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SEMANARIO PALESTRA

Semana del 3 al 10 de Mayo del 2014 www●semanariopalestra●com

Joyel Poético Poesía escrita hace 18 años, a petición de doña Maru Ruiz González, esposa de Pepe Arévalo -amigos de siemprerecordando a la madre de doña Maru, y a mi madre, que también murió en abril.

A la Madre Ausente La inexorable ley de la existencia puso punto final a tu destino y partiste, dejando con tu ausencia un vacío infinito en mi camino. Te me fuiste, mas sé que no del todo porque tengo, mamá, de tu dulzura un recuerdo feliz que de algún modo llena mi alma de paz y de ternura. Sé muy bien que el lugar a donde moras está lleno de luz y de armonía pues te vistes con todas las auroras de mil mundos celestes ¡Madre mía! No te has ido del todo mientras pueda aspirar tu perfume en el ambiente; puede el cuerpo morir, pero se queda algo siempre de nos que está presente. Y en la excelsa quietud del sentimiento, como gota de llanto suspendida vives, madre, pues sabe que te siento en el alma ¡Soy parte de tu vida! Pablo B. Pineda Cortés Abril de 2014

Triste visión Hoy te he visto, Señor, venías cansado, muy triste, cabizbajo y dolorido, el rostro sumamente demacrado y el alma hecha pedazos por mi olvido. ¡Qué escuálida figura! ¡Qué semblante!, la luz en tus pupilas se moría y todo en derredor, en ese instante, parece que también desfallecía. ¿Qué tienes? ¿Por favor, dime qué pasa? permíteme ayudar si es que puedo, te ofrezco mis cuidados y mi casa no vayas a morirte ¡me da miedo! Y tú, con infinita mansedumbre, posaste tus pupilas en las mías y un halo me envolvió como de lumbre cuando escuché, señor, que me decías: “Es cierto, vengo triste y dolorido, cansado de mirar a los humanos que todo, en realidad, lo han corrompido mirándose con odio siendo hermanos”. “Mi padre me mandó a que les diera amor, paz y esperanza a manos llenas, y mira lo que han hecho, ni siquiera se ayudan entre sí ¡parecen hienas!”. “Les di toda la paz que se podía bajar desde el celeste firmamento y míralos, no pueden todavía gozarse de esa paz ningún momento”. “Por eso es mi dolor, tú no podrías quitármelo del alma aunque quisieras pues nada ante los hombres lograrías ¡Tus sueños sólo son, eso, ¡Quimeras!”. Sí me dijo, Cristo, y nuevamente se fue cargando a cuestas mis pecados y mi alma dolorida vive y siente que ahora somos ya dos los cuidados. Pablo B. Pineda Cortés Junio 21 de 1995.

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Recuerdos de juventud de la Semana Mayor

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» Ena Díaz de Limón

e la Semana Mayor de mis tiempos juveniles cuantos recuerdos conservo, vienen a mi mente los preparativos que comenzaban pensando en la hechura de los vestidos que estrenaríamos en las fiestas más prolongadas del año. Ya no veíamos la hora de cumplir quince años, comentábamos las amigas Rosita Ortiz, María de la Paz Mortera, Amelia Alonso, Lupita Villegas, contemporáneas muy queridas, y todo porque ya queríamos cambiar las tobilleras por las medias transparentes y los zapatos de tacón, que constantemente llegaban a la zapatería Madero de los hermanos Chito y Tavo Pérez. La semana santa era la fiesta esperada por toda la muchachada en edad de merecer, ¡ah! los estrenos, escoger la hechura de los vestidos, para ir a dar la vuelta y el que íbamos a “lucir” en el rumboso baile del sábado de gloria en el C.S.U. corretear a la costurera, para que él, o los vestidos estuvieran listos para tan esperado día; con tiempo se elegía la hechura que escogíamos en las revistas Vanidades, La Familia, Paquita, Feminissima, en fin aunque también en el periódico venían modelos que anunciaba el Palacio de Hierro o el Puerto de Liverpooly muchas y casi siempre, las modistas de nuestra época, realizaron en telas como tira bordada, tafeta, organdí, encajes, terlenca, popelina, la moda de nuestra época, cuando estaba en boga el largo chanel, faldas amplias circulares o recogidas según el gusto de cada quien y como complemento para lucir esas hechuras, nada como las tan de moda crinolinas que hicieron furor, las almidonadas primero y después se confeccionaban con olanes de tira bordada con su cascabelito, para quedar ya en hechuras cambiantes las crinolinas de nylon que hoy aún se dejan ver en determinadas hechuras. Los peinados eran sencillos de corte de cabello a la onda y los simpáticos rules que los llevaban quienes tenían el pelo largo, el caso de tanta “compostura” era asistir al baile reglamentario del sábado de gloria como decían antes “echando tiros”, en fin les diré que la moda de mi época me gustó, fue y sigue siendo bonita, para lucir, dando vueltas en el parque, para asistir a la feria, subirse a la “ola”, las sillas voladoras, el gusano chino que lo instalaban a un lado de Catedral, la rueda de la fortuna que tenía sonidos donde ponían música de moda, las canciones de “Los Panchos”, ahí iban a cantar a dar lo mejor de su ronco pecho, los que supuestamente tenían aptitudes para ello y les dedicaban por los micrófonos canciones a sus novias o jóvenes a quienes les andaban echando el ojo. En estas fiestas de la Semana Mayor no faltaban las carpas donde exhibían a la mujer que por desobedecer a sus padres, se había convertido en tortuga o en culebra. La suerte también se probaba en la polaca, donde el gritón voceaba las cartas, el que le cantó a San Pedro “El Gallo”; la dama de las camelias “La Dama”, hasta que se oía que alguien decía “lotería” y recogía su premio. Después del domingo de ramos, todas las noches se nos permitía ir a dar vueltas al parque, después de cumplir con las visitas a la iglesia; imposible dejar de asistir al encuentro del Señor y su madre María Santísima, quien iba seguida de San Juan, la Magdalena y todos los fieles siguiendo con devoción a estos actos piadosos. El jueves santo las campanas enmudecían, los fieles con profunda tristeza acudían a visitar el aposentillo que se colocaba a un lado de la torre de Santa Rosa, ahí se veía a Jesús que había sido aprendido como un delincuente, estaba preso con las manos atadas, detrás de esta imagen lo separaba un tinglado, ocupado por una sábana, donde se encontraban señores que sonaban ruidosas cadenas, un tambor que a cada golpe, se oía, melancólico, transmitía un halo que aún no lo puedo explicar, igual que una flauta de carrizo, que tocaba una melodía triste que invadía un sentimiento que llegaba al alma, viendo a Jesús

El gran mural del Palacio Municipal de San Andrés

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» Enrique Abrego Ortega

la mitad de la escalera de nuestro Palacio Municipal hay un gran mural pintado a color sobre la pared del fondo, de 13 metros de ancho por 6 de alto, destaca la gran figura de una mujer desnuda, de semblante con rasgos indígenas, con los brazos en alto, recostada, que representa a la madre tierra. Este mural fue realizado en 1971, hace 43 años, autores de bosquejo: don Teodoro Cano y Carlos Chávez, colaboraron en su realización 8 pintores: Honorio Fernández, Gabriel Sosa, Silvia López, Mónica Reyes, Blanca Gutiérrez, José del Moral, Roberto Román y Adolfo Baca. El mural narra en forma gráfica la historia de la región de Los Tuxtlas, desde la época precolombina, representa la cultura Olmeca la figura de un jaguar envuelto por una serpiente emplumada simbolizando a Quetzalcóatl, la figura de un fraile y un soldado español representan a la época de la conquista; se ven también campesinos laborando la tierra; al centro del mural se ve una cabeza colosal olmeca, en otra parte se ven figuras de la época de la Revolución, en otro lado se observan galeras de tabaco y trabajadores de esta industria; a la derecha la figura de un niño con un libro en la mano que simboliza las tareas educativas en la región y atrás de él máquinas como ejemplo de progreso, figuran también rostros de personas destacadas en la historia de nuestra región como Primitivo R. Valencia y Rafael Murillo Vidal. Este mural esta deteriorado en algunas partes, con agujeros y manchas, vale la pena su restauración porque forma parte del tesoro artístico de nuestra ciudad de San Andrés.

vendado de los ojos y amarrado de las manos, era un todo homogéneo, nadie hablaba, las señoras cantaban alabanzas tristes, envolvía el ambiente el aroma fuerte del arrayán, traído de la montaña, de las faldas del San Martín. Jueves y viernes eran días de guardar, de acompañar a Cristo en su dolor, del sufrimiento por salvarnos del pecado, Viernes santo día de recogimiento, de dolor, María sufre por su hijo cuando lo llevan al Calvario y le dan muerte de Cruz. A las tres de las tarde comenzaba el sermón de las siete palabras, el padre Diego Manuel Alvarado se dirigía a todos los fieles con esa oratoria que mucho le admiramos, decía las palabras con tanto realismos que veíamos un Cristo que tenían brazos y pues movimiento, enternecía, acongojaba y después el entierro, llevando al Cristo en hombros por los Santos Varones, cubierto con una sábana blanca y la Orquesta Ideal al compás de la marcha fúnebre acompañaba esos momentos, en ese recorrido alrededor de la iglesia, acongojaba el alma y el paso del santo entierro las gentes se persignaban y en silencio brotaban las lágrimas, todo era solemne, enternecía, era un día de luto, de duelo, al salir de esta ceremonia todos se iban a su casa, nadie iba a las fiestas, había luto en el corazón y sólo se volvía a la iglesia para dar el pésame a la Virgen y rezar el rosario. Al día siguiente el sábado, la gloria se abría a las 10 de la mañana, Jesús había superado a la muerte, había resucitado; las campanas tocaban al vuelo y unido a este júbilo en casa con un cuero se daban las mamás de cuerazos a sus hijos, según en manifestación de alegría, eso es lo que no nos gustaba de la Semana Santa, pero eran costumbres que se fueron quedando con el paso del tiempo para dar paso a otras que ahora estamos viendo. Cuanto daría por tener la memoria de la juventud para retratar todo lo bello de estas fiestas, para recrear la imaginación y dejar al descubierto las costumbres que ya son ayer y que otrora fueron dejando huellas en las mentes de los sanandresinos que aún vivimos, podemos contar todo lo hermoso, de esta tierra que mucho amamos. Abril 23 de 2014.


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