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Miércoles 02.12.09 EL CORREO

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Miércoles 02.12.09 EL CORREO

El precio de la solidaridad

En Djikess. María

En Bolivia. Ester, enfermera de Miranda de Ebro.

Royo y Cristina Pére z, en Senegal.

ecoEn Perú. El ier nomista Jav ez. gu Rodrí

Los cooperantes se han convertido en piezas codiciadas en países en conflicto. No hay fórmulas que garanticen su seguridad aunque conviene seguir los consejos de los nativos :: BORJA OLAIZOLA

S

ricia Ponce, de

En la India. Pat

etecientas personas que traguerrilla», cuenta Carlos Ugarte, responsa- llido, que está fragmentado en cien trozos bajaban en misiones humable de Relaciones Externas de Médicos sin y en cada uno de ellos rigen reglas distinnitarias han muerto en los Fronteras (MSF). Ugarte, que está en la ortas, así que tienes que mirar con mil ojos diez últimos años en las zoganización humanitaria desde hace 14 cada paso que das porque la sorpresa puede nas más ‘calientes’ del plaaños, tiene un currículo más propio de un saltar donde menos te lo esperas». neta. En lo que va de año reportero de guerra que de un cooperante. La muerte de tres cooperantes holandehan sido asesinados 170 cooperantes y al Es capaz de hablar durante horas de sus ex- ses en enero de 2008 hizo que MSF se remenos otros 260 fueron víctimas de inciperiencias en Kosovo, Irán o Irak aunque plantease su trabajo en el país africano. «La dentes violentos, sobre todo secuestros, en fue en Somalia donde tuvo que desempesituación se puso tan crítica que incluso 2008. Las cifras que maneja la Oficina de ñar su tarea más difícil. «Estuve tres años tuvimos que evacuar al personal local en Naciones Unidas para la Coordinación de como jefe de misión de Médicos sin FronMogadiscio. Ahora hemos trasladado nuesAsuntos Humanitarios no son muy alenta- teras, que es un puesto de enorme respontra base a Nairobi y hacemos incursiones doras. Los trabajadores de organizaciones sabilidad porque tienes que ocuparte de la puntuales en territorio somalí con el apohumanitarias, especialmente los extranje- seguridad de casi dos centenares de persoyo de nuestras redes locales. Se podría deros, se han convertido en una pieza codinas en un entorno endemoniado. Somalia cir que recurrimos a la táctica de guerrilla ciada para los grupos armados que campan es un país fapara la ayuda humanitaria». Ugarte prefiea sus anchas en muchos países re no hacer coen conflicto. Además de ser una fuente de ingresos nada desdeñable, los cooperantes les proporcionan una publicidad que refuerza sus aspiraciones de hegemonía en los territorios bajo su control. Todas las organizaciones humanitarias tienen dibujado un círculo rojo en torno a Sudán, Afganistán y Somalia. La mayor parte de ellas hace tiempo que decidieron abandonar sus proyectos en esos países, sumergidos en una maraña de conflictos armados imposible de desenredar. Los asesinatos y secuestros de cooperantes generaron una desbandada más que comprensible. Hoy en día, por ejemplo, ninguna ONG tiene una presencia estable en SomaCarlos Ugarte. Responsable de Rela- En África. La docto ra murci pone una vac lia. «Somos de los pocos que seciones Externas de Médicos Sin una a una niñ ana Anabel Jiménez guimos operando allí aunque lo a de un pobla Fronteras (MSF). do. hacemos casi con tácticas de

Haurralde.

mentarios sobre el secuestro de los tres cooperantes catalanes. Si algo le ha enseñado su larga trayectoria en países en conflicto es que no hay recetas universales que garanticen la seguridad de los cooperantes. «Cada país es un mundo y la única recomendación que se puede aplicar en todos los sitios es que hay que hacer caso a lo que te diga el personal que trabaja allí».

Machetazo en Bolivia

Seguir al pie de la letra las instrucciones de las organizaciones locales es también una regla de oro para Patricia Ponce, directora de una oenegé de apoyo a la infancia. Ponce está acostumbrada a mimetizarse en los paisajes africanos. Ha trabajado muchos años a pie de obra en el continente negro y su organización tiene ahora proyectos en Camerún, Nigeria y Mozambique. «Son zonas relativamente seguras teniendo en cuenta que el concepto de seguridad es muy distinto fuera de las fronteras de los países occidentales. Ahora bien, si no guardas unas precauciones elementales te puedes ver envuelta en una situación crítica de la noche a la mañana». Ponce no se cansa de decir que la cautela básica pasa por la discreción. «Lo último que puedes hacer es aparecer vestido de Coronel Tapioca», insiste. Conviene además poner los pies en polvorosa en cuanto asoman los cañones de las armas. «Nosotros –añade– sólo trabajamos en aquellos lugares donde no hay conflictos armados. Tuvimos proyectos en Somalia pero los dejamos en cuanto vimos que las cosas empezaban a ponerse feas. No se pueden enviar cooperantes a zonas en guerra, hay que dejárselas a aquellas oenegés que tienen experiencia y recursos para manejarse en ellas».

bebé ez, con un rmele Sa arroquí. ecos. Ka En Marru pequeña aldea m a dre en un Pero incluso aunque se sigan al pie de la letra todas las recomendaciones el susto es muchas veces inevitable. «Desde nuestra fundación Haurralde (palabra que en euskera significa a favor de los niños) enviamos cada año a unos 40 cooperantes a otros países y siempre surge algún incidente. Hace poco atacaron con un machete a un muchacho que trabajaba para nosotros en Bolivia y a una chica le dieron un culatazo en la cabeza en la República Dominicana. En los dos casos era para robarles porque a los ojos de los habitantes de esos países cualquier occidental es un hombre rico». En el mapa de la cooperación el riesgo

y su ma-

En Mogadiscio. Javi er Fernández, de Médicos Sin Fronteras, ante un edificio agujereado a balazos.

es el más común de los accidentes geográficos. «Siempre hay cierto riesgo entre otras cosas porque la vida no tiene el mismo valor en la selva peruana que en la Gran Vía de Madrid», reflexiona Ponce. Médicos sin Fronteras, probablemente la organización humanitaria con más experiencia en países en conflicto, imparte a los aspirantes a cooperantes cursillos de preparación para desenvolverse en entornos hostiles. «Una persona que quiera trabajar en misiones humanitarias tiene que pasar al menos quince días de preparación para familiarizarse con el país de destino. Se calcula que hay 1.600 cooperantes españoles en el extranjero aunque esa cifra sólo abarca a los que notifican su presencia en las embajadas del país de destino. «Podrían ser dos o tres veces más», reconocen desde la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo.

EN SU CONTEXTO

2.800

En República Dominicana. La cooperante Gema Hierro atiende a una madre y sus dos hijos.

euros al año es lo que cuesta en España asegurar a un cooperante destinado a un país extranjero siempre que no sea demasiado conflictivo. La póliza es conocida como seguro del expatriado y cubre tanto los gastos sanitarios como los de repatriación. También se hace cargo del viaje de familiares al país de destino siempre que ocurra algún incidente que así lo demande.

Mauritania a vista de un Patrol «Buf, ahora me lo pensaría un poco». Arkaitz Gorrotxategi regresó hace un mes de Mauritania, país que recorrió de cabo a rabo durante dos semanas al volante de un Nissan Patrol lleno de medicinas, ropas y otros enseres destinados a la ayuda humanitaria. Gorrotxategi y su amigo Iker Berrocoso se embarcaron el pasado mes de septiembre en una aventura que tiene mucho de quijotesca. Recolectaron entre los comercios de su pueblo, la localidad guipuzcoana de Legazpi, material para entregarlo a los más necesitados de Mauritania, lo cargaron a bordo de su todoterreno y pusieron rumbo al sur. Atravesaron la Península, el Estrecho y Marruecos hasta enfilar la tierra de nadie, una estrecha franja de carretera de tres kilómetros que separa la frontera marroquí de la

erante de

uez, coop

zq Manuel Vá bi. José En Nairo ras. tre Cultu Ayuda en

mauritana y que está rodeada de minas. «Te impresiona porque no hay absolutamente nadie, sólo esqueletos de vehículos que se han averiado o han explotado». De allí viajaron hasta la capital siguiendo la costa. «Por el interior hay una carretera nueva, que es donde precisamente se produjo el secuestro de los catalanes, pero nosotros optamos por la antigua ruta que va por la orilla de las playas y que se hace con marea baja. En ningún momento tuvimos problemas con la gente y eso que muchas noches dormíamos en una baca en el techo del coche. Te das cuenta, eso sí, de que es un país que está en la miseria; todas las autoridades que te

encuentras intentan exprimirte de una u otra forma porque a los occidentales nos ven como una especie de euros con piernas». Gorrotxategi y Berrocoso distribuyeron las medicinas en un hospital y fueron dejando el resto del material de ayuda (ropas, cuadernos, lápices...) en los poblados que encontraban a su paso. No es en su opinión un país inseguro y prueba de ello es la creciente presencia de turistas, sobre todo franceses, y también de aventureros con ganas de pisar el desierto. La vuelta la hicieron en avión después de vender en Mauritania el todoterreno de sus amores y sortear mil trabas burocráticas.

Gorrotxategi y Berrocoso junto a su Patrol. :: CRISTINA LIMIA

En busca del ADN de los diarios

Vocento Regional Newspapers redesign, november 2009  

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