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Leñador es una novela sobre la quietud, la certeza y la textura de las cosas.

Otros títulos Orjikh

Juan Manuel Garrido, El imperativo de la humanidad. La fundamentación estética de los derechos humanos en Kant (2012). Edgar Allan Poe / Pablo Chiuminatto y Begoña Aberdi, La filosofía de la decoración / La habitación ideal. Traducción de Francisco Díaz Klaassen (2012). Adriana Valdés, Señoras del buen morir (2011).

WILSON

LEÑADOR

Adriana Valdés, De ángeles y ninfas. Conjeturas sobre la imagen en Warburg y Benjamin (2012).

Después de derribar un árbol, ellos se inclinan sobre el tocón y leen los aros concéntricos. Es la literatura del leñador. Leen los siglos, leen el pasado, el clima, el fuego, la sequía, los diluvios, el hielo, la ceniza y la peste. Lo leen todo hasta llegar al último aro, ahí se ven inscritos, hacha en mano. Ahí leen la muerte. Esa mañana nos levantamos temprano. El bosque estaba callado, extrañamente quieto. Una niebla matinal se alzó de los pantanos, ésos que están colina abajo. Entramos al bosque, los leñadores repartidos. La niebla no me permitía ver a los otros, pero escuchaba sus pisadas, a veces captaba una silueta lejana. Íbamos más lejos esta vez, en busca de pinos antiguos, de corteza negra, más altos, más amplios. Avanzaba atento, temía perderme, aquellas pisadas eran lo único que me indicaba el camino. En el bosque, en la niebla, en la desolación pálida me sentí solo, estaba solo, verdaderamente solo. Era lo que buscaba, un vacío terrible y precioso, una vacuidad que me vaciara a mí también. Me sentí bien, sereno, duró un instante, menos de un instante, pero lo sentí en el bosque, lo sentí en la niebla.

MIKE

LEÑADOR

Mike Wilson

Publicó las novelas El púgil (Forja, 2008), Zombie (Alfaguara, 2010), Rockabilly (Alfaguara, 2011), y editó el volumen de ensayos Where Is My Mind? Cognición, literatura y cine (Cuarto Propio, 2012). Es académico de la Facultad de Letras de la UC.


22/03/13

La espesura | Libros | Qué Pasa

Libros | por:

Álvaro Bisama,  escritor  y  profesor  de  Literatura

jueves 21 de marzo de 2013

La espesura Si en El púgil (2008), la primera novela de Mike Wilson (1974), el mundo se acababa con una especie de nieve eléctrica donde los refrigeradores hablaban, en Leñador, su última obra, éste comienza de nuevo. Wilson presenta acá un relato de más de 500 páginas sobre un narrador que abandona todo y se va a talar bosques a Yukon. El libro describe la vida del © AGENCIAUNO leñador, que se hace cargo de la rutina diaria de talar un bosque, pero también anota de modo febril una especie de enciclopediaalmanaque que refiere lo que lo rodea: los anillos de los troncos que señalan el paso del tiempo, la vida y los rituales de los indígenas que comercian con el campamento, los modos de afeitarse la barba, las costumbres antropofágicas de los animales, etc. El texto intercala estos pasajes en un juego de espejos que llega a confundir ambos planos: la narración se vuelve un almanaque y el almanaque cobra la forma de la novela. Así, la anécdota mínima -la mirada de un hombre que se borra del mundo- se convierte en el despliegue de una aventura delicada y contemplativa. Esto está en directa relación con el resto de las obras de Wilson. Así, si en sus novelas anteriores (Zombie, Rockabilly) cualquier paisaje era amenazador y los suburbios y las ciudades se revelaban como espacios terminales, tan extraños como apocalípticos, en Leñador lo que habita es la recuperación de la certeza respecto a la percepción de ese entorno. De este modo, el hombre que tala es un narrador que se encuentra a sí mismo en medio de una indagación sobre la claridad de los gestos y los objetos, de las palabras que construyen un universo concreto que recupera sentido página a página. Esto sucede en las dos líneas narrativas del relato; accedemos al modo en que el narrador se pierde en la espesura del bosque, pero también nos internamos en la escritura de un libro que contiene ese mundo. Gracias a esto, la extensión de la novela cobra sentido: Wilson evade cualquier elipsis, concentrándose en la anotación de detalles que, antes de ser nimios, son la presencia concreta de un universo que deja de ser nebuloso. Leñador, de este modo, se ubica fuera de cualquier tendencia o moda y recupera la idea de la novela como un riesgo posible, como un espacio abierto al descubrimiento. Pero ahí, en vez hundirse en un experimentalismo vacío, sugiere un camino de vuelta, construyendo una especie de puente falso entre las cosas y las palabras. Mientras el lector lo sigue de cerca, el narrador es quien cruza ese puente y se conquista a sí mismo, volviendo a habitar la casa del lenguaje.

“Leñador” (Orjikh Editores), de Mike Wilson. A $9.500.

www.quepasa.cl/articulo/guia-del-ocio/libros/2013/03/247-11369-9-la-espesura.shtml

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21/03/13

“Leñador”: un libro que habla de encontrar un mundo en la soledad - El Mostrador

19 DE  MARZO  DE  2013

Otro experimento  de  Mike  Wilson

“Leñador”: un  libro  que  habla  de  encontrar  un  mundo  en  la  soledad El  célebre  escritor,  identificado  con  la  tendencia  del  "freak  power"  en  Chile,  trae  su  último  libro  de  ficción:  el  retrato  de  un hombre  que  busca  desconectarse  pero  que  a  través  de  ello  y  sin  saberlo  configura  todo  un  nuevo  universo  con  sus  propias lógicas  y  códigos. por  EL  MOSTRADOR

“Leñador” es una obra que representa. Quién, como su protagonista, no ha querido trasladarse hasta la mitad de la nada, para hacer de esa “nada” una nueva vida. Sin embargo, y tal como lo retrata la obra, partir de cero, olvidar las cargas, dejar de lado las tramas, no es cuestión fácil. Pese a nuestros esfuerzos, los gestos, rasgos y actos por inercia se convertirán en algo traslúcido y, a través de pequeños rituales cotidianos, volveremos a mostrarnos nuevamente tal y cómo somos. Tal y cómo nos hemos forjado. En “Leñador”, de Orjikh Editores, un hombre llega a un campamento para trabajar cortando árboles. Ese es su objetivo y no hay nada más que sea relevante además de ese propósito. Así, el protagonista -y narrador- decide concentrarse en lo que ve, en lo que lo rodea, en uno de los bosques de Yukón al norte de Canadá, en el día a día, sin reparar en su pasado, en sus experiencia, en quiénes es o quién ha sido. Pero a poco a poco, a través de los detalles y la descripción de ese entorno, así como de los gestos y rituales del protagonista, un mundo vuelve a tomar forma. “Leñador” es una novela que reconstituye los pequeños signos que dan sentido a la identidad pero también de los abismos y los puentes que están entre las palabras y las cosas, la memoria y los rostros que permanecen en ella, la lengua y el mundo que la inventa. El relato del leñador: un abandono paulatino de todo, un relato del despojamiento para sintetizarse en un único acto, en el que se vuelve translúcida la lengua. Mike Wilson es un escritor norteamericano célebre por obras como “Zombie” (2009) y “Rockabilly” (2011). La mayoría de su infancia y adolescencia transcurrió en América del Sur lo que ha influido en cómo se han perfilados sus grupos de seguidores. En Chile, Wilson es profesor de la Universidad Católica y es comparado con escritores como Álvaro Bisama y Francisco Ortega por su afinidad con la tendencia del “freak power”. “Leñador” es el último libro de ficción que, según el autor, llegará a publicar.

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21/03/13

60 Watts » Adelanto: Mike Wilson

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Adelanto: Mike Wilson

Leñador (extracto) Por Mike Wilson

13 mar Este post fue escrito el 13/03/2013 y está archivado en Creación/Traducción taggeando Leñador, Mike Wilson, Novela, Orjikh Editores. Sigue los comentarios con el RSS incluído para este post. Escribe un comentario o deja un trackback: Trackback URL.

Combatí en una guerra, hace décadas en un archipiélago, y combatí en el cuadrilátero, hace años en las noches de la ciudad. Fracasé en las islas y en el ring. Me fui del país, buscando alejarme de todo, de la oscuridad, del pasado, de la claustrofobia, necesitaba respirar. Veía cosas que me hacían mal, escuchaba voces, 60watts.cl/2013/03/creacion-mike-wilson/

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60 Watts » Adelanto: Mike Wilson

me estaba perdiendo, extraviando en mi cabeza. Huí hasta llegar a los bosques de Yukón. Me recibieron en un campamento de leñadores. Hombres grandes, barbudos, cuya lengua tosca gravitaba entre el inglés y el francés. Usaban herramientas tradicionales para talar pinos. Eran hombres rudos. Los leñadores me otorgaron un hacha, filo de acero. El cabo era de olmo liso, la madera oscurecida por años de uso. Pesaba más de lo que aparentaba. Aprendí cosas.

Ayer derribé mi primer árbol. Era un pino, me demoré. Las manos me sangraron, mi espalda no deja de acalambrarse. Lo extraño es que no sentí nada cuando se derrumbó. Justo antes de caer, el tronco crujió, adentro la madera comenzó a quebrarse, sonó como la descarga simultánea de un centenar de rifles, y luego la caída y el impacto. El choque del pino contra el suelo del bosque fue grave, lo sentí más que escucharlo, como si al caer chupara el aire y al chocar lo devolviera en una ráfaga violenta y un martillazo en el pecho. No me lo esperaba, casi me caigo de espaldas. Y después silencio. Silencio absoluto. Estaba solo en el mundo ante un pino derrotado. Me quedé ahí un rato, a un costado del tocón, como esperando que algo ocurriera. No pasó nada. No sentí nada. Tomé el hacha y regresé al campamento. Me enseñaron a leer los anillos de los tocones. Busqué un árbol recién talado y lo primero que hice fue estudiar el corte hasta hallar el círculo que se formó cuando llegué al campamento. Apoyé la uña en la línea y me quedé así por varios minutos, sentado enfrente del tocón, señalando mi llegada. Ese anillo era el límite. Lo que yacía de ahí hacia el centro registraba otra vida, la que intento abandonar, es madera oscura, colonizada por memorias inciertas y una identidad frágil. Trazo una línea con el dedo hacia la orilla, hacia la corteza, hacia el presente. Comprendo que no hay regreso. Eso me calma, la idea de abandonar los anillos oscuros. Un grupo de leñadores pasa caminando rumbo a la próxima faena, no me miran, siguen caminado, me pasan de largo. Eso está bien, el no ser visto, ser parte del paisaje, ser el bosque. Me siento lejos de los dogmas. Antes me decían que nada tiene sentido, pero no sé. Me parece que eso no es más que otro credo. Quizás sea más acertado decir que no hay respuestas. Aún así, esa asimetría ante la pregunta no me termina de convencer. O quizás el error está en la pregunta misma, o en preguntar, es un acto de 60watts.cl/2013/03/creacion-mike-wilson/

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60 Watts » Adelanto: Mike Wilson

incompletitud, sugiere que algo me falta y que solo podré ser completo si me otorgan una respuesta. Quisiera no necesitar respuestas. Los hombres del campamento no son de preguntarse cosas. Ellos viven, no piensan en vivir. No hay parodia en el día a día, no hay simulación ni ironía. Nada intermedia la experiencia, en ellos no se encierra la alegoría, la ideología ni la ciencia. Pero no sé si se puede ser completo, quizás no sea más que un espejismo del lenguaje, pero me gusta pensar que los leñadores se aproximan a eso. Los observo, vivo entre ellos, pero no soy como ellos. Estas palabras me delatan. Tomo una olla, la lleno de agua, y extingo mi fogata. Me quedo en la oscuridad un rato, escuchando cómo las brasas sesean y se fisuran. Duermo mal esa noche, sueño del pasado, del fuego de los ingleses, de amigos en el lodo, sin vida, los ojos apagados y las bocas abiertas. Sueño con el olor a cereal en el aire y un zumbido eléctrico. Estuve tres días con fiebre. No bajaba. Me llevaron al arroyo, me sumergieron, no sirvió, al rato volví a sentir que mi cuerpo ardía y no dejaba de temblar. Me cubrieron de paños helados. El sudor y el agua se mezclaban. Deliré. Las noches eran largas, todo se desdibujaba. Perdía la consciencia, a veces me encontraba en las copas de los árboles más antiguos y dejaba que el viento me templara. Otras veces alucinaba con la caída paulatina de un pino enorme. Era un derrumbe eterno y precioso. Al caerse, podía oler la corteza del árbol. Aspiré con fuerza. Seguía tumbándose, flotando hacia el suelo del bosque. Me acerqué para verlo mejor. Sentí una brisa contra mi rostro. El aire agitado por la caída serena del tronco masivo. Astillas llenaron el entorno, lanzadas del tocón que se formaba. De la abertura salían los siglos, se mostraban, se desnudaban, respiraban su último aliento. Al cuarto día, la fiebre cesó. Volví a las faenas. Me tocó ir a talar a un sector remoto. Trabajé bien. Me sentí fuerte, más de lo normal. Bebí agua del arroyo y me quedé admirando las piedras pulidas que yacían en el lecho del río. Piedras lisas, de varios colores y tamaños. Me agaché y tomé una. La observé fuera del agua, la piedra no era la misma. La solté, se hundió y regresó al lecho. Me sequé las manos en la camisa, tomé el hacha y seguí talando. A veces dibujo números en la tierra. Lo suelo hacer después de almorzar. Aquí no se habla mucho de números, pero están presentes en todo lo que hacemos, desde la estatura de un pino, el ángulo de caída, las proporciones al seccionar un tronco, el arco que se traza al hachar, los patrones dendrocronológicos, la brevedad de la noche en el verano y la perpetuidad de ésta en el invierno, los espirales presentes en la flores silvestres, hasta el ritmo del viento. No hago matemáticas, simplemente anoto dígitos y me quedo observándolos, tratando de vincular mis trazos con lo que me rodea. Me da la sensación de que el 60watts.cl/2013/03/creacion-mike-wilson/

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bosque es indiferente ante mis apuntes, no precisa de validación alguna, más bien soy yo el que juega un juego inane, sin sentido. Me preguntaron por qué escribía números en la tierra. No quise responder. Pasaron varios días, volvieron a preguntármelo. Resistí. No sé si mi silencio se debe a pudor o a no querer contagiar la pregunta que ronda en mi mente. Alguien una vez dijo que nos hacemos preguntas erróneas, preguntas sin respuesta. Que el problema no es la dificultad de la búsqueda, sino que la pregunta en sí está mal formulada, que si no hay respuesta es porque no existe la pregunta, que forzar una es crear un problema ficticio, un engaño del lenguaje. Mientras yo siga trazando dígitos en el suelo no estaré del todo libre de esa clase de problema. Los demás quieren saber por qué, temo decirles. Ellos entienden lo que busco mejor que nadie, lo entienden sin saberlo, pero no es ingenuidad, más bien yo soy el ingenuo que me planteo incertidumbres sin fundamento.

Dendrocronología. De cierta manera, en el esquema mayor de la identidad del leñador, la edad de un árbol le es de más consecuencia que el tamaño. Asumen la carga de esos años truncados. Cada vez que talan un árbol longevo, se ocupan de saber la edad exacta de éste. Para este fin, practican la dendrocronología; después de derribar un árbol, se inclinan sobre los tocones y leen los aros concéntricos. Es la literatura del leñador. Leen los siglos, leen el pasado, el clima, el fuego, la sequía, los diluvios, el hielo, la ceniza y la peste. Lo leen todo hasta llegar al último aro, ahí se ven inscritos, hacha en mano, ahí leen la muerte. La práctica de la dendrocronología fue formalizada en el siglo XX por el astrónomo A. E. Douglass, sin embargo, el conocimiento de los anillos de crecimiento y la práctica informal de esta ciencia ha existido por más de dos milenios. Los anillos más antiguos del tronco, cercanos al génesis del árbol, se hallan en el centro del corte transversal; esta región se denomina la médula. La médula se caracteriza por ser la región más oscura del tronco; esta coloración es producto de minerales, aceites y resinas que se han depositado en la madera a través de los años. Es una región de poca actividad dentro del tronco; la mayoría de las células de la médula están muertas o debilitadas. Los anillos que se forman cuando el árbol alcanza la adultez se hallan en la región del tronco denominado el duramen. El duramen rodea la médula y está compuesta de células muertas lignificadas de mayor grosor que actúan de tubería para la conducción de agua y nutrientes a lo largo del tronco. Hace unos días un leñador trepaba un pino para podar ramas en preparación del tumbo. La corteza estaba suelta, cayó unos veinte metros, su cabeza contra una roca. Yo estaba cerca, vi la sangre salpicada. Descendía por el tronco como savia escurriéndose hacia las 60watts.cl/2013/03/creacion-mike-wilson/

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raíces. La dendrocronología se practica de dos formas; vía corte transversal o por medio de una muestra extraída con una barrena forestal. El corte transversal es el método empleado por los leñadores dado que la práctica de la dendrocronología es una consecuencia secundaria de la faena es cuestión. La ventaja de este método es que permite apreciar el panorama completo del crecimiento radial del tronco. El segundo método es empleado por dendrocronólogos que buscan estudiar y datar árboles aún vivos sin matarlos. Este procedimiento se efectúa con una barrena con la que se taladra hasta la médula del tronco para poder extraer una muestra que abarque del génesis del árbol hasta la actualidad. Si se realiza el procedimiento durante la estación vegetativa, el último anillo visible en la muestra corresponde al año actual. Si se realiza después de dicha estación, se debe contar dicho anillo como si correspondiera al año anterior. La barrena es un instrumento con forma de T; la barrena misma es la pieza más larga, hecha de acero, la pieza perpendicular es la empuñadura, habitualmente hecha de madera maciza. Una tercera pieza, el extractor, se acopla a la barrena para poder separar y extraer la muestra del árbol. La barrena mide entre 200 y 900 mm, en el extremo posterior se halla una sección estriada. Estas estrías rodean la abertura que da paso a la muestra para que quede depositado en el centro hueco de la sonda. El diámetro del ojo es de aproximadamente 5 mm. Para extraer una muestra viable, el dendrocronólogo debe apoyar la punta de la barrena en la corteza del árbol, a una altura que no supere 1 metro del suelo forestal. El punto de ingreso es importante, en el caso de que la corteza sea de mayor grosor, se debe preferir un punto entre las rugosidades de la corteza dado que la textura corchosa de ésta puede trabar la barrena. Se procede tomando la empuñadura con una mano y la sonda con la otra para guiar la trayectoria de ingreso. Una vez que se haya logrado suficiente profundidad para estabilizar la barrena, se toma la empuñadura con ambas manos para así poder girar con mayor fuerza. Se procede girando la sonda en el sentido del reloj, aplicando siempre fuerza hacia el interior del tronco. En ningún momento se debe clavar la barrena con un martillo; esto dañaría la barrena. Se atornilla hasta que la barrena haya alcanzado la profundidad deseada. Habiendo perforado hasta la médula del tronco, se inserta el extractor por el extremo expuesto de la sonda; el extractor ingresa por el ojo que está del lado de la empuñadura y se desliza por el interior de la barrena, debajo de la muestra a extraer. El interior del tubo está gradado, de modo que al llegar al extremo interno de la sonda, el extractor asciende a un ángulo que permite cerrar y cercenar la muestra, desconectándola del árbol. Por este motivo, el extractor tiene la forma de una canaleta abierta y acuna la muestra en su interior. La punta del instrumento es dentada y al hacer contacto con la médula, permite aserrar el extremo de la muestra. Esto se hace girando la barrena 360º una sola vez; es importante que los dientes del extractor estén posicionados 60watts.cl/2013/03/creacion-mike-wilson/

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correctamente antes de liberar la muestra. Se procede deslizando el extractor de la sonda; la extracción se debe hacer con cuidado para evitar que se dañe la muestra. Se sugiere repetir el procedimiento en más de un estrato del tronco para poder mapear la vida del árbol con mayor precisión y articular una cronografía más completa del espécimen. El Skeleton Plot es un ejemplo de esta metodología comparativa; el gráfico registra los puntos de coincidencia y las anomalías presentes en un número de muestras extraídas del mismo espécimen. La repetición de este procedimiento no representa riesgo para el árbol; las aberturas creadas por la perforación de la barrena son compartimentalizadas por las defensas naturales del árbol, sellando y aislando las aberturas de tal modo que los nutrientes que fluyen por el tronco puedan seguir haciéndolo libremente y a la vez eliminando la vulnerabilidad a insectos, hongos y otras pestes.

Ahora que estoy solo, ya no hablo. Tampoco leo. El almanaque agrícola quedó atrás, en el campamento. La ausencia de ese lenguaje es agradable, me siento más presente. Ya no me esfuerzo tanto por descifrar, es como si por fin entendiera que no hay cifras, que las cosas no se entienden, no en ese sentido, que simplemente son y que solamente al abandonar el cuestionamiento inane es posible pasar a formar parte de las cosas. Aún no logro librarme de los números, sigo trazándolos en la tierra. A veces lo hago sin darme cuenta, distraídamente mientras me siento a descansar, o de noche, al lado de la fogata. Es un hábito difícil de romper. Anoche volvió a brillar la aurora boreal. Me acordé del leñador haitiano, de su búsqueda, allá en el altillo y la pequeña ventana cuadrada. La novela se lanzará el 3 de abril en Librería Qué Leo, Providencia. La presentación estará a cargo de Álvaro Bisama.

Leñador Mike Wilson Orjikh Editores 520 páginas.

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www.hoyxhoy.cl/2013/03/26/full/15/

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Mike Wilson regresa con una novela intensa y personal, ambientada en los bosques canadienses | Emol.com

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Mike Wilson  regresa  con  una  novela  intensa  y personal,  ambientada  en  los  bosques  canadienses En  "Leñador",  el  autor  de  "Zombie"  invita  a  un  viaje  en  el  que  el  protagonista  busca  dejar atrás  su  pasado  y  encontrar  un  nuevo  sentido  a  la  vida. Por  Alberto  Rojas,  Emol Twittear

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Lunes, 13  de  Mayo  de  2013,  13:40 0

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SANTIAGO.-­ "Combatí  en  una  guerra,  hace  décadas  en  un archipiélago,  y  combatí  en  el  cuadrilátero,  hace  años  en  las noches  de  la  ciudad.  Fracasé  en  las  islas  y  en  el  ring.  Me  fui del  país,  buscando  alejarme  de  todo,  de  la  oscuridad,  del pasado,  de  la  claustrofobia,  necesitaba  respirar.  Veía  cosas que  me  hacían  mal,  escuchaba  voces,  me  estaba  perdiendo, extraviando  en  mi  cabeza.  Huí  hasta  llegar  a  los  bosques  de Yukón". Éstas  son  las  primeras  líneas  de  "Leñador"  (Orjikh  Editores, Wilson  se  basó  en  diversidad  de  fuentes  para reconstruir  desde  su  óptica  la  historia  de  los leñadores  de  Yukón. Foto:  Mike  Wilson

$9.500), la  cuarta  novela  de  Mike  Wilson,  escritor  argentino-­ estadounidense  afincado  en  Chile  desde  hace  ya  varios años.  Y  que  además  de  ser  Doctor  en  Literatura  de  la Universidad  de  Cornell  y  académico  de  la  Facultad  de  Letras de  la  Pontificia  Universidad  Católica,  es  el  autor  de  las novelas  "El  púgil",  "Zombie"  y  "Rockabilly". Pero  "Leñador"  es  muy  diferente  a  sus  anteriores  proyectos. Ambientada  en  los  bosques  del  Yukón  (Canadá),  a  lo  largo de  sus  más  de  500  páginas  el  lector  acompaña  a  su protagonista  —del  cual  desconoce  su  nombre  y  otros  datos— en  un  viaje  a  esta  remota  y  hostil  región  con  la  esperanza  de dejar  atrás  su  pasado. Me gusta

-­¿Cómo y  cuándo  nació  la  idea  de  escribir  "Leñador"? -­Hace  un  par  de  años.  No  le  di  mucha  vuelta,  me  senté  a escribir  sin  reflexionar  de  sobremanera  en  la  novela.  De cierto  modo  la  escritura  se  centraba  más  en  el  acto  que  en  la

1. Bachelet  anuncia  que  subiría impuestos  a  las  empresas  de  20  a  25% 2.  Milton  Caraglio  está  cada  vez  más cerca  de  reforzar  a  Colo  Colo 3.  El  ajo,  las  bondades  que  van  más  allá de  su  fuerte  aroma  y  sabor

narración, más  en  la  actividad  que  en  el  conocimiento descrito  en  el  texto.  Era  mi  manera  de  alejarme  de  la representación  paródica,  de  encontrar  sentidos  que  no estaban  sujetos  a  la  necesidad  de  una  justificación.

4. Sepa  cuáles  son  los  meses  en  que nacen  y  mueren  más  chilenos 5.  Mario  Salas  ya  definió  la  oncena  titular para  el  debut  en  el  Mundial  Sub  20

-­Esta novela  está  dedicada  a  James,  tu  padre.  ¿Cuánto  de él  hay  en  este  libro? El  escritor  no  cree  que  ''Leñador''  forme  parte  de un  universo  en  común  con  ''Zombie''  o ''Rockabilly''. Foto:  Orjikh  Editores

-­Cuando joven  él  trabajó  unas  temporadas  de  leñador.  Es una  imagen  que  siempre  se  quedó  conmigo,  la  de  él trabajando  en  un  bosque  remoto.  Eso,  y  que  en  él  siempre detecté  una  disposición  tácita  hacia  las  cosas,  a  veces  cosas simples,  mínimas,  pero  que  tenían  su  lugar  y  presencia.

Escritor colombiano  Juan  Gabriel  Vásquez gana  el  premio  Gregor  von  Rezzori

6. Mujeres  abusadas  exponen  las  crudas frases  de  sus  atacantes 7.  China  vuelve  a  tener  el supercomputador  más  rápido  del  mundo 8.  Lavín  asegura  que  gratuidad  en educación  superior  "es  una  locura"

-­¿Cómo te  fuiste  documentando  sobre  el  trabajo  de  los

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17/06/13

Mike Wilson regresa con una novela intensa y personal, ambientada en los bosques canadienses | Emol.com

Libro de  Julian  Assange  aborda  el  espionaje en  internet  realizado  por  Estados  Unidos Distinguen  al  escritor  Salman  Rushdie  con el  premio  Hans  Christian  Andersen Jorge  Luis  Borges  tendrá  un  monumento  en la  Biblioteca  Nacional  de  Argentina Se  disparan  ventas  de  novela  "1984"  de Orwell  ante  escándalo  de  espionaje  en EE.UU.

9. Valdano:  "No  tuve  las  espaldas  para respaldar  a  Pellegrini  en  el  Madrid"

leñadores en  el  Yukón?  Hay  mucho  detalle  en  las descripciones  de  tu  libro. -­Leí  bastante,  busqué  textos,  mayormente  libros  obsoletos,

10. Andrea  Dellacasa:  "  'Bim  Bam  Bum'  es la  realización  del  sueño  de  mi  vida"

caídos en  desuso,  que  trataban  temas  como  la  vida  diaria  de los  leñadores,  el  entorno,  los  conocimientos  anacrónicos. Eso,  y  manuales  viejos,  textos  agrícolas,  documentales,  entre otras  cosas.  Asimilaba  la  información  y  la  dejaba  estar  sin

Paola Moreno  recomienda  José  Piñera:  Pensión de  los  jubilados  en  Chile  depende  del  esfuerzo  que hicieron  en  su  vida.

volver a  las  fuentes,  de  modo  que  al  escribir  se  sintetizaba  de otra  manera,  a  veces  de  manera  apócrifa.  Pero  en  todo  caso, el  conocimiento  en  sí  me  era  secundario,  me  interesaba  más

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17/06/13

Un coloso de otro tiempo | Revista Intemperie

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Un coloso de otro tiempo Categorias: Libros Por: María José Navia

Mike Wilson, autor de El púgil, se introduce ahora en el mundo de un leñador que se dedica a observar el bosque para irse gradualmente hundiendo en él, en una novela que deja deslumbrada a María José Navia.

Siempre me han llamado la atención los comienzos de novela. Esas primeras líneas donde se decide todo, ese primer anzuelo que debe capturar la atención del lector. De ellos, mi gran favorito es el de Moby Dick. Más allá del clásico “Call me Ishmael”, o “llamádme Ismael”, con su carga de misterio y de identidad esquiva, las líneas que siempre me atrapan y conmueven son: “Cada vez que la boca se me tuerce en una mueca amarga; cada vez que en mi alma se posa un noviembre húmedo y lluvioso; cada vez que me sorprendo deteniéndome, a pesar de mí mismo, frente a las empresas de pompas fúnebre o sumándome al cortejo de un entierro cualquiera; y sobre todo, cada vez que me siento a tal punto dominado por la hipocondría que debo a acudir a un robusto principio moral para no salir deliberadamente a la calle y derribar metódicamente los sombreros de la gente, entonces comprendo que ha llegado la hora de darme a la mar lo antes posible”.

Una reflexión colosal, precisa, perfecta, para un monumento de novela.

www.revistaintemperie.cl/index.php/2013/05/14/lenador-mike-wilson/

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17/06/13

Un coloso de otro tiempo | Revista Intemperie

El comienzo de Leñador, la nueva novela de Mike Wilson, recuerda poderosamente (y prodigiosamente) a esas primeras reflexiones del narrador de la novela de Melville.

Dice Wilson: “Combatí en una guerra, hace décadas en un archipiélago, y combatí en el cuadrilátero, hace años en las noches de la ciudad. Fracasé en las islas y en el ring. Me fui del país, buscando alejarme de todo, de la oscuridad, del pasado, de la claustrofobia, necesitaba respirar. Veía cosas que me hacían mal, escuchaba voces, me estaba perdiendo, extraviando en mi cabeza”.

El personaje de Wilson, un hombre sin nombre que decide alejarse de todo, en vez de “darse a la mar”, se refugia en los bosques de Yukón, en medio de una comunidad de leñadores. Y a partir de entonces las palabras adquieren una velocidad distinta, la narración avanza con una lentitud ceremoniosa que se detiene en todos los detalles que describen a esta nueva vida. El narrador explica con parsimonia los distintos rituales de esta comunidad, como entradas de una particular enciclopedia. Cuenta de las barbas de los leñadores, la forma de cuidar las botas, las enfermedades que abundan, el aseo personal (“Higiene. La higiene en el campamento es de suma importancia. No sólo para prevenir enfermedades y mantener un ambiente salubre, sino también para poder aguantar la presencia de los demás. Al final de cada jornada, los leñadores apestan.”), los rituales de entierro, las formas de matar el tiempo mientras se espera el deshielo. La prosa de Wilson corre limpia, cristalina, para entregarnos el relato despojado del todo de su protagonista.

Frente a la abundancia de detalles relativos a los leñadores, poco y nada sabemos del personaje principal. Uno más en medio de esta tribu, parece diluirse en ellos y la información que los conforma. Nunca llegamos a saber con exactitud cuál fue el trauma que lo marca como una cicatriz que está allí presente sin querer contar nunca del todo su historia (“No quiero volver jamás a la condición en la que estaba antes de venir al Yukón. Antes no era, nada era, ahora las cosas se me hacen manifiestas y yo estoy junto a ellas.”).

El personaje se esfuerza por pensar cada vez menos, por perderse en la lectura de un almanaque agrícola, en la enumeración de datos que hablan de otros tiempos, dejando atrás la experiencia en “la ciudad”. Porque no sabemos nunca de cuál ciudad se trata, cuáles archipiélagos, cuáles rings; la insistencia en la palabra simple, el sustantivo común, cuando se trata de esas realidades de su pasado, hace recordar a la aparente simplicidad de prosas como la de El castillo de Kafka, con su agrimensor y su aura algo irreal de fábula terrible.

Porque la novela de Mike Wilson parece venir de otro tiempo, parece suspendida en un tiempo que obliga al lector a leer de otra manera, a asumir distintas pausas, a enfrentarse al esfuerzo monumental de la enciclopedia, a la vez que se deleita con el lenguaje prístino, perfecto, de las viñetas en las cuales el narrador, por instantes, revela algo de su pasado, sus intenciones, o reflexiona sobre el amor (que se canta, que se espera, que no se alcanza nunca). Así, comenta sobre una canción que entona uno de los leñadores: “En la letra le pide a un viajero que la busque, que sepa que él se acuerda de ella, ruega no pasar al olvido. Sentimos que canta por nosotros, añorando estar con ella, con la idea de ella, ella que nunca nos va a amar, ni siquiera conocer. Está bien. Mejor así, esa lejanía y dolor nos mantiene vivos.”

Ese otro tiempo en el que parece apoyarse esta novela, y que es su mayor vulnerabilidad y fuerza, hace reflejo del tiempo del almanaque que lee el protagonista con tanto ahínco: “Los almanaques pertenecen a otro tiempo y a otra mentalidad, así como las guías telefónicas o los manuales de niños exploradores”; para luego agregar:“…quizás a partir de la obsolescencia de un texto éste se vuelva literatura”.

El protagonista se convierte en un observador que quiere dejar de pensar, y en esa voluntad hay algo de descarnado. Dice en un momento: “Los hombres del campamento no son de preguntarse cosas. Ellos viven, no piensan en vivir. No hay parodia en el día a día, no hay simulación ni ironía. Nada intermedia la experiencia, en ellos no se encierra la alegoría, la ideología ni la ciencia.” Para luego afirmar: “Los observo, vivo entre ellos, pero no soy como ellos. Estas palabras me delatan. Los envidio”.

A medida que va despojándose de las palabras, el protagonista va aprendiendo a escuchar el bosque, a desentrañar la historia que se esconde en los sonidos: “…el sonido dice cosas, muchas cosas, la especie del árbol, su tamaño, su diámetro, la sequedad de la madera, la oxidación de sus agujas, la proximidad de su muerte, la necesidad del hachero…” Los sonidos y el silencio se entretejen, a medida que el protagonista se va perdiendo a gusto y decide emprender un largo viaje en soledad que culmina en un final que resuena como una nota perfecta en medio del bosque.

Leñador, de Mike Wilson, es una novela colosal, tremenda, conmovedora en la que el silencio va perforando de a poquito las palabras y se vuelve necesario afinar el oído, escuchar alerta, como uno más de los leñadores, dejando así, bien atrás, nuestras ciudades y nuestros archipiélagos.

Leñador Mike Wilson Orjikh Editores, Santiago, 2013

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Columna de libros: Leñador, apagando las voces PUBLICADO : 20 Mayo

POR ALIDA MAYNENICHOLLS VERDI http://buenobonitoyletrado.com/ Recomendar Twittear

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No todos los libros se leen de la misma manera, sino que tienen distintos… ritmos de lectura, así lo llamaría. Recuerdo que tardé mucho tiempo en leer la última parte de Expiación de Ian McEwan, porque, intuyendo que las cosas no podrían salir bien, no quería llegar a esa parte del libro en que todo queda escrito y ya no hay esperanzas de que el autor hubiera ideado otro final. De la misma forma, hay libros que devoro en una tarde, que no puedo soltar hasta que he llegado a la última página. Leñador de Mike Wilson, en tanto, es un libro compañero, es decir, que acompaña durante muchas tardes o noches, porque no busca apurar, sino disfrutar de una lectura sin prisas. Creo que tiene que ver con el ritmo del protagonista, ese personaje que ha abandonado su antiguo hogar en el sur de América del Sur, y ha encontrado un lugar en donde comenzar de nuevo en el Yukón, convertido en leñador. La novela está configurada a través de dos discursos que se intercalan. Primero la voz personal del protagonista, que en pocos párrafos cada vez va deslizando muy poca información concreta sobre sí mismo, aunque sí va desnudando el deseo de lograr una calma que no podía alcanzar en su tierra natal. Tal vez tiene que ver con ese hecho que conocemos desde las primeras líneas: “Combatí en una guerra, hace décadas en un archipiélago, y combatí en el cuadrilátero, hace años en las noches de la ciudad. Fracasé en las islas y en el ring” (11). Lo abandona todo y termina conviviendo con los leñadores en una vida que es dura y de la cual no sabe nada, por lo cual es necesario aprender. Y ese aprendizaje es el otro discurso, que se nos va entregando en un formato similar a las entradas de un diccionario enciclopédico. Por ejemplo, la primera entrada es “Hacha”, en que el protagonista en varias páginas habla de cómo es confeccionada, sus partes, su uso y mantenimiento. De hecho, son estas entradas las más extendidas, mientras que el relato personal es breve y cuidado. Lo interesante es que esas entradas no son una escritura enciclopédica fría, sino que en ellas también se deslizan historias y puntos de vista del leñador, que nos enseñan no solo lo que es un hacha, una conserva o la muerte en el Yukón, sino que también nos acercan a una forma de vida lejana, quitándole la cubierta estereotipada. Pero también esta estructura nos habla del protagonista, porque esa no es solo su forma de aprender, sino también de lograr la calma, de volver a respirar sin angustia. Pienso en dos citas al respecto. La primera es “Los hombres del campamento no son de preguntarse cosas. Ellos viven, no piensan en vivir” (95). La siguientes es un pasaje en que el protagonista relata cómo observaba a unas hormigas rojas subir por la corteza negra de un pino: “Me detuve ahí, mis ojos escalaban con las hormigas […] Sentí envidia” (60-1). Las hormigas, los hombres que viven, nos hablan del fluir, dejar que las cosas sigan su curso, que fluyan de forma natural, en vez de detenerlas a la fuerza en el pensamiento. Volverá sobre esa idea varias páginas después: “La nieve, cuando cae flotando, me calma. La lluvia, las llamas de una fogata, una fila de hormigas, el viento y el golpe seco y rítmico de un hacha” (197). Él no puede incluirla, pero también se apagan las voces inquietas de la cabeza y se logra calma con la lectura de su relato, el enciclopédico y el personal, porque, en realidad, todo es personal en esta búsqueda de paz. Por eso, además, es un libro compañero. Wilson, Mike. Leñador. Santiago: Orjikh Editores, 2013. Agrega un comentario...

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17/06/13

El bosque por los árboles: “Leñador” de Mike Wilson | Letrasenlinea.cl » Departamento de Literatura. UAH

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Archivo de voces Conversaciones Documentos Notas de lectura Sin categoría Traducciones de poesía 27 mayo, 2013 Notas de lectura No hay comentarios

El bosque por los árboles: “Leñador” de Mike Wilson

Por Leonardo Villarroel Orjikh, la editorial del osito, ha lanzado hace ya casi dos meses Leñador, la más reciente novela de Mike Wilson, y que supone un giro drástico en la bibliografía del autor de Rockabilly y Zombie. Dejando atrás la nouvelle multifocal con un gustillo posmofaulkneriano, Wilson se adentra en el bosque y el producto de este viaje son quinientas veinte páginas en las que se entrelazan uniformemente descripciones casi enciclopédicas de los insumos, vida y costumbres de los leñadores; y la historia del narrador, un excombatiente de unas tácitas Malvinas que se va a los bosques canadienses en busca de un cambio, de un giro hacia otra vida. Leñador es una novela de texturas, una novela con texturas: es crujiente, costrosa, cortezuda. Sus repeticiones, su método para explicar desde los trozos de información más rebuscados hasta las obviedades de la experiencia cotidiana generan una masa tupida de información, en la que cada sección explicatoria se alza como un tronco milenario cubriendo, y a ratos revelando, la historia de su protagonista. En esa masa tupida, Wilson nos obliga a detenernos, a hacer una pausa para observar y empezar a descubrir en ella patrones, sensaciones y formas. La lectura de Leñador, con su riqueza descriptiva, se vuelve así crepitante, crocante en su diversidad de capas y en la enumeración de los distintos elementos que componen el mundo del protagonista, un mundo que nos envuelve y en el que nos encontramos internados, e incluso por momentos perdidos, con suma facilidad. www.letrasenlinea.cl/?p=3542

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El bosque por los árboles: “Leñador” de Mike Wilson | Letrasenlinea.cl » Departamento de Literatura. UAH

Uno de los grandes triunfos de Leñador es la forma en la que consigue imponer su ritmo. Con una lentitud acompasada y repeticiones precisas, emulando el gesto técnico de la tala, la novela impide que uno pase simplemente por ella. Leerla rápido, leerla para llegar al final sería un despropósito y un contrasentido. Su extensión no pretende urdir una historia larga y compleja; muy por el contrario, busca la ya mencionada pausa, el cambio de ritmo justo que experimentan a la vez narrador y lector. La novela exhibe, eso sí, ciertos problemas ya cerca del final. Presa de la misma estructura que la sustenta durante por lo menos cuatrocientas páginas, en la medida que nos acercamos a su desenlace, las repeticiones terminan agotando de una manera que no se alcanza a sentir completamente como intencional. Si bien el mismo protagonista descubre y asume que debe seguir su camino, que su experiencia de libertad puede aún ser más plena, el ritmo de la novela pasa hacia el final a sentirse más como una prisión que como una saturación intencional. Y cuando llegamos a las últimas veinte páginas, que son una gran frase hilada mediante series, el diseño de la novela se vuelve demasiado evidente y su montaje se ve perjudicado, precisamente por lo bien construido de su comienzo. En una novela con un ritmo más rápido, el remate que Wilson elige para Leñador habría sido preciso, vertiginoso, liberador. Acá le cuesta, no puede sacudirse la marca de las quinientas páginas previas. Así como el narrador y protagonista de Leñador consigue su libertad y en una apoteosis minúscula, tan irrelevante y grandiosa a la vez (por ende: tan humana), la novela misma se queda atrapada y no consigue seguir a su protagonista hacia esa transmutación definitiva. Ante nuestros ojos, la novela cruje como un exquisito crocante, pero de la misma forma nos deja un pequeño residuo, un gustillo a algo que no consigue salir del todo. Aun así, son muchísimos más los méritos que los detrimentos de este texto inteligentemente estructurado, que convence y se impone; y que en su enciclopedismo no termina marrando su humanidad. Leñador es una novela que hace su propio ritmo, que consigue eficazmente construir un espacio, a base de tiempos, para internarnos y leer y vivir con la relamida lentitud de quien vive preocupado no de los acelerados artificios de la urbe, sino de las verdades que, como dijera Chesterton, son siempre nuevas porque son las más antiguas. En definitiva, una novela para experimentar la soledad de su protagonista en esa soledad perfectamente blindada que es el leer. Leñador, Leonardo Villarroel, Mike Wilson

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60 Watts » Reseña: Mike Wilson

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Reseña: Mike Wilson

La calma Por Alida Mayne-Nicholls

01 jun Este post fue escrito el 01/06/2013 y está archivado en Crítica taggeando Leñador, literatura chilena, Mike Wilson, Orjikh Editores, reseña. Sigue los comentarios con el RSS incluído para este post. Escribe un comentario o deja un trackback: Trackback URL.

Mi primera impresión de Leñador (Orjikh Editores, 2013) fue física. Ese texto blanco, estéticamente minimalista, encerraba bajo su título más de 500 páginas. Los libros largos no parecen ser la norma hoy en día. Algo me decía que la nueva novela de Mike Wilson (1974) estaba remando contra la corriente. La lectura daba cuenta de eso también, en el sentido de que Leñador no es un libro acelerado ni para leer en el metro, sino para tomarlo con calma. El formato del libro entrelaza 60watts.cl/2013/06/resena-mike-wilson/

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60 Watts » Reseña: Mike Wilson

e intercala discursos distintos del mismo narrador. El que inicia el texto es el discurso íntimo, la historia del hombre que dejó su patria para terminar como leñador en el Yukón. Son relatos breves, que se centran en detalles que el narrador ha observado, gente que ha conocido, a veces se trata de señales o marcas que le recuerdan su pasado, como pisadas en la nieve que lo transportan a pisadas en el lodo dejadas por sus pies. Pero este relato en primera persona nunca lo dice todo, más bien evita decir mucho, por lo cual vamos conociendo a este hombre que busca convertirse en narrador de a poco, a través de lo que ve y de lo que piensa, como si tuviéramos que armar un rompecabezas. El segundo relato es el diccionario que el narrador elabora a partir de su experiencia en el Yukón. Digo diccionario, porque ese es el formato que utiliza: parte con un término sobre el cual se explaya describiéndolo, clasificándolo, como una manera de darle sentido a todo cuanto le rodea. Y digo todo, porque es tan amplio como puede ser un diccionario, incluyendo términos como hacha, que parece obvio de incluir al ser una de las principales herramientas de trabajo del leñador; pero también habla del arce, el árbol del cual sacan la miel, o de los tótemes, “monumentos indígenas que exhiben figuras talladas a lo largo de un tronco” y que aborda porque “[a] unos tres kilómetros del campamento descubrimos un poste tótem”. A diferencia de los breves párrafos de narración personal, estas entradas enciclopédicas son extensas, de varias páginas siempre, abarcando los términos con el máximo detalle posible. En eso el narrador es disciplinado. Hablando solo en términos visuales, estas entradas impresionan, porque son párrafos que parecen eternos, en los que prima el punto seguido. El lector apresurado, aquel que prefiere acumular páginas, podría pensar en saltarse la enciclopedia y concentrarse solo en los breves relatos personales. Sin embargo, ambas lecturas se complementan: el diccionario es tan personal como el relato en primera persona, está intercalado con opiniones del narrador, con recuerdos, que lo hacen no una lectura árida, sino introspectiva, y permite acompañar al leñador en el descubrimiento de ese mundo tan lejano, permite echar abajo prejuicios o estereotipos. Cuando uno comienza a leer Leñador ya sabe cuál es el problema del narrador, es una de las pocas cosas en que es medianamente directo: “Me fui del país, buscando alejarme de todo, de la oscuridad, del pasado, de la claustrofobia, necesitaba respirar. Veía cosas que me hacían mal, escuchaba voces, me estaba perdiendo, extraviando en mi cabeza”. El narrador quiere sacar las voces que lo inquietan, y la manera de hacerlo es darle forma al texto: es decir, aserrar, observar, escribir. Liberar la mente lo ha llevado a un fin de mundo, duro, extremo, pero también 60watts.cl/2013/06/resena-mike-wilson/

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60 Watts » Reseña: Mike Wilson

lleno de sutilezas y bellezas, que va mostrando en su doble relato, como cuando un leñador navajo le enseña a rastrear osos: “Fuimos tras la pista de un oso. Caminamos en silencio, deteniéndonos de vez en cuando. Yo lo observaba, tratando de entender qué era lo que veía, qué descifraba. En menos de dos horas encontramos al oso. Lo observamos en la distancia, parado a la orilla del río, a la espera de un salmón. Antes de volver al campamento me pidió que yo tomara la delantera, que siguiera nuestras huellas para encontrar el camino de regreso”. La búsqueda de calma no siempre resulta, a veces las voces vuelven a inquietar al narrador, cuya única paz la logra cuando se enfoca “en las cosas que me rodean”. Perder el enfoque es el peligro, por eso es importante observar: las hormigas que caminan, la nieve que cae, las huellas en el lodo. Lo que me cautivó de Leñador es cómo logra que uno acompañe ese proceso y se convierta también en observador, palabra por palabra, página por página, sin prisas, hasta descubrir que el formato se rompe, que finalmente el texto se convierte sólo en relato personal, en descripción larga y detallada que nos llevará a saber si es posible encontrar la calma y apagar las voces: esas últimas páginas sin punto aparte sí hay que leerlas sin interrupción.

LEÑADOR Mike Wilson 520 páginas. Orjikh Editores, Santiago, 2013.

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Dossier de prensa Leñador  

Toda la prensa escrita sobre la novela "Leñador" de Mike Wilson, publicada en enero del 2013