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Charry Morgan y su compadre Colilla Charry Morgan era un ratón policía que vivía en Nueva York. Tenía Charry un amigo al que llamaban, por su pequeño tamaño, Colilla, y este vivía en el cortijo de una finca de Sevilla. A Charry le gustaba caminar por la ciudad, correr por las aceras esquivando a peatones, y descansar en los techos de coches y de camiones. Colilla, sin embargo, disfrutaba de la tranquilidad del cortijo: por las noches dormía en el interior de un botijo. Un día, Colilla, se despertó sobresaltado: los ratones del cortijo corrían y gritaban atemorizados, porque el gato del cortijero venía para cazarlos. El gato del cortijero se llamaba Malandrín, y estaba a punto de zamparse a un ratón muy chiquitín. Entonces llegó Colilla y le agarró de la cola: 1


-Alto ahí, Malandrín, lo que vayas a hacer a ese pequeño, me lo puedes hacer a mí. El gato quedó impresionado con el valiente Colilla, y le dijo que, por su valor, no se los comería. Los ratones salieron de todas partes para besar a Malandrín, y Colilla se abrazaba con el ratón chiquitín. Malandrín explicó que el cortijero le había ordenado que acabara con los roedores, porque un ratón le había robado de su chaqueta dos botones. Al momento Colilla supo que este era un caso que había que investigar, y envío a Charry Morgan una paloma mensajera, que le trajo de regreso, escondido en su cartera. En cuanto Charry llegó, comenzó a seguir las pistas del robo de los botones, y descubrió que uno de los ratones tenía, enredado entre las patas, un hilo muy sospechoso, ¿sería ese ratón el tramposo? El ratón que llevaba entre las patas el hilo se llamaba Tim, y quería ser amigo del gatito Malandrín. Malandrín, en cambio, miraba con ojos hambrientos los gestos y movimientos del otro chiquitín. -Ratón Tim –comentó Charry Morgan-, ¡llevas un hilo entre las patas! 2


Y al momento pensaron todos que Tim era el ladrón. -No es mío –dijo ratón Tim-, lo cogí del suelo cuando se le cayó a una ratona que bailaba muy contenta en un oscuro callejón. Charry Morgan y su compadre Colilla pensaban sobre este asunto: -Si de una ratona era el hilo –dijo Colilla-, el ratón Tim no puede haber sido. -Evidente, querido Colilla –apuntó el detective Morgan. -Mi instinto dice que descubriremos a la ratona si ponemos musiquilla, –sentenció el ratoncito Colilla. Encendieron el equipo de música, y de pronto se escucharon salsas, merengues y otras músicas latinas. Los ratones asistían con total indiferencia al concierto improvisado. Todos menos una ratona: la ratona Reguetona. Era una ratona alegre la ratona Reguetona. Le gustaba esconderse en la habitación del cortijero, donde siempre había música con la que mover el trasero. Y no le importaba que todos le dijeran: la bailona. No parecía haber duda: la ratona Reguetona debió aprovechar su escondite, cuando escuchaba la radio, para hurgar en la chaqueta que colgaba del armario. 3


Colilla defendía con firmeza esta opinión. Y Reguetona negaba tan severa acusación. -Estuve allí, es cierto. Pero el armario no estaba abierto. Lo cerró el cortijero y guardó la llave en el bolsillo de su chaqueta. Aunque después se le cayó al suelo, porque tenía en el bolsillo un agujero. Colilla seguía teniendo claro lo que había ocurrido: -Reguetona debió coger la llave cuando cayó del bolsillo. Pero a Charry Morgan le inquietaba otro detalle: -Creo que eso no importa, querido Colilla –dijo Morgan-, porque cuando el cortijero salió, llevaba la chaqueta puesta, y eso quiere decir que le quedaba perfecta. No le faltaban los botones, ni han podido ser culpables los ratones. -Entonces, ¿quién ha sido? –preguntó el gato, lleno de curiosidad. -Aún no lo puedo averiguar –respondió Charry Morgan-, pero dime, ¿quieres que sigamos investigando, o prefieres inventarte otro final?

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Charry Morgan y su compadre Colilla