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Universidad de Los Andes Trabajo  Final  Pensar  la  Historia  del  Arte   Pablo Londoño Urdaneta – 201126508  

Título:  Violencia   Artista:  Alejandro Obregón   Fecha:  1962   Medio/Técnica:  Óleo sobre tela   Lugar  Actual:  Museo del Banco de la República – Sala Clásicos, experimentales y radicales, 1950– 1980


En 1962, el artista colombiano Alejandro Obregón presenta su obra Violencia en el XIV Salón Nacional de Artistas, recibiendo el premio al primer lugar en la convocatoria. Violencia, cuadro al óleo sobre lienzo, se exhibe actualmente en el Museo del Banco de la República en la sala Clásicos, experimentales y radicales, 1950 – 1980, en compañía de obras de Luis Caballero, Fernando Botero y Beatriz González, entre otros, como mirada a los temas de territorio, política y arte que se exploraban entonces en el campo nacional. La pintura de Obregón hace una mirada crítica al entorno político y social de Colombia en las décadas de los 50 y 60, manifestando la postura del artista frente a las masacres y barbáricas mutilaciones que se vivían en el país como consecuencia de una disputa política que tiene décadas de trasfondo. En la composición, el elemento principal es el cuerpo de la mujer embarazada y mutilada, figura que se diluye en el fondo, y que a su vez es una referencia a los paisajes colombianos. La obra destaca, ante todo, por la fuerte carga simbólica que lleva, así por servir de testimonio a una historia que es común a todos los colombianos. El objetivo de este trabajo es entender la forma en que Alejandro Obregón logra el impacto simbólico y visual en su obra, a través de alusiones a la topografía colombiana, un manejo de colores característico del expresionismo abstracto, y de la representación de la protagonista masacrada en Violencia, desde un enfoque iconográfico e iconológico.

A lo largo de su trayectoria artística, como dice Cabrera, “la pintura de Obregón está caracterizada por el expresionismo y por la impronta mágica. (…) Esta definición de pintura expresionista puede aplicarse a la obra de Obregón, en la que predominan la fantasía creadora y los elementos emotivos. Obregón ha recreado la realidad en muchos de sus cuadros, ha transformado armónicamente el paisaje, ha modificado la figura humana, siempre en función de la pintura como tal”1 . Con esto Cabrera habla del valor particular de la obra de Obregón, y de su papel revolucionario en el marco artístico nacional y latinoamericano, en un esfuerzo por vislumbrar el enfoque único que hizo de su trabajo un modelo a seguir. “A esa realidad más profunda, más esencial, apunta la pintura de Obregón, que en ningún instante

                                                                                                                1  Leonardo   Ayala y Barney-Cabrera, Historia del Arte Colombiano Vol. 5 (Bogotá: Salvat Editores   Colombiana S.A., 1988), 1403-1413.


se limita a reproducir el paisaje tropical, sino que trasciende hasta alcanzar estructuras evocadoras, formas singulares e imágenes cargadas de fuerzas recordatorias”2 .

Para poder analizar Violencia con profundidad, es imperativo conocer el contexto histórico y social en que surgió la obra. Las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX en Colombia estuvieron marcadas por una serie de conflictos políticos y sociales, que desencadenaron en diferentes sucesos caracterizados por una brutal violencia y fuerte indiferencia política. El período de La Violencia, marcado por el conflicto armado entre una serie de bandos políticos informales –entre ellos los llamados “Pájaros” y “Chulavitas”-, tuvo lugar dentro de la única dictadura que ha visto Colombia, bajo el poder del General Gustavo Rojas Pinilla (1953-1958); a su caída tiene inicio el lapso del Frente Nacional, una coalición entre Liberales y Conservadores con el propósito de detener las numerosas matanzas a lo largo del país, y que dictó una alternación de los períodos presidenciales entre los años 1958 y 1974. Ésta medida trajo consigo el nacimiento de los primeros grupos guerrilleros, que buscaban un mayor reconocimiento y participación política a través de actos de violencia, principalmente en las zonas rurales del país donde la presencia política era escaza. Ésta difícil realidad política se vio reflejada en el campo del arte con el interés de los artistas locales por unas temáticas muy particulares, que se vieron plasmadas en diversos estilos y técnicas. Los principales temas de interés para el gremio artístico fueron las culturas primitivas, la geografía y la situación contemporánea social y política, y por último la exploración del abstraccionismo3.

Ahora bien, a forma de análisis pre iconográfico -el primero de los niveles de significación en el modelo iconográfico de Panofsky- es pertinente dar cuenta de las características formales de la obra. La obra tiene una composición horizontal (188 x 155 cm.), y hay una clara división del espacio pictórico por medio de una horizontal marcada por el contraste de los colores negro y blanco. El elemento principal en la

                                                                                                                2  Ibid.  

3  Medina,

Álvaro, Procesos del Arte en Colombia (Bogotá: Colcultura), 212.  


composición es el cuerpo de la mujer embarazada y mutilada, y el resto del espacio es puramente bidimensional, sin ninguna insinuación de perspectiva, con un tratamiento que es propio del expresionismo abstracto –donde los planos de color homogéneos sobre grandes superficies son los que limitan la obra al espacio pictórico mismo-. El hecho de que la figura de la mujer se diluya con el fondo revela que no hay intención de separar el espacio por planos, sino de generar un diálogo entre los elementos en la composición. La presencia física de la obra es fundamental en Violencia, pues su tamaño mismo llama la atención del espectador, y nos presenta a la protagonista en una escala casi real, por lo que su impacto es mucho más fuerte; su disposición en el Museo del Banco de La República es privilegiada, ya que está montada en una pared destinada únicamente para la obra –por lo que no hay distracción con otros trabajos-.

Pasando a los aspectos puramente pictóricos de la obra, se trata de una imagen figurativa, donde la protagonista es el principal elemento –y hace referencia, además, a la geografía colombiana-, aunque no hay intención de hacer un retrato completamente fidedigno del sujeto. Las formas que componen ésta figura principal son muy geométricas, evidente en el dibujo de los senos y del vientre. La obra fue trabajada al óleo sobre lienzo, y se nota que hay una profundidad en su tratamiento a través de múltiples capas de pintura, estando las más ligeras al fondo y las más densas al frente. La pincelada varía en los diferentes elementos del cuadro, primero en el fondo donde difícilmente se percibe el rastro de la herramienta y la pincelada es larga y muy degradada, y en la zona del rostro y los senos es muy puntual y corta, con un tratamiento de la pintura bastante más denso. Éste peso que adquieren estas partes de la obra equilibran la composición del cuadro, e incluso afectan la percepción sobre la figura principal, pues refuerzan la idea de mutilación y masacre generando zonas texturizadas mucho más táctiles que se asemejan a costuras y pieles. El uso del color es muy amplio, pues si bien la imagen es casi monocromática, la gran variedad de tonalidades y gamas de blancos y negros logradas enriquecen la paleta. Los colores son opacos por el tratamiento mismo de la técnica, y hay un rango muy amplio de tonos desde el blanco más luminoso hasta el negro más oscuro.


Seguidamente tiene lugar el análisis iconográfico, segundo grado de significación en el análisis de obras en Panofksy. En Violencia, Alejandro Obregón aborda dos temas clásicos de la historia del arte, entrelazándolos en una forma casi indisoluble: la maternidad y el paisaje. Desde la pintura bizantina el modelo de representación de la Madonna o Virgen con Niño se ha establecido como uno de los temas artísticos más explorados en la historia del arte: la madre sosteniendo a su hijo es una imagen vista en obras como Madonna del Prado de Rafael, la Madonna del Rosario de Caravaggio, y Maternidad de Picasso. En la obra del colombiano éste tema es latente, siendo la imagen principal de la obra una mujer encinta, por lo que se asocia inmediatamente con valores de amor, ternura y fecundidad. Pese a que el artista no presenta a la madre con su bebé en brazos, la imagen es claramente identificable.

Por otro lado, Obregón hace referencia en su obra al paisaje colombiano, a la topografía truncada y montañosa de nuestro país. El paisaje como tema artístico ha sido explorado en incontables oportunidades desde la Antigüedad y la Edad Media, pasando por las acuarelas de Durero en el Renacimiento, las obras de Rubens en el Barroco, llegando a su máxima expresión en nuestro contexto en el destacable trabajo de Jesús María Zamora. En Violencia el paisaje es la mujer misma, siendo las curvas de su cuerpo la que marcan la línea de horizonte, y las sombras y el contraste de color la silueta del cuerpo montañoso. Para el espectador colombiano es el retrato de una historia nacional marcada por la labor agrícola, por la explotación del campo, y por la magnificencia de nuestros paisajes. Al pintar tan inseparablemente mujer y paisaje Obregón apela a la identidad del pueblo colombiano, a la imagen de un pueblo que crece desde las entrañas de su quebrada topografía.

Por último viene el análisis iconológico de la obra, último estado de significación en el análisis de Panofsky, y objeto de trabajo de Warburg, quien define a la iconología como una disciplina de interpretación de los símbolos presentes en el arte. La obra de Obregón está cargada de simbolismos y contenido “subcutáneo”, y en Violencia ello es más evidente que en cualquier otra de sus obras. En


primera medida, y como elemento más importante, está el valor intrínseco de que la protagonista del cuadro sea una mujer embarazada, sinónimo de vida, pues se nos presenta como el reflejo de una guerra nacional donde el costo primordial es la muerte de los colombianos. “Hoy me llama la atención, más que nunca, que Obregón escogiera a una mujer, embarazada, y muerta. Lo primero que salta a la vista es lo acertado del símbolo: sobrio y poderoso; evidente sin ser obvio, y con una extraña fuerza que opera un interruptor en cada espectador y lo conecta”4. El éxito de la obra del colombiano, más allá de su excelencia formal, es su valor como testimonio de la guerra en Colombia, como huella latente en nuestro patrimonio y en nuestra historia, que sirve como recordatorio de que la sangre derramada en nuestros campos es aquella de nuestros hermanos, padres e hijos.

De manera similar, su trabajo de la mujer como paisaje trae una fuerte carga simbólica que subyace en la obra. En Violencia el paisaje montañoso no se muestra colorido ni frondoso como se ve, por ejemplo, en escenarios colombianos de obras de los pintores viajeros de la Escuela de Humboldt; aquí la escena es de neblina y oscuridad, con una tenue luz cenital que baña el cuerpo de la mujer, como si se tratara de una tarde lúgubre y lluviosa. Sin duda el uso del color en el paisaje marca el tono de luto en la pintura de Obregón, y sirve como herramienta para representar la tristeza que se vive en el territorio colombiano. La guerra en Colombia se vive, primordialmente, el las zonas rurales, y la simbiosis madre-territorio en Violencia impacta en cuanto el conflicto nacional afecta en mayor medida a las madres colombianas, que prestan sus hijos y esposos a la guerra.

Es difícil analizar todos los elementos de una obra tan significativa en tan poco espacio, pues Violencia es una pintura de tal importancia y valor que merece un estudio mucho más profundo. Como uno de los mejores trabajos de Obregón, éste cuadro logró poner en evidencia la difícil realidad de nuestro país sin

                                                                                                                4  Ruiz-Navarro, Catalina. “La Violencia.” El Espectador, Septiembre 29, 2011. Recuperado el 19 de Septiembre, 2014. http://www.elespectador.com/opinion/violencia-columna-302761    


caer en recursos amarillistas o discusiones políticas, sino a través de herramientas pictóricas y poéticas, lo que hace que su valor sea universal. Más allá de ser una gran obra de arte en términos formales, Violencia es una pieza clave en nuestra historia e identidad nacional, y presenta una voz de conciencia aún vigente sobre los resultados de la guerra: “(…)Es para los colombianos lo que Guernica o El grito son para el mundo: un resumen del horror, la desesperanza y la barbarie de que es capaz el ser humano”5.

Bibliografía   •

Ayala, Leonardo, y Eugenio Barney-Cabrera. Historia del Arte Colombiano Vol. 5. Bogotá: Salvat Editores Colombiana S.A., 1988.

Cecilia Henríquez de Hernandez, “Colombia, Violencia y Representaciónes simbólicas 1960 y 1970”, Cuadernos de Filosofía Latinoamericana, Julio 1, 2006, obtenido en Septiembre 18, 2014, http://eds.a.ebscohost.com/eds/pdfviewer/pdfviewer?vid=22&sid=10937693-6311-4efe-861a5402f30a4913%40sessionmgr4001&hid=4111

Chico, Camilo. Obregón. Bogotá: Villegas Editores, 2011.

Eduardo Serrano. "Obregón, Alejandro." Grove Art Online. Oxford Art Online. Oxford University

Press,

recuperado

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20,

2014,

http://www.oxfordartonline.com/subscriber/article/grove/art/T063152. •

Medina, Álvaro. Procesos del arte en Colombia. Bogotá: Colcultura, 1978.

Panesso, Fausto. Alejandro Obregón a la Visconversa!. Bogotá: Ediciones Gamma, 1989

Ruiz-Navarro, Catalina. “La Violencia.” El Espectador, Septiembre 29, 2011. Recuperado el 19 de Noviembre, 2014. http://www.elespectador.com/opinion/violencia-columna-302761

                                                                                                                5  Samper, Daniel. “Violencia, Alejandro Obregón.” Revista Arcadia, Enero 23, 2014. Recuperado el 19 de Noviembre, 2014. http://www.revistaarcadia.com/impresa/especial-arcadia-100/articulo/arcadia-100violencia-alejandro-obregon/35048


Samper, Daniel. “Violencia, Alejandro Obregón.” Revista Arcadia, Enero 23, 2014. Recuperado el

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Traba, Marta. Historia abierta del Arte Colimbiano. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1985.


La Violencia / Alejandro Obregón