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I.

dando traspiĂŠs en mi casa destrozada


No olvides que al despertar siempre hay cuchillos en el caj贸n Nacho Vegas


Diana no quiere silencio Que no le gusta saberse el cielo de memoria Diana, que le estorba lo que no hace que se odia por lo que deja de ofrecer Diana, que te importa quince atónitos minutos en posiciones más alejadas del techo Que se espanta si calcula todas las vidas que pierde por no poder dejar de ser así

Diana no mires que nos miran mirar no te mueras piel adentro no rías,

que no sabes.


Diana, ahora, tiene toda una lluvia entre las manos Gotas que ceden garrafales laureándose con los despojos de líneas mal trazadas hacia atrás Reposan Repostan candidez sobre las palmas, frágiles, autóctonas pero va, y las rompe cerrándose para rezar por no creer morir de vez en cuando

Y cuando de nuevo lluevas, Diana, se desmesurará el agua sobre los trozos que

fuiste.


Se lubrica ortopédicamente la parte oculta de la noche y tú, Diana, te ofendes por no sentirte igual de rota Chupeteas la barbaridad de mi depresión más delicada y ovulas afables formas contra el mísero agresor de mi desdicha:

tu abotonada belleza de dejar palpar al aire tan temida,

que sólo soy capaz de definirte

a gritos.


Vomitaré toda la sangre que me estorba aún temiendo este clamor diáfano del pecho

Seré lo más odioso que puedas no odiar, Diana,

soñaré lo que te sobre hasta que la tierra desee tragar algo más que tierra hasta que la entrepierna del sol se note oxidada de tanto perseguir seguirnos

(aunque sólo pegue contra ti)


Se agotan las gotas rociadas y las cucarachas, remasticada la escarcha, se apresuran a esconderse a la hora de la misa

Diana regresa, prietos los dientes de leche y con el hígado en cuclillas

Va

comiéndose la mañana con ojos a media luz haciendo acrobacias sobre su ego y los dedos meñiques de los pies El mundo, socarrona aberración de mito en cuyos platos alguien queda sin comer, concede pálidos planes con cuchillas afeitadas o ascensores con olor a cigarrillo mentolado

Y antes de simplificar los atuendos y hacerse de la familia


de las piedras piensa

que tal vez no le apetezca volver a despertarse mañana

¿por qué me arañas tan de lejos, muerte?

¿qué especie absurda de miedo puede sostenerse en ti?


Porque me eres, aunque sea, ajena

Porque te soy, propiamente, daño

Ahora que desconoces, Diana, el delito de quitarme enfrentes

Ahora que sé que este delirio genital no te acompaña

Vuelve a tu infierno sí, Diana ningún nadie intentará (pero no, ni eso)

detenerte.


Crece una noche de esas de sin dios y Diana que de mayor quiere ser ruido piensa que hubo de haberse hecho ya sida (siempre del verbo ser)

Frota, Diana, la mirada con el suelo y atrapa tragos con el incipiente esfuerzo de las cosas obligadas porque todo lo que se cae es que no se supo sujetar

Hay una palabra que te teme, Diana, dispuesta a perder los nervios sólo para que te los encuentres, enseñando lo menos nuevo de su cuerpo para dejarte ahí desangelándote


contagiada de la contundencia del formol

y al amparo de una suciedad mĂĄs sucia (que el dĂ­a avanza aun sin ti) te sumas al incolorismo

y evidentemente temblona escondes en reojos tus crecientes ganas de ser chupada

hasta acabarte.


Tiene dos caras y tres nombres menos los domingos, donde no le gusta suceder ni tratar de ser nada convincente

Bosteza momentos y gruñe, postiza, a las paredes acobardada del sabor de su salvaje animalidad no dominada

Se recoge en sus olores de no parar de habitar sangre y es entonces cuando sólo desea matar y comer

Sí, Diana, somos lo más hijo de puta que dejó la tarde Yo y la ofuscante tendencia de las cosas hacia el estropicio.


Hoy pretendo (inconforme y cercano) detener tus piernas Yo mismo que soy dificultad Contarte, entre tanto, mil instantes de estar sucio hasta en la sombra Irme derrumbando como una gota de sangre desteñida, automutilar y habituarme, moverme despacio (te lo juro) y permitirle a la muerte su escondrijo

Y ya mañana será un día nuevo, Diana,

para desgracia de todos.


Sábanas indecisas. Sudor abstracto excluyéndose de ti, Diana.

Cierras los ojos y te intuyes. No puedo salir de tu bondad.

Ya no soy, ya me mantengo No puedo culminar. No veo puntos

Tiembla, sin merecerlo, hasta el líquido más mínimo. Sexos rotos ya a torpeza.

Y volver hecha otra cosa que dolerá el doble.

Con el odio más perfecto que te salga.


Se despertó tiritando lluvia Siendo, a nudos, un dolor

Incomunicada sintió un escozor pagano un infértil paréntesis de accesibilidad una inmadurez a destiempo

Rota su hegemonía de toda entera Diana se creyó parida vez y media Fantásticamente engendrada

Y tras cien segundos de mentira se volvió a ver agarrar Que ya no se iba a odiar más y, por supuesto, que menos

tampoco.


Sopla esta madrugada un aire inapetente. O dos

Este tiempo Este infame tiempo de reconciliación a dos manos

Este goce cronológico de siempre quedar menos Esta esquina mía sin sustancia, este silencio sustituto

Este tanto yo que me duelo

Dime Diana, ¿te has perdido? ¿o soy yo el que se encuentra en el lugar más equivocado?


Gotean noches y días que ella gana revolviendo musgo en su cabeza

Porque tú, Diana, creces diferente

Se dilata haciéndose muchedumbre Sospechando la vida demás Cansando de palpar palabras Tan asesina, tan cansada, tanta trizas Ella, que sólo sabe hacer años, escupiendo a las horas derrotadas que se obliga a recibir

Diana arrinconada abrazada a la fascinación de un dolor grande viviendo un lugar tan horrible como todos.


Llegan las horas de nacer a tu cuerpo transparente y te acarician, Diana, despejando el espejo de la mezcla en que no eras ahuyentando tus miradas tartamudas

Te confunde volver a soñar cuadriplicado el miedo sentir de nuevo las semanas

partir desencajada hacia la luz

Sí, ya sé, ojala temblar no fuera tan fácil.


Sí Diana la pared blanda y el resbaladizo alambre de la vulgar soledad

Sí,

la luz inventora la oscuridad perdida el gemido a secas

Sí Diana ese soy yo

El destructible átomo de excusa que te espía cuando estás desnuda y cuando (también) no.


Yo, que aspiro a ser toda una nada que expiro en plenitud a blanco y negro Yo que tan zócalo y agorrionado, sumo perjuicio, yo medianoche Condenado, escavable, a no ser múltiple

Tú atada a esqueleto, manoseada tan hundida en tu hundimiento constante de ahora sigo y ahora no plagiando el oscurecer ante la irrefrenable presencia de más ojos

te escondo Diana y colaboras en este derrotado suma y sigue de sillas vacías ganando en miedo y días no elegidos de regalo.


No pienso en ti. O eso quiero El fresco sabor de intente sola.

. Punto. No hay palabra que se

Lamentaré un nuevo otoño acariciar mi incapacidad de controlar los gritos. Soy la acobardada rata que parió al sol

Soplaré. Soplo. Es como soplar. No te muevas día asqueroso. Crecen las uñas. Se perfuma a cartón la una y veinte

No, no quiere existirse ese mentiroso carnal rojo que rodea lo que dices al hablar. No llegan tus lloradas glaciales a secar su insipidez con mi embarrada lengua

No nochearás desalegrada para ser despedazada por desconocidos

No, Diana, nunca no aunque parezca increíble.


Cae tras mudas vueltas a un confuso supino, al vago suelo que confiesa sostenerla

Truenan moribundas palabras desde su intestino esperando el desastre inentendible de un amor de nudillos

Edifica intenciones, vaporosas formas de olvidarse a tiros

Enfangada

e incapaz de no brillar

sembrando un calor de labios hinchados va Diana definitiva a restregar su mala suerte

por la almohada.

(DISPARA Diana , DISPARA)


Soy la dueña de lo que no importa De decentes trozos de aunque no

Soy el bar de enfrente abarrotado Soy la calma del planeta de la esquina, tu cara fácil de cuando no había espejos

la bailarina imperfecta, la fiel sirena arbotante, la dulce tradición de a menos cuarto, sí, lo soy,

Soy los veintiséis minutos que olvidaste

en tu querido amor de a monosílabos


Qué ridículo el color esta mañana, Diana, cuando nadie ansía despertarse cuando nadie en juicio sano quisiera temer tanto

cuando intento desaparecer mientras te vistes

ay de mi si no tuviera que perderte en cada

parpadeo


Diana, hay huracanes que no sientes

Pasan sudando sobre tus sรกbanas cuadriculando el olor de esos tus muslos, intentando agitarte sin tocar

(los trae la muerte en su barbaridad incorregible)

esperando que las rosas al dormir se desesperen


Mi pequeña revolución fue tan pequeña que no crecí.

Quise ser tan loca de tener razón, mostrar el aspecto más mordaz de la cobaya Superar, ordinalmente, la incontinencia viscosa de las marionetas Maniobrarme en solitario

Intenté esconder la vida Desatarme con encomio de tamaño varapalo Saborear el beneplácito de una piel nueva, falsificada.

Utilizar los párpados como defensa. Los líquidos, como canción.

Fracasé. Atardeció la felicidad entre pecados capitales. Me prohibieron respirar tan


fuerte

Si cupiera en cajas me encajaría

que tan fácil es parecerse a dios

como difícil amanecer tan destrozada.


No soy lo que soy. Soy lo que aparento ser.

No soy lo que soy si soy cuadrada: ring pugilístico de sordos No soy lo que soy, si circular: alboroto cobrador de tu piel exageradamente agua si multiforme: mujer, conciencia, alma, repercusión, contribuyente o, a secas, peso si lineal: un sustantivo tan idiota y fronterizo

Todo lo que afirmo es ser mortal: lodo, húngara, posición, diminutivo o camelia que mejorando cuando sombra que menguando cuando tengo que menguar y ante todo, ser mi decisión respiratoria de que cualquiera puede matarme pero no todos lo van a hacer a latigazos


Llegan una a una, vulgares, sin autorización, las lágrimas y sé que es más fácil olvidarse de pensar armado

Caliente y pegajoso, negándome a la comunicación se aprieta un cañón amable del cuarenta y cuatro contra el comienzo anónimo, milimetrado de mi trampa glótica

que sabe tantas baladas de amor y tan pocas de odio

¿tienes miedo de algo? tengo miedo de todo

de las decapitaciones del metal con la cara de algún ser que también tiene esqueleto del hambre y que no sea el mismo para todos de los pijamas


de la vida y su caída ásperamente magnífica

de que si me dejo morir, Diana,

ni llores


¿Dónde está

el miedoso que me hizo de un semen ágil, violento, accesible

como un milagro de témpera seca?

¿dónde ese asesino al que llamar (quizás)

papá?


Esta es la casa Este el colchón donde intentaré retenerte. Ya ves que es grande. El colchón donde se entorpecerán tus fuerzas cual si fueran geranios de tu madre. Donde habitará esa muchedumbre, única condición de su fracaso donde nadie aseguró que la inocencia fuera buena sino escasa

donde no hay mayor silencio que el de a voces donde dejarán la antipatía, embestida contra mí los que olvidan su bipedismo sobre la acera

y cuando yo crea ser viento, tendré que ser ráfaga para separarme de nuevo y contarme un cuento diferente. Uno con menos puntos.


Y en ese rinc贸n, mi amor, supongo que ir谩

la lavadora.


RecortarĂ­a sus huesos para serse mĂĄs

cercana

El peligro nuevamente es la intemperie

AmarĂ­a la muerte sino fuera

tan

obligatoria


Me oyes callar y no dices algo

sólo repasas mi actual cara de puta que no sabe qué decir, pero que dice

Y harías bien en no dañarme la pretensión molecular de este silencio

no somos dioses ni siquiera ángeles ni perros

Vamos, madre, abrázame

Ya habrá tiempo de insultarnos entre todos


Recuerdo ir corriendo. No recuerdo la velocidad. Cuando era cruda, vulgar, inmadura, difícil como evitar la pleamar Cuando la conciencia no tenía dentición Cuando me enfrentaba cual cualquiera al físico colectivo del pan de cada día de la frente sudorosa del suicidio imbécil como los lemmings sí, pero a lo bestia

y luego, de vuelta en las noches de vigilia intacta

comprobar que lo único que estaba en mis manos

eran una vez más

los dedos


Hay noches en que brotan apostrofados los dientes

mañanas en que el torpe trajeado no sabe parar su cuerpo adicto

tardes en que doy las gracias por costumbre

como tonta

días en que no sé bien por qué intentáis pararme el nombre y hacerme objeto

semanas en que dejo reposar sobre la parte casi blanda que me recubre ambos fémures el amor que robasteis y no dais

Años en que no sabéis que me manan otros líquidos afines


lĂĄgrimas que escondo

mientras insolente me entregas el dinero

del futuro pequeĂąo de tus hijos


Noche babeada calor

mucho calor

gruñente

Algo

acercándose enhiesto

a mi maldito socavón de escupir hijos


Esa oquedad que me llena partiéndome el espinazo. Troceándome hacia rapaces. Esa muerte que me muere dejándose mordisquear su usada prenda. Esas innumerables zambullidas en aguardiente de los acartonados pedazos que he de llevar pegados al tronco. Ese raciocinio rocinante y su necesidad de expulsar cosas de adentro. Esos tú y yo menos hechos.

Ese yo contra mí

de mí misma.


Desde dentro oí venir tu roce pataleando en la mañana inmensa de los cíclopes

Desde dentro oí venir tu roce una caricia azul desconcertada buscando el consuelo hábil de mi tripa

la fecundidad ectoplásmica de saber aguantar tu peso

mi yo tan curiosamente cóncavo

No te separarás de mí. Y ya lo has hecho Si eso que hay bajo los charcos es mi cara

Te odio porque me vienes acariciando te digo adiós por la mejilla y ni siquiera das portazos al marchar



Caminos de luz artificial - I