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Domingo 28.02.10 LAS PROVINCIAS

Sobrevivir en la calle

LOS SIN TECHO

Ochenta personas duermen cada día entre cartones en Valencia La mitad de los sin techo sufren adicciones y un 33%, problemas mentales

JOAQUÍN BATISTA JESÚS SIGNES � jbatista@lasprovincias.es

«Mi familia se rompió por la cocaína y el alcohol. Esto me ha llevado a la calle» Luis pasó 13 años en la cárcel. Ahora lleva casi dos meses sin ver a su hijo. Es natural de Ondara La droga tuvo mucho que ver en la ruina de Luis, conocido por todos en el barrio chino como Luisito. «Mi familia está rota por la cocaína y el alcohol», dice. Sus adicciones le han separado de su mujer y su hijo. «A la calle me han llevado el alcohol y la cocaí-

na, aunque coca ya no consumo. En 2003 empezó la historia», explica para relatar un complicado episodio familiar, en el que su suegra le echó de casa. «Entonces yo ya tenía problemas con el alcohol», continúa. Se fue junto a su mujer y su hijo, que

VALENCIA. La crisis de los grandes debates políticos no existe a pie de calle. No en la calle de los sin techo, donde lo realmente importante es el bocata que una mano caritativa pone en tu boca o el cartón de vino que nace juntando céntimos. Su crisis es existencial y vie-

viven con un familiar. «Mi hijo es lo que más quiero en el mundo», dice. «Ahora llevo un mes y tres semanas sin verlo. No quiero que me vea así», señala con gesto serio. Para ganarse la vida, se la busca. «Si se va un coche, ayudo a aparcar. Si el conductor me da un pavo me voy al Consum y me compro un litro de vino, una cerveza...lo que dé. Y cuando tengo hambre me busco la vida y me apaño con mis amigos», señala. Estuvo 13 años en la cárcel. «Fue un homicidio imprudente tras una pelea en un bar. Me arrepentiré toda la vida», sentencia.

ne de lejos, espoleada por problemas familiares, mentales y adicciones. Los que asisten a los que menos tienen confirman el perfil. No hay más población indigente porque se desacelere el consumo y las grandes financieras hagan ‘crack’. Es de los pocos sectores de la pobla-

ción que no han notado la crisis, pues viven inmersos en una crisis continua. Protagonizan el último escalón de la pobreza, por debajo de los miles de beneficiarios de la Casa Caridad, que el pasado jueves dio a conocer un informe demoledor: las atenciones en el comedor aumentaron un 143% en 2009, algo que no se vivía desde la posguerra. Según los datos del Centro de Atención a la Personas Sin Techo de Valencia (CAST), cada día duermen en la calle 80 personas. Muchos son viejos conocidos de los tra-

«Me iba bien hasta que conocí a alguien con quien no debí juntarme» Miguel, con 58 años, se apaña entre cartones desde que ya no pudo pagarse el piso. Nació en Barcelona El caso de Miguel es diferente a simple vista, pero similar en el fondo. Alcohol, drogas, y en este caso, malas compañías terminaron de definir el futuro de este catalán de nacimiento que llegó a Valencia con la idea de hacer fortuna. «Acabé aquí

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porque monté una sala de fiestas muy popular. Trabajé con gente importante. Me iban muy bien las cosas en Valencia», dice. En este punto empieza a torcerse su relato. «Conocí a una persona que no tenía que haber conocido. No un socio, sino

una pareja. Dejamos la sala y quisimos hacer un negocio juntos en el barrio chino. Y fue lo peor que pudimos hacer», señala. Una nube de tristeza cubre su rostro. «Todo esto mezclado con drogas: heroína, cocaína, alcohol, de todo. Montamos un negocio de transformistas. De chicos que se vestían de mujer. Y no fue bien», señala. Lleva un año en la calle. «Tenía un piso en Alaquàs antes de ‘caer’ en la calle. No tenía otra, no podía pagarlo. No sabía qué era la calle. Es mucho más duro de lo que imaginaba», concluye.

bajadores sociales. «Es población crónica, la mayoría muy conocida y con un nivel de marginación muy alto», explica Inma Soriano, directora del centro. Se trata de uno de los recursos que actualmente funciona en Valencia, y trabaja tanto la atención en el local como a pie de calle a través de los llamados X4, patrullas de la Policía Local cuya labor es acompañar y asesorar a los sin techo, y cuando lo consienten, trasladarlos a albergues. «Un elevado porcentaje de personas sufren problemas mentales

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son los sin techo que duermen por las calles de España. En Valencia, la mejor aproximación es la que ofrecen los servicios que les atienden directamente, que hablan de alrededor de 80 personas que pernoctan en cajeros o en parques.

Un millón de pobres Los transeúntes suponen el escalón más bajo de la pobreza,

«No sé si mi familia sabe cómo estoy, pero necesito ayuda para salir de aquí» María del Pilar comenzó su calvario cuando murió su marido. Es drogadicta. Antes vivía en Madrid La vida que María del Pilar construyó con su marido se derrumbó como un castillo de naipes por un cáncer que la dejó viuda. Lleva más de siete años entre cartones. «Vine de Madrid con mi marido, que trabajaba como escayolista. Él murió hace

siete años», relata entre sollozos. «No encuentro nada. Me siento tirada. Toda mi familia está en Madrid», apunta cuando se le pregunta por si recibe alguna ayuda. «Además, no sé si saben cómo estoy. Hace mucho que no hablo con ellos», espeta. «Ne-

aunque mucha más población sufre graves problemas económicos. Un millón de valencianos vive por debajo del umbral de la pobreza.

Comida garantizada En Valencia existen recursos suficientes para procurarse un sustento. Casa Caridad, Obra Mercedaria o Misión Evangélica disponen de servicios de comida (la primera) y desayuno (las dos segundas) completamente gratis y abiertos a todos.

cesito una ayuda, que me lleven a algún sitio donde pueda mejorar y salir de esto», confiesa. Acaba de dejar el hospital, donde fue tratada de una sobredosis. «Me metí cinco gramos», dice sin pestañear. «Consumo coca, anfetas y trankis». El dinero lo saca de su pensión de viudedad, según explica. «Todo vino tras la muerte de mi marido. Desde entonces no encuentro nada para salir adelante». Lo único es la compañía de su grupo de la calle, que se resguarda en el parque situado junto a las torres de Quart de Valencia.

y también adicciones», continúa Soriano, lo que ha motivado que desde 2009 cuenten con una gabinete sanitario que incluye médico, ATS y psicólogo. «Aunque a veces sólo quieren que les escuchen. Hay que abordar el problema desde lo sanitario y desde lo social. Si no, no sirve de ayuda», concluye. Según la Concejalía de Bienestar Social de Valencia, un 33% de las personas sin techo padece trastornos mentales, y alrededor del 50% presentan dependencia al alcohol y las drogas. Otro de los recursos

puestos en marcha por el Ayuntamiento es un local de baja exigencia situado en el centro y que abre las 24 horas del día, incluidos los fines de semana. Ofrece una atención básica y lo gestionan las Hijas de la Caridad y la Obra Mercedaria. Cáritas Diocesana también da apoyo. Dispone de un taller ocupacional donde ofrecen formación a los transeúntes, un piso para acompañarles en su reinserción, y además, realizan visitas de apoyo a aquellos más reacios a dejar la dura vida de la calle.

«Mi problema siempre ha sido el alcohol. Ahora me he vuelto a enganchar» Antonio, hijo adoptivo, ha contactado con su madre genética para pedirle dinero. Llegó desde Melilla Dos caminos se juntaron en la vida de Antonio, y acabaron llevándole hacia el frío y la soledad: su adicción al alcohol y los problemas familiares. Llegó con cuatro años a Valencia y asegura que a la calle le llevó «su familia». Se confiesa hijo adoptivo, y se-

gún su relato, tras la muerte de sus tutores se ha puesto en contacto con su madre genética, a la que le ha pedido dinero para poder renovar la documentación que le robaron. «Empecé a beber, y además, he sido homosexual toda la vida», señala, una op-

ción sexual que su familia no llegó a entender nunca. «Mi padre (adoptivo) murió cuando tenía yo 6 años y mi madre. Nieves. cuando yo tenía 17», comenta. Todo empezó tras el fallecimiento de esta. «Mi problema ha sido sobre todo el alcohol. He fumado porros, pero no he consumido cocaína u otras drogas. Ahora me he enganchado otra vez al alcohol», señala, antes de explicar que está a la espera de que le incluyan en un programa de desintoxicación. «Lo peor de la calle es la soledad, sin duda, el no tener a tu gente cerca», sentencia compungido.

En busca del ADN de los diarios

Vocento Regional Newspapers redesign, november 2009  

Vocento Regional Newspapers redesign, november 2009

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