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zapotlรกn revista literaria

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INDICE ensayo 7; colores, poesia, pensamiento.........................................................03 Zapotlán el Grande.........................................................................................04 Períplos...........................................................................................................06 Estuvo bien, la vida.............................................................................................................09 La pintura urbana en Zapotlán............................................................................................12 Muralistas de Zapotlán........................................................................................................14 letargo.................................................................................................................................17 collección chichis y culo......................................................................................................18 Guillermo Jiménez..............................................................................................................19 La primera novela Mexicana.............................................................................................22 albina González, la profesora, poeta olvidada...................................................................24 Tala de Thomas Bernhard..................................................................................................30 El otro lado.........................................................................................................................32

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ENSAYO 7; COLORES, POESIA, PENSAMIENTO Todo hombre es un Dios en ruinas, Ralph Waldo Emerson En un intento de humanizar la vida me encontré pensando en la poesía de los nombres, en cómo cada nombre era una poesía, cada poesía era un hombre, una idea que traza al hombre enfrente de él mismo ante una idea. Luego pensé que no es una idea sólo para dos hombres sino tres, el hombre que expone la idea y el hombre que afrenta el hombre en si mismo. Me di cuenta que la poesía era el cáliz redentor del pensamiento humano. Un profesor explicó el teorema del gato de Schrödinger, demostró cómo una partícula podía estar en dos lugares al mismo tiempo por medio de la incertidumbre, sin embargo yo ya había pensado cómo un hombre podía estar no sólo en dos, pero en tres lugares a la vez. Pensé en todos los hombres y en todos los nombres posibles orillándome al infinito. Intenté meterme en una caja para violar las leyes de lo físico y transmutarme no sólo en dos pero, en todas las realidades. Pensé en introducirme con un objeto extremófilo, quizás con un diccionario de palabras infinitas, la estatua de un Dios muerto, un ente o la Verdad, la cual me otorgaría la capacidad de ver una noticia universal, quizás la biblioteca de Morfeo, quizás la biblioteca de Babilonia, de una forma buscaba relacionar la incertidumbre, la posibilidad, con la poesía. Un defecto mío es que relacionaba todo con colores por eso no podía oír una orquesta, ni estar en espacios con mucha gente, ni leer, ni escuchar, ni a hablar, sólo me limitaba a observar, leer labios esperando existir bajo las mentiras, los sonidos y colores que hacía la gente.

Las palabras pintan un color sobre otro, porque la palabra es un lienzo de distintos trazos y matices donde todo se bifurca y mezcla creando cada vez un tono más y más obscuro hasta que todo se vuelve negro olvido. Las relaciones; los colores eran mi olvido, la incertidumbre me atacaba en el olvido de los colores que a su vez es su propia poesía. Pensé tanto y tan exhaustivamente entre sueño y el despertar constante que yo mismo me encontré incierto, mutilado en un laberinto de materia gris y colores indefinidos. En las telarañas multifacéticas de mi ser pensante, en la maquinaria gris y onírica de mi razón. Viví toda la no vida en un estante practicando estar quieto como estatua temiendo vivir. Caminé por los bordes de mi mente imaginando lentamente, logré ver el tiempo estático y el no tiempo, el rio negro del olvido, la cascada brillante del recuerdo. Vi Laberintos que no parecían ser laberintos, salí y me quede atrapado en ellos. Vivía en constante miedo de que el tiempo me matara y también temía no nacer, era un ser absoluto atrapado en un tiempo inamovible, en ese instante todo cesaba de existir alrededor mío. No sabía qué hacer, luego me di cuenta que no podía hacer sólo ser, me disipe en olvido percatándome que era sólo el gato pensamiento de una caja con forma de corazón a la que llamamos humano y entonces en el mismo momento morí en un infinito esperando el eterno retorno al pensamiento residente con el hombre, por el hombre y en el hombre, de una forma me había salvado porque era pensamiento, vivía en todas la realidades que el hombre imaginaba, era verbo del mundo, era poesía. Oscar D. Cajen Meza

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ZAPOTLÁN EL GRANDE Llegué a Zapotlán hace años y he visto la cultura en la calles floreceres, he visto sus centros culturales y sus Universidades, la laguna y sus montes, las bardas mezclarse con pintura para ser representación, rescate y transformación de los espacios urbanos condecorando una nueva era.

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Donde del grafiti, los murales, los centros culturales ha surgido el nuevo artista. Esta revista está drigida a los interesados en el arte y cultura de Zapotlán, el propósito es promocionar arte, artistas y centros culturales para que sea reconocido este movimiento llevado que está transformando la


edgar chávez

cultura, las calles y el pensamiento en la ciudad. Dijo Arreola:

colaboradores que en su mayoría son amigos, compañeros de clase Una vez cumplidas las necesidades o conocidos de Zapotlán por comnaturales, el hombre siente una espe- partir sus creaciones para el deleite cie de vacío que trata de colmar: De de los lectores y al lector por tomrallí el origen de todas las diversiones, se el tiempo de leer este ensayo de desde el simple juego hasta los más revista.

egregios frutos de la cultura.

No tengo más que agradecer a los

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Períplos Yo, señores, soy de Chapala, pero

vine a Zapotlán El Grande

porque me dijeron que acá estaba la carrera en Letras Hispánicas, donde un tal Ricardo Sigala, en ese entonces, era coordinador y, al igual que hoy en día, también maestro, tallerista, adicto confeso a la literatura y, en general, adicto a la lectura. Se le notaba en clases con sólo leer en su rostro las ojeras. Tras mi llegada no pasó mucho tiempo para que intuyera, e inmediatamente después alguien me comentara, que Sigala, además de lo ya dicho, también era escritor. Sin embargo, eso sólo pude confirmarlo hasta que un día, por azares del destino, en un lugar de Zapotlán llamado

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Alejandro Von Düben

ingeniosamente Barzar (por ser la mezcla entre un bar y un bazar) ahí, justo ahí, entre tantos buenos libros de, por ejemplo, André Gide, Knut Hamsun, Huidobro, encontré Periplos, una edición pequeña, pero llamativa; barata, pero cotizada; la cual, en verdad lo creí, estaba esperándome como una cita extraterrestre. Sólo tuve que pagar diez pesos para ese mismo día leerlo y releerlo con la dicha de quien es partícipe de un asombroso descubrimiento. A las pocas páginas me di cuenta que Periplos no es un libro de cuentos, ni de poemas, ni sólo un libro; es algo más, algo que entremezcla con armonía los géneros literarios y que le da a esta obra un tono particular, una identidad que, por


facilitar un poco las cosas, se le ha dado el nombre de libro de viajes. Siendo así, con un tanto de ironía, ese libro de viajes se volvió mi libro de viajes; es decir, al ser tan pequeño literalmente, pero tan vasto y rico literariamente, cada que llegaba el momento de irme a Chapala o a Guadalajara o a donde sea que me llevara la edad, los huaraches y el temperamento, elegía llevar conmigo este libro, para alimentar mi periplo con Periplos, y maravillarme viendo los paisajes tanto por la ventanilla de un autobús; como por

sus páginas: ventanas que dan al mundo. Habría que decir, además de mi periplo para dar con Periplos, que esta obra literaria está constituida por varios fragmentos, los cuales se dividen en 6 categorías: Viajes, viajeros; mitologías; Ciudades; y en la más reciente edición: De remanso, De la memoria y Del bestiario doméstico. No hace falta ser un lector muy esforzado para percatarse de que cada texto contiene un ritmo altamente poético, una prosa que se lee precisa, y una historia velada que enlaza las páginas. Al leerlo, como sucede con todo buen libro, hizo que me remitiera a distintas obras de la literatura universal, tales como La Odisea, La Eneida, La divina comedia, viejos mitos de la época medieval e, incluso, autores más recientes como Claudio Magris, las travesías de Henri Michaux y, cómo no, Las ciu-

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dades invisibles de Italo Calvino; pero encontré también no sólo reminiscencias a textos estrictamente literarios. Periplos también guarda cierta relación con los escritos de Marco Polo, por ejemplo, o las crónicas sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo, es decir, América. Sí, lo sé, es increíble como un libro de pocas páginas puede remitirte a tanto. Periplos lo logra sin ser una obra que alardea en cada línea, que se atiborra de información; no, más bien, consigue destacarse gracias a la claridad de su estilo, una escritura transparente. No exagero al decir que Ricardo Sigala, ese maestro experto en el albur y del cual también admiro sus gustos musicales tiene, por decirlo de algún modo, los elementos necesarios como para considerarse un autor de culto en la literatura jalisciense. Esto lo confirmo ahora que releo al azar las páginas de Peri-

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plos con el propósito de naufragar entre sus páginas, de viajar en las palabras sin buscar un destino porque, como escribió Claudio Magris, lo importante es “Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.”, ¿a dónde?, Baudelaire responde: “hacia lo desconocido para encontrar lo nuevo”. En Periplos cada página es un descubrimiento.

“Von Düben... Su obra está marcada por una sensibilidad y una búsqueda constante de la expresión exacta” Letra Sur


Estuvo bien, la vida

Emmanuel Navarro

I Nací ciego, sordo y mudo, enfermo de tabaquismo y desamor, el día en que todas las magnolias desertaron. De labor de parto en cuarentena, de conmiseración, de reacción alérgica a la vida. Me concibió el orgasmo pecador de mi padre tambaleante entre las piernas de una sirena con vocación de encallar.

Me parió mi puta madre sin esfuerzo un día cualquiera. Entre las lijas del suelo, entre las fibras de vidrio. Mi madre bailaba como la aurora como los dirigibles que van a caer. Tenía cabellos color de arena y los ojos se le iban como galeones lejanos.

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II Nací en en Hiroshima y crecí en Pompeya. Perdí la virginidad en el maremoto de la India. Cumplí 20 en el monte Calvario. Mi primer cerveza fue una Francisco Franco en el bar de Atila el Huno. Fui pirata en las Malvinas. Fui cristero en las cruzadas. El verdugo de Selena de Lennon De Jara. Me casé en la crucifixión. Luna de miel en Afganistan y tres hijos cineastas que no he vuelto a ver. Aniversario bajo el sismo de Chile. El sismo en México. El sismo en México. Me divorcié en la plaza del 68. Entonces tuve una sobredosis de África. Caí en cama unos milenios.

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Me diagnosticaron el mal de Nicaragua: Padezco insuficiencia irlandesa crónica,


un crecimiento anormal del Yugoslavia. un absceso de Camerún, Espina de Dunkirk, cálculo alemán, yo no sé. El tratamiento fue un minuto de silencio; dos de aplausos. Caravana fúnebre, 43 tiros al aire. Luego nací con los ojos cerrados de polvo con los brazos cruzados y un traje que no me calcé llorando un llanto que tampoco no era mío. Nací con más vida de la que cargo. En ese sentido, la vida gana: ha habido más vivos que muertos (Eso dijo mi funeral). III Una última confesión melancólica: no tuve tiempo de ejercer la vida.

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La pintura urbana en Zapotlán

Yair Alejandro Ascención Zapotlán el Grande es un muni- Preparatoria, el Hospicio Cabañas, cipio en el que se respira el arte. el Pomona College Claremont, Ya desde tiempos prehispánicos el Palacio de Bellas Artes, entre se practicaba la pintura, un ejem- otros. plo de ello se encuentra en la En años posteriores, surgió en Zacueva de “Los compadres” ubi- potlán una generación de artistas cada en el parque ecológico “Las plásticos que ha intervenido los peñas”, donde podemos encon- principales edificios de la ciudad, trar pinturas rupestres que repre- por ejemplo, Daniel Quiroz, quien sentan a Quetzalcóatl rodeado pintó el segundo piso de la prede espirales que simbolizan el sidencia municipal con un mural infinito, haciendo referencia a la en el que se representa la historia cosmovisión de los antiguos ha- de Zapotlán desde la creación del bitantes de la región. universo hasta el sismo de 1985. Durante el siglo XX la pintura Otros pintores destacados han toma un papel preponderante en sido el Maestro Eulogio Coles, Zapotlán, pues uno de sus hijos quien además fue un destacado ilustres, José Clemente Orozco, profesor de matemáticas y fundó se posiciona junto con David la escuela secundaria técnica 100, Alfaro Siqueiros y Diego Rivera Javier Silva, encargado de hacer como uno de los tres muralistas dos murales en la biblioteca del más importantes y representa- Instituto Tecnológico de Ciudad tivos de México, exponiendo Guzmán, un mural con relieve en su obra en el país y más allá de la Universidad Pedagógica Nacionuestras fronteras, interviniendo nal, así como la escultura del del muros de la Escuela Nacional sonajero que se ubica en el centro

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histórico frente a la Catedral y la representación de la diosa Tzapotletena ubicada a las afueras de la ciudad. Ramón Villalobos Castillo “Tijelino”, encargado de hacer el relieve dedicado a José Clemente Orozco ubicado en la presidencia municipal y Vicente Graciano Rocha, muralista de la localidad San Gabriel adoptado por Zapotlán y encargado de hacer una réplica de El hombre en llamas de José Clemente Orozco en el Kiosco del centro histórico de la ciudad. A principios de la década del 2000, llegó a Zapotlán la cultura Hip Hop. En las calles se podían ver a los jóvenes bailando Brake dance, rapeando y practicando el graffiti. La llegada de este movimiento conmocionó a toda la ciudad. La mayoría de la gente estaba inconforme debido a que se asociaba a los hiphoperos con la delincuencia y las drogas, por

lo que en un inicio fueron rechazados. En tiempos más recientes, en la segunda década del siglo esta discriminación ha ido desapareciendo gradualmente, ahora ya es más común que se presten espacios para la creación artística, es fácil encontrar pinturas y grafitis con más calidad en las bardas de la ciudad. Los recientes concursos de muralismo y dibujo llevados a cabo en Ciudad Guzmán incentivan la creatividad de sus habitantes, embelleciendo la región y hacen de las calles un lugar más bello para quien las transita. Pueden verse obras pictóricas multitemáticas, desde coloridas letras, hasta rostros y todo tipo de dibujos, es por ello que Zapotlán el Grande sigue siendo la cuna de grandes artistas.

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Muralistas de Zapotlán

La pintura es poesía muda; la poesía, pintura ciega”

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Leonardo da Vinci


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Mariscal Ramos Fátima Guadalupe *Franco García Priscila Guadalupe *Yáñez González Cecilia Anahí “Cuando todo parece caerse, cuando la tristeza asoma por la ventana de tus ojos sin que puedas esconderla, la vulnerabilidad llega y te abraza”

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letargo

Alejandro Arenas

Queda de mí sólo la muerte, con mi alma remolcándola entre sus dedos, llamándome con su aullido desde el fondo del horizonte. Ya no tengo nada, más que este silencio de su boca. Queda de mí este mar solitario donde naufrago, este recuerdo que vaga entre las espumosas aguas de la memoria, este abismo creándose en el centro de mi pecho. Más que este silencio de su borrasca, ya no tengo nada. Poco a poco me abandono a su delgada línea de olvido; nadie evita que mis manos atraquen en sus brazos, que me hunda en su abstracta, insondable hora vacía. Poco a poco la superficie de la muerte se extingue, sólo queda este vórtice arrasado donde habita su sueño marino y mi cuerpo que deambula como una isla derruida acercándose a la orilla estéril de sus labios. Más que este silencio, traído de sus fronteras frías, allá lejos donde mi llanto de amargura no se escucha, mi aliento parte de mi rostro como olas dispersas, arribo sediento al alba donde los pájaros son polvo. Y es todo lo que queda de mí: una áspera muerte que me reclama como su erario, como el mar reclama su lenta y larga noche huérfana.

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collecciรณn chichis y culo edgar chavez

Mutaciones II

Culo enplumado

Errecciรณn femenina

Mutaciones I ---------------------------

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Manuelita feliz


Guillermo jiménez Hiram Ruvalcaba Fue en el sur de Jalisco en donde Juan José Arreola dio sus primeros pasos y fraguó sus primeras letras. El silencioso Juan Rulfo vio manifestarse la Comala de su ilusión en estas mismas tierras, y no demasiado lejos de ellos José Luis Martínez y Antonio Alatorre también abrieron los ojos al mundo. Estos cuatro nombres hablan ya de un fenómeno notable, una anomalía genética que sembró el germen de las letras en una región específica, y dio a ciertos individuos el hálito de la genialidad. No obstante, no es arriesgado decir que la luz de estos personajes fue el reflejo magnificado de otra luz anterior, una luz que tenía muchos nombres y que, por desgracia, es apenas visible ante el resplandor que estos cuatro autores emiten. Dentro de aquella estirpe puedo distinguir con claridad a Guillermo Jiménez. El nombre tal vez no diga nada. Guillermo Jiménez no es carta de presentación del occidente mexicano, ni siquiera de su ciudad natal. Algunos dicen que nació en Tonila, pero el capricho –necesario– de la historia literaria nos enseña que nació en Zapotlán el Grande, el 9 de marzo de 1891. Su formación estuvo enmarcada por una familia matriarcal: la figura melancólica de su madre, la perpetuidad de su tristeza, fueron temas que alimentaron la obra del autor. En Constanza refleja la angustia que le provoca la congoja materna: “Llorando está mamá; sus tristes ojos parecen un precioso manantial, sus lágrimas mansamente caen sobre su falda negra de jerga, como las cuentas cristalinas de un rosario que se desengarzara.” La descripción biográfica presenta algunas dificultades. Por una parte, las historias en torno a su niñez rozan a veces el terreno fantástico que, aunque resulta sumamente conmovedor, poco puede aportar al

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rigor de la academia. Tampoco se puede decir mucho de su formación escolar, pero su labor profesional despierta cierto interés en el lector promedio. Guillermo Jiménez trabajó en diversas instancias de gobierno, como la Secretaría de Educación Pública, la de Gobernación y la de Relaciones Exteriores. En esta última campeó y logró establecerse como canciller en Francia y España, y posteriormente fungió como embajador de México en Austria. Durante estos viajes al extranjero, Jiménez se dio a la tarea de enviar libros a la biblioteca personal de un amigo suyo en Zapotlán, Alfredo Velasco, y de esta biblioteca se nutrieron las mentes brillantes de su tierra natal. Entre ellas el propio Juan José Arreola. Poco se ha estudiado sobre su vida, aunque en años recientes ha surgido un esfuerzo loable de investigadores y entusiastas de su obra en Zapotlán. El lector interesado podrá encontrar ahora dos libros que son un esbozo –muy necesario, pero apenas un esbozo– acerca del autor. El primero, Guillermo Jiménez, fue elaborado por Héctor Rodríguez Aguilar, y aunque se lee con cierta cautela –en un volumen que evoca la ternura de las ediciones de Archivos Históricos de pueblo– es evidente el esfuerzo que su autor se impuso para recopilar información de cualquier fuente disponible. El segundo libro, más académico, fue editado por la Universidad de Guadalajara y bajo el título Obras escogidas recupera poco más de una decena de libros del jalisciense. El texto, recopilado y prologado por Milton Peralta y Ricardo Sigala, habla de un interés que trasciende los localismos y pretende llevar a los lectores una obra necesaria o, por lo menos, relevante.

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Obras escogidas es un mosaico pertinente de la obra de Jiménez. En el libro se encuentran los trabajos que dieron reconocimiento al autor en su tiempo. Allí está Zapotlán, obra precursora de La Feria, de Juan José Arreola, y en la cual se encuentran elementos que parecen abrirle las puertas al realismo fantástico –tan reconocido en las letras hispanoamericanas. Está Constanza, que tuvo aceptación entre la caprichosa crítica francesa. Está también Del pasado, colección de relatos que fue elogiada por Enrique González Martínez y por José López Portillo y Rojas. El vitral, tramado en torno a aquellos textos que despertaron entusiasmo entre

“Guill Jiméne aut injusta olvida Ricardo


los críticos de la época, da una referencia clara de una obra que no debe pasar desapercibida.

lermo ez es un tor amente ado” Sigala, Letra Sur

Es incomprensible el olvido al que ha sido relegado Guillermo Jiménez en nuestros tiempos. Desde un punto de vista político, el canciller mexicano se manejaba entre la elite intelectual de su tiempo: Pablo Picasso, Diego Rivera –quien, según indican Peralta y Sigala, lo incluyó en uno de los murales de la SEP–, Pablo Neruda, Alfonso Reyes, José Gorostiza, José Clemente Orozco –su coterráneo– y Alejo Carpentier, quien era uno de sus amigos cercanos. En Europa, Jiménez recibió reconocimientos por su labor literaria, como las Palmas Académicas de Francia, como Hombre de Letras (1947), la Orden de Caballero de la Legión de Honor de Francia, como Hombre de Letras (1951), la Gran Cruz de Austria (1959), entre otros reconocimientos. Incluso en la caprichosa Sur, la revista de Victoria Ocampo publicó (número 5, año 2) un texto de Jiménez. Se trata de un conmovedor tratado sobre la danza en México, en donde el autor no pierde la oportunidad de mencionar los festejos tradicionales de su natal Zapotlán. Ante esto, resulta incomprensible que su nombre haya sido difuminado en la historia de las letras mexicanas. Este olvido difícilmente puede atribuirse a una consecuencia en la recepción de su obra. Los textos de Jiménez demuestran una conciencia de la realidad literaria internacional, y puede percibirse el oficio, la preocupación por encontrar le mot juste mientras fluye el relato, y, sobre todo, es evidente el compromiso sincero con la religión de las palabras. Quizá sea posible atribuir este olvido a motivos políticos o a alguna confrontación con los grupos de poder. Estas opciones, aunque no tienen mucho que ver con la literatura, son posibles si se piensa en el fuerte peso que la política o los grupos de poder tienen en la realidad literaria de cualquier nación. La precisión en sus descripciones, el dominio de la técnica narrativa y el trabajo consciente y comprometido con la cultura hacen de Guillermo Jiménez una figura de relevancia en la literatura mexicana del siglo XX. Su injusto olvido no debe distraer de la calidad de la prosa de este hombre de letras que se entregó a la formación literaria y a la difusión de la cultura nacional. Por fortuna, en nuestros días puede leerse la obra de Jiménez, recuperada en el citado volumen.

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La primera novela Mexicana Luis de Loera

Publicado por primera vez en el año de 1816, el Periquillo Sarniento es reconocido primordialmente por ser la primera novela de autoría mexicana. A pesar de que los géneros de la poesía y el teatro habían sido ampliamente abordados en Hispanoamérica durante la Colonia española, no fue sino hasta la aparición de Joaquín Fernández de Lizardi que este género narrativo tuvo presencia entre los hispanohablantes. La razón de este surgimiento tardío de la novela podría atribuirse a diversos factores, entre los que podrían destacarse la rígida censura del virreinato español y el alto precio que significaba la publicación de libros en la Nueva España (asunto que el propio Lizardi hace explícito en el prólogo de la obra en cuestión). Sin embargo, este retraso del género no es tan relevante como las circunstancias que permitieron el hecho. Como se ha mencionado, El Periquillo nace en los primeros años del

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siglo XIX, es decir, durante ese periodo crucial para la patria mexicana: la lucha por su independencia. El autoproclamado Pensador Mexicano siente el llamado de su nación y se enzarza en la afrenta blandiendo su mejor arma: la pluma. A través de publicaciones periódicas, Lizardi se dedica acaloradamente a introducir sus ideas reformistas, ganando en el transcurso tanto enemigos como reconocimiento público. No obstante, es con su primera novela que desarrolla con mayor éxito la responsabilidad doctrinal que asume como intelectual de su tiempo. Porque una de las mayores características de la obra de Lizardi es el tono moralista de su prosa, aspecto declarado desde el mismo prólogo y que permanece como una constante a lo largo del corpus. Hay que recordar que la motivación que lleva al narrador a contar sus desventuras es el deseo de instruir a sus hijos a partir de los duros golpes

“Aquí yace El Pensa-

dor Mexicano quien hizo lo que pudo por su patria” Lizardi


“Señores, es un torpeza pretender que en nosotros se corrija un vicio que ha crecido con la edad. Lo seguro es instruir a nuestra juventud en el modo de andar derechos” Lizardi

niento como una obra innovadora y comprometida con los acontecimientos sociales en que fue publicada, pero cuyas aspiraciones doctrinales sobrepasan su narrativa al punto de sobrecargar al lector. Si bien, Borges afirmaba que “vedar la moral es arbitrariamente empobrecer la liteque recibió de la vida. En ese sentiratura”, excederse en ella encamina do, pareciera que Lizardi se propone hacia el mismo resultado. educar, desde lo alto de su erudi Independientemente de ello, El ción, a un desorientado y naciente Periquillo Sarniento no deja de ser pueblo independiente que no es un punto clave de la narrativa mexicapaz de establecer un código ético cana y un referente para la literatura sin el auxilio de su escritura. de carácter social, comprometida Una reconstrucción del sistema con la aguda crítica de la desestabilieducativo y la clara oposición al esdad política y comunitaria de nuestro clavismo son ejemplos de la actitud pueblo, así como con la búsqueda de reformista del Pensador, quien se una tradición literaria propia de Lativale del carácter ficcional del género noamérica. novelesco para introducir su ideología entre los lectores mexicanos. Asimismo, otro elemento destacable del texto es la descripción de costumbres propia de la narración. Al capturar el escenario costumbrista de la época, Lizardi incursiona en un movimiento literario que no adquirirá gran relevancia en España sino hasta la publicación de La Gaviota, de Fernán Caballero, a mediados del siglo XIX. Es decir, todos estos elementos contribuyen a caracterizar al Periquillo Sar-

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Balbina González, la profesora, poeta olvidada

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El atractivo de un tesoro es desde luego el reto e inaccesibilidad que representa. Encontrarlos es encontrarse y crear una conexión con el pasado que éste representa, escuchar (o leer) la historia que tiene que contar para lograr crear las conexiones acertadas con el presente. El sur de Jalisco es una cantera de talento, en la superficie hay grandes ejemplos pero siempre es necesario cavar para escudriñar que hay más allá, donde casi no pega la luz de la fama. Recordemos: Cuna de grandes artistas. Muchas plumas se han diluido en la historia, seguramente por ahí murió en la oscuridad una excelente novela, un cuento perfecto o el mejor poema del mundo y entonces nosotros lectores viviremos sin saber que nos hemos perdido de una lectura que cambiaría nuestra vida. El consuelo que nos debe quedar es que también hay


casos en que hay escritores y textos que se niegan a morir y que de alguna manera buscaran hacerse presentes y gritarnos desde el fondo del silencio su existencia. Lareana Wright de Kleinhans, (1846-1896) escritora y precursora del feminismo mexicano, tuvo el acierto de guardar para la memoria el nombre de mujeres que consideró importantes para la historia de México: Mujeres notables mexicanas (1910) es un libro donde Wright de Kleinhans enlista a mujeres, que consideró destacadas, desde la época prehispánica hasta finales del siglo xix. En dicha antología encontramos a Balbina González que es descrita como una mujer brillante, cuyos versos “son sencillos y espontáneos, como lo son casi siempre los que brotan del sentimiento femenino…” Balbina Ruperta González fue hija de José González y de Refugio González, nació en Za-

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potlán el Grande el 27 o el 31 de marzo de 1863. Tuvo una de las mejores educaciones, según cuenta Wright de Kleinhans, por parte de Leonarda Zúñiga que era prima suya de lado materno. Zúñiga se dio cuenta de que la niña Balbina era brillante y no dudo en poner al alcance de esta todo lo necesario para cultivar su innegable inteligencia. En realidad Balbina publicó poco y es quizá Mujeres notables mexicanas en único testigo de su poesía. Wright de Kleinhans aseguraba sobre sus poemas que “Muchos se han publicado por empeño particular de sus amigos, la mayor parte permanecen inéditos”.


A la memoria del malogrado y sentimental poeta Arcadio Zúñiga y Tejeda Un viaje por un mar de tempestades En la vida mortal; la tumba es puerto Morir es regresar a nuestra patria... No se debe llorar por los que han muerto. No lloro porque has muerto: que la vida No lloro porque has muerto: que la vida Para tu alma anhelante y soñadora, Fue una cárcel, un páramo, un desierto, Un polo sin calor y sin aurora. No lloro porque has muerto y si doliente Mi corazón con amargura lidia, No es que llora tu ausencia afortunada, Es que tu dicha y libertad envidia! Te elevaste por fin a esas regiones Que prometen consuelo y bienandanza; Donde no es la ventura una quimera, Donde no es una sombra la esperanza ¡No te debo llorar! Si te dormiste En un lecho de abrojos punzadores, Despertaste feliz en prado hermoso De inmarcesibles, de eternales flores.

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Mas no seas egoísta; ve cuán ruda La suerte me lastima, cuan tirana Acuérdate que un día me comprendiste Y con ternura me llamaste “hermana”. Quiero pronto la copa desabrida Acabar de apurar en este suelo… ¡Perdonadme si anhelo esa ventura! No olvidéis a tu amiga allá en el cielo Tú eres ya feliz, porque la muerte Tus pesadas cadenas rotar pudo: Tu espíritu rabioso voló libre Por eso yo te envidio… y te saludo.

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Para tu alma anhelante y soñadora, Fue una cárcel, un páramo, un desierto, Un polo sin calor y sin aurora. No lloro porque has muerto y si doliente Mi corazón con amargura lidia, No es que llora tu ausencia afortunada, Es que tu dicha y libertad envidia! Te elevaste por fin a esas regiones Que prometen consuelo y bienandanza; Donde no es la ventura una quimera, Donde no es una sombra la esperanza ¡No te debo llorar! Si te dormiste


En un lecho de abrojos punzadores, Despertaste feliz en prado hermoso De inmarcesibles, de eternales flores. Mas no seas egoísta; ve cuán ruda La suerte me lastima, cuan tirana Acuérdate que un día me comprendiste Y con ternura me llamaste “hermana”. Quiero pronto la copa desabrida Acabar de apurar en este suelo… ¡Perdonadme si anhelo esa ventura! No olvidéis a tu amiga allá en el cielo Tú eres ya feliz, porque la muerte Tus pesadas cadenas rotar pudo: Tu espíritu rabioso voló libre Por eso yo te envidio… y te saludo. El acta de defunción testifica que la profesora Balbina González murió el 21 de diciembre de 1955 en Guadalajara Jalisco, en la calle Reforma 795, siendo célibe. Probablemente con la muerte de Balbina González haya muerto un legado literario que debió sumarse a los tesoros del sur de Jalisco.

Didí Sedano

proyecto.refugiobarragan@gmail.com

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Tala de Thom Enfermizo (padeció serios problemas

pulmonares desde su infancia), solitario (creció al margen de otros niños, recluido en hospitales bajo dolorosos tratamientos, y vivió aislado en su hogar, únicamente en compañía de su mujer), pobre (su padre era dueño de un modesto taller de carpintería), atormentado (sufrió los efectos emocionales de la relación violenta entre sus padres), hijo ilegítimo (fue víctima del oprobio debido a su condición social), el escritor austriaco Thomas Bernhard fraguó una obra vasta, lúcida y oscura —más de diez novelas y obras de teatro, una autobiografía en cinco volúmenes, algunos poemas y un libro de relatos—, entre la que destaca su novela Tala, considerada por ciertos sectores de la crítica como una de las cimas de su creación literaria y una de las obras más memorables de la literatura europea del siglo XX. Publicada en 1984, Tala, temáticamente, es una invectiva contra el hermético gremio artístico de Viena —infectado de fatuidad y apariencias—, en general, y contra el matrimonio Auersberger —supuestos artistas falsos, pertenecientes a las altas esferas sociales de Austria—, en particular. La sociedad artística de Viena es descrita por el escritor como una cofradía de fingimiento y banalidad, en donde los artistas se vanaglorian mutuamente,

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sin mayor razón, y se saben (se creen) piezas notables de una hermandad de prodigios artísticos; el matrimonio Auersberger, por su lado, es visto como un vínculo enfermizo, de co-dependencia, atravesado nocivamente por el interés y la vanidad, y que expresa superficialmente una predilección simulada por la filosofía más elitista y los exquisitos banquetes elegantes en honor a los miembros del gremio artístico. Todo lo que Bernarda toca lo descubre, revelando la cloaca misma de lo aparente. El protagonista de la novela es el propio Bernhard —un ser envidioso, rencoroso, soberbio, mentiroso, crítico, paranoico, aunque, paradójicamente, humano, compasivo, amable— que asiste a una cena con motivo del suicidio de Joana, una bailarina fracasada de los círculos artísticos de Viena, amiga del narrador y de los Auersberger. La novela transcurre en una noche, desde que Bernhard se sienta en su «sillón de orejas» para describir la mentada cena de los Auersberger hasta que abandona ese sitio, presa de un ataque de pánico. El Bernhard novelado corre hacia el centro de Viena, huyendo de la denominada «cena artís-

Análisis y recomen


mas Bernhard tica» —nominación que se alude con un agrio sarcasmo—, mientras acusa a los Auersberger y acusa a la denominada sociedad artística vienesa. Las reiteraciones compulsivas de los nombres de las cosas y la exageración de las circunstancias son dos rasgos esenciales de la poética de Tala; como en muchas de sus obras, Bernhard se presenta como un escritor obsesivo y exagerado. La oscura narración del protagonista es consciente de sí misma; el lenguaje vuelve sobre sí mismo, y se corrige, se amplifica y se reitera. Repite, en un afán obsesivo y maniático, las tensas situaciones que viven sus personajes. Su prosa se parece al monólogo de un desquiciado; cada palabra repetida aumenta la ansiedad nerviosa de quien la profiere. Los narradores de Bernhard, por lo regular, adolecen de un tormento emocional explícito, y lo muestran en su angustia expresiva. Por su parte, en Maestros antiguos (novela fundamental de 1985) Bernhard describe su arte como el arte de la exageración. La prosa del autor de Tala es desmesurada en su fondo y en su forma; frases interminables, laberínticas, llenas de circunloquios que contienen diatribas, críticas, agravios, ironías amargas, sarcasmos violentos,

deducciones pesimistas, interpretaciones paranoicas y manifestaciones de odio y rabia. La demostración —¿advertencia?— esencial de Bernhard, al menos en lo que respecta a esta novela, es que la mayoría de los vínculos humanos son falsos e insanamente llenos de intereses individuales, en los que el prójimo es visto como un medio para conseguir fines particulares. Los vínculos humanos, para Bernhard, se enmascaran en relaciones personales falaces; a veces, mediante un supuesto nexo artístico que, en el fondo, no es otra cosa que una relación tóxica y abrasiva, sujeta a la depredación del más fuerte. Bernhard tiene una visión muy pesimista de las sociedades humanas, y su narrativa es un necio y feroz empeño por desvelar los engaños ocultos en ellas. Podría pensarse, por lo anterior mencionado, que Bernhard funge como un clérigo o como un hombre noble; nada de eso, Bernhard no se sitúa en una posición moral superior: se sabe esclavo de los vicios y las inmundicias que denuncia —aunque, a veces, en su narrativa, luzca un breve destello de humanidad—. Chuy Quezada

ndación de lectura

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El otro lado. Acerca del autor

Bajé al río pensando en los ojos de la cuerva. En sueños Félix Damián Villa- adiviné: tras las pupilas negras habita el secreto. Los ojos rreal: Estudió canto de la cuerva miran desde allí. Desde aquella orilla de la corriente a donde no puedo llegar. Ya no la veo, pero y poesía con los adivino en su canto esos soles negros que mezquinan la vulgojuglares australes. Cuando es- respuesta: ¿Cómo cruzar esta corriente? tos desaparecieron Alguna vez peregrinos juntos. Ahora yo del lado equivoen el deslave del tiempo, guardó sus cado del cauce, ella en ese margen de ballenas blancas y secretos. Aprendió flores de azúcar. En medio, está el río marrón que crece por su cuenta me- y crece, trayendo del pasado monstruos cenagosos que cánica de fluidos y quieren cantar como sirenas, limo podrido, muerte. Mecomo generar ener- dio millón de litros por segundo no se pueden tomar a la ligera. gía eléctrica. Con estas armas, partió Ella voló dejando en mis noches el recuerdo de sus ojos. Cuando supo resolver el enigma los vi cambiar, estaban a lo desconocido. Hoy nos llegan los vivos. Bajo esta luz no se puede llamar vida esto que ecos de sus gestas. transcurro del amanecer a la noche. No me lo dijo, me traicionó. Abrió sus alas grandes como la noche y cruzó el río lejos del agua. La vi descender y posarse en esa rama. Vi por última vez esas estrellas oscuras y se dejó tragar por la espesura. Me hago más pequeño cada día. Busco temprano el ocaso porque ahí encuentro esa mirada, ese momento antes de abrir sus alas. Los contemplo. Nació justo en ese instante y abandonó el útero muerto con un graznido que partió su existencia. En sus ojos era otra, ya no era mi compañera. Yo me sigo achicando. Cada día despierto más lejos del fuego.

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Hoy, antes de bajar al río, robé una nuez del castaño bajo el cual vivimos. La partí por la mitad y guardé la semilla en mi bolsillo. Eso comeré. Voy a sentarme a la vera del río hasta caber en la cascara y con una rama por timón embarcaré. Guiado por su canto y el recuerdo de aquellos soles vivos.


Revista literaria Editor general

Oscar D. Cajen Meza

Portada

Lupita Medina

Posterior Sara Stonk

Colaboradores

Edgar Chávez, Von Dúben, Chuy Quezada, .Féliz Damián, Luis de Loera, Emmanuel Navarro, ALejandro Arenas, Didí Sedano, Hirám Ruvalcaba, grupo de fotografía tala y Sara Stonk Todos los derechos resevados

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