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La oveja que camin贸 en el cielo Pablo Cifuentes Vladilo


Oveja Blanca y Oveja negra nunca se habían visto. A pesar de que vivían en el mismo redil. Muchas ovejas mayores veían con malos ojos el hecho de que las ovejas negras y bancas pudieran llevarse bien. Un día llegaron los hombres con sus máquinas de pelar ovejas y Oveja Blanca tuvo miedo. Qué frío sentiría.- ¿Sin lana, con este frío? – Se dijo Oveja Blanca, y decidió escapar y dar un paseo, mientras las ovejas mayores se dejaban esquilar, rezongando entre dientes. Al mismo tiempo, Oveja Negra, a quien nunca le cortaban la lana, había salido a dar una vuelta. Naturalmente se encontraron, y esto es –más o menos- lo que pudieron haber conversado.

- ¿Estás perdida? – Preguntó Oveja Negra. - ¿Por qué lo dices? – Respondió intentando sonar segura, Oveja Blanca - No vienen muchas ovejas blancas por acá. Además hoy es día de cortalanas, la mayoría de las ovejas blancas como tú alardean de sus cortes de lana. - A mí no me gusta, me da miedo… y frío. Oveja Negra entendió que Oveja Blanca no era igual a todas las ovejas del rebaño y se pusieron a caminar juntas. - A veces yo también tengo miedo – Dijo Oveja Negra después de un rato de silencio - ¿Miedo de qué? Ustedes las ovejas negras parecen muy seguras.


- De repente creo que las ovejas se hicieron originalmente blancas, pero algunas quedamos mal. Por eso somos poquitas. - Los hombres dicen que las cosas que escasean son las más valiosas, aunque yo no entiendo mucho de eso. - Entonces ustedes que son más ¿valen menos? ö - No lo creo - Tampoco yo. Me ha gustado caminar contigo, eso es valioso. - :) Oveja Blanca y Oveja Negra caminaron otro rato en silencio. De pronto Oveja negra tuvo una idea: - ¿Quieres caminar en el cielo?

Oveja Blanca se sorprendió y preguntó entre risas – ¿cómo dices? ¿Caminar en el cielo? Las ovejas no podemos hacer eso. Podemos caminar por la pampa, por los prados. Algunas veces cuando el piño se amontona tenemos que caminar unas sobre otras, pero nunca podríamos llegar hasta el cielo. - Las ovejas blancas lo complican todo. No es tan difícil como suena. Mira, obviamente si tratas de elevarte es imposible, no podemos volar y tu peso te hará caer. Sería un esfuerzo inútil y sin sentido. - Entonces cómo voy a caminar en el cielo si no puedo llegar a él. - Piensa con sencillez, Oveja Blanca. Mira, ¿dónde está el cielo? - Arriba


Lógico ¿no? Y… ¿con qué caminas? Con las patas… ¿Ya ves? ¿Lo vas entendiendo? ¿Entender qué? ¡Ay! Oveja Blanca, ustedes son demasiado tradicionales. Fíjate bien. Si las ovejas caminamos con las patas y el cielo está arriba ¿dónde hay que poner las patas? - Mmm… ¿arriba? - ¡Bien! ¿Ves? No era tan difícil. -

En ese momento Oveja Negra se echó sobre el suelo y rodó suavemente hasta recostarse sobre su lomo. Luego con tranquilidad apuntó sus patas hacia el cielo

y comenzó a moverlas como si caminara. Oveja Blanca la miraba con extrañeza al comienzo, pero al final se contagió con la risa de Oveja Negra y quiso intentarlo. Las dos ovejas se quedaron largo rato caminando en el cielo y vieron como las nubes y los pájaros y las primeras estrellas que empezaron a salir se movían bajo sus pies. Ese día Oveja Blanca aprendió muchas cosas, pero la más importante fue que para caminar en el cielo sólo hace falta poner el suelo arriba y el cielo abajo y mover con ganas los pies.

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La oveja que caminó en el cielo  

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