Issuu on Google+


Primeros días de una nueva era

23 de Mayo 098098324899832920002020022222 May 22 1982 0734 From: Hig command. Task Force Facklands To: Lt. Howard Forman aboard RNConqueror Rate: Classified Message: Green ligth. Zero operation. 0525. 0957 - Code 220877334562854 Confirm 729847284’98741958168745t715617743 Enriquito tomó el troley. Le pasaba el portafolio. Tenía dos bolsas de caramelos y cinco paquetes de chocolate Aguila que pensaba mandar a las islas Malvinas. La señorita Ana María les había dicho que estaban juntando cosas para los soldados que estaban en el sur. Hacía mucho frío en el sur. La mamá de Enriquito había querido mandar un pulóver, o varios pares de medias de lana, pero Enriquito insistió en las golosinas y el chocolate. En el noticiero habían pasado una nota donde un capitán o algo así había asegurado que los chicos en el sur estaban bien alimentados y abrigados. La insistencia de su hijo y la cara de bueno del capitán la habían convencido. Fueron al almacén y compraron chocolates y caramelos. El séptimo grado del Normal 1 juntó, ese día, sesenta libras de chocolate, veinte kilos de caramelos, cinco camisetas de frisa, dos pares de medias de lana y treinta y cinco cartas.


El papá de Enriquito tomó el tercer café de la mañana mientras asentaba en los libros los movimientos de caja del dia anterior. Parecía mentira, se dijo, que hubiera tiempo para esas cosas mientras allá abajo se peleaba. Razonó que, de alguna manera, su trabajo ayudaba a ganar la guerra. En la esquina de San Lorenzo y Moreno, en el sótano, la electricidad hacía lo suyo. -chumbala cachúmbala cachumba-la,cuando el reloj, marca la una, los esqueletos miran la luna -chumbala cachúmbala cachumba-la,cuando el reloj, marca las dos, los esqueletos dicen adiós -chumbala cachúmbala cachumba-la,cuando el reloj marca las tres, los esqueletos toman el té -chumbala cachúmbala cachumba-la,chumbala cachúmbala cachumba-la -chumbala cachúmbala cachumba-la, cuando el reloj marca las cuatro,los esqueletos,comen al gato -chumbala cachúmbala cachumba-la... Marcelo se toma un mate apurado y sale a poner en marcha el rastrojero. El frio hacía que la vieja máquina se quejara más de lo habitual debajo del tinglado de la soderia. - ¡ Arrancá la puta que te parió ! Don José carraspeaba molesto al vercomo su hijo empezaba de nuevo tarde con el reparto. El rastrojero escupió una bocanada de humo negro y con eso comenzó la mañana. El banderin de Central colgaba del espejito junto con la estampita de San Cayetano que le había traido la Marta. – ...ta madre que frío ! – No te quejes hijo, que esos pibes en Malvinas están peor. Pero parece que se acabó, ganamos nomás...


La tanqueta apostada en Alem y Pellegrini, obstaculizaba el tránsito obligando a los coches a esquivarla. El rastrojero en la fila, al pasar al lado, se quejó y de pronto se le apagó el motor. - ¡ La puta madre, justo al lado de los milicos... ! Los soldados armados con fusiles FAL, miraban inquisitorios al vehículo detenido. Sonaban bocinas detrás. El motor se quejaba y con cada intento del contacto, la batería perdía fuerza. Los soldadon se acercaban. - ¡ Muévase ! – se oyó la orden – ¡ No se puede parar acá ! - ¡ Dale, conchisumadre, dale ! - ¡ Le dije que se mueva, ! ¿ no oyó ?.- Un sargento a los gritos se acerca a la cabina. - ¡ No puedo se quedó ! El sargento grita tanto que se enrojece y casi escupe el parabrisas, - ¡ Muevasé inútil, es una orden ! - ¿ Que querés que haga ? Se murio... - No, vos te morís, hijo de puta... No había terminado la frase cuando ya apuntaba a la cabeza de Marcelo con su pistola. Todo se detuvo un segundo. Nada producía ruido y casi se esperaba el estampido del arma, cuando de repente... ¡ PUN ! el topetazo del troley volvió a todos a la realidad. El rastrojero avanzó unos metros y con un ruidoso bufido, arrancó. Enriquito desde el primer asiento, había visto todo. Enriquito volvio de la escuela. Después de hacerla tarea, va a la canchita de ¨la República de la Sexta¨ a jugar a la pelota. El interno treinta y dos del Troley llega a la punta de línea con cinco minutos de retraso.


- ¨...del teatro de operaciones. Los héroes de la jornada fueron los pilotos que... ¨ En la Maternidad Martin, nacieron tres niños y una niña. Ricardito Sosa fue derivado inmediatamente a la incubadora. Pesaba menos de dos kilos y apenas tenía siete meses de gestación. Su nacimiento fué catalogado como milagroso. Los doctores le dieron pronóstico reservado. - ¡Estamos ganando, loco! ¡Les rompimos el culo a los ingleses! ¡Hundimos el barco más grande de la flota!¡Los de la aviación son unos fenómenos! Jimenez gritaba a todo trapo mientras el papá de Enriquito, trataba de soportar el volumen de la voz. - ¿Que cosa? -¡Pero vos no te enterás de nada!¡Se murió el principito!¡Les rompimos el culo!¡Lo hundimos!¡A ver cómo se rinden esos cagones! -... A las siete de la tarde estaba ya oscuro. A pesar del frío, del toque de queda, del oscurecimiento, las columnas de gente convergían en el Monumento. Las banderas argentinas flameaban en una especie de fosforecencia. La policía recibió la orden de no reprimir la manifestación hasta nueva orden... Marcelo comia en silencio. El guiso que había preparado Marta, humeaba caliente en el plato. Comía cada bocado saboreandolo despaciosamente. - ¡ Argentina, Argentina !, se escucha detrás de la ventana. - ¿ Qué pasa gordo ? ¿ Van a la cancha estos ? ¿ Hay partido hoy ? – No se, ni idea...


24 de Mayo Course 2-3435-10 Deep 40.9 All system ready Coordenate 837774444nddyy-337444jhsa TimeOK Speed 58,0345 Stand by Enriquito no fue a la escuela. El termómetro marcaba apenas unas décimas de grado. El Presidente Galtieri había decretado feriado nacional para celebrar la victoria sobre los ingleses. La mamá de Enriquito se lavantó temprano, como siempre y le llevó unos mates al marido, que tampoco fue a trabajar. El toque de queda estaba vigente y el gobierno ordenó a la gente no salir de sus casas. El papá de Enriquito tomó el tercer mate de la mañana que le alcanzaba su esposa. Se preguntó cómo seguiría todo, ahora que habíamos ganado la guerra. - Marcelo mañana vas a tener que ir al centro a buscar aceite de maquina, si se puede... - Viejo... ¿ y el reparto ? - Deja... arrancamos cuando volvés, si la chata quiere !! - ¡ Qué fácil la haces vos ! Anda con vos solamente, te conoce hace 30 años... La esquina de San Lorenzo y Dorrego continuó entre gritos con su rutina diaria. - chumbala cachúmbala cachumba-la,cuando el reloj, marca la una, los esqueletos miran la luna - chumbala cachúmbala cachumba-la,cuando el reloj, marca las dos, los esqueletos dicen adiós


- chumbala cachúmbala cachumba-la,cuando el reloj marca las tres, los esqueletos toman el té - chumbala cachúmbala cachumba-la,chumbala cachúmbala cachumba-la - chumbala cachúmbala cachumba-la, cuando el reloj marca las cuatro,los esqueletos,comen al gato - chumbala cachúmbala cachumba-la... Despues de la escuela, Enriquito invitó a Gustavo, su mejor amigo, a tomar la leche en su casa. - Los de la otra cuadra quieren hacer un partido el sábado - Y, si se puede, sería fenómeno. - Hay que decirle al Gordo que lo marque de cerca al Rulo. Ese pibe juega en Juan XXIII y... -...se espera en cualquier momento la capitulación del ejército inglés, las autoridades del gobierno... En la Maternidad Martin nació una niña. La bautizaron Victoria. Ricardito Sosa evolucionaba bien. La madre continuaba internada. El médico no la vio. El interno treinta y dos del Troley quedó en el galpón. - Viejo, es el bendix... se cago de nuevo, por eso no anda. - Llamalo a Walter a ver si puede venir, porque sarcar la chata y que te pase como ayer... - Si dejá, debe estar en el galpón ya, si no laburan más estos con lo del toque de queda. Ahí lo llamo. Los gritos de la casa de al lado se escuchaban en la cocina de la casa de Enriquito. El papá de Enriquito, tomaba unos mates y escuchaba. - Es así, loco, somos los mejores del mundo, el mundial, ahora la guerra ¡Que se cuiden los yanquis putos! ¡Les vamos a dar para que tengan a ellos también! ¡Y a esos chilenos de mierda!


A las siete de la tarde estaba ya oscuro. La ciudad estaba calmada, vacía, quieta. Casi no había colectivos. Los bancos no habían trabajado, no hubo clases. Se esperaba la formalización de la derrota inglesa y el gobierno preparaba los operativos para los festejos. El presidente vomitó tres veces en el baño del despacho de la Casa Rosada. Se quedó dormido en el sillón. El farol colgaba del capot de la chata, mientras los hombres afanosamente trabajaban en el motor. El mate caliente no aplacaba el frío de las manos engrasadas. - Escuche en la radio que hablaba Galtieri a la noche... - Ni idea. La Marta me hizo laburar en la medianera, peor que con el reparto. ¡ No me conviene el toque de queda a mi ! La risa rompía el silencio. Un perro ladró a un falcon que pasaba por la esquina con las luces apagadas.

25 de Mayo 98428304909080923072msnaJSDHFUSjashdfueba9261816186 From: United Kingdom Goverment HIGH PRIORITY - Protocol 283287687UK To: Cdr Chris Wreford-Brown aboard HMS Conqueror _ Hacía frío pero el día era brillante. La mamá de Enriquito le preparó una taza grande de café con leche y lo despertó con un beso. - ¡Vamos gordo, arriba! Tomamos la leche y vamos de la abuela. - ¡No Má ! dejame un ratito. - Dale gordo que papá te trajo facturas...


En la cocina el perro rezongaba con un pajarito en la ventana. El papá de Enriquito oía a Jimenez su vecino, hablar a los gritos mientras le leía los titulares del diario a su mujer. - ¨Grandes columnas se esperan en Plaza de Mayo para aplaudir el triunfo de nuestro gobierno sobre el infame invasor, dijo el vocero de la Casa Rosada...¨ Message: Execute DNASJDA3487264823KJFBH7R9229999999RWRDDN _ Sin toque de queda Marcelo fue al centro a comprar el aceite de máquina que necesitaba. La tanqueta apostada en torno a la plaza 25 de Mayo impedía el tránsito, estacionar en el centro siempre fue un infierno. Caminó dos cuadras por la peatonal y de pronto se vió rodeado por escolares, señoras abrigadas en pieles, varios jóvenes y chicas uniformados por sus colegios, todos (o asi parecía), con banderitas plásticas escarapelas y gorritos de lana celestes y blancos del mundial. Todos bajo la atenta mirada de los soldados armados, que inmóviles como postes, desviaban la marea humana que bajaba hacia el monumento. Route 3789-3 Deep 29.9 Speed 30 System READY Targeting 798797912jgjgJGGJGjgj Targeting 2268868242KHKKHUh Targeting 674298897hjgdyGLKUYk


ENTER LAUNCH CODE ENTER CONFIRMATION CODE STAND BY _ Enriquito y sus papás caminan por la peatonal. Hay tanta gente que parece una fiesta. Todos están contentos y el ruido de la muchedumbre lo abarca todo. Las Disquerías tocan la Marcha de las Malvinas y las chicas se ríen a los gritos mientras miran a los soldados que son jóvenes como ellas. - ¡Vamos Gordo! Apurate así llegamos de la abuela y vamos al parque los cuatro. ¡No me sueltes la mano! Avanzaban lo más rápido que podían. La abuela de Enriquito vive enfrente a ¨La Favorita¨ - ¡Enfermera! –gritó la anciana– el nene no respira... La mujer llorando rezaba por su nietito que se moría. Las enfermeras corrían intentando reanimar a la criatura, mientras Débora la mamá, sin saber porqué, empezó a llorar a los gritos un par de pabellones arriba. La Jefa de enfermeras puteo por lo bajo – se me murió carajo – mientras apartaba a sus compañeras de la cunita. - Se nos fue de repente abuela, es como que no quería vivir más... lo siento. El Capitán Jiménez busco el disco, un tanto gastado del uso, las viñetas infantiles ya casi no se distinguían. Bajó las escaleras hasta el sótano y el olor le golpeó los sentidos cuando entró. Los restos de alguien permanecían aún con sus grilletes a la pared, pero hacía ya un par de días que no lo buscaban. Una mezcla de orines y sangre, empapaban el cuerpo olvidado en un rincón del lugar.


La buscaba a ella, a la gringa que habían traído la otra noche del monumento, que estaba con los otros estudiantes, pero que habían sido alojados en el 121. González ya lo había cagado la vez pasada cuando chuparon en el Parque Urquiza y se llevó esa morocha que estaba con el novio en “villa cariño”. Pero esta rubia era para él. Ya la habían ablandado la noche anterior, pero había avisado – Esta es mía – El hecho que fuera extranjera era algo que lo excitaba aun mas. Audrey respiraba lentamente. Le dolían las costillas, la boca aún le sangraba, tenía cuatro dedos rotos y casi no veía del ojo izquierdo. Entre las sombras veladas, vio a un hombre delgado que se arrimaba a la parrilla de la que aún estaba atada, y colgaba como un Cristo quebrado. - Hola rubia, estaba esperando verte... El olor a tabaco negro, apestaba con cada palabra el aire ya viciado. Un movimiento y la parrilla de picana, se volvió horizontal, lo cual le permitió descansar por el momento del dolor de brazos y hombros. - ¡Fuera de acá mierdas! Déjenme solo. Con la orden, los policías que hacían las veces de carceleros, dejan el sótano. Se dirigió al tocadiscos y la ronda comenzó nuevamente a sonar. - chumbala cachúmbala cachumba-la, cuando el reloj, marca la una, los esqueletos miran la luna - chumbala cachúmbala cachumba-la, cuando el reloj, marca las dos, los esqueletos dicen adiós


- ¡Please, po... por favor no! –entre llantos desesperados gritaba Audrey. - No, nena, no llores. Mirá, a mierdas como vos y los tuyos, ya los tenemos calados. Te aseguro que por más que se escondan, los vamos a encontrar. - chumbala cachúmbala cachumba-la, cuando el reloj marca las tres, los esqueletos toman el té - chumbala cachúmbala cachumba-la, chumbala cachúmbala cachumba-la Sacó entre las ropas un aparato y observa el ojo sano, como explorando dentro. Audrey sólo ve una luz roja que la deslumbra y le quema dentro de la cabeza. - ¡Sabía que eras una, lo sabía.! ¡González me debes un whisky, hijo de puta ! - ¡Please, no hice nada me! - No nena, no hiciste nada y no vas a hacer tampoco, pero antes... En un movimiento, le arranca la pollera del jumper y mientras se baja la ropa, la ronda sigue sonando... - chumbala cachúmbala cachumba-la, cuando el reloj marca las cuatro, los esqueletos, comen al gato - chumbala cachúmbala cachumba-la... Time OK FIRE - Esa luz... esa luz Marcelo dejó caer la frase común con un dejo de nostalgia y horror. Sus manos se crispaban como sintiendo nuevamente el dolor penetrante, debajo de su piel, su carne, sus huesos.


Algo ya no era igual. No sólo porque aún estaba ahí para contar su historia, repasada en silencio momento a momento, como intentando descubrir en cualquiera de esos segundos, que paso, que lo cambió, que lo mantuvo vivo. La gente que lo rodeaba esta muerta. Algunas manchas en el piso y en la pared dejaban una pista de donde habían estado parados en ese instante. Otros carbonizados, sin párpados que les pudieran cubrir sus miradas, yacían inertes con esa infinita expresión de dolor. Algunos se quejaban de carnes laceradas o despellejados y quemados vivos. Ellos no durarían mucho más. El estaba allí, agitado, deslumbrado por una luz e impactado por la escena que lo rodeaba, pero de la que inauditamente no era parte. - Agua... - se escuchaba en las gargantas, el llanto de algún chico, el olor a carne quemada Se incorpora y camina tambaleante entre las ruinas de lo que antes fue su ciudad. Al intentar moverse, cae en la cuenta que esta en una pequeña depresión, unos centímetros a desnivel del terreno circundante, una perfecta semiesfera. Recuerda, que antes de la luz, algo mas nublo su vista, pero no comprende y tampoco lo va a intentar ahora. Un extraño silencio traía el viento. No se oían aves o tráfico o gente. La plaza humeaba con los enormes plátanos en llamas mientras cantidades indecibles de escombros y restos encendidos como tizones, inundan las calles. Metal retorcido y al rojo son autos y colectivos. Ocasionalmente se escucha una explosión. Ya terminaba Mayo y hacía frío. El viento no se detenía y dejaba un sabor metálico en los dientes.


Llega a la peatonal y de los restos derrumbados de edificios y galerías, comienzan a surgir otros. Todo es confusión y gritos, nombres y llantos, sonidos desgarradores de quienes buscan a los suyos y son víctimas del silencio como respuesta. Rostros desconocidos pero todos parecidos, tiznados por el humo y el polvo, manchados de sangre y desesperación. Se observa y está sin marca. No esta golpeado, ni sangrando, ni siquiera un magullón. Su ropa esta calcinada y está casi desnudo. No lo entiende. Toma algo de ropa de un negocio de por ahí y tropieza con dos cuerpos carbonizados que protegen algo debajo. Aparta los brazos que se desmiembran en sus manos y descubre a un chico que aún respira. Sus padres en un último reflejo, lo salvaron de morir horriblemente. Lo alza como puede y el chico se queja, pero no se despierta. Su piel está intacta y se ve extraño de alguna forma, como si simplemente descansara. Estaba dolorido y sediento. Aturdido. No sentía el cuerpo. Tenía un silbido agudo en los oídos. Intentó ponerse de pie pero se desmayó. Jiménez no entiende nada. Medio edificio esta derrumbado y un gran boquete deja ver la calle Moreno, o lo que queda de ella. Se despierta con una sensación de alarma que le dice que algo muy grave esta pasando. - ¿González, donde estás? ¡Contestá carajo! El comunicador que había sacado del bolsillo solo emitía estática. Miró por casualidad el aparato con que examinara a la rubia antes, e inexplicablemente las escalas que normalmente no superaban una o dos unidades, marcaban un nivel treinta en


actividad. - ¡Jiménez! ¿Donde estás boludo? Contestame... - ¿Qué pasa? Estoy en el pozo. ¿Qué paso ahí afuera? - No importa eso, no importa. ¿Leíste las escalas? - Si ya vi. Cargá el equipo pesado que hay que buscar a estos mierdas... - Roger. Mientras maldecía y juntaba sus pertrechos, Jiménez se detuvo a observar como colgaban inertes los grilletes de la parrilla, y como junto a la ropa que le había arrancado a la rubia para violarla, se acumulaban una plumas de un sutil tono dorado. - La concha de tu madre... ya te voy a encontrar. Se sentía cansada, pero extrañamente alerta, nerviosa. No tenía idea de que había pasado, sólo ese recuerdo del dolor. Su bebé, su carita, no había podido abrazarlo. Le duele pensar. De pronto olfatea el aire. Con un movimiento salió de las ruinas y corrió en la noche por lo que creía que había sido una plaza. Se detuvo un momento y sintió que su cuerpo encorvado era muy fuerte, era distinto. En sus fauces saboreo sangre, pero el hambre aún estaba ahí. Vio a lo lejos a los hombres sobre la chica. Carcajadas e insultos la ensordecían, mientras se parapetaba en una elevación de lo que parecía ser antes una casa. - ¡No por favor, bastaaa! ¡NOO, HIJOS DE PUTAA! - ¡Callate forra ! –La trompada logró el silencio. La chica sollozaba mientras el inmundo humano se refregaba sobre ella, mientras el otro gritaba - ¡Dale, reventala por puta ! Jajajajajaj. La imagen a la luz de unos fuegos crepitantes de escombros, se


repetía alternativamente. Sintió mucho odio, mucho asco. Y sintió muchas ganas de matar. La bestia se abalanzó con un enorme salto, desde la altura, arrancando la cabeza de un golpe al violador. En un solo movimiento, estaba dada vuelta y ya encaraba al otro hombre. - ¡No andate de acá! ¡NOOO! – gritó mientras el felino le cercenaba de un mordisco medio cuello, destrozando casi en dos el débil cuerpo del humano. La chica horrorizada vió lo que ocurría y se arrastró hasta una pila de escombros, donde se destacaba un filo de metal. Lo empuño pretendiendo defenderse y al darse vuelta se encontró frente a frente con la criatura. Los enormes colmillos y el hocico aún estaban manchados con la sangre de las presas. Pero los ojos, esos ojos eran distintos, no parecían de animal. El felino gruñó y el pánico se apoderó de la chica. Con un movimiento involuntario, cortó con el filo que blandía, el rostro de esa especie de tigre o algo así. La bestia rugió de dolor y con un gran zarpazo, desarmó a la joven que desesperada empezó a arrastrarse para huir. Esos ojos y los grandes colmillos, fueron lo último que vió. La bestia se alimentaba, cuando le pareció ver en la noche contra la luna, que un ave grande rondaba.

26 de Mayo - ¿Qué hora es? ¿Que día es? ¿Que pasó? Estaba dolorido, sediento y desorientado. Como pudo, abrió los ojos y se los refregó. Había un olor rarísimo en el aire. Giró la cabeza y alcanzó a ver la silueta a contra luz del hombre


sentado en una montaña de escombros. Miró al otro lado mientras levantaba el torso apoyándose en los codos. Escombros y un cielo plomizo y con nubes de humo oscuras. El hombre se acercó. Dejó de ser una silueta. Tenía la cara curtida por la intemperie, pero no parecía viejo. Se movía con mucha agilidad. - Son las diez de la mañana del veintiséis de mayo del año mil novecientos ochenta y dos. Tu ciudad fue destruida por un misil atómico lanzado desde un submarino nuclear clase Ohio que Estados Unidos puso al servicio de Su Graciosa Majestad. - ¿Cómo? ¿Qué mierda pasó? - La Fuerza Aérea de tu país hundió al acorazado “Sheffield”, y allí estaba apostado el príncipe heredero, que dicho sea de paso, murió en el ataque. La Reina en persona exigió un castigo acorde a semejante ofensa. Pero eso no es lo importante. La voz del hombre era agradable. Marcelo se sintió cómodo enseguida. Luego se daría cuenta que no tuvo ninguna sensación de extrañeza y que tomó lo que dijo el hombre con calma y naturalidad. Como si lo que le contaron en esos cinco minutos o menos hubiera sido lo más natural del mundo. - No tengo mucho tiempo, voy a ser breve y voy a hablar una sola vez. No puedo exponerlos más. Demasiado peligro corremos todos estando yo acá. Prestá atención. Tu vida está en peligro. Vos no sos lo que crees que sos. Vos no sos quien crees que sos. Y por eso, hay quienes quieren matarte. Vos sobreviviste porque sos diferente. Y por eso, te van a buscar, te están buscando. Y te buscan para matarte. Tu vida depende de que entiendas lo que te digo. Tu vida depende de que no confíes en nadie que no tenga una marca como ésta –y señaló el hombro de Marcelo, donde había una especie de cicatriz, o tatuaje, que Marcelo no recordaba tener. - ¿Qué es esto? ¿Qué significa? - Callate. No preguntes. Ya saben que estoy acá, y pueden llegar en cualquier momento. Si me encuentran, estamos perdidos...vos yo, el chico, los otros que sobrevivieron...Hasta ahora, vos y los


tuyos estuvieron seguros, a salvo de todos, incluso de ustedes mismos, ignorando todo. Con el incidente del ataque, ahora están al descubierto. Vine a advertirte... - ¿Quién sos? ¿De dónde venís?¿quién soy? - ¡Callate y escuchá! Por ahora, cuanto menos sepas, mejor. Si te agarran, no vas a poder decir nada. No sabés nada. Lo único que te tiene que importar ahora es sobrevivir. Y el chico. Cuidalo. Somos pocos. No podemos darnos el lujo de más muertes. Ellos están de caza. Saben que cualquiera que haya sobrevivido puede ser uno de ustedes. No confíes en nadie. Acordate, solamente los que tienen esa marca. Ellos son dos. Son militares. Acá podés estar seguro –(dibuja un mapa en el polvo bajo sus pies)- Llegá a cualquiera de estos lugares en los próximos cuatro días. Yo te voy a encontrar. Si sobrevivís, vas a saber más. Por unos días te vas a sentir raro, diferente, mejor, más fuerte. Estás cambiando, estás empezando a sentir tu verdadera naturaleza. No puedo permanecer más tiempo con ustedes. Ahí tenés agua y alimentos. No puedo hacer nada más por ahora. Empezá a caminar. No te olvides que para salvarlos a ustedes, muchos han sacrificado sus propias vidas... - Decime algo…Tu nombre al menos. - Mi nombre es Tulio Rell De pronto el hombre desapareció y como también las indicaciones que él había dibujado en el piso, como si nunca hubiese estado ahí. Marcelo agarró la mano del chico y la bolsa de lona que le dejó Rell y empezó a caminar. Solamente había ruinas hasta donde alcanzaba la vista. Jiménez y González bajaron del jeep y se cargaron al hombro las armas y el equipo. Habían llegado a la zona de la explosión y no había otra manera de seguir que no sea a pie. - Va a ser fácil. Cualquier cosa que se mueva va a ser uno de ellos. Y si no lo es, le vamos a hacer un favor matándolo. - Si. Hacete el boludo, nomás. Hay uno ahí afuera que no es


como los otros. ¿O te olvidás cómo saltaron las lecturas? Si es uno, es muy poderoso, y si son muchos, igual podemos estar en problemas. Hace años que no se registran estos niveles de actividad. Y justo tiene que pasar ahora. Y acá. Si no resolvemos este asunto rápido, mejor que nos mate la radiación. No quiero ir a reportar que de repente, donde estaba todo controlado, aparecieron un par de docenas de bichos...o uno de los viejos... - ¿Pensás que es uno de los viejos? Están todos muertos. Ya no quedan bichos viejos. - Eso quieren hacernos creer. No hay manera de que hayan tantos de ellos juntos en un solo lugar. Estoy seguro que es uno de los viejos. El nivel y tipo de actividad... - Callate –dijo Jiménez subiendo una montaña de escombros y mirando alrededor con los prismáticos – Callate y ponete a trabajar. No sea cosa que te pegue un tiro. Sos la única cosa que se mueve por acá...y le voy a tirar a todo lo que se mueva. Ademas pensa que si les tenes miedo a ellos, mas deberías temer a nuestros jefes. - Estúpido –respondió González sin contener el odio que tenía contra su compañero– Si no tenés cuidado te van a matar. Ahí afuera hay uno de estos viejo. Podría ser algunos de los que nos contaron, el Drac...o podría ser Rell. O el guardabosques. Con esos no se jode. - Lo que pasa es que sos un cagón - Lo que pasa es que estoy en el medio de una explosión atómica, pudriéndome de a pedacitos, con un imbécil que va a hacer que nos maten... - Si seguís poniéndote en pelotudo, no te vas a preocupar por Rell, ni Drac, ni Rankrel, ni por la radiación ni por Tholaraz –Jiménez apuntaba a la cabeza de González con el fusil– Ponete a trabajar. - ¿Desde cuando sos el jefe vos, che imbécil? Pasas un tiempo alla arriba con los jerarcas y se te suben los humos... El tiro levantó polvo cerca de la bota del González y rebotó el eco entre las ruinas. - No me cuesta nada matarte. No me jodas. - Vos no sos el único que tiene armas. No me provoques.


Alertado, atraído por el ruido del disparo, la bestia levantó las orejas. Olió el aire. Algunos días atrás, cuando todavía caminaba solamente en dos pies, se hubiera escondido. Ahora, en cambio, salía de cacería con la quijada babeante. Las presas no estaban lejos.



1892 -DC-