en el mencionado libro El pueblo me hizo cura: «Cuando marchó Joaquín, después de cinco años, el pueblo, en general, lo sintió profundamente por haber sido una persona muy atenta, bien preparada, con una amplia visión de futuro, canalizadora y promotora de proyectos. Las

autoridades políticas, educativas… acudían a él solicitando su consejo y opinión en cuestiones de interés general. Una de las muchas y buenas cualidades que tenía era la capacidad de saber estar tanto con personas bien preparadas como con la gente más sencilla. Pero sobre todo le echaron de menos y sintieron su ausencia el grupo de personas al que le inyectó la capacidad de reflexión, análisis y búsqueda. Su trabajo fue realmente ejemplar y dejó huella en quienes le trataron». En octubre de 1978 abandona El Trabuco sucediéndole en el cargo, tras una brevísima estancia de otro sacerdote, el también inolvidable Bonifacio Guzmán, amigo y compañero de Joaquín de aquellos tiempos ya comentados. En la nueva etapa que iniciaba en su vida personal, fijó su residencia en Málaga trabajando como abogado laboralista para la Confederación Sindical CCOO. Más tarde se trasladó a Granada donde continuó como abogado de este mismo Sindicato hasta comienzos de 1984, fecha en la que le propusieron dedicarse a la RASSSA (hoy Servicio Andaluz de Salud), lo que aceptó llevando asuntos de dicha institución hasta finales de 2008. Compaginando con esta actividad, en 1988 montó con otros compañeros afines de CCOO un despacho de abogados que a día de hoy aún continúa en funcionamiento, pese a que él ya se encuentra jubilado desde enero de 2013. Actualmente reside en la pedanía de Ambroz, perteneciente al municipio de Vegas del Genil, en la vega granadina cercana a la capital, donde a sus 70 años se dedica a la lectura, el ejercicio físico moderado, gozando de buena salud y recordando sus años de El Trabuco como una de las mejores etapas de su vida.

D. Joaquín en la actualidad

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sugerencias

¿QUÉ LEER? Fulgencio Martos Aguilera

LINDA BRASIL

Alicia Marchant

De los cuatro libros que les sugerimos en esta sección uno es Linda Brasil, cuya autora es Alicia Marchant Rivera, nacida en 1974 de padre madrileño y madre trabuqueña. Actualmente es profesora de la Universidad de Málaga. Para localizar, en parte, la temática de esta novela, sobre todo para los trabuqueños que ya rondan o superan los sesenta, voy a empezar por relatarles una anécdota acaecida en 1982. Y es que el mundo es un pañuelo, sí señor. Definitivamente. Creí haber nacido en un lugar insignificante, recóndito, ignoto. Pónganle ustedes los adjetivos o sinónimos que se les ocurran. En mi niñez, oía a mis paisanos mayores de cierto talante intelectual, acomplejados porque un ministro franquista nos tildó de catetos con su desacertada elocución : «Tan español es un madrileño como un cateto de Villanueva del Trabuco» — más o menos eso dijo el político en su afán de medirnos con el mismo rasero a todos los habitantes de la piel de toro—, decir que teníamos que cambiarle el nombre al pueblo, que por qué no se solicitaba a la autoridad competente que fuera sustituido por el de Villanueva del Guadalhorce era evidente que estaba fuera de lugar. Hoy día, todos los habitantes del lugar estamos orgullosos de su nombre. En el citado año 1982 visité la hoy extinguida URSS. Estuve en Leningrado. Posteriormente he vuelto al mismo lugar pero ya con el nombre de San Petersburgo. ¡Qué curioso! Villanueva del Trabuco no cambió el nombre y Leningrado sí! Pues bien, en mi primera visita a la ciudad rusa coincidí con un grupo

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de valencianos y uno de ellos me preguntó que de dónde era. No quise decirle el nombre de mi patria chica ya que supuse que sus conocimientos toponímicos no alcanzarían a conocer el lugar de mi nacimiento. Le contesté que era de Málaga. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me respondió que él era valenciano y que estaba de vacaciones en Valencia pero que vivía en Sao Paulo (Brasil) y que conocía a una familia de Villanueva del Trabuco, la familia de Salvador Rivera. Por los años cincuenta del siglo pasado había venido a nuestro pueblo, a su pueblo, a Villanueva del Trabuco, Salvador Rivera. Vino con toda su familia: su esposa, sus hijas Linda y Rosa Mari y su hijo Salvador —Salvadorsiño— como le decían sus padres y como lo nombrábamos nosotros. Yo era de su edad y nos hicimos amigos. Se establecieron en casa de Antonio Rivera, hermano de Salvador, donde permanecieron más de un año. Salvador había hecho fortuna allende los mares y se permitió una temporada sabática en su pueblo de origen. La familia aportaba al ambiente rural trabuqueño de mediados del siglo XX un toque exótico y de admiración. En la sociedad pacata de aquel entonces las maneras de comportarse de los brasileños causaban escándalo. Linda, la mayor, era objeto de críticas en los sermones del párroco a su feligresía dominical. Sus escotes y desnudas espaldas no podían ser tolerados por la iglesia tridentina tan viva desde la postguerra. De manera indirecta era señalada desde el púlpito como poco observadora de la normativa moral de nuestra comunidad local. Era a su vez objeto del deseo de los más destacados miembros masculinos de la juventud local. Pues bien, de esta mujer brasileña, Linda, y de su familia, que pasó por nuestro pueblo y de la que me hablaron en Rusia, trata este libro, escrito por una sobrina de primos hermanos suya. Desde la cercanía familiar y conocedora de los pormenores de la vida de Salvador Rivera (en el libro, Lorenzo) y de los hábitos de su familia, compaginando la historia y su fantasía creadora, nos habla Alicia Marchant en su novela Linda Brasil.

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Por los años cincuenta del siglo pasado había venido a nuestro pueblo, a su pueblo, a Villanueva del Trabuco, Salvador Rivera.


sugerencias

¿QUÉ LEER?

Todo lo que era sólido

Antonio Muñoz Molina nació en Úbeda el 10 de enero de 1956. Miembro de la RAE; actualmente está considerado como uno de los mejores novelistas en español. En 1986 publicó su primera novela, Beatus Ille, aunque el reconocimiento le llegaría con el Premio de la Crítica por El invierno en Lisboa (1987), obra que también recibió el Nacional de Literatura. Beltenebros (1989) dio a conocer a Muñoz Molina al gran público gracias, sobre todo, a la adaptación cinematográfica que realizó Pilar Miró en 1991. En Beltenebros se aprecia con claridad la influencia del género negro en la obra del autor. En ese mismo año también ganó el Premio Planeta por El jinete polaco, lo que supuso el espaldarazo definitivo a su carrera literaria. En 1997 publicó Plenilunio,  también llevada al cine en el año 2000 por Imanol Uribe. La noche de los tiempos (2009) es una de sus obras más recientes. Ha recibido distintos premios además de los mencionados, como el Ícaro, el Crisol o el Euskadi de plata. En 2013 recibió el galardón del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, como reconocimiento a toda su carrera. Después de algún tiempo, con Todo lo que era sólido (Seix Barral, 2013), Muñoz Molina ha vuelto al ensayo como forma de expresión literaria. Y vuelve con manera propia de escribir, de forma directa y apasionada. Por mi parte, como he dicho en alguna ocasión, desde que tomé en mis manos El invierno en Lisboa, en noches que olían a perfume de jazz y de mujer fatal, ya no he podido dejar de leer a Muñoz Molina: de forma tan leal y casi compulsiva que me dediqué durante años a confeccionar una tesis doctoral sobre su obra. Tan sólo en una ocasión he tenido que dejar de leer una obra suya: fue con la novela La noche de los tiempos y sólo fue un breve desencuentro transitorio.

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De ahí que me permita subrayar lo que ha sido una constante en su poética desde que comenzó a publicar artículos en el Ideal de Granada: una huella continua en su literatura que a mí me gusta llamar su «civismo laico», presente tanto en su faceta de ensayista como en su ficción de novelista y cuentista. Y si hay un ejemplo claro de lo anterior es este ensayo, que hoy nos ocupa, que gira alrededor de la cacareada crisis. En Todo lo que era sólido, Muñoz Molina, desde este prisma que nunca ha abandonado de compromiso responsable con la sociedad de su tiempo, no deja títere con cabeza en esta España camisa nueva de mi esperanza. Porque es muy fácil echar la culpa de todos nuestros males a políticos y banqueros, pero no sólo han sido ellos sino la inmensa mayoría de un país la que ha vivido por encima de sus posibilidades. Es más: no se habría llegado «tan lejos sin la indiferencia, la claudicación o incluso la adhesión de sectores amplios de la ciudadanía, y menos aún sin la mezcla de negligencia profesional, militancia sectaria y disposición cortesana de una parte de los medios informativos». Y quizás todo comenzó con la euforia de la Expo del 92: metáfora cuasi perfecta de lo que magistralmente Muñoz Molina define como «la predilección por el acontecimiento excepcional y no por el trabajo sostenido durante mucho tiempo; el triunfo del espectáculo sobre la realidad». Después de unos cuantos años de democracia seguimos sin respetar al que no piensa como nosotros. Seguimos ahondando más en lo poco que nos diferencia a las «naciones» españolas que en lo mucho que nos une. Más aún, seguimos detrás de banderas ideológicas rígidas y forzadas. Como bien dice el de Úbeda, en España te quedas solo «por haber llevado la contraria a algún mandamiento en la ortodoxia del propio bando sin la menor intención de pasarte al bando contrario»; por ser, por ejemplo, un homosexual que detesta el desfile del día del Orgullo Gay o ser un conservador que se declara ateo o simplemente laico. Es precisamente en esta cuestión religiosa donde, después de siglos, «era urgente una pedagogía visual que marcara la separación educada y tajante entre la religión y la vida cívica»; sin embargo, y para muestra un botón, no hay más que echar un vistazo a la última reforma educativa del ministro Wert. No obstante, que esta crisis ponga en evidencia lo mucho que nos queda por andar no debe ser óbice para resaltar al mismo tiempo todo lo que hemos conseguido: una sistema educativo, sanitario y de pensiones que se aprecia mucho

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Por eso, ahora más que nunca, ahora que se tambalea «todo lo que era sólido», es necesario la unión y el pacto…

más si vives un tiempo —como nos ha ocurrido a Muñoz Molina y al que suscribe— en países tan potentes en lo económico como los mismísimos Estados Unidos. «Lo que para nosotros era inusitado, para nuestros padres y nuestros abuelos había sido inimaginable: lo mismo que para nuestros hijos ha sido casi tediosamente normal y sólo ahora está en peligro». Por eso debemos ser conscientes de lo que hemos conseguido y conservarlo. Porque no podemos dejar de reconocer, y no podemos perder a científicos, empresas, deportistas, artistas y profesionales que son apreciados, valorados y respetados en cualquier parte del mundo. Y sin embargo, también eso se cuestiona ahora. Por eso, ahora más que nunca, ahora que se tambalea «todo lo que era sólido», es necesario la unión y el pacto: «la clase política ha dedicado más de treinta años a exagerar diferencias y a ahondar heridas, y a inventarlas cuando no existían. Ahora necesitamos llegar a acuerdos que nos ahorren el desgaste de la confrontación inútil y nos permitan unir fuerzas en los esfuerzos necesarios». La vuelta a una sosegada alegría colectiva, a la ilusión, al futuro, no depende sólo de los políticos y de los banqueros. Todos, desde nuestra sencilla y humilde posición, debemos echar una mano, porque son respetables y admirables, porque necesitamos a «todos aquéllos que han amado lo que hacían y han ejercitado su profesión con sentido del deber y conciencia de que estaban contribuyendo en algo al bienestar común». Y en todos ellos está la solución. Y para ello necesitamos pensadores como Muñoz Molina, mentes independientes que nos destilen todo lo bueno que hay que conservar y todo lo malo que hay que desterrar en nuestra sociedad, mentes que se merecen, con solidez y con justicia, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Aunque sólo sea, como diría Camus, para tener la tranquilidad de saber que las tardes perfectas de septiembre seguirán sucediendo cuando nosotros no estemos. No todo ha sido unanimidad. Algunos le echan en cara que por qué no criticó el despilfarro cuando era época de vacas gordas, cuando él era director del Instituto Cervantes en Nueva York, nombrado por el gobierno socialista que tanto critica en este ensayo. A este comentario hay que decir que antes que este ensayo, Muñoz Molina ya critica la falta de civismo y la superficialidad y derroche del gasto público: en muchos artículos y desde hace muchos años. Pero no hay que darle más importancia. Desde el primer momento, en un país que no suele comprar ensayos en las librerías, Todo lo que era sólido se ha vendido como rosquillas, y más aún desde que a Muñoz Molina le ha sido concedido el Premio Príncipe de Asturias. Porque no cabe duda, por encima de todo, de que el hecho de que este libro se lea, e incluso de que a Muñoz Molina le concedan este premio, no dejan de ser síntomas de esperanza. Cuando tengan un rato, échenle un vistazo a este libro. No se arrepentirán.

Jaime Aguilera. Autor de la monografía Novela policíaca y cine negro en la obra de Muñoz Molina.

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MÁLAGA, PARAÍSO PERDIDO

¿QUÉ LEER?

Alejandro Nateras Mejías Se trata de un ensayo publicado en 2010 por la Fundación José Manuel Lara en el que Antonio Soler (Málaga, 1956) utilizando recursos narrativos cercanos a la novela, reconstruye siglo y medio de la historia de Málaga, desde los comienzos del XIX, inicios de la industrialización malacitana, hasta el comienzo de la Guerra Civil. En esta obra, el autor de El camino de los ingleses, con una prosa agilísima, refleja con pesimismo un periodo de la historia malagueña, como si de un gran fresco social e histórico se tratara, una panorámica llena de crueldad e ingratitud de los llamados pudientes, las clases dirigentes, caracterizadas por el desdén y el uso de la fuerza contra la debilidad de las clases que estaban a su servicio. La anterior narrativa de Antonio Soler tiene continuación en este libro, dado el carácter urbano de su obra que, en este caso, se traslada a la vida y a la historia de esta ciudad para observar y conocer cómo se vivía, se trabajaba y cómo se moría, tal como dice Albert Camus en la cita que precede al texto. Soler nos ofrece datos, reflexiones, lugares, paisajes y paisanajes como es propio de su literatura. El libro consigue tener un efecto revulsivo en la memoria de todos los lectores que hayan visitado o vivido en la capital y en otras zonas cercanas, como la Axarquía, ayudándoles a viajar en el tiempo, la más de las veces perdido en cuanto a las grandes posibilidades que tuvo Málaga de ser mucho más grande en la historia de este país y más generosa con sus habitantes y ciudadanos. Argumenta los errores cometidos por los poderes en las distintas épocas. Las consecuencias contra gentes anónimas con las que nos identifica, haciéndonos compartir, sufrimientos, alegrías y heroicidades. Libro para no perderse y comprender la Málaga contemporánea, en la que son evidentes el legado y los vestigios de aquella época soñada, casi un manual de historia maravillosamente contada, ilustrado con evocadoras fotografías interiores que ya se anuncian en su melancólica y alegre portada. Un libro sobre nuestros ancestros más próximos para nuestra descendencia.

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Antonio Soler. Foto: Gonzalo Cruz


sugerencias

¿QUÉ LEER? En el umbral del caos Javier Navarro publica su primera novela de ciencia ficción La Agencia Central de Inteligencia norteamericana ha desarrollado un proyecto de control mental humano. En su afán de dominar a las masas Allen Patrick ha conseguido que Christopher y Ashley, dos brillantes psiquiatras, viajen al sur de España para continuar con la investigación de lavado de cerebro, pero algo ha fallado: La lobotomía que se le ha practicado a José, junto al tratamiento con Chrispromazine —el nuevo fármaco experimental de Christopher— han disparado el desarrollo intelectual del paciente, cuya mente divaga ahora entre

los delirios propios de un enfermo de esquizofrenia paranoide y la brillantez de un cerebro cinco veces superdotado. Desquiciado y genio, sumergido en un mar de confusas realidades José comienza a investigar los terribles sucesos que, según cree él se están llevando a cabo en el Medical Center San Renó. La novela se sitúa en el Género Fantástico, con buenas dosis de novela Negra, Policíaca y de Terror, donde el ámbito Médico cobra especial relevancia, sobre todo la Medicina Neuronal. El Narrador Omnisciente nos cuenta una historia compleja, donde el Caos del propio título no solo afecta al entorno psiquiátrico sino a la propia estructura de la novela: mundos reales e imaginados que se superponen sin orden, con saltos adelante y atrás, y hasta supuestos saltos en el tiempo, hasta que al final todos los cabos se unen y el puzle queda resuelto.

Javier Navarro Vegas nació en Villanueva del Trabuco, Málaga, el 14 de octubre de 1988. Estudió Magisterio en la Escuela de Magisterio María Inmaculada de Antequera. Ejerció la docencia en la Escuela de Educación Infantil Gerardo Fernández y en la Escuela de Educación Infantil Los Cien Caños. En la actualidad trabaja como maestro en la Escuela Taller Los Villares IV de Villanueva del Trabuco, donde vive y disfruta de sus aficiones: la música, el cine y la literatura.

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¿QUÉ VISITAR? Mollina, donde se cruzan los caminos

Carmen Fernández

Mollina, en la llanura de la comarca antequerana, es lugar de encuentro desde tiempos remotos. capaz de concentrar

Hoy en día, es a miles de jóve-

nes de medio mundo y a centenares de pensionistas británicos.

En

la umbría

de sus bodegas atesora el mosto con

Málaga, y la excelencia del aceite hojiblanca. denominación de origen

sugerencias 171


Foto: José Miguel Rojas Mejías

El caserío de Mollina, en la comarca de Antequera, se extiende como una balsa de aceite sobre una de las pocas llanuras que conforman la provincia malagueña. Sus casas blancas se alinean en calles y plazoletas de aire limpio, con parques y jardines que sorprenden por lo artístico de la poda: bandadas de patos, ciervos que retozan sobre el césped, elefantes… Quien derrocha tanto talento es el jardinero del Ayuntamiento, que cuida de las plantas como si fuesen macetas, y que es capaz de modelar los setos como si se tratara de arcilla. Mollina es un pueblo en calma, apenas hay pendientes. Sus travesías se suceden sin sobresalto, excepto la arteria principal que cruza la localidad de este a oeste, que asciende por la calle Real hasta la plaza de la Constitución, el punto más alto de Mollina, para luego desmayarse con suavidad por la

Un pueblo en calma Foto: Mari Trini Delgado Gallegos

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Convento de la Ascensión s.XVIII

Jardines

y calle Real

calle Carreteros, camino de la sierra. En esta recoleta plaza, a escasos cuatrocientos ochenta metros de altitud, es donde Mollina inició su andadura para convertise en municipio independiente. Sus viviendas comenzaron a edificarse, en el siglo XVI, en torno al llamado Cortijo de la Ciudad. Hoy este cortijo, «el edificio más antiguo de Mollina», es también conocido como el Convento de la Ascensión, porque en él se instalaron las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones, una congregación religiosa fundada en Antequera a finales del siglo XIX que atendía a enfermos y ancianos abandonados. Pepe Fausto, con más de ochenta años cumplidos, las recuerda muy bien. Fue, durante mucho tiempo, monaguillo en la iglesia de enfrente: Nuestra Señora de la Oliva. Tras su sencilla portada de cal y albero, la parroquia de Mollina esconde una sólida construcción

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Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva

de arcadas, muros blancos y techumbre de madera. Pepe mira divertido las tirantas del oscuro artesonado mudéjar, sobre las que él anduvo como un equilibrista durante los trabajos de rehabilitación, en los que hizo de carpintero. Pepe Fausto ha desempeñado muchos trabajos en su larga y trajinosa vida, pero de lo que más presume es de ser «el ciclista más veterano de España». Su pasión por la bicicleta le lleva, aún, a recorrer decenas de kilómetros al día, con una vitalidad y un físico envidiables. La iglesia de Nuestra Señora de la Oliva, antes de San Cayetano, se edificó en el año 1687. Existen numerosas placas de cerámica junto al altar mayor con puntual información sobre su origen, las reformas sufridas en el tiempo, y sobre sus benefactores. Entre ellos destacan los primeros Condes de Mollina. Sus restos mortales descansan bajo la fría losa

de una cripta, en una recogida y lúgubre capilla junto a la cabecera del templo. Como contrapunto, un caudal de luz inunda el espacio del baptisterio, encerrado bajo una coqueta cúpula de finas yeserías barrocas que acentúan la sensación de claridad. En su centro, la pila bautismal, labrada con la piedra cárdena del Torcal de Antequera, se protege con un popular lebrillo de cerámica que recuerda a los usos de antaño, cuando había que acarrear agua desde la fuente. En el centro de la plaza de la Constitución, remodelada hace pocos años, canta el agua de una fuente de piedra que es homenaje y añoranza de otra en la que los vecinos de Mollina pasaron muchas horas yendo y viniendo. Se trata de La Fuente, sin más, un solo nombre que contiene la intensidad de aquellas vidas esforzadas, de mujeres y hombres animosos,

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canta el agua de una fuente de piedra…

vides y olivos…

Foto: Mari Luz Gallegos Cebrián

que cargaban con pesados cántaros y canastos de ropa. «Se tiraban todo el día aquí, llenando agua y lavando», recuerda Juan frente a los cuatro surtidores por donde mana el agua con un vigoroso sonido de manantial. Juan, consumado periodista y escritor, desgrana con precisión aquellas escenas que vivió siendo un niño, como si esbozara el capítulo de una de sus trepidantes novelas, en las que la existencia de sus protagonistas se desboca como lo hace el agua por los fríos caños de metal. La tierra en Mollina es intensa y es roja. Las vides se alinean desnudas en la llanura, tapizan las suaves colinas y, entre ellas, emergen los cortijos blancos, con olorosas bodegas donde duerme y fermenta el vino del terreno. Aquí, en Mollina, se produce el ochenta por ciento del mosto con el que se elaboran los vinos de la Denominación de Origen

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Málaga. «El mosto es como la harina para hacer el pan», afirma Iván, que trabaja en la Sociedad Cooperativa Andaluza Virgen de la Oliva, fundada en el año 1977. De estos primeros tiempos se conserva una bodega de enormes contenedores de hormigón, con sensuales bocas de carmín por las que transpira el perfume de un millón de litros de vino, listo para consumir. En esta cooperativa vitivinícola, hay años en que se molturan más de cuatro mil kilos de uva de diversas variedades. La «doradilla» es la variedad autóctona, una vid espigada de la que brotan generosos racimos de uvas con sutiles reflejos dorados, pero que cada vez es más escasa. Otro fruto, la aceituna, le está ganando terreno poco a poco, de forma inexorable. Sin embargo, el olivo no es extraño en Mollina. Al igual que la vid, lo introdujeron las viejas civilzaciones del Mediterráneo para servir


de ungüento, de fuente de luz, de medicina, de extraordinario alimento... Es la variedad hojiblanca la que predomina en estos campos, un olivo menudo cuyas hojas de color gris plata contrastan con el intenso cárdeno de la tierra. La Cooperativa Virgen de la Oliva también produce aceite y aceitunas de mesa que obtiene de estos ejemplares de apariencia frágil pero de gran resistencia, capaces de producir uno de los mejores aceites de oliva virgen extra del mundo. Cada septiembre, coincidiendo con la época de vendimia, Mollina se viste de fiesta para celebrar el milagro conseguido por el tesón y la voluntad de todo un pueblo. En apenas veinticinco años esta localidad, duramente golpeada por la emigración, se ha colocado a la cabeza de la innovación, con la cosecha y creación de novedosos caldos de gran calidad, acreedores de importantes reconocimientos y no pocas dedicatorias. En la Bodega de Crianza, donde duerme el vino con Denominación de Origen Málaga en barricas de roble americano, se pueden leer algunos de estos panegíricos, procedentes de personalidades relevantes como Rafael Alberti, Antonio Gala, Fernando Quiñones, o Rosa Regás, entre otros. «Cuando el vino es una obra de arte es que se crió en Mollina», deja escrito para la posteridad Luis Eduardo Aute, con trazo firme y blanco sobre la madera oscura de los toneles. Los retazos de vides y olivos extienden un alegre tapiz a los pies de la sierra de Mollina, conocida como La Camorra. El macizo montañoso, que apenas alcanza los ochocientos metros sobre el nivel del mar, se alza, sin embargo, como un potente faro capaz de iluminar hasta cinco provincias. A pesar de su nombre, La Camorra es un paraje amable, salpicado de frondosos pinos y acebuches que dejan paso, en las alturas, a una maraña de bolinas, aulagas y matas de romero. Sobre el suelo pedregoso se agazapa el musgo como en un belén, y en primavera, abren las flores amarillas de la retama y las trompetas violetas de los narcisos silvestres. Debió de ser un edén para los primeros pobladores que se establecieron en la zona y que han dejado como testigo inexcusable de su presencia enigmáticas pinturas

olivos y vides…

Foto: Miguel Delgado Pozo

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sobre las paredes de sus múltiples cavernas. La Camorra cuenta con más de treinta cavidades catalogadas y exploradas, un verdadero paraíso para los espeleólogos que celebraron aquí uno de sus campeonatos. La sierra de Mollina invita a la práctica del deporte al aire libre, y ya se está preparando para organizar la final del Campeonato de Orientación de Universidades y Colegios. Son muchos los senderos, caminos y veredas que la recorren. Algunos de ellos incluidos en la Gran Senda de Málaga, una reciente iniciativa de la Diputación malagueña que consiste en el diseño y promoción de un recorrido circular, por pistas de montaña y vías pecuarias de la provincia, con casi setecientos kilómetros de longitud. Antes de dirigirse a la laguna Fuente de Piedra, la Gran Senda cruza por el Nacimiento de Santillán. El agua de lluvia que atrapa en su interior la montaña, como si fuera una esponja, la deja correr libre en este hermoso y arbolado paraje, donde los vecinos de Mollina se congregan el segundo fin de semana de mayo para celebrar la romería de su patrona, la Virgen de la Oliva.

Ermita Virgen de la Oliva

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La Capuchina

Capiruzón

Berdún

Portichuelo


Próximo a este bucólico lugar está el «verdadero origen de Mollina». Se trata de las ruinas de un asentamiento romano del siglo III d.C. que hace sospechar la presencia de muy antiguas civilizaciones en el suelo de la localidad malagueña. No en balde, está situada en «el centro geográfico de Andalucía», «en una encrucijada de caminos», como apunta Inmaculada, bibliotecaria y archivera del Ayuntamiento. Desde este enclave, conocido como Castellum de Santillan, partían corredores subterráneos en diferentes direcciones, que llevaban a las temibles legiones romanas hacia el campo de batalla, en un desesperado intento por defender las fronteras caducas del imperio más poderoso de Occidente. Sus cimientos de piedras grises, acosados por la hierba y el musgo, se alzan sobre otros más antiguos y que corresponden a una época, el siglo I d.C., en la que sus pobladores aún vivían felices en la abundancia del campo, dedicados al cultivo del aceite y la vid.

Parque Santillán

Mausoleo La Capuchina

Castellum Santillán

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Estas ruinas, cargadas de historia, parecen simbolizar como ninguna otra cosa el «cruce de caminos» del que hablaba Inmaculada. Un «encuentro entre civilizaciones», que ha señalado a Mollina con una cruz, como en los mapas del tesoro. Quizás por eso, sea aquí, en Mollina, donde se dan cita cada año más de diez mil jóvenes de diferentes países europeos y americanos. El Ceulaj, Centro Eurolatinoamericano de Juventud, es un catalizador de las inquietudes juveniles de medio mundo, donde se reúnen para debatir e intercambiar puntos de vista sobre la violencia de género, la xenofobia o promover campañas contra el sida, por ejemplo. Para ello cuenta con diez hectáreas de increíbles instalaciones y servicios, dotadas con las últimas tecnologías de la información. «Es como un hotel de lujo para los jóvenes», afirma Miguel, que conoce bien el Ceulaj. Miguel fue su cocinero antes de trabajar como concejal en Mollina. En principio iba a ser una cárcel en régimen abierto para menores, pero el pueblo no lo consintió, se echó a la calle, movió Roma con Santiago, «y consiguió darle la vuelta a la tortilla» dice Miguel. El mismo príncipe Felipe fue a inaugurarlo en el año noventa y dos. Y, poco después, se celebraba en el Ceulaj el primer Campus Party de la historia, el acontecimiento de internet más importante del mundo. Las estancias de este centro juvenil se distribuyen en cuadrícula, en torno a espacios, rodeados de jardines, que son como los patios porticados de la antiguas villae romanas. Las calles arboladas, con nombres de países americanos, y las plazoletas de albero, nos recuerdan ya el primer uso carcelario para el que estaban destinadas.

Entrada edificio

Recepción

Alumnos

Croquis Instalaciones

Polideportivo

Espacio musical

Comedor

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Pista de tenis

Alumnado

Salita


Pero, Mollina no sólo es uno de los destinos favoritos de la juventud, también lo es para los ingleses de la tercera edad. En esta localidad hay censados alrededor de mil trescientos extranjeros, en su gran mayoría británicos, que gustan vivir a su aire en confortables mobiles homes. Las casas móviles son, más que una forma de hacer turismo, una filosofía de vida que aún no ha calado en nuestro país, pero que está haciendo furor en Mollina, donde ya existen cuatro residenciales de este tipo. La Viña Park es uno de ellos, con más de cien parcelas que se distribuyen en espaciosas avenidas, flanqueadas de pulcros jardines. Todo está pensado para que sus huéspedes disfruten del sol y el paisaje del sur, pero al más puro estilo bri-

tánico. En el amplio bar de La Viña, con inconfundible regusto a salón inglés, algunos jubilados ven la televisión en una gran pantalla. En el extremo opuesto, un escenario con focos multicolores da una idea de la presencia activa de esta gran comunidad de extranjeros, que en Viña Park disfrutan también de barbacoas, biblioteca y petanca. «Aquí no les falta de nada», dice David, uno de sus propietarios, que ha inventado un formidable sistema ecológico de aclimatación para la piscina del complejo. David, que ha sufrido en sus carnes los rigores de la emigración, trabajó durante muchos años en este sector, y ha sido uno de los primeros en realizar instalaciones de suelo radiante en Andalucía.

Viña Park

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Saydo Park

En Mollina hay más de un pionero, porque esto de las mobiles homes comenzó en el establecimiento Molino de Saydo, emplazado a las afueras del pueblo, junto a la autovía A–92. A este singular complejo hotelero, regentado por Fernando, su propietario, comenzaron a llegar los ingleses hace más de once años. Ahora cuenta con un gran parque residencial de casas móviles prefabricadas, en las que viven centenares de británicos. Tantos, que Saydo Park es conocido en el pueblo como la «little Gibraltar» o como el «barrio de los ingleses», y hasta el Ayuntamiento les ha puesto una parada de autobús. Aquí los británicos se sienten como

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en casa. Pueden, incluso, practicar de forma reglamentaria su deporte favorito, el bowling green, en la flamante pista que acaban de inaugurar. Un aficionado inglés revisa el perfecto estado de la extensa moqueta verde, sobre la que ruedan los bolos de color oscuro. La mira y remira satisfecho y, no sin esfuerzo, trata de explicar en qué consiste el juego del bowling green…, pero no le sale ni una palabra en castellano. Con el internacional y socorrido lenguaje de los signos, acaba señalando con los dedos de sus manos los diez años que lleva viviendo en el Saydo. En verdad, nada les falta en Mollina, nada echan de menos.


ASOCIACIONISMO

El club de raqueta VILLA–TRABUCO es la asociación deportiva más joven de Villanueva del Trabuco. José Manuel Martos Aguilera

Escuela de tenis

Su creación se gesta en otoño del año 2010. El entonces concejal de Deportes del Ayuntamiento Emilio Frías, convocó varias reuniones con vecinos del pueblo que practicaban deportes de raqueta o que habían sido alumnos de escuelas de pádel y tenis en municipios cercanos al nuestro, para plantearles la posibilidad de crear un club deportivo que aglutinara estas modalidades deportivas, y que se encargara tanto de la gestión de las instalaciones deportivas de El Pilón como de dinamizar estos deportes entre los habitantes del pueblo. Como resultado de estas reuniones, el 11 de febrero de 2011 se celebró, en la Casa de la Cultura Pablo Ruiz Picasso, una Asamblea General para tratar de la constitución del club, del nombre, de los estatutos, así como la elección de la primera Junta Directiva encargada de consolidar la institución en los cuatro años siguientes. Club de Raqueta Villa Trabuco fue el nombre de la asociación. La Junta directiva, con algunos cambios desde su fundación, está constituida por Sergio Tirado, Jorge Aguilera, Antonio Palomo, Cristóbal Moreno, Juan Carlos Toledo y Francisco Ropero. De los 26 socios del primer año, el club amplió su masa social hasta los 70 socios de la actualidad. Los beneficios que adquieren las personas que pasan a formar parte del Club de Raqueta Villa Trabuco, como socios, son variados y van desde diversos descuentos, como los aplicados en los precios del alquiler de pistas, en los torneos y actividades que organiza el club y en las clases de pádel y tenis, hasta los regalos de ropa de-

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Escuela de tenis

portiva que hace el club todos los años a sus socios; incluyendo la posibilidad de asistir a todas las actividades que se organicen exclusivamente para ellos. El club cuenta, desde el primer momento, con unas instalaciones deportivas en la urbanización El Pilón adecuadas para la práctica del pádel y del tenis. Cuentan estas instalaciones, enclavadas en un entorno polideportivo, con dos pistas de pádel, dos de tenis, unos vestuarios y un cuarto para el material deportivo del club. Durante el trienio 2011–2013 han sido muchas las actividades que ha ido organizando el club, destacando, entre otras, las dos ligas de invierno de tenis y de pádel; dos ediciones del torneo de pádel Sierra Norte de Málaga, convirtiéndose en todo un referente dentro de la zona; el primer torneo de tenis infantil con la participación de más de 30 tenistas menores de 15 años; la consolidación del día del desayuno del club en el que todos los socios reciben su carnet para la presente temporada, ropa deportiva y participan en las actividades planificadas para ese día; la celebración de un interclub con el club de tenis Tricolia de Loja; y, lo más importante, la promoción y divulgación del tenis y del pádel entre la población de Villanueva del Trabuco para que estas prácticas deportivas, hasta ahora muy minoritarias, se consoliden y alcancen una posición distinguida entre los deportes más practicados en nuestro pueblo. Quizás sea de esto último de lo que más orgullosa se sienta la actual junta directiva, según declara a nuestra revista su secretario Cristóbal Moreno, al comprobar el crecimiento continuo que han ido experimentado las prácticas del pádel y del tenis, destacando, en especial, la cantidad de niños y mujeres que juegan habitualmente. Como dato relevante, se puede destacar que fueron más de 2.500 las personas que pasaron por las instalaciones deportivas de El Pilón durante el año 2012. La práctica intensiva del pádel durante los últimos años, dado el amplio número de aficionados practicantes, ha producido el lógico deterioro del césped de sus dos pistas, ocasionando, como consecuencia de ello, el fin de la vida útil

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Socios

Trofeos de tenis

de la superficie del suelo de ambas. Por consiguiente, para poder seguir disfrutando de unas pistas decentes, ha sido imprescindible su sustitución. La acometida de esta tarea se les escapaba a la junta directiva por el volumen de su presupuesto, por lo que han tenido que abordarla con la inestimable ayuda del Ayuntamiento de Villanueva del Trabuco, no en vano la inversión alcanzó los 7.500 €. Los proyectos de futuro en los que está trabajando el club de cara a los próximos años están centrados en las mejoras necesarias a acometer en las pistas de tenis, que pasan por la ampliación de sus fondos y la conversión de una de ellas en una pista de tierra batida; la construcción de unas gradas en las pistas de pádel y la mejora de los vestuarios. Estas mejoras en las instalaciones servirán, sin duda, de oferta y de promoción para ampliar el número de personas que practiquen tanto el tenis como el pádel, al abrirlos a otros sectores de la población que no pueden ejercer estos deportes de pista dura y, al mismo tiempo, hacerlos más atractivos, ya que se trata de deportes un tanto complicados que requieren de continuo entrenamiento para poder ejercitarlos regularmente. También será importante consolidar y hacer crecer los torneos de carácter anual que vienen celebrándose, aumentado la participación y que la Escuela de Tenis y Pádel continúe aumentando el número de alumnos y de horas de clase, para que los tenistas y padelistas sean cada vez más numerosos en nuestro pueblo, en el que hace unos años no existía esta interesantísima oferta deportiva.

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MOLLINA COLOR DE VINO

economía

Auxiliadora Díaz Romero

«Vuestro vino es estimulante, generoso, perfumado, dulce y a veces seco. Es decir, como un beso. Oscila desde el color topacio más claro hasta ese espeso color ámbar más oscuro. Aquí en Mollina, vosotros habéis conseguido el milagro de Caná en veinticinco años. En veinticinco años – usque ad summun— producís más del ochenta por ciento de los caldos de Málaga. Es por ese esfuerzo de amor y de entusiasmo, por esa embriaguez del trabajo, de la alegría y del gozo y de la paz que la sostiene, por lo que estoy aquí». Pregón de Antonio Gala, 1990

Mollina es un pueblo situado en el centro de Andalucía. Sus tierras, por lo general, son orográficamente poco accidentadas, con la excepción de la llamada Sierra de la Camorra, que tampoco presenta importantes desniveles. Salvo esta sierra, cubierta principalmente por vegetación de monte bajo, el resto del municipio está ocupado por campos de olivar, cereal y viñedo, de los que se extraen los afamados vinos que han conseguido no hace mucho la denominación de origen Málaga. Mollina es un pueblo con sabor y aroma a vino que festeja a la recogida de los frutos de la tierra con una singular Feria de la Vendimia, a principios del mes de septiembre, pregonada por ilustres personalidades del mundo de la cultura española, que enaltecen esta tierra, a su gente y, por supuesto, sus vinos. Mollina es un pueblo que vive principalmente de la agricultura, del cultivo del olivar, de la vid y, en menor medida, de los cereales. También es importante el sector industrial que ha contado, desde siempre, con empresas relevantes como las que se dedican a la fabricación de colchones y celulosa, entre otras. En relación al viñedo, se ha de señalar que a través de su Cooperativa Virgen de la Oliva y de las distintas bodegas, Tierras de Mollina, La Fuente y La Capuchina, se ha logrado producir el 80% de los vinos de Málaga.

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COOPERATIVA VIRGEN DE LA OLIVA La Cooperativa Virgen de la Oliva es una de las más dinámicas de la comarca, a pesar de estar fundada no hace mucho tiempo, a finales de los setenta. Cuenta con cinco secciones: vitivinícola, aderezo, almazara, suministros y crédito. La Cooperativa Virgen de la Oliva está integrada en el Grupo Hojiblanca, en las secciones de almazara y aderezo y en la red de tiendas DCOOP. Actualmente el número de socios está en torno a 900 entre activos y colaboradores. En el año 2010 se dio un nuevo impulso a la cooperativa con la construcción de un nuevo edificio de uso comercial y administrativo. almazara

La sección de almazara se creó en 1989. En esa fecha se molturaron 3.000.000 de kilos de aceituna. Actualmente, la media de molturación es de 6.000.000 de kilos. Esta sección cuenta con dos líneas de extracción continua en dos fases, que permiten molturar diariamente hasta 380.000 kilos de aceituna, en una campaña en la que se produce una entrada de aceituna cercana a los 6 millones de kilos. Todo el aceite molturado por la cooperativa es comercializado por el Grupo Hojiblanca.

Vitivinícola La sección vitivinícola fue la primera que se creó en la cooperativa en el año 1977 con 17 socios. Comenzó con una capacidad de almacenamiento de 1.200.000 litros. Hoy tiene cabida para 7.000.000 de litros y 400.000 kilos de capacidad de molturación diaria. Actualmente se molturan 4.000.000 de kilos de uva de las variedades P.X., Moscatel de Alejandría, Moscatel morisco, Syrah, Tempranillo, Airén y Doradilla. El mosto, una vez elaborado, se almacena en depósitos especialmente construidos con fermentación controlada, donde el maestro de bodega realiza su tarea minuciosamente para obtener los vinos de excelente calidad.


TIERRAS DE MOLLINA Es en Mollina, al norte de la provincia en la comarca de Antequera, donde se produce, como ya se ha dicho, el 80% de estos vinos ancestrales por la riqueza de sus tierras, colmadas de esencias y matices. Son 844 hectáreas de viña las que la S.C.A. Virgen de la Oliva, única cooperativa vitivinícola de Málaga y perteneciente al Grupo Hojiblanca, trabaja con mimo durante todo el año para hacer de la vendimia una fiesta de aromas, texturas y colores.

Aderezo La sección de aderezo se creó en segundo lugar en el año 1987 con una capacidad inicial de 1.000.000 de kilos. Actualmente tiene una capacidad de almacenamiento de 6.500.000 kilos y cuatro líneas de descarga. Se elaboran dos tipos de aceitunas: en salmuera y aceitunas cocidas. Una vez que las aceitunas han pasado un proceso de selección, se almacenan en fermentadores subterráneos para ser retiradas. Toda la aceituna de aderezo es comercializada por el Grupo Hojiblanca.

Suministros Esta sección cuenta con una tienda de productos fitosanitarios y repuestos agrícolas, una tienda de alimentación y un surtidor de combustible. En el año 2006 entró en funcionamiento el surtidor de combustibles de gasóleo A, gasóleo B y gasolina sin plomo 95. La tienda de alimentación está incluida en la red de tiendas DCOOP. Esta red de tiendas se crea por el Grupo Hojiblanca con el objetivo de establecer una imagen común en todas las cooperativas y rentabilizar los productos de los socios. La Cooperativa cuenta con un servicio de telefonía el cual ofrece grandes ventajas a las personas que lo contraten tales como llamadas gratis e importantes descuentos en las tarifas. Está en funcionamiento desde el año 2011.

Hablar de las TIERRAS DE MOLLINA es hablar de naturaleza, elegancia y riqueza de aromas. Sol y tierra se funden en una tradición vitivinícola que se remonta al siglo VIII a.C. con la llegada de los fenicios a las costas malagueñas. Desde que éstos iniciaran el cultivo de la vid junto a grupos autóctonos de la región, el arte del vino se ha ido enriqueciendo consecutivamente con cada imperio reinante en la península (griegos, romanos, árabes…), que han ido sumando experiencia a la producción de lo que hoy conocemos como los exquisitos vinos de la provincia de Málaga. Es en 1933 cuando aparece el primer consejo regulador en España, el de la Denominación de Origen Málaga. En 2001 aparece publicado el cuarto reglamento del consejo, donde se reconocen la D.O. Málaga (para vinos dulces y de licor) y la D.O. Sierras de Málaga (para vinos tintos, blancos y rosados), dos denominaciones de origen para dos estilos de vino diferenciados. Tierras de Mollina nace en 1993 realizando una labor de investigación y desarrollo en los viñedos, sembrando múltiples variedades tintas con el objeto de descubrir las variedades que mejor se adaptaban a las características climatológicas.


BODEGA CORTIJO LA FUENTE

Desde Tierras de Mollina hemos apostado por la calidad y la innovación y cinco prestigiosos premios internacionales nos lo reconocen: 1. Carpe Diem Málaga añejo: Medalla de oro en la Berliner Wein Trophy (Alemania) 2. Carpe Diem Málaga trasañejo: Medalla de oro en los premios Baccus (España) 3. Gran Medalla de Oro del Concurso Mundial de Bruselas (Bélgica) 4. Montespejo Cepas Viejas: Medalla de oro en Lyon (Francia) en su primer año de vida. 5. Montespejo tinto roble: Medalla de bronce en Lyon (Francia)

Ubicada a la entrada del pueblo, a pie de carretera, es una empresa familiar dedicada al cultivo de la vid y a la elaboración de vinos con D.O. Málaga y Sierras de Málaga. Para ello cuenta con 16 hectáreas de viñedo, con una edad media de 40 años y con cuatro variedades de uva: Moscatel Morisco, Pedro Ximén, Cabernet Sauvignon y Syrah. La Bodega Cortijo La Fuente es un ejemplo del afán de renovación, de vinos genuinos, de viñedos propios, con vendimias manuales y minuciosas, elaborando de forma natural, cuidando y mimando los vinos, para aportar prestigio y excelencia a nuestros productos, y seducir los sentidos de los consumidores.

Estos reconocimientos deben ser el detonante de la convicción de todo un pueblo, que sabe que la apuesta por la calidad es el único camino posible en la comercialización de vinos.

Su objetivo es elaborar vinos genuinos, singulares, distintos, con personalidad propia como son sus extraordinarios productos: BLANCO AFRUTADO. BLANCO PEDRO XIMÉN. TINTO CRIANZA. PEDRO XIMÉN SOLERA. MONTES SOLERA. GRAN SOLERA. NATURALMENTE DULCE. En definitiva, vinos de alta calidad a buen precio; ejemplo de ello fue la gran acogida que tuvieron el Crianza 2010, que se agotó rápidamente, al igual que el tinto Roble 2011. Próximamente saldrá a la venta el crianza 2011. El vino ha traído placeres y consuelos a la humanidad y los continúa aportando. Sirve para aguzar el espíritu de invención, para facilitar las relaciones entre las personas y para aumentar algo que es importantísimo, como es la confianza en la vida. cortijolafuente@terra.es


BODEGA Y VIÑEDOS DE LA CAPUCHINA La Bodega y Cortijo La Capuchina se encuentra al norte de la comarca de Antequera, a 14km de la población de Mollina. Su ubicación al pie de la Sierra de La Camorra, con orientación noreste, le confiere un microclima especial, más lluvioso y menos caluroso que el de la cercana vega. La finca, eminentemente agrícola, dedicada al cultivo del olivar y viñedo, posee además un cortijo centenario que perteneció a la orden religiosa de los monjes Capuchinos, pasando a manos privadas durante la desamortización. La edificación al estilo de los grandes cortijos andaluces ha sido restaurada casi en su totalidad respetando el estilo por sus actuales propietarios. La bodega situada en lo que fue la antigua almazara del cortijo esta dimensionada para elaborar unos 40.000 litros, aunque la producción actual es de 20.000 botellas. Todas las dependencias de la bodega se han enmarcado en la estructura del antiguo edificio. La superficie de viñedo engloba variedades blancas como Pedro Ximen, Doradilla, Moscatel de Alejandría y Moscatel de grano menudo, mientras que entre las tintas destaca Cabernet Franc y Syrah acompañadas de Merlot, Cabernet Sauvignon y Petit Verdot.

Los vinos que actualmente se encuentran en el mercado son: Capuchina Vieja tinto, D.O Sierras de Málaga. Variedades Cabernet Franc y Syrah principalmente, completado con de Merlot y Cabernet Sauvignon. 12 meses de crianza en barrica de 2/3 roble francés y 1/3 roble americano. Capuchina Vieja Moscatel Seco, D.O Sierras de Málaga. Blanco de Moscatel de Alejandría 100%. Capuchina Vieja Sol, D.O Málaga. Naturalmente Dulce de Moscatel de Alejandría, asoleado al estilo tradicional de Málaga. Primera añada 2008. El logo y dibujos de las etiquetas de Capuchina Vieja forman parte de las pinturas rupestres neolíticas que se encuentran en las cuevas de la Sierra de La Camorra. www.bodegalacapuchina.es info@bodegalacapuchina.es.

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poemas de cierre Gerásimo Arjona Bautista

El 31de enero de 2014, el humorista gráfico Forges publicó una viñeta dedicada a Félix Grande que decía: «cuando un poeta se va, sus amigos somos más pequeñitos» y respondía el otro personaje: «mucho más». Cuando cerrábamos esta revista en ese aciago mes, eran tres grandes seguidos los que se fueron: los Premios Cervantes José Emilio Pacheco y Juan Gelman, mejicano y argentino, y el español Félix Grande. Tres pinceladas de recuerdo para ellos. Cuando, con motivo de la entrega del Premio Cervantes a J. E. Pacheco, le dijeron que era uno de los mejores poetas en lengua española, respondió: «Pero si ni siquiera soy uno de los mejores de mi barrio. ¿No ven que soy vecino de Juan Gelman» . Los dos vivían en el barrio de La Condesa de la capital mejicana. Félix Grande, Premio Nacional de Poesía, abandonó la guitarra por el flamenco y la poesía, era un incondicional de Camarón y de Carmen Linares. Sin más, sus palabras.

Oración de un desocupado. Juan Gelman

Padre,      desde los cielos bájate, he olvidado  las oraciones que me enseñó la abuela,  pobrecita, ella reposa ahora,  no tiene que lavar, limpiar, no tiene  que preocuparse andando el día por la ropa, no tiene que velar la noche, pena y pena,  rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente. Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces, que me muero de hambre en esta esquina, que no sé de qué sirve haber nacido,  que me miro las manos rechazadas, que no hay trabajo, no hay,                     bájate un poco, contempla  esto que soy, este zapato roto, esta angustia, este estómago vacío, esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre  cavándome la carne,   este dormir así,  bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido  te digo que no entiendo, Padre, bájate,  tócame el alma, mírame  el corazón, 

yo no robé, no asesiné, fui niño y en cambio me golpean y golpean,  te digo que no entiendo, Padre, bájate,  si estás, que busco  resignación en mí y no tengo y voy  a agarrarme la rabia y a afilarla  para pegar y voy  a gritar a sangre en cuello porque no puedo más, tengo riñones y soy un hombre,             bájate, qué han hecho de tu criatura, Padre?             un animal furioso que mastica la piedra de la calle?

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Alta traición.

José Emilio Pacheco No amo mi patria. Su fulgor abstracto es inasible. Pero (aunque suene mal) daría la vida por diez lugares suyos, cierta gente, puertos, bosques de pinos, fortalezas, una ciudad deshecha, gris, monstruosa, varias figuras de su historia, montañas —y tres o cuatro ríos.

Del árbol de los tiempos. Félix Grande

Del árbol de los tiempos nos hemos desprendido bajo todo un sistema de galaxias de años; y ahora estamos mirándonos y nos vemos extraños igual que dos océanos que se hubieran unido; hemos viajado tanto, es tan hondo el misterio de coincidir, y amarse, desde vías tan remotas; aún estamos buscándonos en el tiempo: dos motas de polvo de ciprés tanteando un cementerio; nos estamos mirando como dos aves pobres, lastimados de vuelo, lastimados de espacio, lastimados del tiempo que nos ha estado viendo; nos estamos mirando lo mismo que dos sobres cerrados el uno frente al otro que, despacio, se van abriendo, se van abriendo, se van abriendo.

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Fotografía de Gustavo Fernández Ruiz

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desde el Alto Guadalhorce Publicación anual. Año IV. Nº 4 mayo de 2014

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