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Una lección para Joel

GRISELDA OTILIA SÁNCHEZ MORENO


E

n una noche oscura como la boca de un lobo,

estaban cenando ante una mesa larga la familia JimĂŠnez y al terminar


Los señores fueron a la habitación de Joel para acompañarlo mientras conciliaba el sueño, la Señora María le ayudó a cambiarse su ropa por la pijama pues era el mes de diciembre y hacía un frío como una hielera,


El señor Luis le dio un fuerte abrazo, lo acostó y tapo, con cariño y después ambos se despidieron del niño con un beso y se retiraron apagando la luz y cerrando la puerta.


Joel qued贸 solo y sinti贸 miedo por esa oscuridad y el viento que soplaba muy fuerte, desgre帽ando las ramas de los 谩rboles.


De repente Joel se vio caminando a la orilla del rĂ­o sin saber quĂŠ hacer,

a lo lejos se escuchaba el aullido de los lobos


y empezó a caminar despacio, luego más rápido y después corrió, corrió cada vez más rápido, escuchando los aullidos más cerca y


de repente se detiene cuando miro los árboles en aquella oscuridad, cada rama de los árboles lo señalaba, diciéndole:


eres un niño consentido, eres un niño holgazán, eres un niño voluntarioso, eres un niño caprichoso.


y Joel se espant贸 tanto que se puso a llora l谩grimas de sangre y dijo:


Ya me voy a portar bien a partir de hoy, voy hacer mis tareas, ayudarĂŠ en la casa, serĂŠ obediente;


se sinti贸 acorralado por un lado los aullidos y por otro lado los arboles fantasmag贸ricos que lo acusaban, sali贸 volando como una ave nocturna,


hasta llegar un claro del bosque ya la luna brillaba como un sol, la noche se hizo d铆a, su coraz贸n dejo de latir, le faltaba el aliento, jadeante se sent贸 en una roca hasta que su coraz贸n regreso a la calma,


mirando a su alrededor observó y se sorprendió al ver una alfombra verde llena de flores, hasta un par de conejitos blancos husmeaban por ahí, los llamó los cargo, los acarició y les contó lo que le había pasado.


Pues eso le pasa a los niĂąos que son desobedientes le dijo uno de ellos , asĂ­ le paso a Beto el travieso, dicen que se lo llevo una nahuala y ya nunca mĂĄs regreso,


ahí estaban plática y plática mientras la enorme luna le daba paso al señor sol, los conejitos se despidieron y se metieron a su madriguera


Joel siguió caminando por una vereda, Joel quería llorar porque se sentía muy solo, y deseo tener varios hermanos para jugar, platicar, compartir con ellos sus juguetes y quisiera tener a sus papás en ese momento.


De pronto se oyó un ruido y era la puerta que abría su mamá para despertarlo e ir a la escuela.


¡Oooh! Todo era un sueño


Cuento