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DISCOS Y OTRAS PASTAS www.discosyotraspastas.lamula.pe AÑO 5 NÚMERO 48

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EDICIÓN DIGITAL

OCTUBRE 2011

ERIC CLAPTON - ESTADIO RIVER PLATE, BUENOS AIRES (14.10.2011)

UN CLÁSICO EN CONCIERTO Son las nueve de la noche en el coloso de River Plate. El público localizado en la cancha se remueve inquieto en sus ubicaciones y se escuchan aplausos y silbidos de impaciencia. Hay mucha expectativa por ver a Slowhand tras diez años de ausencia de los escenarios bonaerenses. Parte de nuestro interés está centrado en la composición del set list. Nuestra curiosidad tenía que ver con la interrogante de si incluiría algunos temas de uno de sus últimos discos solistas, el Back Home (2005), disco que consideramos lastimosamente fallido. Bien dice Joaquín Sabina que la felicidad no se lleva bien con las musas. Y no le falta razón. Eric Clapton ha confesado que ahora vive una etapa de estabilidad emocional, de felicidad hogareña y, precisamente, el título del disco mencionado alude a tal experiencia de manera abierta y categórica: tras muchos años viajando entre la bebida y los alucinógenos, al fin la vuelta al hogar, al amor conyugal y al universo de las travesuras infantiles. Bien por su felicidad, lástima por una creatividad en espera de oportunidades propicias.

aquellos viejos temas de sus comienzos, pero también con los recientes: en el escenario, el artista se transforma, se eleva, y puede -como un acto mágico- convertir la canción intrascendente en una versión nueva, inolvidable, única. Y Clapton no sólo lo sabe, suele hacerlo en sus inspiradísimas presentaciones en vivo. A las nueve y diez de la noche aparece en escena, abrigado con una casaca oscura y una hermosa Fender Stratocaster celeste en ristre. Se apagan las luces del estadio, quedan encendidas unas pocas sobre el escenario y apenas da unos pasos ante el público ya está pulsando las cuerdas de su guitarra y las primeras notas de “Key to the Highway” se escuchan en medio de los gritos y aplausos del público que lo recibe de pie. Su saludo, un escueto “good evening” y los sonidos de su guitarra que electrizan el ambiente, son el prólogo de toda una declaración de principios en que se convierte su primera canción: tengo la llave de la carretera, iremos directo hacia la frontera, un beso rápido de despedida, pues ya no habrá retorno posible. Eric Clapton continúa en el camino, como Dylan, como McCartney, como los Stones. No importan los años, morirán con las botas puestas. Y como esos viejos dinosaurios, Clapton exhibe ante propios y extraños sus virtudes, su maestría. Nunca como ahora, tan real y tan patente aquel dicho: la antigüedad es clase. Y tras el primer y rápido “thank you”, sin prólogo alguno arranca una pequeña introducción para una

Con tal antecedente, entonces, nuestra curiosidad por los temas que su concierto incluiría es bastante grande. Eric Clapton no es un artista de un ayer reciente, es toda una leyenda del blues y del rock. Es más, aquellas composiciones de ese disco que no nos impresionaron (salvo el tema “So Tired”), interpretados ante una multitud pueden sonar diferentes. Ya Bob Dylan nos ha demostrado lo que puede hacer con

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DIRECTOR: HENRY FLORES (www.musicamoleskine.blogspot.com)

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Japón. Ya en esa época Chris Stainton acompañaba en los teclados, a “Lay Down Sally”, el tercer „track‟ del álbum, le daba un toque de frescura y de desenfado que fue también posible percibir en la interpretación actual. Échate, Sally, y descansa en mis brazos, ¿no crees que necesitas alguien con quien hablar? Vamos, Sally no necesitas irte tan pronto….Composición sencilla, blues agridulce que esconde un leve aire de melancolía, que luego se acentuaría con aquellos versos en los que expresa, con el sentimiento a tope, que no hay cosa más maravillosa que motivar a que el objeto de su amor haga realidad sus más encendidos sueños (When somebody thinks you are wonderful). sentida versión de “Tell the Truth”: sí, no importa quién seas o hacia donde te dirijas…abre los ojos y mira hacia tu interior.

El final de este bloque acústico llegó con el clásico de los años setenta, “Layla”. Una versión sentida, lenta y emotiva, escrita para quien fuera uno de sus grandes amores, Patty Boyd, que, en la época en la que la compuso, era la esposa de George Harrison. El tema descubre el amor loco, el amor desesperado y autodestructivo, que el cantante vivió desde el momento que conoció a quien se convirtió en la prenda de su afecto, y a quien persiguió sin descanso hasta hacerla suya. Esta hermosa canción, en su versión original, con guitarra eléctrica, acordes furiosos y entonación agitada ponía en evidencia la turbulencia de una relación afectiva que marcó a fuego al artista. No podemos negar que esperábamos esa versión eléctrica que escuchamos cuando jóvenes, olvidando que las aguas encrespadas de entonces, ahora se han calmado y que la pasión de ayer es hoy, al margen de las heridas causadas, un hermoso e inolvidable recuerdo. Mientras Clapton desgranaba con emoción su nueva versión de “Layla”, nos preguntábamos si al menos conservaría la bella coda de piano de la canción original, suerte de movimiento calmo luego de la tempestad. No, no la conserva más. De pie otra vez y con la Fender Stratocaster nuevamente en ristre, inició el riff de guitarra característico de “Badge” con lo cual, una vez más, nos contagió júbilo y emoción. Apartado del micrófono ejecuta su riff introductorio, luego da unos pasos hacia adelante, pega su rostro al micro y dispara con su voz cargada y grave: “Thinkin' 'bout the times you drove in my car….”, y cuando finaliza el sexto verso de la canción, “Then I told you 'bout our kid, now he's married to Mabel”, una pausa, se aleja del micro mientras los sonidos de los instrumentos (guitarra, teclados, platillos…) quedan flotando en el ambiente

De inmediato los acordes secos y característicos de “Hoochie Coochie Man”, el clásico de Willie Dixon remece el estadio. La voz ronca de Clapton y las notas agudas de su guitarra alternan armoniosamente con los coros de Michelle John y Sharon White y los teclados de Chris Stainton y Tim Carmon. Una versión para el recuerdo. Y cuando creíamos que ya habíamos tocado el cielo, nos descerrajó un directo al corazón: “Old Love”. Versión única e irrepetible, que jamás hemos escuchado. Allí el guitarrista lo dejó todo. Inspiradísimo en cada uno de aquellos viejos versos de 1989 que escribiera junto a Robert Cray para el hermoso Journeyman. Pero la emoción llegó al tope cuando hizo un prolongado intermedio con su guitarra. Versos dirigidos al viejo amor, cuyo rostro aún recuerda, el viejo amor que aún duele porque la llama no se ha extinguido. Ver a Clapton entregándose generosamente en el escenario en esas notas sostenidas de su guitarra, vibrando a la par que su corazón, fue una experiencia que colmó nuestra emoción. Un grande, sin duda alguna. “I Shot The Sheriff” en tiempo de reggae y su pequeño homenaje a Bob Marley distendieron el ambiente. Clapton y su coro femenino lograron un buen contrapunto de voces en una versión que no se diferenció mucho de la que conocemos tanto en sus interpretaciones en estudio como sobre el escenario. Era la hora del blues. El tiempo del homenaje a los amados Muddy Waters, BB King y sobre todo Big Bill Broonzy y su toque de guitarra acústica. Sentado y con la acústica en las manos, en la cálida noche primaveral de la hermosa Buenos Aires, Clapton reprodujo con “Driftin‟” y “Nobody knows you when you´re down and out”, aquellas notas blueseras que nos transmitieron fielmente esas sensaciones que el artista descubrió en su encuentro con el primitivismo relajante de esa música que, en su juventud, le abrió las puertas de un universo hecho de negritud, añoranza y marginalidad, y que ha cultivado con tanta unción y lealtad a lo largo de su extensa y fructífera carrera musical. No podemos negar que nos emocionamos apenas escuchamos las primeras notas de “Lay Down Sally”, un blues ligero a paso de polka, que nos trajo gratísimos recuerdos de aquel hermoso álbum Just One Night (1980), grabado en Budokan,

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Y, sin duda, su “Before You Accuse Me”, rozó también el cielo. Un blues guerrero con un largo intermedio que permitió gozar del virtuosismo de los tecladistas, virtuosismo que se reiteraría en el homenaje al bluesero Robert Johnson en “Little Queen of Spades”. El esperado “Cocaine”, y un pequeño encore constituido por otro homenaje a su maestro Johnson -“Crossroads”- fueron el espléndido cierre de un concierto que colmó nuestras expectativas, alimentadas a lo largo de los muchos meses de espera, desde aquella mañana en que nos enteramos que Slowhand iba a recalar en el amado Buenos Aires. Entre el “Key to the Highway” y el “Crossroads”, la vida se convirtió en un caminar a través de un pentagrama sembrado de recuerdos de las muchas horas pasadas junto al tornamesa viendo girar los viejos long plays, remembranzas lejanas de aquella niña que se entusiasmaba con los vibrantes riffs de “Layla” e imágenes emotivas de aquellas ilusiones que surgen entrañables día a día mientras la música satura nuestros oídos y el sol empieza a despuntar cada mañana. ROGELIO LLANOS / FOTOS: PABLO COSTA

electrizado del estadio. Luego de unos segundos, se adelanta, mira la cuerda que ahora va a pulsar, aprieta el pedal y lanza el riff puente característico de este segundo movimiento. El sonido limpio de su guitarra encuentra eco en el latido de nuestros corazones. Cada nota, cada sonido nos envuelve, nos fascina, nos carga de ilusión. Y luego, continúa: “Yes, I told you that the light goes up and down”, para luego concluir “Yes, before they bring the curtain down”, y prolongar la emoción con aquellos sonidos agudos que salen de los últimos trastes de su guitarra, predios predilectos de uno de los más grandes guitarristas de todos los tiempos. Cierra los ojos, mueve la cabeza, se inclina hacia atrás, se deleita con los sonidos que extrae de su instrumento. Chris Stainton, el tecladista, se une inspiradísimo a esta suerte de ordalía y, finalmente, toda la banda y los coros se unen en un vibrante “Where is my badge?” que nos emociona y nos hace ponernos de pie. Siguió otro homenaje a Patty Boyd, “Wonderful Tonight”, en una versión corta, pero no por ello menos inspirada.

NOVEDADES DISCOGRÁFICAS POLY STYRENE GENERATION INDIGO Marianne Joan Elliott-Said (pionera del punk con X’ray Spex) jamás imaginó que su último retorno como solista (bajo el seudónimo de Poly Stryrene) sería el más aclamado por la crítica. Generation Indigo es sobresaliente, bien pulido, sin astillas. Un serio candidato al mejor álbum del 2011. De estilos variados como el techno pop, power pop, punk, new wave o el reggae, incluso hay canciones muy bien ensambladas con retazos de los ritmos mencionados. Al ser un disco que no tiene desperdicio alguno, basta con saborear el primer single, “Virtual Boyfriend”, para darnos una idea de la obra total que degustamos: un intro con loops electrónicos, más una voz juvenil y unos coros en power pop con voces distorsionadas forman el atractivo medio que trasmite letras irónicas contra la sociedad “online” de estos tiempos. El productor Youth (Paul McCartney, The Verve, etc.) dotó a estas irreverentes composiciones la dosis necesaria de electrónica (ni el punk “Trash City” o el reggae “No Rockefeller” salieron ilesos) para hacer un álbum dirigido a la mente, el corazón y los pies. Un álbum para cualquier momento y lugar, para una concurrida fiesta o la soledad de tu habitación. Lamentablemente, a finales de abril, un agresivo cáncer se llevó a Marianne de nosotros. Tenía 53 años. Presionaré “play” de nuevo y bailaré en tu honor. HENRY FLORES

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THE VACCINES WHAT DID YOU EXPECT FROM THE VACCINES? A estas alturas y con toda la infinidad de bandas británicas guitarreras deudoras del garaje, el noise rock y el post punk, es increíble que todavía existan debutantes como The Vaccines capaces de dar bocanadas de aire fresco a esta incestuosa retroalimentación musical. Más que un álbum, “What Did You Expect…” parece una colección de singles, debido a sus adictivas canciones y a la curva exponencial de entusiasmo que genera con cada escucha. Estamos ante una banda que sabe mezclar sus influencias y aportar su propia personalidad en cada canción. Desde el primer tema, “Wreckin' Bar (Ra Ra Ra)" con sus palpitantes minuto y medio, sin tapujos rinde homenaje al punk melódico de Ramones. Y así continuarán, gracias a sus guitarras, en canciones eufóricas como “If You Wanna” o “Norgaard”. Aunque sus momentos más geniales y sublimes serán los más británicos, aquellos que beben del post punk, del noise pop rock (clave la influencia de The Jesus & Mary Chains) como en las bellas “Post Break-Up Sex” y “A Lack of Understanding". Gracias a estos actos el rock de guitarras jamás morirá. Y así como The Strokes, Arctic Monkeys, Franz Ferdinand o 1990s, ahora es el turno de The Vaccines de ser sus nuevos predicadores. HENRY FLORES

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VICIOGAMES

XENOBLADE CHRONICLES PLAT AFORMA: Nintendo Wii AÑO DE LANZAMIENTO: E.U., Japón (2011) GÉNERO: juego de rol (RPG)

Hace millones de años, dos dioses gigantes, Bionis y Mekonis, se enfrentaron en un combate implacable y casi sempiterno. Después de atacarse mortalmente al mismo tiempo, ambos quedan inertes en una atmósfera compuesta de mar y cielo. Sobre sus restos floreció la vida. Una amplia variedad de seres: orgánicos, incluyendo a los Humas, en Bionis y las máquinas, principalmente los Mekons, en Mekónis.

Shulk, un jovencito Huma, es el único que puede manejar la espada de los dioses llamada Monado, y de él dependerá que termine la guerra y haya paz en ambos mundos.

Xenoblade Chronicles es también libertad. Podemos explorar a nuestro antojo todo el vasto mundo creado. Al descubrir nuevos lugares ganaremos puntos para subir de nivel y así no sentirás que pierdes tu tiempo. También es importante crear lazos afectivos con tus compañeros para mejor vuestras afinidades en los combates grupales. Mención especial merece la banda sonora del juego: ambiciosa y deliciosa. Compuesta por noventa canciones, desde el piano más sublime a complejas orquestaciones, cuya oportuna presencia hará que nuestros sentimientos fluyan al ritmo de sus notas. Como factores en contra, Xenoblade tiene gráficos modestos (aún para los estándares de Wii) en sacrificio a la amplia variedad de escenarios, falta de precisión en el control de la cámara mientras luchas, y una compleja curva de aprendizaje que puede intimidar a los iniciados en los juegos de rol.

Xenoblade Chronicles es un excelente y adictivo RPG (juego de rol). Es ambicioso, épico, con una trama sólida y bien narrada, fluido en su jugabilidad una vez que superes su compleja curva de aprendizaje, con inmensos parajes por recorrer. Tan solo para acabar la historia principal necesitarás de unas ochenta a cien horas: más de un centenar de batallas y misiones (estas últimas no son obligatorias para avanzar en la trama) que te permitirán ganar experiencia, subir de nivel y hacerte más fuerte. Porque hay una amplia variedad de enemigos, de distintos niveles, características e inteligencia que pondrán a prueba tu habilidad como guerrero, no solo para dar golpes, también para elaborar tus tácticas de lucha.

En Xenoblade Chronicles manejaremos a un guerrero que comandará un equipo de tres. Podemos escoger de entre ocho personajes, intercambiables en cualquier momento, a nuestro álter ego que nos dará la victoria final por un mundo sin dioses. HENRY FLORES

Al igual que los dioses sobre los cuales viven, los habitantes de Bionis y Mekonis han estado enfrentados por mucho tiempo en batallas despiadadas promovidas por los Mekons que quieren acabar con toda forma de vida en Bionis.

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CLÁSICO ES REVISARTE

U2 - “ACHTUNG BABY” (1991)

LA ÚLTIMA CANCIÓN ANTES DEL FIN DEL MUNDO Un Bono despojado de todo rasgo mesiánico muestra las heridas y bajezas de las que puede ser capaz. Alcanzan los rastros de sangre que va dejando en cada verso para concluir acerca de su definitiva condición humana (“I´m only hanging on to watch you go down…my love”). The Edge descubre la fórmula del riff perfecto y la dupla Clayton-Mullen Jr. nos enseña a ser puntuales con un reloj descompuesto. Son demasiadas buenas canciones y canciones demasiado buenas. “Even Better than the Real Thing”, “One”, “Who´s Gonna Ride your Wild Horses”, “So Cruel” y la lista debería seguir hasta completar la docena, pero “Until the End of the World” merece un punto y aparte. La madre de todas las canciones. La canción que llegó hasta el sol, con permiso del maestro Luis A. Spinetta.

Al diablo con la objetividad, la perspectiva e imparcialidad que se supone debe orientar esta reseña. Achtung Baby es el mejor disco de U2. En 1991 la banda, que apenas terminaba de desempacar de su viaje a la cuna del rock (Rattle & Hum), ensayó desde su retiro berlinés la resignificación de su propia identidad. Achtung Baby es la metamorfosis retratada en su cenit. Una polaroid del transformismo musical a escala planetaria. A sus treinta años, una edad a la que los Beatles ya habían dicho todo como banda, los dublineses más famosos pusieron los pies en la luna por primera vez. Embarcados en una suerte de Arca de Noé con destino galáctico los U2 acopiaron sus más recientes influencias sin falsas pretensiones (“Every artist is a cannibal every poet is a thief”) y consumaron un collage a base de postmodernidad europea, vanguardia electrónica y sonidos neo-psicodélicos de la escena Madchester que por esos años dominaba el Reino Unido. U2 es U2 a partir de este álbum. Es decir, no podría ser la banda que es tan sólo con los discos que precedieron y/o sobrevinieron a Achtung Baby.

LIBROS

Seguramente existan otras, pero aquí el universo se llama Achtung Baby. A la distancia es interesante ver como la vanguardia mutó en clásico. Claro que no hizo falta esperar 20 años. Ese periplo con ansias experimentales que los U2 recorrieron en apenas una década, entre 1991 y 2001, nunca los mostró definitivamente alejados de sus raíces, ni siquiera cuando llevaron al extremo el proceso (Original Soundtracks 1 (1995) con Passengers o U2 + Eno). Al regresar al origen con All That You Can´t Leave Behind (2000) encontraron que Achtung Baby ya era lo más parecido a una pieza de museo. Desde “Zoo Station”, tema inicial de Achtung Baby, Bono lo anunciaba premonitoriamente: “Time is a train, makes the future the past”.

JORGE CAÑADA

LIBROS

DAVID GOLDER AUTOR: IRÈNE NÈMIROVSKY( Francia) “David Golder” retrata la vida de un millonario, su amor desmedido por el dinero y su única hija, y su desprecio por sus enemigos, esposa y mantenidos. De repente una enfermedad cardíaca le cambia la vida, lo pierde todo. Ya retirado de toda actividad económica y con una vida austera aunque cómoda, Golder decide volver a ser millonario, a costa de su quebrantada salud, para recuperar el amor de su hija y asegurarle su futuro económico. No solo el amor filial es su motor, también su pasión y placer por los negocios y el dinero, vuelve a sentirse vivo aunque sea por unos días, hasta que el cuerpo aguante. Némirovsky se inspiró en sus padres -judíos y millonarios- para estereotipar a Golder y su familia. Sin importarle las acusaciones de antisemitismo (describe sin piedad a los judíos: codiciosos, tacaños, con exagerados rasgos físicos, etc.) recrea una historia sólida, creíble, intensa y trágica, con un protagonista entrañable después de todo. NOEL MIRÓ QUESADA

AEROPUERTOS AUTOR: ALBERTO FUGUET (Chile) Cuando vi “2 horas” (corto de Alberto Fuguet) me sorprendió la indiferencia y cierta agresividad con la que el hijo trata a su padre en su encuentro con él en el aeropuerto. En ellos no hay relación alguna, se nota el desprecio del muchacho de diecisiete años por aquel progenitor que siempre estuvo lejos, que nunca lo crió ni mucho menos lo sostiene económicamente. El padre se muestra como queriendo recuperar el tiempo perdido, con ganas de decirle que lo quiere. En fin. La novela corta “Aeropuertos” trata sobre la historia de ambos personajes antes de ese encuentro en el aeropuerto, incluyendo el protagonismo de la madre. Una novela con resultado dispar, que falla en el tratamiento sicológico de los personajes a favor de la fluidez de las acciones. Algunos diálogos se sienten forzados, con clichés, como si los protagonistas carecieran de personalidad y fueran meros loros parlanchines. Sin duda, un retroceso comparado con “Missing” (2009). NOEL MIRÓ QUESADA

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Discos y Otras Pastas 48(oct2011)  

1)Una crónica del concierto que ERIC CLAPTON dio en Buenos Aires a mediados de este mes. 2)Analizamos los álbumes de Poly Styrene y The Vacc...

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