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4 MÁLAGA

Jueves 28.01.10 SUR

La mala suerte se cruzó con Isabel Una mujer de 81 años muere al caerle encima una joven que se precipitó desde un octavo La chica, de 21 años, sufrió múltiples fracturas y una conmoción cerebral, de las que se recupera en el Hospital Carlos Haya

«Si no llega a caer sobre ella, la joven habría muerto; Isabel le ha salvado la vida»

:: JUAN CANO MÁLAGA. Isabel Ramos salió a dar una vuelta por el barrio. Como cada mañana. Como cualquier día. Pero, ayer, la mala suerte se cruzó en su camino. Al pasar por la calle Paco Miranda, una mujer que se precipitó desde una octava planta cayó sobre ella. Era una vecina del bloque de al lado. Dolores, una chica de 21 años con problemas sentimentales. Isabel murió en el acto. La joven se recupera en el hospital de varias fracturas y una contusión cerebral. La lluvia, que caía fina sobre la ciudad, no amilanó a Isabel. Cogió su paraguas y se colocó una bufanda para resguardarse del frío. En la mano llevaba una bolsa de la farmacia, aunque no salía de ella. Según los vecinos, iba a hacer sus recados. Aunque tenía los achaques propios de sus 81 años, Isabel se desenvolvía con soltura en su vida diaria. Estaba bien de salud. Faltaban unos minutos para el mediodía. Isabel dobló la esquina de su calle, el pasaje peatonal Rodríguez Berlanga, y empezó a pasear por la acera de Paco Miranda, en El Ejido. Su rumbo, sólo ella lo sabía. Por delante de ella caminaba un chico joven, el primero que la asistió. Las frondosas copas de los árboles sólo dejaban un hueco mínimo al aire libre. Isabel pasó justo bajo ese hueco en el mismo momento en que Dolores lo atravesó en su caída. El golpe se escuchó en casi todo el vecindario. Una joven estudiante que vive en el mismo bloque que la fallecida dejó los apuntes al oír el impacto. Su cuarto, en un segundo piso, da justo a la acera donde ocurrió todo. «Vi que la chica movía los ojos, pero ella –Isabel– no hacía nada. Vi que estaba muerta. Me asusté y me metí en casa. Yo había pasado por ese mismo sitio cinco minutos antes». Los empleados de la farmacia de Cristina Laynez, situada a escasos diez metros del lugar, salieron a la calle alarmados por los gritos que sucedieron al golpe. «Había una mujer agarrando de la mano a la señora mayor, y un joven atendiendo a la chica. Me quedé bloqueado. La fallecida es una clienta nuestra, todos la conocíamos», relata un boticario.

Sonido de los árboles

El mecánico Carlos Ariza, dueño del taller que lleva su apellido, contiguo a la farmacia, oyó primero el sonido de las ramas al quebrarse, y a continuación un ruido fuerte, seco. «Los árboles, y luego Isabel, debieron de amortiguar su caída. Vi que la chica estaba en pijama.Tenía el tobillo torcido, pero estaba consciente», dice. Dolores, la madre de la joven, no escuchó nada. Se había quedado dormida con el inhalador puesto, ya que

:: J. C. MÁLAGA. Encarnación González no daba crédito. Se enteró de lo ocurrido al ver los coches de policía y el revuelo de periodistas y vecinos. Su amiga Isabel Ramos, de 81 años, había muerto. «La conozco de toda la vida. La veía cada día al ir a la compra. Solía a darse sus paseos por el barrio...», comentaba la vecina, aún conmocionada por la noticia. Todos en el barrio coincidían en la mala fortuna que tuvo la mujer al pasar por la acera en el mismo momento en que Lola caía al vacío desde el octavo piso. «Si no cae encima de ella, habría muerto la joven. Isabel le ha salvado la vida», expresaba Encarnación.

«Su destino estaba ahí»

Familiares y allegados muestran su pesar junto al cuerpo de Isabel Ramos, cubierto por una sábana. :: SUR es asmática. Al despertarse, observó que la ventana estaba abierta y pensó que la lluvia iba a mojar los apuntes de su hija, que según los vecinos estudiaba para asistente social. Comprobó que la cerradura de la puerta estaba echada. Lola, como la conocen en el barrio, no había salido. La buscó por toda la casa, pero no la encontró. Entonces, volvió a la ventana y se asomó a calle. La policía ya había acordonado la zona. En la calle, los sanitarios habían conseguido estabilizar a la joven, que sufrió fracturas en un tobillo, en el codo y en las costillas, entre otras lesiones, según fuentes del servicio de emergencias sanitarias. Una uvi móvil del 061 la trasladó a urgencias del Hospital Carlos Haya, donde ayer a mediodía permanecía en observación, pendiente de evolución y diagnóstico. Por la tarde fue intervenida quirúrgicamente.

El suceso conmocionó a los vecinos de la calle Paco Miranda, en la zona de El Ejido La fallecida, que era muy conocida en el barrio, salió de casa para dar un paseo

El cuerpo de Isabel quedó tendido en la acera, cubierto por una sábana blanca. Junto a él, su paraguas negro, destrozado por la caída. Sobre la una de la tarde, la comisión judicial –jueza, secretaria y médico forense– procedió al levantamiento del cadáver.

Conocida en el barrio

Isabel y Lola eran vecinas. La fallecida residía en la cuarta planta del bloque 1 y la joven, en el octavo D del número 3 de la misma calle.Aunque tenía tres hijos, Isabel vivía sola desde que enviudó en el mismo piso que compartió durante toda una vida con su marido, Eloy, que murió hace años. Ambos regentaron juntos una tienda de comestibles en el local que hace esquina entre Paco Miranda y Manrique, que traspasaron al jubilarse. De ahí que todo el mundo la conociera en el barrio. Cuando el ma-

Lo mismo opinaba Victoria, que lleva toda la vida en el barrio y que conocía perfectamente a las dos mujeres. «Yo me mudé al barrio hace treinta años y ella –se refiere a Isabel– ya vivía aquí con Eloy, su marido. Es una tragedia. Ha tenido mucha mala suerte. Parece que su destino estaba ahí...», se lamentaba la vecina, que reside en la primera planta del número 3 de la calle Rodríguez Berlanga, el mismo bloque de Lola. La hija de Victoria, Mari Carmen Rodríguez, dio testimonio de que Isabel era una mujer muy querida entre los vecinos. «Había tenido una tienda, así que era muy popular. Hablaba con todo el mundo». trimonio se jubiló, traspasó el negocio. Ahora es una frutería. Lola vive con su madre, una mujer de mediana edad que también enviudó hace años. Ambas subsisten con la pensión que la progenitora cobraba y del dinero que enviaban los dos hijos mayores. «Ellos ayudaban a pagar los estudios de la hermana», comentaban Juanita Ramírez y Concepción Pastor, vecinas de rellano. Ambas coinciden en que era una chica callada, que estudiaba y tocaba en una banda de música. Aparentemente, no tenía problemas. Sin embargo, la madre les confesó tras el suceso que la joven llevaba unos días muy rara, un tanto deprimida, y lo achacó a un problema sentimental con su pareja. Pero todo son conjeturas. Si se cayó por accidente o se lanzó al vacío, sólo ella lo sabe. La policía ha abierto una investigación para averiguarlo.

En busca del ADN de los diarios

Vocento Regional Newspapers redesign, november 2009  

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