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La felicidad es un Gordini Pablo Giordano

Cosas de mimbre ediciones


© 1993-2003 Pablo Giordano © 2009 - Textos de Cartón, Córdoba, Argentina © 2011 - Textos de Cartón, Córdoba, Argentina © 2011 - Cosas de mimbre ediciones, Argentina Contacto: pgiordano@lasvarinet.com.ar. Colección Poesía 1 Junio de 20011 Cosas de mimbre http://cosasdemimbre.blogspot.com


La felicidad es un Gordini


Prólogo a la edición de cartón en 2009 De la caja de cartón en un rincón del cuarto, a las tapas de cartón en un rincón del mapa, el destino de este libro no ha cambiado. De una promesa oculta a una decepción cumplida, de la adolescencia precóz a la maduréz que pudre, es el viaje que emprenden estos versos. Este libro, que se degrada cuatro o cinco veces más rápido que cualquier otro. Giordano, abril 2009.


La agresividad de los insicivos versos de este libro es la traducción, en clave de poesía, del cross a la mandíbula que exigía nuestro más grande expresionista. Con su poética del desamparo y del hastío, Pablo Giordano logra trascender el costumbrismo, y a fuerza de mordacidad y precisión. Sabe que no es necesario ser aburrido para hablar de aburrimiento, ni oscuro para expresar la oscuridad: su poesía es una gema profunda y negra, pero tallada con claridad absoluta. Leyendo La Felicidad es un Gordini nos enfrentamos a una obra de carácter, no apta para timoratos, desifradores de códigos ni esteticistas a la violeta. Marcelo di Marco, otoño de 2008


La felicidad es un Gordini


I EN LO VIEJO DE LA PLAZA


lo siento pero una tarde de siesta un calor conchudo reventado contra el asfalto un calor de puta madre un ventilador me persigue

lejos de las torres de papeles quemados de cerebros quemados de máquinas me persigue la música la vida

esa cosa hecha de sacos esa cosa llena de sangre de leche de palabras vomitadas ácidas por nicotinas la comunión con los testículos


con las mesas los fiambres

la mĂ­a es una psicosis de AM sonando en un patio a las cuatro de la maĂąana


amanece en lo viejo de la plaza abrazo las ventanas les doy de beber a los manteles baño de luces los muebles

otra vez no tengo qué hacer ni qué decir

voy a comerme de un bostezo la vía pública


en la casa contigua habita el aire se escucha una procesiĂłn de caĂąerĂ­as el agua que entiende de la vida viene a nutrirme de palabras


querido Sísifo con lloviznas querido anduviste solo comiendo galletas a las cuatro de la mañana sentado en el umbral más pálido que aliento de enferma revolviendo heladeras veredas viejas libros con cáncer no una cosa que pueda verse tocarse sino el ver y el tocar

lloro como la tarde en que te encontré mamando un cordón cuneta


corro descalzo sin moverme de mi cuarto

a mi lado el frĂ­o se come un perro me mira de reojo espera relame los huesos los estudia les arranca lo que queda

(el problema es que siempre quise decir nada)


con quĂŠ inteligencia pega el sol en tu casa te va despertando lentamente como un rosario de hierbas roto por el dĂ­a


basta con recorrer el pueblo cruzarlo de noche a noche de punta a punta caminando comprar cigarrillos y volver a casa para comprender el funcionamiento de un cascote


es como dos infancias juntas mi novia durmiendo entre los libros un perfecto ídolo falto de toda metafísica

detesta la música la radio el murmullo mundano de las mesas le teme a un crayón a los viernes al frío jura que va a ser monja que va a encerrarse que dios existe


II NI PUERTOS NI MUELLES


sonรกmbula de fuego se asoma a los volcanes un paisaje de suspiros manteca deliciosa que me amansa para siempre


si estamos solos labios memorizando todos los muslos


hace mucho que el sol no subĂ­a por las calles a veces la maĂąana tiene una gorda escondida entre la pollera

siempre la misma promesa la misma noche


hay que saberlo todo y discutir nada saber nada discutirlo todo

y que no importe ni lo uno ni lo otro —metáfora pura de la vida—


jura esa niña que lo soñé todo que en mí se desnuda la vida para no envidiar cada muerte


el pobre pรกjaro ante la muerte silba y la agasaja


cuidado párpado no abras tu sueño no abras tus sueños


ni puertos ni muelles ni sirenas que en la noche reverberen no hay d贸nde s贸lo adentro en


viento y hongos y pensamiento todos alborotados de alegrĂ­a plancha las sĂĄbanas del tiempo el agua que cae


es ahora que palpito inmerso en transistores y la cama enmudece como zanja

mi nombre estรก escrito en mi espalda


III NO MÁS QUE UNA LLUVIA


¿Llegaremos un día a sentarnos en un bar concluidos?

Que sólo nos miren como se mira un logotipo un tractor una empanada

¿Que no se hable de nada que no resuelvan cinco minutos de café?


s贸lo una lluvia aunque los hombres se mojen y se quejen


decime si no son las canillas dos locos en reposo que rozados por un giro de mano despiertan de la ausencia


hay un muerto frente a mĂ­ con hambre con desfachatez un muerto que vino del olor de mis zapatillas desnudo como un agujero que no canta vino este muerto al vino santo de la huida


no vuelvas yo velo por nosotros cuando ni単os mantengo hamacas mudas desde siempre


un amor quebrado por la furia deja que nos lleve el hombre de la bolsa la repĂşblica interna el mundo sin ombligo aunque bello desamparado como un dios


en la fiebre barcos de calor navegan el espacio que no importa como el tiempo

lo Ăşnico creĂ­ble es la espera del cuerpo que no entiende


perdoname sin gracia como quien tira un carozo al fondo del ropero perdoname despacio con silencio de gruta

y abrĂ­ el ataĂşd para que el loco huya


viene cargada de drogas y golpes otra vez estรก embarazada

como el que revela el costado enfermo de los muebles desciende sobre nosotros un polvillo mortuorio

felices porque es la tarde condenados a la zanellita azul damos vueltas a un pueblo enfermo


quiero comer en el techo quiero gritarle cosas a la gente quiero andar en cuero por un shopping


la noche es una señora con calmantes deshace las camas y ensucia los vidrios tira un colchón y duerme con los perros

hay una organización de faroles que ama literalmente a las nubes

de vez en cuando alguna casa abre un ojo y lo cierra enceguecida

seres extraños realizan partos a los mármoles se oye cantar a un muerto —una vez un niño se murió de alegría sacándole jugo a unas piedras—

animales raros que quieren ser perseguidos trepan árboles y ríen

deambula un temible señor viejo que quiere enseñarnos


dulzuras espeluznantes

me detuve a ver los alumbramientos el inconmensurable ejercicio de los climas las luces tenues

parece el pueblo una cabeza que sueĂąa una almohada con perfume maduro vida sabia lavĂĄndose las piernas


guerra sonora entre el despertador y los grillos nunca acabamos de despertar pasamos la vida lavรกndonos los dientes bajando a fumar un cigarrillo

se es poco nos queda de la espera menos del encuentro

se estรก quieto mirando cรณmo caen las gotas


parece que los autos tienen un alma que bosteza

la felicidad es un Gordini que despierta


el silencio es presencia deshidratada el agua de la primera palabra y las que siguen no justifica la vida la mistifica

mรกs allรก se despliega completa una llama desde que nace es un reino tranquilo interpretar mil veces la misma foto distinta

afuera pastan los รกrboles la noche acuosa el mudo aprende nuevas eremitas insomnes y felices ante el viento no diremos nada nunca y para siempre


Gracias a quienes tuvieron la paciencia de leer este libro durante tantos años y hacer observaciones: Leo Brochero, Alicia Beltrami, Dolores Hernández, Marcelo di Marco, Iván Ferreyra, Diego Cortés, Carlos Barbarito (quien recomendó quemarlo), Alejo Carbonell, Andrés Nievas, Rubén Sacchi y Juan Castro.



La Felicidad es un Gordini