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Deia – Lunes, 12 de mayo de 2014

Enkarterri

Memorias de un zallarra en Tokio OSKAR DÍAZ CUENTA EN UN LIBRO SUS VIVENCIAS EN JAPÓN, PAÍS AL QUE SE MUDÓ HACE OCHO AÑOS Un reportaje de Elixane Castresana

U

N anuncio en prensa cambió la vida de Oskar Díaz, aunque él no lo sospechaba cuando leyó aquel recorte en el que solicitaban un becario para trabajar en Japón. Recién terminada la carrera de Informática en la Universidad de Deusto, vio en esta convocatoria del Gobierno vasco una oportunidad excelente para continuar su formación y abrir nuevos horizontes en todos los sentidos. No se lo pensó, así que hizo las maletas y aban-

donó su casa de Zalla con destino Tokio y escala en Gasteiz, donde la empresa que le había contratado tenía otra sede. Ocho años después, Oskar, casado con una japonesa, acaba de visitar su municipio natal con su mujer, Chiaki, y su hijo, Kota, que ha pisado por primera vez la tierra de su familia paterna. Durante su estancia también tuvo ocasión de compartir con los vecinos un proceso de adaptación al país asiático que ha reflejado en un libro: Afi-

nando un sueño. En una kultur etxea repleta, Oskar vivió “uno de los mejores momentos de mi vida al volver a mi pueblo después de tres años, por primera vez con mi hijo, y que tanta gente conocida viniese a que les contase mis vivencias; fue emocionante y precioso”. “Desde aquí se lo agradezco a todos los que estuvieron”, añade, ya de vuelta en Japón.

LA RED La aventura literaria surgió a raíz del blog iku-

blog.com que escribe en la red sobre su día a día, aderezado con historias de personas de su alrededor que han cautivado a los internautas. Como la de “una señora de mi barrio que todos los días se colocaba en una esquina con un montón de paraguas a su alrededor y que al final del día recogía y metía en su casa”. “Todo empezó a partir del relato de esta mujer que murió y no volví a ver, pero me emocionaba”, recuerda. Una imagen más de todas las que almacena desde su desembarco en Asia. Al principio los edificios construidos aparentemente sin normas arquitectónicas, “carreteras prácticamente por cualquier lugar” y el idioma obstaculizaron el proceso de aclimatación. Sin embargo, “la amabilidad de la gente, que se desvive por ayudar, incluso aunque no te entiendan”, facilitó mucho las cosas. Con el tiempo, Oskar fue asimilando también las diferentes convenciones sociales que tanto sorprenden en occidente a pesar de que “no son tan estrictas ni tan exageradas

como se nos presentan” y, a su juicio, responden “al aislamiento del mundo en el que Japón ha vivido durante muchos años”. También destierra los estereotipos sobre el carácter introvertido de los japoneses, que a él le parecen “cordiales y joviales”.

RECUERDOS Aunque es feliz, Oskar echa de menos a sus allegados, “más desde que nació mi hijo”, confiesa. Afortunadamente, internet y las redes sociales acortan la distancia geográfica. Él chatea a diario con su madre y le envía fotografías y vídeos para que la rama encartada de la familia vea crecer al pequeño Kota. “Ella es el ejemplo de que querer es poder. Con más de sesenta años ha aprendido a utilizar Facebook”, elogia. Los Díaz viajaron a Japón para asistir a la boda de Oskar, una celebración “tradicional muy bonita en el templo de mi mujer en la que nos juntamos amigos japoneses y otros que viajaron desde Enkarterri y españoles que viven aquí”. Ella, Chiaki, ha experimenta-

Oskar se ha integrado plenamente en la vida japonesa. Sobre estas líneas, con su mujer y su hijo, en la ceremonia del té, en clase de karate y en la maratón de Tokio con la camiseta del Athletic. Fotos: DEIA

do su propio choque cultural en las dos ocasiones en las que ha visitado Zalla. “Le sorprenden las txapelas de los aitites, que los tejados de las casas sean rojos, lo que se come y la cantidad de coches que hay, porque en Tokio no se ven tantos y está prohibido aparcar en la calle”, indica su marido. ¿Repetirá Oskar el viaje a la inversa? “No lo sé, pero sí hemos hablado de que cuando nuestro hijo sea mayor no tenemos por qué seguir aquí”, reflexiona. Por el momento disfruta plenamente de un país en el que “se vive bien, se come bien y hay trabajo, al menos en mi caso he pasado por cinco empresas en ocho años”, dice sin olvidar el paisaje, la tranquilidad y las fiestas de Zalla. ●

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