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Ivaginaria


Ivaginaria Elia Martínez-Rodarte

COLECCIÓN POSDATA Monterrey, México. 2010


Editorial Buró Blanco / Colección Posdata José Jaime Ruiz Director Óscar Estrada Diseño editorial Primera edición, 2010 ISBN: 978-607-95442-0-1 Derechos reservados conforme a la ley © Elia Martínez-Rodarte Editorial Buró Blanco Urano 251 Col. Contry, Monterrey, N.L., México C.P. 64860 Tel. 81-8349-3852 Distribución y ventas: buroblanco@gmail.com Prohibida la reproducción total o parcial de Ivaginaria sin previa autorización escrita por parte de su autor y/o editor. Impreso en Monterrey, México


Introito


Tengo una confesión. En los años que tengo como editor de un periódico buscando a esos talentos que con sus plumas logran hacer de un diario una obra única que genere adicción entre sus lectores, nunca el título de una columna me ha llamado más la atención: Ivaginaria. Me sentí obligado a leerla. Tenía que saber si el texto estaba a la altura de esa etiqueta. Entré al blog de la autora y comencé a leer... y seguí leyendo. Tres cosas ocurrieron en mi primer encuentro con sus textos: reí, reflexioné e imaginé. No podía pedir más de un texto de tal naturaleza. Localicé a la autora. Platicamos. Sin ocultar mi entusiasmo, la invité a colaborar en Metro. Afortunadamente, ella, sin ocultar su entusiasmo, aceptó. Desde aquel año 2003, Elia, cual experimentada guía de turistas, organiza tres paseos a la semana por el vasto bosque de la psique femenina.


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Estoy seguro de que ella no es la única guía disponible para quienes quieran recorrer esos senderos, pero también estoy seguro de que en el horizonte, no hay una guía tan paciente, divertida, atenta y generosa al regalar sus conocimientos como Elia. Es por ello que a esos recorridos se suman cada vez turistas que aprenden, por ejemplo, qué se oculta en los lugares más oscuros de ese bosque, qué hongos se pueden comer, cuáles son los caminos más placenteros, qué consecuencias habría al rozar ciertas hierbas, por qué algunos árboles grandes ocultan plantas frágiles, cómo identificar arenas movedizas, qué criaturas son amigables, dónde se puede acampar sin peligro y qué lugares visitar si se busca emoción, riesgo y adrenalina. Gracias a ella, las siglas ‘PG’ no me remiten a un ex candidato a la presidencia. Gracias a ella, sé que hasta en un festival de cante flamenco puede haber un momento ‘mágico’. Gracias a ella, sé que si me ofrecen ganso en Japón, mejor debo pedir la carta de sushi. En sus líneas, Elia invita a ver el mundo a través de sus ojos. Ojos inteligentes. Ojos curiosos. Ojos divertidos.

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Ojos furiosos. Ojos... de mujer.

Francisco J. Almaraz MĂŠxico 2009

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Loca por los besos


Beso negro

Mi boca se acopla frecuentemente a su ventosa Y mi alma, del coito material celosa, De él hace salvaje lagrimal, nido de llanto. Fragmento de Soneto al ojo del culo Verlaine et Rimbaud

No empezaré formulando la eterna pregunta de ¿por qué a los hombres mexicanos no les gusta el beso negro? A nadie le importan mis interrogantes y mucho menos darme respuestas. Y me remito a los mexas porque son el producto de consumo sexual más a la mano de todas nosotras que poblamos el sector chichimeca del país. A mí no me importa el resto de la nación, me importa mi colonia, mi ghetto, mi cuadra y la forma en cómo la estrechez mental de un gran porcentaje de los hombres del norte insiste en guardar la flor de su secreto para la podredumbre postmortem. Dictaré las reglas para un buen beso negro, basadas en los “Apuntes de anatomía” del Tratado del Cuerpo Humano del filósofo galés Jack McLaughlin, estudioso de los anatomistas del Renacimiento. No voy a tocar de oído, ni siquiera me voy a regodear de nada que no me conste o que no haya investigado, porque es de absoluto interés científico ilustrarles el acolchado camino hacia el más malevo, ergo delicatessen, de todos los besos.


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La persona que recibirá el beso debe estar convencida, mejor si ansiosa, de recibirlo. Nada de hacerlo con primerizos que cerrarán la puerta en la cara tan pronto sientan el aliento de tus benévolas intenciones o que pretexten cosquillas. Con gentileza y suavidad aproxima tu cara al spot del beso, empezando con suaves contactos de los labios, luego utiliza la lengua generosamente sin arribar de lleno al epicentro. Hay mucho terreno en el perineo y los testículos a la vista como para jugar un rato e ir in crescendo. Al beso negro se llega con ternura como quien en el sexo oral con una mujer: no se debe enterrar la cara como si la metieras en un pay, ni hacer movimientos violentos, ni motivar un duelo de fauces, y muchos menos morder. Besa, lame, toca con la mano, con firmeza, pero sin avorazarte. Ante todo eres una dama. Como te habrás dado cuenta, el hombre está en una posición que sin lugar a dudas exhibirá open wide uno de los tesoros más escondidos, protegidos y resguardados. Su culo está expuesto porque lo hemos colocado en la ya famosa posición (y sobado lugar común) de recibir besos negros que por lo general es comiquísima por donde quiera que se le vea. Siguiendo con la tónica suave, muerde las nalgas con la misma presión que utilizarías para morder una manzana, pero sin cerrar las fauces para no lastimar, a menos que te pidan más fuerza.

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La lengua debe estar en todos lados, pero en el momento más álgido sólo en el centro del culo haciendo movimientos como de taladro. Introduce el dedo con lubricante, después de haber sensibilizado el área y siempre pidiendo permiso. De origen es un beso negro, pero se puede convertir en muchísimas cosas más. Con su ayuda y con mucha práctica quizás llegue el mejor orgasmo de la jornada si tu besito está bien puesto en donde corresponde. Advertencia: Este beso no es para las pudorosas, ni para las moscas muertas, ni para las mujeres que usan frenos.

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Instrucciones para besar I Tu lengua es una exploradora que rompe las prisiones de mi cabeza Tu lengua, Diane di Prima

Los besos son nuestro encuentro primario con el erotismo. Al unir bocas estamos sellando la comunicación más profunda que se puede lograr con ser humano, amén del intercambio de fluidos. Por desgracia no todas las personas nacieron para besar y suelen ser: no besadores, besadores babeantes, compulsivos, lengüeteadores o simplemente inútiles a la hora de besar. Antes que nada para besar debe de gustarte o por lo menos fingir que te gusta con mucha vehemencia. No hay cosa más bizarra en el planeta que las personas que no besan. Son los protestantes del erotismo. Cuando la persona a besar se encuentre a tiro, lo primero que hay que hacer es tantear el terreno de la disposición a ser besado. Eso se logra tocándole la boca con la mano, de manera suave y delicada, como si la fueras a dibujar o a delinear. Nada de avorazamientos. Generalmente las personas a ser besadas reaccionan de inmediato a este movimiento de dos formas: con cara

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de “quítate, fenómeno de la naturaleza, ¿por qué me tocas?” o bien entrecierran los ojillos como si evocasen el olor del tocino friéndose y se acomodan para recibir la bienamada gracia del beso. El siguiente paso es acercar tu boca al sujet@ del deseo. Boca previamente lavada, deodorizada y refrescada con enjuage bucal. La aproximación debe ser gentil y amable. Nada de enseñar tus cartas y verte como el/la urgida que eres en ese momento. Puedes primero dar dos besos en las mejillas, en la frente, cerca del oído o combinando los anteriores con un beso en la mano. Ni muy cachondo, ni muy lanzado, ni ñoño. Que tampoco esconda tus negras intenciones de meter tu lengua invasiva. Ese es el periodo del atarantamiento, porque la persona a ser besada sabe hacia dónde van tus manoseos, pero entre la sorpresa y la excitación, se ha dejado ir. Ya es momento de poner nuestros labios en los labios de la otra persona. Si realmente eres muy mal besador o besadora debes leer. A veces una persona cree que es el rey cocodrilo en un país de lagartijas en lo que a besar se refiere. Para besar es preciso morder con los labios, luego morder un poco con los dientes, y jugar con el labio de arriba y luego con el de abajo. Resumen: mordidas, besitos pequeños, frotamiento.

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Jamás llegues besando a nadie con la lengua. Y menos con una lengua baboseadota. ¿Quién dijo que deberíamos dar de beber al otro? Odio mortal hacia esos seres que besan como si fueran a succionar todo con su fuerza babeadora, que te dejan goteando de su saliva cuando no es solicitada. Los que hacen puentitos innecesarios. Eliminen la enjundia acuosa. La lengua es la reina del beso, pero deben administrar sus humedades. Me encanta la boca, maravillosos los labios, pero la lengua es el plato fuerte del ósculo. Y de eso les hablaré en la próxima. De aquí hasta entonces no baboseen a nadie.

Post scriptum: besos de esos...

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Instrucciones para besar II

En la columna anterior hablábamos de algunas precisiones para refinar nuestra técnica besatoria y no parecer un gandalla urgido al besar. Sintetizando: para llegar al sujet@ a besar es necesario hacerlo con cautela, no avorazándose, no manoseando sin concierto y evitando a toda costa que nuestro músculo preferido en esta ocasión, la lengua, hiciese de las suyas cubriendo de baba a la persona a besar. Lo ideal es que hagas como una gira turística con la boca antes de meter de lleno la lengua con ferocidad. Si crees que la persona está disfrutando demasiado la suavidad del paso de la lengua, el frotamiento de los labios y el roce de las bocas, entonces trata de complacer un poco más en este sentido para que él/la otra desee más. Los besos en sí son un instrumento sexual muy poderoso. Hay unos que provocan orgasmos y levitaciones involuntarias, porque es la conexión humana más íntima entre dos personas: están juntando sus cerebros. Casi se intercambian ideas. El buen Kamasutra ubica a los besos como parte de los ocho aspectos de la unión (junto con abrazos, mordiscos, maneras de acostarse, gemidos, tomar el pene y el amor con la boca) y define a tres como los besos de doncella: comedido (pone la boca), palpitante

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(hace vibrar el labio inferior) y que toca (sólo la lengua haciendo contacto leve). Pero las instrucciones del Kamasutra no sólo clasifican los besos para ponerles nombres floridos, sino que éstos sirven para realizar combinaciones y permutaciones de mordidas, besos, lenguas mordiendo a dientes, a labios y lengüeteando por donde se pueda, dedos apretando labios inferiores para ser succionados: lo que llaman como la disputa de la lengua. (Intercámbiense todas las acciones/ un golpe con otro golpe/ y por el mismo motivo/ un beso con otro beso). El beso kamasútrico y sus derivaciones posee tantas ramificaciones, que tan sólo para el beso al pene, el fellatio, existen ocho movimientos estratégicos entre mordidas, besos, chupadas y estiramientos. Con toda la gimnasia que es preciso realizar para ejecutar tan sólo los besos del Kamasutra, resulta peculiar enterarse que éste no ve con buenos ojos los besos en la boca después del sexo oral: maña chafísima del machismo universal: si te beso después de que me besas allá, es como chupársela a un hombre... El anexo de genitalia y fluidos es intenso y vital, pero los besos conforman la parte “intelectual” del erotismo. No solamente se trata de un acto que propicia el sexo, sino también una forma de sexo muy delicada y que requiere largos momentos de entrenamiento y perfección para llegar al beso idóneo, que por desgracia contadas personas pueden realizar.

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Beso francés

Durante la adolescencia, cuando pensaba en los besos con mis potenciales novios, por lo general en mi cabeza se materializaba una escena de esas películas italianas en donde los protagonistas unían sus bocas y, bien cerradas éstas, los labios se untaban como si estuvieran tratando de embonar su boca en la cara del otro. Eran besos censurados, en donde no había humedad, pero al menos existía suficiente fricción como para que los besadores se cachondearan un poco. Besarse es una práctica que tienen muchas especies animales, pero nosotros poseemos la fortuna de hacer de la experiencia besatoria un estadio que es la antesala al erotismo, y esa cualidad del beso no la comparten todos los bichos de este planeta. Las aves se besan cuando se alimentan, los primates cuando están limpiándose, y así sucesivamente hasta llegar a los periquitos australianos que son de una enjundia besadora inverosímil. Dice Woody Allen que besarse no es indecente, a menos que se haga de la forma correcta. Una de esas formas quizás sería el beso francés. Una aportación más de los galos al erotismo, junto con el mote del vicio inglés a los espankes, algunos nombres de lencería, entre otras intervenciones.

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Un rasgo sine qua non de este besito es la lengua. Las lenguas. Entonces los músculos de nuestras bocas se unen en una lucha grecorromana que va aumentando de intensidad, porque el beso francés es una flor de la humedad que crea más humedad, no sólo en la boca sino también en nuestros genitales que ya no encuentran la hora de besarse también. Julio Cortázar describe un beso de forma inmejorable en un fragmento de su obra Rayuela: “las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos... nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura...Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua”. Quizás en lugar de instrucciones para dar un mareador beso francés, lo ideal es que mejor enumeremos los “NO” de este suaviolum, o sea, besito en latín: No babear ni babosear la cara de la otra persona al besar. No meter la lengua demasiado: vas a besar, no a hacer limpieza dental. No vayas a la boca de alguien si antes la tuya no ha ido a lavarse los dientes: sé civil. No hay que dejar la lengua pasiva: tan pronto veas que te abren la puerta trata de entrar amablemente, pero con decisión y no salives demasiado por más ansios@ que estés.

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No trates de manipular la cabeza o el rostro de la otra persona presionándol@ a que te bese: conduce con suavidad. No seas un pulpo: si besas puedes tocar, pero no marraneándote en exceso como si jamás hubieras frotado la piel de otro ser humano. No te prolongues en los besos: pasa a la acción en algún momento o detente. No des ósculos franceses en público al menos que sea algo absolutamente necesario y estés cobrando por ello. No hagas hilitos de baba mientras besas. No beses a otra persona de tu mismo sexo a la francesa a menos que estés dispuesto a asumir las consecuencias. No dejes de saborear el besito: es puro dulce y miel. Catulo: suaviolum dulci dulcius ambrosia. Al poeta latino señor le debemos la palabra beso, que él se trajo del vocablo etrusco bacium. Sin embargo los orígenes del beso francés son algo oscuros y la apropiación de ese beso por parte de los franceses, quizás ni corresponda a ellos mismos. Este beso sin embargo se documenta en el Kamasutra y en toda la historia antigua como un clásico del acercamiento erótico: el culto a la lengua siempre ha existido.

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