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Espejismos de un bufón © Ingrid Ortez © para la presente edición Libélula editores, 2017 Miraflores Sur. Tegucigalpa, Honduras. Correo electrónico libelulaeditores@gmail.com Diseño de portada © Libélula editores

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, su tratamiento informático, la transmisión por cualquier forma u otro medio ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso del autor.

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de un bufรณn

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todo es espejismo; el teatro el dolor la ausencia la distancia ella ĂŠl aquel bufĂłn su necedad y yo.

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Por tus mรกscaras

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y las mĂ­as

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de un bufรณn

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Somos seres de costumbre se repetĂ­a una y otra vez el bufĂłn. /Y en esa costumbre de tu ausencia me acostumbre a pronunciarte, sin la costumbre de ti/

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El bufón se tropieza. al suelo cae el pasado que se hizo trizas hace 7 lunas. Le dejó como herencia; un corazón remendado, miles de poemas y un presente desolado, por donde en un instante un pequeño rayo de sol le iluminó la sonrisa, le dio un abrazo esperanzado y las ganas de seguir actuando. En el suelo yace un futuro incierto, sin guion para esta historia que terminará antes del segundo acto. El bufón se incorpora, sonríe con amarga mueca, y se dice así mismo; /el pasado y el presente son una burla, y el futuro un invisible personaje sin historia/

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Algunas veces el bufón sufre el síndrome del miembro fantasma, siente que aún tiene corazón y que le queda piel para llegar al cielo más despierta, se da cuenta que todo lo perdió, le ronda el recuerdo de ese fantasma que quema y en su piel sólo vive el ardor de una ilusión que un día el alma le arañó, es sólo una mueca una ausencia de un viejo recuerdo de amor entonces, entendiendo su síntoma regresa a la actuación.

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En el silencio de la noche terminada la función, el bufón conversa con el espejo sin su modo burlón; /sé que el final llegará en cualquier momento, ahora lo espero, el desvelo morirá en un instante, de alguna esquina o rincón vendrá la bala la espada o el silencio profundo que mandará al sepulcro aquel amor, también sé que de algún costado nacerá otro insomnio y ya no importa si se muere. Las palabras se han cansado, ya no pueden sostener al amor, se han extinguido los verbos las conjugaciones y acentos, se ha sobrevivido a demasiados inviernos y muchas horas se ha bebido el veneno fermentado del silencio/ El bufón se quita la máscara ve al espejo que atento le observa, una lágrima ha empañado el breve reflejo de su espalda y se da cuenta que la hora llegó.

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Me faltas —ya lo sé. le dice el bufón a su máscara. Y en su corazón siente latir fuertemente un murmullo que le grita; ¡y aquella efímera sombra, aquella esperanza, aquel recuerdo; también! Una voz al fondo se escucha; ¡Provocador del sarcasmo, farsante esbelto, sal al escenario! acaba con el delirio para que no te consuma esa quimera que disfrazas día a día por donde sea. El bufón sonriente, levanta su rostro y hace su entrada, una humedad se desborda escondida y silenciosa entre las sombras de su mejilla que va perdiéndose entre la algarabía.

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EL bufón hace su reverencia acostumbrada y comienza a salpicar una historia acobardada; /en otro tiempo yo era un felino de ojos engrandecidos y piel amostazada la cual era acariciada cada mañana por las manos angelicales de una diosa de las palabras, en las noches rondaba los tejados, pero siempre mi refugio era su regazo. era felino habilidoso silencioso y con nueve vidas, mi cola realizaba una danza mundana cuando a mi costado sus brazos se acercaban, me gustaba ser un gato amado por la naturaleza única de sus versos. Vivía también enamorado del reflejo en la ventana y de la agonía del halago de las felinas de al lado, que se contoneaba con sus patas manchadas en dorado cada vez que el espectáculo llegaba al escenario.

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Pero el amor soñado era la que me acariciaba con el alma, me cargaba en su regazo por aquellas pocas tardes en que le buscaba. Una noche por andar entre tejados abandoné su mirada y me negué a ronronear entre sus brazos, comencé a vivir entre las dudas y la espera de señales de noche y cantos. Así, le causé una herida que clausuro la ventana de un zarpazo, al intentar entrar de nuevo su mirada había cambiado, maullé noches enteras en espera de un milagro, pero en todas las noches de desvelo sólo veo el reflejo de mis miedos y sus poemas. Vuelan tan lejanos como su cuerpo y las caricias, en su mirada ya no está el felino que recordaba, a su ventana el olvido por fin se había asomado a causa de mis pausas de escenario, de la multitud de dudas y esta vanidad disfrazada/ El bufón termina la historia de lo perdido, con la tristeza plasmada en su mirada y una sonrisa amarga, se recoge la cola de gato da la vuelta y sale del escenario.

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¿Adónde va el amor cuando se hace pedazos? ¿Qué le sucederá a las caricias cuando pierden la esperanza? ¿De qué color se vuelve el abrazo cuando muere? ¿Y tus besos? En qué otra boca desembocara tu beso El telón se abre. el bufón se pone su máscara, sin encontrar respuesta a las preguntas que le gritó su alma.

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Nunca supo cómo llegar hasta la profundidad de su mirada, recorrió todos los caminos posibles, gastó el arsenal de versos que le quedaba, bajó a los abismos y acantilados arriesgando sus esperanzas, escaló montañas y muros, pronunció todas las palabras y en estentóreo suspiro le entregó el alma, aun así, jamás pudo alcanzarlo. Finalmente, decidió que era hora de dar la retirada y nunca más volver a intentarlo, entonces con los pies heridos los labios secos y sin alma partió de la feria, sin esperanza. El bufón con su máscara incrustada, se va a la cima de una montaña, postra su cara en el suelo y lo inunda en lágrimas.

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Dicen que bufón y sueños viven lejanos sin poder encontrarse. Sin ponerse a tiempo y quitarse las máscaras, dejaron de soñar con alcanzar el cielo abrazando la única realidad que les quedaba; el telón y su público dormido Así, en una decisión absoluta se disponen a vivir muriendo con la máscara adherida al rostro y el luto quemándoles el alma.

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Shhhhhhhhhh Esto es un monólogo, no me despierten del sueño que atrasa el inevitable final de incienso … aún no es hora de romper el silencio ni levantar el telón del suelo.

El bufón encerrado en su escafandra hace una plegaria desde el fondo de su conciencia sin máscaras: 25


/Denme espada para cortar el dolor, urge que se desborden los mares y construir miles de oasis para desembocar lo que se desprende de los ojos, tráiganme un terremoto que sacuda mis huesos y se desordene el alma con una tormenta, que se ahogue este sueño, contraten arlequines y hagan circo para esconder la mueca que produce una lágrima de fuego. Propongan una huelga entre los ojos obstruyan los caminos de este río y que el olvido se apiade de este destino que el abrazo de la muerte le llegue a esta herida y se seque de por vida, que explote el sol y se caiga la luna, urge una revolución en la esquina de esta ventana, un maremoto a la orilla de la cama que desprenda tu recuerdo de las sábanas, cualquier fenómeno de la naturaleza que se apiade de los huesos de un amor en deceso ¡Démosle la bienvenida! 26


para que se esconda esa herida que neciamente me convida, un eclipse de argumentos para satisfacer la despedida una inundaciĂłn de colores que llene su ausencia o un enjambre de olvidos que llegue hasta mi oĂ­do y acabe con este predicamento que susurra tu recuerdo/ El bufĂłn se quita la escafandra, cierra la puerta de su alma se viste de azul intenso y rojo efervescencia, planta una sonrisa de burla en su rostro y con aire de olvido fingido, se dispone a continuar con su acto, dice que ha olvidado.

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Con una sonrisa el bufón pone la máscara sobre la mesa, se ve al espejo y se dice así mismo; /al fin la obra ha terminado, solamente eras fruto de esa naturaleza imaginaria, no existes, fuiste la conspiración más exacta que fabricó mi alma y por fin hoy se descubre la farsa -

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Primicia 21 El bufón, inevitablemente hizo la cuenta regresiva al final del día, no como un ruego, más bien como un recuento de las pérdidas de aquella entrega: /Dos mil doscientos y tantos… fueron demasiadas lunas perdidas y desmesurados insomnios soportables, infinitos insectos haciendo cosquillas en las entrañas de los sueños. La cuenta regresiva encontró un punto de partida, se acabaron las conjugaciones, entramos en total carestía, la calle finalmente se quedó sin salida y la factura con sueños en rojo obtuvo una deuda que jamás se pagaría. Muchos días partidos que soporte un calendario/

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DespuĂŠs del recuento el bufĂłn se borra la memoria de un zarpazo, quema el libro de todos los dĂ­as, da la vuelta y comienza un nuevo acto. Nuevo ciclo de comedias sin pasados perversos ni fantasmas de esquina murmurando a la memoria en blanco, con los recuerdos hechos cenizas sopla sobre ellos, abre las puertas y ventanas para que se escapen con el viento.

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Mirando su reflejo el bufón se dice así mismo, cual si fuera una oración: /Que se vuelva este recuerdo nada de la nada, polvo del polvo un grano de arena en el desierto una gota de agua en el mar, que se vuelva nada de la nada y luego esa nada se sepulte en lo más profundo del abismo y ese abismo se vuelva nada en la memoria y el fastidio/ El reflejo se apaga y el ruego se vuelve nada en los ojos del bufón que mira en silencio, regresando a su máscara.

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Cada mañana el bufón hablaba con la sombra que se aparecía frente al espejo, mil argumentos saltaban desde la cama desparramados por el viento. Acaso ¿no sería más fácil quedarse prendido en un beso? esperar colgado de sus labios viviendo en el abismo de su mirada y no en esa lejanía que le desbarataba. Frente al espejo, se mira y vuelve a preguntarse; ¿Por qué la noche es una devoradora de almas? y la mañana salta tan pronto con tanta obligación; tender las sábanas colocar la almohada entrar a la ducha ponerse la máscara, vivir prendido de aquella huella que incinera lentamente el alma, hubiese sido más fácil un amor de festival. El bufón sale, apaga la luz y el espejo entra en total oscuridad.

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/Todo quedó en cero; partes quebradas déficit en el corazón pérdida total, nada en su lugar. Se espera tan sólo un soplo de viento milagroso que arrase con los desperdicios y algunos escombros, duelos de sombras y restos de falacias que se comieron los desvelos hasta enfermar los sueños. Queda que un viento recio o un bosque en llamas destruya la quimera que le comió la piel y le cortó las alas, que el olvido como playa inundada se apiade congelando las entrañas/ El bufón se pone su máscara quemándole por un instante el alma, una lágrima se escapa para agregar a la resta. El telón se abre es hora de sumarle a la función.

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El bufón pensó que su trabajo era exclusivo, pero un día salió a la calle y recorriendo las aceras los bares y las callejuelas, en todos lados hablaban del nuevo bufón del pueblo. Por un instante pensó en rebelarse, le dolió enormemente que alguien le quitara su puesto, comenzó con grandes proezas a investigar ese rumor insensato y al final del día se dio cuenta que era aquel mismo que se proclamaba rey cada mil cuatrocientos sesenta días. ¡Claro! no dejaba de ser un insulto para su carrera, para el gremio de todos los bufones del condado, pero no era el mayor bochorno que se le había dado. Un político de bufón en realidad no era nada extraño, regresa a su guarida pensativo, se ve frente al espejo y sonriendo con ironía y algo de picardía; el espejo lo mira y le comenta:

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/que no te sorprendan las máscaras que nos ponemos cada día en algunos planetas, cada tanto el pueblo elige payasos por cobardía costumbre o picardía, algunos se visten como tú, haciendo de bufones todos los días, pero detrás de sus máscaras no son más que leviatanes que tarde o temprano nos dejarán sin rostro, sin acto y sin vida/ El bufón lamenta que el espejo no mienta.

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Amor desafortunado Cuál ganancia tendré con este amor constante, que desenhebra las entrañas y los sueños, qué delirio se ha apoderado de los ojos que salen a nadar por su mirada. Cuán grande será la condena de vivir sin el recuento de los versos por la mañana. Día a día sangran las palabras que van sin dueño, no encuentran refugio para satisfacer los anhelos ¿Cuánto dura el amor?, cuánto va desgastarse la palabra en el vacío, se cansará el silencio de su dilatada ausencia, cuánto soportará la espera sin que se desgasten los verbos conjugados en un amor desolado.

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Cuál ganancia hay amando de esta manera, así con un amor infortunado, que nunca entendió que lo que es ser hoguera. ¿Dónde morirán las dudas y nacerán todos los milagros? El corazón en pena va alejándose de la gloria venidera, infortunado fantasma que lo mantiene aislado de aquellas manos de fuego que provocaban tantos incendios, Una sola palabra salta ante tal revolución “si yo pudiera” y es una lápida sobre el corazón. ¡Ah! infortunado amor que condena. Se cierra el telón, la obra ha terminado no hay más aplausos, no hay más risas, sólo un profundo silencio espanta la actuación de aquel triste bufón que por siglos ha esperado que a su puerta un día toque el amor, ahora se dice ser poeta, abandonando la risa por la lágrima, el sarcasmo y la adulación, se despoja de la máscara y se queda con la conjugación. 38


Detrรกs de todas las mรกscaras siempre vive un rostro una comedia un drama y una funciรณn

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365 Es el día trecientos sesenta y cinco de otro sueño perdido en la nada, el bosque se encendió de soledades y la palabra ardió en llamas, las cenizas de trecientas sesenta y cinco noches fueron levantadas por Eolo el mar se inundó de 365 silencios. Hestia y Afrodita fueron encarceladas en lo más profundo del abismo de los sueños, el mito murió amordazado por los miedos y algunas verdades, el cisne se negó a mirar a Leda y el amor murió al pie de un enebro extendiendo sus ramas, hasta ahogar el sentimiento en la noche trecientos sesenta y cinco. El bufón hace su entrada, clausura la historia de su luna con el anuncio de una farsa; / Yo te amé, te amé silente. 40


Con un amor callado y silencioso resignado y hasta vehemente te amé como aman los aedos; con rabia dolor y miedo te amé desde el verbo hasta la conjugación pasando por el acento, sintiendo la cadencia de cada palabra pronunciada te amé con la piel que se desgasta y muere en cada luna que se va sufrida y benignamente sin envidias humanas, con el amor que manda el dueño de las almas, sin jactancia ni envanecerse, sin rencores por los silencios las ausencias y olvidos que se clavaban en la espalda de lo vivido, este amor vivía en espera, pretendía sobrevivir a lunas llenas amando con todas las letras olvidando hasta la propia voz a pesar de ser desterrado, te amé. /

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El bufón termina su intervención, baja la cabeza y como una epifanía sobrenatural, una lágrima se deja caer inundando el mar y borrando su sonrisa, encorvando su espalda por la pena que habita secretamente en su alma. La fiesta ha terminado, otros trecientos sesenta y cinco días volverán a colarse por el travesaño, pero el amor seguirá su paso.

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Se cierra el telรณn, la comedia ha terminado

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Fin

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Espejismos de un bufón  
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