Page 8

como el del arte en Córdoba. Las posiciones de este affaire son diversas pero coinciden en una cuestión fundamental: los principios heredados de la modernidad sobreviven en un tiempo que ya no es el suyo como formas tan atractivas como, en ocasiones, desactivadas. Este diagnóstico tiene una primera consecuencia y es que, a pesar de que los lenguajes del arte actual perpetúan cierta gramática que se gestó en las décadas radicales de la vanguardia, no podemos mantener los modelos de entonces para explicarlos. Es decir, aunque las formas de comunicar no hayan traspasado los límites de lo moderno, las actitudes y el contexto donde éstas surgen ya no le pertenecen. Son el resultado de otro momento en que precisamente la facilidad para mirar al pasado sin complejos y para hibridar unos referentes con otros marcan el tono general. De este modo, no es posible comprender la obra de José María García Parody o de Francisco Salido, si no es trazando un puente entre sus fuentes de inspiración -que arrancan, entre otras, en la abstracción constructivista, en la color field painting y en la tradición de la poesía visual- y el aire desprejuiciado con que estos artistas ejercen su interpretación de dichas fuentes. La gran división que se trazaba en el siglo XX entre la referencia culta y la popular aparece desmontada en la obra de Salido y de Parody, de manera que éstos se permiten articular sus ideas desde una perspectiva nueva. Parody, por ejemplo, mezcla la ilustración, la poesía experimental y la pintura moderna en una fórmula compleja y, a la vez, elemental. Su obra está llena de juegos literarios que ponen en juego una sucesión de lecturas superpuestas e irónicas. También Francisco Salido trabaja superponiendo capas y sentidos, aunque su objetivo final es bien distinto. En su pintura la coexistencia de lenguajes, que se organiza principalmente en torno a la abstracción geométrica y la palabra pintada, no desemboca en el guiño conceptual. Sus conquistas se deciden, más bien, en la propia pintura. De hecho, Salido maneja el color y organiza con rigor la arquitectura del cuadro en busca de efectos más visuales que tienen que ver con el contraste entre la calidez del pigmento y la dureza del material. También el encuentro de la profundidad y la carga emocional de los textos que maneja con la seducción formal de la propia pintura constituye un camino a explorar por él. El concepto de hibridación, que a partir de ensayos como el

08

de Néstor García Canclini se han convertido en clave para el diagnóstico de nuestro tiempo ultra-moderno, aparece también en la obra de muchos artistas de esta exposición. El concepto procede de un campo de análisis mucho más amplio que el de las artes visuales, pero se muestra especialmente útil a éstas por cuanto que es capaz de abarcarlas en todos sus sentidos. Y es que aparece tanto en la definición del estatuto del artista de nuestro tiempo, cuanto en el conjunto de asuntos de los que el creador se ocupa, e incluso en el modo en que éste entiende la formalización de su trabajo. Tomemos, por ejemplo, las piezas de Javier Flores o de José Luís Muñoz, a pesar de las evidentes diferencias que muestran entre sí, como episodios de este proceso de hibridación en arte. El primero realiza un trabajo ambicioso, lleno de referencias filosóficas y dotado de una gravedad poco habitual. Estas intenciones se condensan a través de una obra heterogénea que combina lo efímero y lo duradero, la performance y la escultura, la dureza material y la investigación intelectual. El segundo, por su parte, se expresa habitualmente a través de un medio único, el dibujo y la pintura, y es en la creación de sus temas donde muestra un amplio abanico de referencias que van de la novela ilustrada a la pintura italiana pasando por el universo mitológico. Uno y otro, sin embargo, se caracterizan por obtener un resultado inédito a partir de la multitud de recursos de que se sirven. Desde luego, ésta no es una idea nueva, pues nunca la historia del arte se ha nutrido de un sólo asunto ni ha logrado -a pesar de las muchas tentativas en este sentidoconfigurar un discurso unitario y clausurado. Lo que queremos decir es que este trabajo es híbrido en tanto que no es imitativo ni reproduce referencias ajenas. La condición de lo híbrido insiste precisamente en esta cuestión: su entidad es otra, es como un producto C que brota de la mezcla de A + B. Sin perder la consistencia de los influjos que la alimentan, de hecho en la obra de Muñoz éstos son de lo más evidente, la producción artística de uno y otro sobrevuela el puro homenaje para generar un imaginario nuevo y rabiosamente personal. Si de imaginarios personales se trata, sin duda hemos de referirnos ahora al trabajo de Nieves Galiot, Cristina Cañamero o Pilar Molinos. Las tres artistas interpretan con gran atino la que es una de las grandes lecciones del arte

Cordoba contemporánea  
Cordoba contemporánea  

Catálogo de la exposición representativa de artistas cordobeses celebrada en la Galería Arte 21 de Córdoba del 17 de noviembre de 2010 hasta...

Advertisement