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EL OSO ABURRIDO


Había una vez un oso que estaba sentado en su casa; él estaba muy aburrido y pensaba:

“¡Cómo me gustaría vivir una aventura!”

Fue entonces que decidió dar un paseo por el bosque; sí, esa era una buena idea.


Y asĂ­, con su mejor sonrisa, nuestro amigo Oso comenzĂł su caminata entre ĂĄrboles de verde y fragante follaje.


Escuchaba el canto de los pajaritos del bosque que lo saludaban al pasar.

Pero todavĂ­a no sentĂ­a que eso fuera una aventura propiamente dicha.


Caminó y caminó mirando a los pajaritos, hasta que sin darse cuenta nuestro amigo cayó en un profundo hoyo… Abajo estaba muuuy oscuro. ¿Cómo iba a salir de allí?


La oscuridad era total, así que empezó a tantear las paredes del pozo y en ese momento, ¡descubrió que había un túnel!

Al parecer esa era la única vía de escape, por lo que decidió aventurarse.


Anduvo un buen rato por el túnel, con mucho esfuerzo porque él era bastante gordo y le costaba avanzar. Hasta que se encontró con un topo que lo miró con curiosidad y le dijo: “- ¿Qué haces aquí? ¡Tu no eres un topo!” -“¡No, soy un Oso! Y estoy perdido.”contestó él.


El buen Topo se compadeció de él y decidió ayudarlo, por eso le contó que más adelante el túnel se dividía en dos; el túnel de la derecha salía cerca del río, y el otro no debía tomarlo por ningún motivo porque llevaba a la ciudad. Muy agradecido el Oso siguió adelante, pronto terminaría esta curiosa aventura y estaría de vuelta Pero inesperadamente encontró una caravana de hormigas que estaba cruzando de un lado al otro del túnel.


“ Son muchas” pensó, “y yo no puedo moverme, así que mejor las dejo pasar sin molestarlas”

En eso estaba, contándolas, “88, 89, 90, 91” ¡cuando se quedó profundamente dormido!


Al despertar estaba solo. La caravana de hormiguitas había desaparecido, entonces siguió hasta donde el túnel se abría en dos. Pensó y pensó, pero por más que lo intentaba no logró acordarse de lo que había dicho el Topo. ¿Qué hizo nuestro amigo? Justo lo que le dijeron que no hiciera; sin darse cuenta el Oso había tomado el túnel que llevaba a la ciudad. Así fue que llegó a una escalera. “¿Adonde irá a dar ésto?” Se preguntó.


Nunca se imaginó que iba a salir justo en el probador de una tienda departamental. Se fijó en el espejo y dijo: “-¡Un Oso!”. Ya creía que estaba en casa...


pero cuando corrió la cortina vio a muchas señoras probándose abrigos de piel. Entonces salió, y para disimular, se puso un sombrero que le cubría casi toda la cabeza, así con paso lento, se fue de la tienda. Los vendedores lo miraban y pensaban:


“¡Que señora más fea la del abrigo de piel!” Pero un guardia de seguridad hizo sonar un silbato y gritó: “-¡Es un Oso, que no escape!”- Y empezó una persecución a la que se sumaron algunos de los vendedores.


El Oso salió disparado, corrió y corrió… Hasta llegar al bosque, dejando a todos atrás. Ellos, cansados, se detuvieron. Y así él pudo llegar a su casa.

Lo


Y entonces, una vez en casa, suspiró y dijo: “- Creo que no quiero más aventuras por hoy”.

FIN


EL Oso aburrido  

Un cuentito de Pablo Benegas para sus nietos

EL Oso aburrido  

Un cuentito de Pablo Benegas para sus nietos

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