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Principio y fin Montevideo, Uruguay. Junio de 2014.

© Nicolás Der Agopián © Estuario Editora ISBN 978-9974-699-96-0 Depósito Legal: 364.450 Impreso en Gráfica Mosca. Guayabos 1672. Textos y Fotografías: Nicolás Der Agopián (excepto fotografías de páginas 15 y 111). Diseño editorial: Pablo Muñoz

Proyecto seleccionado por Fondo Concursable para la Cultura - MEC


Para Nacho, Stella y la Mama, que sin ellos nada de esto hubiera pasado. Para el Ardo, claro.


Introducción Principio y fin es un trabajo que conjuga fotografía y literatura. Se trata de imágenes acompañadas por textos breves, ya sean relatos, crónicas o entrevistas, generadas a partir de distintas impresiones del autor al instalarse en Nueva York y en México DF. Este conjunto funciona como un diverso diario de viaje que reflexiona sobre lo que implica ser uruguayo y la posibilidad real de una identidad nacional: esa posibilidad se tensa ante todo desde la lejanía y por oposición o semejanza con su entorno. Principio y fin fue ganador del Fondo Concursable para la Cultura MEC 2013 en la categoría Fotografía. Por eso, durante 2014 realizará varias exposiciones fotográficas en Montevideo y el interior

del país. De este modo, el libro integra y amplía las diversas historias de la muestra. Los textos, por otra parte, no mantienen un carácter lineal con las imágenes, que funcionan como disparadores de un correlato visual. Así, imagen y texto buscan complementarse en una unidad temática e interdisciplinaria. Se trata de historias contadas en foto que tienen su complemento escrito. El mexicano Juan Villoro considera que la crónica es un fenómeno complejo que extrae la condición subjetiva de la novela, los datos inmodificables del reportaje, el sentido dramático y breve del cuento y, de la biografía, la reelaboración de la primera persona. Principio y fin intenta fotografiar una historia en tránsito y desarrollar una crónica desde una condición intencionalmente subjetiva.


6 | sobre principio y fin

¿Qué pasa cuando alguien realiza un viaje mientras en su interior se realizan miles? ¿Cómo se relacionan un mundo exterior que se mueve vertiginosamente, en el que suceden cosas a cada segundo que lo cambian para siempre, y un mundo dentro de una persona que no sabe si lo que está viviendo es una destrucción o un renacer, una buena señal o los primeros rastros del autoapocalipsis? Del enloquecido choque entre ambos mundos, tan similares como ajenos, todo puede engendrarse, de lo más vivo a lo podrido, de Eros a Tánatos en menos de lo que se parte un grisín. Principio y fin es eso, una saludable forma de querer agarrar agua con una mano, una valiente intención de retratar lo imposible. Nicolás Der Agopián sabe que es imposible entender los millones de movimientos, nacimientos, muertes y tránsitos que experimenta el universo, las sociedades humanas, los humanos que las integran, y mucho más imposible es contarlo con imágenes y palabras.

Pero en la valentía de emprender una tarea imposible desde la honestidad artística, desde el disfrute y las ganas de contar lo que siente que debe contar, escuche quien escuche, vea quien vea, está no solo la importancia de este libro, sino lo fundamental de la acción que emprendió el autor. Nos estamos muriendo como unos giles y tarde nos cae la ficha de que la forma de morir menos es comunicándonos, transmitiéndonos nuestras verdades, dejando tras nuestra partida un sinfín de hilos transparentes que forman ni más ni menos que el universo. Este libro parecería llevar adelante la fundamental tarea de marcar un principio y un fin, pero de hacernos ver que, si logramos conectarnos con ese principio y ese fin, después del fin habría otro principio. Diego Recoba


Der Agopián distorsiona con sabiduría. Su mirada, el lente y la letra, deforman, revelan, encuentran. Siempre con aspereza y ternura. De alguna manera busca lo que flota en una superficie sucia, esquiva, pero que ilumina con una prosa entretenida, directa, que no se anda con rodeos. A pesar de sendos pasajes algo turbios, lleva al lector a un ámbito ciertamente luminoso. Una asociación clara viene a mí luego de ver y leer estos textos e imágenes: Pasolini. ¿Por qué? Porque, al igual que el cineasta y novelista italiano, hace de la fealdad una belleza cercana, alejada de lo cursi, de lo efectista; es decir, cercana a la belleza más perdurable: la imperfecta. Sebastián Pedrozo


8 | ny

ny mine Viajé eufórico luego de una etapa movida en Uruguay. Me había separado de mi pareja, entregué a contrareloj un libro de Punta del Este que me tuvo durmiendo poco; y había editado el libro de cuentos Flor de piel gracias a La Propia Cartonera. Además, estaba quemado con mis amigos

uruguayos y con casi todos los que me rodeaban. Por alguna razón la rambla se me hacía el lugar más triste del mundo, los bares y la noche me tenían cansado, el trabajo me traía agotado. No quería a nadie. Mi jefa y amiga me propuso irme a una comunidad en NY de la que desconfié al instante. Tampoco tenía otra salida. NY era el lugar al que había ido a mis 11 años a conocer a mi padre y del que tenía un recuerdo confuso.


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extraña en el paraíso Hacía muchos años que no andaba en avión y estaba nervioso. Claro que todo salió bien y no había de qué preocuparse. Ya en el aeropuerto

tenía dos familias. Cuando llegó mi turno comencé a hablar como un loco. Dudaron. Revisaron mi página web, solicitaron direcciones de mi estadía, quisieron llamar a casa de mi abuela de 99 años (donde no me iba a quedar) y me negué. Luego de cuatro horas me permitieron

el guardia me pidió los documentos. Dijo algo que no entendí pero contesté thank you. Lo que en realidad hacía era llevarme a una sala privada para que otros me hicieran una batería de preguntas sobre mi vida y la finalidad del viaje. Debí esperar horas por una familia árabe en donde todas las mujeres tenían velo. Los guardias repetían nombres largos y no llegaban a entender quién era quién. Al parecer, el hombre

seguir. Ya no sabía dónde estaba. La misma guardia que había hecho el cuestionario me acompañó a tomar el tren cargando una de mis valijas. Sorry, you are a good guy, fue lo último que me dijo. Eso sí, no me dejó fotografiarla. Lo primero que vi en el tren fue a esta señora. Carecía de cejas y tenía los labios pintados como nadie. Saqué la cámara y comencé a disparar a pesar de su fastidio. Fue mi primera foto en NY.


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autorretrato conmigo mismo Vivir en Staten Island me obligaba a viajar a diario en un ferry que conecta la isla con Manhattan. Nunca dejé de impactarme con la vista de la ciudad. Además de la comunidad, que resultó ser un lugar muy apacible, tenía la dirección de varios contactos con los que nunca me comuni-

qué. Definitivamente, el viaje era una cuestión personal que quería vivir solo. Casi no recordaba los lugares que había frecuentado cuando era chico; capaz que había salido poco, o eran otros temas los que me atrapaban en ese entonces. Ahora tengo 33 años y el mundo me es ancho y ajeno, por suerte. Camino como un loco y quiero ver todo, a pesar de mis ojeras, el puto lumbago o algún que otro paspado ocasional.


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chuck chinatown Siempre creí en tu moral y admiré tu imparable lucha por los derechos de muchos civiles, Chuck. Sé que diste la vida en pos de un mundo mejor, más justo y sobre todo más libre de extranjeros, comunistas, negros y otras culturas diferentes a la tuya. Te recuerdo ahora Chuck, porque estoy en el barrio chino, en un comedor en el que soy el único occidental. Y te aseguro que parecen gente buena, Chuck, cordiales, que no detentan la violencia que practicaban contigo. No lo entiendo, Chuck, les rompí las bolas a más no poder, les solicité todo el té del mundo, demoré horas en decidir qué comer mientras otros comensales de ojos rasgados me daban sus platos para degustar la comida, les cagué el baño… Fueron cordiales y atentos sin ser falsos, Chuck. Me pregunto por qué tanto encono contigo. Claro, capaz que yo no los ando bardeando como vos, Chuck, porque reconocé que te gustaba meterles un dedo en el culo para molestarlos y revolvérselo a ver si respondían. Eras un sádico de mierda, Chuck. Además, recordá que ellos serán muy buenos pero saben

técnicas de lucha milenarias, que no precisan de tu brutalidad para agarrarte de las pelotas mientras se violan a tu hija y dejan a tu mujer por vieja, Chuck, porque todos sabemos que han pasado los años y los tuyos también, y que ahora seguramente estás algo acabado. Andá con cuidado, Chuck, porque acá siempre hay un chino en cada esquina. Y seguro que no está solo como vos, que te gusta la soledad para reflexionar en quién sabe qué cosas. Porque no serán fuertes, Chuck, pero son flaquitos y fibrosos y no quiero saber lo que representará para tu hija el culo de esos ocho chinos moviéndose y dale que te dale. Mirá, Chuck, capaz que hasta le gustan estos amarillos contra los que tanto luchaste. Qué paradoja, ¿no? Y ahora que te pienso bien, Chuck, más allá de que sos un referente para mí, también te lastimaría hasta hacerte sufrir porque me doy cuenta de que sos un caracagada, Chuck, un tipo serio y aburrido. Pero sucede que tengo lumbalgia, Chuck, por lo que ando con la espalda a la miseria y no puedo hacer fuerza por prescripción médica. Igual, seguro que vos estás peor, sin fama ni amigos ni nada. Me decepcionaste, Chuck.


16 | ny

por los tiempos de trabajo Muchas veces trabajé en un trabajo. Con esto, me refiero a desempeñar ciertas tareas que no generan demasiado compromiso ni gusto en uno. Tuve diversos empleos: fui mandadero de una farmacia en crisis o conocí la bondad de los supermercados Disco desde su depósito. Trabajaba en la reposición de envases junto a un compañero que tenía una parálisis importante. Se llamaba Bichino y era muy charlatán. Lo raro es que no se le entendía nada. Parecía tarado, y por su mirada, yo estaba convencido de que era más inteligente que todos nosotros. Algo de eso había. Teníamos uno o dos superiores que no daban pie en bola. Recuerdo a un compañero que se cortó la mano porque no le dieron licencia para ver un recital de Los Piojos que se suspendió por mal tiempo.

Y la autoflagelación salió mal: la máquina de carne tocó el nervio y un dedo perdió movimiento, quedó tosco. Pero no me podía quejar. Andábamos por el año 2000, me enamoré de una novia inexplicable y tramitaba papeles en la aduana. Tenía dos jefes que se odiaban y se jodían toda vez que podían. Alguna vez pensé que me convertiría en despachante de aduanas, seguramente para confirmar que nunca tuve una vocación clara, o que mi vocación fue siempre la de ser lo que nunca fui. Uno era de izquierda e inmensamente tacaño y popular. Había que ver su excitación cuando ocurría algún choque y corría hacia el balcón a chusmear. Hablaba de piñas, preferencias, bembas hechas pelota. Otro era generoso, protofascista y embaucador. Y medio pederasta. Pero quién era yo para juzgar. Nadie era muy feliz y lo ocultábamos tan bien… Duró lo que tenía que durar, como todo.


18 | comunidad

steve de staten i. persona Steve es el librero de la comu. Representante total de los ideales hippies de los 60´, Occupy Wall Street lo había encendido y alegrado. Algo de su vida estaba ahí. Con él compartí una drum session (todos tocábamos distintas percusiones) aunque no logré conectarme; culpa mía. Me habló de Japón con energía, pero mi inglés es limitado. Comprendí la mitad; entendí que era un buen tipo.


20 | ny

chino con conejo de agua Lou Reed canta la estupidez juvenil de un adolescente de Coney Island. Antes, con la Velvet, invita a una chica al parque de diversiones de la isla y le pide que se agarren fuertemente de las manos. Lo mรกs seguro es que nunca haya visto un chino caminando con un conejo de agua por las calles de ese sitio. De lo contrario, sus letras hubieran sido diferentes.


22 | ny

soldado de dios Llevaba tres perros enormes y decía ser un soldado del cielo. Aseguraba que lo estaban vigilando desde el gobierno. Por eso, no podía confiar en Internet. Seguro de sí mismo, recurría a métodos poco ortodoxos si era necesario. Decía tener muchas armas. Pidió las fotos para sus chicos aunque solo podía enviárselas por cartero. Me enterneció. Dije a todo que sí. No debió confiar en mí. Nunca le mandé nada.


24 | méxico o qué

méxico o qué Mi amigo Nacho me había invitado a vivir en su casa del DF, en pleno Coyoacán. La idea era alejarme un poco de Uruguay, trabajar en México y ver mi país desde lejos. Me había enviado algunas fotos del barrio y poca cosa más. Sabía casi nada, y nunca imaginé que México fuera un país tan injusto como entrañable.


26 | méxico o qué

autorretrato conmigo mismo. hoteles

señorito, pensamos que estaba vacía". La concha de su madre. Me

Hace mucho escribí "quisiera fajar, malograr algún autor". Unas veces por aburridos y otras porque me gustan demasiado. Había trabajado toda la noche y me pesaba el cuerpo. Era un hotel común de Guadalajara. Me dolía un poco la garganta y el agua de la ducha salía tibia. Me despertaron por error, entraron a la habitación y dijeron "disculpe,

acordé de que Charly García, cada tanto, destroza hoteles. También de Begbie, el violento de Trainspotting que rompe todo lo que encuentra. Sin embargo, comencé a guardar mis pertenencias. Revisé que no hubiera nada en el piso, tiré algunas cosas al tacho de basura. Está bueno leer a Bellatin. Devolví las llaves junto con el control remoto que no funcionaba.


28 | méxico o qué

hoteles de sueños de puebla El fin de semana fui a mi primer megaconcierto. Es posible que me haya llegado un poco tarde. Modest mouse me encantó. Sin embargo, quienes cerraban el evento eran Public enemy, una banda que llena el escenario de morenos y lo vacía de ideas. Claro que gritan cosas tales como paz,

legalización del porro y no militarización del mundo. Al mismo tiempo, aseguran que Public enemy is the best, the one, convirtiéndose en la banda más autorreferencial que vi en mi vida. Cuando volví hacía frío. Conseguí el hotel más triste de Puebla. Antes de acostarme, visité el baño. Estaba lleno, repleto de sangre. Al despertar leí un cartel: "Si usa el baño, no vomite". Alguien se estaba muriendo cerca mío, aunque todo va a estar bien.


30 | méxico la bañera o qué de la muerte

Sin reflexión, sin golpes bajos, sin viejos. Ninguna toma lenta. No parece uruguaya. Sinopsis: un psicópata obtuso persigue a una azafata por distintos hoteles en el mundo. Un filme aterrador. No te la pierdas. Cine Maturana.


32 | mĂŠxico la baĂąera o quĂŠ de la muerte

Dinora Papani, la protagonista, recibiendo a altas horas de la noche la llamada inesperada del acosador.


34 | méxico la bañera o qué de la muerte

Los gritos de auxilio alertarán a Óscar, siempre atento y bien dispuesto. Los años de karate y su fortalecimiento muscular decidirán la contienda.


36 | méxico o qué

travestis que dicen El sexo es lo más democrático que conozco. Es en el único ámbito donde un mecánico de carros puede ser muy pacato y un abogado harto pervertido en sus gustos. Sexo y dinero, la cama y las cuestiones sociales no siempre están ligadas. Por eso la gente le tiene tanto miedo. Yo soy travesti desde toda la vida. Cuando tenía 12 años, en

mi pueblo que es al norte, pasó un obrero de la construcción por mi casa y no paraba de chistarme. Un día lo acompañé al descampado y fue mi primera vez. Luego de que se acabó me empujó, me dio un golpe y me dejó tirado. Al rato me incorporé, regresé a mi hogar, intenté ocultar la sangre de mis pantalones para que mi abuelo no lo viera. Pero eso es solo de anécdota, la verdad es que joto fui siempre, mucho antes de eso.


38 | méxico o qué

madres de papantla El sótano de su casa fue el único rincón que conseguimos para dormir. La ciudad explotaba con la llegada de Björk. Al bajar pensé en un lugar de torturas. Vi a un hombre inmensamente gordo sudar como un chivo. Les pedí un ventilador desconfiando que jamás lo traerían. La mañana después del concierto fue cruda, resacosa. Ella y su hijo nos esperaban con el desayuno servido. Nos invitaron a quedarnos dos días más sin costo "para

que conociéramos bien Papantla". A la noche salimos junto a su hijo a tomar cerveza y pasear por la ciudad. Nunca nos bajamos del auto. Ese era su plan. Él rondaba los cincuenta y vivían juntos desde siempre. Su madre no le permitía salir a la noche y razonamos que él había aprovechado nuestra presencia para "escaparse" un poco. En el recorrido recibió como quince llamadas de su mamá. Jamás reconoció su sexualidad pero intentaba transmitirlo de manera velada. Papantla es un pueblo demasiado chico. Ella era una mujer encantadora. Ella lo tenía atrapado.


40 | méxico o qué

para todos los fotógrafos amigos Siempre quise firmar las fotos pero mi rúbrica es espantosa: Por eso, uso a veces la firma de la foto, que por obligación aprendí cuando trabajaba en un despacho de aduanas. Pertenecía a un jefe que siempre sacaba partido por ser un mal tipo. Lo raro es que me sale igualita.


42 | besos

besos para todos Varios creen que México es un país peligroso y conservador, hábitat natural del macho mexicano. Los tiros, sin embargo, siempre me están lejos, y presenciar imágenes como esta es mucho más común que en Uruguay. El Río de la Plata no deja de padecer al compadrito tanguero, aunque México sea siempre demasiado católico, pobre.


44 | besos

a kiss under the bridge Andaba en bicicleta cuando las vi. Luego de las fotos se acercaron, curiosas. Eran estudiantes de liceo. Les preguntĂŠ si sus padres sabĂ­an de su relaciĂłn. Por supuesto, contestaron ambas sin dudar. Me dijeron que en el mundo faltaba libertad. Pidieron que solo usara las fotos para algo que valiera la pena. Espero no decepcionarlas.


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Agradecimientos Victoria Estol, Emilio Blanco, Juan Soca, Federico Giordano, Magdalena Leite, Silvana Tanzi, Natalia Gras, Jorge Fierro y LucĂ­a Germano.


Nicolás Der Agopián Desde el año 2001 trabaja como fotógrafo para distintos medios de prensa, agencias de comunicación e instituciones culturales. Fue docente de talleres teórico-prácticos de fotografía y docente investigador de Literatura por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de Uruguay, donde colaboró en algunas publicaciones académicas. Desde el año 2003, realiza la cobertura de los espectáculos patrocinados por la Fundación Itaú Uruguay. Fue coordinador de fotogra-

fía de la Guía Turística del Uruguay en 2008, editada por Flor Negra. En 2011 publicó el libro de cuentos Flor de Piel (Editorial La Propia Cartonera) y el libro de fotos Punta del Este, el lugar en el mundo junto a Débora Quiring (Editorial Flor Negra). Es socio cofundador de PIC Productora Audiovisual. Durante 2012 y 2013, estuvo radicado en México, realizando trabajos de fotografía para agencias en DF, Monterrey y Guadalajara. Actualmente escribe sobre cine en Roumovie y en la revista El Boulevard. Trabaja en la fotografía del Semanario Búsqueda y el suplemento “Campo” de este medio.


Nicolás Der Aropián  

Pincipio y Fin

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